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Es lo que es

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La lucha por mejoras salariales en Venezuela entra en una nueva fase de presión socialCarlos Salazar, representante de las fuerzas sindicales, confirmó que el calendario de protestas no se detendrá hasta que se garanticen ingresos dignos acordes a la realidad económica del país. Como parte de esta agenda, el dirigente reveló que el próximo 16 de abril se movilizarán hasta la Embajada de Estados Unidos en Caracas para fijar una postura clara sobre el manejo de los activos nacionales en el exterior.

El destino de los fondos y la exigencia de transparencia

El foco de la próxima protesta diplomática reside en la disputa por recursos que superan los 70.000 millones de dólares. Según Salazar, existe una profunda preocupación de que estos fondos se utilicen en negociaciones políticas opacas en lugar de ser inyectados en los sectores más críticos de la sociedad.

El dirigente fue enfático al señalar que ese capital debe ser el motor para rescatar las pensiones, financiar la educación pública y dotar a los hospitales, rechazando que el patrimonio nacional termine bajo el control discrecional del Ejecutivo.

Saldo de las movilizaciones y resistencia en la capital

La reciente jornada de protesta en Caracas, que congregó a más de 15.000 trabajadores y jubilados, dejó un balance de confrontación y posterior liberación de manifestantes. Salazar informó que los cuatro ciudadanos arrestados incluyendo a líderes universitarios y estudiantes, ya están libres, aunque denunció que hubo agresiones físicas durante su custodia.

A pesar de los obstáculos y los cordones policiales, el movimiento sindical considera que la base trabajadora ha enviado un mensaje contundente contra las propuestas de la administración de Maduro, exigiendo en su lugar el cumplimiento del artículo 91 constitucional.

Un movimiento que pierde el miedo frente a la represión

Para otros sectores del gremio, como el liderado por José Patines, la incapacidad de llegar a Miraflores no se traduce en un fracaso, sino en una victoria moral que expuso la vigencia de las prácticas represivas del Estado. Patines destacó que la población ha logrado romper la barrera del miedo, demostrando su capacidad de organización para desafiar el control de los cuerpos de seguridad.

En este contexto de descontento social por la crisis alimentaria, el liderazgo sindical no solo exige mejoras económicas, sino que ya pone sobre la mesa la necesidad de una salida política mediante la convocatoria a elecciones generales.

“Han transcurrido desde la fecha en que ocurrió la extracción de Maduro más de los 90 días que establece el artículo 234 constitucional para que la Asamblea Nacional entre a considerar lo que todo el país y la comunidad internacional democrática sabe y les consta: la existencia de una ausencia absoluta en la Presidencia de la República”, indicó el partido Vente de la líder opositora y Nobel de la Paz María Corina Machado.

“Transición a la democracia es urgente”

La convocatoria de elecciones presidenciales no ha estado hasta ahora entre los temas discutidos por el Parlamento de Venezuela, de mayoría oficialista. Rodríguez, que gobierna bajo presión de Estados Unidos cuya administración dice controlar los negocios petroleros de Venezuela luego de capturar a Maduro, tampoco ha hablado

Sin embargo, organizaciones políticas reclaman la convocatoria de elecciones a la presidencia y el cambio de autoridades en el Consejo Nacional Electoral (CNE), ente acusado de favorecer al gobierno.

Maduro fue proclamado ganador para un tercer mandato consecutivo el 28 de julio de 2024 sin que el ente electoral publicara en su página oficial actas con los cómputos detallados, como establece la ley, al argumentar un jaqueo de sus sistemas.

La oposición denunció fraude y reivindicó el triunfo de su candidato, Edmundo González Urrutia, quien se exilió en septiembre de ese año luego de ser procesado por la justicia venezolana.

Al frente de la campaña, María Corina Machado organizó la compilación y digitalización de actas electorales recabadas por testigos en las mesas de votación para demostrar la victoria de González Urrutia.

Autoridades venezolanas señalaron que se trataba de un material fraudulento. “Ayer, en las calles de Caracas, quedó demostrado una vez más que la transición a la democracia es urgente, IMPOSTERGABLE”, escribió Machado el viernes en su cuenta en X, en alusión a una protesta que congregó a más de 2.000 manifestantes.

