Morfema Press

Es lo que es

Armando Esteban Quito

La vida de Viktor Frankl trasciende la anécdota biográfica para convertirse en un imperativo filosófico y una fuente perenne de esperanza. Su obra no es simplemente una técnica terapéutica; es una ontología de la esperanza cincelada en el sufrimiento más extremo. Frankl, fundador de la Logoterapia (del griego Logos, Sentido), nos legó un sistema que postula que la vida nunca deja de tener sentido, incluso y especialmente en las circunstancias más desoladoras. Esta es una tesis que él demostró con su propia existencia. Frankl rompió con las escuelas de su tiempo al afirmar que la pulsión fundamental del ser humano no es la búsqueda de placer o poder, sino la «voluntad de sentido». Si el ser humano es un ser en busca de significado, el vacío existencial que aflige a la modernidad (la neurosis noógena) es la patología de una psique hambrienta de un porqué. Para Frankl, el gran error moderno no es sufrir, sino creer que el sufrimiento carece de significado.

El holocausto no fue solo una tragedia personal para Frankl, quien perdió a casi toda su familia y a su esposa embarazada en los campos de concentración; fue el laboratorio brutal e involuntario donde su teoría se puso a prueba. Paradójicamente, fue allí donde encontró la confirmación inquebrantable de la dimensión noética (espiritual) del hombre.

Cuando Frankl, prisionero número 119.104, fue despojado de todo —sus pertenencias, su manuscrito científico, su identidad y, finalmente, su familia—, descubrió la joya más preciada de la existencia: la última de las libertades humanas. En medio del frío, el hambre y la inminencia de la muerte, observó que los prisioneros que tenían un «para qué» —una tarea que terminar, una obra por escribir, un ser amado esperando— mostraban una sorprendente capacidad para resistir. Los que perdían la esperanza y el sentido, los que creían que su vida ya no significaba nada, morían primero.

«A un hombre le pueden robar todo, menos una cosa: la elección de su propia actitud ante cualquier tipo de circunstancias, la elección del propio camino.»

Frankl nos enseña que, si bien no podemos elegir nuestro sufrimiento, sí podemos elegir la actitud con la que lo enfrentamos. Es en esa elección donde reside nuestra dignidad inalienable. Su vivencia se convirtió en el fundamento de los Valores Actitudinales: la forma en que tomamos posición frente a un destino ineludible. Este es un mensaje profundamente emotivo y reflexivo: nuestro mayor poder no reside en lo que hacemos (valores creativos) o en lo que experimentamos (valores vivenciales), sino en cómo nos posicionamos ante la adversidad. Frankl demostró que, incluso cuando el destino nos impone un «cómo» intolerable, conservamos la soberanía sobre nuestro «yo» interior.

El Sentido último, Dios como raíz de la esperanza. Aquí es donde la Logoterapia, una ciencia humana, se inclina humildemente ante la trascendencia. La filosofía de Frankl reconoce que la búsqueda de sentido no se detiene en las tareas humanas, sino que apunta a un Sentido Último que él denominó el Suprasentido. Este concepto, anclado en la propia fe de Frankl, establece que el destino individual se integra en un orden superior, un porqué que escapa a la lógica terrenal. Para Frankl, creyente judío, este Suprasentido es el encuentro con Dios.

Frankl concibió la religiosidad inconsciente como un deseo profundo y reprimido de lo absoluto, un anhelo de trascendencia inherente a la dimensión espiritual de todo ser humano. En su visión, Dios no es una mera proyección psicológica, sino la fuente de todo sentido. Es un dador de tareas al cual el ser humano responde con su conciencia. Esta es la combinación perfecta donde la ciencia (la Logoterapia) se ocupa de la salud mental del hombre, pero reconoce que la fe es el baluarte supremo para la salud del espíritu. La Logoterapia es la herramienta que prepara el alma para encontrar su sentido, pero la Fe en Dios es la respuesta más profunda a ese sentido, la certeza inexpugnable de que la vida tiene un valor que está por encima de todo, incluso de la muerte y el dolor. Así, la Logoterapia no reemplaza la religión; más bien, honra y valida la sed espiritual que solo lo divino puede saciar.

La profunda intuición de Frankl, destilada en la vivencia límite, encuentra hoy su eco en la psicología empírica y las investigaciones modernas cierran el círculo entre su práctica y la ciencia. Los estudios en psicología de la resiliencia y la psicología positiva demuestran consistentemente que una alta percepción de sentido de vida está fuertemente correlacionada con un menor riesgo de depresión, ansiedad y Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT). Esto confirma que el sentido no es solo terapéutico, sino un recurso profiláctico. La Logoterapia ha demostrado ser un enfoque eficaz para tratar el vacío existencial y la desesperanza, ayudando a los individuos a reconectar con sus valores y su propósito vital. Frankl nos obliga a reconocer la dimensión trágica de la vida (el sufrimiento, la culpa, la muerte) no como un error a ser evitado, sino como un potencial a ser enfrentado con dignidad, una lección que se aplica hoy en contextos que van desde el duelo crónico hasta el estrés académico.

El legado de Viktor Frankl es, ante todo, un mensaje de esperanza radical. Nos dice que nuestra vida nunca es un destino cerrado; es una tarea abierta. Cada instante, incluso el más doloroso, nos presenta una pregunta que solo nosotros podemos responder. Si la vida en el campo de concentración probó que el «porqué» puede vencer al «cómo» (como reza su cita de Nietzsche), entonces nuestra vida cotidiana, con sus propios desafíos, está desbordada de oportunidades para el sentido.

La esperanza no es un optimismo ciego, es un compromiso ontológico: la certeza de que, sin importar lo que el destino nos quite, nuestra capacidad para elegir la actitud, para amar a pesar de la ausencia, y para encontrar un significado en la contribución (o en la relación con lo trascendente), permanece inalterable. El vacío existencial se combate no buscando la felicidad, sino buscando un motivo para ser feliz, una razón para trascender y servir a algo más grande que uno mismo. La vida de Frankl es un faro que ilumina la tarea ineludible de encontrar la razón irremplazable que nos espera, porque en esa búsqueda, guiada o no por la fe, reside nuestra más profunda esperanza.

