Morfema Press

Es lo que es

DBuford

 Casi una semana después de las elecciones generales del pasado domingo en Honduras, sus habitantes no saben aún quién es el presidente electo debido a un reñido duelo, liderado por pocos votos de diferencia por el candidato Nasry Asfura, apoyado por el mandatario de Estados Unidos, Donald Trump, frente a Salvador Nasralla, que ha multiplicado sus denuncias de presuntas irregularidades.

Con 88,02 % de las actas escrutadas, Asfura, del Partido Nacional, seguía encabezando el conteo con 1.132.321 votos (40,19 %), mientras que Nasralla, del Partido Liberal, sumaba 1.112.570 (39,49 %), una tendencia que se ha mantenido desde el jueves, según los resultados oficiales preliminares del Consejo Nacional Electoral (CNE).

La candidata de Libertad y Refundación (Libre, izquierda), Rixi Moncada, con aspiraciones a ser la sucesora de Xiomara Castro, sigue relegada en un lejano tercer lugar con 543.675 votos (19,30 %).

El CNE, que está integrado por tres consejeros que representan a los partidos Nacional, Liberal y Libre, también registra hoy que de las 16858 actas escrutadas, al menos 14451 son «correctas», mientras que 2407 presentan «inconsistencias», lo que supone que implicará un recuento voto por voto.

Al centro de cómputo del CNE están pendientes de ingresar 2571 actas, de un total de 19152.

Nuevas denuncias de irregularidades

Nasralla dijo hoy en sus redes sociales que a falta de actas electorales por ingresar al centro de conteo de votos, estaría aventajando con 40.000 a su oponente Asfura.

Añadió que faltan 755 actas del departamento de Cortés –en el que asegura que gana las elecciones–, 294 por ingresar y 461 «que malintencionadamente dictaminaron como inconsistencias».

Asfura, por su parte, llamó el jueves a la «serenidad» y a respetar el curso del proceso, y destacó el comportamiento cívico de la población.

«La estabilidad del país está por encima de cualquier ambición personal. Pido serenidad, es cuestión de tiempo, el CNE dará los resultados finales», subrayó en sus redes sociales.

Desde el día de las elecciones generales, el ente electoral tiene hasta 30 días para dar a conocer los resultados finales.

La jornada de hoy ha transcurrido con una relativa calma, aunque con reiteradas denuncias de irregularidades, llamados a la serenidad y la expectación de los hondureños por conocer los resultados finales, que quizá podrían estar listos antes de Navidad, según proyecciones del CNE.

Juan Orlando Hernández agradece a Trump

Y aunque Nasralla y Asfura aseguran que, según las actas de las votaciones que tienen sus partidos, los dos ganarán las elecciones, ninguno se ha declarado virtual presidente electo de Honduras.

En medio del ambiente triunfalista de liberales y ‘cachurecos’, como también se le conoce a los militantes del Partido Nacional, hoy lanzó un mensaje en video el expresidente Juan Orlando Hernández, agradeciendo a Trump el indulto que le concedió el pasado lunes, después de haber permanecido preso en Nueva York, desde febrero de 2022, cumpliendo una condena de 45 años de cárcel que le dictaron en junio de 2024 por narcotráfico y armas.

«Una vez más, quiero agradecer al presidente Donald Trump por reconocer la injusticia en mi caso y por concederme ese perdón, así como por las fuertes palabras muy claras al pueblo hondureño», expresó Hernández, quien fue presidente de Honduras de 2014 a 2022, con el Partido Nacional, en su «primer mensaje en libertad».

Trump anunció el pasado 28 de noviembre que indultaría a Hernández, dos días después de haber expresado su apoyo a Asfura y pedirle a los hondureños que votaran por él.

«Por eso estoy agradecido que haya mostrado el interés en el destino de nuestra nación y ha comprendido la importancia de una Honduras segura, fuerte, próspera, mientras trabajamos para hacer a las Américas grandes de nuevo, el liderazgo del presidente Trump ha hecho toda la diferencia y agradezco profundamente», subrayó.

Hernández señaló además que el «mensaje» de los hondureños en las urnas «está más que claro», con un pueblo que «escogió la verdad sobre la mentira, escogió la libertad sobre la tiranía y escogió la decencia sobre la desesperanza».

Por Nelson Hernández

En apenas dos décadas, el mundo ha duplicado su generación eléctrica, pasando de 15565 TWH en el año 2000 a más de 31256 TWH en 2024. Un incremento neto de 15691 TWH. Este crecimiento refleja no solo el aumento de la demanda energética global, sino también una transformación profunda en las fuentes que alimentan esa expansión.

Por un lado, las fuentes no emisoras de CO2 —nuclear, hidroeléctrica y especialmente las renovables como la solar y la eólica— han ganado protagonismo. Estas aportaron el 46 % del crecimiento. Las renovables aportan más de 5000 TWH al incremento, superando ampliamente a la hidroelectricidad y a la nuclear, y consolidándose como el motor simbólico de la transición energética. Por otra parte, el incremento de las renovables supera al ocurrido en gas (4229 TWH) y en el carbón (4621 TWH).

Sin embargo, por otro lado, las fuentes emisoras de CO2 siguen presentes con fuerza. El gas natural y el carbón aportan más de 8800 TWH al crecimiento, mostrando que la expansión fósil no ha sido frenada, sino reacomodada. El gas muestra su rol de energía puente en la transición.

En resumen:

La gráfica revela una dualidad energética. Mientras el discurso global promueve la descarbonización, la práctica aún sostiene una matriz fósil robusta.

 La transición está en marcha, pero no es lineal ni homogénea. Es una transición en tensión e irreversible.

El reto no es solo generar más energía, sino decidir cómo y con qué propósito se genera. La transición energética no será completa hasta que la narrativa renovable se traduzca en hegemonía estructural. Y ese cambio no vendrá solo de la tecnología, sino de la voluntad política, la conciencia ciudadana y la capacidad de imaginar futuros distintos.

Nelson Hernández es ingeniero energista y académico de la Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat de Venezuela

Vía Dallas Express

El Dallas Express obtuvo una carta explosiva dirigida al presidente Donald Trump de Hugo Carvajal Barrios, ex director de Inteligencia Militar de Venezuela y otrora una de las figuras más poderosas dentro de los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

La carta, compartida exclusivamente con DX por el abogado de Carvajal, Robert Feitel, un ex fiscal de alto rango del Departamento de Justicia, marca la primera vez que el mayor general retirado ha puesto estas advertencias en el registro desde que se declaró culpable a principios de este año en un caso federal de narcoterrorismo en Estados Unidos.

Carvajal, extraditado desde España tras una larga persecución internacional, dice que escribe “para expiar” y alertar a los estadounidenses sobre lo que describe como una campaña coordinada y dirigida por el Estado dirigida contra Estados Unidos.

El informe DX

  • El ex jefe de inteligencia venezolano Hugo Carvajal, en su momento una figura de alto rango de Chávez y Maduro, se declaró culpable en un tribunal federal estadounidense en junio y ahora advierte que Venezuela es una “organización narcoterrorista” que ataca intencionalmente a Estados Unidos.
  • Carvajal alega que el régimen de Maduro utilizó cocaína como arma, colaboró ​​con las FARC, el ELN, la inteligencia cubana y Hezbolá, y exportó redes criminales violentas, incluido el Tren de Aragua, a Estados Unidos.
  • Afirma que la inteligencia venezolana y cubana se infiltró en instituciones estadounidenses durante dos décadas, incluidas instalaciones militares.
  • Afirma que Smartmatic fue desarrollado dentro de Venezuela como una herramienta de manipulación electoral que luego fue utilizada en el extranjero.
  • Carvajal dice que apoya las políticas de Trump hacia Venezuela y está dispuesto a proporcionar más detalles a las autoridades federales.

