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Es lo que es

DBuford

La Casa Blanca anunció este viernes por la tarde a algunos miembros de la llamada «Junta de Paz», el órgano que gobernará temporalmente la Franja de Gaza y supervisará el alto al fuego logrado por el presidente Donald Trump el pasado octubre

Entre los nombres que conforman este cuerpo se destacan el del Secretario de Estado, Marco Rubio, el enviado especial de Trump, Steve Witkoff, el exprimer ministro británico Tony Blair y el yerno de Trump, Jared Kushner. El propio Trump es el presidente de la junta, siguiendo un plan que el gobierno estadounidense dio a conocer el mismo que se firmó la tregua. 

Si bien la Casa Blanca no detalló las responsabilidades de cada miembro de la junta, el gobierno de Trump dijo que se anunciarán más miembros en las próximas semanas. Hasta el momento, dicho cuerpo no lo integra ningún palestino. 

Otros nombres que componen la Junta

El multimillonario Marc Rowan, el presidente del Banco Mundial Ajay Banga y Robert Gabriel, un asesor de Trump, son otros de los nombres fundadores que componen el organismo. Nickolay Mladenov, un diplomático de carrera búlgaro con vasta experiencia en el campo internacional, fue confirmado como el director general de la Junta. 

El mayor general del ejército Jasper Jeffers, un oficial de altísimo rango de la fuerza estadounidense, fue nombrado comandante de la Fuerza Internacional de Estabilización de Gaza, según la Casa Blanca. Una U.N. 

En paralelo a las funciones de la Junta de la Paz, Trump también nombró una «Junta Ejecutiva de Gaza» de 11 miembros  que incluirá al ministro de Relaciones Exteriores turco Hakan Fidan, al coordinador especial de la ONU para el proceso de paz de Oriente Medio, Sigrid Kaag, el ministro de cooperación internacional de los Emiratos Árabes Unidos, Reem Al-Hashimy, y el multimillonario israelí-chipriota Yakir Gabay. 

Hamás deberá entregar sus armas

Esta junta adicional apoyará la oficina de Mladenov, el cual fue encargado con la tarea máxima de crear un gobierno tecnocrático para el enclave que se aleje del terrorismo de Hamás y del odio a sus vecinos judíos.  El grupo terrorista palestino, siguiendo los lineamientos de Trump, deberá desarmarse y entregar sus armas. 

La sangrienta guerra en Gaza se desató luego de que Israel, en defensa propia, invadiera la Franja después de que militantes liderados por el grupo terrorista Hamás mataran a 1.200 personas y tomaran a más de 250 rehenes en un ataque a finales de 2023.

Vía Reuters

Funcionarios de la administración del presidente Donald Trump mantuvieron contactos directos y a través de intermediarios con Diosdado Cabello, ministro del Interior de Venezuela, meses antes de la operación militar estadounidense que culminó con la captura de Nicolás Maduro.

La comunicación con él ha continuado desde entonces, según reveló la agencia Reuters, citando a múltiples fuentes conocedoras del asunto, que hablaron bajo condición de anonimato, debido a la sensibilidad de las comunicaciones internas del gobierno estadounidense con Cabello.

De acuerdo con el reporte, representantes de Washington advirtieron a Cabello, de 62 años, que no utilizara los cuerpos de seguridad ni a los militantes oficialistas bajo su control para atacar a la oposición venezolana.

El aparato que dirige —que incluye servicios de inteligencia, policía y fuerzas armadas— permanece en gran medida intacto tras la redada del pasado 3 de enero, cuando fuerzas estadounidenses capturaron a Maduro.

Cabello figura en la misma acusación por narcotráfico presentada por Estados Unidos contra Maduro, utilizada como base legal para justificar su arresto. Sin embargo, no fue detenido como parte de la operación, un hecho que ha llamado la atención de analistas y observadores internacionales.

Según Reuters, las conversaciones entre la administración Trump y Cabello se iniciaron en los primeros días del actual mandato presidencial y continuaron en las semanas inmediatamente previas al derrocamiento de Maduro, además de mantenerse después de la operación.

Conversaciones «claves» en la estrategia de EE UU

En esos intercambios también se abordaron las sanciones estadounidenses contra Cabello y el proceso judicial que enfrenta en EE UU, indicaron dos fuentes familiarizadas con las discusiones.

Estas comunicaciones, que no habían sido reportadas previamente, son consideradas clave en la estrategia de Washington para contener la situación interna en Venezuela. Funcionarios estadounidenses temen que, si Cabello decidiera activar las fuerzas bajo su influencia, podría desatar un escenario de caos que pondría en riesgo el control del poder de la presidenta interina Delcy Rodríguez, figura central del plan estadounidense para la Venezuela pos-Maduro, según una fuente citada por Reuters.

No está claro si los contactos incluyeron conversaciones sobre la futura gobernanza del país, ni si Cabello ha atendido las advertencias formuladas por Washington. Públicamente, el ministro ha prometido unidad con Rodríguez, a quien Trump ha elogiado hasta ahora.

Sin embargo, dentro y fuera de Venezuela se considera que Cabello tiene la capacidad de sostener o sabotear el proceso de transición. Exoficial militar y considerado durante años el segundo hombre más poderoso del chavismo, Cabello fue un estrecho colaborador del fallecido presidente Hugo Chávez y posteriormente uno de los leales más temidos de Maduro, señalado como su principal ejecutor de la represión.

Ha ejercido influencia directa sobre los organismos de contrainteligencia militar y civil, así como sobre las milicias progubernamentales, en especial los llamados colectivos, grupos armados acusados de atacar manifestaciones opositoras.

