Morfema Press

Es lo que es

DBuford

El panorama político venezolano suele ofrecer espectáculos de equilibrismo retórico, pero pocos tan audaces como el protagonizado recientemente por Freddy Bernal. El gobernador del Táchira, históricamente alineado con el ala más radical y beligerante del PSUV, parece haber archivado —al menos de palabra— su uniforme de combate para sumarse al coro de «reconciliación» que ahora promueve la cúpula madurista.

Bernal, quien en un pasado no muy lejano presumía de lanzadores de misiles Igla-S y amenazaba con fuego a cualquier disidencia, hoy abraza la propuesta de amnistía de Delcy Rodríguez con una docilidad sospechosa.

El cinismo de la falsa equivalencia

Durante una rueda de prensa, Bernal justificó la medida apelando a su propio pasado, intentando trazar un paralelismo entre su participación en el intento de golpe de Estado de 1992 y la situación actual de los presos políticos:

«La ley de amnistía es un mecanismo jurídico político para buscar salidas políticas, así de sencillo«, afirmó Bernal, omitiendo convenientemente que la actual crisis de derechos humanos en Venezuela no nace de una rebelión armada, sino de la persecución sistemática a la protesta civil y el disenso electoral.

«La ley de amnistía no tiene que sorprendernos. La ley de amnistía es un mecanismo jurídico político, ¿verdad?, que tiene cualquier nación para buscar salidas políticas, así de sencillo», comentó Bernal durante una rueda de prensa esta semana.

«Yo, por ejemplo, quiero recordarles, en 1992, nosotros los bolivarianos nos rebelamos contra el Estado anterior y fuimos a la cárcel, ¿verdad? Yo fui parte de eso y el presidente Rafael Caldera, después de dos años declaró una ley de amnistía. Esa ley de amnistía permitió que nosotros no siguiéramos el camino de las armas, sino el camino del voto«, apuntó.

Al citar el perdón que le otorgó Rafael Caldera, Bernal pretende vender la imagen de un chavismo «magnánimo», el mismo que hoy mantiene las cárceles llenas mientras condiciona la libertad a una rendición política total.

Entre la amenaza y el consejo

Resulta contradictorio, por decir lo menos, escuchar lecciones sobre el «camino del voto» de boca de alguien que ha sido señalado reiteradamente por movilizar grupos de choque y usar retórica de guerra. Bernal insistió en que la oposición debe abandonar el «terrorismo», una etiqueta que el oficialismo aplica con generosidad a cualquier actor que ponga en jaque su hegemonía.

El respaldo a la amnistía no parece un gesto de buena voluntad, sino una estrategia de supervivencia ante la presión internacional y el aislamiento del régimen.

Por Héctor Urgelles Fox

La Guaira es uno de los estados más golpeados por la represión de quienes, hasta hoy, han sostenido las riendas de un régimen que gobierna con miedo y violencia. Decenas de presos políticos —hombres y mujeres, civiles y militares— padecen en sus cárceles el castigo de pensar distinto y defender la libertad.

Entre ellos hay un nombre que conocemos muy bien: David Longa.

David proviene de una familia con profunda tradición en la lucha social del estado La Guaira, con una trayectoria firmemente enraizada en la oposición al chavismo y en la defensa de los valores democráticos. Hoy es presidente de Alianza Bravo Pueblo en Vargas, y desde esa responsabilidad ha continuado enfrentando con valentía las injusticias de quienes oprimen al pueblo venezolano.

La firmeza con la que ha defendido sus principios le ha traído consecuencias dolorosas: primero, la separación de su familia; luego, el cruel exilio; y más recientemente, su secuestro por parte de los organismos represores del régimen de Nicolás Maduro.

David Longa fue capturado en el mismo momento en que, en una plaza pública, exigía la liberación de sus compañeros de lucha, detenidos arbitrariamente con anterioridad.

Su delito fue alzar la voz. Su crimen, exigir justicia. Su condena, no rendirse.

Hoy somos nosotros quienes gritamos por él.

Hoy somos nosotros quienes alzamos la voz con la esperanza de ser escuchados:

¡Liberen a David Longa!

¡Que sean todos!
¡Libertad para todos los presos políticos!

Porque la libertad no se mendiga: se conquista.

Y porque no hay represión capaz de apagar para siempre la dignidad de un pueblo que decidió ser libre.

Por Benigno Alarcón

Los acontecimientos del 3 de enero marcaron un punto de inflexión en la historia política reciente de Venezuela. La extracción de Nicolás Maduro tras una operación militar de Estados Unidos, el establecimiento de un gobierno provisional y los cambios inmediatos en la política económica y exterior alteraron de manera sustantiva el equilibrio de poder. La pregunta central, sin embargo, sigue abierta: ¿estamos ante el inicio de una transición democrática o frente a una reconfiguración tutelada del poder autoritario?

