Morfema Press

Es lo que es

DBuford

Por Benjamín Tripier

Como en cada entrega de esta columna a lo largo de 2025, hemos diseccionado el tablero venezolano no como un rompecabezas estático, sino como un juego dinámico donde cada movimiento tiene la capacidad de alterar el equilibrio de poder, ajustar tiempos y evaluar condiciones de entorno.

A lo largo del año hemos marcado una hoja de ruta sectorial, hemos advertido y aconsejado, y puesto en perspectiva dimensiones para interconectarlas y evitar que se conviertan en compartimentos estancos. Porque, en definitiva, está pensada y construida con criterio de recomendaciones positivas…

Además, porque está pensada y escrita por un consultor gerencial en estrategia y análisis de entorno; y eso es lo que un consultor hace: Orientar sobre el sentido de dirección, establecer un norte estratégico y un punto de llegada, y allanar el camino hacia el objetivo; señalando los factores que habilitan y los que inhiben u obstaculizan.

Desde enero del 2025, cuando el chavismo se atrincheró en su juramentación fraudulenta -convirtiéndose en un gobierno de facto- hasta estos días de 2025 marcados por la escalada internacional y la exfiltración estratégica de María Corina Machado, hemos insistido en que el cambio no es un evento aislado, sino un proceso acumulativo.

Esta serie semanal de Análisis de Entorno, ha servido de brújula para el lector común que busca claridad en el caos, para el analista político que necesita patrones de referencia, para el analista de inteligencia que rastrea vulnerabilidades, y para los militares –de cualquier bando– que entienden que el verdadero enemigo no es el adversario ideológico, sino la irrelevancia histórica.

Hoy, en esta última entrega del año, miramos atrás para evaluar la evolución de los hitos clave, medimos el presente como bisagra decisiva, y proyectamos el 2026 con realismo crudo, pero optimismo fundado.

Porque en Venezuela, como en toda nación bajo yugo, el análisis no es pasivo, sino que es una llamada a la acción. Mirando hacia atrás, 2025 ha sido un año de oscilaciones pendulares que, lejos de estabilizar, han acelerado la fractura interna del chavismo, y hasta la dinámica del péndulo que todo indica que ya se rompió.

El hito inicial, la juramentación de Nicolás Maduro el 10 de enero pasado, no fue solo un ritual burocrático, sino que representó un retroceso neto en el camino hacia la libertad. Fueron beneficiados el núcleo duro del chavismo, con Diosdado Cabello consolidando su rol como titiritero real, y los aliados externos como Rusia e Irán, que vieron en la continuidad una oportunidad para mantener flujos de petróleo y lavado.

Sin dejar por fuera a Cuba que siguió recibiendo, tal vez menos que antes, un flujo petrolero que no era utilizado en sus refinerías, sino que era vendido al sudeste asiático y repartiendo la cobranza con el cartel de los soles, que ya había incursionado desde hace tiempo en el mercado negro de petróleo, no solo vendiéndolo, sino también transportando droga en los súper tanqueros.

Claramente perjudicados fueron la oposición unificada bajo Machado, ya convertidos y reconocidos internacionalmente como el Gobierno Electo, que enfrentó una oleada de detenciones (más de 2.000 según Human Rights Watch), y la sociedad civil, que pagó con represión callejera salvaje, detenciones, desapariciones forzadas, tortura y muerte.

Este evento no avanzó nada, sino que estancó el momentum post-electoral de 2024 y retrasó cualquier transición, fortaleciendo la inercia autoritaria y, por eso, quedando por primera vez, expuestos como gobierno ilegítimo, como una banda narco terrorista, y perdiendo toda protección institucional, con la que habían “jugado” en el pasado.

En mayo, las elecciones regionales y legislativas –otro fraude orquestado– marcaron un estancamiento aparente: el PSUV retuvo control nominal, beneficiando a gobernadores leales como los de Zulia y Carabobo, pero perjudicando a la economía con mayor centralización, lo que exacerbó la inflación al casi 500% para la fecha de este informe.

Si bien fue un avance táctico para el gobierno de facto, también fue un retroceso estratégico al erosionar aún más la legitimidad interna, con abstención récord del 60%. Octubre trajo un giro con el Nobel de la Paz a Machado, que impulsó un avance claro hacia la libertad, beneficiando al gobierno electo al internacionalizar su causa y perjudicando al chavismo, que vio profundizarse su aislamiento internacional.

Noviembre y diciembre intensificaron la presión con la exfiltración de Machado –un reposicionamiento audaz, y no una huida– y las incautaciones de tanqueros por EEUU, retrocesos para Maduro al exponer vulnerabilidades financieras, beneficiando a Trump en su narrativa anti-socialista, pero perjudicando a la población venezolana con mayor escasez y deterioro económico.

En suma, 2025 evolucionó de estancamiento inicial a grandes y visibles avances opositores, pero sin poder derrocar la inercia chavista: fue un año de erosión acelerada, pero, al menos hasta el día de hoy, no de ruptura.

El presente, esta bisagra entre el ayer y el mañana, nos encuentra en diciembre de 2025 con Maduro aún en Miraflores y Cabello como su sombra omnipresente. Cuatro meses de «ablandamiento» –sanciones estructurales, aislamiento y protestas esporádicas– no han volteado la primera ficha del dominó regional, pero han creado grietas visibles: la economía colapsa con hiperinflación y migración masiva (más de 9 millones desde 2014), la sociedad hierve en silencio navideño, y lo internacional presiona con bloqueos que asfixian.

Esta bisagra no es estática; es el punto donde la inercia se encuentra con la aceleración opositora, y donde decisiones como la aparición de Machado en Oslo marcan que el gobierno de facto sobrevive, pero no gobierna… solo se concentra en la economía de la calle, en lo paramilitar y en lo mejor que saben hacer, que es el manejo de comunicación interna, y el movimiento de sobornos en el exterior, con funcionarios del gobierno de EEUU denunciados por el “pollo” Carvajal, que son los que retrasan las decisiones de acción militar directa y facilitan el escenario Inocuo de “sobrevivir un día a la vez”.

Proyectando 2026, el enfoque debe estar en lo pendiente:

  • Romper la inercia chavista, que solo cederá ante un movimiento masivo de calle (a costa de vidas, como en 2017) o
  • Intervención externa, justificada por la escalada trumpista y precedentes como Panamá 1989, Soleimani 2020, e Irán 2025

Políticamente, el 10 de enero de 2026 –aniversario de la juramentación– podría detonar protestas masivas si la oposición unifica comandos con una buena probabilidad de avance, dado el Nobel y exfiltración; y resta si Cabello reprime salvajemente como en el pasado cercano; aunque la posibilidad de arrestos masivos bajó en su probabilidad de ocurrencia, porque cuenta con menos apoyo en los grupos de represión.

