Morfema Press

Es lo que es

Armando Esteban Quito

La captura del dictador Nicolás Maduro en Caracas el 3 de enero reactivó expectativas largamente postergadas en Venezuela, pero también dejó al descubierto una marca más profunda: la normalización del desencanto. Tras más de dos décadas de chavismo, la caída del principal rostro del poder no aparece, para buena parte de la población, como el inicio automático de una transformación, sino como un episodio aislado dentro de una estructura que muchos perciben intacta.

Por: Carlos Eduardo Martínez – Infobae

Las voces recogidas en la capital reflejan hasta qué punto el régimen chavista no solo degradó las condiciones materiales de vida, sino también la confianza en la posibilidad de un cambio real. La idea de futuro en Venezuela aparece fragmentada, condicionada, reducida a demandas mínimas, después de años de promesas incumplidascontroles políticos y concentración del poder.

Noraida Acuña, residente de Caracas, resume esa desconfianza estructural que atraviesa el discurso ciudadano: “Eso es lo que esperamos todos aquí: que cambie el gobierno, que cambie todo, ¿sabes? Porque ¿qué vamos a hacer con que se llevarán a Maduro y quede la gente aquí, igualito robando? No hacemos nada. Estamos en lo mismo. Entonces, ¿no vamos a hacer nada? Que se llevaron a Maduro y quedaron estos aquí haciendo trampas y tras trampas, ¿no? Queremos que se vayan todos.” Su testimonio expone una percepción extendida: el chavismo no se agota en una figura, sino que dejó redes políticas, administrativas y económicas que sobreviven a la caída del líder. La demanda no es solo alternancia política, sino desmontaje del sistema.

Esa desilusión social también se manifiesta en reclamos básicos que, tras años de crisis económica, reemplazaron cualquier expectativa de progreso. Yolanda Hernández pone el foco en la salud pública en Venezuela, uno de los sectores más deteriorados durante el chavismo: “Dicen que sí para los hospitales, que en los hospitales no hay nada. Es una tristeza para los hospitales. Debería haber algo. Digo yo, tanta plata que gastan, háganlo en los hospitales, que eso es algo muy importante. La salud, amiguita, ¡que fuese gratis aquí! Para eso somos un país rico.” La referencia a la riqueza nacional contrasta con la precariedad cotidiana y expone una contradicción central del modelo chavista: un Estado con abundantes recursos, pero incapaz de traducirlos en servicios públicos básicos.

En medio del vacío de certezas, los anuncios oficiales son recibidos con atención, aunque sin entusiasmo pleno. Ernesto Chávez expresa una expectativa moderada frente a las nuevas autoridades: “Hemos visto lo que ha dicho Delcy, y yo creo que se ve bien, pues. Y bueno, todos estamos en la expectativa de lo que se esté haciendo por medio de la presidenta interina… Lo que yo he visto en los anuncios, yo creo que están bien.” La cautela ciudadana domina el tono: el respaldo se apoya más en la espera que en la convicción, un rasgo recurrente tras años de discursos oficiales sin impacto real.

Incluso la esperanza aparece condicionada, más emocional que políticaAndrea Ramos lo expresa sin referencias concretas a políticas públicas: “Bastante esperanzada en que va a haber un cambio positivo.” Al explicar ese sentimiento, agrega: “No sé si lo que pasó al comienzo de año o la energía que tiene este momento el país es lo que me da… esperanza de que puedan venir cosas positivas al futuro.” La detención de Maduro, ejecutada durante una operación militar estadounidense y seguida por su traslado bajo custodia a Estados Unidos, funciona como un símbolo político, pero no como garantía de transformación estructural. Para muchos venezolanos, el chavismo dejó no solo una crisis social y económica, sino una erosión de la expectativa de futuro.

A un mes de la captura y en ausencia de cambios tangibles, la sociedad venezolana permanece en suspenso. La desconfianza ya no se dirige únicamente a quienes gobernaron, sino a la propia idea de transición política. En Caracas, el clima dominante combina vigilanciaescepticismo y una esperanza contenida, moldeada por años en los que el poder prometió futuro y entregó desgaste.

El camino hacia la democracia recibe un despeje importante, aunque todavía parcial, con el anuncio realizado por la ilegítima presidenta en funciones, Delcy Eloína Rodríguez, de la presentación de una ley de amnistía y el cierre del Helicoide. Al momento de escribir esta nota no se conoce el texto del proyecto de ley que presentará la cúpula roja. Para evaluar sus alcances y características será indispensable estudiar su contenido y su cobertura, a fin de formarnos una idea clara sobre su verdadera orientación.

