Armando Esteban Quito

Estados Unidos designó al diplomático de carrera John M. Barrett como nuevo Encargado de Negocios para Venezuela, en medio del proceso de reactivación de las relaciones bilaterales y la reapertura de su embajada en Caracas.

El Universal

Barrett, miembro del Servicio Exterior Senior, venía de desempeñarse como encargado de negocios en Guatemala desde enero de 2026, tras una trayectoria de más de dos décadas dentro de la diplomacia estadounidense.

Antes de ese cargo, fue ministro consejero en la Embajada de Estados Unidos en Panamá desde 2023. También ejerció como consejero para Asuntos Económicos en Perú y ocupó el puesto de cónsul general en Recife, Brasil, donde estuvo al frente de la gestión diplomática en ocho estados del noreste del país.

Su experiencia incluye además funciones en Washington entre 2015 y 2017, como alto funcionario del Departamento de Estado encargado de la relación bilateral con Filipinas, así como misiones en El Salvador, China, Afganistán y una asignación previa en Guatemala.

Previo a su ingreso al servicio exterior, Barrett trabajó en el sector privado en áreas de planificación estratégica y comercial en empresas como PepsiCo, The Walt Disney Company y L.E.K. Consulting.

Es egresado de Middlebury College y posee un MBA de la Escuela de Negocios Wharton de la Universidad de Pensilvania. Además, habla español y portugués.

Su designación ocurre en un momento considerado clave para Washington, que busca consolidar su presencia diplomática en Venezuela en áreas como seguridad, energía y migración.

La diplomática estadounidense Laura Dogu anunció el fin de su misión en Caracas a través de un mensaje publicado en la cuenta en X de la Embajada de los Estados Unidos en Caracas.

La Patilla

Dogu informó que regresará a su cargo anterior como Asesora de Política Exterior del Jefe del Estado Mayor Conjunto de los EEUU, tras liderar la implementación de la estrategia de la administración del presidente Trump y el secretario Rubio en Venezuela.

En su despedida, destacó el avance hacia una relación sólida entre ambos países y agradeció la confianza depositada para representar a su gobierno en este periodo histórico.

Asimismo, Dogu confirmó que John Barrett llegará próximamente al país para desempeñarse como el nuevo Encargado de Negocios de la Embajada de los Estados Unidos en Caracas.

De acuerdo con el mensaje, el equipo diplomático continuará ejecutando el plan de tres fases establecido por el Ejecutivo estadounidense.

Al doctor José Ángel Balzán,
Recordado maestro, jurista intachable del más noble oficio de la justicia: el proceso civil.
En su palabra, la ley hallaba forma; en su ejemplo, dignidad.

En América Latina, hoy, las democracias no suelen colapsar con estruendo. Ya no lo hacen, al menos en sus fases iniciales, mediante golpes de Estado clásicos ni a través de la abrupta suspensión del orden constitucional. Su erosión, más peligrosa por silenciosa, se despliega en una secuencia de ajustes graduales, decisiones aparentemente técnicas y reformas institucionales que, en su conjunto, terminan por alterar la arquitectura del poder sin que el ciudadano común logre advertir, en un primer momento, la magnitud del cambio. En ese proceso, una institución emerge de manera recurrente como punto de inflexión: el poder judicial. No se trata de un accidente ni de una consecuencia marginal, sino de una constante histórica que revela la lógica interna de la degradación democrática. Allí donde los tribunales pierden su autonomía efectiva, el sistema de límites al poder comienza a resquebrajarse, y aquello que antes requería ruptura o violencia —la persecución de adversarios, la manipulación de reglas electorales, la prolongación indefinida del poder— empieza a realizarse bajo la apariencia ordenada y casi impecable de la legalidad.

El problema es que el debate público ha insistido en simplificar la independencia judicial como una condición binaria, como si pudiera afirmarse sin matices que un poder judicial es independiente o no lo es. Esa lectura estática impide comprender la naturaleza real del fenómeno. Los tribunales no se pierden en un instante, ni existe un momento preciso en el que dejan de ser autónomos. Lo que ocurre es una transformación progresiva, acumulativa, que va desplazando lentamente su función originaria. La justicia no desaparece; se reconfigura. Los jueces continúan dictando sentencias, las salas siguen funcionando, los procedimientos se mantienen, pero el sentido de todo ello cambia. Esa transformación progresiva, imperceptible en sus primeras manifestaciones y profundamente corrosiva en sus efectos, es lo que he denominado el paradigma de disolución judicial: un proceso estructural mediante el cual los tribunales abandonan su función de control del poder para convertirse, de manera paulatina pero sistemática, en mecanismos de su reproducción y legitimación.

En sus primeras fases, este proceso no se presenta como una agresión abierta contra la institucionalidad, sino como una serie de ajustes administrativos que, en apariencia, responden a necesidades técnicas. Se reducen presupuestos, se acumulan retrasos, las infraestructuras se deterioran y la carga de trabajo se vuelve inmanejable. La justicia comienza a fallar no por decisiones explícitamente políticas, sino por incapacidad operativa. En Venezuela, este fenómeno se manifestó de forma temprana a través de la precarización progresiva del sistema judicial, donde la falta de recursos y la ausencia de planificación estructural generaron un entorno de ineficiencia crónica. Sin embargo, lo verdaderamente significativo no fue la precariedad en sí misma, sino el modo en que esta se combinó con otro elemento decisivo: la provisionalidad de los jueces. Cuando la estabilidad en el cargo depende de decisiones discrecionales y no de garantías institucionales, la independencia deja de ser un principio asegurado y se convierte en una condición frágil, siempre expuesta a la contingencia.