Socialmente, urge un estallido generacional similar a Chile 2019, pero pendiente de la coordinación clandestina para evitar masacres; cualquier avance en la calle beneficiará principalmente a la juventud precarizada, perjudicando al chavismo en su legitimidad en esas bases populares que creen que aún siguen apoyándolos.

Porque si cae el chavismo, la gente saldrá masivamente a la calle, pero para festejar… No perder de vista el derrocamiento, por una revuelta popular, de Nicolae Ceaucescu en Rumania, que en un momento estaba de gala brindando con champagne francés, en la Navidad de 1989, y al siguiente, él y su esposa Elena, estaban siendo fusilados en plaza pública con transmisión internacional y con el pueblo festejando. Un medio reconocido dijo que “No hubo justicia para ellos, sino venganza: fueron condenados a muerte y ejecutados mientras las cámaras de la tevé filmaban minuto a minuto”.

Económicamente, la hiperinflación persistente, proyectada al 500% para este cierre de año, obliga a reformas defensivas que ya no admiten mucha capacidad de maniobra por el recorte dramático de ingresos petroleros, saturación de almacenamiento de crudo y productos, y posible cierre de la producción; por lo que solo quedarán bolívares para ser emitidos como un paliativo momentáneo, pero llevando a la inflación y la devaluación a comportarse en forma asintótica positiva, ya sin un techo a la vista, sino la extinción del valor de la moneda y la anarquía transaccional.

Porque excepto China (que difícilmente se involucre por muchas razones geopolíticas y de la desaceleración de su propia economía y reducción de inversiones), ya el gobierno de facto se quedó sin fuentes externas genuinas de liquidez. Y los otros aliados chavistas tienen sus propios problemas: Rusia atascada en Ucrania, e Irán en tensiones con Israel.

Los vecinos, como Petro en Colombia que ofrece asilo a Maduro, pero no tiene forma de facilitar una salida pacífica, y un avance para transición; porque no puede, y porque no le conviene.  Lula en Brasil advierte contra intervenciones, sin neutralidad, y se auto limita en el presente y compromete su futuro por sus intentos de bloquear la presión regional de Argentina, Ecuador, Chile y Bolivia. Sheinbaum en México, por su parte, urge una desescalada para la que solo cuenta con Lula y Petro… Porque en el Caribe ya, esa posición permisiva que ayudó al chavismo a sostenerse, no cuenta con apoyos relevantes.

Y Cuba, como pieza final del efecto dominó, depende de Venezuela: al caer Maduro, Cuba pierde petróleo acelerando, por primera vez en 70 años, el colapso cubano en 2026… Porque del período especial los salvó el chavismo (reemplazaron la URSS por Venezuela), pero ahora, no tienen quién los ayude… Todo indica que hasta aquí llegaron.

Por otra parte, y en sentido contrario, no hay que perder de vista la situación interna de Trump y sus políticas (internas y externas), que si bien no influyen en el corto plazo donde mantiene una autonomía relativamente importante, sí pueden llevarlo a un efecto negativo en las elecciones de medio término, que puedan afectar el sostenimiento del Plan Marshall para Venezuela, que se percibe aplicará Trump luego de la salida del chavismo.

Y esto de “un día a la vez” que he mencionado más arriba y en informes anteriores, tiene que ver con el lobbying interno en el gobierno de EEUU, por parte de la izquierda local representada por un ala en los demócratas, con el efecto Grenell, y el efecto Chevrón, todos ellos favorables a la continuidad del chavismo; más los ocultos, pero identificados por Carvajal, que retrasan la decisión de pasar del calentamiento al ataque real y concreto que finalmente acabe con el cartel.

Antes de concluir, quiero compartir la posibilidad de la aparición de escenarios disruptivos como cisnes negros, que pudieran cambiar drásticamente el sentido de las acciones que están en marcha. Claro que, por esencia existencial, no es posible identificarlos; pero pueden aparecer, y nunca se sabe si sus efectos, sumarán o restarán al camino de la libertad. Una muerte inesperada, un evento catastrófico o un error involuntario, son parte de los potenciales disparadores de cambios drásticos, para los cuales… por supuesto… nunca estaremos preparados.

En conclusión, 2025 nos deja lecciones duras pero esperanzadoras: el péndulo se rompió, y 2026 será, definitivamente, el año de la reconstrucción.

Pero seamos optimistas porque la libertad no se regala, sino que se conquista; también seamos proactivos porque cada lector –civil, analista, militar– tiene un rol en voltear la ficha venezolana que impulse el efecto dominó. Llamo a la acción: luchemos por la libertad cada día, reflexionemos en esta Navidad y ejecutemos en Año Nuevo. Venezuela no será nota al pie de página, sino que será el epicentro de un continente libre.

Actualización de escenarios

1. Escenario “Optimista” de rendición inteligente

En este escenario, se cumple lo de la fruta madura, y el chavismo asume que el costo de mantenerse en el poder supera el costo de negociar su salida; y opta por una rendición pactada que preserva vidas, patrimonio básico y garantías mínimas para su círculo duro, a cambio de una transición real. Claves del escenario:

  • Acumulación de presión interna (protestas sostenidas, fracturas dentro de la FANB, resistencia civil organizada) y externa (sanciones focalizadas, congelamiento de activos, amenaza creíble de intervención limitada)
  • Intermediación activa de actores como Brasil, México y Europa, que ofrecen una hoja de ruta de amnistía condicionada, garantías de no extradición inmediata y cronograma de pasos posteriores supervisados. Probabilidad de ocurrencia en 2026: menos del 30%.
  • Algunos ataques selectivos que aceleran la transición, reduce el costo en vidas y preserva capacidades del Estado para la reconstrucción

2. Escenario “Inocuo” de resistencia de baja intensidad

Aquí, el gobierno de facto mantiene el control mediante represión selectiva, propaganda y concesiones económicas parciales, evitando tanto la explosión social masiva como la intervención externa, pero sin poder desbloquear una transición real. Claves del escenario:

  • Continuidad del “ablandamiento” sin ruptura: sanciones que duelen pero no quiebran; protestas fragmentadas; diásporas que alivian presión interna mediante remesas
  • Aliados como Rusia, Irán y China siguen recortando su apoyo pero sin retirarse por completo, mientras Petro, Lula y Sheinbaum priorizan la “estabilidad” sobre la libertad y el terror, ofreciendo mediaciones que congelan, pero que no resuelven. Probabilidad de ocurrencia en 2026: 40% (“un día a la vez” … este escenario se extingue con cualquiera de los otros dos)
  • Prolonga la inercia, desgasta a la oposición y normaliza el autoritarismo, aunque sigue erosionando lentamente la base material del gobierno de facto

3. Escenario “Pesimista” de extracción quirúrgica y acciones sobre el terreno

En este escenario, la salida del chavismo no es negociada ni masiva, sino forzada por una operación limitada (externa, interna o mixta) que descabeza al régimen sin un consenso previo sobre la transición. Claves del escenario:

