Armando Esteban Quito

La líder venezolana y Premio Nobel de la Paz María Corina Machado, afirmó este jueves que su país «ya ha sido invadida» por agentes rusos, iraníes, grupos terroristas y carteles que operan libremente en connivencia con el régimen de Nicolás Maduro, por lo que instó a cortar el flujo de financiación que permite sostener un sistema de represión muy poderoso.

Infobae

Durante un primer encuentro con los medios de comunicación y acompañada del primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, la premio nobel de la paz María Corina Machado, líder venezolana, agradeció este jueves a los “hombres y mujeres que arriesgaron sus vidas” para que ella pudiera viajar a Oslo, tras más de un año en la clandestinidad.

“Quiero aprovechar tu pregunta para dar las gracias a todos aquellos hombres y mujeres que arriesgaron sus vidas para que yo pudiera estar aquí hoy. Algún día podré contártelo, porque ahora mismo no quiero ponerlos en peligro”, dijo Machado.

A primera hora de la mañana del jueves, la Nobel de la Paz 2025, María Corina Machado fue recibida por el presidente del Parlamento noruego, Masud Gharahkhani, quien le brindó una visita guiada por el Storting. Tras el encuentro, Machado manifestó: “El mundo nos apoya y no estamos solos. Este es un momento decisivo”.

La líder venezolana saludó a decenas de seguidores reunidos frente al Grand Hotel Oslo, punto tradicional de encuentro tras la ceremonia del Nobel. Sonrió al ver la multitud en la plaza Stortingsparken, cantó el himno de Venezuela y bajó a la calle para acercarse y abrazar a sus simpatizantes tras rencontrarse con su familia y allegados en la lucha por la libertad de Venezuela.

El viaje a Oslo de la opositora venezolana y Premio Nobel de la Paz María Corina Machado fue una odisea que comenzó el martes con la salida de su país por vía marítima hacia Curazao, según hipótesis de analistas, y se completó con un largo viaje en avión de casi 9.000 kilómetros a la capital noruega, con escala en Estados Unidos.

The Wall Street Journal / EFE

Durante las últimas semanas se tejieron distintas hipótesis sobre si Machado llegaría a Oslo para recibir el premio, pues la líder opositora no aparecía en público desde enero pasado y burlar la vigilancia del Gobierno de Nicolás Maduro no sería fácil.

Con peluca y disfraz, María Corina Machado inició la tarde del lunes su salida de Venezuela.

La líder de la oposición venezolana intentaba llegar a Noruega el miércoles a tiempo para recibir el Premio Nobel de la Paz, que ganó por desafiar al líder autoritario del país, Nicolás Maduro. Primero, debía trasladarse desde el suburbio de Caracas donde lleva un año escondida hasta un pueblo pesquero costero, donde la esperaba una lancha.

Durante 10 horas estresantes, Machado y dos personas que la ayudaron a escapar pasaron por 10 puestos de control militares, evitando ser capturadas cada vez, antes de llegar a la costa a medianoche, dijo una persona cercana a la operación.

Descansó unas horas, dijo la persona, antes de la siguiente etapa de su viaje: un peligroso viaje por el mar Caribe hasta Curazao. Ella y sus dos compañeros partieron en una típica lancha de pesca de madera a las 5 de la mañana, dijo la persona, con fuertes vientos y mar picado que los ralentizaron.

Casi había completado una fuga que llevaba dos meses planificándose y que fue llevada a cabo por una red venezolana que ha ayudado a otras personas a huir del país, según informó la persona cercana a la operación. El grupo hizo una llamada importante al ejército estadounidense antes de partir, advirtiendo a las fuerzas estadounidenses en la región sobre los ocupantes del buque. Estados Unidos ha bombardeado más de 20 buques similares en los últimos tres meses, matando a más de 80 personas a las que acusa de tráfico de drogas.

“Coordinamos que ella iba a salir por una zona específica para que no volaran la embarcación”, dijo la persona cercana al operativo.

La administración Trump estaba al tanto de la operación, dijeron personas familiarizadas con el asunto, pero el alcance de su participación no estaba claro.

