Morfema Press

Es lo que es

Armando Esteban Quito

Un rayo alcanzó este sábado el famoso monumento del Cristo Redentor, situado en Río de Janeiro. El momento fue captado por el fotógrafo brasileño Fernando Braga tras numerosos intentos.

Clarín

«Nunca te rindas. Muchos, muchos intentos fallidos de atrapar el rayo que cae sobre el Cristo. Pasaron muchas lluvias y días. Lo pillé unas cuantas veces cerca, pero nunca a Cristo», escribió el fotógrafo en su cuenta de Instagram, informa RT.

Una larga espera para captar el rayo

Señaló que para hacer esta foto pasó 3 horas con su cámara haciendo más de 500 capturas, indica RT.

Cabe destacar que, aunque el rayo impactó en el monumento, de 38 metros de altura, la estatua dispone de una protección especial con pararrayos distribuidos alrededor de los brazos y la cabeza.

El año 2023 entró cargado de grandes tragedias y calamidades que nos han llenado de consternación y mucho dolor. El espantoso mega- terremoto en pleno invierno que golpeó a Turquía y Siria, por un lado; y por el otro, la cada vez más cruenta y despiadada invasión rusa a Ucrania, colman de angustia y gran preocupación al mundo entero.

Vía Venezuela USA

La primera, por obra de la naturaleza, mientras que la segunda, como resultado del añejo odio y de las ambiciones desmedidas de Rusia contra sus vecinos.

No se puede soslayar el genocidio de Holodomor por hambruna cometido por Stalin entre 1932- 1934 contra el campesinado ucraniano que causó la muerte por inanición de un aproximado de entre 3 a 6 millones de personas. Stalin castigó a los ucranianos por haberse resistido a la imposicion de corporativas comunistas en su territorio. En ambas situaciones el resultado fue calamitoso: Millones de vidas humanas que se perdieron y propiedades y productos que fueron confiscados.

En lo relativo al terremoto ocurrido en Turquía y Siria, los muertos sobrepasan ya los 20 a 25 mil personas, cuatro mil setecientos edificios derruidos y más de 70 mil heridos, muchos de los cuales se hallan aún atrapados entre toneladas de cemento y hierro. Y los más grave en todo esto es que la cuenta sigue en aumento.

La parte noble en esta tragedia es la presencia fisica de miles de rescatistas provenientes de 65 países, quienes a toda marcha a lo largo de las 24 horas del día, están infatigablemente arriesgando sus propias vidas en aras de socorrer a los sepultados vivos, sacándolos de los escombros, a pesar del inclemente clima invernal de gélidas temperaturas bajo cero.

Zonas sísmicas

Desde tiempos inmemoriales la zona del mar Egeo, Grecia, Turquía, las islas griegas, Creta e islas aledañas, se ha caracterizado por ser altamente sísmicas y afectadas por fortísimos terremotos. Otras zonas se ubican en el océano Pacífico, el Japón; Indonesia, México y América del Sur.

Según estudios geológicos serios, en un lejano pasado no existía el llamado estrecho de Bósforo, un ancho canal de mar que separa Turquía de Europa y que une el mar Mediterráneo con el mar Negro. El Bósforo se formó como consecuencia de una fractura de las placas subterráneas del subsuelo que provocaron que las aguas del mar Mediterráneo se volcaran e inundaran la región, formando precisamente el mar Negro.

Los amables lectores que hayan tenido la oportuidad de visitar las islas griegas, Grecia, Turquía y demás regiones aledañas del mar Egeo, se habrán dado cuenta como las montañas a orillas del mar en esa zona, están como cortadas con un cuchillo gigantesco, formando acantilados (cliff) muy pronunciados.

Eso evidencia que en efecto en un lejano pasado la región fue afectada por un enorme terremoto de entre 9 a 10 grados de la escala Richter. En las cristalinas aguas del Egeo se observan hundidas a simple vista en el fondo del mar inmensas estructuras de piedra en el mar (puentes, puertos, casas). Aún más, según otros investigadores el bíblico diluvio universal que obligó a Noé a construir una inmensa barca para salvarse él, su familia y una pareja de todas las especies de animales, se debió a la terrible inundación que provocó ese cataclismo del mar Egeo. Es frecuente oír decir que en el monte Ararat (Turquía), fueron hallados restos de la madera con que fue construida la barca del diluvio universal.

Los Mayas predijeron hace milenios que para el año 2012 del presente siglo, irían a ocurrir en el planeta Tierra una serie de fuertes terremotos y erupciones volcánicas fuera de lo común que acabarían con muchas vidas y construcciones. Los Mayas se pelaron sólo en 10 años; las grandes sacudidas geológicas comenzaron en 2023. Se espera el más letal y destructivo de todos los terremotos como es el de la falla de San Andrés en California, que pudiera alcanzar los 9 o 10 grados de la escala de Richter, lo que equivaldría a una catástrofe gigantesca con la destrucción de varias de las grandes ciudades del Oeste de los Estados Unidos.

Otra gran calamidad en el horizonte es la masiva nueva invasión del ejército ruso a Ucrania. Putin sorprendió a casi todos los analistas y opinadores: Se esperaba el lanzamiento de un artefacto nuclear táctico sobre blancos militares o civiles del enemigo, lo cual no ha ocurrido (por ahora), y en su lugar está por enviar unos 300 mil soldados y el grueso de su ejército mecanizado. ¿Se pueden imaginar los amables lectores la cantidad de asesinatos de civiles inermes y violacion de mujeres y niñas ucranianas que la soldadesca rusa va a cometer? Parece que está por acontecer una nueva versión del genocidio de Holodomor de 1932 cometido por Joseph Stalin.

Los países vecinos de Ucrania miembros de la OTAN y otros que esperan ingresar al grupo, están en preparativos militares defensivos para repeler cualquier ataque ruso, habida cuenta que las ambiciones imperiales del señor Putin parecen ser insaciables. De hecho, Polonia, Moldavia y Suecia, entre otros, son los próximos objetivos a alcanzar.

Una reflexion: Si los rusos y su expansiónismo genocida masivo, dicen llamarse cristianos y el señor Putin se santigua frecuentemente cada vez que posa frente a las camaras acompañado del Patriarca de la Iglesia Ortodoxa rusa, ¿qué opinión les merece lo que Jesús en una ocasión dijo a sus discípulos en Mateo 10: 34: «No penséis que he venido a traer paz a la tierra; no he venido a traer paz, sino espada!»

¿Cuál sería para ellos el alcance de esa expresión? ¿UnaTercera Guerra Mundial a la vista? Parece que a Ucrania y a Europa les espera una experiencia calamitosa en los próximos días cuando se produzca esa nueva invasion masiva del oso ruso. Si a ello le sumamos las intenciones chinas de invadir a Taiwan y las de Corea del Norte contra Corea del Sur, ¿qué irá a suceder con la paz mundial que tanto se anhela? Sin lugar a dudas que se trata de malos presagios.

Que los amables lectores saquen sus propias conclusiones. También que Dios nos agarre confesados!

@kaledyorde

Venezuela está en el extremo septentrional de sur América, donde rige una intensa actividad tectónica por la convergencia de las placas del Caribe y Suramericana.

Curadas

Las áreas que presentan estas convergencias entre placas se asocian a profundas fosas submarinas, cadenas montañosas, volcanes activos y actividad sísmica.

Se producen, entonces, choques entre las placas, las cuales las de mayor densidad como las oceánicas (basálticas) se deslizan por debajo de las continentales (graníticas).

Las actividades volcánicas, por lo general, se registran cuando estas placas colisionan y ocurre un fenómeno llamado subducción: los materiales que las constituyen se calientan hasta fundirse, debido al roce y a las presiones que soportan en la profundidad a la que descienden.

Después de esto emergen por aliviaderos (volcanes) hasta la superficie en forma de lava.

Sin embargo, en Venezuela las placas del Caribe y Suramericana no se comportan de esa manera, sino que se deslizan horizontalmente sin que alguna de ellas se sumerja debajo, logrando una interacción que permite dar origen a sistemas montañosos y actividad sísmica, aunque sin volcanes.

A pesar de que en Venezuela no hay volcanes existen muchos lugares a los que se ha atribuido en el conocimiento popular un origen volcánico.

Tenemos como verbigracia las aguas termales que hay en los estados andinos y en otras zonas montañosas del país. Estas son producto de aguas subterráneas que emergen por fisuras y se “calientan” al estar en contacto con los bloques que se desplazan y generan fricción. De allí, las elevadas temperaturas que adquieren las aguas por encontrarse en perímetros de actividad tectónica.

Además se especula que hubo un volcán, hoy extinto, en la Península de Paraguaná, en Falcón, en el área del cerro Santa Ana.

Otro ejemplo famoso está en Cubiro, estado Lara, donde hay una formación llamada el Volcán de Sanare, pero en realidad es una fumarola, es decir, presenta actividad volcánica atenuada.

En Venezuela hay actividad volcánica moderada, pero no hay volcanes.

Este jueves, en una ceremonia solemne que se pudo ver en vivo en todo el mundo a través de streaming, el Nobel hispano-peruano Mario Vargas Llosa se convirtió en miembro de la Academia Francesa, una prestigiosa y tradicional institución del país galo fundada en 1635 por el cardenal Richelieu.

Infobae

La Academia tiene como misión “velar por la supervivencia de la lengua francesa” y quienes la conforman son denominados “inmortales”. El ingreso del autor de Conversación en La Catedral rompió dos reglas: la de no admitir a candidatos mayores a los 75 años -Vargas Llosa tiene 86- y la de no admitir a quienes no hayan publicado obras originalmente en francés.

Con la presencia de sus hijos y del rey emérito de España, Juan Carlos I, el último referente del boom latinoamericano pronunció un largo discurso en el que destacó la importancia de la literatura francesa a la hora de correr los límites de todo lo creado antes y también a la hora de vivir en libertad. Gustave Flaubert y su Madame Bovary, el libro que más impactó a Vargas Llosa en su vida, estuvieron en el centro de sus palabras.

