Morfema Press

Es lo que es

Armando Esteban Quito

Dos niñas se han defendido con un machete y un hacha de un inmigrante islamista que, presuntamente, les había pedido el número de teléfono y había empezado a manosearlas. El suceso se produjo ayer 24 de agosto en un área urbana del Reino Unido, cerca de un parque, según el vídeo difundido en redes sociales.

La Gaceta de la Iberosfera

La publicación, que ha circulado ampliamente, muestra a las dos chicas, vestidas con ropa casual, enfrentándose físicamente al hombre. Una de ellas, portando un machete, y la otra, con un hacha, parecen estar listas para defenderse ante el acoso. El hombre, no identificado en el video (aunque al final habla en árabe), retrocede mientras las jóvenes adoptan una postura defensiva, lo que sugiere una escalada en el enfrentamiento.

Este incidente se produce en un contexto de creciente preocupación por la seguridad de las mujeres en el Reino Unido. Según datos de la Office for National Statistics (ONS) de 2023, un 13% de las mujeres y un 7% de los hombres experimentaron alguna forma de acoso en los últimos 12 meses, con los grupos de edad más jóvenes siendo particularmente vulnerables. Además, un reportaje de The Guardian en marzo de 2025 destacó casos de abuso sexual en alojamientos mixtos para solicitantes de asilo, lo que ha incrementado la percepción de inseguridad entre las mujeres.

Las reacciones en las redes sociales han sido variadas, con muchos usuarios expresando apoyo a las jóvenes por defenderse, mientras que otros critican la aparente falta de intervención masculina y policía. Comentarios en X sugieren una frustración generalizada con la situación de seguridad en el país y un llamado a que las mujeres se armen para protegerse.

El gobierno del Reino Unido ha etiquetado la violencia contra las mujeres y las niñas como una amenaza nacional, comprometiendo una serie de acciones para protegerlas a través de estrategias enfocadas en combatir la violencia de género y el abuso doméstico. Sin embargo, incidentes como este destacan la persistencia de estos problemas y la necesidad de medidas más efectivas.

Las autoridades aún no han emitido un comunicado oficial sobre este caso específico, pero el video ha avivado el debate sobre la seguridad personal, la inmigración y la eficacia de las políticas gubernamentales para proteger a las mujeres en entornos públicos.

El juez Peinado sigue encontrando pruebas que dificultan la situación jurídica de Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno. La investigación judicial ha incorporado una nueva imputación, la quinta, y en sus últimos escritos el magistrado sostiene que existen «intentos de ocultar datos y fechas» por parte de la investigada, lo que agrava aún más su panorama penal, según avanza Libertad Digital.

La Gaceta de la Iberosfera

El instructor considera que las maniobras de la defensa se han basado en negativas, retrasos y en una actitud poco colaboradora. Gómez ha evitado responder a determinadas preguntas, ha asegurado en ocasiones desconocer los motivos de la acusación y ha demorado la entrega de contratos y correos electrónicos relacionados con su actividad en la Universidad Complutense.

Entre las diligencias ordenadas ahora por el magistrado se encuentra el acceso al registro de llamadas entrantes y salientes de Cristina Álvarez, la asistente que acompañaba de forma constante a Gómez. Según el juez, esta funcionaria eventual de Presidencia tenía entre sus cometidos organizar la agenda, gestionar el correo y encargarse de la seguridad y el protocolo en los actos de la mujer del presidente. Sin embargo, hay indicios de que también realizó gestiones vinculadas a intereses privados.

El propio vicerrector de la Complutense, Antonio Doadrio, declaró que mantenía numerosos correos electrónicos tanto con Gómez como con Álvarez, a la que identificó como persona de confianza que la acompañaba a la universidad y recibía en su nombre la correspondencia oficial. Además, en el sumario figura un correo dirigido a una directiva de REALE Seguros en el que se pedía directamente la continuidad de la compañía como patrocinadora de un máster, lo que para el juez excede de las competencias de una asesora pública.

Peinado interpreta estos movimientos como indicios suficientes para vincular a Gómez con empresas del Grupo Barrabés, a las que presuntamente habría beneficiado a través de su posición académica y de los recursos institucionales puestos a su disposición. En su auto habla de una «desviación de funciones» que convierte en beneficio privado lo que debía ser un trabajo ligado a la Administración.

Otro aspecto señalado en la investigación es la relación personal entre Begoña Gómez y su asistente. Para el juez, esa amistad previa explicaría la designación de Álvarez como personal de confianza en Presidencia y el posterior uso de ese cargo para reforzar actividades privadas de la esposa del presidente. Esto, advierte, supondría una utilización indebida de recursos públicos dentro de la propia estructura de la Presidencia del Gobierno, lo que habría incrementado su influencia política y empresarial.