La Marina de Estados Unidos y el Pentágono remitieron las preguntas a la Casa Blanca, que no respondió a una solicitud de comentarios.

Casi al mismo tiempo que cruzaron, un par de F-18 de la Armada de EE. UU. sobrevolaron el Golfo de Venezuela y pasaron aproximadamente 40 minutos volando en círculos cerrados cerca de la ruta que llevaría desde la costa hasta Curazao, según datos de seguimiento de vuelo. Fue la incursión más cercana de aviones estadounidenses al espacio aéreo venezolano desde que comenzó la intensificación militar estadounidense en septiembre.

Machado llegó a Curazao alrededor de las 3 p. m. del martes. La recibió un contratista privado especializado en extracciones. Agotada por el largo viaje, Machado se registró en un hotel y pasó la noche, según la fuente.

Al amanecer en Curazao y mientras los invitados comenzaban a reunirse en Oslo, un avión ejecutivo proporcionado por un socio de Miami despegó de la isla con destino a la capital noruega, según la fuente. Antes de abordar el avión, Machado grabó un breve mensaje de audio agradeciendo a «tantas personas… [que] arriesgaron sus vidas» para que ella pudiera salir de Venezuela.

Se esperaba que llegara poco después de la medianoche, hora local de Oslo, o alrededor de las 6 p. m. en la costa este de Estados Unidos.

Su fuga se mantuvo tan en secreto que el Instituto Nobel declaró a los medios noruegos que desconocían su paradero al comenzar la ceremonia de entrega del premio en Oslo. Jørgen Watne Frydnes, presidente del comité noruego del Nobel, declaró en la ceremonia que había vivido «una experiencia en una situación de extremo peligro».

Sin embargo, Machado, de 58 años, llegó en la madrugada del jueves a la capital noruega a bordo de un avión privado que, según las páginas de rastreo de vuelos FlightRadar24 y FlightAware, partió esta mañana desde Curazao, una de las islas de los Países Bajos en el mar Caribe, situada solo 65 kilómetros de la costa de Venezuela.

Según el registro de vuelo de ambas plataformas, el avión que la llevó a Oslo, donde este miércoles su hija Ana Corina Sosa Machado recibió el Premio Nobel, ya que no pudo llegar a tiempo a la ceremonia, es un Legacy 600 del fabricante brasileño Embraer.

El avión, con capacidad para 13 pasajeros, está matriculado en México, tiene como base el Aeropuerto Internacional Santiago de Querétaro y es operado por la compañía JetVip Business Aviation.

Para recoger a Machado, la aeronave partió ayer del Aeropuerto Ejecutivo de Miami Opa Locka, en el estado de Florida (EE.UU.) con destino al Aeropuerto Internacional Hato de Willemstad, capital de Curazao, a donde llegó anoche.

De allí, según las páginas de vuelos, el avión partió este miércoles a las 6:42 hora local (10:42 GMT) para un vuelo de cuatro horas y 43 minutos hasta el Aeropuerto Internacional de Bangor, situado en el estado de Maine (EE.UU.), donde hizo una escala técnica.

La última parte del viaje, un vuelo de seis horas y 24 minutos desde Bangor hasta el aeropuerto de Oslo Gardermoen, concluyó cerca de la medianoche en la capital noruega.

En la madrugada del jueves en Noruega, Machado se reencontró en el balcón del Grand Hotel de Oslo con sus familiares, amigos, aliados políticos de varios países y decenas de venezolanos que la esperaron durante horas a la intemperie para recibir su saludo y festejar el Premio Nobel de la Paz.

María Corina Machado reapareció en Oslo la noche de este miércoles, horas después de que su hija recibiera en su nombre el Premio Nobel de la Paz 2025.

Infobae

La dirigente venezolana, ausente de la vida pública durante meses por amenazas de muerte y persecución judicial de la dictadura de Nicolás Maduro, saludó a decenas de seguidores que esperaban frente al Grand Hotel Oslo, el punto tradicional donde se congrega el público tras la ceremonia del Nobel.