Aunque tal vez lo más destacado de sus palabras, en las que recorrió siglos de tradición literaria gala, haya sido la misión que le encomendó a la novela: nada menos que salvar a la democracia. Eso sí, explicó cómo y por qué, y conmovió a los que lo rodeaban.

Infobae Leamos comparte el discurso completo de Vargas Llosa, cuyo cuento Los vientos acaba de ser editado en exclusiva como libro electrónico y puede descargarse gratis de la plataforma Bajalibros.

El discurso de Vargas Llosa ante la Academia Francesa

Señora Secretaria Permanente,

Señoras y señores de la Academia,

Cuando era niño, la cultura francesa era soberana en toda América Latina y en Perú. “Soberano” significa que los artistas e intelectuales la consideraban la más original y coherente, y los frívolos también la adoraban como la consagración de sus sueños, ese viaje a París que, desde un punto de vista artístico, literario y sensual era la capital del mundo. Y ninguna otra ciudad podría haber competido por su corona.

Con estas ideas crecí y me formé, leyendo francés y autores franceses, entre los que destacaban dos posibles futuros adversarios Jean-Paul Sartre y Albert Camus. Esto fue en el momento del existencialismo, que también reinaba en Lima, al menos en el ámbito literario.

San Marcos, la universidad privada que había elegido, en contraste con que me veían como un alumno disciplinado de los curas de la escuela católica, asistían entonces jóvenes peruanos de buena familia. Fue familia.

Nunca me he arrepentido de haber preferido la Universidad de San Marcos, una de las más antiguas de América Latina, fundada por los por los españoles pocos años después de la Conquista, y cuyos alumnos, de origen humilde, a menudo campesinos, se habían ganado, durante la República, la reputación de rebelde y radical por su enérgica oposición a todas las dictaduras militares.

El General Manuel Apolinario Odría, que gobernó Perú durante mis años de estudiante, derrocó a un dirigente civil, el prestigioso jurista José Luis Bustamante y Rivero, que había ganado legítimamente las elecciones presidenciales. La familia de mi madre, la familia Llosa, hay que decirlo, odiaba al usurpador Odría y adoraba al tío ‘José Luis’.

Manuel Esparza Zañartu, traficante de vinos, segundo hombre de este régimen dictatorial, había perpetrado el año anterior a mi ingreso en San Marcos, en 1953, una gran redada, a raíz de la cual muchos estudiantes y profesores fueron deportados a Bolivia o encarcelados, asesinados y enterrados en secreto y a toda prisa. Los supervivientes dormían sobre la piedra en las mazmorras de la prisión de Panóptico, sin mantas, sin comida.

La Federación Universitaria de San Marcos, a la que yo pertenecía, había decidido pedir audiencia a Esparza Zañartu para poder llevar comida y mantas a nuestros compañeros detenidos. Esa fue la única vez que vi a Esparza Zañartu, apenas unos minutos: iba a convertirse en el personaje central de mi tercera novela, Conversación en La Catedral, y declararía – años más tarde, cuando se enfrentó a un japonés en el límite de su propiedad en Chosica donde se había retirado- que si le hubiera consultado cuando escribía esta historia, me habría hablado de hechos mucho más importantes que los relatados en mi libro. Y eso fue seguramente cierto.

Fui militante del Partido Comunista Peruano durante un año, y creo que el existencialismo -especialmente el equipo de Les Temps Modernes, Maurice Merleau-Ponty, Jean-Paul Sartre, Albert Camus y Simone de Beauvoir- me salvó del estalinismo que entonces, bajo la tutela de Moscú, dominó los partidos comunistas latinoamericanos.

Recuerdo una reunión clandestina, durante una huelga de tranviarios, en la que mi camarada y amigo, Félix Arias Schreiber, después de oírme criticar esa mala novela rusa Y el acero se templó (de Nikolai Ostrovsky) y Ostrovsky) y elogiar a André Gide y Los alimentos terrestres, me había menospreciado diciéndome: “Camarada, usted es un infrahumano”.

Por supuesto, yo era un subhumano, porque al aprender francés y leyendo sin cesar a autores franceses, aspiraba en secreto a ser escritor francés. Estaba convencido de que era imposible ser escritor en Perú, un país sin editoriales y con pocas librerías, donde los autores que conocía eran casi todos abogados que trabajaban en sus despachos toda la semana y escribían poesía sólo los domingos. Quería escribir todos los días, como hacían los escritores de verdad, y por eso soñaba con Francia y París.

Llegué aquí en 1959 y descubrí que los franceses estaban fascinados por la Revolución Cubana, que había convertido las propiedades de Batista en escuelas antes de convertirse en una tiranía. Los franceses habían descubierto la literatura latinoamericana antes que yo, y leí a Borges, Cortázar, Uslar Pietri, Onetti, Octavio Paz y, más tarde, Gabriel García Márquez.

Así que gracias a Francia descubrí la otra cara de América Latina, los problemas comunes a todos estos países, el horrible legado de los golpes militares y el subdesarrollo, la guerra de guerrillas y los sueños compartidos de liberación. Y es en Francia, ¡vaya paradoja!, que empecé a sentirme escritor peruano y latinoamericano.

Pero, por supuesto, siempre iba los sábados a la Mutualité para asistir a los debates y sumergirme en la cultura francesa. Y allí pude escuchar la más admirable discusión entre el Primer Ministro de De Gaulle, Michel Debré, y el líder de la oposición, Pierre Mendès France, que recuerdo como uno de los momentos más maravillosos de mi memoria. Eso, y los discursos de André Malraux en el Barrio Latino, en Jean Moulin y en el patio del Louvre, durante el traslado de las cenizas de Le Corbusier, han permanecido en mi mente como recuerdos imborrables.

Viví varios años en París, debo decir, al principio recogiendo periódicos e incluso siendo fuerte durante unos días en Les Halles, y finalmente trabajando en la escuela Berlitz, así como en la Agence France-Presse, Place de la Bourse; después, gracias a Jean Descola, ese gran historiador hispánico, el autor de Conquistadores, me uní a la radio y televisión francesa como periodista.

Así fue que en París me convertí en escritor. Pero lo más importante, quizás, es haber descubierto en Francia a Gustave Flaubert, que ha sido y será siempre mi maestro, desde que me compré un ejemplar de Madame Bovary la tarde de mi llegada en una librería ya desaparecida del Barrio Latino llamada “La Joie de Lire”.

Sin Flaubert, nunca me habría convertido en el escritor que soy, ni habría escrito lo que he escrito. He leído y releído a Flaubert muchas veces, con infinita gratitud, y puedo decir que es gracias a él que me reciben hoy aquí, por lo que obviamente estoy muy agradecido.

Ahora debo elogiar a Michel Serres, a quien sucedo en el sillón número 18 de la Academia Francesa. Nunca lo conocí, pero después de leer casi todos sus numerosos libros, siento solidaridad y simpatía por él. Nació en Agen, donde tuvo crianza católica, que dejó su huella y traumas en su historia personal, y su vocación de marino, a la que fue leal durante toda su vida.

Entre sus abundantes tesis y teorías, prefiero la que dedicó a La Fontaine, uno de sus últimos libros y probablemente el más atrevido de todos los que escribió, al mismo tiempo de dispar y delirante. Michel Serres era, sin embargo, un profesor riguroso que enseñó filosofía en la Sorbon y en Estados Unidos, en la Universidad de Stanford, y fue elogiado por sus alumnos. Su prestigio se debió sobre todo a que fue, al mismo tiempo, un humanista familiarizado con las llamadas ciencias “frías” y un científico que se sentía cómodo en las humanidades.

Pero cuando escribía ensayos, al margen de la universidad, y escribía muchos, se permitía ser tan aventurero, inventivo, incluso insensato, que parecía hasta liberado del arnés académico, y libre como un como un adolescente despechado.

En Los cinco sentidos, por ejemplo, hay toda una sección dedicada, con todo lujo de detalles, a las tiendas del Museo de Cluny, que, como sabemos, posee una excelente colección de arte y objetos medievales. La descripción dinámica de las obras del museo, que lleva a cabo Michel Serres, apenas se aleja del original, como si una cámara ciega y sorda -los ojos del narrador- intentara contar la historia con precisión, sin añadidos ni resúmenes, por no hablar de interpretaciones, de la gigantesca colección que compone este museo.

¿Cuál es el propósito de esta singular descripción que abre este ensayo? Dar vida a las obras, darles una razón de ser que seguramente tenían en el momento en que se hicieron. En otras palabras, reconectarlos con la vida de la que una vez formaron parte.

Esta complicidad no impide notar la violencia y las ceremonias de la que también forman parte. Pero yo añadiría que esta descripción se centra en acercarlos a la vida presente y darles una nueva verdad. Michel Serres ha descubierto que hay una eternidad en ciertas conquistas humanas y que pueden volver, una y otra vez, y siempre iluminarnos el camino de las certezas, por muy hastiados que estemos.

Veamos con más detalle, por ejemplo, su teoría de la Gran Narrativa, a la que se refiere repetidamente. Se trata de la adaptación de la Tierra, el Universo y las estrellas para hacer posible la vida de humanos, animales y plantas. Esta teoría indemostrable, explicada con brío, elocuencia y certeza por Michel Serres, describe la adaptación de los astros y, en definitiva, del Universo a la vida de los seres humanos.

Todo tiene una historia, dice Serres, incluso el clima y las piedras. Lo explica muy bien en el ensayo Darwin, Bonaparte y el samaritano: Una filosofía de la historia, en 2016. La historia incluye también, según la visión de Serres, la transformación de los elementos naturales, como el clima y la geografía, para hacer viable la vida. Y pregunta: “Y así, quien transmite, quien recibe, quien almacena y procesa, quien deja estos rastros codificados, y al final, ¿quién escribe? Respuesta: los vivos, sin excepción…”.

