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Es lo que es

DBuford

Desde una mirada crítica, el populismo como enfoque de la política económica de los gobiernos intervencionistas y personalistas, tienen como objetivo defender el bienestar del “pueblo”, comprometiendo el gasto público, sin incentivar el crecimiento macroeconómico, pero con una intención de mejorar la distribución del ingreso a favor de los sectores más desposeídos de la sociedad, es significativo resaltar que es un modelo donde los intereses políticos se anteponen a los intereses económicos de la sociedad.

El término populismo se ha usado en política con dos acepciones diferentes; una de ellas tiene un significado positivo, pero principalmente se usa con una connotación negativa. En algunos casos se identifica erróneamente el populismo con la demagogia: mientras ésta última está referida al discurso del político buscando influir en las emociones de los electores, el populismo está referido a las medidas que toma un político, buscando la aceptación de los votantes.

El populismo ha sido una característica recurrente en la historia política de Venezuela, especialmente ligado a su condición de país rentista petrolero. A lo largo del siglo XX y en el XXI, diferentes gobiernos han utilizado discursos y políticas populistas para consolidar su poder y movilizar a la población.

Raíces y evolución del populismo venezolano: Populismo clásico (mediados del siglo XX): Surge en la década de 1940, en un contexto de migraciones del campo a la ciudad y nuevas demandas socioeconómicas. La política y el petróleo estuvieron estrechamente ligados, y figuras como Rómulo Betancourt (Acción Democrática) y Rafael Caldera (COPEI), aunque con matices, implementaron políticas sociales y de redistribución de la renta petrolera. Esta etapa, a pesar de sus aspectos positivos en la democratización inicial, también sentó bases para una dependencia del Estado y del petróleo, y para una «democracia clientelar». Declive del punto fijismo y surgimiento del neopopulismo (finales del siglo XX y XXI): A partir de la década de 1980, el agotamiento del modelo rentista y las crisis económicas llevaron a un descontento social creciente. El «Caracazo» de 1989 evidenció la fragilidad del sistema. En este escenario, emerge la figura de Hugo Chávez, quien capitalizó el descontento popular y prometió una «revolución bolivariana» para «redimir» al pueblo de la «IV República» (la democracia bipartidista).

Características del populismo en Venezuela: Liderazgo carismático: Se centra en una figura fuerte y carismática que se presenta como la voz del «pueblo» y encarna sus necesidades y aspiraciones. Hugo Chávez es el ejemplo más claro de este tipo de líder en la historia reciente. División entre «pueblo virtuoso» y «élite corrupta»: El discurso populista construye una dicotomía entre un pueblo bueno y una élite oligárquica o «burguesía» responsable de los problemas del país. Esto a menudo se traduce en un discurso antiimperialista. Dependencia de la renta petrolera: Históricamente, el populismo venezolano ha estado fuertemente vinculado a la explotación y distribución de la renta petrolera. 

Impacto del populismo en la economía y la sociedad venezolana: El populismo en Venezuela, particularmente en su versión más radical en el siglo XXI, ha tenido un impacto profundo y negativo, llevando a una crisis humanitaria y al deterioro de la calidad de vida de la población:

  • Crisis económica: El modelo rentista y el intervencionismo estatal excesivo han provocado hiperinflación, desabastecimiento masivo, caída drástica de la productividad no petrolera, y una grave crisis económica.
  • Deterioro social: La crisis económica ha generado un empobrecimiento generalizado, con altos índices de inseguridad alimentaria, falta de acceso a servicios básicos como la salud, y una emigración masiva.
  • Erosión democrática: La concentración de poder y el control de las instituciones han debilitado la democracia, limitando las libertades individuales y la participación política efectiva. La falta de un sistema judicial independiente y la manipulación electoral han sido características.
  • Dependencia del petróleo: A pesar de los discursos de diversificación, la economía ha seguido siendo altamente dependiente del petróleo, lo que ha magnificado los efectos de las fluctuaciones de los precios internacionales.

El populismo en Venezuela, si bien ha prometido reivindicaciones sociales y económicas, ha derivado en un modelo que, apoyado en la renta petrolera y en un discurso polarizador, ha llevado a una profunda crisis en todos los ámbitos, transformando lo que algunos han denominado una «democracia delegativa de izquierda» en un régimen autoritario.

Cuando Hugo Chávez tomó el poder en Venezuela hace casi 20 años, promovió un populismo de izquierda que parecía estar concebido para salvar la democracia. Pero, por el contrario, ha provocado la implosión del modelo democrático en ese país como se evidenció la semana pasada cuando el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) se apropio de las funciones del parlamento.

El futuro de Venezuela es una advertencia: el populismo es un camino que, al principio, puede lucir como una democracia. Sin embargo, cuando se lo analiza hasta su conclusión lógica, puede provocar que la democracia se debilite o incluso se convierta en autoritarismo. El populismo no siempre termina siendo autoritarismo.