¿Elecciones a fin de año?

El politólogo Nicmer Evans, miembro de la ONG Centro de Estudios Estratégicos Democracia e Inclusión (CEEDI), estima que los venezolanos aspiran a un proceso electoral que “pudiese ser lo más inmediato posible”.

Evans, un disidente del chavismo excarcelado, considera que “desde el punto de vista constitucional, a partir del mes de junio, debería empezar a contar 30 días para el desarrollo de la elección”.

Sin embargo, indica, debe darse antes una “depuración” del sistema electoral. “Esto quiere decir que a finales de este año o a principios más tardar del año 2027, podría desarrollarse un proceso electoral con confianza por parte de los sectores sociales y políticos y que además también sea vigilado y supervisado por entes internacionales”, subraya.

AFP

El Mando Central de los Estados Unidos (CENTCOM) ha confirmado el inicio de una misión estratégica de desminado en el Estrecho de Ormuz. La operación, liderada por los destructores USS Frank E. Peterson y USS Michael Murphy, tiene como objetivo principal neutralizar la amenaza de artefactos explosivos colocados por la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán y reabrir uno de los corredores energéticos más vitales del mundo.

Un paso decisivo para la seguridad marítima

Tras semanas de tensiones y el cierre parcial de la vía, la Armada estadounidense ha comenzado el despliegue de activos navales, a los que se sumarán próximamente drones submarinos de alta tecnología. Esta intervención busca garantizar la libre navegación en un punto donde transita el 20% del petróleo y el 25% del gas natural a nivel mundial.

«Hoy comenzamos el proceso de establecer un nuevo paso y pronto compartiremos este corredor seguro con la industria marítima para fomentar el libre flujo del comercio», declaró el Almirante Brad Cooper, comandante del CENTCOM.

Contexto Diplomático y Militar

El anuncio oficial se produce tras las declaraciones del presidente Donald Trump, quien a través de sus canales oficiales informó que la capacidad ofensiva de minado del régimen iraní ha sido severamente disminuida, afirmando que 28 embarcaciones lanzaminas iraníes han sido neutralizadas.

A pesar de la acción militar, la vía diplomática permanece abierta en Islamabad, Pakistán. Delegaciones de Washington y Teherán se encuentran revisando el cumplimiento del alto el fuego vigente desde el 28 de febrero. No obstante, la administración estadounidense ha sido clara: la seguridad del suministro energético global no es negociable y se actuará con determinación si los diálogos no prosperan.

Impacto Económico Global

La importancia de esta operación es respaldada por aliados regionales. El Ministerio de Exteriores de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) calificó la reapertura del estrecho como una «necesidad colectiva». Los datos subrayan la urgencia de la misión:

  • Hidrocarburos: El estrecho es la arteria principal para el flujo energético internacional.
  • Petroquímica: Por esta ruta circula el 70% de los productos petroquímicos mundiales.
  • Agricultura: El 33% de los fertilizantes globales dependen de este tránsito.

Sobre el CENTCOM

El Mando Central de los Estados Unidos dirige las operaciones militares estadounidenses en Oriente Medio, Asia Central y partes del Sur de Asia. Su misión actual se centra en la estabilidad regional y la protección de las rutas comerciales internacionales frente a actores que amenacen la seguridad global.

Vía Infobae

Tras la protesta de trabajadores que fue dispersada por las fuerzas de seguridad, la líder opositora envió un mensaje al mundo: “Los venezolanos no nos vamos a conformar con nada distinto a full democracia, justicia y libertad”

Miles de trabajadores venezolanos marcharon el jueves pasado hacia el Palacio de Miraflores en Caracas, desafiando la represión de las fuerzas de seguridad y el anuncio oficial de un “aumento responsable” del salario mínimo. La movilización, protagonizada por empleados públicos, sindicalistas, estudiantes y diversos gremios, marcó un nuevo episodio de tensión social en Venezuela, donde el salario básico permanece congelado en 130 bolívares al mes, equivalentes a menos de 30 centavos de dólar, y la inflación interanual supera el 600%.