El cierre de los infundados procesos penales abiertos contra miles de compatriotas, la excarcelación total de los presos políticos y el cierre del centro de torturas más brutal de América Latina constituyen, sin lugar a dudas, un avance significativo en la tarea de despejar el camino por el cual debemos transitar para alcanzar una democracia moderna y estable.

Que esta política se tramite bajo la figura de una ley de amnistía no resulta lo más adecuado desde el punto de vista ético y en estricto derecho, porque en la inmensa mayoría de los casos, los presos y judicializados nunca cometieron delito alguno. Nunca incurrieron en conductas que puedan subsumirse válidamente en tipos penales. Fueron llevados a la cárcel sin fundamento, se les forjaron expedientes burdos y se les imputaron delitos absurdos. Esta aberración solo puede explicarse por la total sumisión del sistema de justicia a un Estado-Partido decidido a perpetuarse en el poder mediante el fraude y la persecución. Si hubiésemos contado con fiscales y jueces independientes y honorables, jamás se habría permitido una arbitrariedad de esta magnitud: el secuestro ilegal de miles de ciudadanos por razones políticas.

No obstante, la iniciativa debe permitir el cierre definitivo de todas esas causas y la libertad real y plena de todos los afectados. Esto incluye a quienes ya han sido excarcelados, quienes deben recuperar además el pleno goce de sus derechos ciudadanos y políticos.  La ley de amnistía supone, técnicamente, la extinción de la acción penal y de las penas impuestas. No se trata del perdón de delitos —por lo demás inexistentes—, sino del olvido jurídico de una judicialización espuria e ilegítima.

Para que nuestra sociedad pueda proclamar el cierre de este lamentable ciclo de terror impulsado desde el Estado, deberán además, derogarse los instrumentos normativos que le dieron sustento y una apariencia de legalidad a esa política. La verdadera paz no será posible solo con la liberación de los presos y el cierre de sus absurdas causas, sino evitando que pueda repetirse, en el corto o mediano plazo, una nueva arremetida de persecución y criminalización contra la disidencia crítica y la oposición política.

Esta etapa de la llamada “revolución bolivariana” pasará a la historia como la creadora de una normativa especial destinada a criminalizar la disidencia. Es lo que en la Alemania nazi se denominó el derecho penal del enemigo: convertir en delito toda conducta que no implique sumisión ciega a un régimen autoritario.

En efecto, el chavismo dictó leyes que crean delitos inexistentes en cualquier sociedad democrática. En otros casos, impuso penas desproporcionadas para hechos de menor entidad. Entre las primeras cabe mencionar la llamada Ley contra el Odio y la ley para penalizar el financiamiento internacional de las ONG; entre las segundas, las reformas al Código Penal que elevaron de forma irracional las penas por delitos como la obstrucción de vías públicas durante protestas ciudadanas.

En consecuencia, resulta indispensable derogar —en la ley de amnistía o mediante leyes separadas— las normas creadas para criminalizar la oposición: la Ley contra el Odio, la Ley contra la Delincuencia Organizada y el Financiamiento al Terrorismo, la ley de control de las organizaciones sociales, la llamada ley antifascista —más fascista que el fascismo mismo— y la Ley Simón Bolívar, entre otras. En esa misma dirección debe derogarse el decreto de estado de excepción dictado subrepticiamente el pasado 3 de enero, mediante el cual se restringieron gravemente los derechos ciudadanos y políticos.

La aspiración de la sociedad democrática es la liberación total de los presos, procesados, investigados, perseguidos y hostigados por razones políticas. El discurso de la señora Rodríguez en la sede del TSJ, más allá de las motivaciones reales que la impulsan, constituye un reconocimiento implícito de una realidad que el chavismo-madurismo negó durante más de dos décadas: la existencia de presos políticos en Venezuela.

Resulta paradójico que sean precisamente los arquitectos del entramado de persecución y control social quienes hoy deban abrir las cárceles y desmontar la estructura represiva. En otros momentos de nuestra historia, esa tarea correspondió a los nuevos actores del poder.

No escapan a este análisis las circunstancias sobrevenidas tras el golpe de Estado a la soberanía popular expresada el 28 de julio de 2024, ni los efectos de la detención, el pasado 3 de enero, del principal responsable de ese grave delito contra la nación.