El despliegue militar más grande de Estados Unidos en el Caribe desde la invasión a Panamá ha generado comprensible revuelo en la región. Y no es para menos: la llegada de portaaviones, destructores, submarinos y miles de efectivos, los bien recordados marines, ha pasado de ser un ejercicio de lucha contra el narcotráfico a convertirse en un instrumento, para muchos evidente, de presión sobre la dictadura de Nicolás Maduro. Tanto así que, apenas horas después de que se completó el despliegue militar, el régimen venezolano liberó a 13 presos políticos, un gesto que difícilmente puede interpretarse como casualidad.

El Tiempo

Como era de esperarse, el despliegue ha desatado especulaciones de todo tipo. Los interrogantes van desde si este es el paso previo a una acción militar directa hasta si se trata de un nuevo capítulo de la estrategia de “máxima presión” de Trump –ahora reforzada por un músculo bélico de proporciones históricas–, pasando por la incógnita de si es apenas una demostración de fuerza para obligar a Maduro a ceder sin que se dispare un solo misil. Y por ceder se entiende también acceso a petróleo. Lo cierto es que la presión sobre la dictadura venezolana es hoy más evidente que nunca y que lo ideal sería que este movimiento precipitara una dimisión que libere al pueblo venezolano de la opresión de un sistema que ha desangrado al país, arrasado con su economía y expulsado a más de siete millones de ciudadanos al exilio.

Dicho lo anterior, persiste una pregunta crucial: ¿hasta dónde está dispuesto a llegar Donald Trump? Las declaraciones de su gobierno han sido explícitas al catalogar a Maduro como un “narcoterrorista” y al declarar al cartel de los Soles –con vínculos documentados con las disidencias de las Farc y con el Eln– como una organización terrorista extranjera. Y este cambio de estatus no es un detalle menor: reconfigura el tablero geopolítico y sobre todo obliga a países como Colombia a revisar con lupa sus propios pasos.

En este orden de ideas, la zona binacional con Venezuela que el gobierno de Gustavo Petro presentó como un mecanismo de cooperación económica y social –y que ya era objeto de controversia– con este nuevo contexto se vuelve todavía más problemática. Por eso, el Ejecutivo colombiano ha salido a aclarar que dicha zona no tendrá fines militares. Sin embargo, las dudas persisten, y no han sido disipadas del todo respecto de cómo podría operar en otros ámbitos. El riesgo de que Colombia termine apareciendo como un aliado incondicional de Maduro es real y altamente inconveniente en momentos en que el dictador enfrenta una presión internacional sin precedentes y cuando su reinado, cimentado en elecciones fraudulentas y en el uso de la fuerza, comienza a tambalear.

Así las cosas, lo que ocurra en los próximos días será determinante. Da la impresión de que Washington, dicho coloquialmente, ha puesto toda la carne en el asador y, aunque aún no está claro si habrá un desenlace militar o una negociación forzada, sí hay señales de que la dictadura venezolana ha comenzado a sentir pasos de gigante.

Colombia debe actuar con prudencia y firmeza, evitando quedar atrapada en el peligroso juego de respaldar a un régimen de cualquier modo ilegítimo y responsable de delitos de lesa humanidad.

EDITORIAL

editorial@eltiempo.com

El presidente Luis Abinader reafirmó este lunes el compromiso de su Gobierno en la lucha contra el narcotráfico, incluyendo al cartel de los Soles, una estructura ligada a altos mandos militares venezolanos.

El Nuevo Diario

“Nosotros todo el tiempo hemos tenido una lucha contra el narcotráfico de drogas que ha sido reconocido por los Estados Unidos cada vez y por todo el país, así que continuaremos con la política de combatir todos los carteles, incluyendo ese”, declaró el mandatario en LA Semanal con la Prensa.

¿Qué es el cartel de los Soles?

El cartel de los Soles es una red criminal que según informes de inteligencia de Estados Unidos y otras agencias internacionales, estaría compuesta por altos oficiales de las Fuerzas Armadas de Venezuela.

Se le vincula con el tráfico de grandes cantidades de cocaína desde Colombia, utilizando rutas que incluyen Venezuela, el Caribe y América Central, con destino a Estados Unidos y Europa.

Nicolás Maduro, en su programa Con Maduro + de este lunes 25 de agosto, calificó como “ilegales» las amenazas de Estados Unidos contra Venezuela, en un intento por justificar el aumento de la presencia de 15 mil funcionarios militares en la frontera con Colombia.

La Patilla

En tal sentido, Maduro afirmó que las acciones de EEUU no solo afectan a Venezuela, sino a toda la región. “Algunos creen que es solo hacia Venezuela. Pero sepan que si amenazan a un país, lo hacen contra todos”, declaró.