En diálogo con Infobae, la líder de la oposición venezolana y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, afirmó que lo ocurrido días atrás expresa un proceso social irreversible: “Lo que vimos en las calles de Venezuela es una expresión que ya nadie puede detener. Durante años y años se fue construyendo un movimiento por la dignidad, por la justicia, por la libertad, por la familia, y ha sido un proceso de adentro de cada individuo hacia afuera, y desde las bases de la sociedad y las entrañas del país”.

Los cuerpos de seguridad del régimen chavista volvieron a responder a través de la represión dispersando a los manifestantes con el uso de gases lacrimógenos y detenciones. Sin embargo, Machado opinó que la represión provoca un efecto contrario al deseado por el oficialismo: “El régimen no entiende que esto cambió para siempre y que no hay manera que puedan, a estas alturas, detener este proceso que es irreversible”.

En ese sentido, agregó que la violenta respuesta de las fuerzas de seguridad “lo que logra es acelerar un proceso de transición que es indetenible”, y advirtió: “El mundo tiene que entender y asumir que los venezolanos no nos vamos a conformar con nada distinto a full democracia, justicia y libertad”.

“Si la señora Delcy Rodríguez pretende lavarse las manos de todos los crímenes que cometió Nicolás Maduro, la represión de estos días se le atribuye directamente a ella”, aseveró.

Consultada sobre la actitud de la sociedad frente a la represión, Machado afirmó que los venezolanos han aprendido “cómo lidiar y superar el miedo”: “Nos hemos protegido en los momentos en los cuales la represión estaba desatada, pero nunca hemos dejado de organizarnos, de actuar y de avanzar”. La opositora describió la movilización como una “represa que se abrió”, en referencia al carácter masivo y transversal de las protestas: “Cada joven, cada trabajador, cada anciano que hoy levanta las voces dentro y fuera de Venezuela, pero sobre todo dentro del país enfrentando estos ataques con dignidad, son los héroes, y son millones de héroes, que tienen nombre y apellido, y el mundo tiene que reconocerlos”.

Machado subrayó el impacto emocional y social de la represión, pero también el valor de los testimonios de quienes se animan a protestar: “Venezuela es como una represa contenida que se ha ido llenando de dolor, de humillación, de angustia, de pérdida, y por otra parte, de ilusiones, de aprendizajes, de organización, de victorias, de amor, y esa represa se abrió”.

“Estos tipos creen que a punta de represión van a poder repetir lo que hicieron durante años, y no terminan de entender que esto cambió, y cambió para siempre. Estas expresiones de la demanda ciudadana van a seguir reproduciéndose y creciéndose cada día que pasa. No hay represión que pueda detenerlas”, añadió.

Por Elizabeth Sánchez Vegas

Hay una frase que se ha vuelto refugio, excusa y anestesia al mismo tiempo: “Ese discurso no es para nosotros; cuando el presidente Trump habla, les habla a los americanos”. La repiten venezolanos y americanos por igual, y no son pocos los observadores en otras latitudes que la hacen suya cuando les resulta conveniente. Suena razonable, casi prudente. Pero en 2026, cuando la información no reconoce aduanas y un solo pronunciamiento desde la Casa Blanca se multiplica en segundos por Caracas, Maracaibo, Miami, Bogotá o Madrid, esa idea ya no describe la realidad: la encubre. Se ha convertido en la coartada intelectual más cómoda para no llamar las cosas por su nombre, para suavizar el agravio, diluir responsabilidades y mantener anestesiada a una opinión pública que ya ha recibido demasiados golpes.

