Armando Esteban Quito

La Autoridad Portuaria de Curazao (CPA) ha anunciado una operación marítima en curso que involucra al WEI XIAO TIAN SHI, un transportador de carga pesada del tipo semisumergible, que actualmente se encuentra descargando equipos en el Muelle 2 de la Bahía de Caracas.

Curacao Chronicle

El buque llegó a Curazao para descargar cuatro remolcadores, una barcaza y una plataforma, que posteriormente serán transportados a Venezuela. La operación está programada para continuar hasta la noche del miércoles 30 de julio .

Debido a la naturaleza especializada de la operación, que requiere aguas de más de 25 metros de profundidad, se seleccionó Curazao como el lugar ideal para este complejo procedimiento de descarga. Todo el proceso se lleva a cabo bajo la supervisión de la capitanía de puerto, junto con prácticos, inspectores de seguridad portuaria y KTK (Curaçao Towage Company) .

Aviso de seguridad pública emitido

La CPA ha emitido un aviso de seguridad pública instando a residentes y visitantes a mantenerse alejados del sitio de operaciones. Se recomienda encarecidamente a los residentes de la zona no bucear ni usar motos acuáticas , botes u otras embarcaciones cerca de la zona de operaciones para evitar accidentes o interrupciones.

“La seguridad es nuestra máxima prioridad ”, enfatizó la CPA en su comunicado. La autoridad agradeció al público su cooperación y recordó a todos que respeten la zona restringida durante la actividad portuaria.

El golpe contra la soberanía popular

El lunes se cumplió un año del golpe de Estado del PSUV, comandado por Nicolás Maduro contra la soberanía popular de la nación venezolana. La dictadura, con vulgar soberbia, ha pretendido celebrar su crimen, enrostrándonos en la cara su desvergüenza, repitiendo otro fraude —este domingo 27— para designar, a su conveniencia, a las autoridades de los municipios. El vacío total fue la respuesta de la ciudadanía. 

Ha transcurrido un año de la escalada de muerte, corrupción, hambre y represión. Estos males, que ya eran extremadamente graves, hoy son peores. El robo de las elecciones derribó todo recato y límite en el manejo del poder. Ya ni siquiera existe el intento de disimular. Maduro y su camarilla, al margen de toda norma, se han establecido por la fuerza de las armas, y pretenden silenciar a todos los que levantamos la voz para denunciar su crimen y los delitos conexos, cometidos por él y por su entorno, de forma directa o mediante sus esbirros.

El poder impuesto por el terror

Desde entonces, no gobierna. Su única labor es la conservación del poder a través de la violencia, es decir, mediante el terror. Para quienes hacemos política de forma pacífica —vale decir, democrática— resulta difícil enfrentar tanta brutalidad.

Recordemos que entre el 28 y el 29 de julio de 2024 fueron asesinados, por los colectivos maduristas, 25 compatriotas. Más de 1.000 activistas fueron secuestrados y más de 5.000 ciudadanos, entre miembros de los comandos de campaña y trabajadores electorales, fueron perseguidos solo por cumplir con su deber cívico.

La cacería emprendida por los esbirros del régimen para impedir que las actas llegaran a nuestro centro de recolección no tiene precedentes en la historia política venezolana. Fue un acto sistemático de persecución contra honorables ciudadanos comprometidos con la democracia y el bienestar de Venezuela.

Una victoria robada

A sangre y fuego, Maduro disolvió las múltiples manifestaciones surgidas en barrios, caseríos, pueblos y ciudades que reclamaban respeto para el voto consignado en las urnas.

La magnitud de la derrota electoral que le propinamos a Maduro el 28 de julio de 2024 no tiene precedentes en la historia de nuestras elecciones presidenciales. 70% de los votos eligió a Edmundo González Urrutia como presidente de la República. Ese resultado expresa con contundencia el repudio nacional a la dictadura. El 30% restante —adjudicado al régimen— no refleja su verdadero respaldo, pues buena parte de esos votos fueron producto de presiones, trampas y manipulaciones del sistema.

Además, más de 5 millones de venezolanos fueron impedidos de ejercer su derecho al voto: la diáspora, los migrantes internos que cambiaron de domicilio, cerca de 1 millón de jóvenes sin oportunidad real de inscripción, y una ciudadanía sin información ni medios para participar.

Unidad democrática y liderazgo

La victoria de la sociedad democrática venezolana fue fruto de la unidad construida en las primarias de 2023, donde María Corina Machado, al resultar electa, asumió el liderazgo y condujo una campaña victoriosa, que luego fue robada por Maduro con violencia, fraude y represión.

El repudio del mundo

En este año, el mundo democrático ha expresado su repudio al vulgar robo de la elección presidencial. La mejor evidencia del aislamiento de la dictadura se vivió el pasado 10 de enero, cuando Maduro montó su evento de juramentacion para dar continuidad a su usurpación. Ningún presidente democráticamente electo lo acompañó. Allí quedó retratado, solo, con los dictadores de Cuba y Nicaragua.

