Morfema Press

Es lo que es

DBuford

Por Thomas L. Friedman en The New York Times

Después de un mes confuso, ahora conocemos las estrategias que se están llevando a cabo en Ucrania: estamos ante el plan B de Vladimir Putin frente a los planes A de Joe Biden y Volodímir Zelenski. Esperemos que Biden y Zelenski triunfen, porque el posible plan C de Putin es de verdad aterrador, y ni siquiera quiero escribir cuál me temo que sería su plan D.

No tengo ninguna fuente secreta en el Kremlin sobre esto, solo la experiencia de haber visto a Putin operar en el Medio Oriente durante muchos años. En ese sentido, me parece evidente que Putin, cuando se dio cuenta de que su plan A fracasó —su expectativa de que el ejército ruso ingresara a Ucrania, decapitara a sus dirigentes “nazis” y luego se limitara a esperar a que todo el país se entregara de manera pacífica en manos de Rusia—, pasó a su plan B.

El plan B consiste en que el ejército ruso dispare de manera deliberada contra los civiles ucranianos, los edificios de apartamentos, los hospitales, las empresas e incluso los refugios antibombas —todo lo cual ha ocurrido en las últimas semanas— a fin de hacer que los ucranianos huyan de sus hogares, para provocar una crisis masiva de refugiados dentro de Ucrania y, aún más importante, una crisis masiva de refugiados dentro de las naciones cercanas que forman parte de la OTAN.

No tengo ninguna fuente secreta en el Kremlin sobre esto, solo la experiencia de haber visto a Putin operar en el Medio Oriente durante muchos años. En ese sentido, me parece evidente que Putin, cuando se dio cuenta de que su plan A fracasó —su expectativa de que el ejército ruso ingresara a Ucrania, decapitara a sus dirigentes “nazis” y luego se limitara a esperar a que todo el país se entregara de manera pacífica en manos de Rusia—, pasó a su plan B.

El plan B consiste en que el ejército ruso dispare de manera deliberada contra los civiles ucranianos, los edificios de apartamentos, los hospitales, las empresas e incluso los refugios antibombas —todo lo cual ha ocurrido en las últimas semanas— a fin de hacer que los ucranianos huyan de sus hogares, para provocar una crisis masiva de refugiados dentro de Ucrania y, aún más importante, una crisis masiva de refugiados dentro de las naciones cercanas que forman parte de la OTAN.

No tengo ninguna fuente secreta en el Kremlin sobre esto, solo la experiencia de haber visto a Putin operar en el Medio Oriente durante muchos años. En ese sentido, me parece evidente que Putin, cuando se dio cuenta de que su plan A fracasó —su expectativa de que el ejército ruso ingresara a Ucrania, decapitara a sus dirigentes “nazis” y luego se limitara a esperar a que todo el país se entregara de manera pacífica en manos de Rusia—, pasó a su plan B.

El plan B consiste en que el ejército ruso dispare de manera deliberada contra los civiles ucranianos, los edificios de apartamentos, los hospitales, las empresas e incluso los refugios antibombas —todo lo cual ha ocurrido en las últimas semanas— a fin de hacer que los ucranianos huyan de sus hogares, para provocar una crisis masiva de refugiados dentro de Ucrania y, aún más importante, una crisis masiva de refugiados dentro de las naciones cercanas que forman parte de la OTAN.

El reportaje agrega: “En una actualización de inteligencia a última hora del sábado, el Ministerio de Defensa británico dijo que Ucrania seguía defendiendo con eficacia su espacio aéreo, lo que obligaba a Rusia a depender de las armas lanzadas desde su propio espacio aéreo. Afirmó que Rusia se había visto obligada a ‘cambiar su estrategia operativa y ahora había pasado a una estrategia de desgaste. Es probable que esto implique el uso indiscriminado de artillería, lo que provocará un aumento de las víctimas civiles y la destrucción de la infraestructura ucraniana, e intensificará la crisis humanitaria’”.

Sin embargo, el plan B de Putin se contrapone a los planes de Biden y Zelenski. El plan A de Zelenski, que sospecho que está resultando incluso mejor de lo que él esperaba, es luchar contra el ejército ruso hasta lograr un empate sobre el terreno, quebrar su voluntad y obligar a Putin a aceptar los términos del acuerdo de paz de Ucrania, con la posibilidad mínima de que el líder del Kremlin no salga tan mal parado. A pesar del terrible derramamiento de sangre y de los bombardeos de las fuerzas rusas, Zelenski, sabiamente, sigue manteniendo la mira en una solución diplomática y no deja de presionar para que se entablen negociaciones con Putin, mientras reúne a sus fuerzas y a su pueblo.

The New York Times informó el domingo que “la guerra en Ucrania se estancó después de más de tres semanas de lucha, en la que Rusia solo logró avances marginales y atacó cada vez más a los civiles, según analistas y funcionarios estadounidenses. ‘Las fuerzas ucranianas han derrotado la campaña inicial rusa de esta guerra’, afirmó en un análisis el Instituto para el Estudio de la Guerra, un centro de investigación con sede en Washington. Los rusos no tienen ni los efectivos ni el equipo para tomar Kiev, la capital, ni otras ciudades importantes como Járkov y Odesa, concluyó el estudio”.

El plan A de Biden, del que advirtió de manera explícita a Putin antes de que comenzara la guerra en un esfuerzo por disuadirlo, consistía en imponer a Rusia sanciones económicas como nunca antes las había impuesto Occidente, con el objetivo de paralizar la economía rusa. La estrategia de Biden —que también incluía el envío de armas a los ucranianos para presionar a Rusia en el plano militar— está logrando justo ese objetivo. Está teniendo éxito, tal vez más de lo que Biden esperaba, porque se amplió con la suspensión de las operaciones de cientos de empresas extranjeras que operan en Rusia, ya sea de forma voluntaria o bajo la presión de sus empleados.

Las fábricas rusas se están viendo obligadas a cerrar porque no pueden obtener los microchips y otras materias primas que necesitan de Occidente; los viajes aéreos a Rusia y sus alrededores se están reduciendo porque muchos de sus aviones comerciales eran en realidad propiedad de empresas de arrendamiento irlandesas y ni Airbus ni Boeing darán servicio a las aeronaves propiedad de Rusia. Mientras tanto, miles de rusos jóvenes que trabajan en el sector tecnológico están manifestando su rechazo a la guerra con sus pies, y simplemente abandonan el país, todo esto después de que solo ha pasado un mes desde que Putin comenzó esta guerra mal concebida.

“Más de la mitad de los bienes y servicios que ingresan a Rusia provienen de 46 o más países que han impuesto sanciones o restricciones comerciales, con Estados Unidos y la Unión Europea a la cabeza”, informó The Washington Post, citando a la firma de investigación económica Castellum.ai.