En Venezuela la práctica del populismo ha servido para conservar gobiernos, pero concretamente cuando emergió la llamada Quinta República un proyecto político sustentado en el socialismo del siglo XXI, por Hugo Chávez Fría, se inició una fase desconstrucción en las políticas sociales, económicas y educativa con el propósito de establecer un cambio con tono nebulosos que proponía cambios en la constitución de práctica del modelo Socialista pero que en lo concreto no era más que el modelo populista. Si algún líder latinoamericano contemporáneo se emparenta con la figura de Juan Domingo Perón, en términos de esa doble característica, es el fallecido presidente. Efectivamente, desde que la escena venezolana fue copada con su presencia, Chávez revitalizó la práctica política populista a través de un discurso cargado de emocionalidad que sintonizó eficazmente con la población.

Lo grave, el concepto de populismo es tan complejo, lo han visto como una especie de patria cuyo rasgo distintivo es la equiparación del país y el pueblo, pareciendo este último al universo social integrado por la gente. El patriotismo inducido por Maduro agota sus esfuerzos en dar la sensación de unión con el pueblo, teniendo como los protagonistas a los excluidos, es decir en nombre de estas personas Nicolás Maduro se erige como el defensor de los intereses nacionales y democráticos frente a la inevitable invasión del imperio norteamericano. Por eso es que Kurt Weyland, un politólogo de la Universidad de Texas, escribió en un artículo académico de 2013 que el “populismo siempre estará en conflicto con la democracia”.

Quedo revelado Maduro es el constructor de su crisis económica, estratégicamente sustituyo la producción por importación ejemplo los CLAP, quebrando a la mayoría de los productores nacionales, Maduro aún con los pocos dólares que le entran al país mantiene una visión distorsionada e interesada de lo que se debería hacer ante una aguda crisis económica. Sin duda, todo tiene una clara intención: El populismo se mueve que la gente dependa de las “bondades” del Estado venezolano o en su defecto de la revolución bolivariana. 

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La frase que titula este artículo -el primero que escribo desde mi escape- es mucho más que un eslogan. Es una forma de asumir la vida -y hasta más que eso cuando se decide, con determinación, enfrentar a una tiranía criminal-. La obligación moral de resistir poco o nada tiene que ver con aguantar de forma estática, a la espera de que algo pase. Tiene que ver, en realidad, con la idea de hacer todo lo que sea posible para lograr la libertad de Venezuela; o, dicho de otro modo, hacer que las cosas pasen. No hay espacio para la rendición ni para el acomodo. No hay puntos medios. No hay dudas. Es un compromiso y, sobre todo, una responsabilidad con quienes aún siguen bajo las garras del terrorismo de Estado.

Mucha gente de mi entorno todavía se pregunta por qué sigo en esto, ahora desde el destierro, como si más de 400 días de cautiverio en manos del régimen criminal no hubieran sido suficientes para renunciar a algo que parece imposible e improbable: liberar a Venezuela. ¿Cómo me rindo, si mi escape junto a mis compañeros es la evidencia explícita de que el régimen no es tan fuerte como nos hace creer? Mis ganas de continuar luchando no tienen que ver con lo que hacen ellos, sino con lo que podemos hacer nosotros, y cómo lo que hemos hecho, les ha propinado derrotas certeras en momentos claves. ¿Cómo digo que no hay nada que hacer, cuando ahora es que estamos haciendo dentro y fuera del país?

Nosotros no somos los mismos desde hace meses, pero el régimen tampoco. Jamás imaginaron que la inmensa mayoría construida por millones de héroes valientes que asumieron su libertad con determinación, sería capaz de utilizar los mecanismos convencionales de la política -como lo es una elección- para organizarse de forma no convencional y demostrarse a sí mismos, al propio régimen y al mundo entero lo que eran y son capaces de hacer, porque lo siguen haciendo. El régimen que simulaba hacer política, que aparentaba tener apoyo popular, que fingía tener el control y el reconocimiento del mundo, y que mentía con su falsa verdad, se quedó sin eso y sin mucho más. Hoy sólo tienen el miedo y el terror. Es su único pilar, pero un pilar con grietas.

En Venezuela hoy todo el mundo es terrorista, aunque se demuestre lo contrario. Por eso el régimen va contra cualquiera que les genere sospechas, esté entre ellos o entre quienes le adversan. También es un mensaje para quienes han decidido hacerle el coro a ese régimen creyendo que, por acomodarse a la tiranía, ésta no los tocará. Frente a una tiranía criminal que ya no disimula mostrarse como es, no funciona el apaciguamiento o la cohabitación; sólo funciona la verdad asumida como coraje y como fuerza.