Basta observar cómo reacciona el mundo entero cada vez que habla un presidente de Estados Unidos. Ningún gobierno serio, ningún mercado con criterio propio, ninguna cancillería entrenada ni inversionista que ponga dinero real actúa como si se tratara de un asunto íntimo y doméstico, herméticamente encerrado entre las fronteras norteamericanas. Todos entienden lo mismo: cuando habla ese centro de poder, emite señales que viajan hacia afuera tanto como hacia adentro. A los aliados, a los adversarios, a los mercados, a los regímenes que respiran gracias a licencias y alivios de sanciones, a las oposiciones que esperan definiciones claras y, sobre todo, a los pueblos cuya suerte se negocia, se instrumentaliza o se discute en ese mismo tablero. A veces el destinatario formal es uno; el destinatario real son diez.

En el caso de Venezuela, la excusa se vuelve todavía más torpe, casi insultante. No estamos ante una república remota sin vínculos con la política exterior estadounidense. Hablamos de un país atravesado durante años por sanciones, licencias petroleras, flujos migratorios masivos, reconocimientos diplomáticos, presiones hemisféricas y cálculos de seguridad continental. La interconexión no es una consigna teórica: es una condición estructural. Lo que se dice en Washington reverbera de inmediato en el dólar que se mueve en la calle, en las remesas que sostienen a familias enteras, en las licencias que aprietan o aflojan el suministro de combustible y medicinas, en el clima de represión que sube o baja según cambie el viento geopolítico y en el futuro que millones de migrantes leen entre líneas cada vez que cambia el tono desde la Casa Blanca.

Los hechos recientes lo dejan claro. Reuters informó esta semana que American Airlines prevé reanudar vuelos entre Miami y Caracas tras la aprobación del Departamento de Transporte de Estados Unidos y el levantamiento de la prohibición de 2019, una decisión adoptada después de la orientación del presidente Trump. Del mismo modo, la nueva ley minera venezolana fue aprobada en un contexto de flexibilización de restricciones por parte de Washington y de apoyo estadounidense a esa apertura. Se podrá discutir si esas decisiones son prudentes, cínicas o peligrosas; lo que ya no se puede sostener seriamente es que el mensaje “era para otros” y que Venezuela no estaba en la sala. Venezuela estaba en la decisión, en la consecuencia y, como casi siempre, en la factura.

La frase “ese discurso no es para nosotros” cumple una función política muy precisa: neutralizar el efecto del mensaje cuando ese mensaje altera intereses, incomoda negocios o rompe monopolios de interpretación. La repiten algunos por cálculo puro, otros por comodidad intelectual y no pocos por lealtades selectivas, tanto en el oficialismo como en ciertos sectores de la oposición y también entre analistas y políticos estadounidenses. Lo curioso y lo obsceno es que muchos de los mismos que la pronuncian en público terminan invocando esos mismos discursos cuando les conviene.

Y es allí donde duele de verdad. Porque mientras unos repiten “eso es solo para los americanos”, la sociedad civil venezolana es la que recibe el golpe más directo: la que ve cómo desde Washington se elogia la “estabilidad” y la “buena disposición” de figuras del chavismo que han administrado el desastre durante años. Al final, los que pagan el precio no son los que negocian en despachos o viajan a Washington: son las familias que luchan día a día, los migrantes que ven su futuro tambalearse y la sociedad civil que carga con el peso de decisiones tomadas sobre su cabeza.

La historia, vista con rigor y sin romanticismos, lo confirma una y otra vez. Desde la Doctrina Monroe hasta la Guerra Fría, pasando por las políticas hemisféricas más recientes, los presidentes estadounidenses jamás han hablado únicamente para consumo interno. Cuando Reagan señaló el Muro de Berlín como una afrenta moral, no pensaba solo en Iowa; enviaba un mensaje a Moscú y, por extensión, a todos los regímenes que vivían del miedo y el control. Cuando Obama modificó la relación con Cuba, el eco no se quedó confinado a La Habana: se sintió también en Caracas y en Managua. La interdependencia no es una moda; es la forma en que funciona el poder en un mundo donde las fronteras discursivas son un espejismo. Como advertía Brookings, la diplomacia pública en la era digital dejó de hablarle a un solo destinatario: la tecnología multiplica voces y expone los mensajes a audiencias múltiples al mismo tiempo.

