Omar González

En Venezuela, la libertad es un espejismo, un sueño roto que se desvanece bajo el peso de una dictadura que no conoce límites ni humanidad. 

La llamada «puerta giratoria» del régimen de Nicolás Maduro no es solo una estrategia de represión, sino un símbolo grotesco de la arbitrariedad, la crueldad y el desprecio por la dignidad humana.

 En las últimas 48 horas, esta maquinaria de terror ha engullido a 15 ciudadanos más, arrancados de sus hogares, de sus familias, de sus vidas, sin delito alguno, sin pruebas, sin paradero conocido. 

Sus nombres se suman a una lista interminable de víctimas de un régimen que fabrica expedientes de «terrorismo» y otros disparates para justificar lo injustificable: el secuestro de inocentes.

La puerta giratoria es el sello distintivo de esta dictadura. Mientras el mundo celebra con alivio la liberación de algunos presos políticos, el régimen, en un acto de cinismo descarado, llena sus mazmorras con nuevos rehenes. 

Es un juego macabro: sacan a unos, torturados y quebrados, para meter a otros, frescos en su inocencia pero destinados al mismo calvario.

 Según la ONG Foro Penal, solo en los últimos días, 15 venezolanos han sido secuestrados por las fuerzas represivas del régimen, acusados de crímenes tan vagos como «incitación al odio» o «terrorismo», términos que el chavismo ha vaciado de significado para convertirlos en herramientas de persecución.

No hay órdenes judiciales, no hay debido proceso, no hay respeto por los derechos más elementales.

 Hombres encapuchados irrumpen en hogares, golpean puertas hasta derribarlas, arrancan a las víctimas de los brazos de sus seres queridos y los sumen en un limbo de incertidumbre.

 ¿Dónde están? ¿Están vivos? ¿Qué delito cometieron? Las familias, desgarradas por el dolor y la impotencia, recorren morgues y centros de detención en busca de respuestas que el régimen les niega. 

Esta es la Venezuela de Maduro y sus secuaces, un país donde el miedo es ley, donde la disidencia es un delito mortal, donde la justicia es una farsa al servicio del poder.

La puerta giratoria no es un accidente, es una estrategia deliberada. 

Como lo denunció María Corina Machado, líder de la oposición venezolana, estas liberaciones selectivas son una cortina de humo para desviar la atención internacional mientras el régimen intensifica su cacería. 

Cada excarcelación es un montaje propagandístico, un intento de lavar la imagen de un gobierno que ha sido señalado por la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad. 

Desde las elecciones fraudulentas del 28 de julio de 2024, más de 2.000 personas han sido detenidas por protestar o simplemente por estar en el lugar equivocado, muchas de ellas víctimas de desapariciones forzadas, torturas y procesos judiciales amañados.

El caso de un joven testigo electoral de Vente Venezuela, es un recordatorio desgarrador de la brutalidad de este régimen. Detenido arbitrariamente, murió en prisión tras semanas de agonía, sin atención médica, mientras le amputaban las piernas. 

Su muerte no es un hecho aislado; es el reflejo de un sistema que no solo encarcela, sino que destruye vidas con una crueldad que desafía toda noción de humanidad. 

Y mientras el mundo observa, el régimen sigue operando su puerta giratoria: libera a algunos para apaciguar críticas, pero asegura que sus celdas nunca estén vacías.

La comunidad nacional e internacional no puede seguir cayendo en esta trampa. 

Las liberaciones de presos políticos,  no son gestos de buena voluntad; son maniobras calculadas para perpetuar el ciclo de represión. 

Cada ciudadano secuestrado, cada familia destrozada, cada vida apagada en una celda es un grito que exige justicia, un recordatorio de que el silencio y la indiferencia son cómplices de esta tragedia.

En un nuevo capítulo de la tragedia que azota a Venezuela, el alto mando militar ha decidido cruzar una línea que no solo mancilla el honor de las Fuerzas Armadas, sino que se degrada al tiempo que hiere profundamente al pueblo que lucha por su libertad. 

