Morfema Press

Es lo que es

DBuford

Por Humberto García Larralde

Nicolás Maduro lleva ya más de tres meses usurpando la presidencia de la República. Todo el mundo sabe que perdió las elecciones. El hecho de que todavía siga ahí, en Miraflores, ofende a los sentidos, a la razón y a toda noción de justicia. Constituye un contrasentido odioso. Y en muchas dimensiones.

El régimen político que encarna viola abiertamente los artículos 5º y 6º de la constitución, referentes a su debida fundamentación en la soberanía popular y a su carácter democrático, participativo, electivo, descentralizado, alternativo, responsable, pluralista y de mandatos revocables. No respeta la independencia y equilibrio de poderes, tampoco los derechos asentados en su Título III y confunde el manejo de los recursos públicos con los propios (patrimonialismo). Es decir, desde el punto de vista institucional, la permanencia de Maduro es un contrasentido. Es incompatible con la constitución.

Su comportamiento político no es democrático. Sus aspectos definitorios son de una innegable estirpe fascista. No tolera juego político alguno. Maduro en Miraflores personifica un contrasentido.

Al asumir la presidencia en 2013, lejos de atender las necesidades de la gente, libró una guerra en su contra, reduciendo la actividad económica a poco más de la cuarta parte de cuando entonces. Pero no se quedó en eso. Desató una de las hiperinflaciones más prolongadas y severas de que se tenga noticia, hundiendo los niveles de vida de los venezolanos en un abismo profundo y quebrantando toda confianza en las relaciones de precio para orientar la decisión económica. Al continuar depredando a PdVSA con fines personales y partidistas, como hizo su antecesor, destruyó a la industria petrolera, principal proveedora de divisas a la nación. Pero no paró ahí. Aumentó la deuda externa a niveles impagables, precipitando el país a una situación de insolvencia y aislándolo de los circuitos financieros internacionales. En tales condiciones, ha pretendido combatir la inflación anclando el precio del dólar, –¡sin contar con las divisas para ello!–, recortando servicios y sueldos públicos, y asfixiando el crédito bancario, para impedir que la capacidad de compra de la gente supere el abismo antes referido. Desde una perspectiva económica, por tanto, su gestión ha significado un notorio contrasentido.

Con referencia a la defensa de los intereses de la nación, obvió defender los derechos de Venezuela sobre el Esequibo ante la Corte Internacional de Justicia, aumentó la vulnerabilidad del país a embargos por incumplimiento de contratos y confiscaciones, contrajo deudas ofreciendo el petróleo del subsuelo y/o a CITGO como garantía, y abandonó la suerte de esta sucursal venezolana a los reclamos de empresas foráneas por indemnización. Hizo aprobar una ley “antibloqueo” para “desaplicar” toda normativa legal que interfiriera con la liquidación velada, sin rendición de cuentas, de activos públicos. Ha permitido la participación de bandas extranjeras en la explotación de recursos minerales de Guayana –oro, cobalto, diamantes y otros—y ha cedido ciertos territorios fronterizos al ELN como guarimba. Pero, sobre todo, y como es notorio, ha colocado servicios estratégicos para la seguridad ciudadana en manos de la inteligencia cubana y de otros países. Finalmente, muy a pesar de su vociferante “antiimperialista”, su gestión ha buscado el amparo ruso, haciendo de Venezuela un peón en el tablero imperialista de Putin. Maduro y sus acólitos vienen traicionando desde el poder los intereses de la nación y abiertamente, un imperdonable contrasentido.

 Desde una dimensión ética y humanitaria, no alcanzan las palabras para describir lo ocurrido bajo la gestión de Maduro. Una represión brutal, sostenida y en abierto conflicto con el orden jurídico, ha criminalizado toda protesta, dejado a más de trescientos manifestantes asesinados desde 2013, miles de detenciones, desapariciones y torturas extendidas, con varios casos de muerte por esos tormentos. Todavía quedan unos novecientos presos políticos, sin garantía procesal alguna, acusados de cuanto delito se les ocurra a mentes enfermizas como la de Tarek Saab y/o de quienes le dan las órdenes, y en condiciones de presidio deplorables. Y, más allá de los atropellos a los derechos humanos del venezolano (incluyendo el de la vida), está el saqueo descarado de los recursos públicos (PdVSA incluida), robos y extorsiones al sector privado y al ciudadano en general, la depredación de valiosos recursos minerales y la participación, bajo distintas vías, en el tráfico de estupefacientes.

Lo más insólito es que aquellos señalados como incursos en tales delitos, lejos de ser investigados y castigados –si así se amerita—son premiados por Maduro, quien los nombra para cargos de jerarquía y ensalza en público, como si fueran héroes de la Patria (¡!) Es decir, se promueve deliberadamente a los más perversos, a lo peor, para compartir “responsabilidades de gobierno”. Tal kakistocracia o gobierno de los peores, no es solo por incompetencia, sino también por su depravación moral, carencia absoluta de escrúpulos en su trato con los demás y de irrespeto por los compromisos asumidos, fuesen con la población o con particulares, como internacionalmente. Que semejante bazofia de seres pretenda perpetuarse en el poder es el mayor de los contrasentidos.

Pero toda esta degeneración se encobija en una retórica bizarra, que pinta la tragedia por la que atraviesa Venezuela como si fuera una especie de disneylandia pero a semblanza de las perversiones de quienes ocupan Miraflores. Es la famosa burbuja de falsedades en la que se refugian Maduro y sus cómplices para absolver sus pecados. Pero en esta era de difusión extendida de redes sociales, su neolengua no convence a nadie; sólo sirve para seguir engañándose a sí mismos y/o para encubrir, en sus conciencias, sus desmanes. En su mundo ficticio avanza una “revolución”, asediada por el imperio y sus terroristas, que es defendida por “Super-Bigote”. ¡Para ellos no hay contrasentido!

En boca de Maduro, a pesar de los densos nubarrones que se ciernen sobre el horizonte de la economía, ésta creció un 4,5% en el primer trimestre. Como no publica cifras sobre el desempeño real de la economía desde hace seis años, ni de inflación desde que se dispararon (de nuevo) las cifras a finales de octubre 2024, inventa lo que le da la gana. Para quien trampeó abiertamente y de forma tan flagrante el resultado electoral, a pesar de conocerse urbi et orbi más del 85% de las actas oficiales que certificaban el triunfo de Edmundo González Urrutia, ¡no hay límite a la mentira!

Es difícil encontrarle parangón al descomunal contrasentido que representa Maduro en Miraflores. Repudiado por la población, aislado de los demás países de la región, sin recursos, debería haberse ido hace tiempo. ¡Cómo se mantiene? Básicamente, existen dos explicaciones. Primero, Maduro fue formado como agente cubano y, como tal, ha podido contar con la experiencia de más de 50 años de los más perversos talentos en materia de represión y contrainteligencia, para aplastar toda amenaza a su mandato. Segundo, porque, a instancias de sus tutores, procedió, deliberadamente, a corromper el alto mando militar, al poder judicial, a las policías y a cualquiera que tuviese injerencia en las decisiones del Estado. Mientras cuente con los recursos, tendrá comprado a los peores para ejercer el poder, sin contemplación alguna por los derechos de los venezolanos. Y aquí, el gran condicionante es ese “mientras”, porque los recursos empiezan a escasear para atender tanta complicidad activa. Al no poder satisfacer lo que se ha convertido en una auténtica red de mafias, es solo cuestión de tiempo para que, en sus propias entrañas, surjan los reacomodos que permitan, junto a la movilización popular y el apoyo internacional, remover a quien personifica tan deplorable gestión. ¿Para qué seguir sosteniendo a quien exhibe un historial de fracasos como Maduro, cuya permanencia solo proyecta una mayor agudización de la tragedia nacional? Un contra sentido que no puede continuar.

