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Es lo que es

DBuford

Entre 2023 y los primeros cinco meses de 2025, la estatal Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA) exportó 662 millones de barriles de crudo, lo que generó 42.301 millones de dólares en ingresos, según cifras de la agencia Reuters. Sin embargo, en el mismo período, el salario mínimo legal en Venezuela permanece congelado en apenas 130 bolívares mensuales, equivalentes actualmente a alrededor de un dólar, el más bajo de todo el continente americano.

El desglose de los datos revela que en 2023, PDVSA exportó 252 millones de barriles, por los cuales recibió 16.138 millones de dólares. En 2024, la cifra subió a 282 millones de barriles, con ingresos de 18.389 millones de dólares. Solo en los primeros cinco meses de 2025, la empresa estatal colocó en el mercado internacional 128 millones de barriles, obteniendo 7.778 millones de dólares.

Aunque estos ingresos representan una mejora sostenida en el flujo de divisas hacia las arcas públicas, el Gobierno no ha ajustado el salario mínimo desde marzo de 2022. En la práctica, el ingreso mínimo legal de un trabajador venezolano equivale a menos de 0,05% del valor promedio mensual generado por cada barril exportado por PDVSA.

Esta contradicción entre los ingresos petroleros y el empobrecimiento de la población resalta una vez más la desconexión entre la macroeconomía oficial y la realidad cotidiana. Mientras PDVSA recupera mercados y divisas, millones de venezolanos sobreviven con ingresos simbólicos, sin acceso a una canasta básica y dependiendo de remesas o actividades informales.

El contraste es brutal: un país que exporta miles de millones de dólares en petróleo, pero que mantiene a su población trabajadora con el salario mínimo más bajo del hemisferio occidental.

Vía BBC Mundo

Rusia ha continuado recaudando miles de millones de sus exportaciones de combustibles fósiles a Occidente, según datos recopilados por un centro de investigación, lo que ha ayudado a financiar su invasión de gran escala en Ucrania, que ya está en su cuarto año.

Desde el comienzo de la invasión en febrero de 2022, Rusia ha recaudado más de tres veces la cantidad de dinero por sus exportaciones de hidrocarburos que lo que Ucrania ha recibido en asistencia de sus aliados.

Los activistas señalan que los gobiernos de Europa y Estados Unidos necesitan hacer más para frenar que el petróleo y el gas rusos sigan alimentando la guerra en Ucrania.

¿Cuánto dinero sigue recaudando Rusia?

Los ingresos por la venta de petróleo y gas son clave para mantener en funcionamiento la maquinaria de guerra rusa.

El petróleo y el gas representan casi una tercera parte de los ingresos de Moscú y más de 60% de sus exportaciones.

Tras la invasión de febrero 2022, los aliados de Ucrania impusieron sanciones a los hidrocarburos de Rusia. Estados Unidos y Reino Unido prohibieron el petróleo y gas rusos, mientras que la Unión Europea vetó las importaciones por vía marítima del crudo, pero no del gas.

A pesar de esto, para el 29 de mayo, Rusia recibió más de US$973.000 millones en ingresos por sus exportaciones de combustibles fósiles desde el inicio de la invasión a gran escala, incluyendo US$258.000 millones de los países que impusieron sanciones, según el Centro de Investigación en Energía y Aire Limpio (CREA, por sus siglas en inglés).

La porción más grande de esa cifra, US$237.000 millones, vino de Estados miembros de la UE, que continuaron importando gas de Rusia por vía de gasoducto hasta que Ucrania cortó el flujo en enero de 2025.

Y el crudo ruso sigue siendo bombeado a Hungría y Eslovaquia.

El gas ruso continúan siendo distribuido a Europa en crecientes cantidades vía Turquía: los datos de CREA muestran que su volumen subió 26,77% en enero y febrero de 2025 comparado al mismo período en 2024.

Hungría y Eslovaquia también continúan recibiendo gas por gasoducto vía Turquía.

A pesar de los esfuerzos de Occidente, los ingresos por combustibles fósiles de Rusia en 2024 cayeron apenas 5% en comparación a 2023, con una caída similar de 6% en los volúmenes de exportaciones, según CREA.

El año pasado Rusia vio además un incremento de 6% en ingresos por exportaciones de crudo, y un incremento año tras año del 9% en ingresos por gas enviado por gasoducto.

Según los cálculos de Rusia, sus exportaciones a Europa ascendieron hasta el 20% en 2024, con las exportaciones de gas natural licuado (GNL) alcanzando niveles récord. En la actualidad, la mitad de las exportaciones de GNL ruso van a la UE, afirma CREA.

La alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, explica que la alianza no ha impuesto «las sanciones más fuertes» al petróleo y gas rusos porque algunos Estados miembro temen un recrudecimiento del conflicto y porque comprar los combustibles es «más barato a corto plazo».

Las importaciones de GNL han sido incluidas en el más reciente paquete de sanciones -el décimo séptimo- contra Rusia aprobado por la UE, aunque ha adoptado una hoja de ruta para terminar todas las importaciones de gas ruso para finales de 2027.

Los datos muestran que el dinero logrado por Rusia con la venta de combustibles fósiles han superado consistentemente la cantidad de asistencia que Ucrania recibe de sus aliados.

La sed de combustibles puede interferir en los esfuerzos de Occidente para limitar la capacidad de Rusia de financiar su guerra.

Mai Rosner, de la ONG Global Witness, que investiga abusos ambientales y de derechos humanos, indica que muchos legisladores de Occidente temen que cortar las importaciones de combustibles rusos pueda generar precios más altos de energía.

«No hay un deseo real de parte de muchos gobiernos de limitar la capacidad de Rusia de producir y vender petróleo. Hay demasiado temor de lo que significaría para los mercados de energía globales. Hay una línea bajo la cual los mercados de energía se verían muy diezmados o muy desestabilizados», le comentó a la BBC.

«El tecnicismo de refinación»

Además de las ventas directas, parte del petróleo exportado por Rusia termina en Occidente después de ser procesado en productos combustibles para terceros países a través de lo que se conoce como «el tecnicismo de refinación». Algunas veces también se diluye con crudo de otros países.

CREA asegura haber identificado tres «refinerías lavadoras» en Turquía y tres en India que procesan el crudo ruso y venden el combustible resultante a los países que han impuesto sanciones. Dice que han procesado el equivalente a US$69.000 millones de crudo ruso para hacer productos para países que sancionan.

El Ministerio de Petróleos de India criticó el informe de CREA como «una esfuerzo engañoso para manchar la imagen de India».

«[Estos países] saben que los países que imponen sanciones están dispuestos a aceptar esto. Es un tecnicismo. Es completamente legal. Todo el mundo es consciente de ello, pero nadie está haciendo mucho por enfrentarlo de manera grande», expresó Vaibhav Raghunandan, un analista de CREA.

Los activistas y expertos arguyen que los gobiernos de Occidente tienen las herramientas y los medios disponibles para frenar el flujo de ingresos por petróleo y gas a las arcas del Kremlin.

De acuerdo al ex viceministro de Energía de Rusia Vladimir Milov, que ahora es un acérrimo opositor de Vladimir Putin, las sanciones impuestas al comercio de hidrocarburos rusos deberían hacerse cumplir más enérgicamente, especialmente en el precio tope del crudo adoptado por el grupo de naciones del G7, que según Milov «no está funcionando».

Teme, sin embargo, que las reformas radicales del gobierno estadounidense lanzadas por el presidente Donald Trump obstaculizarán a las agencias como el Tesoro de EE.UU. o la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés), que son claves para el cumplimiento de las sanciones.

Otra avenida sería continuar ejerciendo presión sobre la «flota fantasma» de Rusia de buques petroleros involucrados en la evasión de sanciones.

«Esa es una compleja operación quirúrgica. Se necesita lanzar periódicamente tandas de nuevos buques autorizados, empresas fantasmas, comerciantes, aseguradoras, etc. cada par de semanas», explica Milov.

Según él, esta es un área donde los gobiernos de Occidente han sido mucho más efectivos, especialmente con la introducción de nuevas sanciones impuestas por el saliente gobierno de Joe Biden en enero de 2025.

Mai señala que prohibiendo las exportaciones de GNL ruso a Europa y eliminando el tecnicismo de refinación en las jurisdicciones de Occidente serían «pasos importantes para concluir el desacople de Occidente de los hidrocarburos rusos».

Raghunandan de CREA opina que sería relativamente fácil para la UE dejar de importar GNL ruso.

«50% de sus exportaciones de GNL van dirigidas a la Unión Europea, y sólo 5% del consumo total de GNL de la UE en 2024 vino de Rusia. Así que si la UE decide cortar completamente el gas ruso, va a perjudicar a Rusia mucho más que a los consumidores en la Unión Europea», comentó a la BBC.

El plan de precios de petróleo de Trump para finalizar la guerra

Los expertos entrevistados por la BBC han desestimado la idea de Donald Trump de que la guerra con Ucrania terminará si la OPEP baja los precios del petróleo.

«La gente en Moscú se ríe de esa idea, porque la parte que sufrirá más… será la industria de petróleo de esquisto de EE.UU., la industria menos competitiva del mundo», recalcó Milov a la BBC.

Por su parte, Raghunandan dice que el costo de producción de petróleo en Rusia es también mucho menor que el de los países de la OPEP como Arabia Saudita, así que estos sentirían el golpe de bajar los precios del petróleo antes que Rusia.

«No hay manera de que Arabia Saudita acceda a eso. Esto lo han ensayado antes. Esto ha generado conflictos entre Arabia Saudita y EE.UU.», expresa.

Mai Rosner concluye que hay asuntos éticos y prácticos con la compra de Occidente de hidrocarburos rusos mientras apoyan a Ucrania.

«Ahora tenemos una situación en la que estamos financiando al agresor en una guerra que estamos condenando y también financiando la resistencia a esa guerra», comenta.

«Esta dependencia de combustibles fósiles significa que estamos realmente sujetos a los caprichos de los mercados energéticos, productores de energía global y de dictadores hostiles».

La organización no gubernamental Foro Penal informó que, hasta el 2 de junio, en Venezuela se contabilizan 927 presos políticos, según su más reciente actualización. Esta cifra representa un aumento de cinco personas respecto al registro de la semana anterior.