Aunque Estados Unidos lo ve como una figura capaz de garantizar estabilidad temporal mientras busca acceder a las reservas petroleras venezolanas durante un período de transición aún indefinido, existe preocupación en Washington por su historial represivo y por su rivalidad con Delcy Rodríguez, quien avanza en la consolidación de su poder colocando aliados en posiciones clave, según fuentes citadas por Reuters.

Nos reducen a una caricatura ideológica como si el dolor humano tuviera partido, como si el exilio se escogiera en una urna electoral y no bajo amenaza.

Quien así habla de la diáspora venezolana no sólo desconoce nuestra historia: la niega, la humilla y la vuelve a expulsar, esta vez con palabras. Y las palabras, cuando estigmatizan pueblos enteros, también hieren, también persiguen. Eso tiene nombre: odio.

La diáspora venezolana —más de nueve millones de personas regadas por el mundo— no es un capricho ni una moda política. Es una explosión humana provocada por la destrucción sistemática de un país: la demolición del Estado de derecho, la persecución del disenso, el hambre como política pública y el miedo como método de control.

Lo que ocurre en Venezuela no es una narrativa de partido. Son hechos documentados y denunciados por la Misión de Determinación de Hechos de la ONU, la Unión Europea y la OEA. Bastaría leer el Informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en donde se concluye que “la dictadura desarrolla un Terrorismo de Estado”. Se trata de crímenes de lesa humanidad, tortura y persecución sistemática que han sido elevados hasta la Corte Penal Internacional.

No emigramos por ideología.
Emigramos por supervivencia.

Un éxodo con memoria

Resulta particularmente doloroso escuchar estos ataques —aislados, afortunadamente— en España, porque la historia nos une mucho más de lo que algunos quieren recordar. Durante décadas, Venezuela fue tierra de refugio para miles de españoles que huían de la guerra, del hambre y de la represión. Llegaron con una maleta, con acento herido y con esperanza. Y fueron recibidos con brazos abiertos.

En Venezuela nadie preguntaba por quién habías votado o cuál era tu tendencia ideológica para darte trabajo, techo o pan. Pero sobre todo, afecto y respeto. Se compartía lo poco o lo mucho. Se construyó país juntos. Gallegos, canarios, andaluces, vascos, italianos, portugueses, alemanes… Europa entera echó raíces en Venezuela, y Venezuela los abrazó como hijos.

Por eso duele que hoy algunos pretendan borrar esa memoria y levantar muros morales donde antes hubo mesas compartidas.

Mi historia no es una consigna

Hablaré en primera persona, porque no soy una abstracción sociológica ni una etiqueta ideológica. Soy, entre miles, una víctima de persecución política.

Fui preso más de mil días por disentir de esa dictadura. Mi detención —o más bien secuestro— se produjo el 19 de febrero de 2015. Fui víctima de palizas propinadas por efectivos militares y policiales del régimen, hasta necesitar hospitalización.

Enfrentamos dos golpes militaristas de Estado en el transcurso del año 1992. Vi cómo el poder arbitrario arrasó con la Alcaldía Metropolitana que gané con votos el 23 de noviembre de 2008, para ser reelecto, muy a pesar de ese acorralamiento, en diciembre de 2013. Hice huelgas de hambre para defender los derechos de los ciudadanos.

Y finalmente tuve que organizar mi propia fuga para autoliberarme, después de que fuerzas policiales me sacaran arrastrado brutalmente desde mi “casa por cárcel” en la medianoche del 1 de agosto de 2017.

Vía ABC

Ya avanzada la conversación y con el encuentro oficialmente próximo a su cierre, surgió una cuestión práctica que terminó adquiriendo un claro significado político. María Corina Machado y Donald Trump hablaban de la necesidad de mantenerse en contacto directo en una fase que ambos asumían como abierta e incierta. Fue entonces cuando Susie Wiles, jefa de gabinete, se ofreció a facilitar su número de teléfono para canalizar futuras comunicaciones. Trump la interrumpió y dijo que no hacía falta.

El presidente sacó su propio teléfono, le entregó el número a Machado y fue explícito: se comunicarían directamente y seguirían hablando a partir de ese momento. No como un gesto protocolario, sino como una señal de continuidad. «Vamos a seguir conversando a partir de ahora», le dijo, según relatan fuentes estadounidenses a ABC, sellando una escena que iba más allá del encuentro puntual y situaba la relación en un plano personal y operativo.

Esas fuentes estadounidenses relataron cómo transcurrió una visita fuera de los canales habituales y cuáles fueron las claves del encuentro. Según esas fuentes, Trump actúa con una doble misión claramente definida. Por un lado, quiere mantener el control del proceso de transición y preservar líneas de comunicación con quienes ejercen hoy el poder efectivo en Caracas, incluida Delcy Rodríguez. Por otro, abre con María Corina Machado una interlocución directa para la fase que ahora se inicia.

Según esas mismas fuentes, no sería un caso aislado. Citan como precedente la visita del entonces candidato presidencial polaco Karol Nawrocki, que accedió a la Casa Blanca por un circuito similar, sin convocatoria de prensa y en un formato privado. Aquel encuentro tampoco figuró inicialmente como reunión política formal y se produjo al margen de los actos públicos previstos. Tras verse con Trump en el Despacho Oval, Nawrocki consolidó su perfil internacional durante la campaña y acabaría imponiéndose en las elecciones presidenciales semanas después.

Sin embargo, la visita de Nawrocki, a diferencia de la de Machado, no figuró en la agenda del día. En esta caso, a toda la prensa se le anunció el almuerzo, como un acto en agenda cerrado a la cobertura de prensa.

