Morfema Press

Es lo que es

DBuford

Vía The Economist

Los gánsteres que apoyan a Nicolás Maduro dependen del dinero de las exportaciones petroleras

El 10 de diciembre, fuerzas especiales estadounidenses, ataviadas con equipo de combate y armadas con rifles de asalto, descendieron por cuerdas rápidas desde dos helicópteros Black Hawk a la cubierta del Skipper, un gigantesco petrolero que navegaba frente a las costas de Venezuela. La tripulación no opuso resistencia cuando los comandos capturaron el buque, que se encontraba bajo sanciones. Pam Bondi, fiscal general de Estados Unidos, declaró que el petrolero se utilizaba para transportar petróleo de Venezuela e Irán, incumpliendo las sanciones. «Fue confiscado por una muy buena razón», afirmó Donald Trump. En cuanto al cargamento, con un valor aproximado de 80 millones de dólares, el presidente dijo que tenía la intención de «quedarlo».

La extraordinaria incautación pareció marcar el inicio de la siguiente fase de la campaña de Trump contra Nicolás Maduro, el dictador venezolano. La Casa Blanca ha indicado que no se trató de un hecho aislado. El 11 de diciembre, impuso sanciones a seis superpetroleros que recientemente cargaron crudo en Venezuela. Reuters informó que existen planes para interceptar más buques que transportan petróleo venezolano «en las próximas semanas». Al ser preguntado sobre estos planes, el gobierno afirmó que no se quedaría «de brazos cruzados viendo cómo los buques sancionados surcan los mares con petróleo del mercado negro». Francisco Monaldi, experto en política energética latinoamericana de la Universidad Rice en Houston, afirma que no tiene precedentes que una fuerza extranjera espere en el mar para capturar buques sancionados al salir del puerto.

Desde septiembre, Estados Unidos ha desplegado una formidable fuerza naval en el Caribe. Supuestamente, su misión es detener al narcotráfico, pero también está claramente dirigida a expulsar del poder al régimen de Maduro, la fuente de gran parte de los problemas de la región. El gobierno de Trump acusa a Maduro —quien robó las elecciones del año pasado— de ser un capo de la droga y de exportar narcóticos directamente a Estados Unidos. Venezuela es, en realidad, un actor relativamente pequeño en el ranking de exportadores de drogas de Sudamérica, pero esto se pasa por alto. Hasta el 10 de diciembre, la operación militar se había centrado en atacar pequeñas embarcaciones presuntamente dedicadas al tráfico de drogas en el Caribe y el Pacífico, causando la muerte de al menos 87 personas. Ha sido brutal, probablemente ilegal, pero también un tanto performativa: Trump no ha atacado a nadie que pueda defenderse.

La confiscación de petroleros es igualmente de bajo riesgo para los soldados estadounidenses involucrados. Podría ser mucho más efectiva, desestabilizando la turbia economía de mercado negro del régimen de Maduro. El Skipper forma parte de una flota de «buques fantasma» que han permitido al régimen venezolano eludir las sanciones impuestas inicialmente a su industria petrolera en 2019, durante el primer mandato de Trump. Los barcos, que navegan con nombres que cambian con frecuencia, a menudo con los transpondedores apagados, operan entre un «club» ad hoc de los tres principales países productores de petróleo del mundo sancionados (Irán, Rusia y Venezuela) y, principalmente, clientes asiáticos. Los petroleros suelen ser difíciles de asegurar y están registrados a nombre de empresas fantasma que ayudan a ocultar su propiedad. El Skipper está registrado a nombre de una empresa con sede en las Islas Marshall, Triton Navigation Corp. El buque y la empresa han estado sujetos a sanciones por parte de Estados Unidos desde noviembre de 2022. Según el gobierno guyanés, enarbolaba falsamente la bandera de Guyana, en violación del derecho marítimo.

La incautación ya habrá causado un gran sufrimiento al régimen venezolano en forma de un aumento vertiginoso de los costos de envío. Los intermediarios que operan buques fantasma ya pueden cobrar considerablemente más que quienes operan legítimamente, dadas las sanciones a las que se enfrentan si se les imponen sanciones. «Tres viajes de ida y vuelta y ya has pagado el barco», afirma un empresario que negocia con el gobierno venezolano. Ahora que todo el mundo sabe que un superpetrolero y su petróleo han sido incautados, los intermediarios cobrarán primas de riesgo mucho más altas. “Las tarifas van a subir aún más, el margen del vendedor se reducirá aún más. Esto va a restringir seriamente la capacidad del gobierno para transportar su petróleo”, afirma el empresario. Actualmente, PDVSA, la petrolera estatal venezolana, insiste en que los compradores de su petróleo paguen el total antes de que los buques tanque zarpen. Es poco probable que los transportistas estén dispuestos a correr ese riesgo en el futuro.

Dada la posible eficacia de estas incautaciones, ¿por qué Estados Unidos no las ha intentado antes? Una razón podría ser el temor a la reciprocidad. Si Estados Unidos comienza a incautar buques en el Caribe, Rusia o Irán podrían sentirse menos inhibidos de hacerlo, por ejemplo, en el estrecho de Ormuz (Irán ha incautado varios buques y se ha llevado cargamentos de petróleo desde 2023). Estados Unidos podría argumentar que el Skipper era «apátrida», anulando así los derechos otorgados a los buques con pabellón correcto según la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. En cualquier caso, Trump ha demostrado que no respeta las reglas. En cuanto a por qué ahora, Monaldi señala el exceso de petróleo a nivel mundial. Incluso si el suministro de Venezuela se bloqueara por completo, el efecto en los precios globales no sería significativo. No se ha producido una variación sustancial en los precios como respuesta a esta incautación inicial. «Creo que por eso podrían estar dispuestos a correr este riesgo», afirma. La incautación ocurrió el mismo día que María Corina Machado, líder de la oposición venezolana, viajó a Noruega para recibir su Premio Nobel de la Paz por enfrentarse al régimen de Maduro.

