Morfema Press

Es lo que es

Armando Esteban Quito

La Casa Blanca ha rechazado de plano en las últimas semanas un plan que el régimen de Nicolás Maduro trasladó por canales discretos para pactar una salida escalonada del poder en un plazo de dos o tres años. La propuesta, enviada en secreto, planteaba concesiones graduales por parte del chavismo a cambio de una desescalada y del fin del refuerzo militar que Estados Unidos mantiene en el Caribe. Según una fuente consultada por ABC este miércoles, la Administración Trump lo consideró insuficiente desde el primer momento. En Washington no creen en la palabra de Maduro, a quien acusan de haber incumplido acuerdos previos y de haber manipulado de forma reiterada procesos políticos y electorales, incluida la elección de 2024.

Por: David Alandete – ABC

Una propuesta que llegó a ser planteada era que Delcy Rodríguez, vicepresidenta del régimen, asumiera después el poder hasta que acabe el actual mandato en 2031, para después celebrar elecciones. Rodríguez controla gran parte del aparato venezolano junto con su hermano Jorge. Ella estuvo en enero de 2020 en Barajas en una visita ilegal, pues tiene vetada la entrada en espacio europeo. Socia de José Luis Rodríguez Zapatero, fue admitida y recibida por José Luis Ábalos tras enviar a este al aeropuerto de Barajas el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Al frente de los intentos de negociación en Washington está Ric Grenell, un asesor especial del presidente Trump, que no tiene cargo oficial alguno más allá de presidir el centro Kennedy para las artes escénicas, y que se vio en enero con el dictador en Caracas. Grenell ha intentado convencer a Trump de que María Corina Machado, la líder opositora cuyo partido ganó las elecciones presidenciales, no tiene la fuerza necesaria sobre el terreno para consolidar el poder y tomar las riendas de Venezuela. Ha intentado aprovechar la decepción de Trump de no ganar el Nobel de la Paz, que le fue concedido a ella a propuesta, entre otros, del mayor rival de Grenell en la Administración, el secretario de Estado y consejero de Seguridad Nacional Marco Rubio.

Sin contar con diplomáticos

El equipo que trabaja con Marco Rubio asegura de forma tajante que ya no hay más margen para la negociación, que Maduro se aprovechó de las concesiones del anterior equipo de gobierno demócrata y que se reforzó internamente hasta robar las elecciones con un fraude ampliamente documentado. Pero hay algo llamativo en la estrategia de Rubio: el Departamento de Estado se halla totalmente esquinado.

Las gestiones relativas a Venezuela y la presión sobre el dictador se están desarrollando dentro de un círculo muy reducido, al margen de diplomáticos de carrera y de legisladores del Capitolio que, en público y en privado, han expresado su rechazo a la campaña contra las barcazas que supuestamente transportan cocaína. En esos ataques han muerto ya alrededor de 80 personas, según recuentos extraoficiales, porque la Administración Trump no ha ofrecido hasta ahora una cifra pública ni una relación detallada de los operativos.

La oferta, que Washington interpretó como una señal de inquietud real dentro del chavismo ante la escalada militar y la presión diplomática de EE.UU., proponía una transición lenta y con garantías para la cúpula del régimen, que pretende mantener sus fortunas amasadas. De acuerdo con esas fuentes, fue el propio Maduro quien planteó primero, en contactos informales que se reanudaron a comienzos de noviembre, la posibilidad de dejar el cargo tras un periodo de dos o tres años. A sus 62 años, lleva en el poder desde 2013, perpetuado en un régimen dictatorial bajo el cual se ha producido uno de los mayores éxodos de la historia.

El plan incluía grandes concesiones económicas para empresas estadounidenses interesadas en el sector petrolero venezolano, y acceso a los recursos naturales de todo tipo, algo sin duda incluido para atraerse a Trump, que ha pedido trato especial para su país en acuerdos similares. La respuesta de EE.UU. a los intermediarios de Maduro fue un no rotundo. Fuentes conocedoras de las deliberaciones consultadas ayer por ABC lo resumen así: «Cualquier transición que prolongue a Maduro en el cargo es inviable para esta Administración. Venezuela funciona como un Estado narco-terrorista, lo que impide una negociación que se pueda llevar a cabo de buena fe».

