Morfema Press

Es lo que es

Armando Esteban Quito

La izquierda latinoamericana no tiene un problema de información.
Tiene un problema de honestidad intelectual.

Porque si algo quedó brutalmente expuesto con Venezuela es que los derechos humanos, para muchos, no son un principio: son un recurso retórico. Se usan cuando el victimario es ajeno y se archivan cuando el victimario es propio.

Ahí está la escena obscena: indignación eterna con las dictaduras del pasado —justificada, necesaria— y silencio cómplice frente a una dictadura viva, activa y feroz.

Venezuela.

No fue un presidente. Fue un impostor con poder armado.

No cayó un presidente democrático.
No fue derrocado un gobierno legítimo.
No hubo golpe.

Fue detenido el jefe de un régimen cívico-militar, sostenido por la fuerza, el fraude y el terror.

Hablar de “intervención” es una mentira deliberada. En Venezuela no había institucionalidad que defender. Había un poder usurpado, elecciones robadas, presos políticos, tortura sistemática y un éxodo de dimensiones bíblicas.

Ocho millones de personas huyeron de su país.
Ocho millones.

Eso no lo produce una “democracia imperfecta”.
Eso lo produce una dictadura.

El escándalo no es la detención. Es el silencio previo.

La hipocresía no empieza ahora. Empieza mucho antes.

Empieza cuando durante años no dijeron una palabra por:
•los opositores encarcelados
•los estudiantes reprimidos
•los periodistas perseguidos
•los militares que disparaban contra civiles
•los venezolanos caminando miles de kilómetros para sobrevivir

Ahí no había marchas.
Ahí no había comunicados.
Ahí no había indignación.

Pero hoy, cuando el responsable máximo es detenido, aparecen los defensores de la “soberanía”, el “diálogo” y la “paz”.

No es pacifismo.
Es cinismo.

El cuento del petróleo

Ahora se preocupan por el petróleo venezolano. Los mismos que jamás se preocuparon por los venezolanos.

Cuando Rusia y China manejaban el poder real del país, la soberanía no importaba.
Cuando se robaban elecciones, el diálogo no importaba.
Cuando se violaban derechos humanos, el respeto institucional no importaba.

Pero hoy, de golpe, todo eso es un drama.

No es preocupación por Venezuela.
Es duelo ideológico.

El festejo que los delata

Mientras millones de venezolanos en el mundo festejan el fin de quien los sometió durante años, acá se repudia la detención. No por amor a la democracia, sino por fidelidad a un relato que ya no resiste los hechos.

La izquierda que alguna vez dijo “Nunca Más” hoy practica el “depende”.

Depende de quién torture.
Depende de quién robe elecciones.
Depende de quién oprima.

Y cuando los principios dependen, dejan de ser principios.

El espejo final

La historia es cruel con los cómplices. No con los que se equivocan, sino con los que eligen callar cuando el verdugo les resulta simpático.

No se puede condenar a Videla y justificar a Maduro.
No se puede hablar de derechos humanos con excepciones.
No se puede defender al pueblo sólo cuando coincide con la ideología.

Esta vez, la careta se cayó.

Y lo que quedó a la vista no fue preocupación por Venezuela,
sino nostalgia por una dictadura.

Eduardo Feinmann
Abogado, Periodista. Analista Político
@EduFeiOK

Stephen Miller, asesor de seguridad nacional de Estados Unidos y uno de los hombres más cercanos a Donald Trump, aseguró este lunes que el régimen de Venezuela ha enviado “mensaje tras mensaje” a altos funcionarios de Estados Unidos comprometiéndose acumplir las “condicionesdemandas requisitos” impuestos por Washington tras la captura de Nicolás Maduro. Según el funcionario, esos contactos privados confirman que Caracas acepta los términos fijados por la Casa Blanca como parte del proceso de transición posterior a la operación militar estadounidense.