En un acto tan vil como desesperado, han orquestado una campaña donde mujeres militares, enarbolando el uniforme que debería representar la defensa de la patria, son utilizadas para lanzar vituperios contra María Corina Machado, la líder de la oposición y símbolo de la resistencia venezolana. 

Este gesto no es solo un ataque personal; es una afrenta a la dignidad de las mujeres, a la institución militar y al espíritu indomable de una nación que se niega a rendirse.

María Corina Machado, una mujer que ha enfrentado con valentía la persecución, el exilio de sus aliados, las amenazas y la represión brutal del régimen de Nicolás Maduro, se ha convertido en la voz de millones de venezolanos que sueñan con un país libre. 

Su liderazgo, forjado en la adversidad, ha desafiado al poder autoritario con una fuerza moral que el régimen no puede soportar. 

Incapaz de doblegarla con fraudes electorales, encarcelamientos o campañas de difamación, el alto mando militar ha recurrido ahora a una táctica tan baja como cobarde, como es usar a mujeres militares para atacarla, como si su género pudiera ser manipulado como arma para deslegitimarla.

El dolor que produce esta campaña no radica solo en las palabras cargadas de odio que estas mujeres, bajo órdenes, han pronunciado en videos que inundan las redes. 

Radica en lo que representa: la degradación de una institución que alguna vez juró proteger al pueblo, convertida ahora en un instrumento de propaganda sucia al servicio de un régimen que se tambalea. 

¿Qué siente una mujer militar al ser obligada a mancillar su uniforme para atacar a otra mujer que lucha por los valores que ellas mismas deberían defender? ¿Qué queda de la honra militar cuando se utiliza a las mujeres como escudo para proteger a un régimen que teme enfrentarse directamente a la verdad que María Corina encarna?

Esta campaña, forma parte de una pobre estrategia del alto mando para desviar la atención de su propia fragilidad. 

Como señala la prensa independiente, «el desfile militar que tradicionalmente se celebra en el Campo de Carabobo ha sido trasladado a Caracas, acompañado de esta brutal ofensiva en redes sociales».

 Es un intento burdo de proyectar fuerza, pero lo único que revela es miedo.

 Miedo a una mujer que, desde la clandestinidad, sigue liderando una oposición que no se doblega. 

Miedo a un pueblo que, a pesar de la represión, sigue gritando su nombre en las calles. 

Miedo a que la verdad, que María Corina Machado representa, termine por derrumbar las mentiras que sostienen al régimen.

Pero el régimen subestima la fuerza del pueblo venezolano y de su líder. María Corina no está sola. Cada insulto, cada difamación, cada video cargado de desprecio solo fortalece la admiración y el amor que millones sienten por ella.

A las mujeres militares que han sido obligadas a participar en esta infamia, les decimos: no son ustedes las culpables, sino quienes las han reducido a peones en un juego de poder. Su uniforme debería ser símbolo de orgullo, no de sumisión. Y al alto mando militar, les recordamos que la historia no perdona a quienes traicionan a su pueblo. 

Usar a mujeres para atacar a María Corina Machado no las hace más fuertes; las hace parecer más débiles, más desesperadas, más alejadas de la patria que dicen defender.

María Corina Machado, en cambio, sigue erguida. Desde la sombra, desde el riesgo, desde el amor por Venezuela, ella continúa siendo la luz que ilumina el camino hacia la libertad. 

Cada ataque contra ella es una prueba de su fuerza, cada insulto una medalla de su valentía.

 Venezuela no olvidará este agravio, pero tampoco olvidará a quien, a pesar de todo, sigue luchando por su redención.

¡Fuerza, María Corina! ¡Fuerza, Venezuela! La verdad siempre vence, y el amor por la libertad es más fuerte que cualquier campaña de odio.

En un acto de desesperación que desnuda su fragilidad, el régimen de Nicolás Maduro ha desatado una cacería humana sin precedentes en Venezuela.

