Morfema Press

Es lo que es

Armando Esteban Quito

El presidente de la ONG Foro Penal, Alfredo Romero, ratificó que la cifra de presos políticos excarcelados en Venezuela sigue en 56.

Infobae

“10:00am (Venezuela). Solo 56 presos políticos excarcelados verificados. El gobierno indica que son 116, pero no publica la lista de nombres. Los familiares y presos se mantienen en la incertidumbre y la dolorosa expectativa”, expresó en su cuenta en la red social X.

La cifra oficial de excarcelaciones en Venezuela ha generado controversias, tras el anuncio realizado por el gobierno sobre una supuesta liberación masiva de presos políticos. María Corina Machado y Edmundo González Urrutia afirmaron que la medida no se está cumpliendo según lo prometido y que las cifras difundidas no se corresponden con la realidad.

María Corina Machado y Edmundo González Urrutia señalaron al Gobierno interino de incumplir sus promesas. De acuerdo con sus registros, solo se han producido 56 excarcelaciones de las 800 esperadas

Hace casi una semana, Jorge Rodríguez aseguró que el régimen decidió la liberación de algunos de los cientos de presos políticos que se encuentran en cárceles del país.

En un discurso, Rodríguez anunció: “El gobierno bolivariano, junto a las instituciones del Estado, ha decidido la puesta en libertad de un número importante de personas venezolanas y extranjeras, y estos procesos de excarcelación están ocurriendo desde este mismo momento”.

Comunicado sobre presos políticos de la Oficina de la Vocería Oficial de María Corina Machado y Edmundo González Urrutia:

A cinco días de anunciarse oficialmente la liberación masiva de presos políticos, nada permite afirmar que dicha medida se esté llevando a cabo en los términos anunciados. La cifra de 116 excarcelados, difundida por el régimen el lunes 12 de enero, no se corresponde con la realidad.

Para el mediodía del martes 13 de enero, las organizaciones de derechos humanos sólo han podido verificar la excarcelación de 56 personas. Esto representa menos del 5% del total de más de 1000 seres humanos que permanecen injustamente privados de libertad por razones políticas.

Los excarcelados siguen casi siempre sometidos a medidas cautelares abusivas.

No se han publicado listas de las personas que serán liberadas.

No se ha notificado a los familiares de los presos sobre el proceso de excarcelación. Cientos de ellos permanecen en vigilia, acampados frente a los centros de reclusión, esperando noticias al respecto, gastando el dinero que no tienen y poniendo su propia salud en riesgo.

No se atienden los llamados de las organizaciones venezolanas e internacionales que velan por el respeto a los derechos humanos de los presos políticos.

No se conoce ninguna mejoría en las condiciones de vida de los presos políticos que permanecen recluidos, ni siquiera de los que sufren dolencias graves. Por el contrario, uno de ellos, Edison José Torres Fernández (52 años) falleció en cautiverio como consecuencia de una subida de tensión que no fue debidamente atendida.

Edison Torres es el octavo preso político que muere bajo custodia del Estado desde las elecciones del 28 de julio de 2024. Antes de él fallecieron Edwin Santos, Jesús Martínez, Jesús Rafael Álvarez, Osgual González, Reinaldo Araujo, Lindomar Amaro y Alfredo Díaz.

Cada día de prisión cuenta. La vida y la salud de cientos de personas están en juego.

Por eso nuestro mensaje al régimen, Venezuela y el mundo es claro: no puede haber transición con presos políticos, ni puede haber libertad en Venezuela mientras haya un solo perseguido por
razones políticas.

Nuestra demanda sigue siendo la misma, única, clara y no negociable: la liberación inmediata, completa, incondicional y verificable de todos los presos políticos.

Vocería Oficial de Venezuela

Menos de 48 horas después de la inédita operación militar que terminó con su captura, Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueron llevados ante un tribunal de Nueva York para ser imputados por conspiración para el narcoterrorismo y por introducir cocaína en Estados Unidos, así como otros delitos relacionados con armas.

Transparencia Venezuela

Durante esas horas, el Departamento de Justicia publicó una ampliación de la imputación contra quien gobernó Venezuela durante 12 años, en la cual, para sorpresa de muchos, las referencias al Cartel de Los Soles no solo han casi desaparecido, sino que ya no se califica a este grupo como una “organización criminal conformada por altos funcionarios”, sino como un “sistema clientelar”.

Apenas en noviembre de 2025 el Departamento de Estado calificó al Cartel de Los Soles como una “organización terrorista extranjera” e insistió en su cabecilla era Nicolás Maduro.

No obstante, este giro no implica que los señalamientos contra el ahora detenido se hayan suavizado.

“El acusado participó, perpetuó y protegió una cultura de corrupción en la que las poderosas élites venezolanas se enriquecen mediante el narcotráfico y la protección de sus socios narcotraficantes”, se lee en el documento de 25 páginas de extensión que firmaron el fiscal Jay Clayton y un jurado, cuya identidad se reservó por razones de seguridad.

“Las ganancias de esta actividad ilegal fluyen hacia funcionarios civiles, militares y de inteligencia corruptos”, se remata en el escrito.

¿Por qué Estados Unidos hace semejantes acusaciones? ¿Qué motivos tiene? A continuación, se enumeran 6 razones:

 

1.Venta de pasaportes y traslado seguro de los pagos de la droga

Clayton acusa a Maduro de haber “manchado todos los cargos públicos que ha ocupado” para enviar las grandes cantidades de cocaína hacia Estados Unidos, para lo cual ha amparado y protegido a narcotraficantes.

“Como ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, Maduro Moros proporcionó pasaportes diplomáticos venezolanos a narcotraficantes y facilitó la cobertura diplomática de los planes utilizados por los lavadores de dinero para repatriar las ganancias del narcotráfico desde México a Venezuela”, se lee en el escrito, en el que se sostiene que estas acciones habrían ocurrido entre 2006 y 2008.

En 2017, la cadena estadounidense CNN publicó un reportaje en el que se denunciaba que pasaportes venezolanos eran vendidos en embajadas y consulados de Medio Oriente, y que algunos de sus compradores habrían sido miembros del grupo terrorista libanés Hezbolá.

«En Irak la gente pagaba mucho dinero por una visa o pasaporte, hasta 15.000 dólares», dijo un exfuncionario venezolano de esa legación a la cadena, quien fue forzado a renunciar luego de denunciar la situación ante su superior.

«No les importa si el que tiene los 15.000 dólares es un terrorista o una anciana que quiere asilo en Europa», agregó.

En su momento el Gobierno no solo negó las acusaciones, sino que optó por prohibir las transmisiones de CNN en Venezuela como represalia.

La Fiscalía estadounidense también acusa a Maduro de ordenar a los embajadores que ayudaran a los traficantes a realizar sus negocios.

“Cuando los narcotraficantes necesitaban trasladar el dinero de la droga de México a Venezuela Maduro Moros facilitaba el traslado de aviones privados bajo protección diplomática para garantizar que los vuelos no fueran objeto de escrutinio por parte de las fuerzas del orden ni del ejército. En estas ocasiones, Maduro Moros llamaba a la embajada de Venezuela en México para avisar que una misión diplomática llegaría en avión privado. Luego, mientras los narcotraficantes se reunían con el embajador de Venezuela en México bajo los auspicios de una misión diplomática de Maduro Moros, su avión cargaba el dinero de la droga. El avión regresaba a Venezuela bajo protección diplomática”, se lee en el escrito.