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“Sin revelar nada, quiero ser muy claro: el Gobierno de Venezuela ha enviado mensajes al secretario de Estado y a nuestros negociadores de alto nivel dejando en claro que cumplirán los términos, demandas, condiciones y requisitos de Estados Unidos”, dijo Miller en declaraciones televisivas. El funcionario enmarcó esos contactos como una consecuencia directa de la presión militar, económica y diplomática ejercida por Washington en los últimos meses.

Las afirmaciones de Miller se produjeron en una entrevista con CNN, donde sostuvo que Estados Unidos está “a cargo” de Venezuela debido a la presencia militar estadounidense desplegada frente a sus costas. Según explicó, esa posición de fuerza permite a Washington fijar las reglas del proceso político y económico posterior a la caída del dictador chavista.

Por definición, estamos a cargo, porque tenemos a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos estacionadas fuera del país. Nosotros establecemos los términos y las condiciones”, afirmó. Miller añadió que el control efectivo sobre sectores clave de la economía venezolana funciona como un mecanismo de presión adicional para garantizar que el nuevo liderazgo cumpla con lo exigido por la administración Trump.

El asesor detalló que, para que Venezuela pueda reactivar su economía y retomar el comercio internacional, necesita la autorización de Washington. “Para comerciar, necesitan nuestro permiso. Para poder dirigir una economía, necesitan nuestro permiso. Estados Unidos está a cargo”, sostuvo. Estas declaraciones refuerzan la idea de que la Casa Blanca busca condicionar de manera directa el rumbo económico del país sudamericano durante la transición.

El contexto inmediato de estos contactos es la operación militar estadounidense que culminó con la captura de Maduro y su esposa, ambos actualmente detenidos en Nueva York. Miller describió la ofensiva como el desenlace de meses de presión, que incluyeron el despliegue de una de las mayores flotas navales frente a la costa venezolana, patrullas aéreas permanentes y ataques contra embarcaciones vinculadas al narcotráfico y a la banda criminal Tren de Aragua.

A esa estrategia se sumó, según el funcionario, un embargo total sobre lo que denominó la “flota fantasma” de buques petroleros utilizados para eludir sanciones. El objetivo, explicó, fue aislar económicamente al régimen y privarlo de recursos mientras se estrechaba el cerco militar.

Miller también afirmó que, durante la operación en Caracas, las fuerzas estadounidenses se enfrentaron a guardias armados de origen cubano. Según su relato, la mayoría de las bajas se produjeron entre esos efectivos. La dictadura de Cuba reconoció el domingo que 32 de sus ciudadanos murieron durante el operativo, una cifra que Miller calificó como “probablemente inferior al número real”. El funcionario aseguró que los militares estadounidenses heridos se encuentran estables y negó tener informes sobre víctimas civiles.

En paralelo, Miller descartó de plano la posibilidad de que Estados Unidos impulse a la líder opositora María Corina Machado como presidenta o jefa interina de Venezuela. Calificó esa opción de “absurda y descabellada” y sostuvo que ni las Fuerzas Armadas ni los cuerpos de seguridad venezolanos la reconocerían como autoridad legítima. “No es una pregunta seria”, dijo.

Las declaraciones del asesor reflejan una visión abiertamente unilateral de la política estadounidense hacia Venezuela. Miller defendió que Washington está utilizando su poder militar para asegurar sus intereses estratégicos en el hemisferio occidental “sin pedir disculpas”. En ese marco, invocó tanto la Doctrina Monroe como lo que denominó la Doctrina Trump, centradas —según explicó— en impedir que países de la región se conviertan en proveedores de recursos o aliados estratégicos de potencias rivales de Estados Unidos.

El funcionario contrastó esta estrategia con las intervenciones estadounidenses en Medio Oriente durante las últimas décadas. “Durante años enviamos a nuestros soldados a morir en desiertos lejanos para intentar construir parlamentos y democracias”, dijo, al tiempo que defendió un giro hacia una política exterior enfocada en resultados tangibles para los intereses nacionales estadounidenses.

Pese al tono duro, Miller aseguró que el objetivo declarado de Washington es garantizar “seguridad y estabilidad” para la población venezolana. Con el apoyo y el liderazgo de Estados Unidos, afirmó, el país podría alcanzar un nivel de prosperidad sin precedentes. “Los venezolanos serán más ricos, más seguros y estarán mejor”, prometió.

