Morfema Press

Es lo que es

DBuford

Mensaje de fin de año de Pierre Manigault, presidente de la SIP
—Sociedad Interamericana de Prensa —

Este año termina con la cruda certeza de que el periodismo en las Américas ya no se ve obligado a defenderse únicamente de las balas, la censura o las celdas de las prisiones. Ahora se enfrenta a una amenaza más insidiosa: la asfixia económica se ha convertido en una nueva forma de violencia, más silenciosa y menos visible, pero igualmente eficaz para acallar las voces independientes.

La desaparición de un medio de comunicación nunca es simplemente un fracaso empresarial. Es, ante todo, una derrota para el derecho de la sociedad a saber. Cuando el periodismo independiente se debilita o desaparece, el debate público se erosiona, la rendición de cuentas se desvanece y las tendencias autoritarias encuentran terreno fértil para expandirse sin control. Una democracia sin medios de comunicación fuertes es una democracia privada de una de sus salvaguardias más esenciales.

A lo largo del año, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) mantuvo una presencia activa y visible a través de misiones internacionales a Guatemala, Panamá, Costa Rica, Perú y los Estados Unidos; países donde las presiones contra periodistas y medios se han intensificado mediante el acoso legal, las demandas desproporcionadas, el abuso regulatorio y la estigmatización desde los más altos niveles del poder. Este deterioro ha sido aún más grave en Cuba, Nicaragua y Venezuela, donde los gobiernos niegan abiertamente a sus ciudadanos el derecho a vivir bajo normas democráticas y reprimen sistemáticamente el periodismo independiente.

Hemos denunciado de manera constante y contundente la persecución estatal y la violencia del crimen organizado, manifestada en asesinatos, amenazas y silencio forzado, en entornos donde los gobiernos no brindan ni siquiera la protección más básica a los periodistas. A este fracaso se suma la persistente impunidad, que alimenta un círculo vicioso de violencia al enviar el mensaje de que los crímenes contra periodistas no tienen consecuencias reales. Como resultado, un número creciente de reporteros se ve obligado al exilio simplemente para preservar su vida y continuar con su labor.

En este contexto, la SIP marcó avances significativos en la lucha contra la impunidad y en la búsqueda de la verdad, la memoria y la justicia. Este año se alcanzaron acuerdos de solución amistosa con el Estado de Colombia para reparar a las familias del periodista Julio Daniel Chaparro Hurtado y del fotógrafo Jorge Enrique Torres Navas, asesinados en 1991, así como a la familia de Guillermo Cano, el director asesinado por narcotraficantes en 1986. Estos acuerdos representan pasos esenciales hacia la rendición de cuentas, reafirmando que los crímenes contra periodistas no pueden ser borrados por el tiempo y que la justicia sigue siendo un derecho inalienable.

Reconociendo la creciente realidad del desplazamiento forzado, la SIP también buscó respuestas concretas a los desafíos del periodismo en el exilio. Entre ellas destaca la creación de la Red Latinoamericana de Periodismo en Exilio (RELPEX), una iniciativa diseñada para apoyar a los periodistas desplazados para que puedan seguir cumpliendo su misión profesional con independencia, dignidad y resiliencia. RELPEX no es solo un mecanismo de apoyo; es una declaración de principios: el exilio nunca debe significar silencio.

Esta crisis ya no se limita a América Latina. En los Estados Unidos, el periodismo ha dejado de ser un observador distante y se ha convertido en un blanco directo dentro del mismo drama global. La Primera Enmienda, que alguna vez se consideró un escudo impenetrable, ha demostrado ser vulnerable a ataques políticos sostenidos destinados a desacreditar a la prensa y socavar la libertad de expresión. En este contexto, la experiencia de los editores latinoamericanos —acostumbrados desde hace tiempo a resistir la presión autoritaria— se ha convertido en una fuente indispensable de visión y fortaleza para las redacciones estadounidenses.

La sostenibilidad financiera del periodismo sigue siendo el talón de Aquiles de la libertad de prensa. Los desafíos que antes planteaban internet y las redes sociales se han visto magnificados por la rápida expansión de la inteligencia artificial. Si bien la IA ofrece oportunidades extraordinarias para la innovación y la eficiencia, también plantea cuestiones éticas y económicas urgentes. Los desarrolladores y las plataformas deben establecer mecanismos de compensación justa por el uso del contenido periodístico. La tecnología solo puede innovar verdaderamente dentro de sistemas libres y democráticos; sin un periodismo de calidad, los algoritmos corren el riesgo de amplificar la desinformación en lugar del conocimiento.