El régimen hace todo por disimular sus grietas, a pesar de que todo lo que hacen para taparlas, las profundiza. No han podido explicar cómo nos escapamos, porque simplemente no saben cómo lo hicimos, pero lo hicimos frente a sus ojos. No se lo explican, pero, además, dudan entre sí. En su juego criminal asumen que no hay espacio para la vulnerabilidad, pero se saben más vulnerables que nunca. Y eso, para nosotros, es esperanza y oportunidad. Esperanza porque siempre hay razones para creer, pero oportunidad porque el liderazgo asume esas razones para actuar. 

Nadie duda que el mundo vive tiempos complejos, en los que cada contexto lucha por la relevancia. Cada causa que hoy se pelea en el mundo tiene una razón de ser. Venezuela no es la excepción, a pesar de los cuantiosos esfuerzos por los operadores de la normalización que buscan hacer creer que nada pasa, cuando todo está ocurriendo. Esos normalizadores, al margen de su motivación para hacer lo que hacen, pretenden decir al mundo que, frente a otros conflictos, el nuestro no es uno, como si Cuba, Rusia o Irán no tuvieran sus pies en Venezuela y como si la seguridad del hemisferio no estuviera seriamente amenazada.

Peor aún, pretenden decir que las actividades criminales y corruptas del régimen, sus vínculos con el narcotráfico y el terrorismo, son un invento, y que la población no sólo no está pasándola tan mal como se dice, sino que si eso ocurre es por culpa de quienes piden castigar a los que han sometido a la sociedad. Es un coro que a viva voz se tiñe de encuestadoras, opinadores, falsos candidatos y mucha mentira; un coro que tiene mucho dinero, dentro y fuera de Venezuela. 

Es paradójico que mientras más se hace visible la cara criminal del régimen -es decir, la real-, estos normalizadores hagan todo a su alcance para minimizarla y ponerle una careta de bondad a quien está persiguiendo, torturando y matando. Dicho de otro modo, mientras más terrorista es el Estado, más se empeñan los normalizadores en democratizarlo. Eso es moralmente inaceptable y por eso les molesta tanto que quienes hemos padecido en carne propia al régimen, no nos pleguemos a su mentira. Lejos de quebrarnos, nos han encontrado de pie, asumiendo un mandato que goza de legitimidad, que goza de apoyo y, más importante que todo eso, que es el correcto.

Los tiempos de la diplomacia convencional no son los tiempos de la premura de Venezuela. El rol del liderazgo es precisamente alinear esos tiempos y traerlos hacia la urgencia que implica concretar la transición a la democracia en nuestro país. Eso requiere de firmeza en los valores, de coordinación en los esfuerzos internos y externos, de pragmatismo en los incentivos y de claridad en lo estratégico. Dicho de otro modo, reúne la estrategia que engloba la causa, el liderazgo que la conduce y la organización que la ejecuta. Todo eso existe hoy y lo lleva a cabo María Corina Machado, acompañada del depositario de la soberanía nacional, que es el Presidente Electo Edmundo González Urrutia, junto a todo un país que ya decidió ser libre.

¿Qué implica la diplomacia no convencional? ¿Por qué la diplomacia convencional no funcionó con nosotros en la embajada y no funcionará para liberar a Venezuela? ¿Qué esperar de la comunidad internacional un año después de que los venezolanos hiciéramos todo lo que se nos pidió y seguimos luchando? Es parte de la reflexión en la próxima entrega.

Este artículo fue publicado en La Gran Aldea el 15 de julio de 2025

Vía 14ymedio

La aerolínea colombiana Avianca abandonará su ruta entre Bogotá y La Habana a partir del próximo 31 de agosto, en la antesala de la temporada alta del turismo en la Isla.

Los medios especializados han aludido a la baja ocupación de los vuelos como causa de la suspensión de la ruta, que dejaría a Wingo como la única compañía que ofrece viajes directos entre ambas ciudades a partir de septiembre.

Poco más de ocho meses es lo que ha durado la ruta, retomada por Avianca el pasado diciembre –con una frecuencia diaria y 2.500 asientos semanales– tras abandonarla en 2020. No obstante, los medios especializados en aviación ya habían vaticinado una posible desaparición de la ruta, que hará su último vuelo de El Dorado a la terminal 3 del José Martí el 30 de agosto a las 12:35.

El pasado abril, Reportur aseguraba que la demanda de vuelos entre Colombia y la Isla se había desplomado y que, según un experto consultado, las aerolíneas que realizan el trayecto estaban volando “con menos del 70%” de capacidad. Los números, subrayó entonces el portal, no son rentables para la panameña Copa y las colombianas Wingo y Avianca, pero entonces ninguna había dado señales de querer suspender su ruta.