Este tipo de debilitamiento no elimina la independencia judicial de manera frontal, pero altera las condiciones que la hacen posible. Un juez sometido a incertidumbre permanente no necesita recibir órdenes para ajustar su conducta; basta con que comprenda los riesgos de actuar con autonomía. La subordinación, en este punto, no se impone, se sugiere. Se instala como una posibilidad latente que moldea el comportamiento sin necesidad de intervención directa. La justicia, en consecuencia, no deja de existir, pero pierde su capacidad de resistir. Se convierte en un sistema que opera, pero que ya no incomoda al poder.

Con el tiempo, esta erosión silenciosa da paso a una fase más visible, donde la distorsión deja de ser meramente funcional y se vuelve sustantiva. La justicia comienza a mostrar patrones de selectividad que resultan difíciles de ignorar. Los casos que involucran al poder tienden a dilatarse, a perder impulso o a desaparecer en los laberintos procesales, mientras que las causas dirigidas contra actores opositores avanzan con una celeridad que contrasta con la lentitud general del sistema. En Venezuela, esta dinámica se consolidó mediante el uso del aparato judicial como instrumento de control político, donde decisiones aparentemente legales produjeron efectos claramente orientados a restringir la participación política, neutralizar liderazgos incómodos y redefinir el campo electoral. No se trataba de la ausencia de derecho, sino de su utilización selectiva.

En paralelo, comenzaron a operar mecanismos de presión más sofisticados, que no necesariamente adoptaban la forma de órdenes directas. Investigaciones disciplinarias, auditorías administrativas, amenazas veladas de destitución y campañas de desprestigio funcionaron como señales que delimitaban el espacio de lo permitido. En ese contexto, el fenómeno más relevante no fue la coerción explícita, sino la internalización del control. Los jueces empezaron a anticipar las consecuencias de sus decisiones, ajustando su conducta en función de un sistema que ya no premiaba la independencia, sino la alineación. La autocensura judicial emergió como una forma de disciplina más eficaz que cualquier imposición externa, porque no requería intervención constante; bastaba con que el sistema generara los incentivos adecuados para que la subordinación se volviera racional.

A medida que este proceso se profundiza, la transformación deja de ser una cuestión de comportamiento individual y se convierte en una reconfiguración estructural. Los mecanismos de designación se ajustan para garantizar afinidad política, los jueces independientes son desplazados o marginados, y las altas instancias judiciales comienzan a operar con una coherencia alineada con los intereses del poder. En Venezuela, este momento se expresó con claridad en la transformación del máximo tribunal, cuyas decisiones pasaron a validar, de manera sistemática, medidas que consolidaban la concentración del poder político. La reinterpretación de principios constitucionales, la legitimación de prácticas excepcionales y la neutralización de contrapesos institucionales no fueron episodios aislados, sino parte de una lógica coherente que redefinió la función del sistema judicial.

Lo más significativo de esta etapa no es la desaparición de la legalidad, sino su transformación. Las sentencias siguen existiendo, los procedimientos se mantienen, las formas jurídicas se respetan. Sin embargo, el contenido ha cambiado. El derecho ya no actúa como límite, sino como instrumento. La legalidad deja de ser un espacio de contención para convertirse en un mecanismo de validación. En ese punto, la distinción entre poder y derecho se difumina, y el sistema judicial deja de operar como un contrapeso para integrarse plenamente en la lógica del poder.

Las consecuencias de este proceso no se limitan al ámbito institucional. La disolución judicial produce una alteración profunda en la forma en que la sociedad comprende la ley, la justicia y la autoridad. Cuando los tribunales dejan de actuar como árbitros independientes, la ley pierde su carácter de norma general y se transforma en una herramienta contingente, dependiente de factores como la cercanía al poder, la capacidad de influencia o la oportunidad política. El cumplimiento de las normas deja de ser un acto basado en principios y se convierte en un cálculo estratégico, donde lo relevante no es la regla, sino la probabilidad de su aplicación.

En ese punto comienza a gestarse un daño más profundo, de naturaleza antropológica, que trasciende la arquitectura institucional y se instala en la cultura misma de la sociedad. La corrupción deja de percibirse como una desviación para convertirse en una práctica estabilizada, incluso en aquellos espacios que deberían encarnar referentes éticos, como los tribunales, los abogados y quienes administran justicia. No se trata únicamente de jueces que ceden ante presiones, sino de una degradación más amplia del oficio jurídico, donde la profesión comienza a convivir con prácticas que antes habrían sido consideradas inaceptables. Hace poco circuló un video en el que funcionarios de tribunal —amanuenses— consumían licor dentro del propio despacho judicial, en un gesto que, más allá de su apariencia anecdótica, revela la pérdida de la prestancia institucional y del sentido de función pública. No es un hecho aislado, sino el síntoma visible de un deterioro más profundo, donde la solemnidad del espacio judicial ha sido reemplazada por la banalización de su rol.