Y quien habla de ella y da testimonio de ella a través de sus escritos, afirma: “La Historia comienza con la invención de la escritura. Una filosofía de la historia”, dice Michel Serres, “ya no ignora este nuevo tiempo colosalmente largo, ni estas grandes poblaciones, donde todo lo que existe tiene una historia, una edad condicional y formativa de la nuestra, sin la cual no existiríamos ni como individuos ni como grupos, una época en la que las cosas y los seres vivos son, a su vez, reservas de información, recuerdos, fechables porque están escritos”.

Su escepticismo viene de lejos, lo que le hace decir: “En efecto, la estructura del tiempo mismo, en el curso de lo que he llamado la Gran Narrativa, se revela caótica y no, como en el Siglo de las Luces, lineal”. Esta temible relatividad que Michel Serres nota siempre en la palabra escrita es curiosa; a mí, en cambio, me da confianza. Me siento confiado, seguro de algo cierto y verdadero.

La Gran Narrativa continúa con una enumeración de las batallas que nuestra historia y sus miles, quizá millones, de muertes en el transcurso de una vida. ¿Qué vale la vida ante estos cadáveres sembrados en los bosques que se han convertido en forraje para animales? Su observación: “Comer: no ser comido”. Esta parece ser la máxima que rige la existencia en estos tiempos difíciles.

En su La Fontaine, un gran libro que es lo más parecido a una obra de crítica literaria, Michel Serres ofrece una biografía aproximada del esclavo frigio Esopo, amo lejano de La Fontaine y fuente y padre de las Fábulas que, en verso sencillo y conciso, reúnen animales y seres humanos en perfecta hermandad. Y quien puso los cimientos, de cara al presente, es decir, a nuestros días, para que los seres humanos y los animales rompieran su distancia infranqueable y se unieran en un diálogo amistoso, para compartir la historia y convivir, sin que falte la violencia y la muerte, la esencia misma de la vida.

Este libro bastante largo revela la antigua familiaridad de Serres con el texto y los poemas de La Fontaine, donde los animales y los seres humanos tienen en común experiencias y, naturalmente, se acosan y a veces se comen unos a otros, en un ambiente sonriente, cordial, incluso familiar.

Sin embargo, la muerte preside este acercamiento -la muerte es siempre compañera de la vida- y tiende emboscadas o reserva sorpresas, en las que nunca faltan sonrisas y carcajadas, al mismo tiempo que, en la Francia de la época, La Fontaine elevaba su poesía y sus exploraciones verbales de un modo curiosamente cercano a lo que las normas y costumbres exigen hoy, en nuestro tiempo.

En los ensayos de Michel Serres hay una necesidad de hablar que no conoce límites ni fronteras. A veces esta vocación rompe los diques y nos revela a un pensador que también es poeta, como, por ejemplo en Los cinco sentidos (Filosofía de los cuerpos mixtos), páginas y páginas de lo que Alfonso Reyes llamó jitanjáforas, es decir, palabras que no tienen explicación ni relación con la realidad, sino un juego delirante, digamos incluso una magia de poetas.

Estas palabras se sostenían por sí solas, por su propio encanto y gracia verbal, mientras no dicen nada o fingiendo no decir nada. De esta historia de amor con las palabras Michel Serres se adentra a veces en un pensamiento abstruso que desafía la perspicacia y la conciencia de sus lectores, e incluso su propi imaginación. Las contradicciones, que abundan en sus ensayos, no se difuminan con la exposición de verdades estrictas, y a veces se entremezclan y a veces se entrelazan, dejando al lector la tarea de jerarquizar.

Sí, las palabras están más cerca de adivinarse que de entenderse. Pero entonces, hay sin embargo en estas mismas páginas, una síntesis de la mente francesa y sus individuos, donde Serres hace una interpretación audaz de la cultura que lleva ese nombre y de quienes tienen derecho a compartirla. Son unas cien páginas, si no he calculado mal, que no tienen nada que ver con La Fontaine ni con sus cuentos, y mucho más, ciertamente, con el espíritu francés y la proyección mundial de su cultura.

Porque, a diferencia de otras culturas, la de Francia era, al mismo tiempo, la única que era también la de todo el mundo. Aquí, Michel Serres nos deslumbra con su exploración de este espíritu francés oculto en su aspecto más universal, una excelencia que cha onquistado el mundo muchas veces y en diferentes momentos -y, por ejemplo, en Los cinco sentidos, intenta, nada menos, que poner en una caja esta síntesis del amor: “Filtro de amor”.

El prisionero de la torre ama a la hija del carcelero. La torre se alza en el castillo, la mazmorra se asienta en la torre; para llegar a ésta, hay que traspasar paredes y puertas, trepar pisos o cruzar abismos mediante escaleras aéreas y frágiles. La celda real, tallada en madera, tiene un armazón dentro de las paredes y techos de piedra, con suelos elevados. No, aún no hemos llegado a la última habitación: el gobernador ha hecho colocar una pantalla delante de la ventana del almacén por donde sólo corrían las ratas, y cerró todas las aberturas con papel aceitado. El prisionero yace detrás de paredes gruesas, ciegas y opacas, quince capas de tabiques.

En el libro dedicado a La Fontaine, uno de los últimos escritos por Michel Serres, deplora, una vez más, que la vida haya dividido las ciencias y las humanidades, y eleva como una plegaria secreta para que en el futuro no sea así, sino que se tiendan puentes entre las dos disciplinas para que constituyan una única búsqueda de la misma verdad oculta.

Michel Serres siempre vuelve a esto, insistentemente: la división entre investigadores literarios y científicos le parece una tragedia permanente en la cultura de nuestro tiempo. Y tiene la esperanza de que se reunirán de nuevo y, a través de esta unión, se fortalecerán unos a otros para alcanzar logros desconocidos.

Además, Michel Serres ha escrito sobre todo lo imaginable; la abundancia de ángeles y arcángeles en el mundo de los vivos en La Légende des Anges, en 1993, y la presencia de mujeres jóvenes entre los compañeros de Ulises, como la escurridiza maga que, entre todos sus encantos, tiene la capacidad de decir palabras.

En su libro sobre La Fontaine, intenta elaborar la quimérica biografía de de Esopo, el esclavo, su lejano amo, en la isla griega de Circe, donde, a pesar de su terrible fealdad, su inteligencia se impone a dos dueños de esclavos hasta el punto de hacerlos sus compañeros y elegir su propio jefe.

Pero la tarea de Esopo es más sutil y trascendente, pues busca y encuentra la manera de acercarse al animal y al humano en poemas en los que ambos cohabitan, y aunque a veces se comen unos a otros cuando tienen hambre y prevalecen sus instintos malignos, también coexisten de una manera que Michel Serres quisiera que fuera universal.

La biografía heroica de Esopo, en la isla griega de Samos, según el testimonio de Planude, un escritor medieval, sienta las bases de la gran poesía, junto a Homero. Esopo era frigio, de la ciudad de Amorium. Además, era un personaje horrible, que se comía las palabras y tartamudeaba, y su cara asustaba tanto a la gente que, según se cree, su primer amo, para no verlo, lo mandó a trabajar al campo.

Y allí se enfrentó Esopo a la terrible prueba. Un campesino dio al maestro un puñado de higos, y éste pidió a su mayordomo del vino, Agatopo, que los cuidara con esmero. Pero Agathopus y otros criados aprovecharon la ausencia del amo para tomar algunas a sus anchas hasta saciarse en un banquete de higos. Esopo, entonces, se lavó bien la boca con agua caliente y vomitó, de modo que el interior de su cuerpo se vació de nada más que agua clara. En cuanto a los otros sirvientes, disgustados, ellos no expulsaron de sus cuerpos las pruebas evidentes de su robo.

Esopo el tartamudo escapó así al castigo por esta transgresión, y así se impuso a su amo, siendo entonces de los esclavos más notables e inteligentes de la isla griega. Su mayor mérito fue sentar las bases de una lengua futura, donde los animales se mezclan con los seres humanos en versos sucintos, algo que La Fontaine heredó de él al crear lo que afirmaba que era el fundamento de la poesía francesa, haciendo cohabitar animales y hombres, aunque matándose y comiéndose unos a otros. Da origen así a toda una relación de convivencia que, a lo largo de los siglos, estaría a la altura de nuestros tiempos modernos, cuando el animal es sagrado e incluso, a veces, en la manía y la obstinación contemporáneas, prevalece sobre el hombre.

Serres ve en La Fontaine la fuente de esta sólida alianza en la que se construye la poesía francesa de nuestro tiempo, dice. Convoca allí a Saint-John Perse, Paul Valéry, André Breton, entre otros, por nombrar sólo algunos de la gran diversidad de la rebosante poesía francesa. Muchos franceses y el propio La Fontaine estarían de acuerdo con él, pero otros, sin duda, por el contrario elegirían una opción menos oficial, menos convencional y más rebelde, digamos, como la poesía insolente de los surrealistas y el anárquico Rimbaud.

Me gustaría volver ahora a Gustave Flaubert y a la literatura francesa; y contarles cómo el solitario de Croisset me ayudó a convertirme en el escritor que soy. La misma noche de mi llegada a París, en 1959, como ya he dicho, compré un ejemplar de Madame Bovary en“La Joie de Lire”, una librería que me resultó simpática porque nunca denunciaron a los ladrones de sus libros, lo que explica que acabaría quebrando.

También recuerdo aquella noche en el Hotel Wetter, en el Barrio Latino, donde me alojaba, y aquella pareja que se hizo amiga, los La Croix, como un sueño del que nunca desperté. Deslumbrado por la elegancia y precisión de la escritura de Flaubert, lo leí y releí completo, de principio a fin, quiero decir que estudié sus novelas y su correspondencia, y he hecho el viaje a Croisset y depositado flores en su tumba, para agradecerle todo lo que había hecho por mí y por la novela moderna.