Una advertencia lanzada desde el círculo íntimo de Venezuela

Carvajal, ampliamente conocido por su apodo “El Pollo”, pasó años dentro de los niveles más altos del aparato de seguridad de Venezuela y trató directamente con los altos líderes de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

A principios de este año, se declaró culpable en un tribunal federal de los cargos derivados de una conspiración para el tráfico de cocaína a Estados Unidos y el apoyo a la guerrilla colombiana de las FARC. La fiscalía afirma que se encuentra en el centro del llamado Cártel de los Soles, una red de militares venezolanos acusados ​​de utilizar la cocaína como arma y de traficar con drogas contra estadounidenses.

El secretario de Estado Marco Rubio, hablando el jueves en Hannity , emitió una de las declaraciones más contundentes hasta el momento:

El régimen de Maduro no es un gobierno legítimo. Es una organización de transbordo que permite el tránsito de cocaína y otras drogas por Venezuela en aviones y barcos con destino a Estados Unidos.

El Departamento de Estado de Estados Unidos actualmente mantiene una recompensa de 50 millones de dólares por información que conduzca al arresto de Maduro, una cifra anunciada públicamente por la fiscal general estadounidense Pam Bondi a principios de este año.

La siguiente carta refleja las declaraciones y afirmaciones de Carvajal; The Dallas Express no ha verificado independientemente todas las acusaciones subyacentes.

Carta completa de Carvajal al presidente Trump

A continuación se muestra el texto completo de la carta proporcionada a The Dallas Express por el abogado Robert Feitel:

CARTA DE HUGO CARVAJAL BARRIOS AL PRESIDENTE DONALD J. TRUMP
Estados Unidos de América
2 de diciembre de 2025

Estimado señor presidente Trump y pueblo de los Estados Unidos:

Me llamo Hugo Carvajal Barrios. Durante muchos años, fui un alto cargo del régimen venezolano. Fui un general de tres estrellas, de la confianza de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, y me desempeñé como Director de Inteligencia Militar y Diputado de la Asamblea Nacional. Hoy me encuentro en una prisión estadounidense porque me declaré culpable voluntariamente de los delitos que se me imputan: una conspiración narcoterrorista. Escribo para expiar mis pecados contando toda la verdad, para que Estados Unidos pueda protegerse de los peligros que presencié durante tantos años.

Rompí públicamente con el régimen de Maduro en 2017 y huí de mi país, sabiendo que enfrentaba cargos criminales en Estados Unidos. Al hacerlo, me convertí en su enemigo. Conociendo los riesgos, actué con la más firme convicción para desmantelar el régimen criminal de Maduro y traer la libertad a mi país. Hoy, veo la necesidad de hablar con el pueblo estadounidense sobre la realidad del régimen venezolano y por qué las políticas del presidente Trump no solo son correctas, sino absolutamente necesarias para la seguridad nacional de Estados Unidos.

Narcoterrorismo
Fui testigo personal de cómo el gobierno de Hugo Chávez se convirtió en una organización criminal que ahora está dirigida por Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y otros altos funcionarios del régimen.

El propósito de esta organización, ahora conocida como el Cártel de los Soles, es utilizar la droga como arma contra Estados Unidos. Las drogas que llegaron a sus ciudades por nuevas rutas no fueron producto de la corrupción ni obra de narcotraficantes independientes; fueron políticas deliberadas coordinadas por el régimen venezolano contra Estados Unidos.

Este plan fue sugerido por el régimen cubano a Chávez a mediados de la década de 2000 y se ha ejecutado con éxito con la ayuda de las FARC, el ELN, agentes cubanos y Hezbolá. El régimen ha proporcionado armas, pasaportes e impunidad a estas organizaciones terroristas para que operen libremente desde Venezuela contra Estados Unidos.

Tren de Aragua
Estuve presente cuando se tomaron decisiones para organizar y utilizar como arma a las bandas criminales en toda Venezuela para proteger al régimen, entre ellas el grupo conocido como el Tren de Aragua. Chávez ordenó el reclutamiento de líderes criminales dentro y fuera de las cárceles para defender la revolución a cambio de impunidad. Tras la muerte de Chávez, Maduro amplió esta estrategia exportando la criminalidad y el caos al extranjero para atacar a los exiliados políticos venezolanos y reducir artificialmente las estadísticas de delincuencia en Venezuela. Se ordenó a los líderes de las bandas expulsar a miles de miembros del país. Esto se coordinó a través del Ministerio del Interior, el Ministerio de Prisiones, la Guardia Nacional y la policía nacional. El Tren de Aragua se convirtió en el más eficaz y de mayor crecimiento.

Cuando la política de fronteras abiertas de Biden-Harris se hizo pública, aprovecharon la oportunidad para enviar a estos agentes a Estados Unidos. Ahora cuentan con personal obediente y armado en territorio estadounidense. Para financiar sus operaciones, recibieron instrucciones explícitas de seguir secuestrando, extorsionando y asesinando. Cada delito que cometen en su territorio es un acto ordenado por el régimen.

Contrainteligencia y espionaje contra Estados Unidos
Estuve presente cuando la inteligencia rusa llegó a Caracas para proponer a Hugo Chávez la intervención de los cables submarinos de Internet que conectan la mayor parte de América del Sur y las islas del Caribe con Estados Unidos, con el fin de penetrar las comunicaciones del gobierno de Estados Unidos.

En 2015, le advertí a Maduro que permitir que la inteligencia rusa construyera y operara un puesto de escucha secreto en la isla La Orchila algún día provocaría bombas estadounidenses. Me ignoró.

Durante veinte años, el régimen venezolano envió espías a su país; muchos siguen allí, algunos disfrazados de miembros de la oposición venezolana. La inteligencia cubana me mostró sus redes dentro de sus bases navales en la Costa Este. Se jactaron de haber enviado miles de espías durante décadas, algunos de ellos ahora políticos de carrera.

Diplomáticos estadounidenses y agentes de la CIA recibieron pagos para ayudar a Chávez y Maduro a mantenerse en el poder. Estos estadounidenses actuaron como espías para Cuba y Venezuela, y algunos siguen activos hasta la fecha.

Smartmatic y sus elecciones
Smartmatic nació como una herramienta electoral del régimen venezolano, pero pronto se convirtió en una herramienta para ayudar a que el régimen se mantuviera en el poder. Lo sé porque puse al jefe de informática del Consejo Nacional Electoral (CNE) en su puesto, y él reportaba directamente a mí. El sistema Smartmatic puede ser alterado; esto es un hecho. Esta tecnología se exportó posteriormente al extranjero, incluso a Estados Unidos. Los agentes del régimen mantienen relaciones con funcionarios electorales y empresas de máquinas de votación dentro de su país. No afirmo que todas las elecciones sean robadas, pero afirmo con certeza que las elecciones pueden ser manipuladas con el software, y se ha utilizado para ello.

Pueblo de los Estados Unidos, no se equivoquen acerca de la amenaza que representa permitir que una organización narcoterrorista ande libremente por el Caribe y por toda América Latina, haciendo todo lo posible para dañar al pueblo estadounidense, financiar el antiamericanismo en todo el continente y facilitar las operaciones de otras organizaciones terroristas y enemigos de los Estados Unidos dentro de Venezuela y ahora dentro de sus fronteras.

El régimen al que serví no solo es hostil; está en guerra con ustedes, utilizando las drogas, las pandillas, el espionaje e incluso sus propios procesos democráticos como armas. Las políticas del presidente Trump contra el régimen criminal de Maduro no solo están justificadas, sino que son necesarias y proporcionales a la amenaza. Incluso podría estar subestimando lo que el régimen está dispuesto a hacer para aferrarse al poder. Tienen planes de contingencia para cualquier escenario extremo a fin de asegurarse de nunca ceder el control.