  • Puede adoptar la forma de:
    • Operación militar limitada con participación externa (EEUU, contratistas y aliados), con el argumento de crisis humanitaria o amenaza regional
    • Golpe interno de facciones de la FANB o del propio PSUV que “extraen” a Maduro y a un núcleo reducido, pero sin hoja de ruta institucional clara
  • Vacío de poder, luchas internas, criminalidad desatada y tentación de “nuevo chavismo sin Maduro”, especialmente si Cabello u otros cuadros intermedios logran reacomodarse. Probabilidad de ocurrencia en 2026: 75%.
  • Impacto en la salida del chavismo:
    • Suma con probabilidad 50% (si se traduce en apertura real y estabilidad institucional)
    • Resta con probabilidad 50% (si termina en una recomposición autoritaria o en un “chavismo 2.0” con nuevos rostros, pero la misma estructura)

Recomendaciones

Para el gobierno de facto (saliente)

  • Aceptar que la inercia actual no es sostenible: el costo acumulado en aislamiento, sanciones y pérdida de capacidades estatales acerca más al abismo que a la estabilidad; la rendición inteligente vale más que la caída caótica
  • Abrir puertas a una negociación creíble con garantías verificables: amnistías condicionadas, salida segura para un núcleo limitado y participación del sistema internacional como garante, antes de que el tablero se vuelva incontrolable ​
  • Reducir la represión indiscriminada y desmontar gradualmente estructuras paraestatales (colectivos, redes criminales), porque serán moneda de cambio ineludible en cualquier acuerdo que aspire a reconocimiento internacional

Para el gobierno electo (entrante)

  • Construir desde ya un comando político–técnico de transición, capaz de operar en paralelo al régimen y listo para asumir cuando se abra la ventana, con planes detallados en seguridad, economía, justicia transicional y servicios básicos
  • Definir una narrativa clara de “rendición inteligente” que ofrezca incentivos a civiles, militares y burócratas chavistas para cambiar de bando, separando responsabilidades penales mayores de la masa de funcionarios cooptados por necesidad
  • Blindar alianzas internacionales: articular un eje Washington–Bruselas–Bogotá–Brasilia–Ciudad de México que respalde la transición, condicione la ayuda financiera y evite que Rusia, Irán o China usen a Venezuela como ficha de negociación geopolítica
  • Crear desde ya, una figura extra ministerial con reporte directo a María Corina, que tenga la visión de conjunto y vaya midiendo la relación causa efecto de cada paso, considerando que será multisectorial, multifactorial y multidimensional… y que debe manejar simultáneamente todas las dimensiones con visión top down, mientras se realimenta bottom up

Para empresarios no cooptados

  • Preparar planes de inversión y recuperación sectorial listos para activarse en un escenario de apertura: cadenas de valor, generación de empleo rápido, reinserción de talento diáspora y mecanismos de financiamiento mixto, principalmente internación al, aunque podrían ser fondos privados con objetivos sectoriales en mercados con potencial
  • Mientras tanto, mantener una distancia estratégica del gobierno de facto, evitando cooptaciones irreversibles, pero construyendo redes discretas con actores de la futura transición que permitan acelerar la reconstrucción sin improvisación
  • Invertir en reputación y trazabilidad: documentar hoy los esfuerzos de cumplimiento, respeto a derechos laborales y rechazo a la corrupción para evitar quedar atrapados en futuras purgas o sanciones

Para países aliados que apoyan la libertad de Venezuela

  • Pasar de la denuncia simbólica a la ingeniería de transición: diseñar paquetes concretos de apoyo financiero, seguridad, energía y justicia transicional que puedan activarse apenas se produzca un quiebre. Por ejemplo, en el caso de Argentina, el sector agropecuario sería de gran ayuda, así como para el nuevo gobierno, el ejemplo de la motosierra institucional, pero esta vez solo como referencia objetivo, porque se estaría arrancando desde los escombros​
  • Coordinar sanciones inteligentes: menos medidas amplias que golpeen a la población y más sanciones personales, financieras y judiciales sobre los verdaderos nodos del poder (corrupción, narcotráfico, violaciones de DDHH)
  • Entender el efecto dominó regional: una Venezuela libre debilita a Cuba, reconfigura el entorno de Petro, Lula y Sheinbaum, y obliga a Rusia, Irán y China a recalibrar su presencia; invertir hoy en ese desenlace es una apuesta estratégica de alto retorno

Cierre: bisagra, horizonte y llamado a la libertad

El 10 de enero de 2025 simbolizó el péndulo roto: un régimen que volvió a juramentarse sin legitimidad y una oposición que aprendió, a golpes, que el tiempo no siempre juega a favor del más justo.

El 10 de enero de 2026 puede ser la bisagra: o consolida la inercia de baja intensidad, o marca el inicio de la rendición inteligente, del estallido coordinado o de la extracción quirúrgica que abra el camino de la transición.

Esta columna de cierre de año no es un epitafio ni una promesa vacía: es una hoja de ruta para el lector común, para el analista político, para el de inteligencia y para los militares de todos los bandos que entienden que no hacer nada también es una decisión.

La invitación es clara: en 2026 cada quien deberá decidir si estará entre los que suman o entre los que restan, entre los que protegen la inercia del chavismo o entre los que, con inteligencia y coraje, ayudan a voltear la primera ficha del dominó que ya tiembla desde Caracas hasta La Habana.

Porque la libertad no llega como regalo navideño; sino que se construye como una operación sostenida, día tras día, hasta que el chavismo deja de gobernar de facto y el país empieza, por fin, a vivir.

Por Johnny Diaz Apitz

En Venezuela hay palabras que hoy suenan peligrosas cuando se usan mal. “Paz” es una de ellas. “Diálogo” es otra.

“Fraternidad” también. No porque sean malas, sino porque el poder las ha secuestrado para convertirlas en propaganda.

Por eso, cuando la Conferencia Episcopal Venezolana publica un mensaje navideño y lo coloca sobre el país como si fuera una manta de consuelo, lo mínimo que se espera es que esa manta no tape la herida, no esconda al agresor y no proteja al verdugo.

Lo que ha causado indignación no es que los obispos hablen de paz: la Iglesia está llamada a hacerlo.

Donde quedaron las denuncias qué hizo desde el Vaticano el cardenal Baltazar Porras?.

Y como fue atacado, insultado, vejado y ofendido por haber dicho lo que dijo del régimen venezolano y la grave situación del país.

Lo que escandaliza es que ese mensaje, en su estructura y en su énfasis, termina describiendo un país que no existe, y más grave aún: termina siendo útil al mismo poder que ha arrastrado a Venezuela a una de las crisis humanas, políticas y morales más profundas de su historia contemporánea.

No hay una sola palabra dedicada a los presos políticos y militares incluyendo menores de edad y adultos mayores.