Asistimos, por tanto, a lo que en escritos anteriores he definido como “la demolición de la tiranía”. A comienzos de enero escribí: “Para lograr la libertad, la paz, la justicia, el bienestar y el desarrollo de nuestra amada Venezuela, es fundamental demoler la tiranía que nos ha subyugado en este siglo”. Esa demolición está en curso, aunque aún falte dinamitar importantes estructuras de poder y control.

Ahora bien, la demolición de la tiranía no implica automáticamente la construcción de la democracia ni la restitución plena del Estado de Derecho. Alcanzados estos objetivos iniciales, debemos avanzar hacia la legitimación de todos los poderes del Estado, hoy constituidos en abierta violación del orden constitucional.

Lo ideal para refundar el Estado sería convocar una Asamblea Constituyente, lo cual exige un amplio consenso entre las fuerzas sociales y políticas del país, con el propósito de reconstruir la democracia sobre bases constitucionales sólidas y extirpar los rasgos autoritarios, centralistas, militaristas y excesivamente estatistas de la actual Carta Magna. Sin embargo, más allá de ese debate, una prioridad inmediata es desplazar de las funciones de gobierno a la nomenclatura chavista enquistada en el poder desde 1999. Los venezolanos ya decidimos ese cambio el 28 de julio de 2024 al elegir a Edmundo González Urrutia como Presidente Constitucional de la República. El fraude cometido por Maduro y su camarilla, sostenido mediante la fuerza, lo impidió.

Ese golpe a la soberanía popular desencadenó una crisis de tal magnitud que derivó en la operación militar de Estados Unidos para arrestar y someter a la justicia de ese país al usurpador. Dicho evento abre el camino a una nueva elección presidencial destinada a cubrir la vacante absoluta generada por la captura de Maduro.

La sociedad democrática aspira a un proceso electoral —constituyente o relegitimador de todos los poderes— que exprese auténticamente la voluntad popular. Para ello se requiere un árbitro electoral honorable e imparcial, una cooperación internacional creíble —que podría brindar la ONU—, la legalización y relegitimación de los partidos políticos, la depuración del Registro Electoral Permanente y la adecuación de los circuitos parlamentarios.

Mientras estas tareas se desarrollan, es indispensable restituir los derechos ciudadanos y políticos confiscados por la dictadura: el libre tránsito, el derecho a salir y entrar al país sin hostigamiento, la libertad de expresión, manifestación, reunión, organización y participación política. El régimen debe desarmar a sus grupos armados y garantizar la vida y la integridad personal de los dirigentes democráticos.

Solo así podrá convocarse nuevamente a la soberanía popular mediante el voto. Esa elección debe celebrarse en el segundo semestre del presente año y, conforme a los artículos 233 y 234 de la Constitución, convocarse a más tardar en la primera semana de julio.

Celebrado el evento electoral, la comunidad internacional debe garantizar el respeto irrestricto a sus resultados, para poder avanzar finalmente en la construcción del nuevo edificio institucional: la nueva democracia venezolana.

César Pérez Vivas
Lunes, 2 de febrero de 2026

Excarcelado el 17 de enero de 2026, tras más de un año de detención. Carlos Azuaje, conocido popularmente como «El Gocho» o «El Gocho Azuaje», identificó a los torturadores del régimen chavista en una entrevista con Miguel Ángel Rodríguez.

MFM

«El Gocho Azuaje», ingeniero venezolano, líder campesino y activista político originario del estado Trujillo, pero radicado en Sabaneta, fue detenido arbitrariamente el 18 de diciembre de 2024 por la Guardia Nacional mientras viajaba hacia el estado Bolívar, acusado de delitos como incitación al odio, conspiración y traición a la patria (cargos considerados fabricados por la oposición y organizaciones de derechos humanos).

Estuvo preso en la cárcel de Yare, catalogado como preso político. Inmediatamente después de su liberación, se le vio apoyando a otros excarcelados y familiares de presos políticos, esperando en lugares como El Helicoide o El Rodeo para recibirlos, mostrando su solidaridad inquebrantable.

Incluso tras su salida de prisión, ha expresado que «lo volvería a hacer 1000 veces», reafirmando su disposición a seguir luchando por la libertad en Venezuela.

Marco Antonio Madrid Martínez, ciudadano peruano de 31 años, regresó a su país el pasado 21 de enero tras permanecer secuestrado y detenido arbitrariamente durante 398 días en Venezuela, principalmente en el penal de máxima seguridad El Rodeo I.