Seguimos en lucha

Desde entonces, quienes formamos parte de la campaña de Edmundo González hemos sido sometidos a una cacería sin precedentes. Nuestro único delito ha sido sostener, ante el país y el mundo, la exigencia de respeto a la soberanía popular y denunciar la escalada represiva del régimen.

Al cumplirse un año de tamaña aberración, los demócratas venezolanos seguimos la lucha en todos los terrenos para lograr la salida del dictador. Maduro y su camarilla se niegan a entregar el poder. Pero la situación de repudio interno y cerco internacional que enfrentan terminará, más temprano que tarde, por derrumbar las columnas armadas que los sostienen.

Rusia lanzó por la noche un gran ataque con drones contra Kiev y otras regiones del centro, el sur, el norte y el oeste de Ucrania, que dura ya más de dos horas y podría extenderse hasta bien entrada la madrugada del jueves 31 de julio.

EFE

La Fuerza Aérea ucraniana informaron de la llegada a territorio ucraniano en distintas oleadas, de numerosos grupos de drones de ataque rusos, dirigidos hacia la capital y otras regiones del país.

En el centro de Kiev se han escuchado los disparos de las ametralladoras de las patrullas móviles de defensa antiaérea y las explosiones que se producen con la interceptación de los drones. El ruido de los drones rusos ha podido escucharse con nitidez durante buena parte de la noche.

El alcalde de la capital, Vitali Klichkó, ha explicado que los drones rusos han atacado Kiev desde distintas direcciones y ha pedido a los vecinos que se refugien en los búnkeres, sótanos y estaciones de metro más cercanas.

Las autoridades ucranianas darán durante la mañana del jueves 31 de julio, el balance del ataque ruso que comenzó el miércoles 30 de julio por la noche.

La Unión Europea denunció este miércoles el carácter represivo de las recientes elecciones municipales celebradas en Venezuela y reiteró que los resultados de los comicios presidenciales de 2024, en los que Nicolás Maduro se autoproclamó vencedor, carecen de toda legitimidad. En una declaración oficial enviada a Europa Press, un portavoz del bloque afirmó que “Venezuela sufre un entorno político y jurídico muy restrictivo, caracterizado por la represión de la disidencia”, y subrayó que las votaciones del domingo “no legitiman los resultados no verificados de las elecciones presidenciales”.

Infobae

El pronunciamiento ratifica la posición de la UE frente al régimen chavista y ocurre en un momento simbólico: exactamente un año después de las cuestionadas presidenciales que, según la oposición, fueron ganadas por Edmundo González Urrutia, hoy exiliado en España, pero cuyo triunfo nunca fue reconocido ni por el poder electoral venezolano ni por buena parte de la comunidad internacional. “Maduro sigue careciendo de la legitimidad de un presidente elegido democráticamente”, insistió el portavoz europeo, quien también instó al régimen a liberar a los presos políticos, poner fin a las detenciones arbitrarias y respetar las aspiraciones democráticas del pueblo venezolano.

Aunque la Unión Europea ha evitado pronunciarse explícitamente sobre la presidencia de González Urrutia, mantiene una postura firme de desconocimiento del proceso que sostuvo a Maduro en el poder y ha incrementado las sanciones contra funcionarios chavistas por la falta de avances democráticos. “La UE seguirá colaborando con todos los venezolanos y con los socios regionales e internacionales para fomentar un diálogo auténtico hacia una transición democrática”, afirmó el vocero, alineándose con la estrategia europea de apoyo a una salida negociada.

La declaración fue emitida apenas tres días después de unas elecciones municipales organizadas por un Consejo Nacional Electoral alineado con el chavismo, en las que se eligieron 335 alcaldes y más de 2.400 concejales. El proceso estuvo marcado por la abstención masiva, la exclusión de candidatos opositores y denuncias de manipulación electoral. Según el propio régimen, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) obtuvo 285 alcaldías, entre ellas la estratégica Maracaibo, mientras que en Caracas la oposición logró retener sus tradicionales bastiones en ChacaoBaruta y El Hatillo.

Para la Plataforma Unitaria Democrática, principal coalición opositora, estas elecciones constituyen una nueva “farsa electoral” ejecutada por el régimen para simular pluralismo y consolidar su hegemonía política. La jornada electoral transcurrió sin participación significativa y bajo férreo control militar. Líderes opositores denunciaron que las condiciones mínimas para una competencia democrática fueron eliminadas: partidos disueltos, candidatos inhabilitados y estructuras electorales capturadas por el oficialismo.

En las redes sociales, María Corina Machado, referente de la oposición democrática, escribió: “¿Qué pasó entre el 28 de julio de 2024 y hoy? Ese día, el 70% del país votó por Edmundo González. Hoy, el 90% le dijo NO a Maduro”. Su mensaje apuntó a la abstención como forma de protesta silenciosa, pero también puso en evidencia el dilema de una oposición que no logra capitalizar políticamente ese rechazo en un contexto de cierre institucional y represión sistemática.

El domingo el secretario de Estado de Estados UnidosMarco Rubio, declaró que Maduro “no es el presidente de Venezuela” y lo identificó como “el líder del Cártel de Los Soles”, una organización narcoterrorista recientemente incluida por el Departamento del Tesoro en la lista de grupos terroristas internacionales.