Esa dualidad quedó patente incluso después de que Machado abandonara la Casa Blanca. De acuerdo con las mismas fuentes, Trump comentó de inmediato a su entorno que la dirigente venezolana le había parecido «una mujer realmente extraordinaria», alguien que «ha sufrido muchísimo» y que, pese a ello, mantiene la determinación de regresar a su país. Al día siguiente, al salir hacia Florida, el presidente lo expresó ante la prensa: «Me dio su Premio Nobel. Pero te diré algo: la conozco. Nunca la había visto antes. Y me impresionó muchísimo. Esta es una muy buena mujer». Mientras tanto, el director de la CIA, John Ratcliffe, ponía rumbo a Venezuela para verse en Caracas con Rodríguez.

Un protocolo estudiado al detalle

Pese a las críticas procedentes del entorno del régimen chavista, Machado fue citada en la West Gate, la puerta de acceso habitual para visitantes que no son jefes de Estado. Es la entrada utilizada por políticos, funcionarios, asesores y personal externo que acude a la Casa Blanca fuera de actos oficiales. La elección de ese acceso no fue casual.

Según fuentes conocedoras del protocolo, se descartó la North Gate, por donde acceden la prensa acreditada, empleados y la mayoría de visitantes, y que implica un registro más visible y, en el caso de extranjeros, la asignación de una escolta permanente. Además, ese acceso discurre ante el cordón habitual de medios, algo que se quiso evitar de forma deliberada para preservar la discreción del encuentro y mantener la visita fuera del circuito público.

Hubo deliberaciones hasta el último momento sobre cómo debía articularse la reunión. La noche anterior no estaba claro si habría presencia de prensa ni qué protocolo se seguiría finalmente. La clave, insisten esas fuentes, era evitar una desautorización integral de Rodríguez, en un contexto de fuerte contestación interna tras la captura de Maduro, la aceptación casi total de las exigencias planteadas por Trump y, sobre todo, el nerviosismo cada vez más evidente de Diosdado Cabello.

Machado habló previamente con Marco Rubio, el jefe de la diplomacia estadounidense, que además la había propuesto para el Nobel. Llegó en torno a las 12.30 a la entrada de la Casa Blanca, donde fue admitida y trasladada directamente al Ala Oeste. Las visitas de trabajo de bajo perfil, en las que no participa el presidente, suelen derivarse al Edificio Roosevelt, el anexo de granito que alberga las oficinas del vicepresidente y del Consejo de Seguridad Nacional. En este caso, Machado accedió a una zona de espera en el Ala Oeste, donde permaneció hasta que Trump la recibió alrededor de las 13.10.

El presidente le mostró el Despacho Oval, donde conversaron y posaron para varias fotografías, entre ellas una junto a una réplica de la Declaración de Independencia, cuando se cumplen 250 años de su proclamación. Machado hizo entrega de la medalla del Nobel y explicó que se trataba de un gesto de agradecimiento por haber mostrado «fuerza para lograr la paz». Trump la aceptó y pidió a su equipo que estudiara dónde colocarla, recordando que en la Sala Roosevelt ya cuelga el Premio Nobel concedido a Theodore Roosevelt por su mediación en la guerra entre Rusia y Japón.

Era un día de intensa actividad en la Casa Blanca, con la rueda de prensa diaria de la portavoz en marcha. Tras el encuentro en el Despacho Oval, el presidente acompañó a Machado al comedor privado del Ala Oeste, una sala pequeña situada junto al despacho presidencial, a la que se accede por un breve pasillo junto al estudio privado del presidente.

Se trata de un espacio de capacidad reducida, normalmente para unas seis personas sentadas, que se utiliza para comidas informales, reuniones discretas y encuentros bilaterales, y en ocasiones para seguir la actualidad en televisión o mantener conversaciones de trabajo fuera del Despacho Oval. Cuenta con una pequeña despensa anexa atendida por personal de servicio.

Allí, Trump hizo pasar finalmente a su jefa de gabinete, Susie Wiles; al secretario de Estado, Marco Rubio, y al vicepresidente, J. D. Vance. Una comida breve, de menos de una hora, con los cuatro dirigentes de mayor peso político de la Administración, junto al secretario de Defensa, y el núcleo con el que el presidente suele tomar las decisiones más sensibles.

En su intervención pública el día tras el encuentro, Machado afirmó que Trump le transmitió de forma directa que le importan los venezolanos y que ese era el mensaje central que quería llevarse de vuelta: que Estados Unidos y el presidente «se preocupan plenamente» por la vida y el bienestar de la gente, desde los presos políticos hasta las familias golpeadas por la pobreza y la desnutrición. Dijo que habló con él de la represión y de la urgencia de liberar y realmente «hacer libres» a los detenidos, y presentó la reunión como parte de un proceso «complejo y delicado» hacia una transición democrática, con la promesa de que Venezuela «va a ser libre» con el apoyo de Estados Unidos.

El encuentro estaba previsto para concluir antes de las 14.00, pero se fue prolongando. Trump se alargó, claramente cómodo, y finalmente ella abandonó la reunión unos 45 minutos más tarde de lo previsto. Tras la visita, el Servicio Secreto la condujo a una zona restringida y vallada, un perímetro de seguridad de implantación reciente, para que pudiera saludar a los venezolanos que la esperaban, antes de poner rumbo al Capitolio.

Vía LaPatilla

Delcy Rodríguez prescindió este viernes 16 de enero de los servicios de Alex Saab en el gabinete chavista, removiéndolo de su cargo como Ministro de Industrias y Producción Nacional. En una movida administrativa que disolvió su despacho mediante una fusión ministerial, el testaferro de Nicolás Maduro que el chavismo convirtió en bandera diplomática quedó fuera del tren ejecutivo, relegado a un destino incierto bajo el eufemismo de «nuevas responsabilidades».