Por ahora, la Casa Blanca insiste en que la prioridad es gestionar una transición “cuidadosa y reflexiva” que asegure un futuro estable para Venezuela y, al mismo tiempo, consolide la posición estratégica de Estados Unidos en la región. Las conversaciones privadas mencionadas por Miller sugieren que Washington confía en que su presión ya está produciendo los resultados que busca, aunque los detalles de los compromisos asumidos por las autoridades venezolanas siguen sin hacerse públicos.

El presidente Donald Trump aseguró este lunes que la operación militar estadounidense que derrocó al dictador venezolano Nicolás Maduro se llevó a cabo sin la participación del círculo cercano del líder chavista, aunque reconoció que “muchos querían hacer un acuerdo” para facilitar la transición.

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La declaración se produjo pocas horas después de la captura de Maduro y su traslado a Nueva York para enfrentar cargos de narcoterrorismo y tráfico de armas.

Trump explicó en una entrevista con NBC News que el arresto del dictador no contó con comunicación previa con Delcy Rodríguez, quien fue juramentada este lunes por la Asamblea Nacional como jefa del régimen chavista.

No, eso no es el caso”, dijo Trump sobre una eventual coordinación con Rodríguez.

Señaló además que la dirigente chavista “ha estado cooperando” con funcionarios estadounidenses.

Pronto determinaremos si las sanciones existentes contra ella se mantienen o se levantan”, añadió.

El mandatario republicano insistió en que la acción se realizó conforme a su criterio y bajo su supervisión directa, pese a contar con un equipo de funcionarios designados para coordinar la intervención, incluyendo al secretario de Estado Marco Rubio y al secretario de Defensa Pete Hegseth.Venezuela fue bombardeada este sábado por la madrugada

En la entrevista, Trump destacó que las empresas estadounidenses podrían reconstruir la infraestructura petrolera de Venezuela en un plazo inferior a 18 meses.

Creo que podemos hacerlo en menos tiempo que eso, pero será mucho dinero. Se gastará una cantidad tremenda, y las compañías petroleras lo harán, y luego se les reembolsará por nosotros o a través de los ingresos”, señaló.

Las vastas reservas de crudo venezolano se estiman en más de 300.000 millones de barriles, que representan aproximadamente una quinta parte de las reservas globales conocidas.

A pesar del optimismo expresado por Trump, la industria petrolera estadounidense se mantiene cautelosa. Exxon Mobil, Chevron y ConocoPhillips han mostrado reservas debido a la historia de nacionalizaciones y expropiaciones de activos en Venezuela, así como a la inestabilidad política y las sanciones vigentes.

Darren Woods, CEO de Exxon Mobil, recordó que la empresa fue expropiada en dos ocasiones y que la viabilidad económica de retornar al país requiere un análisis exhaustivo. La secretaria de Energía, Chris Wright, coordinará reuniones esta semana con ejecutivos de Exxon y ConocoPhillips para definir estrategias de inversión y reconstrucción.

Trump aseguró que la recuperación de la industria petrolera no solo beneficiará a las compañías estadounidenses, sino que también reducirá los precios del crudo a nivel mundial.

Tener una Venezuela que produzca petróleo es bueno para Estados Unidos porque mantiene bajo el precio del crudo”, afirmó, destacando que los precios de la gasolina ya se encuentran en mínimos desde marzo de 2021. Sin embargo, precisó que los ingresos potenciales podrían ser suficientes para reembolsar las inversiones realizadas por las empresas, sin comprometer fondos adicionales del gobierno estadounidense.

En relación con la política interna venezolana, Trump descartó la realización de nuevas elecciones en los próximos 30 días.

Tenemos que arreglar el país primero. No hay manera de que la gente pueda votar”, explicó.

Además, indicó que el gobierno estadounidense podría intervenir nuevamente si Rodríguez dejara de cooperar, aunque consideró que esto no será necesario. “Estamos preparados. De hecho, anticipábamos tener que hacerlo”, agregó.