2. Haciendo caja para seguir en el poder

La Fiscalía estadounidense afirma que Maduro y su entorno no solamente habrían recurrido al narcotráfico para enriquecerse personalmente, sino también para otros fines.

“Estos políticos utilizaban los pagos de la cocaína para mantener y aumentar su poder político”, se lee en el escrito.

En la imputación se asegura que Maduro habría establecido nexos con las guerrillas colombianas (FARC y ELN) y también con carteles mexicanos como el de Sinaloa, dirigido por Joaquín “El Chapo” Guzmán y Los Zetas. Y, por último, con la megabanda criminal venezolana Tren de Aragua.

A todos estos grupos, los imputados y otros colaboradores “les proporcionaron cobertura policial y apoyo logístico para el transporte de cocaína a través de Venezuela, a sabiendas de que sus socios narcotraficantes la transportarían hacia el norte, a EE.UU.”, a cambio de grandes sumas de dinero.

En 2007, la entonces diputada Cilia Flores habría recibido “cientos de miles de dólares” a cambio de organizar una reunión entre un traficante y el entonces jefe de la Oficina Nacional Antidrogas, Néstor Reverol Torres.

“El narcotraficante posteriormente acordó pagar un soborno mensual a Reverol Torres, además de aproximadamente US$ 100.000 por cada vuelo que transportara cocaína para garantizar su seguridad, una parte de la cual se pagó posteriormente a Cilia Flores de Maduro. Alrededor de 2015, Reverol Torres fue acusado de delitos relacionados con narcóticos en el Distrito Este de Nueva York y se encuentra prófugo”, se lee en el escrito.

3. Un negocio familiar

A diferencia de la primera imputación contra Maduro presentada en 2020, en esta nueva no solo se señala al gobernante y a miembros o exmiembros de su gobierno, sino también a parte de su familia.

Así además de su esposa, Cilia Flores, también se acusa de estar implicado en actividades criminales a su hijo, el diputado Nicolás Maduro Guerra, a quien se presenta con los alias de “Nicolasito” y “El Príncipe”.

¿Por qué el hijo? La Fiscalía de Estados Unidos asegura que en 2020 el parlamentario oficialista “asistió a una reunión en Medellín, Colombia, con dos representantes de las FARC” y que durante el encuentro “discutió los acuerdos para transportar grandes cantidades de cocaína y armas a través de Colombia hacia Estados Unidos durante los próximos seis años, hasta aproximadamente 2026”.

4. Los colectivos como escoltas

Además de las fuerzas militares, la pareja Maduro-Flores habría empleado civiles armados para proteger los cargamentos de drogas, asegura la Fiscalía de Estados Unidos.

“Maduro Moros y Flores de Maduro mantuvieron sus propios grupos de pandillas estatales, conocidos como colectivos, para facilitar y proteger sus operaciones de narcotráfico”, se lee en la imputación.

“Maduro Moros y Flores de Maduro también ordenaron secuestros, golpizas y asesinatos contra quienes les debían dinero del narcotráfico o de alguna otra manera perjudicaban sus operaciones, incluyendo el asesinato de un jefe de la droga local en Caracas, Venezuela”, se remata.

5. Casos relacionados con aviones

El caso del vuelo 385 de Air France sería para la Fiscalía de Estados Unidos una prueba de la participación de Maduro y otras autoridades venezolanas en el tráfico de drogas.

El 11 de septiembre de 2013, dentro de un avión procedente del Aeropuerto Internacional de Maiquetía, el principal del país, la policía gala consiguió 30 maletas de cocaína, más de 1,3 toneladas.

“Tras la incautación, Maduro Moros logró una reunión con, entre otros, (Diosdado) Cabello Rondón y (Hugo) Carvajal Barrios. Durante la reunión, Maduro Moros les indicó a Cabello Rondón y Carvajal Barrios que no debían haber utilizado el Aeropuerto de Maiquetía para el narcotráfico tras la incautación de 2006 en México, y que, en su lugar, debían utilizar otras rutas y puntos de tráfico de drogas bien establecidos para el envío de cocaína”, se lee en la imputación.

Las autoridades consideran que las detenciones que se produjeron poco después en Venezuela fueron una cortina de humo para “desviar la atención” de los responsables de la operación.

A lo anterior hay que sumarle la sospecha de que aviones oficiales fueron empleados también para transportar drogas dentro del país.

“Entre 2014 y 2015, un capitán de la Guardia Nacional de Venezuela en la Isla de Margarita coordinó hoteles, transporte, mujeres y alimentación para las visitas de funcionarios venezolanos, entre ellos Nicolás Ernesto Maduro Guerra, alias ‘Nicolasito’, alias ‘El Príncipe’, el acusado, quien visitaba la Isla de Margarita aproximadamente dos veces al mes. Maduro Guerra llegaba en un avión Falcon 900 propiedad de la petrolera estatal venezolana, Petróleos de Venezuela, S.A. Antes de salir de la isla, el avión de Maduro Guerra era cargado, a veces con la ayuda de sargentos armados, con grandes paquetes envueltos en cinta adhesiva que, según el capitán, eran drogas”, se lee en el escrito.

6. El Tren de Aragua

Aunque las autoridades venezolanas consideran disuelta la megabanda del Tren de Aragua, desde Washington insisten en que el grupo no solo no está liquidado, sino que se ha expandido por América con el apoyo de Caracas.

En su imputación, el fiscal Clayton incluye al Tren de Aragua entre las organizaciones criminales con las que la pareja Maduro-Flores habría mantenido vínculos.

“Alrededor de 2019, el líder de Tren, Héctor Guerrero Flores (alias ‘El Niño Guerrero’), habló sobre narcotráfico con un individuo que, según él, colaboraba con el régimen venezolano. En múltiples llamadas, Guerrero Flores se ofreció a escoltar cargamentos de droga, explicando que Guerrero Flores y el Tren controlaban las costas del estado Aragua”, se asegura en el documento.

El próximo 17 de marzo está prevista la nueva comparecencia de Maduro y su esposa ante el juez Alvin Hellerstein.

Algunos edificios no son solo de hormigón. Algunas estructuras esperan, en silencio, a que la historia termine de escribirlas. El Helicoide es una de ellas, no porque quedara inconclusa, sino porque terminó revelando, con brutal claridad, el fracaso moral de una época.

Por: Israel Centeno

Concebido en la década de 1950 como un centro comercial futurista —un proyecto audaz que pretendía mostrar prosperidad y dinamismo económico—, El Helicoide nació como símbolo de modernidad bajo el régimen de Marcos Pérez Jiménez . No se trata de absolver ni condenar a individuos; se trata de interpretar el símbolo. La arquitectura fue diseñada para la circulación, el intercambio y la visibilidad, para un país que buscaba la modernidad.

Luego llegó la democracia. Imperfecta, sí, pero democracia al fin y al cabo. Y con ella, el abandono. El Helicoide quedó a medias: ni terminado ni reimaginado. Un desecho histórico. Un vacío urbano que ya funcionaba como metáfora: promesas que nadie supo, ni eligió, cumplir.