Por eso irrita tanto esa frase trillada. Porque ya no describe nada: solo sirve para infantilizar políticamente a quienes la escuchan y la repiten. Equivale a pedirle a Venezuela que no mire lo que sí la afecta, que no traduzca las señales, que no ate cabos, que no desconfíe con inteligencia. Como si a los venezolanos solo les correspondiera obedecer los efectos, pero nunca interpretar las causas. Como si la soberanía pudiera usarse de coartada para taparse los oídos en medio de una alarma. La crisis venezolana dejó hace tiempo de ser un problema encerrado dentro de sus fronteras: exportó migración forzada, desestabilización regional, crimen organizado y alianzas que rebasan con creces el plano nacional. Cuando un Estado convierte su tragedia en un problema continental, la respuesta internacional deja de ser un capricho ajeno; pasa a formar parte del campo legítimo de reacción de las democracias.

Venezuela no necesita más frases tranquilizantes ni más tutores emocionales que administren el desastre con maquillaje verbal. Necesita una conversación adulta. Y esa conversación empieza por renunciar a las coartadas que tanto daño nos han hecho. La interconectividad es irreversible. Los mensajes desde Washington, como los de cualquier líder con capacidad real de influir en el equilibrio internacional, no tienen fronteras discursivas. Negarlo es una forma elegante de encubrir la inacción o, peor aún, de proteger un statu quo que ha resultado rentable para demasiados actores y devastador para el país.

La presión internacional, incluida la verbal, ha sido uno de los pocos frenos frente a la normalización del horror. No basta, desde luego. Pero decir que “no va con nosotros” es insultar la inteligencia de un pueblo que ha pagado en carne propia las consecuencias de cada decisión tomada lejos de sus fronteras. El discurso sí es para nosotros, porque Venezuela forma parte de ese tablero desde hace años.

Después de tanto sufrimiento, el pueblo venezolano merece algo mejor que excusas cómodas. Es hora de enfrentar con lucidez que los mensajes de Washington nos alcanzan, nos moldean y a veces nos duelen. Solo cuando dejemos de negarlos podremos exigir que el mundo nos trate con el respeto que corresponde a una nación que ha resistido con dignidad.

Vía Version Final

Venezuela podría pronto vivir un repunte de crecimiento y actividad económica, impulsado por el petróleo, la minería y la inversión privada. Aunque la salida de Maduro por fuerzas estadounidenses en enero dejó a Delcy Rodríguez en su lugar, ese vacío abrió opciones que parecían inalcanzables hace años: prisioneros liberados, exiliados considerando regresar a casa y embajadas reabriendo en Caracas. El resultado dependerá de si las instituciones se fortalecen lo suficiente para que el crecimiento se traduzca en una democracia con reglas y rendición de cuentas. Así lo detalla el analista internacional Moisés Naím en un artículo publicado en Foreign Affairs

La clave: El crecimiento podría provenir de petróleo, minería y capital de la diáspora, pero sin fortalecimiento institucional podría alimentar la desigualdad y la desconfianza. La relación con Washington y su prioridad en el petróleo, no en la democracia, crea una paradoja: el impulso económico podría al mismo tiempo amenazar la calidad de la transición.

¿Por qué está sonando?: El artículo advierte que, si las ganancias del crecimiento no se distribuyen de forma amplia o si las instituciones siguen débiles, el progreso económico podría erosionar la confianza en el nuevo régimen y alimentar la inestabilidad política. Sin una recuperación institucional que limite el poder ejecutivo, la creciente riqueza podría concentrarse en una élite y prolongar la sombra de prácticas crónicas como cronyismo y corrupción. Además, las dinámicas de la diáspora y la apertura de mercados podrían tanto acelerar la reconstrucción como intensificar tensiones sobre quién controla los ingresos y las reformas.