Tras el despliegue militar estadounidense en el Caribe, Maduro aseguró que “la mayor parte de la droga es enviada por el Océano Pacífico” y que “la sociedad norteamericana es la de mayor consumo de drogas de todo tipo en el mundo”. Según él, la “guerra contra las drogas” de EEUU es un “fracaso”.

El líder chavista insistió en que Venezuela es un “territorio limpio y libre del narcotráfico”, ignorando señalamientos internacionales sobre la presencia de actividades ilícitas en el país. “Tienen a su población abandonada y tienen que curarla. Esa es la verdad”, afirmó, desviando la atención de los problemas internos hacia críticas a Estados Unidos. También destacó movilizaciones del “Poder Popular” y supuestos sectores de la oposición en las calles, describiéndolas como una “respuesta conmovedora y genuinamente patriótica” contra las supuestas amenazas externas.

La Zona de Paz N°1, según Maduro, busca reforzar la seguridad en la frontera con Colombia, a la que calificó como “intrincada”. “No podemos bajar la guardia en esta frontera tan intrincada con nuestra hermana Colombia”, dijo. Además, mencionó diálogos con el ministro de Defensa colombiano para fortalecer una Zona Económica Binacional, aunque no detalló avances concretos.

“El pueblo de Venezuela desbordó las plazas Bolívar del país”, afirmó, presentando el supuesto y escaso alistamiento militar como una muestra de apoyo popular.

En un acto que muchos consideraron risible, pero que oculta la estrategia que tiene el régimen venezolano con las zonas fronterizas, Nicolás Maduro ascendió a general de División al embajador ante Colombia, Carlos Eduardo Martínez Mendoza, un hombre que se relaciona con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), desde los intentos de Acuerdos de Paz entre esa guerrilla y el gobierno colombiano, en el 2016.

Por: Sebastiana Barráez – Infobae

A Martínez Mendoza lo nombró Hugo Chávez como embajador de Venezuela en Argentina, en el año 2011, cuando la presidente era Cristina Fernández de Kichner, y permaneció en el cargo hasta el 2018.

Durante su tiempo de embajador en Argentina no fue casual que representara al gobierno venezolano, junto a Ramón Rodríguez Chacín, con Nicolás Maduro en el poder, para el inicio de los acuerdos de paz entre el gobierno de Colombia y el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Fue compañero de Hugo Chávez en la II Promoción Simón Bolívar, donde ocupó el Nr 55 en rango curricular; egresó de esa promoción junto a algunos de los radicales chavistas como Melvin López Hidalgo, Luis Guillermo Pineda Castellanos, los ex gobernadores de Bolívar y Vargas, los generales Francisco Rangel Gómez y Jorge Luis García Carneiro, así como los comandantes del 4F: Jesús Enrique Urdaneta Hernández y Yoel Calendario Acosta Chirinos.

He decidido y procedo a ascenderlo a general de división de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) en situación de reserva activa”, dijo Maduro, después de la jornada de planificación Operación Binacional de Soberanía, Paz y Seguridad Absoluta, a la vez que Martínez Mendoza entraba al salón vestido con uniforme militar.

La fase final

Para el especialista en economía y petróleo Antonio de la Cruz, presidente de InterAmerican Trends, una organización independiente dirigida a Latinoamérica libre y próspera, el ascenso a Divisionario de Carlos Martínez Mendoza, embajador de Venezuela en Colombia no es un trámite militar, “es la señal de que Nicolás Maduro busca blindar sus fronteras para la fase final del conflicto con Estados Unidos”.

“Lo asigna a la reserva activa en las zonas: Apure, Táchira, Zulia, Amazonas. Cuatro vértices donde el régimen moviliza FARC, ELN y redes del narcotráfico. Su objetivo: convertir la frontera en una trinchera contra EEUU y Colombia”.

De La Cruz ve en la estrategia de Maduro un doble juego. “Ofrecerá elecciones en mayo 2026 y traspaso en enero 2027, pero solo como maniobra. No busca transición, busca tiempo. No cuenta con el apoyo de la Fuerza Armada ni civil, milicianos”.

Lo que llama Guerra Silenciosa en Venezuela lo describe como un farol: “O los Estados Unidos ‘retiran amenazas y recompensas, o nos vamos a la guerra’”, y esa guerra, dice De La Cruz, no será convencional: “Viva la Vietnam de Sudamérica”.

La estrategia es “resistir en los márgenes. Corredores ilícitos, alianzas criminales, refugios fronterizos: la supervivencia del régimen se sostiene en estructuras paralelas al Estado”.

Ahora bien, mientras EEUU y aliados responde con el cerco de “sanciones financieras, coordinación multilateral”, lo que genera una “presión asfixiante, pero gradual”.

No cree que el desenlace será un golpe fulminante, “sino un cierre paciente: cortar recursos, aislar actores, neutralizar a operadores claves» como el ahora general Martínez Mendoza.