Es con esta profunda sabiduría existencial que los venezolanos debemos abrazar la paciencia y esperanza estratégica necesaria en estos momentos cruciales, a punto de conquistar la verdadera libertad. La lucha que libramos trasciende lo meramente político, psicológico o existencial; es una batalla espiritual que exige la máxima expresión de nuestros valores actitudinales. Al igual que Frankl halló un sentido trascendente en el abismo, nuestra nación debe afianzar su voluntad de sentido en la certeza inquebrantable de que el futuro irrenunciable está siendo tejido por una fuerza superior. Con paciencia estratégica y la mirada puesta en el suprasentido, avanzamos de la mano de Dios, sabiendo que la victoria definitiva no solo será un logro humano, sino un testimonio de la soberanía de la fe.

Vamos por más…
@jgerbasi

La administración Trump ha autorizado secretamente a la CIA a realizar acciones encubiertas en Venezuela, según funcionarios estadounidenses, intensificando una campaña contra Nicolás Maduro, el líder autoritario del país.

Por: Julian E. Barnes y Tyler Pager – The New York Times

La autorización es el último paso en la intensificación de la campaña de presión de la administración Trump contra Venezuela. Durante semanas, el ejército estadounidense ha estado atacando embarcaciones frente a la costa venezolana que, según afirma, transportan drogas , y ha causado la muerte de 27 personas. Funcionarios estadounidenses han sido claros, en privado, en que el objetivo final es expulsar a Maduro del poder .

La nueva autoridad permitiría a la CIA llevar a cabo operaciones letales en Venezuela y realizar una variedad de operaciones en el Caribe.

La agencia podría tomar medidas encubiertas contra Maduro o su gobierno, ya sea unilateralmente o en conjunto con una operación militar mayor. Se desconoce si la CIA planea operaciones en Venezuela o si las autoridades están concebidas como una medida de contingencia.

Pero este acontecimiento se produce en un momento en que el ejército estadounidense está planeando su propia posible escalada, elaborando opciones para que el presidente Trump las considere, incluidos ataques dentro de Venezuela.

La magnitud del refuerzo militar en la región es considerable: actualmente hay 10.000 soldados estadounidenses allí, la mayoría en bases en Puerto Rico, pero también un contingente de marines en buques de asalto anfibio. En total, la Armada cuenta con ocho buques de guerra de superficie y un submarino en el Caribe.

Las nuevas autoridades, conocidas en la jerga de inteligencia como un hallazgo presidencial, fueron descritas por varios funcionarios estadounidenses que hablaron bajo condición de anonimato para discutir el documento altamente clasificado.

Este mes, Trump ordenó poner fin a las conversaciones diplomáticas con el gobierno de Maduro debido a su creciente frustración por el fracaso del líder venezolano en acceder a las demandas estadounidenses de renunciar voluntariamente al poder y por la continua insistencia de los funcionarios en que no tuvieron participación en el tráfico de drogas.

La CIA ha tenido desde hace tiempo la autoridad para colaborar con los gobiernos de Latinoamérica en materia de seguridad e intercambio de inteligencia. Esto le ha permitido colaborar con funcionarios mexicanos para combatir a los cárteles de la droga. Sin embargo, estas autorizaciones no le permiten llevar a cabo operaciones letales directas.

La estrategia de la administración Trump sobre Venezuela, desarrollada por el secretario de Estado Marco Rubio, con la ayuda de John Ratcliffe, el director de la CIA, tiene como objetivo expulsar a Maduro del poder .

El Sr. Ratcliffe ha dicho poco sobre las actividades de su agencia en Venezuela. Sin embargo, ha prometido que, bajo su liderazgo, la CIA se volverá más agresiva. Durante su audiencia de confirmación, el Sr. Ratcliffe afirmó que haría que la CIA fuera menos reacia al riesgo y más dispuesta a realizar acciones encubiertas cuando el presidente lo ordenara, « yendo a lugares donde nadie más puede ir y haciendo cosas que nadie más puede hacer ».

La Casa Blanca y la CIA declinaron hacer comentarios.

Estados Unidos ha ofrecido 50 millones de dólares por información que conduzca al arresto y condena de Maduro por cargos de narcotráfico en Estados Unidos.

El Sr. Rubio, quien también se desempeña como asesor de seguridad nacional del Sr. Trump, ha calificado a Maduro de ilegítimo, y la administración Trump lo describe como un “narcoterrorista”.

El Sr. Maduro impidió que el gobierno elegido democráticamente el año pasado asumiera el poder. Sin embargo, las acusaciones de la administración Trump de que se ha beneficiado del narcotráfico y de que su país es un importante productor de drogas para Estados Unidos han sido objeto de debate.

El gobierno ha afirmado en documentos legales que Maduro controla la banda criminal Tren de Aragua. Sin embargo, una evaluación de las agencias de inteligencia estadounidenses contradice esa conclusión .

Si bien la administración Trump ha ofrecido públicamente justificaciones legales relativamente débiles para su campaña, el Sr. Trump declaró ante el Congreso que, a su juicio, Estados Unidos se encontraba en un conflicto armado con cárteles de la droga que considera organizaciones terroristas. En el aviso al Congreso de finales del mes pasado, la administración Trump afirmó que los cárteles que traficaban drogas eran «grupos armados no estatales» cuyas acciones «constituyen un ataque armado contra Estados Unidos».

Las decisiones de la Casa Blanca que autorizan acciones encubiertas son secretos celosamente guardados. Suelen ser reautorizadas por distintos gobiernos, y su redacción exacta rara vez se hace pública. Además, constituyen uno de los usos más crudos de la autoridad ejecutiva.

Algunos miembros selectos del Congreso son informados sobre las autorizaciones, pero los legisladores no pueden hacerlas públicas y es difícil supervisar posibles acciones encubiertas.

