Armando Esteban Quito

La salida fulminante de Gerry McGovern confirma el desplome de la estrategia woke que ha llevado a Jaguar a una de sus mayores crisis de identidad. El exdirector creativo de Jaguar Land Rover fue despedido de inmediato y acompañado hasta la puerta apenas días después de la llegada del nuevo consejero delegado, PB Balaji. Su marcha pone fin a más de dos décadas de influencia en la compañía y marca un giro evidente tras el fracaso del rebranding que pretendía reinventar la marca a través de códigos ideológicos ajenos al automovilismo.

La Gaceta de la Iberosfera

El proyecto alcanzó su máximo ridículo con el prototipo eléctrico Type 00, exhibido en una feria de arte internacional. Su paleta rosa azul brillante desató comparaciones con el FAB 1 de Lady Penelope y el descapotable de Barbie, alimentando una ola de críticas que señalaban el desvarío de la marca. Y el anuncio estrella de la campaña, protagonizado por modelos andróginos y sin ningún vehículo a la vista, disparó las acusaciones de propaganda woke. Incluso Nigel Farage y el presidente Donald Trump denunciaron públicamente la deriva de la compañía.

Desde Jaguar, sin embargo, se calificó la reacción popular como «odio vil e intolerancia». Rawdon Glover, máximo responsable de la marca, defendió con firmeza una estrategia que la dirección ha evitado relacionar con la salida del anterior consejero delegado, Adrian Mardell, retirado precipitada y discretamente meses después de avalar el rebranding. Hoy, el despido inmediato de McGovern vuelve a abrir interrogantes sobre el futuro de Jaguar y sobre la viabilidad de una línea que ha desconectado a la marca de su base real de consumidores.

A la incertidumbre interna se suma otra decisión controvertida: Jaguar detuvo la venta de nuevos modelos el pasado noviembre para preparar el salto a una gama totalmente eléctrica. El lanzamiento estaba inicialmente previsto para finales de 2025 y ahora se ha retrasado a 2026. La compañía ha confirmado que el primer modelo será un gran turismo de cuatro puertas, descartando el extravagante Type 00 que simbolizó la era woke.

El golpe a McGovern no sólo marca un giro dentro de JLR. Es una señal evidente del hundimiento de una estrategia que pretendía reinventar Jaguar destruyendo su identidad. Hoy el proyecto se tambalea, el público se ha alejado y la marca continúa atrapada en una crisis que no deja de profundizarse.

Cuando Estados Unidos decide emplear la fuerza contra un régimen hostil, el desenlace operativo no es una incógnita: la doctrina está escrita, probada y repetida durante tres décadas.

Por: Víctor González y Coello de Portugal – Voz Pópuli

El patrón operacional es claro: distancia, saturación y parálisis estructural. No se trata de conjeturas, sino de un manual ejecutado en Yugoslavia (1999), Irak, Siria y Libia (2011), antes de que cualquier soldado pise tierra. Al activarse la opción militar para desmantelar al régimen de Nicolás Maduro, el desarrollo de los acontecimientos seguirá pasos perfectamente definidos.

  • Fase 1: la apertura desde el mar
  • Fase 2: el dominio aéreo a distancia
  • Fase 3: supresión electrónica y caza de sensores
  • Fase 4: presión desde portaaviones y bases del Caribe
  • Fase 5: control del mar y cierre del espacio operativo
  • Fase 6: posponer, no precipitar, la entrada terrestre

El Departamento de Defensa, hoy de Guerra, ha dejado claro durante décadas su preferencia por las operaciones de precisión de stand-off power, es decir, golpear sin entrar en el espacio aéreo enemigo. Como resume el analista Michael O’Hanlon, del Brookings Institution, la doctrina estadounidense moderna busca “degradar sistemas críticos, cegar defensas y mantener riesgo mínimo para el personal propio”. Venezuela, con unas Fuerzas Armadas debilitadas, dependientes de tecnología rusa parcialmente obsoleta y con problemas de mantenimiento crónico, sería especialmente vulnerable a un enfoque así.