“Venezuela es hoy un tablero donde cada movimiento define el futuro. La pregunta no es si habrá guerra abierta, sino si el régimen podrá seguir moviéndose antes de quedar sin aire”.

En consecuencia, dice De La Cruz sobre el ascenso a Mendoza, “si este movimiento fuera realmente una ‘operación binacional’, deberían estar presentes las autoridades militares y políticas de Colombia. Y si fuera legítima, ¿por qué no estás en la zona de operaciones?”.

Presos políticos y negocio

Un analista, que prefiere no identificarse para evitar la persecución del régimen venezolano, considera que “hay una altísima probabilidad de que el chavismo siga adelante con una política de ‘distensión’ interna para tratar de decirle al mundo que todo está en orden, que hay mucha paz (aunque sea paz negativa), y que hay una oposición con la que se puede hablar. Todo lo necesario para salir del foco de presión en el que están metidos”.

La liberación de 13 presos políticos “y la inclusión de Henrique Capriles Radonski en un escenario empujado por el chavismo, es parte de ello. Hace tiempo anunciaron la posibilidad de hacer una nueva “mesa de negociación”, de las que buscan que la comunidad internacional o la ONU la vean, otra vez, como posibilidades de que el chavismo haga concesiones democráticas, como las calificaban erróneamente en 2023”.

La puerta giratoria de los presos políticos no ha dejado de funcionar, por lo que advierte: “Hay que tener cuidado. Las excarcelaciones de presos políticos estaban acordadas desde hacía meses y siguen ocurriendo de forma arbitraria, con una coreografía donde se excluye a la mayoría de los actores políticos, las ONG de derechos humanos y los grupos de familiares de víctimas”.

Reconoce que lamentablemente hay quienes “juegan con el sufrimiento de los presos y han alargado su dolor por esperar a mejores momentos de mercadeo político”.

No es solo cruel lo que está ocurriendo, además “trata de desplazar que hay presos con necesidades humanitarias urgentes, como enfermedades crónicas, neurológicas, invalidez, traumas psicológicos, intentos de suicidio, desnutrición y secuelas del aislamiento y la tortura, pero también desaparecidos, menores de edad, de tercera edad y muchos otros olvidados por la urgencia y el solapamiento de detenciones”.

Uno de los elementos más significativos es que “las mesas de diálogo tienen un problema de diseño gigantesco y es que no han tenido nunca mecanismos de cumplimiento de los acuerdos alcanzados”.

“La mayoría de los acompañantes de los Acuerdos de Barbados hicieron silencio cuando el chavismo empezó a encarcelar disidentes y torpedeó de muchas maneras, junto a sus aliados, las primarias, las candidaturas opositoras y la campaña del 28J. Ni qué decir de su actuación cuando el chavismo se robó los resultados de esas elecciones”.

Todos los voceros del régimen hablan como referencia de sus actuaciones anteriores, “pero ya antes han violado acuerdos, se han burlado de todas las mesas de negociación y en momentos de emergencia encontraron opositores a su medida para fingir mesitas de diálogo y acuerdos ‘por la paz’ mientras aumentaban los crímenes de Estado”.

Recuerda como caso emblemático “con los diputados comprados de la AN2015. La diferencia entre participantes de la oposición es el origen de su legitimidad y su representatividad. Sin ellas, el ejercicio no le servirá al país sino a los carceleros. El diálogo será necesario siempre, pero sin desmontar las causas que llevan al chavismo a sentarse, que es otro error muy repetido”.

A su juicio, “estamos en un momento de fingida distensión por la presión internacional y por la firmeza de los actores opositores que siguen planteando que debe reconocerse el resultado del 28J. No porque un grupo se pueda reunir en Miraflores de espaldas al país o porque vayan al Helicoide en la oscuridad de la noche. Esas son acciones controladas por Maduro. Son migajas de poder para fracturar tanto a la oposición (que ya lo hicieron) como a los grupos de familiares y víctimas (que lo están intentando duramente)”.

Enfatiza, para finalizar, que “es mejor decirlo claramente: ha habido nuevas liberaciones porque ha habido presión y se responde a ella. Pero es una presión leve por los momentos. Una presión que varias firmas de opinión intentaron vender como humo, como algo que no es nada, pero que ha significado movimientos internos y mucha incomodidad en el poder”.

El USS Newport News (SSN 750) es un submarino de ataque de clase Los Ángeles, una de las clases más emblemáticas y confiables de la Marina de los Estados Unidos. Comisionado el 6 de junio de 1989, este buque lleva el nombre de la ciudad de Newport News, Virginia, un centro histórico de construcción naval donde se encuentra el astillero Newport News Shipbuilding, responsable de su fabricación.