El giro decisivo llegó con el chavismo y su degradación final bajo Hugo Chávez y Nicolás Maduro . La ruina se convirtió en sistema. El edificio pasó de ser una promesa frustrada de modernidad económica a un centro de detención, tortura y aniquilación del alma humana. Allí, el Estado dejó de ser garante de derechos para convertirse en verdugo.

No hablamos de excesos aislados. Hablamos de patrones: celdas inhabitables, humillaciones planificadas, tormento físico y psicológico, deshumanización metódica. Personas reducidas a menos que cosas. Un infierno funcional y burocrático. El horror no como accidente, sino como método.

El siglo XX dio nombre a estos lugares: Gulags , campos de exterminio nazis, espacios donde el poder decidía que ciertos seres humanos eran descartables. El siglo XXI, tan orgulloso de su retórica de derechos humanos, tiene la suya. El Helicoide pertenece a esa tradición. Decir esto no es exageración; es honestidad histórica.

Aquí el símbolo se completa: lo que se construyó para exhibir prosperidad terminó siendo una fábrica de horror. Un gulag posmoderno, envuelto en un lenguaje emancipador, administrado por una ideología que prometía justicia y producía deshumanización.

Pero El Helicoide no solo critica al régimen que lo utilizó. Critica, sobre todo, el incumplimiento del Derecho Internacional. Y la pregunta es ineludible: ¿cómo es posible que ahora se invoque con tanta solemnidad el Derecho Internacional cuando, durante años, se supo que los derechos humanos del pueblo venezolano estaban siendo violados sistemáticamente?

No eran rumores ni denuncias marginales. Era algo conocido. Estaba documentado. Se informó. Y, sin embargo, los mecanismos internacionales no actuaron con la fuerza necesaria. No protegieron a las víctimas. No impusieron límites reales al poder. No lograron detener una caída que pasó de la represión al campo de concentración.

Que no haya confusión: no fue una sola administración extranjera, ni un solo líder, quien “destruyó” el Derecho Internacional. Ese derecho llevaba mucho tiempo deteriorándose. Cuando funciona, lo hace selectivamente, para una parte de la humanidad. Para aquellos considerados, según una narrativa ideológica, como “del lado correcto de la historia”, es decir, alineados con la izquierda del espectro político en ciertos foros internacionales.

En Venezuela, se cometieron abusos a una escala comparable a los de Argentina durante la dictadura. En Argentina, esos crímenes generaron conmoción mundial, memoria, procesos judiciales y condena moral. En Venezuela, no. ¿Por qué? Porque se asumió cínicamente que lo ocurrido allí no contaba de la misma manera: el régimen se definía como de izquierda. Y a la izquierda, como sabemos desde hace décadas, se le perdona lo imperdonable.

Esto no es nuevo. Se remonta a tiempos remotos. A la época de Jean-Paul Sartre , quien apartó la mirada de los gulags soviéticos y permaneció en silencio —si no cómplice— durante los primeros años del nazismo, siguiendo la línea política del momento. La ideología ante el hombre. La narrativa ante la víctima.

El resultado, entonces, no debería sorprender a nadie. Cuando el Derecho Internacional falla sistemáticamente, cuando se convierte en un catálogo de informes sin consecuencias, el punto final es la fuerza. El debate sobre una posible destitución de Maduro por tropas estadounidenses —en lugar de una resolución lograda mediante mecanismos legales internacionales— es la consecuencia directa de ese fracaso previo. No es la causa. Es el resultado.

Si los mecanismos internacionales hubieran funcionado cuando debían, no habríamos llegado hasta aquí. El horror no se habría normalizado. Un lugar como El Helicoide no habría funcionado durante años. La realidad no se habría visto empujada a un punto sin retorno.

No te quejes ahora.

No invoquemos con indignación un Derecho Internacional que se dejó morir por omisión, selectividad e hipocresía.

El Helicoide no es solo venezolano. Es universal. Es el espejo incómodo del mundo posmoderno cuando pierde el miedo a Dios y al hombre, cuando la ideología reemplaza a la conciencia moral, cuando la ley se separa de la justicia.

Nombrarlo es un acto de dignidad. Pensarlo detenidamente es una obligación moral. Silenciarlo es repetirlo.

La fuerza legitimadora de la paz perpetua. Una respuesta jurídica, política, filosófica y humana a la matriz de “invasión como acto de guerra”

ORLANDO VIERA-BLANCO
13/01/2026

En el debate internacional sobre la operación que llevó a la detención de Nicolás Maduro en EEUU se ha impuesto una narrativa simplista: una “invasión unilateral” que violaría la soberanía venezolana y el derecho internacional. Esta lectura, dominante en foros multilaterales, desconoce no sólo el arraigo constitucional y jurisprudencial del derecho de legítima defensa, sino también la evolución del derecho internacional penal en relación con actores estatales que cometen crímenes transnacionales de extrema gravedad.

Es cierto que la Carta de las NNUU consagra el principio general de no intervención y la prohibición del uso de la fuerza entre Estados (Art. 2.4) pilares de un orden mundial basado en la igualdad soberana de los Estados. Sin embargo, ese mismo orden reconoce excepciones que responden al despliegue de violencia sistemática y continuada contra la sociedad internacional.

La principal de ellas es el derecho inmanente de legítima defensa, consagrado en el Artículo 51 de la Carta de la ONU, que preserva el derecho individual o colectivo “si ocurre un ataque armado contra un Miembro de las Naciones Unidas”.

Es deber de los juristas, activistas y diplomáticos del mundo darle justa medida al concepto de agresión sistemática, proporcionalidad y legítima defensa. Cuando las sociedades inocentes mueren en manos del tirano al punto de no poder matarse más [Dixit Tolstoi, la Guerra y la Paz] la interpretación de la norma no puede ser exégeta, literal, ni rígida, sino espiritual, humanista, generosa e impostergablemente evolutiva.

El derecho de legítima defensa más allá del formalismo

El derecho de legítima defensa no nace con la Carta de las NNUU [1945]. La Carta reconoce y preserva un derecho ya existente en el derecho consuetudinario internacional.

La doctrina clásica y la práctica estatal han entendido que este derecho puede operar incluso cuando los actos criminales provienen de actores estatales o no, siempre que se configure una amenaza grave y sostenida contra la seguridad de un Estado y sus ciudadanos. La regla tradicional derivada del caso Caroline exige que la amenaza sea “instantánea, abrumadora y sin elección de medios ni tiempo para deliberación”, lo cual ha sido retomado por la práctica estatal moderna como estándar de respuesta legítima.

La sistemática implicación del Estado venezolano—o de estructuras paralelas a él—en actividades de narco-terrorismo que han generado muerte, desestabilización regional y sufrimiento humanitario puede ser interpretada como una forma de agresión prolongada que excede el simple delito internacional. Desde esta perspectiva, si un Estado constata que su seguridad y la de sus ciudadanos se ven permanentemente afectadas por acciones criminales coordinadas desde otro territorio, la respuesta defensiva puede adquirir un carácter legítimo dentro del marco del derecho internacional.