De acuerdo con el informe difundido en la red social X (antes Twitter), 82 de los detenidos poseen doble nacionalidad, mientras que el total general se distribuye entre 831 hombres y 96 mujeres, incluidos 922 adultos y cinco adolescentes entre 14 y 17 años de edad. La mayoría de estas detenciones se produjeron tras las controvertidas elecciones presidenciales de 2024, en las que el Consejo Nacional Electoral —controlado por el oficialismo— proclamó como ganador al presidente Nicolás Maduro, pese a las múltiples denuncias de fraude formuladas por sectores de la oposición.

En el grupo de detenidos figuran 758 civiles y 169 militares, lo que, según Foro Penal, refleja una creciente represión que afecta tanto a la población civil como a integrantes de la Fuerza Armada Nacional.

Desde 2014 hasta la fecha, Foro Penal ha documentado 18.409 casos de detenciones políticas en el país.

La publicación del informe coincide con nuevos señalamientos por parte del gobierno. El pasado miércoles, el ministro de Interior y Justicia, Diosdado Cabello, acusó a Foro Penal, junto a otras ONG como Provea, Médicos Unidos y Maracaibo Posible, de formar parte de una presunta “estructura terrorista” con supuestos planes para sabotar las elecciones regionales y legislativas del 25 de mayo. Cabello vinculó estas organizaciones a un plan para “atacar” embajadas y residencias diplomáticas de Colombia, España, Francia y oficinas de la ONU, basándose en información extraída de teléfonos incautados al dirigente opositor Juan Pablo Guanipa, detenido el pasado 23 de mayo.

Ante estas acusaciones, el presidente de Foro Penal, Alfredo Romero, rechazó los señalamientos y denunció que las ONG venezolanas están siendo criminalizadas y estigmatizadas. “Expresamos nuestro apoyo a otras organizaciones que también han sido atacadas de forma injusta. Eso debe cesar”, declaró Romero a la agencia EFE, agregando que han elevado su reclamo ante el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y otras instancias internacionales.

Romero también exigió garantías para la integridad física de los miembros de estas organizaciones, con el fin de que puedan continuar su labor de defensa de los derechos humanos en Venezuela.

“Si hay alguna institución que se haya adecuado y haya avanzado en el proceso revolucionario del bolivarianismo del siglo XXI es la FANB”

Vladimir Padrino López 

Una de las tragedias más siniestras de América Latina —y Venezuela es hoy su expresión más desoladora— es la conversión de la Fuerza Armada en castas políticas al servicio del poder y no de la nación. Nada degrada más a una República que la politización de los cuarteles. Es la historia de cómo los ejércitos, antaño formados para defender la soberanía y el orden constitucional, acaban rindiendo sus galones al caudillo de turno, no por lealtad, sino por miedo, conveniencia o simple servilismo.

En Venezuela, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, dejó escapar recientemente —como quien revela una culpa que ha querido esconder durante años— una frase que sintetiza esta tragedia: la Fuerza Armada Nacional Bolivariana ya no es un cuerpo profesional al servicio del país, sino un instrumento domesticado por el poder madurista —“ha sabido amoldarse adecuadamente a los cambios que la revolución bolivariana ha exigido”, el Estado mafioso—. Lo dijo sin querer, en un discurso acalorado. Pero en el desliz se revela la verdad que el régimen de Nicolás Maduro ha intentado sepultar bajo toneladas de propaganda: que la FANB ha sido instrumentalizada, corrompida y dividida.

Una institución rota por dentro

Pocos conocen con precisión las grietas internas del estamento militar venezolano. Según la organización Foro Penal, de los 920 presos políticos registrados en el país, 169 son militares. Han sido encarcelados por el simple hecho de pensar distinto, o de no plegarse ciegamente a la maquinaria de represión del régimen. Estos números, presentes de forma constante durante la última década, son la prueba más clara de que aún quedan militares fieles a sus principios. Bajo la superficie de la obediencia forzada, sobrevive un sustrato institucional que observa con alarma cómo la institución que juraron defender se ha convertido en algo ajeno e irreconocible.

Porque el madurismo, como todo régimen autoritario y criminal, que desconfía del profesionalismo, ha preferido el método cubano: convertir a los servicios de inteligencia en cancerberos de los cuarteles, instaurar la sospecha como doctrina de mando y repartir privilegios no por méritos sino por lealtad partidista. El G2 cubano —símbolo de la vigilancia estalinista que sobrevive en el Caribe— ha sido importado a Venezuela como guía y perro guardián.

Un ejército sin alma

Así, la FANB ha dejado de ser un ejército. Es, en el mejor de los casos, una suma de grupos desarticulados, de generales en pugna por negocios ilícitos, de facciones con lealtades cruzadas. Y en el peor, una maquinaria represiva al servicio de un Estado mafioso en decadencia. El Ejército ha sido despojado de doctrina; la Armada, relegada a funciones logísticas; la Aviación, invisible. Y la Guardia Nacional, reconvertida en policía política, no responde a una sola cadena de mando, sino a disputas internas que se resuelven no en los salones del Ministerio de Defensa, sino en los pasillos del Palacio de Miraflores.

¿Quién manda hoy sobre la FANB? La respuesta es tan compleja como inquietante. Maduro tiene al ministro de la Defensa, Padrino López, pero Diosdado Cabello tiene a su propio grupo. Se aferra a la Guardia Nacional como último bastión de su menguante poder. Los cubanos vigilan, pero no mandan. Y los hermanos Rodríguez, con su astucia palaciega, mueven hilos civiles con ecos militares. Es un ejército sin alma, dividido, vigilado, corrompido. Y en esa fractura, en esa ausencia de una jefatura clara y profesional, se encierra una bomba de tiempo.

La decadencia que precede al colapso

Toda dictadura prolongada termina convirtiendo a sus ejércitos en custodios de su propia decadencia. En lugar de ser garantía de la democracia, las Fuerzas Armadas se convierten en su verdugo. Pero también —y esto la historia lo ha demostrado una y otra vez— en su posibilidad de redención. Porque cuando los militares recuerdan que su deber no es con una organización criminal ni con un hombre ni un partido, sino con la Constitución, entonces se abren las compuertas del cambio.

Venezuela vive hoy bajo un régimen mafioso que ya no gobierna: administra el miedo, reparte silencios, vigila a sus propios centuriones. Y sin embargo, en esa misma FANB rota, vigilada, politizada, persiste un germen de dignidad. Esos militares institucionales, silenciosos, apartados, excluidos de las orgias del poder, son los que quizás —cuando llegue el momento— impedirán que el país se hunda del todo en la barbarie.

La pregunta, en todo caso, no es si los cuarteles despertarán. Es si lo harán a tiempo.

El Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) anunció hoy haber llevado a cabo una “audaz y única operación especial” contra el Puente de Crimea, mediante el uso de explosivos colocados bajo el agua.

El ataque, que constituye el tercer golpe al emblemático puente desde el inicio de la invasión rusa a gran escala en 2022, tuvo lugar alrededor de las 5:00 a.m. (hora local) y causó daños en la base de los pilares de soporte de la estructura, según el comunicado difundido en el canal oficial de Telegram del SBU. La agencia ucraniana aseguró que no hubo víctimas civiles como resultado de la explosión.

“Ya hemos golpeado el Puente de Crimea en 2022 y 2023. Hoy, continuamos esa tradición —esta vez desde las profundidades del mar,” declaró el jefe del SBU, el Teniente General Vasyl Maliuk. “No hay lugar para infraestructura ilegal rusa en territorio ucraniano. El Puente de Crimea es un objetivo completamente legítimo, especialmente porque ha sido clave en la logística de las fuerzas de ocupación.”

Según el SBU, la operación requirió varios meses de planificación y ejecución, y los explosivos utilizados equivalían a 1.100 kilogramos de TNT, colocados directamente en las estructuras de soporte del puente. Además, la agencia publicó imágenes del momento de la explosión, afirmando que la infraestructura se encuentra ahora en “condición crítica”. Estas afirmaciones no han podido ser verificadas de forma independiente por fuentes internacionales.

Hasta el momento, las autoridades rusas no han emitido comentarios oficiales sobre el ataque, aunque las autoridades en la Crimea ocupada confirmaron restricciones temporales al tráfico sobre el puente entre las 5:00 y las 9:00 a.m., poco después del anuncio del SBU. Medios y canales prorrusos en Telegram habían reportado previamente la colisión de un dron ucraniano contra el puente alrededor de las 6:00 a.m.

Algunos blogueros militares afines al Kremlin, con vínculos con el Ministerio de Defensa ruso, pusieron en duda la versión ucraniana sobre el uso de explosivos submarinos y sugirieron que podría haberse tratado de un dron subacuático.

El Puente de Crimea, también conocido como puente de Kerch, es una infraestructura clave que conecta la península de Crimea, anexada ilegalmente por Rusia en 2014, con la región continental rusa. Su valor estratégico, tanto simbólico como logístico, lo convierte en un objetivo reiterado en la guerra en curso.

Por Frank Calzon en 14ymedio

A principios de mayo, Nicolás Maduro voló a Moscú, donde reside Bashar al-Assad, el depuesto sátrapa sirio con su esposa, desde hace unos meses.

No han trascendido los detalles de las conversaciones de Maduro con Vladímir Putin, pero es de suponer que, en vista de la grave situación venezolana, la alianza entre los dos dictadores fue parte de la agenda. Venezuela y Siria son países muy distintos en diferentes partes del mundo, pero lo cierto es que, cuando llegó el momento crítico, ni la base naval rusa en Tartus, ni la alianza con Rusia pudieron evitar el derrocamiento de Assad.  

Hace una semana, varios medios informaron de que la Administración de Donald Trump extendería la licencia a Chevron para operar en Venezuela que había aprobado el presidente Joe Biden. Para Maduro era una buena noticia por los millones de dólares que significaba en un momento en que Caracas encara tiempos difíciles. Pero no pudo ser.

El Gobierno norteamericano está compuesto de tres poderes independientes: el ejecutivo, el legislativo y el judicial. En la Cámara de Representantes se discutía una ley de extrema importancia para el presidente Trump y varios congresistas republicanos cubanoamericanos presionaron para que no se prorrogara la licencia que era tan importante para el dictador venezolano.

La ley fue aprobada por 215 votos contando con el apoyo de los congresistas cubanoamericanos. La licencia a Chevron caducó el martes, como estaba previsto, aunque Chevron seguirá prestando mantenimiento a las refinerías venezolanas; pero la Administración estadounidense planea imponer altos aranceles a los países que compren petróleo venezolano en el futuro. La cosa pinta mal para Maduro.