El artículo del Post agregó: “En un discurso televisado que apareció el jueves, un desafiante presidente Vladimir Putin pareció reconocer los desafíos del país. Dijo que las sanciones generalizadas obligarían a realizar arduos “cambios estructurales profundos en nuestra economía”, pero prometió que Rusia superaría “los intentos de organizar una guerra relámpago económica”.

The Post añade: “‘Es difícil para nosotros en este momento’, dijo Putin. ‘Las compañías financieras rusas, las grandes empresas, las pequeñas y medianas empresas se enfrentan a una presión sin precedentes’”.

Así que la pregunta del momento es: ¿la presión sobre los países de la OTAN de todos los refugiados que la maquinaria de guerra de Putin está creando —más y más cada día— será mayor que la presión —más y más cada día— que se está creando sobre su estancado ejército en Ucrania y sobre su economía en casa?

La respuesta a esta pregunta deberá determinar cuándo y cómo termina esta guerra, ya sea con un claro ganador y perdedor o, quizá con mayor probabilidad, con algún tipo de concesión turbia a favor o en contra de Putin.

Digo “quizá” porque es probable que Putin sienta que no puede tolerar ningún tipo de empate o concesión turbia. Tal vez sienta que todo lo que no sea una victoria total es una humillación que socavaría su control autoritario del poder. En ese caso, podría optar por un plan C, que, supongo, implicaría ataques aéreos o con misiles a las líneas de suministro militar ucranianas a lo largo de la frontera con Polonia.

Polonia es miembro de la OTAN y cualquier ataque a su territorio requeriría que todos los demás miembros de la OTAN acudieran en defensa de Polonia. Putin puede creer que si es capaz de forzar esa situación y algunos miembros de la OTAN se niegan a defender a Polonia, la OTAN podría fracturarse. Sin duda, esto desencadenaría acalorados debates dentro de todos los países de la OTAN —en especial en Estados Unidos— sobre la posibilidad de involucrarse directamente en una posible Tercera Guerra Mundial con Rusia. Pase lo que pase en Ucrania, si Putin lograra fracturar a la OTAN, eso sería un logro que podría enmascarar todas sus otras pérdidas.

Si los planes A, B y C de Putin fracasan, me temo que se convertiría en un animal acorralado y podría optar por el plan D: lanzar armas químicas o la primera bomba nuclear desde Nagasaki. Es una frase difícil de escribir y aún peor de contemplar. Pero ignorar esta posibilidad sería extremadamente ingenuo.


Thomas L. Friedman es columnista de Opinión sobre temas internacionales y ha ganado tres premios Pulitzer. Es autor de siete libros, incluido From Beirut to Jerusalem, que ganó el National Book Award.

Por morfema.press

El Instituto Casla determinó que los regímenes de Cuba, Nicaragua y Venezuela comparten patrones represivos expresados en detenciones arbitrarias y torturas e ignoran a los organismos regionales universales de protección de Derechos Humanos.

A través de un comunicado, Casla criticó el accionar represivo de la dictadura cubana contra cualquiera que disienta del régimen ilustrando como ejemplo las 1.442 personas detenidas por los sucesos del 11 de julio de 2021.

Según la organización, los tres gobiernos dictatoriales recurren a los mismos patrones para perseguir, intimidar, encarcelar y castigar a opositores.

Uno de esos patrones se refleja en el manejo de la justicia al servicio de quienes tiene el poder ejerciendo detenciones arbitrarias antes, durante o después de un juicio, «sin basamento legal en muchos casos, con forjamiento de expedientes y procedimientos falsos, violando los derechos humanos universales», así como también, el incumplimiento del derecho a un juicio imparcial y derecho a la defensa.

Otra estrategia represiva realizada por estas dictaduras son la aplicación de torturas y tratos crueles, inhumanos y degradantes aplicadas en cárceles políticas, orientadas a encerrar a opositores en «celdas fétidas, sin luz y aire natural» que incumplen con las Normas Mínimas de las Naciones Unidas para el Tratamiento de Reclusos y ejercen torturas psicológicas a través de amenazas, aislamiento, poca alimentación e hidratación provocando enfermedades estomacales, desnutrición y pérdidas de la masa muscular, además de enfermedades en la piel, cardiovasculares, etc; como por ejemplo los casos de los prisioneros cubanos Armando Sosa Fortuny, Pablo Moya Delá y Cristian Pérez, y otros presos políticos venezolanos y nicaragüenses.

La organización destacó que las tres dictaduras “desoyen y desobedecen” los pronunciamientos, recomendaciones, resoluciones y medidas cautelares de los organismos regionales y universales, como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria y la Relatoría contra la Tortura de las Naciones Unidas «que exigen la liberación de los presos políticos, el cese de la represión y persecución y el respeto de los derechos humanos».

Por último, Casla hizo un llamado «a las autoridades de los Estados Democráticos que integran algún Organismo Regional y Universal que promueve y defiende los derechos humanos, “apelando a la responsabilidad que tienen ante la historia, para que busquen mecanismos reales ajustados al Derecho internacional de protección a las víctimas y ejerzan la presión necesaria para la liberación de todas las personas detenidas por motivos políticos en estos países».

Por Luis Eduardo Martínez

Con un mes de guerra aún activa de Rusia contra Ucrania, quedan en evidencia los planes del Kremlin contra el expaís de la Unión Soviética. Ahondamos con un análisis sobre el futuro que plantea el Kremlin frente a los avances de Ucrania

Desde el inicio de la guerra de invasión, alrededor de 12.000 soldados chechenos, liderados personalmente por el presidente de la República de Chechenia, Ramzan Kadyrov, se movilizaron a territorio ucraniano en apoyo a las fuerzas del Kremlin. La presencia de Kadyrov en los suburbios de Kiev, tal y como fue reportado por sus simpatizantes en redes sociales, es un elemento clave para entender el objetivo y la metodología autoritaria de Moscú.

La primera guerra de Chechenia nos recuerda que el aparente fracaso militar de fuerzas rusas en combate, no es un signo de debilidad sino de barbarismo. El poder autoritario tiene objetivos totalitarios por naturaleza y ningún respeto por la libertad del individuo. Vladimir Putin revivió el terror de la Unión Soviética con el objetivo específico de evitar una amenaza existencial a largo plazo a su “nuevo imperio” y al proyecto mundial autoritario. A falta de un compromiso rotundo por parte de las naciones democráticas, la inmolación de los ucranianos se convertirá en la sumisión de los débiles y no en el martirio que avive la llama de la libertad en el mundo.

Libreto de Grozni

En septiembre de 1991, en pleno colapso de la Unión Soviética, militantes de la región rusa de Chechenia tomaron control de las instituciones de gobierno y se declararon independientes del gobierno de Moscú. Dos meses después, el Soviet Supremo de Ucrania votó a favor de la independencia de la Unión Soviética y certificó la disolución de la U.R.S.S.