A un año del fraude presidencial, Maduro conserva el control absoluto de la estructura del Estado, pero cada vez más apartado de los estándares democráticos internacionales. Mientras tanto, la ciudadanía —según las cifras de abstención— parece haber respondido con un mensaje claro: rechazo a un modelo que simula elecciones, pero niega el voto como mecanismo de cambio.

Un año después del robo de las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, Venezuela sigue bajo un régimen autoritario. El ansiado cambio de régimen aún no se ha producido, pero el régimen actual tiene las horas contadas. A pesar de la abrumadora evidencia de la victoria de Edmundo González —incluidas copias de los recuentos de votos de más del 80% de los colegios electorales—, el régimen declaró ganador a Nicolás Maduro y se negó a publicar los resultados completos.

Por: Karl-Heinz Paqué – Fundación Friedrich Naumann para la Libertad

González, respaldado por la principal política opositora liberal del partido Vente Venezuela, María Corina Machado, se presentó como la candidata unificada del movimiento democrático; sin embargo, la voluntad popular fue sistemáticamente reprimida. A María Corina Machado se le impidió postularse porque el régimen simplemente le negó su participación.

En respuesta a las protestas que estallaron inmediatamente después de las elecciones en varias ciudades, el régimen desató una brutal represión: más de 2200 personas fueron arrestadas y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos condenó abiertamente las acciones como «terrorismo de Estado». Según la ONG Foro Penal, 948 presos políticos se encuentran actualmente detenidos, incluyendo menores y militares. Si bien muchos líderes de la oposición se han visto obligados a exiliarse o a ser encarcelados, María Corina Machado se mantiene desafiante dentro del país: activa, visible y bajo constante amenaza.

Un año después del 28 de julio, el panorama es claro: la democracia ha sido violentamente reprimida, pero la resistencia perdura, impulsada por la valentía, la organización y la voluntad inquebrantable del pueblo. La lucha está lejos de terminar.

Para honrar este notable logro de la sociedad civil venezolana y mantener viva la memoria de este poderoso acto democrático, la Red Liberal Latinoamericana (RELIAL) organizó un evento especial en línea el 28 de julio de 2025. Su evento central fue la presentación del libro y portal en línea
Venezuela 28J: La gesta de un pueblo democrático”, que documenta la valentía y la organización de los ciudadanos que siguen luchando por la democracia y la libertad a pesar de las adversidades.

Aquí están mis propias palabras de clausura en este evento:

Queridos amigos de la libertad del mundo entero, queridos amigos de una Venezuela libre,

Como presidente de la Fundación Friedrich Naumannpresidente de la Internacional Liberal, es un honor para mí darle la bienvenida a este importante evento.

Hoy, destacamos una de las luchas más inspiradoras por la libertad en el mundo moderno:

La lucha del pueblo de Venezuela por la libertad y la democracia

La causa de Venezuela se ha vuelto profundamente personal para mí, en gran medida debido a mi profunda admiración por María Corina Machado.

A lo largo de los años, he sido testigo de cómo su mensaje —de principios e inquebrantable— ha resonado en Venezuela y más allá.

No se basa en el populismo ni en falsas promesas. Ofrece algo mucho más poderoso: la visión de una nación donde cada individuo —no
un régimen corrupto— es el autor de su propio destino.

El año pasado, me uní a la diáspora venezolana en Alemania por invitación de Vente Venezuela Alemania, para exigir elecciones libres y justas.
Nunca olvidaré ese día, domingo 28 de julio, junto a venezolanos frente al centro de votación en Berlín.

Dos palabras definieron ese momento: esperanza y frustración.

Esperanza de un futuro mejor, mientras la gente esperaba noticias de sus lugares de origen.

También frustración —profunda y dolorosa frustración— entre aquellos venezolanos en el exterior a quienes les fue negado el derecho al voto por un régimen que temía a las más de ocho millones de voces que se vieron obligadas a abandonar sus hogares.

Dos semanas después, sucedió algo extraordinario.

A pesar de la represión, la censura y la manipulación, Edmundo González , con el aval de María Corina Machado, emergió como el legítimo ganador de las elecciones.

Y en todo el mundo, incluso aquí en Berlín, decenas de miles de venezolanos se unieron, organizados por los comanditos, para documentar la verdad.

Lo vi con mis propios ojos: copias de actas de recuento, coordinación de base y un movimiento impulsado no por el dinero ni por los medios de comunicación, sino por la convicción y el deber cívico.

Algunos dicen que el régimen chavista es inamovible. Pero lo ocurrido el 28 de julio cuenta una historia diferente.

Fue un acto heroico de más de un millón de ciudadanos que demostró que lo imposible es posible cuando la gente se une.

Los venezolanos nos recordaron que ninguna dictadura, por muy arraigada que esté, es invencible.

Durante años, el régimen chavista persiguió a la disidencia y destruyó las instituciones democráticas. Pero a pesar del miedo y la represión,
el pueblo se alzó.

Hablaron fuerte, no sólo con sus votos sino con su inquebrantable compromiso con la verdad y la justicia.