No se denuncia ni hay una palabra acerca los secuestros, terrorismo de estado que comete el régimen con aquellos que piensan distinto y actúan como los nazis a la venezolana.

Estos señalamientos no son un ataque a la fe, ni a la Iglesia como pueblo de Dios.

Es una denuncia contra una posición pública que, por omisión y por enfoque equivocado, se vuelve moralmente irresponsable en el contexto venezolano.

  1. “Somos gente de paz”: una frase bonita puesta en el lugar equivocado:

Venezuela es un pueblo pacífico, sí. Pero Venezuela no vive en paz.

Decirle al país “somos gente de paz” sin explicar de inmediato qué destruye esa paz y quién la destruye, no es consuelo: es confusión.

Es repetir, sin querer o queriendo, la misma fórmula que el régimen ha usado durante años para exigir silencio: “paz” como sinónimo de obediencia, “paz” como excusa para reprimir, “paz” como amenaza disfrazada.

La paz real no es un sentimiento. La paz real es poder vivir sin miedo.

Y hoy el venezolano vive con miedo: miedo a hablar, miedo a protestar, miedo a opinar, miedo a ser señalado, miedo a que lo busquen, miedo a que le inventen un delito, miedo a perderlo todo por una palabra o por una idea. Esa no es paz. Eso es sometimiento.

Si la Iglesia va a hablar de paz, tiene que decirlo con precisión: no hay paz donde se encarcela por pensar distinto.

No hay paz donde se persigue al disidente. No hay paz donde se castiga la conciencia.

  1. La obsesión con la “guerra externa” y el silencio ante la guerra interna

Aquí está uno de los puntos más graves del comunicado: su alarma frente a una supuesta amenaza bélica externa —acciones militares cerca de las costas, poderío foráneo en el Caribe— como si eso fuera lo que “ensombrece” la experiencia del pueblo.

Eso invierte la realidad.

Lo que ensombrece la vida del venezolano no es un portaviones en el horizonte. Lo que ensombrece la vida del venezolano es la guerra diaria que el poder le ha declarado a su propio pueblo: represión, miedo, persecución, cárcel, hambre, exilio, destrucción institucional y el uso del Estado como instrumento de castigo.

La guerra venezolana no es una hipótesis. Es un hecho.

No es un rumor. Es una práctica. No es especulación. Es una política.

Y cuando un comunicado episcopal coloca su énfasis en la “amenaza externa”, pero no coloca en primer lugar la violencia real que se vive adentro, el mensaje queda moralmente desnivelado: mira hacia afuera con preocupación y mira hacia adentro con tibieza.

  1. Mencionan la privación de libertad, pero no se atreven a decir quién encarcela

El comunicado reconoce, de forma general, que existe “privación de libertad por pensar distinto”.

Eso es cierto. Pero decirlo así, sin sujeto, sin responsables, sin nombres, en Venezuela tiene un efecto devastador: convierte un crimen político en una nube.

Como si las detenciones ocurrieran solas.
Como si los presos aparecieran por generación espontánea.
Como si no existieran cadenas de mando.

Como si no hubiera un aparato de inteligencia, tribunales sometidos y cárceles usadas como instrumentos de terror.

En Venezuela la privación de libertad por pensar distinto no es un accidente social. Es un método. Es una herramienta de control. Y el régimen tiene nombre, tiene rostro y tiene responsables.

Cuando los obispos no nombran responsables, el agresor respira. Cuando la Iglesia no señala al que oprime, la víctima queda sola.

  1. “Diálogo” sin condiciones: la fórmula que solo oxigena al poder:

El comunicado apela al diálogo como camino.

Pero en Venezuela el “diálogo” se ha repetido una y otra vez como ritual: se sientan, prometen, posan para la foto, ganan tiempo, bajan la presión internacional, y luego vuelven con más represión.

El diálogo sin verdad y sin justicia no es virtud: es coartada.

No se dialoga con una bota en el cuello.

No se dialoga mientras se secuestra a inocentes.

No se dialoga mientras se usa a los presos como ficha de intercambio.

No se dialoga mientras se desconoce la voluntad popular y se persigue a quien la defiende.

El llamado al diálogo, hecho de forma abstracta, termina sonando a esto: “aguanten un poco más”. Y eso no es un mensaje cristiano de esperanza; es una invitación a la resignación.

  1. El silencio ante el saqueo y la destrucción de un país:

En 27 años, Venezuela fue llevada a la ruina. A ruina moral, institucional y material. Millones de personas se fueron porque no podían vivir. El salario se pulverizó. La salud colapsó. La educación fue destruida. La infraestructura se derrumbó. Y a la par, se instaló una cúpula de privilegios donde la corrupción se convirtió en sistema.

Esa realidad no puede ser tratada como un “clima de tensiones” o como un “debate especulativo”. Es una catástrofe provocada. Y una catástrofe provocada tiene responsables.

El comunicado, al evitar enfrentar esa dimensión, reduce el sufrimiento de un país entero a un problema de narrativas.

  1. Lo más grave: el Evangelio usado como velo para no decir la verdad:

Lo que duele no es que la Iglesia cite el Evangelio.

Lo que duele es que, en un país con víctimas reales, el Evangelio se use para suavizar el golpe y no para denunciarlo.

El cristianismo no es neutral frente a la injusticia. Un profeta no habla en círculos.

Un pastor no puede consolar al lobo y pedirle a la oveja que dialogue.

Cuando el mensaje evita nombrar al agresor y se concentra en factores externos, se corre el riesgo de que la fe sea usada como barniz. Y el barniz sirve para una cosa: para que el crimen se vea menos feo.

  1. Conclusión: un comunicado que termina al servicio del poder:

Este comunicado, por su enfoque y por sus silencios, termina siendo útil al régimen.

Le ofrece una frase que el poder puede convertir en propaganda:

“hasta los obispos se preocupan por la acción militar externa”.

Y mientras tanto, la guerra real —la interna— queda rebajada, diluida o sin responsable.

Por eso se denuncia: porque no es un detalle.

Es una falla moral. Y en Venezuela, cuando se falla moralmente desde un púlpito, las consecuencias son reales: se debilita la voz de las víctimas y se fortalece la narrativa del opresor.

Hoy Venezuela no necesita comunicados que suenen bien.

Necesita comunicados que digan la verdad.

Porque sin verdad no hay justicia.
Y sin justicia no hay paz.

Para finalizar: El comunicado de la Conferencia Episcopal Venezolana, lejos de convertirse en un freno ético frente al abuso del poder, corre el riesgo de transformarse en oxígeno político para el régimen del llamado “Cartel de los Soles”.

Su ambigüedad y su silencio frente a los responsables reales permiten que el poder lo utilice como escudo ante la comunidad internacional, diciendo sin pudor: “incluso la Iglesia está de nuestro lado”.

Esa será la lectura que hará el régimen, y no es una suposición: es una práctica conocida.