¿Restringir otra fuente de ingresos, además de las sanciones, las amenazas militares y las prohibiciones de entrada al espacio aéreo venezolano, generará suficiente presión para obligar a Maduro a dejar el poder? La historia sugiere que es poco probable. En sus 12 años en el poder, Maduro ha gobernado a pesar de un colapso catastrófico de la economía venezolana, ha resistido sanciones a su principal industria, ha manipulado elecciones y se ha mantenido atrincherado.

Pero el empresario se pregunta si Trump podría estar en lo cierto. «Si bloquea la vía de escape y molesta a los poderosos que se benefician de ella, las cosas podrían ponerse interesantes».

Vía AS

El estudio afirma que un consumo diario en esta cantidad puede aumentar hasta dos años de envejecimiento saludable en la vida.

Unos investigadores de la Universidad de Coimbra (Portugal) ha explorado la ciencia que hay detrás de la relación del café con el envejecimiento saludable y apunta a que un correcto consumo en una determinada dosis, puede aumentar hasta dos años el envejecimiento saludable. El porcentaje de la población mundial mayor de 65 años está creciendo rápidamente y sólo se espera que siga aumentando, pasando del 10% en 2022 al 16% en 2050. En este sentido, el estudio expone los efectos positivos que puede tener el consumo moderado de café en esta población que envejece, como parte de un estilo de vida sano y equilibrado.

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria considera que consumir hasta 400 mg de cafeína (3-5 tazas de café), es un consumo moderado para la mayoría de los adultos. En el caso de las mujeres embarazadas o lactantes, habría que reducir el consumo a 200mg al día.

Más de 50 estudios sobre el café

El café es uno de los productos que más estudios se han realizado ya que en distintas investigaciones se ha podido concluir como el café influye significativamente en la reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares, cáncer, enfermedades respiratorias, deterioro cognitivo y fragilidad.

La nueva revisión, publicada en la revista ‘Ageing Research Reviews’ y apoyado por el Instituto de Información Científica sobre el Café (ISIC), expone que el consumo moderado del café puede añadir hasta una media de 1,8 años más de vida saludable. Por tanto, no es que el café solamente te permita vivir más, sino que también te permite vivir mejor. Algunas investigaciones sugieren que otras intervenciones nutricionales antienvejecimiento pueden tener una diferencia de género; sin embargo, la revisión concluyó que el aumento de la esperanza de vida saludable atribuido al consumo regular de café se observa tanto en hombres como en mujeres.

Muchas recomendaciones clínicas diagnostican a los clientes, reducir el consumo del café o incluso evitarlo por completo. De esta manera, y atendiendo a las nuevas evidencias científicas, es necesario reevaluar el papel del café en el envejecimiento saludable. Pese a que el café se asocia más comúnmente con su contenido en cafeína, también incluye una mezcla de más de 2.000 compuestos potencialmente bioactivos. Los componentes del café pueden llegar a proporcionar propiedades antioxidantes y antiinflamatorias, logrando reducir la inflamación y la regulación de insulina.

Habrá más investigaciones

Aunque los estudios previos señalados, hayan concluido la efectividad del café en la reducción de enfermedades, aún se desconocen muchos factores y los mecanismos exactos que subyacen al papel que desempeñan estos componentes. En este sentido, Rodrigo Cunha, de la Universidad de Coimbra, comenta que “las recomendaciones clínicas tradicionales a veces han pasado por alto el papel del café en el envejecimiento saludable, pero con una sólida base de investigación sobre cómo el consumo regular puede reducir potencialmente algunas de las enfermedades más crónicas a las que se enfrenta la sociedad, es probable que haya llegado el momento de reevaluarlas”.

Por otro lado, Rodrigo añade que “Nuestra revisión subraya el papel que el consumo regular y moderado de café puede desempeñar en la mediación contra los mecanismos biológicos que, de forma natural, se ralentizan o fallan a medida que envejecemos, desencadenando una serie de posibles problemas de salud y comorbilidades”.

Por Martín Eduardo Botero

La historia, a veces, tiene un sentido del humor cruel. Durante décadas, la izquierda progresista se presentó como la guardiana exclusiva de los derechos humanos, la libertad y la justicia social. Creó una religión laica de la virtud, con sus santos, sus mártires y sus inquisidores. Hoy, esa misma izquierda calla —o peor, ataca— a una mujer que encarna, más que nadie, el valor, la dignidad y la resistencia frente al totalitarismo: María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz 2025.

No es un silencio casual. Es un silencio culposo, casi teológico, que nace de la vergüenza de verse desnudos ante el espejo de su hipocresía.

El fin del monopolio moral

Durante mucho tiempo, el progresismo creyó tener el monopolio del bien.

 Creyó que la defensa de los pobres, de las mujeres y de los oprimidos era patrimonio exclusivo de una sensibilidad política. Pero la historia es una vieja ironista: fue una mujer liberal, de derecha democrática, quien desafió sola una tiranía de narcotraficantes y militares corruptos, y lo hizo sin disparar un solo tiro.

Ese gesto, profundamente ético, arrastra al suelo toda la mitología del izquierdismo moralista, porque demuestra que la libertad no es ideología, sino carácter.

El feminismo que no necesitan las consignas

Machado ha humillado, con su sola existencia, al feminismo de eslogan y pancarta.

No pidió cuotas ni privilegios: se ganó su lugar con inteligencia, temple y sacrificio.

No se vistió con el dogma, sino con la coherencia.

Por eso las feministas del mundo callan.

Porque la verdadera mujer libre les resulta insoportable: no la pueden dirigir, no la pueden manipular, y menos aún usar como bandera para su ideología.