Apoyo plenamente la política del presidente Trump hacia Venezuela, ya que es en defensa propia y actúa con fundamento en la verdad. Estoy dispuesto a proporcionar más detalles sobre estos asuntos al gobierno de Estados Unidos.

Hugo Carvajal Barrios

Estados Unidos de América

2 de diciembre de 2025

¿Qué viene después?

Carvajal escribe que está “dispuesto a proporcionar detalles adicionales” a las autoridades estadounidenses en cualquier formato, incluidos informes clasificados.

Si los fiscales federales consideran su cooperación como «asistencia sustancial», esto podría reducir su riesgo de ser sentenciado. De corroborarse, su información podría redefinir la política estadounidense en Venezuela, fortalecer los procesos judiciales por narcotráfico en curso y arrojar nueva luz sobre presuntas operaciones de inteligencia extranjera en el hemisferio occidental.

Mientras la administración Trump aumenta la presión sobre Maduro y lleva a cabo ataques contra activos sospechosos de tráfico, la carta de Carvajal marca un momento extraordinario: un exmiembro del régimen apela abiertamente a un presidente estadounidense que, según él, ahora se enfrenta a un estado criminal.

Se espera que los líderes del Congreso, los gobiernos sudamericanos y las agencias de inteligencia estadounidenses vigilen de cerca las consecuencias.

Vía Lapatilla

Hoy, en la apertura de la 24ª Asamblea de Estados Parte de la Corte Penal Internacional (CPI), el fiscal adjunto Mame Mandiaye Niang anunció que la Fiscalía cerrará su oficina en Caracas, alegando la falta de “progreso real” en materia de complementariedad y la necesidad de administrar mejor unos recursos limitados. Mientras en La Haya se presenta esta decisión como un ajuste técnico, para muchas víctimas venezolanas el anuncio llega tarde y confirma que el experimento de “cooperación” con el régimen de Nicolás Maduro nunca tuvo bases reales.

La Patilla conversa en exclusiva con el profesor Robert Carmona-Borjas, abogado, defensor de derechos humanos, víctima reconocida formalmente en la Situación Venezuela I ante la CPI y CEO y cofundador de Arcadia Foundation, organización que durante años ha impulsado acciones jurídicas para denunciar el conflicto de interés del fiscal Karim A. A. Khan y la inercia institucional que ha permitido la prolongación de los crímenes de lesa humanidad en Venezuela. 

 ¿Cuál fue su primera reacción cuando escuchó hoy al fiscal adjunto anunciar, ante la Asamblea de Estados Parte, el cierre de la oficina de la CPI en Caracas?

 Mi primera reacción fue amarga: no fue sorpresa, fue confirmación. Lo que el fiscal adjunto describió como una decisión responsable frente a la falta de “progreso real” yo lo leo como la confesión tardía de un experimento que, desde su origen, estaba condenado al fracaso.

Cuando se decidió abrir una oficina de la Fiscalía en Caracas y se vistió esa apertura de un lenguaje de “complementariedad positiva” y cooperación técnica con el régimen, ya existía un acervo abrumador de informes de Naciones Unidas, de misiones internacionales de determinación de hechos, de organismos de derechos humanos y de organizaciones venezolanas que demostraban que el aparato judicial en Venezuela no era un socio posible, sino parte del problema: era el instrumento de la represión.

Por eso, oír ahora que se cierra la oficina porque no hubo “progreso real” es escuchar a la propia Fiscalía decir, en voz baja, que se equivocó de diagnóstico y de método. El cierre, tal como ha sido presentado, no es un acto de lucidez inicial; es la rectificación tardía de una decisión que nunca debió haberse tomado en los términos en que se tomó.

Usted ha dicho que esa oficina nunca debió abrirse. ¿Por qué considera que su creación fue, en sí misma, un error grave?

Porque la oficina nació sobre una ficción: la ficción de que en Venezuela existía un margen razonable para la complementariedad. El principio de complementariedad, tal como lo recoge el Estatuto de Roma, exige que el Estado muestre voluntad y capacidad genuinas de investigar y juzgar a los responsables de crímenes de lesa humanidad. No se trata de decorar el expediente con reformas cosméticas o procesos contra subalternos; se trata de ir a la cadena de mando, de desmontar la política de persecución, de tortura, de encarcelamiento de opositores.

En el caso venezolano, la CPI ya había escuchado a las víctimas durante años; ya había valorado documentación sobre ejecuciones extrajudiciales, torturas, violencia sexual, persecución política, desapariciones forzadas. No estamos hablando de dudas razonables; estamos hablando de un patrón sistemático y de larga duración. Aun así, se optó por la ruta de la oficina en Caracas, de los memorandos de entendimiento, de las fotos de alto nivel con el propio Nicolás Maduro y sus funcionarios, como si ese andamiaje pudiera producir justicia.

Ese diseño no fue ingenuo: fue, en el mejor de los casos, un acto de voluntarismo irresponsable y, en el peor, una apuesta que cayó en la corrupción ética. Se trasladó a las víctimas el mensaje de que el régimen podía ser, al mismo tiempo, victimario estructural y socio privilegiado de la Fiscalía en un modelo de “cooperación”. Esa contradicción era insalvable. Hoy, la propia Fiscalía reconoce, con palabras suaves, lo que las víctimas sabían desde el primer día: no hubo, ni podía haber, complementariedad auténtica en Venezuela.

¿Por qué habla de “corrupción ética”? ¿Está diciendo que la Fiscalía actuó de mala fe?

Permítame ser muy preciso. Cuando utilizo la expresión “corrupción ética” no estoy aludiendo a una transacción económica o a un soborno clásico; hablo de una degradación del juicio moral de una institución. Cuando una Fiscalía de una corte penal internacional, plenamente consciente del contexto de un país, decide privilegiar la imagen de cooperación con un régimen autoritario sobre la urgencia de proteger a las víctimas, se ha cruzado una línea.

Durante años, el mensaje fue: “confiemos en la complementariedad, esperemos a que el Estado venezolano haga su parte”. En la práctica, eso significó darle tiempo al régimen para reorganizar su narrativa, ajustar sus estructuras represivas, y seguir torturando, encarcelando y expulsando a opositores mientras la comunidad internacional miraba hacia La Haya y no hacia las celdas venezolanas.

No se trata de negar que la complementariedad pueda ser una herramienta legítima allí donde existe un mínimo de institucionalidad —como ocurre en el caso de Israel, donde, pese a todas las tensiones, hay estructuras judiciales reales— y, sin embargo, la Fiscalía optó por ignorarlo por conveniencia. Se trata de afirmar, con toda claridad, que pretender aplicarla en Venezuela, en los términos en que se hizo, constituyó un acto de irresponsabilidad ética. La oficina en Caracas se convirtió en el emblema de la normalización de un interlocutor que no era un aliado en la búsqueda de justicia, sino el principal sospechoso.

Usted vincula esta decisión con la actuación del fiscal Karim Khan y de su entorno. ¿Cuál es, a su juicio, la responsabilidad del fiscal Khan en este panorama?

La responsabilidad del fiscal Karim A. A. Khan es central, porque él no es un observador pasivo: es el arquitecto de la política de complementariedad y de la presencia reforzada en Caracas. Bajo su mandato se firma el memorando de entendimiento, se impulsa la narrativa de la “oportunidad única” de trabajar con el régimen y se instala la oficina de la Fiscalía en territorio venezolano.

Pero esa responsabilidad va mucho más allá de un desacierto de política criminal. Estamos hablando de un conflicto de interés grave, documentado en expedientes oficiales, en el que la cuñada del fiscal, la abogada Venkateswari Alagendra, aparece como parte del equipo legal que representa al propio régimen de Nicolás Maduro en la CPI. Ese vínculo familiar, profesional y jerárquico, ampliamente silenciado por la prensa internacional y plasmado en nuestros escritos ante la Corte, era incompatible con la exigencia de imparcialidad que establece el artículo 42(7) del Estatuto de Roma y las reglas de procedimiento y prueba. 

