Morfema Press

Es lo que es

Armando Esteban Quito

María Corina Machado ha reaparecido en la madrugada de este jueves en Oslo, la capital de Noruega, con motivo del Premio Nobel de la Paz recogido en la víspera por su hija, en la que ha sido su primera aparición pública tras más de un año viviendo en la clandestinidad.

La Gaceta de la Iberosfera

Ha saludado desde el balcón del Grand Hotel de la capital noruega y ha permanecido unos minutos ante decenas de simpatizantes entre aplausos y gritos de «¡libertad!» y con los que ha cantado el himno nacional de Venezuela.

Poco antes, la política de 58 años ha estrechado la mano y abrazado a algunos seguidores apostados tras las vallas de seguridad.

El presidente de VOX le ha enviado un mensaje a través de la red social X: «Bienvenida a Europa, querida María Corina, premio Nobel de la Paz. Gracias por tu inmenso coraje y ejemplo que ilumina Occidente y nos recuerda que con fe y firmeza no hay mal que resista al empuje de la verdad y a la fuerza de la libertad».

La Fundación Disenso presentó esta semana en Oslo (Noruega) el documental María Corina, la conquista de la libertad. El documental destaca la trayectoria de Machado como referente moral y político de la lucha frente a la tiranía de Nicolás Maduro.

«En circunstancias difíciles se necesitan héroes y yo creo que María Corina Machado ha sido absolutamente heroica durante muchos años», manifiesta Abascal en el documental.

Desde Cali, en el suroeste de Colombia, los tripulantes de las lanchas rápidas dedicadas al narcotráfico describen su oficio como el de “cowboys” del mar: hombres jóvenes que cruzan océanos abiertos en embarcaciones mínimas, impulsados por el riesgo, la pericia y la promesa de un pago que en un solo viaje puede superar lo que muchos ganarían en años.

Informe Orwell

Con la decisión de la Administración Trump de designarlos como terroristas, su peligro ya no es solo la mar abierta, los naufragios o las patrullas navales: ahora también se exponen a ser destruidos desde el aire por el Ejército estadounidense. El viejo lema del negocio —“entregar o morir”— se vuelve más literal que nunca.

Los “cowboys” del mar y el eslabón clave del negocio

Las lanchas conocidas como go fast son el eslabón invisible pero indispensable de la ruta de la cocaína que sale de la costa colombiana hacia Centroamérica y México. Son embarcaciones de unos 12 metros, construidas en fibra de vidrio, con potentes motores fuera de borda sobredimensionados que permiten transportar cargamentos valorados hasta en 70 millones de dólares en plena mar.

Según fiscales y exoficiales navales colombianos, estas tripulaciones suelen estar formadas por tres o cuatro hombres:

  • Un piloto, el más experimentado y mejor pagado.
  • Un mecánico, encargado de mantener los motores y gestionar la compleja logística de combustible.
  • Un “garante” de confianza para comprador y vendedor del cargamento.
  • En ocasiones, un navegante especializado que calcula ruta y coordenadas.

Muchos comenzaron como pescadores artesanales en pueblos remotos del Caribe o el Pacífico y dieron el salto a la economía ilegal cuando aprendieron a leer los vientos, las corrientes y las entradas a los manglares mejor que nadie.

De pescadores a contrabandistas: rutas diseñadas al milímetro

Las autoridades colombianas explican que cada travesía se prepara con semanas de antelación. La cocaína avanza por tramos desde las zonas de cultivo y laboratorios en la selva hasta los estuarios del Pacífico o las caletas en el Caribe. Desde allí, las go fast se lanzan al océano buscando pasar inadvertidas entre patrulleras colombianas, barcos de guerra y helicópteros estadounidenses.

Los pilotos eligen condiciones climáticas que juegan a su favor: noches cerradas, lluvias intensas o incluso tormentas, cuando las unidades estatales suelen limitar sus salidas. Antes de los ataques aéreos de Estados Unidos, los principales temores de las tripulaciones eran volcar, morir ahogados o ser capturados. Hoy, el miedo a un misil guiado se suma a la lista.

Aun así, la recompensa sigue siendo descomunal para los estándares locales. Por un viaje exitoso de dos o tres toneladas, un piloto puede cobrar alrededor de 100.000 dólares por apenas un día de trabajo en el mar, según exclusiva del Wall Street Journal, una cifra que mantiene el flujo de voluntarios dispuesto a asumir el riesgo.

Dentro de una operación en el Pacífico rumbo a un “narco-submarino”

Un tripulante de 29 años que opera en el Pacífico colombiano relató cómo, en agosto, su lancha salió disparada desde un entramado de manglares con dos motores de 250 caballos de fuerza rugiendo bajo un cielo nocturno.

El bote cruzó a toda velocidad la franja costera, dejó atrás las aguas territoriales y se internó en el océano, a unas 200 millas náuticas de la costa. Las olas golpeaban con tal fuerza que el propio tripulante confesó que prefería no mirar demasiado al horizonte mientras vigilaba posibles patrullas de la marina.

Tras 12 horas, la lancha redujo levemente la marcha para encontrarse con un semisumergible —un “narco-sub”— que apareció en la superficie. En cuestión de minutos, los tres hombres de la go fast transfirieron medio tonelada de cocaína, valorada en unos 12 millones de dólares en la calle, al pequeño submarino, que continuó rumbo al norte, hacia México, antesala del mercado estadounidense.

Por ese viaje, el joven contrabandista recibió alrededor de 10.000 dólares, una fortuna en Colombia, pero muy por debajo de lo que gana el piloto. Rara vez vuelve a ver a las mismas personas: la lógica del negocio es fragmentada, basada en subcontratistas que cobran “por carga entregada”.

Bombardeos, “narco-terroristas” y los límites de la estrategia

En este nuevo escenario, Donald Trump y su secretario de Defensa, Pete Hegseth, han presentado a estas tripulaciones como “narco-terroristas” y “objetivos legítimos”, equiparando su persecución con la de organizaciones como Al Qaeda. El Pentágono asegura haber dado de baja a 83 personas en más de veinte ataques contra embarcaciones que, según Washington, transportaban drogas.

