Morfema Press

Es lo que es

DBuford

Vía La Verdad

Venezuela descendió cuatro puntos en el ránking mundial de libertad en internet elaborado por la organización Freedom House, pasando de 30 al 26 unidades de 100 posibles, y ubicándose entre los 10 países con peores condiciones digitales del mundo.

El país se encuentra por encima de China (9), Myanmar (9), Irán (13), Rusia (17), Bielorrusia (20), Cuba (21), Vietnam (22), Arabia Saudita (25) y justo debajo de Sudán (27).

El informe “Freedom on the Net 2025”, publicado este miércoles 12 de noviembre que evalúa el periodo comprendido entre el 1 de junio de 2024 y el 31 de mayo de 2025, advierte que la libertad digital en Venezuela “declinó significativamente” durante el último año, en el contexto de la elección presidencial de julio de 2024, según reseñó Monitoreamos.

Según el documento, el gobierno de Nicolás Maduro desplegó una campaña contra opositores reales o percibidos, bloqueando medios independientes, plataformas de comunicación y herramientas para evadir la censura.

Dominios bloqueados

La organización no gubermental VE sin Filtro reportó que más de 200 dominios fueron bloqueados entre julio de 2024 y enero de 2025, coincidiendo con el inicio de la campaña electoral y la toma de posesión de Maduro.

Entre los sitios censurados se encontraban páginas creadas por la oposición para publicar sus propios conteos de votos.

Al cierre del periodo evaluado, 61 medios digitales independientes seguían bloqueados, junto con plataformas como X, Signal, YouTube, TikTok y Telegram. También se restringió el acceso a herramientas para evadir la censura.

Manipulación

El informe también documenta una intensificación de las operaciones de manipulación digital por parte del gobierno, incluyendo “campañas de desinformación”, “ataques a la oposición” y “uso de cuentas falsas para amplificar narrativas oficialistas”.

La oenegé Cazadores de Fake News calificó estas acciones como “superiores a episodios de años anteriores”.

En noviembre de 2024, la Asamblea Nacional aprobó la Ley Simón Bolívar, que permite imponer multas y revocar licencias a medios digitales que “promuevan” sanciones internacionales contra Venezuela.

La redacción ambigua de la norma generó preocupación por su potencial uso para criminalizar la cobertura informativa sobre medidas internacionales.

Asimismo, en agosto de 2024 se aprobó una ley que faculta al Estado a disolver organizaciones no gubernamentales que incurran en “discurso de odio”, “fascismo” o actividades políticas, conceptos vagamente definidos.

La mayoría de los medios digitales que aún operan en el país están registrados como organizaciones sin fines de lucro, lo que los deja en situación de riesgo.

VenApp

Tras las elecciones, el gobierno activó una nueva función en la aplicación estatal VenApp, que permite a los ciudadanos denunciar protestas y expresiones de disenso.

Aunque Apple y Google retiraron la app de sus tiendas, su archivo APK sigue disponible, y el Gobierno de Maduro promueve su uso como herramienta de vigilancia social.

Durante el periodo cubierto por el informe, numerosas personas fueron detenidas “arbitrariamente” por expresar opiniones en redes sociales o aplicaciones de mensajería.

Algunos fueron desaparecidos forzosamente, como el defensor de derechos humanos Carlos Correa, director de la organización Espacio Público, quien estuvo desaparecido durante ocho días antes de ser liberado en enero de 2025.

Internet controlado

Freedom House advierte que “internet está más controlado y manipulado hoy que nunca”, y que las condiciones se deterioraron en 27 de los 72 países analizados. Venezuela figura entre los casos más preocupantes, junto a Kenia y Georgia, mientras que China y Birmania siguen siendo los entornos más represivos del mundo.

En el caso de Venezuela, el informe concluye que el Gobierno cerró casi todos los canales de disenso político, restringido libertades civiles y “criminalizado la expresión digital”, en un contexto de crisis humanitaria y migratoria que continúa agravándose.

Soplan vientos de oportunidades y esperanzas en América Latina, tan compleja como impredecible y desveladora. En primer lugar Bolivia, la hija predilecta de Bolívar, conmemoró el pasado 6 de agosto 200 años de su fundación, desde que dejó de ser el Alto Perú en la Audiencia de Charcas. Mucha agua ha corrido bajo el puente a lo largo de esos dos siglos, con inestabilidades y rebeldías propias de su carácter plurinacional, manteniéndose como un país económicamente pobre, pese a sus recursos naturales, en que los pueblos Quechua y Aymara han convivido en una confluencia de mineros, indígenas, campesinos, y una influyente clase militar.