Corresponde a las fuerzas democráticas alzar con insistencia y con la fe en nuestra fuerza y capacidades, la opción del proyecto político que encarnan Edmundo González Urrutia, María Corina Machado y de quienes los acompañan, único capaz de asegurar, junto a la participación activa de millones de venezolanos y el apoyo financiero internacional, la superación de nuestra tragedia.  

Nicolás Maduro, quien juró en enero para un tercer mandato de seis años tras su cuestionada reelección en 2024, afirmó este martes que hoy España es «una nación amiga» del país caribeño.

En un acto televisado, el líder del chavismo dijo que, en 1821, el líder emancipador venezolano Simón Bolívar, recordado como el Libertador, «tenía claro su plan de independencia absoluta» de España, que era entonces, señaló Maduro, el «imperio dominante».

«Hoy España es nuestra amiga, una nación amiga de Venezuela»

Y, en ese sentido, acotó: «Hoy España es nuestra amiga, una nación amiga de Venezuela».

Además, el gobernante reiteró que los países de América Latina y el Caribe deben consolidarse en «el camino del siglo XXI» como «pueblos libres y soberanos».

«Colonialismo, esclavismo, más nunca en el Caribe, en América Latina. Libertad, independencia, para ahora y para siempre», agregó Maduro, quien se encontraba junto al primer ministro de Granada, Dickon Mitchell, con quien se reunió previamente en el palacio presidencial de Miraflores, en Caracas.

En diciembre del año pasado, la Administración chavista expresó su deseo de fortalecer las relaciones de «respeto mutuo» entre Venezuela y España, así como su voluntad de ampliar la cooperación económica en «diversas áreas de interés común» con el país europeo.

Asilo de Edmundo González Urrutia

El pasado septiembre, Maduro afirmó que su Gobierno tiene «extraordinarias perspectivas de desarrollo» con España, tras mencionar que tuvo entonces una «buena reunión» con directivos de la multinacional energética Repsol.

En España se encuentra asilado el líder antichavista Edmundo González Urrutia, quien reclama la Presidencia venezolana al insistir en que fue el ganador de los comicios presidenciales de su país celebrados el 28 de julio de 2024, en los que Maduro fue proclamado ganador por el organismo electoral, controlado por rectores afines al chavismo.

Por W. Schreiner Parker en Rystad Energy

Saudi Aramco, la compañía petrolera nacional de Arabia Saudita, gestiona más de 283 mil millones de barriles de recursos recuperables restantes, gran parte de los cuales son crudo convencional de bajo costo. La capacidad de Aramco para aumentar o disminuir la producción con precisión, respaldada por una infraestructura de primer nivel, una inversión constante y una importante capacidad disponible, posiciona a Arabia Saudita como una fuerza estabilizadora clave en los mercados petroleros mundiales.

A medida que la flexibilidad del gas de esquisto estadounidense disminuye y los resultados de la exploración siguen siendo limitados, Arabia Saudita se encuentra en una posición privilegiada para retomar su rol tradicional como productor global de referencia, con la capacidad de influir en la oferta y los precios durante la próxima década.

Mientras tanto, Venezuela posee lo que algunos consideran las mayores reservas de petróleo del mundo, con estimaciones que alcanzan los 300 mil millones de barriles. La mayor parte de este recurso se concentra en la Faja del Orinoco, una vasta franja de crudo extrapesado terrestre. Si bien técnicamente recuperables, estos recursos requieren una compleja modernización, una infraestructura robusta e inversión a largo plazo.

La producción, incluida la de la petrolera nacional PdVSA, ha disminuido significativamente en las últimas décadas debido a la falta de inversión, los desafíos operativos y las sanciones internacionales. Aun así, la actividad reciente de algunas empresas internacionales, como Chevron, indica que algunas áreas siguen siendo comercialmente viables bajo las condiciones adecuadas y con apoyo técnico externo.

Para liberar todo el potencial de Venezuela como proveedor principal probablemente se requerirán cambios estructurales más amplios a nivel institucional. El entorno operativo para la inversión extranjera se ha visto severamente limitado, y la recuperación a largo plazo dependerá de la estabilidad institucional, marcos regulatorios claros y una mejora general del clima de negocios.

Si bien es difícil predecir la evolución política, cualquier recuperación significativa de la producción probablemente dependerá de un entorno más normalizado que pueda atraer capital y experiencia técnica de forma sostenida, en particular de Estados Unidos y otros países occidentales. En estas condiciones, Venezuela podría restablecerse como una fuente importante de suministro en la mezcla petrolera mundial.

Tanto Arabia Saudita como Venezuela fueron miembros fundadores de la OPEP en 1960 y siguen siéndolo en la actualidad. Arabia Saudita continúa desempeñando un papel de liderazgo central dentro del grupo, mientras que la influencia de Venezuela ha disminuido en los últimos años debido a su menor producción y su limitado alcance de mercado.

En una Venezuela sin precedentes, la reincorporación al sector petrolero mundial se vuelve fundamental, lo que pone en duda su futura alineación con el marco de producción de la OPEP. La flexibilidad estratégica, en particular para atraer inversión externa o gestionar nueva producción, podría eventualmente impulsar una reevaluación de su papel dentro de la organización.

Con el bajo rendimiento de la exploración global y el petróleo de esquisto estadounidense acercándose a su techo de producción, la próxima década probablemente estará determinada por los países con reservas existentes y accesibles. Se espera que Arabia Saudita sea el ancla de esta fase, pero el futuro de Venezuela sigue siendo una variable importante. Si el país establece las condiciones para la recuperación, su regreso al mercado petrolero mundial podría introducir nuevas dinámicas en lo que, de otro modo, se estaría convirtiendo en un panorama de oferta más concentrado.

La evolución de estos productores tradicionales podría definir el próximo capítulo del petróleo mundial, no a través de nuevos descubrimientos, sino mediante el regreso y la reinvención de aquellos que ya poseen las mayores bases de recursos.

Por Joshua R. Kroeker

Al acercarse la Pascua ortodoxa, el presidente ruso, Vladímir Putin, realizó una maniobra habitual: pedir un alto el fuego en Ucrania. A primera vista, esto podría parecer un gesto de buena voluntad, un guiño a la tradición, la paz y la observancia religiosa.

Sin embargo, debajo de esa apariencia se esconde un intento calculado de manipular la narrativa internacional, especialmente contra el presidente estadounidense Donald Trump y su administración.

Este alto el fuego de Pascua no es una desviación de la estrategia de Rusia, sino una continuación.

Rusia ha anunciado previamente treguas temporales en torno a la Navidad y otras festividades ortodoxas. Sin embargo, estos gestos nunca se han cumplido. Ninguna de las partes respetó la tregua navideña promovida por Putin en torno a la festividad ortodoxa de 2023, que las autoridades ucranianas calificaron entonces de « trampa cínica ».

El llamado alto el fuego en materia de infraestructura energética, promovido por el presidente estadounidense Donald Trump en los últimos meses, fue violado repetidamente por ataques con misiles y drones rusos. En las semanas posteriores a su inicio, Rusia se retiró del acuerdo.