A lo largo del año, fortalecimos nuestras iniciativas de cooperación, capacitación y monitoreo, al tiempo que ampliamos nuestra participación en debates públicos clave sobre la libertad de prensa, la transformación digital y el futuro de la industria de los medios. Ninguno de estos esfuerzos sería posible sin el apoyo sostenido de nuestras organizaciones miembros, socios institucionales y el trabajo incansable de los periodistas que, con valentía y profesionalismo, honran esta misión cada día.

Mirando hacia el futuro, el 2026 emerge como un período tanto desafiante como transformador. La libertad de prensa ya no debe ser retratada como un obstáculo para el poder. Por el contrario, los Estados tienen la obligación obvia de protegerla, reconociendo que es la base del derecho del público a saber, tal como se consagra en la mayoría de las constituciones de las Américas. La libertad de expresión no es una concesión otorgada por el Estado; es un pilar que sostiene a la propia democracia.

El momento exige unidad. Los medios de comunicación, los periodistas, las asociaciones de prensa, las plataformas digitales y los gobiernos deben trabajar juntos. Ante un asalto coordinado contra la verdad, la acción colectiva es el único camino a seguir. En la SIP, reafirmamos nuestro compromiso con los principios de las Declaraciones de Chapultepec y Salta, con la convicción de que buscar la verdad e informar libremente no son solo derechos, sino deberes que exigen nuestra profesión y la democracia.

La SIP es una organización sin fines de lucro dedicada a la defensa y promoción de la libertad de prensa y de expresión en las Américas. Está compuesta por más de 1.300 publicaciones del hemisferio occidental y tiene su sede en Miami, Florida, Estados Unidos.

Diego Arria, ex embajador venezolano ante la ONU y creador de la «Fórmula Arria». Hoy, feroz crítico de Maduro y defensor de la democracia en Venezuela.

El canal de YouTube Mundobetotv (conocido simplemente como Mundobeto) es un espacio de comunicación independiente fundado por un periodista y viajero que se identifica como «Beto».

A diferencia de los canales de noticias tradicionales, Mundobeto se enfoca en el periodismo de terreno, la geopolítica y las historias humanas desde una perspectiva crítica y a menudo alternativa.

A continuación la conversación completa entre Diego Arria y Beto

Mucho ha sucedido este año, aunque todavía falta, sobre todo por terminar de salir del régimen narco terrorista de Nicolás Maduro y el resto del Cartel de los Soles que impera en Venezuela, pero este año ha sido el más decisivo e importante hasta ahora.

Hace 6 meses no se contaban con todas las operaciones que se están realizando para sacar al socialismo del siglo 21 del poder y así cambiar hacia bien a toda la región. De todo esto y más La periodista Nitu Pérez Osuna habló con Alejandro Peña Esclusa, el primer preso político de la “robolución”

Alejandro Peña Esclusa (nacido el 3 de julio de 1954) es un político, escritor y consultor venezolano, reconocido internacionalmente por ser uno de los críticos más férreos del Foro de São Paulo y del movimiento chavista en América Latina.

Su labor se ha centrado en advertir sobre la expansión del socialismo en la región, calificando este fenómeno como una «guerra cultural».

En julio de 2010, fue detenido por el gobierno venezolano y recluido en El Helicoide. Estuvo preso aproximadamente un año, un periodo en el que su estado de salud (padecía cáncer de próstata) generó una fuerte campaña internacional por su liberación.

Actualmente vive en el exilio, desde donde colabora con diversos medios de comunicación y partidos políticos de corte conservador tanto en América como en Europa

Por José «Cheo» Urbina

La crisis política en Venezuela ha alcanzado un punto crítico en este diciembre de 2025, caracterizada por una profunda inestabilidad institucional y una sofisticada manipulación del sistema de justicia como herramienta de negociación internacional.

A continuación, presento un análisis detallado de los puntos solicitados:

  1. El Contexto de la Crisis (Diciembre 2025)

Tras las polémicas elecciones de 2024, el régimen de Nicolás Maduro ha consolidado un aparato de control social que organismos internacionales como WOLA y la ONU califican como cercano al «terrorismo de Estado». La crisis se ve agravada por:

  • Aislamiento y Tensión con EE. UU.: La reciente llegada de Donald Trump a la presidencia ha escalado la tensión, con amenazas de «máximas sanciones» y operativos antinarcóticos cerca de las costas venezolanas.
  • Emergencia Humanitaria: El éxodo masivo supera ya los 8 millones de personas, mientras el Plan de Respuesta Humanitaria de la ONU apenas cuenta con el 28% de los fondos necesarios.