Expertos y excomandantes de la marina colombiana advierten, sin embargo, que el flujo de embarcaciones es muy superior a las que han sido atacadas desde que comenzaron los bombardeos en septiembre. Cada mes se mueven decenas de lanchas rápidas, semisumergibles, botes pesqueros y otras naves, muchas más de las que EE.UU. y Colombia logran interceptar o destruir.

La geografía juega a favor de los traficantes:

  • Unos 1.000 kilómetros de costa sobre el Caribe y otros 800 sobre el Pacífico.
  • Más de un centenar de ríos y canales que conectan directamente la jungla productora de coca con el mar.
  • Pueblos aislados donde el Estado casi no llega y la economía legal no ofrece alternativas.

Con ese escenario, para los operadores del negocio lo más eficiente es comprar espacio en una lancha ya organizada, en lugar de montar una estructura propia. El resultado es una “economía de carga” donde grupos armados como el Clan del Golfo cobran por proteger y autorizar los embarques, mientras inversionistas y bandas pagan por transportar desde unos kilos hasta toneladas completas.

Entre el miedo a los misiles y la tentación del dinero fácil

En los caseríos de la costa, algunos marinos veteranos ya se replantean si volver a subir a una lancha cargada de cocaína. Los relatos de barcos destruidos desde el aire han encendido las alarmas: muchos calculan si el pago compensa el riesgo en un entorno donde no solo se juega la vida del tripulante, sino el futuro de familias enteras que dependen de ese ingreso.

El joven contrabandista del Pacífico reconoce que los ataques le generan temor, pero también admite que, si le ofrecen unos miles de dólares más por un nuevo cruce, probablemente acepte. Esa lógica resume el reto para las autoridades antidrogas: mientras el negocio siga ofreciendo pagos que multiplican el salario local en una sola noche y las rutas sigan abiertas, la combinación de pobreza, geografía y demanda internacional hace que siempre haya alguien dispuesto a tomar el timón de la próxima lancha rápida.

Más de 30 buques petroleros sancionados por Estados Unidos que operan en Venezuela podrían enfrentarse a sanciones por parte de Washington después de que la Guardia Costera incautara un superpetrolero que transportaba crudo venezolano para su exportación, según datos de transporte marítimo.

Por: Marianna Parraga – Reuters

La incautación, anunciada por el presidente Donald Trump el miércoles, fue la primera de un cargamento de petróleo procedente de Venezuela, país que está bajo sanciones estadounidenses desde 2019, y la primera acción conocida de la administración Trump contra un petrolero relacionado con Venezuela desde que ordenó un importante despliegue militar en la región.

Esta acción estadounidense, en un momento en que Trump intensifica la presión sobre el gobierno del presidente venezolano Nicolás Maduro, ha puesto en alerta a muchos armadores, operadores y agencias navieras, y muchos están reconsiderando si zarpar de aguas venezolanas en los próximos días, como estaba previsto, según fuentes del sector marítimo.

Se espera que la incautación de cargamentos de origen venezolano provoque retrasos a corto plazo en las exportaciones y podría disuadir a algunos armadores, según expertos y analistas. Washington no había interrumpido anteriormente las exportaciones de petróleo de Venezuela, que se realizan a través de intermediarios en buques de terceros países.

MÁS DE 80 PETROLEROS ESPERANDO EN O CERCA DE VENEZUELA

Venezuela acusó a Estados Unidos de «robo descarado», calificando la incautación de «acto de piratería internacional».

El superpetrolero incautado, identificado por un grupo de gestión de riesgos como el Skipper, forma parte de una «flota fantasma» de buques que transportan petróleo sancionado a sus principales destinos. A menudo apagan su sistema de localización o disimulan su ubicación. Este tipo de petroleros han sido utilizados cada vez más por comerciantes y transportistas que operan con petróleo venezolano desde que Washington impuso las sanciones al país miembro de la OPEP.

Las sanciones anteriores contra buques o flujos de petróleo relacionados con Venezuela han provocado que numerosos petroleros cargados permanezcan a la espera durante semanas e incluso meses para evitar conflictos. El miércoles, más de 80 buques cargados o a la espera de cargar petróleo se encontraban en aguas venezolanas o cerca de su costa, incluyendo más de 30 bajo sanciones estadounidenses, según datos recopilados por TankerTrackers.com.

La flota fantasma global incluye 1.423 petroleros, de los cuales 921 están sujetos a sanciones estadounidenses, británicas o europeas, según un análisis de la empresa especializada en datos marítimos Lloyd’s List Intelligence. Suelen ser buques antiguos, con una propiedad opaca y navegan sin la cobertura de seguros de primer nivel que cumplen con los estándares internacionales para las grandes compañías petroleras y muchos puertos. Según datos de seguimiento de buques, la mayoría de los barcos transportan petróleo sancionado de Rusia, Irán y Venezuela a destinos asiáticos. Muchos han realizado viajes separados transportando petróleo iraní o venezolano y posteriormente cargamentos rusos.

En el caso de Venezuela, cargan en puertos operados por la empresa estatal PDVSA utilizando nombres falsos, según muestran los datos de transporte marítimo y de las empresas. Suelen ocultar su ubicación hasta mucho después de zarpar, mientras cruzan el océano Atlántico con destino a Malasia o China.

PDVSA no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios.

Se estima que el 15% de la flota mundial de superpetroleros, con una capacidad máxima de 2 millones de barriles por viaje, ha sido objeto de sanciones, según estimaciones de Frontline, una importante compañía naviera de petróleo con sede en Chipre.

En cuanto a los buques controlados por Venezuela, Estados Unidos ha incluido en los últimos años a casi toda la flota de PDVSA en su lista de sanciones, junto con algunos petroleros que transportan crudo venezolano a Cuba, país que también está bajo sanciones estadounidenses.

Rusia y China, ambos también fuertemente sancionados, han utilizado estrategias similares para eludir estas restricciones durante años.

Como muestra del éxito de la estrategia de esta flota clandestina, las exportaciones de petróleo de Venezuela aumentaron a más de 900.000 barriles por día en noviembre, y las importaciones de nafta, tan necesaria para diluir su petróleo extrapesado, principalmente procedente de Rusia, se duplicaron a 167.000 barriles por día, lo que aumentó las reservas para las próximas semanas.