Lo sucedido ofrece una visión quizás poco conocida del funcionamiento de la democracia norteamericana: a mediados de mayo, El Nuevo Herald informaba sobre una prórroga de 60 días, que iba a permitir las operaciones de Chevron en Venezuela. El presidente de la compañía petrolera, Mike Wirth, advirtió en una entrevista con Fox Business de que, de no renovarse la licencia, China y Rusia podrían llenar el vacío dejado por la empresa estadounidense, lo que representaría una pérdida estratégica para Estados Unidos.

Wirth no se pronunció sobre los beneficios que esta operación podría representar para el Gobierno de Nicolás Maduro

Sin embargo, Wirth no se pronunció sobre los beneficios que esta operación podría representar para el Gobierno de Nicolás Maduro, ni sobre la situación de los derechos humanos en Venezuela o el interés nacional de Estados Unidos en el asunto. Es probable que no esté familiarizado con el dicho popular que advierte de que «los capitalistas venderán la soga con la que serán ahorcados». Ante esta posibilidad, comunidades cubanas y venezolanas en el sur de Florida expresaron su preocupación.

Pocos días después, el Secretario de Estado Marco Rubio zanjó la controversia al anunciar en su cuenta de X: “La licencia petrolera pro-Maduro de Biden en Venezuela expirará según lo programado el próximo martes 27 de mayo”.

La decisión no fue favorable para Maduro ni para su aliado Miguel Díaz-Canel, en La Habana, especialmente si el presidente Trump, como se ha informado, incrementa los aranceles en un 25 % a los países que compren petróleo venezolano.

Para comprender por qué la licencia de Chevron se ha convertido en un tema estratégico, es útil revisar la historia reciente.

A finales de los años noventa, Venezuela producía más de tres millones de barriles diarios, consolidándose como una potencia energética. Sin embargo, tras años de expropiaciones, decisiones erráticas y una estatal petrolera convertida en botín político, la producción se desplomó.

Cuando Hugo Chávez falleció en 2013, la producción ya mostraba signos de deterioro.

Con Nicolás Maduro, la caída se agravó aún más: en 2023, la producción promedio era de apenas 783.000 barriles diarios. Aunque en 2024 repuntó a 921.000, el país sigue muy lejos de los casi tres millones que bombeaba en sus mejores tiempos, según cifras de la OPEP.

En este contexto, la presencia de Chevron en Venezuela dejó de ser meramente económica para adquirir un matiz político.

Su permanencia ofrecía al régimen un mínimo de legitimidad internacional y, sobre todo, una fuente de divisas difícil de obtener por otras vías.

No sorprende, entonces, que su posible salida haya causado inquietud entre quienes dependen de esa operación para mantener a flote el aparato estatal, al menos simbólicamente.

Mientras la producción venezolana se desintegra, otros países vecinos comienzan a destacar. Uno de ellos es Guyana, cuya costa atlántica ha revelado importantes yacimientos de petróleo. Empresas como ExxonMobil ya han comenzado a explotarlos, despertando el interés –y la molestia– del Gobierno venezolano.

Caracas insiste en reclamar el Esequibo, una región que aparece en sus mapas oficiales como parte del territorio nacional, pese a que la comunidad internacional reconoce la soberanía guyanesa. No es casual que en 2023 aumentaran las tensiones cuando tropas venezolanas fueron vistas cerca de la frontera.

La respuesta desde Georgetown fue inmediata, con llamados a la comunidad internacional.

Washington respaldó a Guyana con declaraciones claras, reafirmando su compromiso con la estabilidad regional.

Todo esto ocurre mientras Maduro pierde espacio.

 La no renovación de la licencia a Chevron, la presión sobre los compradores de crudo venezolano y el respaldo a países vecinos con gobiernos estables y reglas claras sugieren una nueva etapa. Y en ella, los márgenes para sostener un modelo agotado se estrechan, con o sin soga de por medio.

Washington respaldó a Guyana con declaraciones claras, reafirmando su compromiso con la estabilidad regional

Mientras tanto, en Cuba continúan los apagones y las compañías petroleras europeas que invirtieron millones de dólares en búsqueda del oro negro cubano, lamentablemente no lo encontraron.

Es difícil entender las prioridades del Gobierno del presidente Díaz-Canel, que ha permitido la falta de mantenimiento y el deterioro de la industria petrolera cubana. En ningún otro país de América Latina existen los apagones continuos que sufren los cubanos. Ojalá que, en un futuro, como hemos visto en Washington, la Asamblea del Poder Popular no anteponga la aprobación de millones de dólares para la construcción de hoteles para extranjeros, donde nunca falta la electricidad, al mantenimiento y a la renovación del sistema eléctrico del país.

Vía OilPrice

Las anteriores guerras de precios del petróleo que Arabia Saudita mantuvo entre 2014 y 2016 y en 2020 resultaron contraproducentes, ya que los productores de lutitas estadounidenses se volvieron más eficientes y eficientes.

Riad agotó cientos de miles de millones de dólares en reservas y enfrentó crecientes déficits fiscales sin lograr su objetivo de paralizar el petróleo de esquisto estadounidense.

La resiliencia del sector estadounidense del gas de lutitas a bajos costos de equilibrio ya no es la misma que antes.

Es muy improbable que alguien con un mínimo de inteligencia haya perdido dinero en los últimos diez años aproximadamente operando en contra del pensamiento predecible de los responsables de la política petrolera de Arabia Saudita. De hecho, todo lo contrario, con enormes beneficios disponibles de los fracasos de la estrategia enormemente bien marcada y excepcionalmente predecible de las Guerras de Precios del Petróleo de 2014-2016 y 2020, lanzadas por el Reino con la intención de destruir o deshabilitar el sector del petróleo de esquisto estadounidense, como se analiza en detalle en mi último libro sobre el nuevo orden del mercado petrolero mundial . Mientras los miembros de la OPEP y su compañero tóxico en la formación OPEP+, Rusia, reflexionan sobre mantener la producción de petróleo en el lado alto de los promedios históricos recientes, la pregunta clave para los mercados petroleros es: seguramente no van a lanzar otra guerra de precios del petróleo utilizando la misma estrategia que fracasó dos veces antes.

Es oportuno recordar aquí las razones del fracaso de las dos guerras de precios del petróleo anteriores desde 2014. La primera (2014-2016) se basó en la creencia de Arabia Saudita —compartida, cabe decir, por muchos en el mercado petrolero de la época— de que los productores estadounidenses de petróleo de lutitas tenían un precio de equilibrio de 70 dólares por barril (pb) para el West Texas Intermediate (WTI). Por lo tanto, los saudíes razonaron que si el precio del petróleo se mantenía por debajo de ese nivel durante el tiempo suficiente —por parte de Arabia Saudita y de sus compañeros miembros de la OPEP, que aumentaban drásticamente la producción mientras se preveía que la demanda en el mercado mundial se mantendría en torno al mismo nivel durante algún tiempo—, muchos de los nuevos productores estadounidenses de petróleo de lutitas irían a la quiebra. Cualquier otro tendría que cesar la producción a esos niveles de precios tan antieconómicos y aplazar los planes de inversión futuros destinados a aumentar aún más su producción. Tan confiada estaba Arabia Saudita del éxito de su estrategia que, poco después del inicio de la Guerra de Precios del Petróleo de 2014-2016, figuras importantes de su gobierno y del ministerio del petróleo mantuvieron una serie de reuniones privadas en Nueva York para contarles en detalle sobre la estrategia que iba a utilizar y qué tan bien iría, como también se detalla en mi último libro . En estas reuniones, los saudíes revelaron que, lejos de buscar mantener los precios altos, como también había sido la inclinación habitual de la OPEP durante muchos años para impulsar la prosperidad de los estados miembro, estaban dispuestos a tolerar precios del Brent «mucho más bajos» «de entre USD 80 y 90 pb durante un período de uno a dos años o incluso precios más bajos si fuera necesario». Según varias fuentes en la reunión de Nueva York habladas exclusivamente por OilPrice.com en ese momento, los saudíes dejaron en claro que, además de destruir el entonces naciente sector del esquisto estadounidense, la Guerra de Precios del Petróleo también tenía como objetivo volver a imponer un grado de disciplina de suministro a otros miembros de la OPEP.

En cuanto al primer objetivo, las primeras señales auguraban una victoria saudí. El número de plataformas petrolíferas en Estados Unidos en enero/febrero de 2015 registró su mayor caída interanual desde 1991, al igual que el número de plataformas de gas. Según cifras de la industria al final del primer trimestre de 2015, alrededor de un tercio de los 800 proyectos de petróleo y gas (con un valor de 500 000 millones de dólares estadounidenses y un total de casi 60 000 millones de barriles de petróleo equivalente) programados para decisiones finales de inversión ese año eran no convencionales y estaban sujetos a posible aplazamiento o cancelación. Durante el año en su conjunto, la producción de los productores estadounidenses de lutitas cayó típicamente alrededor del 50%, lo que los obligó a recortar la inversión a aproximadamente US$60 mil millones durante el año, en comparación con los US$100 mil millones gastados en 2014. Sin embargo, de manera crucial, a partir de ese punto, el sector estadounidense de esquisto se reorganizó en una máquina de producción más eficiente, más eficiente y de menor costo que podía, en ese momento, sobrevivir ampliamente y obtener ganancias con precios del WTI por encima de aproximadamente US$35 pb desde más de US$70 pb anteriormente. Lograron lograr esto principalmente a través del avance de la tecnología que les permitió perforar laterales más largos, gestionar las etapas de fracturación hidráulica más cerca y mantener las fracturas con arena más alta y fina para permitir una mayor recuperación de los pozos perforados, junto con tiempos de perforación más rápidos, como los expertos de la industria dijeron en OilPrice.com en ese entonces. Estas operaciones obtuvieron mayores beneficios de costos de la perforación de múltiples plataformas y la teoría y la práctica del espaciamiento de pozos. Durante este período, Arabia Saudita pasó de un superávit presupuestario a un déficit récord en 2015 de 98 000 millones de dólares, y gastó al menos 250 000 millones de dólares de sus valiosas reservas de divisas durante ese período, que incluso altos cargos saudíes calificaron de perdidas para siempre. Además, según estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía, los estados miembros de la OPEP obtuvieron colectivamente al menos 450 000 millones de dólares en ingresos durante la Guerra de Precios del Petróleo de 2014-2016.