Ese deterioro, sin embargo, no surge de la nada. Ya venía insinuándose en la formación misma de los profesionales del derecho, cuando en aulas universitarias algunos profesores, con una ligereza que raya en la irresponsabilidad, relatan prácticas corruptas como si formaran parte de una supuesta “realidad tribunalicia” que el estudiante debe conocer. Historias sobre la “caja de chicle” donde se introduce un soborno para un amanuense o un archivista, con el fin de extraviar un expediente o alterar el curso de un proceso, son presentadas no como lo que son —manifestaciones graves de corrupción— sino como anécdotas pintorescas del oficio. Ese tipo de discurso no solo normaliza la desviación, sino que la legitima culturalmente, preparando a nuevas generaciones para operar dentro de un sistema ya deteriorado. Lo que allí se observa no es una simple falta ética individual, sino una señal clara de que el sistema judicial ha entrado en una fase donde la corrupción deja de ser excepción para convertirse en estructura, anticipando el momento en que la fractura institucional será completa.

Cuando este proceso alcanza su madurez, lo que se ha perdido no es únicamente la independencia judicial, sino algo más profundo: la capacidad de la sociedad para creer en la justicia como principio. Los tribunales siguen ahí, visibles, operativos, emitiendo decisiones, pero ya no cumplen la función que justifica su existencia. Han sido transformados desde dentro, no destruidos desde fuera. Y en esa transformación, silenciosa y progresiva, se revela una de las formas más complejas y menos evidentes de la pérdida democrática, aquella en la que la legalidad permanece intacta en su forma, mientras su sustancia se desvanece sin dejar rastro visible.

Por: Luis Manuel Marcano / Universidad SEK

A 100 días de la llegada de Delcy Rodríguez a la presidencia interina de Venezuela, el país vive una paradoja: mientras el discurso oficial insiste en una transición hacia la estabilización económica y política, el pulso de la calle revela una realidad distinta, marcada por el deterioro sostenido de la calidad de vida, la fragilidad institucional y una economía que no logra reactivarse.

La Patilla

Diversos análisis coinciden en que el país vive una adaptación del modelo político más que una transformación real, con reformas económicas orientadas al exterior, pero sin impacto inmediato en la población.

Más de tres meses después de la captura de Nicolás Maduro, el balance ciudadano coincide en un diagnóstico: no hay mejoras estructurales visibles y, en muchos casos, la situación ha empeorado.

Una economía que no despega

Una de las críticas más recurrentes de los venezolanos en todas las regiones es el deterioro del poder adquisitivo. La inflación, la devaluación del bolívar y la falta de ingresos suficientes han reducido el consumo a niveles mínimos.

En estados como Zulia, Carabobo o Apure, las ventas han disminuido drásticamente. Esta realidad también se repite en Monagas, donde comerciantes califican la situación como “catastrófica”, con precios que aumentan incluso en dólares y ventas prácticamente paralizadas. Esta situación se repite en Barinas, donde los negocios reportan caídas drásticas en la demanda, especialmente en rubros no esenciales.

El fenómeno de la inflación en divisas ha llevado los precios a niveles internacionales, mientras los salarios siguen congelados. El ingreso mínimo, sin ajustes estructurales, continúa siendo insuficiente para cubrir necesidades básicas, pese a anuncios recientes de futuros aumentos.

En este contexto, la economía venezolana se sostiene más por la supervivencia que por el crecimiento. En regiones fronterizas como Táchira, el comercio depende incluso de dinámicas irregulares como el contrabando, mientras la coexistencia de múltiples monedas añade incertidumbre a cualquier planificación.

La tragedia cotidiana

Si hay un punto de coincidencia a nivel nacional es el deterioro de los servicios públicos. Electricidad, agua potable, infraestructura vial y saneamiento presentan fallas constantes en prácticamente todas las regiones.

En estados como Aragua, Lara y Zulia, los apagones pueden extenderse por varias horas diarias, afectando tanto la vida doméstica como la actividad económica. En Falcón, incluso se reportan cortes eléctricos de hasta 24 horas, mientras el suministro de agua puede tardar semanas en llegar.

La precariedad también se refleja en el sistema de salud. Aunque los hospitales continúan operando, los pacientes deben costear todos los insumos, desde materiales básicos hasta estudios médicos, lo que convierte una emergencia en un gasto inalcanzable para la mayoría.

Este deterioro estructural responde a años de desinversión, pero también evidencia la falta de respuestas inmediatas durante el actual período de gobierno interino.

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El Mando Central de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos (CENTCOM) ha asegurado este martes haber bloqueado los puertos de Irán, así como «paralizado por completo» el comercio económico que «entra y sale» del país asiático por mar.

La Gaceta de la Iberosfera

«En menos de 36 horas desde que se aplicó el bloqueo, las fuerzas estadounidenses han paralizado por completo el comercio económico que entra y sale de Irán por mar», ha subrayado el CENTCOM en un comunicado difundido en sus redes sociales, donde ha estimado que «el 90% de la economía» de Teherán depende del comercio internacional por mar.