Primero caerán los ojos del régimen

En esta primera fase, el inicio será casi ritual. La apertura será una tormenta de misiles de largo alcance lanzados desde destructores de la clase Arleigh Burke y submarinos Virginia. Los Tomahawk neutralizarán radares, centros de mando, bases aéreas y nodos de comunicaciones. Esa fase no admite excepciones: la doctrina norteamericana exige ceguera inmediata del adversario. En pocas horas, las defensas antiaéreas venezolanas que dependen de sistemas rusos de los años 80, 90 -y alguna sorpresa mal Escondida- quedarán aisladas, incapaces de operar de forma coordinada. Esto no es una valoración: es cómo opera siempre el Pentágono. Esta técnica, utilizada extensamente en Irak en 2003 y descrita por el Congressional Research Service, tiene como objetivo “colapsar el sistema nervioso militar del adversario en las primeras 24 horas”.

Precisión quirúrgica desde el aire

Con las defensas desordenadas, los bombarderos estratégicos B-52H y B-1B comenzarán a lanzar misiles JASSM-ER desde miles de kilómetros. El objetivo será eliminar la estructura militar que sostiene al régimen: baterías antiaéreas, depósitos de munición, infraestructura de guerra electrónica y pistas operativas. No habrá combates aéreos ni incursiones arriesgadas: ningún piloto estadounidense entrará en espacio venezolano mientras exista un radar operativo. Venezuela, cuya defensa del aire depende en parte de personal asesor ruso y cubano, vería limitada su capacidad de resistencia si las comunicaciones son interrumpidas.

La guerra electrónica 

Tras los misiles, los EA-18G Growler suprimirán cualquier radar o emisor que siga funcionando. Los RC-135 Rivet Joint rastrearán señales para ubicar las últimas defensas. Su función sería identificar los restos del sistema defensivo, localizar emisores activos y facilitar una segunda ronda de ataques quirúrgicos. Este es el punto en el que la capacidad militar del régimen, ya fragmentada, colapsará técnicamente. Aquí no hay margen para improvisación: así actuó Estados Unidos en Libia en 2011 y así actuará de nuevo. Según la NATO Joint Air Power Competence Centre— la combinación de supresión electrónica y vigilancia de señales “colapsó la capacidad del régimen libio de coordinar su defensa aérea en menos de 72 horas”. El narco-gobierno de Maduro perderá sus capacidades de coordinación en muy pocas horas.

Llegará la aviación embarcada

Una vez debilitada la red defensiva, los cazas embarcados –F/A-18E/F Super Hornet y F-35C– se incorporarían para destruir depósitos de munición, centros logísticos y sistemas costeros como los misiles antibuque Bastión-P. Su participación, como en operaciones previas, dependería del grado de resistencia restante. La presencia de un Carrier Strike Group en el Caribe permitiría ciclos constantes de salidas aéreas y un paraguas de defensa antimisiles. No será un asalto terrestre, sino una campaña de desmantelamiento total. La marina venezolana, con buques obsoletos y bajo mantenimiento, no tendrá capacidad para ofrecer resistencia relevante.

El mar quedará bajo control USA

Una vez garantizada la superioridad aérea, Estados Unidos impondrá control absoluto del mar Caribe cercano. Aeronaves P-8 Poseidon rastrearán, mientras destructores asegurarán rutas marítimas y, si es necesario, lanzarán nuevas oleadas de misiles. El régimen quedará sin movilidad, sin comunicaciones y sin capacidad logística.

Lo más importante: no desembarcarán tropas

A diferencia de operaciones del pasado, Estados Unidos no abrirá la campaña con brigadas entrando en Caracas. No las necesita. La experiencia de Irak y Afganistán dejó una huella estratégica duradera. Cuando se controle el aire, el mar y las comunicaciones, el poder militar efectivo del régimen se habrá evaporado, reduciendo su capacidad de resistencia a enclaves desconectados e incapaces de sostenerse.  El despliegue terrestre en Venezuela, será solo tras asegurar el colapso del aparato militar chavista: sin comunicaciones, sin defensa aérea y sin capacidad logística. Un escenario así facilitará la transición política y humanitaria que exigirá la comunidad internacional.

La conclusión inevitable

Lo que va a ocurrir, no es un misterio estratégico: Venezuela quedará paralizada desde el primer día. Lejos de improvisaciones, una operación de este tipo seguiría un patrón conocido: desarticular, aislar, dominar. Para un régimen sostenido por redes ilícitas, alianzas externas y un aparato represivo, la pérdida del control sobre el cielo y el mar equivaldría a perder el poder real. El colapso será político antes que militar. Una tiranía paralizada no por la entrada de divisiones blindadas, sino porque sus defensas, sus sensores y su capacidad de coordinarse serán eliminados con una precisión imposible de contrarrestar. Como concluye un buen amigo, “las operaciones modernas no buscan derrotar ejércitos, sino inutilizar estructuras que hacen posible su funcionamiento”. Venezuela no será la excepción. La fase decisiva no será la entrada de tropas, sino la noche en que las luces de los radares del narco-gobierno se apaguen. Cuando caiga la red de mando, caerá el régimen.

