Morfema Press

Es lo que es

Armando Esteban Quito

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, considera que el modelo aplicado en Venezuela, tras la captura del ex dictador Nicolás Maduro, podría servir de referencia para la transición política en Irán tras la muerte del ayatolá Ali Khamenei. Según explicó en una entrevista con The New York Times, el mandatario afirmó contar con “tres buenas opciones” para liderar el país persa, aunque evitó revelar identidades y subrayó que la estrategia dependerá de la evolución del conflicto militar.

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Durante la conversación, Trump describió cómo la operación en Venezuela, que culminó con la remoción de Maduro pero mantuvo buena parte de la estructura gubernamental, representa para él un “escenario perfecto” de transición. “Lo que hicimos en Venezuela, creo, es el escenario perfecto, el perfecto”, sostuvo. En ese caso, la intervención estadounidense permitió que el máximo líder fuera apartado, mientras el resto del aparato estatal permanecía, aunque dispuesto a colaborar pragmáticamente con Washington.

El presidente estadounidense indicó al NYT que, aunque existen importantes diferencias entre ambos países, ve en la experiencia venezolana un posible patrón de acción para Irán. Subrayó que la operación en Teherán sería “mucho más compleja y arriesgada” que en Caracas, debido tanto a las capacidades militares iraníes como a la existencia de un programa nuclear activo y profundas divisiones sociales en la sociedad iraní. Según Trump, el liderazgo clerical y militar de Irán ejerce un control férreo desde 1979, lo que convierte cualquier intento de transición en un proceso sumamente delicado.

Trump aseguró que tiene “tres excelentes opciones” para encabezar un futuro gobierno iraní, pero optó por no divulgar nombres durante la entrevista. Al ser consultado sobre si Ali Larijani, jefe de seguridad nacional y figura clave en las negociaciones nucleares con Estados Unidos, podría asumir el liderazgo, el presidente estadounidense prefirió no pronunciarse. Larijani, recientemente sancionado por la administración Trump por su papel en la represión de protestas, anunció la creación de un comité interino que dirigirá Irán hasta la elección de un sucesor definitivo.

En el transcurso de la entrevista, Trump alternó entre diferentes escenarios para la transición de poder en Irán. Por un lado, sugirió que las fuerzas de élite, incluidos los veteranos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, podrían rendirse ante la población tras la muerte de Khamenei. “Realmente se rendirían ante el pueblo, si lo piensas bien”, declaró, aunque reconoció que estas mismas fuerzas han protagonizado episodios de represión violenta contra manifestantes, especialmente el grupo Basij, responsable de miles de muertes en recientes protestas.

Por otro lado, el mandatario estadounidense planteó la posibilidad de un levantamiento popular, indicando que la decisión sobre el futuro político del país dependerá de su ciudadanía. “Eso dependerá de ellos si lo hacen o no. Llevan años hablando de ello, así que ahora obviamente tendrán una oportunidad”, afirmó. Este planteamiento contrasta con la idea de una transición pactada y dirigida, como la experimentada en Venezuela.

Trump también abordó el aspecto militar del conflicto, resaltando que el Pentágono dispone de suficientes efectivos, misiles y bombas para mantener la ofensiva sobre Irán por un periodo de “cuatro a cinco semanas”, si las circunstancias lo exigen. “Tenemos enormes cantidades de munición. Tenemos munición almacenada en diferentes países del mundo”, enfatizó. Aunque algunos estrategas militares han advertido sobre el posible agotamiento de las reservas estadounidenses, el presidente rechazó que esto represente una dificultad inmediata.

En cuanto a la participación internacional, Trump manifestó que no considera necesario el apoyo de los estados árabes del Golfo Pérsico en la campaña contra Irán, a pesar de los recientes ataques de Teherán a esos países y a Israel con misiles y drones. Según el presidente, la coordinación entre Estados Unidos e Israel basta para sostener la presión militar sobre el régimen iraní.

Desde su residencia en Mar-a-Lago, Trump informó que las fuerzas estadounidenses e israelíes han eliminado a varios líderes militares iraníes, provocando un vacío de poder. Según aseguró, “hemos destruido una gran parte de la armada iraní, incluidos nueve barcos y el cuartel general de la marina”. El presidente anticipó que la ofensiva podría causar más bajas estadounidenses y citó proyecciones del Pentágono: “Esperamos que haya víctimas. Tres son tres de más, en mi opinión. Si se fijan en las proyecciones, las proyecciones son muchas, podría ser bastante más alto”.

En relación a la política de sanciones, Trump dejó abierta la puerta a su levantamiento si el nuevo liderazgo iraní demuestra intenciones de cooperación y pragmatismo. No obstante, evitó especificar medidas concretas para apoyar a la población iraní en una eventual transición, argumentando que “es demasiado pronto” para comprometerse. “Tenemos trabajo por hacer y lo hemos hecho muy bien. Diría que vamos bastante adelantados respecto al cronograma”, añadió.

La entrevista concluyó cuando Trump anunció que debía reunirse con altos mandos militares y, posteriormente, regresó a Washington para continuar la supervisión de la operación. Las palabras del presidente reflejan tanto la complejidad estratégica como la incertidumbre respecto a la viabilidad de replicar modelos de transición en contextos políticos y culturales tan diferentes como los de Venezuela e Irán. Mientras tanto, la ofensiva militar y la pugna por el liderazgo en Teherán continúan abiertos.

Varias explosiones se registraron en ciudades de Israel y el Golfo Pérsico, tras el lanzamiento de drones y misiles desde Irán, en el tercer día consecutivo de ataques por parte de la República Islámica. El impacto de los proyectiles y drones sacudió a urbes como Abu Dabi, Dubái, Doha, Manama, la Ciudad de Kuwait y zonas del centro y sur de Israel, según testigos y reporteros de la AFP. Esta escalada militar ha generado alarma en una región que históricamente se percibía como un enclave de estabilidad dentro de Oriente Medio.

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Las autoridades de Baréin confirmaron la muerte de una persona tras la caída de restos de un misil interceptado en la ciudad portuaria de Salman, lo que elevó a cinco el número total de fallecidos en el Golfo desde el sábado. El incidente también dejó dos heridos graves. El Ministerio del Interior de Baréin detalló que el incendio se originó en un barco extranjero, mientras que la infraestructura civil —incluidos aeropuertospuertos marítimosedificios residenciales y hoteles— ha sufrido daños en distintos puntos de la región.