El espejo roto de la izquierda

El chavismo fue el último gran mito revolucionario. Un mito alimentado por intelectuales, burócratas internacionales y oenegés que confundieron el hambre con la justicia y la miseria con la igualdad. Hoy ese mito se derrumba, y lo hace con la fuerza simbólica de un Nobel. El reconocimiento a María Corina Machado es el certificado de defunción del socialismo latinoamericano, y por extensión, de toda una generación de ilusiones progresistas que justificaron el horror con tal de preservar el relato.

El premio a Machado no es solo un acto de justicia: es una reivindicación de los valores occidentales que el progresismo ha intentado desfigurar.

Porque la libertad individual, la democracia representativa y el coraje moral no son vestigios del pasado, sino el corazón mismo de la civilización. El Nobel, en este caso, no se le ha dado a una ideología: se le ha devuelto a la conciencia.

Conclusión: el fin de una impostura

La izquierda no celebra a María Corina Machado porque ella representa su derrota más temida: la derrota moral. Ella ha probado que se puede ser de derecha y defender la justicia, ser liberal y sacrificarse por los pobres, ser mujer y no rendir culto al resentimiento.

Su victoria es la resurrección del honor, y su Nobel, el renacimiento de la verdad en medio del cinismo político global. Y quizás por eso callan: porque saben que, con este premio, ya no hay lugar para su impostura moral.

La libertad —esa palabra vieja, casi olvidada— ha vuelto a tener un rostro, y es el de una mujer venezolana que se negó a inclinar la cabeza.

Amen


Martín Eduardo Botero es un destacado abogado y jurista colombo-europeo con una amplia trayectoria internacional en el ámbito del derecho constitucional y los derechos humanos.

El dirigente político Andrés Velásquez, líder del partido La Causa R, afirmó que el Premio Nobel representa un reconocimiento internacional a la lucha del pueblo venezolano por la libertad y la democracia, y aseguró que el país se encuentra cada vez más cerca de alcanzar ese objetivo.

A través de un mensaje difundido en su cuenta oficial en la red social X, Velásquez sostuvo que el galardón no debe entenderse como un hecho individual, sino como un símbolo del sacrificio, la resistencia y la determinación de millones de venezolanos que durante años han enfrentado la opresión y el autoritarismo.

“El Nobel es el reconocimiento a la lucha por la libertad en Venezuela”, expresó el dirigente, al tiempo que subrayó que este respaldo internacional confirma que la causa democrática venezolana no está sola y que el mundo observa con atención el clamor de cambio del país.

Velásquez afirmó además que Venezuela atraviesa un momento decisivo y transmitió un mensaje de esperanza al señalar que “estamos cerca de ser libres”, destacando la importancia de mantener la unidad, la firmeza cívica y la presión democrática para alcanzar una transición política real.

Desde La Causa R, reiteró el compromiso con la defensa de los derechos humanos, la democracia y la libertad, y llamó a los venezolanos a no desfallecer en la lucha pacífica por un país libre, justo y en pleno estado de derecho

El régimen reconoce caída del PIB, inflación desbordada y desigualdad creciente, mientras suspende el congreso del Partido y promete más “resistencia” en lugar de respuestas concretas.

Miguel Díaz-Canel volvió a poner palabras a una realidad que los cubanos padecen a diario: la economía del país está en ruinas. En su intervención ante el IX Pleno del Partido Comunista de Cuba (PCC), el gobernante admitió que el Producto Interno Bruto se contrajo más de 4% al cierre del tercer trimestre de 2025, que la inflación está “disparada” y que la economía permanece “parcialmente paralizada”. Sin embargo, lejos de anunciar medidas concretas, advirtió que no habrá soluciones inmediatas y pidió, una vez más, sacrificio, lucha y resistencia.

El reconocimiento del desastre vino acompañado de la narrativa habitual: la culpa es del embargo estadounidense y del “enemigo externo”. No hubo autocrítica por las políticas económicas fallidas aplicadas por el propio régimen, como la llamada Tarea Ordenamiento, que pulverizó salarios y ahorros, ni por décadas de planificación centralizada que han asfixiado la productividad y la iniciativa privada.

Díaz-Canel también reconoció el creciente descontento social y la “inconformidad generalizada” por lo que no funciona —o simplemente no existe— en Cuba. Admitió, incluso, el hartazgo ciudadano ante el exceso de reuniones políticas “que no resuelven nada”, una confesión reveladora del agotamiento del modelo. A pesar de ello, insistió en que las instituciones del régimen conservan autoridad y legitimidad, una afirmación que contrasta con la realidad de colas interminables, apagones, transporte colapsado y hospitales sin insumos.

Particularmente significativa fue su admisión de la creciente desigualdad: pequeños grupos que “parecen tener todos los problemas resueltos” frente a una mayoría incapaz de cubrir necesidades básicas. El mandatario evitó explicar cómo, en un sistema que se proclama socialista e igualitario, se ha consolidado una élite privilegiada vinculada al poder político y militar, mientras el resto de la población sobrevive en la precariedad.

En lugar de soluciones, el discurso recurrió al viejo recurso de la épica revolucionaria. Díaz-Canel exaltó al “pueblo heroico” que deberá seguir soportando la crisis, dejando claro que el régimen no tiene respuestas a corto plazo. “Que nadie espere soluciones fáciles o inmediatas”, sentenció, confirmando que el sacrificio seguirá siendo la única política pública.

Como símbolo del deterioro institucional, el propio régimen anunció la suspensión del noveno congreso del PCC, previsto para abril de 2026. La decisión, propuesta por Raúl Castro y aprobada por unanimidad, fue justificada como una medida “necesaria y oportuna” para concentrar esfuerzos en la crisis. En la práctica, la cancelación de uno de los rituales políticos más importantes del sistema refleja la magnitud del colapso y la incapacidad del poder para ofrecer siquiera una hoja de ruta creíble.