El cierre: la hora de Venezuela

Al final, quienes pagan el precio de esta tragedia chavista desde hace años no son los jerarcas del tirano, sino los venezolanos comunes: los niños que crecen sin electricidad estable, las madres que hacen colas interminables para conseguir medicinas, los abuelos que sobreviven con una pensión que no compra ni un kilo de harina y los millones de personas que han dejado su tierra. La miseria no es un accidente histórico: es la consecuencia directa de un régimen que convirtió al país más rico de la región en un territorio de privaciones.

Maduro y su séquito lo saben; por eso se esconden y se parapetan entre niños y mujeres en sus apariciones públicas. Sabe que el fin de su mentira se acaba. Por eso él ya no duerme dos noches seguidas en la misma cama. Ese miedo no nace de la fuerza de sus enemigos, sino del peso de sus propias decisiones. Si fuera mi amigo -y no lo es- le diría: vete ahora que puedes. Porque llega un momento en que la historia deja de conceder segundas oportunidades. Es la hora de la verdad, de la justicia y de la libertad. La hora de Venezuela.

La noche más esperada del año para la belleza venezolana llegó. Miss Miranda, Clara Vegas Goetz, obtuvo la corona y se convirtió en la Miss Venezuela 2025 que va a representar al país en la próxima edición del Miss Universo 2026.

El Diario

El Miss Universe Venezuela 2025 celebró este jueves 4 de diciembre su edición número 73, en una ceremonia que marcó el regreso de Maite Delgado como anfitriona principal por cuarto año consecutivo, acompañada en la coanimación por José Andrés Padrón.

La representante de Amazonas resultó la primera finalista, mientras que el segundo puesto fue para Mérida; Miss Yaracuy recibió el puesto de tecer finalista y Miss Monagas obtuvo la cuarta posición.

La gala se transmitió en vivo desde a través de Venevisión en señal abierta, por VenevisiónPlay —disponible exclusivamente en Venezuela— y en el canal oficial de YouTube del Miss Venezuela.

Antes de la primera selección de las 12 misses semifinalistas, se llevó a cabo la pasarela en traje de baño y un homenaje al cantante dominicano Rubby Pérez, quien falleció este año tras el desplome del techo del club Jet Set, en Santo Domingo, República Dominicana.

La organización no gubernamental (ONG) Foro Penal informó que, hasta el 1° de diciembre, había 887 presos políticos en el país, de los cuales 60 permanecen desaparecidos.

El Diario

En su balance publicado el 4 de diciembre, la ONG detalló que del total de detenidos, 770 son hombres y 117 mujeres, mientras que 713 son civiles y 174 militares.

Además, indicó que entre los detenidos hay 4 adolescentes con edades comprendidas entre los 14 y 17 años. Por otro lado, el Foro Penal señaló que la cifra también incluye a 85 ciudadanos extranjeros.

En este informe, la organización destacó que esta semana no se reportaron nuevas excarcelaciones ni detenciones. Sin embargo, puntualizó que 160 de los presos por razones políticas tienen condena, mientras que 727 no cuentan con alguna medida cautelar.

Otro balance sobre presos políticos en Venezuela

El 3 de diciembre, la ONG Justicia, Encuentro y Perdón (JEP) registró un total de 1.082 detenidos por motivos políticos en Venezuela, de los cuales 182 son mujeres y 900 hombres.

“Los reportes que recibimos de manera continua evidencian nuevas detenciones arbitrarias, allanamientos sin garantías y un incremento sostenido de acciones para reprimir y silenciar a la ciudadanía por razones políticas”, denunció JEP en su cuenta de X.

La organización expresó su preocupación por el progresivo agravamiento de las vulneraciones a los derechos fundamentales en Venezuela y subrayó que las cifras de detenidos disponibles son solo aproximadas.