El Artículo 51 habla de un “derecho inmanente”, término deliberadamente escogido para subrayar que se trata de un derecho preexistente al tratado […] La tensión entre el Artículo 2(4) (prohibición del uso de la fuerza) y el Artículo 51 no es una contradicción, sino una arquitectura de equilibrio: la paz no se preserva protegiendo agresores, sino permitiendo la defensa frente a amenazas reales [ver infra, parágrafo in fine].

Lo que muchos analistas tradicionales olvidan es que la Carta no fue concebida para proteger a regímenes criminales bajo la bandera de la soberanía, sino para preservar la paz y la seguridad del sistema internacional. Excusar la aplicación de la legítima defensa en los requisitos de inmediatez o que la agresión sea un acto de guerra en los parámetros concebidos en la propia Carta, es un ejercicio de restricción peligrosa y anacrónica en un mundo global complejo, donde los estados no solo sufren agresiones por actos militares cuerpo a cuerpo, sino ataques del propio Estado cuando es cooptado por un régimen ocupacional y colaborador de alianzas totalitarias.

El abuso de la no intervención como blindaje impune para violaciones sistemáticas de derechos humanos y delitos internacionales, conduce a una paradoja inaceptable: proteger la soberanía del victimario a costa de la victimización de millones.

Genealogía histórica de la legítima defensa internacional y del derecho penal contra los crímenes de poder

La legítima defensa como principio pre-estatal del derecho de gentes es un asunto estudiado y aplicado desde los tiempos greco-romanos. La legítima defensa precede al Estado moderno. En el derecho natural clásico, ya en Cicerón (De Officiis), se afirmaba que “la defensa de la vida es un derecho que no nace de la ley escrita, sino de la naturaleza misma”. Esta noción fue retomada por Hugo Grocio-padre del derecho internacional moderno-quien en De Jure Belli ac Pacis sobre el derecho a la guerra y la paz sostuvo que los Estados, al igual que los individuos, conservan un derecho inherente a defenderse cuando su supervivencia o seguridad esencial se ve amenazada.

Grocio fue explícito al señalar que la guerra defensiva es justa no sólo frente a una agresión consumada, sino también frente a una amenaza cierta e inminente. Esta idea-controvertida en su tiempo—es el antecedente doctrinal directo de lo que hoy se conoce como legítima defensa anticipada o preventiva, base de debates contemporáneos sobre terrorismo y crimen transnacional.

La Revolución Francesa (1789) marca un quiebre decisivo. La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano afirmó que la soberanía reside en la Nación y no en el gobernante, y que existen derechos anteriores y superiores al Estado. Este principio introduce una idea revolucionaria: el poder político puede perder legitimidad jurídica cuando viola derechos fundamentales. Aquí nace la noción—todavía embrionaria—que ciertos crímenes no son “asuntos internos”, sino ofensas contra la humanidad misma.

El Tratado de Westfalia (1648) consagró el principio de soberanía estatal y la no injerencia en asuntos internos. Sin embargo, este principio nunca fue concebido como absoluto. Incluso en su formulación original la soberanía estaba condicionada a la capacidad del Estado de cumplir su función esencial: proteger a su población y mantener el orden (esencia del moderno postulado de la Responsabilidad de Proteger [R2P], lanzado por la diplomacia canadiense [2005] como base de tutela preventiva de protección de la humanidad, consagrado el capítulo VII y siguientes de la Carta de las NNUU. La soberanía ya no es control territorial del estado sino responsabilidad frente a la población.

Cuando un Estado se transforma en agente de violencia sistemática—o en plataforma de crímenes CONTRA LA HUMANIDAD más allá de sus fronteras—el fundamento moral y jurídico de su soberanía se erosiona. Esta tensión entre soberanía y justicia es el hilo conductor del derecho internacional moderno.

Napoleón y la exportación jurídica del orden

Napoleón Bonaparte-pese a su deriva imperial-dejó una herencia jurídica clave: el Código Napoleónico que consolidó la supremacía de la ley escrita, la responsabilidad penal individual y la igualdad formal ante la ley. Paradójicamente, mientras Napoleón usaba la fuerza para expandir su dominio, sentaba las bases del principio según el cual nadie—ni siquiera el soberano—está por encima de la ley. Este legado será crucial un siglo después, para juzgar a jefes de Estado por crímenes internacionales.

Y llegamos a los juicios de Nuremberg (1945-1946) que constituyen el punto de inflexión definitivo, precisamente para condenar a hombres de vocación napoleónica y absolutista, que atentan contra la especie humana bajo la bandera de la soberanía la raza, la ideología o la falsa revolución sanitaria e igualitaria.

Por primera vez, la soberanía y la obediencia debida fueron rechazadas como excusas para crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y conspiración criminal.

Núremberg legitima el principio según el cual el derecho penal internacional prevalece sobre la autoridad interna cuando esta se convierte en instrumento del crimen.

EEUU: Jurisdicción extraterritorial y orden judicial

En EEUU los tribunales han desarrollado bases jurídicas para el ejercicio de jurisdicción extraterritorial frente a delitos que afectan la seguridad nacional. La llamada “doctrina de protección” permite que un Estado ejerza jurisdicción penal sobre actos realizados fuera de su territorio que amenacen gravemente su seguridad, como conspiraciones de narcotráfico o terrorismo que lesionan a su población y sus instituciones. [Ver doctrina Ker-Frisbie y Caso EEUU vs. Alvarez Machain]. En estos casos los criminales fueron capturados fuera del territorio de EEUU y al ser llevados a los EEUU la corte determinó que no fue ilegal.

Así, cuando un juez federal emite una orden de arresto territorial para un jefe de Estado acusado de narco-terrorismo, lo que opera es una expresión del Estado de derecho frente a crímenes cuya violencia se proyecta más allá de fronteras. Negar esa posibilidad equivaldría a permitir que la inmunidad formal de un Gobierno se convierta en un amparo para la comisión impune de delitos que afectan a millones de inocentes. Sería un salto grave y peligroso a la impunidad. Los venezolanos lo hemos padecido crudamente.

El argumento de que la soberanía o la no intervención “patentan” derechos absolutos ignora la propia evolución del derecho internacional, especialmente desde la Declaración Universal de DDHH y posteriores instrumentos regionales. El derecho de los pueblos y de individuos a estar libres de violencia sistemática, genocidio, terrorismo y narcotráfico transnacional ha adquirido un peso propio dentro del derecho internacional consuetudinario y tratados posteriores.

¿Quién puede negar que en Venezuela no ocurrió un holocausto civil, social, político, económico, cultural y humanitario en los últimos 27 años?

Miles de muertos y asesinados por violencia de estado; miles de perseguidos, encarcelados, desaparecidos, ajusticiados, torturados, depauperados y millones de desplazados. No lo dice quién ahora escribe. Esta documentado en regios y fundamentados informes de Comisiones de Determinación de Hechos de las NNUU; en miles de incidencias y denuncias ante la Corte Penal Internacional y reportes del Alto Comisionado de los DDHH y la Oficina de Refugiados de la ONU.

Todos estos expedientes no pueden seguir siendo letra muerta sobre muertos y víctimas, por apelar a una interpretación limitada y restrictiva de la legítima defensa.

