Armando Esteban Quito

La líder venezolana y Premio Nobel de la Paz 2025, María Corina Machado, ofreció este jueves su primera rueda de prensa tras recibir el galardón en Oslo y aseguró que “muy pronto” estará de regreso en Venezuela, al igual que los millones de exiliados que sueñan con volver a su país.

La Patilla

“Mi deber era venir para recoger este premio y llevarlo de vuelta a los venezolanos. Pronto estaré de vuelta en Venezuela, y sé que muy pronto ustedes también”, afirmó al iniciar su declaración.

Machado aprovechó su intervención para enviar un mensaje directo a las víctimas de la represión y a los familiares de quienes permanecen detenidos por motivos políticos.

“Esto lo estamos haciendo por todos los presos políticos de Venezuela”, dijo. Recordó que hay madres que no ven a sus hijos desde hace más de una década porque tuvieron que huir del país, y subrayó que ninguna nación debería normalizar el dolor que impone una dictadura.

La líder nacional también hizo una revelación personal al hablar de su salida clandestina del país:

“En el camino de mi salida, la fuerza que me sostuvo fue recordar a mis amigos secuestrados. Porque todo esto es por ellos. Ayer, cuando finalmente pude abrazar a mis hijos, pensé en Flor, la mamá de María Oropeza, y en tantas madres que no han podido ver a sus hijos durante años”.

Consultada sobre una eventual intervención militar extranjera, Machado reiteró que la sociedad venezolana ha hecho todo para que la transición sea pacífica.

“Quien ha dado la guerra es el régimen de Nicolás Maduro”, afirmó.

Denunció que el régimen de Maduro se sostiene en alianzas con Cuba, Rusia y organizaciones terroristas como Hamas y Hezbollah, y advirtió que el régimen usa los recursos petroleros para perseguir a los ciudadanos.

“Así como el régimen se apoya en otros regímenes del mundo, las democracias deben apoyar a los venezolanos”, agregó.

Machado aseguró que, tras la salida del chavismo, todas las instituciones venezolanas deberán ser reformadas de raíz, desde la justicia hasta la economía, y garantizó la apertura a la inversión internacional para recuperar al país.

“Hay una generación entera que no ha conocido la democracia ni ha vivido en libertad, pero está preparada para dar la vida por liberar a Venezuela”, afirmó.

Aunque no precisó fecha, Machado afirmó que su regreso será “un esfuerzo que valdrá la pena”.

“Nada me va a alejar de mi deber con los venezolanos”, dijo.

“Este premio es para los 30 millones de venezolanos”, concluyó Machado, quien reiteró que dedicará cada día a luchar por quienes están en prisión, en el exilio o resistiendo dentro del país.

Este miércoles 10 de diciembre, Oslo, en Noruega, fue el centro de una emotiva ceremonia en la entrega del Premio Nobel de Paz 2025 otorgado a la líder de la democracia venezolana, María Corina Machado.

NTN24

La ceremonia estuvo llena de emotividad y discursos poderosos que respaldaron la lucha que ha hecho Machado por la libertad de Venezuela.

María Corina no pudo asistir al evento que buscaba rendirle un homenaje, pero su premio lo recibió su hija Ana Corina Sosa Machado.

Antes de la entrega el Nobel, el discurso por parte del presidente del Comité Noruego, Jørgen Watne Frydnes, fue contundente y generó mucha sorpresa entre los venezolanos presentes.

El presidente del Comité Noruego no dudó en apuntar contra el líder del régimen venezolano, Nicolás Maduro, pero también criticó fuertemente a los gobiernos de izquierda en Latinoamérica.

Además, Jørgen Watne Frydnes describió en el evento las atrocidades cometidas por parte del régimen venezolano contra los presos políticos del país.

El presidente también hizo un llamado para que como ciudadanos de una democracia seamos “críticos con las fuentes información”.

E hizo énfasis en que: “No solamente estamos esparciendo información, sino que también estamos esparciendo propaganda estratégica de un dictador”.

“El régimen de Maduro le dice al mundo que ellos son la garantía, pero la paz basada en el miedo, silencio y tortura no es paz, es sumisión tratada como estabilidad”, agregó.

Jørgen Watne Frydnes también destacó la movilización que realizó María Corina Machado tras las elecciones presidenciales del pasado 28 de julio de 2024 en las que el régimen de Maduro cometió fraude electoral.

Y advirtió que, para los regímenes, el diálogo puede ser una trampa para ganar tiempo y generar división.

Discurso del Presidente del Comité Noruego del Nobel Jørgen Watne Frydnes

Oslo, a 10 de diciembre de 2025.
Sus Majestades,
Sus Altezas Reales,
Señora Machado, Premio Nobel de la Paz,
Excelencias,
Distinguidos invitados,
Señoras y señores.

Samantha Sofía Hernández, una adolescente de 16 años, el mes pasado fue brutalmente secuestrada por hombres enmascarados de las fuerzas de seguridad del régimen de Maduro. La sacaron de la casa de sus abuelos. No sabemos dónde se encuentra actualmente, probablemente en uno de los centros de internamiento de la dictadura. Puede que esté con su padre, quien en enero desapareció sin dejar rastro.

¿Cuál fue su pecado?

Su hermano era soldado, pero se negó a seguir las órdenes del régimen de cometer actos brutales contra la población.

Por ese delito, toda la familia debe ser castigada.

A Juan Requesens se le ordena girarse lentamente hacia la cámara. Las imágenes lo muestran de pie, en ropa interior, cubierto de heces y con la mirada perdida y confusa. Supuestamente había confesado haber planeado un golpe de Estado.

Pero, por supuesto, no había pruebas. El día antes de ser detenido, Juan compareció ante la Asamblea Nacional. Dio un discurso en el que repetía una frase clave; una promesa a su país y a sí mismo: «Yo me niego a rendirme.»

Alfredo Díaz, líder opositor y exalcalde, fue sacado de un autobús el pasado mes de noviembre y arrojado a las profundidades de El Helicoide, la mayor cámara de tortura de América Latina. Un preso político más, en una larga lista. Esta semana se ha conocido la noticia de su muerte. Otra vida perdida. Otra víctima del régimen.

Estas historias no son únicas. Esta es Venezuela de hoy. Es como el régimen venezolano trata a sus propios ciudadanos. A una hermana. A un estudiante. A un político. Cualquiera que aún crea en decir la verdad en voz alta puede desaparecer violentamente en un sistema creado específicamente para erradicar esa creencia.

Samantha, Juan y Alfredo no eran extremistas. Eran venezolanos comunes y corrientes que soñaban con libertad, democracia y derechos.

