Morfema Press

Es lo que es

DBuford

Vía Semana

Para la periodista, María Corina nunca decepciona; ha sido coherente a lo largo de toda su vida. No hay nadie que tenga la capacidad de unir a todos los grupos como ella.

El 2025 fue un año de contrastes sociales y políticos, tanto en la región como en el mundo entero. Guerras que destruyeron parte del Medio Oriente, desastres naturales, elecciones que reconfiguraron el mapa geopolítico de las naciones y sus relaciones con el mundo, fluctuaciones en la economía del planeta y diversos hechos que, como cada año, pusieron a prueba una vez más a la humanidad.

En Colombia, la situación no fue menor. Como lo describió Salud Hernández-Mora, el 2025 agonizó con el decreto de aumento del salario mínimo, que se ubicó en un escenario “electorero” y “descarado” con 15 puntos por encima de la inflación.

También, cerró con un cambio inesperado de la cúpula militar que, en palabras de Hernández-Mora, está “destinada exclusivamente a que unos generales troperos fracasen de manera estrepitosa, porque solamente con la aplicación de la subida salarial se les va el escaso presupuesto en defensa que les han dejado para el próximo año”.

Pero en medio de la crisis que atraviesa el país, el hemisferio y el mundo, Salud Hernández-Mora hizo un llamado a la esperanza y a cerrar el año de la mejor manera, destacando a una mujer que “nos ha devuelto la fe en la clase política, que demuestra que todavía quedan líderes capaces de sacrificar su vida por la libertad de su país”.

El personaje del año de Salud Hernández-Mora, sin duda alguna, fue la dirigente política venezolana María Corina Machado, quien, después de permanecer meses viviendo en la clandestinidad escondida del régimen de Nicolás Maduro, cerró su año recibiendo el bien merecido Nobel de Paz, por su inagotable lucha por restablecer la paz y el orden constitucional en su país.

Hernández-Mora, quien le siguió los pasos a Machado hasta Oslo, Noruega, destacó del personaje del año su lucha incansable por “disfrutar de unas libertades y unos derechos que solo apreciamos cuando los perdemos”.

“María Corina Machado es, sin duda, el personaje del año, el ejemplo a seguir. Y en el 2026 recogerá los frutos de todo lo que ha sembrado durante tanto tiempo; ella y los venezolanos. Veremos una Venezuela libre y después vendrá Nicaragua y luego Cuba”, destacó la periodista.

Para Salud Hernández-Mora, María Corina nunca decepciona; ha sido coherente a lo largo de toda su vida. No hay nadie que tenga la capacidad de unir a todos los grupos como ella, no solo a la oposición, sino también a la población.

El presidente de ColombiaGustavo Petro, dijo el martes (30.12.2025) que Estados Unidos bombardeó una fábrica de cocaína en la ciudad venezolana de Maracaibo, a la que vinculó con la guerrilla colombiana ELN.

El lunes, el presidente estadounidense Donald Trump dijo que su país destruyó un muelle venezolano usado presuntamente para el narcotráfico, en lo que sería el primer ataque terrestre de su ofensiva contra los carteles de drogas en América Latina.

«Sabemos que Trump bombardeó una fábrica, en Maracaibo, tememos que mezclan allí la pasta de coca para hacerla cocaína», dijo Petro en X sin aclarar si se trata del mismo episodio anunciado por Trump.

En su larga publicación, Petro relacionó la instalación con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), guerrilla colombiana que controla la producción de cocaína en la región del Catatumbo, en la frontera con Venezuela.

«Es simplemente el ELN. El ELN está permitiendo con su traqueteo (narcotráfico) y su dogma mental, invadir Venezuela», dijo Petro.

Maduro guarda silencio

Según el centro de investigación Insight Crime, el ELN opera tanto en Colombia como en Venezuela, donde se financia con tráfico de drogas y extorsiones.

Trump afirmó el lunes que en el ataque estadounidense «hubo una gran explosión en el área del muelle donde cargan las embarcaciones con drogas», pero no presentó otros detalles.

El presidente estadounidense no precisó si fue una operación militar o de la CIA, ni dónde ocurrió el ataque. Se limitó a señalar que fue «a lo largo de la costa».

El gobierno venezolano de Nicolás Maduro no se ha pronunciado sobre el ataque.

Washington avanza desde septiembre una campaña de bombardeos en el Caribe y el Pacífico contra embarcaciones de supuestos narcotraficantes, que ya ha dejado más de un centenar de muertos.

Trump lleva semanas diciendo que Estados Unidos «pronto» comenzará a realizar ataques terrestres contra los cárteles de la droga en América Latina, y el anunciado por el republicano parece ser el primero.

DW

Por Benjamin Tripier

Hoy la probabilidad de que se cierren (shut-in) pozos en Venezuela por acumulación de inventarios es alta, y de hecho ya comenzó en la Faja del Orinoco por falta de capacidad de almacenamiento y restricciones a las exportaciones; ya desde el 28 de diciembre arrancó con un recorte estimado de 25% de la producción de esa zona y cerca de 15% del total nacional. ​

Reactivarlos luego es posible, pero puede ser costoso y técnicamente complejo, sobre todo en crudos pesados como los de la Faja, donde los largos periodos de cierre degradan el comportamiento del yacimiento y de las instalaciones. ​

Informes de mercado señalaban desde mediados de diciembre que Venezuela estaba cerca del máximo de su capacidad de almacenamiento (alrededor de 35 millones de barriles), y que, de llenarse, la empresa se vería obligada a “shut-in” parte de la producción, que es cuando se colocan barreras físicas (válvulas para  petróleo, gas, agua) desde el yacimiento hacia la superficie, ya sea temporalmente para estabilizarlo, prepararse para pruebas, controlar una arremetida (como en este caso con un aumento relativo de flujo) o por razones operacionales/de mercado, aislando el pozo del ambiente externo para controlar la presión y seguridad.​

Cerrar un pozo por razones operativas o de mercado no es lo mismo que abandonarlo definitivamente.