Tras tres años de tensiones entre los separatistas chechenos y Moscú, en diciembre de 1994, el ejército ruso se movilizó en masa y rodeó Grozni, la capital de Chechenia. A pesar de que dos generales al mando de las fuerzas rusas y 800 soldados rehusaron acatar las órdenes del Kremlin (y luego fueron sentenciados), la noche de Año Nuevo, tres columnas de tanques rusos penetraron la capital chechena, por tres flancos, con el fin de tomar el palacio presidencial y derrocar al gobierno separatista.

La operación militar rusa fue un fracaso, a simple vista. Tras tres semanas de combate en las calles de Grozni, más de 2.000 soldados rusos habían sido abatidos. La Brigada Motorizada 131 Maikop fue completamente eliminada por lanzacohetes de los separatistas, y la capital se convirtió en un cementerio de tanques rusos. El general ruso Victor Vorobyov murió en combate. Y el Kremlin decidió replegar sus fuerzas.

La desmoralización de los conscriptos rusos no fue un factor a considerar para los lideres en Moscú. Tras la aparente retirada de los tanques rusos de las calles de Grozni, el Kremlin desató la furia de toda su artillería sobre la capital. Durante dos semanas, fuerzas rusas bombardearon apartamentos residenciales, teatros, centros culturales y comerciales, edificios de gobierno, museos, hospitales, escuelas, a una rata de 10 cañonazos por minuto. Ante el horror y la destrucción, los feroces combatientes chechenos, que con una fuerza de 1.500 soldados habían logrado frenar el avance de 12.000 conscriptos rusos, no tuvieron más opción que huir a las montañas y abandonar la sede de gobierno. Más de 27.000 civiles murieron en el asedio de Grozni.

Lección autoritaria

El libreto del Kremlin se repitió en Ucrania. Durante tres meses, fuerzas rusas rodearon su objetivo por tres frentes: al norte en la frontera con Bielorrusia, al este en la frontera con el Donbás, y al sur desde Crimea (región anexada a la fuerza por Rusia en 2014). El 24 de febrero de 2022, columnas de tanques de guerra invadieron Ucrania, y tres semanas después, las calles de Jerson, Kharkiv y Mariúpol están repletas de corazas metálicas incineradas con solo la “Z” visible. Según estimados de la OTAN, alrededor de 1.600 vehículos militares fueron destruidos y entre 7.000 y 15.000 soldados rusos han muerto.

Y al igual que en enero de 1995, tras una corta y aparente derrota de las fuerzas rusas en combate urbano, los bombardeos iniciaron la destrucción de grandes ciudades, sin importar los daños a poblaciones civiles. El caso más noticioso es la ciudad de Mariúpol, en donde teatros, edificios residenciales, hospitales pediátricos y sedes de gobierno han sido destruidas.

La novedad en el guion del Kremlin este 2022 es que Vladimir Putin, como buen discípulo de la antigua KGB, decidió revivir la herramienta más efectiva de la era soviética para terminar de construir su U.R.S.S. 2.0: el gran terror.

Al igual que Stalin en los años 30, Putin apacigua su paranoia sometiendo a sus opositores con violencia psicológica extrema. Localmente ya son más de 15.000 personas que han sido arrestadas en Rusia por protestar por la guerra en Ucrania.

La censura de los medios de comunicación se totalizó. Las redes sociales de Meta (Facebook) fueron prohibidas en el país, al igual que la mención del término guerra en relación a Ucrania. En el campo de batalla, las fuerzas especiales rusas iniciaron la desaparición de líderes ucranianos.

Al menos cuatro alcaldes fueron secuestrados y dos periodistas internacionales asesinados, por órdenes directas del Kremlin, para sembrar miedo.

Municiones termobáricas, bombas de fósforo, y ataques a convoyes humanitarios y corredores de evacuación de civiles, están construyendo un infierno de terror en Ucrania.

El barbarismo autoritario no permitió que el imaginario postsoviético incluyese la independencia de territorios a través de las armas, como lo intentaron los chechenos en los años 90. De igual manera, el barbarismo autoritario no permitió la democratización de Ucrania y está en una misión por destruir la nación amarilla y azul del imaginario y la realidad material de sus habitantes.

Suplicio de la libertad

Casi tres décadas después de que el actual presidente de la República de Chechenia luchó contra los soviéticos en pro de su propia independencia, Ramzan Kadyrov se encuentra liderando a 12.000 de sus compatriotas para someter a los ucranianos a la voluntad de Moscú.

Es cierto que Ucrania no es Chechenia. Ucrania es un país independiente con su propio ejército profesional y una población de 40 millones de personas vs. Chechenia, que solo contaba con milicias informales y una población de 1,5 millón. Ucrania, a diferencia de Chechenia, está recibiendo apoyo económico, militar y moral por parte de la OTAN. Y Ucrania además cuenta con un país vecino aliado, como es Polonia, para establecer corredores humanitarios, de envío de armamentos, y atención médica a combatientes heridos.

Estas diferencias se evidencian en el campo de batalla. La semana del 20 de marzo, fuerzas ucranianas lideraron exitosamente dos contraofensivas a las afueras de la capital, Kiev. Este jueves 24 de marzo, unidades especiales del ejército de Ucrania explotaron una embarcación rusa en el puerto de Mariúpol, a pesar del asedio a la ciudad. Y un mes después del inicio de la invasión, el Kremlin aún no consolida su superioridad en los cielos y ha perdido más de 95 aeronaves en combate.

El optimismo actual, sin embargo, debe ser compaginado con la realidad histórica. Rusia comprometió sus tropas al control de Chechenia durante 15 años. Desde la disolución de la U.R.S.S., ninguna otra de las 22 repúblicas que conforman la Federación Rusa ha buscado autonomía. Más bien lo contrario; Rusia incorporó a la fuerza territorios de Georgia en 2008, anexó Crimea de Ucrania en 2014, totalizó su control sobre el régimen bielorruso de Alexander Lukashenko y restauró al poder al líder autoritario de Kazajistán, Kassim Tokayev, en enero de 2022. El proyecto soviético persiste, no solo en el imaginario de Vladimir Putin, sino en el de sus consejeros y aliados. Tanto así que, conscientes de las sanciones y repercusiones por venir producto de la invasión rusa de Ucrania, los oligarcas rusos dieron su tácito apoyo a la operación militar.

El proyecto autoritario es barbárico. Tiene como objetivo totalitario destruir la libertad de pensamiento. Su fin es la sumisión absoluta del individuo y la atomización del colectivo alrededor del ideal del líder autoritario. Allí está Ramzan Kadyrov, cuya familia fue expulsada de Chechenia por Stalin y luego bombardeada por Yeltsin, luchando como perro obediente del Kremlin, junto a 12.000 de los más feroces combatientes del mundo (por lo menos por reputación) completamente domados por 15 años de terror y violencia.