El mandatario estadounidense también se refirió a reportes de prensa sobre la líder opositora venezolana María Corina Machado. Negó que hubiera descartado su participación en un posible gobierno venezolano por haber recibido el Premio Nobel de la Paz el año pasado.

No debería haberlo ganado”, afirmó, pero agregó que “eso no tiene nada que ver con mi decisión”.

La captura de Maduro y los planes de reconstrucción petrolera colocan a Venezuela en el centro de la geopolítica regional y del interés energético estadounidense.

La estrategia combinada de control político y apertura a la inversión privada busca restablecer la producción de crudo y al mismo tiempo debilitar la continuidad del régimen chavista, que ha dependido de décadas de control estatal sobre la industria y de apoyos internacionales para sostenerse frente a la presión externa.

La líder de la oposición democrática venezolana, María Corina Machado, aseguró este lunes 5 de agosto en una entrevista exclusiva con FOX News, que el 3 de enero «pasará a la historia como el día en que la justicia derrotó a la tiranía» tras la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, lo que consideró un hito para la libertad y la dignidad humana.

La Patilla

En tal sentido, Machado aseveró las razones de la dedicatoria del Premio Nobel de la Paz —que recibió en nombre del pueblo venezolano— al presidente Donald Trump. «Él se lo merecía: le demostró al mundo que cumple lo que dice», aseguró. Machado expresó su deseo de decirle personalmente al mandatario estadounidense que, gracias a su acción, «Estados Unidos es un país más seguro», reconociendo que habría sido imposible lograr el cambio sin la intervención del sábado.

Sin embargo, la líder opositora alertó sobre una «escalada alarmante» en las últimas 24 horas dentro de Venezuela. Denunció que bajo el «Estado de Conmoción» se han emitido órdenes de detención contra quienes apoyan a Trump. En este contexto, calificó a Delcy Rodríguez como una «artífice de torturas» y aliada de Rusia y China, ampliamente rechazada por la ciudadanía.

Finalmente, Machado reiteró la legitimidad de la victoria electoral de julio de 2024 junto a Edmundo González y manifestó su intención de regresar al país «tan pronto como sea posible».

A pesar de la incertidumbre, insistió en que la transición debe avanzar para superar el control total del sistema que mantenía el chavismo.

En un día marcado por la profunda crisis institucional en Venezuela, se instaló este lunes la nueva Asamblea Nacional (AN) para el período legislativo 2026-2031, con una abrumadora mayoría oficialista del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).

MFM

La sesión de instalación, presidida inicialmente por el diputado de mayor edad, Fernando Soto Rojas, contó con la presencia de 284 de los 285 diputados electos en las controvertidas elecciones parlamentarias del 25 de mayo de 2025. Durante el acto, se reeligió a Jorge Rodríguez como presidente de la AN, con Pedro Infante como primer vicepresidente y Grecia Colmenares como segunda vicepresidenta.

El hemiciclo rindió un emotivo homenaje al curul vacío de Cilia Flores, esposa del expresidente Nicolás Maduro y diputada electa, quien fue capturada junto a él el pasado 3 de enero por fuerzas estadounidenses. Nicolás Maduro Guerra, hijo del exmandatario y diputado, intervino para afirmar que su padre «volverá» y respaldó a Delcy Rodríguez como presidenta interina.

En una sesión extraordinaria posterior, la Asamblea juramentó a Delcy Rodríguez como presidenta encargada de la República, en cumplimiento de la decisión del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) que declaró la «ausencia absoluta» de Maduro tras su captura en una operación militar estadounidense. Rodríguez llamó a la «unidad nacional», rechazó la intervención de EE.UU. y prometió defender la soberanía del país.

Sin embargo, la Plataforma Unitaria Democrática (PUD), principal coalición opositora que respalda a María Corina Machado y Edmundo González Urrutia, emitió un comunicado rechazando categóricamente la instalación de la nueva AN, calificándola de «ilegítima». La oposición sostiene que las elecciones de mayo de 2025 no cumplieron con las mínimas garantías democráticas, al excluir a las fuerzas opositoras y estar controladas por el régimen chavista. Insisten en que cualquier transición debe enmarcarse en la Constitución, con restitución de la soberanía popular, liberación de presos políticos y el cese de la persecución.