Asimismo, entre los recursos desplegados para este bloqueo «imparcial» contra los buques de todas las naciones que entran o salgan de las zonas costeras o de los puertos de Irán, el CENTCOM ha destacado los destructores lanzamisiles de la Armada estadounidense, buques que cuentan, típicamente, «con una tripulación de más de 300 marineros altamente entrenados en la realización de operaciones marítimas ofensivas y defensivas», según ha manifestado el órgano militar.

Ha sido este pasado domingo cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado que había ordenado a la Armada estadounidense el comienzo de un cierre perimetral del estratégico estrecho de Ormuz; mientras que este mismo martes, el CENTCOM, que afirma apoyar la «libre navegación» hacia y desde puertos no iraníes, ha asegurado que «ningún buque» ha logrado «pasar el bloqueo estadounidense», cumplidas ya las más de 24 primeras horas del mismo.

Para los venezolanos el comportamiento de la economía es un dolor de cabeza. No importa si el petróleo sube de precio. La época de las vacas gordas, nunca llega. Esas vacas están siempre más flacas. Y si el precio del barril baja, por un acto magia también las vacas siguen siendo más flacas.

Por: Eduardo Martínez – East Web Side

Según instituciones independientes el salario promedio del trabajador se encuentra por debajo de los 200 dólares mensuales. Un salario deficitario cuando la Canasta Alimentaria Familiar (CAF) alcanzó un precio de 645 dólares en el mes de febrero.

Desde el punto de vista de la inflación, según la cuentas conservadoras del Banco Central de Venezuela (BCV), la inflación interanual (marzo 2026-marzo 2025) fue de 649,5%.

Ante este cuadro de variables económicas que sepultan el ingreso promedio de los trabajadores, la pregunta es ¿qué de se debe hacer para recuperar el poder adquisitivo del salario?.

No es fácil buscar una respuesta, que sea respuesta de verdad. El bolívar mostró en el primer trimestre del 2026 una devalución superior al 36%.

Con una devaluación del 36%, una inflación trimestral acumulada del 71,8% y un esquema comercial de marcaje de precios en dólares, y depósitos en bolívares en la cuentas de nómina, el trabajador venezolano está sometido a un esquema perverso.

En marzo, en solo 10 días (del 2 de marzo al 27 de marzo), el dólar pasó de 419,98 bolívares a 468,51 bolívares. Una pérdida de poder adquisitivo de 50 bolívares.

Si al trabajador le hubieran depositado un dólar el 2 de marzo, el 27 de marzo hubiera tenido en su cuenta un dólar.

¿Cómo se soluciona eso?

El impacto de tener tres monedas distintas en el marcaje de los precios (bolívares-euros-dólares), a lo cual hay que sumar el aumento en dólares de los precios ref. en dólares.

Venezuela tiene una “dependencia estructural” del petróleo entre el 70% y 95% de sus ingresos en dólares. Esos dólares llegan directamente al Estado (BCV). No los ven los venezolanos, quienes reciben cada vez bolívares devaluados.

¿Se los apropia el gobierno? … Es una manera de ver la situación.

Si nos tenemos que comer las duras, también debemos comernos las maduras. El peso no debe estar únicamente en las manos de la masa trabajadora.

Esto lleva a economistas y analistas ha ponderar que una posible solución sea instaurar una polítca de “dolarización total”.

Además, hasta el momento no hemos considerado la actuación del sector productivo y comercial venezolano.

Poner de acuerdo a los trabajadores con los comerciales y productores no es una fácil tarea. Hacer coincidir intereses -aparentemente contrapuestos- es difícil.

Sin embargo, cuando esta contraposición aparece, debemos apelar los criterios de justicia, para lo cual hay que repartir con justicia y equidad ventaja y desventajas.

Ni funciona comerciantes ricos con trabajadores empobrecidos. Y tampoco funciona uan economía con comerciantes arruinados con escasez y trabajadores igualmente arruinados.

Y por último, un factor que no se debe ignorar en el análisis, es la corriente que piensa que hay razones de soberanía y Patria que deben sobreponerse a la eliminación del bolívar como signo monetario. Como si careciera de importancia del estómago de los venezolanos.

La discusión está abierta. No se agota.

Editor – www.eastwebside.com

El candidato presidencial peruano Rafael López-Aliaga ha reaccionado la noche de este martes ante las denuncias de irregularidades en los comicios efectuados el pasado domingo en el país andino, en medio de un proceso en el que las autoridades de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) han sido severamente cuestionadas por la opinión pública.

La Gaceta de la Iberosfera

Preguntado por la por la posibilidad de repetir las elecciones en una entrevista televisiva, el abanderado patriota y líder de Renovación Popular ha dicho que está a favor de ello, señalando las inconsistencias y vacíos dejados por la actuación de la ONPE, que incluso llevaron a que los peruanos tuviesen que seguir votando el lunes en centros electorales que afrontaron problemas.