Durante los últimos 20 años el país estuvo gobernado por el MAS, con Evo Morales elegido en 2005, del fraudulento intento de reelección en 2019 y su huida a México y Argentina, a raíz de lo cual el Congreso eligió a Jeanine Añez, detenida luego injustamente tras el triunfo de Luis Arce (MAS) en 2021, quien al final terminó enfrentado con Evo Morales en medio de una profunda crisis económica. Tanto Morales como Arce se mantuvieron fieles a los postulados del Socialismo del Siglo XXI, el Foro de Sao Paulo y el ALBA. La guerra intestina en el MAS y la crisis económica debilitaron al gobierno, hechos sumados al empeño de Evo Morales de presentarse como candidato estando inhabilitado, y un posterior llamado fallido al voto nulo, que mejoró las opciones de los candidatos conservadores Rodrigo Paz, demóçrata cristiano y el expresidente Tuto Quiroga en la primera vuelta, resultando vencedor Rodrigo Paz en segunda vuelta.

Bolivia da vuelta así a 20 años de mal gobierno del MAS, e inicia un giro histórico cuyo desafío principal es afrontar una crisis económica que tiene al país en cuidados intensivos, dada la inflación, recesión, escasez de dólares, de combustibles y la caída de las exportaciones de gas natural, las cuales representaron US$ 6.500 millones en 2013, y no superarán los 2.000 millones en el presente año, provocando una fuerte caída de las reservas internacionales.

Rodrigo Paz intenta encarnar una imagen de cambio. De inicio, viajó a Estados Unidos, anunció el restablecimiento de relaciones diplomáticas con ese país, y logró un acuerdo con la CAF por US$ 3.100 millones, para reactivar la economía y atender la crisis de los hidrocarburos. Paz designó un gabinete de ministros de perfil técnico y meritocrático, como base para encarar la crisis económica, de empleo y la lucha contra la corrupción. El discurso de posesión de Paz fue pragmático, enfatizando en la baja de aranceles, más créditos, y “capitalismo para todos”, y no para unos cuantos. No invitó a la posesión a los gobernantes dictatoriales de Venezuela, Cuba y Nicaragua, y ofreció fortalecer vínculos con países que respeten la democracia y los derechos humanos, lo cual es recibido como una buena noticia.

Vienen ahora en lo inmediato, los procesos electorales en Chile y Honduras, con altas expectativas. La sucesión de Gabriel Boric en Chile será determinante en el cuadro geopolítico regional. La candidata oficialista Jeanette Jara, exministra del Trabajo, proviene del Partido Comunista chileno, y aunque ofrece suspender su militancia si gana, despierta justificadas reservas por su pasado político. Con todo, Jara ocupa el primer lugar en las encuestas, asegurándose el pase a segunda vuelta. En la derecha, José Antonio Kast se ubica detrás de Jara, y en el tercer lugar Johannes Kaiser, superando a Evelyn Matthei. Los pronósticos muestran que Jara perdería en segunda vuelta contra casi todos sus adversarios, en una señal optimista en cuanto a la direccionalidad del futuro gobierno chileno. A Boric se le reconoce en justicia su postura democrática, al aceptar la derrota en las propuestas de una nueva Constitución, y por su clara postura en defensa de los Derechos Humanos, con la cual marcó distancia con las autocracias existentes en la región.

En pocos días habrá también elección presidencial en Honduras, actualmente gobernada por Xiomara Castro, esposa del polémico izquierdista Manuel Zelaya, ambos afines al Foro de Sao Paulo. Honduras es otro país en crisis, con antecedentes de violencia, y uno de los puentes activos en las rutas del narcotráfico desde Colombia y Venezuela. Cinco candidatos se disputan la presidencia, en un ambiente de denuncias de fraude, ventajismo e irregularidades por parte del oficialismo. La candidata del gobierno es Rixi Moncada, cercana a Zelaya y a la actual presidenta; el opositor es Nasry Asfura, político y empresario hondureño; y el tercero Salvador Nasralla, expresentador de televisión y político, quien ocupó altas posiciones en el gobierno de Xiomara Castro. Las encuestas muestran un virtual empate técnico entre Nasralla, Moncada y Asfura, en un contexto de debilidad institucionalidad y sesgos en las autoridades electorales y la Fiscalía, producto de los intentos oficialistas de socavar las instituciones democráticas, con un presunto apoyo del régimen venezolano.