NTN24

En múltiples entrevistas concedidas desde su repatriación, el exdetenido ha relatado un testimonio estremecedor de torturas físicas, maltratos psicológicos y condiciones inhumanas que, según él, convierten las prisiones venezolanas en verdaderos “campos de concentración”.

Madrid fue detenido en diciembre de 2024 por funcionarios de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), pese a contar con documentación en regla y residir legalmente en Venezuela junto a su esposa, donde gestionaba un centro de llamadas.

Según su relato, fue trasladado inicialmente a calabozos sin luz ni ventilación adecuada, para luego ser recluido en El Rodeo I, donde compartió celda con decenas de presos —incluyendo otros extranjeros de diversas nacionalidades y presos políticos venezolanos—.

Entre las vejaciones descritas destacan:

  • Celdas superpobladas de apenas 3×2 metros, con un solo agujero en el suelo para defecar y orinar en el mismo espacio donde se comía y dormía.
  • Agua oxidada y olores insalubres que impedían respirar con normalidad.
  • Administración forzada de pastillas e inyecciones sin explicación ni control médico, lo que generaba enfermedades estomacales, fiebres y desorientación.
  • Golpes sistemáticos, aislamiento prolongado (hasta 23 horas diarias sin luz natural) y castigos físicos que buscaban “anular al ser humano”.
  • Firma obligada de documentos judiciales mientras los detenidos permanecían encapuchados y esposados.

El peruano rechaza la etiqueta de “preso político” para su caso y el de otros extranjeros (calcula que había cerca de 96 en situación similar, sin contar venezolanos con doble nacionalidad). En cambio, lo califica como un “secuestro de Estado” ejecutado por “la organización criminal que rige Venezuela” con el propósito de extorsionar a gobiernos extranjeros y ganar tiempo frente a presiones internacionales.

“Nos secuestraron para extorsionar a diferentes países. No hubo negociación, hubo extorsión”, afirmó en entrevista con EFE.

En otros medios (NTN24, DiverGentes, RPP) ha insistido en que su liberación —ocurrida el 13 o 14 de enero— no se debió a negociaciones diplomáticas convencionales, sino a la intervención militar de Estados Unidos que culminó con la captura de Nicolás Maduro a inicios de enero de 2026.

Madrid también denunció diferencias de trato: mientras a los extranjeros se les “engordaba” con mejor alimentación para mantenerlos como posibles fichas de canje, los presos venezolanos recibían raciones mínimas, sufrían castigos más severos y carecían de quien los reclamara internacionalmente. Relató haber visto a compañeros que, tras años de tortura, presentaban daños mentales irreversibles.

La Cancillería peruana confirmó la repatriación del ciudadano mediante gestiones multilaterales que contaron con la colaboración de Brasil y Colombia, en un contexto de ruptura de relaciones diplomáticas directas entre Lima y Caracas desde mediados de 2024. Días después de la excarcelación de Madrid, otros dos peruanos (Ricardo Meléndez y Arturo Paredes) también fueron liberados.

Organizaciones como Foro Penal han documentado cientos de casos de detenciones arbitrarias y torturas en Venezuela desde 2014, aunque el testimonio de Madrid cobra especial relevancia por provenir de un extranjero recientemente liberado y por su descripción detallada de las prácticas en El Rodeo I.

Desde Perú, el exdetenido ha hecho un llamado a no olvidar a quienes permanecen en las cárceles venezolanas, incluyendo al gendarme argentino Nahuel Gallo —con quien compartió celda— y a cientos de venezolanos que, según él, viven bajo un régimen de miedo, censura y represión sistemática.

“El pueblo venezolano ya se levantó, pero vive aterrorizado. No saben lo que es la verdadera censura y el encarcelamiento injusto hasta que lo viven”, concluyó Madrid en una de sus entrevistas.

Su caso se suma a la ola de liberaciones iniciada tras la caída del gobierno de Maduro y pone nuevamente en evidencia las graves denuncias de violaciones a los derechos humanos que persisten en el sistema penitenciario venezolano.

Bad Bunny… su nombre real Benito o lo que sea, un príncipe puertorriqueño mimado que nunca sintió el aguijón de las políticas que romantiza desde su trono dorado… sube al escenario de los Grammy en 2026, agarrando su pequeño trofeo por el ruido del reggaetón, y decide que el momento le pertenece para un sermón santurrón sobre la humanidad.