Por ello, les arrebataron la vida.

Este régimen ni siquiera perdona a sus niños. Más de 200 menores fueron detenidos tras las elecciones de 2024. Las Naciones Unidas documentaron lo que sufrieron de la siguiente manera:

Bolsas de plástico apretadas sobre sus cabezas.

Descargas eléctricas en los genitales.

Golpes al cuerpo tan brutales que les dolía respirar.

Violencia sexualizada.

Celdas tan frías que provocan intensos temblores.

Agua potable contaminada, llena de insectos.

Gritos a que nadie acudió para poner fin.

Un niño yacía en la oscuridad susurrando el nombre de su madre, una y otra vez, con la esperanza de que ella no creyera que estaba muerto.

Un joven de 16 años finalmente regresó a casa, tan devastado por las descargas eléctricas y los golpes que no podía abrazar a su madre sin sentir un dolor agudo en todo el cuerpo. Durante meses, se asustaba con cada ruido y apenas dormía. Por la noche se despertaba sobresaltado, convencido de que los soldados habían regresado para reanudar sus ataques.

Mientras estamos aquí sentados en el Ayuntamiento de Oslo, hay personas inocentes encerradas en celdas oscuras en Venezuela. No pueden oír los discursos de hoy, solo los gritos de los presos que están siendo torturados.

Así es como los poderes autoritarios intentan aplastar a quienes se alzan en defensa de la democracia. Las Naciones Unidas han declarado que estos actos constituyen crímenes de lesa humanidad.

Este es el régimen de Nicolás Maduro.

Venezuela se ha convertido en un Estado brutal y autoritario sumido en una profunda crisis humanitaria y económica. Mientras tanto, una pequeña élite en la cúspide, protegida por el poder, las armas y la impunidad, se enriquece.

A la sombra de esta crisis, miles de mujeres y niños se ven empujados hacia la prostitución y la trata de personas. Las hijas simplemente desaparecen. Los niños se convierten en objetos de comercio en manos de delincuentes que ven la desesperación humana como una oportunidad de negocio.

Una cuarta parte de la población ya ha huido del país, lo que supone una de las mayores crisis de refugiados del mundo.

Quienes se quedan viven bajo un régimen que silencia, acosa y ataca sistemáticamente a la oposición.

Venezuela no está sola en esta oscuridad. El mundo va por mal camino. Los regímenes autoritarios están ganando terreno.

Tenemos que plantearnos la incómoda pregunta:

¿Por qué nos resulta tan difícil preservar la democracia, una forma de gobierno concebida para proteger nuestra libertad y nuestra paz?

Cuando la democracia pierde, el resultado es más conflicto, más violencia, más guerra.

En 2024 se celebraron más elecciones que en ningún otro año anterior, pero cada vez menos son libres y justas. El poder de la ley se usa de forma indebida. Se silencia a los medios libres. Los críticos son encarcelados.

Cada vez más países, incluso aquellos con una larga tradición democrática, están derivando hacia el autoritarismo y el militarismo.

Los regímenes autoritarios aprenden unos de otros. Comparten tecnologías y sistemas de propaganda. Detrás de Maduro están Cuba, Rusia, Irán, China y Hezbolá, que proporcionan armas, sistemas de vigilancia y vías de supervivencia económica. Hacen que el régimen sea más robusto y más brutal.

Y, sin embargo, en medio de esta oscuridad, hay venezolanos que se han negado a rendirse. Los que mantienen viva la llama de la democracia. Que nunca ceden, pese al enorme coste personal. Ellos nos recuerdan constantemente lo que está en juego.

Muchos de ellos están hoy aquí con nosotros:

El presidente electo de Venezuela, Edmundo González Urrutia.

Carlos, el poeta.

Claudia, la activista.

Pedro, el catedrático universitario.

Ana Luisa, la enfermera.

Corina, la abuela.

Antonio, el político de oposición.

María Corina, la ganadora del premio Nobel de la Paz.

En el núcleo de la lucha por la democracia brilla una simple verdad: la democracia es más que una forma de gobierno. Es también la base para una paz duradera.

Millones de venezolanos lo saben.

Año tras año, estudiantes, sindicatos, periodistas, organizaciones empresariales y ciudadanos de a pie se han movilizado en oleadas de resistencia.

Han llenado las calles en señal de protesta. Cuando les arrebataron sus votos, hicieron sonar cacerolas. Cuando la vigilancia estatal se vuelve ineludible, susurran.

Personas de todo el espectro político – desde comunistas hasta conservadores – se han alzado para desafiar al régimen. La oposición ha probado una estrategia tras otra.

A lo largo de todo esto han dicho: No luchamos por venganza, sino por justicia.

Por la inviolabilidad de las urnas. Por la democracia. Por la paz.

Pero les responden que esas cosas son imposibles. Que fracasarán.

Y cuando los venezolanos pidieron al mundo que prestara atención, les dimos la espalda.

Mientras perdían sus derechos, su alimento, su salud y su seguridad – y, finalmente, su propio futuro – gran parte del mundo se aferró a sus viejas narrativas. Algunos insistían en que Venezuela era una sociedad igualitaria ideal. Otros solo querían ver en ella una lucha contra el imperialismo. Otros más optaron por interpretar la realidad venezolana como una competencia entre superpotencias, pasando por alto el valor de quienes buscan la libertad en su propio país. Todos estos observadores tienen algo en común: la traición moral a quienes de hecho viven bajo este régimen brutal.

Si solo apoyas a quienes comparten tus opiniones políticas, no has entendido ni la libertad ni la democracia. Sin embargo, muchos críticos se quedan ahí. Ven que las fuerzas democráticas locales cooperan, por necesidad, con actores que les desagradan y utilizan eso como justificación para negarles su apoyo. Así anteponen las convicciones ideológicas a la solidaridad humana.

¿Cómo debemos considerar a aquellos que dedican toda su energía en buscar defectos en las difíciles decisiones que han debido tomar los valientes defensores de la democracia, en lugar de reconocer su valentía y su sacrificio, o de preguntarse cómo podemos también nosotros contribuir a la lucha contra la dictadura?

Es fácil aferrarse a los principios cuando lo que está en juego es la libertad de otros. Pero ningún movimiento democrático actúa en circunstancias ideales. Los líderes activistas deben enfrontar y resolver dilemas que quienes observamos desde fuera podemos permitirnos ignorar. Quienes viven bajo una dictadura a menudo tienen que elegir entre lo difícil y lo imposible. Sin embargo, muchos de nosotros – desde una distancia segura – esperamos que los líderes democráticos de Venezuela persigan sus objetivos con una pureza moral que sus adversarios jamás muestran. Esto no es realista. Es injusto. Y revela una ignorancia de la historia.