  • En un shut-in temporal de un pozo productor ya completado, los pasos típicos incluyen:
    • Cerrar válvulas en superficie y asegurar el pozo con presión controlada
    • Estabilizar la columna de fluidos con lodos u otros fluidos para mantener control de presión, y registrar presiones estáticas para monitoreo.
    • En shut-ins de mayor plazo, retirar parte del equipo de superficie, instalar empaques o tapones mecánicos internos y ajustar programas de inhibidores de corrosión o de incrustaciones​
  • El cierre definitivo (plugging and abandonment) ya implica:
    • Limpieza del pozo, retiro de tubing y equipos de fondo
    • Colocación de tapones de cemento en zonas críticas (casing shoe, zonas productoras, superficie) y restauración del sitio ​

Reactivar un pozo shut-in es, en esencia, devolverlo a condiciones seguras y económicamente productivas.

  • En shut-ins de corto plazo, la reactivación puede ser tan simple como: inspeccionar el equipo, abrir válvulas, purgar gas o agua acumulada y equilibrar el sistema hasta recuperar caudal ​
  • Si el pozo ha estado cerrado por periodos largos o en crudo pesado, la reactivación suele requerir:
    • Intervención con equipo de pulling / workover para retirar tapones, limpiar parafinas, incrustaciones o arena, y, si aplica, reacondicionar el sistema de levantamiento artificial (bombas, gas lift, etc.)
    • Eventuales tratamientos químicos o térmicos (calentamiento, solventes) para movilizar el crudo y pruebas de producción para ver si el pozo sigue siendo comercial

La facilidad o dificultad de reactivardepende de tres factores clave: tipo de yacimiento, duración del shut-in y condición del pozo.Estudios sobre shut-ins prolongados muestran que entre un 60–70% de los pozos pueden volver a producir en niveles similares tras un cierre, pero hasta un tercio nunca recupera producción comercial, sobre todo en yacimientos complejos o de baja productividad. ​

En crudos pesados como los de la Faja del Orinoco, la reactivación es más difícil porque el enfriamiento de la zona productora, la restauración de la cámara de vapor (si hay inyección de vapor) y fenómenos como bloqueo por aceite o asfaltenos pueden reducir de forma permanente la productividad del pozo. ​

Además, el costo de workovers, calentamiento y reacondicionamiento puede hacer que muchos pozos marginales no justifiquen su reapertura, con pérdida efectiva de reservas recuperables. ​

En síntesis, la posibilidad de cierres por inventarios en Venezuela no solo es real sino ya observable; el verdadero costo vendrá después, en cuántos de esos pozos —especialmente los pesados y marginales— no podrán volver a encenderse en condiciones económicamente viables.

Por eso es que, a esta situación de bloqueo, que en general se percibe como transitoria, no se le está dando la profundidad estratégica que tiene, y que es capaz de cambiar para siempre el perfil de producción, como ya había venido ocurriendo con los pozos de buena graduación API, que en vez de cerrarlos, la revolución los abandonó, llevándonos a la situación de bajar de 3 millones, a 2 millones, a 1 millón, para terminar este año 2025 con menos de 500.000 bpd de producción.

Pero bueno… como parte de los escombros de país que deberemos remover para reconstruir, está también la producción petrolera, ya sin una Pdvsa expoliadora, y en manos de empresas privadas concesionadas para explotar el subsuelo propiedad de todos los venezolanos.

Y debemos asegurarnos que así sea, para que NUNCA MÁS un grupo de facinerosos se crea que el petróleo es del gobierno de turno y se apropie de eso… NUNCA MÁS.

Noticias destacadas

  • Tal Cual (análisis). Resguardados, pero activos: oposición trabaja a la calladita ante despliegue represor. En medio de la persecución y el hostigamiento, tras las elecciones presidenciales de 2024, los adversarios de la administración Maduro se enfocan en la planificación estratégica y la organización con el liderazgo local y comunitario
  • El Mundo: Trump confirma el primer ataque terrestre en Venezuela y asegura que ha vuelto a conversar con Maduro. “Hubo una gran explosión en el muelle donde cargan los barcos con drogas. Atacamos todos los barcos y ahora atacamos la zona”, asegura
  • El País: El presidente afirma que el primer ataque terrestre de Estados Unidos contra el país latinoamericano provocó “una gran explosión”
  • El Pitazo: Empresa Primazol confirma siniestro en uno de sus galpones en el estado Zulia y rechaza rumores vinculados al incidente. Primazol publicó un comunicado para dar a conocer este incidente, ocurrido el 24 de diciembre, y rechazó “las versiones que circulan en redes sociales y que buscan afectar el prestigio de nuestro fundador y de la organización”, aunque no dio detalles sobre estos señalamientos
  • El País: Venezuela responde con indiferencia al anuncio de Trump de un primer ataque terrestre
  • Efecto Cocuyo. Diosdado Cabello desafía a Estados Unidos: «No nos amargarán el Año Nuevo».
  • Bloomberg: Venezuela empieza a cerrar pozos petroleros mientras el bloqueo de Estados Unidos frena los flujos.
    • Pdvsa comenzó a cerrar pozos en la faja del Orinoco el 28 de diciembre, después de que la estatal se quedó sin espacio de almacenamiento y los inventarios se dispararon, según dos personas familiarizadas con el tema que pidieron no ser identificados por tratarse de asuntos internos.
    • Pdvsa apunta a reducir la producción de la faja del Orinoco en al menos 25%, hasta 500.000 barriles diarios, dijeron las fuentes. La disminución representa un recorte de 15% sobre la producción total de Venezuela, que ronda los 1,1 millones de barriles por día.
    • Inhabilitar los pozos es visto como un último recurso debido a los desafíos operacionales y los altos costos para reiniciarlos, dijo una de las personas.
  • Bloomberg: Buques de Chevron descargan petróleo venezolano en Estados Unidos pese al bloqueo (el extraño acuerdo con Chevron… ¿dónde está el beneficio del chavismo? Porque no cabe duda de que algo hay para ellos, en cash… de otra forma no estarían allí).
  • The Wall Street Journal: Trump amenaza con una nueva acción militar junto con Israel contra Irán. El presidente Trump afirmó que apoyaría un ataque israelí para impedir que Irán reponga su arsenal de misiles y que Estados Unidos tomaría medidas si Teherán intentara reconstruir su programa nuclear.