Más allá de la “invasión”: la protección de los pueblos

La evolución del derecho internacional penal—desde las experiencias de Núremberg hasta el Estatuto de Roma (1998)— ha consolidado que la responsabilidad penal internacional recae sobre los individuos-incluidos los jefes de Estado-cuando cometen crímenes que lesionan gravemente a la comunidad internacional.

La Corte Penal Internacional (CPI) fue diseñada con dos pilares fundamentales: i.-Responsabilidad penal individual: nadie está por encima de la ley; ii.-Complementariedad: la acción internacional es procedente cuando el Estado no actúa o es ineficaz. Aún esperamos #QueHayaJusticiaEnLaHaya.

En la práctica académica, juristas como Antonio Cassese han sostenido que el derecho penal internacional no sólo castiga crímenes tradicionales (genocidio, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad) sino que la estructura jurídica contemporánea reconoce la necesidad de acciones efectivas contra conductas que generan daños sistemáticos a poblaciones enteras. La responsabilidad ante atrocidades de Estado y crímenes transnacionales no es solo un argumento jurídico, sino también filosófico.

Hannah Arendt, en su obra sobre la banalidad del mal, demuestra que la obediencia acrítica a la autoridad puede convertir instituciones estatales en mecanismos de violencia sistemática. Para Arendt la responsabilidad moral del actor no se disuelve porque actúe en nombre de la soberanía estatal […] Immanuel Kant, en La Paz Perpetua, argumenta que un orden internacional legítimo requiere que los Estados se sujeten a principios de derecho que trascienden el mero interés soberano, incluyendo la protección de la libertad humana universal (derechos individuales que no pueden ser sacrificados en nombre de la soberanía).

Jürgen Habermas ha defendido la idea de que el derecho internacional debe evolucionar hacia una forma de constitucionalización supranacional, donde los DDHH y la protección de individuos frente a su propio Estado se sitúen en el centro del orden jurídico global […] Hans Kelsen planteó que la soberanía tradicional no puede ser un absoluto; el derecho internacional, al instituir normas superiores a los Estados, pone límites al ejercicio de la fuerza unilateral. Kelsen argumentaba que “la primacía del derecho internacional excluye la soberanía estatal absoluta”, situando al derecho por encima de las reivindicaciones arbitrarias de soberanía.

Los Venezolanos lo hicimos todo. Y lograremos la paz perpetua

En los ideales de vida, libertad y paz legítima, reposa el deber moral, académico, humano y profesional de promover ideas pro vida, libertad, paz y dignidad, que permitan comprender y aplicar la normativa internacional cuando el totalitarismo y la tiranía no ofrecen otra salida.

Los venezolanos los hemos hecho todo para defendernos de agresiones incluso más graves que un conflicto armado, simuladas de orden revolucionario. Hemos marchado, negociado, votado, resistido y muerto a quema ropa, impunemente. Frente a esta realidad hablar de “no intervención, actos ilegítimos de guerra o invasión, es jurídica y humanitariamente incorrecto. Es inhumano. Personalizar el debate sobre ser pro o contra Trump, imperialista o no imperialista, la guerra y la paz o la igualdad soberana de las naciones, es reducir la realidad de una población sensiblemente indefensa, reprimida y desplazada donde el denominado orden público internacional, no le dio respuesta.

El concepto tradicional de agresión—una guerra convencional entre Estados—no refleja las amenazas actuales: terrorismo transnacional, narcotráfico institucionalizado y redes criminales estatales desafían la definición clásica.

El derecho internacional, a través de prácticas y jurisprudencia, está reconociendo formas ampliadas de “agresión estructural”.

Tradicionalmente, la agresión se definía como invasión militar clásica. Hoy esa definición resulta insuficiente. El uso sistemático del narcotráfico, del terror y de la migración forzada como instrumentos de poder constituye una forma moderna de agresión que afecta la paz y seguridad internacionales. En este contexto, la legítima defensa debe ser entendida no sólo como respuesta a tanques y misiles, sino como respuesta proporcional a amenazas criminales estructurales, especialmente cuando estas emanan o son toleradas por el aparato estatal.

En definitiva, la narrativa de “invasión” simplifica una realidad compleja. La Guerra y la paz no glorifica la violencia, pero explica «como los hombres [Tolstoi] los estados y la historia terminan aceptando la muerte y la guerra como instrumentos para alcanzar un orden que llaman paz”. Así cuando la razón calla, lamentablemente quien habla es la fuerza.

La gloria no es obediencia ciega [Dixit Hannah Arendt]. La obediencia a la violencia desmedida, al tiempo que genera miedo, costumbre y habituación a la sumisión, también trae consciencia a perder o dar la vida, por volver a vivir y ser libres. Y así comienza la paz verdadera: cuando nadie más puede aceptar la muerte, al punto de no importarle morir por soñar vivir en paz. Es importante subrayar que mal puede existir un ataque contra un Estado Soberano, cuando no existe Estado ni existe soberanía por ilegítima.

Lo que ocurrió fue un acto de enforcement contra un reo de la justicia penal de un estado soberano, agredido por comportamientos narco-terroristas.

Ya lo decía Baruch Spinoza:“La Paz no es ausencia de guerra, sino una virtud que nace de la fortaleza del alma”. Venezuela demostró ante el mundo de que fibra está hecha, huella perenne de historia y pasión libertaria: Un alma llanera cuya fortaleza no cede al miedo, y prefirió jugarse la vida, que aceptar vivir así. Es la fortaleza del alma llanera, fuerza legitimadora de la paz perpetua.

Liberen a todos los presos políticos…Paz es libertad.

@ovierablanco vierablanco@gmail.com

Hace muchos años, podíamos asistir a conciertos públicos y privados de alto nivel con artistas internacionales de gran calidad. Cómo olvidar el Caracas Pop Festival del 2001 y 2002, en el que vinieron numerosos cantantes internacionales a presentarse en vivo sobre la tarima frente a todos nosotros.

Así Era Venezuela

Los artistas que se presentaron en el 2001, en el Esatadio Olímpico de la UCV fueron: Ignacio Peña, UFF, Malanga, Caramelos de Cianuro, Wahala, Desorden Público, Los Amigos Invisibles, Maná, Rubén Blades, Christina Aguilera, Five, Sting, Collective Soul, Sheryl Crow y Oasis

Para el 2002, una nueva locación daría vida cerca de Guatire en el llamado «Valle del POP» y verían acción: Candy66, Ignacio Peña, Témpano, Caramelos de Cianuro, Ratones Paranoicos, Los Amigos Invisibles, La Ley, Korn, Static-X, Paulina Rubio, Roger Waters, No Doubt, Alanis Morissettey
Papa Roach.

Había para todo los gustos, venían estrellas de la salsa como Rubén Blades, y también llegamos a ver a grupos como No Doubt cantando su éxito «Don´t Speak»y dejando al pueblo venezolano alucinando con su talento.

Sting y Oasis no faltaron a esta cita maravillosa en la que todas estas estrellas internacionales de calidad, nos entretenían de la mejor manera con sus interpretaciones.