Mientras que las operaciones militares estadounidenses, como los ataques contra barcos que supuestamente transportaban drogas desde territorio venezolano, suelen hacerse públicas, las acciones encubiertas de la CIA suelen mantenerse en secreto. Sin embargo, algunas, como la operación de la CIA en la que los SEAL de la Marina mataron a Osama bin Laden en 2011, se hacen públicas rápidamente.

La agencia ha intensificado su labor antinarcóticos durante años. Gina Haspel, la segunda directora de la CIA durante el primer gobierno de Trump, dedicó más recursos a la búsqueda de drogas en México y Latinoamérica. Bajo la dirección de William J. Burns, director del gobierno de Biden, la CIA comenzó a sobrevolar México con drones para buscar laboratorios de fentanilo, operaciones que Ratcliffe amplió.

El hallazgo encubierto es, en cierto modo, una evolución natural de esos esfuerzos antidrogas. Pero el historial de acciones encubiertas de la CIA en América Latina y el Caribe es, en el mejor de los casos, mixto.

En 1954, la agencia orquestó un golpe de Estado que derrocó al presidente guatemalteco Jacobo Árbenz, lo que dio inicio a décadas de inestabilidad. La invasión de Bahía de Cochinos a Cuba en 1961, respaldada por la CIA , terminó en desastre, y la agencia intentó repetidamente asesinar a Fidel Castro. Ese mismo año, sin embargo, la CIA suministró armas a los disidentes que asesinaron a Rafael Leónidas Trujillo Molina, el líder autoritario de la República Dominicana.

La agencia también tuvo participación en un golpe de estado en Brasil en 1964 , la muerte del Che Guevara y otras maquinaciones en Bolivia , un golpe de estado en Chile en 1973 y la lucha contra el gobierno izquierdista sandinista de Nicaragua en la década de 1980.

El gobierno de Estados Unidos autorizó a la petrolera Shell y a Trinidad y Tobago a desarrollar el campo de gas Dragón, ubicado en aguas venezolanas cercanas a la frontera marítima entre ambos países.

El Nacional

La información fue confirmada el pasado jueves por el fiscal general de Trinidad, John Jeremie, que destacó que la aprobación marca un nuevo giro en la política energética de Washington hacia Venezuela, de acuerdo con la agencia Reuters.

El proyecto busca abastecer a Trinidad con gas venezolano, vital para mantener la producción de gas natural licuado (GNL) y petroquímicos en la isla caribeña.

Licencia de Shell consta de varias fases

La autorización, otorgada el miércoles, está estructurada en tres fases y permite que Trinidad y Shell negocien el desarrollo del yacimiento con Venezuela y Petróleos de Venezuela (Pdvsa) hasta abril de 2026.

Sin embargo, el permiso obliga a incluir la participación de empresas estadounidenses en el desarrollo del proyecto.

“Hay que alcanzar objetivos comerciales para las empresas estadounidenses. No creemos que esos objetivos sean difíciles de cumplir. Son razonables”, explicó Jeremie en una conferencia de prensa.

El funcionario no reveló los términos financieros de la licencia, aunque confirmó que, al igual que en autorizaciones anteriores, se mantiene la prohibición de pagos en efectivo al gobierno de Nicolás Maduro, lo que obligará a buscar mecanismos de intercambio de gas por bienes esenciales, como alimentos o medicinas.

Un proyecto clave bajo sanciones

El campo Dragón, ubicado al noreste del estado Sucre, forma parte del proyecto Gran Mariscal de Ayacucho, y ha sido objeto de largas negociaciones entre Venezuela, Trinidad y compañías extranjeras desde hace más de una década.

Desde 2019, las sanciones energéticas impuestas por Estados Unidos han dificultado el avance de proyectos en Venezuela y han obligado a las empresas a solicitar licencias específicas del Departamento del Tesoro para operar en el país.

En abril, la administración de Donald Trump revocó las licencias otorgadas durante el gobierno de Joe Biden para los proyectos Dragón (de Shell y la Compañía Nacional de Gas de Trinidad) y otro similar de BP.

Pese a las restricciones, Shell completó un estudio marino en el segundo trimestre de 2025, dentro del plazo de su licencia temporal, con el objetivo de definir las futuras áreas de perforación y la ruta del gasoducto.

Con reservas estimadas en 4,2 billones de pies cúbicos de gas, el yacimiento Dragón es una de las mayores fuentes de gas natural de Venezuela y representa una oportunidad de alivio para Trinidad, que enfrenta un déficit de suministro para sus plantas de GNL, metanol y amoníaco.

El Gobierno alemán está planteando cancelar la gran mayoría de mercados navideños del país por el riesgo de que se produzcan atentados y el alto coste que implican las nuevas medidas de seguridad. Lo que antes eran lugares de luces, vino caliente y villancicos se ha convertido ahora en un asunto de hormigón, barreras antiterroristas y presupuestos disparados. Tras los ataques ocurridos en Magdeburgo Berlín, los tradicionales mercadillos se han transformado en auténticas zonas fortificadas, y para muchos organizadores privados, mantenerlos abiertos se ha vuelto prácticamente imposible.

La Gaceta de la Iberosera

Las nuevas normas impuestas por las autoridades exigen el uso de «barreras antiterroristas certificadas», dispositivos de alta resistencia capaces de detener vehículos o explosivos, lo que ha multiplicado los costes de organización. Los municipios, que en su mayoría contaban con presupuestos modestos, se enfrentan ahora a facturas que cuadruplican sus previsiones iniciales. En Dresde, por ejemplo, el Ayuntamiento había reservado 800.000 euros para reforzar la seguridad, pero el gasto real supera ya los cuatro millones, según el organizador Matteo Böhme, responsable del Augustusmarkt y portavoz de la industria de eventos de la Cámara de Comercio local.

Böhme lleva meses reclamando ayuda al Gobierno regional y al Ministerio del Interior, incluso mediante cartas personales dirigidas al ministro Armin Schuster (CDU). A pesar de sus gestiones, las autoridades apenas han ofrecido respuestas. En una comunicación a Bild, el Ministerio se limitó a asegurar que está trabajando con la Asociación de Ciudades y Municipios Alemanes para encontrar una «solución conjunta», y que la evaluación de riesgos a nivel nacional estará lista «a principios de diciembre».