Lo que no fue noticia (y debería serlo)   

  • Que en el campo de los expertos petroleros se especula que la salida del petróleo bloqueada por Estados Unidos, puede salir para exportación por el Arauca a través del oleoducto Caño Limón, hacia el puerto de Coveñas en el Caribe. Si bien la infraestructura de conexión existe, requiere mantenimiento mayor tras años de abandono, y sabemos que Pdvsa no se caracteriza ni por el mantenimiento, ni por la recuperación. Además, el crudo venezolano requiere diluentes, por diferencia en la graduación API, que si no se diluye bien podría hasta taponar el ducto. Además de que Colombia usa gran parte de la capacidad para su propia producción, dejando disponibles entre 30.000 y 50.000 bpd excedentes. Sin dejar de lado que el Arauca es zona de guerra, con el ELN controlando ambos lados de la frontera y cobrando «vacunas», o saboteando el tubo por razones políticas. Ecopetrol, a diferencia de Pdvsa, es una empresa seria que cotiza en la Bolsa de Nueva York; que, si procesara crudo venezolano sancionado sin licencia de la OFAC, se arriesgaría a sanciones que quebrarían a la empresa colombiana; porque mientras Estados Unidos mantenga la presión, cualquier barril que salga por Coveñas con ADN venezolano será detectado por el rastreo de transacciones bancarias. Una vez más fantasías de chavistas tratando de sostener lo insostenible: eso ya se acabó… y sería bueno que así lo entiendan.
  • Ni que las distancias son impresionantemente largas para esa “solución chavistoide”, porque si bien la tubería que une Guafita con Caño Limón es de apenas unos pocos kilómetros (cruzando el río Arauca), el crudo de la faja del Orinoco debería viajar cientos de kilómetros dentro de Venezuela antes de llegar a ese punto. Y para que sea rentable y pudiera generar algún flujo de caja (que es la necesidad vital del gobierno de facto), debería mover al menos 100.000 bpd; la realidad es que, por capacidad remanente y presiones técnicas, difícilmente superaría los montos mencionados entre 30.000 y 50.000 bpd. Y para llegar a ese punto hace falta tiempo, dinero y capacidades técnicas… sabiendo que el chavismo no cuenta con ninguno de los tres.
  • O que el panorama económico que tenemos, y con el que comenzaremos el año 2026, es catastrófico; el “mercado” es cada vez más pequeño, y el “no mercado” o mercado especial de baratijas y residuos aumenta de manera impresionante… Tal vez Encovi debería sacar una edición especial poniendo énfasis en lo que llamamos (y yo personalmente llamo desde hace muchos años) “la base de la pirámide” … el Tesoro de Prahalad… que él lo escribió para gente que recibía entre uno y dos dólares al día… y en nuestro caso estamos en esos números, pero por mes. Esa gente, 90% del país, lo está pasando muy mal, y lo pasará peor. Cada día que se atrasa por algún motivo la salida del chavismo destructor, del gobierno, es un día más de muertes por falta de atención médica y hasta por hambre. El pueblo llano de Venezuela necesita desesperadamente que se vayan y que se hagan cargo Edmundo y María Corina, que tienen suficiente sensibilidad social como para ocuparse, primero que nada, de los pobres… y comenzar a nivelar la sociedad, hacia arriba, logrando que el índice de GINI se estabilice y que las diferencias se aplanen… Y eso, señores, solo lo logra el mercado y la libre empresa. En un ambiente de gobernabilidad positiva que suavice la transición
  • Tampoco que los índices de inflación y proyecciones para 2026, con tasas de tres dígitos y riesgo de regreso a hiperinflación, ocurren mientras el gobierno de facto oculta cifras oficiales desde 2024.​ Consumidores y pequeños comerciantes viven en una doble realidad: usan dólares para proteger ingresos, pero las tarifas públicas, impuestos y muchos salarios siguen anclados en bolívares que se deprecian con rapidez.​ Esta asimetría castiga más al trabajador formal y al pequeño negocio que no puede remarcar precios al ritmo del tipo de cambio, mientras los actores grandes con acceso a divisas y a importaciones absorben mejor el shock y concentran mercado. Para el empresario, la paradoja es clara: vende más unidades, pero con márgenes comprimidos por costos importados y de reposición; para el consumidor, la “mejora” se limita a compras puntuales sostenidas por remesas o bonos, sin traducirse en seguridad económica estable

Estas líneas se escriben del exilio que no distingue geografías, el destierro venezolano hace tiempo dejó de ser una cuestión de fronteras para convertirse en un estado del alma. A veces, la distancia se mide en kilómetros, otras, en la soledad de una habitación, donde la ausencia de quienes partieron pesa más que cualquier océano. Hay noches de silencio que recordamos, como plegaria laica, por qué seguimos creyendo. La esperanza, en medio de la devastación, no es ingenuidad; es la forma más pura de resistencia.

Se respira hondo, cargando el peso de años que se han incrustado en el pecho como cicatrices de una guerra no declarada. Duele cada noticia que confirma la ruina, cada preso político, cada despedida que se siente definitiva, cada familia fracturada por la necesidad de sobrevivir. Lástima observar a los viejos envejecer en soledad, esperando una llamada para conocer a sus nietos. Duele ver a una generación crecer sin saber a qué sabe un golfeado, no conocer el azul de nuestras playas, sin entender por qué la voz se quiebra cuando se pronuncia la palabra «país».

Pero con la certeza de quien ha visto el fondo del abismo y ha decidido no quedarse allí; este dolor no es el final de la historia. Y si lo fuera, que venga otra dolencia, porque la rendición no está en nuestro código genético.