En el año 2026 estarán en primer plano las elecciones en Colombia y Perú. En Colombia están previstos comicios legislativos el 8 de marzo, y el 31 de mayo los presidenciales. Ante los cuestionamientos al gobierno de Gustavo Petro, por razones políticas, económicas y de conducta personal, las elecciones del próximo año son cruciales para el futuro de la democracia en el país. Hasta ahora, el oficialismo (Pacto Histórico) se pronunció por la candidatura de Iván Cepeda, un exmiembro de las FARC, facilitador de procesos de paz y archienemigo de Álvaro Uribe Vélez, a quien ha pretendido llevar a la cárcel. El Pacto Histórico parte así con la ventaja de tener ya su candidato, de ser gobierno y poseer abundantes recursos, amén de un mensaje populista que atrae a los más desposeídos. La oposición no ha logrado aún designar un candidato de unidad, aunque se han producido conversaciones entre líderes políticos como Álvaro Uribe (Centro Democrático), César Gaviria (Partido Liberal) y Germán Vargas Lleras (Cambio Radical). Pese al corto tiempo faltante, no se vislumbra aún una candidatura de unidad, con una amplia baraja de precandidatos, sin lo cual la Colombia democrática no será capaz de derrotar fácilmente a la izquierda, cuyo gobierno ha empeorado la situación de Colombia en todos los ámbitos, especialmente en lo económico y de seguridad, amén de una política internacional que apoya al régimen de Maduro y se distancia de EE.UU.

En Perú, tras la reciente destitución de la presidente Dina Boluarte a pocos meses de las elecciones previstas para el 12 de abril de 2026, tras un largo camino de inestabilidad política, el Jurado Nacional de Elecciones habilitó a 39 organizaciones para los comicios que comprenderán la Presidencia y un Congreso bicameral. La contienda presidencial reúne a figuras ya conocidas como excandidatos, como Keiko Fujimori (Fuerza Popular), Rafael López Aliaga, ex alcalde de Lima (Renovación Popular), César Acuña (Alianza para el Progreso), Fernando Olivera (Frente de la Esperanza), y George Forsyth (Somos Perú), y otros con menores posibilidades. El reto principal para el próximo período será consolidar la democracia, y luchar contra la corrupción y el desencanto popular con la dirigencia política y el bajo nivel del Congreso, tan cuestionado por sus ejecutorias. Pese a todo, la economía peruana ha sido resiliente a los sobresaltos que han supuesto en años anteriores la destitución o detención de los expresidentes Alberto Fujimori, Pedro Castillo, Dina Boluarte, Pedro Castillo, Alejandro Toledo, Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczyinsky y Martín Vizcarra, y del triste final del del expresidente Alan García. Con tales antecedentes, las próximas elecciones resultan cruciales para la institucionalidad democrática, en medio de enormes contrastes, pues los indicadores económicos muestran un PBI impulsado por la inversión privada, la demanda interna y el sector productivo, la reducción de la pobreza y el aumento del ingreso per cápita, el cual se disparó de US$ 2.100 en 2003 a US$ 8.400 en 2024, mientras las exportaciones alcanzaron la cifra récord de US$ 74.000 millones en 2024, comparados con US$ 7.000 millones en 2001, ubicando al Perú entre los mayores exportadores mundiales de cobre, arándanos, espárragos, uvas, mangos, aguacates, granos, cereales y cacao, con China como principal socio comercial y destino del 32% del total de las exportaciones.

La contienda peruana es hastaahora liderada en las encuestas por Rafael López Aliaga, pero con solo el 12,7%, cifra muy parcial, dado el alto número de partidos en la carrera electoral. Para el Perú, esta elección representa una oportunidad para derrotar la inestabilidad política y apoyar el desenvolvimiento de la economía, la cual supera con creces a su liderazgo. No se vislumbran sobresaltos en cuanto a las tendencias políticas en juego, con la novedad de que se restablecerá en 2026 un Congreso bicameral, en lugar del unicameral vigente.

En suma, de producirse ocurrir posibles cambios en Chile, Colombia, Perú y Honduras en los próximos meses, se modificarían apreciablemente los equilibrios geopolíticos en la región, con nuevas esperanzas para los pueblos de derrotar las tendencias afines al fracasado Socialismo del Siglo XXI. Ello sin contar que en Venezuela, pieza clave del totalitarismo en el Continente, subsisten esperanzas de que en algún momento se concrete el cambio decidido por voluntad popular en julio de 2024, pese a la usurpación y represión desatadas por el régimen que oprime a la nación, y la fuerte presión de EE.UU. sobre los carteles de la droga, que ofrece tantas expectativas como incógnitas.

El secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, afirmó este viernes en su cuenta de X (Twitter) que el presidente Donald Trump «va en serio» con su doctrina de «Paz a través de la Fuerza».

En un mensaje claro y contundente, Hegseth resaltó tres operaciones militares emblemáticas que marcan la estrategia de la administración Trump en el ámbito internacional.

La primera de estas operaciones es la «Operación Rough Rider», cuyo objetivo es garantizar la libertad de navegación para los buques de guerra estadounidenses en aguas internacionales, en un contexto de creciente tensión con potencias como China.