Lamentablemente, las elecciones fraudulentas se están volviendo demasiado comunes en todo el mundo.

Lo que es raro —y poderoso— es la capacidad de demostrar el fraude, y hacerlo con datos y valores democráticos.

Por eso es tan importante la presentación de hoy y el informe titulado “28J: La hazaña ciudadana en la lucha contra la autocracia”.

Este documento no es sólo un relato histórico: es un manual de resistencia, un manual de resiliencia democrática y
un testimonio de la fuerza del coraje cívico.

Al leerlo, recordé lo fácil que es dar por sentada la democracia.

En las democracias sanas, nuestro mayor desafío es ganarnos a los votantes.

En Venezuela, la oposición tuvo que hacer eso y garantizar que la voluntad del pueblo no pudiera ser borrada.

La escala de sus esfuerzos es impresionante:

  • 270.000 testigos en los centros de votación
  • 100.000 empleados para la recolección, escaneo y transporte
  • 60.000 coordinadores de centros de votación
  • 20.000 grupos de trabajo especiales para zonas de alto riesgo

Y todo esto ocurrió bajo un régimen que monopolizó los medios de comunicación, prohibió a los líderes de la oposición volar, negó el acceso a fondos públicos y lanzó campañas de miedo y represión.

En Caracas no hubo carteles de campaña de Edmundo González.

Y, sin embargo, gracias a María Corina Machado y a una red de ciudadanos valientes, su mensaje llegó a millones: a través de autos, barcos, motocicletas y teléfonos inteligentes. De persona a persona. De corazón a corazón.

Aun así, el régimen arrestó a quienes se atrevieron a ayudar. Lo controlaba todo, menos la voluntad popular. Y por eso perdió.

El 28 de julio no fue suerte.

Fue el resultado de una brillante estrategia de base, impulsada por la disciplina , la unidad y un sueño demasiado grande para ser silenciado.

Muchos partidos liberales de todo el mundo podrían aprender de este movimiento.

Como nos recuerda Pedro Urruchurtu, coordinador de Asuntos Internacionales de Vente Venezuela, quien pasó más de 400 días atrapado en una embajada: “La libertad, como cuestión de dignidad, es un tesoro, pero también un deber”

Llevemos ese espíritu adelante. Honrémoslo, no solo con palabras, sino con hechos.

Un año después de las elecciones presidenciales en las que el Consejo Nacional Electoral (CNE) al servicio del chavismo declaró a Nicolás Maduro ganador sin que hasta la fecha haya totalización de resultados, publicación de actas ni auditorías, el régimen festeja haber celebrado el pasado domingo otra farsa electoral con la que no solo ha pretendido legitimar el secuestro de espacios políticos sino también construir una supuesta “nueva oposición” a su medida con personajes totalmente irrelevantes que ni siquiera merecen mención.

Por: José Gregorio Martínez – PanamPost

Este último circo se suma a la puesta en escena del pasado 25 de mayo, cuando se convocó a los venezolanos para hacer comparsa a unas supuestas elecciones regionales y parlamentarias. Quiénes han resultado “ganadores” es lo de menos. La oposición dirigida por María Corina Machado y Edmundo González, que derrotó a Maduro en las urnas el 28 de julio de 2024, no ha participado por razones más que obvias, salvo algunos partidos minoritarios y dirigentes sin escrúpulos que viven como parásitos de la política y no les incomoda cohabitar con una dictadura a cambio de preservar alguna pequeña parcela de poder.

Algunos pocos como Henrique Capriles lograron su cometido. A otros les salió mal la jugada, como fue el caso del exgobernador del estado Zulia, Manuel Rosales. El resto son solo un número: 20 diputados, un gobernador y 50 alcaldes que dicen ser de oposición pero decidieron guardar silencio y dejar de alzar su voz contra el descarado fraude cometido en las presidenciales.

La “nueva oposición” de Maduro

Esta es la “nueva oposición” a la que hoy Nicolás Maduro le tiende la mano para que le ayude a “pasar la página”, tal como señaló este miércoles en una transmisión del canal estatal Venezolana de Televisión (VTV). “A esa nueva oposición, yo, como ellos saben, le extiendo mis manos para el diálogo por el país, para pasar la página de tantos capítulos horribles, de golpes de Estado, llamados a bloqueos, a sanciones, a magnicidios, llamados a intervención militar extranjera, emboscadas contra objetivos sublimes del país”, dijo en medio del festejo por haber logrado una vez más ganar tiempo y aferrarse con poder.

Ahora Maduro da el siguiente paso para repetir la fórmula que por años también aplicó el fallecido Hugo Chávez, procediendo a la creación oficial de esa “nueva oposición” a la medida que solo le ayuda a pasar una página, la del fraude cometido el 28 de julio que el dictador quiere dejar en el olvido. Y si de “diálogos” se trata, hasta la fecha se cuentan más de una docena de negociaciones que solo han servido al régimen para reorganizarse y arreciar la represión y persecución a la verdadera oposición. La lista de incumplimientos por parte de la delegación oficialista es larga. El último experimento de este tipo fue el Acuerdo de Barbados, que la dictadura violó a su antojo.