En Kuwait, se reportaron explosiones y columnas de humo negro cerca de la embajada de Estados Unidos en la capital. Aunque la sede diplomática no confirmó haber sido blanco directo, emitió un comunicado de seguridad solicitando a los ciudadanos mantenerse alejados y subrayó la “amenaza persistente” de ataques con misiles y drones. El Ministerio del Interior precisó que las fuerzas de defensa aérea interceptaron varios drones al amanecer, asegurando que la situación en el país es estable y sin motivo de alarma. El Ministerio de Salud informó que al menos 32 extranjeros resultaron heridos en los ataques previos.

En Irak, se escucharon explosiones cerca del aeropuerto de Erbil, que alberga tropas de la coalición liderada por Estados Unidos y un complejo consular estadounidense. Un fotógrafo de la AFP presenció cómo los sistemas de defensa aérea derribaron drones en las inmediaciones del aeropuerto. Desde el inicio de la campaña militar de Estados Unidos e Israel contra Irán, las interceptaciones de drones se han repetido en esa zona.

En el caso de Israel, los servicios médicos reportaron que no hubo heridos tras el último lanzamiento de misiles balísticos iraníes contra el centro y sur del país, incluyendo la zona de Jerusalén. El Comando del Frente Interno de las Fuerzas de Defensa de Israel permitió a la población abandonar los refugios antiaéreos, aunque recomendó permanecer cerca de ellos ante la posibilidad de nuevos ataques.

Por su parte, la Guardia Revolucionaria iraní comunicó este lunes la realización de una nueva oleada de ataques contra diversos objetivos gubernamentales y militares en territorio israelí. En un comunicado difundido por la agencia Tasnim, el cuerpo de élite iraní afirmó que la “décima oleada de la operación ‘Promesa Verdadera 4’”, con el despliegue de misiles Jeibar, tuvo como blancos el complejo gubernamental en Tel Aviv, así como centros militares y de seguridad ubicados en Haifa y Jerusalén Este.

Medidas en el Golfo Pérsico

Seis estados del Golfo Pérsico anunciaron que adoptarán todas las medidas necesarias para defenderse frente a los ataques atribuidos a Irán, según un comunicado emitido tras la reunión del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) celebrada el domingo. Los ministros de Exteriores de Emiratos árabes Unidos, Baréin, Arabia Saudita, Omán, Qatar y Kuwait analizaron los “cuantiosos daños resultantes de los traicioneros ataques iraníes” y debatieron medidas para restablecer la estabilidad en la región.

Los miembros del CCG subrayaron que, en caso de ser necesario, podrían “responder a la agresión” como parte de su estrategia para proteger “sus territorios, ciudadanos y residentes”. El comunicado también exigió la “inmediata cesación de estos ataques” y recordó que la estabilidad del Golfo representa un “pilar fundamental de la estabilidad económica mundial”.

Los ataques atribuidos a Irán incluyeron el lanzamiento de misiles y drones contra varios objetivos en la región, donde Estados Unidos mantiene bases militares. Estas acciones ocurrieron después de una campaña militar liderada por Washington y Israel que provocó la muerte del líder supremo de la república islámica, el ayatolá Alí Jamenei.

El gendarme argentino Nahuel Gallo fue liberado después de 448 días de una pesadilla inenarrable en Venezuela. El cabo primero de la Gendarmería Nacional Argentina dejó la cárcel El Rodeo 1, donde estuvo secuestrado sin comunicación con su familia, sin un proceso formal público, ni asistencia legal propia ni consular.

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Gallo fue víctima de desaparición forzada por una dictadura narcoterrorista que fue descabezada y que abrió sus cárceles como un gesto calculado, después de la espectacular incursión militar que llevó desde Caracas a Nueva York a Nicolás Maduro. Tres semanas después del ese operativo, y en medio de un proceso de liberaciones que lleva adelante el régimen, el argentino retornó al país para reencontrarse con su pequeño hijo, Víctor, con su pareja, María Alexandra, y con su madre, Griselda, que no se doblegaron y reclamaron sin respiro su liberación. Fueron 428 días. 10.750 horas interminables.

El primer indicio de su liberación había ocurrido esta misma semana, cuando pudo comunicarse por primera vez con su mujer, María Alexandra. Ocurrió en medio de una entrevista radial. Infobae habló con ella poco después. Por el teléfono se escuchaban risas, alegrías y una mezcla de alivio y esperanza. Esa llamada había confirmado dos cosas, después de tanta desolación: que Agustín Nahuel Gallo estaba vivo y que, efectivamente, estaba en El Rodeo 1.

Para que esa comunicación ocurriera, pasaron muchas cosas, pero una fue central: todos los extranjeros que estaban allí comenzaron una huelga de hambre para exigir que se les aplique a ellos tambien la ley de amnistía que el régimen había aprobado para los presos políticos. Habían pasado varios días sin comer y el régimen decidió aflojar las cadenas. Es una apertura, sin embargo, que se logró por necesidad y urgencia, más que por convicción.

La caída de Maduro y la liberación

Todavía está vivo el recuerdo del operativo militar que sacó a Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, de su alcoba para llevarlos a los tribunales estadounidenses para dar cuenta de sus crímenes de Estado y de los otros, principalmente, conspiración, narcotráfico y terrorismo.

La noticia llegó como llegan las cosas que durante mucho tiempo se temieron imposibles: con alivio, pero también con cautela. Para la familia, la confirmación fue una explosión de alegría inmediata y un alivio después de una pesadilla interminable, donde los peores miedos aparecieron una y otra vez. Es que Gallo no estuvo detenido: fue víctima de desaparición forzada, de un secuestro político.

Para comprender el espesor real de esos 448 días, hay que retroceder. Volver al punto exacto en el que la espera dejó de ser una expectativa y pasó a ser un abismo. Volver al día en que Nahuel debía llegar y nunca llegó.

Pero antes de reconstruir esa historia, hay que recordar que el gendarme fue un instrumento de la narcodictadura venezolana para desafiar a la Argentina gobernada por Javier Milei, quien siempre mantuvo una posición crítica sobre la naturaleza ilegal e ilegítima del régimen. En el medio de esta historia tenebrosa hubo acusaciones infundadas de magnicidio, la embajada en Caracas asediada, la ruptura de relaciones diplomáticas y una confrontación abierta.

La reconstrucción de un calvario

María Alexandra Gómez lo esperaba en Anzoátegui, adonde vivía entonces su madre y a quien había ido a visitar. Era febrero y hacía calor. La casa estaba ordenada de una manera especial, no perfecta, sino preparada. Víctor, que tenía poco más de un año, no entendía del todo qué significaba esa espera, pero percibía el clima. Los padres habían contado los días para el reencuentro, hablado de horarios, de recorridos, de detalles mínimos. El viaje de Nahuel no tenía ningún misterio: cruzar la frontera, llegar, reencontrarse. Había pedido autorización a la Gendarmería -estaba destinado en Uspallata, Mendoza- realizado todos los trámites correspondientes, como presentar una invitación, autorización especial y tenía previsto ingresar por un paso fronterizo formal.