2. Presos Políticos: Cifras y Realidad

    A finales de 2025, la situación de los detenidos por motivos políticos sigue siendo alarmante. Según los balances más recientes de la ONG Foro Penal:

    • Total de Presos: Se estima que quedan alrededor de 900 presos políticos (las cifras fluctúan debido a las recientes liberaciones parciales).
    • Perfil de los Detenidos: Incluye a más de 120 mujeres y aproximadamente 170 militares.
    • Condiciones: Organizaciones como Amnistía Internacional han denunciado la práctica sistemática de desapariciones forzadas y torturas en centros de reclusión.

    3. El Efecto «Puerta Giratoria»

    Este fenómeno es una estrategia calculada de manipulación donde el régimen libera a un grupo de personas para aliviar la presión internacional, mientras detiene simultáneamente a nuevos activistas para mantener el control interno.

      • Liberaciones de Navidad (2025): En las últimas 48 horas, el régimen ha excarcelado a cerca de 99 personas (según fuentes oficiales, aunque Foro Penal ha verificado 45 hasta el momento).
      • El Mecanismo: Estas liberaciones suelen ser selectivas y discretas, otorgando medidas cautelares (libertad condicional) en lugar de libertad plena, lo que permite al Estado volver a encarcelarlos en cualquier momento.
      • Fichas de Canje: Los presos son utilizados como moneda de cambio para obtener alivio de sanciones o legitimidad política ante la comunidad internacional.

      4. Manipulación del Régimen

        El control del Poder Judicial le permite al régimen ejecutar una narrativa de «clemencia» y «paz» que oculta la ausencia de garantías básicas:

        • Inexistencia del Debido Proceso: Las detenciones suelen ocurrir sin órdenes judiciales y los juicios se retrasan indefinidamente.
        • Uso Político de la Justicia: La Fiscalía utiliza tipos penales ambiguos como «instigación al odio» o «terrorismo» para criminalizar cualquier forma de disidencia o protesta social (que representaron el 76% de las manifestaciones en enero de 2025).
        • Control Mediático: El discurso oficial insiste en que en Venezuela «no hay presos políticos, sino criminales», mientras las familias exigen una amnistía general que el gobierno se niega a conceder.

        Hoy un pequeño barniz corre en Venezuela y no es más, que un engaño celebro las liberaciónes, todos nunca debieron estar presos.

        Así estamos y así seguimos!!!

        JOSÉ CHEO URBINA
        Un gocho más, un Tachirense!!!

        Por Enrique Krauze

        “Venezuela se encamina a un proceso de destrucción acelerado”, declaró María Corina Machado a Letras Libres hace más de una década (“Venezuela alerta”, agosto de 2014). Me impresionó su coraje cívico. Había sido citada por el ministerio público para declarar sobre cargos que se le imputaban, desde luego de manera falsa. Y Diosdado Cabello la había privado de sus derechos parlamentarios. Pero cualquiera que leyese esa entrevista tenía claro que María Corina era indomable. Llevaba años de desplegar un activismo de oposición tan contundente que no se detuvo ante el mismísimo comandante Chávez cuando, rodeada de caras escépticas y burlonas, lo interpeló cara a cara desmontando sus mentiras y llamándolo a construir una Venezuela de concordia.

        Tenía razón. Para Venezuela, la vida era un viacrucis. ¿Tendría fin, alguna vez? Tras dedicar un libro al estudio del chavismo y empeñar los modestos esfuerzos de Letras Libres en seguir la tragedia de Venezuela, llegué a pensar que la historia se repetía cruelmente. Con la sola excepción de Haití, ningún país iberoamericano, ni siquiera México, había sufrido una devastación similar a la de Venezuela en las guerras de independencia. No obstante, habían sido tropas populares venezolanas las que contribuyeron decisivamente a la liberación de la actual Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. En el camino, Venezuela había perdido una cuarta parte de la población y casi toda su riqueza. Dos siglos después, Venezuela —con una de las mayores reservas petroleras del mundo— estaba en camino de reeditar la misma historia. Nadie acudía en su auxilio.