Flaubert es un escritor inmenso, quizá el más importante de los de la Europa del siglo XIX, o al menos de Francia, es decir, el mundo. Y su importancia no sólo se debe a sus admirables novelas –Madame Bovary y La educación sentimental, principalmente-, pero sus contribuciones a la estructura de la novela moderna, que en cierto modo fundó, ayudaron a los escritores adolescentes como yo cuando lo leí por primera vez- para descubrir su verdadero yo.

No estoy del todo seguro de que Flaubert fuera plenamente consciente de la revolución que nos legó con su obra. Pero más que leer en voz alta cada frase -cada palabra- que escribió en ese que aún existe y que bautizó con el nombre de Gueuloir, lo que me parece importante es la invención del narrador anónimo, ese Dios -como él lo llama- en el que se basa la novela hoy en día. Este narrador invisible ha permitido eliminar un sinfín de personajes que abarrotaban la novela clásica y que estaban ahí simplemente para fingir que eran los autores de una historia. Y permitió que la novela moderna los sacrificara sin pensárselo dos veces: su sustitución cubriendo, a partir de entonces, todas las etapas de la novela – y a la novela- y dar un salto adelante que sirviera a todos.

Todos le debemos algo, y probablemente más. Fue quizá un descubrimiento más importante que la investigación formal y las acrobacias de Joyce en su Ulises, que fue un gran éxito y abrió las puertas de la modernidad a la literatura.

Pero repito, Flaubert no era plenamente consciente de esta revolución que él puso en marcha durante los cinco años que trabajó en Madame Bovary, inventándose una larga enfermedad para apaciguar a su padre cirujano que, por supuesto, aspiraba a orientar a su hijo hacia una profesión.

Este narrador invisible -que es Dios Padre, como él mismo- no es el único narrador; uno o más personajes de la historia pueden ser también el narrador, siempre que no sepan más que los demás. Toda la novela moderna se ve íntimamente afectada por este descubrimiento de Flaubert, y es quizá la incorporación más importante de esta voz -la de ese Dios que no se deja ver- en los relatos contados por sus contemporáneos.

Sin saberlo, Flaubert, a través de su descubrimiento del narrador silencioso e invisible, produjo esta separación entre la novela moderna y la novela clásica. Desde ese entonces, la presencia del narrador invisible redujo extraordinariamente la presencia de narradores en la literatura.

Esta fue la gran lección de Flaubert; sin olvidar, por supuesto, su aplicación a trabajar con tenacidad fanática, como si su vida estuviera en juego, en busca de esa perfección que transformó al escritor en una especie de apuntador, un megáfono de Dios, o incluso en Dios.

Nadie ha concebido la literatura con tanto rigor y dedicación. Y nadie ha escrito con tanta paciencia y esta búsqueda obsesiva de un estilo perfecto. Hasta que al final, a través de los dos copistas que lo representan, Bouvard y Pécuchet, se dedicó a escribir todo lo que se pudiera escribir, una empresa imposible y delirante, condenada al fracaso, por supuesto, pero un fracaso que es del tamaño de los dioses, o al menos del tamaño de unos pocos dioses trabajadores.

Es lo que se llama morir con el fin más elevado y dar a la literatura una apariencia divina al pisar la corteza terrestre; y he aquí un libro que es el resumen de todos los libros y, sin duda, la empresa más audaz y sublime que ha conocido la literatura desde sus inicios hasta la actualidad.

Inmediatamente después de Flaubert, pondría a Victor Hugo, no por su poesía, que ahora parece algo retórica, sino por Los Miserables, una novela que leí de adolescente y que he releído en parte varias veces. Y que hizo de Jean Valjean un compañero inolvidable, siempre ahí para ayudarme a soportar el peso del incansable Javert, el policía obsesionado al que perdona la vida y al que salva, al salir de los túneles de París, entre el fango y la putrefacción, en una escena que constituye una de las hazañas más audaces de la novela, que convirtió a muchos jóvenes (de la época) a la la vocación de novelista.

Javert muere, por supuesto, y la muerte que se inflige a sí mismo es la señal de su estrepitoso fiasco, cuando descubre, en el hombre que consideraba su enemigo mortal y un verdadero azote para la sociedad, un modelo de entendimiento y armonía para el que no estaba preparado. El romanticismo que rodea esta escena no la abruma ni la falsea; permanece ahí, como un ideal de justicia que convence y nos estimula.

Y ahora permítanme exponer mi teoría, que vale lo que vale, un poco más, y sin duda un poco menos, que tantas otros que circulan en nuestro tiempo, el de las teorías literarias. La novela salvará la democracia o se hundirá con ella y desaparecerá. Siempre permanecerá -¿cómo podemos dudarlo?- la caricatura que nos han dado los países totalitarios vendidas como novelas, pero que sólo existen tras haber pasado por la censura que mutila, para sostener las fantasmagóricas instituciones de payasadas de democracia ejemplificadas por Vladimir Putin.

Y lo vemos atacando a la desafortunada Ucrania, mientras se daba la sorpresa del siglo cuando esta última nación se le resiste, a pesar de su superioridad militar, sus bombas atómicas y sus tropas polifacéticas. Como en las novelas, aquí el débil puede triunfar sobre los fuertes, porque la justicia de su causa es infinitamente mayor que la de estos últimos, supuestamente poderosos.

Como en la literatura, las cosas se hacen bien y confirman una justicia inmanente que sólo existe, hay que decirlo, en nuestros sueños. ¿Cómo puede conmovernos una novela con esta historia que se hace todos los días? Simplemente por existir, por llenar de aspiraciones a sus lectores, inoculándoles el virus de la ambición y la fantástica proyección de una vida mejor, o al menos diferente; como la que descubrimos en los libros de Flaubert, Victor Hugo, Gide o Céline -ese gran autor y esa vil persona que que tenía dos manos, una para escribir con genio y otra para alimentar el odio contra los judíos.

Y Balzac y su fantástica intuición de lo que es posible e imposible en literatura. Y Stendhal. Y Zola con sus novelas comprometidas con el problema social. Y los grandes autores de folletines, como Alexandre Dumas, que repiensa, pero mejor, lo que otros han pensado. Así como los novelistas rusos, maestros del horror.

La literatura francesa ha hecho soñar al mundo entero con un mundo mejor. Un mundo diferente en cualquier caso, y de esta manera ha renovado la democracia apoyando el sueño de otro mundo, especialmente para los hambrientos y marginados y, como suele ocurrir, entre ellas la colectividad latinoamericana. Y ha hecho realidad ese sueño en las democracias del mundo que progresan lo suficiente -cada día que pasa-, el único progreso posible para las sociedades siempre en peligro de perder la cabeza y soñar con una revolución, después de tantos fracasos y muertes, que sólo ella nos ha reservado y, si nos aferramos a ella, se mantendrá para nosotros.

Nunca se ha inventado nada mejor que la novela para mantener vivo el sueño de una sociedad mejor que la que donde vivimos, donde todos encontrarían material suficiente para su felicidad -esta palabra, felicidad, que tiene todos los ingredientes de una locura irreal en nuestro tiempo y que, sin embargo, ha alimentado los sueños de millones de seres humanos durante siglos.

Algunos dirían que el cine y la televisión desempeñan el papel de las novelas antiguas en nuestro siglo. Los que aún no se han dado cuenta de la distancia que hay entre las ideas -que siempre van unidas a las palabras para expresarlas- y las imágenes instantáneas de una cámara, o la quietud eterna de una fotografía. Sin ningún desprecio, y reconociendo la gran adhesión de nuestro tiempo al cine, la superioridad intelectual de la literatura, de palabras e ideas, está por encima de imágenes que dejan una huella más bien fugaz en nuestra memoria.

Las palabras y las ideas que expresan nunca son patrimonio de las imágenes, ya que la batalla entre estas dos opciones parece haber comenzado. Apelo a los que creen como yo que la palabra escrita no puede compararse con la imagen perecedera que es sólo un recuerdo efímero.

La palabra escrita está decidida a durar, como la imagen de Jean Valjean y el joven Marius en sus brazos a través de la noche de París en el sótano de las catacumbas, como un desafío a la perecedera carne humana. Su memoria, como la de los cuatro mosqueteros inmortales – d’Artagnan, Athos, Portos y Aramis, enemigos mortales del Cardenal de Richelieu, nuestro fundador- está ahí para levantarnos el ánimo y sacarnos del abismo cuando estamos a punto de sucumbir.

La novela nació bastante más tarde que la poesía, en los albores de la humanidad, y no iba a alcanzar cierta plenitud hasta que, mezclado con libros de caballería, rehizo un mundo que giraba en torno al honor y la matanza. Entonces el caballero solitario vagó por los bosques y ganó la batalla solo en nombre de su dama, hazañas que divertían al pueblo en las tabernas o lo animaban reunidos en esquinas para escuchar a memorialistas repitiendo o leyendo estas terroríficas y disparatadas historias que, sin embargo, sentaron las bases de la novela moderna.

Y de estas obras maestras surgiría el que Michel Serres llamó “el libro más grande del mundo”, nuestro El Quijote, la primera novela que, al amparo de tantas lenguas, iba a nacer y sería el deleite de la vieja Europa. Cervantes en España, Shakespeare en Inglaterra, toda la literatura francesa y, más tarde, el Goethe de Alemania. Estos gigantes sembrarían y poblarían los sueños de nuestra historia futura. Una historia que nació gracias a la literatura.

¿Quién nació? Sería más exacto decir que fue el resultado de los sueños y fantasías ocultas en las profundidades del corazón humano, entre las hazañas de una época que consideraba matar como la más noble de las virtudes. Sin embargo, el olor de la sangre brotaba de las heridas que estas espadas y lanzas infligidas. Mientras, la literatura refinaba los paladares y sueños del pueblo hasta seducirlo y conquistarlo, en una época que seguimos llamando clásica y que es la base de la literatura del presente, hasta que se demuestre lo contrario.

La literatura no es la vida, y sin embargo lo es en sentido figurado, gracias a esos prodigios que han llenado nuestras noches y nos han hecho soñar con brujas y fantasmas, y más tarde figuras más inmediatas cuya humanidad llena los siglos de todas las lenguas y las mentes de aventuras, palabras y poesía. La literatura francesa, en este caso, era la mejor y más y sigue siéndolo.