Como hemos visto en el pasado, las ciudades ucranianas permanecieron bajo fuego incluso cuando los diplomáticos rusos declararon una paz temporal. El presidente Volodímir Zelenski acusó a Moscú de cometer 3.000 violaciones del alto el fuego solo este fin de semana.

Este patrón sugiere algo más profundo: Rusia no intenta poner fin a la guerra, sino reformularla en términos políticos, sobre todo para el público extranjero. Los ceses del fuego se están utilizando como herramientas de desinformación, no de diplomacia. No están diseñados para ayudar a la población civil ucraniana ni para promover la buena voluntad humanitaria, sino para presentar a Ucrania como el actor intransigente que se niega a aceptar la paz.

Aquí es donde encaja el alto el fuego de Pascua. Es un mensaje. No dirigido a Ucrania, sino a Trump y a la clase política estadounidense.

Desde el regreso de Trump a la Casa Blanca, el mensaje de Putin ha sido más directo que nunca. El presidente ruso ofrece un alto el fuego no como un intento sincero de desescalar la tensión, sino como un gesto estratégico: una actuación destinada a demostrar que Rusia es el actor «razonable», dispuesto a negociar, mientras que Ucrania es quien prolonga el conflicto. Esto ocurre solo días después de que el secretario de Estado, Marco Rubio, anunciara que Estados Unidos se retiraría del proceso de paz si no se avanza rápidamente.

La implicación es clara: si Ucrania continúa combatiendo durante un alto el fuego declarado, Rusia alegará que Kiev —y, por extensión, sus aliados occidentales— son quienes obstruyen la paz. Esto es un ejemplo clásico de desinformación del Kremlin, cuyo objetivo es sembrar la duda y la división en el gobierno y la opinión pública estadounidense.

Putin no busca la paz. Más bien, está ganando tiempo en el campo de batalla al indicarle a Washington que está preparado para la paz.

Cada intento ruso de alto el fuego ha cumplido una función táctica: ganar tiempo, rearmarse y consolidar posiciones. Tanto los analistas militares como las fuerzas ucranianas saben que estas pausas no son señales de desescalada, sino un respiro operativo, destinado a preparar la siguiente oleada de agresión.

En las aproximadamente 24 horas posteriores a la declaración de la tregua de Pascua de Putin, los combates continuaron con normalidad en gran parte del frente. Si bien hubo informes de un menor fuego de artillería en la región del Donbás, la intensidad de la guerra ha cambiado poco o nada en las regiones rusas de Kursk y Bélgorod, ni en las ucranianas de Járkov y Zaporiyia. Una fuente de Jersón escribió que, la noche del alto el fuego, varios edificios de la ciudad estaban en llamas debido a ataques con drones, afirmando que no había cambiado nada.

Pero lo más importante, más allá del campo de batalla, es que el alto el fuego de Putin se dirige directamente a Occidente. El Kremlin conoce las presiones políticas que enfrenta la administración Trump. Al mostrarse abierto al compromiso, Moscú ofrece cobertura política a quienes en Washington desean desvincularse.

Después de todo, a los ojos de Trump, si Rusia ofrece un alto el fuego y Ucrania lo rechaza o lo viola, ¿por qué Estados Unidos debería seguir gastando miles de millones de dólares en apoyo armamentístico?

Es una trampa cuidadosamente diseñada, y el tipo de guerra narrativa en la que el Kremlin destaca. Moscú ya tiene la confianza de Trump, con Steve Witkoff viajando entre Washington y Moscú, compartiendo la visión de Putin de una paz con Trump que no considera las preocupaciones ni la soberanía de Ucrania. Con esta Tregua de Pascua, Putin está ganando tiempo mediante una falsa buena voluntad.

Desde el regreso de Trump a la Casa Blanca, el mensaje de Putin ha sido más directo que nunca. El presidente ruso ofrece un alto el fuego no como un intento sincero de desescalar la tensión, sino como un gesto estratégico: una actuación destinada a demostrar que Rusia es el actor «razonable», dispuesto a negociar, mientras que Ucrania es quien prolonga el conflicto. Esto ocurre solo días después de que el secretario de Estado, Marco Rubio, anunciara que Estados Unidos se retiraría del proceso de paz si no se avanza rápidamente.

La implicación es clara: si Ucrania continúa combatiendo durante un alto el fuego declarado, Rusia alegará que Kiev —y, por extensión, sus aliados occidentales— son quienes obstruyen la paz. Esto es un ejemplo clásico de desinformación del Kremlin, cuyo objetivo es sembrar la duda y la división en el gobierno y la opinión pública estadounidense.

Putin no busca la paz. Más bien, está ganando tiempo en el campo de batalla al indicarle a Washington que está preparado para la paz.

Cada intento ruso de alto el fuego ha cumplido una función táctica: ganar tiempo, rearmarse y consolidar posiciones. Tanto los analistas militares como las fuerzas ucranianas saben que estas pausas no son señales de desescalada, sino un respiro operativo, destinado a preparar la siguiente oleada de agresión.

En las aproximadamente 24 horas posteriores a la declaración de la tregua de Pascua de Putin, los combates continuaron con normalidad en gran parte del frente. Si bien hubo informes de un menor fuego de artillería en la región del Donbás, la intensidad de la guerra ha cambiado poco o nada en las regiones rusas de Kursk y Bélgorod, ni en las ucranianas de Járkov y Zaporiyia. Una fuente de Jersón escribió que, la noche del alto el fuego, varios edificios de la ciudad estaban en llamas debido a ataques con drones, afirmando que no había cambiado nada.

Pero lo más importante, más allá del campo de batalla, es que el alto el fuego de Putin se dirige directamente a Occidente. El Kremlin conoce las presiones políticas que enfrenta la administración Trump. Al mostrarse abierto al compromiso, Moscú ofrece cobertura política a quienes en Washington desean desvincularse.

Después de todo, a los ojos de Trump, si Rusia ofrece un alto el fuego y Ucrania lo rechaza o lo viola, ¿por qué Estados Unidos debería seguir gastando miles de millones de dólares en apoyo armamentístico?

Es una trampa cuidadosamente diseñada, y el tipo de guerra narrativa en la que el Kremlin destaca. Moscú ya tiene la confianza de Trump, con Steve Witkoff viajando entre Washington y Moscú, compartiendo la visión de Putin de una paz con Trump que no considera las preocupaciones ni la soberanía de Ucrania. Con esta Tregua de Pascua, Putin está ganando tiempo mediante una falsa buena voluntad.

Joshua R. Kroeker es director ejecutivo y fundador de Reaktion Group, analista del proyecto de análisis político R.Politik y editor de RANE.

Por Víctor Suárez

Entre las 12:30 pm del lunes 28 de abril, cuando la red eléctrica nacional dejó de funcionar, y las 3 am del martes 29, cuando poco más del 82% del servicio había sido restituido en toda la península, España vivió lo que nunca antes había ocurrido. Un vilo oscilante entre la perplejidad que produce la ausencia prolongada de servicios esenciales (luz, agua, gas, comunicaciones, movilidad) y la incertidumbre ante lo que podría suceder sin acceso a información inmediata.

Pero no todo estaba perdido. Durante las catorce horas y media de apagón, la radio española mantuvo a la población bien informada. Los viejos transistores y los antiquísimos receptores de bulbos salieron de los armarios. El pico de uso de la señal de radio ocurrió a través de los teléfonos móviles, con los cuales es posible captarla utilizando el cable de los audífonos como antena.