Responder exige ir más allá del impacto del evento y analizar el proceso desde la teoría de las transiciones políticas, distinguiendo con claridad entre mecanismos de cambio y condiciones para que exista una transición (O’Donnell & Schmitter, 1986; Linz & Stepan, 1996).

¿Qué ha cambiado desde enero?

A diferencia de otros momentos de la crisis venezolana, desde enero se observan cambios estructurales verificables, no solo gestos políticos o retóricos.

Tabla 1. Cambios estructurales observados tras el 3 de enero de 2026

DimensiónCambio observadoImplicación política
Control de rentasSupervisión externa del sector petrolero y de los flujos financieros asociadosPérdida de autonomía rentista del régimen
Economías ilícitasInterrupción de circuitos vinculados a narcotráfico y minería ilegalDebilitamiento de lealtades clientelares
CoerciónUso creíble de la fuerza externa y remoción del líderAumento drástico del costo de resistir
NegociaciónApertura de conversaciones bajo coerción efectivaNegociación hoy creíble
Movilidad internacionalReapertura del espacio aéreo y levantamiento de alertas de viajeNormalización operativa
Inserción externaReconfiguración de la relación con Estados UnidosDependencia estratégica condicionada

Estos cambios no implican aún una transición democrática, pero sí configuran un cambio de gobierno acompañado del inicio de una alteración del régimen, condición necesaria —aunque no suficiente— para hablar de transición.

Mecanismos de transición no son condiciones de transición

Una confusión frecuente consiste en equiparar los mecanismos mediante los cuales ocurre una transición con las condiciones que permiten afirmar que una transición está en marcha.

Siguiendo a O’Donnell, Schmitter y Linz, los mecanismos incluyen ruptura, reforma, colapso o negociación (voluntaria o bajo coerción). Las condiciones mínimas, en cambio, son dos:

  1. cambio efectivo de gobierno, y
  2. apertura de un proceso de cambio de régimen.

Venezuela hoy no cumple con estas condiciones aunque se intentan construir mediante un mecanismo atípico: una negociación bajo coerción externa creíble. La extracción de Maduro modificó de forma radical los cálculos de supervivencia de la élite gobernante. A diferencia de intentos previos, la amenaza ya no es retórica, y por ello la negociación, aunque no voluntaria sino bajo coerción, es hoy políticamente creíble.

Intervención externa y lecciones comparadas

La forma en que se intenta conducir el proceso venezolano no encaja plenamente en los modelos clásicos. No se trata de una ocupación ni de una transición puramente endógena. Existe, más bien, una intervención selectiva acompañada de la preservación temporal del aparato estatal, con la expectativa de que este facilite el desmontaje del sistema que le permitió mantenerse en el poder para seguir con una transición ordenada que no necesite de “boots on the ground” para garantizar la estabilidad de un nuevo gobierno.

La historia comparada explica la cautela de Washington.

Tabla 2. Ejemplos de intervención externa y trayectorias políticas

CasoIntervenciónDesmontaje burocracia autoritariaResultado
Alemania (1945)AltaDesmanteladaDemocracia
Japón (1945)AltaParcialDemocracia
Iraq (2003)AltaDesmanteladaColapso
Camboya (1991–93)MultilateralConservadaRégimen híbrido
Libia (2011)LimitadaConservada y fragmentadaColapso
AfganistánAltaDesmanteladaReversión atoritaria
Venezuela (2026)SelectivaConservada (por ahora)Trayectoria abierta

La experiencia comparada muestra que tanto el desmantelamiento completo del aparato estatal (Irak, Afganistán) como su preservación sin reformas profundas (Libia, Camboya) han generado resultados altamente inestables. El caso venezolano intenta transitar un camino intermedio, con una intervención selectiva orientada a modificar incentivos sin provocar un colapso institucional inmediato.

Estados Unidos y la ventana de oportunidad

Las declaraciones de Marco Rubio ante el Congreso delinean un proceso en tres etapas, explícitamente orientado a una transición democrática, aunque secuencial y condicionada (El Nacional, 2026). Esto sugiere que actores clave en Washington sí contemplan una salida democrática en el corto plazo, y no solo una estabilización indefinida.

Sin embargo, existe un riesgo real: la ventana de oportunidad es limitada. El calendario político estadounidense —en particular las elecciones de medio término— puede reducir la amenaza creíble sobre los actores venezolanos. Si ello ocurre antes de que se consoliden reformas institucionales clave, el proceso puede estancarse o revertirse.

Washington parece consciente de este peligro, como lo demuestran las luchas previas en el Senado ante los intentos por limitar los poderes del presidente Trump para usar la fuerza militar en territorio venezolano. La cuestión es si de actuará con la rapidez necesaria.