Para los organizadores, la situación roza el absurdo: los mercados de Dresde y Pirna tienen previsto abrir el 25 y 26 de noviembre, pero las exigencias de seguridad deben cumplirse semanas antes, sin que todavía exista una evaluación de riesgos clara. «Nos piden instalar las barreras más caras del mercado sin saber siquiera si son necesarias», lamenta Böhme, que advierte de un futuro con «mercados más pequeños, sin ambiente o, directamente, cancelados».

Los atentados recientes han dejado una huella profunda en la política de seguridad alemana. Desde entonces, los mercadillos navideños —símbolo de la tradición germana— son considerados objetivos potenciales, y su organización está sujeta a controles exhaustivos. La consecuencia inmediata es que muchos promotores privados, que solían encargarse de parte de la infraestructura o de los puestos de venta, se han retirado por no poder asumir los nuevos gastos.

El sector habla ya de un «colapso de la cultura de los mercados navideños». Lo que nació como un esfuerzo para proteger a los visitantes amenaza con vaciar las plazas y apagar las luces que cada diciembre atraían a millones de personas. Si no se encuentran soluciones rápidas, la Navidad en Alemania podría perder uno de sus símbolos más reconocibles, víctima de la inseguridad… y de la burocracia.

Tres hombres de origen sirio y en condición de solicitantes de asilo han sido acusados en los Países Bajos de violar a una estudiante de 18 años y de abusar sexualmente de una adolescente de 15 en Maastricht, según confirmaron las autoridades durante la audiencia inicial celebrada este martes.

La Gaceta de la Iberosfera

Los acusados, identificados como Ibrahim al I. (19 años)Ahmed al A. (24) y Mohamad A. (22), se encuentran bajo custodia preventiva y enfrentan cargos por violación agravada con violencia, coerción o amenazas.

Los hechos se remontan a octubre del año pasado, cuando la joven estudiante —recién llegada a la ciudad universitaria— fue interceptada por el grupo mientras regresaba a su domicilio tras una noche de fiesta. Los hombres se ofrecieron a acompañarla, pero, según la investigación, la forzaron a entrar en un edificio en Hoogbrugstraat, donde fue agredida sexualmente.

Las cámaras de seguridad registraron la presencia de cuatro individuos de origen sirio en la escena. Tres de ellos fueron posteriormente identificados como los principales responsables. Uno de los acusados, Mohamad A., admitió haber mantenido relaciones sexuales con la víctima, pero negó haber usado la fuerza. «Lo hice porque me apetecía«, declaró ante el tribunal, frase que ha causado indignación en la opinión pública neerlandesa.

Otro de los sospechosos, Ibrahim al I., se presentó voluntariamente ante la Policía después de que se difundieran las imágenes de los presuntos agresores, pero —en un error que ha escandalizado al país— las autoridades lo dejaron libre, y días después abusó de otra menor de 15 años durante un evento público en la plaza Vrijthof.

El tribunal ha rechazado las peticiones de libertad provisional de los acusados, que alegaban tener familiares enfermos en Siria. «Es lamentable, pero eso no les impidió cometer nuevos delitos«, respondió la jueza al rechazar la solicitud.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, entregó la Medalla Presidencial de la Libertad de manera póstuma al activista conservador Charlie Kirk, quien fue asesinado el 10 de septiembre y habría cumplido 32 años este martes.

EFE

«Tenía muchas ideas en su cabeza (…) Charlie es irreemplazable», dijo Trump durante la ceremonia que se realizó en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca, con la presencia de los funcionarios más cercanos de su gabinete, algunos senadores republicanos y su homólogo argentino, Javier Milei, sentado en primera fila.

El mandatario aseguró que el 14 de octubre será el Día Nacional de la Remembranza de Charlie Kirk.

«Hace cinco semanas perdimos a este campeón (…) un líder que impulsó a la próxima generación como nadie», agregó Trump al iniciar su discurso sobre el activista asesinado en Utah, quien era uno de sus principales aliados a través de su fundación Turning Point, una organización conservadora dedicada a movilizar a jóvenes en universidades y promover la derecha.

La medalla fue recibida por la viuda de Kirk, Erika Kirk, a quien Trump describió como «una mujer de inspiración, bella y hermosa» y le dijo que su esposo «se sacrificó por el país».

Por su parte, Erika Kirk dijo a Trump que era «el mejor regalo de cumpleaños» que su esposo podía recibir.

«No amaba tanto a sus enemigos necesariamente. Oí que amaba a sus enemigos, y pensé: ‘Un momento, ¿es ese el mismo Charlie que conozco?’. No quise entrar en detalles», añadió el republicano.

La Medalla Presidencial de la Libertad, el máximo honor civil de Estados Unidos, ha sido entregada por distintos presidentes a figuras destacadas de la política, la cultura y el deporte.

Entre los galardonados se encuentran Winston Churchill en 1963, Nelson Mandela en 2002, el boxeador Muhammad Ali en 2005 y el cantante Frank Sinatra en 1981, reconociendo sus «aportes excepcionales a la humanidad y a los valores estadounidenses».

Kirk era uno de los principales promotores del movimiento ‘Make America Great Again’ (MAGA) y, según el vicepresidente, J.D. Vance, una figura clave en la campaña electoral de 2024, además de haber ayudado a colocar personas en puestos de gobierno durante la estructuración de la Administración de Trump.

El velorio de Kirk, realizado el pasado 21 de septiembre en Arizona, congregó a más de 100.000 personas, incluidos los principales funcionarios del gabinete de Trump, quienes tomaron la palabra para despedir al activista.

Nada es casual. Tres acontecimientos extraordinarios se registran en este momento y tienen como epicentro a Venezuela.

Primero, el Nobel de la Paz a María Corina Machado, que fue un corrientazo de fuerza, energía y esperanza para Venezuela, avivando la lucha por la democracia contra la dictadura de Nicolás Maduro y amplificando globalmente su clamor por libertad y justicia.