La segunda, denominada «Operación Martillo de Medianoche», se enfoca en la aniquilación de las instalaciones nucleares iraníes, un mensaje directo hacia Teherán sobre la firmeza de Washington en sus compromisos de seguridad global.

Sin embargo, la más reciente y destacada en el tuit de Hegseth fue la «Operación Lanza del Sur», una operación diseñada para destruir a los narcoterroristas que, según Washington, son responsables de la muerte de ciudadanos estadounidenses.

La operación busca frenar las rutas de narcotráfico que pasan por América Latina, específicamente en el Caribe, y que son vistas como una amenaza directa a la seguridad de EE. UU.

Hegseth acompañó sus declaraciones con el lema de la administración Trump: «Paz a través de la Fuerza». Este enfoque, que prioriza la capacidad de disuasión militar, se ha convertido en uno de los pilares de la política exterior de Trump, especialmente en su confrontación con gobiernos como el de Irán y en su lucha contra el narcotráfico en América Latina.

La comunidad internacional sigue con atención la intensificación de la presencia militar estadounidense, especialmente en regiones como el Caribe y el Medio Oriente, mientras el presidente Trump reafirma su enfoque de «paz» respaldado por una poderosa y agresiva fuerza militar.

 Altos funcionarios de la administración Trump sostuvieron tres reuniones en la Casa Blanca esta semana para discutir opciones para posibles operaciones militares en Venezuela, dijeron funcionarios el viernes, en medio de una creciente presencia militar estadounidense en el Caribe.

El presidente Donald Trump ha desplegado aviones F-35, buques de guerra y un submarino nuclear en la región como parte de un refuerzo militar tras dos meses de ataques contra embarcaciones frente a las costas de Venezuela.

A principios de esta semana, el grupo de ataque del portaaviones Gerald Ford se trasladó a Latinoamérica, llevando consigo más de 75 aeronaves militares y más de 5.000 soldados.

El viernes, Trump sugirió que pronto podría tomarse una decisión sobre si emprender o no acciones militares contra Venezuela, país al que el presidente estadounidense ha acusado de tener estrechos vínculos con el narcotráfico.»No puedo decirles qué será, pero ya me he decidido» sobre Venezuela, dijo a los periodistas a bordo del Air Force One.

Cuatro funcionarios estadounidenses y una fuente familiarizada con el asunto, que hablaron bajo condición de anonimato, dijeron que las reuniones del consejo de seguridad nacional tuvieron lugar esta semana, y tres de los funcionarios confirmaron que una de ellas fue el viernes.

El consejo asesora al presidente en temas relacionados con la seguridad nacional y normalmente estaría presidido por Stephen Miller, asesor de seguridad nacional de Trump.

Uno de los funcionarios dijo que un pequeño grupo se reunió el miércoles, seguido el jueves por una reunión mucho más grande que incluyó al vicepresidente JD Vance, a Miller, al secretario de Defensa Pete Hegseth y al jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine, entre otros.

La Casa Blanca no respondió de inmediato a la solicitud de comentarios.

Según una fuente cercana al asunto, Trump asistió a la reunión del jueves en la Sala de Crisis y fue informado sobre diversas opciones. Reuters no pudo determinar cuáles fueron las opciones presentadas, pero Trump ya había insinuado la posibilidad de ataques terrestres contra Venezuela.
También ha afirmado repetidamente que no busca un cambio de régimen en Venezuela.

El presidente venezolano Nicolás Maduro, quien ocupa el cargo desde 2013, ha dicho que Trump busca derrocarlo del poder.

En agosto, Washington duplicó su recompensa por información que condujera al arresto de Maduro hasta alcanzar los 50 millones de dólares, acusándolo de vínculos con el narcotráfico y grupos criminales.

Las tensiones entre Estados Unidos y Colombia, país vecino de Venezuela, también se han intensificado en las últimas semanas, con Trump y el presidente colombiano Gustavo Petro intercambiando acusaciones.

Trump ha calificado a Petro de «líder del narcotráfico» y le ha impuesto sanciones. El presidente colombiano, de ideología izquierdista, ha acusado a Estados Unidos de cometer asesinatos con sus ataques.

Reuters

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo este viernes haber tomado una decisión al ser cuestionado por periodistas sobre sus reuniones sobre Venezuela y sus siguientes acciones militares.

«Ya me decidí. No puedo decirles qué será», respondió a una periodista que le cuestionó sobre las varias reuniones que ha sostenido con el Pentágono alrededor de las acciones militares desplegadas en el Caribe cerca de Venezuela.

«Hemos avanzado mucho con Venezuela en términos de frenar la entrada masiva de drogas», agregó Trump.

Las breves palabras del presidente, capturadas en audio por una periodista, tuvieron lugar en su caminata rumbo al avión presidencial en el cual salió esta tarde de Washington D.C. rumbo a Florida para pasar el fin de semana.