Muchos de los que se han subido a este estrado para recibir el Premio Nobel de la Paz, entre ellos Lech Walesa y Nelson Mandela, conocían bien los dilemas del diálogo.

En los sistemas autoritarios, el diálogo puede conducir a mejoras, pero también puede ser una trampa. El diálogo se utiliza a menudo para ganar tiempo, generar división y controlar la agenda. María Corina Machado ha participado en procesos de diálogo por años. Nunca ha rechazado el principio de hablar con la otra parte, pero sí ha rechazado los procesos vacíos.

La paz sin justicia no es paz.

El diálogo sin verdad no es reconciliación.

El futuro de Venezuela puede tomar muchas formas. Pero el presente es uno solo, y es horroroso.

Por eso la oposición democrática en Venezuela debe contar con nuestro apoyo, no con nuestra indiferencia o, peor aún, con nuestra condena. Cada día, sus dirigentes deben elegir un camino que realmente esté a su alcance, no el camino de las ilusiones.

Apoyar el desarrollo democrático es apoyar la paz.

Pero desde el anuncio del Premio Nobel de la Paz de este año, se ha planteado la cuestión: ¿La democracia realmente conduce a la paz?

Los resultados de la investigación son contundentes, y la respuesta es afirmativa. No porque la democracia sea perfecta, sino porque sus propios mecanismos hacen que la guerra sea menos probable.

Las democracias cuentan con válvulas de seguridad: medios de comunicación libres, estructuras de reparto del poder, tribunales independientes, organizaciones de la sociedad civil y elecciones que permiten cambiar de liderazgo sin recurrir a la violencia. En este entorno político, las opiniones divergentes no son una amenaza que deba ser sofocada, sino una ventaja.

En una democracia, un líder que ignora los hechos puede ser sustituido en las próximas elecciones. En un régimen autoritario, el líder se mantiene en el poder y reemplaza a todos aquellos que dicen verdades incómodas. La lealtad pasa a ocupar el lugar de la realidad y se toman decisiones peligrosas en la oscuridad. La guerra siempre tiene un alto costo, pero en los regímenes autoritarios no son los líderes quienes pagan el precio más alto. Por eso las democracias casi nunca van a la guerra entre sí, a diferencia de lo que ocurre con más frecuencia con los Estados autoritarios.

El mandato de Nicolás Maduro en Venezuela demuestra por qué. Los conflictos se resuelven por la fuerza bruta y no mediante la negociación. El resultado es una sociedad en la que millones de personas se ven obligadas a guardar silencio, con consecuencias que no se detienen en la frontera. La inestabilidad, la violencia y la destrucción sistemática de las instituciones del país han afectado a toda la región, y un país vecino ha sido amenazado con una invasión militar. Venezuela demuestra – con dolorosa claridad – que el autoritarismo no solo destruye la sociedad desde dentro, sino que también propaga la inestabilidad más allá de sus fronteras.

La democracia no es, obviamente, una garantía de paz, pero es el sistema más eficaz del que disponemos para prevenir la violencia y el conflicto.

Este razonamiento suele suscitar un contraargumento bien conocido: que la democracia en sí genera disturbios y conflictos, que reclamar la libertad es peligroso. Se trata de una afirmación antigua. Los líderes autoritarios la han utilizado durante generaciones para justificar su permanencia en el poder. Hoy, además, refuerzan ese argumento con desinformación y propaganda, dos de sus armas esenciales.

Señoras y señores:

Como ciudadanos en una democracia tenemos el deber de ser críticos con nuestras fuentes de información. Deben saltar las alarmas cuando las opiniones que expresamos sean idénticas a las difundidas por uno de los sistemas de desinformación más manipuladores del mundo. Porque, en ese caso, no solo estamos difundiendo información, sino la propaganda estratégica de un dictador.

¿Qué hemos de pensar cuando leemos que es la oposición venezolana la que amenaza al país con la guerra, que el movimiento democrático es quien desea una invasión? ¿Cuando se invierte por completo el relato y las víctimas son tildadas de agresores? Esta es la versión de la realidad que el régimen de Maduro ofrece al mundo: que su régimen es el garante de la paz. Pero una paz basada en el miedo, el silencio y la tortura no es paz; es sumisión presentada como estabilidad.

No, el origen de la violencia no son los activistas democráticos. Proviene de quienes están en la cúspide del poder y se niegan a cederlo. No fue Nelson Mandela quien hizo violenta a Sudáfrica, sino la represión del régimen del apartheid contra las demandas de igualdad. No fueron los grupos de oposición quienes iniciaron las encarcelaciones en Bielorrusia, las ejecuciones en Irán – o la persecución en Venezuela. La violencia emana de los regímenes autoritarios cuando arremeten contra las demandas populares de cambio.

La paz y la democracia no pueden separarse sin que ambas pierdan su significado. La paz duradera requiere un Estado de derecho, la participación política y el respeto por la dignidad humana.

Antes de poder debatir nuestras discrepancias políticas, debemos establecer algún tipo de democracia. Sin ella, no hay una distinción significativa entre derecha e izquierda, no existe una forma legítima de discrepar, ni una auténtica vida política.

La democracia no es un lujo prescindible.

No es un adorno que se coloca en una estantería.

La democracia es trabajo arduo.

Es acción y negociación.

Es una obligación viva.

Los instrumentos de la democracia son los instrumentos de la paz.

Nos reunimos hoy, por lo tanto, para defender algo mucho más importante que cualquiera de los dos lados de una división política o ideológica. Nos reunimos para defender a la propia democracia, el fundamento mismo sobre el que descansa una paz duradera.

Cuando la gente se niega a renunciar a la democracia, también se niega a renunciar a la paz. Quien entiende profundamente esta verdad es María Corina Machado.

Como fundadora de Súmate, una organización dedicada a construir democracia, María Corina Machado dio un paso al frente para defender elecciones libres y justas hace ya más de dos décadas. Como ella misma lo expresó: “Fue una elección de votos sobre balas”.

A través de sus responsabilidades políticas y de su labor en diversas organizaciones, ha alzado la voz en favor de la independencia judicial, los derechos humanos y la representación popular. Ella ha dedicado años de trabajo a la libertad del pueblo venezolano.