Venezuela e Irán también han colaborado en el pasado en el uso de sus flotas.

La líder venezolana y Premio Nobel de la Paz 2025, María Corina Machado, ofreció este jueves su primera rueda de prensa tras recibir el galardón en Oslo y aseguró que “muy pronto” estará de regreso en Venezuela, al igual que los millones de exiliados que sueñan con volver a su país.

La Patilla

“Mi deber era venir para recoger este premio y llevarlo de vuelta a los venezolanos. Pronto estaré de vuelta en Venezuela, y sé que muy pronto ustedes también”, afirmó al iniciar su declaración.

Machado aprovechó su intervención para enviar un mensaje directo a las víctimas de la represión y a los familiares de quienes permanecen detenidos por motivos políticos.

“Esto lo estamos haciendo por todos los presos políticos de Venezuela”, dijo. Recordó que hay madres que no ven a sus hijos desde hace más de una década porque tuvieron que huir del país, y subrayó que ninguna nación debería normalizar el dolor que impone una dictadura.

La líder nacional también hizo una revelación personal al hablar de su salida clandestina del país:

“En el camino de mi salida, la fuerza que me sostuvo fue recordar a mis amigos secuestrados. Porque todo esto es por ellos. Ayer, cuando finalmente pude abrazar a mis hijos, pensé en Flor, la mamá de María Oropeza, y en tantas madres que no han podido ver a sus hijos durante años”.

Consultada sobre una eventual intervención militar extranjera, Machado reiteró que la sociedad venezolana ha hecho todo para que la transición sea pacífica.

“Quien ha dado la guerra es el régimen de Nicolás Maduro”, afirmó.

Denunció que el régimen de Maduro se sostiene en alianzas con Cuba, Rusia y organizaciones terroristas como Hamas y Hezbollah, y advirtió que el régimen usa los recursos petroleros para perseguir a los ciudadanos.

“Así como el régimen se apoya en otros regímenes del mundo, las democracias deben apoyar a los venezolanos”, agregó.

Machado aseguró que, tras la salida del chavismo, todas las instituciones venezolanas deberán ser reformadas de raíz, desde la justicia hasta la economía, y garantizó la apertura a la inversión internacional para recuperar al país.

“Hay una generación entera que no ha conocido la democracia ni ha vivido en libertad, pero está preparada para dar la vida por liberar a Venezuela”, afirmó.

Aunque no precisó fecha, Machado afirmó que su regreso será “un esfuerzo que valdrá la pena”.

“Nada me va a alejar de mi deber con los venezolanos”, dijo.

“Este premio es para los 30 millones de venezolanos”, concluyó Machado, quien reiteró que dedicará cada día a luchar por quienes están en prisión, en el exilio o resistiendo dentro del país.

Este miércoles 10 de diciembre, Oslo, en Noruega, fue el centro de una emotiva ceremonia en la entrega del Premio Nobel de Paz 2025 otorgado a la líder de la democracia venezolana, María Corina Machado.

NTN24

La ceremonia estuvo llena de emotividad y discursos poderosos que respaldaron la lucha que ha hecho Machado por la libertad de Venezuela.

María Corina no pudo asistir al evento que buscaba rendirle un homenaje, pero su premio lo recibió su hija Ana Corina Sosa Machado.

Antes de la entrega el Nobel, el discurso por parte del presidente del Comité Noruego, Jørgen Watne Frydnes, fue contundente y generó mucha sorpresa entre los venezolanos presentes.

El presidente del Comité Noruego no dudó en apuntar contra el líder del régimen venezolano, Nicolás Maduro, pero también criticó fuertemente a los gobiernos de izquierda en Latinoamérica.

Además, Jørgen Watne Frydnes describió en el evento las atrocidades cometidas por parte del régimen venezolano contra los presos políticos del país.

El presidente también hizo un llamado para que como ciudadanos de una democracia seamos “críticos con las fuentes información”.

E hizo énfasis en que: “No solamente estamos esparciendo información, sino que también estamos esparciendo propaganda estratégica de un dictador”.

“El régimen de Maduro le dice al mundo que ellos son la garantía, pero la paz basada en el miedo, silencio y tortura no es paz, es sumisión tratada como estabilidad”, agregó.

Jørgen Watne Frydnes también destacó la movilización que realizó María Corina Machado tras las elecciones presidenciales del pasado 28 de julio de 2024 en las que el régimen de Maduro cometió fraude electoral.

Y advirtió que, para los regímenes, el diálogo puede ser una trampa para ganar tiempo y generar división.

Discurso del Presidente del Comité Noruego del Nobel Jørgen Watne Frydnes

Oslo, a 10 de diciembre de 2025.
Sus Majestades,
Sus Altezas Reales,
Señora Machado, Premio Nobel de la Paz,
Excelencias,
Distinguidos invitados,
Señoras y señores.

Samantha Sofía Hernández, una adolescente de 16 años, el mes pasado fue brutalmente secuestrada por hombres enmascarados de las fuerzas de seguridad del régimen de Maduro. La sacaron de la casa de sus abuelos. No sabemos dónde se encuentra actualmente, probablemente en uno de los centros de internamiento de la dictadura. Puede que esté con su padre, quien en enero desapareció sin dejar rastro.

¿Cuál fue su pecado?

Su hermano era soldado, pero se negó a seguir las órdenes del régimen de cometer actos brutales contra la población.

Por ese delito, toda la familia debe ser castigada.

A Juan Requesens se le ordena girarse lentamente hacia la cámara. Las imágenes lo muestran de pie, en ropa interior, cubierto de heces y con la mirada perdida y confusa. Supuestamente había confesado haber planeado un golpe de Estado.

Pero, por supuesto, no había pruebas. El día antes de ser detenido, Juan compareció ante la Asamblea Nacional. Dio un discurso en el que repetía una frase clave; una promesa a su país y a sí mismo: «Yo me niego a rendirme.»