Por: LHGrey

“No somos salvajes, no somos animales, no somos extraterrestres…somos humanos”.

Se escucha una ovación de pie en una sala llena de millonarios con armaduras de diseño, todos aplaudiendo como focas amaestradas porque tocar el tercer riel de inmigración se siente muy valiente cuando estás rodeado de seguridad privada y recintos cerrados.

Escucha atentamente, pequeño pavo real narcisista: nadie llamó a los migrantes “animales”, excepto el hombre de paja que construiste en ese cráneo vacío para alimentar tu complejo de mesías.

La crítica nunca tuvo como objetivo deshumanizar a gente desesperada… tenía como objetivo la soberanía, las leyes, el derecho absoluto y absoluto de una nación a controlar quién entra y quién se queda.

¿Pero tú?

Usted utiliza la indignación selectiva como arma porque alimenta ese ego frágil, esa necesidad profunda de ser visto como el salvador iluminado mientras usted gana mucho dinero, vive en el lujo estadounidense y disfruta de todos los privilegios de la ciudadanía estadounidense con la que nació… privilegios que millones de estadounidenses que luchan por sobrevivir nunca alcanzarán.

Psicológicamente, es una patología exhibicionista de manual: anhelas el aplauso de la cámara de resonancia de la élite, así que realizas un teatro de compasión, repitiendo como un loro frases que no te cuestan nada mientras las comunidades reales soportan el peso del caos que tú animas.

Escuelas superpobladas, hospitales sobrecargados, delincuencia en aumento, ríos de fentanilo… nada de eso se ve desde la altitud de una mansión en Miami o de un jet privado.

Usted simplemente ve otra oportunidad para adoptar una postura, para demostrar su moralidad superior a una industria que recompensa el desprecio hacia la clase trabajadora.

No eres valiente. No eres profundo.

Eres un artista malcriado, adicto a la atención y que confunde un premio musical con un púlpito político porque el silencio significaría desvanecerse en la irrelevancia.

Esa ovación de pie no fue por su “coraje”… fue por su obediencia a la narrativa del régimen, la que exige fronteras abiertas para los votos y la mano de obra barata mientras nos sermonea al resto de nosotros sobre la compasión.

¿Quieres abolir el ICE? Bien.

Comience por ceder sus propios datos de seguridad.

Abre tus puertas.

Deja que el mundo entre por tus puertas sin control.

Pon tu dinero y tu seguridad donde pones tus palabras.

Hasta entonces, ahórrenos las lágrimas de cocodrilo y la poesía pseudohumanista.

No estás hablando en nombre de las “masas apiñadas”.

Los estás explotando como accesorios en tu interminable búsqueda de validación.

Cállate la boca, siéntate y quédate con el autotune… porque cada vez que abres la boca sobre política, te expones como otro hipócrita de la élite que vendería el país por una ovación más.

Estados Unidos no necesita tu cosplay de virtud.

Necesita sus fronteras.

Y seguro que no te necesita.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, reiteró de forma tajante que Washington no reconoce al actual gobierno interino de Venezuela —encabezado por Delcy Rodríguez— como legítimo, y condicionó cualquier legitimidad futura a un proceso real de transición democrática con elecciones libres y verificables.

MFM

Durante una comparecencia ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense, Rubio respondió directamente a la pregunta sobre si Delcy Rodríguez es considerada presidenta legítima:

“Este régimen no es legítimo. En última instancia, la legitimidad de su sistema de gobierno se alcanzará a través de un período de transición y elecciones verdaderas, algo que aún no han tenido.”

La declaración, captada en video y ampliamente difundida en redes sociales, subraya la postura oficial de la administración Trump tras la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero de 2026 en una operación militar estadounidense. Maduro, acusado de narcotráfico y otros delitos, permanece bajo custodia en EE.UU., mientras Rodríguez —ex vicepresidenta— asumió el poder de facto como figura de continuidad del chavismo.Rubio explicó que el contacto frecuente con Rodríguez (incluidas llamadas semanales) responde a una necesidad pragmática:

  • Ella y su entorno controlan actualmente las instituciones clave (Fuerzas Armadas, aeropuertos, puertos y sector petrolero).
  • Washington debe coordinar con quienes “tienen las armas en la mano” para temas operativos como deportaciones, liberación de presos políticos, apertura del sector energético y cese de envíos de petróleo subsidiado a Cuba.