Para que las aerolíneas obtengan beneficios la ocupación de los vuelos debe superar el 80%, «con buena tarifa media, por lo menos de 300 dólares»

Para que las aerolíneas obtengan beneficios, explicaba el experto, la ocupación de los vuelos debe superar el 80%, “con buena tarifa media, por lo menos de 300 dólares”. Según expuso, a inicios de año la Isla había experimentado cierta recuperación hotelera –principalmente gracias a que las compañías extranjeras importan sus propios recursos y alimentos–, pero eso no se tradujo en un aumento de pasajeros, al menos no desde Colombia. “La demanda no se ha recuperado”, zanjaba.

La conexión también ha perdido potenciales viajeros con el cierre de la frontera sur de Estados Unidos y la prohibición a cubanos de llegar hasta Colombia sin visado. Y desde 2023 están vigentes las sanciones de Estados Unidos a todas las aerolíneas y funcionarios involucrados en el tráfico de migrantes desde la Isla a Nicaragua. Por las restricciones, varias compañías ya han debido suspender los vuelos entre los destinos y algunas incluso ya han sido penalizadas por Washington.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, preguntó a su homólogo ucraniano, Volodímir Zelenski, si podría «golpear» las ciudades rusas de Moscú o San Petersburgo, en una llamada telefónica que tuvo lugar el 4 de julio, según publicó este martes el diario británico Financial Times (FT).

De acuerdo a fuentes al tanto de lo discutido en la llamada, que se produjo un día después de la conversación entre Trump y el presidente ruso, Vladímir Putin, el mandatario estadounidense alentó a Zelenski a intensificar los ataques en el interior de Rusia, agrega el FT.

El presidente ucraniano, por su parte, respondió que podrían alcanzar Moscú o San Petersburgo si Estados Unidos les proporcionaba armas de largo alcance.

«Volodímir, ¿puedes atacar Moscú? ¿Puedes atacar San Petersburgo también?», relata el FT sobre las palabras de Trump, a lo que Zelenski respondió que «por supuesto» si les «dan las armas».

Esta estrategia de Trump, de acuerdo con lo publicado en el rotativo británico, pasa por «hacerles sentir el dolor (a los rusos)» y forzar que el Kremlin se siente a la mesa de negociaciones para alcanzar una solución al conflicto que estalló en febrero de 2022.

Este martes, el presidente estadounidense dijo en una entrevista a la BBC estar decepcionado con Putin pero recalcó que aún no ha «terminado» con él, al hablar acerca de los esfuerzos para alcanzar un acuerdo sobre Ucrania.

EFE

Meta, la compañía dirigida por Mark Zuckerberg, anunció que está construyendo uno de los centros de datos de inteligencia artificial más grandes del mundo, con una capacidad proyectada de cinco gigavatios (GW), equivalente a la mitad de la potencia generadora de la central hidroeléctrica Guri en Venezuela, una de las más grandes de América Latina.

El proyecto, denominado Hyperion, será la piedra angular del nuevo laboratorio de superinteligencia de Meta y se ubicará en la parroquia de Richland, Luisiana, donde la compañía ya había anunciado una inversión de 10.000 millones de dólares. Según confirmó el portavoz de Meta, Ashley Gabriel, la meta es operar 2 GW para 2030, escalando a los 5 GW en los años siguientes.

Zuckerberg afirmó que la infraestructura de Hyperion será tan grande que podría ocupar la mayor parte de Manhattan. Además, Meta planea complementar este esfuerzo con Prometheus, un supercúmulo de 1 GW en New Albany, Ohio, previsto para 2026. Con esta combinación, la empresa busca posicionarse a la vanguardia de la carrera por la inteligencia artificial, compitiendo directamente con OpenAI, Google DeepMind y Anthropic.

La magnitud de estos proyectos implica un enorme consumo de energía y recursos hídricos, algo que ya ha generado controversia. En Georgia, un centro de datos de Meta provocó la escasez de agua en comunidades cercanas, según informó The New York Times. Otros gigantes del sector, como CoreWeave, planean expansiones similares que podrían duplicar la demanda eléctrica de ciudades enteras en Texas.

La administración de Donald Trump ha dado respaldo explícito a la expansión de estos gigantescos centros de datos. El presidente apoyó públicamente a OpenAI en su proyecto Stargate, en colaboración con Oracle y SoftBank, mientras que el secretario de Energía, Chris Wright, defendió en The Economist que EE. UU. debe liderar esta “nueva frontera energética”, aumentando la producción de electricidad mediante carbón, gas, nuclear y geotermia para alimentar el auge de la IA.

Los expertos prevén que, de mantenerse esta tendencia, los centros de datos podrían consumir hasta el 20 % de toda la electricidad de EE. UU. para 2030, comparado con apenas el 2,5 % en 2022. La ambición de convertir electricidad en “inteligencia” está marcando un hito tecnológico, pero también plantea nuevos retos para las comunidades y la infraestructura energética.