Conclusión

El objetivo del Kremlin existe por encima y a pesar de los análisis de los expertos sobre las tácticas de combate de las fuerzas rusas y sus aparentes fracasos. El objetivo del Kremlin es eliminar la libertad y el paradigma liberal del imaginario de los habitantes del espacio exsoviético. Los elementos que a simple vista parecen mostrar las debilidades del régimen de Vladimir Putin e incluso presagian un fin de su gobierno, como son los más de 7.000 soldados rusos fallecidos desde el inicio de la guerra o las numerosas protestas en contra de la intervención militar, son distracciones a la terrible realidad: Putin continuará el asedio a Ucrania hasta que destruya todo símbolo de resistencia al poder autoritario del Kremlin.

Ante la destrucción de Mariúpol y el asesinato de más de 2.500 civiles, el presidente ucraniano Volodimir Zelensky ya anunció que está dispuesto a conceder que Ucrania renuncie a sus aspiraciones de unirse a la OTAN y que estaría dispuesto a negociar la autonomía de los territorios del Donbás, ocupados por Rusia desde 2014, al igual que reconocer la anexión rusa de Crimea. Las sanciones de Occidente no detendrán la maquinaria de Vladimir Putin que elimina obstáculos con violencia pura. ¿El mundo democrático se unirá a los ucranianos en combate contra el autoritarismo y sufrirá el suplicio que exige la libertad? O, ¿acaso la inmolación de los valientes ucranianos se convertirá en el terror que someta a un país a la obediencia autoritaria?

Por morfema.press

La organización Monitor Salud publicó antier unas imágenes donde médicos del Hospital El Algodonal (Caracas) realizaron una intervención quirúrgica a la luz de las linternas de sus teléfonos celulares.

Detallaron que la planta eléctrica del recinto hospitalario solo funcionó 40 minutos por lo que tuvieron que ingeniárselas para continuar su labor.

El bajón eléctrico del miércoles pasado fue cerca de las 4 de la tarde y afectó al menos a 15 estados del país, sin embargos las fallas eléctricas diarias persisten en Mérida, Táchira, Lara y Zulia, siendo las regiones más afectadas.

En los últimos dos días, los bajones eléctricos y apagones inesperados han afectado a gran parte del país, hasta los momentos Corpoelec no ha informado a qué se deben las continuas fallas.

Por: morfema.press

El presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, ha publicado un video que compara la invasión rusa de Ucrania con los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial.

“Durante el mes de la guerra, 4379 casas fueron destruidas. 6,5 millones de ucranianos abandonaron sus hogares. Miles fueron asesinados, incluidos 121 niños . ¡Alto al fascismo ruso!”. dijo Zelensky, presentando el video.

La grabación comienza con imágenes de la Segunda Guerra Mundial, que van acompañadas de subtítulos: “Cuando te enfrentas al mal, es difícil creer en su realidad. Parecía que la manifestación más monstruosa del mal estaba irrevocablemente fijada solo en las aterradoras crónicas históricas. El mal no pudo volver a las ciudades europeas, pero lo hizo». Después de eso, el video muestra imágenes de la guerra entre Rusia y Ucrania.

El video termina con estas palabras: “El mal nunca se detiene por sí solo. Tú lo entiendes. Si el mal no se detiene en Ucrania, llegará a todos los hogares europeos. El mal tiene un nombre . Detener el fascismo ruso».

https://twitter.com/EmmaRincon/status/1507075925745225737

Traducción libre del ruso desde Meduza

Vía TASS

Moscú y Caracas están desarrollando pasos para conectar a Venezuela con el sistema de pago Mir y utilizar la respectiva tarjeta en Venezuela, dijo el embajador de Rusia en Venezuela, Sergey Melik-Bagdasarov en una entrevista con la agencia estatal rusa TASS

«La conexión de Venezuela al sistema de pago Mir y la posibilidad de utilizar esta tarjeta aquí sería útil para dar servicio a la industria de los viajes», dijo el diplomático, añadiendo que «las partes están desarrollando pasos en esta dirección, aunque es demasiado pronto para hablar de fechas concretas».

Los sistemas de pago internacionales Visa y Mastercard suspendieron sus operaciones en Rusia el 10 de marzo. Todas las tarjetas de esos sistemas de pago emitidas anteriormente por los bancos rusos seguirán en servicio en el territorio de Rusia al final de su fecha de caducidad, aunque no será posible realizar pagos con ellas en el extranjero.

En este sentido, el ministro venezolano de Turismo, Alí Padrón, durante una visita a Moscú, afirmó que el Gobierno de Nicolás Maduro planea «reanudar los viajes turísticos con el uso de un instrumento de pago como la tarjeta Mir y de todos los elementos posibles que permitan que los turistas rusos visiten Isla de Margarita y [otras regiones] de Venezuela».

Por Ryan C. Berg en Center for Strategic and International Studies

La invasión no provocada de Rusia a Ucrania ha hecho que la administración Biden se esfuerce por responder con firmeza y defender el orden internacional liberal bajo más coacción que en cualquier otro momento desde la Segunda Guerra Mundial. 

Desde la invasión del 24 de febrero, varias propuestas estratégicas han presentado una distensión con los adversarios de EE. UU., especialmente aquellos que tienen reservas de petróleo y gas que podrían contribuir a la estabilidad del mercado mundial.

No es exagerado decir que la invasión rusa de Ucrania ya ha demostrado ser un evento que cambia el mundo. Europa despertó de 30 años de soporífera política de defensa y ha revigorizado su participación en la OTAN, incluida la revocación de una prohibición de larga data sobre el suministro de armas letales. 

Suiza rompió su posición histórica de neutralidad y se sumó a la campaña de sanciones contra Rusia. Japón ha pedido el fin de la política de “ambigüedad estratégica” con respecto a la defensa de Taiwán y una disuasión nuclear conjunta. 

La apertura de cualquiera de estas puertas de política exterior durante tiempos normales probablemente definiría un mandato presidencial. Que todos ellos abrieran en cuestión de varias semanas es alucinante.

Sin embargo, intercambiar un dictador por otro, especialmente el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela, es una puerta política que probablemente debería permanecer cerrada. Biden debería resistir la tentación de lanzarse precipitadamente a la realpolitik, cambiando al dictador que reside en Moscú por otros que amenazan al mundo. Y en términos del régimen de Maduro, el acercamiento a Maduro para aislar a Putin tiene poco sentido estratégico.

¿Paria no más?

El 5 de marzo de 2022, una delegación secreta de al menos tres funcionarios estadounidenses, incluido un alto funcionario de la Casa Blanca, se reunió con Maduro y varios miembros de su régimen en Caracas. Esta fue la primera reunión de alto nivel con el régimen, que Estados Unidos considera ilegítimo después de unas elecciones muy amañadas en 2018, en más de cinco años. De hecho, fue una de las reuniones de más alto nivel que ha sostenido Estados Unidos con funcionarios venezolanos desde la elección de Hugo Chávez en 1998.