Sin embargo, el secretario fue explícito al diferenciar cooperación táctica de reconocimiento político:

“No se trata de reconocer la legitimidad de un gobierno. Es diferente hablar con quien controla los aeropuertos para los vuelos de deportados que avalar institucionalmente a ese régimen.”

Rubio ha mantenido un tono firme con Rodríguez: ha advertido que ella “conoce muy bien el destino de Maduro” y que Washington no descarta “otras opciones” (incluido el uso de la fuerza) si la cooperación se diluye. Al mismo tiempo, destacó avances puntuales:

  • Compromisos de Rodríguez para abrir el sector petrolero a empresas estadounidenses con acceso preferente.
  • Fin del suministro de crudo subsidiado a La Habana.
  • Avances en liberación de algunos presos políticos y excarcelaciones.

Aun así, el mensaje central permanece inalterado: la legitimidad solo llegará con elecciones genuinas, no con la permanencia de figuras del anterior régimen.

Víctor Castillo, dirigente político de Vente Venezuela, quien fue detenido el 28 de abril de 2024 y permanecía en el Helicoide, este fin de semana fue excarcelado y habló con La Tarde de NTN24 sobre lo que vivió en prisión.

NTN24

“Fueron momentos muy duros, duré 21 meses detenido injustamente en el Helicoide solamente por defender la libertad y la democracia, fue difícil, pero seguimos en la misma lucha”, aseguró Castillo.

El excarcelado también se refirió a la transformación del Helicoide y señaló que de nada servirá mientras sigan personas inocentes en la cárcel: “Eso se soluciona con cerrar el Helicoide mientras existan hombres y mujeres inocentes tras las rejas, la solución tiene que ser la libertad inmediata de todos los presos políticos”.

También se refirió a la ley de amnistía a presos políticos en Venezuela que será discutida en la ilegítima Asamblea Nacional: “Esperamos esa ley de amnistía con mucha emoción, y no para que sean absueltos nuestros delitos porque nosotros somos personas inocentes, solamente estamos pidiendo justicia”.

Son tiempos llenos de expectativas y ello nos obliga a actuar con mucha prudencia para no cometer viejos errores que aún seguimos pagando.

Para aquellos críticos de todo y por todo, hay que remacharles que no existe democracia perfecta. Tan solo aproximaciones, soluciones parciales y logros escalonados, cosas que aún no se vislumbran de manera inmediata, no obstante, a que se han dado algunos pequeños avances.

Años atrás, muchos creyeron que nuestro sistema de libertades era tan sólido que podía soportar cualquier “vandalismo” político de ocasión. Quizás la dirigencia perteneciente, principalmente, a las generaciones intermedias, esa que surgió entre en los años setenta y ochenta, no entendió que en una democracia siempre hay que estar atento a sus necesidades y eventuales yerros para hacer las correcciones pertinentes.

 Ahora presenciamos, dentro de este pernicioso sistema, algunos cambios pese a que nunca faltan aquellos que continúan con su sempiterno discurso destructivo y con esa obsesión de ver todo nocivo o adverso. En este sentido, reafirmamos que las críticas bien fundamentadas y juiciosas son necesarias y bienvenidas, pero de allí a buscar tapar el sol con un dedo, o rechistar vehementemente contra cualquier paso que nos permita mejorar, resulta un verdadero exabrupto, por no decir atrocidad.

Hay muchas cosas que no quisimos hacer para salvaguardar la democracia. Ese repliegue de las mayorías para impedir que los “desleales” tomaran cuerpo y se hiciesen de la vida pública y del poder en detrimento de las bases republicanas y de la normal actividad política, fue una estocada artera que todavía supura. No está demás añadir que el llamado “caracazo” de 1989, las intentonas golpistas de febrero y noviembre de 1992 y el descontento “inducido” hacia las nuevas medidas económico-financieras asumidas bajo la etiqueta de “El Gran Viraje”, crearon el ambiente propicio para que se deteriorara impunemente la figura del presidente Carlos Andrés Pérez, la unidad y fortaleza del partido Acción Democrática y de otras importantes organizaciones políticas, la credibilidad de sus principales dirigentes y la cimentación de la propia democracia. La diatriba innecesaria, la insensatez extrema y el hacer una oposición ofuscada y no menos delirante, fueron permisadas por una indiferencia colosal que luego se manifestó- equivocadamente- a favor de un mensaje lleno de revanchismo y demagogia.