La Guerra de Precios del Petróleo de 2020, que utilizó exactamente la misma estrategia de sobreproducción anterior, fracasó menos por los efectos a largo plazo de una mala evaluación de la efectividad de los productores estadounidenses de esquisto que por la intervención política directa de su entonces presidente, Donald Trump, en su primer mandato. Dadas las consecuencias económicas y políticas potencialmente desastrosas para Estados Unidos y su presidente en funciones de las subidas bruscas y sostenidas de los precios del petróleo —y, fundamentalmente, de la gasolina—, como también se analiza en detalle en mi último libro , Trump comenzó advirtiendo repetidamente a Arabia Saudita que Estados Unidos no toleraría ninguna amenaza sostenida a su sector del petróleo de lutitas (y, por extensión, a su economía y su panorama político interno), en discursos y tuits, y en la cada vez más reñida tramitación legislativa del proyecto de ley NOPEC. También advirtió directamente al rey de Arabia Saudita, Salman bin Abdulaziz Al Saud, que Estados Unidos podría retirar el apoyo militar estadounidense a los Al Saud, y por extensión a Arabia Saudita, con la observación adicional de que: «Él [el rey Salman] no duraría en el poder ni dos semanas sin el respaldo del ejército estadounidense». Sin ninguna señal a finales de marzo de 2020 de que los saudíes fueran a cesar la guerra, Trump comunicó telefónicamente, de forma clara y específica, al gobernante de facto saudí, el príncipe heredero Mohammed bin Salman, el 2 de abril, que, a menos que la OPEP comenzara a reducir la producción de petróleo —permitiendo así que los precios del petróleo subieran por encima de la zona de peligro para los productores estadounidenses de petróleo de esquisto—, no podría impedir que los legisladores aprobaran la legislación para retirar las tropas estadounidenses del Reino, según una fuente de alto rango de la Casa Blanca con la que OilPrice.com habló en exclusiva en aquel momento. En consecuencia, la producción de petróleo volvió a descender, y la guerra de 2020 llegó a su fin.

Actualmente, la resiliencia del sector estadounidense de lutitas a los bajos costos de equilibrio no es la misma que antes. La reciente Encuesta de Energía de la Reserva Federal de Dallas sugiere que ronda los US$65 por barril para los nuevos pozos perforados, aunque para los pozos existentes es significativamente menor. Si bien el costo de extracción del petróleo en Arabia Saudita ha aumentado desde 2014, pasando de aproximadamente US$1-2 por barril, todavía se sitúa en tan solo entre US$3 y US$5 por barril. Sin embargo, el precio de equilibrio fiscal por barril del crudo Brent de referencia para 2025 del Reino es de un mínimo de US$90,9, según cifras del FMI. En consecuencia, no puede permitirse una caída importante y sostenida de los precios del petróleo ahora, como tampoco pudo hacerlo en 2014-2016 o en 2020. Con el regreso de Trump a la Casa Blanca, tampoco está en mejor situación política. De hecho, con mayorías republicanas en ambas cámaras, está en peor posición para afrontar las probables amenazas y acciones que Trump podría usar en su contra si volviera a enfrentarse a Estados Unidos. En cambio, según una fuente energética de alto nivel que colabora estrechamente con la Administración Presidencial estadounidense, Washington cree que los saudíes adoptarán un enfoque moderado para aumentar aún más la producción de petróleo, en sintonía con EE. UU. «Los precios del petróleo en el extremo inferior de los promedios históricos recientes benefician a EE. UU. desde una perspectiva inflacionaria, siempre que no bajen demasiado, y Washington se lo ha dejado claro a los saudíes», afirmó. De hecho, estas conversaciones formaron parte del diálogo que los funcionarios estadounidenses mantuvieron con sus homólogos saudíes durante la visita de Trump a Arabia Saudita el 13 de mayo para firmar un amplio acuerdo económico entre ambos países. «Hay beneficios financieros y de seguridad a largo plazo para los saudíes al adoptar este enfoque más flexible, incluso si el petróleo está por debajo de la cifra que desean para su presupuesto a corto plazo, y para cubrir la diferencia no tendrán problema en endeudarse más en los mercados de capitales», concluyó.

Por Simon Watkins para Oilprice.com

Por Nelson Hernández

El Gurí tiene una capacidad estimada de almacenamiento de energía de 11,5 millones de barriles de petróleo equivalente

El almacenamiento de energía es un componente esencial en cualquier sistema energético, ya que permite equilibrar la producción con la demanda y garantizar estabilidad en el suministro. Todas las fuentes de generación, desde la solar y eólica hasta la térmica y nuclear, requieren algún tipo de almacenamiento para optimizar su eficiencia y mantener la confiabilidad del sistema. En este escenario, las represas hidroeléctricas destacan como una de las formas más efectivas y probadas de almacenamiento de energía.

Las presas hidroeléctricas no solo generan electricidad a partir del agua embalsada, sino que también funcionan como reguladores estratégicos del flujo energético. Su capacidad para almacenar grandes volúmenes de agua les permite ajustar la producción en función de la demanda, evitando desperdicios y asegurando la continuidad del suministro incluso en condiciones de variabilidad climática o fluctuaciones en el consumo. Además, el almacenamiento hidráulico posibilita el desarrollo de sistemas de bombeo hidroeléctrico, una de las soluciones más eficientes para gestionar excedentes de energía provenientes de otras fuentes, como la solar y eólica.

En un contexto de transición energética y búsqueda de alternativas sostenibles, el almacenamiento a gran escala es clave para integrar diversas fuentes en un sistema interconectado y eficiente. Las represas hidroeléctricas, con su capacidad de almacenamiento inherente, representan un pilar fundamental en este proceso, asegurando no solo generación limpia, sino también flexibilidad y seguridad operativa.

Factores Claves 

La cantidad de energía que se almacena en una presa hidroeléctrica depende de varios factores clave, tanto naturales como técnicos. Aquí los principales:  

  • Volumen del embalse: La capacidad de almacenamiento de agua en la presa es uno de los factores más determinantes. Cuanto mayor sea el volumen del embalse, mayor será la cantidad de energía potencial disponible para generación.  
  • Altura de caída (carga hidráulica efectiva): La energía almacenada en el agua depende de la altura desde la que cae. Una mayor diferencia de altura entre el nivel del embalse y las turbinas genera una presión más alta, lo que permite una conversión más eficiente de energía potencial en electricidad.  
  • Caudal disponible: El flujo de agua que ingresa al sistema determina la cantidad de energía que puede ser generada de manera continua. Factores climáticos, estaciones del año y gestión de cuencas hidrográficas influyen en la disponibilidad de agua.  
  • Eficiencia de las turbinas y generadores: El diseño y mantenimiento de las turbinas y generadores afectan el aprovechamiento de la energía. Sistemas más eficientes convierten una mayor proporción de la energía almacenada en electricidad útil.  
  • Evaporación y filtraciones: Las pérdidas de agua por evaporación en climas cálidos o por filtraciones en la estructura del embalse pueden reducir la energía disponible para generación.  
  • Operación y gestión del embalse: El modo en que se administra el agua influye en el almacenamiento energético. Algunas presas operan con estrategias de regulación estacional para garantizar producción continua, mientras que otras ajustan sus operaciones en función de la demanda energética.  
  • Integración con sistemas de almacenamiento adicionales: Algunas presas hidroeléctricas implementan “sistemas de bombeo”, donde el agua se eleva nuevamente al embalse utilizando excedentes de energía renovable. Este método mejora la capacidad de almacenamiento y flexibilidad operativa.  

Niveles de Operación 

Uno de los factores claves es la altura de la caída de agua. Una mayor diferencia de altura entre el nivel del embalse y las turbinas genera una presión más alta, lo que permite una conversión más eficiente de energía potencial en electricidad.  

La gráfica anterior, ubica tres niveles o cotas: 1) Cota máxima de operación (H), que corresponde al nivel de agua más alto de la represa o embalse. 2) Cota mínima de operación (h), asociada al nivel del embalse donde pueden operar las turbinas sin riesgo a ser sometidas a fenómenos físicos. 3) Cota de diseño (Hd) que es la cota a la cual están colocadas las turbinas.

Para efecto de estimar la energía almacenada en un embalse con fines hidroeléctricos, también es necesario conocer, además de las cotas, el volumen de agua almacenada en el embalse y la capacidad de generación instalada en el mismo.

Método de cálculo

El método a utilizar es transformar la energía potencial del agua del embalse. En tal sentido se emplea la siguiente ecuación:

E = d * g * havg * V  * e

Donde:

E = Energía potencial, Joule

d = Densidad del agua = 1000 kg/m³

g = Aceleración de la gravedad = 9,81 m/s²

havg = Altura media (en metros) entre los niveles superior e inferior

V = Volumen de agua efectiva, m³ 

e = Eficiencia operacional, adimensional

Es de acotar, que el cálculo de la energía se hará bajo el concepto “estado estacionario”. Es decir, es una fotografía instantánea del embalse a su capacidad máxima de almacenaje de agua. O en otras palabras, no se considera la entrada (restitución) de agua al embalse.

Data Gurí para la estimación del almacenaje de energía

Área del embalse: 4250 km²

Capacidad de agua del embalse: 135 km³. 

Cota máxima de operación del embalse (H): 270 msnm

Cota mínima de operación del embalse (h): 242 msnm

Capacidad de agua del embalse a 270 msnm: 111.8 Gm³

Capacidad de agua del embalse a 242 msnm1: 20.6 Gm³

Eficiencia operacional (e): 0.9

Volumen de agua efectiva: Va270 – Va242 = 111.8 – 20.6 = 91.2 Gm³

Altura efectiva del agua: H – h = 270 – 242 = 28 m

Altura de diseño = 165 msnm1

Cálculos

La ecuación a aplicar es:

E = d * g * havg * V  * e

De la ecuación falta por determinar havg.

Si se toma los valores de las cotas H y h, y se toma un promedio, tendríamos un valor de 

havg = (H + h) / 2 =  (270 + 242) / 2 = 256 m (este valor es una mala aproximación)

Una mejor aproximación es tomar el promedio de las diferencias de cotas como sigue:

Dif 1 = Cota máxima – Cota de diseño = 270 – 165 = 105 m

Dif 2 = Cota minima – Cota de diseño = 242 – 165 = 77 m

havg = (Dif 1 + Dif 2) / 2 = (105 + 77) / 2 = 91 m

Ya determinado el havg, podemos introducir todos los valores en la ecuación para estimar la energía almacenada en el embalse Guri. 