Ese día, el contacto fue normal al principio. Un mensaje breve y tranquilizador. Un problema menor en la frontera, una demora. Nada que encendiera alarmas. En Venezuela, incluso lo irregular suele presentarse como cotidiano. Con el correr de las horas, el tono cambió. El último mensaje fue corto, impreciso y definitivo: “Me están llevando”. No dijo quiénes. No explicó por qué. No hubo tiempo para preguntas. Después, el silencio.

María Alexandra pasó ese día entero esperando que apareciera, esperando que sonara el teléfono, esperando una explicación mínima. La tarde avanzó sin respuestas. La noche llegó con una sensación que no se parecía a nada conocido. Víctor se durmió sin su papá. Ella no durmió.

Las primeras horas estuvieron atravesadas por la incredulidad. La idea de que se tratara de una detención administrativa, de un trámite migratorio que se resolvería pronto, funcionó como un refugio mental. Durante los primeros días, esa hipótesis permitió sostener la calma. Los días pasaron. Nadie llamó. Nadie explicó nada. Ninguna oficina respondió. El silencio empezó a ocuparlo todo.

Con el correr de los días, la palabra empezó a asomar, primero de manera esquiva, después con más fuerza: desaparición. Mucho tiempo después se supo que Nahuel había recorrido varios centros de detención, hasta que llegó a su sitio defintivo: el penal de El Rodeo I. Saber dónde estaba no trajo alivio. Confirmaba que estaba vivo, pero también que había quedado atrapado en uno de los engranajes más duros del sistema represivo venezolano, un lugar donde el tiempo se estira y la ley no existe.

El Rodeo I es una cárcel donde están alojados presos políticos, mientras que los extranjeros estaban a cargo del temible DGCIM (Dirección General de Contrainteligencia Militar), que forma parte del aparato represivo que comanda el peligroso Diosdado Cabello.

María Alexandra entendió entonces que su vida también había cambiado. Seguía en Anzoátegui, con su hijo pequeño, en un país donde reclamar podía ser peligroso. Empezó a recorrer oficinas, fiscalías, dependencias de seguridad y ámbitos diplomáticos. Cada puerta era una posibilidad mínima. Cada respuesta, cuando existía, era vaga. Promesas sin plazos. Frases hechas. Ninguna certeza.

En febrero tomó una decisión difícil pero inevitable: mudarse a Caracas. No fue una mudanza planificada, sino un movimiento inevitable. Entendió que, si quería seguir reclamando, tenía que estar cerca de los lugares donde se concentraba el poder. Empacó lo indispensable, se llevó a Víctor y dejó atrás la casa donde había esperado a Nahuel. Llegó a una ciudad más hostil, más vigilada, más cargada de tensión.

En Caracas, la rutina se volvió un peregrinaje. Oficinas de gobierno, organismos de seguridad, fiscalías y dependencias diplomáticas. Entrar, explicar, insistir, esperar. Salir sin respuestas. Volver al día siguiente. Repetir. Durante meses, María Alexandra hizo ese recorrido con su hijo de la mano o en brazos. Víctor aprendió a esperar en pasillos, a dormir siestas improvisadas, a adaptarse a una vida sin horarios claros.

Mientras tanto, el régimen avanzaba con su relato. El 6 de enero del año pasado, Nicolás Maduro acusó públicamente a Nahuel Gallo de formar parte de una conspiración para asesinar a Delcy Rodríguez. No presentó pruebas ni abrió una causa judicial real. Fue una acusación política, diseñada para justificar el secuestro y enviar un mensaje. Para María Alexandra, ese fue un punto de inflexión. Entendió que Nahuel no era un detenido común, sino un rehén.

Las amenazas comenzaron a aparecer de manera indirecta: advertencias, silencios que decían más que las palabras, miradas que se repetían, gestos que no necesitaban explicación. La idea de que quedarse en Venezuela ya no era seguro se volvió cada vez más concreta. Pero irse también implicaba un riesgo: salir sin autorización, sin anunciarlo, sin dejar rastros.

Durante esos meses, Víctor siguió creciendo. Dijo nuevas palabras, cambió de talle, empezó a señalar fotos y a decir “papá”. Pasó dos Navidades sin él. En la primera, María Alexandra armó el árbol como pudo. En la segunda, dudó, pero lo hizo por su hijo. Pasaron dos fines de año sin brindis completo, dos veces mirar el reloj a las doce y pensar en alguien que no estaba, dos cumpleaños celebrados sin la presencia que debía estar ahí.

A fines de mayo, la decisión ya estaba tomada: no estaban dadas las condiciones para quedarse. Después de meses de puertas cerradas y silencios calculados, María Alexandra entendió que la lucha debía continuar desde otro lugar. Se organizó entonces un operativo secreto de extracción. No fue una salida común. No hubo anuncios ni despedidas. Participaron el Ministerio de Seguridad argentino —que en ese momento estaba a cargo de Patricia Bullrich—, el apoyo de Estados Unidos y la colaboración de Colombia.

La salida fue por Cúcuta. De allí, el traslado a Bogotá, luego una escala en Panamá y finalmente Buenos Aires. Todo el recorrido se realizó con extremo cuidado, siempre junto a su hijo, Víctor Benjamín, sin margen para errores ni certezas absolutas, con la convicción de que quedarse ya no era una opción.

En paralelo, Nahuel seguía preso.

En El Rodeo I, los días no se contaban: se soportaban. Interrogatorios, traslados, aislamiento. La falta de información era parte del castigo. Durante largos períodos, no supo qué pasaba afuera. No sabía si su pareja y su hijo estaban a salvo. No sabía si alguien seguía reclamando por él. En algún punto, entendió que su libertad no dependía de una causa judicial, sino de una negociación política. Que su cuerpo era una ficha.

No fue el único. En mayo, otro argentino, Germán Giuliano, fue capturado mientras navegaba frente a las costas venezolanas. Dos historias distintas, una misma lógica: extranjeros tomados como rehenes para ganar margen frente a la presión internacional.

Esa presión creció con el paso de los meses: reclamos diplomáticos, denuncias en organismos internacionales, exigencias públicas. Donald Trump reclamó la liberación de presos políticos y extranjeros. El régimen resistía, negociaba, ganaba tiempo.

Hasta que el tablero se rompió.