MFM

Diseñado para misiones de alta precisión, el USS Newport News ha sido clave en operaciones de seguridad nacional, vigilancia y proyección de poder en escenarios globales. Este reportaje detalla sus características técnicas y su historial operativo, destacando su relevancia en el contexto naval moderno.

Capacidades técnicas y operativas

Construido por Newport News Shipbuilding, el USS Newport News pertenece a la clase Los Ángeles, con 62 submarinos diseñados para misiones diversas, desde guerra antisubmarina hasta recolección de inteligencia. Mide 110 metros de eslora y desplaza aproximadamente 6,900 toneladas cuando está sumergido, impulsado por un reactor nuclear S6G que le otorga una autonomía prácticamente ilimitada sin necesidad de reabastecimiento de combustible. Su casco de acero de alta resistencia está diseñado para operar a profundidades significativas, aunque los detalles exactos sobre su capacidad de inmersión son clasificados. Equipado con un avanzado sistema de sonar AN/BQQ-5 y capacidad para transportar hasta 25 torpedos Mark 48 y misiles de crucero Tomahawk, el submarino posee una formidable capacidad ofensiva. Su tripulación, de aproximadamente 130 marineros, incluye oficiales y especialistas entrenados para operar en condiciones extremas, garantizando su eficacia en misiones críticas.

El USS Newport News está diseñado para cumplir una amplia gama de objetivos estratégicos. Su capacidad para permanecer sumergido durante largos períodos, junto con su diseño sigiloso, lo hace ideal para la recolección de inteligencia, vigilancia de rutas marítimas y disuasión de amenazas. En 2023, el submarino completó un despliegue de seis meses, navegando cerca de 33,000 millas náuticas y visitando puertos en Noruega, Escocia y España. Estas misiones no solo refuerzan la presencia naval estadounidense, sino que también fortalecen la cooperación con aliados a través de ejercicios conjuntos, destacando su versatilidad en escenarios internacionales.

Historial de servicio y resiliencia

El submarino ha recibido múltiples reconocimientos, incluyendo la Battle Efficiency «E» Award, que premia la excelencia operativa y la preparación para el combate. Su capacidad para integrar nuevas tecnologías, como sensores avanzados y armamento moderno, asegura su relevancia frente a amenazas emergentes. Además, ha participado en ejercicios multinacionales con aliados como la Marina Real Noruega, fortaleciendo la interoperabilidad y la preparación conjunta. Estas actividades subrayan su rol como un activo clave en la proyección de poder naval.

El USS Newport News SSN 750 encarna la combinación de tecnología avanzada y dedicación de la Marina de los Estados Unidos. Su capacidad para operar sigilosamente, recopilar inteligencia crítica y proyectar fuerza en cualquier región del mundo lo convierte en un pilar de la seguridad marítima.

Los misiles Tomahawk, conocidos oficialmente como BGM-109, son una de las armas más avanzadas y utilizadas por las fuerzas armadas de Estados Unidos y sus aliados. Desarrollados inicialmente en la década de 1970 por General Dynamics y actualmente fabricados por Raytheon Technologies, estos misiles de crucero subsónicos han evolucionado para convertirse en una herramienta clave en conflictos modernos debido a su precisión, alcance y versatilidad.

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Diseñados para volar a baja altitud y evadir radares enemigos, los Tomahawk han sido empleados en múltiples operaciones militares desde su debut en la Guerra del Golfo en 1991. Este reportaje explora sus características técnicas, su evolución y su impacto en la estrategia militar contemporánea.

Un diseño para la precisión y el alcance

El Tomahawk es un misil de crucero de largo alcance que puede ser lanzado desde plataformas marítimas, como buques de guerra y submarinos, incluyendo destructores clase Arleigh Burke y submarinos clase Virginia de la Marina de Estados Unidos. Con un alcance máximo de hasta 2,500 kilómetros, según la variante, permite atacar objetivos estratégicos desde una distancia segura. Su velocidad subsónica, de aproximadamente 880 km/h (Mach 0.74), lo hace más lento que los misiles balísticos, pero su capacidad para volar a baja altitud, entre 15 y 100 metros, reduce su detectabilidad, ya que esquiva sistemas de radar enemigos (Federation of American Scientists).

El misil mide 6.25 metros de longitud con su propulsor y tiene un diámetro de 0.52 metros, con un peso aproximado de 1,600 kg, incluyendo una ojiva de hasta 454 kg de explosivo convencional (Naval Technology). Originalmente, los Tomahawk podían llevar cabezas nucleares, como la W80 de 5 a 150 kilotones, pero estas fueron retiradas tras tratados internacionales como el Tratado de Desarme Nuclear de Medio Alcance en 1987. Actualmente, las versiones operativas, como el TLAM-C (carga convencional) y TLAM-D (carga de fragmentación), se centran en ataques de precisión contra objetivos terrestres, mientras que el TASM (Tomahawk Anti-Ship Missile) está optimizado para blancos marítimos (Center for Strategic and International Studies).

