Morfema Press

Es lo que es

DBuford

Vía lapatilla

En un acto cargado de solidaridad y humanidad, Mariana González, hija del presidente electo de Venezuela, Edmundo González, realizó un emotivo gesto este sábado 24 de enero al acercarse hasta las instalaciones de El Rodeo I para entregar flores blancas a las familias de los presos políticos que desde hace 17 días mantienen una vigilia constante en los alrededores del centro penitenciario para exigir la liberación de todos los detenidos injustamente.

La visita de Mariana González se produce luego de cumplirse más de 48 horas de la excarcelación de su esposo, Rafael Tudares, quien fue liberado tras permanecer más de un año detenido arbitrariamente en Venezuela.

Durante su recorrido por el lugar, Mariana González caminó entre los manifestantes entregando flores blancas, símbolo de paz y recuerdo, y conversó con varias de las personas que desde hace dos semanas duermen a la intemperie, reclamando justicia y dignidad.

La excarcelación de Tudares —abogado y esposo de Mariana— fue confirmada por la propia familia a través de redes sociales, donde se destacó que tras 380 días de detención injusta y desaparición forzada, finalmente pudo regresar con sus seres queridos.

A pesar de ello, defensores de derechos humanos han señalado que aún existe un número importante de personas encarceladas por razones políticas, por lo que las vigilia y las demandas siguen vigentes.

Este gesto de empatía en El Rodeo I se suma a las voces que reclaman la liberación de todos los presos políticos en Venezuela y pone el foco sobre las historias humanas que hay detrás de cada una de estas detenciones.

La entrega de flores blancas no solo simboliza apoyo a las familias sino también un llamado a la paz y al respeto por los derechos fundamentales en medio del proceso político que vive el país.

Vía New York Post

El presidente Trump dijo a The Post que una nueva arma secreta que él llama “El Desconcertante” fue esencial para la audaz redada estadounidense que capturó al dictador narcotraficante de Venezuela, Nicolás Maduro.

Trump se jactó de que la misteriosa arma “hizo que el equipo [enemigo] no funcionara” cuando helicópteros estadounidenses sobrevolaron Caracas el 3 de enero para arrestar a Maduro y a su esposa, Cilia Flores, por cargos federales de drogas y armas , sin perder una sola vida estadounidense.

«El Desconcertante. No me permiten hablar de ello», dijo Trump durante una entrevista exclusiva en el Despacho Oval.

“Me encantaría”, añadió el presidente, antes de confirmar su uso en la operación sigilosa.

Nunca despegaron sus cohetes. Tenían cohetes rusos y chinos, y nunca despegaron uno. Llegamos, presionaron botones y nada funcionó. Estaban listos para nosotros.

Trump comentó sobre el arma cuando se le preguntó sobre los informes de esta semana de que la administración Biden compró un arma de energía pulsada sospechosa de ser del tipo que causó el «síndrome de La Habana».

No se sabe mucho sobre el arma, pero esos informes siguieron a relatos desde Venezuela que describían cómo los hombres armados de Maduro fueron puestos de rodillas, “sangrando por la nariz” y vomitando sangre.

Un miembro del equipo de guardias del depuesto dictador contó después que “de repente todos nuestros sistemas de radar se apagaron sin ninguna explicación”.

“Lo siguiente que vimos fueron drones, muchísimos drones, sobrevolando nuestras posiciones. No supimos cómo reaccionar”, dijo, y añadió que entonces aparecieron helicópteros —apenas ocho— que transportaban a unos 20 soldados estadounidenses a la zona. 

“El Desconcertante” apuntaba entonces directamente a los defensores de Maduro.

En un momento dado, lanzaron algo; no sé cómo describirlo. Fue como una onda sonora muy intensa. De repente, sentí como si me explotara la cabeza por dentro, dijo el testigo.

Todos empezamos a sangrar por la nariz. Algunos vomitaban sangre. Caímos al suelo, inmóviles. Ni siquiera podíamos ponernos de pie después de esa arma sónica, o lo que fuera.

Maduro, de 63 años, ahora está encerrado en una 
cárcel federal de Brooklyn en espera de juicio por cargos de narcoterrorismo, mientras su ex vicepresidenta, Delcy Rodríguez, se desempeña como líder interina de Venezuela.

Una empresa minera internacional de capital extranjero, con operaciones y compromisos amparados por tratados internacionales de inversión, ha exigido la inmediata excarcelación de su representante legal en Venezuela, José Ignacio Moreno Suárez, quien permanece privado de libertad desde hace casi tres años en condición de prisionero político.

José Ignacio Moreno Suárez fue detenido de manera arbitraria por el solo hecho de haber ejercido su función como representante legal de la empresa Gold Reserve, actuando en defensa de sus derechos durante el litigio internacional iniciado tras la expropiación ilegal de su participación en una empresa mixta acordada con el Estado venezolano. Dicho proyecto estaba destinado al desarrollo de la que sería la mayor explotación aurífera del país.

Desde su detención, Moreno Suárez ha sido sometido a condiciones de reclusión incompatibles con los estándares internacionales de derechos humanos, con un progresivo deterioro de su estado de salud, situación que ha sido reiteradamente denunciada sin que hasta la fecha se haya producido respuesta efectiva por parte de las autoridades.

La detención de su representante legal, junto con la confiscación de sus bienes y los de su núcleo familiar, constituye una represalia directa vinculada al ejercicio legítimo de la defensa jurídica de una inversión extranjera protegida por el derecho internacional.