Machado llegó a Noruega después de abandonar Venezuela el martes en un barco con rumbo a Curazao, según informaron funcionarios de Estados Unidos. La salida fue organizada bajo estricta reserva por su círculo más cercano, que evitó cualquier anuncio previo. De acuerdo con estas fuentes, la operación se mantuvo en silencio para proteger su seguridad y solo se confirmó cuando la opositora ya estaba fuera del territorio venezolano.

El traslado de la Premio Nobel de la Paz 2025 generó expectación entre diplomáticos, activistas y ciudadanos venezolanos residentes en Europa. Su aparición se produjo después de la marcha de antorchas que recorre el centro de Oslo cada 11 de diciembre, un acto que rinde homenaje al laureado de la Paz y que este año tuvo un marcado enfoque político debido a la crisis venezolana.

El gobierno noruego informó que la opositora ofrecerá una conferencia de prensa este jueves a las 09:15 GMT, lo que marcará su primer encuentro directo con periodistas desde que se ocultó tras las elecciones presidenciales de julio de 2024.

Delcy Rodríguez aseguró este miércoles que los pescadores venezolanos que hacen vida en el mar Caribe «no le temen a ningún poderío militar», en un contexto en el que Estados Unidos mantiene un despliegue aeronaval en aguas caribeñas bajo el argumento de combatir el narcotráfico.

EFE

Durante el evento ‘Asamblea de los pueblos por la soberanía y paz de nuestra América’, que comenzó en Caracas el martes y concluirá este jueves, Rodríguez subrayó que los pescadores son la «primera barrera contra los destructores, contra los submarinos nucleares» y son quienes cuidan el mar venezolano.

«Los pescadores de Venezuela no le temen a ningún poderío militar y siguen con sus redes pescando en nuestro mar Caribe, ejerciendo soberanía política y ejerciendo soberanía económica», manifestó la también ministra de Hidrocarburos.

Para la funcionaria chavista, hoy Estados Unidos exhibe la «violencia militar» y las «agresiones económicas», en referencia a las sanciones, como «características fundamentales en su política exterior».

«Esa agresión militar que hay hoy, de ocupación militar de nuestro mar Caribe, no es solo contra Venezuela, es contra nuestra región, contra América Latina y contra los países del Caribe», indicó la vicepresidenta.

Desde agosto, Estados Unidos mantiene una operación militar en la que ha destruido una veintena de lanchas supuestamente cargadas con droga en el Caribe y el Pacífico, en las que han muerto más de 80 personas, a las que Washington acusa de narcoterroristas.

El Gobierno de Donald Trump no reconoce la legitimidad de Nicolás Maduro en Venezuela y lo acusa de liderar el Cartel de los Soles, una presunta organización que vincula al narcotráfico, pero que funcionarios como el ministro de Interior venezolano, Diosdado Cabello, consideran que se trata de un «invento».

Este miércoles, Estados Unidos interceptó y confiscó un petrolero sancionado frente a las costas de Venezuela, en medio de la creciente tensión entre Washington y Caracas, informó este miércoles la agencia Bloomberg.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió este miércoles al presidente de Colombia, Gustavo Petro, que será «el siguiente», en alusión a la presión que su Gobierno está ejerciendo contra el mandatario de Venezuela, Nicolás Maduro.

EFE

Al ser preguntado por la prensa en la Casa Blanca sobre si planea hablar pronto con Petro, el republicano lo descartó, argumentando que el mandatario colombiano «ha sido bastante hostil con Estados Unidos».

«Espero que me esté escuchando. Será el siguiente», expresó Trump.

El líder estadounidense afirmó que Petro «va a tener grandes problemas si no se da cuenta» que Colombia está «produciendo mucha droga».

«Tienen fábricas de cocaína donde producen cocaína, como saben, y la venden directamente a Estados Unidos», afirmó.

Trump retiró en septiembre a Colombia de la lista de países que cooperan en el combate contra las drogas y posteriormente sancionó a Petro, al que acusó de ser un «líder del narcotráfico».