El sistema de guiado del Tomahawk es una de sus características más destacadas. Combina navegación inercial, GPS y TERCOM (Terrain Contour Matching), que compara el terreno sobrevolado con mapas digitales preprogramados. En su fase final, el sistema DSMAC (Digital Scene Matching Area Correlator) utiliza imágenes para una precisión de hasta 10 metros (Johns Hopkins Applied Physics Laboratory). Las versiones más recientes, como el Block IV y Block V, introducidas en 2004 y 2021 respectivamente, permiten reprogramar objetivos en pleno vuelo y transmitir imágenes al centro de mando, lo que aumenta su flexibilidad táctica (Raytheon Technologies).

Evolución y uso en conflictos

Desde su introducción en 1983, el Tomahawk ha sido un pilar en operaciones militares estadounidenses, con más de 2,000 unidades utilizadas en combate y 500 pruebas de vuelo, según Raytheon. Su debut en la Operación Tormenta del Desierto en 1991 marcó un hito, con 288 misiles lanzados, 12 de ellos desde submarinos, demostrando su capacidad para destruir objetivos estratégicos como bases militares y depósitos de armas (U.S. Naval Institute). Desde entonces, ha sido empleado en conflictos como la Guerra de Kosovo (1999), la invasión de Irak (2003), los ataques contra el Estado Islámico en Siria (2014) y la Operación Martillo de Medianoche contra instalaciones nucleares iraníes en 2025.

El Tomahawk no es exclusivo de Estados Unidos. Reino Unido adquirió más de 60 unidades en 1998 para sus submarinos nucleares, utilizándolos por primera vez en Kosovo desde el HMS Splendid (U.K. Ministry of Defence). Japón y Australia también han incorporado recientemente estos misiles para fortalecer sus capacidades disuasorias frente a amenazas regionales, como China y Corea del Norte (U.S. Department of Defense). Cada misil tiene un costo estimado de 1.5 a 2 millones de dólares, lo que refleja su tecnología avanzada, aunque su efectividad en ataques quirúrgicos justifica la inversión para las fuerzas armadas (Congressional Research Service).

La versatilidad del Tomahawk radica en su capacidad para integrarse en redes de guerra centralizadas, utilizando datos de sensores múltiples (satélites, aviones, barcos) para localizar objetivos en tiempo real. Esto lo convierte en un arma ideal para atacar objetivos fuertemente defendidos o de alto valor, como búnkeres o centros de mando, sin exponer a pilotos o tropas (U.S. Naval War College). Sin embargo, su dependencia de tecnología GPS lo hace vulnerable a interferencias electrónicas, un desafío que los ingenieros de Raytheon continúan abordando en las versiones más recientes.

En conclusión, el Tomahawk sigue siendo un pilar del poder militar moderno gracias a su precisión, alcance y capacidad de adaptación. Su evolución tecnológica y su historial en conflictos lo convierten en una herramienta estratégica indispensable, aunque su alto costo y vulnerabilidades tecnológicas plantean retos para el futuro. Mientras las potencias militares buscan mantener la superioridad, el Tomahawk permanece como un símbolo de la ingeniería de precisión en un mundo donde la distancia ya no es una barrera para el alcance militar.

EEUU sumó un crucero lanzamisiles al operativo frente a Venezuela, el USS Lake Erie de la Clase Ticonderoga. La nave lanzador de misiles guiados de la Marina de los Estados Unidos representa uno de los avances más significativos en la tecnología naval moderna. Introducidos en la década de 1980, estos buques son conocidos por su versatilidad, potencia de fuego y el innovador sistema de combate Aegis.

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La Clase Ticonderoga, autorizada en 1978, fue inicialmente concebida como una clase de destructores (DDG-47) antes de ser redesignada como cruceros de misiles guiados (CG-47) debido a sus avanzadas capacidades. Construidos principalmente por Ingalls Shipbuilding y Bath Iron Works, los primeros buques, como el USS Ticonderoga, entraron en servicio en 1983. Su diseño se basó en el casco de los destructores de la Clase Spruance, pero incorporó mejoras significativas, como el sistema de combate Aegis y el radar AN/SPY-1, que permite rastrear y atacar múltiples objetivos simultáneamente.

Cada crucero mide aproximadamente 173 metros de eslora, con un desplazamiento de 9,600 toneladas cuando está completamente cargado. Están equipados con motores de turbina de gas que ofrecen una velocidad máxima de 30 nudos. Su superestructura incluye dos grandes cubiertas que alojan los radares y el centro de información de combate, optimizando su capacidad para coordinar operaciones complejas. De los 27 buques construidos, 22 incorporaron el sistema de lanzamiento vertical Mark 41 VLS, con 122 tubos para misiles, mientras que los primeros cinco usaron lanzadores Mark 26 de menor capacidad.