La incursión militar que terminó con la captura de Nicolás Maduro cambió el escenario. El líder de la dictadura narcoterrorista fue sacado de Caracas y trasladado a Nueva York, donde espera un juicio por narcotráfico. El régimen quedó descabezado. Delcy Rodríguez asumió el control de un gobierno provisional sin legitimidad plena. En ese contexto, liberar rehenes se volvió una necesidad política.

El anuncio lo hizo Jorge Rodríguez. Fue frío y burocrático. Habló de razones humanitarias, evitó reconocer el secuestro y la palabra desaparición forzada.Jorge Rodríguez anuncia excarcelaciones de presos políticos

Para la familia, la noticia no fue un estallido. Fue un alivio tardío, llantos contenidos, incredulidad y miedo a que algo fallara. Después de casi 10.800 horas de secuestro, incluso la alegría necesitará tiempo para asentarse.

Ahora empieza otra cuenta regresiva: la del abrazo, la de un padre que volverá a ver a su hijo después de dos Navidadesdos fines de año, unos 450 días de ausencia forzada. Víctor cumplirá tres años el 21 de enero. A partir de ahora, su papá estará ahí.

La historia de Nahuel Gallo no termina con su liberación. Quedan marcas, secuelas, preguntas. Pero queda algo firme: fue secuestrado por una dictadura narcoterrorista y sobrevivió gracias a la presión internacional y a una familia que nunca aceptó el silencio.

Nahuel volverá. Y con él, una verdad incómoda: mientras existan regímenes que usan personas como rehenes, ningún viaje es solo un viaje. Puede ser una pesadilla.

En las primeras 24 horas del operativo Furia Épica contra Irán, que se ha saldado con la vida del líder supremo, el ayatolá Alí Jameneí, Estados Unidos alcanzó más de 1.000 objetivos iraníes, aunque lamentó la muerte de tres militares estadounidenses.

EFE

Según informó el Comando Central del Ejército de Estados Unidos (Centcom) este domingo, las fuerzas estadounidenses consiguieron golpear más de un millar de objetivos iraníes en las primeras horas de la operación ordenada por el presidente estadounidense, Donald Trump, en la madrugada de este sábado.

La operación Furia Épica, nombre con el que el Pentágono bautizó al operativo conjunto con Israel, busca «desmantelar el aparato de seguridad del régimen iraní, dando prioridad a los lugares que suponen una amenaza inminente», según el comando.

Los ataques se concentran en centros de mando y cuarteles generales, así como bases de misiles y equipamiento de la Armada iraní, aunque Teherán ha denunciado ataques contra civiles, entre ellos en una escuela.

Para esta ofensiva, las fuerzas estadounidenses emplearon una combinación de misiles de crucero lanzados desde buques y aviones de combate, además de drones armados y «capacidades especiales» clasificadas que el Centcom no detalló públicamente.

Las primeras horas de la operación estuvieron marcadas, sin duda, por la muerte del ayatolá, avanzada por Trump y confirmada horas después por la televisión pública iraní.

Además del líder, el operativo también acabó con la vida de gran parte de la cúpula militar iraní.

Irán prometió vengar la muerte de Jameneí, de 86 años, y advirtió que golpeará a EE.UU. e Israel «con una fuerza que nunca antes han experimentado».

Al menos tres militares estadounidenses han muerto y otros cinco han resultado gravemente heridos durante la operación.

El Centcom agregó que varios otros sufrieron heridas leves por metralla y conmociones cerebrales y están en proceso de reincorporarse al servicio.

Según la Media Luna Roja, los ataques de EE.UU. e Israel han provocado al menos 201 muertos y 747 heridos.

Los bombardeos han continuado este domingo con varias oleadas de ataques sobre Teherán. Irán, por su parte, ha respondido con ataques contra Israel, en Tel Aviv y Jerusalén, y otros países de la zona como EAU, Catar, Baréin y Kuwait, donde EE.UU. tiene bases militares.

 José Luis Rodríguez Zapatero, viajó a Arabia Saudí después de tener conocimiento de que la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía Nacional había detectado en ese lugar el rastro de transferencias vinculadas al rescate de 53 millones de euros concedido a Plus Ultra. El Debate publica hoy en exclusiva imágenes que acreditan su estancia exprés en el país árabe. El desplazamiento se produjo cuatro días después de la detención de la cúpula de la aerolínea venezolana, investigada por los delitos de blanqueo de capitales y fraude fiscal.

Por El Debate

Tal y como ha podido saber este periódico, Zapatero aterrizó en Riad el 15 de diciembre y abandonó el país al día siguiente, el 16, en un viaje de menos de 24 horas. El trayecto coincide con una de las líneas de análisis abiertas por la UDEF sobre transferencias internacionales posteriores al rescate. Los investigadores examinan movimientos bancarios detectados en distintos países y Arabia Saudí figura entre los territorios en los que se han localizado operaciones que están siendo objeto de investigación. Los agentes están rastreando el circuito financiero del dinero para determinar si parte de los fondos de la inyección pública que recibió la aerolínea fue desviada a través de estructuras en el extranjero con el fin de dificultar su trazabilidad. Preguntado por este periódico, el expresidente ha evitado aclarar cuál fue el motivo concreto de su desplazamiento.

La relevancia de Arabia Saudí dentro de las pesquisas policiales es un elemento nuevo. La UDEF analiza transferencias realizadas tras la concesión de la ayuda de la SEPI a Plus Ultra y sigue el rastro del dinero en distintos enclaves financieros. El objetivo es reconstruir el recorrido completo de los fondos desde su salida de las arcas públicas hasta su destino final. En términos prácticos, el delito de blanqueo de capitales se configura cuando se oculta o encubre el origen ilícito de dinero mediante operaciones destinadas a introducirlo en el tráfico económico con apariencia legal. Por ello, cada transferencia internacional, sociedad interpuesta y cada cuenta en el extranjero forman parte del análisis técnico que realizan los agentes.

En paralelo, la investigación, como publicó este periódico, ha situado el foco en reuniones mantenidas en la vivienda de Zapatero en Aravaca que, según las pesquisas policiales, sirvieron para abordar decisiones vinculadas a los movimientos de dinero asociados al rescate. En ese inmueble se celebraron encuentros clave en los que participaron el expresidente y el empresario posteriormente detenido. En esas citas se perfilaron estrategias relacionadas con la arquitectura financiera de la operación, incluida la circulación de fondos a través de distintos destinos internacionales. La casa de Zapatero aparece así como uno de los escenarios donde se analizaron las transferencias que ahora examina la UDEF.

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El Ejército de Israel informó este domingo de que destruyó el 50% de los lanzamisiles balísticos de Irán, aproximadamente 200, e impidió la producción de 1.500 misiles.