E = 1000 * 9.81 * 91 * 10^9 * 91.2 * 0.9 = 73274 * 10^12 Joule

Pero, 1 MWh = 3.6 x 10^9 Joules

Por lo que la 

E = 73274 * 10^12 Joule / 3.6 x 10^9 Joules = 20354 Mwh = 20.4 TWH

O equivalente a: 

11.5 MBPE

Otro aspecto que podemos estimar es el gasto (Qmax) para generar la máxima potencia del embalse. Para lo cual utilizamos la misma fórmula, despejando Q = V/seg. Para este cálculo se utilizará como havg,  la altura neta de diseño de embalse, que en la literatura se indica como 130 m. 

La máxima potencia que puede generar la represa es de 10325 MW. El tiempo que tomaría turbinar todo el volumen de agua depende del caudal. Entonces el caudal máximo de diseño de la central es:

P = (d * g * haveg * Q_max * e) / 10^6 = 10325 MW

Qmax = P * 10^6 / (d * g* havg * e)

Qmax = 10325 * 10^6 / (1000 * 9.81 * 130 * 0.9)

Qmax = 8900 m³/seg

Por otra parte, el volumen total útil es 91.2 * 10^9 m³.

El tiempo que se tardaría en turbinar todo ese volumen a caudal máximo sería:

t = Volumen / Q_max =91.2 * 10^9 / 8900 =  10.25 * 10^6 segundos

Convertido a horas: 10.25 * 10^6  / 3600  = 2846 horas.

Si la central funcionara a plena capacidad (10325 MW) durante esas 2846 horas, la energía generada sería:

E = 10325 MW * 2846 h = 29385 MWh = 29.4 TWH

Nótese que este valor es mayor que el cálculo anterior de 20.4 TWH. La discrepancia se debe a que en el 1er cálculo se utilizó una altura media de 91 m  y en el 2do una altura media de 130 m.

Además, en el segundo método (usando la capacidad instalada) estamos asumiendo que la central puede operar a plena capacidad durante todo el tiempo, lo cual no es cierto porque a medida que baja el nivel del embalse, la altura neta disminuye y por lo tanto, para el mismo caudal, la potencia generada es menor.

En conclusión: 

  • El segundo método sobreestima la energía porque no tiene en cuenta la reducción de la altura neta.
  • El primer método es más realista, aunque aproximado.
  • En la práctica, la energía almacenada se suele calcular mediante la curva de capacidad del embalse y la curva de eficiencia de la central.
  • Sin embargo, para una estimación, podemos confiar en el primer método
  • Una estimación de la energía almacenada en el embalse de Gurí, entre 242 y 270 msnm, es de aproximadamente 20.4 TWH =  20.4 GkWh = 11.5 MBPE

Es de acotar, que el Gurí en el 2024 produjo 77 TWH, 3.8 veces su capacidad de generación es un escenario “estado estacionario”, lo que refleja su renovabilidad de la disponibilidad de energía. Es decir, entraron al embalse (renovabilidad), al menos, 346 Gm³ de agua.

Netgrafía

https://es.wikipedia.org/wiki/Embalse_de_Guri

https://es.wikipedia.org/wiki/Central_Hidroel%C3%A9ctrica_Sim%C3%B3n_Bol%C3%ADvar

Por Andrés Rojas Jiménez en Bitácora Económica

“El choque petrolero que se avecina”. Esa frase forma parte del título de un artículo escrito por Leonardo Vera, presidente de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, referido justamente a los efectos que varios factores vinculados al sector de los hidrocarburos tendrían sobre el comportamiento de la producción en Venezuela.

Todo parte de la decisión del gobierno de Donald Trump en Estados Unidos de no permitir que la compañía energética Chevron, en su condición de socio de Petróleos de Venezuela (Pfvsa) en cuatro empresas mixtas, pueda invertir en aumento de producción y exportar ese crudo a territorio estadounidense como venía ocurriendo desde enero de 2023, tras la flexibilización de sanciones por parte de la administración de Joe Biden. Los efectos positivos de esa medida sobre la economía venezolana pasaron a conocerse en la jerga vernácula del país como el “Efecto Chevron”.

-¿Considera que la economía venezolana estuvo marcada por lo que se llamó el “Efecto Chevron”?

-En efecto, la posibilidad de que Chevron a través de sus empresas mixtas pudiera comercializar crudo en el mercado internacional, particularmente en el norteamericano, y también pudiera generar divisas y se le diera autorización de venderlas directamente en las mesas de cambio de los bancos, permitió de alguna manera estabilizar la tasa de cambio durante casi un año.

Yo diría que entre agosto y septiembre de 2023 y julio y agosto de 2024, el gobierno pudo sostener su política de anclar la tasa de cambio oficial en Venezuela y usar eso como instrumento contra la inflación. Es decir, en gran medida gracias a que las empresas petroleras, particularmente Chevron, tuvo la oportunidad de vender dólares en ese mercado fue un salvavidas importante para tratar de darle sustento a la estrategia contra la inflación mediante el anclaje cambiario, pero sabemos que fue un esquema que se quebró desde agosto del año pasado y ahora no es mucho lo que Chevron puede hacer porque el mercado cambiario se ha modificado diametralmente.

-Un artículo que escribió sobre la economía venezolana para 2025 lo tituló “El choque petrolero que se avecina”. ¿Ese choque es producto de lo que está ocurriendo en el mercado cambiario o por la revocatoria de la licencia o la  autorización a Chevron de permanecer en el país simplemente cuidando sus activos?

-La economía de Venezuela en este momento está sometida a varios choques. Me refiero a ese choque petrolero porque tiene variantes, comenzando por la disminución en el precio de venta del crudo. El Brent, que es el marcador internacional, se ha venido a menos y ha perdido alrededor de 10 dólares.

Uno supondría, entonces, que entre enero y mayo de este año la mezcla de Venezuela también ha perdido valor. Por tanto, hay un choque de precios en el mercado internacional que muy poco o nada tiene que ver con la licencia de Chevron. La primera parte del choque o el primer componente es el hecho de que en el mercado internacional el precio del petróleo está cayendo. Con respecto al promedio del año 2024, la caída no es tan grande, pero hay un descenso.

La segunda variante es la decisión del gobierno de Estados Unidos, a través de los OFAC (Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro), que Chevron se quede en Venezuela solo protegiendo sus activos, pero sin operar, comercializar y mucho menos vender crudo en los Estados Unidos. Esos 250.000 barriles diarios de crudo que llegó a enviar Chevron al mercado norteamericano ahora habría que desviarlos al mercado asiático, donde ese crudo se vende a unos intermediarios que después lo reexportan a Malasia y Singapur.

Luego ese crudo lo envían a China en una operación que resulta muy opaca y con una venta con descuentos que nosotros no sabemos muy bien. Hay varias estimaciones de cuánto puede ser ese descuento, hablan de 10, 15 y 20 dólares. He escuchado hasta de 50 dólares por barril al que se vende ese crudo.

Eso va a tener un impacto si Venezuela tiene que desviar crudo al continente asiático.

El tercer componente, es que, si Chevron no sigue operando, vamos a decir que no sigue asumiendo la operación, entonces Pdvsa tendrá que hacerlo y quizás no lo podrá asumir con la misma eficiencia. Por lo tanto, uno podría esperar una caída en la producción de esas asociaciones, particularmente las dos más importantes, que son PetroPiar y PetroBoscán como ya sucedió anteriormente. El tercer componente de ese choque es la caída volumétrica en la producción y en las exportaciones, que también afectarían los ingresos.

Por eso hablamos de un choque petrolero que podría estar afectando a Venezuela en los próximos siete meses desde el punto de vista de impacto económico y todos estos choques tienen dos cajas de resonancia: una es el mercado cambiario y otra es el tesoro, es decir, la caja fiscal.

-¿Cuál es el impactó que tiene en esas cajas?

-Para mí es más importante el efecto en el mercado cambiario que en la caja fiscal, pero no hay que desconocer el hecho de que obviamente un choque de ingresos sobre la actividad petrolera en Venezuela afecta sin duda alguna al tesoro venezolano, es decir, a la hacienda pública.

En cambio, en materia cambiaria, por la misma crisis que viene ocurriendo desde agosto del año pasado y que todavía no ha podido ser contenida, creo que los efectos pueden ser muy importantes y tenemos que prepararnos para una oferta de divisas menor porque ha venido disminuyendo en las mesas de cambio de los bancos y es parte del problema que se ha presentado.

La otra parte tiene que ver con una demanda muy nerviosa en busca de dólares que no puede ser atendida y eso es lo que está presionando al mercado paralelo. Por tanto, es un momento en el que se tiene una crisis cambiaria que no ha podido ser contenida, la noticia de una profundización en la caída de los ingresos petroleros no puede ser buena y tiene que ser leída obviamente por los agentes que están involucrados en ese mercado como un escenario negativo.

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-A Chevron se le autorizó vender divisas en el país, pero no al Banco Central de Venezuela (BCV) o a la banca pública, sino a determinados bancos privados que estaban autorizados. ¿Eso implica que el mercado cambiario con licencia de la OFAC tuvo unas particularidades distintas a lo que conocíamos en el pasado?

-Sí, es correcto. El Banco Central de Venezuela es una institución que está bajo la óptica de la OFAC. ¿Qué pasó? Se crearon tres mercados cambiarios a nivel de los bancos: el mercado donde vende el Banco Central a los bancos, que lo llaman de intervención; el mercado donde venden las operadoras petroleras como Chevron, que está también muy disminuido y el mercado del menudeo, es decir, tres mercados, ninguno se comunica y no se puso a esos tres mercados a competir.

Creo que hubo un error en el diseño de esa microestructura, quizás también obligados por la situación de las sanciones de s Estados Unidos al tener que crear un canal exclusivo a los dólares que vienen por la actividad petrolera, particularmente los dólares que venían de la operación de Chevron. Algunos iban al mercado donde vende Chevron, otros al menudeo y otros clientes iban al otro mercado con presencia de la banca pública. Ese sistema ya no funciona más y hay que buscar uno nuevo. Justamente al hablar del choque petrolero al que Venezuela va a estar enfrentando en los próximos meses, es un llamado de atención a la necesidad de hacer un nuevo diseño del mercado cambiario.

-Se puede decir entonces que el “Efecto Chevron” creó tres mercados cambiarios en Venezuela?

-Sin duda. Terminamos con una estructura de tres mercados y si alguien no consigue divisas por alguno de esos canales, tiene que ir irremediablemente al mercado paralelo.

-¿Hubo un momento en el que las tasas de cambio de esos tres mercados fueron similares?