Radio Nacional de España, Cope y la Cadena Ser, por ejemplo, improvisaron un gigantesco operativo de emergencia que a partir de la una de la tarde ya se escuchaba en todo el territorio nacional y más allá. Habrá que esperar los índices de audiencia, pero a mi parecer los canales de RNE se llevaron las palmas.

No había Internet, no había televisión, no se podía imprimir ni siquiera alguna hojita parroquial. Como en la II Segunda Guerra Mundial, la radio tomó el puesto de mando, tanto para informar como para reconstruir lo que ocurría en el frente y preguntarles a los expertos lo que consideraban las causas de ese apagón monumental que, según el presidente de gobierno, Pedro Sánchez, se manifestó inesperadamente en la pérdida de 15 gigavatios en 5 segundos, es decir, 60 por ciento de la demanda nacional.

Nerviosismo en las calles, los trenes y los metros cerrados, las gasolineras sin servicio, los sistemas hidroneumáticos de los edificios no surtían agua a los residentes, los cajeros automáticos dejaron de funcionar, los automercados bajaron las santamarías, colapso absoluto en las carreteras y en las entradas y salidas de las grandes ciudades, las familias quedaron aisladas, los aeropuertos retrasaron los vuelos, unas 35 mil personas que viajaban en tren esperaban ser evacuadas, en Radio María no cesaban de rezar el Dios te salve, María.

Comenzaron a llegar las noticias de la inyección de energía que estaban prestando Francia y Marruecos en el norte y sur de España, y de que Gibraltar ofrecía sus hospitales para socorrer a los necesitados en las cercanías del Estrecho. Más tarde, Sánchez agradeció el gesto.

Entre las 2 y las 5 de la tarde el espacio vital personal se había reducido a tres o cuatro cuadras a la redonda. En Madrid, los autobuses de la EMT y los coches particulares eran las únicas alternativas para la movilidad. Las generaciones de los últimos 40 años habían perdido de repente a Internet, su servicio público más preciado, constituido casi en su única conexión con el mundo. Los mayores de ochenta años discutían si durante la Guerra Civil había ocurrido algo semejante. Las calles vacías y silentes parecían réplicas de la reciente pandemia. El miedo y la incertidumbre comenzaban a horadar las conciencias y las conductas, para abrirle paso a los bulos. Pero la misma caída de Internet impedía su propagación. Y también estaba la radio para contrarrestar a quienes decían que Úrsula von der Leyen había acusado a Rusia de un ciberataque, a quienes decían que el apagón había sido orquestado por el gobierno español con fines experimentales, que la OTAN había detectado cinco buques rusos en la ruta por donde pasan los cables submarinos en el Báltico…

La presidenta de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, pidió a las 3 y media de la tarde que el gobierno sacara al ejército a la calle.

Un experto dijo que había que tomar en cuenta la puesta del sol. ¿Cómo es eso?, preguntaron en RNE. Ni el diesel, ni el gas, ni las hidrológicas, ni la nuclear, son ya las principales fuentes de energía en España. En la actualidad, el sol y el viento (energías fotovoltaica y eólica) proporcionan el 40 por ciento. Por ello, mientras el sol se acueste más temprano, menos energía podrá ser procesada. Este lunes Madrid amaneció radiante, sin una sola nube a la vista, y el sol se retiró tan tarde como se lo ha permitido la auspiciosa primavera.

El gobierno central ya se estaba tardando demasiado en explicar la situación.

Algunos expertos pronosticaban que el sistema eléctrico en su totalidad tardaría entre cinco y 10 horas en restaurarse. A las 7 pm hubo luz en Getafe, el 26% de la demanda se había restablecido en Cataluña, en Aragón los candiles estaban encendidos, en Bilbao también, las cosas mejoraban en Málaga y Sevilla. Para llenar tiempo, los comentaristas recurrieron a los grandes apagones de la historia reciente (Italia, en 2003; Estados Unidos, en 1965 y 1977; Argentina, en 2019).

Por fin, a las cinco y media de la tarde habló Sánchez. Su imagen no pudo ser vista por la casi totalidad de los españoles, pero su voz cubrió el espectro radial en frecuencia modulada. Traía los resultados de la primera reunión del Consejo de Seguridad Nacional. No adelantó ninguna causa probable del apagón, lo que hizo fue tranquilizar a la gente. “No hay indicios de ciberataque, por ahora”, dijo. “Lo más importante es devolver la tranquilidad a los hogares”. Informó que las comunidades autónomas de Andalucía, Extremadura y Madrid, todas ellas gobernadas por el Partido Popular, habían solicitado al gobierno que se ocupara de la seguridad ciudadana. Dijo que a las 8 y luego a las 10 pm se volverían a reunir para evaluar la situación y continuar tomando medidas.

¿Dónde está Beatriz Corredor Sierra, presidenta de Redeia, la corporación que engloba a Red Eléctrica de España?, no se lo preguntaba nadie. Como Mazón durante la Dana valenciana, había desaparecido en acción.

En su lugar, Red Eléctrica publicó un mensaje en X a las 3:30 pm: “Seguimos trabajando con todos los recursos para lograr la reposición del suministro lo antes posible a los grupos de generación”

La radio madrileña se volcó a auscultar el pálpito de la ciudad. Las multitudes caminando para volver a casa, las experiencias de los miles de personas atrapadas en los ascensores, las múltiples intervenciones bomberiles, las llamadas a los servicios de emergencia (112). Se detuvieron en el caso de los turistas que se habían quedado sin efectivo y no podían pagar los consumos, y se quejaban de las altas comisiones que estaban cobrando las casas de cambio:

-Solo tenía tres euros en el bolsillo y con ello solo pude comprar un pan y un par de lonjas de queso y de jamón. Las tarjetas de crédito no sirven para pagar, dijo una turista en Gran Vía.

Recordé lo que me había pasado hace 57 años en Frankfurt: había llegado de Praga en un tren diplomático custodiado por helicópteros de la OTAN. Poco antes de la invasión soviética a Checoslovaquia el 21 de agosto de 1968, había cambiado mis últimos 50 dólares a coronas. En 10 días la moneda checa había perdido todo su valor, de manera que en Alemania pude lograr que un tendero samaritano me las trocara por una barra de pan, una salchicha, una dosis de mostaza y una copa de vino de barril.

La población había recuperado la tranquilidad después de la comparecencia del jefe de gobierno, según el parecer de la casi unanimidad de las emisoras de radio, menos Esradio FM, la de Jiménez Losantos, que no estaba en el aire.

Preocupaba la situación de los 116 trenes de media y larga distancia y de los 35 mil pasajeros que se habían quedado atrapados en sus vagones. El ministro de Transporte, Oscar Puente, aseguró que las principales estaciones de las grandes ciudades (Atocha y Chamartín, en Madrid) se mantendrían abiertas toda la noche con el fin de dar techo y cobijo a los miles de viajeros que no habían podido abordar. Un portavoz de la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios), declaró que los afectados no tenían mucho que reclamar puesto que se trataba de una situación sobrevenida, extraordinaria; quizá podrían exigir el reembolso del costo de los billetes o la reubicación en otros trenes o vuelos.

En Caja Mágica, el Open de Tenis de Mutua Madrid fue interrumpido y reprogramado.

Se informó que Sánchez se había puesto en contacto telefónico con el neerlandés Mark Rutte, secretario general de la OTAN, pero ya el pico de la emergencia había bajado sustancialmente. El pronóstico era que entre las 9 y las 9 y media de la noche la recuperación estaría en un 80%. No se cumplió.