Estos hechos confirman la persistencia de una grave inseguridad jurídica en Venezuela, así como un patrón de violación sistemática de derechos humanos, realidades absolutamente incompatibles con las condiciones mínimas requeridas para atraer inversión extranjera y garantizar el desarrollo responsable del sector minero.

La empresa hace un llamado urgente a la comunidad internacional, a los organismos multilaterales, a los gobiernos democráticos y a las instancias de protección de derechos humanos, para que exijan la liberación inmediata de José Ignacio Moreno Suárez y el respeto al Estado de derecho en Venezuela.

NdP

Vía TN

⁠Javier Milei no planea reabrir la embajada en Venezuela ni normalizar el vínculo diplomático hasta que liberen a los argentinos detenidos. En la mesa chica del presidente remarcan que la prioridad es destrabar esas excarcelaciones y ponen el foco central en la situación del gendarme Nahuel Gallo, detenido desde diciembre de 2024.

En el Gobierno hay dudas sobre las relaciones a establecer con la administración de Delcy Rodríguez -que no catalogan como un gobierno- y aseguran que van a esperar a ver cómo se desarrolla el esquema de transición en Caracas. “Primero hay que ver si le cumplen los acuerdos a los Estados Unidos”, expresan.

La estrategia oficial se basa en mantener cautela y esperar información de países aliados que tienen representación diplomática y agentes de inteligencia en el territorio venezolano, como Estados Unidos (CIA), Israel (Mossad) e Italia (AISE). La secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) no tiene personal en Venezuela.

El Departamento de Estado norteamericano -que encabeza Marco Rubio- ya dio pasos para recuperar presencia diplomática en Caracas. La Argentina está representada diplomáticamente por Italia luego de que Brasil dejara de hacerlo a comienzos de enero. “Tiene que haber primero un gesto de ellos primero para que pensemos en reabrir la embajada”, agregan.

El Gobierno reconoce que no prevé una liberación inmediata de Nahuel Gallo y que el proceso podría demorar “más de lo esperado”. En Nación advierten que el ritmo de las excarcelaciones dependerá de la evolución de la transición interna y del nivel de supervisión política que ejerza Estados Unidos sobre el cumplimiento de compromisos asumidos por Caracas.

En el Ejecutivo advierten que el panorama político en Venezuela sigue abierto y que el conflicto de fondo aún no está resuelto. En el oficialismo describen la transición como un proceso gradual y sin plazos definidos, y relativizan la posibilidad de un calendario electoral cercano. “Lo previsto es que no haya elecciones hasta por lo menos dentro de un año”, agregan.

La Casa Rosada mantiene canales de diálogo formales e informales con Washington y evita tomar posición sobre referentes de la oposición venezolana como Edmundo González Urrutia o María Corina Machado. En Balcarce 50 argumentan que no habrá alineamientos anticipados y que esperan definiciones más claras desde la Casa Blanca antes de reconocer interlocutores políticos.

El Ministerio de Relaciones Exteriores -que preside Pablo Quirno- mantiene en paralelo la recomendación de no viajar a Venezuela y continúan activas las restricciones migratorias para impedir el ingreso al país de personas vinculadas al esquema de poder desplazado. El oficialismo sostiene además la estrategia de insistir con la liberación de argentinos detenidos en foros internacionales.

Vía 14ymedio

El mismo Ilyushin IL-96-300 de Cubana de Aviación que trajo de regreso a La Habana a los militares de la Isla heridos en la operación de Estados Unidos en Venezuela que acabó con la captura de Nicolás Maduro, ha vuelto a salir este martes rumbo a Caracas. Es el cuarto viaje de ida y vuelta a la capital venezolana en los últimos cinco días y, hasta ahora, el indicio más sólido de que el régimen está repatriando a sus “colaboradores” desplegados en aquel país.

Este avión, devuelto a Cuba hace dos años tras un mantenimiento integral en Rusia, tiene una capacidad estándar de alrededor de 300 pasajeros, pero se le puede poner más de 400 asientos en caso de necesidad. Hubo seis vuelos en los últimos 15 días, lo que permite deducir que hasta 2.500 cubanos han podido ser repatriados por esta vía, casi un 10% del contingente desplegado en Venezuela.

“Sobre todo vienen médicos, pero también otros trabajadores e incluso militares”, cuenta a este diario una fuente del Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana, que pide anonimato. Esta persona asevera que todas las operaciones con esta aeronave se han hecho, hasta ahora, con el mayor secretismo. “Siempre lo dejan en una pista apartada de la vista, y normalmente no dejan a los empleados civiles que se acerquen, solo a militares”. Si lo “operan” civiles, prosigue, son “los que ellos saben que son muy afines, esos que llevan un dije del Che”.

“Siempre lo dejan en una pista apartada de la vista, y normalmente no dejan a los empleados civiles que se acerquen, solo a militares”

El primer viaje a Venezuela del IL-96-300 tras la caída de Maduro lo realizó el 5 de enero, apenas dos días después de la intervención militar estadounidense, pero el movimiento no figuraba en las webs de rastreo satelital. Se trata de algo normal en esta aeronave, el único cuatrimotor de largo recorrido de Cubana de Aviación, que se utiliza para operaciones especiales como el traslado de altos funcionarios y que vuela en numerosas ocasiones con el radar apagado.

Aquel lunes, una fuente conocedora reveló a 14ymedio que iba “lleno de militares” y suponía que “se van a quedar allá”. La misma persona contó que el vuelo se dirigía a recoger los cuerpos de los 32 agentes de la Isla fallecidos la noche del 3 de enero, pero esto no se concretó.