Los movimientos populistas construyen narrativas que aprovechan resentimientos, envidias y ansias de revancha de aquellos que creen ser víctimas de engaños perversos. Se proyectan como la fuerza capaz de reparar sus agravios, reclutándolos, así, para conquistar el poder. Central es la identificación de los supuestos culpables de sus desdichas. Con una retórica maniquea llena de odios, edifican contraposiciones simbólicas, con base en mentiras y medias verdades para exacerbar las pasiones en su contra. Invocan épicas de una época de oro mitificada que retratan a un pueblo noble y puro enfrentado a sus crueles enemigos de siempre: con éstos no puede haber empatía alguna. Y como no merecen tener los mismos derechos que “nosotros”, suelen ser discriminados.

Si ello implica apelar a la violencia y/o a los mecanismos represivos del Estado y se les niega derechos básicos, adquiere una clara factura fascista. Construcciones ideológicas patrioteras justifican este proceder. Sus atropellos son absueltos por no ser más que expresión de legítimas pasiones de un pueblo en liza permanente por el destino glorioso prometido. Según esta perspectiva, se vive para la lucha. Con tal propósito se regimenta a la sociedad bajo la hegemonía de una casta militar que alega encarnar a la nación. Conforma un ambiente que aplasta toda expresión individualista capaz de interponerse a la consecución de lo que el líder visionario identifica como el bien común. La lealtad hacia él es un valor supremo que llama a cerrar filas en torno suyo. Se prohíbe toda disidencia.

Chávez pudo articular exitosamente estos elementos en su lucha por el poder. Supo aprovechar el desgaste del contrato social implícito que había forjado la democracia bipartidista con promesas de mejorarle continuamente al pueblo sus condiciones de vida a cambio de apoyo político. Se erigió en el redentor providencial que sí cumpliría sus ofrecimientos. Su procedencia castrense, su promoción de un creciente protagonismo militar y la apelación a la violencia de sus camisas rojas para disputarle la calle a sus contrincantes, proyectó claramente su cariz neofascista. En su segundo gobierno, sustituyó su retórica original patriotera y antiimperialista por un remedo de “socialismo del siglo XXI”. Así, las confiscaciones y controles crecientes permitieron acentuar el expolio a la nación, lejos de “liberar las fuerzas productivas” como pregonaba el marxismo. Y la centralización del poder en sus manos, con el desmantelamiento continuado de las instituciones que resguardaban la existencia de contrapoderes que podían contener sus apetencias, facilitó a su sucesor designado terminar de echar por la borda a la constitución nacional y convertirse, abiertamente, en dictador.

Lo que interesa destacar aquí es que, hasta su muerte, esta narrativa de Chávez encontró resonancia e identificación en amplios aspectos del imaginario popular. Tanto el patriotismo extremo, el tutelaje militar, como el culto al héroe personificado en el Libertador, forman parte de los valores nacionalistas que se nos han inculcado, incluso bajo la democracia. Y la idea de que Venezuela era rica, por lo que la pobreza era culpa de la incompetencia, corrupción o mala voluntad de quien ejercía funciones de gobierno, era prédica común de AD para descalificar a COPEI y viceversa. Chávez, en buena medida, no inventó nada. Tenía el lecho ya tendido. Le bastó recoger las promesas incumplidas de la democracia bipartidista, exacerbar sus prácticas populistas y clientelistas, y proyectarse como el genuino heredero de Bolívar para conquistar el favor de los venezolanos. Luego, la bonanza petrolera de su segundo gobierno permitió darle un contenido real a su prédica “socialista” mediante programas discrecionales de reparto que ocultaban la destrucción del tejido productivo nacional.

Por razones obvias, esta narrativa redentora desentona totalmente con la Venezuela de hoy. Ha sido tal el grado de destrucción del país, tal la degeneración de los valores y del sentido de justicia y tal la ausencia de responsabilidad y de compromiso con los intereses de la nación puesto de manifiesto por los que se apoderaron del Estado que, en lugar de perspectivas de un mundo mejor, el venezolano se asoma a un terrible vacío, carente de toda sustancia y sentido. Insólitamente, el núcleo fascista sigue apegada a su retórica chavista, si bien bajándole dos a sus críticas al sector privado –quiere que amplíen sus negocios–, y al imperio, para no provocar al imprevisible Mr. Trump. Del resto, se sigue proyectando como si condujeran una revolución asediada por una “derecha” defensora de privilegios, a causa de su defensa de los intereses del “pueblo”. Y, en este malabarismo, la palabra “pueblo” es usada como mampara para referirse a sí mismos. O sea, una exigua oligarquía militar-civil, en poder de las palancas de decisión del Estado y adueñada de Venezuela por el ejercicio de la violencia, no es tal, ¡es el propio pueblo! Tal usurpación es tanto más nauseabunda luego de haber cometido Maduro, con el auxilio del delincuente, Elvis Amoroso, el fraude más ramplón y torpe a la voluntad de ese pueblo: haber votado masivamente por el cambio el 28J en la figura de Edmundo González Urrutia. Pero, con el mayor descaro, fingen sentirse ofendidos cuando se les increpa por tan vulgar trampa, incluso cuando lo hacen quienes eran, hasta poco, sus aliados.