El mandatario colombiano ha rechazado esas acciones y reivindica que la política antidrogas de su Gobierno es la adecuada.

Trump pone así a Colombia en la mira de la operación Lanza del Sur que ordenó con el argumento de combatir el narcotráfico en Latinoamérica y que ha disparado la tensión con el Gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela.

Desde septiembre, las Fuerzas Armadas estadounidenses han destruido más de una veintena de embarcaciones supuestamente cargadas con droga en el Caribe y en el Pacífico, cerca de Venezuela y Colombia, matando extrajudicialmente a más de 80 tripulantes.

Trump ha prometido que «pronto» comenzarán los ataques dentro de territorio venezolano, mientras que Maduro ha llamado a sus ciudadanos a unirse contras las amenazas estadounidenses y alistarse en milicias ciudadanas.

La fiscal general de los Estados Unidos, Pam Bondi, anunció este miércoles 10 de diciembre a través de su cuenta en X que las autoridades federales ejecutaron una orden de incautación de un buque petrolero frente a las costas de Venezuela. El operativo fue realizado de manera conjunta por el Buró Federal de Investigaciones (FBI), la Oficina de Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI) y la Guardia Costera, contando con el apoyo logístico del Departamento de Guerra.

La Patilla

Según la declaración de la funcionaria, la embarcación retenida era utilizada para transportar petróleo sancionado proveniente tanto de Venezuela como de Irán. Bondi detalló que el petrolero había estado bajo el esquema de sanciones de Estados Unidos durante varios años debido a su participación en una «red ilícita de transporte de petróleo que apoya a organizaciones terroristas extranjeras».

La alta funcionaria destacó que la maniobra de abordaje e incautación en aguas próximas al territorio venezolano se llevó a cabo «de forma segura». Asimismo, advirtió que esta acción no es un hecho aislado, sino parte de una estrategia más amplia.

«Nuestra investigación, junto con el Departamento de Seguridad Nacional, para prevenir el transporte de petróleo sancionado continúa», concluyó Bondi, reafirmando la política de tolerancia cero de la administración contra los flujos financieros que sustentan a regímenes sancionados y grupos extremistas.

El presidente del Comité Noruego del Nobel, Jørgen Watne Frydnes, instó este miércoles a Nicolás Maduro, a aceptar los resultados electorales de 2024 y a renunciar a su cargo para sentar las bases hacia una «democracia» en el país, al ser ésa la voluntad del pueblo venezolano.

EFE

«Debe aceptar los resultados electorales y renunciar a su cargo. Debe sentar las bases para una transición pacífica hacia la democracia, porque esa es la voluntad del pueblo venezolano. María Corina Machado y la oposición venezolana han encendido una llama que ninguna tortura, ninguna mentira y ningún miedo podrán apagar», dijo en su discurso de entrega del Premio Nobel de Paz.

En la ceremonia, a la que no llegó a tiempo la líder opositora venezolana, pero cuyo discurso será leído por su hija, Ana Corina Sosa Machado, Frydes acusó a Maduro de convertir Venezuela «en un Estado brutal y autoritario sumido en una profunda crisis humanitaria y económica» mientras una «pequeña élite en la cúspide, protegida por el poder, las armas y la impunidad, se enriquece».

El máximo responsable del Comité Nobel de la Paz calificó de «una de las mayores crisis de refugiados del mundo» la emigración de venezolanos en los últimos años, cifrada por la institución en más de 8 millones de personas, es decir, una cuarta parte de la población.

Frydnes atacó al Gobierno de Caracas por instaurar «un régimen que silencia, acosa y ataca sistemáticamente a la oposición».

«Mientras estamos aquí sentados en el Ayuntamiento de Oslo hay personas inocentes encerradas en celdas oscuras en Venezuela. No pueden oír los discursos de hoy, sólo los gritos de los presos que están siendo torturados», dijo.

Calificó de «otra víctima del régimen» el reciente fallecimiento, bajo custodia del Estado venezolano, del exgobernador de Nueva Esparta (insular) Alfredo Díaz en la sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), conocida como El Helicoide, «la mayor cámara de tortura de América Latina».