 Economistas, deportistas, comerciantes, periodistas, defensores de derechos humanos, influenciadores, religiosos, masones y ciudadanos comunes corrientes son ahora víctimas de una maquinaria represiva que no distingue rostro, profesión ni credo.

 Esta ola de arrestos arbitrarios no es solo un ataque a la libertad; es la confesión de un régimen que, en su paranoia y decadencia, ve enemigos en cada sombra y percibe amenazas en cada voz que se alza.

El terror se ha instalado en las calles. Familias enteras viven con el corazón en un puño, temiendo que un comentario en redes sociales, una opinión en un mercado o una simple reunión privada desencadene la furia de un Estado que ha perdido toda legitimidad.

 Economistas son silenciados por analizar la debacle económica que el régimen niega; periodistas, por contar la verdad que el régimen oculta; defensores de derechos humanos, por recordar que la dignidad no se negocia. 

Hasta los deportistas, cuyo único «delito» es inspirar con su esfuerzo, y los religiosos, que predican esperanza en medio del caos, son ahora objetivos de un sistema que no tolera ni el talento ni la fe.

Maduro, atrincherado en su palacio de espejos rotos, parece haber sucumbido a una locura que lo lleva a devorar al pueblo venezolano y los extranjeros que visitan o viven en nuestro país. 

Su régimen, incapaz de ofrecer pan, trabajo o futuro, recurre al garrote para sofocar el descontento. 

Pero este despliegue de represión no es solo un signo de fuerza bruta; es, sobre todo, una muestra de pánico.

 Cada arresto, cada puerta derribada en la madrugada, cada voz acallada a la fuerza, es un grito del régimen que reconoce su fin.

 Porque un régimen que necesita encarcelar a ciudadanos comunes para sobrevivir ya no es un gobierno: es una tiranía en agonía.

La poblacion venezolano y la comunidad internacional no puede seguir mirando hacia otro lado. 

Pueblo y organismos de derechos humanos, gobiernos democráticos y ciudadanos del mundo deben alzar la voz contra esta barbarie. 

Venezuela no es solo un país en crisis; es un pueblo que resiste bajo el yugo de un régimen que, en su delirio, ha declarado la guerra a su propia gente.

 Cada persona detenida es un símbolo de la lucha por la libertad, y cada injusticia cometida es un recordatorio de que la dignidad venezolana no se doblega.

A los venezolanos que hoy sufren la persecución, a los que despiertan con el temor de ser los siguientes, les decimos: no están solos. Su valentía, su resistencia y su esperanza son la chispa que encenderá el camino hacia una Venezuela libre. 

Y a Nicolás Maduro y sus secuaces, le advertimos: la historia no absuelve a los tiranos. Cada abuso, cada lágrima arrancada, cada vida silenciada, será recordada. 

El pueblo venezolano, herido pero indomable, no olvidará. Y cuando la justicia llegue, como siempre lo hace, no habrá barricada ni palacio que lo proteja.

¡Basta ya de terror! ¡Libertad para los presos! ¡Venezuela merece vivir en paz!

María Corina Machado, desde el IV Encuentro Regional del Foro Madrid en Asunción, Paraguay, alzó su voz para proclamar un propósito que abraza a todo un continente.

«Una vez que derroquemos al régimen criminal de Maduro, liberaremos a Cuba y a Nicaragua», exclamó a través de una conexión digital, desatando una ovación ensordecedora en el auditorio.

Sus palabras no fueron solo un desafío; fueron un himno, un faro que ilumina el camino de los pueblos hacia un horizonte donde la libertad no es un anhelo, sino un destino inevitable.

Venezuela ha soportado más de dos décadas de oscurantismo bajo el régimen de Nicolás Maduro. Sin embargo, en medio de la adversidad, María Corina emerge como un símbolo de resistencia indomable, una líder que no solo combate la tiranía, sino que sueña con un amanecer para todo el hemisferio.

