En una verdadera democracia, es el apoyo popular lo que permite a los políticos llegar al poder, lo que los lleva a gobernar hacia el bien común del país. Sin embargo, en las dictaduras se busca todo lo contrario. Termina siendo un grupo muy reducido de personas, la mayoría de ellas cercanas y de la confianza del dictador, quienes usan el poder para beneficio propio, lo cual los obliga a afianzarse a él a toda costa.
Por: Alessandro Di Stasio – El Nacional
Quizás sea por ello que cuando sus gobiernos se derrumban, la emoción y la esperanza se manifiesta de inmediato en las calles. Miles de personas las toman para exigir un mejor rumbo en la administración gubernamental. Pero muchos de estos cambios de régimen no se podrían producir sin la colaboración activa de los miembros que sostuvieron al régimen autoritario, según Marcel Dirsus, un politólogo alemán que estudió la manera en la que se derrumban las dictaduras y publicó los resultados en su libro “Cómo caen los tiranos: y cómo sobreviven las naciones”.
Desde el año 1950, 473 líderes autoritarios han perdido su poder. Y, al menos en 65% de los casos, han sido derrocados por personas dentro del propio gobierno. Ocurrió con Nicolae Ceaușescu, que gobernó Rumanía durante dos décadas hasta que en 1989, en medio de protestas masivas ciudadanas, perdió el apoyo de quienes lo sostenían en el poder: los militares. Otro caso similar sucedió en Brasil, cuando las fuerzas de seguridad dejaron de apoyar a la dictadura militar luego de negociaciones secretas con la oposición que les permitió obtener amnistía por sus crímenes cometidos en el pasado.
No obstante, de acuerdo con Dirsus, hay un factor clave para que estos procesos funcionen: las personas, desde los ciudadanos que protestan hasta los hombres de armas que sostienen al tirano, deben estar convencidos de que existe una verdadera posibilidad de que éste pueda caer. “Crear esa impresión es clave”, explicó el politólogo alemán en entrevista con El Nacional.
—En su libro «Cómo caen los tiranos: y cómo sobreviven las naciones», usted analiza varios casos de dictaduras que han perdido su poder. ¿Cuáles son los factores más recurrentes que, según su investigación, han demostrado ser comunes cuando caen los regímenes dictatoriales? ¿Existen «puntos de inflexión» o eventos específicos que comúnmente desencadenan la inestabilidad que lleva al fin de una tiranía?
—Las dictaduras sobreviven cuando pueden mantener una impresión de inevitabilidad. Cuando la gente piensa genuinamente que podría haber una alternativa, que el tirano podría caer, a menudo lo hace. Y cuando sucede, puede ocurrir muy rápidamente porque estos regímenes rara vez tienen una legitimidad genuina. No hay un único factor determinante. Tomemos la caída de Bashar al-Assad: Cuando los soldados en Damasco se dieron cuenta de que el déspota sirio realmente podía perder el poder, algunos de ellos simplemente tiraron sus uniformes a un lado de la carretera en lugar de luchar por él.
—Las dictaduras a menudo mantienen el poder a través de la represión y el miedo, lo que puede crear una sensación de estabilidad. Sin embargo, ¿son las dictaduras realmente estables? ¿Qué ideas surgen de la experiencia de los casos que usted estudió?
—Todo gobernante depende de otros para mantener el poder. La pregunta es: ¿Cuántas personas necesitas y quiénes son? En democracias funcionales, los líderes necesitan el apoyo de una parte comparativamente grande de la población porque necesitan ganar elecciones libres y justas. Pero en Corea del Norte, por ejemplo, Kim Jung-un solo necesita 200 o 300 familias para mantenerse en el cargo. En cierto sentido, eso suena cómodo. Debido a que los dictadores solo necesitan una pequeña parte de la población para mantener el poder, tienen más margen de maniobra. Pero en última instancia, esto significa que las dictaduras nunca pueden ser verdaderamente estables. Los líderes democráticos pueden perder cientos de miles de votantes, pero si el presidente ruso Vladimir Putin pierde el apoyo de incluso 30 generales claves, todo podría terminar.
—¿Qué papel juegan las fisuras dentro del círculo íntimo del dictador y las élites militares en el colapso de una dictadura? ¿Cómo se mantienen leales estos grupos al dictador, o cuándo deciden oponerse a él? ¿Podría compartir ejemplos concretos de su libro que ilustren este punto?
—Si los dictadores pierden a las élites del palacio (en referencia a la sede del gobierno), pierden el poder. Sabiendo esto, los tiranos utilizan tanto la represión como la corrupción para mantenerlos (a los funcionarios y a las élites económicas) de su lado. Si una empresa estatal se privatiza, el asesor del presidente podría obtenerla por debajo del valor de mercado. Si la capital necesita un nuevo aeropuerto, un aliado lo construye. Y si se puede ganar dinero con las drogas, que la policía lo controle. Y si alguien aún se desvía, el dictador se asegura de que haya un alto precio que pagar. Estas élites tienden a oponerse al dictador bajo dos circunstancias: porque creen que pueden obtener un mejor trato bajo un nuevo liderazgo o porque sienten que están en riesgo. Esto puede suceder durante las purgas, por ejemplo. Cuando comienza una purga, los ministros del tirano se sientan alrededor de una mesa preguntándose qué podría pasar después. Cuando uno de sus colegas es enviado a prisión por deslealtad percibida por el dictador, es posible que no se opongan. Porque ahora que el ministro de Transporte (por mencionar un ejemplo) ya no está, el mismo pastel se divide en menos trozos. Si las cosas les va bien, podrían robar aún más dinero a su gente. Pero a medida que más y más colegas desaparecen, los ministros restantes pueden decidir unirse para oponerse al dictador porque no quieren ser los próximos. Gestionar a estas élites es un arte y una ciencia.
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