El 2026 será la reconstrucción del alma nacional, se vislumbra con una claridad que asusta por su realismo. No como utopía inalcanzable, sino como tarea pendiente e impostergable. El respeto absoluto a los Derechos Humanos, una justicia sin dueños, despojada de caprichos, donde la ley no se inclina ante quien grita más fuerte ni ante quien se cree eterno. Se ven escuelas cuyo único objetivo sea enseñar a pensar, a cuestionar, a crear ciudadanos libres, y no a fabricar súbditos obedientes de una ideología. Visualizo una Contraloría independiente que controle de verdad, una Fiscalía que fiscalice sin mirar filiación o carnet, y un poder electoral higiénico, que cuenta votos con frialdad matemática, sin miedo ni favores, mostrando las actas porque en democracia la verdad no se esconde, se evidencia.

Percibo a todos regresando, cargados de lecciones aprendidas a la fuerza, no a reclamar lo perdido, sino a construir lo que no tuvimos. Una república de ciudadanos, una Venezuela vacunada contra el caudillismo, donde ningún «hombre fuerte» pueda volver a secuestrar el destino de millones. Una nación donde «nunca más» deje de ser una frase retórica para convertirse en el artículo primero, tácito e inviolable, de nuestra convivencia.

Sera diferente, el costo ha sido demasiado alto. Sabremos que la indiferencia es complicidad y la defensa de las instituciones no es tarea de políticos, sino deber de cada ciudadano. Serán de hierro, y la transparencia norma, la memoria el antídoto contra la amnesia histórica que nos hizo vulnerables a los encantadores de serpientes.

Venezuela será libre y democrática. No por arte de magia, sino por la terquedad maravillosa de la ciudadanía. Y cuando nos reencontremos en el terruño, la reconstruiremos ladrillo a ladrillo, con la paciencia del artesano y la pasión del que recupera su hogar.

¿Falta poco o mucho? La verdad, es imposible saberlo. Los tiempos de la historia no siempre coinciden con nuestras urgencias. ¿Duele? Muchísimo. ¿Vamos a lograrlo? Si, con el corazón y el alma, con lo que fuimos, somos y seremos.

Nos vemos pronto en Venezuela, tenemos una cita con la república, la promesa de un país posible, y el retorno a la decencia.

Por Maibort Petit en The Epoch Times

Las pruebas estuvieron siempre a la vista. Dispersas, fragmentadas, relegadas a expedientes judiciales, informes de inteligencia, computadoras incautadas y testimonios que durante años nadie quiso conectar entre sí. Hoy, al recomponer ese rompecabezas, emerge una imagen inquietante y coherente: Venezuela no fue simplemente un territorio infiltrado por el terrorismo y el crimen organizado, sino un Estado que los acogió, los financió y los protegió, integrándolos a su propio proyecto de poder.

El caso venezolano trasciende con creces la noción de penetración criminal. Bajo el gobierno de Hugo Chávez, el país se transformó en una plataforma segura para guerrillas colombianas y organizaciones terroristas extranjeras, articuladas en una red que operó con respaldo institucional. No se trató de desviaciones aisladas ni de funcionarios corruptos actuando por cuenta propia, sino de una arquitectura deliberada que convirtió al Estado en pieza funcional de una corporación criminal transnacional.

Esa es la conclusión que se desprende del testimonio del mayor retirado Milton Revilla, exoficial de inteligencia del Ejército venezolano con acceso directo a documentos clasificados, reportes internos y evidencia incautada a líderes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y el Ejército de Liberación Nacional. En una entrevista extensa y minuciosa, Revilla describe cómo el chavismo construyó una estructura que conectó narcotráfico, terrorismo y poder político, con consecuencias que aún hoy sacuden a Iberoamérica.

Durante años, el relato oficial presentó a Venezuela como víctima colateral del conflicto colombiano y de las dinámicas del terrorismo global. Sin embargo, documentos internos, archivos guerrilleros y testimonios provenientes de las propias estructuras de inteligencia revelan una realidad diametralmente opuesta: bajo Chávez, el Estado venezolano dejó de combatir al terrorismo y pasó a administrarlo, protegerlo y potenciarlo como herramienta geopolítica.

El modelo descrito por Revilla no se limitó a afinidades ideológicas ni a gestos de solidaridad política. Involucró financiamiento público, entrenamiento militar, provisión de armas, manipulación del sistema judicial y concesión de identidades legales falsas. El resultado fue un Estado parcialmente capturado por redes terroristas que encontraron en Venezuela un santuario territorial y logístico desde el cual operar, expandirse y sobrevivir a la presión internacional.

La relación con la FARC ilustra con claridad ese proceso. Aunque los contactos iniciales se remontan al encarcelamiento de Chávez tras el intento de golpe de 1992, fue a partir de 1999 cuando los vínculos se institucionalizaron. Un episodio clave fue el secuestro del empresario Richard Boulton en Carabobo, utilizado —según Revilla— como mecanismo de aproximación política. Chávez ordenó entonces al jefe de la Dirección de Inteligencia Militar, Hugo Carvajal Barrios, internarse en territorio colombiano, con autorización inicial del presidente Álvaro Uribe, para negociar la liberación.

Aquel supuesto gesto humanitario se convirtió en el puente de una alianza permanente. Carvajal pasó a ser el enlace exclusivo entre Chávez y la cúpula de la FARC, gestionando inteligencia, logística, protección y armamento. Documentos extraídos de los ordenadores del comandante Raúl Reyes y del jefe del Frente 33, Rubén Zamora, detallan entregas de armas provenientes de Venezuela, incluidas ametralladoras antiaéreas calibre .50. Una de ellas habría sido utilizada para derribar el avión Bronco OV-10 de la Fuerza Aérea Venezolana, en el que murió el teniente Fabián Castellano Varela. Revilla subraya que, a diferencia de otros casos, los archivos de Zamora nunca fueron invalidados, lo que refuerza su peso probatorio.

Pero el apoyo no se limitó al armamento. Según Revilla, el Estado venezolano proporcionó a la FARC un activo aún más estratégico: identidad legal. Alrededor de 600 combatientes en edad militar fueron nacionalizados de forma fraudulenta, aprovechando una modificación legal de 2001 que permitió el registro tardío de nacimientos rurales. Guerrilleros fueron inscritos como nacidos en partos extrahospitalarios en la zona del Catatumbo, obteniendo cédulas, pasaportes y plena movilidad. Gracias a estas identidades, miembros de la FARC circularon libremente incluso hasta Caracas, consolidando a Venezuela como santuario operativo.