«En Venezuela se forja el futuro de la democracia en el hemisferio», afirmó con convicción, encapsulando la certeza de que nuestro pueblo no lucha solo. Nuestra causa es la chispa que encenderá la libertad en Cuba, Nicaragua y más allá.

¡Qué visión tan poderosa! ¡Qué coraje tan inspirador! María Corina Machado no habló desde la resignación, sino desde la certeza de que los pueblos unidos pueden derribar los muros de la opresión.

Venezuela no es solo un país en lucha; es el corazón palpitante de un continente que se niega a rendirse, el epicentro desde donde surgirá la fuerza para desmantelar la opresión. 

Cada paso que los venezolanos demos hacia la libertad resuena en las calles de La Habana, en los campos de Managua y en cada rincón donde la dignidad humana clama por justicia.

Imaginemos el día en que caiga el régimen de Maduro. Imaginemos las campanas de la libertad repicando desde Caracas hasta Santiago de Cuba, desde Managua hasta Buenos Aires. 

Ese día, que María Corina vislumbra con claridad, no será solo la victoria de un pueblo, sino el renacimiento de un continente.

La libertad es un río que, una vez desatado, no conoce fronteras. Y Venezuela, con su lucha heroica, está abriendo las compuertas de ese río.

En el Foro Madrid, María Corina no solo habló; sembró la certeza de una victoria inminente y contundente. 

Su mensaje fue un llamado a los libertadores, a los valientes, a quienes creen que un mundo mejor es posible.

 Fue un recordatorio de que los tiranos, por más que se aferren al poder, no pueden apagar la llama de la libertad que arde en el alma de los pueblos.

Cada preso político, cada madre que marcha por sus hijos, cada joven que alza su voz en las calles es un testimonio de que la resistencia vive y la esperanza perdura.

 María Corina Machado no es solo una líder; es un símbolo de lo que podemos lograr cuando nos unimos por un ideal mayor.

 Su valentía nos inspira a no rendirnos, a no bajar la cabeza, a rechazar las cadenas.

Ella nos recuerda que la lucha por la democracia es también una lucha por la dignidad, por el derecho de cada persona a vivir en libertad. 

En esa lucha, Venezuela no está sola: la acompañan los sueños de millones en Cuba, Nicaragua y todo el continente.

Hoy, el mensaje de María Corina Machado es un canto al futuro, una invitación a imaginar un hemisferio donde los niños crezcan sin miedo, donde las familias no se separen por el exilio, donde la justicia triunfe sobre la opresión. 

Ese futuro no es una utopía; es una promesa que se forja con cada acto de coraje, con cada voz que se alza, con cada corazón que late por la libertad.

¡Levántate, América Latina! ¡Escucha el llamado de Venezuela! Sigamos el ejemplo de María Corina Machado, cuya fe en la libertad es más fuerte que cualquier represión.

 Juntos, derribaremos los muros de la tiranía. Juntos, veremos el amanecer de un nuevo día. Porque en Venezuela se escribe la historia de un continente libre, y cada uno de nosotros tiene un lugar en esa epopeya.

¡Por Venezuela, por Cuba, por Nicaragua, por la libertad! ¡El futuro es nuestro, y lo conquistaremos juntos!

Las restricciones al libre comercio, los precios irreales de los alimentos y la política de hostigamiento a productores y comerciantes son las claves de toda crisis económica y, para el dirigente liberal Omar González Moreno, esa es la receta que nuevamente está aplicando Maduro como arma para someter a la población.

“Maduro promueve nueva ola de hambre”, esa fue la advertencia que lanzó y que dio paso para agregar que “en Miraflores quieren auspiciar una nueva crisis para que el pueblo se olvide de muchas otras cosas”.

¿Cuál es la estrategia? –se preguntó– el objetivo es que los venezolanos caigan en un espiral de desabastecimiento, colapso alimentario y colas para que se olviden de los fraudes del 28 de Julio y el 25 de mayo.