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Israel añadió que inutilizó otras “docenas” de lanzamisiles tras desmantelar la planta central de producción de explosivos de Irán, que producía el material explosivo de los misiles balísticos y de otros tipos de armas, como cohetes o misiles de crucero.

El Ejército también atacó cuatro instalaciones utilizadas para la producción de motores de misiles balísticos, así como “otros aspectos fundamentales de la industria armamentística iraní”, logrando “resultados significativos que redujeron las amenazas que el eje iraní representaba para Israel y para toda la región”, aseguró su comunicado.

Entre ellos había fábricas que producían sistemas antitanque avanzados e infraestructuras de investigación “únicas”.

Israel también informó este domingo que en los ataques del sábado coordinados con Estados Unidos murieron más de 40 altos mandos del régimen iraní, entre ellos el líder supremo Ali Khamenei. Más tarde, el presidente Trump indicó que fueron 48 los líderes -militares y políticos- muertos en los ataques conjuntos.

“El primer paso de esta operación fue el ataque inicial en el que eliminamos a 40 comandantes superiores, incluido Khamenei, en un minuto en dos lugares diferentes a más de mil millas de Israel a plena luz del día”, dijo el portavoz militar, el teniente coronel Nadav Shoshani, a los periodistas.

En un comunicado divulgado este domingo, el Ejército señaló que en la operación denominada “Rugido del León”, fueron abatidos siete miembros de la alta dirección de seguridad iraní. Entre los objetivos alcanzados figura Abdolrahim Mousavi, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Irán y uno de los oficiales más influyentes del aparato militar de ese país.

De acuerdo con el parte oficial, la operación se ejecutó en varias localizaciones de la capital iraní y contó con apoyo directo del área de inteligencia de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF, por sus siglas en inglés). La acción militar, calificada como histórica por las autoridades israelíes, habría permitido eliminar en total a 40 altos mandos iraníes en el inicio de la campaña, una cifra sin precedentes en operaciones previas.

La República Islámica impone reglas estrictas sobre la vida iraní. Esta extensa colección de fotografías muestra la sociedad iraní antes de la Revolución Islámica de 1979 y es obvio que Irán era un mundo muy diferente.

Por: Rare Historical Photos / Traducción libre del inglés de Morfema Press

También era un mundo que se veía más brillante para las mujeres. Y, como todo el mundo sabe, cuando las cosas mejoran para las mujeres, las cosas mejoran para todos. Después de la revolución, los 70 años de avances en los derechos de las mujeres iraníes retrocedieron prácticamente de la noche a la mañana.

La revolución de 1979, que reunió a iraníes de muchos grupos sociales diferentes, tiene sus raíces en la larga historia de Irán.

Estos grupos, que incluían clérigos, terratenientes, intelectuales y comerciantes, se habían unido previamente en la Revolución Constitucional de 1905-1911.

Sin embargo, los esfuerzos hacia una reforma satisfactoria se vieron sofocados continuamente en medio de las tensiones sociales que resurgían, así como de la intervención extranjera de Rusia, el Reino Unido y, más tarde, los Estados Unidos.

El Reino Unido ayudó a Reza Shah Pahlavi a establecer una monarquía en 1921. Junto con Rusia, el Reino Unido empujó a Reza Shah al exilio en 1941 y su hijo Mohammad Reza Pahlavi asumió el trono.

En 1953, en medio de una lucha de poder entre Mohammed Reza Shah y el primer ministro Mohammad Mosaddegh, la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA) y el Servicio Secreto de Inteligencia del Reino Unido (MI6) orquestaron un golpe contra el gobierno de Mosaddegh.

Años más tarde, Mohammad Reza Shah destituyó al parlamento y lanzó la Revolución Blanca, un agresivo programa de modernización que trastocó la riqueza y la influencia de terratenientes y clérigos, perturbó las economías rurales, condujo a una rápida urbanización y occidentalización, y suscitó preocupaciones sobre la democracia y los derechos humanos.

El programa fue económicamente exitoso, pero los beneficios no se distribuyeron de manera uniforme, aunque los efectos transformadores en las normas e instituciones sociales se sintieron ampliamente.

La oposición a las políticas del sha se acentuó en la década de 1970, cuando la inestabilidad monetaria mundial y las fluctuaciones en el consumo de petróleo occidental amenazaron seriamente la economía del país, aún dirigida en gran parte hacia proyectos y programas de alto costo.

Una década de extraordinario crecimiento económico, fuertes gastos gubernamentales y un auge en los precios del petróleo llevaron a altas tasas de inflación y al estancamiento del poder adquisitivo y el nivel de vida de los iraníes.

Además de las crecientes dificultades económicas, la represión sociopolítica por parte del régimen del sha aumentó en la década de 1970. Los espacios para la participación política eran mínimos, y los partidos de oposición como el Frente Nacional (una coalición flexible de nacionalistas, clérigos y partidos de izquierda no comunistas) y el partido prosoviético Tūdeh («Masas») fueron marginados o ilegalizados.

La protesta social y política a menudo fue respondida con censura, vigilancia o acoso, y las detenciones ilegales y la tortura fueron comunes.

Por primera vez en más de medio siglo, los intelectuales seculares, muchos de los cuales estaban fascinados por el atractivo populista del ayatolá Ruhollah Khomeini, un ex profesor de filosofía en Qom que se había exiliado en 1964 después de hablar duramente contra la reciente decisión del sha programa de reforma—abandonó su objetivo de reducir la autoridad y el poder de los ulama (eruditos religiosos) chiítas y argumentó que, con la ayuda de los ulama, el sha podía ser derrocado.

En este entorno, los miembros del Frente Nacional, el Partido Tūdeh y sus diversos grupos disidentes ahora se unieron a los ulama en una amplia oposición al régimen del sha.

Khomeini continuó predicando en el exilio sobre los males del régimen de Pahlavi, acusando al sha de irreligión y sumisión a las potencias extranjeras.

Miles de cintas y copias impresas de los discursos de Khomeini fueron traídas de contrabando a Irán durante la década de 1970 cuando un número creciente de iraníes desempleados y trabajadores pobres, en su mayoría nuevos inmigrantes del campo, que estaban desencantados por el vacío cultural del Irán urbano moderno, recurrieron a los ulemas para recibir orientación.

La dependencia del sha de Estados Unidos, sus estrechos lazos con Israel —luego involucrado en hostilidades extendidas con los estados árabes mayoritariamente musulmanes— y las políticas económicas poco meditadas de su régimen sirvieron para alimentar la potencia de la retórica disidente con las masas.

Aparentemente, con una economía en rápida expansión y una infraestructura que se moderniza rápidamente, todo iba bien en Irán.