Un día después de un viaje que tuvo lugar el 7 de enero no mostrado en el radar, el Ilyushin partió de nuevo a Caracas, pero no llegó a aterrizar. Tal y como se podía observar en páginas de localización de vuelos, la aeronave voló en círculos durante varios minutos en horas de la mañana frente a las costas colombianas, probablemente a la espera de permiso para aterrizar, y después dio media vuelta, pero hacia el oriente de la Isla. Había salido de La Habana, aunque en el rastreo satelital no figuraba el aeropuerto.

Según publicó ese 8 de enero el medio venezolano La Patillaun dron de reconocimiento estadounidense había estado sobrevolando la misma zona donde el avión cubano decidió cambiar de rumbo, lo cual incitó a pensar que esa era la causa del regreso frustrado del IL-96. Un especialista explicó a 14ymedio que fue debido a que Colombia le negó el permiso para pasar por su espacio aéreo y “es un avión antiguo, sin los sistemas modernos requeridos para pasar por Curazao”, que es la ruta más corta. Sin embargo, ha seguido sobrevolando el país sudamericano sin problema en sus siguientes viajes.

El 9 de enero, la aeronave volvió a Caracas, y de nuevo el 13. Un extraño paréntesis suponen los viajes realizados el 14 y 16 de enero, según acredita este diario en la página Flightradar24, pues se realizaron no a Venezuela sino al oriente de la Isla. Desde allí, la tarde del miércoles 14, fue que llegaron los heridos a la capital cubana. Los restos de los fallecidos, por su parte, llegaron a la Isla en un pequeño ATR.

Con el jefe del Comando, Evan L. Pettus, se ha reunido este mismo martes el jefe de misión de la Embajada de EE UU en La Habana, Mike Hammer

Desde entonces, el IL-96 ha realizado otros tres viajes de ida y vuelta a la capital venezolana –el 17, el 19 y este 20 de enero–, es decir, seis en total en dos semanas, sin que las autoridades hayan mencionado nada sobre el regreso de trabajadores de la Isla. Al contrario: la consigna del Gobierno ante los testimonios multiplicados en redes sociales acerca de deserciones y acuartelamientos ha sido transmitir tranquilidad a través de sus medios de comunicación.

La visita del director de la CIA, John Ratcliffe, el pasado jueves a Caracas, donde se reunió con la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, también ha desatado todo tipo de rumores sobre el destino de las fuerzas militares cubanas desplegadas en Venezuela desde los tiempos de Hugo Chávez. ¿Forma parte de las negociaciones con el Gobierno de Rodríguez que EE UU supervise la salida inmediata de los efectivos de la Isla destinados a labores de seguridad e inteligencia? El influencer colombiano Fabián Dicosta asevera, con fuente en venezolanos conocedores, que así es.

Lo estará supervisando, dice el comunicador, el Comando Sur de EE UU, que se encuentra desplegado en el Caribe, en principio monitoreando la presencia de petroleros sancionados

Precisamente con el jefe del Comando, Evan L. Pettus, se reunió el jefe de misión de la Embajada de EE UU en La Habana, Mike Hammer, según informa este martes una publicación oficial en redes, “para hablar sobre la situación en Cuba y el Caribe”. 

El ejército de Estados Unidos informó este viernes que realizó un ataque contra una embarcación en el océano Pacífico oriental, operativo que resultó en la muerte de dos presuntos narcotraficantes y la búsqueda de un tercer sobreviviente.

El Comando Sur de Estados Unidos (Southcom) precisó que la operación se llevó a cabo sobre un bote que, según sus datos de inteligencia, transitaba por rutas conocidas de narcotráfico.

Un video difundido en la cuenta oficial de Southcom en X muestra la explosión de la embarcación, en la que previamente se observaban tres personas a bordo.

Tras el ataque, las autoridades estadounidenses notificaron a la Guardia Costera para activar un operativo de búsqueda y rescate enfocado en localizar al único sobreviviente. Según el comunicado, la embarcación fue identificada como parte de operaciones de tráfico ilícito de drogas, aunque hasta el momento no se han presentado pruebas definitivas sobre el involucramiento de los tripulantes en actividades criminales, lo que ha provocado debate sobre la legalidad de este tipo de operaciones.

La acción forma parte del plan Lanza del Sur, que ha sido implementado por la administración de Donald Trump desde septiembre del año pasado.

Desde entonces, Estados Unidos ha realizado más de 35 ataques contra embarcaciones sospechosas en aguas internacionales, con un saldo de más de 110 personas fallecidas. Críticas de parte de expertos en derecho internacional y organizaciones de derechos humanos han calificado las acciones como posibles ejecuciones extrajudiciales.

Este ataque es el primero de este tipo desde finales del año pasado y también el primero tras la captura de Nicolás Maduro durante una incursión estadounidense en Caracas el 3 de enero.

A la par del operativo, Estados Unidos anunció que el general Dan Caine será anfitrión de un encuentro militar el 11 de febrero en Washington, con la participación de líderes de 34 países. El objetivo será fortalecer la cooperación regional y coordinar estrategias frente a organizaciones criminales y actores externos que amenazan la estabilidad y la seguridad del continente.