Sistema de Combate Aegis: El Corazón Tecnológico

El sistema Aegis Combat System, desarrollado por Lockheed Martin, es el núcleo de la capacidad operativa de la Clase Ticonderoga. Este sistema utiliza el radar de barrido electrónico pasivo AN/SPY-1, que proporciona una cobertura de 360 grados y puede rastrear más de 100 objetivos al mismo tiempo. Según la Marina de los EE. UU., Aegis permite a los cruceros coordinar la defensa de un grupo de ataque completo, evaluando amenazas y asignando armas automáticamente para contrarrestarlas.

El sistema de lanzamiento vertical Mark 41 permite disparar una amplia gama de misiles, incluyendo los Tomahawk para ataques terrestres, los SM-2MR/ER para defensa antiaérea y los RUM-139 ASROC para misiones antisubmarinas. Esta versatilidad convierte a los Ticonderoga en buques polivalentes, capaces de operar en escenarios antiaéreos, antibuques, antisubmarinos y de ataque a tierra. Además, las actualizaciones recientes han incorporado misiles SM-6 y capacidades de defensa contra misiles balísticos a través del Aegis Ballistic Missile Defense System, ampliando su rol en la defensa estratégica.

Roles y Misiones

Los cruceros de la Clase Ticonderoga están diseñados para integrarse en grupos de ataque de portaaviones o grupos anfibios, proporcionando protección contra amenazas aéreas, de superficie y submarinas. También realizan misiones independientes, como interdicción marítima y escolta de convoyes. Su capacidad para actuar como buques insignia, gracias a sus avanzados sistemas de mando y control, los hace ideales para liderar operaciones navales complejas.

Durante la Guerra Fría, los Ticonderoga fueron fundamentales para mejorar la capacidad de escolta de la Marina, protegiendo portaaviones de amenazas aéreas y de misiles. Tras el fin de la Guerra Fría, muchos de los primeros buques fueron asignados a operaciones en aguas territoriales de EE. UU., mientras que otros, como parte de la Quinta Flota, operan en el Golfo Pérsico para garantizar la seguridad del Estrecho de Ormuz. Un ejemplo reciente es el despliegue del USS Normandy (CG-60) en Guyana en marzo de 2025, para ejercicios conjuntos con la Fuerza de Defensa de Guyana, demostrando su relevancia en la cooperación internacional.

Otro aspecto notable es el papel de los Ticonderoga en operaciones como Desert Storm, donde el USS Ticonderoga coordinó operaciones en el Golfo Pérsico. Su capacidad para disparar misiles Tomahawk contra objetivos terrestres demostró su versatilidad más allá de la defensa naval, consolidando su importancia en conflictos modernos.

Aunque diseñados para una vida útil de 35 años, los cruceros Ticonderoga han enfrentado desafíos debido a los altos costos de mantenimiento. En 2003, la Marina actualizó los 22 buques más nuevos (CG-52 a CG-73) con mejoras en el casco, sonar, radar y sistemas de armas, con un costo estimado de hasta 250 millones de dólares por buque. Estas actualizaciones incluyeron el misil SM-6 y mejoras en el sonar SQQ-89A(V)15, optimizando su capacidad para enfrentar amenazas modernas.

Sin embargo, la antigüedad de la flota y los costos operativos han llevado a un plan de desmantelamiento progresivo. Según un informe de GlobalData, la Marina planea retirar los 11 cruceros restantes para 2027, reemplazándolos con destructores de la Clase Arleigh Burke Flight III y, eventualmente, el programa DDG(X). Buques como el USS Antietam (CG-54), USS Cowpens (CG-63) y USS Leyte Gulf (CG-55) fueron retirados en 2024, marcando el inicio de esta transición.

La Clase Ticonderoga ha dejado una huella imborrable en la historia naval, estableciendo un estándar para los buques de guerra modernos con el sistema Aegis. Su capacidad para adaptarse a múltiples roles, desde la defensa antiaérea hasta el ataque terrestre, ha sido un modelo para clases posteriores, como los destructores Arleigh Burke. A medida que la Marina de los EE. UU. avanza hacia plataformas más modernas, como las fragatas de la Clase Constellation y el programa DDG(X), el legado de los Ticonderoga perdura en su influencia en el diseño naval y la estrategia de defensa.

Estados Unidos envió una fuerza naval adicional al sur del mar Caribe como parte de la estrategia del presidente Donald Trump para enfrentar las amenazas de los cárteles de la droga en América Latina.

Reuters

El despliegue involucra buques, submarinos y miles de marines, y apunta directamente a rutas clave del narcotráfico, en especial en aguas próximas a Venezuela.