Cumplido el objetivo, Maduro insta ahora al “trabajo mancomunado por los vecinos” a esa “nueva oposición” que recibirá recursos en sus respectivos espacios de gobierno en la medida en que no incomode al régimen. La próxima jugada será escoger e impulsar la imagen de un supuesto “nuevo líder” de esa “oposición” que permita a la dictadura intentar mostrar una aparente normalidad democrática. No en vano, el jefe de campaña del chavismo, Jorge Rodríguez, afirmó que ha nacido “una nueva interlocución” con un sector de la oposición que, según enfatizó, es el que “tiene los votos”, calificando además como “fantasma” a la coalición dirigida por María Corina Machado y Edmundo González para así intentar quitar del medio a esa verdadera oposición que los derrotó hace un año y los dejó expuestos ante el mundo, obligándolos a cometer el más evidente y descarado fraude.

El pasado 28 de julio se cumplió un año desde que Venezuela vivió una farsa electoral: Edmundo González Urrutia ganó la presidencia en las urnas, pero el dictador Nicolás Maduro se aferró al poder. Lo hizo, entre otras razones, por la falta de acción de la comunidad internacional y ante la mirada atónita de quienes aún creemos en la democracia y la sonrisa complaciente de otros sátrapas —o aspirantes a serlo— en América Latina y más allá, que lo reconocen, lo aplauden y hasta se asocian con él como si de verdad representar al pueblo venezolano.

Por: Juan Esteban Orduz – El País

Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos, recordó ese nefasto aniversario con un trino demoledor: “Maduro NO es el presidente de Venezuela, y su régimen NO es el gobierno legítimo. Maduro es el jefe del Cártel de Los Soles, una organización narcoterrorista que se ha apoderado de un país”. En medio del ruido global, fue un campanazo. Un recordatorio de que la tragedia venezolana no ha terminado.

Aunque la oposición, liderada por María Corina Machado, y el Centro Carter demostraron con actas el fraude, Maduro se quedó tan campante y continúa destruyendo su país, poco a poco y sin consecuencias.

Las cifras lo gritan: el Instituto Nacional de Estadística proyectaba en 2015 que en 2020 el país tendría 32,6 millones de habitantes. En 2024, apenas llegó a 28,5 millones, según Worldometers. La Organización Internacional para las Migraciones estima que unos 2,8 millones de venezolanos han emigrado solo a Colombia. ACNUR calcula que han salido del país 7,9 millones. Una pérdida demográfica devastadora.

La violencia y el colapso institucional son el corazón de esta debacle. La tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes pasó de 21 en 1998 a 92 en 2017. El régimen asegura que hoy está en 4,1 —menos que en Uruguay o EE UU—, pero la opacidad de los datos oficiales impide darle credibilidad. La mortalidad infantil, que había mejorado de 22 muertes por cada 1.000 nacidos vivos en 1994 a 14,2 en 2014, se disparó nuevamente a 24,9 en 2023, superando incluso los niveles de hace tres décadas.

La corrupción acompaña el deterioro. En 1998, Venezuela ocupaba el puesto 27 entre 180 países en el Índice de Percepción de la Corrupción. En 2024, se ubicaba en el lugar 178, solo por encima de Somalia y Sudán del Sur. Este caldo de impunidad y miseria ha alimentado organizaciones criminales como el Tren de Aragua, con unos 7.000 miembros que operan en Venezuela, Colombia, Perú, Chile, Brasil, Ecuador, Bolivia, México y Estados Unidos.

Todo esto ocurre en un país con las mayores reservas probadas de petróleo del planeta. La producción pasó de 3,2 millones de barriles diarios en el año 2000 a 527.000 en 2020. En 2024, apenas alcanzó los 873.000. Y con el colapso petrolero se vino abajo también la economía.

Aun así, el 28 de julio de 2024, más del 66% de los venezolanos votaron por Edmundo González Urrutia. Pero Maduro desconoció abiertamente los resultados. Y nada pasó. La indiferencia —o la complicidad— de algunos gobiernos de la región dejó sin respaldo a millones de venezolanos que creyeron en las urnas. Como si fuera poco, antes y después de la elección, el régimen ha perseguido, encarcelado y hasta torturado a sus opositores. Ni la madre octogenaria de María Corina Machado, Corina Patiño, se salvó del acoso. Periodistas, activistas, líderes políticos, ciudadanos comunes. Nadie.

Según Human Rights Watch, entre el 29 de julio y septiembre de 2024, el régimen detuvo a 1.580 presos políticos; 114 de ellos eran niños.

Por eso no podemos normalizar lo inaceptable. Mantener el foco internacional en Venezuela, presionar por la restauración de su institucionalidad y castigar a quienes la han destruido, es esencial. Estados Unidos debería revisar su política de deportaciones. En lugar de castigar a venezolanos trabajadores y sin antecedentes ni cuentas pendientes con la justicia, Washington podría ayudar a crear condiciones para su retorno digno y seguro y desbancar a Maduro.