El documento emitido por la sede central del Departamento de Guerra estadounidense subraya que, a partir de ahora, “mientras las fuerzas se centran en la defensa del territorio nacional y del Indopacífico, nuestros aliados y socios en otros lugares asumirán la responsabilidad principal de su propia defensa con un apoyo crítico pero más limitado de las fuerzas estadounidenses”.

Esta nueva estrategia marca un giro respecto a la política anterior del Pentágono, tanto en su énfasis en que los aliados asuman mayores cargas, como en el tono más moderado hacia China y Rusia. A diferencia de la versión previa, publicada bajo la administración de Joe Biden, que consideraba a China como el desafío más relevante y a Rusia como una “amenaza aguda”, el nuevo documento llama a mantener “relaciones respetuosas” con Beijing, no menciona a Taiwán y describe la amenaza rusa como “persistente pero manejable”, limitada a los miembros orientales de la OTAN.

El texto critica además a la administración anterior por descuidar la seguridad fronteriza, atribuyendo a esa política una “avalancha de inmigrantes ilegales” y el aumento del tráfico de narcóticos. “La seguridad fronteriza es seguridad nacional”, subraya el documento.

El Pentágono “priorizará los esfuerzos para sellar nuestras fronteras, repeler formas de invasión y deportar a inmigrantes ilegales”. Anteriormente, la administración de Joe Biden priorizó a China y Rusia como los “desafíos más peligrosos para la seguridad y la protección en el país”, superando incluso la amenaza del terrorismo.

Desde su regreso al poder, Donald Trump utilizó reiteradamente al ejército estadounidense en América Latina, incluyendo una redada que resultó en la captura del ex dictador del régimen venezolano Nicolás Maduro y su esposa, así como ataques a más de 30 narcolanchas vinculados al tráfico de drogas, con un saldo de más de 100 narcotraficantes muertos.

La Estrategia Nacional de Defensa 2026 publicada por el Pentágono no incluye ninguna referencia a los peligros del cambio climático, tema que la administración Biden había calificado como una “amenaza emergente”.

La estrategia que impulsa Estados Unidos para consolidar su supremacía en inteligencia artificial en el ámbito militar también se ha convertido en el eje central de la transformación tecnológica del Departamento de Guerra.

De acuerdo con el memorándum “Estrategia de inteligencia artificial para el Departamento de Guerra”, distribuido entre los altos mandos del Pentágono, el objetivo es convertir a las Fuerzas Armadas en una fuerza militar “AI-first”. Esto supone integrar la inteligencia artificial de manera prioritaria y urgente en todos los componentes y procedimientos del aparato militar.

Uno de los puntos clave de esta directiva es el cambio de nomenclatura institucional: el documento se emite bajo el sello del Departamento de Guerra (Department of War). Este giro semántico refuerza la intención declarada de situar a todo el aparato de defensa en una ‘postura de guerra’ para ganar la carrera tecnológica. Bajo esta nueva orientación, el papel de las autoridades digitales se redefine hacia un ‘CDAO de tiempos de guerra’, dotado de poderes extraordinarios para eliminar trabas burocráticas que puedan obstaculizar la consecución de la ventaja militar.

AFP

En su cuenta de X, la ONG Comité por la Libertad de los Presos Políticos (Clipp) ratificó que los familiares “no abandonarán las puertas de los penales ni cesarán en sus oraciones” hasta que “el último” de los presos políticos regrese a casa.

El Clipp, integrado por familiares de presos políticos y activistas de derechos humanos, informó sobre actividades similares realizadas este viernes fuera de El Helicoide, sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) en Caracas, y frente a otros centros de detención en el país.

En horas previas, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, indicó que 626 personas han sido excarceladas hasta ahora y anunció que pedirá a la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas verificar la lista de liberados, en respuesta a los reclamos de familiares y organizaciones.

La ONG Foro Penal y la principal coalición opositora, la Plataforma Unitaria Democrática, reportan entre 156 y 170 excarcelados desde el 8 de enero, cuando el presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, informó sobre la liberación de un “número importante” de personas.

De acuerdo con Foro Penal, en Venezuela hay 780 presos políticos.

Por José Ignacio Hernández

El 3 de enero de 2026, fuerzas especiales de los Estados Unidos capturaron y extrajeron a Nicolás Maduro, poniendo fin abruptamente al mandato de un líder que había gobernado Venezuela desde 2013 mediante mecanismos autoritarios y elecciones fraudulentas. Esta operación ha reabierto una interrogante largamente dormida: si Venezuela podrá finalmente embarcarse en una verdadera transición democrática tras décadas de decadencia institucional. Este artículo examina cómo colapsó la democracia venezolana, por qué las elecciones por sí solas son insuficientes para revertir el autoritarismo y qué condiciones políticas, legales e internacionales se requieren para transformar la destitución de Maduro en una transición significativa basada en el orden constitucional y los derechos humanos.

En las primeras horas del 3 de enero de 2026, fuerzas especiales estadounidenses capturaron y extrajeron a Nicolás Maduro, quien se desempeñaba como presidente de Venezuela desde 2013 sin elecciones libres ni justas y bajo un régimen autoritario. Una de las preguntas clave que plantea esta acción es si es posible una transición democrática en Venezuela.

Hasta ahora, aunque no está claro si la salida de Maduro del poder ha encaminado al país hacia una democracia constitucional, representa una oportunidad única para lograrlo tras décadas de autoritarismo. Para comprender las condiciones necesarias para avanzar en esa dirección, primero debemos resumir cómo murió la democracia en Venezuela.