El ELN contó con su propio canal institucional. Revilla identifica al entonces ministro y operador político Ramón Rodríguez Chacín como el principal intermediario. La relación se habría forjado en los años noventa, cuando ambos coincidieron en el Centro Penitenciario de los Andes, en Táchira. Ya en el poder, Chávez lo designó como su emisario ante el ELN, permitiendo a la guerrilla establecer casas de descanso en estados como Trujillo y consolidar presencia armada en regiones fronterizas. Otro actor clave fue Francisco Briceño Araujo, quien tras participar en un secuestro aéreo atribuido al ELN fue liberado y ascendido a cargos de seguridad. Revilla describe este esquema como una división funcional del trabajo: Carvajal para la FARC, Rodríguez Chacín para el ELN, ambos reportando directamente a Chávez.

La red se extendió más allá de Colombia. Miembros de ETA [Euskadi Ta Askatasuna] fueron trasladados por la inteligencia venezolana a campamentos de la FARC en el Catatumbo, donde impartieron entrenamiento en explosivos, especialmente bombas lapa y técnicas de sabotaje urbano. Entre ellos figuró Arturo Cubillas, protegido por el Estado venezolano. De forma similar, una célula del Irish Republican Army detectada en Zulia entre 2000 y 2002 recibió protección institucional. El entonces fiscal general Isaías Rodríguez habría ordenado su liberación y regularización, mientras el general que se opuso fue removido.

La convergencia alcanzó un nivel global con la presencia de Hezbollah. Revilla vincula al chavismo con esta organización a través de Ghazi Atef Nassereddine, señalado por intentar intimidar testigos en procesos judiciales en España relacionados con ETA y la FARC. Para el exoficial, esta alianza selló una fusión inédita entre narcotráfico latinoamericano y extremismo islamista, bajo protección estatal venezolana.

El financiamiento fue otro pilar central. La Fundación Renacer operó, según Revilla, como fachada para canalizar fondos públicos hacia la FARC. Rafael Pinilla, testaferro de Rubén Zamora, clonó una ONG colombiana y la registró en Venezuela. Desde la Asamblea Nacional se aprobaron transferencias millonarias destinadas formalmente a proyectos sociales, pero que en la práctica financiaron infraestructura y logística para campamentos de producción de cocaína en el Catatumbo. Cuando la periodista Claudia Gurisatti expuso el esquema, la fundación cambió de nombre. El dinero ya había cumplido su función. Para el chavismo, sostiene Revilla, la cocaína era vista desde el año 2000 como un arma asimétrica destinada a erosionar a Estados Unidos.

Las fuentes citadas —documentos guerrilleros, informes de inteligencia y archivos estatales— apuntan a un patrón consistente. Figuras criminales como alias Iván Márquez, Jesús Santrich y Rodrigo Londoño aparecen vinculadas a oficiales venezolanos como Clíver Alcalá Cordones, Néstor Reverol, Hugo Carvajal Barrios y Henry Rangel Silva, entre otros.

Para Revilla, la conclusión es inequívoca: Venezuela bajo Chávez no fue víctima del terrorismo, sino su patrocinador activo. El modelo no murió con él. Persistió, se adaptó y explica buena parte de las dinámicas criminales que hoy desestabilizan a la región. «Esto no es historia cerrada», advierte. «Es el origen de las crisis actuales».

Las alianzas oscuras forjadas desde el poder estatal continúan proyectando su sombra sobre Iberoamérica, mientras la rendición de cuentas internacional sigue pendiente.

Los resultados de la más reciente encuesta Harvard CAPS / Harris Poll, publicada en diciembre de 2025, revelan un consenso abrumador entre los votantes estadounidenses respecto a la crisis en Venezuela y la legitimidad de su liderazgo actual.

Hallazgos Principales sobre Venezuela

El informe destaca un endurecimiento de la opinión pública hacia el régimen de Caracas:

Ante la pregunta: «Maduro y sus principales colaboradores han sido acusados por los Estados Unidos de narcoterrorismo y otros cargos, y el gobierno estadounidense ofrece una recompensa de 50 millones de dólares por su captura. Maduro perdió las últimas elecciones y ha hundido la economía, pero se ha mantenido en el poder de todos modos y, como resultado, millones de venezolanos han ingresado a los EE. UU.

Dada esta situación sobre el terreno, ¿debería el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ser removido de su cargo o no?»

El 85% afirmó que debería ser removido

Acción Judicial: Entre los que apoyan su salida, el 76% considera que Estados Unidos debería arrestar a Maduro y trasladarlo a territorio estadounidense para enfrentar un juicio.

Amenaza a la Seguridad: El 74% de los votantes identifica al gobierno de Maduro como un «enemigo» de los Estados Unidos, mientras que el 75% lo califica como un dictador

Ante la pregunta «»¿Cree usted que la destitución del presidente Maduro de Venezuela es de interés nacional para los Estados Unidos o que no es de interés nacional?»

Según los datos de este mes, el 66% de los votantes considera que las acciones del régimen de Maduro representan una amenaza directa para la seguridad nacional de los Estados Unidos.

Metodología y Alcance

La encuesta fue realizada entre el 2 y el 4 de diciembre de 2025 bajo la supervisión de Mark Penn (Chairman de The Harris Poll), Stephen Ansolabehere (Harvard CAPS) y Dritan Nesho (HarrisX).

  • Tamaño de la muestra: 2,204 votantes registrados en Estados Unidos.
  • Metodología: El estudio se llevó a cabo de manera online. Los resultados fueron ponderados por edad, género, región, raza/etnia, ingresos y educación para reflejar de manera precisa las proporciones de la población nacional.
  • Margen de error: El margen de error para la muestra total es de +/- 1.99% con un nivel de confianza del 95%.
Sobre Harvard CAPS / Harris Poll

Esta colaboración mensual entre el Centro de Estudios Políticos Americanos de la Universidad de Harvard y The Harris Poll proporciona una visión detallada de los sentimientos de los votantes sobre temas clave de política nacional e internacional, sirviendo como un barómetro crítico para los tomadores de decisiones en Washington.