«Creo que uno en la vida tiene que plantarse y plantar primero la dignidad del Perú. Creo que hay un claro sabotaje al Perú planificado por grupos de interés. Aquí hay una derecha mercantilista que quiere mantener oprimido al pueblo, sin agua, sin luz, sin agua, sin educación, por años. Y hay una izquierda radical que nos quiere llevarnos a ser Venezuela o Cuba sin asco«, ha remarcado durante una conversación con el medio ATV.

En ese sentido, López-Aliaga ha enfilado directamente contra el el jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) de Perú, Piero Corvetto, indicando que el funcionario es parte «de un engranaje y de una estrategia que está siendo denunciada penalmente».

«El pueblo tiene que reaccionar. Yo convoco a todos los peruanos (…) estoy llamando a diferentes líderes políticos que han participado en estos comicios pero que ya están heridos de muerte. Yo creo que hay que reaccionar a tiempo, antes de que se consume el delito», ha dicho el aspirante presidencial a propósito de la eventual convocatoria a protestas ante esta situación.

Hasta ahora el reporte oficial de la autoridad electoral peruana asegura que, con casi el 80% del voto escrutado, la aspirante de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, ha obtenido el 16,8% de los votos, seguida del propio López-Aliaga, quien la acompañaría en la segunda vuelta presidencial, al obtener el 12,5% de los sufragios. Muy cerca le seguiría el izquierdista Jorge Nieto, que totaliza el 11,6%.

Leonardo da Vinci, el gran artista del Renacimiento, nace un 15 de Abril de 1452 en Anchiano, Italia. Modelo del uomo universale, fue también un genio científico. Aparte de su obra pictórica, tan exquisita como escasa, hubo un Leonardo dedicado a la observación rigurosa, el experimento y la formulación exacta de principios generales a partir de la experiencia empírica.

National Geographic Historia

En los miles de páginas de sus cuadernos de notas, que sólo han empezado a ser estudiados a fondo en las últimas décadas, encontramos anticipaciones de muchos desarrollos posteriores de la ciencia moderna. Sus contemporáneos sabían que Leonardo dedicaba buena parte de su tiempo al estudio de la filosofía natural, que es como se llamaba a la ciencia entonces (el término inglés scientist no apareció hasta 1840) y asimismo tenemos constancia de que Leonardo planeaba publicar numerosos tratados científicos con los materiales recogidos en sus cuadernos. Pero pese a su enorme dedicación, nunca consiguió llevar a buen término su propósito.

Los tratados que Leonardo tenía la intención de publicar abarcan todo tipo de disciplinas, desde las matemáticas a la anatomía. El florentino les puso títulos provisionales como: «Libro sobre perspectiva», «Tratado sobre la cantidad continua» y «La geometría como juego», «Tratado sobre los nervios, los músculos, los tendones, las membranas y los ligamentos«, y «Libro especial sobre los músculos y los movimientos de los miembros«. En estos tratados también se recogen algunos descubrimientos científicos relativos a materias como la óptica, la acústica, la mecánica, la dinámica de fluidos, la geología, la botánica y la fisiología.

En sus estudios sobre el dinamismo y la forma, con su extraordinaria capacidad de observar en profundidad y dibujar con absoluta precisión, Leonardo refleja concordancias entre fenómenos y procesos que en apariencia son totalmente inconexos. Los miles de dibujos que recogen sus cuadernos sorprenden en la actualidad por sus numerosos detalles y por su uso de perspectivas múltiples. De hecho, a menudo estos dibujos son modelos teóricos. Como ha señalado el investigador Daniel Arasse, cuando Leonardo quiere crear imágenes realistas difumina los contornos de las figuras con la técnica del sfumato para reflejar cómo se muestran realmente los objetos a nuestra percepción. En cambio, cuando Leonardo dibuja objetos con perfiles nítidos lo que hace es representar procesos naturales, como por ejemplo, la turbulencia que genera un chorro de agua al caer en un estanque.

Leonardo sentía una especial fascinación por los movimientos del agua, cuya fluidez consideraba como una característica fundamental de todo lo viviente. Anticipó la dinámica de fluidos, siendo el primero en analizar y describir detalladamente la dinámica de los vórtices de agua. Cabe decir que a día de hoy, ni tan sólo con la ayuda de ecuaciones no lineales podemos simular y analizar completamente la dinámica de los flujos turbulentos.

MUCHO MÁS QUE UN PINTOR

Leonardo sintió fascinación por temas muy diversos. Por ejemplo, más de cuatrocientos años antes de que su las obras de Leonardo da Vinci fuera redescubiertas por los estudiosos, el autor estableció los principios básicos de la dendrocronología, es decir, el uso de los anillos de crecimiento de los árboles para determinar su edad y las variaciones climáticas que han experimentado a lo largo de su existencia. En su famoso Tratado de la pintura, único texto de Leonardo en circulación antes del siglo XIX, el artista florentino hace una digresión para dejar constancia de este descubrimiento: «Los círculos de los troncos de los árboles cortados muestran el número de sus años y si han sido más húmedos o más secos, según sea su grosor mayor o menor». Leonardo también llegó a entender correctamente la forma en que las plantas despliegan sus formas en respuesta a la gravedad terrestre (geotropismo), así como de qué modo cambian su orientación en función de la luz del sol (fototropismo).