Mientras Raúl Castro insiste en que no se trata de un retroceso y promete que el socialismo sigue siendo la única vía, la realidad es que Cuba entra en 2026 sin congreso, sin reformas estructurales y sin esperanza inmediata. El régimen reconoce el desastre, pero se limita a pedir paciencia. Para millones de cubanos, esa espera ya se ha convertido en una condena.

Por Luis Antonio Espino

El acto fue emotivo y poderoso. En Oslo, Noruega, la hija de María Corina Machado leyó en su nombre su discurso de aceptación del Premo Nobel de la Paz. Es un mensaje de tal potencia narrativa y claridad moral que parece de otra época retórica. Estamos ante un discurso tan bien escrito que no requiere de la presencia física de la oradora para impactar y conmover.

Un buen discurso se define como aquel que combina argumentos racionales y emocionales poderosos en voz de un orador creíble. El discurso de Machado combina en la dosis justa esa triada clásica de la persuasión: razón, emoción y autoridad; logospathos y ethos. Veamos por qué.

En argumentos lógicos (logos), el texto combina narración literaria con lucidez analítica. Había una vez una sociedad muy próspera y democrática, pero también muy desigual y negligente que, queriendo mejorarse a sí misma, tomó un camino falso que la llevó al abismo populista. Machado expone la caída de su país en ese pozo y, con ello, describe el funcionamiento de los autoritarismos del siglo XXI: la captura criminal del Estado, la destrucción deliberada y sistemática de las instituciones, el sometimiento de los jueces, los “programas sociales” como herramienta para lograr obediencia ciudadana, la mentira impuesta como idioma oficial. Ofrece un diagnóstico estructural de un sistema cuya racionalidad es mafiosa, no política. Al hacerlo, desmonta a golpe de lógica el delirio de quienes insisten en ver en Venezuela un proyecto político defendible, cuando se trata de un régimen depredador sostenido por el miedo y la ruina de su propio pueblo.

Luego, el pathos. La dimensión emocional del discurso no es partidista, sino humana, y eso lo eleva por encima del alegato político de coyuntura. Habla del exilio interior, de las vidas interrumpidas, del éxodo de los jóvenes que sueñan con volver a ver a sus padres, de los abuelos que añoran a nietos que no han conocido, de la dignidad que aflora en circunstancias extremas. El discurso no busca compasión, sino algo más difícil: activar la virtud cívica de quien lo escucha a través de la emoción. El eje emocional de su relato es el amor. El amor al prójimo vence al miedo y a la opresión. El amor a la familia vuelve a unir a quienes la retórica populista, anclada en el resentimiento, había dividido “por nuestras ideas, por nuestra raza, por nuestra forma de vida”. El amor por el país permite a los ciudadanos recuperar la confianza en ellos mismos y en los demás: “confiamos en la gente, y la gente volvió a confiar en nosotros”.

Lo más notable del discurso es el ethos, es decir, la personalidad y autoridad retórica de quien lo pronuncia. A través de su hija, Machado nos habla desde la condición más vulnerable: la mujer perseguida, la candidata proscrita, la heroína que tiene que viajar escondida para recoger el máximo galardón de nuestra era. Su descripción de todo lo que ha tenido que hacer y padecer la sociedad venezolana para recuperar su destino de garras de la dictadura es abrumadora: violencia, represión, odio, terror. Por eso, aun leídas en ausencia, sus palabras proyectan una fuerza ética que nadie le puede regatear. La lección que ofrece al mundo es irrefutable: “si queremos tener democracia, debemos estar dispuestos a luchar por la libertad”. En un continente saturado de impostores que se dicen líderes históricos, ella porta calladamente las cicatrices para demostrar que sí lo es.

En el climax del discurso aparece una triada retórica: vida, verdad, bien. Machado define su misión como “una lucha ética, por la verdad; una lucha existencial, por la vida; y una lucha espiritual, por el bien”. No pude evitar evocar a otra triada retórica que surgió en México durante la contienda presidencial de 2024, la de “vida, verdad y libertad”. El discurso de Machado llega, no creo que por casualidad, a las mismas coordenadas morales. La elección de “bien” como clímax de su triada es ambiciosa, pues Machado enuncia así el propósito ético de su lucha: sin vida no hay pueblo, sin verdad no hay comunidad, sin bien, no hay esperanza.

En suma, este discurso es una elocuente pieza de pedagogía democrática contemporánea. Demuestra que, aun en contextos de adversidad extrema, la palabra puede recuperar el sentido más elevado de la política. Su ausencia de rencor nos hace sentir con más fuerza la injusticia de la opresión. Su apelación a la esperanza lo hace funcionar como un relato moral humano y universal. Su descripción de la tragedia venezolana nos pone enfrente un enorme espejo que, por más que desviemos la mirada, refleja verdades innegables. Y su llamado a la acción es poderoso: Solo es posible alcanzar la libertad cuando decidimos no vivir de espaldas a nosotros mismos; cuando afrontamos la verdad, por dura que sea; cuando el amor a lo que realmente importa nos inspira el coraje necesario para perseverar y prevalecer”. Sin duda, un discurso para la historia. ~

Los activistas venezolanos Luis Peche Arteaga y Yendri Velásquez, quienes sufrieron un atentado a mano armada en Bogotá, denuncian que, a dos meses de los hechos, hay una completa “inacción de las autoridades”, ante la absoluta falta de progreso en la pesquisa criminal.

El politólogo y periodista, Luis Peche Arteaga, denunció este sábado, 13 de diciembre, a través de sus redes sociales que la investigación penal sobre el atentado en Colombia no ha registrado ningún adelanto significativo.