Escenarios condicionados

Más que asignar probabilidades numéricas, el momento actual exige pensar en trayectorias dependientes de decisiones:

  • Transición democrática viable, si se avanza pronto en garantías y reformas institucionales que permitan la instalación de un gobierno democráticamente electo.
  • Hibridación prolongada, si la estabilización económica sustituye la prioridad por un  cambio político.
  • Reversión autoritaria adaptada, si la coerción externa pierde credibilidad antes de consolidarse el proceso.

El desenlace dependerá menos del diseño inicial que de la velocidad, secuencia y consistencia de las decisiones en los próximos meses.

Conclusión

Venezuela no está aún en una transición democrática, pero tampoco puede afirmarse que este proceso se limita a una simple reconfiguración autoritaria. Se encuentra en una fase intermedia, abierta y altamente dependiente del timing. La teoría comparada es clara: cuando las ventanas de oportunidad se cierran, los regímenes autoritarios aprenden, se adaptan y sobreviven.

El margen para acertar —o para fracasar— es estrecho. Y el reloj ya está corriendo.

Referencias

Acemoglu, D., & Robinson, J. A. (2006). Economic origins of dictatorship and democracy. Cambridge University Press.

El Nacional. (2026, enero). Marco Rubio: la transición en Venezuela va a tomar tiempo. https://www.elnacional.com/2026/01/marco-rubio-la-transicion-en-venezuela-va-a-tomar-tiempo/

Linz, J. J., & Stepan, A. (1996). Problems of democratic transition and consolidation. Johns Hopkins University Press.

O’Donnell, G., & Schmitter, P. C. (1986). Transitions from authoritarian rule: Tentative conclusions about uncertain democracies. Johns Hopkins University Press.

The Guardian. (2026a, enero). Venezuela approves bill to open oil sector to foreign investment after US pressure. https://www.theguardian.com/world/2026/jan/30/venezuela-approves-bill-to-open-oil-sector-to-foreign-investment-after-us-pressure

The Guardian. (2026b, enero). Trump reopens commercial airspace with Venezuela. https://www.theguardian.com/world/2026/jan/29/trump-reopens-commercial-airspace-venezuela

El activista y abogado Javier Tarazona, director de la ONG FundaRedes, volvió a los brazos de su familia este domingo tras 1.675 días de injusto encarcelamiento.

«Hoy, 1 de febrero, luego de 1675 días, 4 años y 7 meses, llegó este tan anhelado día, mi hermano Javier Tarazona está en LIBERTAD. GRACIAS A DIOS TODO PODEROSO. Gracias a cada uno de los que han hecho posible este momento. La libertad de uno es la esperanza de todos», comentó en redes sociales José Rafael Tarazona Sánchez.

«Confirmamos desde el Foro Penal la excarcelación del defensor de derechos humanos JOSÉ JAVIER TARAZONA, director de la ONG FundaRedes, arbitrariamente detenido en Venezuela desde el 2 de febrero de 2021. Ya en libertad junto a su madre y hermano José Rafael Tarazona (quien también fue preso político en Venezuela)», confirmó a su vez Foro Penal en otra publicación.

Tarazona fue detenido cuando acudió a la sede del Ministerio Público (MP) en Coro, estado Falcón, para denunciar que era víctima de acoso y persecución por parte de funcionarios de la policía local, agentes del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) y otros sujetos sin identificar.

Además, meses después de su injusto arresto, su residencia en San Cristóbal, estado Táchira, fue allanada arbitrariamente por el Sebin.

Por si fuera poco, Tarazona denunció ante un tribunal haber sufrido torturas, un hecho que fue denunciado en 2024 por Foro Penal.

Ante la falta de datos oficiales, este activista fue la principal voz de denuncia de un conflicto entre la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb) y las disidencias de las Farc que se desarrolló en zonas fronterizas del estado Apure.

Jamás un “meme” había sido tan realista como ese que dice: ¡vaya año! Mientras otro le responde: “apenas vamos en enero”.

Durante años nos dijeron (ellos mismos) que el chavismo era invencible… Que su estructura era eterna… así comienza el post en Instagram de Jesús Tineo

Absolute Edu (@absolutedu en Instagram) es la plataforma digital del venezolano Jesús Tineo, un estratega y comunicador enfocado en el crecimiento personal, la sostenibilidad y la conciencia empresarial

Informacion de la Imagenes

Título: ENERO NO FUE UN MES, FUE UNA DEMOLICIÓN.

Subtítulo: EL COLAPSO DE LA ESTRUCTURA CHAVISTA.