Las elecciones presidenciales de 2024 fueron un factor decisivo en la elección de la galardonada con el Premio de la Paz de este año. María Corina Machado fue la candidata presidencial de la oposición y la voz unificadora de la esperanza en el país. Cuando el régimen bloqueó su candidatura, el movimiento podría haberse derrumbado, pero ella brindó su apoyo a Edmundo González Urrutia y la oposición se mantuvo unida.

La oposición logró encontrar un terreno común en la exigencia de elecciones libres y de un gobierno representativo. Este es el fundamento mismo de la democracia: nuestra disposición compartida a defender los principios del gobierno del pueblo, incluso cuando discrepamos en las políticas. En un momento en que la democracia está bajo amenaza en todo el mundo, es más importante que nunca defender este terreno común.

Cientos de miles de voluntarios se movilizaron por encima de las divisiones políticas. Fueron formados como observadores electorales y utilizaron la tecnología de nuevas maneras para documentar cada etapa del proceso electoral. Hasta un millón de personas vigilaron los centros de votación en todo el país. Subieron las actas de escrutinio, fotografiaron las actas y aseguraron copias antes de que el régimen pudiera destruirlas. Defendieron esa documentación con sus propias vidas y luego se aseguraron de que el mundo conociera los resultados de la elección.

Fue una movilización de base sin precedentes en Venezuela y, probablemente, en el mundo entero. Ciudadanos y ciudadanas de a pie, de todos los ámbitos de la vida, llevaron a cabo un trabajo sistemático y de alta tecnología de documentación en un clima de amenazas, vigilancia y violencia.

Los esfuerzos de este movimiento democrático, tanto antes como después de las elecciones, fueron innovadores y valientes, pacíficos y profundamente democráticos.

La oposición obtuvo apoyo internacional cuando sus dirigentes hicieron públicos los resultados del escrutinio recogidos en los distintos distritos electorales del país, que demostraban que la oposición había ganado por un margen claro.

Pero el régimen lo negó todo. Falsificó los resultados electorales y se aferró al poder, recurriendo a la violencia.

Durante el último año, la señora Machado se ha visto obligada a vivir en la clandestinidad.

Pese a las graves amenazas, ha permanecido en el país, siendo una fuente de inspiración para millones de personas.

Recibe el Premio Nobel de la Paz de 2025 por su incansable labor en la promoción de los derechos democráticos del pueblo de Venezuela y por su lucha para lograr una transición pacífica y justa de la dictadura a la democracia.

Durante mucho, mucho tiempo, la oposición en Venezuela ha recurrido a todas las herramientas de la democracia para sostener su campaña civil pacífica. A lo largo de los años, la señora Machado y sus aliados se han visto obligados a adaptarse y cambiar de tácticas. Han utilizado casi todos los instrumentos democráticos: desde el boicot electoral cuando el sistema estaba demasiado corrompido, hasta la participación cuando pequeños resquicios en el proceso lo permitían. Han intentado el diálogo, la organización, la movilización y una extensa labor de documentación electoral.

La señora Machado ha solicitado atención, apoyo y presión internacionales, no una invasión de Venezuela.

Ha exhortado a la población a defender sus derechos por medios pacíficos y democráticos.

Las investigaciones sobre la paz lo demuestran claramente: la movilización no violenta a gran escala figura entre los métodos más eficaces para lograr un cambio político en una dictadura. Cuando una población se moviliza, la comunidad internacional ejerce una fuerte presión y las fuerzas de seguridad se abstienen de utilizar la violencia contra la población, puede alcanzarse un punto de inflexión.

Como líder del movimiento democrático en Venezuela, María Corina Machado es uno de los ejemplos más extraordinarios de valentía civil en la historia reciente de América Latina.

El Premio Nobel de la Paz de este año cumple con los tres criterios establecidos en el testamento de Alfred Nobel.

En primer lugar, la oposición venezolana ha logrado unir movimientos políticos, organizaciones de la sociedad civil y ciudadanos comunes con un objetivo común: el restablecimiento de la democracia. Reunir a grupos diversos que anteriormente se oponían entre sí equivale, en la actualidad, a lo que Alfred Nobel denominó la celebración de congresos por la paz.

En segundo lugar, el movimiento democrático de Venezuela se ha opuesto a la militarización de la sociedad impulsada por el régimen. Dicho régimen ha armado a miles de grupos, ha autorizado a bandas paramilitares a cometer abusos y ha invitado a fuerzas militares extranjeras al país, acelerando así la militarización. Al documentar los abusos y exigir rendición de cuentas, la oposición busca fortalecer la autoridad democrática civil y reducir la influencia de las armas. Esto priva a los criminales y a las milicias afines al régimen de su armamento y autonomía, cumpliendo así con el criterio de Nobel de promover la paz mediante el desarme.

En tercer lugar, la verdadera fraternidad o hermandad – la que Alfred Nobel imaginó – requiere de la democracia. Solo cuando las personas pueden elegir a sus líderes y expresarse sin temor puede arraigar la paz, ya sea dentro de una sociedad o entre países. La democracia constituye la forma más elevada de fraternidad y el camino más seguro hacia una paz duradera.

Por lo tanto, hoy, aquí, en esta sala – con toda la solemnidad que acompaña al Premio Nobel de la Paz y a esta ceremonia anual – diremos aquello que más temen los líderes autoritarios:

Su poder no es permanente.

Su violencia no prevalecerá sobre un pueblo que se levanta y resiste.

Señor Maduro:

Debe aceptar los resultados electorales y renunciar a su cargo.

Debe sentar las bases para una transición pacífica hacia la democracia.

Porque esa es la voluntad del pueblo venezolano.

María Corina Machado y la oposición venezolana han encendido una llama que ninguna tortura, ninguna mentira y ningún miedo podrán apagar.

Cuando se escriba la historia de nuestra época, no serán los nombres de los gobernantes autoritarios los que destaquen, sino los nombres de quienes se atrevieron a resistir.

Quienes se mantuvieron firmes frente al peligro.

Quienes siguieron adelante cuando otros se rindieron.

Carl von Ossietzky.

Andréi Sájarov.

Nelson Mandela.

A lo largo de su dilatada historia, el Comité Noruego del Nobel ha rendido homenaje a mujeres y hombres valientes que se han alzado contra la represión, que han llevado la esperanza de libertad a las celdas, a las calles y a las plazas públicas, y que con sus actos han demostrado que la resistencia puede cambiar el mundo.

Hoy le honramos a usted, María Corina Machado.

Rendimos también homenaje a todos quienes esperan en la oscuridad.

A todos quienes han sido detenidos y torturados, o han desaparecido.

A todos quienes siguen manteniendo la esperanza.