Lo más grave no es solo que ese conflicto existiera, sino que, pese a que la información era conocida desde el 7 de noviembre de 2023, la institución guardó silencio. Durante años, mientras la Fiscalía hablaba de cooperación y complementariedad, las víctimas veían cómo el tiempo corría a favor del régimen. El efecto objetivo de ese entramado fue darle oxígeno político y jurídico a Maduro, permitiéndole prolongar su permanencia en el poder, manipular procesos electorales, perfeccionar sus aparatos de tortura y empujar al exilio a millones de venezolanos.

Cuando una Fiscalía que conoce esos datos decide continuar como si nada, no basta con hablar de un error de apreciación. Estamos ante una forma de corrupción ética: la renuncia consciente a aplicar, con rigor, los estándares de imparcialidad que se exigen a cualquier juez o fiscal en un Estado de derecho mínimamente serio.

Usted ha sido reconocido como víctima en la Situación Venezuela I y también actúa como representante de Arcadia Foundation. ¿Qué papel han tenido usted y Arcadia en la revelación y denuncia de este conflicto de interés?

En mi caso, la lucha no empezó en un escritorio de Bruselas o de Washington; empezó en la experiencia personal de ser obligado a huir de mi país, de perderlo todo en 2002, de ver cómo, durante más de dos décadas, el aparato chavista se consolidaba a pesar de denuncias reiteradas de crímenes atroces. Esa biografía se proyecta en mi actuación ante la CPI, pero no la sustituye: allí actúo como víctima reconocida por la propia Corte y como representante legal de Arcadia Foundation, que también fue reconocida como representante de víctimas en la Situación Venezuela I

Cuando, el 6 de septiembre de 2024, The Washington Post hizo pública la información sobre el vínculo entre el fiscal Khan y la abogada que representaba al régimen, la Corte dejó de tener siquiera la coartada del desconocimiento. Aun así, nada se movió. Fue entonces cuando, el 8 de septiembre de 2024, Arcadia y yo decidimos presentar formalmente una solicitud de recusación del fiscal ante la CPI, exponiendo con detalle el conflicto de interés, la relación familiar, profesional y jerárquica, y las implicaciones jurídicas de todo ese entramado.

Esa solicitud fue admitida en el registro el 12 de noviembre de 2024. A partir de allí se desencadena una secuencia de escritos, decisiones, órdenes para alegatos, intentos de cerrar el paso procesalmente a la discusión y nuevos escritos de Arcadia para impedir que el asunto muriera en tecnicismos. La primera respuesta de la Sala de Apelaciones, el 10 de febrero de 2025, fue negar que las víctimas tuviéramos legitimidad para pedir la recusación. Es decir, la Corte vino a decirnos: “ustedes son víctimas para efectos simbólicos, pero no tienen voz cuando se trata de cuestionar la integridad del fiscal”. 

No nos resignamos. Presentamos una solicitud para que la Sala de Apelaciones actuara ex officio, como guardiana última de la integridad del proceso. Hubo nuevas desestimaciones, nuevos rodeos, nuevas tentativas de reducirlo todo a formalismos. Solo el 1º de agosto de 2025, después de insistir de manera sistemática, la Sala reconoció que sí existían motivos para que el propio fiscal pidiera ser apartado del caso Venezuela I y le ordenó presentar su excusa en un plazo determinado, reservándose la potestad de descalificarlo directamente si no lo hacía. 

Todo esto demuestra algo muy simple: la Corte no reaccionó por iniciativa propia; reaccionó porque una víctima y una organización, sin respaldo estatal y con enorme resistencia institucional en contra, obligaron al sistema a mirarse al espejo.

Usted ha sido muy crítico con la propia Corte por la forma en que respondió a esas denuncias. ¿Dónde ve las principales fallas estructurales del sistema de protección internacional en este caso?

Lo que ha ocurrido con Venezuela I es un caso de estudio sobre cómo un sistema de justicia internacional puede ser traicionado por su propia inercia. La Sala de Apelaciones tuvo, desde el primer momento, todos los elementos para afirmar una verdad jurídica obvia: cuando existe un vínculo familiar y profesional tan estrecho entre el fiscal y un abogado de la parte investigada, la apariencia de imparcialidad está seriamente dañada, y la recusación no es una opción, sino un deber.

Sin embargo, en febrero de 2025 la Corte escogió refugiarse en un formalismo peligroso: sostuvo que solo la persona investigada o juzgada —es decir, el propio Maduro o su círculo— tenía legitimidad para cuestionar la imparcialidad del fiscal, cercenándole a las víctimas ese derecho. Desde la perspectiva de los derechos de las víctimas, eso fue un absurdo: implicó que, cuando el conflicto de interés perjudica a las víctimas, estas deben esperar a que su verdugo decida, magnánimamente, plantear una recusación en defensa de la pureza del proceso.

Esa interpretación es incompatible con el artículo 68 del Estatuto de Roma, que obliga a la Corte a garantizar la participación significativa de las víctimas, y choca frontalmente con principios generales del derecho recogidos en numerosos ordenamientos nacionales, incluidos los venezolanos, donde las víctimas pueden recusar a jueces y fiscales cuando su imparcialidad está en duda. 

La falla no es solo jurídica; es moral. Durante meses, incluso después de que los hechos eran inocultables, la Corte optó por mirar hacia otro lado. Solo cuando la presión se hizo insostenible —por la acumulación de escritos, por el peso del expediente y por la contradicción cada vez más evidente entre su inacción y su propio mandato— la Sala de Apelaciones decidió actuar ex officio. Ese retraso tiene consecuencias concretas: son meses y años adicionales de sufrimiento para las víctimas, de consolidación de la impunidad y de erosión de la confianza en la justicia internacional. A pesar de ello, ciertos actores y ONGs de la oposición venezolana conveniente llegaron incluso a sostener —repitiendo titulares según los cuales la recusación habría “paralizado” el Caso Venezuela I desde 2024— que la culpa del retraso recaía en Arcadia, cuando los propios registros de la CPI demuestran que la investigación nunca estuvo suspendida y que lo único que quedó en entredicho, desde el inicio, fue la voluntad del fiscal de actuar con la celeridad que exige el Estatuto de Roma.

¿Cómo se relaciona todo esto con el anuncio del cierre de la oficina en Caracas? ¿Qué mensaje cree que se envía a las víctimas con esa decisión?

El cierre de la oficina es el epílogo lógico —y tardío— de una estrategia equivocada. Durante años se nos dijo que la presencia física de la Fiscalía en Caracas aceleraría la justicia, fomentaría investigaciones internas y acercaría la CPI a las víctimas. En la práctica, lo que vimos fue un despliegue de recursos, de visitas oficiales, de fotografías y de discursos, sin que ello se tradujera en órdenes de arresto ni en imputaciones concretas contra la cadena de mando responsable de los crímenes.

Cuando ahora se reconoce que no hubo “progreso real” y que la oficina se cierra, el mensaje que reciben las víctimas es profundamente ambiguo. Por un lado, podría interpretarse como la aceptación implícita de que el experimento de complementariedad con el régimen fracasó; por otro, si no va acompañado de decisiones firmes —órdenes de arresto, acusaciones claras, cronogramas de actuación— corre el riesgo de ser percibido como un simple ajuste administrativo para “optimizar recursos”.