El anuncio, realizado a través de Telegram, confirmó que la cartera de Industria dejará de existir como ente independiente y será absorbida por el Ministerio de Comercio Nacional. Esta maniobra sirvió para entregarle el control total del área a Luis Antonio Villegas, dejando a Saab sin silla en el Consejo de Ministros apenas días después de la instauración del nuevo régimen.

Rodríguez despachó la salida del empresario colombiano con un agradecimiento protocolar por su labor «al servicio de la Patria», una despedida tibia para quien fue vendido durante años como el mártir de la revolución y el arquitecto de la evasión de sanciones. La promesa de que asumirá otras tareas no especificadas sugiere un pase al ostracismo o un retiro estratégico ante la incómoda presencia de un personaje con historial judicial en Estados Unidos dentro de una administración que busca congraciarse con Washington.

La salida de Saab marca el fin de su breve y polémico paso por la gestión pública formal. Su nombramiento había sido el trofeo tras su liberación por parte de la administración Biden, pero en la nueva dinámica de «revisión y adecuación» post-Maduro, su figura parece haberse convertido en un pasivo tóxico para la imagen de renovación que intenta proyectar el interinato de Rodríguez.

Vía AP

Cuando el presidente Donald Trump anunció la audaz captura de Nicolás Maduro para enfrentar cargos de narcotráfico en Estados Unidos, retrató al vicepresidente y asesor de larga data del hombre fuerte como el socio preferido de Estados Unidos para estabilizar a Venezuela en medio de un flagelo de drogas, corrupción y caos económico.

Lo que no se mencionó fue la nube de sospecha que rodeó durante mucho tiempo a Delcy Rodríguez antes de que asumiera como presidenta interina de la asediada nación a principios de este mes.

De hecho, Rodríguez ha estado en el radar de la Administración de Control de Drogas de Estados Unidos durante años y en 2022 incluso fue etiquetado como un «objetivo prioritario», una designación que la DEA reserva para sospechosos que se cree que tienen un «impacto significativo» en el tráfico de drogas, según registros obtenidos por The Associated Press y más de media docena de funcionarios policiales estadounidenses actuales y anteriores.

La DEA ha recopilado un detallado archivo de inteligencia sobre Rodríguez que data al menos de 2018, según los registros, catalogando a sus asociados conocidos y acusaciones que abarcan desde narcotráfico hasta contrabando de oro. Un informante confidencial declaró a la DEA a principios de 2021 que Rodríguez utilizaba hoteles en el balneario caribeño de Isla Margarita «como fachada para blanquear dinero», según los registros. Tan recientemente como el año pasado, se la vinculó con el presunto sicario de Maduro, 
Alex Saab , a quien las autoridades estadounidenses arrestaron en 2020 por cargos de lavado de dinero.

El gobierno estadounidense nunca ha acusado públicamente a Rodríguez de ningún delito. Cabe destacar que, para el círculo íntimo de Maduro, no figura entre los más de una docena de funcionarios venezolanos acusados ​​de narcotráfico junto con el presidente destituido.

El nombre de Rodríguez ha aparecido en casi una docena de investigaciones de la DEA, varias de las cuales siguen en curso, involucrando a agentes en oficinas locales desde Paraguay y Ecuador hasta Phoenix y Nueva York, según supo AP. AP no pudo determinar el enfoque específico de cada investigación.

Tres agentes actuales y anteriores de la DEA que revisaron los registros a pedido de AP dijeron que indican un intenso interés en Rodríguez durante gran parte de su mandato como vicepresidenta, que comenzó en 2018. No estaban autorizados a discutir las investigaciones de la DEA y hablaron bajo condición de anonimato.

Los registros revisados ​​por AP no aclaran por qué Rodríguez fue elevado a «objetivo prioritario», una designación que requiere documentación exhaustiva para justificar recursos de investigación adicionales. La agencia tiene cientos de objetivos prioritarios en cualquier momento, y tener esta designación no implica necesariamente una acusación penal.

“Estaba en ascenso, así que no sorprende que se convirtiera en un objetivo prioritario debido a su cargo”, dijo Kurt Lunkenheimer, exfiscal federal en Miami que ha llevado múltiples casos relacionados con Venezuela. “El problema es que cuando la gente habla de ti y te conviertes en un objetivo prioritario, hay una diferencia entre eso y las pruebas que sustentan una acusación”.

El Ministerio de Comunicaciones de Venezuela no respondió a los correos electrónicos solicitando comentarios.

La DEA y el Departamento de Justicia de EE. UU. tampoco respondieron a las solicitudes de comentarios. Al preguntársele si el presidente confía en Rodríguez, la Casa Blanca remitió a AP a las declaraciones previas de Trump sobre una «muy buena conversación» que tuvo con la presidenta interina el miércoles, un día antes de que ella se reuniera en Caracas con el director de la CIA, John Ratcliffe .

Casi inmediatamente después de la captura de Maduro, Trump comenzó a elogiar a Rodríguez, y la semana pasada se refirió a ella como una «persona estupenda», en estrecho contacto con funcionarios en Washington, incluido el Secretario de Estado, Marco Rubio.

El interés de la DEA en Rodríguez surge en un momento en que Trump ha buscado instalarla como la administradora de los intereses estadounidenses para navegar en una Venezuela volátil post-Maduro, dijo Steve Dudley, codirector de InSight Crime, un grupo de expertos centrado en el crimen organizado en las Américas.

“El actual gobierno venezolano es un régimen híbrido delictivo. La única manera de alcanzar una posición de poder en el régimen es, como mínimo, instigando actividades delictivas”, dijo Dudley, quien ha investigado Venezuela durante años. “Esto no es un fallo del sistema. Es el sistema”.