Lamentablemente, su falsía no se reduce a mostrarse “indignados” por una supuesta maledicencia. Con la mayor crueldad y alentados por acusaciones fabricadas por mentes enfermas como las de Tarek, “Torquemada”, Saab y la del energúmeno del mazo, sus esbirros desataron una salvaje andanada represiva contra los venezolanos que protestaron el fraude. Miles de detenidos, de los cuales todavía quedan unos mil presos políticos, más de 20 asesinados, numerosos torturados y desaparecidos, representan el saldo más inmediato de su despojo. Se añade, desde luego, el deterioro irrefrenable de las condiciones de vida de los venezolanos por cada día que permanece el usurpador al mando: fehacientemente, el peor presidente habido en el país. Pero este señor, campeón del fracaso, anda por ahí platicando acerca de unas supuestas “7 transformaciones” y anunciando reformas a la constitución para crear un “estado comunal” (¡!). Difícil saber qué es más ridículo, estos alegatos o Diosdado Cabello acusando a la oposición de “fascista”. Y para completar el bochorno, Jorge Rodríguez, mejor conocido como El Furibundo por sus destemplanzas, insulta, “ofendido”, al Alto Comisionado de las NN.UU. para los Derechos Humanos, Volker Türk, por incluir en su informe la mayor violación de estos derechos en el país por las protestas al fraude electoral perpetrado.

Y uno se pregunta, ¿A dónde pretenden llegar los maduristas con esta representación? Su narrativa hueca no tiene asidero alguno entre las grandes mayorías. Algunos argumentan que su radicalización obedece a la desesperación que sienten al ver estrecharse sus opciones. Puede ser. El fascismo necesita refugiarse en una burbuja de falsedades para absolver sus crímenes y continuar alimentando su espíritu de secta para no bajar la guardia. Pero también es cierto lo que vienen denunciando Moisés Naim y Anne Applebaum, entre otros. Estas falsedades –su “posverdad”– no pretenden suplantar la realidad tal como es por la suya, sino, más bien, destruir toda noción de verdad. Hacer que la gente no sepa a qué atenerse, alimentando su desesperanza y desolación. Una corporación criminal que toma decisiones para ampliar su poder y asegurar sus posibilidades de expoliación, queda como única certidumbre. No hay otra referencia asequible. Sus decisiones no requieren sustento alguno ni tienen por qué tomar en cuenta la pluralidad de sectores existentes en la sociedad. Allana el camino a cuanta arbitrariedad se le ocurra a Maduro y los suyos para afianzar su poder y negocios.

De ahí lo imperativo que es levantar una referencia alternativa, sólidamente fundamentada, como plan de recuperación. El que formuló el equipo de María Corina Machado en apoyo a la candidatura de Edmundo González Urrutia es excelente. Al tener reconocimiento internacional, la presidencia de EGU augura acceso al financiamiento requerido para atender de inmediato la emergencia humanitaria compleja, reformar el Estado, reestructurar la deuda pública y crear las condiciones propicias para un crecimiento sostenido de la economía. Maduro, por el contrario, no tiene nada que ofrecer sino más represión. Mantener a este campeón del fracaso no es, para nada, la mejor opción de los chavistas.

Editorial morfema.press

“El ganador del Royal Rumble: el primer año de Mulino”. Así resumió Ricardo Martinelli, desde su autoexilio, la paradoja de su delfín político convertido en emperador sin rivales. La metáfora —inspirada en la famosa batalla campal de la lucha libre— sintetiza un año turbulento en el que José Raúl Mulino, contra pronóstico y críticas, ha consolidado un poder casi sin contrapesos.

Mulino asumió la presidencia impulsado por la maquinaria y el caudal electoral de Martinelli, quien lo respaldó hasta la frontera del cuadrilátero. Pero apenas se colocó la banda presidencial, Mulino empezó a marcar distancia: nombró ministros sin ceder cuotas, derribó a figuras incómodas como Camacho y Marta Linares y resistió errores propios, como la improvisación presupuestaria de su llamado “súper ministro de economía”, sin que nada lo rozara políticamente.

Mientras el país lamenta el estancamiento económico, la pérdida de empleos y la eliminación de subsidios, Mulino ha aprovechado la debilidad de una oposición dispersa. Con mano firme, eliminó la influencia de sindicatos poderosos como Suntracs y el gremio bananero, enfrentó a los maestros sin concesiones y colocó un contralor de su confianza, sellando así un control institucional inédito para un presidente que se estrenaba como heredero y terminó actuando como caudillo.