¿Qué significa “mejor”? La más atrevida, diría yo, la más libre, la que construye mundos a partir de desechos humanos, la que pone orden y claridad en la vida de las palabras, la que se atreve a romper con los valores existentes, la que desobedece a la actualidad, la que regula y administra los sueños de los seres humanos.

En el contexto de las horribles guerras y matanzas de estos tiempos bárbaros, la literatura ha distendido la vida adormeciéndola con sueños que se confundían con hazañas. Y los hombres no sabía qué esperar: ¿dónde estaban? ¿Seguían soñando?

Este interludio vio renacer la literatura y sentó las bases de todas las fuentes de las que se nutrirían nuestros mejores poetas y creadores de religiones, esa otra literatura que daba sentido a la vida y a la muerte, poblando el espacio con fantasías y sueños, algunos de cuyos enigmas aún sobreviven, no siempre, por supuesto. Y el sueño de Dios y de la otra vida está siempre ahí, movilizando la esperanza, sin saber exactamente a qué aferrarse, en qué tabla de salvación apoyarse en medio del turbulento río de la vida.

Aquí es donde siempre estará la novela, para darnos esperanza, para darnos un último aliento en el momento final. La función de la crítica es insustituible y los primeros en saberlo fueron los escritores franceses, Sainte-Beuve fue el primero con su prodigiosa reconstrucción del monasterio de Port-Royal, que representa el paraíso de existencia austera y rutinaria, la vida reducida a su más pequeña expresión.

Crítica sin literatura, o literatura sin crítica, es una pérdida de tiempo. Un desperdicio. De ahí la necesidad de la crítica, como la de los siglos XVIII, XIX y XX en Francia, que devuelve al buen camino a quienes se han extraviado y señala el camino a los demás. Una crítica que restablece las filiaciones y devuelve la literatura a su vocación pionera, a su orden y desorden originales, cuando todo debía escribirse y leerse. Dando a luz esas obras augurales que abren el camino o lo encuentran en medio de este inmenso desorden: ahí es donde empieza siempre la buena literatura.

¿Puede la literatura salvar el mundo, proteger este pequeño planeta que la estupidez humana ha acribillado con bombas atómicas y de hidrógeno, suficientes para aniquilarlo si los desvaríos de un líder chiflado volvieran a surgir en uno de los países que vio nacer la locura suicida? Es muy posible, a pesar de las multitudes temerosas que se levantan contra los poderosos y protestan contra el suicidio premeditado que espera a la humanidad si persiste en este camino desafortunado.

Se dice que Arthur Rimbaud, el insolente y brillante poeta, en un balcón de una plaza del Barrio Latino, recitó por primera vez, levantando los aplausos, este poema misterioso y terrible: “Le Bateau Ivre” (”El barco borracho”). Con sus tumultos oceánicos, sus pasiones, sus amores, recorre estas frenéticas estrofas como para calmarlos. Tal es el camino correcto: recitar buena poesía con aclamación, acercarla a las multitudes de las que se ha alejado. Y eso es lo que debe ser la crítica: el camino, no para evitar obstáculos, sino para señalarlos, para no dejarse sorprender nunca y empujar a la proeza, allí donde donde la poesía y la novela han llegado más lejos, en su afán por alcanzar el final de la carrera antes que los demás.

Nadie ha ido más lejos que los escritores franceses en la búsqueda de esa entidad secreta que alimenta la vida y cuyo nombre es literatura, la vida ficticia que es, para muchos, lo más importante de la vida, como en aquel momento supremo en que Rimbaud, el desdichado mártir de la poesía, callaba cuando no tenía nada más que decir para no no caer en la insuficiencia o el artificio.

En Francia, la crítica siempre ha acompañado a la creación y, gracias a ella, esta última siempre se ha mantenido bajo control, sin estropearse ni abandonarse a la pura fantasía verbal. De lo contrario, nunca habría sido capaz de contenerse y habría salido disparada en todas direcciones. Su función siempre ha sido obstaculizar la dispersión y la locura, poner barreras a la pura creación y establecer los límites en los que se desgasta y agota.

Una vida sin literatura sería horrible, siniestra, despojada de las experiencias más ricas y diversas de la vida, una rutina intolerable, compuesta por obligaciones que se repetirían cada día como un conjunto de compromisos sin promesa de remisión. Este marco de palabras que proyectamos sobre nosotros mismos y que ha cambiado y se ha enriquecido con el tiempo es nuestra defensa, el escudo tras el que nos protegemos cuando tememos perecer sin dejar rastro. ¿Puede salvarnos un libro?

¿Salvarnos? Una historia, redimirnos y transformarnos como en los relatos que inventamos y escribimos. No es imposible, porque en este campo -lo que ocurrirá después de nuestra muerte- todo está sujeto a contradicción, a la posibilidad de un futuro. Pero no es imposible que en la imaginación, al menos, los libros que hemos leído e inventado, al creer en ellos, nos preservan de la desaparición final y definitiva, por no haber podido salvarnos en estos ensayos de supervivencia.

Nada habría sido posible sin la libertad de la que Francia ha sido una compañera constante. Ningún otro país ha vivido constantemente esta libertad que nos autoriza a todo tipo de excesos, excesos literarios y de otro tipo, los que forman parte de la vida cotidiana y los que se desvían de la rutina. Francia, antes que ninguna otra nación, los incorporó a la literatura y luego a la vida misma, que se ha enriquecido de este modo tanto como su propia poesía o su propia novela. O el ensayo que examina lo imaginario y lo convierte en acción, haciendo de la existencia una aventura.

Ningún otro país tiene una literatura más atrevida y que ha explorado con más profundidad los sueños de la razón y sus abismos secretos con mayor audacia y descaro. Por eso Francia ha visto nacer todas las corrientes de vida que exploraban las sombras y los recovecos rebeldes de la personalidad, como el dadaísmo, el freudismo o el surrealismo, y sus diferentes escuelas o tendencias. Y estos temerarios trastornos que revolucionaron el lenguaje, las formas, el arte y la vida misma, en las realizaciones más audaces.

La literatura francesa ha sido tan minuciosamente examinada por la razón y la sinrazón, que nace de los instintos y los sueños. Fue en Francia donde floreció la sinrazón que alimenta la literatura moderna, siempre opuesta a la supervivencia del subconsciente y los instintos. Balzac no pensaba, cuando La comedia humana nació en su mente, en la idea de circunscribir el mundo que tenía ante sus ojos, la más inmediata realidad. Y cuando Victor Hugo, en su isla semidesierta de Guernsey, convocó a los espíritus -todos le conocían y todos ellos le honraron-, ¿los discriminó por casualidad por su nacionalidad o por la lengua que hablaban y escribían? No, la universalidad ha sido siempre la característica de las grandes empresas literarias francesas, y el mundo agradecido lo ha aprovechado al máximo, creyendo en en ella o simplemente leyéndola.

Los escritores franceses han llegado más lejos que nadie. En algunos casos, como el de Flaubert, Molière, Victor Hugo, Rimbaud o Baudelaire, nos asombran, porque parecen tocar el infinito, que tiene un rostro humano y una aparición divina.

La literatura necesita libertad para existir, y cuando ésta no existe, recurre a la clandestinidad para hacerlo posible, porque no es posible sin ella: igual que el aire, es esencial para nuestros pulmones. De esta libertad vienen las otras, la libertad de cambiar el gobierno o simplemente criticarlo, juzgar con independencia y debatir entre nosotros, por muy diferentes que sean las opiniones que, a la hora de votar -pues votar es siempre la forma civilizada de resolver nuestras diferencias- prevalecerá siempre quien obtenga la mejor puntuación.

Esta es la fórmula que ha sustituido a la matanza, amordazándola, dejándola en el estricto espacio de los libros, aunque a veces, como hoy, alguien se pasa de la raya y pone en peligro nuestra existencia social. No se trata sólo de sobrevivir, de vivir el horror de la opresión o la ignominia de las dictaduras. Se trata de respirar y vivir la libertad -no en libertad, por supuesto- en una democracia digna de ella, en una democracia digna de ese nombre, es decir, en una ciudad o un país donde las necesidades básicas estén cubiertas y los seres humanos puedan aspirar a progresar en su búsqueda de felicidad.

¿No seguiría siendo posible? Sí, por supuesto, y afortunadamente, algunos países pioneros ya lo han conseguido. No hace falta decir que no debemos escatimar esfuerzos mientras las dictaduras o tiranías sigan existiendo, mientras se cometan crímenes en nombre de una doctrina o de una fe religiosa, mientras se cometen tantas exacciones contra las mujeres o compañeros de viaje: nadie está a salvo si no somos todos libres. Esta es la gran lección de la literatura francesa.

Libertad para todos y de inmediato. La vida debe ser como la de los libros: plena libertad en todo y para todos, aunque los libros permiten algunos excesos que en la vida serían inadmisibles, especialmente en lo que se refiere a la violación de los derechos humanos, reconocidos por la democracia, aunque con demasiada frecuencia como reclamo publicitario.

De ahí la necesidad de seguir luchando, hasta que el mundo se parezca al de la literatura, aunque sólo sea en el ámbito de la libertad. Se trata de un ideal realista y alcanzable, siempre que se tenga presente y se trabaje para conseguirlo. Una libertad como la que existe en los libros, para todos los seres vivos, dentro de los límites de la ley, y que debe ser necesariamente alcanzable en las circunstancias actuales.

Muchos de los avances de los que disfrutamos fueron, en primer lugar, inventados por la novela, con la que se ha llegado a identificar la realidad, como si no pudiéramos vivir sin los sueños que forjamos y luego intentamos tratar de transmitir a la vida.