A las 8 pm, 40% de la demanda estaba servida en Cataluña, en Euskadi 84% de los municipios tenía luz y el metro estaba funcionando, en Andalucía la recuperación estaba cogiendo velocidad. La operadora Endesa aseguró que un tercio de sus clientes estaba alumbrado. Un segundo tren había sido remolcado hasta Valencia. Cuando llegó a la estación “Joaquín Sorolla”, una multitud aplaudió a los viajeros, tan frenéticos como los venezolanos de otrora cuando sus vuelos aterrizaban con éxito.

Hasta ese momento Francia había inyectado 1.400 Mw y Marruecos 700. El apagón en Portugal había sido total, pero muy poca atención informativa le ponían en España. El primer ministro Luis Montenegro declaró que el origen no estaba en Portugal. Aunque no lo certificó, habló de que se debió a un “fenómeno atmosférico” con epicentro en España.

En Madrid, yo tenía una luz que a mí me alumbraba, y llegó la brisa, y fuas, y me la apagaba. El consejero de Interior de la Comunidad de Madrid, Carlos Novillo, dijo que el flujo eléctrico se estaba restableciendo a cuentagotas. A las 6 y media Galapagar estaba encendido, a las 7 en Getafe, a las 9 llegó a San Sebastián de los Reyes, a las 10 el centro de mando del distribuidor de Atocha estaba normal, Eugenia Adam informó que su barrio Delicias estaba iluminado, a las 10:50 se apareció en casa, en Puente de Vallecas, y los vecinos lanzaron cohetes, como si el Rayo Vallecano le hubiera ganado al Real Madrid.

En ese momento volvió a aparecer Sánchez, esta vez también en TV: ha sido restablecido el 50% del suministro; de los 6 mil vuelos programados, apenas 344 han sido cancelados; no ha habido hechos delictivos que lamentar; se incorpora Murcia a las comunidades autónomas que han solicitado que el gobierno central se ocupe de la seguridad.

“Es indispensable seguir todas las indicaciones del gobierno”, le escuché decir por radio a Núñez Feijóo, jefe del Partido Popular. “Para todo lo demás, habrá tiempo”.

El cero energético había dejado de ser absoluto.

A partir de allí, el otro 50% se hacía esperar. Casi a las dos de la madrugada se iluminó La Coruña. A las 2:50 am, Red Eléctrica informó que se había recuperado el 82,4% del suministro. “Ya está energizada la práctica totalidad de los parques de subestaciones de la red de transporte (99,11%)”.

Hoy martes, a las 9 de la mañana, se reunirá el Consejo de Seguridad Nacional. Lo presidirá el Rey.

El medio millón de venezolanos que residen en España podrían enviarles un mensaje consolador: Ustedes no han visto nada.

Vía The Epoch Times

Las autoridades dicen que los militares deportaron a venezolanos después de que un juez ordenó al gobierno no deportar inmediatamente a ningún inmigrante ilegal.

Un juez federal pidió el 28 de abril respuestas al gobierno de Estados Unidos sobre las deportaciones que ocurrieron después de dictar una orden preliminar que impuso nuevos requisitos.

El juez federal de distrito Brian Murphy dijo durante una audiencia en Boston que necesitaba respuestas para determinar si el gobierno violó su orden al deportar a cuatro venezolanos de la Bahía de Guantánamo a El Salvador después de haber prohibido a los funcionarios deportar a inmigrantes ilegales a un país que no es su país natal sin darles la oportunidad de demostrar que enfrentarían peligro si fueran deportados allí.

Funcionarios del Departamento de Seguridad Nacional de EE. UU. (DHS) han declarado que las deportaciones fueron llevadas a cabo por el Departamento de Defensa de EE. UU. (DOD) y que el DHS no ordenó al Pentágono expulsar a los inmigrantes indocumentados. Dado que el Pentágono no es parte demandada en el caso, no se violó la orden preliminar de Murphy, según declararon los funcionarios en documentos judiciales.

El abogado del Departamento de Justicia de Estados Unidos, Jonathan Guynn, ofreció los mismos argumentos en la audiencia del lunes.

Murphy cuestionó cómo el Departamento de Defensa podría realizar los vuelos sin trabajar en conjunto con el DHS, que supervisa el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas y tiene la tarea de supervisar a los inmigrantes detenidos y ejecutar sus deportaciones.

“¿Qué autoridad tendría el Departamento de Defensa para efectuar esa deportación?”, preguntó Murphy.

Guynn dijo que no podía responder esa pregunta de inmediato, afirmando: «Es un nuevo día y ha habido muchos cambios». Añadió que necesitaría presentar más información sobre el tema.

Trina Realmuto, abogada de la Alianza Nacional de Litigios de Inmigración que representa a un grupo de inmigrantes que lleva el caso ante Murphy, dijo en el tribunal que «los acusados ​​no pueden ignorar descaradamente la orden del tribunal simplemente haciendo que otro gobierno, departamento o agencia complete el paso final».

Realmuto instó a Murphy a modificar su orden judicial para prohibir la expulsión de estos inmigrantes de Guantánamo, algo que el juez dijo que estaba dispuesto a hacer, pero que necesitaba evaluar si podía hacerlo. Añadió que emitiría su fallo el jueves.

El Departamento de Defensa no ha respondido a las solicitudes de comentarios.

Después de la audiencia, Murphy ordenó a los funcionarios proporcionar los nombres de todos los inmigrantes con órdenes finales de deportación que fueron deportados en los dos vuelos, que ocurrieron alrededor del 31 de marzo y el 13 de abril, y que identificaran cualquier vuelo adicional que haya removido inmigrantes ilegales de la Bahía de Guantánamo a terceros países antes de esas fechas.

También ordenó a las partes presentar un plan de descubrimiento conjunto que aborde temas como «la relación entre el Departamento de Seguridad Nacional y el Departamento de Defensa, incluido, entre otros, el papel de cada agencia con respecto a las deportaciones, la gestión de la Bahía de Guantánamo y el memorando de entendimiento del 7 de marzo de 2025 entre las dos agencias», y presentar argumentos sobre si tiene la autoridad para modificar su orden judicial preliminar mientras hay una apelación pendiente.

«Negar atención médica especializada a presos políticos es un crimen que atenta contra la humanidad»

El ex parlamentario, abogado y defensor de los Derechos Humanos, Rafael Narváez, exigió al sistema de justicia venezolano que retome las atribuciones y competencias establecidas en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) para garantizar el cumplimiento del Artículo 43, el cual establece la inviolabilidad de la vida y la responsabilidad del Estado de preservar la vida de quienes se encuentran privados de libertad.

Narváez lamentó profundamente que, bajo custodia del Estado, hayan fallecido seis (6) detenidos por razones políticas tras las manifestaciones postelectorales del pasado 28 de julio de 2024, en su mayoría por falta de atención médica oportuna. Actualmente, más de 70 presos políticos requieren con urgencia que el Estado implemente un operativo de salud para detectar y atender a quienes tienen el derecho constitucional y humano a la salud y a la vida. De lo contrario, advirtió el abogado defensor de DDHH, el sistema de justicia será una vez más responsable de lo que pueda suceder a los detenidos.

«Sin duda alguna, estamos en presencia de un crimen sin precedentes», afirmó Narváez, denunciando que cuerpos de seguridad del Estado realizan detenciones arbitrarias, sin informar a los familiares durante más de 15 días. Posteriormente, las víctimas son imputadas por jueces sin rostro y sin derecho a defensa privada, sufriendo tratos crueles, inhumanos y degradantes, incluyendo torturas. «No satisfecho el Estado con tantas violaciones graves a los derechos humanos, se les sigue negando el derecho a la salud», finalizó el ex parlamentario.