Ese rechazo llega en un contexto de presión inédita y en aumento. Según ha revelado el diario ‘The New York Times’, el presidente Trump ha autorizado planes de la CIA para llevar a cabo operaciones encubiertas dentro de Venezuela, según varias personas al tanto de la estrategia. Estos preparativos buscan crear condiciones para posibles acciones posteriores y forman parte de un complejo más ambicioso de presión militar y económica.

Transición inviable

Mientras, Trump mantiene en el Caribe el mayor despliegue naval desde la Crisis de los Misiles: el portaaviones Gerald R. Ford, tres destructores Aegis y unos 15.000 uniformados, incluidos marines en buques anfibios y unidades en bases de Puerto Rico. Desde septiembre se han efectuado 21 ataques contra embarcaciones señaladas por Washington como dedicadas al narcotráfico. Los mandos militares han reconocido en privado que los cargamentos eran de cocaína, pese a que Trump los ha vinculado públicamente al tráfico de fentanilo, una sustancia que en realidad llega desde China.

En paralelo, el Departamento de Estado ha anunciado que designará el 24 de noviembre al llamado Cartel de los Soles como organización terrorista. Así se refiere en EE.UU. la fiscalía a la cúpula chavista, en un esquema de narcotráfico para lucro de los jerarcas. Aunque no se trata de un cártel tradicional, la medida permite considerar como terrorismo una parte sustancial del aparato estatal venezolano, ampliando el margen legal para diseñar nuevas acciones, incluidas una posible extracción, es decir, capturar a Maduro.

Trump también ha dicho que podría hablar con Maduro, lo que las fuentes consultadas por ABC creen que obedece a una estrategia de seguir ampliando la presión hasta que la situación del dictador sea insostenible y ese mismo se entregue para facilitar el cambio democrático en su país algo que, creen, no es fácil que acabe sucediendo.

¿El gran juego de Washington en el Caribe busca un cambio de régimen en Venezuela? El despliegue del grupo de ataque del portaaviones USS Gerald R. Ford ha alimentado las especulaciones sobre las verdaderas intenciones del gobierno de Trump.

Por Martín Rodríguez y Rodríguez – The Washington Times

El debate subsiguiente ha abusado de analogías poco sólidas y ha carecido de razonamiento histórico, del tipo que Richard Neustadt y Ernest May describieron en su clásico de 1986, «Pensar en el tiempo: Los usos de la historia para la toma de decisiones».

Si los historiadores de Harvard estuvieran en la Sala de Crisis, su primera pregunta no sería «¿Cómo derrocamos al dictador venezolano Nicolás Maduro?», sino «¿Cuál es la historia de cómo caen realmente los regímenes arraigados? ¿Cederían Maduro y sus lugartenientes como Bashar al-Asad o se aferrarían al poder como Sadam Husein?».

Estas preguntas van al meollo de lo que probablemente motiva la cautela de Washington : el temor a que cualquier operación de cambio de régimen pueda degenerar en un atolladero —otro Irak o Libia— con una guerra civil y grupos criminales que se beneficien de la devastación.

Sin embargo, estos temores se desmoronan al ser analizados.

El régimen de Caracas es más una red de protección que un gobierno: un entramado de redes de clientelismo criminal, asesores de inteligencia extranjeros y conductos de financiación ilícita. Por ello, carece del apoyo popular y la legitimidad social necesarios para sostener una insurgencia.

Las fuerzas armadas del país, si bien exhiben una variada gama de sistemas de defensa antiaérea, están debilitadas por la corrupción y la negligencia. La estructura de poder del régimen se asemeja a un punto muerto mexicano: un precario equilibrio de desconfianza y dependencia criminal donde ninguna facción actúa por temor a represalias. Esta dinámica mantiene una ilusión de cohesión mientras el régimen se desmorona desde dentro. Una amenaza material a su seguridad y riqueza provocará la huida, no la lucha.