En apenas 28 días, el chavismo, una estructura que durante tres décadas se vendió como invencible, impenetrable y eterna, colapsó como colapsan siempre las mafias cuando se quedan sin el miedo ajeno que administrar. Bastó que el poder dejara de ser simbólico y pasara a ser real. Bastó que el mundo dejara de «condenar» y empezara a actuar.

Durante años nos repitieron que el chavismo era una ideología. ¡Mentira!. Era una estructura de control sostenida por el terror interno y la complicidad externa. Su fuerza nunca estuvo pensada para enfrentar a un Estado, sino para aplastar a su propia gente: estudiantes, periodistas, sindicalistas, militares honestos, ciudadanos comunes. Contra ellos sí eran feroces. Pero, contra un país que decidió ejercer su peso real, se volvieron dóciles, rápidos para obedecer, expertos en rendirse.

Lo que vimos en estos 28 días no fue solo la salida de Nicolás Maduro del tablero venezolano. Fue algo mucho más profundo: la implosión del mito chavista. Ese relato de soberanía que dependía de protectores extranjeros. Esa narrativa «antiimperialista» que se deshizo en segundos cuando quienes mandaban de verdad empezaron a dictar las reglas. El chavismo pasó, sin pudor, de la amenaza al acatamiento; del grito al silencio; del «no volverán» al «sí, señor».

Hitos de Enero (Listado de sucesos descriptos)

  1. Quiebre del mito de invulnerabilidad del régimen: El chavismo dejó de proyectarse como poder intocable y pasó a operar en modo defensivo y reactivo.
  2. Salida forzada del liderazgo central del régimen del territorio venezolano: El eje Maduro-Flores dejó de ejercer control directo sobre el país, detonando el vacío de mando.
  3. Colapso del anillo de protección política y militar extranjera: Se confirma la estructura de apoyo cubano, iraní, ruso y chino dentro de suelo venezolano y empieza a perder capacidad operativa.
  4. (Repite el punto 1 en la imagen).
  5. Reconfiguración total del control del Caribe: El espacio usado durante años para narcotráfico, contrabando y operaciones irregulares pasó a estar bajo vigilancia internacional efectiva.
  6. Desactivación de rutas clave del narcotráfico vinculadas al poder: El régimen perdió una de sus principales fuentes de financiamiento y control territorial.
  7. . Desarme del relato «antiimperialista»: La narrativa de soberanía se evaporó cuando el régimen aceptó supervisión, condiciones y tutela externa. 
  8. Transformación del chavismo en un aparato de supervivencia transaccional, no de poder: De hegemonía ideológica a administración del miedo propio.
  9.  Desmantelamiento del marco legal heredado de Chávez: Leyes y dogmas que el régimen presentó como intocables fueron desmontados sin resistencia en horas. 
  10. Pérdida del control absoluto sobre la industria petrolera: El petróleo dejó de ser herramienta de chantaje político y pasó a ser un activo supervisado. 
  11. Ruptura del frente internacional de respaldo al chavismo: Aliados históricos comenzaron a marcar distancia o a desconocer la nueva realidad de poder. ¿Y dónde están…? 
  12. Reconfiguración del espacio diplomático en Caracas: El aislamiento internacional del régimen dio paso a una nueva correlación de fuerzas.
  13. Anuncio de amnistías y gestos de rendición política: No como acto de justicia, sino como estrategia de negociación. 
  14. Cierre simbólico de centros de represión emblemáticos: Intento del régimen de limpiar su pasado sin asumir responsabilidades. 
  15. Inicio de la batalla por la memoria histórica: El régimen intenta borrar; la sociedad venezolana empieza a documentar.

Reflexión Final 

  • Sobre El Helicoide: «El Helicoide no es un edificio. Es evidencia. Y la evidencia no se decora — se documenta. La responsabilidad histórica no expira con pintura fresca o discursos sobre una reconciliación mal entendida… No por venganza, sino por justicia. No por odio, sino por memoria».

 «La historia es implacable con aquellos que tuvieron el poder — y eligieron abusar de él». — Hannah Arendt.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, consideró este sábado que Cuba buscará un «trato» con Washington tras el anuncio de aranceles para los países que le suministren petróleo y confió en que la isla «volverá a ser libre».

El republicano dio estas declaraciones a bordo del Air Force One cuando la prensa le cuestionó por las palabras de la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, quien advirtió que cortar el suministro de crudo a Cuba provocará una crisis humanitaria.

«No tiene por qué haber una crisis humanitaria. Creo que probablemente vendrán a nosotros y querrían hacer un trato. Así que Cuba volverá a ser libre. Vendrán a nosotros y harán un trato», aseguró el mandatario.

El republicano subrayó que Cuba está en «una situación muy mala» porque «vivían del dinero y del petróleo de Venezuela pero nada de esto está llegando» desde que Estados Unidos capturó a Nicolás Maduro el pasado 3 de enero.