Esos sentimientos fueron compartidos por la líder opositora María Corina Machado, quien se reunió con Trump en la Casa Blanca el jueves en un intento de presionar para obtener más apoyo estadounidense a la democracia venezolana.

“El sistema de justicia estadounidense tiene suficiente información sobre ella”, dijo Machado, refiriéndose a Rodríguez. “Su perfil es bastante claro”.

Rodríguez, de 56 años, se abrió camino hasta la cúspide del poder en Venezuela como fiel colaboradora de Maduro, con quien comparte una profunda inclinación izquierdista, derivada de la muerte de su padre socialista bajo custodia policial cuando ella tenía tan solo 7 años. A pesar de culpar a Estados Unidos por la muerte de su padre, trabajó incansablemente, siendo ministra de Asuntos Exteriores y posteriormente vicepresidenta, para atraer la inversión estadounidense durante el primer gobierno de Trump, contratando a cabilderos cercanos a Trump e incluso ordenando a la petrolera estatal que donara 500.000 dólares a su comité inaugural.

La ofensiva de seducción fracasó cuando Trump, impulsado por Rubio, presionó a Maduro para que celebrara elecciones libres y justas. En septiembre de 2018, la Casa Blanca sancionó a Rodríguez , describiéndola como clave para el control del poder de Maduro y su capacidad para consolidar su régimen autoritario. Anteriormente, también había sido sancionada por la Unión Europea .

Pero esas acusaciones se centraron en su amenaza a la democracia de Venezuela, no en ninguna supuesta participación en actos de corrupción.

“Venezuela es un estado fallido que apoya el terrorismo, la corrupción, los abusos de derechos humanos y el narcotráfico en las más altas esferas. Este análisis no tiene nada de político”, afirmó Rob Zachariasiewicz, veterano exagente de la DEA que dirigió investigaciones sobre altos funcionarios venezolanos y ahora es socio director de Elicius Intelligence, una firma especializada en investigaciones. “Delcy Rodríguez ha formado parte de esta organización criminal”.

Los registros de la DEA a los que tuvo acceso AP ofrecen una visión sin precedentes del interés de la agencia en Rodríguez. Gran parte de este interés provenía de la División de Operaciones Especiales, la misma unidad con sede en Virginia que colaboró ​​con los fiscales en Manhattan para acusar a Maduro.

Uno de los registros cita a un informante confidencial anónimo que vincula a Rodríguez con hoteles en la Isla de Margarita que presuntamente se utilizan como fachada para lavar dinero. La AP no ha podido confirmar la información de forma independiente.

Estados Unidos ha considerado desde hace tiempo esta isla turística, al noreste de Venezuela continental, como un centro estratégico para las rutas del narcotráfico hacia el Caribe y Europa. Numerosos narcotraficantes han sido arrestados o se han refugiado allí a lo largo de los años, incluyendo representantes del cártel de Sinaloa de Joaquín “El Chapo” Guzmán.

Los registros también indican que los federales estaban investigando la participación de Rodríguez en contratos gubernamentales otorgados al aliado de Maduro, Saab, investigaciones que siguen en curso incluso después de que el presidente Joe Biden lo indultara en 2023 como parte de un intercambio de prisioneros por estadounidenses encarcelados en Venezuela.

El empresario colombiano se convirtió en uno de los principales intermediarios de Venezuela cuando las sanciones estadounidenses le impidieron el acceso a divisas y a la banca occidental. Fue arrestado en 2020 por cargos federales de lavado de dinero mientras viajaba de Venezuela a Irán para negociar acuerdos petroleros que ayudaron a ambos países a eludir las sanciones.

Los registros de la DEA también indican el interés de los agentes en la posible participación de Rodríguez en presuntos acuerdos corruptos entre el gobierno y Omar Nassif-Sruji, cuñado de su pareja de muchos años, Yussef Nassif. Nassif-Sruji y Nassif no respondieron a los correos electrónicos ni a los mensajes de texto en busca de comentarios.

Las empresas registradas por los dos hermanos en Hong Kong recibieron más de 650 millones de dólares en contratos del gobierno venezolano entre 2017 y 2019 para importar alimentos y medicamentos para diálisis, según copias de los contratos obtenidos en 2021 por el medio de periodismo de investigación venezolano Armando.info .

En conjunto, las investigaciones de la DEA ponen de relieve cómo se ha ejercido el poder durante tanto tiempo en Venezuela, considerada el tercer país más corrupto del mundo por Transparencia Internacional. Para Rodríguez, también representan una especie de espada afilada sobre su cabeza, lo que refuerza la amenaza de Trump, poco después del derrocamiento de Maduro, de que pagaría un precio muy alto, probablemente mayor que el de Maduro, si no se sometía. El presidente añadió que quería que ella proporcionara a Estados Unidos acceso total a las vastas reservas de petróleo y otros recursos naturales del país.

“El solo hecho de haber liderado un régimen altamente corrupto durante más de una década justifica que sea un objetivo prioritario de investigación”, declaró David Smilde, profesor de la Universidad de Tulane que ha estudiado Venezuela durante tres décadas. “Sin duda, ella lo sabe, y eso le da al gobierno estadounidense influencia sobre ella. Podría temer que, si no cumple con las exigencias de la administración Trump, podría acabar siendo acusada como Maduro”.

Vía New York Times

Durante su primer discurso sobre el Estado de la Unión el jueves, Delcy Rodríguez, líder interina de Venezuela, caminó por la cuerda floja política.

La Sra. Rodríguez se hizo eco de la ardiente retórica antiimperialista utilizada por sus predecesores en el discurso, que dijo haber coescrito con Nicolás Maduro apenas horas antes de que fuera capturado por comandos estadounidenses, y lanzó una ofensiva verbal contra Estados Unidos.