-Aunque el Banco Central no lo diga, su tasa de cambio es regulada, es decir, no es plenamente libre y como eso tres mercados no se comunican entonces la tasa debería ser diferente. Sin embargo, eso no era lo que veíamos.

-¿Por qué?

-Porque evidentemente el Banco Central interviene y regula las tasas en esos tres mercados, entonces nunca fue un mercado libre y la prueba de ello es que aún sin control de cambios, el mercado paralelo no ha desaparecido del todo, ha tenido visibilidad y evidentemente se ha hecho más importante.

-Planteas un escenario en el que los ingresos petroleros caerán 20% este año. ¿Puede ser mayor esa caída?

-Puede ser menor incluso o mayor. Va a depender mucho de cuál va a ser la reacción de Pdvsa particularmente, y del Ejecutivo Nacional frente a la realidad que se venga presentando con respecto a sus socios en la producción y comercialización de crudo.

Si Chevron, por ejemplo, no sigue operando como pareciera ser, entonces, Pdvsa tiene que rápidamente reaccionar y buscar algún tipo de nuevo socio o tratar de hacer grandes esfuerzos por mantener la operación en cada una de las cuatro asociaciones que tiene. Recordemos también que hay problemas similares con los otros socios, con quienes la situación puede complicarse por el hecho de que tenemos menos acceso a los diluyentes y gran parte del crudo venezolano tiene que ser mezclado.

Es una situación complicada que hace presumir que sí puede haber una merma en la producción y en las exportaciones. Si eso es así, Venezuela en los próximos 7 meses tiene que ir reduciendo su producción al punto que en diciembre podría disminuir 150.000 barriles diarios, y eso va a significar quizás unos 2.000 millones de dólares menos durante este año; y unos 1.000 millones de dólares que el Fisco dejará de percibir. Ese es un escenario, pero recuerda también que están los otros dos escenarios.

-¿Cuáles?

-El hecho de no vender en Estados Unidos significa hacerlo con descuentos en Asia y eso también disminuye los ingresos. Adicionalmente, el precio del crudo en el mercado internacional está bajando como mencioné anteriormente. Creo que es inevitable que los ingresos petroleros de Venezuela al cierre de este año van a ser bastante menores a los que fueron el año pasado.

Por Thorsten Polleit 

Con mi charla, me gustaría lograr tres metas:

En primer lugar, quiero explicar algunos fundamentos sólidos y comprobados de la teoría monetaria.

En segundo lugar, me gustaría señalar por qué es importante tener un libre mercado de dinero; que el frente de batalla de nuestro tiempo no es entre, digamos, el bitcoin, las monedas estables, el oro y la plata, sino entre el dinero fiduciario monopolizado por el gobierno y un libre mercado de dinero.

en tercer lugar, espero reforzar tu convicción de que necesitamos un libre mercado de dinero. A menos que consigamos acabar con los monopolios monetarios de los gobiernos, me temo que podríamos acabar en la tiranía más siniestra que el mundo haya visto jamás.

Sobre el tema del dinero

Permíteme preguntarte: ¿qué es el dinero? La respuesta es: el dinero es el medio de intercambio universalmente aceptado.

Como tal, el dinero es un bien como cualquier otro.

Lo que lo hace realmente especial es que el dinero es el más comercializable, el más líquido de todos los bienes de la economía.

El dinero no es un bien de consumo ni de producción. Es un bien de cambio; es un bien sui generis.1

¿Qué funciones tiene el dinero? Según la mayoría de los libros de texto de economía, la respuesta es que el dinero tiene tres funciones: es medio de cambio, unidad de cuenta y depósito de valor.

Sin embargo, si se examina más de cerca, nos damos cuenta de que el dinero sólo tiene una función, y es la de medio de intercambio.

La función de unidad de cuenta y la función de depósito de valor no son más que subfunciones de la función de medio de cambio del dinero.

Esto es fácil de entender: La función de unidad de cuenta expresa las relaciones de intercambio de bienes y servicios en dinero; por ejemplo, 1 manzana cuesta 1 euro.

La función de reserva de valor (que también puede denominarse función de medio de pago diferido) indica que la gente tiene dinero para intercambiarlo en el futuro y no en el presente.

El dinero es una herramienta indispensable en una economía avanzada caracterizada por la división del trabajo y el comercio.

Sirve de denominador común, de numerario para todos los precios de los bienes. Así, permite calcular los rendimientos de las distintas alternativas de la actividad económica.

En una economía compleja, sólo el cálculo monetario puede asignar los recursos a sus usos más productivos, es decir, los que mejor satisfacen la demanda de los consumidores.

Las economías modernas y avanzadas de hoy en día no podrían existir sin utilizar el dinero para el cálculo económico.

El valor del dinero

Una economía se enriquece si se dispone de más bienes de producción y de consumo. Sin embargo, esto no se aplica al dinero. ¿Por qué?

El dinero, que sólo tiene valor de uso, derivado de su poder adquisitivo, es un bien, y como tal, la determinación de su valor entra en la ley de la utilidad marginal decreciente.

¿Qué dice esta ley? Dice que (1) una gran oferta de bienes es preferible a una menor oferta de bienes, y (2) la utilidad marginal de cualquier unidad adicional de un bien disminuye.

Así, un aumento de la oferta monetaria en la economía reduce la utilidad marginal de la unidad monetaria en comparación con otros bienes. Como la gente intercambia sus tenencias adicionales de dinero por otros bienes, los precios del dinero aumentan.

Por lo tanto, en realidad tiene sentido equiparar la inflación con un aumento de la cantidad de dinero; el aumento de la cantidad de dinero es la causa, y el aumento de los precios de los bienes es su síntoma.

La acción monetaria «óptima»

Si el dinero sólo tiene una función, que es la de medio de intercambio, no importa lo pequeña o grande que sea la oferta monetaria.

No importa si la masa monetaria es de 1 millón de dólares, 1.000 millones de dólares o 100.000 millones de dólares.

Independientemente del tamaño real de la masa monetaria, cualquier volumen de transacciones de bienes y servicios puede realizarse con una determinada oferta de dinero.

Una gran reserva monetaria de, por ejemplo, 10.000 millones de dólares, conduciría a precios altos de los bienes, mientras que una pequeña reserva monetaria de, por ejemplo, 1.000 millones de dólares, conduciría a precios bajos de los bienes.

Llegamos a la conclusión:

Ningún aumento de la oferta monetaria puede mejorar la función monetaria del dinero. Un aumento de la oferta monetaria no hará más que diluir la eficacia de cada unidad de dinero como medio de cambio.

En otras palabras: Un aumento de la cantidad de dinero no aporta ningún beneficio social; cualquier cantidad de dinero que exista en un momento dado es óptima.

«Efecto Cantillon»

Ahora bien, usted se preguntará: ¿Por qué aumenta la masa monetaria (fiduciaria) en el régimen monetario actual (ya sea en los EEUU, Europa, Asia o América Latina)?

La respuesta es que un aumento de la cantidad de dinero conduce a una redistribución de la renta y la riqueza entre las personas; hace a algunos más ricos a expensas de muchos otros. ¿Por qué?

Los primeros receptores del nuevo dinero se benefician porque pueden comprar bienes a precios invariables con el dinero recién recibido.

A medida que el nuevo dinero se abre paso en la economía, hace subir los precios de los bienes. Como resultado, los receptores tardíos del nuevo dinero sólo pueden comprar a precios ya elevados.

Los primeros receptores del nuevo dinero se benefician a costa de los últimos. Es el llamado efecto Cantillon.

Origen del dinero

¿De dónde viene el dinero? Hay varias teorías sobre el origen del dinero.

Hoy en día, la mayoría de la gente cree en la «teoría estatal del dinero», planteada por el economista alemán Georg Friedrich Knapp (1842-1926)— y publicada en su libro Staatliche Theorie des Geldes (La teoría estatal del dinero, 1891).

Según Knapp, fue el Estado el que llevó el dinero a la gente; de hecho, el Estado está obligado a proporcionar dinero a la gente. Esta teoría tiene muchos defectos, y creo que es errónea, pero no entraré en más detalles aquí.

También está la teoría del antropólogo y activista anarquista EEUU David Graeber (1961-2020) sobre la invención del dinero. Dice que el dinero se originó a partir de las transacciones crediticias basadas en el trueque. Tampoco voy a entrar en más detalles sobre esta teoría.

Me gustaría llamar su atención sobre la teoría sobre el origen del dinero expuesta por Carl Menger en 1871. Menger sostiene que el dinero se originó en el mercado libre, adoptado voluntariamente por personas interesadas, a partir del trueque y de una mercancía.

La teoría de Menger recibió posteriormente un riguroso fundamento lógico por parte de Ludwig von Mises con su llamado teorema de la regresión.

Más recientemente, ha surgido un debate sobre si el bitcoin, las criptomonedas o las monedas estables podrían convertirse en dinero desde la perspectiva del teorema de la regresión.

Por lo que sé, han surgido bastantes respuestas. Yo, por mi parte, concluyo que el teorema de la regresión no descarta en absoluto que el bitcoin y otras criptodivisas puedan convertirse en dinero (digo podrían, pues no quisiera hacer una predicción en este momento).

Sólo puedo añadir aquí que el teorema de la regresión se sostiene a priori, lo que significa que no puede ser verificado o refutado por la experiencia. Si algo se convierte en dinero, significa que se ajusta al teorema de la regresión.

¿Actividad monetaria constante o creciente?

Me permito preguntarle: ¿Preferirías tener un dinero que pierda su poder adquisitivo con el tiempo? ¿O prefiere tener dinero que mantenga, o incluso aumente, su poder adquisitivo con el tiempo?

Creo que la mayoría de la gente (en su sano juicio) optaría por un dinero con poder adquisitivo estable o un dinero que gane en poder adquisitivo.

Esto implicaría deflactar los precios de los bienes a lo largo del tiempo.

Pero espere: ¿qué pasaría si los precios de los bienes no subieran o incluso bajaran con el tiempo? Si así fuera, ¿no supondría un problema importante para el conjunto de la economía?

Supongamos que la gente opta por un dinero que tiene un suministro constante. Podemos pensar que la gente utiliza el bitcoin como dinero, y que la cantidad total de bitcoin es una constante de veintiún millones de unidades.

Un aumento de la producción económica conduciría entonces (en igualdad de condiciones) a una deflación de los precios de los bienes.

¿No llevaría a la economía al precipicio? ¿No destruiría los beneficios de las empresas? ¿No dejarían los consumidores de consumir? La respuesta a todas estas preguntas es no.