Pero no solo había talentos extranjeros, también estaba el exitoso grupo rockero de los Caramelos de Cianuro, con su «Verónica» y «su clásico «El Martillo» y sus «Sanitarios» que hacían delirar a los más jóvenes de esa época.

Y ni que decir del Desorden Público, que para ese entonces ya llevaba dos generaciones siendo imbatible y manteniendo la polémica que siempre crean con sus temas críticos contra los gobiernos.

El Caracas Pop Festival era un evento que traía a los mejores intérpretes para que el pueblo los disfrutara con entradas a precios bastante accesibles para la época.

El 13 de enero se celebra el Día Mundial de Lucha contra la Depresión, un trastorno emocional que afecta a más de 300 millones de personas en el mundo, siendo considerada como la primera causa mundial de discapacidad.

Por: Día Internacional de

La depresión incide notablemente en las tasas de mortalidad y morbilidad. Impacta a personas de todas las edades y de manera muy significativa a adolescentes y personas de la tercera edad.

¿Por qué se celebra un día contra la depresión?

Con la proclamación de este día se pretende sensibilizar, orientar y prevenir a la población a nivel mundial sobre esta enfermedad, cuyas cifras aumentan de manera desproporcionada en el mundo.

Entre los principales rasgos característicos de la depresión se destacan tristeza permanente, pérdida de interés o placer en las actividades de la vida cotidiana (anhedonia), aislamiento, trastornos del sueño y del apetito, falta de concentración y sensación de cansancio.

En cualquier caso, se requiere atención médica especializada para su oportuno diagnóstico y tratamiento. No se trata de un simple decaimiento en el estado de ánimo o emocional, ya que puede conllevar al surgimiento de otras enfermedades como estrés, fobias, ansiedad, trastornos obsesivos y en el peor de los casos conducir al suicidio.

Influye notablemente la composición genética y el funcionamiento de los neurotransmisores cerebrales, definidos como aquellas sustancias químicas que ayudan a la transmisión de mensajes entre las células nerviosas del cerebro.

Causas de la depresión

Las causas que originan la depresión son múltiples, siendo las más comunes las siguientes:

  • Antecedentes personales y/o familiares con cuadros depresivos.
  • Composición química, genética y hormonal.
  • Exposición a situaciones estresantes y traumas.
  • Problemas económicos.
  • Situación laboral o desempleo.
  • Pérdida o enfermedad de un ser querido o mascota.
  • Rupturas sentimentales, divorcios.
  • Enfermedades preexistentes que pueden provocar síntomas depresivos, como el hipotiroidismo, la mononucleosis, entre otras afecciones.
  • Presiones de tipo social como el bullying (acoso escolar), cyberbulling (acoso por redes sociales) o mobbing (acoso laboral).

Tipos de depresión y síntomas más frecuentes

A continuación mencionamos los principales tipos de depresión, los cuales se diferencian por su duración y evolución, afectando el desempeño de actividades rutinarias y relaciones interpersonales, desde el punto de vista emocional, conductual, cognitivo y somático.

En todos los casos se precisa atención médica y terapéutica especializada, para su debido control y seguimiento:

Trastorno depresivo grave o trastorno depresivo mayor: este tipo de depresión es considerado como el más grave, ya que es prolongado en el tiempo y con posibilidad de episodios repetitivos. Afecta las actividades diarias como comer, dormir, así como la concentración. Se requiere de tratamiento farmacológico y terapia psicológica.

Trastorno depresivo persistente o distimia: es un tipo de depresión moderada, con los siguientes síntomas: pérdida de interés en las actividades normales, cambios en el sueño, baja autoestima, desesperanza, inapetencia, falta de energía y de concentración. El tratamiento incluye el uso de medicamentos y la terapia conversacional.

Depresión postparto: se diagnostica en el primer mes siguiente al nacimiento o alumbramiento. Los principales síntomas son insomnio, irritabilidad, desapego con el bebé, pérdida de apetito. El tratamiento se basa en terapia, antidepresivos y terapia hormonal.

Trastorno afectivo estacional: se produce generalmente durante la estación invernal, coincidiendo con la reducción de horas de sol. Los síntomas característicos son desesperanza y retraimiento social. Se requiere la aplicación de fototerapia, medicamentos y terapia conversacional.

Depresión psicótica: se caracteriza por la presencia de alucinaciones o episodios psicóticos con sentimientos de desesperanza, inutilidad o culpa, fatiga constante, retraimiento social e irritabilidad. Se requiere de un tratamiento farmacológico, conjuntamente con terapias psicológicas.

Enfermedad maniaco depresiva o trastorno bipolar: es un trastorno permanente que genera cambios cíclicos en el estado de ánimo, con altos emocionales (manía o hipomanía) y sentimientos de tristeza o depresión. El tratamiento incluye medicamentos estabilizantes del humor, antipsicóticos, antidepresivos y psicoterapia.

¿Cómo superar la depresión?

Superar un episodio depresivo requiere orientación médica especializada y apoyo por parte del entorno afectivo y familiar de la persona afectada. Mencionamos algunos consejos y recomendaciones para conllevar un proceso depresivo:

¡Exprésate! Siempre es importante buscar información y ayuda de cualquier índole: médica, terapéutica, afectiva, religiosa.

Sigue todas las indicaciones médicas y terapéuticas.

Adopta hábitos de vida saludables, mediante una alimentación balanceada, evitando el consumo de bebidas alcohólicas y estupefacientes, hacer actividad física y no fumar.

Aceptar, asimilar y concientizar que es un periodo temporal y no permanente, viviendo el presente y enfocando la atención en buscar estrategias adecuadas para superar la depresión ¡Siempre activo!

Hay que mantener una actitud firme ante las dificultades y contratiempos, procurando ejercer el control sobre nuestras emociones y evaluando de manera objetiva las situaciones.

Participa en grupos de apoyo o en actividades deportivas, recreativas o terapéuticas.

Cualquier persona es susceptible a pasar por un episodio depresivo, el cual puede ser imperceptible en la mayoría de los casos. La depresión es un trastorno que se puede diagnosticar a tiempo, siendo importante mantenerse informado y buscar la orientación necesaria sobre este tema tan sensible.

El 7 de enero de 2026, Marco Rubio, secretario de Estado, compareció ante el Congreso estadounidense para explicar la hoja de ruta que la Casa Blanca diseñó para el «día después en Venezuela», bajo la premisa expuesta por Donald Trump: «Vamos a administrar el país hasta que podamos hacer una transición segura, adecuada y juiciosa».

Por: Ramón Cardozo – DW

Rubio explicó a los legisladores que se habían establecido tres etapas: primero «estabilización», luego «recuperación» y, por último, «transición», con la salvedad de que «parte de esto se solapará».

La implementación de esta hoja de ruta se llevaría a cabo con la vicepresidenta del régimen, Delcy Rodríguez, como figura operativa, mientras la oposición democrática parece quedar al margen hasta la tercera etapa.

Legitimidad democrática, en último plano

La primera etapa, señaló Rubio, busca evitar que el país «caiga en el caos». Bajo esa lógica justificó el mantenimiento de la «cuarentena petrolera» y anunció que Washington tomaría entre 30 y 50 millones de barriles de crudo venezolano previamente sancionado para venderlos «a precios de mercado» y controlar la distribución de los fondos, de modo que no vayan «a la corrupción ni al régimen».