Pero en poco más de una generación, Irán había pasado de una sociedad tradicional, conservadora y rural a una industrial, moderna y urbana.

La sensación de que tanto en la agricultura como en la industria se había intentado demasiado demasiado pronto y que el gobierno, ya sea por corrupción o por incompetencia, no había cumplido todo lo prometido se manifestó en manifestaciones contra el régimen en 1978.

En medio de tensiones masivas entre Khomeini y el Shah, las manifestaciones comenzaron en octubre de 1977, convirtiéndose en una campaña de resistencia civil que incluía elementos tanto seculares como religiosos.

Las protestas se intensificaron rápidamente en 1978 a raíz del incendio del Cine Rex que fue visto como el detonante de la revolución, y entre agosto y diciembre de ese año huelgas y manifestaciones paralizaron el país.

El 16 de enero de 1979, el sha abandonó Irán y se exilió como el último monarca persa, dejando sus deberes a un consejo de regencia y a Shapour Bakhtiar, que era un primer ministro de la oposición.

El gobierno invitó al ayatolá Jomeini a regresar a Irán y regresó a Teherán con el saludo de varios miles de iraníes.

El reinado real se derrumbó poco después, el 11 de febrero, cuando las guerrillas y las tropas rebeldes superaron a las tropas leales al sha en combates callejeros armados, lo que llevó a Jomeini al poder oficial.

El pueblo iraní votó en un referéndum nacional para convertirse en una república islámica el 1 de abril de 1979 y para formular y aprobar una nueva constitución teocrático-republicana mediante la cual Jomeini se convirtió en el líder supremo del país en diciembre de 1979.

La revolución fue inusual por la sorpresa que creó en todo el mundo. Carecía de muchas de las causas habituales de la revolución (derrota en la guerra, crisis financiera, rebelión campesina o militares descontentos).

Además, ocurrió en una nación que estaba experimentando una relativa prosperidad; produjo cambios profundos a gran velocidad; fue enormemente popular; resultó en el exilio de muchos iraníes.

La Revolución reemplazó una monarquía autoritaria secular pro occidental con una teocracia islamista anti occidental basada en el concepto de velayat-e faqih (o Tutela de los juristas islámicos) a caballo entre el autoritarismo y el totalitarismo.

Declarándose el propio mensajero de Alá, la visión del ayatolá Jomeini para Irán fue un retorno a los valores islámicos conservadores y una purga de las influencias occidentales.

Esto implicó una reinterpretación radical de las pautas sociales islámicas y una regresión a los estándares religiosos practicados hace más de mil años. Los modestos derechos que las mujeres habían logrado bajo Shaw fueron revocados sumariamente por Jomeini.

Las mujeres profesionales fueron despedidas en masa y alentadas a asumir las tareas del hogar, el cuidado de los hijos y los maridos. Rápidamente, todos los aspectos de la vida femenina quedaron bajo un estricto control gubernamental.

Se aprobaron nuevas leyes que prohíben la ropa occidental y requieren que las mujeres permanezcan completamente cubiertas por un hijab islámico tradicional en público en todo momento. No se podía ver ningún cabello; sin zapatos abiertos.

Se creó una agencia gubernamental especial para hacer cumplir el código de vestimenta moral; el centro de Prevención del Vicio y Exhortación a la Virtud se ocupaba exclusivamente de las mujeres que violaban el código de vestimenta de alguna manera.

El entrenamiento militar de los guardias revolucionarios se amplió para incluir detectar imperfecciones en el código de vestimenta y vigilar a las mujeres.

En un giro histórico que cambió el curso de Oriente Medio, la Revolución Islámica de Irán de 1979 marcó el fin de la dinastía Pahlavi, una monarquía que había gobernado Persia durante más de dos milenios. En apenas 14 días, el Shah Mohammad Reza Pahlavi, aliado clave de Estados Unidos, fue exiliado, y el clérigo exiliado Ruhollah Khomeini regresó para liderar la primera teocracia moderna del mundo. Revisitamos este hito histórico a través de un análisis cronológico, enriquecido con datos históricos y perspectivas contemporáneas.


Orígenes: La Ascensión del Shah y la Modernización Forzada (1941-1963)

La historia comienza en 1941, cuando Mohammad Reza Pahlavi ascendió al trono tras la abdicación de su padre, Reza Shah, forzada por la invasión anglo-soviética durante la Segunda Guerra Mundial. Educado en Suiza y con un dominio del francés, el nuevo Shah soñaba con transformar Irán en un imperio moderno. Financiado por el petróleo y protegido por armas estadounidenses, impulsó la occidentalización a través de reformas como la Revolución Blanca de 1963, que nacionalizó industrias y redistribuyó tierras, pero también desestabilizó las estructuras feudales y enfureció al clero. Según un informe del Banco Mundial, el PIB per cápita de Irán alcanzó los 10,261 dólares en 1976, un pico histórico, pero la inflación, la pobreza y la represión de su policía secreta, SAVAK, alimentaron el descontento popular.


La Semilla de la Revolución: El Surgimiento de Khomeini (1964-1978)

El principal opositor del Shah emergió en la figura de Ruhollah Khomeini, un clérigo austero que, desde el exilio, desafió las políticas seculares del monarca. Arrestado en 1963 por criticar la Revolución Blanca, Khomeini fue exiliado primero a Turquía, luego a Irak y finalmente a Francia en 1978. Desde un suburbio de París, utilizó cintas de casete contrabandeadas para difundir su visión de una República Islámica, detallada en su libro prohibido Gobierno Islámico. Este medio de comunicación revolucionario, analizado en estudios de los años 90 por Said Amir Arjomand, permitió a Khomeini inspirar a millones, mientras el Shah, al reprimir a la oposición secular, inadvertidamente fortaleció las redes religiosas.


El Estallido: Protestas y Caída del Shah (1978-1979)

En 1978, las tensiones explotaron. Protestas masivas, huelgas que paralizaron la economía y consignas como «¡Muerte al Shah!» llenaron las calles. Cada funeral se convertía en una manifestación, y cada represión generaba más mártires. El 16 de enero de 1979, el Shah huyó de Irán, dejando atrás una monarquía de 2,500 años. Dos semanas después, el 1 de febrero, Khomeini regresó en un avión de Air France, recibido por millones en Teherán. Según un artículo de Brookings de 2024, este regreso marcó el inicio de un nuevo orden, mientras el primer ministro interino, Shapour Bakhtiar, perdía el control frente a la marea revolucionaria.