Más allá de la preocupación por los estadounidenses detenidos injustamente (el gobierno de Biden logró asegurar la liberación de dos prisioneros mientras que alrededor de media docena permanecen atrapados en Caracas), la conversación abarcó una posible eliminación o relajación de las sanciones de las entidades estadounidenses a la empresa petrolera estatal de Venezuela, Petróleos de Venezuela. , SA (PDVSA), impuesto desde enero de 2019.

La administración Biden espera que la compañía petrolera estatal pueda aumentar la producción a corto plazo, compensando las importaciones de petróleo y gas rusos recientemente embargados . Nunca uno para perder una oportunidad, Maduro había preparado esta misma idea .incluso antes del viaje de la delegación secreta al declarar que su régimen estaba listo para “dar estabilidad al petróleo y al gas” en el mundo. Cortando la oposición política de Venezuela, Maduro apeló directamente al que toma las decisiones sobre el alivio de las sanciones: Estados Unidos.

Además, la administración de Biden parece creer que al deshacer las sanciones de la era Trump a Venezuela, puede separar a Maduro de Rusia, uno de los aliados más importantes del régimen con el que mantiene una profunda asociación estratégica. Sin embargo, esta lógica bordea la amnesia, ya que sería casi imposible extirpar más de 260 acuerdos bilaterales firmados durante dos décadas de creciente influencia rusa sobre la economía de Venezuela y su sector de defensa. 

No solo el movimiento chavista del país se ha posicionado como un adversario de los Estados Unidos durante más de dos décadas, sino que Venezuela ha comprado más de $ 10 mil millones en armas rusas y alberga tropas rusas en su territorio (supuestamente, para realizar funciones de mantenimiento para las fuerzas armadas). equipo).

No está claro qué implicaría un desacoplamiento estratégico de Venezuela y Rusia. Pocos grandes estrategas prevén la capacidad de sacar a Venezuela de las garras del patrocinio de Putin, que el régimen de Maduro ha pagado con un firme apoyo a la invasión rusa de Ucrania. 

En el pasado, Rusia ha aprovechado a Venezuela para la proyección de poder en el hemisferio occidental, incluidas las escalas en puertos para destructores y submarinos de la marina y el aterrizaje de bombarderos supersónicos de largo alcance con capacidad nuclear Tu-160 volados desde territorio ruso. Cuando Estados Unidos se retiró del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF), Rusia  reflexionó abiertamente sobre el estacionamiento de misiles de crucero en Venezuela como respuesta. Los ecos de la Crisis de los Misiles en Cuba son escalofriantes.

La administración Biden no ha respondido algunas de las preguntas más importantes en su loable objetivo de aislar a la Rusia de Putin dondequiera que tenga influencia: ¿Maduro negará escalas en puertos a la armada rusa? ¿Negará el espacio aéreo a los bombarderos con capacidad nuclear Tu-160 de Rusia? ¿Cesará Rusia su papel de apoyo al régimen de Maduro, incluso acompañando a Venezuela a negociaciones pasadas con la oposición política? 

Extensas sanciones de Estados Unidos al complejo militar-industrial de Rusia ya amenazan a las fuerzas armadas de Venezuela; renunciar al apoyo ruso corre el riesgo de perder todo acceso a piezas de repuesto para el arsenal militar del país. Es importante ser realista y recordar que cuando se trata de alianzas, los regímenes autoritarios débiles tienden a desear patrocinadores autoritarios más fuertes, como lo demuestran las reuniones diplomáticas de Venezuela con Rusia y China a raíz del acercamiento de Estados Unidos.

Los números no cuadran

Incluso si la administración de Biden tiene la intención de seguir una estrategia de “todo lo anterior” a raíz de su embargo sobre el petróleo ruso , apostar por el régimen de Maduro no aumentaría notablemente el suministro mundial. En otras palabras, la importación de petróleo venezolano le daría un salvavidas a Maduro, aunque es poco probable que haga mucho para aliviar los precios extraordinarios que los estadounidenses pagan actualmente en las gasolineras.

El mayor inhibidor del aumento de la producción venezolana es el estado ruinoso del propio sector petrolero del país. Sencillamente, Venezuela ya no posee su antigua capacidad para abrir los grifos. Hay una necesidad urgente en Venezuela de más plataformas de perforación y una inyección masiva de capital para levantar el techo de producción de la industria. 

Para hacerlo, es probable que se deban aprobar nuevas leyes o modificar las leyes existentes para dar a los inversionistas una confianza renovada de que existe un mínimo de estado de derecho en Venezuela, una propuesta poco probable mientras Maduro permanezca atrincherado en el poder. La producción reciente también ha sufrido problemas de control de calidad cuando se rechazaron algunos cargamentos con destino a China.

Las dinámicas más amplias que inhiben el sector petrolero de Venezuela no están en función de las sanciones estadounidenses. Más bien, son el resultado de una corrupción insondable , la falta de mantenimiento y la caída precipitada de los conocimientos técnicos dentro de PDVSA. De hecho, el punto más alto de la producción de petróleo de Venezuela ocurrió justo antes de la elección de Chávez a fines de la década de 1990; La producción de Venezuela ha estado en declive constante desde entonces.

En su mejor día, y con la ayuda de las importaciones clandestinas de condensado iraní , Venezuela produce entre 700.000 y 800.000 barriles de petróleo por día, muy lejos de los 7 a 8 millones de barriles por día que Rusia exporta al mundo (Estados Unidos importa alrededor de 500.000 barriles por día de Rusia). Además, gran parte de la producción actual de Venezuela está obligada por contrato a países como Rusia y China para pagar deudas pasadas , y a Cuba para mantener su conocido acuerdo de seguridad por petróleo. 

Sin embargo, Estados Unidos supuestamente buscó un acuerdo que le otorgaría el suministro exclusivo si relaja las sanciones petroleras. Como muy pronto, estas macrodinámicas significan que Venezuela podría aumentar la producción en varios cientos de miles de barriles por día solo en el mediano plazo. La guerra en Ucrania bien podría haber terminado para entonces.

Además, la carga de deuda actual de Venezuela significa que el paso más probable para relajar las sanciones probablemente significaría un intercambio de petróleo por deuda. Sin embargo, tal arreglo podría resultar muy poco atractivo para el régimen de Maduro. 

Si bien acercaría a Venezuela a la solvencia fiscal, es probable que haya una fuerte resistencia dentro de la facción gobernante de Maduro a cualquier acuerdo con los Estados Unidos que no traiga nuevas inyecciones de efectivo para el régimen, en el que se basa para lubricar las redes de compinches que cimentar su dominio del poder.

Más allá del juego de números, hay otra forma en que el levantamiento de las sanciones a PDVSA complica el objetivo de aislar a Putin: el papel de larga data de Rusia en el sector petrolero de Venezuela. Este papel le permite a Rusia burlar las sanciones estadounidenses y es una fuente de frustración duradera; en 2020, Rusia fue responsable de extraer hasta el 70 por ciento del crudo de Venezuela cuando pocos países se atrevían a tocarlo por temor a sanciones secundarias. 