“Maduro quiere que el hambre nuble el entendimiento de la ciudadanía; que la preocupación del ¿qué comer mañana? Sea el latido de su cotidianidad, mientras él se afianza en el poder”, aseveró.

Fue enfático en denunciar que la estrategia del hambre inducida está pensada para doblegar la voluntad de cambio de la sociedad y para dejar el debate político en segundo plano.

Mensaje a Colombia

En el plano internacional, Omar González Moreno, le envió un mensaje a los colombianos y los invitó a tomar acciones para frenar a Gustavo Petro.

“Petro es una amenaza para la democracia de Colombia; pretende instaurar un régimen socialista y por ello vino el ‘Decretazo’, todo es parte de un plan de hegemonía y control institucional”.

Hizo votos para que las fuerzas democráticas del país cafetalero se unan en un bloque que le permita a la República de Colombia superar la crisis de seguridad actual y puedan darle un parado al socialismo petrista.

A favor

Omar González se mostró satisfecho por la condena en contra de peronista y expresidenta de la República Argentina, Cristina Fernández, espetó que “la justicia ha actuado y el veredicto es el justo”.

Comentó que “Argentina ha sido un pueblo consecuente y amigo de la lucha por la libertad venezolana, por eso los venezolanos también nos alegramos cuando los socialistas de allá pagan sus deudas con la justicia”.

Omar González Moreno aseguró que “Jorge Rodríguez construye un búnker de papel para Maduro”.

El dirigente liberal hizo la afirmación para explicar el afán del régimen venezolano de concretar comicios que no tienen apoyo popular.

“Las elecciones que se inventa Jorge Rodríguez es una especie de disfraz democrático que no engaña a nadie y que solo pretende barnizar la faz de un gobierno ilegal e ilegítimo”, dijo.

Manifestó que las elecciones organizadas por Jorge Rodríguez, y que son ejecutadas por un ente sumiso como el Consejo Nacional Electoral, solo son un requisito para la adjudicación de cargos a dedo.

“Fue increíble ver que quien dio los resultados de la farsa electoral del 25 de mayo fue Jorge Rodríguez pasando por encima de esa wsoecie de monigote humano de Elvis Amoroso”. 

Razón 

La razón de la poquísimo afluencia de electores –para Omar González– es que el 90% del país rechaza a Maduro y está con María Corina Machado.

“Aquí la correlación de fuerza está clarita; ellos son una minoría total y llana que rasguña el 10% del país, mientras nosotros somos una mayoría contundente y abrumadora”.

Aseveró que María Corina es un sentimiento que se palpa en la calle y en el corazón de prácticamente toda Venezuela.

Alerta

Omar González mostró su preocupación por la posibilidad que vuelva a agudizarse la crisis de desabastecimiento de comida en Venezuela.

“Nuevamente el dogmatismo socialista pone en riesgos al país; vuelven a amenazar con restricciones económicas internas que solo van a generar desabastecimiento. Las regulaciones estatales jamás  traen nada bueno y lo que pretende Maduro sólo generará más hambre en el país”.

“El régimen de Nicolás Maduro ha desatado una cacería brutal contra todo aquel que se atreva a soñar con un país libre”, denunció con indignación Omar González Moreno, dirigente nacional de Vente Venezuela y exasilado que escapó del cerco del régimen en la embajada argentina en Caracas, tras conocerse la detención arbitraria de activistas este jueves.

Desde un lugar no revelado por motivos de seguridad, González Moreno condenó enérgicamente la captura de la profesora Lourdes Villarreal, Hostari Molina y Frewil Rangel, víctimas de lo que calificó como “un régimen cobarde que tiembla ante la valentía del pueblo venezolano”.

“Lourdes Villarreal, una maestra ejemplar, dirigente del Sindicato Venezolano de Maestros (Sinvema), filial de la Federación Venezolana de Maestros, y miembro del equipo de formación de Vente Venezuela, fue secuestrada al salir de su casa en La Pastora. 