«Hoy lamentamos señalar la absoluta falta de avances en la investigación penal referente al caso. A día de hoy no se han identificado los responsables materiales e intelectuales del hecho. No se nos ha comunicado ni siquiera una hipótesis oficial por parte de las autoridades colombianas», destacó.

Peche grabó y difundió un video en el que expresó su pesar por tener que realizar este llamado público, destacando el peligro que representa el estancamiento del caso, reseñó El Nacional.

«Cuando se están cumpliendo dos meses del intento de asesinato que mi hermano Yendri Velásquez, junto a mi persona, sufrimos en Bogotá. Lamentamos tener que grabar este video para decir que no ha habido ningún tipo de avance, ningún tipo de adelanto con relación a las investigaciones de nuestro caso», alertó Peche, insistiendo en la necesidad de respuestas.

El comunicador enfatizó que el esclarecimiento de las responsabilidades es un paso urgente para proteger no solo sus vidas, sino la de otros en riesgo. «Es urgente que las autoridades colombianas tomen medidas con relación a este caso».

Por su parte, el activista Yendri Velásquez, además de pedir justicia en el caso, extendió un llamado a la Cancillería y a Migración Colombia para que agilicen los trámites de protección para la población migrante y refugiada.

«Igualmente, hacemos un llamado a la cancillería y a Migración Colombia, a que agilicen los procesos de regularización y protección de las personas migrantes y refugiados venezolanos que se encuentran en territorio colombiano y podrían estar enfrentando algún tipo de amenazas como los hechos que vivimos Peche y yo», dijo.

Finalmente, los activistas agradecieron el apoyo recibido. Velásquez sentenció que la solidaridad ha sido clave para su recuperación. «Además, queremos también agradecer a las organizaciones internacionales, organizaciones locales y venezolanas de Derechos Humanos que se han abocado en acompañarnos”.

El dirigente guayanés dijo que nunca ha sido el presidente de los obreros porque han sido los más afectados, perdiendo todos sus beneficios contractuales logrados en democracia.

El premio Nobel de la Paz otorgado a María Corina Machado es motivo de orgullo nacional e histórico, pero que el régimen ha querido descalificar, premio que aplaude el mundo entero, dijo Hugo Maestre, dirigente guayanés.

A María Corina le tocó enfrentar a un gobierno autocrático, una dictadura cuyos personajes no respetan las leyes ni la constitución: “no respetan a nadie, y por supuesto cualquiera que hable sobre algo tan importante, está en peligro de ser detenido”, dijo Maestre.
Una actitud que es realmente rechazada, no solo por los venezolanos, sino por el mundo entero, porque el hombre nace y debe ser libre.
Considera que un hombre que no pueda hablar en su tierra de cómo resolver los problemas en su país, entonces no es libre, y si no tiene para la comida, está subyugado al maltrato, a pasar hambre, y cuantas cosas vengan de la miseria, agregó.

Maduro debe dejar de decir que es el dirigente obrero que trabaja por Venezuela, porque tiene a la gente ganando menos de medio dólar mensual, algo que es una vergüenza mundial, ni siquiera nacional y dijo no conocer quiénes son los asesores de Maduro pero debería entender que fracasó.

Maduro sabe que atraviesa un momento difícil para mantenerse en el poder, y Maestre considera que lo más correcto sería que inteligentemente se fuera porque está seguro que no es un hombre bruto.

Pero debe tomar la decisión correcta para salvar su vida y la de su familia, evitando un baño de sangre, o ser sacado por la fuerza por los Estados Unidos:“ Váyase tranquilo, y disfrute lo que pueda en otro país” pide Maestre a Maduro.

Permita que los venezolanos recuperen la democracia, la libertad, el respeto a las leyes y arrancar, haga respetar la gesta libertadora encabezada por Bolívar, Miranda, y Sucre, por todos quiénes le acompañaron

Con relación a María Corina, considera que Maduro y su “gente”, nunca va a poder con un liderazgo que está arraigado y metido en el corazón de los venezolanos, de todo el continente americano, y del mundo.

“María Corina es la líder por su actuación pacífica, audaz e inteligente, que nunca lo ha ofendido, pero usted si la ha ofendido a ella”,dijo Maestre.

Maria Corina Machado ha sido una dama en toda la extensión de la palabra, además de inteligente no solo tiene el nivel, sino también el porte.
“Ella es una líder de los nuevos tiempos que verdaderamente inspira y pone a uno a soñar”, por eso toda Venezuela está entusiasmada, sonriente, comunicándose no solo con la figura de María Corina, ella es el mejor ejemplo de los nuevos tiempos y ya es la representante del gentilicio venezolano.

Para finalizar el dirigente guayanés, felicitó a María Corina reconociendo su extraordinario papel de líder, además de su trabajo incansable, inteligencia, talento y que “Viva María Corina” por eso van a esperarla, y que Madure sea reflexivo para que efectivamente no haya baños de sangre, concluyó.

Hay momentos que se graban en la memoria con la fuerza de un símbolo. Dos abrazos, separados por casi ocho años, se convirtieron para mí en las páginas más íntimas de una misma historia: la de la lucha incansable por la libertad de Venezuela y la lealtad entre quienes jamás han claudicado.

El primero ocurrió el 12 de noviembre de 2017. Yo seguía preso en mi propia casa, cercado por un régimen que pretendía callar mi voz, cuando recibí una visita inesperada y valiente: María Corina Machado. Llegó asumiendo todos los riesgos, como siempre lo ha hecho, con esa determinación serena que la caracteriza. Allí, en la sala estrecha que hacía las veces de cárcel, intercambiamos palabras breves pero cargadas de significado. Temíamos que aquel encuentro podía ser el último antes de que la represión nos separara aún más.