El Nacimiento de la Teocracia: La Transformación de Irán (1979)

La revolución no fue solo un cambio de régimen, sino una inversión total del poder. El 11 de febrero de 1979, la monarquía cayó oficialmente, y Khomeini estableció la República Islámica tras un referéndum con apoyo casi unánime. La mezquita reemplazó al palacio, el Corán a la constitución, y el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica se creó para consolidar el nuevo orden. Khomeini eliminó rápidamente a nacionalistas, comunistas y liberales que habían apoyado el derrocamiento del Shah, imponiendo su doctrina de Vilayat-e Faqih (gobierno del clérigo). Este giro teocrático, detallado en Britannica, sorprendió a Occidente y redefinió la geopolítica regional.


Repercusiones Globales: Un Nuevo Orden en Oriente Medio

Las ondas de la revolución se sintieron más allá de Irán. Estados Unidos quedó atónito, Arabia Saudita se inquietó, y la dinámica de la Guerra Fría se alteró. El embargo petrolero iraní de 1979 elevó los precios globales en un 30%, según informes desclasificados de la CIA, utilizando el petróleo como arma contra Occidente. Dentro de Irán, la revolución fue compleja: mientras unía a diversos grupos sociales, también generó una represión interna que persiste. El Shah murió de cáncer en el exilio en 1980, y Khomeini, fallecido en 1989, fue enterrado como héroe ante millones.


Legado: Un Mundo Transformado

La Revolución Islámica de 1979 no fue solo un levantamiento, sino un punto de inflexión. Puso fin a la dinastía Pahlavi, dio origen a un nuevo tipo de Estado y desafió el control occidental sobre Asia Occidental. Sus consecuencias, desde el auge del fundamentalismo hasta las tensiones nucleares actuales, siguen moldeando el mundo. Como señala Nikki Keddie en Middle East Journal (1981), el subestimado poder de la religión y el resentimiento social fueron claves en este cambio histórico.


Conclusión: Una Lección para la Historia

A 46 años de distancia, la Revolución Iraní sigue siendo un recordatorio del poder de las ideas y la resistencia popular. Invita a reflexionar sobre cómo un clérigo exiliado y un Shah ambicioso reescribieron el destino de una nación y del mundo.

El ataque militar a gran escala lanzado este sábado contra Irán por Estados Unidos, en coordinación con Israel, se suma a la serie de bombardeos ordenados durante su segundo mandato por el presidente estadounidense, Donald Trump, quien regresó al poder el año pasado con la promesa de mantener a su país alejado de conflictos exteriores.

El Nacional

Los ataques estadounidenses del último año, que han evitado el despliegue de soldados sobre el terreno, han sido justificados por la Casa Blanca en nombre de la seguridad nacional o la lucha antiterrorista, pero han generado un debate legal por no contar con el aval del Congreso, en el que recae la facultad de declarar la guerra.

Las operaciones han generado críticas de la oposición y de algunos miembros del Partido Republicano hacia Trump, quien suele reivindicar para sí el Premio Nobel de la Paz con el argumento de que ha puesto fin a al menos ocho guerras y fue muy crítico con la invasión de Irak de 2003 bajo el mandato del también republicano George W. Bush (2001-2009).

En un mensaje de madrugada a la nación, y a pesar de las negociaciones en marcha para un acuerdo nuclear con Irán, el presidente estadounidense anunció el lanzamiento de un ataque militar a gran escala contra ese país que, en última instancia, busca poner fin al régimen iraní.

Trump hizo un llamamiento al pueblo iraní para que tome el control del gobierno una vez concluyan los bombardeos.

El ataque tiene mayores dimensiones que el bombardeo que Trump ordenó en junio de 2025 contra las centrales nucleares iraníes de Fordó, Natanz e Isfahan en un intento de desmantelar el programa atómico iraní.

Algunos legisladores demócratas han criticado que la operación no cuente con el aval del Congreso y apuestan por votar una resolución de poderes de guerra que impida a Trump entrar en un conflicto bélico con Irán.

Antecedentes inmediatos: La intervención en Venezuela

La oposición también criticó en su momento no haber sido debidamente notificada de la operación en Venezuela del pasado 3 de enero.

Ese día, Estados Unidos emprendió un ataque militar contra el país caribeño que derivó en el derrocamiento y la captura del gobernante venezolano Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, quienes fueron trasladados a Nueva York, donde afrontan cargos por narcotráfico.

Desde entonces, Trump ha mantenido una relación estrecha con el nuevo gobierno de la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, quien fue vicepresidenta de Maduro, pues asegura que se ha plegado a sus demandas, como la apertura del sector petrolero venezolano.

Otras operaciones militares en el periodo 2025

El 25 de diciembre de 2025, Estados Unidos, en coordinación con el gobierno nigeriano, lanzó ataques aéreos contra supuestos campamentos de un grupo vinculado al Estado Islámico (EI) en el noroeste de Nigeria, en el estado de Sokoto, algo que Trump describió como un «regalo de Navidad».

En los primeros meses de 2025, Estados Unidos bombardeó posiciones de los rebeldes hutíes del Yemen por sus ataques a buques comerciales en el mar Rojo e intensificó la campaña aérea en Somalia contra Al Shabab y células del Estado Islámico.

Un nuevo desafío para el hombre más poderoso de Irán, el ayatolá Alí Jamenei. El ejército de Israel lanzó este sábado un ataque contra su país con la participación de Estados Unidos.

El Nacional

En enero, el líder supremo iraní enfrentó el reto más serio a su poder desde la Revolución Islámica de 1979, cuando manifestaciones masivas sacudieron las calles del país y desataron una crisis de legitimidad del gobierno.

En las protestas antigubernamentales, que alcanzaron un nivel nunca visto en los 47 años de historia de la República Islámica, murieron miles de personas por la represión de las fuerzas de seguridad.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, repetidamente amenazó con tomar acción militar por la muerte de los manifestantes.

Ante esas amenazas, el gobierno de Irán señaló que Teherán estaba abierta a conversar con Washington, pero aseguró que el país estaba «preparado para la guerra».

Entretanto, el ayatolá Jamenei acusó a EE UU de «engaño» y de usar a «mercenarios traidores» para atizar las protestas.

Ni Trump, ni el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, han ocultado su deseo de un cambio de régimen en Irán.

Durante décadas, Washington e Israel han acusado a Irán de intentar desarrollar en secreto un arma nuclear. Irán ha negado repetidamente que busque una bomba y afirma que su programa solo tiene fines pacíficos.

Este mes se celebraron tres rondas de negociaciones entre Estados Unidos e Irán para alcanzar un acuerdo sobre su programa nuclear, y se esperaban nuevas negociaciones la próxima semana.

Pero este sábado, la situación dio un giro dramático.