Al mismo tiempo, también pareció seguir la agenda del presidente Trump al decir que estaba abriendo los campos petroleros de Venezuela, una demanda específica del gobierno de Estados Unidos, y liberando a los presos políticos, lo que Trump ha llamado «un gesto muy importante e inteligente».

“No tengamos miedo de la diplomacia”, dijo.

El gobierno de Trump ha amenazado a Rodríguez con consecuencias «peores que las de Maduro» si no cumple con los intereses estadounidenses. Maduro se encuentra actualmente en una prisión de Brooklyn a la espera de juicio.

Aun así, pidió a los asistentes honrar a “todos los héroes y heroínas que murieron en combate” contra Estados Unidos, al que llamó “el agresor invasor”, y dijo que la captura de Maduro y su esposa, Cilia Flores, había cruzado una línea.

“Atacaron, agredieron, asesinaron, invadieron y secuestraron al presidente Maduro y a la primera dama”, dijo. “Hay una mancha en las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela”.

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Al hablar ante la Asamblea Nacional en la capital, Caracas, durante unos 40 minutos, la Sra. Rodríguez intentó enviar un mensaje de estabilidad a una nación incierta respecto de su futuro, aunque algunas de sus afirmaciones parecen ser cuestionadas por la realidad sobre el terreno.

Venezuela, afirmó, ya se encontraba en una senda de recuperación económica antes de la reciente incursión estadounidense, impulsada principalmente por el sector petrolero. Añadió que el país logró cero importaciones de combustible el año pasado, una novedad en más de una década, ya que la producción de petróleo alcanzó los 1,168 millones de barriles diarios en diciembre, según una diapositiva que presentó.

Sin embargo, una encuesta reciente de Gallup reveló que tres de cada cinco venezolanos tuvieron dificultades para comprar alimentos el año pasado, una de las tasas más altas de la región. Alrededor del 90 % de los venezolanos vive en la pobreza, según organismos de control independientes. Informes recientes indican una fuerte disminución en la producción petrolera debido al deterioro de la infraestructura y a los efectos del bloqueo naval estadounidense.

Durante su discurso, la Sra. Rodríguez, quien hasta la captura de Maduro fue ministra de petróleo del país mientras se desempeñaba como su vicepresidenta, llamó a los legisladores a aprobar un proyecto de ley que permitiría abrir campos petroleros “donde no hay infraestructura” y “nunca se ha hecho inversión”.

La medida parecía diseñada para satisfacer demandas específicas de Estados Unidos, lo que podría dar a las compañías petroleras estadounidenses acceso a reservas petroleras sin explotar. Sin embargo, la propuesta podría indicar un cambio con respecto a las políticas anteriores implementadas por el predecesor de Maduro, Hugo Chávez, quien priorizó la nacionalización estatal.

“Ante la agresión y una amenaza feroz, estamos forjando una alianza energética definida por la decencia, la dignidad y la independencia”, dijo Rodríguez el jueves.

Mientras Trump cenaba con la líder de la oposición venezolana y nueva ganadora del Premio Nobel, María Corina Machado, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, elogió al gobierno interino de Venezuela liderado por Rodríguez.

“Han sido extremadamente cooperativos y, hasta ahora, han cumplido con todas las demandas y solicitudes de Estados Unidos y del presidente”, declaró la Sra. Leavitt a la prensa. “Y creo que todos ustedes han visto cómo se desarrolla eso”.

La señora Rodríguez, añadió, también confirmó que las autoridades venezolanas liberarán a presos políticos, destacando la reciente liberación de cinco ciudadanos estadounidenses.

En su discurso, Rodríguez abordó las liberaciones —que algunos grupos de derechos humanos estiman en unas 84 hasta el momento— aunque acusó a los presos políticos de ser “mercenarios extranjeros que vinieron a matarnos” y de cometer actos criminales “de odio, violencia e intolerancia”.

Pero, agregó, las liberaciones fueron aprobadas “porque el presidente Maduro creyó que debíamos seguir adelante”.

El jueves, la Sra. Machado declaró haberle entregado al Sr. Trump la medalla del Premio Nobel de la Paz, y el Sr. Trump lo confirmó. El acto se interpretó como parte de sus esfuerzos por congraciarse con él. El Instituto Noruego del Nobel declaró previamente que el premio no puede revocarse, compartirse ni transferirse a terceros.

En el pasado, la Sra. Machado ha acusado a la Sra. Rodríguez de ser parte de la maquinaria represiva de la administración de Maduro y de actuar como el principal punto de contacto de Venezuela con Rusia, China e Irán.

“Venezuela tiene derecho a tener relaciones con China, con Rusia, con Cuba, con Irán, con todos los pueblos del mundo”, respondió Rodríguez durante su discurso televisado, “y también con Estados Unidos”.

Luego pareció enviarle un mensaje a la Sra. Machado.

“Si un día, como presidenta interina, tengo que ir a Washington, lo haré con la cabeza en alto, caminando, no de rodillas”, afirmó.

Vía OilPrice

Las compañías petroleras internacionales no pierden tiempo en demostrar la seriedad con la que Washington y Caracas quieren reactivar la industria petrolera venezolana. Y su exigencia inicial es sorprendentemente contundente: si vamos a invertir, necesitamos controlar nuestros barriles.

Según fuentes de Reuters, ejecutivos y abogados petroleros internacionales presionan para que se modifique rápidamente la ley de hidrocarburos de Venezuela, lo que permitiría a los socios extranjeros exportar directamente el petróleo que producen, en lugar de entregárselo a la petrolera estatal PDVSA para que lo venda en su nombre. La petición es, por definición, limitada. Afirman que se debe mantener a PDVSA como accionista mayoritario, pero que los socios internacionales controlen su participación en la producción, accedan a las terminales de exportación y, lo más importante, reciban sus pagos rápidamente.