Cuando se disponía a irse, le pedí que esperara un instante. Fui a mi biblioteca y regresé con mi bandera, aquella que me había acompañado en marchas, audiencias, y noches de resistencia. En cada una de sus estrellas descansaban medallones de la Virgen de Coromoto, bordados por las manos de mi inseparable Mitzy, como acto de fe y protección. Sin decir mucho —porque a veces el silencio explica lo que las palabras no pueden— se la coloqué entre sus manos.

María Corina me miró intrigada. A su lado, Vladímir Petit, testigo de excepción de ese gesto, recuerda que ella le susurró:

—¿Qué estará pensando hacer Antonio?

Cinco días después, la respuesta sería pública, y el país comprendería aquel acto silencioso. Desde Cúcuta, Colombia, luego de haber consumado mi fuga con éxito, declaré ante el mundo que “había dejado en las manos de María Corina Machado mi bandera nacional”. Era mi manera de afirmar que, aunque físicamente me marchaba, mi compromiso con la libertad de Venezuela quedaba resguardado en una mujer que encarna coraje, honestidad y determinación.

Ocho años después, el segundo abrazo cerró el círculo de aquella historia. Esta vez, los testigos de excepción fueron dos buenos amigos, Pedro Urruchurtu y José Antonio Vegas. Allí, entre la emoción del reencuentro y el bullicio que nos rodeaba, compartimos sentimientos que hablaban de la hermandad que nos ha fundido en esta larga travesía. Seguramente, ellos también lograron descifrar los susurros que María Corina y yo intercambiamos en aquel amasijo de afecto prolongado, un abrazo que condensaba años de lucha, de ausencia, de resistencia y de esperanza, y que se dio bajo la mirada atenta de tanta gente que comprendía su significado.

Volvimos a encontrarnos cara a cara, esta vez libres de barrotes visibles, pero conscientes de que la lucha continúa. Y en ese abrazo reencontré no solo a una amiga, sino a la misma Venezuela que resiste, que confía, que no se rinde.

Entre esos dos abrazos caben persecuciones, exilios, cárceles, conspiraciones, esperanzas, victorias pequeñas y grandes heridas. Pero también caben la dignidad y el compromiso de quienes sabemos que ningún destierro borra el deber de volver.

Esta historia no es solo mía ni suya: es la de un país que ha aprendido a reconocer a sus hijos valientes, a honrar a sus símbolos y a entender que, cuando la libertad está en juego, un gesto —como entregar una bandera— puede convertirse en un pacto de futuro.

Hoy, al recordar aquel día del 2017 y este reencuentro que me ha devuelto tantas certezas, reafirmo lo que entonces comprendí: que María Corina Machado representaba, y sigue representando, la fuerza moral de una Venezuela que quiere reconstruirse. Por eso aquel abrazo que nos dimos ahora no fue solo un saludo entre compañeros de causa; fue la confirmación de que la historia sigue su curso, y que aún nos queda mucho por conquistar.

Dos abrazos. Una historia. Y una misma bandera que, tarde o temprano, volverá a ondear en una Venezuela verdaderamente libre.

Antonioledezma.net

Por Edward Wong y Michael Crowley en NYT

El secretario de Estado y asesor de seguridad nacional del presidente Trump lleva mucho tiempo intentando socavar o derrocar al gobierno de Cuba, que mantiene estrechos vínculos económicos y de seguridad con Venezuela.

Una llamada telefónica antes del amanecer despertó al presidente Donald Trump. Su asesor de seguridad nacional tenía noticias urgentes sobre Venezuela.

Las protestas estaban estallando, algunos soldados habían desertado y el líder autocrático del país, Nicolás Maduro, había sido trasladado a toda prisa a un complejo militar. Parecía que podrían obligarlo a abandonar el poder. “Guau”, dijo Trump, según las memorias de John Bolton, entonces asesor de seguridad nacional.

Ese momento esperanzador para Trump, en su primer mandato, duró poco. En parte debido a la ayuda que Maduro recibió de Cuba, la revuelta fracasó, según funcionarios del gobierno estadounidense. Eso decepcionó no solo al presidente y a sus principales ayudantes, sino también a Marco Rubio, el senador republicano por Florida que había sido uno de los impulsores de un esfuerzo para derrocar al líder venezolano.

Casi siete años después, Maduro sigue en el poder. Rubio, ahora secretario de Estado y asesor interino de seguridad nacional de Trump, es uno de los principales artífices de la creciente campaña de presión militar contra Venezuela. Y aunque expulsar a Maduro parece ser un objetivo inmediato de la política estadounidense, hacerlo podría ayudar a cumplir otro sueño de Rubio desde hace décadas: asestar un golpe crítico a Cuba.

Su teoría del cambio implica cortar todo apoyo a Cuba”, dijo Juan Gonzalez, quien fue el principal asesor del presidente Joe Biden en la Casa Blanca para asuntos del hemisferio occidental. “Según este planteamiento, una vez que Venezuela caiga, Cuba le seguirá”.

Rubio ha insinuado la idea en público, como cuando le dijo a NPR a principios de 2019 que una Cuba debilitada sería una “consecuencia” bienvenida de un cambio en el gobierno de Venezuela, aunque no fuera “la razón central” para echar a Maduro. “Todo lo que sea malo para una dictadura comunista es algo que apoyo”, dijo.

En privado, ha sido más directo. Como senador, Rubio discutía habitualmente el apoyo de Maduro a La Habana en detalle con sus colegas, así como con funcionarios estadounidenses y diplomáticos extranjeros, según un ex asesor del Senado que a menudo estaba presente en las discusiones. El ex asesor dijo que Rubio había “articulado una visión” según la cual separar a Venezuela de Cuba tendría consecuencias desastrosas para el gobierno cubano.

Todo gira en torno a Cuba: cualquier cosa que él pueda hacer para debilitar al régimen cubano”, dijo otro funcionario estadounidense que participó en reuniones informativas con Rubio durante el primer gobierno de Trump. El funcionario y el ex asesor del Senado hablaron bajo condición de anonimato para poder discutir sobre conversaciones privadas.