El episodio más simbólico de su dominio ha sido su relación con Martinelli: el mismo padrino que lo impulsó desde el exilio diplomático terminó políticamente expulsado del escenario local. Mulino resistió incluso las presiones externas, como el roce diplomático con la administración Trump, y salió airoso, mientras sus adversarios se diluyen en pugnas internas o se marchan del país.

Hoy, Panamá asiste a una situación atípica: sin PRD funcional, sin Realizando Metas cohesionado, sin CD ni Panameñistas con brújula, con MOCA estancado y una izquierda sin discurso que una, Mulino gobierna solo, con la cancha despejada y con la narrativa de eficiencia autoritaria como su principal escudo.

La eliminación del Ministerio de la Mujer, del BDA y del Banco Hipotecario y el anuncio de recortes de más de mil plazas en la Asamblea no son solo gestos de austeridad: son símbolos de que Mulino, a diferencia de otros presidentes recientes, gobierna con el tablero casi vacío de fichas de contrapeso.

Mientras tanto, Martinelli observa desde Nicaragua cómo su creación política se consolida sin él. Y, como en el Royal Rumble, Mulino se mantiene en pie, mientras uno a uno sus rivales —y hasta sus aliados— son lanzados fuera del ring.

La Orden Ejecutiva del 4 de febrero pone en revisión a las organizaciones multilaterales y tratados internacionales de los que Estados Unidos es parte. Se reconsiderará la pertenencia del país a la Unesco y a la Organización Mundial de la Salud, entre otros. Simultáneamente, el gobierno ha decidido retirarse del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, como ocurrió durante el primer mandato de Trump, del Acuerdo Climático de París y de la Convención de Refugiados de 1951. Agréguese que el creciente proteccionismo y la preferencia por aranceles bilaterales recíprocos socavan, a su vez, las reglas del comercio internacional emanadas de la Organización Mundial del Comercio.

En síntesis, la administración de Trump se propone desandar el orden multilateral posterior a 1945. Diseñado por el propio Estados Unidos, estaba anclado en una organización para la paz y la seguridad basada en el derecho internacional, la ONU, y en un sistema multilateral de comercio y pagos gobernado por instituciones financieras, Bretton Woods. Se trata, por ello, de un histórico giro en U, un regreso a la política exterior insular y nacionalista anterior a la Carta Atlántica de 1941 y que persigue liberar al país de las restricciones de la institucionalidad de la posguerra.

Este marco conceptual da sentido a las palabras del subsecretario de Estado Landau en la reciente Asamblea General de la OEA, las cuales generaron sorpresa e inquietud. Allí anunció que la OEA también es una de las organizaciones bajo revisión, que no puede predecirse el resultado de dicho examen y que, por ello, “debemos preguntarnos cuál es el sentido de la organización”.

Esto último en virtud de una supuesta falta de respuesta de la OEA frente al fraude electoral y los crímenes de la dictadura en Venezuela, y en relación con la crisis política y de seguridad en Haití. De ahí que, a partir del pronunciamiento del subsecretario, varios comentaristas se apresuraran en pronosticar “el fin de la OEA” debido a que “la OEA no sirve” y otras formulaciones similares.

Dicha lectura soslaya el meollo de la cuestión en al menos tres aspectos. Primero, la OEA, sin duda, dejaría de existir si Estados Unidos se retirara, pues desaparecerían sus vitales aportes financieros. Lo que no sabemos es si dicha decisión depende de la presunta incapacidad de la OEA o de razones doctrinarias de la administración de Trump. Es decir, su expreso rechazo al multilateralismo, en cuyo caso sería una decisión tomada de antemano. Los ejemplos citados al comienzo ilustran el punto.

Segundo, preguntar si la OEA sirve o no, sin más y punto, es una abstracción. El sentido de la organización es la promoción de la democracia y la defensa de los derechos humanos, según ordenan sus textos “canónicos”: la Carta de la OEA, la Convención Americana sobre Derechos Humanos y la Carta Democrática Interamericana. La OEA servirá en tanto el secretario general tenga la convicción, la voluntad y el coraje de actuar en consecuencia, y logre el apoyo de los Estados.

Por ejemplo, en la década de Insulza jamás se emitió una resolución contra la voluntad de Caracas. Fue recién en 2016, ya con Almagro en la Secretaría General, cuando se votó por primera vez una resolución condenando las alteraciones al orden constitucional.

Y sobre el tema del fraude electoral de julio pasado y la posterior represión, la CIDH y el propio Almagro calificaron al régimen de Maduro como “terrorismo de Estado”, aprobándose una resolución al respecto.

El problema de hoy es que no tenemos certeza de que el secretario general Ramdin posea similares convicciones. Su deseo de “dialogar” con Maduro (¡como si no hubiera ocurrido tantas veces!), sin juzgar si se trata de una dictadura o una democracia, no es auspicioso.