Frydnes, quien enmarcó la situación de Venezuela dentro de un avance global del autoritarismo y dijo que el mundo le había dado «la espalda», sostuvo que Machado participó en procesos de diálogo durante años y acusó al Gobierno venezolano de ofrecer una versión manipulada de la oposición para presentarse como garante de la paz.

«La señora Machado ha solicitado atención, apoyo y presión internacionales, no una invasión de Venezuela. Ha exhortado a la población a defender sus derechos por medios pacíficos y democráticos», afirmó.

En su discurso hizo un repaso a la carrera política de la galardonada, centrándose sobre todo en los comicios presidenciales de 2024, un «factor decisivo» en su elección para el Nobel, y calificó la actuación de la oposición para fotografiar y asegurar copias de las actas como «una movilización de base sin precedentes en Venezuela y, probablemente, en el mundo entero».

«A todos aquellos en Caracas y en otras ciudades de Venezuela que se ven obligados a susurrar el lenguaje de la libertad: Que nos escuchen ahora. Que sepan que el mundo no les da la espalda. Que la libertad se acerca. Y que Venezuela volverá a ser un país pacífico y democrático. Que amanezca una nueva era», dijo.

Mientras tanto, apuntó que cada vez más países, «incluso aquellos con una larga tradición democrática, están derivando hacia el autoritarismo y el militarismo».

«Los regímenes autoritarios aprenden unos de otros. Comparten tecnologías y sistemas de propaganda. Detrás de Maduro están Cuba, Rusia, Irán, China y Hezbolá, que proporcionan armas, sistemas de vigilancia y vías de supervivencia económica. Hacen que el régimen sea más robusto y más brutal.

Para Frydnes el futuro de Venezuela puede tomar muchas formas, «pero el presente es uno solo, y es horroroso».

Por eso la oposición democrática en Venezuela «debe contar con nuestro apoyo, no con nuestra indiferencia o, peor aún, con nuestra condena». 

Apenas pusieron un pie en el aeropuerto de Caracas, los tres integrantes del equipo periodístico que envío el canal de noticias C5N a Venezuela fueron separados en la fila de pasajeros y sometidos a un interrogatorio por parte de la Policía de Migraciones, que además los filmó y fotografió, para luego prohibirles el ingreso al país bajo el régimen de Nicolás Maduro y los envió a Bolivia.

Clarín

Los periodistas Adrián Salonia, Nicolás Munafó y el camarógrafo Sebastián Solís fueron despojados además de sus pasaportes argentinos y «expulsados sin ninguna explicación», según lo revelado por ellos mismos en las redes sociales.

De hecho, la señal televisiva publicó la noticia con el título «Maduro deportó a los periodistas del canal» y denunció que «censuraron a C5N en Venezuela».

«Nunca nos devolvieron los pasaportes», se quejó Salonia al relatar el incidente y reveló que fue un momento de mucha tensión que duró algo más de dos horas.

Salonia contó por el canal y en sus redes sociales que los policías del aeropuerto internacional Simón Bolívar «se dieron cuenta de que éramos periodistas, estamos con Nicolás Munafó, nos enviaron a la fila de los extranjeros, que no eran periodistas», y entonces comenzó la ronda de preguntas de la que intervinieron diferentes funcionarios.

«Les explicamos que queríamos mostrar la vida cotidiana de los venezolanos, no hablamos en ningún momento de lo que está pasando con Estados Unidos», agregó el cronista. Y reveló que incluso tuvieron que informar en qué hotel se iban a quedar y hasta la documentación del chofer que habían contratado para movilizarse en Caracas, entre otras datos.

Después de dos horas de interrogatorio, Salonia relató que los llevaron «a otro lugar completamente vacío, con muchos policías, la serenidad con la que nos expulsan del país, nos hicieron pasar por un pasillo, por un escáner».

Nuestros pasaportes todavía no pudimos recuperarlos», lamentó el periodista. Y, remarcó: «Fuimos expulsados sin ninguna explicación. El destino, Bolivia» para emprender el regreso a Buenos Aires.