También agregó que Sheinbaum fue «muy buena» porque, según dijo, le pidió que México también dejara de enviar crudo a la isla y ella accedió.

Trump firmó el jueves una orden ejecutiva para imponer aranceles a aquellos países que suministren petróleo a la isla.

El Gobierno cubano calificó de «fascista» la medida, que en la práctica supone una asfixia energética para la isla, y Sheinbaum anunció que México buscará «distintas alternativas» para apoyar al pueblo cubano.

EFE

Vía El Mundo

Se reencontraron en el umbral del apartamento y el abrazo desencadenó otro torrente de la misma energía que mantiene a Venezuela en estado de esperanza nacional. Abogado y defendido, ambos presos de la dictadura hasta hace muy poco, sólo posible en revolución. El periodista Carlos Alberto Rojas (excarcelado dos semanas antes) acudió a saludar a su amigo Eduardo Torres, que había regresado a su casa horas antes desde el penal de Yare II.

El defensor de derechos humanos, profesor en la Universidad Central de Venezuela (UCV) y miembro de Provea, y Rojas, el activista indomable de la Candelaria, el barrio español de Caracas, fortificaron su amistad en la siniestra cárcel caraqueña del Helicoide, sentenciada hoy a muerte. Antes de que Torres fuera capturado en mayo del año pasado, defendía a su amigo de la injusticia chavista que le mantenía preso.

«No podía dejar de ir a tu casa y agradecerte la lucha y apoyo incansable que llegó al sacrificio de terminar juntos en las celdas del Helicoide ¡Eres un hermano de vida, la dignidad nos hizo libres!«, recordó Rojas emocionado, pese a las medidas cautelares que el régimen mantiene contra todos ellos para evitar que la energía se transforme en protesta.

El Helicoide, cuyo cierre anticipó Delcy Rodríguez en su histórica alocución ante el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), y que estaba condenado de antemano cuando el 6 de enero Donald Trump lo calificó de «cámara de tortura en pleno centro de Caracas». La misma en la que Juan Carlos Monedero, cofundador de Podemos y asesor electoral de Nicolás Maduro, daba charlas remuneradas sobre derechos humanos mientras a pocos metros se llevaban a cabo las torturas que la han convertido en uno de los principales símbolos de la dictadura.

Tanto Provea como el Foro Penal y otras organizaciones de derechos humanos han hecho saber sus múltiples inquietudes sobre una ley de la que nada se sabe todavía, más allá de lo anunciado por la presidenta encargada del Gobierno de facto. La nueva cabecilla del chavismo reciclado se comprometió a impulsar la amnistía para todo el periodo que va desde 1999, con la llegada del comandante Hugo Chávez al trono del Palacio de Miraflores, hasta estos días intensos que están cambiando la Historia de Venezuela.

Delcy ordenó «máxima celeridad» para que la Asamblea Nacional (AN), el órgano chavista que dirige su hermano Jorge, apruebe la ley que abra de par en par las puertas de los 90 centros de reclusión y malos tratos que la revolución ha dispuesto a lo largo y ancho de Venezuela. Para ello se creó una Comisión de Paz conformada por 15 ministros de Delcy, jerarcas revolucionarios, boliburgueses, operadores oficialistas y un intelectual cercano al ex candidato presidencial Henrique Capriles, sin presencia de la oposición democrática. El juego, para el que los hermanos en el poder cuentan en algún momento con el tercer Rodríguez, José Luis Rodríguez Zapatero, comenzará este lunes.

El hombre fuerte de Delcy en la comisión es Larry Devoe, el consultor jurídico de cabecera de los hermanos. De su pluma saldrán los distintos apartados de la ley, que realmente se escribirá en el Palacio de Miraflores y deberá pasar el escrutinio de Washington antes de ser asumida por la Comisión de Paz y la AN. La experiencia previa con la Ley de Hidrocarburos, que ha reformado de forma sorprendente a la industria petrolera, adelanta que las correcciones de Marco Rubio volverán a tener mucho peso en la disposición final.

«Es como si Delcy Rodríguez hubiera agarrado el plan de gobierno de la oposición», ironiza para EL MUNDO, bajo secreto, uno de los dirigentes opositores que permanecen en Caracas, que alerta sobre la «letra chiquita (pequeña) de la ley».