Alfredo Díaz, líder opositor y exalcalde, fue sacado de un autobús el pasado mes de noviembre y arrojado a las profundidades de El Helicoide, la mayor cámara de tortura de América Latina. Un preso político más, en una larga lista. Esta semana se ha conocido la noticia de su muerte. Otra vida perdida. Otra víctima del régimen.

Estas historias no son únicas. Esta es Venezuela de hoy. Es como el régimen venezolano trata a sus propios ciudadanos. A una hermana. A un estudiante. A un político. Cualquiera que aún crea en decir la verdad en voz alta puede desaparecer violentamente en un sistema creado específicamente para erradicar esa creencia.

Samantha, Juan y Alfredo no eran extremistas. Eran venezolanos comunes y corrientes que soñaban con libertad, democracia y derechos.

Por ello, les arrebataron la vida.

Este régimen ni siquiera perdona a sus niños. Más de 200 menores fueron detenidos tras las elecciones de 2024. Las Naciones Unidas documentaron lo que sufrieron de la siguiente manera:

Bolsas de plástico apretadas sobre sus cabezas.

Descargas eléctricas en los genitales.

Golpes al cuerpo tan brutales que les dolía respirar.

Violencia sexualizada.

Celdas tan frías que provocan intensos temblores.

Agua potable contaminada, llena de insectos.

Gritos a que nadie acudió para poner fin.

Un niño yacía en la oscuridad susurrando el nombre de su madre, una y otra vez, con la esperanza de que ella no creyera que estaba muerto.

Un joven de 16 años finalmente regresó a casa, tan devastado por las descargas eléctricas y los golpes que no podía abrazar a su madre sin sentir un dolor agudo en todo el cuerpo. Durante meses, se asustaba con cada ruido y apenas dormía. Por la noche se despertaba sobresaltado, convencido de que los soldados habían regresado para reanudar sus ataques.

Mientras estamos aquí sentados en el Ayuntamiento de Oslo, hay personas inocentes encerradas en celdas oscuras en Venezuela. No pueden oír los discursos de hoy, solo los gritos de los presos que están siendo torturados.

Así es como los poderes autoritarios intentan aplastar a quienes se alzan en defensa de la democracia. Las Naciones Unidas han declarado que estos actos constituyen crímenes de lesa humanidad.

Este es el régimen de Nicolás Maduro.

Venezuela se ha convertido en un Estado brutal y autoritario sumido en una profunda crisis humanitaria y económica. Mientras tanto, una pequeña élite en la cúspide, protegida por el poder, las armas y la impunidad, se enriquece.

A la sombra de esta crisis, miles de mujeres y niños se ven empujados hacia la prostitución y la trata de personas. Las hijas simplemente desaparecen. Los niños se convierten en objetos de comercio en manos de delincuentes que ven la desesperación humana como una oportunidad de negocio.

Una cuarta parte de la población ya ha huido del país, lo que supone una de las mayores crisis de refugiados del mundo.

Quienes se quedan viven bajo un régimen que silencia, acosa y ataca sistemáticamente a la oposición.

Venezuela no está sola en esta oscuridad. El mundo va por mal camino. Los regímenes autoritarios están ganando terreno.

Tenemos que plantearnos la incómoda pregunta:

¿Por qué nos resulta tan difícil preservar la democracia, una forma de gobierno concebida para proteger nuestra libertad y nuestra paz?

Cuando la democracia pierde, el resultado es más conflicto, más violencia, más guerra.

En 2024 se celebraron más elecciones que en ningún otro año anterior, pero cada vez menos son libres y justas. El poder de la ley se usa de forma indebida. Se silencia a los medios libres. Los críticos son encarcelados.

Cada vez más países, incluso aquellos con una larga tradición democrática, están derivando hacia el autoritarismo y el militarismo.

Los regímenes autoritarios aprenden unos de otros. Comparten tecnologías y sistemas de propaganda. Detrás de Maduro están Cuba, Rusia, Irán, China y Hezbolá, que proporcionan armas, sistemas de vigilancia y vías de supervivencia económica. Hacen que el régimen sea más robusto y más brutal.

Y, sin embargo, en medio de esta oscuridad, hay venezolanos que se han negado a rendirse. Los que mantienen viva la llama de la democracia. Que nunca ceden, pese al enorme coste personal. Ellos nos recuerdan constantemente lo que está en juego.

Muchos de ellos están hoy aquí con nosotros:

El presidente electo de Venezuela, Edmundo González Urrutia.

Carlos, el poeta.

Claudia, la activista.

Pedro, el catedrático universitario.

Ana Luisa, la enfermera.

Corina, la abuela.

Antonio, el político de oposición.

María Corina, la ganadora del premio Nobel de la Paz.

En el núcleo de la lucha por la democracia brilla una simple verdad: la democracia es más que una forma de gobierno. Es también la base para una paz duradera.

Millones de venezolanos lo saben.

Año tras año, estudiantes, sindicatos, periodistas, organizaciones empresariales y ciudadanos de a pie se han movilizado en oleadas de resistencia.

Han llenado las calles en señal de protesta. Cuando les arrebataron sus votos, hicieron sonar cacerolas. Cuando la vigilancia estatal se vuelve ineludible, susurran.

Personas de todo el espectro político – desde comunistas hasta conservadores – se han alzado para desafiar al régimen. La oposición ha probado una estrategia tras otra.

A lo largo de todo esto han dicho: No luchamos por venganza, sino por justicia.

Por la inviolabilidad de las urnas. Por la democracia. Por la paz.

Pero les responden que esas cosas son imposibles. Que fracasarán.

Y cuando los venezolanos pidieron al mundo que prestara atención, les dimos la espalda.

Mientras perdían sus derechos, su alimento, su salud y su seguridad – y, finalmente, su propio futuro – gran parte del mundo se aferró a sus viejas narrativas. Algunos insistían en que Venezuela era una sociedad igualitaria ideal. Otros solo querían ver en ella una lucha contra el imperialismo. Otros más optaron por interpretar la realidad venezolana como una competencia entre superpotencias, pasando por alto el valor de quienes buscan la libertad en su propio país. Todos estos observadores tienen algo en común: la traición moral a quienes de hecho viven bajo este régimen brutal.