A todos aquellos en Caracas y en otras ciudades de Venezuela que se ven obligados a susurrar el lenguaje de la libertad.

Que nos escuchen ahora.

Que sepan que el mundo no les da la espalda.

Que la libertad se acerca.

Y que Venezuela volverá a ser un país pacífico y democrático.

Que amanezca una nueva era.

El Tribunal Constitucional de Polonia resolvió que el Partido Comunista Polaco (KPP) viola la Carta Magna al promover una ideología prohibida explícitamente por el ordenamiento jurídico del país. El tribunal ordenó la disolución inmediata de la organización, que operaba de forma legal desde 2002 pese a no contar con representación política.

Informe Orwell

La jueza Krystyna Pawlowicz afirmó que Polonia no puede permitir la existencia de un partido que glorifique a “criminales y regímenes comunistas responsables de la muerte de millones de personas”, declaración que refuerza la línea dura del país frente a ideologías consideradas totalitarias.

Un partido marginal dentro del panorama político polaco

El KPP cuenta con cerca de mil militantes y no posee cargos electos. Su presencia política ha sido prácticamente nula, aunque ha enfrentado repetidos intentos de ilegalización en los últimos años, incluidos procedimientos impulsados por el presidente del Instituto de la Memoria Nacional, Karol Nawrocki.

La Constitución polaca y la prohibición del comunismo

La Constitución de Polonia impide la existencia de organizaciones que se basen en ideologías totalitarias vinculadas al nazismo, al fascismo o al comunismo. El fallo del Tribunal Constitucional reafirma esa prohibición y marca un nuevo capítulo en el proceso de endurecimiento de las instituciones polacas frente a grupos que se perciben como incompatibles con los principios democráticos.

El futuro del Partido Comunista Polaco tras la sentencia

Tras conocerse la decisión, el KPP anunció que evaluará sus próximos pasos, aunque reconoció que su capacidad de influencia pública ha sido siempre limitada. La sentencia, sin embargo, envía un mensaje claro desde Varsovia sobre el rumbo político del país y la voluntad de impedir la normalización de ideologías totalitarias.

La aerolínea colombiana Avianca manifestó “preocupación” por la situación del espacio aéreo venezolano, y por ahora no tiene fecha definida para retomar sus operaciones desde y hacia ese país. Solo lo hará “cuando bajen las tensiones”, afirmó este miércoles Adrian Neuhauser, primer ejecutivo del Grupo Abra.

EFE

Neuhauser recalcó que la compañía no adopta posiciones geopolíticas, pero admitió que el contexto genera incertidumbre: “No es un tema del que nosotros tomemos posición geopolítica (…) Pero nos preocupa la situación hoy día y no es especulación nuestra, cuando hay trinos de autoridades diciendo que consideran que es peligroso volar es muy difícil manejar este tipo de situaciones”.

Sus declaraciones se dieron en Bogotá durante la presentación del balance de 2025 y los planes de Abra para el próximo año.

Avianca -integrante del Grupo Abra junto con la brasileña GOL- suspendió el 28 de noviembre la venta de tiquetes y la operación de vuelos a Venezuela, después de que el Instituto Nacional de Aeronáutica Civil revocara la concesión de vuelo a seis aerolíneas que cancelaron rutas en medio del despliegue militar de Estados Unidos en el sur del Caribe.

El directivo insistió en que la empresa no puede desatender la información disponible: “Uno no puede ignorar la información que tiene (…) Cuando veamos que bajan las tensiones, por supuesto que queremos reconectar”.

La medida de Avianca se suma a la de otras aerolíneas que cancelaron vuelos a Venezuela luego de que, el 21 de noviembre, la Administración Federal de Aviación (FAA) de Estados Unidos recomendó “extremar la precaución” al sobrevolar el país y el sur del Caribe, calificando la situación de “potencialmente peligrosa”.

Estas advertencias se producen en el contexto del despliegue militar inédito de Estados Unidos en la región. La Casa Blanca lo ha defendido como parte de su estrategia antidrogas, mientras que el gobierno de Nicolás Maduro lo considera una “amenaza” y un intento de propiciar un cambio de régimen.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó el 29 de noviembre en Truth Social que el espacio aéreo venezolano permanecería cerrado “en su totalidad”.

La aerolínea panameña Copa Airlines extendió este miércoles nuevamente la suspensión de sus vuelos desde y hacia Caracas hasta el 18 de diciembre. La decisión se produce en medio de la creciente tensión entre Estados Unidos y Venezuela, mientras la compañía evalúa «alternativas» en otros aeropuertos.

El Nacional

En un comunicado, Copa explicó que «continúa monitoreando y evaluando las condiciones necesarias para garantizar la seguridad operacional de sus vuelos a Venezuela», lo cual la llevó a prolongar la suspensión temporal.

Como medida para atender la alta demanda de esta temporada, la aerolínea indicó que ha incrementado sus operaciones hacia Cúcuta, Colombia. Además, confirmó que «se encuentra evaluando otras alternativas de aeropuertos» cuyos sistemas de aproximación no se hayan visto afectados por las recientes intermitencias en las señales de navegación.

Para los pasajeros con vuelos programados hasta la fecha mencionada, Copa ofrece las siguientes opciones: cambio de fecha sin costo adicional, cancelación con crédito para un viaje futuro, o reembolso de los boletos no utilizados o parcialmente utilizados.

La aerolínea había suspendido sus vuelos el 4 y el 5 de diciembre debido a fallas en una señal de navegación. Posteriormente extendió la medida hasta el 12 de diciembre, y ahora la ha prolongado hasta el 18 de diciembre.

La medida se suma a las cancelaciones de otras aerolíneas, luego de que la Administración Federal de Aviación (FAA) de Estados Unidos advirtiera el 21 de noviembre sobre la necesidad de «extremar la precaución» al sobrevolar Venezuela y el sur del Caribe debido a lo que calificó de «una situación potencialmente peligrosa» en la zona.

Este contexto se enmarca en el despliegue militar de Estados Unidos en el Caribe, justificado por la Casa Blanca como parte de su estrategia contra el narcotráfico procedente de Suramérica. Sin embargo, el gobierno de Nicolás Maduro lo ha calificado de una «amenaza» y un intento de propiciar un cambio de régimen.

Hablando en un mitin el miércoles por la mañana, Maduro envió un mensaje a los estadounidenses que se oponen a la guerra con Venezuela. Este mensaje se presentó en forma de una canción de éxito de 1988.

«A los ciudadanos estadounidenses que están en contra de la guerra, les respondo con una canción muy famosa: No se preocupen, sean felices», dijo Maduro en español antes de cantar la letra del éxito de 1988.