Por Elizabeth Sánchez Vegas

En el umbral esperanzador del nuevo año, Venezuela aspira a cerrar 2025 con el tañido de campanas renovadoras, pero en su lugar resuena el eco sordo de un silencio que traiciona. Un silencio que emana de los pastores que deberían guiarnos, la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), cuyo Mensaje de Navidad, fechado el 23 de diciembre, se erige no como faro de verdad, sino como velo que oculta la agonía de un pueblo. Como fieles católicos, herederos de una tradición milenaria que ha forjado la identidad venezolana, desde las misiones coloniales hasta las luchas por la independencia impregnadas de fe, no podemos más que elevar nuestra voz en corrección filial, pero con el dolor de quien ve a su madre Iglesia desviarse del camino profético. Este mensaje no anuncia paz; lo profana, lo reduce a una caricatura diplomática que apacigua al opresor y abandona al oprimido. Y en este cierre de año, lamentamos que esta sea la tónica funesta: una Iglesia que, en vez de rugir contra la injusticia, susurra eufemismos, dejan

Recordemos las palabras que los obispos invocan: «Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad» (Lc 2,14). ¿Pero qué gloria se rinde a Dios cuando se ignora el grito de los crucificados modernos? El documento enumera con frialdad clínica las aflicciones externas, tensiones bélicas en el Caribe, sanciones económicas, presencia militar foránea, como si el mal radicara solo en horizontes lejanos.

¡Qué ceguera deliberada! ¿Dónde está la denuncia visceral contra el fraude electoral del 28 de julio de 2024, que robó la voluntad soberana del pueblo y silencia la verdad de nuestro presidente electo, Edmundo González Urrutia? ¿Dónde está el clamor por los presos políticos, esos hermanos nuestros que se pudren en mazmorras por atreverse a pensar en libertad? Se menciona tímidamente la «privación de libertad por pensar distinto», pero sin apuntar el dedo acusador al régimen usurpador, al Estado que orquesta esta sinfonía de terror. Esta omisión no es error; es traición, un puñal en el corazón de la fe que duele porque proviene de quienes portan la mitra.

Nosotros, el pueblo católico venezolano, descendientes de los que erigieron catedrales en la selva y resistieron dictaduras con rosarios en mano, sabemos que esta paz descafeinada contradice el magisterio auténtico de la Iglesia. No el de algunos, sino el de sus predecesores, profetas que no temieron nombrar el mal. Escuchemos a San Juan Pablo II, el papa que enfrentó el comunismo opresor: «Si quieres la paz, trabaja por la justicia. Si quieres la justicia, defiende la vida. Si quieres la vida, abraza la verdad». En el mensaje episcopal de la CEV, la verdad se evade, la justicia se diluye en abstracciones y la paz se convierte en cómplice de la mentira sistémica. O Benedicto XVI, en su encíclica Caritas in Veritate: «Luchar contra la injusticia es promover el bien común de la humanidad». ¿Dónde está esa lucha en el texto de la CEV? En su lugar, un desvío hacia «narrativas especulativas» y «violencia verbal», circunloquios que liberan al régimen de su culpa, mientras el pueblo sufre hambre, exilio y represión

Duele en lo más profundo, porque esta Iglesia, nuestra Iglesia, forjada en el sudor de misioneros y la devoción mariana de Coromoto, parece haber olvidado su vocación profética, aunque sabemos que no toda ella está alineada con esta tibieza: hay pastores, sacerdotes, hermanas religiosas y fieles valientes dentro de sus filas que sí denuncian con coraje, recordándonos que la fe verdadera no se doblega ante el poder. Benedicto XVI lo advertía: «Cuando la Iglesia oye el grito de los oprimidos, no puede sino denunciar las estructuras sociales que generan y perpetúan la miseria de la que surge el grito». ¡Qué contraste lacerante! En Venezuela, las estructuras opresoras tienen nombre: un Estado que confisca recursos, que criminaliza la disidencia, que condena a millones al abismo de la pobreza mientras se atrinchera en el poder robado. El mensaje cita selectivamente a Pablo VI en Populorum Progressio, «la paz se construye día a día en la instauración de un orden querido por Dios», pero omite que ese orden se quieb

Imaginemos el tormento de una viuda cuyo esposo fue asesinado por disentir, o de un joven exiliado que deja atrás su fe en altares vacíos. ¿Qué bálsamo ofrece este mensaje? Nos habla de «paz auténtica» que prioriza la dignidad humana, pero sin exigir la liberación inmediata de los inocentes, sin confrontar al poder que los encadena. Es un evangelio mutilado, que cita el Evangelio, pero olvida las palabras de Cristo: «He venido a traer fuego a la tierra, ¡y cómo quisiera que ya estuviera encendido!» (Lc 12,49). Un fuego que quema la injusticia, no que la ignora por cobardía o cálculo político. San Juan Pablo II lo reiteraba: «No aceptemos la violencia como camino de paz». Pero aquí, la violencia del régimen se tolera implícitamente al no ser nombrada, convirtiendo la Navidad en una fiesta hueca, en rituales como aguinaldos y parrandas que, en la Venezuela actual devastada por la crisis económica y la pobreza generalizada, muchos ni siquiera pueden celebrar o viven como sombras vacías, maquillando así el calva

En este lamento por el fin de 2025, ¿qué herencia nos deja esta tónica episcopal? Una capitulación, donde la fe se reduce a consuelos piadosos mientras el mal triunfa, dejando al pueblo católico histórico, nosotros, los siervos devotos, en las tinieblas de la resignación, con el corazón herido por la esperanza traicionada. Como fieles, los corregimos con amor que sangra, pero con la firmeza inquebrantable: venerados obispos, regresen al Evangelio íntegro.