Los fósiles llamaron asimismo la atención de Leonardo. En su época, los fósiles marinos que se descubrían en lo alto de las montañas eran comúnmente considerados restos del diluvio universal. Leonardo observó, por ejemplo, que algunos fósiles de moluscos bivalvos mantienen unidas las dos mitades de su caparazón. Dado que en vida ambas mitades se encuentran unidas por un tejido elástico que se descompone rápidamente tras su muerte, Leonardo concluyó correctamente que tales moluscos no podían haber sido arrastrados a lo alto de las montañas por el diluvio, pues sus mitades se habrían separado, sino que habían quedado sepultados en el mismo lugar donde vivían, que luego emergería como montaña. De hecho, como explicó el eminente biólogo Stephen Jay Gould, Leonardoanticipó conceptos que la paleobiología sólo ha establecido rigurosamente en el siglo XX. Por otra parte, también describió correctamente el proceso de erosión, sedimentación y acumulación que hoy los geólogos conocen como el ciclo de las rocas.

Igualmente, sus observaciones anatómicas fueron rompedoras en su tiempo. Contra el parecer de las autoridades médicas de su época, Leonardo dejó constancia, en el llamado Manuscrito G, de que el corazón es un músculo y de que no tiene dos cavidades, sino cuatro. Desde Galeno, el insigne médico del siglo II d.C., se creía que el movimiento activo del corazón era la diástole, es decir, cuando el corazón se expande, llenándose de aire procedente de los pulmones, según se creía entonces. Leonardo fue el primero en comprender que el movimiento activo del corazón no es su expansion, sino su contracción durante la sístole, que expulsa la sangre hacia los vasos sanguíneos. Dicho movimiento coincide, como observó Leonardo, con el pulso y con la percusión del corazón sobre la pared torácica.

Leonardo también describió correctamente el funcionamiento de las válvulas cardíacas, y realizó unos precisos dibujos de la válvula que abre y cierra la arteria aorta, asombrosamente parecidos a las fotografías contemporáneas obtenidas a alta velocidad. Pero pese a todos sus avances, Leonardo no logró analizar la circulación de la sangre como la entendemos desde que el médico británico William Harvey describiera correctamente este proceso en el siglo XVII. El florentino no observó nada que contradijera la teoría imperante establecida por Galeno, que sostenía que tanto venas como arterias llevan sangre del corazón a la periferia y viceversa, en un continuo movimiento de ida y vuelta (al igual que la inspiración y la espiración se llevan a cabo a través de los mismos conductos respiratorios).

LOS PRINCIPIOS DE LA NATURALEZA

Leonardo también se sintió atraído por los procesos que rigen la luz y el sonido. Entendió que tanto la luz como el sonido se propagan a través de ondas, y también comprendió correctamente la disipación de la energía, constatando, por ejemplo en el Manuscrito A, cómo una bola en movimiento pierde paulatinamente su potenza. Reconoció la relatividad del movimiento: «El movimiento del aire contra un objeto quieto equivale al movimiento de un objeto móvil contra el aire quieto», escribió en el Códice Arundel. Y en manuscritos como el Códice atlántico describió lo que hoy conocemos como tercera ley de Newton: «A cada acción corresponde una reacción igual y opuesta», anotando, por ejemplo, que tanta fuerza ejerce el ala del águila contra el aire como el aire contra el ala del águila.

Sin embargo, Leonardo no enunció ninguna de estas observaciones como «ley de la naturaleza», concepto que era completamente extraño a su época. Las llamadas leyes de la naturaleza, como las formularon en el siglo XX filósofos como Whitehead y Wittgenstein, no están en la naturaleza sino en nuestra mente. Históricamente derivan de la creencia en un Dios soberano que decreta «leyes» universales. Ni siquiera Copérnico o Galileo hablan jamás de leyes de la naturaleza: Copérnico habla de simetrías y armonías; Galileo de proporciones y principios. Descartes, en cambio, ya menciona explícitamente las «leyes que Dios ha introducido en la naturaleza». Sólo dos siglos después de Leonardo, cuando los nacientes estados europeos centralizan cada vez más sus leyes políticas, se empieza a hablar de «leyes» para definir los diferentes procesos naturales, como hicieron Robert Boyle para explicar las transformaciones de las sustancias químicas e Isaac Newton para describir el movimiento de los planetas.

Vegetariano de mente omnívora, Leonardo se adentró en todo tipo de ámbitos: pintura, escultura, arquitectura, geografía, cartografía, mecánica, geometría, astronomía, anatomía, óptica, botánica… Y aprendió sobre todo de la observación del mundo natural. Pero aunque no habló nunca de «leyes de la naturaleza», en los cuadernos conservados en la biblioteca del castillo de Windsor, Leonardo elogia las «obras maravillosas de la naturaleza» (opere mirabili della natura) y escribe que «nunca se encontrará invento más bello, más sencillo o más económico que los de la naturaleza, pues en sus inventos nada falta y nada es superfluo».