«La detuvieron como si fuera una criminal, sin orden judicial, solo por alzar la voz por la educación y la libertad”, relató González Moreno con firmeza.

“Esta es la dictadura de Maduro: un sistema que persigue a docentes, a madres, a cualquiera que se atreva a desafiar su tiranía”, afirmó.

El dirigente también denunció la detención de Hostari Molina, secretario político de Vente Venezuela en Cojedes, capturado por el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) el pasado 21 de mayo, mientras regresaba del sepelio de su hermano.

 “Es una vileza sin nombre. Hostari estaba de luto, con su familia rota por el dolor, y el régimen no tuvo reparo en irrumpir en su hogar y llevárselo. Ahora sus seres queridos recorren centros de reclusión sin saber dónde está. Esto no es justicia, es crueldad”, aseguró González Moreno.

Asimismo, condenó la detención de Frewil Rangel, defensor de derechos humanos en Lara. 

“Frewil es un luchador incansable por los derechos de los venezolanos y ahora es otra víctima de la persecución de Maduro. Estos casos no son aislados, son parte de un plan sistemático para aplastar la resistencia», afirmó. 

Además, denunció que varios ciudadanos extranjeros han sido secuestrados por la policía de Maduro sin razón alguna.

 Chevron se va 

González Moreno, quien conoce de cerca la persecución tras haber escapado del asedio del régimen en la embajada argentina, vinculó esta escalada represiva con la crisis económica que se avecina. 

“Mientras Maduro encarcela a nuestros compañeros, Estados Unidos confirma que la licencia de Chevron será suspendida el 27 de mayo. Esto es un golpe mortal para un país ya en ruinas, pero la dictadura prefiere apretar el puño en lugar de respetar la voluntad soberana expresada claramente en las elecciones presidenciales del 28 de julio”, afirmó.

“Nos quieren de rodillas, pero no lo lograrán”, aseguró con determinación.

Con un mensaje de desafío, el dirigente de Vente Venezuela llamó a la unidad y la resistencia: “A Lourdes, Hostari, Frewil y a todos los presos políticos les digo: no están solos. Cada detención fortalece nuestra lucha. A la comunidad internacional le pido: no cierren los ojos ante estos crímenes. Y al pueblo venezolano: no nos rindamos.

 María Corina Machado y toda Venezuela seguiremos en la calle, luchando por la libertad de Venezuela, cueste lo que cueste”.

“Maduro puede encarcelar cuerpos, pero nunca nuestras ideas. ¡La libertad está más cerca que nunca!”, concluyó González Moreno con la firmeza de quien ha enfrentado al régimen y sigue en pie.

En una Venezuela devastada, donde el hambre muerde las entrañas y la desesperación ahoga los corazones, la corrupción del régimen chavista -heredada de Hugo Chávez y perpetuada por Nicolás Maduro— se alza como una herida purulenta que exhibe la codicia insaciable y la impunidad de quienes han reducido a escombros la economía de nuestra nación.

 Mientras el 90% de los venezolanos se hunde en la pobreza más abyecta, los jerarcas del régimen se regodean en un festín de millones robados, traicionando a un pueblo que clama por pan, medicinas y servicios públicos eficientes.

El saqueo ha sido y sigue siendo descarado, obsceno.

 Los tribunales de Estados Unidos, solo en el estado de La Florida, han destapado una cloaca de corrupción que involucra el decomiso de más de 4.000 millones de dólares, según investigaciones recientes. 

Cada caso es un puñal clavado en el corazón de Venezuela, una afrenta a los millones que sobreviven entre colas interminables y hospitales en ruinas.

El escándalo de los CLAP, un supuesto programa para alimentar al pueblo, es un monumento al cinismo. 