El beneficio de una empresa es simplemente el diferencial entre los ingresos y los costes.

En una economía en la que los precios de los bienes suben (como es el caso del «régimen de inflación» actual), el empresario de éxito debe asegurarse de que los ingresos crezcan más rápido que los costes.

Del mismo modo, en un régimen de deflación de precios, la empresa debe asegurarse de que sus costes caen más rápido que sus ingresos.

Una empresa que produce bienes y servicios según la demanda del mercado puede prosperar en un régimen de inflación y deflación de precios.

Esto también significa que no es necesario que la oferta monetaria aumente de forma crónica; una oferta monetaria constante o incluso decreciente estaría bien.

Preferencia temporal

¿Qué efecto tendría la deflación de precios en la demanda de los consumidores? ¿No se abstendría la gente de comprar bienes hoy porque puede esperar comprarlos a precios más bajos en el futuro?

La respuesta es no; no podemos llegar a esa conclusión, y con razón.

En primer lugar, hay bienes y servicios cuyo consumo es inaplazable. Pensemos en la comida, la ropa, la vivienda, etc. Sea cual sea su precio mañana, la semana que viene o el mes que viene, debemos comprarlos hoy.

En segundo lugar, existe un fenómeno en el ámbito de la acción humana llamado preferencia temporal.

La preferencia temporal significa que las personas valoran más un bien disponible hoy que el mismo bien (en las mismas condiciones) en un momento posterior.

La preferencia temporal se manifiesta como el tipo de interés originario: el descuento que sufre el valor de un bien futuro en comparación con el valor de un bien presente.

La preferencia temporal y el tipo de interés originario son siempre positivos y nunca pueden desaparecer, ya que son categorías de la acción humana.

Para ilustrar lo que significa la preferencia temporal en las acciones de las personas, permítanme darles un ejemplo sencillo.

Imaginemos que un coche cuesta 50.000 dólares hoy y 25.000 dentro de un año. Que la gente compre hoy o posponga su compra depende del concepto de utilidad marginal.

Por supuesto, la utilidad marginal de comprar el coche por 25.000 dólares es mayor en la escala de valores de la gente que pagar 50.000 dólares por el coche.

Sin embargo, a la hora de decidir si comprar ahora o más tarde, la gente compara la utilidad marginal descontada de comprar el bien por 25.000 dólares dentro de un año con la utilidad marginal de comprarlo por 50.000 dólares hoy.

Si la utilidad marginal descontada de comprar el coche por 25.000 dólares dentro de un año es menor que la utilidad marginal de comprarlo por 50.000 dólares ahora, la gente lo comprará ahora. Si es mayor, pospondrán la compra.

Dado que la preferencia temporal de las personas nunca puede ser nula por razones lógicas, y mucho menos ser negativa, no podemos concluir que las personas pospongan sus compras sólo porque los precios de los bienes sean más bajos en el futuro.

Esta pequeña ilustración nos dice esto: No hay nada malo en que los precios de los bienes bajen (en lugar de subir); la economía puede muy bien prosperar cuando los precios de los bienes bajan.

Y, de nuevo, la cantidad de dinero en una economía no tiene por qué crecer; también puede ser constante o incluso reducirse con el tiempo, al igual que los precios de los bienes.

Mercados de crédito

Pero, ¿qué pasa con los mercados de crédito cuando los precios de los bienes bajan?

Si, por ejemplo, los precios caen un 3% al año, el poder adquisitivo del dinero aumenta un 3%.

En ese caso, no cambiaría mi dinero por un T-Bill que rinda sólo, digamos, el 3% anual.

Para que me desprenda de mi dinero, un prestatario tendría que ofrecer un rendimiento de la inversión superior al aumento del poder adquisitivo del dinero (digamos, un 3,5%).

Con la disminución de los precios de los bienes a lo largo del tiempo, los tipos de interés de los préstamos de mercado se acercarían a cero en términos nominales: el componente de los precios se volvería negativo, correspondiendo (grosso modo) con el componente positivo del tipo de interés real.

Es muy posible que, en esas condiciones, los préstamos sean más caros que en el mundo actual del dinero fiduciario.

Las empresas podrían financiar sus gastos reteniendo beneficios y emitiendo derechos, en lugar de endeudarse, y los ciudadanos invertirían una mayor parte de sus ahorros en acciones de empresas que en bonos.

Por tanto, en un mundo de deflación de los precios de los bienes, cabe esperar que los mercados de crédito funcionen perfectamente.

Pero ciertamente no serían tan exagerados como lo han sido en el régimen actual de dinero fiduciario.

La cuestión de la volatilidad de los precios

Los aficionados al bitcoin conocen muy bien la siguiente frase: El precio del bitcoin es demasiado volátil, y por tanto no puede ser dinero. Por supuesto, este no es un argumento convincente.

Al principio de su ciclo de vida, la demanda de una innovación suele ser relativamente baja. Esto se aplica tanto al bitcoin como a las criptomonedas y a las monedas estables.

Sin embargo, una vez que el bitcoin sea más aceptado, su demanda será más amplia y menos volátil; su precio de mercado (su tipo de cambio frente a los artículos de venta) mostrará menos fluctuaciones.

La constatación de que el precio del bitcoin es relativamente volátil en estos momentos no excluye la posibilidad de que el bitcoin acabe convirtiéndose en dinero.

Otra pregunta interesante es: ¿le gustaría a la gente tener un dinero que hace que los precios de los bienes fluctúen salvajemente, o preferiría un dinero que mantenga los precios de los bienes un poco más estables?

Tomemos, por ejemplo, el oro. El metal amarillo tiene valor de uso como dinero y como bien no monetario (resultante, por ejemplo, de las aplicaciones industriales). El Bitcoin, en cambio, sólo tiene un propósito: servir como medio de intercambio.

Supongamos que la gente utiliza el bitcoin como dinero. Entonces, por la razón que sea, la gente de repente prefiere tener menos dinero. Cambian sus bitcoins por bienes, y así los precios de los bienes en términos de bitcoins aumentan. Como el bitcoin se mantiene únicamente con fines monetarios, no hay fuerzas de mercado que contrarresten su valor.

Cuando el oro se utiliza como dinero, y la gente decide reducir sus tenencias de oro por cualquier motivo, esto también haría subir los precios de los bienes en términos de oro. Al mismo tiempo, sin embargo, la demanda de oro para fines no monetarios aumentaría—  contrarrestando la subida de los precios de los bienes.

En otras palabras: En una economía en la que se utiliza el bitcoin como dinero, la volatilidad de los precios de los bienes sería muy probablemente (mucho) mayor que en una economía en la que se utiliza el oro como dinero.

Sin embargo, no puedo decir si el bitcoin (mayor volatilidad del precio de los bienes) o el oro (menor volatilidad del precio de los bienes) sería mejor dinero desde la perspectiva de la gente. Sólo un libre mercado de dinero (donde la demanda y la oferta de dinero son realmente libres) podría darnos una respuesta.

Intermediación

Cuando pensamos en el dinero, en el presente y en el futuro, hay una cuestión que no debemos pasar por alto, y es la de la intermediación.

Tenemos buenas razones para creer que no todos los usuarios de dinero querrán o podrán confiar en las transacciones entre pares.

En una economía moderna y muy desarrollada, los ciudadanos exigen servicios de liquidación, almacenamiento y salvaguarda de su dinero, prestados por intermediarios, como bancos de depósito o procesadores de pagos.

Esto también se aplica al espacio de las criptomonedas —basta con pensar en el gran número de personas que tienen sus criptomonedas en plataformas de comercio en lugar de en sus carteras personales.

Los mercados de crédito desarrollados no pueden funcionar sin intermediarios especializados que canalicen el dinero de los ahorradores a los inversores.

Las decisiones de préstamo y empréstito requieren un juicio personal — que es difícil, si no imposible, en un entorno anónimo y sin confianza en el que prevalecen los algoritmos informáticos automáticos. Además, el negocio de los depósitos no puede funcionar sin designaciones claras.

El dinero que no proporciona, o no puede proporcionar, algún tipo de servicios de intermediación obstaculizaría gravemente el desarrollo económico y probablemente sería superado por el dinero alternativo que permite los servicios de intermediación.

Esta conclusión no habla en contra del bitcoin. Sin embargo, sí echa un cubo de agua helada sobre la idea de que el dinero anónimo y sin confianza surgiría por necesidad o de forma natural.

Sin el anonimato completo, el bitcoin y compañía perderían una atractiva ventaja competitiva sobre, por ejemplo, el oro digital o el dinero y el sistema de pagos respaldados por la plata.

Sin embargo, lamentablemente, sin el anonimato total, el gobierno estará respirando en la nuca de la gente en todos los asuntos de dinero— ya sea dinero de bitcoin, dinero de oro y plata, o cualquier otra forma de dinero. Volveré sobre este tema.

El actual régimen de dinero fiat

Ha llegado el momento de echar un vistazo crítico al actual régimen monetario mundial de papel o «fiduciario», ya que se trata de un sistema económica y socialmente problemático con consecuencias económicas y sociales de gran alcance y seriamente desafiantes, implicaciones que van mucho más allá de lo que la mayoría de la gente puede imaginar.

El dinero fiduciario es inflacionario— pierde su poder adquisitivo con el tiempo.

El dinero fiduciario beneficia a unos pocos a costa de muchos otros— por lo que podemos decir que el dinero fiduciario es socialmente injusto.

El dinero fiduciario provoca ciclos de auge y caída— pone en marcha un auge económico artificial seguido de una caída.

El dinero fiduciario conduce al sobreendeudamiento— se crea a través de la expansión del crédito, y la carga de la deuda de las economías supera el crecimiento de los ingresos.

El dinero fiduciario permite que el Estado se haga cada vez más grande y poderoso, hace que las guerras sean baratas— y todo ello a expensas de las libertades civiles y la libertad, allanando el camino hacia la tiranía.

Debo señalar aquí que no debemos caer en la creencia de que el uso generalizado del dinero fiduciario indica una aceptación voluntaria por parte de los usuarios del dinero.

En un mundo en el que los gobiernos han monopolizado la producción de dinero, se suprime la competencia monetaria y la gente se ve obligada a utilizar dinero fiduciario por dos razones.

En primer lugar, los gobiernos han establecido «leyes de curso legal» que privilegian efectivamente el uso del dinero fiduciario del gobierno sobre los medios de cambio alternativos.