Denuncien el fraude, el hambre, la opresión por su nombre, como lo hizo Juan el Bautista ante el tirano. Liberen a la Iglesia de esta neutralidad que la asfixia, y únanse al testimonio de María Corina Machado, Nobel de la Paz, cuya lucha no violenta encarna lo que ustedes evaden. Nosotros, el pueblo católico histórico, no cejaremos en recordárselo, porque la fe venezolana no se rinde: clama, resiste, corrige. Inspirémonos en nuestros nuevos santos, San José Gregorio Hernández y Santa Carmen Rendiles, canonizados este año como luminosos ejemplos de servicio y verdad, que nos llaman a una santidad profética en medio de la adversidad.

Que, en 2026, la luz de la verdad disipe estas sombras. Que Dios despierte en sus pastores el coraje profético. Amén.

Vía Binance

El ecosistema fintech en Venezuela ha recibido una fuerte sacudida este cierre de diciembre de 2025. El gigante bancario JPMorgan Chase ha congelado las cuentas de la startup Kontigo (y también de BlindPay), dejando millas de usuarios con la duda de qué pasarán con su dinero.

¿Qué es Kontigo?

Para quienes no la conocen, Kontigo es una aplicación financiera (fintech) creada por emprendedores venezolanos y respaldada por la prestigiosa aceleradora Y Combinator.

Su objetivo principal es ser una «super-app» de stablecoins para mercados emergentes. Permitía a los usuarios en Venezuela y otros países de Latinoamérica:

  • Ahorrar en USDC( dólares digitales) para protegerse de la inflación.
  • Gestionar «sans» digitales (ahorro colectivo).
  • Acceder a líneas de crédito y realizar pagos locales e internacionales de forma sencilla.

¿Por qué ocurrió la sanción/congelamiento?

No se trata de un «hackeo», sino de una medida drástica de cumplimiento regulatorio. JPMorgan detectó:

  1. Vínculos con Venezuela: Operaciones que conectaban directamente con una jurisdicción bajo vigilancia estricta de la OFAC. Algunos expertos señalan a Pdvsa
  2. Actividad Inusual: Un aumento de chargebacks (reclamos de dinero) que activó las alarmas de riesgo.
  3. El puente roto: Kontigo usaba un intermediario llamado Checkbook para conectarse con el sistema bancario de EE. UU. UU. JPMorgan, al ser el banco de Chequera, decidió cortar el acceso para evitar problemas legales con el gobierno estadounidense.

¿Qué significa para ti?

Si tenías fondos allí o planeabas usarlos para recibir remesas, el «puente» que convertía tus criptos en dólares bancarios está bajo investigación. Esto nos recuerda que, en el mundo de las aplicaciones, quien tiene el banco (JPMorgan) tiene la última palabra.

Por Luis Emilio Bruni

Para quienes no son venezolanos, la tortura psicológica y el “menticidio” ejercidos durante 26 años por el régimen chavista pueden entenderse mejor a la luz del lúcido psiquiatra de la resistencia holandesa bajo el nazismo, Joost Meerloo, autor de El estupro de la mente (1956).

El régimen chavista no se limitó a controlar el aparato del Estado: se propuso colonizar la intimidad de los ciudadanos. Desde sus inicios copó los medios de comunicación, falsificó la historia y profanó los símbolos fundacionales de la nación, vaciándolos de significado para rellenarlos con una mitología de estética grotesca.

Al mismo tiempo, el régimen desplegó un sistema de vigilancia y delación masiva, sembró bandas armadas en los barrios y levantó cuerpos de seguridad especializados en el terror ejemplarizante, combinando campañas psicológicas planificadas con torturas, secuestros y asesinatos para sembrar sistemáticamente la desesperanza aprendida. Convirtió el hostigamiento mediático y la amenaza televisada en un espectáculo cotidiano de humillación desde las altas esferas del poder: desde las invasivas cadenas nacionales de Chávez, pasando por las alocuciones cínicas de Jorge Rodríguez y las semanales amenazas criminales de Cabello en la “televisión del Estado”, hasta los ridículos bailes televisados del propio Maduro – metáforas de un descaro amoral que busca someter por el escarnio.

No se trataba solo de dominar: se trataba de quebrar la capacidad de los venezolanos para pensar, recordar y cultivar esperanzas por sí mismos. Meerloo habría reconocido en este régimen una estrategia perfecta de “menticidio”: destruir la mente libre sustituyéndola por reflejos de miedo, cinismo y resignación. Cada protesta aplastada, cada fraude tolerado, cada diálogo frustrado enseñaba silenciosamente que ninguna acción tenía consecuencias y que cualquier intento de cambio solo traería mayor sufrimiento.

El ciudadano se vio reducido a lo que Meerloo describe en su régimen prototípico “Totalitaria”: un ser vigilado, obligado a reírse de sus propias miserias o a callar para sobrevivir, refugiado en la apatía como último escudo psíquico ante un Estado que parecía omnipotente. Era el triunfo casi definitivo del estupro de la mente: una sociedad desgarrada, anómica y exhausta, que empezaba a aceptar como un ineludible destino lo que en un principio había vivido como catástrofe.

En ese paisaje de voluntades abatidas es donde el fenómeno de María Corina Machado adquiere su verdadera dimensión psicológica, política y espiritual. Sus campañas de 2023 y 2024, precedidas por años de discretos, pero efectivos, recorridos por todo el país, no fueron solamente una gesta organizativa impecable ni una cadena de mítines multitudinarios sin precedentes; fueron, ante todo, una verdadera operación masiva de “desmenticidio”: una contraofensiva dirigida al núcleo mismo del estupro mental que el régimen había tratado de consumar casi con éxito total.

Allí donde el poder había sembrado un miedo paralizante, ella rompió el hechizo hablando sin eufemismos de la naturaleza criminal del régimen, empoderando al ciudadano con su responsabilidad personal. Allí donde se había impuesto el silencio vergonzante del exilio interior, ella obligó a pronunciar en voz alta lo que durante años solo pocos murmuraban en privado.