Si solo apoyas a quienes comparten tus opiniones políticas, no has entendido ni la libertad ni la democracia. Sin embargo, muchos críticos se quedan ahí. Ven que las fuerzas democráticas locales cooperan, por necesidad, con actores que les desagradan y utilizan eso como justificación para negarles su apoyo. Así anteponen las convicciones ideológicas a la solidaridad humana.

¿Cómo debemos considerar a aquellos que dedican toda su energía en buscar defectos en las difíciles decisiones que han debido tomar los valientes defensores de la democracia, en lugar de reconocer su valentía y su sacrificio, o de preguntarse cómo podemos también nosotros contribuir a la lucha contra la dictadura?

Es fácil aferrarse a los principios cuando lo que está en juego es la libertad de otros. Pero ningún movimiento democrático actúa en circunstancias ideales. Los líderes activistas deben enfrontar y resolver dilemas que quienes observamos desde fuera podemos permitirnos ignorar. Quienes viven bajo una dictadura a menudo tienen que elegir entre lo difícil y lo imposible. Sin embargo, muchos de nosotros – desde una distancia segura – esperamos que los líderes democráticos de Venezuela persigan sus objetivos con una pureza moral que sus adversarios jamás muestran. Esto no es realista. Es injusto. Y revela una ignorancia de la historia.

Muchos de los que se han subido a este estrado para recibir el Premio Nobel de la Paz, entre ellos Lech Walesa y Nelson Mandela, conocían bien los dilemas del diálogo.

En los sistemas autoritarios, el diálogo puede conducir a mejoras, pero también puede ser una trampa. El diálogo se utiliza a menudo para ganar tiempo, generar división y controlar la agenda. María Corina Machado ha participado en procesos de diálogo por años. Nunca ha rechazado el principio de hablar con la otra parte, pero sí ha rechazado los procesos vacíos.

La paz sin justicia no es paz.

El diálogo sin verdad no es reconciliación.

El futuro de Venezuela puede tomar muchas formas. Pero el presente es uno solo, y es horroroso.

Por eso la oposición democrática en Venezuela debe contar con nuestro apoyo, no con nuestra indiferencia o, peor aún, con nuestra condena. Cada día, sus dirigentes deben elegir un camino que realmente esté a su alcance, no el camino de las ilusiones.

Apoyar el desarrollo democrático es apoyar la paz.

Pero desde el anuncio del Premio Nobel de la Paz de este año, se ha planteado la cuestión: ¿La democracia realmente conduce a la paz?

Los resultados de la investigación son contundentes, y la respuesta es afirmativa. No porque la democracia sea perfecta, sino porque sus propios mecanismos hacen que la guerra sea menos probable.

Las democracias cuentan con válvulas de seguridad: medios de comunicación libres, estructuras de reparto del poder, tribunales independientes, organizaciones de la sociedad civil y elecciones que permiten cambiar de liderazgo sin recurrir a la violencia. En este entorno político, las opiniones divergentes no son una amenaza que deba ser sofocada, sino una ventaja.

En una democracia, un líder que ignora los hechos puede ser sustituido en las próximas elecciones. En un régimen autoritario, el líder se mantiene en el poder y reemplaza a todos aquellos que dicen verdades incómodas. La lealtad pasa a ocupar el lugar de la realidad y se toman decisiones peligrosas en la oscuridad. La guerra siempre tiene un alto costo, pero en los regímenes autoritarios no son los líderes quienes pagan el precio más alto. Por eso las democracias casi nunca van a la guerra entre sí, a diferencia de lo que ocurre con más frecuencia con los Estados autoritarios.

El mandato de Nicolás Maduro en Venezuela demuestra por qué. Los conflictos se resuelven por la fuerza bruta y no mediante la negociación. El resultado es una sociedad en la que millones de personas se ven obligadas a guardar silencio, con consecuencias que no se detienen en la frontera. La inestabilidad, la violencia y la destrucción sistemática de las instituciones del país han afectado a toda la región, y un país vecino ha sido amenazado con una invasión militar. Venezuela demuestra – con dolorosa claridad – que el autoritarismo no solo destruye la sociedad desde dentro, sino que también propaga la inestabilidad más allá de sus fronteras.

La democracia no es, obviamente, una garantía de paz, pero es el sistema más eficaz del que disponemos para prevenir la violencia y el conflicto.

Este razonamiento suele suscitar un contraargumento bien conocido: que la democracia en sí genera disturbios y conflictos, que reclamar la libertad es peligroso. Se trata de una afirmación antigua. Los líderes autoritarios la han utilizado durante generaciones para justificar su permanencia en el poder. Hoy, además, refuerzan ese argumento con desinformación y propaganda, dos de sus armas esenciales.

Señoras y señores:

Como ciudadanos en una democracia tenemos el deber de ser críticos con nuestras fuentes de información. Deben saltar las alarmas cuando las opiniones que expresamos sean idénticas a las difundidas por uno de los sistemas de desinformación más manipuladores del mundo. Porque, en ese caso, no solo estamos difundiendo información, sino la propaganda estratégica de un dictador.

¿Qué hemos de pensar cuando leemos que es la oposición venezolana la que amenaza al país con la guerra, que el movimiento democrático es quien desea una invasión? ¿Cuando se invierte por completo el relato y las víctimas son tildadas de agresores? Esta es la versión de la realidad que el régimen de Maduro ofrece al mundo: que su régimen es el garante de la paz. Pero una paz basada en el miedo, el silencio y la tortura no es paz; es sumisión presentada como estabilidad.

No, el origen de la violencia no son los activistas democráticos. Proviene de quienes están en la cúspide del poder y se niegan a cederlo. No fue Nelson Mandela quien hizo violenta a Sudáfrica, sino la represión del régimen del apartheid contra las demandas de igualdad. No fueron los grupos de oposición quienes iniciaron las encarcelaciones en Bielorrusia, las ejecuciones en Irán – o la persecución en Venezuela. La violencia emana de los regímenes autoritarios cuando arremeten contra las demandas populares de cambio.

La paz y la democracia no pueden separarse sin que ambas pierdan su significado. La paz duradera requiere un Estado de derecho, la participación política y el respeto por la dignidad humana.