        Nadie acudía en su auxilio, pero desde sus entrañas ocurrió una mutación que, vista de fuera, parece un milagro, que no lo es para aquel que conozca el temple estoico del bravo pueblo venezolano, y a la heroica mujer que ahora encarna la esperanza. Poco antes de las elecciones de julio de 2024, en una llamada que me llenó conmovió, me dijo:

        “Tú no te imaginas el entusiasmo de la gente. En todos los pueblos por los que paso, la gente me pide que logre reunificar a la familia venezolana: las madres quieren volver a ver a sus hijos, los abuelos conocer a sus nietos. Anhelan un alivio a la miseria, a la represión y la inseguridad, pero quieren vivir sobre todo en libertad. Desean el abrazo de un venezolano con otro venezolano. Sueñan con la reconciliación nacional”.

        Todo el mundo —literalmente— conoce ahora lo que ocurrió después: el fraude escandaloso, el cautiverio de María Corina en una clandestinidad autoimpuesta no por una vocación de sacrificio, sino por una actitud de ejemplaridad moral y virtud cívica que consignarán los libros de texto tan pronto Venezuela recupere su libertad.

        Todo el mundo conoce lo que ocurrió, pero no todo el mundo lo reconoce. La izquierda latinoamericana (política, intelectual, académica) ha incurrido una vez más en la práctica que Vicente Huidobro describió como “la indignación unilateral: moral hemipléjica, paralizada del costado izquierdo”. Bienvenida la indignación, con bombo y platillo, mientras los dictadores sean “de derecha”, pero si son “progresistas” —ese término que enloda la palabra progreso, refiriéndola a Maduro, Díaz-Canel, Ortega— no importa a qué extremo tiránico y criminal lleguen. Solo con una mentalidad así se explica la respuesta de la presidenta mexicana cuando se le preguntó por el Premio Nobel a Machado. Su comentario fue “Sin comentarios”. Esa izquierda “moralmente hemipléjica” no ha cambiado nada, no ha aprendido nada: es la heredera de la que rendía culto a Stalin.

        Pero no solo en esos ámbitos se distorsiona la realidad. También en círculos supuestamente liberales, y desde luego en ámbitos académicos donde pululan expertos autocomplacientes que nunca han corrido riesgos, se propagan mitos sobre lo que esperaría a Venezuela si cae el ilegítimo régimen que ahora la oprime.

        “Será como Afganistán” —dicen, ignorando que por su carácter mestizo e incluyente el pueblo de Venezuela es ajeno a las diferencias identitarias. “Es un país dividido” —vocean, olvidando que el chavismo perdió toda su base social, como se demostró fehacientemente en las elecciones del 28 de julio. De hecho, si el gobierno no hubiera impuesto tantos controles autoritarios, el resultado favorable a Edmundo González y María Corina Machado se habría acercado al 90%. Hay, por tanto, un liderazgo electo en un país que cuenta con una respetable tradición democrática. “Podría desatarse un éxodo” —pontifican, y uno se pregunta: ¿qué es lo que ha sucedido hasta ahora? La realidad es la inversa: solo el cambio democratizador garantiza la reversión de los inmensos flujos migratorios. “Únicamente Maduro garantiza la paz”. ¿De verdad? Es Maduro quien creó el caos actual, con una economía destruida y un éxodo que alcanza al 30% de la población. Maduro no representa la paz sino la coacción y el caos permanente, así como una amenaza constante para la estabilidad democrática del hemisferio.

        No paran ahí las piadosas alarmas. “María Corina está solicitando la invasión de Estados Unidos a Venezuela”. Ella no ha pedido tal cosa. Ha dicho que Venezuela está ya ocupada por Cuba, Rusia e Irán, ha apelado al apoyo multinacional y seguramente querría que la presión sobre el régimen condujera a una salida pacífica. Y otra cantinela: “María Corina Machado representa una posición de extrema derecha”. Reconstruir la economía devastada de Venezuela requerirá gran creatividad y compromiso empresarial, pero también la recuperación del entramado institucional público en salud y educación, en cultura y arte, que caracterizó a Venezuela por muchas décadas. ¿Derecha extrema?

        No sé cuándo asumirá el poder el gobierno legítimo de Edmundo González. Sé que el entusiasmo que sobrevendrá asombrará al mundo y no durará un día ni un mes sino años en los que el venezolano podrá ir recobrando, poco a poco, al país que le fue arrebatado. En esa tarea constructora María Corina Machado deberá asumir una labor pedagógica, en el sentido más alto de la palabra: con espíritu comprensivo, sin la inquina y la venganza que siempre movió a sus persecutores, podrá explicar al venezolano la realidad de estos 25 años y el rumbo a tomar en los siguientes lustros. La escucharán las familias unidas de Venezuela.

        Enrique Krauze es historiador y ensayista. Autor de libros como El poder y el delirio o Spinoza en el Parque México (ambos en Tusquets).