¿Qué será de la literatura en el futuro? Lo que querramos, por supuesto. ¿Puede desaparecer? Podría, sin duda. Pero un mundo sin soñadores sería un mundo pobre y triste, un mundo sin aventuras, un mundo orquestado por los poderosos y sometido a su vigilancia constante. Esto no es lo que nos gustaría. Por el contrario, la literatura debe seguir explorando la vida y la muerte, estableciendo nuevos límites para la imaginación humana, sin olvidar la rica masa de sueños e irrealidades que ha dejado atrás.

¿Esto es la vida real? Lo es de una cierta manera indirecta y sobrenatural, y en cualquier caso está tan estrechamente asociada a la vida que a menudo parece imposible separarlas, establecer lo que corresponde a cada una, como ha ocurrido en la vida de muchas personas, incluido Michel Serres, aunque hable de ciencia, poesía y religión en sus libros, y casi nunca sobre la novela.

Pero la novela siempre está cerca cuando hablamos de Homero y la antigua Grecia o cuando soñamos con el más allá, con lo que sobrevive a la muerte. Muchos pensamos en la otra vida como una resurrección de la literatura, ese sueño de sueños hechos de palabras, un refugio que, como el canto de los pájaros o el perfume de las flores, sustituye a la vida con las deslumbrantes palabras de un mal escritor.

¿Es posible? Toda vida humana acumula hechos sorprendentes y desconcertantes que parecen sacados de los libros, de esas historias extravagantes o imposibles que se han apoderado de nosotros hasta el punto de convertir nuestras vidas en algo muy parecido a la literatura. ¿Cómo sustituir el final, como en una novela de algún tipo?

Ese sería el mejor final, sin duda. Después de sobrevivir a tantos sacrificios y tormentos, como los que nos ofrece la vida real, experimentar por fin una vida comparable a la de los héroes, hombres y mujeres que sólo viven en nuestro recuerdo, alimentado sólo por palabras y letras, como la buena ficción.

A los señores diputados del G3 que por mayoría de votos decidieron acabar con la figura de la Presidencia Interina y eliminar el cuerpo diplomático que con mayor o menor éxito venía representando a Venezuela ante la parte de la comunidad internacional que reconoció a Juan Guaidó; la Academia de Ciencias Jurídicas, los más destacados juristas del país y también este opinador les anticipó que ello era un error cuyas consecuencias podrían tener efectos negativos mayores. Así lo expresamos en los medios y también a aquellos diplomáticos que tuvieron la gentileza de consultarnos.

Adolfo P. Salgueiro

Nunca pensamos que el mayor daño ocurriría tan pronto y tendría el potencial de afectar decisivamente los activos de la República que estos señores (y señoras) creían proteger.

Es el caso de que en Estados Unidos existen en Washington varios inmuebles que son propiedad del Estado venezolano donde tienen su sede la representación ante la Casa Blanca que estuvo a cargo de Carlos Vecchio y ante la OEA cuyo titular fue Gustavo Tarre Briceño, ambos designados por la Asamblea Nacional legítima (2015). Entendemos que en Nueva York también hay una valiosa propiedad.

Ante el cese de ambas representaciones dispuesto por dicha Asamblea Nacional legítima a partir del pasado 5 de enero según la poco afortunada normativa, los respectivos embajadores (Vecchio y Tarre) dieron cuenta de ello con algunos días de anticipación ante el Departamento de Estado de Estados Unidos del cese de sus funciones y, conforme a la misma decisión de la Asamblea hicieron entrega, bajo inventario, de los activos (muebles y inmuebles) a la Comisión de Administración y Protección de Activos en el Exterior (CAPA) que los recibió tal como se había ordenado. Esta Comisión fue la que hizo entrega de la custodia y protección de esos activos el pasado día lunes 6 de febrero a un grupo enviado por el Departamento de Estado, que de una vez y sin trámite alguno cambió las cerraduras y se hizo cargo de la custodia no solo externa sino interna y dentro de la casa propiedad de la República con el argumento -válido pero algo exagerado- de que Estados Unidos había anunciado el acatamiento de la desastrosa decisión de desconocer a Guaidó y por tanto los inmuebles e instalaciones, no existiendo representación, debían pasar a su custodia según lo dispuesto por la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de abril de 1961 de la cual ambos estados son parte.

Como se dijo antes, no reconociendo más a Guaidó y tampoco a Maduro, le toca al gobierno de Estados Unidos custodiar y proteger la propiedad de un Estado extranjero que por serlo goza de la exclusión de la jurisdicción norteamericana. Es por eso mismo que el gobierno de Maduro se ha abstenido de ingresar a la sede de la Embajada norteamericana en Caracas pese a no haber relación diplomática entre ambos países. De paso, tenemos información de que quienes asumieron la custodia indicada no otorgaron recibo ni papel alguno a la parte venezolana que les hizo la entrega, por lo menos hasta la fecha en que se escriben estas líneas.

En nuestra opinión la acción del gobierno norteamericano excede los límites de la Convención de Viena y por encima de ello quedan en custodia de los documentos y archivos venezolanos que a tenor del artículo 24 de la precitada Convención son siempre inviolables dondequiera que se encuentren. Tal principio constituye el eje de todo el ejercicio diplomático. Imagínese usted lector la existencia de documentos donde se revele la lista de nombres de agentes o espías venezolanos o la relación de nuestros diplomáticos con miembros del gobierno local, o planes de cualquier clase. Cae de suyo que quien tiene la posesión excluyente de los archivos y documentos no puede ser el mismo que garantice su inviolabilidad. En Venezuela eso lo resumimos con el dicho de “ratón cuidando queso”.

Mientras tanto, los nuevos amos de la devaluada Asamblea legítima han designado un “representante” ante el gobierno de Estados Unidos, que es el señor Fernando Blasi, quien tuvo estatus diplomático hasta ahora con Vecchio, pero que actualmente no reviste condición de diplomático ni ha sido reconocido en carácter ninguno por el Departamento de Estado. En consecuencia, ese señor, no habiendo sido designado por un Poder Ejecutivo (que es el que en Venezuela designa a sus embajadores) no puede comprometer legalmente a la República.

La Comisión de Administración de los Activos en el Exterior (CAPA), que es la que hizo entrega de los inmuebles y muebles, no ha establecido hasta el momento su condición de interlocutor del gobierno local y por tanto no tiene ningún rol que jugar en cuanto a las relaciones binacionales. A lo mejor pudiera en el futuro ser lobista si se inscribe de acuerdo a las leyes norteamericanas que en esa materia son estrictas.

Se pregunta uno entonces ¿quién velará por los archivos y documentos? ¿Quién mantendrá los inmuebles? ¿Quién pagará los gastos que se originen? ¿Quién se encargará de facilitar el estatus inmigratorio de los funcionarios cesantes que obviamente no pueden regresar a Venezuela?, etc. etc.

Caso similar pero de potencial económico apocalíptico es el que se plantea con el Reino Unido, que también ha decidido acatar la pésima decisión de la AN. Sobre el particular hay que tener en cuenta que la custodia del oro propiedad del Banco Central de Venezuela depositado en esa ciudad ha sido adjudicada al gobierno interino (hoy desaparecido) en virtud de una sentencia judicial basada en la consulta previa del juez del caso solicitando al gobierno británico para que le informe a qué gobierno reconoce (Guaidó o Maduro). Si hubiera un cambio el oro, cuyo valor excede los mil millones de dólares, pasaría a custodia y disponibilidad de quienes hoy despachan desde Miraflores y adivine usted en qué bolsillos terminará.

Así, pues, ustedes señores del G3 y de la Asamblea que les acata, ya acaban de ver el primero y muy palpable resultado de la torta que pusieron. ¿Qué explicación van a dar ahora? No es cuestión de refregarles en vuestra cara aquello de “se los dije”, pero cierto es que este articulista, que algo sabe de estas cosas después de cuarenta años de cátedra de Derecho Internacional, más el procurador especial cuya figura ustedes también disolvieron, más distinguidos juristas que en su momento emitieron acertados asesoramientos y también les advirtieron. Pero… su enfermizo afán por conseguir un camarote en el Titanic (primarias y 2024) les nubló el razonamiento y deja ya visible vuestra responsabilidad, que Dios y la Patria les demandarán. Ahora esperemos para ver qué nuevo entuerto aparece.

En el capítulo más reciente de la fiesta del amor de México con Cuba, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel recibirá la medalla más alta de México cuando visite la ciudad de Campeche, en el sur de México, el sábado.

AP

La edición del viernes del boletín oficial del gobierno mexicano dijo que Díaz-Canel recibirá la “Orden del Águila Azteca”, presumiblemente con el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador colocándosela alrededor del cuello durante la visita del líder cubano.

El premio, el mayor honor del país para extranjeros y decidido principalmente por el presidente, se ha otorgado anteriormente a líderes que van desde Fidel Castro hasta el Sha de Irán.

La notificación del premio decía que el líder cubano “ha impulsado la cooperación entre las dos naciones en temas de salud”.

López Obrador elogió a Cuba el viernes por enviar médicos a México, algunos de los cuales sirven en áreas peligrosas o remotas. Pero esos médicos, y los sueldos que les pagan, han levantado polémica en México. Algunos dijeron que los trabajos deberían ir a los médicos mexicanos, mientras que otros sospechaban que gran parte de sus salarios irían al gobierno cubano.

Como presidente, López Obrador se ha esforzado por comprar todo lo que pueda de Cuba. Pero su compra de todo, desde lastre de piedra triturada cubana hasta la vacuna contra el coronavirus Abdala, ha llamado la atención.

México compró 9 millones de dosis de la vacuna Abdala de fabricación cubana en septiembre de 2022, y las dosis llegaron a fines de año, cuando los esfuerzos de vacunación de México ya habían disminuido.

La administración de López Obrador está utilizando la vacuna cubana como refuerzo, a pesar de que fue diseñada para las variantes de coronavirus que circulan en 2020 o 2021, no para las variantes actuales. Pocos mexicanos se han presentado para recibir las vacunas cubanas.

En la prisa por construir su proyecto favorito, un tren turístico que recorrerá la península de Yucatán, López Obrador ha dicho que importará barcos cargados de lastre de piedra triturada de Cuba a un gran costo.