El miércoles en Oslo, las autoridades celebraron una ceremonia de premiación para la líder opositora venezolana María Corina Machado, quien ganó el Premio Nobel de la Paz de este año por sus esfuerzos para promover la democracia en Venezuela. Sin embargo, en Washington, su insistencia en que el presidente Nicolás Maduro debe irse, y la aparente conformidad de la administración Trump, han generado inquietud. Los críticos advierten que derrocar a Maduro podría convertir al país en otro Irak o una Libia caribeña: un estado colapsado, dividido por facciones armadas, peor que la dictadura que reemplazó. Es mejor, dicen, vivir con un gobernante odioso que arriesgarse a otro experimento caótico de cambio de régimen.

Por: Ricardo Hausmann y José Morales-Arilla – The New York Times

Esta es una analogía errónea. Malinterpreta lo que Venezuela ha logrado y lo que está en juego para Estados Unidos en la lucha por el futuro de Venezuela. En vista de la presión diplomática y los recursos militares que Washington ha comprometido con el Caribe, dar marcha atrás ahora no evitaría el desastre; lo constituiría. Indicaría que una dictadura criminal disfrazada de Estado puede plantar cara a Estados Unidos y ganar.

Venezuela ha logrado lo que Irak y Libia, también bajo el yugo de dictadores, no tuvieron la oportunidad de lograr: votar por un nuevo gobierno. Se cree ampliamente que el candidato opositor Edmundo González ganó las elecciones presidenciales de 2024. Las actas recopiladas y conservadas por decenas de miles de voluntarios en todo el país mostraron que González lideraba por casi 40 puntos, ganando en todos los estados y en aproximadamente el 90 % de los 335 municipios de Venezuela. Análisis independientes validan la veracidad de estos resultados.

Suponiendo que estas cifras sean precisas, este no fue un resultado marginal ni controvertido. Fue una victoria aplastante, lograda a pesar de la represión, la persecución y la privación del derecho al voto por parte del régimen de hasta tres millones de personas con derecho a voto en el país, así como de la mayoría de los aproximadamente ocho millones de venezolanos que viven en el extranjero.

Esto es lo que quiere decir la Sra. Machado cuando insiste en que su movimiento «no pide un cambio de régimen», sino «respeto a la voluntad popular». La comparación que se hace tan a menudo en Washington últimamente entre la Sra. Machado y Ahmad Chalabi, el exiliado de larga data que convenció a George W. Bush de que Irak sería pan comido, es contradictoria. El orden político iraquí tras la invasión estadounidense de 2003 se diseñó apresuradamente bajo la ocupación estadounidense y se impuso esencialmente desde el exterior. El nuevo orden en espera en Venezuela ya ha sido elegido por el pueblo del país.

La oposición no tiene las armas. Puede que goce de legitimidad democrática y apoyo popular, pero carece de milicias, insurgencia armada y control territorial. Las fuerzas armadas siguen siendo la única institución coercitiva dominante en el país. Esta configuración hace improbable una guerra civil —para ello se necesitan al menos dos facciones armadas comparables—, pero también hace casi imposible un cambio de régimen desde abajo. Por eso es importante una presión militar creíble; sin ella, no hay motivo para que quienes están dentro del régimen rompan con él.

El presidente Trump no ha declarado públicamente que el objetivo de su campaña en el Caribe sea derrocar a Maduro. Si ese es su objetivo final , él y Machado deberán colaborar para reequilibrar los incentivos de quienes ostentan el poder en Venezuela. Además de la presión militar, deberían desarrollar múltiples vías de escape creíbles que creen una brecha entre la camarilla gobernante y el aparato burocrático y de seguridad en general.

Este enfoque diferenciado de amnistía podría permitir que el Sr. Trump ofrezca una estrecha ventana de paso seguro hacia el exilio protegido para los responsables de crímenes de lesa humanidad , y la Sra. Machado podría extender una amnistía nacional amplia al conjunto de oficiales y funcionarios cuya complicidad nunca traspasó ese umbral. Su compromiso con la amnistía sería creíble, ya que cualquier nuevo gobierno democrático necesitaría la colaboración de miembros de las fuerzas armadas, la policía y la burocracia para obtener y mantener el control del Estado.