        Por Adalberto Hernández

        Para entender la tragedia venezolana actual, es imperativo diseccionar la naturaleza del mal que la gobierna. No estamos ante una dictadura convencional, sino ante una metamorfosis criminal que ha pasado de la manipulación mental sofisticada al terrorismo de Estado más visceral. Hugo Chávez no fue un líder «más suave»; fue el arquitecto perverso que diseñó la jaula, pero tras su muerte, quienes quedaron a cargo —con Diosdado Cabello como el verdadero rostro del extremismo— decidieron prenderle fuego a la estructura con todos adentro.

        El Chávez psicólogo: La parálisis como doctrina

        La perversidad de Hugo Chávez residía en su capacidad para utilizar la psicología política negativa. Chávez no necesitaba llenar las cárceles de miles de ciudadanos para mantenerse en el poder; su objetivo era más ambicioso y oscuro: la domesticación de la psique colectiva.

        Desde una perspectiva técnica, Chávez aplicó lo que en psicología política se denomina «Indefensión Aprendida». Al cambiar las reglas del juego constantemente y castigar de forma errática pero feroz, logró que el ciudadano sintiera que ninguna acción tendría un resultado positivo. Casos como el de la jueza María Lourdes Afiuni o los comisarios del 2002 fueron «anuncios publicitarios» del miedo. Chávez entregó el poder en 2013 con apenas 11 presos políticos. Su autoritarismo paralizaba al ciudadano antes de que este se atreviera a protestar. El miedo era una niebla; hoy es una bala.

        El quiebre: «Nosotros somos locos»

        La verdadera naturaleza del grupo que sostiene hoy el poder quedó al descubierto tras la desaparición del «líder supremo». Diosdado Cabello, representante del ala más militarista y radical, ha lanzado en diversas ocasiones una sentencia que es un reconocimiento tácito de su carácter violento: «No nos reten, porque nosotros somos locos y Chávez ya no está para frenarnos«.

        Esta frase es una confesión de parte. Admiten que mientras Chávez vivía, existía un cálculo político, un «freno» que mantenía la barbarie dentro de ciertos límites estratégicos. Muerto el líder, la facción más extremista tomó las riendas, sustituyendo la astucia por el sadismo. Sin Chávez, la «locura» se convirtió en la política oficial del Estado.

        El Surgimiento de los monstruos: Del Helicoide y el tren de Aragua

        Bajo el mando de Maduro y el control de hierro de Cabello, el Estado venezolano mutó en algo mucho más oscuro. El nombre de «El Helicoide» pasó de ser una referencia arquitectónica a convertirse en el epicentro del dolor y la tortura sistémica.

        Paralelamente, el régimen perfeccionó la creación de ejércitos irregulares. El surgimiento del «Tren de Aragua» no es un accidente, sino una estrategia de control social dual: internamente, funciona como un brazo de choque y terror que somete a la población; externamente, ha sido utilizado como una herramienta de exportación de criminalidad para desestabilizar a los gobiernos de la región, saturando sus sistemas de seguridad y alterando el orden público en todo el continente.

        Esta degradación se completa con el Cartel de los Soles, que dejó de ser solo una estructura de narcotráfico para transformarse en un nodo logístico del extremismo global. Esta coalición ha brindado apoyo operativo a grupos como Hezbolá e ISIS, utilizando a Venezuela como una base de operaciones transnacional que fusiona el poder político con el hampa y el fundamentalismo radical.

        Es un error creer que el chavismo actual traicionó a Chávez; son su consecuencia lógica. Chávez fue el veneno, pero la administración de Cabello y los sectores radicales son el cuchillo. Hoy Venezuela no es gobernada por una ideología, sino por una estructura criminal y extremista que ha sustituido la política por el terrorismo de Estado.

        Ante un escenario donde el terror se ha vuelto sistémico y los actores extremistas no tienen intención de retroceder, la historia dicta una sentencia clara. No se puede sanar el cuerpo si el foco de la infección permanece activo. Frente a una estructura de esta magnitud, no hay soluciones medias: como dice el dicho popular, la culebra se mata por la cabeza. Solo descabezando la cúpula que dirige esta maquinaria de muerte podrá Venezuela y a la región desarticular el terror y recuperar su libertad.

        El horror en números

        La cifra de 2024 representa el pico más alto de detenciones políticas en la historia de Venezuela, con más de 1,900 personas tras las rejas simultáneamente tras el evento electoral de julio.