Tercero, pensemos en un contrafáctico. ¿Las Américas estarían mejor sin la OEA? ¿En qué otro foro se debatirían los temas políticos de la región? ¿Quién observaría elecciones y luego mediaría en caso de disputas? ¿Y quién reemplazaría la fundamental tarea de la CIDH? No se trata de cerrar la OEA, sino de exigir a sus líderes actuales cumplir con el mandato: democracia y derechos humanos.

*Profesor de la Universidad de Georgetown.

El líder del Partido por la Libertad (PVV), Geert Wilders, ha encendido nuevamente el debate político en Países Bajos tras anunciar que, de llegar al poder, su formación cerrará todas las escuelas islámicas del país.

El polémico anuncio lo realizó a través de la red social X, donde Wilders afirmó que esta medida forma parte de su manifiesto electoral con el objetivo de eliminar lo que considera una “ideología de odio y violencia” en el sistema educativo neerlandés.

“El islam no tiene cabida en nuestras escuelas. Los niños no deberían crecer bajo una ideología que atenta contra nuestros valores”, declaró Wilders, quien desde hace años mantiene un discurso abiertamente contrario a la religión islámica y la inmigración procedente de países de mayoría musulmana.

La reacción no se hizo esperar. Diversos partidos progresistas, así como organizaciones musulmanas y de derechos humanos, calificaron la propuesta de “discriminatoria” y alertaron de que contraviene principios fundamentales de la Constitución neerlandesa, como la libertad de religión y el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos.

Actualmente, la ley de educación en Países Bajos permite la existencia de escuelas confesionales de distintas religiones —católicas, protestantes, judías e islámicas— siempre que cumplan con los estándares académicos y normativos del Estado. De prosperar, la medida enfrentaría un fuerte desafío jurídico por su posible choque con derechos fundamentales consagrados.

No es la primera vez que Wilders impulsa propuestas de esta naturaleza. En años anteriores ha abogado por prohibir el Corán, cerrar mezquitas y restringir la inmigración musulmana, iniciativas que le han generado tanto respaldo de sectores nacionalistas como duras críticas a nivel nacional e internacional.

El PVV ha visto crecer su base electoral en los últimos comicios gracias a un discurso centrado en la identidad nacional, la seguridad y la crítica a la inmigración. De cara a las elecciones, Wilders apuesta a reforzar su imagen de “mano dura” con medidas que prometen reavivar la polarización política en un contexto europeo ya marcado por tensiones sobre integración y multiculturalismo.

Observadores anticipan un debate encendido en la campaña y posibles impugnaciones legales si la propuesta se convierte en parte de un eventual acuerdo de gobierno.

Una explosión causada por una bombona de gas de 45 kilogramos sacudió este sábado la Plaza Sucre de Catia, dejando un saldo de 25 personas heridas, seis de ellas trasladadas de emergencia al Hospital Pérez Carreño con quemaduras de consideración.

El estallido, que alcanzó un radio de 20 metros y lanzó la bombona a más de 60 metros de distancia, afectó además puestos de venta informal y vehículos que transitaban por la zona.

Según testigos y primeros reportes, la bombona presentaba visibles signos de deterioro, lo que apunta a fallas en los controles de seguridad y a la circulación de bombonas en mal estado, un problema que desde hace años se denuncia sin respuesta efectiva.

Lo que pudo haber sido un accidente evitable ahora se investiga como un posible hecho intencional. Las autoridades locales, encabezadas por la alcaldesa de Caracas, Carmen Meléndez, declararon que “esto no es fortuito”, mientras funcionarios del Cicpc abrieron una investigación para esclarecer si hubo responsabilidades penales.

Sin embargo, más allá de la hipótesis de un sabotaje, el suceso vuelve a poner en evidencia la precariedad del sistema de distribución y manejo del gas doméstico en Caracas y en todo el país. El uso de bombonas oxidadas y mal almacenadas se ha vuelto común, en parte por la falta de supervisión y la escasez de cilindros en buen estado.

Mientras las autoridades comparecían ante las cámaras, comerciantes informales y transeúntes afectados tuvieron que ser trasladados en vehículos particulares ante la falta de ambulancias suficientes. Hasta ahora, no se reportan fallecidos, pero la magnitud del accidente podría haber sido mayor de no ser por la rápida acción de vecinos y bomberos.

Este hecho revive las denuncias de comunidades que claman por un plan de sustitución de bombonas vencidas y un servicio de gas digno, sin mafias ni sobreprecios. Para los vecinos de Catia, la tragedia de este sábado es, lamentablemente, una muestra más de lo que ocurre cuando la negligencia se vuelve rutina y la seguridad de los ciudadanos queda librada a la suerte.

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