Debido a la suspensión de vuelos desde y hacia Venezuela por parte de líneas aéreas internacionales, la Federación Nacional de Hoteles de Venezuela (Fanahoven), estima que habrá una afectación negativa significativa en cuanto a la ocupación hotelera prevista para la temporada navideña.

Confirmado

El presidente del gremio, Alberto Vieira, explicó que el sector esperaba una ocupación hotelera nacional del 50% al cierre del mes de diciembre y que hasta hace unos días habían logrado alcanzar un 32% de la meta.

«Teníamos muy buenas expectativas, sin embargo, dado esta situación no sabemos si lo vamos a poder lograr», lamentó.

«Nosotros teníamos muchos hoteles que para este diciembre, principalmente en zonas como en la región insular, en Margarita ya habían reportado que habían vendido toda su disponibilidad, principalmente en la fecha del 24 y del 31 de diciembre», comentó.

Ante esta situación, el presidente de Fenahoven recomendó a los viajeros afectados por las suspensiones mantenerse en comunicación con los hoteles en los cuales hicieron reservaciones. «Cada uno tiene su tipo de política, si bien no pueden llegar a la fecha que hicieron la reserva, el hotel puede conseguir otras opciones».

No obstante, Vieira destacó que la suspensión de vuelos internacionales ha decantado en que líneas aéreas nacionales incrementen sus frecuencias aéreas, reforzando la movilidad de turistas nacionales. dijo en entrevista para Unión Radio.

El senador demócrata Tim Kaine promete que volverá a presentar una resolución de poderes de guerra en el Senado exigiendo que el presidente Donald Trump solicite la aprobación del Congreso antes de lanzar cualquier ataque militar contra Venezuela.

Por: David Harsanyi – The New York Post

Un proyecto de ley similar fracasó en el Senado el mes pasado por 49 votos a favor y 51 en contra.

¿Por qué el proyecto de ley especifica “Trump” y “Venezuela”? Por la misma razón, un proyecto de ley similar de junio especificó “Trump” e “Irán”.

A los demócratas no les preocupan seriamente los poderes constitucionales de guerra. Están fanfarroneando.

Al fin y al cabo, no hay necesidad de resoluciones ni de facturas.

Ya tenemos el Artículo I de la Constitución, que confiere explícitamente el poder de declarar la guerra al Congreso y a nadie más.

No hay ninguna excepción para ninguna de las partes en el texto.

Pero también tenemos la Resolución de Poderes de Guerra.

En 1973, el Congreso, que en ese momento todavía defendía ocasionalmente su papel constitucional, anuló el veto del presidente Richard Nixon y aprobó una ley que limitaba la capacidad del presidente de usar la fuerza militar sin el consentimiento del Congreso.

El poder ejecutivo estaba ahora teóricamente obligado a consultar con el Congreso dentro de las 48 horas siguientes a un ataque, o tan pronto como hubiera una participación inminente.

Las acciones militares subsiguientes se limitarían a 60 o 90 días, a menos que el Congreso las autorizara.

Prácticamente todos los organismos de la Casa Blanca ignoran esto.

Los presidentes han estado tratando de eludir al Congreso en el tema de la guerra desde que el presidente Thomas Jefferson envió a la naciente Armada estadounidense para lidiar con los piratas islámicos que esclavizaban a los estadounidenses y perturbaban el comercio.

No hace falta decir que desde entonces la guerra se ha vuelto más cinética y compleja, por lo que los presidentes han tenido mucho margen de maniobra para reaccionar ante situaciones cambiantes.

Todos los presidentes sintieron la necesidad de al menos justificar la acción militar con una pátina de razonamiento constitucional.

Hasta 2011, es decir, cuando el entonces presidente Barack Obama autorizó ataques militares contra las defensas aéreas de Libia para proteger a los rebeldes islámicos de cualquier ataque.

Obama hizo algo nuevo: informó al Congreso que su autoridad para actuar militarmente provenía de un mandato del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Si bien la mayoría de los presidentes eludieron la Constitución, la noción de que una organización internacional —por no hablar de una con asientos permanentes para la China comunista y la Rusia totalitaria— tuviera autoridad para dictar el despliegue militar estadounidense fue un ataque directo a la autodeterminación de Estados Unidos.

Sin embargo, los senadores demócratas elogiaron la campaña de Obama en Libia como “cautelosa y reflexiva”.

Los partidarios de ambos bandos sólo fingen preocuparse por los poderes de guerra cuando les conviene.

Este es un problema cada vez más grave en todos los frentes de la gobernanza constitucional.