El colapso de la democracia venezolana

Venezuela podría servir como el ejemplo principal de cómo colapsan las democracias en el siglo XXI. No fue un golpe militar lo que lo causó, sino la elección de un líder carismático y autoritario, Hugo Chávez, en 1998. Chávez, quien intentó un golpe de Estado en 1992, se comprometió a abordar los agravios sociales derivados de la decadencia política de Venezuela y juró eliminar su sistema político. Cumplió sus promesas, aunque el «viejo sistema» no fue reemplazado por una mejor gobernanza, sino por un régimen autoritario respaldado por una retórica populista y una de las mayores bonanzas petroleras en la historia del país. Gradualmente, la democracia venezolana degeneró en un autoritarismo competitivo.

La muerte de Chávez, anunciada en 2013, profundizó la crisis. Su vicepresidente, Nicolás Maduro, fue elegido presidente en una elección manipulada, que la Corte Interamericana de Derechos Humanos consideró una violación de los derechos humanos. Sin carisma ni petrodólares, Maduro solo pudo mantenerse en el poder mediante abusos sistemáticos a los derechos humanos, especialmente en respuesta a las protestas masivas de 2017 desencadenadas por la medida inconstitucional que despojó a la Asamblea Nacional, controlada por la oposición, de su poder legislativo.

Para 2018, Venezuela se convirtió en un régimen autoritario no competitivo, enfrentando una compleja emergencia humanitaria provocada por políticas depredadoras que empujaron al país a un estado de fragilidad cercano al colapso, y donde las débiles instituciones políticas fueron cooptadas por organizaciones del crimen organizado, dando lugar al llamado «Estado mafioso».

La oposición, con el apoyo del Gobierno de Noruega, buscó negociar términos políticos para avanzar hacia una solución electoral en las elecciones presidenciales de 2024. Según las actas de votación, el candidato opositor, Edmundo González, ganó por abrumadora mayoría. Sin embargo, Maduro se negó a aceptar su derrota y, en su lugar, utilizó la Sala Constitucional —influenciada políticamente— para declararse presidente electo, mientras reprimía las grandes protestas.

El proceso de una transición democrática

Como sugiere Linz, el proceso de transición a la democracia varía según el régimen autoritario que se sustituye. En ese sentido, he concluido que Venezuela requiere una transición compleja que abarque tres dimensiones: política, económica y de gestión estatal (statecraft).

El aspecto político implica sustituir el régimen autoritario por una democracia constitucional regida por el Estado de derecho. Para lograr ese objetivo, también es necesario, desde un punto de vista económico, restaurar los mecanismos de mercado, permitiendo que la sociedad civil satisfaga sus propias necesidades para que pueda organizarse eficazmente. Las transiciones política y económica requerirán la reconstrucción de la capacidad del Estado, incluyendo la restauración del monopolio legítimo del Estado sobre el uso de la fuerza y su control territorial. Sin un Estado capaz, no es posible reconstruir el Estado de derecho ni la economía.

Bajo esta perspectiva amplia, las elecciones son claramente insuficientes para avanzar en una transición democrática. Más importante aún, avanzar en esta compleja transición también requerirá apoyo internacional, especialmente dadas las dificultades para reconstruir la capacidad estatal. En particular, la cooperación internacional es esencial para disuadir las violaciones sistemáticas de los derechos humanos, de conformidad con la «responsabilidad de proteger», un compromiso político que establece el deber colectivo de los Estados de tomar medidas para proteger a la población venezolana de los crímenes de lesa humanidad que actualmente investiga la Corte Penal Internacional.

Al considerar este ángulo, las acciones adoptadas por los EE. UU. podrían enmarcarse como un caso de transición «dirigida externamente», según Linz. Existen, por supuesto, muchas dudas sobre la legalidad de tales acciones bajo el derecho internacional, particularmente bajo un enfoque tradicional que considera la soberanía como una barrera infranqueable, incluso ante violaciones graves de derechos humanos.

Pero independientemente de esa discusión, la destitución de Maduro podría desbloquear la compleja transición en Venezuela con el apoyo de EE. UU. y, más ampliamente, de la comunidad internacional. Para ello, será esencial establecer un gobierno de transición de acuerdo con la Constitución venezolana.

¿Qué podemos esperar para Venezuela?

Aunque Maduro fue apartado del poder, su régimen autoritario persiste. Su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, asumió la presidencia sin cumplir con el marco constitucional para las faltas absolutas, apoyándose en su lugar en la Sala Constitucional la cual, en una exhibición de populismo autoritario constitucional, permitió que Rodríguez lo hiciera sin celebrar elecciones.

Más importante aún, debido a que Maduro no fue debidamente electo en 2024, el mandato de Rodríguez también puede considerarse ilegítimo. No solo EE. UU., sino también el Reino Unido, han aclarado que ella no puede ser reconocida como la presidenta legítima y en funciones de Venezuela. Además, como reacción a lo que se consideró una agresión de EE. UU., Rodríguez implementó un decreto de emergencia, supuestamente firmado por Maduro, que allanó el camino para que el gobierno reprima aún más a la sociedad civil y a la oposición.

La administración Trump, que considera a Rodríguez como una autoridad interina e ilegítima, ha presionado para lograr avances en la liberalización política, incluyendo la liberación de más de 800 presos políticos como parte de sus políticas iniciales hacia Venezuela. Estas políticas también incluyen la reconstrucción de la industria petrolera de Venezuela y la promoción gradual de la recuperación del país. Hasta ahora, sin embargo, según la ONG Foro Penal, solo un pequeño número de presos políticos ha sido liberado, lo que indica una falta de compromiso genuino con una transición por parte de las autoridades interinas.