En segundo lugar, la canonización de sus primeros santos, José Gregorio Hernández y la Madre Carmen Rendiles.

El tercero, el desmoronamiento del régimen narcoterrorista de Nicolás Maduro, que agoniza sin remedio.

Estos eventos, aunque lejanos en forma, son cercanos en espíritu, y alumbran a un pueblo asediado por la represión, la crisis económica y la ilegitimidad, avivando la certeza de una pronta transición democrática.

El 10 de octubre, el Comité Nobel de Oslo reconoció a María Corina Machado como ganadora del Premio de la Paz por su «trabajo incansable en promover derechos democráticos y su lucha por una transición justa de la dictadura a la democracia».

La líder opositora, inhabilitada por el régimen para las elecciones de 2024 y forzada a ocultarse en un escondite en Caracas para actuar en clandestinidad, dedicó el galardón al «pueblo sufriente» y a Donald Trump, cuyo segundo mandato ha intensificado la presión sobre Maduro, con sanciones, deportaciones y ataques aéreos contra los narcos vinculados al chavismo.

Este Nobel no es solo un reconocimiento, sino un escudo internacional que valida la resistencia de María Corina Machado, quien unificó al pueblo venezolano contra el fraude electoral del 28 de julio de 2024, donde su aliado Edmundo González obtuvo la victoria según las actas originales exhibidas al mundo entero.

En un país donde miles de disidentes languidecen en prisión, el premio expone la farsa de Maduro y acelera demandas globales por el cese de la usurpación.

Solo nueve días después, el 19 de octubre, el Vaticano canonizará en la Plaza de San Pedro a José Gregorio Hernández y a Sor Carmen Rendiles, elevando a los altares a dos íconos de la caridad venezolana.

El «Médico de los Pobres», José Gregorio, un laico devoto que atendió epidemias en los tugurios de Caracas hasta su muerte en 1919, y la Madre Rendiles, fundadora de las Siervas de Jesús que dedicó su vida a la educación y a los marginados, a pesar de sus limitaciones físicas, serán los primeros santos del país.

Sus canonizaciones coinciden con la Jornada Mundial de las Misiones y eventos como conciertos de El Sistema en Roma, simbolizando una «santidad cercana» que florece en la patria de Bolívar, como proclaman los obispos venezolanos en su carta pastoral del 7 de octubre.

En un llamado a la reconciliación, urgen gestos de justicia y respeto a la soberanía popular para «renovar la fe y la unidad», un antídoto espiritual contra la represión que mató a 24 manifestantes postelectorales y reprimió a miles de defensores de derechos humanos.

Estas confluencias no son casuales en la Venezuela de Maduro, un régimen tambaleante que ofrece sus reservas petroleras a EEUU para evitar su colapso total, mientras Trump despliega buques de guerra en el Caribe y eleva la recompensa por la cabeza del dictador a 50 millones de dólares.

El Nobel galvaniza a la diáspora y a la resistencia interna, recordando que la democracia es una herramienta de paz; las canonizaciones, a su vez, invocan una fe arraigada que trasciende la tiranía, recordándole al pueblo su capacidad para el bien en medio de la adversidad.

Juntos, envían un mensaje contundente: la dictadura agoniza, pero Venezuela resurge.

La transición no es utopía; es un imperativo moral y histórico.

Que estos faros guíen el fin de la oscuridad.

Amén…Amén…Amén

Omar González Moreno

“Trump no irrumpió en un sistema sólido: llenó el vacío que dejó una dirigencia incapaz de hablar el lenguaje moral de su tiempo”.
Jon Meacham

El discurso reciente de Donald Trump en Jerusalén, el 13 de octubre de 2025, no puede leerse como una pieza más de retórica electoral o celebración diplomática. Es, en realidad, la expresión más acabada de un fenómeno que ha venido tomando forma desde hace años: el retorno de un lenguaje político que combina religión, fuerza y comercio en una misma promesa de destino histórico. Un lenguaje que ya no se conforma con hablar de alianzas estratégicas, sino que invoca la existencia de una comunidad moral transnacional, con fronteras espirituales más que geográficas.

Trump no se presentó como un mandatario defendiendo logros pasados, sino como el depositario de una misión civilizacional. Dio las gracias no solo a sus aliados políticos, sino al “Dios de Abraham, Isaac y Jacob”. No habló de tratados, sino de milagros. Y no discutió sobre realpolitik: proclamó victorias militares como preludio de una nueva era de paz y riqueza. Para muchos oídos liberales, este tono puede sonar excesivo, incluso teatral. Pero lo esencial no está en el estilo. Está en lo que revela: una pulsión contemporánea por reencantar la política con grandeza, en un mundo donde el discurso tecnocrático y burocrático perdió capacidad de convocar lealtades profundas.

Trump articula un tipo de autoridad que no se basa en la argumentación, sino en la filiación. No pretende convencer: pretende convocar. No expone una agenda, sino un relato de pertenencia. En su intervención no hay frialdad institucional ni lenguaje contractual; hay épica. Los enemigos no son adversarios con intereses distintos, sino “fuerzas del mal” derrotadas por “leones” y “milagros en el desierto”. Los aliados no son socios diplomáticos, sino hermanos de sangre espiritual. En su universo simbólico, la fuerza no contradice la paz: la hace posible. La guerra no es un fracaso, sino un rito de purificación que abre el camino al comercio. Y el comercio no es mera utilidad: es el sacramento visible de la bendición divina.

A ojos de la élite liberal internacional, acostumbrada a procesar los conflictos en términos de normativa y gobernanza, este tipo de discurso suele leerse como populismo apasionado. Pero hay otra forma de entenderlo. No como un accidente, sino como una respuesta —radical, sí, pero coherente— al vacío emocional que dejó un orden global que prometió integración y terminó produciendo desconexión. Mientras Europa debate directivas y foros de consulta, Trump promete pertenencia. Mientras Naciones Unidas redacta comunicados que nadie recuerda, él ofrece una identidad que se canta como himno. Y lo más inquietante —o fascinante, según quién escuche— es que su lógica no se limita a su figura. Está siendo replicada por fuerzas muy distintas en regiones diversas: desde Modi en la India hasta Milei en Argentina.