El inédito despliegue militar de Washington en el Caribe responde, según la Administración Trump, a la necesidad de combatir el narcotráfico que se origina en Venezuela y se traslada a Estados Unidos por vía marítima, orquestado por carteles que ha designado como organizaciones terroristas y a los que vincula a Nicolás Maduro.

Una hora antes de su salida de la Casa Blanca, el Washington Post reveló en exclusiva que el mandatario había estado reunido este viernes con el secretario de Guerra, Pete Hegseth, y otras autoridades del Pentágono para discutir «una serie de opciones» puestas sobre la mesa para avanzar con la estrategia militar contra Venezuela.

El diario capitalino citó a un funcionario bajo anonimato que afirmó que las fuerzas desplegadas en el Caribe estaban esperando órdenes para atacar y responder a nuevos operativos.

El mismo funcionario dijo que Trump es «muy bueno para mantener la ambigüedad estratégica, y algo que hace muy bien es no dictar ni transmitir a nuestros adversarios lo que quiere hacer a continuación».

Además, el Comando Sur publicó un nuevo video de otra embarcación en el Caribe siendo eliminada con cuatro supuestos narcotraficantes a bordo, quienes fueron «asesinados», según la publicación en X.

Desde el jueves, la Administración Trump ha enmarcado su despliegue militar cerca de Venezuela bajo el nombre de ‘Lanza del Sur’, una misión que ha generado incertidumbre por no conocer detalles de sus alcances y que de acuerdo con Hegseth tiene como objetivo eliminar las drogas que son traficadas rumbo a territorio norteamericano.

EFE

Por James Holloway

Nicolás Maduro suele hablar del “imperialismo”, de los “halcones de Florida” o de “la ultraderecha estadounidense”, pero rara vez —por no decir nunca— menciona el nombre de Donald Trump. Elude pronunciarlo con el mismo cuidado con que un supersticioso evita decir el nombre del demonio. Y no es casualidad. Detrás de ese silencio hay un cálculo político, una estrategia de supervivencia y, sobre todo, un temor muy real.

Maduro sabe que Trump no es un político convencional ni un burócrata de pasillo. Es un hombre de acción, que entiende el poder como una ecuación de costos y consecuencias. El régimen venezolano aprendió durante su primera administración que la disuasión funciona: cuando Trump decía “todas las opciones están sobre la mesa”, lo decía en serio. Y lo demostró. La presión internacional, las sanciones personales y financieras, y el aislamiento diplomático de aquellos años colocaron al chavismo contra las cuerdas.

Por eso Maduro no osa nombrarlo. Porque hacerlo sería reabrir el recuerdo del único periodo en el que el régimen sintió verdadero miedo. No a un bloqueo, ni a la ONU, ni a las sanciones europeas, sino a un presidente estadounidense dispuesto a actuar sin pedir permiso.

El chavismo ha intentado convertir al “imperialismo” en un enemigo eterno, abstracto y cómodo. Es una fuerza sin rostro, sin dirección y sin capacidad de responder. En cambio, Trump tiene rostro, voz y voluntad. Nombrarlo es reconocer que la amenaza no es ideológica, sino personal. Y eso trastoca todo el libreto de propaganda.

Por eso el régimen prefiere culpar a intermediarios: Marco Rubio, los “halcones del Pentágono”, o la “mafia de Miami”. Son nombres útiles porque permiten mantener la narrativa antiimperialista sin provocar directamente al poder que temen. Maduro necesita un enemigo distante y difuso, no uno que tenga la llave del músculo militar y financiero más poderoso del planeta.

El silencio, en este caso, no es prudencia diplomática: es miedo. Miedo a ser notado. Miedo a que una palabra imprudente lo ponga de nuevo en el radar de un hombre que no responde a códigos diplomáticos ni a complacencias multilaterales. Trump no juega a contener; juega a ganar. Y Maduro lo sabe.

El silencio, entonces, se convierte en su escudo. Prefiere refugiarse en la retórica vacía del “imperialismo” antes que pronunciar el nombre del único líder capaz de ponerlo realmente en jaque.

En política, a veces los silencios dicen más que las consignas. Y en el caso de Maduro, su silencio sobre Trump grita su miedo más profundo.

James Holloway — Analista independiente en seguridad hemisférica

Vía El Carabobeño

Werner Corrales dice que ambigüedad de Trump podría estar ocultando una negociación y Luis Medina Gil que quiere mantener control narrativo

Las contradicciones de Donald Trump frente a Venezuela siguen. Ante la insistencia periodística sobre una eventual escalada de las acciones militares de Estados Unidos para combatir el narcotráfico desde el Caribe a territorio venezolano, el mandatario norteamericano pareció sincerarse en su habitual tono sarcástico: ¿Puedo responder una pregunta así? ¿Qué tipo de pregunta es esa? 