En 2019, Rubio y los asesores de Trump extrajeron lo que consideraron una importante lección de la fallida ofensiva contra Maduro ese abril: Cuba había sido la pieza clave para salvar a Maduro, no su pueblo ni sus generales.

La inteligencia cubana había alertado a Maduro de la conspiración, y agentes cubanos dentro de su país le ayudaron a aplastarla, dijeron Bolton y otros exfuncionarios. Cuba también tenía un avión esperando, listo para llevarse a Maduro a La Habana, según dijeron entonces funcionarios de Trump.

En sus publicaciones en las redes sociales durante ese periodo, Rubio rechazó la idea de que Maduro fuera objeto de un intento de golpe de Estado, señalando que Estados Unidos no lo consideraba un gobernante legítimo.

El único golpe es el que lleva a cabo Cuba en apoyo del dictador Maduro”, escribió Rubio.

Para Rubio y otros funcionarios estadounidenses, incluidos algunos del gobierno de Biden, el episodio de 2019 puso de relieve los profundos vínculos entre Venezuela y Cuba, cuyos dirigentes políticos de izquierda han puesto trabas a los presidentes estadounidenses desde Dwight D. Eisenhower.

Por su proximidad al extremo sur de Florida, su ideología comunista, la resonancia histórica de la crisis de los misiles cubanos de 1962 y, no menos importante, el poder político de la numerosa comunidad cubanoestadounidense del sur de Florida, la isla ha ejercido durante mucho tiempo una enorme influencia sobre los legisladores de Washington.

Venezuela y Cuba disfrutan de una asociación económica, política y de seguridad que los dirigentes cubanos se esfuerzan por proteger, pues temen que la caída de Maduro y su posible sustitución por un dirigente respaldado por Estados Unidos pueda amenazar su propia supervivencia.

En los últimos meses, el ejército estadounidense ha acumulado una gran fuerza cerca de Venezuela. Está atacando embarcaciones y matando a personas a bordo quienes, según afirman Trump y Rubio, sin presentar pruebas, trafican con drogas. Muchos expertos jurídicos han considerado ilegales estos ataques. Todo ello forma parte de una campaña para presionar a Maduro para que dimita o para derrocarlo por la fuerza, campaña que no cuenta con la autorización del Congreso.

Cuando Trump habló por teléfono con el líder venezolano el mes pasado, le exigió que abandonara el poder, dijo un funcionario del gobierno estadounidense.

El gobierno de Trump intensificó bruscamente su campaña de presión contra Maduro al incautar el miércoles un buque petrolero con petróleo venezolano en el mar Caribe. El petrolero había descargado parte del petróleo en un barco más pequeño con destino a Cuba antes de dirigirse a China, informó el viernes The New York Times.

Aunque Trump y Rubio han enmarcado la ofensiva contra Maduro en la lucha contra el narcotráfico procedente de América Latina, aquellos que mantienen una actitud belicista ante Cuba ven la posibilidad de asestar un golpe al gobierno de La Habana.

Un opositor cubano, José Daniel Ferrer, que huyó a Estados Unidos en octubre tras ser excarcelado y se reunió con Rubio, dijo en una entrevista que deponer a Maduro favorecería también la caída, o posible caída del régimen cubano, al que considera “la matriz del mal”.

Ferrer dijo que Rubio y él hablaron de los vínculos entre Venezuela y Cuba en su reunión del Departamento de Estado del mes pasado.

En una publicación en las redes sociales el viernes, el senador Lindsey Graham, republicano por Carolina del Sur que ha trabajado estrechamente con Rubio, describió la estrategia final: “Esperemos que se acerque el final del reino del terror de Maduro en Venezuela, y entonces podremos centrarnos en Cuba, uno de sus mayores aliados y uno de los regímenes más opresivos de nuestro patio trasero”.

Es un discurso lejano a la realidad, dicen algunos. El gobierno cubano ha sobrevivido a décadas de aislamiento desde el colapso de la Unión Soviética, su aliada durante la Guerra Fría. Sigue beneficiándose de dos poderosos mecenas, Rusia y China, y depende menos de Venezuela que hace una década. Las sanciones impuestas por Estados Unidos a Venezuela y el consiguiente colapso económico han obligado a Maduro a reducir sus exportaciones de petróleo a La Habana en los últimos años.

Para Rubio, ver desmoronarse el gobierno de Cuba sería uno de los sueños de su vida hecho realidad.

Los padres de Rubio, Mario y Oriales, emigraron a Florida desde Cuba tres años antes del triunfo de la revolución comunista de Fidel Castro en 1959. Al ascender en la política republicana de Florida, Rubio se presentó como enemigo jurado de Castro (“un dictador malvado y asesino”) y de sus sucesores.

En Florida, un estado con más de dos millones de residentes de ascendencia cubana y venezolana, muchos de ellos votantes republicanos, fue una poderosa combinación de mensaje y mensajero.

Como senador, Rubio puso constantemente de relieve la represión política y los abusos contra los derechos humanos en Cuba, y se opuso a cualquier intento de relajar la presión estadounidense sobre su gobierno. Cuando Rubio anunció su candidatura a la presidencia en 2015, lo hizo desde la Torre de la Libertad de Miami, un antiguo centro de procesamiento de refugiados cubanos que huían del gobierno de Castro.

“Rubio surge de la política anticubana de Miami”, dijo Benjamín Rhodes, ex viceconsejero de Seguridad Nacional del presidente Barack Obama.

Rhodes gestionó el restablecimiento parcial por parte de Obama de los lazos económicos y diplomáticos de Estados Unidos con Cuba e interactuó con Rubio en aquel momento. “Siempre ha estado arraigado a una política de cambio de régimen hacia La Habana: es el núcleo de su identidad”, dijo Rhodes.