Yo lo veo de la siguiente manera: la Fiscalía está cerrando la oficina que nunca debió abrir en esos términos, pero aún no ha abierto la única “oficina” que importa de verdad, que es la de la justicia efectiva. Mientras no haya consecuencias penales para quienes han torturado, perseguido y expulsado a millones de venezolanos; mientras no haya nombres y apellidos en órdenes de arresto ejecutables; mientras el régimen siga sintiendo que el tiempo juega a su favor, el cierre de la oficina es apenas un gesto insuficiente, un acto contable, no un acto de justicia.

Usted ha sido muy insistente en que la Asamblea de Estados Parte debe intervenir. ¿Qué espera concretamente de los Estados Parte a raíz de este escándalo y del cierre de la oficina en Caracas?

La Asamblea de Estados Parte no puede seguir actuando como un notario que levanta acta de lo que la Corte hace o deja de hacer. Tiene, conforme al Estatuto de Roma, la responsabilidad política y normativa de asegurar que la Corte funcione de acuerdo con sus fines. Eso implica asumir que el caso Venezuela I ha puesto al desnudo deficiencias graves en el diseño institucional.

En primer lugar, se requiere una clarificación —y, si es necesario, una reforma— del artículo 42(7) y de las normas relativas a conflictos de interés. No puede volver a ocurrir que una relación familiar, profesional y jerárquica tan evidente dependa de la buena voluntad del propio fiscal afectado o de la capacidad de una víctima aislada de convencer a la Sala de Apelaciones para que actúe ex officio. Deben existir mecanismos automáticos de detección, protocolos claros de recusación y plazos perentorios para resolver esos conflictos. 

En segundo lugar, la Asamblea debe revisar el alcance real del artículo 68 y garantizar que las víctimas no sean meras figuras decorativas. Si el sistema les reconoce derechos, esos derechos deben incluir la posibilidad de activar, por vías formales, la revisión de la imparcialidad de quienes conducen una investigación. Negarles “standing” en nombre de una lectura estrecha del Estatuto es, sencillamente, negar la razón de ser de la Corte. 

Y, en tercer lugar, los Estados Parte deben mirar con honestidad la política de complementariedad. Venezuela demuestra que no basta con firmar memorandos y abrir oficinas. Cuando un Estado es, él mismo, el principal sospechoso, la complementariedad no puede convertirse en un refugio retórico para posponer indefinidamente la acción penal internacional.

En ese contexto, ¿qué lugar ocupan las víctimas venezolanas y, en particular, su propia experiencia como víctima reconocida por la Corte?

La paradoja es profundamente dolorosa. Yo soy, formalmente, una víctima reconocida por la Corte Penal Internacional en la Situación Venezuela I. Esa condición no es una etiqueta simbólica: es el reconocimiento de que he sufrido consecuencias directas del contexto de represión, de que he vivido el exilio por más de 23 años, la pérdida de mi país, las amenazas y la persecución política. Pero esa condición solo adquiere sentido si se traduce en voz, en capacidad de incidir en el proceso.  

Lo que hemos vivido Arcadia y yo es, en cierto modo, una prueba de estrés del sistema. Presentamos una recusación fundada, aportamos pruebas, citamos normas, invocamos principios generales de derecho que en cualquier Estado serio habrían llevado a apartar de inmediato al fiscal. En respuesta, primero se nos dijo que no teníamos legitimidad para hablar; luego se nos pidió paciencia; finalmente, tras insistir, la propia Sala reconoció que había motivos para apartar al fiscal. 

Esa trayectoria demuestra dos cosas. La primera, que las víctimas pueden, incluso en un sistema tan cerrado como la CPI, forzar grietas en el muro de la indiferencia. La segunda, que el sistema no está diseñado para facilitar esa participación, sino para resistirla. Esa tensión debe resolverse a favor de las víctimas, no en su contra. De lo contrario, el artículo 68 se convierte en un adorno retórico y no en una garantía viva. 

La CPI maneja un número relativamente reducido de situaciones, pero dispone de un presupuesto significativo. Usted ha cuestionado la lentitud del proceso. ¿Cómo evalúa el desempeño de la Corte frente a la magnitud de los crímenes en Venezuela?

 Si uno observa la estructura de la CPI, se encuentra con una institución que no está saturada por cientos de casos: su jurisdicción es limitada y el número de situaciones activas es manejable para un tribunal de esta naturaleza. Sin embargo, cuando miramos el ritmo de actuación en Venezuela I, lo que vemos no es prudencia, sino letargo.

 Desde que se abrieron las investigaciones formales han pasado años sin que se emitan órdenes de arresto contra los responsables políticos y militares de la represión. En cambio, hemos visto un énfasis desproporcionado en la arquitectura de complementariedad, en la firma de entendimientos, en la presencia simbólica en Caracas. El resultado tangible para las víctimas, hasta ahora, es la ausencia de nombres concretos en un documento de acusación y la sensación de que la Corte camina siempre dos pasos por detrás de la realidad venezolana. 

 Esto no es una crítica ligera. Entiendo la complejidad de investigar crímenes de lesa humanidad, de construir expedientes sólidos, de proteger testigos. Pero también sé que, cuando la maquinaria represiva sigue activa, la dilación se convierte en complicidad objetiva. Cada año que pasa sin decisiones firmes es un año en el que los perpetradores envían al país el mensaje de que la justicia internacional es lenta, remota y, por tanto, manejable.

 Para terminar, ¿cuál es su mensaje a la comunidad internacional y a los propios venezolanos ante el cierre de la oficina de la CPI en Caracas y el conflicto de interés que usted ha denunciado?

 A la comunidad internacional le diría lo siguiente: no se engañen creyendo que el cierre de la oficina en Caracas, por sí solo, significa un giro histórico en la actuación de la CPI. Ese cierre solo tendrá valor si viene acompañado de decisiones concretas: órdenes de arresto, acusaciones claras contra la cadena de mando, un cronograma de actuación que demuestre que la Fiscalía ha dejado de esperar milagros de un régimen que nunca tuvo voluntad genuina de investigar sus propios crímenes.

 Y le diría también que el caso Venezuela I ha revelado algo más profundo que un problema puntual con un fiscal: ha mostrado las debilidades estructurales del sistema de protección internacional, la facilidad con que pueden filtrarse conflictos de interés, la tendencia de las instituciones a protegerse a sí mismas antes que a las víctimas. Si la Asamblea de Estados Parte no aprovecha este momento para reformar, aclarar y fortalecer las normas de recusación, de imparcialidad y de participación de víctimas, el precedente será devastador para otros países y para otras víctimas en el futuro. 

 A los venezolanos, dentro y fuera del país, solo puedo hablarles desde la verdad. La CPI no ha estado a la altura de la urgencia de nuestro sufrimiento, pero eso no significa que el camino de la justicia internacional esté cerrado. Significa que tenemos que seguir empujando, documentando, denunciando, utilizando todas las rendijas que el derecho ofrece para obligar a las instituciones a ser coherentes con sus propios principios.

 La historia juzgará a quienes ordenaron y ejecutaron los crímenes, pero también juzgará a quienes, pudiendo actuar con mayor celeridad y coraje, eligieron la comodidad de la inercia. Nuestro deber, como víctimas y como defensores de derechos humanos, es no concederles el beneficio del silencio.

Por Antonio María Delgado en El Nuevo Herald

Mientras Estados Unidos se prepara para lanzar ataques terrestres dentro de Venezuela, una esperada llamada telefónica entre la Casa Blanca y Caracas —concebida para posiblemente desactivar la crisis— llevó un mensaje contundente para el hombre fuerte Nicolás Maduro: usted puede salvarse a sí mismo y a sus seres más cercanos, pero debe abandonar el país ahora, dijeron al Miami Herald fuentes familiarizadas con la situación.