La instalación se produjo en un contexto de alta tensión, dos días después de la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores en un operativo militar estadounidense que incluyó ataques a infraestructura en Caracas y otros estados. Maduro y Flores comparecieron este lunes en un tribunal federal de Nueva York, donde se declararon no culpables de cargos por narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína y otros delitos relacionados.

La audiencia no fue televisada, pero quienes lograron ingresar al tribunal federal de Manhattan este lunes fueron testigos de una comparecencia cargada de gestos, silencios tensos y estallidos verbales.

Por: Alexis Pérez – Infobae

A las doce del mediodía (11.00 GMT), el dictador derrocado de Venezuela, Nicolás Maduro, cruzó la puerta de la sala del juez Alvin Hellerstein escoltado por agentes federales, con el cuerpo erguido y la mirada fija al frente.

El sonido metálico de los grilletes se escuchó antes de que apareciera. No llevaba esposas en las manos, pero sí cadenas visibles en los tobillos. Caminó sin apresurarse hasta la mesa de la defensa y, antes de sentarse, se giró hacia la galería pública.

Happy New Year”, dijo, con una media sonrisa que rompió por segundos la solemnidad del recinto. El saludo, registrado por periodistas de The Guardian presentes en la sala, provocó murmullos inmediatos entre reporteros y asistentes.

Maduro vestía una camisa azul sobre otra de color naranja fluorescente, pantalones caqui y zapatos penitenciarios. Frente a él colocó un cuaderno de hojas amarillas y una copia del expediente judicial. Durante buena parte de la audiencia tomó notas, subrayó párrafos y escribió observaciones breves, concentrado, con la cabeza inclinada hacia el escritorio, como relataron cronistas que siguieron cada movimiento desde las primeras filas.

Pocos minutos después ingresó Cilia Flores. Caminó más despacio, escoltada por agentes federales. Llevaba el cabello rubio recogido en un moño y vestía un uniforme carcelario de colores similares al de su esposo. Dos apósitos llamaban la atención en su rostro: uno en la sien y otro en la frente. Su expresión era seria y contenida. Evitó mirar al público y permaneció en silencio mientras se acomodaba en su asiento.

Ambos tomaron los auriculares para escuchar la traducción simultánea del inglés al español. Entre ellos se ubicó uno de sus abogados defensores. El juez Alvin Hellerstein, de 92 años, abrió la sesión con un comentario irónico sobre su baja estatura y cómo el estrado y los micrófonos modernos casi lo ocultaban, un gesto que relajó brevemente el ambiente antes de que comenzara el trámite formal.

«Buenos días, señor Maduro», saludó el magistrado.

Maduro respondió con un leve gesto.

Cuando Hellerstein empezó a enumerar los cargos —conspiración para el narcotráfico, narcoterrorismo y delitos relacionados con armas— Maduro negó suavemente con la cabeza.

Al ser requerido para confirmar su identidad, respondió con nombre y apellido, pero enseguida fue más allá del protocolo.

«Soy el presidente constitucional de la República de Venezuela. Estoy aquí secuestrado desde el 3 de enero. Fui capturado en mi casa“, dijo en español.

El juez lo interrumpió de inmediato y le recordó que habría “un momento y un lugar” para exponer esos argumentos, según reportó la periodista Madeline Halpert de BBC News, quien estuvo dentro de la sala durante la comparecencia.

¿Confirma usted que es Nicolás Maduro Moros?“, repitió Hellerstein.

“Soy Nicolás Maduro Moros”, respondió el dictador esta vez sin agregar nada más.

Mientras hablaba, apoyó los nudillos sobre la mesa. En otro momento entrelazó las manos como en gesto de oración, con los índices apuntando hacia el estrado.