Figuras como Álvaro Pulido, José Gregorio Vielma Mora, Enmanuel Enrique Rubio González, Carlos Rolando Lizcano y Ana Guillermo Luis han sido señaladas por desviar 1.600 millones de dólares, dinero que pudo haber salvado vidas, pero que engordó sus cuentas en paraísos fiscales. 

Álex Saab y Álvaro Pulido, nombres que resuenan como sinónimos de traición y pillaje, encabezan una red que es acusada de estafar más de 362 millones de dólares. 

Ellos son solo la punta de un iceberg podrido, el emblema de un régimen que ha convertido la corrupción en su religión. 

Pero no están solos. Claudia Díaz, la otrora enfermera de Hugo Chávez, se une al desfile de la infamia con un botín de más de 136 millones de dólares, demostrando que en el socialismo chavista, cualquier cercanía al poder es un pasaporte al latrocinio. 

La estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA), antaño pilar de la nación, es hoy un cadáver saqueado. Rafael Ramirez, Eulogio Delpino, Nelson Martínez, Tareck El Aissami, Asdrubal Chávez, Pedro Tellechea, Luis Díaz y Luis Díaz Jr. entre otros aparecen inculpados de desviar miles de  millones de dólares, transformando el oro negro en una fuente de riqueza personal mientras el pueblo se ahoga en la miseria. 

Y como si no bastara, el caso de sobornos de Telefónica Venezolana, con más de 80 millones de dólares, evidencia que la corrupción chavista no es un accidente, sino un sistema meticulosamente diseñado para la corrupción.

Cada dólar robado es un hospital sin medicinas, una escuela en ruinas, un niño que se acuesta con el estómago vacío.

 Cada dólar malversado es un sueño arrancado de las manos de un pueblo agotado, que ve cómo su futuro se disuelve en los bolsillos de los traidores.

La comunidad internacional, aunque lenta, comienza a reaccionar. 

La justicia, titubeante, intenta alzar la voz ante este atraco monumental. 

Pero en las calles de Venezuela, el clamor es ensordecedor: ¿Cuánto más debe soportar este pueblo? ¿Cuántas lágrimas, cuántas vidas rotas, cuántos exilios forzados antes de que los culpables paguen por sus crímenes?

La corrupción chavista no es solo un delito financiero; es un genocidio silencioso, un crimen contra la humanidad que ha condenado a millones a la miseria mientras los verdugos engordan sus abutadas reservas de riquezas malhabidas. 

Los venezolanos, atrapados en una telaraña de desilusión y dolor, se preguntan si alguna vez podrán recuperar la prosperidad y la dignidad que les fue arrebatada por esta cuerda de malhechores y farsantes.

El pais y el mundo no puede limitarse a mirar con horror. Condenar no basta. Es hora de un cambio para que la justicia nacional e internacional actúe con mano firme, que los saqueadores rindan cuentas y que el futuro de Venezuela sea rescatado de las garras de la avaricia pervertida.

Conviene recordar que la lucha contra la corrupción no es solo una batalla por la verdad; es una cruzada por la redención de un pueblo que, a pesar de todo, nunca, nunca, nunca piensa rendirse.

Venezuela, una vez considerada la joya de América Latina por su riqueza y su vibrante cultura, ha visto cómo sus esperanzas se desvanecen en la oscuridad bajo la tiranía criminal de Nicolás Maduro.

 Desde que asumió el poder en 2013, continuando el legado destructivo de su antecesor Hugo Chávez, los ciudadanos hemos sido testigos del desplome de nuestra patria, sumida en la bancarrota y el desasosiego, un producto del saqueo y la incapacidad en la administración del país.

Las decisiones económicas de Chávez y Maduro han llevado a la economía venezolana a un colapso sin precedentes. 

La corrupción rampante dentro del régimen y la mala gestión de la industria petrolera, que era el corazón del ingreso nacional, han provocado una disminución drástica en la producción de crudo. 

A esto se suma la hiperinflación, un monstruo voraz que ha devorado los salarios y ha dejado a millones de venezolanos atrapados en la pobreza extrema.