El pasado 31 de octubre, Trump negó que haya tomado la decisión de ejecutar ataques en suelo venezolano, a partir de publicaciones en medios norteamericanos como el Wall Street Journal, para luego decir el 2 de noviembre en un tono entre el sarcasmo y el misterio que sí había planes “secretos” hacia Venezuela que no podían ser revelados. 

Dos días después volvió a dejar más dudas que certezas en el aire: En declaraciones al programa 60 Minutes de la CBS descartó “una guerra” con Venezuela, pero admitió que «sí se podía decir» que el líder chavista Nicolás Maduro, por cuya captura EEUU ofrece una recompensa de 50 millones de dólares, “tiene los días contados” en el poder. 

¿Que puede estar calibrando EEUU para dar sus próximos pasos y con el despliegue aeronaval en el Caribe, según expertos, en su punto máximo?  ¿Viene una escalada o retirada? Analistas consultados por Efecto Cocuyo manejan varias hipótesis, una de ellas sigue siendo el empuje de la carta de la negociación para una transición política en Venezuela.  

El chavismo insiste en estar preparado para cualquier escenario, mientras tanto asegura que los venezolanos “celebrarán en paz” la Navidad.

Cálculo político en las contradicciones de Trump

“Son mentiras y verdades dichas para mantener en secreto su verdadera decisión e incluso para darse oportunidad de cambiar en el camino. Si aún hay una negociación en marcha, esas mentiras pueden convertirse en  verdades”, expresó el exdiplomático Werner Corrales sobre las aparentes contradicciones de las declaraciones de Trump.

El consultor internacional apunta más  a que el magnate republicano podría estar apostando a que un proceso de negociación dé resultados, mientras presiona más a Maduro para que acepte su salida de Miraflores.

Puede haber aún una negociación. Las arengas y loas ya exageradas de María Corina Machado a Trump podrían explicarse de esa manera. Ella podría estar apelando al ego de Trump para que abandone el devaneo”, acotó. 

Durante su participación en el America Business Forum Miami 2025, Machado sostuvo que Maduro, como estructura criminal, había comenzado una guerra y que Trump la terminaría. Aseguró también que el pueblo venezolano apoya “totalmente” las acciones del presidente de EEUU para recuperar la democracia. 

La aparente contradicción no es improvisación, sino cálculo político. Trump combina señales ambiguas sobre amenaza militar, luego desmentido, luego insinuación de planes secretos, como instrumento de disuasión y de control narrativo. Busca proyectar fuerza sin comprometerse con una acción concreta que pudiera tener costos internos o internacionales. Además, sus declaraciones se insertan en el marco de una política exterior estadounidense que ha convertido a Venezuela en un punto de presión simbólico para reafirmar liderazgo hemisférico frente a China, Rusia e Irán, más que en un escenario real de intervención”, es la lectura del consultor político Luis Toty Medina Gil.

Medina Gil, fundador de la Asociación Venezolana de Consultores Políticos, sugiere recordar que Trump se mueve entre dos audiencias. Por un lado, su base política interna, especialmente el electorado de Florida compuesto por exiliados venezolanos y cubanos, a quienes busca mantener movilizados con un discurso duro contra los regímenes autoritarios.

Por el otro, los sectores institucionales del Departamento de Estado y el Pentágono, que históricamente prefieren la contención y el uso de la presión diplomática y económica antes que la intervención directa.

“En años de contienda o de alta polarización interna, EE.UU. usa estas operaciones para proyectar liderazgo global, reforzar la narrativa de control y distraer de temas domésticos”, apuntó el consultor político.

En los comicios a la alcaldía de Nueva York y a gobernador de los estados de Virginia y Nueva Jersey, así como al referéndum sobre la redistribución de los distritos electorales en California, de este martes 4 de noviembre, los demócratas se anotaron un triunfo sobre los republicanos.

«Mi nombre no estaba en la papeleta», fue una de las respuestas de Trump al revés electoral.

¿Por qué Trump no pasa del Caribe? 

El otro cálculo que, de acuerdo con Corrales, podría estar haciendo Trump tiene que ver con la capacidad o no de la Fuerza Armada venezolana para responder a EEUU y su eficacia ante las primeras acciones. En este sentido, afirma, se estaría esperando poder reforzar con la llegada del portaaviones Gerald Ford que va rumbo al Caribe, como parte de la fuerza de tarea.

A la evaluación militar, Medina Gil añade que el Pentágono sabe que una intervención directa en territorio venezolano podría desestabilizar todo el arco norte de Sudamérica y abrir un conflicto prolongado con posible presencia de actores extrahemisféricos como Rusia o Irán.