Soy inocente. No soy culpable”, dijo Maduro, alternando ambas expresiones en español. Tras sentarse, uno de sus abogados se llevó la mano a la boca y negó con la cabeza, una señal para que evitara nuevas intervenciones espontáneas.

Luego fue el turno de Cilia Flores. Se identificó como primera dama de Venezuela y habló con voz baja.

No culpable. Completamente inocente”, afirmó, sin extenderse. A diferencia de su esposo, no buscó protagonismo. Permaneció inmóvil durante el resto de la audiencia, con las manos apoyadas sobre la mesa.

En un momento posterior, Maduro volvió a pedir la palabra. Quería asegurarse de conservar las notas que había tomado durante la sesión. La fiscalía respondió que coordinaría con las autoridades penitenciarias para que pudiera mantener sus cuadernos.

Ni Maduro ni Flores solicitaron libertad bajo fianza en esta instancia, aunque sus abogados dejaron abierta esa posibilidad para más adelante. Sí pidieron atención médica. La defensa de Flores afirmó que sufrió “múltiples lesiones” durante su detención y solicitó estudios médicos, incluyendo radiografías por una posible fractura de costillas.

La tensión aumentó hacia el final de la audiencia. Desde la galería pública, un hombre gritó que Maduro tendría que pagar por sus crímenes.

El juez ordenó que fuera retirado. Mientras el hombre era escoltado fuera del recinto, visiblemente alterado, Maduro se giró y respondió en voz alta: “¡Soy un presidente secuestrado! ¡Un prisionero de guerra!”.

Al levantarse para abandonar la sala, Maduro guardó un bolígrafo dentro de su cuaderno. Un alguacil federal lo notó de inmediato y se lo quitó antes de que saliera.

El juez Hellerstein fijó la próxima audiencia para el 17 de marzo. Con eso, la sesión concluyó. Maduro y Flores abandonaron la sala escoltados, sin mirar atrás.

Para muchos de los presentes —entre ellos periodistas que han seguido durante años la política venezolana— la escena fue descrita como irreal.

La audiencia duró alrededor de 40 minutos. No hubo cámaras ni transmisión oficial, pero sí testigos atentos a cada gesto.

La atención internacional sigue centrada en el desarrollo de este proceso, que no solo determinará el futuro legal de los acusados, sino que también será un test para la credibilidad de la justicia y para el anhelo de rendición de cuentas en la región.

Mientras el caso avanza en los tribunales estadounidenses, el desenlace será observado de cerca por una sociedad venezolana que, por primera vez en años, ve la posibilidad real de cierre y justicia frente a la impunidad.

Duélale a quien le duela el usurpador fue apresado en Venezuela y llevado a Estados Unidos donde será enjuiciado y condenado por varios delitos de narcotráfico y terrorismo, a esos quienes decían que no iba a pasar nada, pasó, ojo, ahora es que falta, nunca se dijo que muerto el perro se acabó la rabia, esto es de meses e incluso, pueden venir otros capítulos inesperados. De todo esto vamos a hablar con el especialista en inteligencia y seguridad Martín Rodil, quien ha colaborado en la búsqueda y entrega de chavistas narcotraficantes y corruptos ante la justicia de Estados Unidos como: El Tuerto Andrade, El Pollo Carvajal y Leamsy Salazar.

Igual que hacía Sadam Hussein antes de su captura, Nicolás Maduro cambiaba de localización para dormir cada noche, en una rotación constante por ocho lugares diferentes para intentar confundir a sus enemigos. Pero los agentes que le espiaban ya conocían sus movimientos. Para que el plan saliera bien, tenían que esperar a que pernoctara en ese búnker. Tenía que haber sucedido cuatro días antes, el 30 de diciembre, pero el mal tiempo y la baja visibilidad aconsejaron retrasarla para evitar riesgos innecesarios. Una semana antes, el 23 de diciembre, un funcionario de la Casa Blanca había hecho el último intento de que Maduro aceptara un vuelo hacia el exilio que ofrecía Turquía. El chavista se negó. En ese momento su suerte estaba echada.