LEONARDO, EL PRECURSOR

Como señaló el historiador del arte británico Ernst Gombrich, Leonardo tenía un «apetito voraz de detalles». Dominaba y admiraba la geometría, pero para él la complejidad de la naturaleza no podía reducirse a cifras y análisis mecánicos. Su atención especial a las cualidades, al dinamismo y a la visión de conjunto son una parte esencial de su ciencia, que hoy resuena con los actuales enfoques sistémicos y la teoría de la complejidad. Leonardodescribió y dibujó a fondo los mecanismos del cuerpo humano, pero dejó claro que el cuerpo es mucho más que una máquina.

Lejos de convertir el mundo en algo mecánico, integró principios orgánicos y metabólicos en sus diseños arquitectónicos y urbanísticos. Para él, el mundo no estaba regido por principios abstractos ni por Dios, sino por la incesante creatividad de la naturaleza. Encontró ritmos ondulatorios comunes en el agua, la tierra, el aire y la luz, y reflejó la interdependencia y autoorganización que caracterizan a todo ser viviente.

Leonardo llegó a intuir lo que hoy llamamos «cadenas alimentarias» y ciclos tróficos, tal como apunta en este fragmento del Códice atlántico: «El hombre y los animales son un medio para el tránsito y la conducción de los nutrientes». También comparó a los organismos con sistemas abiertos que mantienen su identidad a partir de un continuo intercambio dinámico con el medio, como expresa bellamente en un largo pasaje de sus Estudios anatómicos titulado «Cómo el cuerpo del animal continuamente muere y renace». Por todo ello, hoy se considera a Leonardo un precursor de la percepción cualitativa y holística que resulta esencial para comprender la complejidad y la belleza del mundo.

El conteo de votos en Perú avanza con más lentitud que en las dos elecciones previas y sin un plazo concreto para tener resultados oficiales, con un reñido escenario entre los candidatos que aspiran a acompañar a la líder Keiko Fujimori a segunda vuelta.

Por: Gonzalo Zegarra – CNN

La promesa de tener el 60 % escrutado para la medianoche naufragó rápidamente entre los problemas logísticos del domingo que llevaron a ampliar el horario de votación y a permitir que un pequeño número de mesas sufrague el lunes, una decisión sin precedentes (se llegó al 60 % escrutado finalmente en la tarde del lunes). Sin embargo, ello no es suficiente para explicar por qué ese umbral fue alcanzado recién 16 horas después. El país tiene complejidades estructurales que dificultan el proceso en un contexto político de cada vez mayor tensión.

Una elección particularmente difícil

El conteo de votos ha sido el más complicado de la historia del país, con cinco elecciones simultáneas y una boleta gigante que incluye a decenas de partidos políticos para los 27 millones de electores habilitados.

Si bien las autoridades electorales afirmaron que el escrutinio para presidente tendría prioridad sobre las carreras legislativas, el récord de 35 candidatos prolongó la tarea. La prensa local mostró que varios miembros de mesa terminaron de madrugada y algunos incluso salieron con la luz del día, habiendo pasado un total de 24 horas cumpliendo su deber cívico.

La Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) afirmó el lunes que el país atraviesa “un proceso electoral de suma complejidad” y pidió a los organismos y la ciudadanía que esperen a su conclusión “con serenidad y teniendo presente el pleno respeto a la institucionalidad democrática”.

Además, la participación fue estimada en 81 %, 11 puntos más que en 2021, lo que significa más votos que contar.

La demora del voto rural

La geografía del país juega su rol. Ante cada votación, son habituales las imágenes que muestran cómo la distribución del material electoral en zonas rurales se realiza usando burros para llegar a lugares que no cuentan con carreteras o pistas, o por vía fluvial en zonas selváticas.

El camino de regreso para llevar las actas a los centros de cómputo puede demorar más de un día.

Esa situación también altera las proyecciones de resultados. Un conteo que comienza con predominancia muy clara de las grandes ciudades, en una elección fragmentada con candidatos que tienen bastiones electorales muy diferentes, hace que el escrutinio no sea representativo y que, mientras persista la escasa distancia, haya que esperar a que estén procesadas más del 90 % de actas para poder tener precisiones.

Envíos desde el extranjero

Hay más de 1,2 millones de peruanos con domicilio fuera del país y habilitados para participar en las elecciones, lo que equivale a un 4,4 % del padrón, aunque la participación suele ser considerablemente menor.

Este bloque suele ser uno de los últimos en computarse, luego de que las actas sean enviadas por avión.

En un caso extremo, pueden llegar a inclinar la balanza. Hasta el 18 % del escrutinio para el voto en el extranjero, López Aliaga logra un 29 % de apoyo, mientras que Sánchez no llega al 2 %.

El voto es manual

Un proceso de voto digital podría acelerar el conteo, pero la opción fue descartada en diciembre por preocupaciones de seguridad.

El Jurado Nacional de Elecciones consideró que no resulta viable luego de que una auditoría desaprobara las condiciones técnicas y de seguridad de un proyecto piloto, tras un informe remitido por la ONPE que analizó la arquitectura tecnológica del sistema, los protocolos de ciberseguridad, el nivel de protección de datos personales y los estándares de legalidad y transparencia.