La llamada —que, según informó The New York Times, tuvo lugar la semana pasada— llegó rápidamente a un punto muerto al quedar claro que las posiciones de ambas partes eran irreconciliables. Washington exigió que Maduro y sus principales aliados abandonaran Venezuela de inmediato para permitir la restauración del orden democrático, mientras que los líderes del régimen propusieron entregar el control político a la oposición pero mantener el control de las fuerzas armadas.

Según las fuentes, el mensaje estadounidense a Maduro fue directo: solo se garantizaría un salvoconducto para él, su esposa Cilia Flores y su hijo si aceptaba renunciar de inmediato.

La conversación se desarrolló en medio de crecientes señales de que la administración Trump se prepara para una fase más agresiva de operaciones dirigidas contra el Cartel de los Soles, que según Washington está encabezado por Maduro y otros altos funcionarios.

Washington ha acusado por años a Maduro y a sus principales aliados de dirigir ese cartel. En 2020, el Departamento de Justicia imputó al presidente venezolano y a más de una docena de funcionarios, calificando al régimen como una “empresa narco-terrorista”. Estados Unidos ha ofrecido una recompensa de $50 millones por Maduro —la mayor jamás ofrecida por un jefe de Estado en funciones— y $25 millones por el dirigente chavista Diosdado Cabello.

El jueves, el presidente Trump anunció que las acciones militares estadounidenses —hasta ahora enfocadas en hundir lanchas rápidas sospechosas de transportar drogas en el Caribe— pronto se expandirían al territorio venezolano. Durante una llamada de Acción de Gracias con miembros de las fuerzas armadas, dijo que los militares estadounidenses “muy pronto” iniciarían operaciones terrestres para desarticular lo que describió como redes venezolanas de narcotráfico.

Una de las fuentes dijo que la llamada entre Washington y Caracas, vista como un último intento para evitar una confrontación directa, se estancó por tres motivos.

“Primero, Maduro pidió una amnistía global por cualquier crimen cometido por él y su grupo, y eso fue rechazado”, dijo la fuente, que habló bajo condición de anonimato. “Segundo, pidieron mantener el control de las fuerzas armadas —algo similar a lo que ocurrió en Nicaragua en el ’91 con Violeta Chamorro. A cambio, permitirían elecciones libres.”

Ese arreglo, añadió la fuente, se asemejaba al “modelo cubano” que dejó a los hermanos Ortega con el poder real tras bastidores y que eventualmente facilitó su regreso al gobierno. La administración rechazó también esa propuesta.

El tercer punto de fricción fue el calendario: Washington insistió en que Maduro debía renunciar de inmediato, y Caracas se negó.

La llamada —inicialmente intermediada por Brasil, Catar y Turquía— no se ha repetido. Tras el anuncio de Trump el sábado de que el espacio aéreo venezolano debía considerarse “cerrado en su totalidad”, el régimen de Maduro intentó comunicarse nuevamente con Washington, pero no obtuvo respuesta.

El anuncio sobre el espacio aéreo —ampliamente interpretado en Venezuela como un preludio de un ataque inminente— agitó aún más un enfrentamiento ya tenso. Dirigiéndose a “aerolíneas, pilotos, narcotraficantes y traficantes de personas”, Trump no ofreció detalles operativos, pero advirtió que la directiva exigía atención inmediata. Su mensaje llegó en medio de una rápida escalada del despliegue militar estadounidense hacia Caracas y de crecientes temores de conflicto en el Caribe.

“A todas las aerolíneas, pilotos, narcotraficantes y traficantes de personas, por favor consideren EL ESPACIO AÉREO POR ENCIMA Y ALREDEDOR DE VENEZUELA CERRADO EN SU TOTALIDAD. ¡Gracias por su atención a este asunto!”, escribió Trump en Truth Social.

La declaración coronó una semana en la que la administración dio señales de estar preparando una fase más agresiva contra el Cartel de los Soles. El jueves, Trump afirmó que las operaciones marítimas ya habían destruido más de 20 embarcaciones y provocado más de 80 muertes desde el 1 de septiembre, asegurando que Estados Unidos había detenido “85%” del flujo marítimo. Grupos venezolanos, dijo, estaban “enviando veneno” hacia el norte que mata a “miles de personas al año”.

Al mismo tiempo, Washington ha buscado ampliar su autoridad legal para actuar en Venezuela. El lunes, el Departamento de Estado designó formalmente al Cartel de los Soles como Organización Terrorista Extranjera, colocando a Maduro, al ministro del Interior Diosdado Cabello y al ministro de Defensa Vladimir Padrino López, en la misma categoría legal que líderes de Al Qaeda y el ISIS.

La designación, publicada en el Federal Register, es vista como un instrumento que otorga al gobierno nuevas facultades para emprender acciones militares sin aprobación adicional del Congreso.

Analistas señalan que la medida es de gran alcance. Como funcionarios estadounidenses sostienen que el cartel opera desde dentro del Estado venezolano, la designación efectivamente trata al gobierno de Maduro como parte de una red terrorista.

Expertos apuntan que la medida podría permitir a la administración invocar la Autorización para el Uso de la Fuerza Militar de 2001, la base legal de la mayoría de las operaciones antiterroristas estadounidenses en las últimas dos décadas. El secretario de Defensa Pete Hegseth dijo que la designación “abre muchas nuevas opciones”, y Trump ha sugerido que podría allanar el camino para ataques contra activos e infraestructura venezolanos. También ha dicho que sigue abierto a negociar.

Caracas denunció la medida, calificándola de falso pretexto para una intervención extranjera y asegurando que el cartel es una invención estadounidense. “Es una necedad que el Gobierno venezolano pierda parte de su valioso tiempo de gestión respondiendo a estas infamias y calumnias”, dijo el Ministerio de Relaciones Exteriores el lunes, agregando que los venezolanos se mantenían “unidos y cohesionados” y se preparaban para las festividades navideñas.

El creciente andamiaje legal coincide con un significativo aumento de hardware militar estadounidense cerca de las fronteras venezolanas.

Durante más de dos meses, activos navales y aéreos estadounidenses han aumentado su presencia en el Caribe, incluyendo la llegada el 16 de noviembre del USS Gerald R. Ford, el portaaviones más grande del mundo. Al menos otras 10 embarcaciones de guerra, un submarino nuclear y aviones F-35 también están desplegados.

Comandantes estadounidenses dicen que las misiones respaldan operaciones antidrogas, pero observadores regionales señalan que el nivel de poder de fuego supera ampliamente las actividades típicas de interdicción.

Vía LaPatilla

La fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, lanzó este domingo una dura advertencia contra organizaciones criminales vinculadas a Venezuela, asegurando que la administración del presidente Donald Trump está completamente enfocada en perseguir a los llamados narcoterroristas que, según Washington, operan desde la región.

En una entrevista concedida a Fox News, Bondi afirmó que el gobierno estadounidense está comprometido a “eliminar” a estas redes criminales, señalando directamente a las estructuras venezolanas vinculadas al narcotráfico.

“Los narcotraficantes venezolanos deben actuar con mucho cuidado, porque si eres un narcoterrorista, si eres un miembro del Tren de Aragua, te perseguiremos. El presidente Trump lo ha dejado clarísimo”, advirtió.

La fiscal aseguró que la administración republicana, mencionando al propio Trump y al secretario Marco Rubio, está decidida a frenar la entrada de drogas al país, criticando además al expresidente Joe Biden por, según ella, “permitir” que organizaciones criminales de origen extranjero ingresaran a Estados Unidos a través de la frontera con México.

“Estamos comprometidos a eliminar a estos narcoterroristas… Las drogas que ingresan a nuestro país están matando a nuestros hijos. Si los demócratas no protegen a nuestros niños, Donald Trump lo hará”, afirmó.