En respuesta, Estados Unidos sancionó a TNK y Rosneft Trading , subsidiarias con sede en Suiza de Rosneft, una de las compañías petroleras más grandes de Rusia. Rusia respondió participando en una elaborado juego de sillas musicales corporativas.que transfirió las propiedades de Rosneft a una nueva empresa llamada Roszarubezhneft, reduciendo la exposición de la empresa matriz a las designaciones de sanciones estadounidenses. 

En el momento de la maniobra, el embajador de Rusia en Venezuela le aseguró a Maduro que su última versión de Rosneft en Venezuela no indicaba un debilitamiento de su compromiso con la preservación de Maduro. Roszarubezhneft aún mantiene una participación del 40 por ciento en cinco empresas conjuntas con PDVSA. Juntas, estas empresas conjuntas producen alrededor del 15 por ciento de la producción actual de petróleo de Venezuela. Cualquier relajación de las sanciones no puede garantizar que las exportaciones de petróleo venezolano no financien la maquinaria de guerra de Putin.

Impulsar la producción de petróleo de Venezuela en las condiciones actuales también incurriría en un costo final: podría erosionar la credibilidad de la administración Biden como una administración con conciencia ambiental. En pocas palabras, el historial ambiental de PDVSA es terrible. El gigante estatal ha presidido más de 46.000 derrames de petróleo entre 2010 y 2016, momento en el que se convirtió en política estatal dejar de reportar derrames. Investigaciones anteriores de CSIS confirman que la compañía aún supervisa un promedio de cinco derrames por día, con imágenes recientes de la NASA que revelan manchas de petróleo en el biodiverso lago de Maracaibo que se extiende por decenas de millas. 

Sin duda, la política exterior está llena de concesiones difíciles, pero la administración Biden tendría que reconciliarse con ayudar al gobierno en curso patrocinado por el estado de catástrofe ambiental que se desarrolla en Venezuela.

De vuelta en el carrusel de negociaciones

Ya, el retroceso político ha sido feroz , tanto entre demócratas como republicanos , con respecto a la posibilidad de un acercamiento con Maduro. El Congreso preferiría aumentar la producción en el país o aprovechar aliados amistosos en el extranjero, como Colombia

Relajar las sanciones para aumentar la producción de petróleo de Venezuela corre el riesgo de caer en el tipo de diplomacia transaccional que muchos en la administración de Biden ridiculizaron durante los años de Trump. Peor aún, ha dado la impresión de que reconocer el gobierno interino de Juan Guaidó en enero de 2019 fue en parte un intento velado de controlar el petróleo de Venezuela, en lugar de la promoción de una transición política y el retorno a la democracia a través de elecciones libres, justas y observadas internacionalmente. .

Sin embargo, el alcance de la administración de Biden logró que el régimen de Maduro se comprometiera a regresar a las negociaciones estancadas durante mucho tiempo en la Ciudad de México, aunque sin un cronograma, una agenda o una lista específicos para las partes. 

El régimen de Maduro ha enviado señales tentativas de que volverá a las negociaciones iniciadas el año pasado, aunque los comentarios recientes de los principales funcionarios del régimen indican que existen claras diferencias de opinión en el partido gobernante sobre la conveniencia de hacerlo. 

Dada la intensidad del retroceso político en casa, la administración de Biden necesitará precisamente este tipo de cobertura política incluso para contemplar la relajación de las sanciones . Para incentivar el progreso en las negociaciones, la administración dice que probablemente condicionar el alivio de las sanciones a un progreso tangible sobre el terreno.

Si bien el regreso a la mesa de negociación cumple con una de las principales demandas de la oposición de los últimos meses, la administración Biden informó a Guaidó que hablaría directamente a Maduro en el último minuto . 

Así, la reunión en Caracas socavó la ya frágil posición de Guaidó , además de exacerbar un cisma creciente entre la oposición y Estados Unidos que el régimen de Maduro podría explotar hábilmente. La liberación de dos estadounidenses detenidos injustamente por el régimen puede crear presiones para corresponder con concesiones antes de que comiencen las negociaciones. 

Además, habiendo restablecido el contacto directo con el gobierno estadounidense, el régimen está ansioso por mantenerlo y dejar de lado a la oposición. En ese sentido, los negociadores de Maduro ya han insistidosobre la presencia del embajador de Estados Unidos en Venezuela, James Story, en cualquier negociación futura. (Rusia seguirá acompañando a Venezuela en futuras negociaciones, lo que complica aún más la idea de que la política estadounidense puede abrir una brecha entre Putin y Maduro).

Los intentos anteriores de negociación con Maduro han demostrado que hay pocas garantías y, si se manejan mal, las negociaciones y la relajación de las sanciones pueden conducir a una especie de “intercambio de dictadores”, sacrificando las ambiciones del pueblo venezolano de vivir en libertad y democracia por los del pueblo ucraniano. 

En resumen, el libro de contabilidad mundial de la libertad humana no avanzaría significativamente.

¿Una doctrina Kirkpatrick del siglo XXI?

Los imperativos estratégicos de la Guerra Fría forzaron todo tipo de compromisos incómodos en la política exterior de Estados Unidos. En América Latina, Estados Unidos apoyó a dictadores brutales que remolcaron la línea sobre la influencia soviética y la expansión del comunismo. 

La decisión de la administración Biden de comprometerse directamente con el régimen de Maduro revela su creencia de que la era de la competencia entre grandes potencias con dos competidores cercanos requerirá tipos similares de difíciles concesiones políticas. Las ambiciones imperialistas de Putin en Ucrania han impulsado lo que podría ser uno de los cambios de política más significativos en América Latina en los últimos años. 

¿De qué otra manera podría uno interpretar el hecho de que hace varias semanas, EE.UU ha acusado por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos por su papel en el narcotráfico?

La idea de que las políticas estadounidenses dirigidas a la transición política y la redemocratización deberían pasar a un segundo plano frente a los imperativos estratégicos quizás fue mejor expresada por Jeane J. Kirkpatrick, ex embajadora estadounidense ante las Naciones Unidas durante la administración Reagan

En su famoso ensayo “Dictaduras y dobles raseros”, Kirkpatrick argumentó que la rápida liberalización en ciertos países, especialmente en América Latina, los había entregado a figuras políticas antiestadounidenses que terminaron consolidando sus propios regímenes autoritarios. El impulso de la transición política hacia la democracia liberal en los países autocráticos tendría que moderarse cuando otros imperativos estratégicos, como la estabilidad regional y preocupaciones geopolíticas más amplias, tuvieran prioridad.

Hay muchas razones por las que el régimen de Maduro no es un buen candidato para liderar una Doctrina Kirkpatrick revitalizada. Maduro siembra el caos en América Latina, ha presidido potencialmente el mayor declive económico fuera de tiempos de paz en la historia mundial y ha contribuido a la emigración de más de 6 millones de refugiados. 