«No a la guerra, sé feliz. No, no a la guerra loca, no, sé feliz.»

Funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), cuerpo de las fuerzas armadas de Venezuela, han cometido graves violaciones de derechos humanos y crímenes de lesa humanidad durante más de una década, denuncia un informe de la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos, creada por la ONU para investigar los abusos en ese país desde 2014.

EFE

El informe de 123 páginas publicado este jueves concluye que responsables del cuerpo de seguridad y orden público «perpetraron y contribuyeron de manera directa a la comisión de privaciones arbitrarias de la vida, detenciones arbitrarias, tortura, tratos crueles, inhumanos o degradantes, y violencia sexual o de género».

Estos crímenes fueron cometidos tanto durante operativos de control de protestas como en acciones de persecución política selectiva, unos abusos que se vieron facilitados por «un entorno prolongado de impunidad», según concluyó la misión presidida por la portuguesa Marta Valiñas.

La misión investigadora explicó que las autoridades venezolanas fusionaron funciones militares y policiales a través de esta guardia nacional, lo que legitimó la militarización de la seguridad ciudadana y amplió el papel de este cuerpo en operaciones orientadas al control social y la represión interna.

Ello se vio facilitado mediante una cadena de mando sin contrapesos para la rendición de cuentas y «altamente centralizada» bajo la dirección del presidente venezolano, Nicolás Maduro, en su calidad de comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

Fuerza desproporcionada

El informe estudia el papel de la GNB en la represión de olas de protestas como las vividas en Venezuela en 2014, 2017, 2019 y 2024, durante las cuales este cuerpo «ejerció un uso desproporcionado de la fuerza» que incluyó el empleo de armas, algunas de carácter letal, «disparadas de forma indebida».

La misión, destaca el informe al respecto, halló motivos razonables para creer que funcionarios de este cuerpo dispararon armas de fuego «de forma indiscriminada» y «directamente en zonas vitales de los cuerpos de las víctimas».

La investigación también denuncia posibles prácticas de modificación de proyectiles utilizados por la GNB, con el fin de infligir mayor daño a las víctimas.

La misión documentó en su estudio detenciones arbitrarias tanto masivas como selectivas, violencia física durante los arrestos, siembra de evidencias, torturas y malos tratos e incluso violencia sexual y de género dentro de las instalaciones utilizadas como centros de detención transitoria.

«No fueron incidentes aislados, formaron parte de un patrón de abuso utilizado para castigar y doblegar a las víctimas», destacó Valiñas.

Lesa humanidad

El informe resaltó que la GNB fue determinante en la comisión del crimen de lesa humanidad de «persecución con motivos políticos», siendo además, según datos de la sociedad civil, la institución que ejecutó la mayor cantidad de detenciones con fines políticos en 2019 y 2020, o desempeñando un papel clave en la captura y criminalización de opositores tras las elecciones de 2024.

En vista de los indicios obtenidos, la misión considera que funcionarios de la GNB y altos mandos militares y políticos podrían ser penalmente responsables en virtud de los artículos 25 y 28 del Estatuto de Roma, por cuyo cumplimiento vela la Corte Penal Internacional (CPI).

La misión tripartita de investigación fue creada en septiembre de 2019 por el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, y en los últimos años también incluyó entre sus miembros a los juristas Francisco Cox (Chile) y Patricia Tappatá (Argentina), quienes finalizaron su mandato el pasado 31 de octubre.

El informe se publica un día después de que en Oslo se oficializara la entrega del Premio Nobel de la Paz a la líder opositora venezolana María Corina Machado, un galardón que debido a su ausencia en la ceremonia tuvo que recibir su hija Ana Corina Sosa. 

El presidente colombiano, Gustavo Petro, respondió este miércoles a su homólogo estadounidense, Donald Trump, que «está desinformado» sobre el país, luego de que el mandatario norteamericano le advirtiera horas antes que será «el siguiente», en alusión a la presión que su Gobierno está ejerciendo contra Nicolás Maduro.

EFE

«Trump es un hombre muy desinformado de Colombia. Es una lástima porque desecha el país que más sabe de tráfico de cocaína. Parece que sus interlocutores lo engañan por completo», expresó Petro al leer durante un consejo de ministros televisado un mensaje que dijo que publicará en X.

El presidente estadounidense descartó hoy la posibilidad de hablar pronto con Petro argumentando que el mandatario colombiano «ha sido bastante hostil» con Estados Unidos: «Espero que me esté escuchando. Será el siguiente».

Según Trump, Petro «va a tener grandes problemas si no se da cuenta» que su país está «produciendo mucha droga».

«Tienen fábricas de cocaína donde producen cocaína, como saben, y la venden directamente a Estados Unidos», afirmó Trump.

En ese sentido, Petro resaltó que durante su Gobierno, que comenzó el 7 de agosto de 2022, ha habido «1.446 combates en tierra contra las mafias» y «13 bombardeos tratando de ubicar sus jefes, muchos de estos combates con inteligencia militar compartida».

«Son 2.700 toneladas de cocaína incautadas por mi Gobierno, hasta ahora. Va a terminar la del año 2025 y todavía nos quedan meses del 26, así que vamos a aproximarnos a 4.000 toneladas», expresó el mandatario colombiano, quien dijo que esta es «la mayor incautación en la historia del mundo».

Igualmente afirmó que nunca ha sido «hostil a los Estados Unidos que luchan por la libertad y la democracia», pero que no acepta «imposiciones y menos fundadas en la desinformación de personas que se dejan aconsejar de políticos colombianos aliados de las mafias o de exmilitares sobre los que recaen grandes hechos de destrucción de derechos humanos o de negocios».

Trump retiró en septiembre a Colombia de la lista de países que cooperan en el combate contra las drogas y posteriormente sancionó a Petro, al que acusó de ser un «líder del narcotráfico».

Con el mensaje de hoy, el mandatario estadounidense pone a Colombia en la mira de la operación Lanza del Sur que ordenó con el argumento de combatir el narcotráfico en Latinoamérica y que ha disparado también la tensión con el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela.

Desde septiembre, las Fuerzas Armadas estadounidenses han destruido más de una veintena de embarcaciones supuestamente cargadas con droga en el Caribe y en el Pacífico, cerca de Venezuela y Colombia, matando a más de 80 tripulantes.

Al respecto, Petro, que es un crítico de esa operación, afirmó hoy que «no es cierto que con misiles sobre lancheros se esté luchando contra narcoterroristas».