Las citas destacadas:

  • «La única forma de garantizar que una recuperación económica sirva a todos los venezolanos es asegurar también una recuperación política, en la que las instituciones vuelvan a restringir el poder ejecutivo y en la que la voluntad del pueblo se exprese finalmente en elecciones que sean verdaderamente libres y justas.» – Moisés Naím, para Foreign Affairs.
  • «Las elecciones no generan la democracia a menos que la democracia, por frágil y defectuosa que sea, ya exista.» – Moisés Naím

En perspectiva:

  • El crecimiento económico por sí solo no garantiza democracia; debe ir acompañado de instituciones que limiten el poder y garanticen elecciones libres y justas.
  • La prioridad de EE. UU. en recursos energéticos puede influir en la estabilidad política, creando una tensión entre éxito económico y consolidación institucional.
  • La diáspora venezolana podría ser motor clave de retorno de capital y talento, con efectos profundos en la economía y en la política.
  • La conducción de la transición electoral dependerá de evitar atajos y de asegurar reglas creíbles y supervisión independiente.

Las cifras de esta historia:

  • Producción de petróleo cayó de más de 3 millones de barriles por día en 1998 a alrededor de 900.000 bpd en 2024 (con caídas históricas en años intermedios).
  • El explosivo de Amuay en 2012 dejó 48 muertos, más de 150 heridos y más de 1.600 viviendas dañadas; la refinería opera hoy a una fracción de su capacidad original.
  • Entre 2017 y 2019, sanciones estadounidenses afectaron el acceso de Petróleos de Venezuela a mercados y financiamiento internacionales.
  • Se estima que restablecer la producción podría requerir más de 100.000 millones de dólares en inversión durante una década, junto con la restauración del estado de derecho.
  • La venta planificada de 650–1.000 kilogramos de oro (aprox. una tonelada) por Minerven representaría cerca del 10% de la producción oficial de oro de 2025.
  • Se estima que casi 8 millones de venezolanos han emigrado desde 2014; remesas anuales de 4–5 mil millones de dólares.
  • Un sondeo de Meganálisis (febrero de 2026) sitúa a María Corina Machado con 82.4% frente a Delcy Rodríguez con 4.8% en una contienda directa.
  • Venezuela ocupa el último lugar (de 143 países) en el índice World Justice Project Rule of Law.

Lo que viene: El siguiente paso lógico será avanzar hacia una transición electoral creíble mediante reformas institucionales y supervisión internacional para garantizar elecciones libres y justas.

En un ambiente cargado de emoción, compromiso y firmeza, el dirigente político venezolano Omar González Moreno destacó la trascendencia histórica del Pleno Regional de Vente Venezuela en el estado Anzoátegui, que se celebra hoy en la sede de la Federación de Trabajadores (Fetranzoátegui), como una poderosa demostración de unidad y resistencia en la lucha por la libertad.

El encuentro congrega a dirigentes estadales, municipales y parroquiales, junto a representantes de los colegios ciudadanos, así como a directivos de partidos políticos y asociaciones civiles aliadas, en una movilización organizativa que refleja el crecimiento y la determinación del movimiento en todo el país. 

“Hoy no es un día cualquiera. Hoy Anzoátegui le habla a Venezuela con dignidad, con coraje y con esperanza. Aquí no hay miedo, aquí hay convicción. Aquí no hay rendición, aquí hay lucha”, expresó González Moreno.

El dirigente resaltó que este pleno no solo representa una jornada política, sino un acto de reafirmación colectiva frente a la adversidad.

“Cada dirigente presente, cada ciudadano comprometido, es una prueba viva de que Venezuela no se rinde. Este encuentro es el rostro humano de una nación que se niega a desaparecer, que se organiza, que se levanta y que avanza hacia su libertad”.

González Moreno hizo énfasis en el carácter inclusivo del evento, destacando la participación de sectores sociales y fuerzas aliadas que, a su juicio, consolidan una verdadera plataforma de unidad nacional.

“Lo que estamos construyendo aquí es mucho más que una estructura política: es una alianza moral, una causa común que une a trabajadores, líderes comunitarios, jóvenes, profesionales y partidos aliados en un mismo propósito: liberar a Venezuela”.

Asimismo, subrayó que la realización de este pleno en Anzoátegui envía un mensaje contundente al país y al mundo.

“Desde Anzoátegui se está escribiendo una página luminosa de nuestra historia. Esta tierra valiente, que ha resistido tanto, hoy se convierte en faro de organización, en ejemplo de lucha y en epicentro de la esperanza nacional”.