El abismal historial de derechos humanos del régimen —está bajo investigación en la Corte Penal Internacional por cometer “crímenes contra la humanidad”— debería impedir que la administración Biden llene sus arcas anulando las sanciones petroleras. Biden ha declarado su deseo de dejar de financiar la maquinaria de guerra de Putin; lo mismo debería seguir aplicándose a los aparatos de Maduro para cometer graves abusos contra los derechos humanos ..

La guerra de Rusia en Ucrania ha conmocionado a todo el mundo y ha acelerado la reconsideración de una miríada de estrategias de EE. por la simple razón de que las redes globales de corrupción entre autoritarios, derivadas de sus vastas estructuras cleptocráticas, impiden que regímenes como el de Maduro desempeñen algún tipo de papel pro-estadounidense confiable y constructivo. 

Los dictadores del siglo XXI tienen menos que ver con la ideología y más con mantener los perversos privilegios del poder. Más conmovedor, los venezolanos pueden encontrar la noción de que sus aspiraciones democráticas deben pasar a un segundo plano frente a Putin y la geopolítica como una noción difícil de tragar.


Ryan C. Berg es miembro principal del Programa de las Américas y director de la Iniciativa Futuro de Venezuela en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington, DC

Vía Investing

“La magnitud de las acciones de Rusia tendrá efecto durante las próximas décadas y marcará un punto de inflexión en el orden mundial de la geopolítica, las tendencias macroeconómicas y los mercados de capitales”.

Así de rotundo se muestra Larry Fink, CEO de BlackRock (NYSE:BLK), en su carta anual a los accionistas este jueves que recoge MarketWatch.

“Sigo creyendo a largo plazo en los beneficios de la globalización y el poder de los mercados de capitales globales. Pero la invasión rusa de Ucrania ha puesto fin a la globalización que hemos experimentado en las últimas 3 décadas”, advierte el CEO de la gestora de activos más grande del mundo. 

Según Fink, la desconexión entre personas, países y empresas comenzó con 2 años de pandemia. “Ha dejado a muchas comunidades y personas sintiéndose aisladas. Creo que esto ha exacerbado la polarización y el comportamiento extremista que estamos viendo en la sociedad actual”, afirma Fink.

Para el directivo, esta “desconexión” traerá mayores costes y presiones sobre los márgenes. “Si bien los balances de las empresas y los consumidores son sólidos hoy, lo que les brinda más protección para capear estas dificultades, una reorientación a gran escala de las cadenas de suministro será intrínsecamente inflacionaria”, alerta Fink.

El directivo también ha reflexionado sobre la posibilidad de que la guerra en Ucrania acelere las monedas digitales a medida que los países reconsideran la dependencia de las tradicionales. “Un sistema de pago digital global, cuidadosamente diseñado, puede mejorar la liquidación de transacciones internacionales al tiempo que reduce el riesgo de lavado de dinero y corrupción”, afirma.

Por último, realiza una observación sobre el sector energético: “Los precios más altos de la energía también reducirán significativamente la prima verde para las tecnologías limpias y permitirán las energías renovables”, concluye.

Por Pedro Carmona Estanga

La invasión de Rusia a Ucrania cobra miles de víctimas inocentes. El anuncio inicial de Putin de que no se atacarían instalaciones civiles sino objetivos militares ha resultado en un engaño. La destrucción de conjuntos habitacionales, hospitales pediátricos y maternidades, escuelas, centros culturales, infraestructura de comunicaciones y refugios, ha sido masiva e inmisericorde. Las imágenes valen más que mil palabras.

Como resultado, son ya más 3, 4 millones ucranianos los que han huido del país hacia los vecinos de la Unión Europea, y según ACNUR, 6,5 millones más se encuentran desplazados dentro del país, ello de un total unos 40 millones de habitantes, de los cuales el 78% es de origen ucraniano étnico, y solo un 17% de origen ruso.

Pese a los incuestionables antecedentes que vinculan histórica y culturalmente a los pueblos ucraniano y ruso, tal como lo afirmara en mi artículo anterior, Ucrania pasó a ser en 1991 un Estado independiente y soberano, reconocido por tratados internacionales y otros acuerdos válidos.

Es del caso recordar que los Estados están obligados a cumplir los tratados internacionales legítimamente suscritos conforme a la Convención de Viena sobre Derecho de los Tratados de 1969, la cual estipula que las partes deben respetar, conforme al principio de buena fe, lo dispuesto en los tratados vigentes, amén del principio universal derivado del derecho romano del “pacta sunt servanda”, es decir que los tratados celebrados entre Estados deben ser plenamente observados.

Son comprensibles las diferencias que puedan surgir entre países por razones geopolíticas, geoestratégicas o de seguridad, pero nada invalida los compromisos internacionales en vigor, ni mucho menos justifica la vía de hechos, como es la violencia ejercida contra un pueblo que lucha por preservar su integridad territorial e independencia, más allá de las pretensiones de la potencia rusa, de que los territorios de mayoría étnica rusa, como es el caso de Crimea y ahora la región oriental de Donbás, se escindan de Ucrania y pasen a formar parte de la Federación Rusa. Se entiende sí, que la eventual membresía de ese país a la OTAN, sería una provocación innecesaria contra Rusia y por ello, el propio presidente Zellesnky ha manifestado que no estaría contemplada.

Occidente ha respondido a la invasión a Ucrania con duras sanciones, es decir, con una guerra económica, consistente en restricciones financieras, congelación de fondos nacionales y bienes personales de dirigentes y de oligarcas cercanos a Putin, el retiro de los bancos de la plataforma Swift, cierre de espacios aéreos, restricciones a la compra de hidrocarburos, a viajes, a la operación de empresas y bancos rusos, el bloqueo a las compras de productos de alta tecnología, y el envío de ayuda militar a Ucrania, sin que implique la intervención directa de fuerzas de la OTAN en ese país.  

Los efectos económicos de la invasión a Ucrania no han demorado en sentirse.

El petróleo, el gas y otros commodities se han disparado en los mercados internacionales, provocando en Europa por el precio del gas un aumento desmedido en las tarifas eléctricas que duelen a la población, así como en el de los combustibles en EEUU, donde el nivel alcanza ya en promedio US$ 4,26 dólares por galón. Los minerales y los cereales han batido récords, entre ellos el trigo, que ha llegado a US$ 344 por TM, así como la cebada, el maíz y la soya, estimulando la inflación mundial, que era ya preocupante a raíz de la pandemia.

De otra parte, la decisión de Alemania de suspender la certificación del gasoducto Nord Stream II para el transporte del gas ruso hacia su país ha afectado duramente a las petroleras rusas Gazprom y Rosneft y ha llevado a los constructores a la quiebra, golpeando también a algunas empresas británicas, francesas y austríacas asociadas al proyecto.