Las sanciones de OFAC, la recompensa de 25 millones de dólares por Maduro, la designación del Cártel de Los Soles como organización terrorista: todo eso puede ser útil si se aplica con rigor. No es momento de bajar la guardia. La destrucción de Venezuela no puede convertirse en “parte del paisaje” para Estados Unidos ni para la región.

Un venezolano me dijo una vez, medio en broma, que “Chávez nos llevó al borde del abismo. Pero con Maduro dimos un paso adelante”. Y cuando se revisan los datos con frialdad, se entiende que la tragedia venezolana no es solo política: es demográfica, económica, sanitaria, ética y humana.

Y Maduro es su rostro.

Los agentes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) trabajan en las fronteras de Estados Unidos, tanto terrestres como aéreas y marítimas, para impedir el ingreso de amenazas al país.

El Nacional

Con base en la información oficial del gobierno, a continuación figura la lista con las siete nacionalidades a las que CBP más les niega la entrada en los aeropuertos estadounidenses.

A menudo, los funcionarios estadounidenses rechazan el ingreso de viajeros por distintos motivos, y algunas nacionalidades son más propensas a recibir la negativa que otras. Ya sea por razones económicas como de seguridad nacional, lo cierto es que CBP presta particular atención a los viajeros de ciertos países.

A partir del análisis de datos proporcionados por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés), las siguientes siete nacionalidades son a las que CBP les niega más la entrada en los aeropuertos de Estados Unidos:

  1. México: a pesar de que muchos cuentan con visas de turismo o negocios (B1/B2), CBP niega el ingreso a miles cada año por sospechas de intención de quedarse ilegalmente, trabajar sin autorización o por no demostrar vínculos suficientes con su país de origen
  2. India: los ciudadanos indios también enfrentan altos niveles de inadmisión, muchas veces relacionados con el uso inadecuado de visas
  3. Colombia: las negativas suelen estar relacionadas con preocupaciones sobre migración económica
  4. China: los viajeros provenientes de China han estado bajo un mayor escrutinio en los últimos años, especialmente por razones geopolíticas y de seguridad nacional
  5. República Dominicana: los ciudadanos dominicanos enfrentan una tasa elevada de negaciones de entrada, particularmente cuando no logran demostrar lazos sólidos con su país que garanticen el retorno
  6. Haití: CBP suele negarles la entrada al detectar inconsistencias o falta de recursos económicos para sostener su estadía
  7. Venezuela: las autoridades migratorias prestan especial atención a la intención real del viaje, y a veces niegan el ingreso por temor a que la persona busque quedarse de forma indefinida

El siglo XXI ha sido testigo de súper terremotos que han dejado una huella imborrable en la historia, no solo por su magnitud, sino por sus consecuencias humanas, económicas y sociales. Según el USGS, desde el año 2000, al menos siete terremotos han superado la magnitud 8.5, cada uno ofreciendo lecciones valiosas sobre cómo enfrentar estos desastres. Este reportaje repasa tres de los más significativos —Sumatra 2004, Chile 2010 y Tohoku 2011— y analiza las lecciones que han transformado la preparación y respuesta global.

MFM

Los súper terremotos no solo sacuden la tierra, sino también las estructuras sociales y económicas. Sus efectos, desde tsunamis hasta crisis humanitarias, han obligado a gobiernos, científicos y comunidades a replantear estrategias de mitigación. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que la preparación previa y la respuesta coordinada son clave para reducir víctimas. Este análisis se centra en los eventos más impactantes y cómo han moldeado nuestra comprensión de los desastres sísmicos.

Eventos clave y sus consecuencias

El 26 de diciembre de 2004, un terremoto de magnitud 9.1 frente a la costa de Sumatra, Indonesia, desencadenó uno de los tsunamis más mortíferos de la historia. Según el Centro Nacional de Alerta de Tsunamis de la NOAA, el tsunami afectó a 14 países, matando a más de 230,000 personas y desplazando a millones. La falta de un sistema de alerta en el Océano Índico fue un factor crítico, ya que muchas comunidades no recibieron advertencias a tiempo. Este desastre llevó a la creación del Sistema de Alerta de Tsunamis del Océano Índico en 2006, coordinado por la UNESCO, que ahora monitorea la región y emite alertas en minutos. La tragedia también resaltó la necesidad de educación pública, ya que muchos no reconocieron las señales de un tsunami, como el retroceso del mar.

El 27 de febrero de 2010, un terremoto de magnitud 8.8 golpeó la región del Maule, Chile. Según el Gobierno de Chile, el evento causó 525 muertes, dañó más de 370,000 viviendas y generó un tsunami que afectó la costa. Chile, con una larga historia de actividad sísmica, estaba relativamente preparado, pero el tsunami sorprendió a comunidades costeras, evidenciando fallos en la comunicación de alertas. Como resultado, el Servicio Nacional de Geología y Minería de Chile fortaleció los sistemas de evacuación y los protocolos de respuesta, implementando simulacros regulares y mejorando la infraestructura de monitoreo.