Dos fuentes consultadas por el citado medio informaron que el USS Lake Erie, un crucero de misiles guiados, y el USS Newport News, un submarino nuclear de ataque rápido, arribarán a la región al inicio de la próxima semana. Las fuentes indicaron que “los recientes movimientos tienen por objeto hacer frente a las amenazas a la seguridad nacional de Estados Unidos procedentes de ‘organizaciones narcoterroristas’ especialmente designadas en la región”.

En paralelo, la semana anterior se ordenó el envío de un escuadrón anfibio compuesto por los buques USS San Antonio, USS Iwo Jima y USS Fort Lauderdale. Estas naves ya debían encontrarse en cercanías de las costas de Venezuela desde el domingo, y transportan a 4.500 efectivos, incluidos 2.200 infantes de marina. Las fuentes no detallaron la tarea exacta del escuadrón, pero reiteraron que el foco está puesto en enfrentar las amenazas de organizaciones como cárteles de droga y grupos criminales transnacionales.

Las medidas forman parte de una política central definida por Donald Trump. El mandatario priorizó la eliminación de los cárteles latinoamericanos, entrelazando la lucha antidrogas con el control migratorio y la seguridad fronteriza.

El presidente Trump está preparado para frenar el narcotráfico y llevar a los responsables ante la Justicia”, planteó la portavoz presidencial Karoline Leavitt en declaraciones difundidas por Reuters. La funcionaria calificó abiertamente al régimen de Nicolás Maduro como “un cartel del narcotráfico”, y acusó al dictador venezolano de estar al frente de la organización conocida como Cartel de los Soles.

En ese contexto, Washington designó en febrero al mexicano Cártel de Sinaloa, a otras bandas, y al grupo venezolano Tren de Aragua como organizaciones terroristas globales. Esta decisión, publicada junto con la intensificación de la ley de inmigración, reforzó el abordaje contra presuntos miembros de estas agrupaciones.

De acuerdo a información citada por CNN, el Pentágono mantiene en reserva detalles de la misión, aunque dejó en claro que la operación busca combatir a los cárteles y reforzar la presencia militar estadounidense en las rutas marítimas clave del tráfico ilegal hacia su territorio. La administración Trump manifestó su intención de utilizar todos los recursos militares disponibles en el objetivo de detener la entrada de drogas a gran escala y de garantizar la aplicación efectiva de las leyes antidrogas.

El despliegue naval estadounidense en el Caribe también incluye tres destructores equipados con el sistema de defensa Aegis. Según Reuters, se trata del USS Gravely, el USS Jason Dunham y el USS Sampson, buques guiados por misiles con capacidades para rastrear y neutralizar amenazas aéreas y marítimas de forma simultánea. Estos destructores integran la clase Arleigh Burke, reconocida por su potencial ofensivo y defensivo en misiones de vigilancia, control, interceptación y ataque.

Un funcionario estadounidense consultado por Reuters precisó que el operativo abarca aproximadamente 4.000 marines en la región caribeña. Además de los destructores y el escuadrón anfibio, se desplegaron aviones de vigilancia P-8 Poseidon, otros buques de guerra y al menos un submarino de ataque rápido. “El proceso será continuo durante varios meses”, explicó la fuente, que también remarcó que todas las operaciones tendrán lugar en aguas y espacio aéreo internacionales.

El despliegue incluye tareas de inteligencia, patrullaje y vigilancia sobre rutas empleadas por organizaciones criminales internacionales. De acuerdo a las fuentes del Departamento de Defensa citadas por CNN, el poder militar movilizado funcionará también como plataforma para ataques selectivos en caso de que la Casa Blanca lo decida.

El alcance de la operación recibió el respaldo del secretario de Defensa, Pete Hegseth. En una carta interna, Hegseth detalló que las competencias constitucionales y legales de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos contemplan “sellar fronteras, repeler invasiones y combatir actividades delictivas como el tráfico de drogas y el contrabando de personas”. El funcionario subrayó que el despliegue en el Caribe responde exactamente a ese marco de acción consolidado.

Washington asoció en reiteradas oportunidades al Cartel de los Soles, encabezado por funcionarios vinculados a Nicolás Maduro, con el tráfico masivo de estupefacientes hacia territorio estadounidense. Además, la inclusión del Tren de Aragua en la lista de organizaciones terroristas globales amplió el alcance geográfico y judicial de las acciones de la administración Trump.

La política impulsada desde la Casa Blanca busca, por un lado, intensificar el combate contra el narcotráfico latinoamericano y, por otro, limitar flujos migratorios irregulares asociados a redes criminales. Fuentes militares claves recalcaron la intención de mantener la presencia militar durante meses y adaptarla según evolucionen las amenazas en la zona, hasta lograr un escenario considerado seguro para la seguridad nacional de Estados Unidos.

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