El centro del discurso, más allá de su extravagancia, reside en un principio antiguo: la paz no se negocia entre iguales, se impone desde una posición de fuerza. Bajo su narrativa, Israel “ya ganó”. Estados Unidos “ya resucitó”. Irán “ya fue contenido”. A partir de esa premisa, el mensaje es claro: ahora todos pueden prosperar… siempre que lo hagan bajo el diseño de quienes vencieron. No se trata de una paz horizontal, sino jerárquica. No es una invitación a reconstruir un equilibrio, sino a aceptar un mando.

Este modelo de legitimidad tiene riesgos evidentes. Si la paz se fundamenta solo en la supremacía, cualquier signo de debilidad futura puede convertir la armonía en humillación. Si los incentivos económicos dependen del alineamiento político-religioso, la integración se vuelve excluyente. Y si la figura de autoridad se concentra en una persona más que en una estructura, el orden puede volverse inestable al desaparecer su garante carismático.

Pero sería un error descartar el poder de este tipo de discurso solo porque incomoda. Trump está leyendo correctamente algo que muchas democracias fallaron en escuchar: la gente ya no quiere ser gobernada solo por gestores eficientes; quiere ser conducida por líderes que ofrezcan trascendencia. Quiere que su identidad tenga un lugar en el mundo. Quiere creer que el progreso no es solo acumulación de bienes, sino cumplimiento de un propósito.

La gran pregunta no es si este código imperial —disfrazado de lenguaje religioso, nacional o civilizatorio— es legítimo o deseable. La verdadera pregunta es: ¿hay otro que pueda movilizar con igual fuerza sin desembocar en exclusión o dogmatismo? Porque mientras las democracias liberales insistan en hablar únicamente con argumentos racionales, otros seguirán construyendo adhesiones con símbolos, épica y redención.

El discurso en Jerusalén no fue solo un mensaje a Israel. Fue una proclama al mundo: la era del cálculo frío está siendo desplazada por una era de convicciones fervorosas. Para bien o para mal, un nuevo código moral se está escribiendo. Y quien no lo entienda, no podrá competir por el poder en el siglo XXI.

Antonio de la Cruz
Director ejecutivo de Inter American Trends

El presidente electo de Venezuela, Edmundo González Urrutia, celebró este miércoles las declaraciones del mandatario de Chile, Gabriel Boric, por señalar al régimen de Nicolás Maduro del asesinato del teniente venezolano Ronald Ojeda.

La Patilla

“El presidente Gabriel Boric, habla desde la izquierda democrática, dejando muy claro que el régimen venezolano no es un tema de ideologías, es un problema de valores y de respeto a la vida humana”, dijo González Urrutia a través de su cuenta en X.

Agregó que la posición de Boric sobre el asesinato de Ronald Ojeda, que ocurrió en Chile, es motivo de “seriedad y sentido de Estado”. “No tengo duda de que sus palabras se sustentan en hechos comprobados”, agregó.

El presidente de Chile dijo este miércoles, durante la conmemoración en Roma del 50 aniversario del atentado contra Bernardo Leighton, que en su país tiene “el caso del asesinato de un exmilitar venezolano en donde uno de los sospechosos de haberlo perpetrado es el mismo régimen del dictador Nicolás Maduro, que se robó las elecciones en su patria”. 

El militar venezolano Ronald Ojeda fue secuestrado y asesinado en Santiago de Chile en 2024.

Adolfo, maestro de generaciones, hombre de fe y conciencia, permítame dirigirme a usted con el respeto que merece su nombre y su historia. No soy solo yo quien responde a su carta a María Corina, es todo un pueblo. No escribo desde la ira, ni desde la soberbia, sino desde un dolor que se me hace antiguo, desde esa herida que los venezolanos llevamos abierta y que usted, quizá sin quererlo, ha tocado con palabras injustas. Su carta a María Corina Machado -esa mujer que hoy encarna la esperanza de millones- me obliga a escribirle, no para discutirle desde la ideología, sino para hablarle desde el alma, desde la realidad cruda que a veces se esconde detrás de las grandes consignas.

Usted ganó un Nobel de la Paz, y con justicia. Su vida estuvo marcada por la valentía, por la denuncia de las dictaduras del Cono Sur, por el testimonio de las madres que buscaban a sus hijos desaparecidos. Usted fue voz de los que no tenían voz, y su ejemplo fue faro para América Latina. Pero a sus noventa y tantos años, cuando el tiempo debería haberle dado la lucidez del que ha visto todo, lamento decirle que ha hablado de un país que no conoce, de un dolor que no ha tocado, de un pueblo que sufre en silencio mientras muchos, amparados en la retórica antiimperialista, justifican su tragedia.

Le hablo desde el exilio y desde la Venezuela que llevo en el corazón, o desde el eco que de ella queda. Desde la tierra donde miles han sido encarcelados por pensar distinto, donde las madres rezan frente a prisiones militares sin saber si sus hijos siguen vivos, donde se tortura, se desaparece, se mata y se miente. Usted escribió que María Corina Machado llamó a Estados Unidos a invadir Venezuela. Permítame decirle con serenidad y con verdad: eso es falso. No hay una sola declaración, ni un solo documento, ni un solo gesto que demuestre tal cosa. Su afirmación, cargada de gravedad, parte de un rumor sembrado por quienes han hecho de la mentira una estrategia de Estado. Y usted, al repetirla, se convierte sin querer en eco de una maquinaria de manipulación que ha destruido la verdad en mi país. Lo que sí existe, y usted bien lo sabe, es una operación estadounidense en el Caribe, destinada a frenar el avance de los carteles de la droga que, desde hace años, envenenan a los hijos de los propios norteamericanos en una guerra que no nació en sus calles, sino en la mente perversa de quienes convirtieron las drogas en un arma contra ese pueblo. Estados Unidos no tiene amigos, señor Pérez Esquivel, tiene intereses; y en el Caribe actúa movido por ellos, por la defensa de su seguridad y su territorio. Pero de allí a afirmar que Venezuela ha sido objeto de una conspiración imperial, o que una mujer sin ejército ni poder de fuego pidió una invasión, hay un abismo que solo la propaganda puede llenar.