Cuando Washington decida intensificar la presión, la respuesta de la cúpula venezolana dependerá de su visión geopolítica. Este grupo alcanzó la madurez durante la Operación Furia Urgente en Granada, la Operación Causa Justa en Panamá y la Operación Apoyo a la Democracia en Haití. Estos episodios les enseñaron que cuando Estados Unidos interviene en el Caribe, lo hace con contundencia.

Los críticos del cambio de régimen desestiman estos precedentes. Venezuela no es ni Granada ni Panamá, afirman. Es más grande, más urbanizada y está inmersa en redes criminales transnacionales. Haití fue una operación policial gracias a la intervención de último minuto del presidente Carter. En su opinión, cualquier acción contra Caracas se asemejaría menos a Panamá y más a Libia .

Esa objeción confunde la contingencia con el destino. La cuestión no es si existen diferencias. La prueba es: ¿qué nuevos hechos, si es que existen, podrían desmentir a los defensores del escenario de la “guerra eterna”? ¿Cambiaría su evaluación la ausencia de profundas divisiones religiosas o étnicas? ¿Qué hay de la absoluta incapacidad de Moscú, Pekín y Teherán para apoyar de forma significativa al régimen? ¿O de la credibilidad y el apoyo popular a María Corina Machado y Edmundo González Urrutia? De no ser así, las objeciones no son visión de futuro, sino un veto sin fundamento.

En efecto, las bandas y los grupos paramilitares controlan zonas específicas del territorio, pero operan lejos de los centros de poder del país y carecen de la logística necesaria para organizar una resistencia coordinada. Son organizaciones criminales infiltradas en las estructuras estatales, no defensores de una causa política.

Naturalmente, surgirán desafíos de seguridad tras la transición. El riesgo de que la anarquía criminal se extienda es real. Sin embargo, se trata de un problema categóricamente distinto al de una guerra civil, un problema que un gobierno posterior a Maduro podría gestionar mediante el ejercicio deliberado del poder estatal y la cooperación internacional. Cuando los críticos confunden estos escenarios, confunden en lugar de aclarar.

Si Washington emitiera un ultimátum privado, respaldado por la fuerza y ​​vías diplomáticas creíbles, el Sr. Maduro se enfrentaría a dos opciones: el exilio o la prisión, o algo peor. El guion no es nuevo. En 1989, casi un año antes de la invasión de Panamá, el presidente venezolano Carlos Pérez presionó al dictador panameño Manuel Noriega —entonces acusado por Estados Unidos, al igual que el Sr. Maduro hoy— para que renunciara. La negativa de Noriega selló su destino. El Sr. Maduro sabe cómo termina esa historia.

Así pues, la pregunta que se plantearían Neustadt y May no es si el cambio de régimen conlleva riesgos, sino si las analogías con Irak o Libia que invocan los críticos son válidas. En este caso, no lo son. Más bien, al igual que el régimen de Assad y el gobierno de Ghani en Kabul, el régimen de Maduro colapsará cuando las bases se nieguen a luchar.

Una cuidadosa secuenciación, una selección de objetivos basada en inteligencia y el recuerdo de Panamá producirán un colapso, no un caos.

Delcy Rodríguez salió a aclarar el pasado miércoles que la administración chavista de Nicolás Maduro no planea rendirse ante el cerco militar ordenado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para combatir a los carteles de droga en el mar Caribe.

La Patilla

«El pueblo venezolano no está rendido. Bueno, pero que lo sepan. Ni estamos rendidos ni nos vamos a rendir. Digan lo que ustedes quieran, no nos vamos a rendir», enfatizó Rodríguez ante las cámaras durante un congreso estudiantil partidista en Caracas.

«Porque cuando aquí nos alistamos en la milicia, nos preparamos, nos formamos… Bueno, allí fuimos, ¿o no fueron? Yo los vi a ustedes, caras pintadas ahí. Bueno, ya en posición de defendernos, ¿verdad? No somos un pueblo de guerra, somos un pueblo de paz que sabemos cómo defendernos», explicó la vocera chavista.