Lo cierto, es que no quisimos detener el desgaste generalizado, la impudicia verbal y mucho menos amarrar las manos a quienes blandían como locos las hachas contra todo lo que oliera a convivencia y al libre juego democrático.

Fuimos, hay que reconocerlo, víctimas de la exhibición desmedida, del personalismo chabacano, de ese afán por ocupar centímetros en la prensa escrita o por acaparar minutos en los medios radiales y televisivos. Lamentablemente, no alzamos la voz a tiempo para impedir semejantes desatinos.

Winston Churchill, no sin razón y perfectamente aplicable a nuestra realidad, señaló que “El problema de nuestra época consiste en que los hombres no quieren ser útiles, sino importantes”.

En conclusión, pendientes de aquellos que desestiman el más mínimo progreso o mejoría. Entendemos que no bastan y que no puede haber borrón y cuenta nueva, pero la democracia que reconstruiremos requiere de mucha madurez y prudencia. Aquí no caben más alaridos y radicales pretensiones. Presionar más, con pasos firmes y realistas, es lo lógico en estos momentos. Que no repitamos aquello de lo que no quisimos hacer.

Ricardo Ciliberto Bustillos

Gonzalo Himiob vicepresidente de la ONG Foro Penal de Venezuela analizó cómo funcionaria la ley de amnistía que propone Delcy Rodríguez.

NTN24

El experto comenzó recalcando el número de excarcelaciones: “desde el 8 de enero de este año, se ha dado un número importante de excarcelaciones, de presos políticos, y van 310, según la cuenta que nosotros hemos registrado en la organización”.

Desde ese punto de partida, Himiob dijo que “el hecho de que ya se estén dando estas excarcelaciones ya genera un mensaje positivo que no cabe menospreciar, si cabe cuestionarse un poco, cuál ha sido la metodología, cuáles han sido los criterios, cual es el cronograma que estaría adelantando el gobierno con estas excarcelaciones”.

En ese contexto, “en cuanto al anuncio formulado el día de ayer por Delcy Rodríguez en cuanto a que se va a proponer y a discutir en le Asamblea Nacional una ley de amnistía general”, “digo que hay que ser optimistas en el sentido de que esta ley de amnistía se maneja siguiendo los criterios técnicos, jurídicos, internacionalmente aceptados de lo que debe ser una amnistía”.

Sin embargo, el experto aseguró que hay “miedo” sobre el hecho de que “se vuelvan a producir iniciativas similares a otras previas que han tenido lugar en nuestro país”, expresó.

Ante este nuevo paso, “nosotros nos estamos planteando que esta sea una amnistía únicamente y exclusivamente dirigida a quienes han sido víctimas directas de actos de presión o persecución política, no solo en este momento, sino también en el pasado”, explicó Himiob.

Finalmente, sobre quién definirá a los beneficiaros, Himiob aseguró que propusieron “los organismos internacionales de tutela de los derechos humanos, que pueden perfectamente levantar en conjunto con las organizaciones no gubernamentales de derechos nacionales e internacionales”, esto con base “en los registros”.

En un tono muy distinto al exhibido por Miguel Díaz-Canel el pasado viernes, y en medio de las presiones de la Administración de Donald Trump, el Ministerio de Relaciones Exteriores cubano emitió un comunicado este domingo en el que “reafirma su compromiso de cooperar con los Estados Unidos y otras naciones para fortalecer la seguridad regional e internacional”.

14 y Medio

Ayer mismo, en línea con lo que había declarado el día anterior, Trump insistió en que su Gobierno está “hablando con las más altas esferas” del régimen y se mostró optimista: “Creo que vamos a llegar a un acuerdo con Cuba”.

El texto del Ministerio que lidera Bruno Rodríguez incluye la “condena de manera inequívoca” por parte de la Isla del “terrorismo en todas sus formas y manifestaciones”, idea en la que insiste en los párrafos siguientes: “Cuba declara categóricamente que no alberga, no apoya, no financia ni permite organizaciones terroristas o extremistas. Nuestro país mantiene una política de tolerancia cero frente al financiamiento del terrorismo y el lavado de dinero, y está comprometido con la prevención, detección y enfrentamiento de actividades financieras ilícitas, en consonancia con los estándares internacionales”.