Usted fue víctima de dictadores, Adolfo. Usted sabe lo que significa el miedo, la persecución, la cárcel injusta. Por eso me duele tanto que hoy, desde su merecida autoridad moral, repita el discurso de quienes son verdugos. No hay comparación posible entre la resistencia democrática venezolana y las aventuras militares que usted teme. Nadie en Venezuela —ni María Corina, ni quienes la acompañan— desea una invasión extranjera. Lo que deseamos es libertad, elecciones limpias, justicia, dignidad. Lo que exigimos es que cesen las torturas, que abran las cárceles, que devuelvan los cuerpos de los desaparecidos, que dejen regresar a los exiliados. ¿Acaso pedir eso es colonialismo? ¿Acaso clamar por auxilio cuando el propio Estado se convierte en verdugo es traición?

Yo sé, y usted también lo sabe, que el antiimperialismo fue bandera noble cuando se enfrentaba al saqueo y la intervención extranjera. Pero hoy, en boca de dictadores, se ha vuelto una coartada. Se usa para justificar la censura, la represión, la pobreza programada. Se usa para ocultar la dependencia de Rusia, de Irán, de China, de Cuba. Se grita “antiimperialismo” mientras se entrega el país en pedazos a potencias que lo explotan. Usted, que tanto habló de soberanía, debería reconocer que la soberanía no es aislarse del mundo, sino permitir que los pueblos elijan libremente su destino. Y en Venezuela, hace años, ese derecho nos fue arrebatado.

Le ruego que piense en lo que significan hoy esas palabras suyas. Piense en los muchachos que murieron en las calles en 2014, en 2017, en 2019. En los que fueron arrastrados por las FAES, en los que nunca regresaron de El Helicoide, en los que fueron violados con objetos metálicos por negarse a gritar “¡Chávez vive!”. Piense en los médicos que huyeron, en las madres que quedaron solas, en los abuelos que mueren sin medicinas, en los niños que cruzan el Darién buscando un pedazo de pan. Esos son los que María Corina representa, Adolfo. No los poderosos, no los militares, no los amos del petróleo. Es el pueblo llano, el que no milita en ideologías sino en el hambre.

Usted dice que defender la libertad de Venezuela es rendirse al imperialismo norteamericano. Yo le pregunto, con humildad, pero con firmeza: ¿qué imperio ha causado más muerte en nuestro continente durante los últimos años, el de Washington o el de La Habana y Caracas? ¿Cuántos muertos dejó Estados Unidos en Venezuela? Ninguno. ¿Cuántos dejó el régimen que usted evita nombrar? Miles. Y no solo muertos: presos, torturados, desaparecidos, desterrados. La verdad duele, pero es la única forma de honrar la paz que usted dice defender.

No hay paz posible donde se callan los crímenes. No hay soberanía donde los jueces obedecen al tirano. No hay libertad donde se encarcelan las ideas. Y no hay coherencia moral en quien condena los abusos de ayer, pero se hace cómplice de los abusos de hoy. Usted, que enfrentó a Videla, debería reconocer el rostro del autoritarismo cuando lo ve. Solo ha cambiado el color de la bandera y el acento de los discursos. Las cárceles son las mismas, los verdugos los mismos, los gritos de los torturados tienen el mismo eco. ¿Cómo puede usted mirar a María Corina Machado y llamarla “instrumento del imperio”, cuando ella ha sido víctima de un poder que usted, de haber vivido en nuestro país, habría denunciado?

Yo sé que usted cree obrar en defensa de la paz, y que teme una guerra. Pero la guerra ya está, Adolfo. Está dentro de nuestras fronteras, en los barrios donde el hambre mata más que las balas, en los hospitales sin luz, en los cementerios donde las tumbas no tienen nombre. Es una guerra del Estado contra su pueblo. No hay tanques extranjeros, pero hay paramilitares, colectivos armados, presos políticos. No hay bombas de otro país, pero hay cárceles secretas donde se ahoga la dignidad. Y mientras usted habla de paz, los hombres del régimen fabrican más miedo.

Usted dice que hablar de sanciones o pedir apoyo internacional es claudicar. Yo digo que es sobrevivir. Cuando las instituciones son cómplices del crimen, cuando no hay tribunal que escuche ni fiscal que actúe, solo queda la solidaridad internacional. No es invasión pedir justicia; invasión es cuando el hambre y la represión toman un país. Si no fuera por la mirada del mundo, hoy en Venezuela habría miles de muertos más. Gracias a la presión internacional, a los organismos de derechos humanos, a la voz de quienes no nos olvidan, aún podemos decir que existimos. Usted, que tanto defendió la causa de los desaparecidos argentinos ante las Naciones Unidas, debería comprenderlo mejor que nadie.

No es María Corina quien ofende la paz, Adolfo. Es la dictadura que usted omite en su carta. Es el régimen que se roba elecciones, que manipula el miedo, que prohíbe candidatos, que encarcela jóvenes y destierra líderes. Ella no pidió una invasión: pidió auxilio, y eso es muy distinto. Cuando se está secuestrado, gritar no es rendirse: es pedir vida. Los pueblos no se entregan cuando claman libertad, se entregan cuando se resignan.

Yo sé que su carta parte de un impulso noble. Usted ve el mundo dividido entre poderosos y oprimidos, entre imperios y pueblos. Pero en Venezuela esa línea ya no sirve: los poderosos son los que gobiernan, y el pueblo es el que sufre. Aquí los oprimidos visten uniforme de hambre, no de ejército. Y si usted escuchara a las madres de los presos, a los jóvenes exiliados que caminan por los Andes, a los médicos que operan con linternas, a los maestros que ganan un dólar al mes, entendería que lo que vivimos no tiene nada que ver con imperialismos, sino con una dictadura carnívora.