Finalmente, el dirigente llamó a todos los venezolanos a mantenerse firmes, organizados y unidos.

“La libertad no será un regalo, será una conquista. Y esa conquista comienza aquí, con cada paso que damos juntos.

 Hoy Anzoátegui demuestra que cuando el pueblo se une, no hay fuerza que pueda detenerlo”.

El Pleno Regional de Vente Venezuela reafirma así su papel como motor de articulación política y social, en un momento decisivo para el futuro del país, donde la unidad y la determinación ciudadana se perfilan como las herramientas fundamentales para alcanzar el cambio.

Hay momentos en la historia en que un país deja de existir antes de que sus instituciones caigan. No desaparece en los mapas ni en los discursos oficiales, pero se desvanece en la conciencia de sus ciudadanos. Lo que permanece es una estructura vacía, un cascarón de poder que sigue funcionando por inercia, mientras la sociedad —esa entidad más profunda y más difícil de controlar— ya ha tomado otro camino.

Venezuela ha entrado en ese momento.

El discurso de Delcy, la interina, insiste en la recuperación. Habla de crecimiento sostenido, de estabilidad progresiva, de un país que, tras años de sanciones, comienza finalmente a levantarse. Es un relato ordenado, incluso convincente en su arquitectura interna. Pero hay un problema esencial: ese país no coincide con el que viven los venezolanos.

Las cifras, cuando se las observa sin la intención de adornarlas, son implacables. Una mayoría abrumadora no cree que el modelo actual pueda generar recuperación económica. La inmensa mayoría tampoco acepta que el chavismomadurimo pueda liderar una transición. Y, más significativo aún, la sociedad no pide reconciliación: pide justicia. No quiere olvidar; quiere recordar y juzgar.

Esto no es una discrepancia menor entre el interinato de Delcy y la opinión pública. Es una fractura.

Sigue en pie. Controla instituciones, administra recursos, negocia con la administracion Trump. Pero ha perdido algo más importante que cualquier ministerio o empresa estatal: ha perdido la capacidad de persuadir. Ya no convence. Y cuando un sistema deja de convencer, comienza a sostenerse únicamente en la rutina, en la costumbre, en la ausencia de alternativas inmediatas.

Esa es la ilusión de estabilidad que hoy define a Venezuela.

Desde fuera, el país parece haber entrado en una fase de normalización. Hay señales de actividad económica, ciertos sectores muestran dinamismo, y la narrativa oficial encuentra eco en quienes prefieren ver el vaso medio lleno antes que enfrentarse a la complejidad del momento. Incluso la Casa Blanca ha optado por privilegiar la estabilidad sobre la transformación.

Es comprensible. El caos no es una alternativa deseable. Pero la estabilidad sin legitimidad tiene un problema: no dura.

La experiencia histórica es elocuente. Los regímenes que pierden el vínculo con la sociedad pueden sobrevivir durante años. Pero lo hacen a costa de una erosión constante, de una pérdida progresiva de sentido, de una incapacidad para renovar sus propias bases. Se convierten en sistemas que administran el presente, pero no pueden imaginar el futuro.

En Venezuela, ese futuro ya no está en manos de la interina.

La figura de María Corina Machado —más allá de simpatías o críticas— encarna algo que va más allá de la política partidista. Representa la idea de cambio que ha logrado arraigarse en la conciencia colectiva del venezolano. No es solo una lider; es un símbolo. Y los símbolos, cuando logran capturar la imaginación de una sociedad, son difíciles de desplazar.

El contraste es evidente. De un lado, un régimen que insiste en su continuidad, que se presenta como garante de la estabilidad y que busca adaptarse sin transformarse. Del otro, una sociedad que ha decidido, en su mayoría, que ese sistema ya no es aceptable.

Esta tensión define el momento actual.

Algunos han llamado a este estado de cosas un “protectorado pragmático”. No es una definición del todo imprecisa. El país funciona bajo una lógica en la que las decisiones fundamentales no se toman exclusivamente en su territorio. Hay una supervisión, explícita o implícita, de Estados Unidos que busca evitar el colapso y garantizar ciertos equilibrios.