“Siempre ha sido un artículo de fe en Miami que si cae el dominó venezolano, le seguirá el dominó cubano”, añadió.

Desde que se incorporó al gobierno de Trump, Rubio ha presionado directamente por su causa ordenando nuevas sanciones contra funcionarios, actividades y empresas del gobierno cubano.

Cuando se le pidió que comentara sobre las opiniones de Rubio sobre Cuba y Venezuela, el Departamento de Estado dijo que ambos regímenes estaban “desestabilizando todo el hemisferio” y añadió que el gobierno de Trump estaba llevando a cabo una campaña antidroga para proteger a los estadounidenses de la amenaza del “veneno enviado a nuestro país por organizaciones terroristas”.

Trump, por su parte, parece menos implicado personalmente en el destino de Cuba, aunque en enero renovó su anterior designación de Cuba como Estado patrocinador del terrorismo.

Como candidato en 2015, Trump dijo inicialmente que el acercamiento de Obama a La Habana estaba “bien”, antes de adoptar una línea más dura, más en sintonía con la de su partido. En 2019, hablando en Miami ante una audiencia de venezolanos, declaró que “nada podría ser mejor” para el futuro de Cuba “que el renacimiento de la libertad y la democracia en Venezuela”.

La moderna asociación Cuba-Venezuela surgió de la admiración de Castro por el predecesor de Maduro, Hugo Chávez, un defensor de los pobres que protagonizó una revolución fallida antes de ganar unas elecciones para tomar el poder como presidente en 1999.

Ambos eran autócratas altaneros que denunciaban el libre mercado y el imperialismo estadounidense al tiempo que celebraban su hermandad socialista. Chávez incluso recibió a Castro en Caracas el día del 75 cumpleaños del líder cubano, dirigiendo a una multitud de miles de personas para que le cantaran “Cumpleaños feliz”.

Con Chávez, Venezuela empezó a suministrar al gobierno de Castro casi 100.000 barriles diarios de petróleo con grandes descuentos, un salvavidas fundamental para una economía cubana atrofiada por décadas de sanciones estadounidenses. A cambio, Castro envió miles de oficiales militares y de inteligencia que ayudaron a capacitar —y vigilar— a las fuerzas de seguridad de Maduro.

Gonzalez, el ex asesor de Biden, advirtió que a menudo se exageraba el papel de los cubanos en Venezuela. Sin embargo, dijo, asesoran a Maduro, llevan a cabo operaciones de contraespionaje e imponen lealtad.

“Todos los miembros del ejército y los de la seguridad presidencial están bajo la lupa”, dijo. “Son elegidos a dedo y vigilados como halcones. Si se salen de la línea, acaban en prisión y son torturados hasta la muerte”.

Esto ha dificultado que Estados Unidos obligue a los oficiales militares a volverse contra Maduro, dijo Gonzalez.

Cuba también ha enviado miles de trabajadores médicos a Venezuela para ayudar al deficiente sistema de salud del país. Han proporcionado una atención importante, pero Maduro también ha manipulado algunos de sus servicios para asegurarse votos para su coalición en las elecciones.

El pacto de petróleo por seguridad sobrevivió a las muertes de Chávez y Castro. Pero las estrictas sanciones impuestas por Trump en su primer mandato, y mantenidas por el presidente Joe Biden, han obstaculizado la capacidad de Maduro para compartir recursos. Venezuela envía ahora a Cuba unos 27.000 barriles diarios, según datos recientes de Pdvsa, la empresa petrolera estatal venezolana, informó Reuters el viernes. Es apenas una cuarta parte de la cantidad que recibía Cuba en el apogeo de Chávez.

Los expertos afirman que el número de profesionales cubanos en Venezuela también ha descendido, aunque las cifras exactas son difíciles de precisar.

El acartonado Maduro, que asumió el poder en 2013, carece del grandioso carisma de su predecesor, pero sigue siendo el otro único líder revolucionario socialista de América Latina con el espíritu de Castro. Su rival política más destacada es la lideresa de la oposición venezolana, María Corina Machado, una conservadora que apoya el libre mercado y que está respaldada desde hace tiempo por Rubio. El secretario de Estado apoyó formalmente su candidatura al Premio Nobel de la Paz, que ella ganó en octubre.

Incluso con un apoyo venezolano disminuido, dijo Rhodes, está claro que La Habana está decidida a proteger a Maduro.

“Los cubanos deben creer que si Maduro es destituido y se produce el ascenso de un gobierno de derecha en Venezuela, eso podría ser la gota que colme el vaso de un gobierno cubano ya de por sí debilitado”, dijo Rhodes.

Pero ese tipo de pensamiento podría ser peligroso, añadió. “Es mucho más probable que Cuba colapse y se convierta en un Estado fallido a que se produzca algún tipo de transición ordenada hacia un gobierno respaldado por Miami”, dijo Rhodes.

Además, el planteamiento de Rubio sobre Venezuela y Cuba implica un riesgo político para él mismo, ya que los críticos ven la amenaza de las costosas políticas de “cambio de régimen” que Estados Unidos ha probado y fracasado. Entre ellos se encuentran algunos de los partidarios acérrimos de Trump, como el ex estratega de la Casa Blanca Stephen Bannon, el presentador de pódcast Tucker Carlson y la asesora informal de Trump Laura Loomer.

Cuba ejerce una atracción singular sobre los belicistas latinoamericanos, y especialmente para los que proceden de familias de la diáspora como la de Rubio, dijo Curt Mills, director ejecutivo de la revista The American Conservative, que se opone a los esfuerzos estadounidenses de cambio de régimen. Esos belicistas ven a los gobiernos políticos de izquierda de la región, desde Nicaragua a Venezuela, “como unos apéndices en última instancia bastante desventurados de La Habana”.

“Cuba”, dijo, “es el crisol”.

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