        Por George Friedman en GPF

        La Estrategia de Seguridad Nacional de EE. UU., publicada a principios de este mes, contenía un par de prioridades relacionadas que han guiado las recientes acciones de EE. UU. en el exterior: reducir la exposición de EE. UU. al Hemisferio Oriental y centrarse en su estrategia para el Hemisferio Occidental. Dado que EE. UU. no puede desvincularse completamente del Hemisferio Oriental, debe poner fin, o al menos mejorar, a las relaciones hostiles que han llevado a Washington a varias guerras costosas y fallidas allí, manteniendo al mismo tiempo relaciones económicas cruciales. Se están realizando esfuerzos para lograr ese fin, pero aún no han sido definitivos.

        Igualmente importante, la nueva estrategia exige tácitamente una participación más activa en el hemisferio occidental, cuyo objetivo es afirmar el dominio de seguridad de EE. UU. y mejorar drásticamente las capacidades económicas de América Latina para que EE. UU. pueda desvincularse del hemisferio oriental. Para que esto suceda, las naciones latinoamericanas deben lograr mayor estabilidad política y productividad económica.

        Tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos basó su seguridad nacional en la reconstrucción de los países del hemisferio oriental en Europa y Asia. Su estrategia tenía, por supuesto, un componente de seguridad, arraigado en la lógica de la Guerra Fría, pero también evidenciaba una realidad menos consciente: las economías desarrolladas y exitosas acabarían incurriendo en salarios y costos más altos, de modo que el crecimiento económico nacional no se traduce necesariamente en bienestar económico para sus ciudadanos. Para mantener bajos los costos, los países importan productos más baratos de economías menos desarrolladas. Este fue el caso de Europa y Japón. El «Hecho en Japón» hizo que el consumo fuera más asequible en gran parte del mundo occidental, pero a medida que Japón maduró y los precios subieron, China se convirtió en la fuente predilecta para la producción a menor costo. Sumado a la inversión estadounidense, esto impulsó el auge económico de China. No se trató tanto de una política consciente como de una cuestión de responsabilidad fiduciaria.

        Las economías ricas necesitan importaciones de bajo costo de países menos prósperos, pero la dependencia excesiva de dichas importaciones otorga a los exportadores influencia política a medida que evolucionan económica y geopolíticamente. A medida que China ha madurado, la adicción de Estados Unidos a los productos chinos se ha vuelto más peligrosa y perjudicial para la economía estadounidense.

        En este contexto, el renovado enfoque militar de Washington en Venezuela se vincula, por lo tanto, a una evolución imprevista no solo de la dimensión militar de la geopolítica, sino también de la económica. La lógica geopolítica es que un mayor crecimiento económico en América Latina reducirá las vulnerabilidades en el hemisferio oriental y, con el tiempo, podría moderar la inmigración a Estados Unidos. Esto requeriría una mayor estabilidad política en ciertos países latinoamericanos.

        El imperativo general, en gran medida, es claro. El imperativo táctico —es decir, qué medidas debe tomar Washington para lograr sus objetivos— no lo es. Incluso si los países latinoamericanos se benefician de esto a largo plazo, sus sistemas políticos serán sustancialmente inestables a corto plazo. Cabe preguntarse qué derecho tiene Estados Unidos a imponerse en América Latina. No es una pregunta descabellada, pero la historia de la humanidad es la historia de tales imposiciones.

        Algunas economías políticas latinoamericanas se basan en la exportación de narcóticos, y los exportadores —los cárteles— han creado sistemas económicos y políticos que imposibilitan una evolución económica más amplia. Además de su impacto en la vida estadounidense, el narcotráfico socava el desarrollo de economías más diversas y poderosas.

        Las operaciones militares en curso en el Caribe son un primer paso hacia ese fin. Se ha desplegado una enorme fuerza militar estadounidense para debilitar y destruir a los cárteles y, por ende, su poder militar y económico. El enfoque en los cárteles busca detener el flujo de narcóticos hacia Estados Unidos y permitir que la riqueza implícita de Venezuela emerja, no como un acto de bondad, sino como un acto de interés para Estados Unidos.