Es probable que las compañías petroleras sean muy estrictas con este último punto. Bajo el marco actual, PDVSA controla las ventas y deposita los ingresos en cuentas de empresas conjuntas. Ese sistema colapsó bajo las sanciones estadounidenses , dejando miles de millones de dólares adeudados a socios como Chevron, ENI y Repsol. Para las compañías petroleras con buena memoria, Venezuela no carece de geología, sino de confianza.

La industria también está presionando para derogar los impuestos adicionales impuestos a la ley en 2021, que llevaron la recaudación del gobierno venezolano a algunos de los niveles más altos de Latinoamérica. Las empresas están indicando que pueden vivir con las regalías y el impuesto sobre la renta. Los impuestos adicionales, las tarifas opacas, las ventas controladas por PDVSA, los pagos retrasados ​​o los contratos abiertos a la interpretación, no tanto.

Esta campaña de presión legal encaja perfectamente con la estrategia general de la administración Trump. Según una entrevista con Axios el viernes, el secretario de Energía, Chris Wright, afirmó que Estados Unidos busca acuerdos de petróleo y minerales críticos con Venezuela como parte de un plan para estabilizar la economía del país y desviar las exportaciones de China. El objetivo, según Wright, es una mayor producción, flujos más limpios y un entorno empresarial más predecible, sin subsidios del gobierno estadounidense.

Lo que está surgiendo es una alineación pragmática. Washington quiere que el petróleo fluya bajo la supervisión estadounidense. Las compañías petroleras quieren control de las exportaciones y claridad jurídica. Caracas quiere flujo de caja e inversión para ayer.

Por Rafael Gallegos

Podríamos definir muy someramente Soberanía Petrolera como el ejercicio del control del negocio petrolero. En Venezuela ese dominio implica entre otros aspectos el diseño de Política Petrolera, el Monitoreo de las Operaciones, y – fundamental –   el Destino que se le dé a los beneficios de la industria para impulsar un país próspero.

La ruta de la Soberanía

 A lo largo del siglo XX la Soberanía fue evolucionando desde el vergonzoso “hagan ustedes las leyes” de Juan Vicente Gómez cuando las petroleras objetaron la Ley de 1920, liderada por Gumersindo Torres. Luego el ministro de Fomento de López Contreras, Néstor Luís Pérez elaboró en 1938 una Ley que fue aprobada por el Congreso, y engavetada por presiones de los intereses petroleros internacionales. La Ley de 1943 fue un logro de Medina Angarita y le alargó los pantalones a la relación de Venezuela con su petróleo.

Las siguientes décadas Pérez Alfonzo, Betancourt, Caldera, Villalba y otros líderes lograron incrementar la participación de Venezuela en el negocio. Su política se refleja en el llamado Pentágono Petrolero: No más Concesiones, Participación Razonable, CVP, OPEP`, y Conservación y Comercio de los Hidrocarburos. Luego vendría la Nacionalización de 1976 y la Apertura de los años noventa con su incorporación de capitales privados. Finalmente el petróleo en “revolución” de este siglo, donde el total control del negocio devino en un total descontrol.

Nuestra tendencia histórica ha sido ejercer Soberanía sobre el negocio petrolero.  Unas veces usando las rentas para sembrar el petróleo y lamentablemente otras veces (verbigracia…) para producir eriales.

Hoy – esperemos sea muy temporal – Venezuela enfrenta la mudanza de su Soberanía Petrolera hacia Estados Unidos. Aspecto que además de inconcebible, consideramos innecesario.

Las razones de Trump

Estados Unidos asoció su Seguridad Energética al control del petróleo venezolano. Ellos han expresado “el petróleo que nos robaron”, como si en 1976 no se hubiera acordado indemnizaciones y pagos de tecnología. Y como si durante décadas el negocio venezolano no hubiera dado pingues -muy pingues- ganancias a las transnacionales. 

La deudas generadas por las expropiaciones (realmente confiscaciones) del 2007, fue llevada a tribunales, que determinaron a favor de Conoco 12.000 millones de dólares, y de Exxon 2.000. A estas deudas corresponde su cancelación por vías adecuadas, como en todos los países civilizados.

En síntesis, Estados Unidos ha propuesto la “administración indefinida” del petróleo venezolano. Es decir, la “suspensión indefinida” de la Soberanía venezolana sobre su negocio petrolero.

Política equivocada

Hay muchas razones que nos indican que la tutela norteamericana sobre el petróleo venezolano además de inaceptable… no es acertada.

1.    Capacidad…Venezuela es el país con más técnicos petroleros por kilómetro cuadrado, los mismos que lograron colocar a Pdvsa como “la segunda petrolera del mundo”, y luego de la obligatoria emigración por el insólito despido durante el conflicto 2002- 2003, han contribuido a impulsar industrias de otros países.

O sea, los venezolanos tenemos capacidad – de sobra- para “administrar” nuestro negocio.

2.    Paradigma compartido… Los expertos petroleros venezolanos, en general coinciden con Estados Unidos en cuanto a la incorporación de capitales privados con la participación de empresas privadas y mixtas en el negocio. Coinciden con el gobierno norteamericano en que el daño de Pdvsa es monumental y que el retorno a la Pdvsa anterior (azul) no es viable. Que la industria petrolera para convertirse en productiva debe – cual gusano de seda – metamorfosear a Pdvsa para dar paso a una mariposa… la nueva industria petrolera.

3.    Los capitales no “llueven”, se insertan… No se trata de soplar y hacer botellas. Para construir una nueva industria petrolera, no basta con subir la producción de petróleo o de gas. Hay muchos bemoles, refinación, mercado interno, recuperación de infraestructura.