Cualquier interacción pasada que haya involucrado a personas posteriormente designadas como terroristas ocurrió únicamente en contextos humanitarios limitados»
Exteriores alude, además, al origen de la inclusión de Cuba en la lista estadounidense de países patrocinadores del terrorismo en 2021, durante la primera Administración de Donald Trump, de la que fue sacada por el siguiente presidente, Joe Biden, y “reincluida” a principios del segundo mandato de Trump, las relaciones con la cúpula del Ejército de Liberación Nacional (ELN) durante las conversaciones con el Gobierno colombiano en las que La Habana era mediador, aunque sin mencionarlo explícitamente. “Cualquier interacción pasada que haya involucrado a personas posteriormente designadas como terroristas ocurrió únicamente en contextos humanitarios limitados, vinculados a procesos de paz reconocidos internacionalmente, a solicitud de sus respectivos gobiernos, de manera plenamente transparente”, dice el comunicado.

Los líderes guerrilleros se han movido entre Venezuela y Cuba, país que acogió los diálogos entre 2018 y 2019, año en que quedaron congelados. Colombia, entonces, instó a EE UU a incluir a la Isla en la lista de patrocinadores del terrorismo, por negarse a extraditar a los miembros del grupo guerillero que estaban en su territorio. Las conversaciones habían quedado estancadas tras un atentado de esa guerrilla contra la Escuela de la Policía en Bogotá en enero de 2019, donde murieron 23 personas y cerca de un centenar resultaron heridas.

Nada de esto menciona el comunicado, con un permanente acento defensivo: “Cuba no alberga bases militares o de inteligencia extranjeras y rechaza la caracterización de ser una amenaza para la seguridad de los Estados Unidos. Tampoco ha apoyado ninguna actividad hostil contra ese país ni permitirá que nuestro territorio se utilice contra otra nación”.

A la vez, el texto destaca la “disposición a mantener un diálogo respetuoso y recíproco” con el vecino del norte, algo que Trump afirmó el sábado que ya está teniendo lugar y volvió reafirmar el domingo. Así, Exteriores indica que la Isla “está dispuesta a reactivar y ampliar la cooperación bilateral con los Estados Unidos para hacer frente a amenazas transnacionales compartidas, sin renunciar jamás a la defensa de su soberanía y la independencia”.

El tono va bajando aún más en los últimos párrafos, en los que se remacha la propuesta de “renovar la cooperación técnica con los Estados Unidos en áreas que incluyen la lucha contra el terrorismo, la prevención del lavado de dinero, el combate al narcotráfico, la ciberseguridad, la trata de personas y los delitos financieros”, y se asevera que ambas naciones “se benefician del compromiso constructivo, la cooperación conforme a la ley y la coexistencia pacífica”.

De acuerdo con el periodista independiente Carlos Cabrera, Cuba y Estados Unidos se encuentran negociando en México
El pasado viernes, la actitud del régimen era muy distinta. En una intervención difundida ampliamente por Cubadebate y convertida en comunicado oficial después, Díaz-Canel respondía a las presiones de EE UU diciendo: “El presidente del Imperio se está comportando como un Hitler, con una política criminal, de desprecio, que tiene como objetivo apoderarse del mundo”. El texto oficial retomaba el viejo lema castrista, al afirmar que “la decisión es una: patria o muerte”.

De acuerdo con el periodista independiente Carlos Cabrera, Cuba y Estados Unidos se encuentran negociando en México. Basándose en una fuente “próxima al Gobierno de Claudia Sheinbaum”, aseguró que la madrugada del sábado concluyeron las primeras conversaciones, “un principio de acuerdo para iniciar una transición a la democracia, pendiente de la aprobación final de la Casa Blanca”.

En ellas, según la misma fuente, participa el general Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro, quien “trasladó a un alto responsable de la CIA la disposición de las autoridades castristas a iniciar la democratización de Cuba, a cambio de ‘una amnistía’ para su padre y otros altos cargos castristas”.

De igual modo, Cabrera asevera que un alto funcionario del Ministerio de Justicia desveló que su organismo trabaja en “un proceso de liberación de los presos políticos, a partir del miércoles 4 de febrero”, que calificó como “gesto de buena voluntad, unilateral y soberano” del régimen, lo mismo que un “alto oficial” del Ministerio del Interior, quien anunció la “próxima liberación, en esta semana” de los presos políticos, aunque “rehusó entrar en detalles”.

En un reportaje publicado la semana pasada, el diario The Wall Street Journal revelaba que la Administración de Donald Trump se encontraba buscando una figura dentro del régimen cubano con la que poder negociar una transición democrática, al igual que lo está haciendo en Venezuela, tras la captura de Nicolás Maduro, con Delcy Rodríguez.

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