Antes de poder debatir nuestras discrepancias políticas, debemos establecer algún tipo de democracia. Sin ella, no hay una distinción significativa entre derecha e izquierda, no existe una forma legítima de discrepar, ni una auténtica vida política.

La democracia no es un lujo prescindible.

No es un adorno que se coloca en una estantería.

La democracia es trabajo arduo.

Es acción y negociación.

Es una obligación viva.

Los instrumentos de la democracia son los instrumentos de la paz.

Nos reunimos hoy, por lo tanto, para defender algo mucho más importante que cualquiera de los dos lados de una división política o ideológica. Nos reunimos para defender a la propia democracia, el fundamento mismo sobre el que descansa una paz duradera.

Cuando la gente se niega a renunciar a la democracia, también se niega a renunciar a la paz. Quien entiende profundamente esta verdad es María Corina Machado.

Como fundadora de Súmate, una organización dedicada a construir democracia, María Corina Machado dio un paso al frente para defender elecciones libres y justas hace ya más de dos décadas. Como ella misma lo expresó: “Fue una elección de votos sobre balas”.

A través de sus responsabilidades políticas y de su labor en diversas organizaciones, ha alzado la voz en favor de la independencia judicial, los derechos humanos y la representación popular. Ella ha dedicado años de trabajo a la libertad del pueblo venezolano.

Las elecciones presidenciales de 2024 fueron un factor decisivo en la elección de la galardonada con el Premio de la Paz de este año. María Corina Machado fue la candidata presidencial de la oposición y la voz unificadora de la esperanza en el país. Cuando el régimen bloqueó su candidatura, el movimiento podría haberse derrumbado, pero ella brindó su apoyo a Edmundo González Urrutia y la oposición se mantuvo unida.

La oposición logró encontrar un terreno común en la exigencia de elecciones libres y de un gobierno representativo. Este es el fundamento mismo de la democracia: nuestra disposición compartida a defender los principios del gobierno del pueblo, incluso cuando discrepamos en las políticas. En un momento en que la democracia está bajo amenaza en todo el mundo, es más importante que nunca defender este terreno común.

Cientos de miles de voluntarios se movilizaron por encima de las divisiones políticas. Fueron formados como observadores electorales y utilizaron la tecnología de nuevas maneras para documentar cada etapa del proceso electoral. Hasta un millón de personas vigilaron los centros de votación en todo el país. Subieron las actas de escrutinio, fotografiaron las actas y aseguraron copias antes de que el régimen pudiera destruirlas. Defendieron esa documentación con sus propias vidas y luego se aseguraron de que el mundo conociera los resultados de la elección.

Fue una movilización de base sin precedentes en Venezuela y, probablemente, en el mundo entero. Ciudadanos y ciudadanas de a pie, de todos los ámbitos de la vida, llevaron a cabo un trabajo sistemático y de alta tecnología de documentación en un clima de amenazas, vigilancia y violencia.

Los esfuerzos de este movimiento democrático, tanto antes como después de las elecciones, fueron innovadores y valientes, pacíficos y profundamente democráticos.

La oposición obtuvo apoyo internacional cuando sus dirigentes hicieron públicos los resultados del escrutinio recogidos en los distintos distritos electorales del país, que demostraban que la oposición había ganado por un margen claro.

Pero el régimen lo negó todo. Falsificó los resultados electorales y se aferró al poder, recurriendo a la violencia.

Durante el último año, la señora Machado se ha visto obligada a vivir en la clandestinidad.

Pese a las graves amenazas, ha permanecido en el país, siendo una fuente de inspiración para millones de personas.

Recibe el Premio Nobel de la Paz de 2025 por su incansable labor en la promoción de los derechos democráticos del pueblo de Venezuela y por su lucha para lograr una transición pacífica y justa de la dictadura a la democracia.

Durante mucho, mucho tiempo, la oposición en Venezuela ha recurrido a todas las herramientas de la democracia para sostener su campaña civil pacífica. A lo largo de los años, la señora Machado y sus aliados se han visto obligados a adaptarse y cambiar de tácticas. Han utilizado casi todos los instrumentos democráticos: desde el boicot electoral cuando el sistema estaba demasiado corrompido, hasta la participación cuando pequeños resquicios en el proceso lo permitían. Han intentado el diálogo, la organización, la movilización y una extensa labor de documentación electoral.

La señora Machado ha solicitado atención, apoyo y presión internacionales, no una invasión de Venezuela.

Ha exhortado a la población a defender sus derechos por medios pacíficos y democráticos.

Las investigaciones sobre la paz lo demuestran claramente: la movilización no violenta a gran escala figura entre los métodos más eficaces para lograr un cambio político en una dictadura. Cuando una población se moviliza, la comunidad internacional ejerce una fuerte presión y las fuerzas de seguridad se abstienen de utilizar la violencia contra la población, puede alcanzarse un punto de inflexión.

Como líder del movimiento democrático en Venezuela, María Corina Machado es uno de los ejemplos más extraordinarios de valentía civil en la historia reciente de América Latina.

El Premio Nobel de la Paz de este año cumple con los tres criterios establecidos en el testamento de Alfred Nobel.

En primer lugar, la oposición venezolana ha logrado unir movimientos políticos, organizaciones de la sociedad civil y ciudadanos comunes con un objetivo común: el restablecimiento de la democracia. Reunir a grupos diversos que anteriormente se oponían entre sí equivale, en la actualidad, a lo que Alfred Nobel denominó la celebración de congresos por la paz.

En segundo lugar, el movimiento democrático de Venezuela se ha opuesto a la militarización de la sociedad impulsada por el régimen. Dicho régimen ha armado a miles de grupos, ha autorizado a bandas paramilitares a cometer abusos y ha invitado a fuerzas militares extranjeras al país, acelerando así la militarización. Al documentar los abusos y exigir rendición de cuentas, la oposición busca fortalecer la autoridad democrática civil y reducir la influencia de las armas. Esto priva a los criminales y a las milicias afines al régimen de su armamento y autonomía, cumpliendo así con el criterio de Nobel de promover la paz mediante el desarme.