El mensaje sería simple: el pequeño círculo que rodea al Sr. Maduro tiene una oferta temporal para salir bajo estrictas garantías internacionales; la gran mayoría de los oficiales pueden quedarse, conservar sus salarios y pensiones y ayudar a gestionar una transición ordenada a la democracia. Si un número suficiente de las figuras más comprometidas aceptara la salida al exilio, por temor a una acción militar o una traición, el régimen se desintegraría. Si los miembros del grupo no cumplieran con los plazos iniciales de la oferta, Estados Unidos podría utilizar medidas progresivas y específicas para transmitir de forma creíble que las salidas siguen siendo la mejor opción sin tener que desplegar tropas estadounidenses sobre el terreno.

¿Qué hay, entonces, del temor a que una Venezuela post-Maduro se hunda en el caos? Cualquier resistencia violenta a un nuevo gobierno probablemente provendría de pequeñas facciones criminales: guerrillas, bandas carcelarias, unidades paramilitares, mafias mineras y redes de narcotráfico arraigadas en partes del estado.

Con los controvertidos resultados electorales de 2024, una hipotética insurgencia chavista tendría dificultades para reclutar o reivindicar un mandato legítimo, lo que limitaría su amenaza política y haría improbable una guerra civil a nivel nacional. Para una democracia incipiente, enfrentarse a grupos armados sería un desafío, pero no sería algo sin precedentes en Latinoamérica, ni siquiera en Venezuela, donde una insurgencia promovida por Cuba fue derrotada por la naciente democracia del país en la década de 1960.

El verdadero peligro reside en el statu quo. El régimen de Maduro ha contribuido a convertir a Venezuela en un refugio para los rivales estadounidenses, una plataforma de lanzamiento para actividades criminales mucho más allá de sus fronteras, un importante centro logístico para el narcotráfico y un hogar para las guerrillas colombianas que operan con la aquiescencia del régimen. Este no es un problema latente. Es un problema que se está propagando, a solo unas horas de Florida.

Estados Unidos ha desplegado importantes activos militares en el Caribe y está invirtiendo fuertemente en presión diplomática. El mensaje de la administración Trump, hasta ahora, ha sido que un estado narcoterrorista no es algo que Washington aceptará en su puerta.

Si, llegados a este punto, Estados Unidos cede —si permite que Maduro declare su victoria en unas elecciones que, según analistas independientes, fueron fraudulentas, aguante las sanciones y espere la llegada de un grupo de portaaviones—, el precedente se leerá con atención en Moscú, Teherán, Pekín y otros lugares. La derrota estratégica no es solo perder una guerra. Es una prueba más de que las líneas rojas de Estados Unidos están escritas con tinta que desaparece.

Nadie debería idealizar lo que vendrá después de Maduro. La transición venezolana bien podría ser defectuosa y conflictiva, y cualquier acuerdo de justicia transicional podría resultar decepcionante para las víctimas de los crímenes de Maduro. Pero la comparación relevante no es entre un caos como el de Irak o una guerra civil como la de Libia y una paz democrática repentina. Es entre una transición democrática caótica pero manejable, liderada por un gobierno legítimo, y el afianzamiento de un régimen autocrático y represivo que ha acogido a las peores fuerzas internacionales en nuestro hemisferio y ha violado los derechos humanos de su propio pueblo.

Para los venezolanos, incluso una democracia imperfecta, liderada por el presidente que eligieron y apoyada por la comunidad internacional y una diáspora que regresa, representaría una enorme mejora. Para Estados Unidos, ayudar a los venezolanos a ejercer su derecho al voto ya no es una opción; es una prueba de si se puede permitir que una dictadura criminal, aliada con los peores adversarios de Estados Unidos, gane un concurso de miradas, con el mundo entero observando.

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