El abogado José Manuel Villalobos, experto en derecho electoral, dijo a CNN que la ONPE “falló en sus cálculos” sobre cuánto iba a demorar el conteo en cada mesa. Además, señaló que hubo algunas fallas de dispositivos del sistema de Solución Tecnológica de Apoyo al Escrutinio, implementado en Lima y Callao para digitalizar las actas, lo que obligó a usar el método manual tradicional.

“El escrutinio en mesa acabó más tarde de lo previsto, el despliegue no comenzó en la madrugada, sino ya de día”, dijo Villalobos. Ese inesperado cuello de botella puede haber complicado la primera etapa. “Pero no entiendo por qué anoche (lunes) no ha tenido un avance significativo”, agregó.

Los últimos antecedentes

La elección de 2021 también tuvo sus particularidades, realizada en medio de la pandemia con un horario extendido hasta las 7 pm (hora local) para evitar aglomeraciones. En ese entonces, la ONPE llegó al 95 % a primera hora del martes, un avance más rápido que el de este proceso.

Aunque en primer momento también hubo un empate técnico en la pugna por el segundo puesto en 2021, una vez que Keiko Fujimori alcanzó el segundo lugar quedaban pocas dudas sobre el resultado, ya que sus oponentes, Rafael López Aliaga y Hernando de Soto, no tenían apoyo considerable del voto rural y no se esperaba ningún cambio de tendencia.

En 2016, el conteo fue mucho más rápido. Al mediodía del lunes el escrutinio llegaba a casi el 80 %. En esa votación, también hubo una diferencia considerable entre el segundo y tercer puesto. Pedro Pablo Kuczynski llevaba casi cuatro puntos de ventaja sobre Verónika Mendoza, lo que le allanaba el camino para la segunda vuelta.

Mucho más ajustadas fueron las votaciones del balotaje en ambos casos, cuando Fujimori perdió por escaso margen contra Kuczynski y luego contra Pedro Castillo. Sin embargo, el conteo de votos entre solo dos candidatos, sin elección legislativa, es considerablemente más rápido que el de una primera vuelta.

Lo que sí tardó suele tardar varias semanas es la proclamación oficial de resultados, una vez resueltas las impugnaciones de actas. En 2016 el Jurado Nacional de Elecciones publicó los resultados oficiales 29 días después de la primera vuelta, y en 2021 lo hizo luego de 37 días.

En un contexto de distancias muy acotadas entre candidatos y reclamos de presunto fraude, el JNE tendrá un rol clave para resolver las impugnaciones con celeridad y atender las quejas.

“Un clima de psicosis”

Jorge Jáuregui, profesor de derecho electoral de la Universidad de San Marcos, indicó a CNN que no hay mayores cambios en el sistema electoral peruano con respecto a las últimas votaciones, más allá de algunos cambios de procedimientos adicionales para el procesamiento de actas que, a su parecer, no deberían impactar en los tiempos de carga.

El analista puso la lupa sobre la situación de los trabajadores electorales luego que, desde el mismo domingo, el jefe de la ONPE, Piero Corvetto, haya sido demandado por un candidato y luego un funcionario electoral que había presentado su renuncia quedó detenido. Posteriormente, el Jurado Nacional de Elecciones también presentó una demanda penal contra gerentes de la ONPE.

“Es una situación que no tiene precedentes, denuncias penales con hechos que podrían ser investigados en el ámbito administrativo. Es importante que se permita que los organismos electorales, particularmente la ONPE, trabajen sin presiones, sin un clima de violencia”, consideró.

“Es un clima de psicosis que podría afectar a los trabajadores, en el caso de órganos temporales como las oficinas descentralizadas, encargadas del despliegue y la carga de datos”, señaló.

El analista afirmó que “hay un clima de violencia”, que sumado a la geografía del país y la precariedad de infraestructura forma “una gran ola, un tsunami que afecta las condiciones del personal”.

Lo que sigue

Si la diferencia entre los candidatos continúa siendo estrecha, puede ser necesario esperar hasta que el escrutinio se acerque al 100 %, o incluso tener que esperar a la resolución de las actas impugnadas. Para Villalobos, una vez resuelto el primer cuello de botella, para la noche del martes el conteo debería haber llegado al 95 %.

Por su parte, Jáuregui evitó estimar plazos y afirmó que si se respeta el ordenamiento constitucional, los reclamos de los partidos deberían resolverse en el JNE, pero advirtió que el Jurado viene desatando dudas. “No veo un JNE prudente. No hay prudencia cuando se denuncia a la ONPE, lo que implica un pronunciamiento. Decir que la ONPE debió informarle de los incidentes es desconocer que son órganos autónomos, no hay órdenes de jerarquía”, comentó. Si la competencia queda en el JNE, “no debería afectar el cronograma”, dijo el analista.

Para Villalobos, existe un riesgo de judicialización de los resultados. “Seguramente quien no pase a segunda vuelta va a usar de pretexto todas las incidencias para judicializar el caso”, dijo. Sobre una posible anulación de resultados, dijo que es posible pedirla, pero aseguró que los argumentos no calzarían dentro de las causales. De todos modos, obligaría a un pronunciamiento de las autoridades, con una posible apelación, extendiendo aún más la espera de cara a la segunda vuelta.

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