Las fuerzas estadounidenses incautaron un petrolero frente a las costas de Venezuela, dijo el presidente Donald Trump, lo que marca una fuerte escalada en la campaña de presión de Washington contra el gobierno de Nicolás Maduro.

BBC

«Acabamos de incautar un petrolero en la costa de Venezuela, un petrolero grande, muy grande, el más grande jamás incautado en realidad», dijo Trump a los periodistas en la Casa Blanca.

Al publicar un video de la incautación, la Fiscal General Pam Bondi describió el buque como un «petrolero utilizado para transportar petróleo sancionado de Venezuela e Irán».

Caracas denunció rápidamente la acción, calificándola de «piratería internacional». Previamente, el presidente Maduro declaró que Venezuela jamás se convertiría en una «colonia petrolera».

La administración Trump acusa a Venezuela de canalizar narcóticos a Estados Unidos y ha intensificado sus esfuerzos para aislar al presidente Maduro en los últimos meses.

Venezuela -que alberga algunas de las mayores reservas probadas de petróleo del mundo- ha acusado a su vez a Washington de intentar robarle sus recursos.

Los precios del crudo Brent subieron ligeramente el miércoles, ya que la noticia de la incautación avivó la preocupación por el suministro a corto plazo. Los analistas advierten que la medida podría amenazar a los transportistas y perturbar aún más las exportaciones petroleras de Venezuela.

La fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, quien dirige el Departamento de Justicia de Estados Unidos, dijo que la Oficina Federal de Investigaciones, el Departamento de Defensa, el Departamento de Seguridad Nacional y la Guardia Costera de Estados Unidos coordinaron la incautación.

«Durante varios años, el petrolero ha sido sancionado por Estados Unidos debido a su participación en una red ilícita de transporte de petróleo que apoya a organizaciones terroristas extranjeras», escribió el principal fiscal del país en X.

Las imágenes compartidas por Bondi mostraban un helicóptero militar sobrevolando un gran barco y a las tropas descendiendo a cubierta con cuerdas. En el vídeo se veía a hombres uniformados moviéndose por el barco con armas en mano.

Un alto funcionario militar dijo a CBS, socio estadounidense de la BBC, que los helicópteros utilizados en la operación despegaron del USS Gerald Ford, el portaaviones más grande del mundo, que fue enviado al Caribe el mes pasado.

En el operativo participaron dos helicópteros, 10 guardacostas y 10 marines, además de fuerzas especiales.

El secretario de Defensa, Pete Hegseth, estaba al tanto de la operación y la administración Trump estaba considerando más acciones como ésta, dijo una fuente a CBS.

Cuando los periodistas le preguntaron qué haría Estados Unidos con el petróleo del petrolero, Trump respondió: «Lo conservaremos, supongo… Supongo que nos quedaremos con el petróleo».

La empresa de riesgo marítimo Vanguard Tech identificó el barco como el Skipper y dijo que creía que el barco había estado «falsificando» su posición (o transmitiendo una ubicación falsa) durante mucho tiempo.

El Departamento del Tesoro de Estados Unidos sancionó al Skipper en 2022, informó CBS, por presunta participación en el contrabando de petróleo que generó ingresos para Hezbollah y el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica-Fuerza Quds.

BBC Verify localizó este petrolero en MarineTraffic, lo que indica que navegaba bajo bandera de Guyana cuando se actualizó su posición por última vez hace dos días. Sin embargo, un comunicado del Departamento de Administración Marítima de Guyana, emitido el miércoles por la noche, indicó que el capitán «enarbolaba falsamente la bandera de Guyana, ya que no está registrado en Guyana».

El registro de escalas del Skipper indica que hizo escala en Irán, Irak y los Emiratos Árabes Unidos del 30 de junio al 9 de julio de este año. Su escala más reciente, según MarineTraffic, fue en el puerto de Soroosh, en Irán, el 9 de julio, según ha descubierto BBC Verify.

Eso no significa que no haya hecho escala en muchos otros puertos desde entonces.

MarineTraffic muestra que estuvo por última vez cerca de Irán a mediados de septiembre, antes de llegar a la costa de Guyana a finales de octubre y, desde entonces, apenas ha realizado movimientos posteriores. Estos datos pueden ser parciales o incorrectos debido a falsificaciones.

MarineTraffic enumera al propietario beneficiario y operador como Thomarose Global Ventures Ltd, con sede en Nigeria, y enumera al propietario registrado como Triton Navigation Corp, con sede en las Islas Marshall.

El gobierno venezolano emitió un comunicado denunciando la incautación como un «grave crimen internacional».

El ministro del Interior, Diosdado Cabello, calificó a EEUU de «asesinos, ladrones, piratas».

Se refirió a Piratas del Caribe, pero dijo que si bien el personaje principal de esa película, Jack Sparrow, era un «héroe», creía que «estos tipos son criminales de alta mar, bucaneros».

Cabello dijo que así fue como Estados Unidos había «iniciado guerras en todo el mundo».

Hablando en un mitin el miércoles por la mañana, Maduro envió un mensaje a los estadounidenses que se oponen a la guerra con Venezuela. Este mensaje se presentó en forma de una canción de éxito de 1988.

«A los ciudadanos estadounidenses que están en contra de la guerra, les respondo con una canción muy famosa: No se preocupen, sean felices», dijo Maduro en español antes de cantar la letra del éxito de 1988.

«No a la guerra, sé feliz. No, no a la guerra loca, no, sé feliz.»

No está claro si Maduro sabía sobre la incautación del petrolero antes de esta manifestación.

En los últimos días, Estados Unidos ha incrementado su presencia militar en el Mar Caribe, que limita con Venezuela al norte.

La preparación implica miles de tropas y el USS Gerald Ford posicionado a una distancia de ataque de Venezuela, informó BBC Verify .

La medida ha provocado especulaciones sobre la posibilidad de algún tipo de acción militar.

Desde septiembre, Estados Unidos ha llevado a cabo al menos 22 ataques contra embarcaciones en la región que, según la administración Trump, transportan drogas. Al menos 80 personas han muerto en estos ataques.

La líder opositora venezolana María Corina Machado, quien estuvo en la clandestinidad durante meses, le dijo a la BBC que sabe «exactamente los riesgos» que asume al viajar a Noruega para recibir su Premio Nobel de la Paz.

BBC

Machado apareció en Oslo en plena madrugada y saludó desde el balcón de un hotel. Era la primera vez que se la veía en público desde enero.

Hizo el viaje de manera encubierta a pesar de tener prohibido salir del país suramericano. El gobierno venezolano dijo que sería considerada prófuga si realizaba el viaje.