        Pero hay una rareza en las tácticas empleadas. La cantidad de fuerza desplegada en el Caribe es mucho mayor de la necesaria para bloquear a Venezuela. También es mucho menor de la que se requeriría para invadir y ocupar Venezuela, un paso previo necesario para destruir la producción de drogas en el interior del país. Pero este despliegue puede entenderse considerando otra dimensión del problema estadounidense: Cuba. Cuba ha sido un problema potencial para Estados Unidos durante aproximadamente 65 años, desde que Fidel Castro instauró un régimen comunista. Al avanzar hacia la transformación de América Latina, Washington debe abordar el problema cubano. Cuando Estados Unidos consideraba enviar misiles Tomahawk de largo alcance a Ucrania, por ejemplo, Rusia estaba en proceso de firmar un nuevo acuerdo de defensa con Cuba. El mensaje era claro: si Estados Unidos entregaba misiles Tomahawk, Rusia podría enviar municiones similares a Cuba. Las fuerzas desplegadas en el Caribe, entonces, tienen dos usos: derrocar al presidente venezolano Nicolás Maduro y, por lo tanto, desmantelar los cárteles, y amenazar a Cuba.

        Cuba se convirtió en un desastre económico marcado por fallas masivas en su sistema eléctrico y la frecuente escasez de muchos productos básicos. A pesar de su fracaso, Cuba representa una verdadera amenaza estratégica para Estados Unidos, dada su relación con Rusia, que en cierta medida comparte con Venezuela. La posible (aunque difícil de imaginar) presencia de fuerzas rusas en Cuba representa una amenaza para las rutas comerciales y la seguridad nacional de Estados Unidos.

        Si Estados Unidos quiere dinamizar las economías latinoamericanas, debe negociar con Cuba, que continúa operando en Latinoamérica a pesar de sus dificultades económicas y mantiene una relación poco sólida con Venezuela. Los servicios de inteligencia cubanos ayudan a proteger al gobierno de Maduro, y Caracas es, con diferencia, el mayor proveedor de petróleo de Cuba. La reciente incautación de petroleros demuestra la intención estadounidense de cortar estos suministros y, por lo tanto, perturbar ambas economías.

        Está surgiendo una estrategia en Washington y, con ella, una táctica más detallada que el gobierno planea usar para lograr sus objetivos. Si este análisis de la estrategia estadounidense es correcto, entonces esta requiere abordar el problema de Cuba, para lo cual el bloqueo del petróleo venezolano es un paso racional. Para que la estrategia avance, Cuba, y no Venezuela, debería ser la prioridad, ya que abordaría la amenaza potencial, aunque improbable, de una presencia rusa significativa cerca del territorio continental de Estados Unidos.

        El cambio de la atención estadounidense hacia el hemisferio occidental y la extensión del bloqueo petrolero a Venezuela, junto con la magnitud del despliegue estadounidense, parecen ser movimientos tácticos dentro de un plan mucho más amplio, establecido en la Estrategia de Seguridad Nacional. Washington ha anunciado sus intenciones y ahora las está cumpliendo.

        George Friedman es un pronosticador geopolítico y estratega en asuntos internacionales reconocido internacionalmente y fundador y presidente de Geopolitical Futures.

        Estas liberaciones se produjeron durante la madrugada de Navidad en varios centros de reclusión del país, tras semanas de presión por parte de familiares y organizaciones de derechos humanos que exigían una «Navidad sin presos políticos».

        Detalles logrados este 25 de diciembre:
        Total de excarcelados: Al menos 71 personas.

        Ubicación:
        Tocorón (Aragua): 65 hombres liberados.
        Las Crisálidas (Miranda): 3 mujeres liberadas.
        La Guaira: 3 adolescentes liberados.

        Contexto: Los beneficiados habían sido detenidos mayoritariamente en el contexto de las protestas tras las elecciones presidenciales de 2024.

        Panorama general (Diciembre 2025):

        Antes de estas medidas, la organización Foro Penal reportaba un total de 902 presos políticos al 15 de diciembre de 2025. A pesar de las recientes excarcelaciones, activistas y figuras de la oposición, como Henrique Capriles y Tomás Guanipa, continúan exigiendo una «liberación masiva» total, denunciando que cientos de personas permanecen tras las rejas por motivos políticos, incluyendo a 86 personas con doble nacionalidad y 97 adultos mayores.

        La líder opositora y Premio Nobel de la Paz 2025, María Corina Machado, ha reiterado el llamado para que todos los detenidos injustamente puedan reunirse con sus familias.

        Para voceros de Derechos Humanos, dichas encarcelaciones confirman que los detenidos si estaban privados de libertad por acciones políticas. Igualmente, tratamos de confirmar que tales liberaciones son absolutas o quedan bajo presentación.

        Tras la declaratoria oficial del Consejo Nacional Electoral (CNE), un bloque de naciones de América Latina, los Estados Unidos y la Unión Europea han manifestado su reconocimiento oficial a Nasry “Tito” Asfura, abanderado del Partido Nacional, como ganador de las elecciones generales del pasado 30 de noviembre.