«Esa es la diferencia entre los imperialistas y los bolivarianos. Cuando (Simón) Bolívar cruzó fronteras con el Ejército Unido Libertador, fue para liberar, jamás para someter, para saquear, para robar, jamás. Fue la grandeza de Bolívar, que es hoy uno de los universales más universales. No hay en el mundo, no ha nacido nadie como nuestro padre libertador Simón Bolívar», subrayó Rodríguez, quien se adjudica la misma sepa que el Libertador.

La II Fuerza Expedicionaria de la Infantería de Marina de Estados Unidos (II MEF, por sus siglas en inglés) difundió este miércoles 19 de noviembre, nuevas imágenes de sus entrenamientos militares en el Mar Caribe, específicamente en Camp Santiago, Puerto Rico, a cientos de kilómetros de las costas de Venezuela.

La Patilla

La publicación, realizada en la cuenta oficial de X (antes Twitter) de la unidad, muestra a los Marines de la 22 Unidad Expedicionaria de Marines (22nd MEU) ejecutando saltos con línea estática y maniobras de caída libre desde un avión KC-130J, una aeronave de transporte táctico utilizada para operaciones especiales.

Según la II MEF, este tipo de entrenamiento permite la rápida inserción de tropas en distintos entornos operativos, una capacidad clave para despliegues repentinos y misiones de respuesta inmediata.

Las fotografías fueron captadas por el sargento Maurion Moore del Cuerpo de Marines de EEUU.

Estas maniobras ocurren en un momento delicado para la región, marcado por la escalada retórica entre el presidente estadounidense Donald Trump y el líder chavista, Nicolás Maduro, luego de la llegada al Caribe del USS Gerald Ford, el portaaviones más grande y moderno de la Armada estadounidense.

Las imágenes compartidas por la II MEF destacan el foco de Estados Unidos en entrenamientos aerotransportados de alta exigencia, esenciales para operaciones de infiltración, evacuación y despliegue táctico en áreas sensibles.

Los saltos desde aviones KC-130J son parte del programa de preparación avanzada de las fuerzas especiales de la Marina.

Este tipo de práctica suele realizarse en escenarios donde Estados Unidos busca proyectar capacidad operativa y disuasión estratégica, especialmente en regiones con tensiones políticas o riesgos de crisis.

La combinación del despliegue del USS Gerald Ford y las maniobras del MSPF en Puerto Rico, subraya el creciente nivel de actividad militar en el Caribe.

Por ahora, el Pentágono no ha anunciado nuevas operaciones relacionadas con Venezuela, pero las imágenes difundidas confirman que las fuerzas estadounidenses continúan afinando sus capacidades cerca del territorio venezolano, en un momento de máxima sensibilidad geopolítica para la región.

El Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, compartió la tarde del miércoles 19 de noviembre un mensaje en su cuenta oficial de X en el que difundió un comentario del congresista demócrata Gregory Meeks, miembro destacado de ese comité, sobre una conversación virtual que sostuvo con la líder de las fuerzas democráticas de Venezuela, María Corina Machado.

La Patilla

Meeks calificó el encuentro como un honor y destacó la determinación de Machado —ganadora del Premio Nobel de la Paz— en su defensa de la libertad y los derechos políticos en el país.

El legislador del partido demócrata reiteró el compromiso del Congreso estadounidense, en acompañar a los venezolanos en su camino hacia el restablecimiento de la democracia.

“Fue un honor para mí tener ayer una excelente conversación con la ganadora del Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, para escuchar sobre su inquebrantable lucha por la democracia en Venezuela y reafirmar nuestro apoyo al pueblo venezolano”, expresó Meeks en su mensaje publicado en X.

La participación pública del congresista reafirma la atención internacional que continúa generando la crisis venezolana y el respaldo diplomático de Washington a los líderes opositores que impulsan una transición democrática, luego del triunfo de Edmundo González en las presidenciales del 28 de julio 2024, pero que el chavismo decidió desconocer y atornillarse en el poder.

Machado, reconocida globalmente por su activismo pacífico y su defensa de los derechos ciudadanos, sigue manteniendo reuniones con distintos actores internacionales para visibilizar la situación política del país y exigir garantías para concretarse una transición política en Venezuela.