La segunda etapa es la de «recuperación», entendida como «asegurar que las empresas estadounidenses, occidentales y de otros países tengan acceso al mercado venezolano de forma justa». Rubio también se refirió a un proceso de «reconciliación nacional», que permitiría reconstruir la sociedad civil. Solo al final de este proceso se ubica el tercer escalón: «la transición» hacia la democracia.

Esta secuencia relega la legitimidad democrática al último plano, abriendo la posibilidad de que se tomen decisiones estructurales que condicionarán el futuro del país, sin que ellas cuenten con la participación de autoridades legítimamente representativas del pueblo venezolano. Se trata de una secuencia que obedece a un «criterio político», que debe ser analizado con mucho detenimiento.

Los temores de los inversionistas estadounidenses

El componente económico de la segunda etapa en la hoja de ruta —asegurar el acceso de las empresas estadounidenses al mercado venezolano— no tardó en traducirse en acciones concretas.

El 9 de enero, Donald Trump convocó a una reunión a puerta cerrada en el Salón Este de la Casa Blanca con ejecutivos de las compañías energéticas más grandes de los Estados Unidos para persuadirlos de que invirtieran los más de 100.000 millones de dólares que se estiman necesarios para reconstruir y reactivar el sector petrolero venezolano.

La respuesta de los asistentes, según reportes de prensa, fue bastante cautelosa y escéptica. Los directivos de la industria petrolera expresaron reservas y señalaron los múltiples riesgos —legales, financieros y políticos— que suponen invertir en las condiciones actuales de Venezuela.

La inestabilidad política, las sanciones que aún pesan sobre el sector petrolero, las deudas existentes, la necesidad de garantías financieras, el estado de derecho y el marco legal venezolano vigente, fueron algunos de los principales obstáculos señalados por los empresarios.

El chavismo anuncia reforma integral del marco legal venezolano

Es previsible que Washington ya hubiera anticipado estas exigencias. Según nota de Reuters, dos fuentes habrían señalado que «funcionarios estadounidenses —entre ellos el secretario de Estado, Marco Rubio— en conversaciones con Delcy Rodríguez, plantearon que las empresas norteamericanas requieren contratos favorables para volver a Venezuela, debido al temor por los riesgos legales y financieros que implica invertir en el país».

El 8 de enero, un día antes de que Trump anunciara su encuentro con las petroleras, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional chavista y hermano de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, informó que el legislativo emprendería «una reforma integral del marco legal venezolano».

Este ambicioso proyecto, emprendido por un régimen que «presuntamente” avanza hacia un proceso de transición, busca concentrar y sistematizar la normativa del país a través de la creación de ocho grandes códigos que abarcarán las áreas civil, penal, electoral, política, social y económica.

Entre los nuevos instrumentos destacan el Código de Democracia Directa y de Afianzamiento del Poder Popular, el Código Penal Popular y el Código Económico y de Comercio Productivo, el cual concentrará toda la legislación económica y comercial, incluyendo la modernización del marco legal para las relaciones comerciales.

Precisamente, este último se perfila como el vehículo para que el régimen chavista tutelado introduzca las reformas que demandan los futuros inversionistas. En este compendio podrían entrar reformas críticas como las modificaciones a la Ley Orgánica de Hidrocarburos, a la Ley de Hidrocarburos Gaseosos, a la Ley de Protección de Inversiones, a la Ley de Contrataciones Públicas, junto con la derogación de la Ley Antibloqueo.

¿Quién puede comprometer al país?

Aunque el oficialismo encabezado por Delcy y Jorge Rodríguez se prepara para reescribir el andamiaje legal en materia económica y energética —como lo sugiere la anunciada iniciativa para la creación del Código Económico y de Comercio Productivo— y para una futura suscripción de acuerdos, la validez y conveniencia de estas acciones, emprendidas por un gobierno sin legitimidad democrática, y bajo tutela extranjera, genera profundas dudas.

Estas dudas surgen incluso dentro del propio mundo empresarial norteamericano. Amos Hochstein, socio director del grupo de inversión TWG Global, las resume con claridad: «Las empresas estadounidenses necesitan saber quiénes son sus contrapartes. ¿Están firmando acuerdos con el Gobierno venezolano? ¿Es legítimo el Gobierno venezolano?»

La respuesta a esta duda por parte de reconocidos juristas venezolanos, como el Dr. Asdrúbal Aguiar, ex magistrado de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y secretario general del Grupo IDEA, es categórica: «Nicolás Maduro carecía de legitimidad de origen para el ejercicio de un gobierno, obviamente esa misma falta de legitimidad arrastra a la vicepresidente y al resto de sus ministros que ejercen el poder desde el punto de vista netamente fáctico».

En igual condición de ilegitimidad se encuentra la Asamblea Nacional chavista, electa en mayo de 2025. El proceso, desarrollado bajo el control total del régimen ilegítimo de Nicolás Maduro, estuvo marcado por una abstención masiva, una gestión opaca y parcializada del árbitro electoral, la persecución de adversarios y severas restricciones a las libertades fundamentales. Distintos gobiernos, incluyendo el de Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Europea, calificaron este proceso como un acto carente de validez democrática.

La transición no puede esperar a la recuperación

En estos 26 años de gestión, el chavismo destruyó la industria petrolera venezolana, un sector que durante gran parte del siglo XX figuró entre los más eficientes del mundo.

Su recuperación técnica y financiera exige capital y tecnología que el país no posee actualmente. Tal y como han planteado los programas de la oposición democrática, esa recuperación pasa por reabrirse a los socios occidentales y a la inversión extranjera. El debate no es la apertura, sino quién posee la legitimidad para comprometer los recursos estratégicos de la nación.

En los últimos años, el petróleo y el gas han concentrado más del 90 por ciento de las exportaciones venezolanas y son la principal fuente de ingresos del Estado. Pero su peso no es solo fiscal: desde mediados del siglo XX, el sector energético estructura la economía venezolana y ha sido la palanca del desarrollo en el país. Por eso, comprometer esos recursos mediante reformas legales y convenios de largo plazo es una decisión soberana que solo la puede asumir un gobierno con mandato popular.

Delegar esa tarea en manos de quienes destruyeron la industria y, además, carecen de legitimidad democrática constituye un contrasentido político y un riesgo jurídico. Implica imponer a Venezuela, sin representación legítima, decisiones estructurales que condicionarán su futuro económico, obligando a la democracia futura a convalidar hechos consumados.

Si se quiere que la recuperación sea estable en el tiempo y con aceptación social, la transición hacia la democracia debería preceder al proceso de reconstrucción. O, en todo caso, ambas etapas deben avanzar en forma simultánea.

Los familiares de los presos políticos en Venezuela cumplen este lunes (12.01.2026), entre la fe y la impaciencia, la quinta noche de espera de nuevas excarcelaciones como parte del proceso de liberación de un «número importante» de personas anunciado el pasado jueves por las autoridades.

DW

Los parientes de los detenidos denuncian que, de momento, son «muy pocos» los que han salido e insisten en que «todos» deben ser liberados.

Desde el jueves, más de cincuenta han sido excarcelados, según organizaciones no gubernamentales y de oposición, mientras que el Gobierno asegura que 116 personas fueron liberadas.