Ambas leyes, hidrocarburos y amnistía, confirman hasta qué punto Washington teledirige al nuevo Gobierno, pero no desvela qué esconde el chavismo para mantenerse en el poder, que es el primer mandamiento de la Biblia de las revoluciones. La primera carta de los Rodríguez, según expertos en descifrar al oficialismo y antiguos dirigentes bolivarianos, hoy críticos, es sobrevivir de forma numantina, apostarlo todo a la estabilidad y que esta sea tan fructífera para ellos y para el Gobierno de Trump que se olvide el último capítulo que llevaría hasta las elecciones. Para ello cuentan con un declive republicano en las elecciones de medio término de noviembre y la propia coyuntura internacional.

Pero si finalmente hay comicios presidenciales, cuanto más tarde mejor para sus intereses, el plan pasaría por impedir el voto de la diáspora (cerca de seis millones de votantes) y apostar que el 30% obtenido por Maduro en 2024 alcanzaría hasta 15 puntos más gracias a la bonanza económica. Trump citó expresamente un año y medio para reconstruir la industria petrolera (paso previo a la cita electoral) y The Wall Street Journal adelantó ayer que el secretario de Energía trasladó a las petroleras que las elecciones se celebrarían dentro de 18 y 24 meses.

Espectadora de primera línea de este juego de tronos caraqueños es desde este sábado la nueva jefa diplomática de la Embajada de EEUU, quien aterrizó en el aeropuerto de Maiquetía. La experimentada diplomática Laura Dogu conoce de primera mano cómo se las gastan las dictaduras y los gobiernos izquierdistas de la región, tras su paso por Managua y Tegucigalpa. Fungirá, de momento, como encargada de Negocios en la reapertura de una legación cerrada desde 2019.

«Ahora están dispuestos (los hermanos Rodríguez) a entregar todas las riquezas de Venezuela y liberalizar la economía por la misma razón que antes expropiaron y destruyeron la infraestructura del país: mantenerse en el poder», advierte el analista Jorge Lazo Cividanes.

Los planes de Miraflores y Washington olvidan el verdadero motor de lo que ocurre en Venezuela: la gente. La noticia de la amnistía provocó de inmediato la respuesta de las heroicas madres, en vigilia permanente a las afueras de las cárceles desde el 8 de enero.

Lo sucedido con el canal Venevisión, una de las grandes referencias en el campo audiovisual, dibuja a las claras lo que está en juego hoy en Venezuela. Desde hace más de una década, esta televisión se ha plegado a las órdenes chavistas y ha mantenido bajo censura a la líder democrática, María Corina Machado, que para sorpresa de sus espectadores regresó de forma sorprendente a las pantallas tras su reunión en Washington con el secretario de Estado, Marco Rubio.

La respuesta del régimen ha llegado en las últimas horas: su señal fue sacada a la fuerza de la parrilla de canales nacionales que se ofrecen de forma gratuita en el sistema de televisión digital abierta y satelital.

«¡Democracia y libertad!», gritaron una y otra vez varios de los exprisioneros políticos que acudieron ayer a la Universidad Central de Venezuela (UCV) para ayudar a la colecta solidaria, dirigida a las madres que luchan por la libertad de sus hijos presos, organizada por el Comité por la Libertad de los Presos Políticos (Clippve).

Por Yoani Sánchez

He perdido la cuenta de las veces que el régimen cubano ha estado «a punto de caer». Lo he escuchado en sobremesas de diplomáticos, en análisis de expertos y en predicciones de pitonisos que cambian de fecha como quien cambia de camisa. Un día era la desaparición física del «máximo líder»; otro, la supuesta fractura «inminente» en las Fuerzas Armadas; luego, el colapso económico definitivo que, ahora sí, no resistiría el castrismo. Y, sin embargo, el país siguió amaneciendo con sus colas, su miedo administrado y su inercia política.

Sin embargo, ahora, a diferencia de otros momentos, esos oráculos podrían tener razón. El descontento ya no es susurro, es conversación de esquina, es bronca en la bodega, es hartazgo en la cola de la guagua. Los registros de conflictividad social y protestas reportados por observatorios independientes describieron un 2025 con cifras de reclamos públicos que van en aumento, un termómetro que apunta a un malestar extendido y persistente.  

¿Es este el nivel más alto de descontento desde enero de 1959? Nadie cuenta con un instrumento científico de medición para comparar décadas de silencio forzado, pero sí tengo la convicción de que nunca habían coincidido de manera tan visible tres circunstancias: la precariedad material sostenida, la pérdida del miedo en franjas crecientes de la población, y la ruptura del relato épico oficial que durante años sirvió de anestesia y mordaza. 

El escenario es inédito y frágil, porque el malestar social ha dejado de ser excepción y se ha vuelto acto cotidiano

A ese paisaje interno se le suma ahora un entorno internacional más áspero para las autoridades. La captura de Nicolás Maduro el 3 de enero pasado ha puesto contra las cuerdas a la cúpula de La Habana y ha reactivado la política de presión desde Washington. 