El Mundo

La noche del 2 al 3 de enero, los drones desplegados (y no interceptados por las defensas antiaéreas de Venezuela), localizaron a Maduro, que volvía al recinto. La noche estaba despejada. El propio Trump, desde el patio de Mar-a-Lago, donde cenaba con sus colaboradores, dio la última orden de actuar a las 22:46 del viernes hora de Florida.

Con el paso de las horas las autoridades de Estados Unidos van filtrando más detalles de la operación que acabó con el mandato de Nicolás Maduro y que llevó al líder chavista hasta una prisión en Nueva York a varios medios de EEUU como The New York Times The Washington Post.

La fuerza especial Delta, protagonista por ejemplo de la eliminación de Al Bagdadi, autodenominado califa del Estado Islámico, es un grupo de élite que se forma y se disgrega en función de la misión que tenga que acometer. En este caso, bajo el liderazgo de un comandante de habla hispana en el equipo, aprovecharon toda la información de inteligencia para crear un búnker en su base de Kentucky similar al usado por Maduro para practicar una y otra vez la entrada, la extracción y la salida del mismo en tiempo récord.

Aunque todos sus miembros se conocen a la perfección, la coreografía debe concretarse cronometrada y perfecta. Dos minutos en la puerta para colocar el explosivo y reventar las hojas de acero. Fue esa explosión la que despertó al matrimonio, que se vio sorprendido ante las armas y las linternas, por lo que no pudo alcanzar la habitación segura, que está blindada y que hubiera retrasado la operación. De hecho, los Delta llevaban sopletes para tumbar su puerta, aunque no hizo falta.

Cinco minutos más dentro deteniendo a Maduro y su mujer y vuelta a los helicópteros. Unos agentes del FBI y de la DEA leyeron brevemente los cargos por narcotráfico al líder chavista, ya con las esposas puestas. Algunas fuentes aseguran que se resistió y que debieron sacarlo a rastras de su cuarto, lo que provocó que se hiciera daño en la pierna izquierda. Según publica The Washington Post, toda la misión fue emitida en directo por una cámara colocada en el frontal de uno de los helicópteros. Trump disfrutó de las mismas como si fuera un «show», según le confesó.

Esa formación fue proporcionada por una persona del régimen muy cercana a Maduro y conocedora de sus dependencias personales, según publica The New York Times, y un equipo de la CIA que estuvo desplegado durante meses en Caracas de forma clandestina y sin ninguna cobertura diplomática, ya que la embajada de EEUU permanece cerrada, como explicó el comandante de la misión y jefe del Estado Mayor, el general Dan Caine.

Tras volar a solo 100 pies de altura desde el buque Iwo Jima en su aproximación a Venezuela sobre las 4:30 de la mañana del sábado, para eludir la acción de los radares, un número aún no conocido de helicópteros de transporte de tropas Chinook (aparatos dotados de dos grandes hélices) apoyado por otros Apache de ataque a tierra comenzó a sobrevolar Caracas sin luces mientras que cazas F35 y F18 de las fuerzas aéreas allanaban su camino destruyendo a distancia todas las posiciones conocidas de defensa antiaérea S300 y Buk, ambas baterías proporcionadas por Rusia, así como los principales radares.

La aviación venezolana, compuesta por viejos cazas F16 vendidos por EEUU antes de la irrupción del chavismo y aparatos Su27 de origen ruso, ni siquiera despegó. La flota estadounidense se encargó además de desplegar una potente guerra electrónica para cortar todas las frecuencias sobre la ciudad. Un ciberataque tumbó la red eléctrica de Caracas para eliminar las pocas luces existentes, el terreno de juego ideal para los Night Stalkers, la unidad militar de las fuerzas aéreas (regimiento 160) encargada de estas incursiones nocturnas, que ya llevó a los Navy Seal hasta la guarida de Bin Laden en Abotabad.

Los comandos chavistas repartidos por toda la ciudad se desplegaron no para evitar el raid aéreo, sino para mantener el control de las calles. No se vieron balas trazadoras en los cielos de Caracas, por lo que la resistencia fue mínima, aunque después Trump aseguró que uno de los helicópteros había sido alcanzado y dos de sus tripulantes, heridos.