«Hace poco, el ejército de Estados Unidos inició importantes operaciones de combate en Irán. Nuestro objetivo es defender al pueblo estadounidense eliminando las amenazas inminentes del régimen iraní, un grupo despiadado de gente muy dura y terrible. Sus actividades amenazantes ponen en peligro directo a Estados Unidos, a nuestras tropas, a nuestras bases en el extranjero y a nuestros aliados en todo el mundo», dijo Trump en la red social Truth Social.

Una fuente dijo a Reuters que el líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, no se encontraba en Teherán y que había sido trasladado a un lugar seguro.

Tras el ataque «preventivo» de Estados Unidos e Israel, la presión sobre el líder supremo no cede.

¿Quién es el ayatolá Alí Jamenei, qué poder ejerce en el país y qué rol desempeña su familia en la política iraní?

La vida de Jamenei

El ayatolá Alí Jamenei es apenas el segundo líder supremo del país desde la revolución islámica de 1979. Ocupa el cargo desde 1989. Los jóvenes iraníes nunca han experimentado la vida sin él en el poder.

Jamenei, que está en el medio de una compleja red de poderes rivales, es capaz de vetar cualquier asunto de política pública y elegir a dedo a candidatos para cargos públicos.

Como jefe de Estado y comandante en jefe del Ejército, que incluye al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Iran (CGRI), su posición lo convierte en una figura con todo tipo de poderes.

Nacido en Mashhad, la segunda ciudad más grande de Irán, en 1939, Jamenei es el segundo de ocho hijos en una familia religiosa. Su padre era un clérigo de rango medio de la rama chiita del islam, el grupo religioso dominante en Irán.

Su educación se centró principalmente en el estudio del Corán y obtuvo el título de clérigo a los 11 años. Pero, al igual que muchos líderes religiosos de la época, su rol siempre ha sido tanto político como espiritual.

Jamenei, un hábil orador, se unió a los críticos del Sha Reza Pahlavi, el monarca que fue derrocado por la Revolución Islámica de 1979.

Durante años, vivió en la clandestinidad y estuvo detenido. Fue arrestado seis veces por la policía secreta del Sha, sufriendo torturas y el exilio interno.

Un año después de la revolución, el ayatolá Jomeini lo nombró líder de la oración de los viernes en la capital, Teherán.

Jamenei fue elegido presidente en 1981, antes de ser designado en 1989 por los ancianos religiosos como el sucesor del ayatolá Jomeini, quien había muerto a los 86 años.

El poder de sus hijos

Alí Jamenei, quien rara vez viaja al exterior, vive junto a su esposa con austeridad en un complejo residencial en el centro de Teherán.

De Jamenei se sabe que disfruta de la jardinería y la poesía, que fumó en su juventud –algo inusual para una figura religiosa en Irán– y que perdió la movilidad de su brazo derecho en un intento de asesinato en la década de 1980.

Junto a su esposa, Mansoureh Khojasteh Baqerzadeh, tienen seis hijos: cuatro varones y dos mujeres.

La familia Jamenei no suele aparecer en público ni en medios de comunicación, por lo que la información oficial y verificada sobre la vida privada de sus hijos ha sido limitada.

De sus cuatro hijos, el segundo, Mojtaba, es el más conocido por su influencia y el importante papel que desempeña en el círculo íntimo de su padre.

Mojtaba estudió en la escuela secundaria Alavi en Teherán, un colegio cuyos alumnos tradicionalmente son hijos de altos funcionarios de la República Islámica, y se casó con la hija de una destacada figura conservadora del país, Gholam-Ali Haddad-Adel, en un momento en que todavía no se había convertido a clérigo.

Comenzó sus estudios religiosos formales en el seminario de Qom, el centro chiita más importante de Irán, a los 30 años.

A mediados de la década de 2000, la influencia de Mojtaba en la política del país se hizo más evidente, aunque rara vez esto haya sido reconocido por los medios de comunicación locales.

Mojtaba saltó a la escena tras las controvertidas elecciones presidenciales de 2004, cuando el candidato Mehdi Karroubi lo acusó en una carta abierta dirigida al ayatolá Jamenei de haber interferido de manera encubierta a favor de Mahmud Ahmadineyad.

Desde la década de 2010, Mojtaba ha sido considerado como una de las personas más poderosas de la República Islámica. Relatos anecdóticos sugieren que él es el candidato preferido de Jameneí para reemplazarlo. Sin embargo, algunas fuentes oficiales han negado estas afirmaciones.

Aunque Alí Jamenei no es rey ni puede ceder el trono a su hijo, Mojtaba tiene un poder significativo dentro de los círculos de línea dura de su padre, incluyendo la poderosa oficina del Líder Supremo, que eclipsa a los órganos constitucionales.

El hijo mayor de la familia es Mustafa Jamenei, quien está casado con la hija de Azizollah Khoshvaght, un clérigo tradicional firmemente conservador.

Tanto Mustafa como Mojtaba sirvieron en el frente durante la guerra entre Irán e Irak de la década de 1980.

El tercer hijo de Alí Jamenei es Masoud. Nacido en 1972, está casado con Susan Kharazi, hija de Mohsen Kharazi, un conocido clérigo afiliado a la conservadora Asociación de Maestros del Seminario de Qom y es hermana de Mohammad Sadegh Kharazi, exdiplomático con inclinaciones reformistas.

Masoud Jamenei se ha mantenido alejado de los círculos políticos y se sabe poco sobre su vida.

Antes, había dirigido la oficina que supervisa las obras de su padre, una institución que funciona como un brazo clave de propaganda para el ayatolá Jamenei. También había sido responsable de la recopilación de la biografía y las memorias de su padre.

El hijo menor, Meysam, nació en 1977 y, al igual que sus tres hermanos mayores, también es clérigo.

Su esposa, cuyo nombre no ha sido mencionado en los medios, es hija de Mahmoud Lolachian, un comerciante con mucho dinero e influyente, conocido por apoyar financieramente a clérigos revolucionarios antes de la revolución de 1979.

Meysam ha trabajado junto a su hermano Masoud en la Oficina para la Preservación y Publicación de las obras de su padre.

La dos hijas de Jamenei

Sobre las hijas de Jamenei se sabe poco.

Bushra y Hoda son las menores de la familia y ambas nacieron después de la revolución de 1979.

Bushra nació en 1980 y está casada con Mohammad-Javad Mohammadi Golpayegani, hijo de Gholamhossein (Mohammad) Mohammadi Golpayegani, jefe de gabinete de Jamenei.

Hoda, la menor de las hijas del líder, nació en 1981. Está casada con Mesbah al-Hoda Bagheri Kani, quien estudió marketing y daba clases en la Universidad Imam Sadiq.

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