Por eso, cuando me preguntan si el régimen está en sus últimos momentos, no respondo con frases de optimismo desbocado y fuegos artificiales por un cercano final. Digo que el escenario es inédito y frágil, porque el malestar social ha dejado de ser excepción y se ha vuelto acto cotidiano; porque la economía ya no ofrece margen para comprar lealtades a través de prebendas y porque el contexto externo se ha endurecido justo cuando la legitimidad interna del sistema parece más erosionada.

Los finales, sin embargo, rara vez ocurren como los imaginan los expertos o los profetas. A veces no son un golpe, sino un goteo, un desgaste que conduce a la extinción. En Cuba, la pregunta no es solo cuándo cae el régimen, sino qué país quedará en pie cuando la dictadura termine de derrumbarse sobre nosotros. 

Los venezolanos hemos hecho de todo en estos 27 años de ignominia para recuperar la democracia que nos fue arrebatada por un ecosistema criminal que secuestró al Estado bajo su absoluto dominio. Degradó al país poniéndolo bajo la férula de Cuba para asegurarse -el régimen forajido- el latrocinio mayor de la historia apuntalado por un control social férreo. No hay mafias ni cárteles de drogas que lo superen.

Quedará para siempre en la memoria de nuestro gentilicio el testimonio de los valientes mártires: niños, jóvenes, mujeres, hombres y ancianos que se inmolaron por la causa de la libertad y el derecho a pensar diferente; por su aspiración a vivir una vida digna de ser vivida en democracia.

No pocos hemos propuesto, en honor a ellos, convertir la mazmorra y antro de torturas “El Helicoide” en Museo de la Democracia, con una sala donde sean exhibidos los retratos de los héroes patrios con sus hojas de vida; con otra que muestre los instrumentos, artefactos, adminículos y utensilios perversos con los que los cobardes inmisericordes afrentaron la dignidad sagrada de nuestros coterráneos. Por supuesto que no faltarán las salas donde se destaquen los valores democráticos y republicanos a lo largo de la historia, como la forma de vida que decidimos los venezolanos desde 1810. Un país sin memoria se pierde.

Hemos intentado de todo, como dijimos, hasta demostrar con pruebas en mano el veredicto de la soberanía popular. La felonía se burló de la civilidad y mantuvo su hegemonía por las malas con el robo a lo malandro de las elecciones. Fiel a su cacareada confesión infame de permanecer indefinidamente “por las buenas o por las malas”.

Supimos entonces que solo la amenaza creíble de una fuerza superior acabaría con el yugo esperpéntico sin ocaso. Y esto fue lo que sucedió con la cabeza de la corporación criminal, que detentaba el poder de manera ilegítima.

Obligados por reales circunstancias, un orden fáctico, se ha dispuesto que “la segunda”, también carente de legitimidad, acometa el desmontaje del aparato criminal.

Observamos tácticas dilatorias para la expulsión de los chinos, rusos, cubanos e iraníes. Hay que estar pendientes de que no sigan dilapidando dinero útil para la emergencia humanitaria en armamento ruso que, como se vio, resultó pura chatarra y negocio para la claque corrupta.

La exigencia principal de los venezolanos es la inmediata liberación de los presos políticos. Marcha muy lento y con lamentables saldos, como la muerte de una madre que no logró abrazar a tiempo a su hijo.

Inversionistas calificados insisten en que Venezuela necesita una transición democrática para traer sus capitales. No se entiende la permanencia de quienes destruyeron el país y sus instituciones, y lo convirtieron en una inmensa lavadora de dinero sucio.

Estamos listos para asumir la democracia y reinstitucionalizarla; no permitamos, otra vez, que los secuestradores usurpadores nos mareen y ganen tiempo, el país desea el cese de la usurpación con “la efímera” incluida.

¡Libertad plena para todos los presos políticos!

Vía LaPatilla

En medio de una de las semanas más convulsas y decisivas para la historia reciente de Venezuela, Carlos Blanco ofreció un análisis profundo sobre el momento que atraviesa el país, el estado real del chavismo, la situación de las Fuerzas Armadas, el rol de Estados Unidos y las perspectivas de una transición democrática liderada por María Corina Machado y el presidente electo Edmundo González Urrutia.

Blanco sostiene que lo ocurrido desde el 3 de enero marca algo más que un cambio coyuntural: representa el colapso definitivo de un proyecto político que ya no tiene capacidad de sostenerse ni material ni moralmente. “Estamos en presencia no solo de una derrota, sino de una humillación histórica y de la liquidación de un proyecto que ya no puede reivindicar ninguna bandera”, afirmó.