Bondi evitó referirse a detalles sobre un presunto memorando clasificado, pero insistió en que las redes criminales que operan desde Venezuela, México y otros países, junto al fentanilo producido en China, son responsables de un flujo de sustancias que, aseguró,  ha causado miles de muertes en territorio estadounidense.

La fiscal general cerró la entrevista subrayando que el compromiso de la administración Trump es “proteger a los estadounidenses todos los días”, utilizando “todos los medios legales”.

Video X: @RapidResponse47

Vía Fox News

Estados Unidos está bajo ataque por los cárteles de la droga , según el secretario de la Marina, John Phelan, y la Operación Lanza del Sur del ejército estadounidense tiene como objetivo defender al país de la inundación de narcóticos.

« Las drogas matan a más estadounidenses de los que hemos perdido en guerras. Así que creo que, al final, el presidente ha identificado correctamente esto como un ataque al país, y lo es», dijo Phelan en «Mi visión con Lara Trump» el sábado por la noche.

Phelan describió la potencia de fuego detrás de la Operación Southern Spear, que incluye al Grupo de Ataque del Portaaviones USS Gerald R. Ford , « que cuenta con nueve alas aéreas de portaaviones, es decir, más de 70 aeronaves… Y luego hay 11 barcos allí también. Y también están los Marines » .

La iniciativa también cuenta con el apoyo de la Guardia Costera y el Departamento de Seguridad Nacional. Coincide con el impulso para modernizar las fuerzas armadas estadounidenses mediante tecnologías como la inteligencia artificial, la hipersónica y los sistemas no tripulados, junto con un renovado impulso a la construcción naval liderado por el presidente Donald Trump .

Cuando se le preguntó qué pensaba de los críticos que argumentaron que el despliegue era una exageración o una apropiación indebida de recursos navales, Phelan destacó la naturaleza colaborativa de la iniciativa y el propósito central del ejército.

«El trabajo de los militares es 
defender la patria … eso es exactamente lo que estamos haciendo, y estamos utilizando nuestros mejores recursos para defender la patria», dijo.

Vía Infobae

Las recientes declaraciones del presidente colombiano, Gustavo Petro, durante una entrevista concedida a CNN, generaron una nueva ola de reacciones políticas y diplomáticas en torno a la crisis venezolana. Consultado sobre el destino que debería tener Nicolás Maduro en un eventual escenario de salida del poder, Petro respondió con contundencia:
“Debería ser juzgado, investigado como cualquiera de nosotros.”

La frase reactivó el debate internacional sobre la situación judicial del mandatario venezolano y la postura del Gobierno colombiano frente a las denuncias de narcotráfico que pesan sobre altos funcionarios del chavismo.

Petro insiste: “En Colombia no existe evidencia del Cartel de los Soles”

En la misma entrevista, Petro reiteró una postura que ya había expresado en distintos escenarios: según la información disponible en las instituciones colombianas, no existe evidencia que respalde la existencia del llamado Cartel de los Soles.

Citando datos judiciales de su país —que también fueron recogidos por Semana— el presidente afirmó:
“En los datos jurídicos colombianos no aparece algo que se llame Cartel de los Soles.”

El mandatario hizo énfasis en que las investigaciones en Colombia se refieren a oficiales de alto rango del Ejército venezolano, pero no al presidente Nicolás Maduro, despejando —según él— confusiones frecuentes entre denuncias políticas y pruebas concretas.

“No confundas dictadura con narcotráfico”

Petro también pidió evitar que dos categorías distintas se mezclen en el análisis sobre Venezuela:
“No, no confundas ambas cosas. Hay dictadores que no son narcos.”

A su juicio, los cuestionamientos hacia Maduro tienen que ver con el deterioro democrático, y no con evidencia judicial sobre narcotráfico proveniente de Colombia.

Una posición polémica que ya había generado tensiones

El presidente colombiano recordó que hace meses se había pronunciado en redes sociales, asegurando que el Cartel de los Soles era “una excusa ficticia de la extrema derecha para derribar gobiernos que no les obedecen”. Aquellas declaraciones ya habían causado un intenso debate nacional e internacional.

En ese mismo mensaje, Petro planteó que las rutas de cocaína que atraviesan Venezuela no estarían bajo el control de un cartel militar venezolano, sino de una estructura transnacional a la que llamó “Junta del Narcotráfico”, cuya influencia —según su versión— se extiende más allá de América Latina. Petro incluso afirmó haber propuesto cooperación trilateral entre Colombia, Estados Unidos y Venezuela para combatirla.

Washington mantiene su posición

Las palabras del mandatario colombiano contrastan fuertemente con la postura de Estados Unidos.
Distintas agencias estadounidenses, bajo gobiernos demócratas y republicanos, sostienen que existen vínculos directos entre altos funcionarios del chavismo y actividades de narcotráfico, investigaciones que siguen activas y que han derivado en acusaciones formales contra figuras clave del aparato militar y político venezolano.

Este choque de perspectivas vuelve a tensar el escenario diplomático justo cuando en el Caribe aumentan las fricciones entre Washington y Caracas.

“El problema de Maduro se llama democracia”

En su entrevista, Petro reiteró que su preocupación principal respecto a Venezuela es el funcionamiento de su sistema político:
“El problema de Maduro se llama democracia.”

Insistió en que los conflictos internos del país vecino deben resolverse mediante acuerdos, diálogo y más participación política, una línea que ha sostenido desde el inicio de su mandato.

Reacciones inmediatas y nuevo capítulo en la discusión regional

Las declaraciones generaron respuestas inmediatas tanto en Colombia como fuera del país. Para algunos analistas, Petro abrió nuevamente un debate que Bogotá había tratado de mantener en un segundo plano, especialmente en un momento de fuerte presión internacional sobre Caracas.

Para otros, sus palabras evidencian la distancia entre la visión colombiana y la estadounidense sobre el rol del narcotráfico en la cúpula del régimen de Maduro.

Mientras tanto, la discusión continúa abierta en ámbitos diplomáticos, judiciales y políticos. La entrevista de Petro, lejos de cerrar el tema, parece haber encendido de nuevo uno de los debates más sensibles de la región.

Por Daniel Lozano en El Mundo

La esposa de Maduro se muestra en segundo plano, como ‘mujer florero’, pero la realidad es que tiene mucho peso político en el Palacio de Miraflores. Ascendió políticamente en la época de Chávez y todo el mundo sabe que ella es la cabeza pensante.

«¡Vente Cilita! ¿Ustedes conocen a Cilita? ¡Esssso!», gritó Nicolás Maduro con todo su folclore revolucionario durante su visita a las obras del monumento al Gran Cacique Guaicaipuro en Caracas. Y para allá que fue Cilia Flores, con su sonrisa para todo y su chándal rosa para posar con la «clase obrera» en medio de la alerta roja que vive la revolución bolivariana. La primera combatiente revolucionaria, el título que se inventaron entre los dos para no suscribir aquello tan burgués y occidental de primera dama.

El despliegue militar estadounidense en el Caribe no ha cambiado la rutina de Cilia. Siempre servicial y atenta con su marido, que se empeña en infantilizarla a diario ante su audiencia. Un día hace una arepa para desayunar y otro le pone las medias (calcetines), siempre según el relato del mandatario usurpador. Como si fuera un florero en la vida presidencial, la versión light de la Bruja escarlata de Wandavisión con gafas, pero sin grandes superpoderes, en el cómic de Superbigotes diseñado por los asesores cubanos de Maduro.

Pero no se dejen engañar: Cilia Flores no es la dulce abuelita de 69 años (seis más que Maduro) que participa en las gestas bolivarianas y en los maratones televisivos del inquilino del Palacio de Miraflores.