Cuando la Iglesia no denuncia con claridad, su palabra se convierte en coartada.

Y cuando la verdad se diluye en un lenguaje diplomático, el opresor gana espacio, tiempo y legitimidad. La historia juzgará no solo a quienes oprimen, sino también a quienes, pudiendo hablar con claridad, eligieron el silencio o la ambigüedad.

Funcionarios de EEUU aseguraron que, tras más de cinco días de persecución del petrolero Bella 1, interceptado por sus fuerzas militares el pasado domingo cuando se aproximaba a Venezuela, la Guardia Costera y el Ejército de Estados Unidos están reuniendo más personal y armamento para abordarlo por la fuerza.

En declaraciones al diario The Wall Street Journal, funcionarios de la Administración que no fueron identificados señalaron que entre las unidades que se están desplegando en la zona hay un Equipo de Respuesta Especial Marítima y una fuerza de élite entrenada para abordar buques hostiles.

El pasado domingo 21 de diciembre la Guardia Costera de Estados Unidos comenzó la persecución del Bella 1, sancionado por Washington por sus actividades vinculadas al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán y por presuntamente enviar petróleo a organizaciones terroristas como Hezbolá y los hutíes de Yemen.

Ese día, el barco transitaba por aguas internacionales en las cercanías de la costa de Venezuela, y cuando la Guardia Costera se acercó con el objetivo de detenerlo e incautarlo, el barco se negó a ser abordado.

Según relataron los funcionarios estadounidenses al diario, el buque dio la vuelta y se alejó de la costa de Venezuela a toda velocidad. Desde entonces, las fuerzas estadounidenses planean un operativo para detenerlo.

La fallida interceptación del Bella 1 fue la tercera operación de ese tipo desde el día 10 de diciembre, cuando EEUU abordó y requisó el petrolero Skipper. El sábado 20 hizo lo mismo con el Centuries, ambos frente a la costa de Venezuela, en aguas internacionales.

La secretaria de Seguridad Nacional estadounidense, Kristi Noem, compartió un video desclasificado en el que se ve cómo fue la segunda operación.

«Estados Unidos continuará persiguiendo el tráfico ilícito de petróleo sancionado que se utiliza para financiar el narcoterrorismo en la región. Los encontraremos y detendremos», escribió en una publicación de X.

En ninguno de los dos primeros casos las tripulaciones opusieron resistencia, según las autoridades estadounidenses.

Hasta el momento, se desconoce públicamente por qué el Bella 1 se ha negado a detener su movimiento para cumplir las exigencias de la Guardia Costera.

The Wall Street Journal intentó consultar a la firma propietaria del buque, Louis Marine Shipholding Enterprises, con sede en Turquía, pero la empresa no respondió a sus llamadas.

Los funcionarios estadounidenses dijeron al diario que las autoridades ya conocen la ubicación del Bella 1, pero que no tienen mayor apuro para efectuar una operación contra el petrolero.

Afirmaron que esto último se debe a que es un buque de movimiento lento, que no tiene capacidades para superar a las fuerzas estadounidenses que se están preparando para el operativo.

Estados Unidos intensifica cada vez más las acciones contra Venezuela. El conflicto también tiene un componente geopolítico. ¿Qué intereses tienen China y Rusia en Venezuela?

El despliegue militar de Estados Unidos en el Caribe podría causar nuevas inquietudes a Venezuela: los buques de guerra no solo tienen en la mira a supuestas embarcaciones de drogas, sino desde diciembre de 2025 también a los buques petroleros. Los expertos difieren sobre el papel que juega Venezuela dentro del narcotráfico, pero existe consenso sobre lo fundamental que son las exportaciones de petróleo para el país sudamericano. A pesar de tener una industria deteriorada, Venezuela se sienta sobre las mayores reservas petroleras conocidas del mundo. En total, yacen en Venezuela más de 300 mil millones de barriles.

Los recursos naturales parecen estar presentes en todos los cálculos estratégicos del presidente estadounidense Donald Trump, afín a los intereses petroleros. A la vez, funcionan como el aceite que mantiene activa la maquinaria de la política exterior del líder venezolano, Nicolás Maduro. Pero solo con el petróleo no se puede explicar el conflicto agravado en Venezuela; aquí intervienen muchos factores. Además de EE. UU., también las otras dos grandes potencias, China y Rusia, persiguen sus propios intereses en Venezuela.

¿Qué objetivos geopolíticos tiene China en Venezuela?

El petróleo venezolano representaba solo el cuatro por ciento de las importaciones de petróleo de China hasta hace poco, pero la tendencia va en aumento: la agencia de noticias Reuters citó a dos analistas de mercado que estiman que en diciembre se esperan nuevos máximos diarios. Según este cálculo, China estaría importando más de 600.000 barriles al día desde Venezuela, es decir, la mayor parte de la producción diaria venezolana. Como fuente de petróleo, Venezuela es importante para China sobre todo para fortalecer su independencia energética en la disputa global por los recursos. Esto funciona especialmente bien con el tipo de crudo pesado venezolano llamado Merey 16, que tiene una alta demanda por parte de refinerías en Asia a pesar de estar sancionado.

El dinero chino que fluye hacia Venezuela, también lo hace en forma de créditos. La deuda de Caracas con Pekín oscila entre 60 y 70 mil millones de dólares según distintas estimaciones.

Venezuela también es un mercado para la tecnología china: muchos equipos militares provienen de China, y además la infraestructura de telecomunicaciones se basa en gran medida en componentes chinos. En septiembre, Maduro presentó en una conferencia de prensa en Caracas un nuevo teléfono de la marca Huawei. El “mejor teléfono del mundo” se lo habría regalado personalmente el presidente chino Xi Jinping , “con este teléfono no te lo pueden intervenir los gringos, ni aviones espía, ni satélites” detalló Maduro.

El socialismo autoritario-nacionalista de Venezuela es compatible con la ideología estatal china. Al condenar verbalmente acciones como la reciente confiscación de petroleros, Pekín puede presentarse como aliado. Todo esto también sirve al propósito de mantener a Estados Unidos ocupado en su propio patio trasero.

Desde hace una década, varios presidentes estadounidenses han puesto más atención en la región Indopacífica, donde Pekín también busca una posición dominante y reclama con creciente agresividad a Taiwán. Por eso, es posible que a China le interese más que EE. UU. se ocupe de la situación en Venezuela o Cuba.

¿Qué intereses tiene Rusia en Venezuela?

A Moscú también le interesa ejercer influencia en América Latina a través de aliados y así cuestionar la supremacía de Estados Unidos. En 2001, Putin recibió por primera vez al entonces jefe de Estado venezolano Hugo Chávez. A raíz de ese encuentro, Rusia se convirtió en el mayor proveedor de armas para Venezuela. Durante la guerra de Rusia con Georgia, Chávez respaldó en 2009 a Putin, al reconocer Venezuela como independientes a las regiones separatistas de Osetia del Sur y Abjasia (junto con Nicaragua y Nauru). Tras la muerte de Chávez en 2013, Maduro se ha esforzado por mantener las estrechas relaciones con Rusia con éxito.