El balasto es necesario para estabilizar los lazos de las vías del tren. La piedra local en Yucatán no es del tipo correcto, y mucha ha sido enviada a los puertos de Yucatán desde la propia costa del Golfo de México.

López Obrador ha sido durante mucho tiempo un fanático de Cuba, y con frecuencia toca música de “nueva trova” cubana en sus sesiones informativas diarias.

El presidente también ha sido criticado por sus vínculos con otros regímenes de izquierda. Su administración generó quejas por nombrar a un exfuncionario venezolano en un puesto clave en el Departamento de Educación Pública en un momento en que México está renovando los métodos de enseñanza y los libros de texto.

A pesar de su obsesión por los regímenes de izquierda en el extranjero, el presidente mexicano ha sido en gran medida conservador en cuestiones sociales y fiscales en el país.

Ignora a los críticos que citan abusos contra los derechos humanos por parte de los regímenes cubano y venezolano.

“Es una postura política conservadora”, dijo López Obrador a principios de este mes. “Es como, ‘Nos vamos a convertir en Venezuela, nos vamos a convertir en Cuba’”.

Canadá derribó este sábado un “objeto no identificado” que violó el espacio aéreo del país, anunció el primer ministro canadiense Justin Trudeau.

Infobae

Aviones de combate del Comando Norteamericano de Defensa Aeroespacial (NORAD), formado por EEUU y Canadá, tumbaron a las 13:45 hora local el objeto que sobrevolaba Yucón, territorio del noroeste del país.

“Ordené el derribo de un objeto no identificado que violó el espacio aéreo canadiense”, afirmó Trudeau en Twitter, un día después de que funcionarios estadounidenses dijeran que habían derribado un artefacto similar sobre Alaska.

“Aviones canadienses y estadounidenses se movilizaron y un F-22 estadounidense disparó con éxito contra el objeto”, tuiteó Trudeau.

El NORAD había confirmado previamente que estaba haciendo un seguimiento de “un objeto a gran altitud” en el norte de Canadá, pero por el momento no han trascendido más detalles.

El mandatario aseguró que las Fuerzas Armadas trabajarán en la recuperación de los restos del artefacto para que sean analizados aunque las condiciones climáticas propias del sitio obligarán a los agentes a readecuar los operativos. Trabajarán de manera conjunta el Comando de Alaska, la Guardia Nacional de Alaska y el FBI, así como las fuerzas del orden locales.

“Las condiciones meteorológicas del Ártico, incluyendo la sensación térmica, la nieve y la luz diurna limitada, son un factor en esta operación, y el personal ajustará las operaciones de recuperación para mantener la seguridad. Las actividades de recuperación se están llevando a cabo en el hielo marino”, detalla el comunicado difundido por NORAD.

La operación se produjo una semana después de que las fuerzas estadounidenses derribaran un supuesto globo espía chino que había provocado una nueva ruptura diplomática con Beijing y de que, en la víspera, Joe Biden ordenara tumbar otro objeto no identificado que sobrevolaba las aguas congeladas de Alaska. Éste último, sin embargo, tenía características diferentes al de días atrás.

El comunicado del Comando precisó que las tareas de recuperación sobre el fondo oceánico frente a la costa de Carolina del Sur aún continúan aunque, las primeras piezas recuperadas expusieron que el objeto tenía múltiples antenas que le permitían captar información.

“Tenía múltiples antenas para incluir una matriz probablemente capaz de recopilar y geolocalizar comunicaciones. Estaba equipado con paneles solares lo suficientemente grandes como para producir la energía necesaria para operar múltiples sensores activos de recopilación de inteligencia”, declaró un funcionario estadounidense.

Así, Washington desmintió la respuesta brindada por el régimen de Xi Jinping de que se trataba de un objeto con fines meteorológicos que por error se había desviado de su trayectoria y acabó sobrevolando su territorio. Por el contrario, acusó a China de estar detrás de estos objetos que conforman un “programa” de globos para labores de espionaje y apuntó, a su vez, que han sobrevolado más de 40 países en 5 continentes.

“Estos globos son parte de una… flota de globos desarrollados para operaciones de vigilancia”, dijo la secretaria de prensa de la Casa Blanca Karine Jean-Pierre a lo que se sumó una tajante respuesta de Joe Biden durante su discurso del estado de la Unión esta semana, en el que adviritó al régimen para que cese estas prácticas.

“Estoy comprometido a trabajar con China en lo que pueda suponer un avance para los intereses estadounidenses y beneficie al mundo. Pero no se equivoquen: como dejamos claro la semana pasada, si China amenaza nuestra soberanía, actuaremos para proteger nuestro país. Y así lo hicimos”, señaló en su alocución.

Por otro lado, este viernes, la administración de Joe Biden anunció sanciones contra seis organismos del gigante asiático vinculados a la industria aeroespacial china en respuesta a lo ocurrido recientemente.

La nutricionista, especializada en asistencia en emergencias humanitarias y pediatría, diseñó el sistema empleado por Cáritas para monitorear y tratar la desnutrición infantil durante la crisis en Venezuela. Asegura que garantizar el acceso de las familias al agua potable, restituir las consultas de controles de niños sanos, promover la lactancia materna y mejorar la calidad de la nutrición, encabezan la lista de soluciones que pueden ayudar a mitigar la desnutrición en niños menores de cinco años, especialmente en las zonas mineras de Guayana. Esta entrega pertenece a la cobertura Los hijos de la mina, publicada con el apoyo del Pulitzer Center.

Por: Valentina Oropeza – Prodavinci

La niña languidecía en una hamaca. Susana Raffalli le pidió a la madre que la cargara, se sentara en la hamaca y la sostuviera en sus piernas. Tenía menos de un año. Con el dedo, dio a probar a la niña un poco de plumpy nut, una pasta de crema de maní enriquecida con vitaminas y minerales. Si era capaz de retenerlo, masticar y tragar, podía salvarse con suplementos nutricionales. Si no lograba abrir la boca, sería necesario alimentarla por una sonda.

Raffalli encontró a la mujer y a su hija en Platanillal, un caserío al oeste del estado Amazonas, donde la siembra se descomponía bajo el agua en septiembre de 2018, un mes después de que se registrara la crecida más prolongada del río Orinoco en 126 años.

La niña le agarró el dedo con fuerza y probó la crema de maní. Comió la mitad de un sobre del suplemento nutricional, mientras Raffalli entregaba a su madre el tratamiento para un mes e indicaciones de cómo potabilizar el agua para evitar infecciones.

Otras mujeres con niños desnutridos descansaban de la travesía hacia las minas de oro al sur de Guayana. Varios niños habían fallecido en el camino. Algunas habían dejado atrás a lactantes menores de dos años en casa de abuelas, tías o alguna vecina. Incluso con familias desconocidas. Los pediatras Elvia Badell y Carlos Hernández acuñaron un término para agrupar los síntomas que observan en estos pacientes desnutridos, abandonados y vulnerables al abuso de cualquier adulto que los rodee: el síndrome del hijo de la mina.

Platanillal ha sido una de las comunidades beneficiadas por SAMAN, un sistema de alerta, monitoreo y asistencia a la nutrición, diseñado por Raffalli e implementado por la organización católica de ayuda social Cáritas, para identificar a los menores de cinco años desnutridos y tratarlos con suplementos, mientras Venezuela vivía la peor contracción económica en la historia moderna del hemisferio occidental.

Cáritas reporta haber brindado 87.000 consultas nutricionales y haber recuperado a 19.000 niños de la desnutrición aguda y la delgadez extrema durante los últimos seis años. ¿En qué se diferencian los niños que sufren el síndrome del hijo de la mina del resto de la población infantil que Cáritas ha tratado en Venezuela?

La desnutrición en esos niños es mucho más dramática y más peligrosa. Es mucho más difícil sobrevivir a ella. Una diferencia esencial es que son los niños más abandonados de todos. Son hijos de mujeres que trabajan en condiciones de esclavitud moderna, como mineras o trabajadoras sexuales. Son los hijos del abandono y de una población desplazada que está tratando de ganarse la vida. Los puntos de desplazamiento interno en Venezuela son el Arco Minero y los lugares donde los grupos irregulares se están dando plomo.

Hay un agravante en este caso. Los hijos de las minas son niños expuestos a enfermedades infecciosas añadidas a la desnutrición, y por eso tienen una mortalidad mucho mayor. Los anuarios de la Organización Mundial de la Salud indican que los niños con desnutrición tienen 2,5 veces más posibilidades de morir de enfermedades infecciosas como la malaria si están desnutridos.

Eso se cae por su propio peso. Es muy raro que la desnutrición severa sea mayor del 3% de los niños totales que evalúas. En niveles de emergencia, eso arranca en el 10%. Dentro de esa cantidad de niños desnutridos, que la desnutrición severa sea mayor a 3% es rarísimo, y tenemos registrados niveles de desnutrición severa entre 5 y 7% en lugares del país donde las enfermedades infecciosas son muy altas. Eso es característico de los sitios donde la desnutrición aguda se solapa con las enfermedades infecciosas, como en el estado Bolívar.

A lo largo de estos años, hemos visto la instalación y el crecimiento ininterrumpido de la desnutrición crónica. Eso es lo más doloroso de todo, porque menoscaba el capital humano del país. El retardo de crecimiento es la dimensión más miserable del extractivismo. Es haber saqueado la infancia de esos niños.

¿Cuál es el balance global de la desnutrición infantil en Venezuela desde el inicio de SAMAN, a finales de 2016?

Mi primera conclusión es que lo que hemos hecho como sociedad civil ha servido para salvar a un montón de niños y para generar relaciones de confianza con las familias más vulnerables, que esas familias sintieran que alguien estaba ahí para ellas. Sin embargo, después de seis años, la desnutrición infantil se mantiene consistente con los umbrales que definen una crisis de salud pública: entre 10 y 12% de los niños que recibimos en Cáritas. En algunas diócesis todavía están en 16%. Es un fenómeno que no cesa.