Una publicación del New York Times de este 4 de noviembre señala que el siguiente paso de Trump parece lleno de dudas porque no ha decidido cómo proceder con Venezuela y que, por el momento, el escenario sigue siendo de máxima presión hacia la administración de Maduro.

Entre las posibilidades planteadas está que Trump no quiere poner en riesgo a las  tropas estadounidenses o que puedan fracasar en el objetivo. El chavismo ofrece una “guerra de resistencia”. 

El artículo también alude a asesores que presionan al magnate republicano para un ataque en el territorio venezolano que contempla desde puntos usados presuntamente para el narcotráfico como el control de campos petroleros.  Se estaría esperando además, según el medio norteamericano, que el Departamento de Justicia valide designar a Maduro como “objetivo legítimo”. 

“El operativo en el Caribe funciona como una operación de contención estratégica y demostración de fuerza, no como preludio de invasión. Su función principal ha sido mantener una presencia disuasoria, reforzar alianzas regionales y controlar rutas ilícitas en una zona geopolíticamente sensible. Que no haya pasado de las aguas del Caribe obedece a varios factores, uno de ellos son los costos políticos y diplomáticos”, advirtió Medina Gil. 

Sin consensos para avanzar

Medina Gil sostiene que un ataque terrestre contra Venezuela generaría un rechazo internacional inmediato, incluso entre aliados tradicionales de EEUU en la región. La Organización de Estados Americanos (OEA) y Naciones Unidas (ONU), estima, no respaldarían una acción unilateral sin consenso multilateral.

Van al menos 15 ataques a embarcaciones que presuntamente transportaban drogas por parte de EEUU, entre el Caribe y el océano Pacifico, a donde Washington ha dirigido también los bombardeos, desde que el presidente de Colombia, Gustavo Petro, también fuera señalado por Trump como “narcotraficante”.

Se totalizan hasta ahora más de 60 tripulantes muertos. 

El último hundimiento se produjo el pasado 30 de octubre en aguas del Pacifico. Parte de la comunidad internacional, incluyendo la Unión Europea, ha dejado sentado que dichos bombardeos son contrarios al derecho internacional porque se ejecuta a personas y se omite el debido proceso. 

El despliegue de efectivos navales estadounidenses en el Caribe, frente a Venezuela, ya es el más grande de la historia del país norteamericano desde la primera Guerra del Golfo Pérsico (1990-1991), según un estudio de expertos del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), a la espera del grupo de ataque del portaaviones Gerald Ford, citado por la agencia de noticias EFE.

El coronel de Infantería de Marina retirado y autor del análisis del CSIS, Mark Cancian, dijo a EFE el pasado 29 de octubre que no se envía a uno de los más importantes activos navales para estar parado y darse una vuelta.

El despliegue naval sirve para mantener a Maduro bajo presión, enviar señales de advertencia y mantener viva la percepción de amenaza, sin tener que ejecutar una acción bélica real (…) Washington calibra el equilibrio entre presión máxima y control de riesgos. Su estrategia actual hacia Venezuela combina coerción simbólica, sanciones selectivas, presión diplomática y operaciones de contención marítima, sin cruzar la línea de una intervención terrestre que podría resultar impredecible y contraproducente”, insistió Medina Gil.

Nicolás Maduro volvió a culpar a “el imperialismo” —en alusión a Estados Unidos— de todos los males del mundo moderno, asegurando este domingo que “opera a través del engaño en las redes sociales”. El mandatario, que mantiene bloqueada la plataforma X (antes Twitter) en Venezuela y controla férreamente los medios de comunicación nacionales, difundió su mensaje a través de Telegram, una de las pocas aplicaciones donde conserva seguidores activos.

“Frente a esta amenaza criminal, Venezuela está en vanguardia para desnudar, enfrentar y aplastar el fascismo. Tenemos que ser la luz del amor, la verdad y la vida”, afirmó Maduro en su mensaje por el Día Internacional contra el Fascismo y el Antisemitismo.

Sin embargo, mientras el gobernante llama a “encender la luz de la verdad”, su propio aparato de propaganda se dedica a censurar portales independientes, bloquear medios críticos y promover campañas de desinformación a través de cuentas falsas y bots coordinados desde el Ministerio de Comunicación.

En su discurso, Maduro insistió en que “detrás del colapso cultural de Occidente está resurgiendo el fascismo”, comparándolo con las dictaduras de Hitler y Mussolini, aunque ignoró las denuncias internacionales que señalan a su gobierno como responsable de crímenes de lesa humanidad, persecución política y antisemitismo ideológico en el aparato oficial.

“El antifascismo es resistencia permanente”, agregó el mandatario, invocando nuevamente la figura de Hugo Chávez como guía del supuesto “nuevo mundo de esperanzas y sueños”.