Frente a la logomaquia oficialista, devolvió al lenguaje su función de nombrar las cosas por lo que son y de convocar a la acción, rompiendo con la retórica y las prácticas de una oposición que recurrentemente resultó complaciente, normalizadora y funcional al sistema que decían combatir, y que contribuía con su gaslighting al menticidio en curso.

Lo decisivo, en clave meerloiana, es que María Corina no se limitó a denunciar al verdugo: desmontó la jaula mental que lo hacía invencible. Rompió la narrativa de la impotencia —del “no se puede”, del “ellos siempre se salen con la suya”— y la reemplazó por una ética de responsabilidad ciudadana que devolvía a cada venezolano un lugar activo en la historia. La multitud anómica y culpabilizada se volvió a reconocer como pueblo político, sembrando confianza mutua. El miedo, aunque persistente, dejó de ser el argumento último. Millones de personas que llevaban años votando con desgano o sumidas en la abstención volvieron a involucrarse con una intensidad que el régimen y sus normalizadores no previeron. Ese giro subjetivo —ese cambio en la economía íntima del miedo y de la esperanza— es, precisamente, la emancipación del menticidio.

Por eso puede decirse, sin exageración retórica, que la verdadera hazaña de María Corina Machado no ha sido solo desafiar pacíficamente a una maquinaria represiva a punta de mística y organización. Fue, sobre todo, liberar a una nación del yugo de la mente estuprada. Una proeza de sanación colectiva que los detractores del Premio Nobel bien podrían añadir a la larga lista de sus méritos. Al devolver a las palabras su peso, a los símbolos su dignidad y a las personas su condición de sujetos, quebró el hechizo psicológico sobre el que se sostenía el poder totalitario.

Aun cuando el cambio político formal no se haya consumado, algo fundamental se ha roto en la estructura del miedo: la inmensa mayoría de los venezolanos ha dejado de ver al régimen como un destino inexorable y ahora lo ve como un obstáculo contingente de corto plazo. Este despertar es irreversible. La batalla por la mente —que es siempre la batalla decisiva— se ha decantado del lado de la dignidad recuperada y de una esperanza que ya no es ilusión inducida, sino fruto de una conciencia que ha pasado por el abismo, y no está dispuesta a caer de nuevo en las garras del menticidio chavista, ni de ningún otro signo.

Por Adrián De La Torre

En la teoría de juegos, el silencio no es ausencia de acción; es una jugada de alto riesgo. El reciente ataque de la CIA contra una instalación portuaria en las costas de Venezuela —el primer ataque terrestre de EE. UU. en territorio venezolano— ha inaugurado una fase de «conflicto asimétrico total». Mientras Donald Trump lanza señales ambiguas desde Florida, Nicolás Maduro se ha sumergido en un silencio sepulcral. Este mutismo no es casual: es el síntoma de un deterioro interno que ha llevado al régimen de Miraflores a un callejón sin salida estratégica.

  1. La «Guerra de Nervios» de Trump: Despojar la Soberanía

Al confirmar el ataque sin presentar pruebas inmediatas ni detalles geográficos, Trump está ejecutando una maniobra de «ablandamiento del umbral de respuesta». Al etiquetar el objetivo como una base del Tren de Aragua, Washington logra tres objetivos tácticos:

Criminalización del conflicto: EE. UU. ya no pelea contra una nación, sino contra una «sucursal de Al Qaeda» en el hemisferio. Esto le permite saltarse las normas de guerra convencional.

Invalidación del adversario: Si Maduro es el jefe del Cártel de los Soles, sus quejas sobre soberanía son, para la Casa Blanca, equivalentes a las de un capo de la droga protestando por una redada.

Incertidumbre tecnológica: Al ser una operación de la CIA y no del Pentágono, se proyecta la idea de una capacidad de ataque invisible y omnipresente que los sistemas de defensa rusos S-300 no pudieron detectar.

  1. El Dilema de Maduro: El costo de admitir la vulnerabilidad

¿Por qué el hombre que denuncia «invasiones» a diario no ha dicho nada sobre bombas reales en su costa? Para Maduro, reconocer el ataque es aceptar un «Jaque en una movida».

Si denuncia el ataque: Admite ante su Fuerza Armada (FANB) que el espacio aéreo venezolano es un colador. Esto fractura la moral de los mandos medios, quienes se sienten expuestos a un dron en cualquier momento.

Si guarda silencio: Intenta mantener la ficción de control. Pero este silencio tiene un «costo de oportunidad»: permite que Trump normalice los ataques en tierra como parte de su rutina de «seguridad doméstica».

  1. La Paranoia de los 50 Millones

El elemento más corrosivo para la cohesión interna del chavismo es la cifra que cuelga sobre la cabeza de Maduro: 50 millones de dólares. En agosto de 2025, la administración Trump triplicó la recompensa original, transformando al palacio presidencial en una olla de presión.

Incentivos para la traición: En teoría de juegos, cuando el beneficio de la traición (50 millones y amnistía) supera el beneficio esperado de la lealtad (un régimen bajo asedio y bombardeado), la deserción se vuelve racional.

El Cártel bajo ataque: Al atacar al Tren de Aragua —aliado operativo del régimen—, EE. UU. está cortando los brazos ejecutores de Maduro, dejándolo solo con una cúpula militar que ahora lo mira no como a un líder, sino como a un pasivo financiero de alto riesgo.

El final de la «Pax Mafiosa»

Maduro está atrapado en un equilibrio inestable. Su silencio busca evitar una escalada que sabe que perdería en minutos, pero su inacción está devorando su autoridad interna. El mensaje de los drones es claro: la soberanía de Venezuela ha sido sustituida por la ley de recompensa. En este «Juego de Sombras», el tiempo corre en contra de quien tiene un precio sobre su cabeza y un enemigo que ya no necesita desembarcar tropas para golpear el corazón de su logística.

* Analista de riesgos geopolíticos y consultor en teoría de decisiones. Exprofesor visitante en la Escuela de Guerra Naval, se especializa en el estudio de conflictos asimétricos y redes de criminalidad transnacional en el Caribe. Reside en Madrid

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