La escasez de alimentos y medicamentos, así como el colapso de los servicios públicos, se ha convertido en una realidad cruel y desgarradora. 

Las interminables colas en los mercados, los cortes de electricidad y agua, la falta de gas y gasolina, el deterioro de los sistemas educativo y salud; donde los ciudadanos luchan por obtener lo más básico, se han transformado en un símbolo desgastante de la desesperación. 

La migración masiva de venezolanos en búsqueda de mejores oportunidades ha desbordado la capacidad de los países vecinos, sembrando el caos en comunidades enteras, mientras el régimen ignora con desdén el sufrimiento de nuestro pueblo.

El descontento generalizado ha alimentado protestas y un clamor creciente por el cambio, un grito colectivo que resuena en cada rincón de la nación.

 Sin embargo, la represión brutal de la dictadura se ha manifestado a través de detenciones arbitrarias, torturas, asesinatos y una violación sistemática de los derechos humanos, sembrando el terror en el corazón de aquellos que se atreven a alzar la voz.

A pesar de esta opresión, la llama de la resistencia sigue ardiendo, y cada día más corazones valientes se alzan contra la tiranía. 

La comunidad internacional observa atentamente, atrapada en la duda sobre cómo abordar esta crisis humanitaria. 

Aunque las sanciones impuestas a Maduro han ofrecido alguna respuesta, la solución definitiva exige un cambio profundo en la estructura del poder que ha ahogado a Venezuela.

La visión de una Venezuela libre y próspera late con fuerza en los corazones de nuestros ciudadanos. 

A medida que el régimen de Maduro parece tambalearse, el futuro de nuestra nación depende de la valentía del pueblo y de la determinación de recuperar lo que una vez fue nuestro. 

La historia de nuestro país, marcada por la tragedia, aún no ha concluido. 

El grito de libertad sigue resonando en cada rincón de nuestro territorio y en el mundo, donde la cuarta parte de la población venezolana se encuentra esparcida, llevando consigo la esperanza de un mañana mejor.

Maduro no tiene salida, solo le queda rendirse». Con esta contundente frase, Omar González Moreno resumió su visión de la actual situación política nacional.

Precisó que las medidas de presión interna, así como las ordenadas desde la Casa Blanca contra el régimen socialista venezolano, dejan a Nicolás Maduro «en un callejón sin salida». 

«Jamás la presión había sido tan severa; jamás la convicción de Washington había sido tan fuerte como ahora. Por ello, a Maduro le queda poco tiempo en el poder», continuó.

González agregó que en Estados Unidos están claros sobre el daño que significaría para Occidente la permanencia de Nicolás Maduro en el poder venezolano.

El dirigente liberal disertó acerca del episodio en el que, en medio de una entrevista con Donald Trump Jr., el Secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, expuso el plan de Maduro para desestabilizar a Estados Unidos.

«Los estadounidenses saben muy bien lo que ha hecho Maduro en contra del sistema norteamericano; saben cómo infiltraron a Estados Unidos enviando deliberadamente pandilleros a su territorio para anarquizar el país».

González Moreno afirmó que los estadounidenses son conscientes de que Maduro utilizó un «viejo guion cubano para socavar la estabilidad de Estados Unidos».

«Todo eso —afirmó— lo hicieron mientras saqueaban y destruían, como los cubanos castristas, el aparato productivo nacional para someter por hambre a la población».

Madres Vs. Maduro

El avezado liberal, asilado en la Embajada de Argentina en Caracas, aseveró que en el régimen venezolano tiemblan de miedo ante una movilización de las madres de los adolescentes presos por motivos políticos.

«Ellas solo querían entregar una carta, pero el régimen desató su miedo y su política de terror, ordenando a la Policía Nacional y a la Guardia Nacional que impidieran el paso a las madres».

Señaló que Maduro se siente tan débil que cree que un grupo de madres y abuelas «puede derrocarlo si llegan hasta las puertas de Miraflores».

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