Para transformar la situación política actual en una oportunidad de transición democrática, en lugar de una continuación del régimen autoritario de Maduro bajo un nuevo liderazgo, será necesario implementar cuatro políticas: restaurar la soberanía popular, situar los derechos humanos en el centro de las reformas, restaurar gradualmente el Estado de derecho y abordar el riesgo más inminente derivado de la fragilidad estatal generalizada. Finalmente, esas cuatro políticas requerirán el establecimiento de un gobierno de transición de acuerdo con la Constitución.

1. Restaurar la soberanía popular

La primera política se refiere a la ilegitimidad de Delcy Rodríguez. Como ex vicepresidenta de Maduro, su autoridad no tiene raíces en elecciones democráticas sino en un control autoritario. Como solución inmediata, el gobierno interino debería evolucionar hacia un gobierno de transición. Los miembros de dicho gobierno de transición deberían ser designados por las autoridades actuales, ya que detentan el poder político, pero el proceso debe ser abierto, transparente e incluir consultas públicas con la sociedad civil y la oposición, incluyendo las fuerzas políticas alineadas con Edmundo González. La comunidad internacional, aprovechando la experiencia del proceso de negociación facilitado por el Gobierno de Noruega, podría apoyar esta iniciativa.

Desde el punto de vista legal, los artículos 333 y 350 de la Constitución venezolana establecen el deber de los ciudadanos de trabajar por el restablecimiento del orden constitucional cuando la Constitución es violada sistemáticamente, y reconocen el derecho del pueblo a desconocer autoridades o regímenes que menoscaben los valores democráticos y los derechos humanos. En consecuencia, esos artículos pueden proporcionar las bases para un estado de emergencia constitucional que permita el establecimiento de un gobierno de transición para tomar las decisiones necesarias para restaurar gradualmente la democracia constitucional.

2. Situar los derechos humanos en el centro

Como segunda política, dicho gobierno de transición debería restablecer la centralidad de los derechos humanos, no solo mediante la liberación de los presos políticos, sino también mediante el cese de las violaciones sistemáticas de derechos humanos, incluyendo detenciones arbitrarias, torturas y ejecuciones extrajudiciales. Sin miedo a la represión, el pueblo venezolano puede movilizarse en apoyo a la transición hacia la democracia. La importancia de los derechos humanos también implica evaluar cómo Venezuela puede beneficiarse de un sistema de justicia transicional que aliente a las autoridades actuales a apoyar el proceso de democratización sin permitir la impunidad. Este sistema debe basarse en la centralidad de las víctimas.

3. Restaurar el Estado de derecho

La tercera política se centra en reinstaurar gradualmente el Estado de derecho mediante la restauración de la separación de poderes y el nombramiento de funcionarios independientes en las diferentes ramas del gobierno. Se deben tomar medidas prontas para nominar jueces independientes, especialmente para el Tribunal Supremo y su Sala Constitucional, incluso antes de que se promulguen reformas legislativas, para garantizar un poder judicial independiente e imparcial. Estas reformas son vitales para evitar que los tribunales penales —actualmente bajo influencia política— perpetúen graves violaciones de derechos humanos.

4. Abordar la fragilidad estatal generalizada

La cooperación internacional debe apoyar la reconstrucción de la capacidad del Estado para recurrir al uso legítimo de la fuerza, particularmente para restablecer el control territorial efectivo en áreas socavadas por grupos armados irregulares, incluidos aquellos dedicados a actividades de minería ilegal en el Arco Minero del Orinoco. Debido a que el Ejército venezolano no cuenta con las capacidades técnicas para cumplir esas tareas, la cooperación internacional ayudaría a recuperar el control territorial y a reemplazar las instituciones policiales influenciadas políticamente que han cometido graves violaciones de derechos humanos.

Establecer un gobierno de transición

Solo si se implementan estas políticas, la situación política actual podrá evolucionar hacia una transición a la democracia, en lugar de la continuación de un régimen ilegítimo dedicado a violaciones sistemáticas de los derechos humanos.

El establecimiento de un gobierno de transición puede entonces allanar el camino para la transición democrática de Venezuela. Desde una perspectiva estricta de derecho constitucional, esto debería incluir la proclamación de Edmundo González como el presidente electo de las elecciones de 2024. Otra alternativa, que requerirá un amplio consenso político y, eventualmente, la renuncia de González, es convocar a nuevas elecciones presidenciales bajo un nuevo órgano de gestión electoral independiente.

Cualquier escenario, sin embargo, solo puede lograrse tras reformas institucionales que reestructuren el actual gobierno interino e ilegítimo en un gobierno de transición que opere bajo la autoridad de los artículos 333 y 350 de la Constitución venezolana. Durante la transición a la democracia, estos artículos serán clave para permitir la toma de decisiones que, aunque no estén explícitamente establecidas en la Constitución, sean necesarias para restaurar el orden constitucional. Sin embargo, tales decisiones deben adherirse a los valores constitucionales descritos en los artículos 2 y 3 de la Constitución, incluyendo el respeto a la dignidad humana. Para lograr esto, una nueva Sala Constitucional independiente debería ayudar a interpretar estos artículos de acuerdo con los derechos humanos.