Uno de los puntos centrales de la entrevista fue la fragilidad del actual esquema de poder en Venezuela. Para Blanco, la figura que hoy encabeza el Ejecutivo carece de respaldo real, especialmente del componente militar. “Esta señora que está encargada de la presidencia no tiene ningún respaldo militar. Y no lo tiene porque esa fuerza, como institución, ya no existe”, sentenció.

Según el analista, lo ocurrido la noche del 3 de enero fue revelador: no hubo despliegue, no hubo reacción, no hubo defensa del poder que se decía ostentar. “Ni un solo triquitraqui pudieron disparar. No defendieron a quien se atribuía la condición de comandante en jefe”, subrayó.

Blanco explica que esta ausencia de respaldo no es circunstancial, sino el resultado de años de destrucción institucional. Bajo Hugo Chávez —y luego profundizado con Nicolás Maduro— la Fuerza Armada fue utilizada como instrumento de represión y corrupción, erosionando sus principios fundamentales: jerarquía, obediencia, cohesión y honor militar.

Para el asesor político, la Fuerza Armada venezolana dejó de ser una institución funcional mucho antes de los eventos recientes. “Ya estaba profundamente descompuesta. Se veían capitanes dándole órdenes a generales, una cadena de mando rota y un descontento masivo dentro de los propios cuadros”, explicó.

Lo ocurrido en enero solo confirmó esa realidad: una estructura anulada, incapaz de actuar como cuerpo cohesionado. “Hoy los generales se visten de civil porque no pueden presentarse como militares ante una sociedad que los repudia”, añadió.

Blanco considera inevitable que, más temprano que tarde, los militares deban plegarse a un proceso de cambio democrático, pero advierte que la reconstrucción institucional será compleja y profunda. Esta deberá basarse en nuevos valores, una doctrina moderna y una reintegración con fuerzas armadas democráticas del hemisferio.

Estados Unidos y el dilema del poder provisional

Otro eje clave del análisis fue el rol de Estados Unidos y la nueva doctrina de seguridad hemisférica planteada desde Washington. Blanco destacó la importancia del reciente hearing del secretario de Estado, subrayando el énfasis reiterado en la palabra “transición”.

A su juicio, Estados Unidos ha colocado a la actual cúpula gobernante en un dilema sin salida: obedecer plenamente las instrucciones externas o enfrentarse a un aislamiento total. “No pueden hacerlo a medias. Si obedecen, se desconectan de lo que queda de su base política. Si no obedecen, el desafío no será tolerado”, explicó.

Esta situación, según Blanco, hace que el actual esquema de poder sea necesariamente breve y provisional. “Ese interinato va a ser mucho más corto de lo que muchos imaginan”, afirmó.

Presos políticos: una prioridad ética y democrática

El asesor fue enfático al referirse a la situación de los presos políticos, a los que calificó como una evidencia directa del carácter criminal del régimen. “No están presos por cometer delitos, están presos por pensar distinto, por protestar, por mostrar actas, por solidarizarse”, dijo.

Blanco enumeró los organismos involucrados en la represión —DGCIM, SEBIN, CICPC, CONAS, colectivos armados y unidades militares— y sostuvo que la liberación plena de los presos políticos es un objetivo central e irrenunciable del movimiento democrático, tanto por razones humanitarias como por justicia histórica.

María Corina Machado y la siembra del futuro

Sobre María Corina Machado, Blanco fue categórico: la describió como una líder incansable, dedicada a abrir los canales del futuro de Venezuela. Detalló su intensa agenda internacional, que incluye reuniones con el presidente y el secretario de Estado de Estados Unidos, senadores de ambos partidos, representantes, think tanks y actores clave del ámbito político y económico.

“El trabajo que está haciendo no es solo de siembra, sino de siembra y cosecha. Está generando convicción internacional de que ella y Edmundo González Urrutia son factores esenciales para la reconstrucción del país”, aseguró.

Para Blanco, sin ese liderazgo no hay transición posible.

¿Elecciones? Sí, pero con condiciones reales

Consultado sobre la posibilidad de elecciones en el corto plazo, Blanco fue prudente. Reconoció que los comicios deberán realizarse, pero solo cuando existan condiciones reales: un CNE confiable, un registro electoral depurado, mecanismos de votación transparentes y la inclusión de la diáspora, excluida en procesos anteriores.

“No podemos olvidar que ya tenemos un presidente electo, con votos contados y probados”, recordó, insistiendo en que cualquier salida debe construirse a partir de esa realidad política.

Al cierre de la entrevista, Blanco rechazó el dilema simplista entre optimismo y pesimismo. Prefiere, dijo, concentrarse en lo que efectivamente puede construirse: una transición basada en la fuerza popular organizada, la unidad democrática y el respaldo internacional.

“Estamos en un momento de cambio. Las olas vuelven a subir y podemos volver a navegar”, concluyó.

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