Por George Friedman en GPF

Las guerras –que definiré en términos generales como conflictos militares sostenidos en parte por la naturaleza de los soldados que luchan y en parte por la capacidad de la nación participante de apoyar económicamente el esfuerzo– terminan de una de tres maneras: victoria, compromiso o agotamiento mutuo.

En la guerra de Ucrania, la realidad militar es que ni el invasor, Rusia, ni el defensor, Ucrania, han logrado sus objetivos declarados. El objetivo de Rusia era conquistar Ucrania. El hecho de que solo haya logrado tomar una pequeña porción del este ha llevado a afirmaciones absurdas de que el este era todo lo que Rusia quería. Si eso fuera cierto, Rusia podría (y probablemente lo habría hecho) proclamar la victoria tras un año de lucha y poner fin a la guerra. La verdad, por supuesto, es que Rusia intentó, sin éxito, conquistar todo el país.

El objetivo de Ucrania es conservar todo su territorio. El problema es que el ejército ucraniano no es lo suficientemente fuerte como para expulsar a los rusos de Ucrania. Esto implica, implícitamente, que las naciones europeas que apoyan a Ucrania tampoco tienen el poder ni la voluntad de expulsar a Rusia.

El motivo de la invasión rusa de Europa es a la vez importante y discutible en este momento. La prioridad de Moscú era construir una zona de amortiguación entre la frontera rusa y la frontera oriental de la OTAN en Polonia. En cierto sentido, la medida estuvo motivada por un miedo absurdo, ya que la capacidad y el deseo de la OTAN de invadir Rusia eran inexistentes. Pero la capacidad y la intención cambian, y las naciones deben asumir los peores escenarios. Rusia estaba convencida de que podría obtener fácilmente una zona de amortiguación en Ucrania. Otra posibilidad real es que Rusia soñara con restaurar las fronteras de la desintegrada Unión Soviética, y la invasión de Ucrania fuera el primer paso. Ha fracasado, así que el resto es discutible por ahora.

Ninguna de las partes está motivada para seguir luchando ni para capitular. El compromiso, entonces, se convierte en el único resultado. El compromiso es tan vergonzoso para quienes iniciaron la guerra como para quienes se resistieron. También es difícil. En cualquier negociación, ya sea sobre guerra o negocios, ninguna de las partes admitirá que necesita un acuerdo o que no está dispuesta a retirarse. Pero es vital ignorar lo que se dice y reconocer la realidad: Rusia no logró tomar Ucrania, y Ucrania perdió parte de su territorio. Ninguna de las dos puede abandonar la mesa, no si son racionales. La racionalidad, en este sentido, es el reconocimiento de la realidad, especialmente en lo que se refiere a determinar el apetito bélico de la población y los militares. Rusia es difícil de interpretar, pero es improbable que sus militares y su población —ambos, de hecho, importantes para el presidente Vladimir Putin— deseen otros tres años de derramamiento de sangre. Sin duda, Ucrania tiene aprensiones similares.

Hay otra dimensión en todo esto: el hecho de que otras naciones tengan interés en el resultado de la guerra. Rusia tiene pocos aliados. Ucrania tiene muchos, aunque algunos nunca estuvieron interesados ​​en enviar soldados a la batalla. El problema de tener aliados es que tienen interés en la guerra, pero no tienen que hacer el sacrificio supremo. Europa afirma temer un futuro con una Rusia hostil atrincherada en sus fronteras, pero no le asusta tanto haber construido una fuerza defensiva creíble ni haber generado el espíritu marcial necesario para librar una guerra. Y aunque la actuación de Rusia en Ucrania demuestra que no es una potencia militar temible, la realidad es que es relativamente inútil para Ucrania tener aliados que quieran que Rusia se retire sin hacer mucho para forzar la situación.

Estados Unidos, que en su día fue la principal fuente de armas defensivas de Ucrania, ahora cree que no hay ningún beneficio en fortalecer a Ucrania ni en apoyar su esfuerzo bélico. Esto significa que son solo los europeos quienes quieren establecer condiciones que Rusia no cumplirá. Rusia comenzó su ocupación de Crimea en 2014. Las razones estratégicas de la ocupación siguen vigentes. Moscú no entregará Crimea, y Europa no va a declararle la guerra a Rusia por ella. Esto es importante porque Moscú, como parte de las negociaciones de paz, ha exigido que Ucrania ceda la península; es decir, que convierta la realidad de facto en realidad de iure. Probablemente será un punto de fricción que seguirá surgiendo a medida que avancen las conversaciones.

La guerra no ha terminado del todo, ya que los combates continúan. Sin embargo, a menos que el ejército ruso se convierta repentinamente en una fuerza más efectiva, o que Estados Unidos o Europa envíen fuerzas masivas para expulsar a Rusia, las líneas en el mapa están prácticamente definidas. Las nuevas fronteras son una realidad. Y todos deben aceptarlas si quieren que las conversaciones de paz tengan éxito. Hay otras exigencias que los europeos pueden plantear y que Rusia no aceptará —lo que demuestra su mayor honorabilidad que los estadounidenses, que solo quieren el fin de la guerra y hacer negocios con una Rusia debilitada— y hay otros asuntos que pueden negociarse. Algunos de ellos, como el tamaño del ejército ucraniano, pueden, y probablemente serán, ignorados.

Hay una última dimensión a considerar. Rusia es una potencia nuclear, y durante la Guerra Fría, Rusia y Estados Unidos tomaron todas las precauciones para evitar una grave amenaza mutua. Se batieron en duelo en el llamado Tercer Mundo, pero salvo por la crisis de los misiles de Cuba, nunca amenazaron con ponerse mutuamente en una situación insostenible por temor a una respuesta nuclear desesperada. El este de Ucrania y la península de Crimea simplemente no merecen llegar al límite, como solíamos decir en la Guerra Fría.

En la década de 1970, Estados Unidos negoció incansablemente con Vietnam del Norte sobre una guerra que sabía desde hacía tiempo que no podía ganar. Creo que Estados Unidos ha aprendido de ello que el orgullo diplomático no vale el precio de las vidas. Rusia no puede ocupar Ucrania, Ucrania no puede expulsar a los rusos, y las negociaciones deben reconocerlo. Putin dirá que no necesita la paz, y Europa se indignará de que Estados Unidos admita lo inadmisible: que la guerra ha terminado. Pero todo esto es pura pose. Quienes quieren que la guerra continúe a menos que se cumplan sus condiciones están mintiendo. La guerra ha terminado, salvo por las matanzas.

George Friedman es un pronosticador y estratega geopolítico en asuntos internacionales reconocido internacionalmente y fundador y presidente de Geopolitical Futures.

El Partido Liberal de Mark Carney ganará las elecciones legislativas celebradas el lunes en Canadá, aunque tras horas de escrutinio es cada vez más evidente que tendrán que gobernar en minoría.

Carney, que compareció ante simpatizantes del Partido Liberal en Ottawa para celebrar la victoria cerca de las 2.00 del martes (6.00 GMT), se comprometió a gobernar «con todos los partidos y todos los territorios y la sociedad civil» además de advertir que negociará con el presidente de EE.UU., Donald Trump, una nueva relación bilateral.

«La vieja relación con los Estados Unidos, una relación basada en una creciente integración, se ha acabado», insistió Carney.