El capital nacional e internacional no “lloverá” sobre la industria, la lógica financiera indica que debe insertarse en el sistema de manera perfecta – tal como un lego- , a objeto de enriquecer el proceso y maximizar los beneficios tanto para Venezuela como para los inversionistas.

 Los capitales para venir a nuestra industria petrolera requieren seguridad operacional, leyes adecuadas, confianza en autoridades. Tal como manifestaron muy importantes potenciales inversores en la reunión de la Casa Blanca en su renuencia a “llover” sus inversiones.

Por estas razones, poco agrega el tutelaje norteamericano al futuro de la industria petrolera. La tutela es una política equivocada porque agrega muchísimo menos valor, tanto para Venezuela como para USA, sobre todo en el largo plazo. No hay que olvidar que los horizontes económicos del negocio petrolero son de por lo menos veinte años.

La ruta para una nueva industria

Los capitales deben tener certeza en su retorno. Deben sentir confianza en las autoridades. Percibir un marco legal adecuado, donde destaque por ejemplo una Ley Orgánica de Hidrocarburos (LOH) que refleje la visión sistémica de una industria petrolera próspera a lo largo de la cadena de valor, que exprese métodos y formas de compensación para la incorporación de los capitales. No se trata de parchetes que simplemente faciliten la inversión, sino de una concepción sistémica de un negocio sistémico. Una LOH moderna, que contemple Agencias de Energía que selecciones los paquetes energéticos, Rondas de Licitación, regalías e impuestos flexibles y competitivos.

Y un Ministerio muy eficiente que diseñe las políticas petroleras y fiscalice y monitoree la actividad.

Todas éstas actividades las deben adelantar técnicos venezolanos, y dadas las circunstancias (que sí son excepcionales), con asesoría (no tutela), e impulso financiero norteamericano.

Sería la manera de hacer las cosas de manera integral y largoplacista, de realmente traer inversiones en poco tiempo a lo largo de la cadena de valor, de multiplicar la producción de petróleo y gas, mejorar las refinerías y el deteriorado mercado interno, promover una petroquímica de primer mundo, y utilizar los beneficios de la industria para (así suene demodé) sembrar el petróleo. Y la siembra del petróleo incluye la implantación de una sólida democracia que día a día incremente la prosperidad del país. Tengamos claro que sin democracia no hay desarrollo.

No se trata de traer inversiones internacionales apuradas y por traerlas. Muchos no vendrán si no hay condiciones. Ya lo han expresado importantes transnacionales petroleras. Se trata del desarrollo de una industria petrolera, que por sus particularidades, distancias, tecnologías, tipos de crudo, costumbre, etc., es muy cercana – casi hasta la simbiosis – con Estados Unidos.

La Tutela, mal negocio para Estados Unidos

Para Estados Unidos el verdadero negocio a largo plazo no es la tutela. En el corto plazo – no bastan las rimbombancias y falsas expectativas- apenas se incrementará la producción en unos cientos de miles de barriles, mientras que a largo plazo se puede incrementar hasta cuatro o cinco millones, reflejándose en todas las áreas de la industria, e impactando positivamente al país.         

Además, la tutela genera resquemores, da banderas a políticos inescrupulosos, y puede generar (la historia está llena de ejemplos) serios conflictos en el mediano plazo.

El verdadero negocio para Estados Unidos – y para los venezolanos- dadas la coincidencia de paradigmas y la inmensa capacidad de gestión petrolera de nuestros técnicos, es dar paso el ejercicio de la Soberanía Petrolera en Venezuela.

Además, es lo correcto.

Luego de la reunión de la líder opositora venezolana con el Presidente de lo Estados Unidos de Norteamérica, el dirigente de Vente Venezuela, Omar González Moreno, afirmó que “María Corina Machado y Donald Trump aceleran la liberación de Venezuela».

Aseveró que la visión estrategia y geopolítica del mandatario estadounidense y el compromiso inquebrantable de lucha de la “Dama de Hierro” venezolana han generado acciones que permitaran un pronta y completa  liberación del país.

El integrante del equipo de campaña de María Corina Machado aseguró  que Venezuela es pieza esencial para el cambio integral de las dinámicas en Latinoamérica y de otros paises del mundo. 

“Hemos visto cómo la caída de Maduro significó no sólo un punto de inflexión para Venezuela, para dejar atrás a un régimen criminal que arruinó al país, sino que está cambiando las dinámicas en el mundo petrolero y en el eje socialista latinoamericano”, indicó.

Omar González fue tajante al decir que el encuentro entre Trump y Machado es el principal paso para la reconstrucción efectiva y manifiesta de la nueva Venezuela que se aproxima.

Gracias 

El avezado dirigente político y connotado periodista expresó su agradecimiento a Donald Trump por dar “el paso decisivo para acabar con el socialismo destructor y corrupto”.

Extendió sus palabras de agradecimiento a “todos nuestros aliados internacionales que siempre han defendido la causa de la libertad y la democracia en Venezuela. Gracias a todos”.

Libertad total

González Moreno indicó que “esta lucha se centra en puntos centrales y inmediatos, entre esos últimos está la importancia urgente de lograr la liberación de todos los presos políticos”.

“Nuestra atención tambien está centrada en la necesidad de obtener la liberación inmediata, total, incondicional y verificable de todos los presos políticos, que al iniciar este año eran alrededor de mil venezolanos inocentes”, dijo.

Exhortó a las organizaciones políticas democráticas a respaldar inequívocamente la liberación de los presos políticos y la defensa de los Derechos Humanos  en Venezuela.

“La libertad venezolana empieza con la libertad de todos los presos de consciencia”, subrayó.

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