El terremoto de Tohoku, Japón, el 11 de marzo de 2011 (Mw 9.0), es quizás el más conocido del siglo por sus consecuencias múltiples. Además de un tsunami que mató a más de 15,000 personas, según el Gobierno de Japón, el evento provocó el desastre nuclear de Fukushima. La Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA) detalla cómo la fusión de reactores liberó radiación, desplazando a decenas de miles y generando un debate global sobre la seguridad nuclear. Japón, con su avanzada infraestructura antisísmica, sufrió menos daños estructurales, pero el tsunami superó las defensas costeras. Esto llevó a mejoras en los muros de contención y protocolos de evacuación, según la Japan Meteorological Agency.

Cada uno de estos eventos tuvo impactos únicos. En Sumatra, la falta de preparación amplificó las pérdidas, mientras que en Chile y Japón, la experiencia previa mitigó parte del daño, aunque no evitó tragedias. La UNICEF destaca que los niños son especialmente vulnerables en estos desastres, enfrentando riesgos como la pérdida de acceso a educación y salud. Por ejemplo, en Sumatra, miles de escuelas fueron destruidas, afectando a generaciones de estudiantes.

Lecciones para el futuro

Los súper terremotos del siglo XXI han dejado lecciones claras. Primero, la importancia de los sistemas de alerta temprana. Tras Sumatra, el sistema de la UNESCO ha salvado vidas al alertar a comunidades en tiempo real. Segundo, la preparación comunitaria es esencial. Japón ha demostrado que los simulacros regulares y la educación pública pueden reducir significativamente las víctimas, como se vio en Tohoku, donde muchas personas evacuaron a zonas altas antes de la llegada del tsunami (Japan Meteorological Agency). La OMS enfatiza que la coordinación entre gobiernos, ONGs y comunidades es crucial para una respuesta efectiva, especialmente en la distribución de ayuda humanitaria.

Económicamente, los costos son astronómicos. Un estudio de Swiss Re estima que el terremoto de Tohoku generó pérdidas de más de 210 mil millones de dólares, lo que lo convierte en uno de los desastres naturales más costosos de la historia. Los efectos psicológicos también son profundos. La Asociación Americana de Psicología (APA) señala que el estrés postraumático y la ansiedad afectan a las comunidades durante años, especialmente en áreas donde la reconstrucción es lenta.

Otro aspecto crítico es el impacto ambiental. El tsunami de 2004 destruyó manglares y corales, afectando la biodiversidad y los medios de vida locales, según la UNEP. En Fukushima, la contaminación radiactiva tuvo efectos a largo plazo en la pesca y la agricultura. Estos desastres han impulsado políticas de sostenibilidad en la reconstrucción, como la restauración de ecosistemas costeros.

Las lecciones de estos eventos han transformado la gestión de desastres. Países como Chile y Japón han compartido su experiencia con otras naciones, promoviendo códigos de construcción más estrictos y sistemas de alerta avanzados. Sin embargo, las regiones de bajos ingresos enfrentan desafíos para implementar estas medidas, lo que resalta la necesidad de cooperación internacional. El Pew Research Center señala que la inversión en ciencia y educación es fundamental para construir resiliencia. Mientras los súper terremotos sigan siendo una realidad, las lecciones del pasado nos guían hacia un futuro donde el impacto humano y material puede ser significativamente menor.

Los súper terremotos, definidos como aquellos con una magnitud superior a 8.0 en la escala de momento (Mw), son fenómenos naturales que liberan una energía colosal, capaz de transformar paisajes y comunidades en minutos.

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Según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), un terremoto de magnitud 9.0 puede liberar energía equivalente a 32,000 bombas atómicas como la de Hiroshima. Estos eventos, aunque raros, ocurren con suficiente frecuencia como para requerir una comprensión profunda de sus causas, impactos y las herramientas científicas que nos ayudan a enfrentarlos. Este reportaje explora las fuerzas geológicas detrás de los súper terremotos, los factores que amplifican su destructividad y los avances que permiten mitigar sus efectos, ofreciendo una mirada accesible a un fenómeno que nos recuerda la potencia de la Tierra.

Súper terremotos como el de Valdivia, Chile, en 1960 (Mw 9.5), el más potente registrado, o el de Sumatra en 2004 (Mw 9.1), han marcado la historia por su capacidad para generar no solo temblores masivos, sino también tsunamis devastadores, deslizamientos de tierra y daños a largo plazo. La Universidad de California, Berkeley explica que estos eventos son el resultado de procesos tectónicos que acumulan energía durante décadas o incluso siglos. Comprenderlos no solo es una cuestión científica, sino una necesidad para salvar vidas y proteger comunidades. Los súper terremotos nos desafían a combinar conocimiento geológico con preparación práctica, un esfuerzo que ha evolucionado significativamente en las últimas décadas.

Causas y factores de impacto

Los súper terremotos ocurren principalmente en zonas de subducción, donde una placa tectónica se desliza lentamente bajo otra, acumulando tensión en la interfaz de la falla. Cuando esta tensión se libera, genera ondas sísmicas que propagan la energía a través de la corteza terrestre. Según el USGS, el terremoto de Valdivia ocurrió debido a la subducción de la placa de Nazca bajo la placa Sudamericana, con una ruptura que se extendió por más de 1000 kilómetros. Este evento desencadenó un tsunami que cruzó el Pacífico, afectando lugares tan lejanos como Japón y Hawái. La profundidad del hipocentro también juega un papel crucial: los terremotos superficiales, como el de Sumatra en 2004 (Mw 9.1), tienden a ser más destructivos porque la energía se libera cerca de la superficie, según el EarthScope Consortium.