        Reconocimiento regional conjunto

        En un pronunciamiento conjunto fechado en Lima el 24 de diciembre, los gobiernos de Argentina, Bolivia, Costa Rica, Ecuador, Panamá, Paraguay, Perú y República Dominicana felicitaron a Asfura por su triunfo. Los ocho países destacaron la «responsabilidad cívica» del pueblo hondureño y expresaron su disposición para trabajar con la nueva administración en una agenda común que incluye:

        • Fortalecimiento de la democracia y las instituciones.
        • Cooperación en seguridad y gestión de flujos migratorios.
        • Impulso al comercio regional.

        El bloque subrayó el papel de la OEA y la Unión Europea en el proceso de revisión de actas, señalando que su observación técnica brindó claridad y legitimidad a los resultados finales.

        Apoyo de las potencias occidentales

        Por su parte, la Unión Europea (UE) emitió un comunicado desde Bruselas reafirmando su compromiso con la democracia en Honduras. El organismo destacó la participación masiva de la ciudadanía y manifestó su voluntad de profundizar la relación bilateral bajo el mandato de Asfura.

        Asimismo, el Secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, extendió sus felicitaciones al presidente electo pocos minutos después de la proclamación oficial, sumando el respaldo de la administración estadounidense al proceso de transición.

        Un llamado a la paz social

        A pesar de la tensión política interna y las impugnaciones de sectores opositores, la comunidad internacional ha hecho un llamado enfático a que el traspaso de mando se realice de manera «pacífica y ordenada». El respaldo externo se percibe como un factor clave de estabilidad para el país, en un momento donde el reconocimiento internacional busca facilitar la convivencia nacional y el cierre definitivo del ciclo electoral.

        Vía DDC

        En 2025, Chile, Bolivia, Ecuador, Honduras y San Vicente y las Granadinas confirmaron un giro hacia la derecha. Los politólogos Armando Chaguaceda y Pedro Isern analizan este escenario.

        La evidente inclinación de América Latina hacia la derecha se confirmó en 2025 con las elecciones presidenciales en Chile, Bolivia, Ecuador, Honduras y San Vicente y las Granadinas. En este escenario, «veremos un alineamiento más duro contra las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua«, consideró el politólogo Armando Chaguaceda, director de investigación del laboratorio de ideas Gobierno y Análisis Político AC, en México.

        Durante su participación en el programa Los Puntos a las Íes, de DIARIO DE CUBA, el académico dijo que estos cambios incidirán en las relaciones con las tres dictaduras de la región.

        «Habrá algún tipo de enfrentamiento, favorecido por la postura de la Administración Trump y su doctrina hemisférica de seguridad nacional. Estas dictaduras están muy desacreditadas, con grandes crisis internas y externas, aunque preservan capacidad de influencia en el ecosistema regional», explicó.

        A pesar de estas posiciones, por ejemplo, en Chile, podrían darse contradicciones importantes, ya que el presidente electo apoya la causa de la libertad de Cuba, Venezuela y Nicaragua, pero al mismo tiempo ha prometido severidad con los inmigrantes que huyen de estos países.

        Los cambios políticos en América Latina, de cara a las relaciones con Rusia y China, también fueron analizados en el programa.

        Pedro Isern, director del Centro para el Estudio de las Sociedades Abiertas, dijo que «en Chile la cuestión de China no es un punto que se toca en ningún espectro ideológico«, siendo Pekín el principal socio comercial del país sudamericano desde hace mucho tiempo.

        «A China no se le cuestiona, ni en la derecha, ni en el centro, ni en la izquierda. Ese es un punto importante que habría que presentarle al presidente Kast», afirmó Isern desde Uruguay.

        En relación con los próximos procesos en la región, Chaguaceda cree que en México «se mantendrá [el partido oficialista] Morena, porque la oposición está muy desdibujada».

        En su opinión, «en México ya estamos en un régimen iliberal, con cada vez más elementos autoritarios«; mientras en Colombia «tenemos al presidente Petro, con un talante caótico e iliberal, y con afinidades electivas hacia las dictaduras».

        Pedro Isern recordó que en Brasil habrá elecciones presidenciales en 2026, «en principio, muy parejas», donde la derecha y la centroderecha tendrán que buscar una alianza ante un «hábil Lula da Silva».

        «No es que Brasil defina hacia dónde gira el péndulo de América Latina, pero será una elección clave, donde la centroderecha y la derecha pueden y deben ganar. Y si no es así, la alianza entre Brasil y México seguirá generando un punto de encuentro importante», explicó el politólogo uruguayo.

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