Mientras tanto, la realidad de Venezuela —marcada por el miedo, la censura y el colapso institucional— contrasta con el relato oficial de un país que dice combatir el fascismo mientras aplica sus métodos.

Con información de EFE

Vía Defence Blog

Según un comunicado oficial del Comando Sur de Estados Unidos, aviones F-35B Lightning II del Cuerpo de Marines de Estados Unidos están realizando operaciones de vuelo rutinarias en el área de responsabilidad del Comando Sur de Estados Unidos.

El comando declaró que las fuerzas militares estadounidenses están desplegadas en el Caribe en apoyo de la misión del SOUTHCOM, las operaciones dirigidas por el Departamento de Guerra y las prioridades del Presidente para desarticular el tráfico ilícito de drogas y proteger la patria.

En un comunicado, el Comando Sur de Estados Unidos afirmó que estos despliegues forman parte de los esfuerzos continuos para mantener la presencia y la preparación en la región. Las aeronaves operan desde bases en el Caribe, apoyando actividades coordinadas por las Fuerzas de Marines del Sur y la 22.ª Unidad Expedicionaria de Marines. El comando describió estas operaciones como vuelos de rutina realizados en la región para apoyar los objetivos de la misión.

El F-35B Lightning II, operado por el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos, es la variante de despegue corto y aterrizaje vertical del programa Joint Strike Fighter. Esta aeronave está diseñada para operar desde buques de asalto anfibio, pistas de aterrizaje avanzadas y aeródromos remotos, lo que le permite apoyar operaciones en ubicaciones dispersas. Su capacidad para despegar desde pistas cortas y aterrizar verticalmente le otorga flexibilidad en entornos con escasez de bases aéreas establecidas.

El Comando Sur de Estados Unidos explicó que las operaciones rutinarias están vinculadas a objetivos regionales más amplios, como impedir que las redes de narcotráfico utilicen rutas marítimas y aéreas en el Caribe. El comando afirmó que Estados Unidos realiza estos despliegues para apoyar los esfuerzos destinados a combatir a las organizaciones criminales y mantener alianzas de seguridad con los gobiernos de toda la región.

El comando destacó que las fuerzas desplegadas en apoyo de las misiones del Comando Sur (SOUTHCOM) operan bajo las órdenes del Departamento de Guerra para asegurar los accesos a Estados Unidos y reforzar la cooperación con las naciones aliadas. La presencia de aeronaves y unidades estadounidenses en la región se ajusta a las prioridades generales de defensa nacional y a las iniciativas de seguridad marítima.

Aunque el mando describió los vuelos como rutinarios, estas operaciones representan esfuerzos continuos para mantener el conocimiento y el control del espacio aéreo y marítimo utilizado por las redes de narcotráfico. La capacidad del F-35B para integrar información de inteligencia, vigilancia y reconocimiento con otras fuerzas permite a los pilotos y comandantes en tierra rastrear, evaluar y responder a la actividad aérea o marítima durante las misiones.

Vía Cazadores de Fake News

Aunque la red social X (antes Twitter) está bloqueada en Venezuela desde agosto de 2024, el gobierno de Nicolás Maduro mantiene en ella una operación de propaganda encubierta a través de cuentas anónimas y redes coordinadas de militantes digitales.

Una de las más activas es la cuenta @UnleashDracarys, cuyo avatar de dragón esconde un vínculo directo con el Ministerio de Comunicación e Información (Mippci). La investigación revela que esta cuenta —que antes operó bajo los nombres @RespetoXTodos y @PiensaIA— está relacionada con Dayra Rivas, directora de Medios Digitales del Mippci, y con Ernesto Meléndez, instructor del programa oficialista Escuela Influye.

Estas redes impulsan campañas coordinadas con etiquetas y videos manipulados con IA para favorecer a Maduro y atacar a sus adversarios, incluyendo a Donald Trump, María Corina Machado, Nayib Bukele y Javier Milei, así como a activistas y organismos internacionales de derechos humanos.

El esquema se apoya en herramientas oficiales como Siscom, una aplicación desarrollada por el Mippci para coordinar la difusión de propaganda digital, disponible públicamente en Play Store.

Expertos y ONG como Amnistía Internacional, VE Sin Filtro y Espacio Público advierten que este doble estándar —bloquear la red para la ciudadanía mientras el propio gobierno la usa con fines políticos— profundiza la desigualdad informativa y viola el derecho a la libertad de expresión.

La operación Dracarys demuestra cómo el chavismo combina censura y propaganda: restringe el acceso a X para millones de venezolanos, pero mantiene su presencia activa en la plataforma mediante redes ocultas de desinformación financiadas con recursos públicos.

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