El ataque dejó unos 40 muertos, la mayoría militares, según fuentes del régimen. Otras fuentes aseguran que muchos de ellos son miembros de la guardia pretoriana del dictador bolivariano, formada en su mayoría por comandos cubanos entrenados en la isla y conocidos como «avispas negras».

Aunque el ataque fue considerado un éxito porque consiguió su objetivo, la marina de EEUU sigue en su puesto. Según asegura el propio Trump, existen otros planes en marcha por si fueran necesarios en los próximos días. De momento, no los ha considerado «necesarios», pero eso puede cambiar rápido en la voluble cabeza del rubio presidente.

Jorge Rodríguez fue juramentado este lunes 5 de enero como presidente de la Asamblea Nacional chavista para el nuevo período legislativo. En su discurso de toma de posesión, el dirigente oficialista marcó un tono inusualmente autocrítico frente a la crisis que atraviesa el país, ofreciendo una disculpa pública a la ciudadanía por los errores de gestión. «Si hemos fallado en el ejercicio de nuestras funciones, pedimos disculpas», declaró desde el hemiciclo.

La Patilla

El vocero del régimen se comprometió a modificar la dinámica entre el poder legislativo y las bases sociales. Rodríguez aseguró que los diputados estarán más atentos y buscarán acercarse a la población para «identificarse con su dolor». En una frase contundente sobre la nueva postura que adoptará el oficialismo, afirmó. «Nos comprometemos a callarnos la boca para escucharlos más».

Más allá de la autocrítica, Rodríguez hizo un llamado a la unidad nacional frente a las acciones militares de Estados Unidos, argumentando que el conflicto bélico no distingue ideologías. «Las bombas no caen solo sobre las cabezas de los chavistas», expresó, advirtiendo que «cualquier cosa que venga de afuera siempre será peor». Para el dirigente chavista, es una «vulgaridad» preguntar por la afiliación política de las víctimas en este contexto.

Finalmente, Rodríguez advirtió que no permitirá la politización frívola dentro del recinto legislativo dada la gravedad del momento. «No son horas en que la República tolere shows; los shows para los circos», sentenció Rodríguez, instando a todas las fuerzas políticas a «arrimar el hombro» y encontrarse en la defensa de la soberanía.

El balance de agresiones a la prensa durante este 5 de enero se ha agravado en las últimas horas. La cifra total de periodistas y trabajadores de medios detenidos ascendió a 14, según el último reporte gremial. Del grupo total, se detalló que once pertenecen a medios y agencias internacionales, mientras que uno labora para un medio nacional.

La Patilla

Hasta el momento, cuatro de los comunicadores han sido liberados, pero diez personas permanecen detenidas. La organización denunciante alertó que algunos de estos trabajadores se encuentran actualmente en situación de «desaparición forzosa», al desconocerse su paradero exacto o centro de reclusión tras la captura.

Los incidentes ocurrieron durante la cobertura de la instalación de la Asamblea Nacional, donde se impusieron severas restricciones informativas. A los reporteros presentes se les prohibió expresamente transmitir en vivo, grabar videos o tomar fotografías del evento.

Dentro del Palacio Legislativo, funcionarios de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) detuvieron a al menos tres periodistas, trasladándolos al comando de la Guardia Nacional en el recinto. Como parte del procedimiento, los agentes revisaron los teléfonos celulares, exigiendo las claves de acceso para inspeccionar contactos, conversaciones privadas, notas de voz, correos electrónicos, archivos en la nube y cuentas de Instagram.

Se reportó específicamente el caso de Daniel Álvarez, reportero de Televen. Durante su retención, el periodista perdió la custodia de su teléfono móvil por un lapso indeterminado, ya que los funcionarios sacaron el dispositivo del lugar donde lo mantenían interrogado antes de liberarlo. El gremio advirtió que estas acciones vulneran la privacidad y el secreto de las fuentes, configurando un patrón de criminalización del ejercicio periodístico.

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