El impacto de un súper terremoto no depende solo de su magnitud. Factores como la densidad poblacional, la calidad de las construcciones y la preparación de las comunidades determinan las consecuencias. Por ejemplo, el terremoto de Tohoku, Japón, en 2011 (Mw 9.0) generó un tsunami que causó más de 15,000 muertes y pérdidas económicas de 210 mil millones de dólares, según el Gobierno de Japón. En contraste, el terremoto de Alaska de 1964 (Mw 9.2) tuvo menos víctimas debido a la baja población en la región afectada (USGS). La Organización Mundial de la Salud (OMS) destaca que las construcciones deficientes en áreas urbanas densas, como en el terremoto de Haití de 2010, amplifican las pérdidas humanas.

El tipo de suelo también influye. Los suelos blandos, como los de Ciudad de México, amplifican las ondas sísmicas, como se vio en el terremoto de 1985 (Mw 8.0), según el Instituto Geográfico Nacional de España. Además, los tsunamis generados por súper terremotos en zonas costeras pueden ser más letales que el temblor mismo. El tsunami de 2004 en el Océano Índico, por ejemplo, destruyó ecosistemas costeros y desplazó a millones, según un informe de la Organización de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP). Otros efectos secundarios, como deslizamientos de tierra o licuefacción del suelo, también agravan el daño, especialmente en regiones montañosas o con suelos saturados de agua.

Avances científicos y preparación

Aunque predecir el momento exacto de un súper terremoto sigue siendo un desafío, los avances científicos han mejorado nuestra capacidad para detectar, monitorear y mitigar sus efectos. Los sistemas de alerta temprana (EWS) son un ejemplo clave. En Japón, el sistema operado por la Japan Meteorological Agency detecta ondas primarias (P) y envía alertas a teléfonos y televisiones en segundos, dando tiempo para evacuar. México implementó un sistema similar tras el terremoto de 1985, que ha salvado vidas en eventos posteriores, según el Servicio Geológico Mexicano. Estos sistemas aprovechan la diferencia de velocidad entre las ondas sísmicas y las señales electrónicas, proporcionando hasta un minuto de advertencia en algunos casos.

El monitoreo satelital también ha revolucionado la sismología. Tecnologías como el radar interferométrico (InSAR), utilizadas por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía de México (INEGI), permiten mapear deformaciones del terreno con precisión milimétrica, como se hizo tras el terremoto de Puebla en 2017. Estas imágenes ayudan a evaluar daños y planificar la reconstrucción. Además, el análisis de big data y la inteligencia artificial están comenzando a identificar patrones sísmicos que podrían mejorar la predicción de réplicas, según un estudio de la Universidad de Stanford.

La preparación comunitaria es igualmente crucial. La UNICEF promueve simulacros y educación en escuelas para enseñar a niños y familias cómo reaccionar ante un sismo. En Japón, tras el terremoto de Kobe en 1995 (Mw 6.9), se implementaron códigos de construcción más estrictos, reduciendo significativamente el colapso de edificios en eventos posteriores, como Tohoku en 2011 (Japan Meteorological Agency). La OMS advierte que los riesgos secundarios, como brotes de enfermedades por interrupciones en el suministro de agua, son comunes tras súper terremotos, como ocurrió en Haití en 2010. Programas de vacunación y distribución de agua potable son ahora prioridades en las respuestas humanitarias.

El impacto ambiental también es un aspecto crítico. Los súper terremotos pueden alterar ecosistemas, como ocurrió en Sumatra en 2004, donde los corales y manglares sufrieron daños masivos (UNEP). La recuperación de estos ecosistemas puede tomar décadas, afectando la pesca y el turismo. Además, los deslizamientos de tierra pueden bloquear ríos, creando riesgos de inundaciones secundarias, como se observó en el terremoto de Wenchuan, China, en 2008 (USGS).

La ciencia también enfrenta limitaciones. Aunque los modelos tectónicos han mejorado, la predicción precisa de un súper terremoto sigue siendo inalcanzable, según la Universidad de California, Berkeley. Sin embargo, la combinación de monitoreo avanzado, educación pública y políticas de construcción está reduciendo el impacto de estos eventos. Por ejemplo, Japón ha invertido en amortiguadores sísmicos para edificios, una tecnología que absorbe parte de la energía sísmica (Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST)).

La preparación no solo depende de la tecnología, sino de la voluntad política y social. Países con recursos limitados enfrentan mayores desafíos para implementar estas medidas, lo que resalta la importancia de la cooperación internacional. La UNICEF enfatiza que la educación y los simulacros pueden ser igual de efectivos que las tecnologías costosas en comunidades vulnerables. Mientras la Tierra sigue moviéndose, la ciencia y la preparación trabajan juntas para minimizar el impacto de lo inevitable, ofreciendo esperanza para un futuro más seguro.

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