Cuando el poder de Nicolás Maduro estuvo directamente amenazado en 2019 y el entonces presidente del Parlamento, Juan Guaidó, se presentó como legítimo presidente interino: Trump vio en su primer mandato una oportunidad para deshacerse de Maduro. Pero Rusia no tardó en enviar dos aviones militares con soldados y equipamiento a bordo. “Moscú, en cierto modo, salvó a Maduro”, dijo recientemente Vladimir Rouvinski, politólogo de la Universidad Icesi en Colombia, en una entrevista con DW. “Por primera vez desde la crisis de los misiles en Cuba, Estados Unidos se vio obligado a negociar directamente con Rusia sobre una situación en América Latina”. Sin embargo, en la confrontación actual, Rouvinski no espera un apoyo ruso tan decidido para Maduro. Hasta ahora, todo se ha limitado a apoyo verbal desde Moscú.

¿Qué quiere Estados Unidos en realidad?

A mediados de diciembre, Trump exigió vía Truth Social que Venezuela devolviera todo el “petróleo, tierras y otros bienes que nos han robado previamente”. Esto podría referirse a las expropiaciones impuestas por Chávez a compañías de la industria petrolera venezolana en 2007, por las cuales no todas las empresas estadounidenses fueron indemnizadas. Solo Chevron sigue activa en el país con un acuerdo especial. Además la explotación petrolera en el país vecino Guyana es altamente lucrativa para las empresas estadounidenses. La región al occidente del río Esequibo también es reclamada por Venezuela. Para los intereses petroleros de Estados Unidos, habría por lo tanto dos argumentos a favor de una destitución forzada de Maduro.

Durante su primer mandato, Trump amplió considerablemente las sanciones impuestas por su predecesor Barack Obama quien ya había medido fuerzas con Maduro. Su entonces asesor de seguridad, John Bolton, calificó a Venezuela junto con Cuba y Nicaragua de “triángulo del terror”. Bolton fue despedido por Trump cuando el apoyo a Juan Guaidó se desvaneció sin consecuencias. Trump persigue ahora el objetivo de un cambio de régimen en Venezuela con más determinación que nunca.

Por Patricio Hernández en Infobae

Venezuela es uno de esos países que el mundo explica con una facilidad sospechosa. Desde lejos, claro. Desde escritorios prolijos, con buena conexión a internet, café caliente y teorías que funcionan de maravilla siempre que no haya que vivir ahí. Se habla de sanciones, de petróleo, de geopolítica, de equilibrios regionales. Se discute qué debería hacer Estados Unidos, qué no debería hacer, qué conviene decir y qué conviene callar. Se opina mucho. Se escucha poco.

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El problema se vuelve todavía más evidente cuando aparece el nombre de Donald Trump. En una época de polarización crónica, Trump dejó de ser un objeto de análisis para convertirse en un reflejo identitario: alcanza con que algo lo haga él para saber automáticamente qué pensar al respecto. No importa el contexto, no importa el caso, no importa el dato. Oponerse o apoyar se volvió más importante que entender. El análisis, en muchos casos, quedó reducido a una reacción.

Ese reflejo automático explica buena parte de los errores con los que se lee hoy el conflicto venezolano. Porque mientras el debate internacional se ordena en función de simpatías o rechazos personales, los venezolanos siguen sin ser consultados. No como metáfora del sufrimiento, no como causa noble, sino como sujetos políticos concretos que llevan años viviendo dentro de un experimento fallido que el mundo insiste en teorizar.

Conviene entonces una aclaración temprana. Lo que sigue no surge de afinidades ideológicas ni de intuiciones personales. Se apoya en dos fuentes que usamos de manera permanente: el análisis de más de 450 millones de datos que surgen de conversaciones digitales relevadas en Facebook, Instagram, YouTube y X, y cientos de entrevistas en profundidad realizadas a venezolanos de a pie. Gente común, sin micrófono, sin partido, sin épica. Una metodología poco glamorosa y muy efectiva que utilizamos en Methodo: escuchar todos los días a quienes viven con miedo, censura y cansancio acumulado.

Cuando se cruzan ambos planos —el dato masivo y la voz individual— el mapa que aparece resulta incómodo para casi todos. Porque no confirma los relatos más repetidos. Porque no encaja del todo en los marcos ideológicos disponibles. Porque dice algo que no queda bien decir: Venezuela no se siente amenazada desde afuera, se siente secuestrada desde adentro.

No es una metáfora. Es una experiencia cotidiana. “Todo es temor, todo es un riesgo. Aquí no hacen falta cárceles, somos prisioneros en nuestro propio país”, dice Carmen desde Caracas. Otro entrevistado lo resume sin vueltas: “En Venezuela la delincuencia es política de Estado”. Y Alicia, desde Miranda, agrega una línea que no entra en ningún paper: “Vivimos una degradación continua que nunca encuentra piso”.

Los datos confirman ese clima. El 91 % de los venezolanos tiene una imagen negativa de Nicolás Maduro, y la forma en que lo nombran no deja demasiado margen para el debate académico: dictador, narcotraficante, terrorista. El 9 % restante, probablemente está ocupado resolviendo cómo sobrevivir.

No hay polarización. No hay grieta ideológica. Hay consenso. Y ese consenso se extiende incluso al plano electoral, ese terreno que afuera todavía se discute con prudencia diplomática. El 92 % de los venezolanos están convencidos que quien ganó las últimas elecciones fue Edmundo González, no Maduro. Para la sociedad venezolana, el régimen no solo gobierna mal: gobierna sin mandato. Esa discusión ya está saldada desde hace tiempo.

Desde esa experiencia concreta también se desarma otro de los grandes lugares comunes del análisis internacional: el del petróleo como causa central del conflicto. Durante años se nos explicó que todo giraba alrededor del petróleo venezolano, como si un país pudiera reducirse a un barril. Los venezolanos hablan de cosas más simples y brutales: no poder pagar combustible, hacer filas interminables en las estaciones de servicio para llenar el tanque, convivir a diario con la escasez crónica de combustibles en un país sentado sobre una de las mayores reservas petroleras del mundo. “Los ingresos no alcanzan ni para comer; en Venezuela solo subsisten los enchufados”, dice Mario desde Carabobo haciendo alusión a quienes viven gracias a sus vínculos con el régimen.

Ese contraste es especialmente cruel para una sociedad que recuerda épocas de bonanza, cuando el petróleo convivía sin conflicto con el mundo occidental, cuando cargar combustible no era una odisea y cuando comerciar, estudiar o viajar no implicaba una toma de posición ideológica. El problema no es el recurso. El problema es quién lo administra y para qué.