Ahora, Trump tiene sólidos argumentos para frenar el flujo de drogas ilícitas procedentes de América Latina.

Según se informa, el Departamento de Justicia dijo a los legisladores que el presidente no necesita permiso del Congreso para destruir barcos cargados de drogas en el Caribe y el Pacífico porque los ataques no cumplen con la definición de «hostilidades».

Argumentan que los “narcoterroristas”, un nombre inapropiado ahora popular entre la derecha, están usando el dinero del tráfico de drogas para financiar su guerra contra Estados Unidos y sus aliados.

Es muy poco probable que los narcotraficantes estén interesados ​​en la fortuna geopolítica de Estados Unidos.

“Terrorismo” tiene una definición precisa, que implica el uso de la violencia o amenazas de violencia dirigidas contra una población civil o un gobierno para lograr objetivos políticos o ideológicos.

Los narcotraficantes son criminales poderosos, a veces apoyados por estados nacionales, que atacan nuestra soberanía.

Pero normalmente no se dedican al terrorismo, aunque esa palabra sea útil en sus argumentos jurídicos y políticos.

Si hay buenos argumentos para eliminarlos, el Congreso debería ver la evidencia.

Porque una vez que los misiles guiados comienzan a aparecer regularmente, nos vemos envueltos en “hostilidades” del mundo real.

Y si una nación extranjera está permitiendo o incitando la afluencia , es completamente razonable que Estados Unidos tome represalias.

Trump también ha amenazado con cerrar el espacio aéreo venezolano, un acto de guerra, y, según se informa, le ha dicho al hombre fuerte del país , Nicolás Maduro, que abandone el país y permita un cambio de régimen .

Ahora tal vez sólo está tratando de asustar a Maduro para que frene a los narcotraficantes, o tal vez pretende destruir las instalaciones de producción y las rutas del narcotráfico del país.

Cualquiera de los dos sería también guerra.

Los conflictos son confusos e impredecibles y a menudo cruzan administraciones.

Si Trump quiere un permiso ilimitado para negociar con los cárteles de la droga latinoamericanos, debería acudir al Congreso y dejar que los demócratas lo rechacen o lo acepten.

Esto no sólo sería beneficioso políticamente, sino que también reafirmaría cierta apariencia de orden constitucional.

Pero no me malinterpreten, no vivo en un mundo fantástico donde creo que cualquier presidente renunciará al poder.

A estas alturas, exigir a los políticos que respeten las normas constitucionales es una causa perdida.

¿Pero los poderes de guerra? Ya están muertos. Llevan muertos mucho tiempo.

La administración de Nicolás Maduro propuso para el próximo año un presupuesto nacional equivalente, según la tasa de cambio del Banco Central (BCV), a 19.941.911.965 dólares, un 12 % menos en comparación con el aprobado para 2025.

El Pitazo

La vicepresidenta Ejecutiva de Maduro, Delcy Rodríguez, presentó este jueves 4 de diciembre el proyecto de ley de presupuesto para el ejercicio económico financiero 2026 ante la Asamblea Nacional (AN), donde indicó que, del total, el 77,8 % será destinado a la inversión social.

Hace un año, el Legislativo aprobó un presupuesto equivalente entonces a 22.661.477.939 dólares para 2025.

La aerolínea estatal colombiana Satena anunció la suspensión temporal de sus operaciones hacia Venezuela, en respuesta a medidas preventivas de seguridad derivadas de recientes alertas sobre interferencias en la navegación aérea del Caribe.

Monitoreamos

Según el comunicado oficial, la decisión se tomó tras la emisión del NOTAM A0143/25, que advierte sobre actividades de jamming y spoofing que afectan directamente señales satelitales como GPS/GNSS, WAAS, GBAS y ADS-B, utilizadas por las aeronaves en distintos niveles de vuelo. Estas interferencias, ajenas a la operación de la aerolínea, representan un riesgo operacional que exige adoptar medidas responsables mientras se confirma la estabilidad de los sistemas en la región.

Satena indicó que los pasajeros con vuelos programados hacia Venezuela podrán solicitar la devolución total del valor del tiquete a través de sus canales oficiales, incluyendo su sitio web, líneas telefónicas nacionales y atención vía WhatsApp.