Entretanto, decenas de familiares se encuentran en las afueras de la cárcel de El Rodeo I, en una zona cercana a Caracas, donde Aurora Silva, esposa del exdiputado opositor Freddy Superlano, quien está recluido en ese recinto, aseguró a EFE que hay «impaciencia y descontento», pero también «esperanza» de que estén «en libertad muy pronto».

«Nosotros esperamos que en las próximas horas, en los próximos días, sean las liberaciones totales de todos los presos políticos, porque realmente son muy pocos los que han liberado hasta ahora», dijo.

El diario local El Nacional reportó que decenas de familias se instalaron en unas 15 tiendas de campaña a pocos pasos de El Rodeo I, ubicado en una ciudad dormitorio a una hora de Caracas.

La ONG Foro Penal, que hasta este domingo computaba poco más de 800 presos políticos, confirmó hasta las 21:15 horas de este lunes (02:15 CET del martes) la excarcelación de 56 personas, mientras que la mayor coalición opositora, la Plataforma Unitaria Democrática (PUD), registró hasta las 21:10 hora local (02:10 CET del martes) un total de 73.

Piden información verificable

El Ministerio para el Servicio Penitenciario informó temprano este lunes de «116 nuevas excarcelaciones», pero no dio detalles en el comunicado, donde señaló que estas medidas «han beneficiado a personas privadas de libertad por hechos asociados a alterar el orden constitucional y atentar contra la estabilidad de la nación».

Además, indicó que estas actuaciones «dan seguimiento a la revisión integral de causas, iniciada voluntariamente por el presidente constitucional Nicolás Maduro» -capturado por Estados Unidos el pasado 3 de enero junto con su esposa, Cilia Flores- y continuada por la mandataria encargada, Delcy Rodríguez, quien este lunes cumplió una semana en el cargo.

La ONG Justicia, Encuentro y Perdón (JEP) pidió a través de X que el proceso se desarrolle «con plena transparencia, información verificable y sin dilaciones».

Más temprano, en las adyacencias de El Helicoide, sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) en Caracas, Mayra Morales, hermana de Ricardo Fonseca, dijo a EFE que están en el lugar «desde el día uno (8 de enero)», con «mucha fe» de que «liberen a todos los presos políticos», incluyendo a su familiar, del que aseguró no sabe nada desde hace seis meses.

Vigilia en la frontera colombo venezolana

 Con una vigilia a la luz de velas, familiares de los colombianos presos en Venezuela expresaron este lunes, en uno de los puentes fronterizos, su esperanza de que los detenidos sean incluidos en las liberaciones que hace el Gobierno del país vecino.

Bajo la consigna ‘Acompaña a los familiares de los presos políticos’, decenas de personas se congregaron en el puente internacional Simón Bolívar para exigir la liberación de 19 colombianos que, según aseguran, permanecen injustamente tras las rejas en cárceles venezolanas desde hace años.

Del lado colombiano del puente, las familias cubrieron el piso con fotografías de los detenidos y con pancartas clamaron por su libertad, que esperan ansiosas desde que la semana pasada las autoridades venezolanas empezaron a liberar presos, entre ellos cinco españoles y dos italianos.

Un tribunal federal de Nueva York sentenció este lunes a cadena perpetua más 30 años de prisión Carlos Eduardo Orense Azócar, uno de los principales operadores del narcotráfico venezolano y figura central de la organización terrorista Cartel de los Soles.

Infobae

Orense Azócar fue hallado culpable de conspirar para importar cientos de toneladas de cocaína a Estados Unidos, en asociación con altos mandos militares, policías y funcionarios del régimen venezolano.

La condena fue dictada por el juez Vernon S. Broderick tras un juicio de dos semanas en el que la Fiscalía presentó pruebas de la estrecha relación de Orense Azócar con la estructura estatal venezolana.

Carlos Orense Azócar es uno de los traficantes de cocaína más prolíficos jamás sentenciados en este tribunal, responsable de la distribución de cientos de toneladas de cocaína a Estados Unidos”, afirmó el fiscal Jay Clayton, quien subrayó el “daño incalculable” causado a la sociedad estadounidense por las actividades del condenado.

Orense Azócar, apodado “Tornapool” o “El Gordo Orense”, dirigía una organización criminal que operaba en el estado Apure y otras regiones fronterizas de Venezuela, desde donde coordinaba el almacenamiento y envío de grandes cargamentos de droga.

Utilizaba fincas y aserraderos como centros logísticos, donde ocultaba la cocaína en tanques subterráneos y en cargamentos de madera, una técnica empleada para disimular el olor del estupefaciente. “Era parte de un sistema político corrupto que permitió que su negocio de drogas prosperara”, señaló la fiscal Kaylan Lasky ante el jurado.

Las operaciones de Orense Azócar incluían rutas aéreas y marítimas que conectaban Venezuela con México, la República Dominicana y otros destinos del Caribe, utilizando aviones con transpondedores fraudulentos y lanchas rápidas.

Para garantizar el libre tránsito de los cargamentos, pagaba sobornos a generales del ejército, comisionados de policía y funcionarios de inteligencia.

El acusado los compró y pagó todos con el dinero más sucio de la droga”, agregó Lasky.

La investigación reveló que la protección estatal no solo le facilitaba acceso a armamento militar y a pistas clandestinas, sino que también le ofrecía impunidad frente a operativos policiales y militares. La organización de Orense Azócar mantenía alianzas con grupos armados colombianos y venezolanos, que colaboraban en la producción y el transporte de la droga por la frontera. Además, disponía de equipos armados con fusiles automáticos, subametralladoras y vehículos blindados, y llegó a emplear ametralladoras calibre .50 para custodiar sus rutas.

La Fiscalía estadounidense documentó que Orense Azócar distribuyó cientos de toneladas de cocaína y acumuló decenas de millones de dólares mediante sus actividades ilícitas. Además, el juicio expuso conexiones con altos ejecutivos de la industria petrolera estatal, incluyendo un ex directivo de Citgo, que habría ayudado a lavar dinero del narcotráfico a mediados de los años 2000.

Orense Azócar fue un capo criminal que construyó un imperio sobre la base de la corrupción, el fraude y el soborno”, declaró el director de la DEA, Terrance C. Cole.

“La decisión de hoy deja claro que la DEA perseguirá y llevará ante la justicia a los narcotraficantes internacionales, sin importar cuán poderosos se crean”, añadió.

Durante el proceso, Orense Azócar intentó defender su inocencia ante los cargos de conspiración para importar narcóticos y posesión de armas de fuego. Sin embargo, las pruebas presentadas, incluidos testimonios de testigos y documentos incautados, demostraron la estructura jerárquica y el apoyo institucional que le permitieron operar durante años con total impunidad en Venezuela y la región.

La sentencia marca un hito en la lucha contra el narcotráfico transnacional y expone la profundidad de la relación entre organizaciones criminales y el aparato estatal venezolano. Orense Azócar permanecerá bajo custodia federal en Estados Unidos, donde deberá cumplir la condena impuesta por la justicia estadounidense.

WP Twitter Auto Publish Powered By : XYZScripts.com
Scroll to Top