Cilia Flores es un animal político, la jefa del ala civil del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), el contrapunto a los militares de Diosdado Cabello. Sin ella, Maduro no hubiera llegado a lo más alto. No es casual su presencia en todas las reuniones con el alto mando político y militar, también en los viajes de sus aliados a Caracas. Cilia siempre habla y sus palabras son de peso. «Ella tiene un carácter, candela pura», aseguró Maduro una vez en televisión. Y esa vez no mintió.

ASCENSO POLÍTICO

Así fue desde sus inicios, cuando Cilia formaba parte del equipo de abogados del que Hugo Chávez disponía en su celda de Yare, tras el golpe de Estado contra el socialdemócrata Carlos Andrés Pérez en 1992. Maduro era apenas un sindicalista que por su gran tamaño servía para proteger las espaldas del comandante supremo.

El presidente del pueblo quiso recordar esos momentos hace dos años en el primer capítulo de su podcast, que también retransmitía la televisión oficial. «¿Cómo fue que tú me conociste?», preguntó el «conductor de victorias», para dejar claro que aquello iba de él. «Lo recuerdo clarito, con Hugo Chávez Frías en la cárcel. En una asamblea en Catia (barrio popular de Caracas), un muchacho pidió la palabra y habló (se escucha un sonido gutural del presentador). Qué inteligente, vale. Yo pensaba igual que él», recitó casi de carrerilla la primera combatiente, quien ocupó puestos clave antes que su marido en las distintas administraciones chavistas: diputada, jefa del grupo parlamentario bolivariano, contralora (interventora) general de la República, presidenta de la Asamblea Nacional… «Efectivamente, Cilia sigue siendo muy importante, fundamental. Mientras la gran virtud de Maduro es hacerse el tonto, la gran virtud de Cilia es hacerse la modosita y la que le ríe las gracias al marido, bien distinto a lo que es en realidad. Cilia es una mujer inteligente, sabe ejercer el poder y disfruta ejerciéndolo», precisó para LOC Carmen Beatriz Fernández, consultora y especialista en ciberpolítica.

Tan poderosa y tan dura como Claire Underwood en el House of Cards caraqueño. En la oposición democrática siempre han sabido que ambas mujeres, la real y la de ficción, tienen el mismo gusto por el poder.

En un papel casi invisible, Flores da apoyo y sostén emocional a Maduro. «Ella acepta ese papel que la invisibiliza porque además no sería la primera vez que una mujer tiene las ideas, marca la estrategia, pero la cara visible es el marido. Por mucho que se empeñe Maduro, todo el mundo político sabe que ella es la cabeza pensante. Siempre está cinco pasos más adelante. Venezuela no deja de ser una sociedad profundamente machista, por lo que mantienen esa fachada de que Maduro es el hombre fuerte. Ella juega a eso porque es preferible esa posición para estar en el poder», profundizó para LOC una reconocida activista feminista, bajo anonimato.

«Flores se ha impuesto el rol de una primera dama en sintonía con el machismo ambiental de un país refractario a las ideologías liberales y progresistas. Silenciosa, discreta, dirigiendo las miradas y las cámaras siempre a su marido, incapaz de un desliz más allá de la pérdida de su dentadura en vivo y directo. Cilia es presentada por Maduro con el diminutivo de Cilita, la madre, la abuela, la consejera, el amor de su vida, la ex funcionaria policial y la mente más aguda de su entorno. Una mujer siempre discreta, seria y leal, una esfinge que oculta sus pensamientos ante las cámaras de televisión, pero que está siempre, en su cotidianidad y en los momentos más importantes donde se ha jugado su supervivencia. A diferencia del cuento de Oscar Wilde, esta esfinge sí guarda secretos que quizás nunca conozcamos», concluyó para LOC el sociólogo Gianni Finco, uno de los principales expertos venezolanos en propaganda chavista.Así es Cilita Flores, la esposa de Maduro con un gran peso político en el Palacio de MirafloresEL MUNDO (Vídeo) / EFE (Foto)

Más allá de su imagen pública y de su fortaleza política, Flores ejerce como una gran catalizadora de los negocios familiares. Asustado por la pérdida del apoyo popular, Maduro ordenó que se construyera una mansión en el interior de Fuerte Tiuna, la mayor instalación de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) de Caracas. Al otro lado de la «frontera militar», en la zona noble de las Cumbres de Curumo, la familia Flores ha forzado la compra de las villas levantadas en esa zona privilegiada.

Alrededor de su sillón en la presidencia del legislativo, Cilita comenzó a colocar a sus familiares y amigos. Nepotismo en estado puro. Mientras fortalecía el sector civil del chavismo, su gente también salía ganando. En el primer grupo están incluidos los hermanos Delcy (vicepresidenta ejecutiva) y Jorge (negociador jefe de Maduro), además de la magistrada Carislya Rodríguez, presidenta del Tribunal Supremo de Justicia; el fiscal general, Tarek William Saab; y Elvis Amoroso, presidente del Consejo Nacional Electoral, el mismo que se vio obligado a bloquear la web de los resultados electorales del año pasado ante la goleada recibida en las urnas.

Los del segundo grupo ya forman parte de la crónica negra del país más corrupto del planeta. El bombazo estalló en 2015, cuando los famosos narcosobrinos de Cilia, Efraín Campo Flores y Franqui Flores, cayeron en una trampa de la DEA en Haití. Aprovechando las instalaciones presidenciales en el aeropuerto de Maiquetía, iban a trasladar 800 kilos de cocaína hasta Estados Unidos, a través de Honduras. Pese a la condena a 18 años de cárcel, ambos fueron intercambiados en 2022 por rehenes estadounidenses atrapados en Venezuela.

El sobrino favorito, Carlos Erick Malpica Flores, llegó a ejercer como tesorero de la Nación y administrador de finanzas de Petróleos de Venezuela (PDVSA) mientras disfrutaba de una vida de lujos. Su cese fue otra noticia bomba, pero su carrera en el mundo de la corrupción no había hecho nada más que comenzar.

En la nómina de sancionados por corrupción en EEUU también figuran los tres hijos del primer matrimonio de Cilia: Walter, Yosser y Yoswal. «No se metan con Cilia, no se metan con la familia. ¡No sean cobardes! Su único delito es ser mi esposa», se quejó Maduro en 2018 después de que su mujer también fuera sancionada por EEUU.

El operador turístico ruso Pegas Touristik, uno de los líderes del sector en Rusia, anunció este domingo una reprogramación inmediata de sus itinerarios debido al cierre total del espacio aéreo venezolano, una medida decretada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en el marco del creciente conflicto geopolítico con el régimen de Nicolás Maduro.

Según informó la Asociación de Operadores Turísticos de Rusia (Ator) en su portal oficial, el vuelo Moscú–Porlamar, previsto para el próximo lunes, fue cancelado. En su lugar, la empresa ha dispuesto una ruta alternativa hacia Varadero, Cuba, con el fin de evitar que los viajeros pierdan sus vacaciones y garantizar un destino seguro y operativamente accesible.

Pegas Touristik comunicó que los turistas afectados podrán hospedarse en hoteles de categoría similar o superior, sin costos adicionales. Aquellos que prefieran no viajar a Cuba tendrán la opción de recibir el reembolso total de su paquete, utilizable para futuras reservas, con lo que se asegura que ningún cliente resulte perjudicado.

La directora de la compañía, Ana Podgórnaya, afirmó que los vuelos hacia Venezuela serán restablecidos tan pronto como las condiciones lo permitan. Asimismo, anunció que las autoridades rusas están coordinando un vuelo especial de repatriación para los ciudadanos que permanecen en la isla de Margarita, garantizando su retorno seguro.

Este ajuste operativo evidencia la capacidad de respuesta del sector turístico ruso ante escenarios geopolíticos inesperados. También resalta la creciente cooperación entre Rusia y Cuba, que emerge como un destino alternativo confiable para acoger a contingentes de turistas internacionales en momentos de crisis.

EFE

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