La aerolínea agradeció la comprensión de sus usuarios y reafirmó que la seguridad operacional es su principio rector. Una vez que las autoridades internacionales certifiquen condiciones plenamente seguras para la navegación, Satena reanudará sus vuelos habituales hacia Venezuela.

La aerolínea panameña Copa Airlines anunció este jueves otra prórroga en la suspensión de sus vuelos a Venezuela. Ha ampliado hasta el 12 de diciembre la paralización temporal de sus operaciones desde y hacia Caracas, que inicialmente estaba prevista solo hasta este viernes 5 de diciembre.

El Nacional

En comunicado, la compañía dice: «Copa Airlines informa que, mientras continúa evaluando las condiciones que garanticen la seguridad operacional en sus vuelos a Venezuela, ha decidido extender la suspensión temporal de sus vuelos desde y hacia Caracas hasta el viernes 12 de diciembre de 2025».


El INAC había expresado la esperanza de que Copa Airlines reanudara sus vuelos en plazo de 48 horas

La medida llega tras el anuncio inicial del miércoles en la noche, cuando la aerolínea suspendió sus vuelos para el jueves 4 y el viernes 5 de diciembre. Alegó entonces «intermitencias en una de las señales de navegación» reportadas por sus pilotos, aunque precisó que la situación «en ningún momento comprometió la seguridad operacional».

La decisión contrasta con las expectativas de las autoridades venezolanas. Este mismo jueves, el Instituto Nacional de Aeronáutica Civil (INAC) de Venezuela había expresado su esperanza de que Copa Airlines, junto con la colombiana Wingo, reanudaran sus vuelos en plazo de 48 horas.

Cancelación de vuelos

El caso de Copa se enmarca en una crisis de conectividad aérea más amplia que afecta a Venezuela. Aerolíneas han cancelado o suspendido sus vuelos tras la advertencia emitida el 21 de noviembre por la Administración Federal de Aviación (FAA) de Estados Unidos. El organismo instó a «extremar la precaución» al sobrevolar el país y el sur del Caribe, por lo que consideró «una situación potencialmente peligrosa».

Esta alerta de la FAA se produce en el contexto de un inusitado despliegue militar estadounidense en el Caribe, que la Casa Blanca justifica como parte de su estrategia contra el narcotráfico procedente de Suramérica. Sin embargo, el gobierno de Nicolás Maduro lo califica de «amenaza» y un intento de propiciar un cambio de régimen.

La tensión se vio exacerbada el sábado, cuando el presidente estadounidense Donald Trump declaró en su red social Truth que el espacio aéreo de Venezuela permanecería cerrado «en su totalidad».

La decisión de Copa Airlines de extender la suspensión de vuelos llega, por tanto, en momento de creciente escalada diplomática y operativa entre Washington y Caracas.

En la explosiva carta que ya está en manos de Donald Trump, Hugo el ‘Pollo’ Carvajal, el antiguo jefe de la Inteligencia Militar de Venezuela, describe el origen y uso de una empresa tecnológica creada en Caracas y dedicada al recuento electrónico de votos… llamada Smartmatic. Carvajal sostiene que, desde su nacimiento, la compañía funcionó, según él mismo alega, como una herramienta del chavismo para asegurar el control político.

Por: David Alandete – ABC

Los servicios de esa empresa se han utilizado en numerosos procesos electorales, el más reciente en Honduras el domingo, en unos comicios en los que la oposición temía un fraude que permitiera perpetuar a la izquierda afín al chavismo. En dichos comicios, ABC detectó fallos en el sistema de registro biométrico. La derrota del oficialismo venezolano, sin embargo, fue de tal magnitud que no había margen para revertirla.

No hay evidencias de fraude electoral y, en casos anteriores, Smartmatic ha negado servir a interés político alguno. Eso es lo que la empresa defiende en un litigio contra Fox News por haberla señalado en el recuento de las elecciones estadounidenses de 2020, en las que Trump denunció por varios medios ser víctima de un fraude.

Estas denuncias de Carvajal ante Trump añaden un elemento nuevo al debate sobre la fiabilidad de la tecnología electoral y sobre la supervisión de las empresas que operan en ese sector. Hay de hecho una imputación en Miami que señala prácticas de soborno, pagos opacos y uso de estructuras internacionales por parte de la empresa señalada para asegurar contratos públicos, lo que expone vulnerabilidades en la contratación de servicios electorales en países con instituciones frágiles.