En tercer lugar, la verdadera fraternidad o hermandad – la que Alfred Nobel imaginó – requiere de la democracia. Solo cuando las personas pueden elegir a sus líderes y expresarse sin temor puede arraigar la paz, ya sea dentro de una sociedad o entre países. La democracia constituye la forma más elevada de fraternidad y el camino más seguro hacia una paz duradera.

Por lo tanto, hoy, aquí, en esta sala – con toda la solemnidad que acompaña al Premio Nobel de la Paz y a esta ceremonia anual – diremos aquello que más temen los líderes autoritarios:

Su poder no es permanente.

Su violencia no prevalecerá sobre un pueblo que se levanta y resiste.

Señor Maduro:

Debe aceptar los resultados electorales y renunciar a su cargo.

Debe sentar las bases para una transición pacífica hacia la democracia.

Porque esa es la voluntad del pueblo venezolano.

María Corina Machado y la oposición venezolana han encendido una llama que ninguna tortura, ninguna mentira y ningún miedo podrán apagar.

Cuando se escriba la historia de nuestra época, no serán los nombres de los gobernantes autoritarios los que destaquen, sino los nombres de quienes se atrevieron a resistir.

Quienes se mantuvieron firmes frente al peligro.

Quienes siguieron adelante cuando otros se rindieron.

Carl von Ossietzky.

Andréi Sájarov.

Nelson Mandela.

A lo largo de su dilatada historia, el Comité Noruego del Nobel ha rendido homenaje a mujeres y hombres valientes que se han alzado contra la represión, que han llevado la esperanza de libertad a las celdas, a las calles y a las plazas públicas, y que con sus actos han demostrado que la resistencia puede cambiar el mundo.

Hoy le honramos a usted, María Corina Machado.

Rendimos también homenaje a todos quienes esperan en la oscuridad.

A todos quienes han sido detenidos y torturados, o han desaparecido.

A todos quienes siguen manteniendo la esperanza.

A todos aquellos en Caracas y en otras ciudades de Venezuela que se ven obligados a susurrar el lenguaje de la libertad.

Que nos escuchen ahora.

Que sepan que el mundo no les da la espalda.

Que la libertad se acerca.

Y que Venezuela volverá a ser un país pacífico y democrático.

Que amanezca una nueva era.

El Tribunal Constitucional de Polonia resolvió que el Partido Comunista Polaco (KPP) viola la Carta Magna al promover una ideología prohibida explícitamente por el ordenamiento jurídico del país. El tribunal ordenó la disolución inmediata de la organización, que operaba de forma legal desde 2002 pese a no contar con representación política.

Informe Orwell

La jueza Krystyna Pawlowicz afirmó que Polonia no puede permitir la existencia de un partido que glorifique a “criminales y regímenes comunistas responsables de la muerte de millones de personas”, declaración que refuerza la línea dura del país frente a ideologías consideradas totalitarias.

Un partido marginal dentro del panorama político polaco

El KPP cuenta con cerca de mil militantes y no posee cargos electos. Su presencia política ha sido prácticamente nula, aunque ha enfrentado repetidos intentos de ilegalización en los últimos años, incluidos procedimientos impulsados por el presidente del Instituto de la Memoria Nacional, Karol Nawrocki.

La Constitución polaca y la prohibición del comunismo

La Constitución de Polonia impide la existencia de organizaciones que se basen en ideologías totalitarias vinculadas al nazismo, al fascismo o al comunismo. El fallo del Tribunal Constitucional reafirma esa prohibición y marca un nuevo capítulo en el proceso de endurecimiento de las instituciones polacas frente a grupos que se perciben como incompatibles con los principios democráticos.

El futuro del Partido Comunista Polaco tras la sentencia

Tras conocerse la decisión, el KPP anunció que evaluará sus próximos pasos, aunque reconoció que su capacidad de influencia pública ha sido siempre limitada. La sentencia, sin embargo, envía un mensaje claro desde Varsovia sobre el rumbo político del país y la voluntad de impedir la normalización de ideologías totalitarias.

La aerolínea colombiana Avianca manifestó “preocupación” por la situación del espacio aéreo venezolano, y por ahora no tiene fecha definida para retomar sus operaciones desde y hacia ese país. Solo lo hará “cuando bajen las tensiones”, afirmó este miércoles Adrian Neuhauser, primer ejecutivo del Grupo Abra.

EFE

Neuhauser recalcó que la compañía no adopta posiciones geopolíticas, pero admitió que el contexto genera incertidumbre: “No es un tema del que nosotros tomemos posición geopolítica (…) Pero nos preocupa la situación hoy día y no es especulación nuestra, cuando hay trinos de autoridades diciendo que consideran que es peligroso volar es muy difícil manejar este tipo de situaciones”.

Sus declaraciones se dieron en Bogotá durante la presentación del balance de 2025 y los planes de Abra para el próximo año.

Avianca -integrante del Grupo Abra junto con la brasileña GOL- suspendió el 28 de noviembre la venta de tiquetes y la operación de vuelos a Venezuela, después de que el Instituto Nacional de Aeronáutica Civil revocara la concesión de vuelo a seis aerolíneas que cancelaron rutas en medio del despliegue militar de Estados Unidos en el sur del Caribe.

El directivo insistió en que la empresa no puede desatender la información disponible: “Uno no puede ignorar la información que tiene (…) Cuando veamos que bajan las tensiones, por supuesto que queremos reconectar”.

La medida de Avianca se suma a la de otras aerolíneas que cancelaron vuelos a Venezuela luego de que, el 21 de noviembre, la Administración Federal de Aviación (FAA) de Estados Unidos recomendó “extremar la precaución” al sobrevolar el país y el sur del Caribe, calificando la situación de “potencialmente peligrosa”.

Estas advertencias se producen en el contexto del despliegue militar inédito de Estados Unidos en la región. La Casa Blanca lo ha defendido como parte de su estrategia antidrogas, mientras que el gobierno de Nicolás Maduro lo considera una “amenaza” y un intento de propiciar un cambio de régimen.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó el 29 de noviembre en Truth Social que el espacio aéreo venezolano permanecería cerrado “en su totalidad”.