Por su parte, el líder del Partido Conservador de Canadá, Pierre Poilievre, reconoció la victoria de Carney, que gobernará en minoría, y prometió que continuará al frente del partido en una oposición que exigirá la rendición de cuentas al Gobierno.

A cinco escaños de la mayoría absoluta, de manera provisional

Cuando Carney pronunció su discurso, casi cinco horas después de que cerrasen los colegios en las provincias de Ontario y Quebec -donde se decide siempre el resultado por la acumulación de población y de escaños-, las proyecciones daban al Partido Liberal 167 escaños -la mayoría absoluta está en 172-, frente a 145 de los conservadores.

Aunque la ventaja fue durante toda la noche para los liberales y el opositor Partido Conservador obtuvo un resultado mejor a lo previsto por los sondeos, el Partido Liberal se quedó de forma provisional a solo cinco escaños de la mayoría absoluta.

El número final depende de varias circunscripciones, sobre todo en Ontario, donde la diferencia entre el primer y el segundo candidato es muy pequeña, de solo unas decenas de votos, y en el sistema canadiense solo gana el candidato más votado, así sea por una ventaja de un voto.

Aguanta relativamente el soberanista Bloque Quebequés (BQ)

Aguanta relativamente el soberanista Bloque Quebequés (BQ), a quien las proyecciones dan 23 escaños, 10 menos que los que tenía en la anterior legislatura, pero se salva apenas de la debacle que algunos sondeos le anticipaban.

Mucho peor le ha ido al socialdemócrata Nuevo Partido Democrático (NPD) que de los 25 escaños que tenía puede pasar a solo siete, habiendo perdido sobre todo sus feudos en Vancouver, donde era más fuerte.

Su líder, Jagmeet Singh reconoció en un emotivo discurso que dimitirá tras ocho años al frente de la formación al haber perdido su escaño, toda vez que en su circunscripción está en tercer lugar, por debajo de los candidatos conservador y el liberal.

«Dimitiré como líder del partido tan pronto como un líder provisional sea nombrado», declaró Singh.

Como sij, el socialdemócrata ha sido, en la historia de Canadá, el primer líder de uno de los grandes partidos del país integrante de una minoría étnica.

Las veladas electorales que los partidos habían programado en distintos lugares de Ottawa fueron languideciendo conforme pasaban las horas, ante la lentitud del escrutinio.

Ningún partido tiene razones para festejar

Con unos resultados así, ningún partido tiene verdaderos motivos para festejar: los liberales, porque no lograrán la victoria que los sondeos les prometían casi sin excepción; los conservadores, porque no pudieron evitar la cuarta victoria consecutiva de los liberales; y los partidos minoritarios, porque en ambos casos pierden apoyos.

Los liberales, de confirmarse las extrapolaciones, mejorarán el resultado de las últimas elecciones (de 160 a 167 escaños), mientras que los conservadores subirían mucho de sus previos 119 escaños, sin por ello llegar al poder y romper un ciclo de 10 años de gobiernos liberales.

Los comentaristas ya están hablando de la victoria de Carney como «un regalo envenenado», pues ese Gobierno que se antoja en minoría no parece el más adecuado para negociar con el presidente estadounidense, Donald Trump, en un momento en que este último ataca a Canadá casi a diario, ya sea con los aranceles o con su alusión a que debe desaparecer como país.

EFE

Vía Maite Rico en El Mundo

El historiador italiano, que próximamente publicará en español su retrato político del Pontífice, denuncia que éste «representa una tradición antimoderna del catolicismo» y que «consideraba la tradición ilustrada como un enemigo histórico»

Loris Zanatta (Forlí, Italia, 1962) anda horrorizado por el despliegue «de idolatría» hacia el papa Francisco que ve en estos días. Catedrático de Historia de América Latina en la Universidad de Bolonia, estudioso del peronismo argentino y de la Iglesia católica, acaba de publicar en Italia Bergoglio, una biografía política, que saldrá en español próximamente. Lejos de ser un Pontífice progresista, dice, Jorge Bergoglio encarnó un catolicismo antimoderno, enemigo del pensamiento ilustrado.

Jesuita, argentino, peronista… ¿Cuál es el perfil de Jorge Bergoglio?

Bergoglio siempre fue un hombre de confundir huellas, de decir y desdecirse. En eso fue muy jesuítico. Hay una frase que decía a sus alumnos que lo pinta de cuerpo entero: hablar oscuro y pensar claro. En términos históricos, es un representante típico del populismo latinoamericano, de un catolicismo heredero de la Contrarreforma. El catolicismo europeo terminó por hibridarse con las corrientes ilustradas, o sea, con la revolución científica, el racionalismo, el liberalismo. En cambio, el catolicismo argentino al que pertenece Bergoglio, y que encontró en el peronismo su confluencia política, considera una traición el entendimiento con el liberalismo. Es un catolicismo de cristiandad: por encima de las instituciones seculares, de la democracia, de la separación de poderes, está la catolicidad del pueblo. Y ese pueblo está representado en primer lugar por la Iglesia, que tiene un derecho implícito a tutelar el orden político y social.

¿Cómo se ha traducido esto en el Pontificado?

Ese rechazo a la herencia de la Ilustración se tradujo en su geopolítica, en su visión tercermundista. En los viajes por el Sur global, que fueron la mayoría, Bergoglio se dedicó, primero, a oponer el sur religioso y sus pueblos, pobres, puros y virtuosos, al norte irrecuperable, descristianizado, secularizado, pecaminoso. Y en segundo lugar, a advertir a esos países del sur en contra del progreso, que implicaría sucumbir al canto de sirena de la colonización ideológica, como decía él, del norte desarrollado. Era la misma denuncia que han hecho siempre en Argentina el nacionalcatolicismo y el propio Bergoglio: la clase media, los intelectuales, los laicos, todos aquellos contaminados por la tradición ilustrada, no eran verdaderos argentinos. Eran la clase colonial, nada menos. Y en el Pontificado proyectó esa misma visión

La Iglesia nunca ha sido devota de la economía de mercado, pero el discurso de Bergoglio era especialmente rudimentario, con esa concepción de la economía como un juego de suma cero.

Rudimentario es la palabra. Una de las grandes influencias de Bergoglio fue Hernán Benítez, un jesuita argentino que le escribía los discursos a Eva Perón. Benítez decía que el peronismo era un comunismo de derechas, por su rechazo visceral de la economía de mercado. Y claro, la Biblia está llena de citas que pueden servir para esto. El Sermón de la montaña, por ejemplo, parece un manifiesto anticapitalista. La idea es que el mercado alimenta el egoísmo, la codicia, y la pobreza es virtuosa y preserva de la corrupción. Es un pobrismo radical. Y era la visión de Bergoglio, aunque sus consejeros economistas en el Vaticano le suavizaron los últimos discursos, porque era demasiado primitivo. No es casual que Argentina, donde esta ideología terminó siendo hegemónica a partir del peronismo, haya sido un caso mundial de decadencia económica.

Es curioso que tenga fama de progresista y es sintomático que haya sido adoptado como ídolo por la izquierda más reaccionaria: comunistas, bolivarianos, etc.Un fenómeno extraordinario de nuestra época es el cambio del significado de las palabras. En realidad, Bergoglio representa una tradición antimoderna del catolicismo, que en otra época se llamaba conservadora y que hoy se la llama progresista. Por otra parte, aquéllos que menciona son también antimodernos: tienen una visión apocalíptica del mundo y sus desafíos, del cambio climático a la revolución tecnológica. Así que no es casual que vieran en Bergoglio un progresista. Marx por lo menos creía en el progreso, tenía cierta base ilustrada de la que carecen sus herederos. Son católicos antiguos, cristianos antiguos, de aquéllos que combatieron la Reforma protestante. Ahí se quedaron.