La segunda conclusión es que este sistema de seguimiento y detección del riesgo nutricional es efectivo para salvar a muchos niños, pero no lo es para impedir que sigan cayendo.

Lo tercero es que disponemos de evidencia que nos ha permitido validar que hay algunas soluciones que incrementan la efectividad del tratamiento contra la desnutrición infantil en términos de tiempo y recursos.

¿Cuáles son esas soluciones?

El primer factor que mejoró mucho el rendimiento del programa fue ayudar a las familias a potabilizar el agua. En las diócesis donde SAMAN entregaba el filtro artesanal y las pastillas de potabilización, el proceso de recuperación del niño se redujo varias semanas porque ya no enfermaba con diarreas. Eso no se pudo hacer en todas las diócesis porque no teníamos dinero suficiente, pero donde se hizo el cambio fue notable.

La segunda mejoría fue haber pasado de trabajar con suplementos nutricionales como cereales fortificados tipo lactovisoy, que era lo que usábamos en 2016 y 2017, al salto que representó el uso de los RUTF (ready-to-use-therapeutic food). Eso fue impresionante. Bajamos la duración del niño en el programa de tres y cuatro meses a seis semanas. El ahorro de esos recursos nos permitió ingresar a más niños.

La tercera solución que hizo más eficiente al programa fue haber coordinado directamente con los hospitales para captar a niños con desnutrición. Al menos en tres lugares (Mérida, Barcelona y Carúpano), el SAMAN hospitalario permitió que los niños que ingresaron por desnutrición severa descompensada tuvieran un alta más temprana. Eso es maravilloso, porque al sacarlos del hospital eliminábamos el riesgo de que contrajeran infecciones, después de haber sido tratados por deshidratación, fiebre o dificultad respiratoria. Logramos que se le diera de alta al niño todavía desnutrido, pero ya compensado clínicamente.

En cuarto lugar, uno de los retos más importantes era la reincidencia en la desnutrición, evitar que el niño volviera al programa cuatro meses después de haber recibido el tratamiento. La tasa de recaída ha sido mucho menor desde que comenzamos el programa TENGO, un subsidio temporal a las madres para que la familia pueda comer mientras el niño está en tratamiento. Esa transferencia monetaria con tarjetas para la compra en tiendas de víveres es el componente de seguridad alimentaria que garantiza el acceso de toda la familia al alimento.

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La pianista Gabriela Montero triunfó este viernes en el concierto que dio en una sala neoyorquina y que estuvo dedicado al tema de la emigración, con el que la intérprete siente una especial conexión al llevar doce años sin haber regresado a su patria por razones políticas.

EFE

Montero interpretó en la sala 92NY, un prestigioso punto de referencia de la música clásica en el barrio del Upper East Side, piezas de tres grandes autores rusos: Sergei Prokofiev –Sarcasmos y la Sonata de Piano número 2 en Re menor-, Sergei Rachmaninoff -Sonata de piano número 2 en Si bemol menor– e Igor Stravinsky (Sonata de piano).

Los tres autores, como confesó Montero a EFE, fueron elegidos por ella por su trayectoria vital: los tres tuvieron sus diferencias políticas con la Unión Soviética en su momento y se exiliaron momentánea o definitivamente, eligiendo Estados Unidos como patria de acogida.

También la familia de Montero abandonó Venezuela por sus diferencias con el chavismo hace más de veinte años, y si bien ella regresaba regularmente a su país, dejó de hacerlo hace 12 años por lo que llamó su «activismo frontal» contra el gobierno de Nicolás Maduro.

Durante un tiempo, Montero utilizó el escenario para, además de interpretar su música favorita, hacer llegar al mundo las condiciones que sufre el pueblo venezolano, sobre todo entre los años 2011 y 2015, en los distintos conciertos que dio por el mundo.

Sin embargo, poco a poco comprendió que no era eso lo que el público esperaba de un artista: «Al artista se le ve como alguien que trae belleza y poesía a tu vida, y cuando el artista usa el escenario como plataforma de denuncia, ya no es ese ser que trae fantasía, y el público desconecta contigo», explicó.

De un tiempo a esta parte, Montero ha dejado de lanzar mensajes políticos explícitos y prefiere expresarse solo con la música, además de que cree que ya todo el mundo ha comprendido lo que pasa en Venezuela, particularmente tras el éxodo de cuatro millones de personas en los últimos años.

En el concierto en Nueva York -con un repertorio que la pianista ya ha llevado a Suiza, Alemania y en Estados Unidos a otras ciudades-, Gabriela Montero volvió a demostrar su pericia técnica al interpretar temas complejos que fueron muy aplaudidos por un público exigente.

Pero la pieza más original, con la que cerró el concierto, no fue una composición de ningún genio ruso, sino una improvisación de la propia Montero sobre las imágenes de la película muda de Charlie Chaplin El inmigrante (1917), una comedia dramática sobre la dureza de la emigración tanto durante el viaje como tras la llegada a América.

Con el curso de las imágenes de fondo, Gabriela Montero improvisó el acompañamiento, una experiencia que ya ha repetido en varias ocasiones pero que -recordó- siempre es diferente porque esa es la esencia misma de la improvisación.

El pasado 9 de febrero, se dio a conocer la noticia de la “liberación” por parte del Régimen narco-comunista de Daniel Ortega en Nicaragua, de un grupo de 222 presos políticos. Y escribo liberación en comillas, porque no se puede llamar liberación a lo que en realidad es una orden de destierro acompañada con una medida que es una violación a los derechos humanos, como lo es la supresión de la ciudadanía nicaragüense a este grupo de víctimas del sangriento y despiadado Régimen de Daniel Ortega, convirtiéndolos en consecuencia en apátridas (ver: Artículo 15 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que establece que a nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad).

Por: Edgard Simón Rodríguez. (Abogado y Activista Político venezolano).

La mañana del 10 de febrero me comuniqué inmediatamente por teléfono con la activista y ex presa política nicaragüense Irlanda Jerez, para manifestarle mi alegría como venezolano por la liberación de sus compatriotas y asimismo ratificarle mi apoyo en esta lucha.

Irlanda Jerez es una odontóloga, comerciante y defensora de derechos humanos nacida en Nicaragua. Fue hecha presa política el 18 de julio de 2018, en una protesta pacífica del movimiento de oposición Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB). Estuvo privada de su libertad en la prisión femenina “La Esperanza”, donde realizó acciones de resistencia civil pacífica y discursos críticos al Régimen de Ortega.

En esa comunicación telefónica, la luchadora nicaragüense me manifestó unas sentidas palabras a través de una nota de voz que comparto en el presente artículo, y que considero oportuno y necesario transcribir también para ustedes, pues sin duda es un grito libertario que merece ser difundido:

“…vos sabes que todas las personas que hemos estado en prisión de una u otra manera para liberar, hay una ley de amnistía, expulsión del país porque no se pueden quedar en el país. A diferencia de ahora, la gente ha tenido que salir por puntos ciegos, escondidos, muchos en ese intento fueron capturados nuevamente por segunda vez, de los que vinieron de estos 222. Quedaron 39 presos políticos dentro de Nicaragua. Entonces es bien importante que manejemos la situación como ha sido durante todos estos años, para la oposición salir del país. Hay casos de casos… casos que fueron recapturados por intentar salir, otra gente fue asesinada por intentar salir, tenemos nombres y apellidos, y otros hemos logrado definitivamente escaparnos, huir de las garras de la Dictadura. Nuestro pueblo nicaragüense se siente inmensamente conmovido y feliz con la liberación de los 222 prisioneros políticos. Nos quedan 39. Seguir gestionando. Hemos llamado a estos liberados, aún en el destierro. La patria se lleva en el corazón, se lleva en la sangre. Donde exista un nicaragüense, la bandera azul y blanco siempre se alzará y nadie te puede quitar lo que Dios, antes de nacer en este mundo, te ha regalado y es la patria que te ve nacer y la familia que te ha tocado. En este caso la patria para los nicaragüenses es nuestra patria azul y blanco, la Nicaragua que amamos y la Nicaragua eterna por la que luchamos. Y la familia por la que luchamos son todos nuestros hermanos nicaragüenses, varones y mujeres, valientes, guerreros, luchadores, trabajadores, que todos los días se levantan con la esperanza y la fe de una Nicaragua en libertad. Te lo digo esto de corazón porque lo siento, porque lo sé. Esta medida de desterrarlos, es una medida que Ortega ya no soporta la forma de los presos políticos, también como continúan protestando dentro de las cárceles. Porque los prisioneros políticos de Nicaragua, jamás se han dado por vencidos: huelgas de hambre, consignas, himnos, protestas, todo de manera permanente, siempre ha sido así y se ha mantenido esa militancia…”.

Escuchar de una ex presa política como Irlanda Jerez esa voz de lucha, fe, esperanza y patriotismo, me infundió sumo respeto no sólo a ella, sino al valiente pueblo de Nicaragua. Pero como venezolano, sé que muchos nos preguntamos por qué no se ha logrado lo mismo con nuestros presos políticos que son también más de 270 según cifras del Foro Penal. ¿Por qué razón en la mesa de negociación de México y sus franquicias no se ha negociado algo parecido entre Estados Unidos, la Plataforma Unitaria y el Régimen de Maduro? Cuando se le entregó a Maduro sus dos narcosobrinos ¿No se pudo negociar la liberación de presos políticos venezolanos? ¿Sólo los americanos ejecutivos de CITGO? Son muchas las preguntas.

Celebro con el pueblo de Nicaragua esta libertad parcial de los 222 presos políticos. Aunque quedan aún 38 presos políticos, y entre ellos Monseñor Rolando Álvarez.

Y declaro junto a ellos, que los únicos traidores a la patria de Rubén Darío son Daniel Ortega y los cómplices de su nefasto Régimen de terror.

Gracias Irlanda, por también apoyar siempre la causa de Venezuela!

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