La aerolínea panameña Copa Airlines extendió este miércoles nuevamente la suspensión de sus vuelos desde y hacia Caracas hasta el 18 de diciembre. La decisión se produce en medio de la creciente tensión entre Estados Unidos y Venezuela, mientras la compañía evalúa «alternativas» en otros aeropuertos.

El Nacional

En un comunicado, Copa explicó que «continúa monitoreando y evaluando las condiciones necesarias para garantizar la seguridad operacional de sus vuelos a Venezuela», lo cual la llevó a prolongar la suspensión temporal.

Como medida para atender la alta demanda de esta temporada, la aerolínea indicó que ha incrementado sus operaciones hacia Cúcuta, Colombia. Además, confirmó que «se encuentra evaluando otras alternativas de aeropuertos» cuyos sistemas de aproximación no se hayan visto afectados por las recientes intermitencias en las señales de navegación.

Para los pasajeros con vuelos programados hasta la fecha mencionada, Copa ofrece las siguientes opciones: cambio de fecha sin costo adicional, cancelación con crédito para un viaje futuro, o reembolso de los boletos no utilizados o parcialmente utilizados.

La aerolínea había suspendido sus vuelos el 4 y el 5 de diciembre debido a fallas en una señal de navegación. Posteriormente extendió la medida hasta el 12 de diciembre, y ahora la ha prolongado hasta el 18 de diciembre.

La medida se suma a las cancelaciones de otras aerolíneas, luego de que la Administración Federal de Aviación (FAA) de Estados Unidos advirtiera el 21 de noviembre sobre la necesidad de «extremar la precaución» al sobrevolar Venezuela y el sur del Caribe debido a lo que calificó de «una situación potencialmente peligrosa» en la zona.

Este contexto se enmarca en el despliegue militar de Estados Unidos en el Caribe, justificado por la Casa Blanca como parte de su estrategia contra el narcotráfico procedente de Suramérica. Sin embargo, el gobierno de Nicolás Maduro lo ha calificado de una «amenaza» y un intento de propiciar un cambio de régimen.

Hablando en un mitin el miércoles por la mañana, Maduro envió un mensaje a los estadounidenses que se oponen a la guerra con Venezuela. Este mensaje se presentó en forma de una canción de éxito de 1988.

«A los ciudadanos estadounidenses que están en contra de la guerra, les respondo con una canción muy famosa: No se preocupen, sean felices», dijo Maduro en español antes de cantar la letra del éxito de 1988.

«No a la guerra, sé feliz. No, no a la guerra loca, no, sé feliz.»

Funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), cuerpo de las fuerzas armadas de Venezuela, han cometido graves violaciones de derechos humanos y crímenes de lesa humanidad durante más de una década, denuncia un informe de la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos, creada por la ONU para investigar los abusos en ese país desde 2014.

EFE

El informe de 123 páginas publicado este jueves concluye que responsables del cuerpo de seguridad y orden público «perpetraron y contribuyeron de manera directa a la comisión de privaciones arbitrarias de la vida, detenciones arbitrarias, tortura, tratos crueles, inhumanos o degradantes, y violencia sexual o de género».

Estos crímenes fueron cometidos tanto durante operativos de control de protestas como en acciones de persecución política selectiva, unos abusos que se vieron facilitados por «un entorno prolongado de impunidad», según concluyó la misión presidida por la portuguesa Marta Valiñas.

La misión investigadora explicó que las autoridades venezolanas fusionaron funciones militares y policiales a través de esta guardia nacional, lo que legitimó la militarización de la seguridad ciudadana y amplió el papel de este cuerpo en operaciones orientadas al control social y la represión interna.

Ello se vio facilitado mediante una cadena de mando sin contrapesos para la rendición de cuentas y «altamente centralizada» bajo la dirección del presidente venezolano, Nicolás Maduro, en su calidad de comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

Fuerza desproporcionada

El informe estudia el papel de la GNB en la represión de olas de protestas como las vividas en Venezuela en 2014, 2017, 2019 y 2024, durante las cuales este cuerpo «ejerció un uso desproporcionado de la fuerza» que incluyó el empleo de armas, algunas de carácter letal, «disparadas de forma indebida».

La misión, destaca el informe al respecto, halló motivos razonables para creer que funcionarios de este cuerpo dispararon armas de fuego «de forma indiscriminada» y «directamente en zonas vitales de los cuerpos de las víctimas».

La investigación también denuncia posibles prácticas de modificación de proyectiles utilizados por la GNB, con el fin de infligir mayor daño a las víctimas.

La misión documentó en su estudio detenciones arbitrarias tanto masivas como selectivas, violencia física durante los arrestos, siembra de evidencias, torturas y malos tratos e incluso violencia sexual y de género dentro de las instalaciones utilizadas como centros de detención transitoria.

«No fueron incidentes aislados, formaron parte de un patrón de abuso utilizado para castigar y doblegar a las víctimas», destacó Valiñas.

Lesa humanidad

El informe resaltó que la GNB fue determinante en la comisión del crimen de lesa humanidad de «persecución con motivos políticos», siendo además, según datos de la sociedad civil, la institución que ejecutó la mayor cantidad de detenciones con fines políticos en 2019 y 2020, o desempeñando un papel clave en la captura y criminalización de opositores tras las elecciones de 2024.

En vista de los indicios obtenidos, la misión considera que funcionarios de la GNB y altos mandos militares y políticos podrían ser penalmente responsables en virtud de los artículos 25 y 28 del Estatuto de Roma, por cuyo cumplimiento vela la Corte Penal Internacional (CPI).

La misión tripartita de investigación fue creada en septiembre de 2019 por el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, y en los últimos años también incluyó entre sus miembros a los juristas Francisco Cox (Chile) y Patricia Tappatá (Argentina), quienes finalizaron su mandato el pasado 31 de octubre.

El informe se publica un día después de que en Oslo se oficializara la entrega del Premio Nobel de la Paz a la líder opositora venezolana María Corina Machado, un galardón que debido a su ausencia en la ceremonia tuvo que recibir su hija Ana Corina Sosa. 

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