«La astucia de los símbolos y de la palabra de Bergoglio es suprema»

Juan Pablo II fue un revulsivo pastoral y político. Y Ratzinger, un gran teólogo e intelectual. ¿Cree que el papado de Francisco va a dejar alguna huella?

En Italia asistimos en estos días a una especie de idolatría de masas que me asquea. Supongo que en España pasará lo mismo. La idolatría por Bergoglio como Papa revolucionario me parece hipócrita y ridícula. En términos de reforma de la Iglesia, no ha habido ninguna revolución, y sí muchas palabras y mucha astucia, porque siempre fue un hombre extraordinariamente astuto. Pero la huella que él deja, que considero preocupante, es haber acelerado la desvinculación del catolicismo de sus raíces culturales europeas. Un catolicismo antiilustrado, que apunta para su futuro a la religiosidad popular, pongamos africana o latinoamericana, amenaza con ser un catolicismo empobrecido y mucho más permeable a formas políticas irracionalistas. Veremos qué hará el próximo Papa.

Usted define a Francisco como un Papa político. También lo fue Juan Pablo II.

El catolicismo polaco y el catolicismo argentino son muy parecidos. Son nacional-catolicismos. Polonia era una nación católica entre una nación protestante y otra ortodoxa; Argentina encontró en la catolicidad el vínculo nacional que tanto necesitaba un país migratorio. En ambos casos terminó triunfando la identificación entre nación, religión, pueblo. La noción de pueblo como pueblo de Dios. De manera que el catolicismo de Juan Pablo II y de Bergoglio tiene una raíz popular y populista. Para Juan Pablo II, la amenaza a la catolicidad de la patria polaca venía de Rusia soviética, y en el caso de Argentina, el enemigo de la nación católica siempre había sido el protestantismo anglosajón. Juan Pablo II combatía el comunismo, Bergoglio combatía el liberalismo. No es casual que Ratzinger nunca fuera popular entre los católicos argentinos, porque era demasiado intelectual, demasiado europeo, y en cambio Juan Pablo II les encantaba, porque era como el clero argentino, o sea, reivindicaba la unión entre Dios, patria y pueblo, la tríada maravillosa.

Al contrario que Juan Pablo II, Bergoglio viajó a Cuba y no recibió a ningún disidente y ni habló de derechos humanos. Atacó a la oposición venezolana. Justificó la invasión de Ucrania, aunque luego matizara. Esa connivencia con regímenes autocráticos, ¿puede interpretarse como un intento de jugar un papel mediador o se deriva también de sus raíces peronistas?

Se deriva totalmente de sus raíces. El pueblo puro son los movimientos nacional populares, así los llamaba él, y enfrente están las élites corruptas, las clases coloniales, vendidas al protestantismo anglosajón. Y en esta visión del mundo, el peronismo, el castrismo, el indigenismo, el chavismo, y otros muchos ismos, son de su cuerda. Por malos que sean, han nacido de la raíz nacional católica. Los otros no. Los opositores venezolanos, los disidentes cubanos, son cipayos, como se dice en Argentina. Son el caballo de Troya de la modernidad liberal. Bergoglio ha tenido una responsabilidad enorme. En Venezuela, le salvó la vida política varias veces a Maduro. Y nunca lo vi exponerse tanto políticamente como con Evo Morales: luego, cuando se supo lo que era, no lo criticó, simplemente dejó de mencionarlo. Para Latinoamérica este Papa ha sido nefasto.

Usted señala su injerencia política en Argentina, para intentar reorganizar la oposición y rescatar el peronismo.

Fue una injerencia gigantesca, desde siempre. Su juego político era una lucha en dos frentes. Primer frente: reunir el campo nacional popular contra los cipayos, cuando gobernaron aquellos que él consideraba no argentinos, clases coloniales, como Macri o antes Raúl Alfonsín. Segundo frente: cuando ganaba el peronismo, jugaba por dentro, de puntero, para reunir al peronismo histórico, o sea, el peronismo nacional católico, contra las corrientes más izquierdistas, muchas veces secularizadas, que se habían infiltrado.

Se destaca su sencillez y su austeridad. Gestos como no llevar zapatos de Prada, ni usar el apartamento papal, etc… ¿Ve una ruptura con la tradición?

Con la tradición del Pontificado, en cierta medida sí. Con la tradición argentina, no, para nada. Si uno se fija, hay en Bergoglio una exhibición de la pobreza, una exhibición de la modestia, una exhibición de la humildad. Y eso es muy típico del catolicismo argentino, donde la idea, que viene de la Sagrada Escritura, es que para ser fuerte, para dominar, hay que hacerse pequeño. Evita Perón alardeaba de humildad, en los discursos que le escribía el jesuita Benítez, y era la persona menos humilde de la tierra. Entonces toda la vida de Bergoglio está centrada en hacerse pueblo. Por ejemplo, él era un gran aficionado a la música clásica. Pero en la liturgia o en las celebraciones no quería que se escuchara y se hacía pasar por un admirador de la música popular, que en realidad no le interesaba.

Tenía un componente exhibicionista.

Sí, totalmente. Y un poco narcisista. Pero su afán era la exhibición de la humildad. Ya el nombre de Francisco, si lo piensa, es muy arrogante. El máximo de la humildad para expresar el máximo de la arrogancia. Solo llamarse Cristo lo hubiera superado. Porque lo que nos está diciendo con ese nombre, que ningún Papa tuvo, es que él es el más pobre de los pobres. Él es el fundador de una nueva religión o al menos vuelve a las raíces que todos los otros se supone que han abandonado. La astucia de los símbolos y de la palabra de Bergoglio es suprema.

A Francisco se le adjudica un papel transgresor, con respecto al papel de la mujer o los homosexuales. Pero descartó el diaconado femenino y vetó a un embajador homosexual en el Vaticano. ¿Más gestos que realidades?

Sin duda. Mucha cosmética. Cuando en Argentina se planteó el matrimonio igualitario, él habló directamente de una guerra de Dios. ¡Guerra de Dios! Parecía la Reconquista española. Ese fue siempre fue Bergoglio. Pero claro, como Pontífice en el corazón de Europa sabía que no podía mantener esta posición. Y jugó la carta peronista: pequeñas cesiones para evitar cambios mayores: incluir algunas mujeres en el gobierno de la Iglesia, dedicar algunas palabras sin ningún compromiso hacia la comunidad homosexual… En los episcopados europeos, especialmente el alemán, hay fuertes presiones a favor de cambios más sustanciales. Y él trató de mantenerse en equilibrio, como hizo toda su vida, caminando entre dos aguas para flotar.

¿Ha sido un Papa divisorio internamente, dentro de la Curia?

Bergoglio siempre dejó las instituciones partidas en dos, comenzando por los jesuitas argentinos: una parte era devota a él y la otra lo odiaba a muerte, porque siempre muy autoritario, muy verticalista, como dicen los peronistas. Así que acá hizo lo mismo. Su política de nombramientos fue poco respetuosa del pluralismo en la Iglesia, metió a sus hombres en todos los lugares. Y cuando no cumplían, los echaba de mala manera. Cuando pasen estos días de idolatría, en los próximos meses y años, comenzarán a salir a flote las broncas que han quedado dentro de la Iglesia, que está profundamente dividida tanto en términos doctrinarios como de estilo de gobierno.

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