En un momento emotivo, Machado saludó a los seguidores que se habían reunido frente al Grand Hotel de la capital noruega, les lanzó besos y cantó con ellos.

Luego salió y los saludó en persona, tras trepar una barrera de seguridad que la separaba de la gente. «¡María! ¡María!», gritaban mientras levantaban sus teléfonos para grabar el histórico momento.

Más temprano, su hija, Ana Corina Sosa, había aceptado el Premio Nobel de la Paz en su nombre. El Instituto Nobel otorgó el galardón a Machado este año por «su lucha para lograr una transición justa y pacífica de la dictadura a la democracia» en Venezuela.

Hasta la noche del miércoles, Machado no había visto a sus hijos en unos dos años, ya que los envió fuera de Venezuela por seguridad.

En la primera entrevista que dio después de recibir el Premio Nobel en Oslo, Machado le dijo a Lucy Hockings de la BBC que se había perdido sus graduaciones y las bodas de su hija y de uno de sus hijos.

«Durante más de 16 meses no he podido abrazar ni tocar a nadie», dijo. «De repente, en cuestión de horas, he podido ver a las personas que más amo, tocarlas, llorar y rezar juntos».

Durante la entrevista, Machado llevaba varios rosarios colgados al cuello, que dijo le habían entregado personas afuera del hotel.

Considerada una de las voces más respetadas de la oposición venezolana, Machado ha denunciado durante años al gobierno del presidente Nicolás Maduro como «criminal» y ha llamado a los venezolanos a unirse para derrocarlo.

Se le prohibió postularse en las elecciones presidenciales del año pasado, en las que él ganó un tercer mandato de seis años.

La votación fue ampliamente rechazada a nivel internacional por no ser libre ni justa, y muchos países consideran ilegítimo su gobierno.

La posibilidad de una incursión militar

«Debemos abordar este régimen no como una dictadura convencional, sino como una estructura criminal», dijo a la BBC.

Machado acusó al gobierno de Maduro de financiarse mediante actividades criminales como el narcotráfico y la trata de personas, reiterando su llamado a la comunidad internacional para ayudar a Venezuela a «cortar esos flujos» de recursos ilícitos.

Maduro siempre ha negado vehementemente cualquier vínculo con los carteles.

Cuando se le preguntó si apoyaría un ataque militar estadounidense en suelo venezolano, dado las recientes incursiones militares de Washington contra presuntas embarcaciones de droga, Machado no respondió directamente, pero acusó a Maduro de «entregar nuestra soberanía a organizaciones criminales».

«No queríamos una guerra, no la buscamos… fue Maduro quien declaró la guerra al pueblo venezolano», agregó.

Machado afirma que ella y su equipo están listos para formar un gobierno en Venezuela, y que ofreció sentarse con el equipo de Maduro para negociar una transición pacífica, pero «ellos lo rechazaron».

La BBC preguntó a Jorgen Watne Frydnes, presidente del Comité del Nobel noruego, quien estaba junto a Machado durante la entrevista, si una posible toma violenta para destituir a Nicolás Maduro iría en contra de lo que representa el Premio Nobel de la Paz para la líder opositora.

Él dijo que la responsabilidad de la paz recae en el actual gobierno venezolano: «El poder está en el régimen de Maduro, ellos tienen la responsabilidad de garantizar que esta sea una transición pacífica».

Incluso después de ser inhabilitada en las elecciones del año pasado, Machado continuó haciendo campaña por el candidato que la reemplazó en la boleta, Edmundo González.

Maduro fue declarado ganador, aunque las actas de las mesas de votación mostraban que González había ganado por amplio margen.

Un difícil viaje a Noruega

El gobierno de Maduro amenazó repetidamente con arrestar a Machado, acusándola de pedir una invasión extranjera y de ser terrorista por protestar contra los resultados electorales.

El mes pasado, el fiscal general de Venezuela dijo que Machado sería considerada prófuga si viajaba a Noruega para recibir su premio, alegando que estaba acusada de «actos de conspiración, incitación al odio y terrorismo».

Esto hizo que su viaje a Noruega fuera difícil y arriesgado.

Los detalles del viaje se mantuvieron tan en secreto que ni siquiera el Instituto Nobel sabía dónde estaba ni si llegaría a tiempo para la ceremonia.

The Wall Street Journal informa que, para escapar de Venezuela, Machado se disfrazó, logró pasar 10 puestos militares sin ser detectada y zarpó en una pequeña embarcación de madera desde un pueblo pesquero.

El plan tomó dos meses, según la publicación, citando a una persona cercana a la operación, y contó con la ayuda de una red venezolana que apoya a personas a huir del país.

También participó Estados Unidos, aunque no está claro en qué medida.

Machado no negó estos detalles a la BBC, pero tampoco quiso dar más información sobre el viaje.

«Ellos [el gobierno venezolano] dicen que soy terrorista y que debo estar en la cárcel de por vida, y me están buscando», dijo. «Así que salir de Venezuela hoy, en estas circunstancias, es muy, muy peligroso.

«Solo quiero decir hoy que estoy aquí porque muchos hombres y mujeres arriesgaron sus vidas para que yo llegara a Oslo».

Frydnes describió su viaje a Noruega como «una situación de extremo peligro».

Sentado junto a ella durante la entrevista con la BBC, dijo que era un momento «emocionante» para él.

«En plena madrugada tenerte aquí, es increíble», dijo. «Es difícil describir lo que significa para el comité del Nobel y para todos nosotros».

¿Regresará a Venezuela?

Hay mucha especulación sobre si Machado podrá regresar a Venezuela de manera segura.

«Por supuesto que voy a regresar», dijo a la BBC. «Sé exactamente los riesgos que estoy asumiendo».

«Voy a estar en el lugar donde sea más útil para nuestra causa», continuó.

«Hasta hace poco pensaba que ese lugar era Venezuela; el lugar donde creo que debo estar hoy, en nombre de nuestra causa, es Oslo», agregó.

Tras ganar el Premio de la Paz, Machado elogió al presidente estadounidense Donald Trump, quien ha expresado abiertamente sus propias ambiciones para el mismo premio y mantiene tensiones militares con Venezuela.

El miércoles, Trump anunció que el ejército estadounidense había incautado un buque petrolero frente a las costas de Venezuela, una fuerte escalada en la campaña de presión de Washington contra el gobierno de Nicolás Maduro.

La administración Trump alega que el buque estaba sancionado y participaba en una «red ilícita de transporte de petróleo que apoya a organizaciones terroristas extranjeras».

El gobierno venezolano acusó a Estados Unidos de robo y piratería.

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