En ese contexto, figuras del poder tradicional son reconfiguradas como administradores, como operadores necesarios para mantener el sistema en marcha. No se trata de legitimarlas, sino de utilizarlas. Es una lógica fría, pragmática, que responde más a consideraciones geopolíticas que a principios democráticos.

Pero esa lógica tiene límites.

La sociedad venezolana puede tolerar, hasta cierto punto, la intervención externa. Puede incluso agradecerla si percibe que contribuye a mejorar sus condiciones de vida. Pero no está dispuesta a aceptar que esa intervención se traduzca en la legitimación de Delcy a quien, también, considera responsable de la crisis.

Es una línea fina, pero decisiva.

Cuando el discurso de la interina habla de recuperación, la gente piensa en su salario. Cuando se habla de inversión, la gente mira su nevera. Cuando se invoca la estabilidad, el pueblo recuerda los apagones, la inflación, la precariedad cotidiana. No es que la población rechace la idea de mejora; es que no la reconoce en su experiencia.

Esa es la raíz del problema.

Delcy habla un lenguaje que la sociedad ya no entiende, o no quiere entender. Y la sociedad vive una realidad que el poder no puede, o no quiere, reconocer. Entre ambos se ha abierto un abismo que no se cierra con discursos ni con cifras.

Se cierra con decisiones.

La más importante de esas decisiones tiene que ver con el tiempo. Toda transición implica una secuencia, un orden de prioridades. En Venezuela, ese orden ha sido invertido: primero la estabilidad, luego la recuperación y por último la democracia. Es una apuesta arriesgada, porque asume que la legitimidad puede ser diferida sin consecuencias.

La historia sugiere lo contrario.

Las sociedades pueden esperar, pero no indefinidamente. Y cuando la espera se prolonga más allá de lo tolerable, la frustración se convierte en acción. No siempre de forma ordenada, no siempre de forma previsible, pero inevitablemente.

Venezuela no está al borde de una explosión inmediata. Pero tampoco está en equilibrio. Se encuentra en una pausa, en un momento suspendido en el que las tensiones no han desaparecido, solo han sido contenidas.

La pregunta no es si ese equilibrio se mantendrá. La pregunta es cuánto tiempo puede sostenerse antes de que la realidad —esa realidad que no cabe en los discursos— se imponga.

Porque al final, los países no se sostienen solo con poder. Se sostienen con legitimidad de origen. Y cuando esa legitimidad se pierde, lo que queda es un país que, en cierto sentido, ya no está.

Un país que se fue, aunque todavía no lo sepa del todo Delcy y su camarilla.

La tarde de este viernes se reportó un gran incendio en el sector El Chuchango 2, municipio San Carlos, en Cojedes; luego de que explotaran 188 bombonas de gas.

Este 10 de abril se registró la explosión de cilindros de gas en el sector El Chuchango, San Carlos, Cojedes. El incidente ocurrió cerca de la 1:00 pm, mientras el consejo comunal realizaba un operativo de distribución de gas para los vecinos de la zona.

Más de 150 cilindros estallaron en plena vía pública luego de haber sido recolectados para su resguardo y posterior llenado por parte de la empresa estadal encargada del servicio. Las autoridades iniciaron las investigaciones para determinar las causas exactas, aunque se apunta a un mal manejo de los cilindros.

La tarde de este viernes se reportó un gran incendio en el sector El Chuchango 2, municipio San Carlos, en Cojedes; luego de que explotaran 188 bombonas de gas.

Comisiones mixtas de los cuerpos de seguridad y equipos de gestión de riesgos controlaron el incendio y sofocaron las llamas. De acuerdo con El Pitazo, tres personas que sufrieron desmayos y dificultad respiratoria, producto de la alarma generada, fueron atendidas por paramédicos y unidades de ambulancia de 0800 Cojedes. También reportaron daños estructurales en tres viviendas y en el tendido eléctrico. No se registraron víctimas fatales.

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