La visita a Caracas 

Estados Unidos ha tratado de estimular a otros países productores a aumentar su oferta de hidrocarburos, lo cual podría resultar factible en países como Canadá, Arabia Saudita y los del Golfo Pérsico, pero ello no ocurre de un día para otro. La polémica visita de funcionarios de EEUU a Venezuela tuvo al parecer más que ver con las gestiones para la liberación de presos estadounidenses, y con las posibilidades de reanudación de los diálogos entre oposición y gobierno en México, pues la realidad es que para paliar la crisis energética mundial la producción petrolera venezolana no es suficiente, apenas cercana a los 800.000 b/d, y en el mejor de los casos podría llegar al millón de b/d, muy lejos de la capacidad de producción al momento de asumir Chávez el poder en 1999, de 3,4 millones de b/d.

La industria petrolera venezolana, hoy destruida por el régimen gobernante requeriría de miles de millones de dólares de inversión para superar el millón de b/d. Por tanto, Venezuela no es actualmente un actor relevante en el mercado, pese a disponer de inmensas reservas y, de otro lado, el gobierno de EEUU ha reafirmado que el levantamiento de las sanciones contra ese país deberá tener como contraparte la definición de una agenda creíble hacia la celebración de elecciones limpias y con garantías en el país. 

El impacto en Rusia

En cuanto a la economía rusa, el impacto inmediato de las sanciones ha sido descomunal, motivando interrogantes sobre cuánto podría soportar Rusia un costo tan elevado sin que sucumba en una crisis mayor, que arruinaría la calidad de vida de su pueblo, con adicionales efectos complejos de política interna, o que incurra en un default en las obligaciones de su deuda externa.

Por lo pronto, decenas de empresas internacionales han suspendido sus operaciones en Rusia, entre ellas las operadoras de tarjetas de crédito internacionales, y empresas como BP, Shell, Equinor, Exxon Mobil, PWC, General Motors, Ford, Volkswagen, Toyota, Samsung, Microsoft, Apple, HP, Intel, Nike, Inditex, Netflix, EA, Airbnb, Google, Ikea, Oracle, Dell, Boeing, Airbus, Spotify, Walt Disney, Paramount, WarnerMedia, Universal y TikTok, a las cuales se agregan proveedores de repuestos para aviones, equipos, y productos de alta tecnología de origen europeo o estadounidense, que afectan gravemente la actividad económica y la vida corriente de la población rusa.  

De otra parte, el rublo ruso se ha devaluado entre un 40% y un 50% desde el inicio de la guerra, el PIB ha perdido alrededor de US$ 30.000 millones, con lo cual la contracción podría alcanzar este año entre 10 y 15%, con una inflación potencial de a 15% según la OCDE, hechos que irradian a la economía global haciéndole perder 1 punto porcentual al PIB, y presiones inflacionarias en torno al 2,3% para el planeta. Las autoridades rusas se han visto además obligadas a aplicar un “corralito” a los movimientos de divisas, limitando los retiros de titulares de moneda extranjera a US$ 10.000 hasta septiembre, y si se excede dicho tope, deberán hacerlo en rublos a la tasa oficial del día.

En suma, colocando primero la triste pérdida de vidas humanas incluyendo miles de niños y heridos, el Papa Francisco ha suplicado a los responsables de la guerra a detenerla, por “insensata y repugnante” por representar una “crueldad inhumana y sacrílega, porque va contra vidas humanas e indefensas”, siendo que la vida debe ser respetada y protegida por encima de cualquier interés o estrategia.

A ese llamado se han sumado millones de voces de protesta en el globo, que claman por un inmediato alto al fuego y por la retirada de las tropas rusas de Ucrania, las cuales han sufrido también innumerables bajas guerra, incluyendo hasta ahora cinco altos Generales. ¡Basta de ríos de sangre y lágrimas en Ucrania! Y ojalá que las negociaciones entre  las partes lleven a un feliz término.

Vía Arepita

Nuevamente tenemos en el banquillo al Sistema Eléctrico Nacional (SEN). Arepita conversó con el ingeniero Víctor Poleo, ex viceministro de Energía en los primeros años de Chávez (1999-2001), que lo ve bastante crudo: sin cambio político no se prende este bombillo. 

—¿Por qué tenemos nuevamente este martirio eléctrico especialmente en el Occidente del país? ¿Es una situación puntual por la sequía?

—Nunca debió ocurrir. En la segunda mitad del siglo XX, Venezuela construyó una muy buena escuela de planificación eléctrica. Un planificador de electricidad debe ver 20 o 30 años adelante.

Hacia 2005 conjeturamos que esto iba a una crisis, y entonces todavía teníamos ingenieros, recursos financieros y un SEN interconectado que era la envidia de Latinoamérica. El punto de quiebre del SEN no es 2019. Ocurre en 2007, en plena borrachera rentista, cuando fue borrado un esquema de una decena de empresas públicas y privadas para meterlas todas en el saco de Corpoelec.

Víctor Poleo: «La retórica de la recuperación y el arrepentimiento es falsa»

—El ministro Néstor Reverol dice que hubo un sabotaje contra Termozulia y el gobernador Freddy Bernal se escuda en que la represa Uribante-Caparo está vacía.

—Reverol no está capacitado, como tampoco lo estuvo antes Motta Domínguez o Manuel Quevedo en Pdvsa. Hay deshonestidad en nuestro sector militar. Si un embalse está vacío, es porque no lo saben operar. Son historias que tenemos 10, 12 o 15 años escuchándolas. Se trata de una gavilla delictiva.

El SEN descansa sobre la energía limpia, abundante, renovable y barata del río Caroní. Con el sistema del Caroní debilitado, y sin un complemento termoeléctrico en el Centro o en Zulia, tenemos a 20% de la nación bajo un régimen anómalo de energía no servida. Piezas que faltan en 20% del rompecabezas eléctrico.

No hay energía termo porque no hay gas, diesel ni industria petrolera. Las soluciones de poner una plantica eléctrica aquí y otra allá son habaneras.

—¿Pero aquí no hay una recuperación de la economía? ¿Por qué no se aprovechó para generar más energía?

—No puede haber recuperación de la economía sin electricidad. Hemos hablado de la reducción de la oferta eléctrica, ahora hablemos de la demanda: en el año 2000, 80% de la demanda era industrial y comercial y 20% residencial. 20 años después se invirtió totalmente. La demanda es esencialmente residencial, aunque se hayan ido 7 millones de venezolanos.

No hay industria, comercio ni empresas básicas. En este momento tenemos la estructura de una aldea eléctrica: 26 millones de habitantes se alumbran sin casi actividad económica. La retórica de la recuperación y el arrepentimiento es falsa.  

—Pero alguien que está en Caracas podría decir que, al menos allí, la situación se parapeteó. Porque no se han repetido cataclismos como los de 2019

—No sé en qué parte de Caracas vive usted. Varios engranajes de la capital tampoco están funcionando. La crisis llegó a Caracas: estaba predicho. El sistema no se papapeteó. Un sistema interconectado es altamente frágil.    

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