En ese relato cotidiano, China, Rusia, Irán y Cuba no aparecen como aliados solidarios ni como sofisticados jugadores geopolíticos. Aparecen como socios extractivos. Como acreedores. Como presencias que no trajeron prosperidad ni orden, sino más dependencia, más deuda y menos soberanía. Desde esa vivencia concreta, la idea de que Estados Unidos “quiere el petróleo venezolano” no suena indignante. Suena ingenua.

Es recién desde ahí que se entiende la relación particular que los venezolanos mantienen con Estados Unidos. No como consigna ideológica ni como refugio tardío, sino como vínculo histórico. Mucho antes de que todo se volviera anormal, Venezuela ya miraba a Estados Unidos. El Estado financiaba becas universitarias. El béisbol, no el fútbol, se consolidó como deporte nacional. En la radio sonaban canciones en inglés sin necesidad de traducción. Una hamburguesa convivía sin conflicto con la arepa. “EE.UU. históricamente fue un aliado nuestro. Nos criamos viajando a su país, hablando su idioma, mirando sus películas y escuchando su música”, recuerda Isabel, desde Zulia.

Ese vínculo no solo persiste: se intensificó. En el último trimestre, la imagen positiva de Estados Unidos en Venezuela alcanzó el 72 %, la más alta de toda América Latina, incluso por encima de Chile, un país históricamente alineado con los intereses estadounidenses. El dato incomoda porque aparece donde muchos analistas esperarían rechazo, pero no ocurre.

Dentro de ese marco, la figura de Trump adquiere una centralidad que descoloca al análisis internacional. En la conversación vinculada a Venezuela concentra 76 millones de menciones, con una valoración favorable del 61 %, por encima de cualquier otro presidente estadounidense de los últimos veinticinco años. Más de la mitad de esa conversación ocurre en español, lo que confirma que no se trata de una narrativa importada desde Estados Unidos, sino procesada desde la experiencia venezolana. “De todos los presidentes americanos, es a este señor al único que le interesó el pueblo venezolano”, dice Jonathan, desde Caracas.

“Trump representa la esperanza para nosotros. Quizás no es exactamente como me gustaría que fuera, pero es el único que puede ayudar a liberar al país de este régimen maligno. Y si eso sucede, para nosotros será un héroe nacional”, agrega Mario, desde Carabobo.

Ese mismo criterio de frialdad se aplica a la oposición interna. María Corina Machado no emerge solo como símbolo emocional, sino como el liderazgo con mayor credibilidad empírica del país. Su imagen positiva alcanza el 79 %, un nivel excepcional incluso en comparación regional. Para dimensionarlo: esa cifra se ubica en torno a 15 puntos porcentuales por encima de la imagen positiva de Claudia Sheinbaum, habitualmente señalada como la mandataria con mejor imagen de América Latina.

La diferencia no es menor. En política latinoamericana, quince puntos no separan opiniones: separan climas sociales. Ninguno de los principales líderes de la región —ni Luiz Inácio “Lula” da Silva, ni Javier Milei, ni Gustavo Petro, ni siquiera el recientemente electo José Antonio Kast— tiene en sus respectivos países niveles de aprobación cercanos a estos.

El Premio Nobel de la Paz operó, además, como un punto de inflexión emocional. No tanto por el galardón en sí —el mundo reparte premios con cierta facilidad— sino por lo que significó puertas adentro. “El Nobel a María Corina me hizo recuperar el orgullo de ser venezolana”, dice María, desde Miranda. “Es la única persona en este país que no tiene precio y se atrevió a enfrentar a este régimen brutal”, agrega otra entrevistada, sin levantar la voz.

La sociedad venezolana quiere salir del régimen, pero no a cualquier precio. Observa, evalúa, espera señales reales. No grita todo el tiempo. Aprendió a desconfiar incluso hasta de sus propios sentimientos.

Ignorar todo esto no es solo un error analítico. Es una forma cómoda de no hacerse cargo. Porque cada lectura que reduce Venezuela a un capítulo más de la polarización global, cada análisis que se define a favor o en contra de Trump sin mirar a los venezolanos, cada consigna que reemplaza a los datos corre el foco del único lugar donde debería estar.

El problema de Venezuela no es lo que el mundo opina sobre ella. Es que el mundo muchas veces prefiere no escucharla pedir auxilio.

*El autor es politólogo, y fundador y CEO de Methodo

Las fuerzas navales de la Guardia Revolucionaria de Irán interceptaron un buque de bandera extranjera que transportaba aproximadamente 25,000 barriles de combustible de contrabando (unos cuatro millones de litros) mientras transitaba por el estratégico Estrecho de Ormuz.

Detalles del operativo

Mojtaba Ghahramani, jefe del departamento de justicia provincial, confirmó la detención de 16 tripulantes extranjeros. Aunque las autoridades no revelaron la nacionalidad de los detenidos ni el origen de la embarcación, Ghahramani calificó la acción como un «golpe contundente» contra las mafias de tráfico de energía en la región.

Este incidente se suma a una incautación similar ocurrida el mes pasado, consolidando una tendencia de vigilancia estricta por parte de Teherán en sus aguas territoriales.

Un punto crítico para el comercio global

El Estrecho de Ormuz es considerado la arteria más importante del mercado petrolero mundial, ya que por este paso circula cerca del 20% del crudo comercializado globalmente. Debido a su importancia, la zona ha sido el epicentro de constantes roces diplomáticos y militares:

  • Antecedentes de fricción: Occidente ha señalado a Irán por incidentes previos, incluyendo ataques con minas lapa en 2019 y agresiones con drones en 2021.
  • Contexto Político: Las tensiones escalaron significativamente tras la retirada de Estados Unidos del acuerdo nuclear en 2018, bajo la administración de Donald Trump.
  • Conflictos recientes: La estabilidad regional se ha visto aún más comprometida tras los recientes enfrentamientos directos entre Irán e Israel, que incluyeron ataques a infraestructuras estratégicas y bajas en ambos bandos.

Teherán mantiene vigente su advertencia de cerrar el estrecho si considera que su seguridad nacional está en riesgo, una amenaza que mantiene en alerta a los mercados energéticos internacionales.

Editorial ABC

En un gesto meramente cosmético, ineficaz para blanquear su aquilatada estampa de tirano y tratar de adecentar su hoja de servicios, analizada por el Tribunal Penal Internacional, Nicolás Maduro ha querido celebrar la Navidad con uno de esos indultos medievales con que los sátrapas tratan de mostrar su apego al mismo pueblo que esclavizan. La excarcelación de 99 presos políticos –«expresión concreta del compromiso del Estado con la paz, el dialogo y la justicia», señala el chavismo– no va a ser suficiente para que Estados Unidos rebaje su presión sobre el régimen de Nicolás Maduro y deje de señalarle el camino hacia el exilio. Ni siquiera se trata de una liberación de los rehenes que Caracas hizo en las redadas que siguieron al pucherazo de julio de 2024: los beneficiarios de esta mendaz medida de gracia abandonan las cárceles bolivarianas para regresar a la gran prisión de Venezuela, país que sigue cautivo, y pendiente de un indulto que solo puede proporcionar el fin del chavismo.