Conclusión

Una vez que un gobierno libremente elegido esté en el poder y la transición concluya, valdría la pena considerar la adopción de una nueva Constitución para fortalecer la democracia restaurada, reduciendo los poderes de la Presidencia y promoviendo una forma de gobierno descentralizada en Venezuela. Sin embargo, debido al clima político actual, el primer objetivo debe ser trabajar para restaurar la efectividad de la Constitución de 1999.

Si bien la destitución de Nicolás Maduro no constituye por sí misma un paso hacia la transición democrática, sí presenta una oportunidad única para forjar un gobierno de transición arraigado en los derechos humanos y los principios sustentados en la Constitución. Si no se aprovecha esta oportunidad, el régimen autoritario y depredador de Maduro persistirá bajo el nuevo liderazgo, causando un mayor deterioro del Estado venezolano y la continuación de graves violaciones de los derechos humanos.


Sobre el autor: José Ignacio Hernández es profesor de derecho constitucional en la Universidad Católica Andrés Bello en Venezuela. Es académico visitante en la Facultad de Derecho de Boston College, becario en la Harvard Kennedy School y profesor adjunto en la Washington College of Law de la American University.

Una superpotencia sin capacidad de acción pierde también su capacidad disuasiva en temas militares, políticos o geopolíticos, y también los comerciales

Profundamente ideológica como si fuera una doctrina de la Guerra Fría, esta doctrina es un intento político de establecer orden o un nuevo orden en una dimensión de las relaciones y conexiones internacionales y políticas bajo determinada visión y determinadas ideas.

Una visión profundamente reactiva a la situación imperante en el momento, como lo fue la Doctrina Monroe, esta doctrina es un mensaje para el ancien regime, pero los mensajes no son suficientes en lo que respecta a constituir una esfera de influencia y, por lo tanto, se ha apoyado en una combinación de acciones comerciales, el despliegue y la acción militar y luego negociaciones para restablecer paz, paz política o paz comercial.

Ha significado desde el comienzo, desde la propia campaña electoral, un crecimiento de las miradas hacia la región; la nueva influencia de América Latina es hija de la globalización y de la capacidad de América Latina para crear problemas relevantes. Venezuela logró crear problemas de dimensión global con su crisis humanitaria, su crisis migratoria y su crisis de Derechos Humanos. A lo que suma una de las principales áreas de expertise de América Latina, que es el crimen organizado en su dimensión narcotráfico, pero también tráfico de personas, que fue muy redituable por unos años.

La doctrina Donroe es esencialmente efectivista en materia de rrpp pero también demuestra efectividad real. La doctrina debía tener la capacidad de resolver la crisis de la frontera sur y lo hizo, tenía que demostrar capacidad de acción contra el crimen organizado/narcotráfico y se llevaron a un dictador paradigmático por su esencia de elemento del crimen organizado, debía tener capacidad para detener el programa nuclear iraní y, bueno, también se hizo.

¿Pero tiene la capacidad de asestar un golpe decisivo? ¿Está esto entre sus postulados? El régimen venezolano sigue, según se ha dicho de manera transitoria, pero a veces no hay nada más definitivo que una solución transitoria; el régimen iraní continúa. Las amenazas a la paz internacional que estos dos regímenes producían siguen existiendo en su esencia.

La doctrina vuelve a lo básico de la política exterior americana del siglo XX, volviendo a usar ciertos métodos del siglo XX, basados en la capacidad real del uso de la fuerza y la posibilidad cierta de usarla. La capacidad militar de EEUU siempre ha estado allí, pero como se había limitado a sí mismo y había prácticamente transformado en un axioma su no uso, la misma se volvió irrelevante. La capacidad latinoamericana de equivocarse llevó a pensar que nunca más volvería a ocurrir. El propio Maduro con toda la flota desplegada frente a su costa completamente subestimó las posibilidades reales que se hiciera algo concreto.

Podemos decir que esto funciona en la lógica de neutralizar los métodos de las otras superpotencias, ¿qué significa ser una superpotencia sino justamente tener capacidad de acción? Una superpotencia sin capacidad de acción pierde también su capacidad disuasiva, no solamente en lo que respecta a temas militares, políticos o geopolíticos, pero también los comerciales. Cuando no se hace nada, no pasa nada. Esta visión tuvo costos muy caros en la arena internacional, especialmente en lo que se refiere a la inacción en la que cayeron las organizaciones multilaterales, esa inacción fue pura y llanamente falta de liderazgo.

Por supuesto que es absurdo ir nuevamente a un sistema fallido y es absurdo reivindicar un sistema fallido. Nadie puede pretender llevar Gaza nuevamente a la época Pre-Trump, como sería inhumano con los venezolanos llevar a Venezuela a la reinstalación de Maduro, o como sería casi a nivel de imbéciles pretender que Irán pueda retomar su programa nuclear bélico. La reivindicación de la ineficiencia no puede ser de recibo, ello costó demasiado en vidas y sufrimiento a los pueblos. Por supuesto que siempre habrá reivindicaciones del viejo (des)orden pero están basadas en demasiado sufrimiento y demasiada muerte.

En ese contexto, Latinoamérica tiene un drama importante, ya que no sabe desde dónde responder, unos quieren responder desde la ideología, una ideología que hoy por hoy es perimida, otros quieren responder como si tuvieran algún tipo de liderazgo regional, otros simplemente quieren esconderse en tanto puedan, otros están simplemente alineados, otros están profundamente desorientados, cuando ellos van la pelota viene, cuando ellos vienen la pelota va. Ahora bien, lo particular de esta “doctrina Donroe” es que esto que ocurre en la región también ocurre a nivel global. ¿Desde dónde responder? ¿Qué responder? ¿Qué somos? ¿Debemos tener cuidado con lo que Mearsheimer describe el espíritu de cruzado de los EEUU?