En segundo lugar, los gobiernos han aplicado impuestos a la plusvalía y/o a las ventas de bienes que podrían competir con el dinero fiduciario, como el oro, la plata o el bitcoin, haciéndolos poco competitivos en comparación con el dinero fiduciario.

Moneda digital del banco central

Los Estados y sus bancos centrales quieren mantener su monopolio del dinero fiduciario. No quieren que las monedas privadas compitan con sus monedas fiduciarias.

Para reforzar su control sobre los asuntos monetarios, los bancos centrales están planeando incluso emitir monedas digitales de banco central. Esto es, como es lógico, bastante problemático.

En primer lugar, las monedas digitales de los bancos centrales no son «mejores monedas». Representan monedas fiduciarias. Como tales, las monedas digitales de los bancos centrales sufren los mismos defectos económicos y éticos que las monedas fiduciarias físicas y electrónicas.

En segundo lugar, lo más probable es que las monedas digitales de los bancos centrales sustituyan al dinero en efectivo o permitan a los gobiernos eliminar gradualmente las monedas y los billetes. Los ciudadanos perderían una importante opción para realizar pagos anónimos, y lo poco que queda de su privacidad financiera desaparecerá.

En tercer lugar, sin efectivo, su dinero ya no puede ser retirado del sistema bancario. Puede ser expropiado por los tipos de interés negativos impuestos por el banco central.

En cuarto lugar, a medida que aumenta su aceptación, las monedas digitales de los bancos centrales pueden ser fácilmente instrumentalizadas con fines políticos más amplios. Basta pensar en el sistema de crédito social de China.

Imagínese, si quiere, que sólo tiene acceso a la moneda digital del banco central si cumple con las directivas del gobierno (o cumple con los deseos de los grupos de intereses especiales que determinan las órdenes del gobierno).

Si no obedeces, sufres desventajas: ya no puedes viajar, pedir ciertos periódicos y libros, o comprar alimentos; tus cuentas pueden ser congeladas, y tu dinero incluso confiscado si te atreves a disentir demasiado.

La lista de estas atrocidades contra la libertad que son posibles en un mundo de monedas digitales de bancos centrales es interminable.

La idea marxista de un banco central

Tal vez sea este el momento adecuado para llamar la atención sobre el hecho de que la idea de la banca central —y, por extensión, del dinero del banco central, ya sea en forma física o digital— no es un concepto capitalista sino marxista.

En su «Manifiesto del Partido Comunista» (1848), publicado junto con Federico Engels, Karl Marx aboga por «medidas» —con lo que quería decir «invasiones despóticas de los derechos de propiedad»— que serían «inevitables como medio para revolucionar completamente el modo de producción», es decir, para llevar a cabo el socialismo-comunismo.

La quinta medida de Marx dice: «Centralización del crédito en manos del Estado, mediante un banco nacional con capital estatal y monopolio exclusivo».

Sin duda, tener el monopolio del dinero coloca al monopolista en una posición bastante poderosa. Determina quién obtiene crédito y dinero y quién no; influye en el coste del crédito y del capital y en la distribución de la renta y la riqueza.

Así que no es de extrañar que, especialmente con el monopolio del dinero fiduciario, los estados se hayan hecho más grandes y poderosos— medidos en términos de su gasto y deuda en relación con el producto interior bruto, el número de regulaciones y leyes, etc.

«Gran reinicio»

Habrán notado que el sistema de libre mercado, el capitalismo, está en gran medida desprestigiado.

La gente culpa al mercado libre y al capitalismo de todo tipo de males— crisis financieras y económicas, desempleo, disparidades de ingresos y riqueza, contaminación ambiental, etc.

Pero déjenme decirles que no tenemos capitalismo, ni en Europa, ni en los EEUU, ni en China.

Lo que tenemos es intervencionismo: un sistema económico y social en el que el Estado interviene en el funcionamiento del mercado libre— por ejemplo, mediante órdenes, leyes, prohibiciones, regulaciones, impuestos, subsidios, sanciones; entrometiéndose en la educación, la sanidad, el transporte, las pensiones, el medio ambiente y el crédito y el dinero.

Sin embargo, desde la sólida teoría económica, sabemos que el intervencionismo no funcionaría, que o bien no logra sus objetivos— o si lo hace, provoca efectos secundarios no deseados y negativos.

Desgraciadamente, el fracaso del intervencionismo envalentona a sus acérrimos partidarios a recurrir a intervenciones aún más amplias y agresivas.

A medida que se extiende el intervencionismo, el sistema de libre mercado se ve cada vez más socavado y disfuncional. La economía se transforma en una economía de control (o, por utilizar un término alemán, Befehls- und Lenkungswirtschaft), en la que el Estado tiene la última palabra y los productores y consumidores reciben órdenes.

En este contexto, es claramente preocupante que los conceptos de «Gran Reajuste», «Gran Transformación» y «Política Verde» sean todos expresiones de la idea de intervencionismo.

Si la teoría del intervencionismo es correcta, y me temo que lo es, el mundo occidental se está alejando del orden económico y social libre —que es, en última instancia, una idea de la Ilustración europea—  y se dirige hacia un sistema económico y social no libre.

Tenemos que estar en guardia: en un régimen intervencionista, la digitalización aumenta enormemente las posibilidades de que los gobiernos y sus burocracias y los grupos de intereses especiales se hagan con el poder, y lo utilicen para sus propios fines (como las grandes empresas, las grandes tecnologías, las grandes farmacéuticas y la gran banca).

Y es realista suponer que todos estos actores quieren conseguir sus objetivos controlando el dinero lo máximo posible.

Por esta razón, la emisión de monedas digitales de los bancos centrales, en particular, debe suscitar una gran preocupación para quienes desean preservar una sociedad libre, próspera y pacífica.

Un libre mercado de dinero

La buena noticia es que: No hay argumentos económicos o éticos convincentes para que un gobierno monopolice el dinero y sustituya la elección del mercado por su propio dinero fiduciario.

De hecho, hay muy buenas razones para abogar por el libre mercado del dinero.

En un libre mercado de dinero, las personas tendrían total libertad para elegir el tipo de dinero que quieren tener, y las personas también tendrían la libertad de ofrecer bienes que otros quieran demandar como dinero.

En un libre mercado de dinero, la demanda de dinero determinará lo que es el dinero. Y no debemos dudar de que la gente demandará con toda probabilidad «dinero sano»— es decir, dinero que sea bueno y justo.

¿Cómo se elegiría el dinero en un mercado libre? El Sr. Miller optaría por «algo» como dinero que su panadero, por ejemplo, aceptaría como medio de intercambio.

El panadero, a su vez, aceptaría de buen grado «algo» que cree que su zapatero aceptará como medio de intercambio.

En otras palabras, la gente elegirá un dinero que será muy preferido por sus socios comerciales, es decir, el bien con mayor comerciabilidad y liquidez de todos los bienes.

Y solemos saber qué propiedades (físicas) debe tener tal bien: debe ser, por ejemplo, escaso, homogéneo, duradero, transportable, minable, divisible, y debe representar un valor de cambio relativamente alto por unidad.

Esto explica muy bien por qué, al menos en el pasado, la gente ha optado por utilizar los metales preciosos, especialmente en forma de oro y plata, como dinero cuando se les ha dado a elegir.

El mensaje que quiero recalcar (y que creo que la mayoría de ustedes conoce muy bien) es que no hay razón para temer que un libre mercado de dinero no funcione.

De hecho, se puede esperar que funcione perfectamente— como cualquier otro mercado libre, como, por ejemplo, el mercado libre de calzado deportivo, libros, música, coches y teléfonos móviles.

Un libre mercado de dinero proporcionaría el mejor dinero posible al menor coste.

«Ilustración monetaria»

La cuestión fundamental es si las nuevas tecnologías pueden por sí solas mejorar el dinero.

La reciente evolución de los mercados de bitcoin, criptomonedas y monedas estables es ciertamente prometedora— sobre todo porque muestra inequívocamente que la gente ya está buscando un dinero mejor.

Los numerosos intentos empresariales de digitalizar el medio de pago por excelencia en el mundo, el oro, también han hecho interesantes progresos.

Aunque los avances tecnológicos ofrecen grandes oportunidades para mejorar nuestro dinero, podrían no ser suficientes— ya que los Estados y sus bancos centrales hacen todo lo posible para impedir un libre mercado de dinero.

Lo que también se necesita —además, y además de los avances tecnológicos— es la Ilustración Monetaria:

Familiarizar a la gente con la idea de que el monopolio del dinero fiduciario del gobierno es realmente destructivo y perjudicial para ellos.

Especialmente informando a la gente de que hay un dinero mejor para ellos, animándoles a exigir un dinero sólido —un dinero que sirva mejor a sus necesidades que las monedas fiduciarias de los Estados.

Esto va inevitablemente unido a la revelación de que los Estados (tal y como los conocemos hoy en día) se interponen en el camino de la gente para conseguir dinero sano.

Una vez que la gente se dé cuenta de que estaría mejor con el dinero de libre mercado, las posibilidades de acabar con el monopolio estatal del dinero, las leyes de curso legal y las cargas fiscales impuestas a los posibles candidatos al dinero aumentarán enormemente— e incluso puede que el Estado (tal y como lo conocemos hoy) desaparezca.

La gente debe tener la libertad de elegir qué tipo de dinero quiere utilizar: oro y plata, bitcoin o cualquier otro.

Permítanme terminar con una cita de Ludwig von Mises, que comprendió muy bien la importancia del dinero sólido para la libertad, y la prosperidad:

El principio del dinero sólido tiene dos aspectos. Es afirmativo al aprobar la elección por parte del mercado de un medio de cambio de uso común. Es negativo al obstruir la propensión del gobierno a entrometerse en el sistema monetario.

Es imposible comprender el significado de la idea de la moneda sana si no se comprende que fue concebida como un instrumento para la protección de las libertades civiles contra las incursiones despóticas de los gobiernos. Ideológicamente pertenece a la misma clase que las constituciones políticas y las cartas de derechos.

Un libre mercado de dinero hará de nuestro mundo un lugar mejor.

Muchas gracias por su atención.

[1]Debo señalar que el dinero no es un derecho a los bienes, y en un mercado libre, nadie está obligado a darte nada por tu dinero.

Esta ponencia se presentó en la Conferencia sobre Dinero Electrónico celebrada en Praga el 27 de agosto de 2022. Luego en Mises.org

El Dr. Thorsten Polleit es economista jefe de Degussa y profesor honorario de la Universidad de Bayreuth. También actúa como asesor de inversiones.

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