He vivido en carne propia el infierno de las prisiones del régimen. Sé lo que significa ser arrancado de la libertad sin debido proceso, ser sometido a procedimientos viles, orquestados con frialdad macabra por jueces sicarios que no administran justicia, sino obediencia. Conozco ese olor a encierro injusto, esa sensación de indefensión absoluta frente a un Estado que ha convertido el Derecho en un instrumento de tortura.

Por eso no me sorprende —aunque sí me indigna— el espectáculo cínico que el régimen pretende montar cada vez que anuncia supuestas “liberaciones”. No lo son. No pueden serlo. Se trata apenas de excarcelaciones, porque nadie que es inocente debió haber sido privado de su libertad. La libertad no se concede como una dádiva del tirano: es un derecho humano inviolable.

El caso de Marggie Xiomara Orozco es una prueba obscena de esa farsa. Una mujer sentenciada a 30 años de prisión por el “delito” de cuestionar a la dictadura en redes sociales. Treinta años, como si hubiera cometido un crimen atroz. ¿Y luego la excarcelan? Con ese solo acto queda en evidencia lo que siempre hemos denunciado: sentencias sin base jurídica alguna, dictadas únicamente para castigar la disidencia y sembrar el terror.

Lo mismo ocurre con los menores de edad. Muchachitas arrancadas de sus hogares, expuestas a ultrajes inimaginables en cárceles que se han convertido en depósitos humanos del horror. Entre julio y agosto de 2024, más de dos mil personas fueron lanzadas a ese abismo. Hoy excarcelan a algunas, como si el país tuviera que agradecerles por no seguir violando brutalmente a quienes nunca debieron estar allí.

Esta historia se repite año tras año. Sacan a unos pocos, dejan tras las rejas a centenares. Hoy siguen más de 800 presos políticos secuestrados. Y casi de inmediato vuelve a girar la puerta perversa: la misma que libera para capturar, que muestra una cara “humanitaria” mientras afila los colmillos para la próxima redada. Es la metodología del terror.

Estamos frente a un régimen que practica terrorismo de Estado. El mismo que ha sido denunciado por crímenes de lesa humanidad. El mismo que ejecuta extrajudicialmente a miles de venezolanos, que desaparece forzosamente a centenares de ciudadanos inocentes, que persigue no solo al disidente, sino también a sus familiares, como si el castigo tuviera que extenderse por vía sanguínea.

Esa trituradora no se va a detener sola. No se detendrá con comunicados ni con gestos cosméticos. Solo se detendrá cuando salgamos de la tiranía y desmontemos todo ese arsenal del crimen, junto con las mafias que lo sostienen.

Claro que nos alegramos por cada compatriota que recupera la libertad. Sería inhumano, no hacerlo. Pero no podemos bajar la guardia, ni concederle tregua a un régimen que juega con seres humanos como monedas de cambio y convierte a inocentes en rehenes.

No pidamos migajas. Exijamos lo que corresponde. Excarcelarlos a todos. Ya.

antonioledezma.net

El Comité de Derechos Humanos de Vente Venezuela, partido liderado por María Corina Machado, sostuvo que las recientes excarcelaciones de presos políticos anunciadas por el régimen de Nicolás Maduro constituyen un acto propagandístico y no implican una liberación real, ya que las personas excarceladas permanecen bajo procesos judiciales abiertos y medidas restrictivas.

Orlando Moreno, coordinador nacional del Comité, declaró a NTN24 que los detenidos fueron liberados con medidas cautelares, vigilancia permanente y, en algunos casos, con el uso de grilletes electrónicos, lo que —dijo— los mantiene en condición de “rehenes”.

“Siguen siendo rehenes, solo que ahora el régimen les ha dado un acuerdo un poco más largo. Esto busca simular una normalidad que no existe. Además, siempre ha sido un enigma quién decide y bajo qué criterios se elaboran esas listas de liberaciones”, afirmó Moreno.

El dirigente denunció también la falta de transparencia en los anuncios oficiales y recordó que aún permanecen menores de edad detenidos en centros de reclusión del país.

En la misma línea, el presidente electo Edmundo González Urrutia señaló que las excarcelaciones no equivalen a una libertad plena, ya que las personas liberadas continúan bajo amenaza judicial y vigilancia estatal.

“No hay libertad real mientras no se produzca el cierre definitivo de las causas penales”, afirmó González Urrutia, quien sostuvo que la justicia sigue siendo utilizada como un mecanismo de presión política.

El Ministerio para el Servicio Penitenciario anunció la liberación de 99 personas, en su mayoría detenidas tras las protestas posteriores al fraude electoral de 2024. Sin embargo, hasta este viernes no se había publicado una lista oficial que permita corroborar el número total de excarcelados.

Organizaciones no gubernamentales como Foro Penal, Justicia y Encuentro y Perdón y el Comité por la Libertad de los Presos Políticos (Clipp) informaron que solo han podido confirmar entre 45 y 63 liberaciones. El Clipp reportó 63 casos, mientras que Foro Penal verificó 45.

Según el Comité de Madres en Defensa de la Verdad, los excarcelados estuvieron recluidos en el penal de Tocorón, en el estado Aragua; el Centro Penitenciario Femenino La Crisálida, en Miranda; y centros de detención para menores en La Guaira.

Moreno estimó que en Venezuela hay más de 1.000 presos políticos y que en el último mes “solo han salido aproximadamente 70”, lo que, a su juicio, demuestra que el problema de fondo persiste.

Las organizaciones de derechos humanos señalaron que las excarcelaciones responden a la presión de familiares y ONG y reiteraron que las personas liberadas nunca debieron haber estado privadas de libertad. También insistieron en la necesidad de una amnistía general y del cierre definitivo de los procesos judiciales.

Vente Venezuela afirmó que las medidas anunciadas por el régimen no modifican la situación estructural de represión en el país y reiteró su llamado a garantizar libertad plena y debido proceso para todos los presos políticos.

Debido a las sanciones impuestas por el expresidente Donald Trump, millones de barriles de crudo han quedado «atrapados» en el mar. La firma TankerTrackers reportó que cerca de 17,5 millones de barriles (equivalentes a 900 millones de dólares) flotan en buques que no pueden zarpar.

«Venezuela no puede suministrar barriles a nadie más que a Chevron», explicó la consultora, recordando que esta es la única empresa con autorización del Tesoro de EE. UU.

Con 33 tanqueros estancados, la estrategia de presión busca evitar que PDVSA obtenga liquidez, manteniendo la operatividad petrolera del gobierno de Maduro en un punto crítico.

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