En este marco, debemos hacer una breve referencia a la Doctrina Monroe. Según la página del Departamento de Estado, el “Presidente James Monroe presentó una declaración al Congreso, que luego fue conocida como la Doctrina Monroe, la misma pasó en gran medida desapercibida para las Grandes Potencias de Europa, pero con el tiempo se convirtió en un principio fundamental de la política exterior estadounidense. Monroe y su secretario de Estado, John Quincy Adams, se basaron en los ideales diplomáticos estadounidenses, como el desentendimiento de los asuntos europeos y la defensa de los derechos de los neutrales, tal como se expresaron en el Discurso de Despedida de Washington y en la justificación de Madison para la Guerra de 1812”.

Los tres conceptos principales de la doctrina conforme a la misma página —esferas de influencia separadas para las Américas y Europa, no colonización y no intervención—, fueron diseñados para significar una clara ruptura entre el Nuevo Mundo y el reino autocrático de Europa.

La doctrina involucionó luego hasta convertirse en una justificación para el intervencionismo estadounidense, como ser que el presidente Theodore Roosevelt afirmó el derecho de Estados Unidos a ejercer la “diplomacia del garrote” para intervenir en Latinoamérica y prevenir acciones europeas, transformando efectivamente la doctrina de un escudo defensivo en una herramienta para la intervención estadounidense.

Obviamente, luego la doctrina fue invocada para oponerse a la influencia soviética y al comunismo y diversas intervenciones en la región. La doctrina tuvo momentos complejos como la crisis de los misiles de 1962. A partir de comienzos de 2026, la doctrina experimentó un resurgimiento significativo bajo la dimensión Trump que se reafirma con la “Doctrina Donroe”, para describir una versión renovada con viejos métodos y más capacidad de acción.

Esta nueva elaboración teórico-práctica sirvió de base para la acción militar estadounidense de enero de 2026 en Venezuela, que condujo a la captura de Nicolás Maduro y dio marco a la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025; la dinámica teórico-práctica que conlleva plantea diferentes capacidades de acción política estadounidense en el hemisferio centradas específicamente en la promoción y defensa de sus intereses ante las consolidadas influencias china y rusa que han sido más cautos respecto a la doctrina que la fuerte dinámica opositora que ha presentado el ancien regime occidental.

El mundo anterior a la “Doctrina Donroe”, es decir, el mundo de las “reglas claras”, definitivamente no estaba muy claro y no estaba en un buen momento, más bien parecía que se empeoraba constantemente. En la región pasamos de tener una dictadura a tener tres en un rato, por ejemplo. Además de las crisis humanitarias y migratorias ya referidas. Hagamos la referencia más breve que podamos al ancien regime que seguramente se defenderá y no se irá tan fácilmente, sino que buscará alguna forma de continuidad. Bueno, durante décadas de Guerra Fría, el bloque “occidental y democrático” se enriqueció, lo patrullaba la OTAN, y fuera del bloque actuaba frecuentemente imponiendo su voluntad a los Estados más pequeños y/o más pobres. Mientras tanto, Estados Unidos seguía siendo la potencia hegemónica, con sus soldados de élite listos para defender su estilo de vida, pero esta guerra no se trataba solo de poder, sino de ideología; por lo tanto, había margen de error.

En el siglo XX, esa dimensión democrática bajo el liderazgo de la riqueza y el ejército estadounidense marcharon incendiando campos y aldeas en un intento de someter a los demás a la Democracia. La OTAN defendía intereses occidentales y quizás alguna vez la Democracia, y en Latinoamérica Estados Unidos defendía esos intereses y eventualmente las democracias; su lucha era tanto por la forma de gobierno como por la supremacía militar.

Es así como en los setenta, con el apoyo de Estados Unidos, se dieron golpes de Estado en el cono sur y luego en el siglo XXI, con el apoyo de Estados Unidos, los que dieron los golpes de Estado y violaron los DDHH fueron presos. El destino de Europa, ahora la Unión Europea, descansaba en manos de la OTAN y de EEUU y ambos estaban muy “firmes”. La nueva doctrina ha sacudido a la OTAN, cimiento fundamental del ancien regime, además de sacudir la pasividad regional frente a las dictaduras y el crimen organizado.

Estados Unidos es una potencia conocida por su filosofía democrática y su riqueza, y un Estado hoy bastante más disciplinado en la protección de sus intereses basado en la supremacía militar, y que también ha significado ocasionalmente un aliado en la política internacional contra el autoritarismo, pero un Estado en que la paz parece que nunca será su destino (también Mearsheimer).

Pero ojalá los pueblos puedan vivir en paz, con Democracia y Derechos Humanos. Y que las acciones de protección de los pueblos contra los crímenes de lesa humanidad, crímenes de atrocidad y violaciones sistemáticas de Derechos Humanos pasen a ser sustancia definitiva del Derecho Internacional, no para que abusos sean cometidos en su nombre, sino para que realmente sea un instrumento de protección para todos, para toda la gente, para todos los pueblos. Por supuesto que no porque en un caso haya habido abuso policial, se puede pedir a la policía que detenga toda acción contra el crimen. Nuevas interacciones internacionales definitivamente son más que nunca necesarias.

*Luis Almagro es director del Observatorio de Democracia de CASLA Institute.

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