Permítame apelar a su memoria más íntima, Adolfo: piense en los hombres que desaparecieron en la ESMA, en las mujeres que usted acompañó en la Plaza de Mayo. ¿Qué dirían ellas si lo vieran hoy defendiendo a quienes hacen lo mismo en otro idioma? ¿Qué sentiría usted si alguien justificara los crímenes de Videla alegando “soberanía nacional”? No hay ideología que valga más que una vida. No hay bandera que justifique la tortura. No hay discurso antiimperialista que pueda borrar el llanto de una madre.

Su generación nos enseñó a los latinoamericanos que el silencio también es culpa. Por eso le hablo, no para discutir, sino para despertarle esa fibra moral que un día fue ejemplo para todos. Usted fue prisionero de conciencia, Adolfo. Hoy, su carta lo convierte en carcelero simbólico de otros. Al repetir la propaganda de un régimen, aunque sea con buena intención, les da oxígeno a los que asfixian. Y eso, usted lo sabe, tiene consecuencias. Sus palabras pueden ser usadas por los verdugos como justificación. Yo le pido que no permita que su nombre, tan limpio, se manche con la mentira de los opresores.

No es un asunto de ideología. Es un asunto de humanidad. Usted luchó contra dictadores de derecha. Hoy le pedimos que vea la dictadura de izquierda con los mismos ojos. La injusticia no cambia de naturaleza según el color del uniforme. Y el dolor, Adolfo, el dolor es igual.

Yo lo invito, con respeto, a que lea los informes de la Misión de Determinación de los Hechos de las Naciones Unidas sobre Venezuela. Léalo, por favor. Lea los testimonios, las pruebas, los nombres. No son inventos del “imperio”, son víctimas con rostro, con hijos, con historias. Si después de eso aún cree que María Corina es el problema, entonces no habrá esperanza. Pero yo confío en su conciencia. Usted tiene dentro de sí la voz del campesino argentino, del obrero crucificado, del preso que rezaba en la celda. Esa voz no puede callar frente al sufrimiento de los venezolanos.

María Corina Machado no necesita defensa personal. La suya es una causa que la trasciende. Usted la llamó instrumento del imperio, pero yo la he visto caminar por los pueblos, abrazar madres, llorar con los que lloran. Yo he visto su rostro golpeado, su casa allanada, sus amigos presos. No se le puede negar humanidad a quien ha cargado sobre sí la rabia de un pueblo con tanta dignidad. Tal vez usted no lo sepa, pero María Corina no representa a una élite: representa la fe en que todavía es posible un país decente. Y cuando usted la condena sin conocerla, hiere a millones que ven en ella la última luz.

Usted, que un día levantó la voz por los torturados del Cono Sur, podría hoy alzarla por los torturados de La Tumba y del Helicoide. No le pido que se vuelva militante, ni que reniegue de su historia. Solo le pido que no se cierre a la verdad. Que escuche las voces que llegan desde la oscuridad. Que reconozca que, aunque los imperios cambian de nombre, el sufrimiento es siempre el mismo. Que entienda que el antiimperialismo no puede ser excusa para callar ante un crimen.

A usted, que ha visto tanto, le pido un acto de humildad: que se arrepienta de esa carta. No por mí, ni por María Corina, sino por usted mismo. Porque un hombre como usted no merece quedar asociado a la defensa de una tiranía. La historia, Adolfo, es implacable. Y cuando todo esto pase, cuando Venezuela recupere su libertad —porque la recuperará, se lo aseguro—, el tiempo juzgará a quienes callaron y a quienes hablaron. Usted aún está a tiempo de ponerse del lado de los justos.

En nombre de los presos, de los exiliados, de los que caminan por las trochas, de los que mueren sin atención médica, de los que comen una vez al día, le hablo con respeto y con tristeza. Usted fue símbolo de compasión y coraje. No se convierta ahora en símbolo de confusión. La paz que usted defendió se funda en la verdad, y la verdad de Venezuela hoy es esta: vivimos bajo un régimen que mata. Y cuando un régimen mata, no hay neutralidad posible.

Le ruego, Adolfo, que mire más allá de las consignas, que escuche a los jóvenes que huyen, a los abuelos que lloran, a los niños que crecen sin escuela. Que entienda que lo que pedimos no es intervención, sino salvación. Que recuerde que a veces Dios permite que el mundo entero intervenga para salvar a un solo justo. Y que si su fe sigue viva, sabrá que el silencio ante el mal también es pecado.

No hay peor imperio que el del miedo, y ese es el que domina Venezuela. Ayúdenos a romperlo. No con discursos, sino con su arrepentimiento público. Usted tiene una autoridad moral que puede servir para sanar. Pida perdón, Adolfo. No a mí, sino a las víctimas que ofendió sin querer. Hágalo por los niños que mueren en los hospitales sin luz, por los jóvenes que no volverán, por los que cruzan el Darién con los pies sangrantes. Hágalo para honrar al Adolfo de antes, al hombre que un día enfrentó a los tiranos con la fuerza de la verdad.

Yo no le escribo desde el odio, sino desde la esperanza. Creo que todavía puede rectificar. Y cuando lo haga —porque confío en que lo hará—, sabrá que su palabra tendrá más poder que nunca, porque habrá sido lavada en el dolor de un pueblo que aún cree en la reconciliación. 

La historia lo recordará por su lucha, pero también por su humildad si decide mirar de nuevo. Rectificar no es debilidad, es grandeza. Usted lo sabe, porque lo ha vivido. Que no lo engañen quienes usan su nombre para legitimar el oprobio. La verdadera paz no se alcanza callando a los que claman, sino escuchándolos. Y yo le aseguro que en Venezuela hay un clamor que solo un hombre de su estatura moral puede oír.

Dios lo ilumine, Adolfo, para que su último gesto en esta tierra sea el de reconciliarse con la verdad. Porque ningún premio, ninguna medalla, ningún discurso vale más que eso: reconocer el error y ponerse del lado de la justicia.

WP Twitter Auto Publish Powered By : XYZScripts.com
Scroll to Top