Para Estados Unidos y para otras democracias que utilizan soluciones tecnológicas de proveedores externos, el procedimiento abre interrogantes sobre controles, auditorías y estándares de integridad. Además, sitúa a Smartmatic bajo un escrutinio más amplio en un momento en que su imagen ya estaba marcada por disputas políticas y litigios previos.

En el texto de Carvajal a Trump, el exjefe de la Inteligencia militar de Caracas afirma que «Smartmatic nació como una herramienta electoral del régimen venezolano», y que después se convirtió en «un instrumento para garantizar que el régimen permaneciera en el poder para siempre».

Modificar sin dejar rastro

Smartmatic fue proveedor del Consejo Nacional Electoral (CNE), la autoridad que organiza los comicios en Venezuela. Carvajal asegura que él mismo intervino en su funcionamiento al «colocar al jefe de informática del Consejo Nacional Electoral», quien, según dice, le «reportaba directamente» a él. Ese cargo controlaba la parte tecnológica del sistema de votación y el flujo de datos durante los comicios.

Carvajal sostiene que «el sistema Smartmatic puede ser alterado; esto es un hecho». Con ello se refiere a que el software que procesa los votos permitiría, según su versión, modificar resultados sin dejar rastro externo.

Afirma también que esa tecnología fue «exportada al extranjero, incluido Estados Unidos», donde Smartmatic ha trabajado en algunos estados y condados como proveedor de máquinas o servicios electorales. Carvajal dirigió durante mucho tiempo el aparato de inteligencia y espionaje militar del chavismo, hasta su salida a España, de donde fue extraditado a Nueva York.

El exgeneral añade que «operativos del régimen mantienen relaciones con funcionarios electorales y empresas de máquinas de votación» en territorio estadounidense. Con «operativos» alude a personas leales al chavismo que, según él, mantienen contactos con actores del sistema electoral fuera de Venezuela. Carvajal señala además que ya había enviado información previa a las autoridades estadounidenses y que está dispuesto a ampliar lo que sabe.

Smartmatic es una empresa tecnológica fundada en 2000 que desarrolla y opera sistemas de votación electrónica, registro biométrico y gestión electoral. Su tecnología se ha utilizado en procesos electorales de Venezuela –su primer y principal mercado–, Filipinas, Brasil, Bélgica, Armenia, Uganda, Zambia, Sierra Leona, Estonia, México, Argentina, Chile, Ecuador, Italia, Bulgaria, Singapur, el Reino Unido y Estados Unidos, donde ha participado en proyectos puntuales como el caucus republicano de Utah en 2016 y el sistema de voto de Los Ángeles.

Se trata además de una empresa que ha tenido contactos en España y ha sido consultada para proyectos en procesos electorales por parte de empresas de este país.

En 2020, tras la derrota de Trump, Smartmatic se vio envuelta en una oleada de acusaciones de fraude electoral difundidas por el propio presidente y por algunos de sus aliados. Figuras como Rudy Giuliani y Sidney Powell afirmaron falsamente que la empresa había manipulado los resultados, pese a que Smartmatic no participó en los estados en disputa de esa elección.

Varios presentadores de Fox News dieron espacio a esas afirmaciones, lo que llevó a la compañía a presentar una demanda por difamación de 2.700 millones de dólares (2.300 millones de euros). El caso sostiene que altos ejecutivos de Fox permitieron la difusión de alegaciones que sabían inciertas, mientras que la cadena defiende que solo informaba sobre declaraciones de asesores de Trump.

La disputa judicial ha avanzado con la publicación de mensajes internos y declaraciones en las que algunos empleados de Fox expresaban dudas sobre esas teorías. Smartmatic ya obtuvo precedentes favorables gracias al caso paralelo de Dominion Voting Systems, que terminó en un acuerdo millonario, y ahora busca que un jurado determine los daños causados a su reputación y a su actividad comercial.

Además de la polémica política surgida en 2020 en Estados Unidos, Smartmatic afronta desde 2024 un procedimiento penal abierto en Miami por una trama de sobornos y blanqueo de capitales en Filipinas.

Según la imputación del Departamento de Justicia, la matriz del grupo, SGO Corporation Limited, y varios de sus directivos participaron entre 2015 y 2018 en el pago de más de un millón de dólares (858.000 euros) al entonces presidente de la Comisión Electoral filipina para asegurar contratos y liberar reembolsos tributarios ligados a las elecciones nacionales de 2016.

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