Hace hoy exactamente 40 años, el 20 de noviembre de 1985, Microsoft ponía a la venta Windows 1.0 en Estados Unidos por 99 dólares. No era un sistema operativo completo, sino una interfaz gráfica que se ejecutaba sobre MS-DOS 3.0, un “shell” que pretendía hacer más amigable el ordenador personal.

MFM

Requería un procesador 8088, 256 KB de RAM (lujo para la época), dos unidades de disquete de doble densidad y una tarjeta gráfica CGA, EGA o Hércules. Con apenas 150.000 líneas de código, parecía un proyecto modesto. Nadie imaginaba que se convertiría en la plataforma dominante de la informática mundial.

El nombre definitivo llegó en el último momento. Durante años se conoció internamente como “Interface Manager”, pero Bill Gates, semanas antes del lanzamiento, decidió que “Windows” transmitía mejor la idea de múltiples ventanas en pantalla, el gran salto visual respecto a la línea de comandos.

Entre sus aplicaciones venían auténticas reliquias que aún sobreviven: Paint, Bloc de notas, Calculadora, Reloj, Calendario, Terminal y el juego Reversi, incluido expresamente para enseñar al usuario a mover el ratón (algo completamente nuevo para la mayoría).

Por primera vez se podía superponer ventanas, aunque el famoso “solapamiento” causaba problemas técnicos y muchos programas seguían abriéndose en modo pantalla completa.

Windows 1.0 nació en medio de tensiones. Apple demandó a Microsoft en 1988 alegando que había copiado la interfaz del Macintosh; el juicio duró cinco años y terminó favorable a Gates gracias al acuerdo previo de licencia de 1981. Por otro lado, IBM presionaba para que Microsoft se centrara en OS/2 y su futuro Presentation Manager. Gates se negó y apostó todo por la vía independiente de Windows.

Las ventas fueron discretas: apenas medio millón de copias en dos años. Sin embargo, ese modesto comienzo permitió depurar errores y preparar el terreno para Windows 3.0 (1990), el verdadero punto de inflexión que superó al propio MS-DOS en popularidad.

De un disquete de 5¼ pulgadas a gobernar más del 70 % de los ordenadores personales en 2025, Windows 1.0 fue la semilla de un imperio. Un 20 de noviembre de 1985, la informática personal cambió para siempre.(1.998 caracteres con espacios)

Guardaespaldas cubanos, radares chinos, lanchas patrulleras iraníes y misiles rusos. El régimen venezolano ha gastado miles de millones de dólares a lo largo de los años en armas y servicios de seguridad de adversarios de Estados Unidos, mientras profundizaba su enfrentamiento con este país.

Por: Anatoly Kurmanaev – The New York Times

Ahora, las amenazas del presidente Trump de intensificar el conflicto ponen a prueba estas alianzas.

Estados Unidos ha concentrado cerca de 15.000 soldados y algunos de sus buques de guerra más modernos en el Caribe, ha declarado ilegítimo al dictador Nicolás Maduro de Venezuela y lo ha señalado como líder de una organización terrorista dedicada al narcotráfico. El lunes, el Sr. Trump estableció la conexión más explícita hasta la fecha entre el despliegue militar y el mandato del Sr. Maduro, declarando a la prensa que no simpatizaba con el régimen venezolano.

“Simplemente tenemos que ocuparnos de Venezuela”, añadió. En las últimas semanas, el Sr. Trump ha oscilado entre sugerir ataques inminentes contra Venezuela y buscar el diálogo con el Sr. Maduro.

Pocos en Washington o en Caracas, la capital de Venezuela, esperan que el ejército venezolano resista un ataque coordinado del poderío militar estadounidense, si eso es lo que el Sr. Trump decide.

Ninguno de los aliados del Sr. Maduro tiene la capacidad ni la voluntad política para incrementar su apoyo de manera que incline fundamentalmente la balanza de un conflicto de este tipo a favor de Venezuela, según analistas y personas cercanas al régimen venezolano.

Estas alianzas siempre se han guiado más por el beneficio económico que por una fuerte afinidad ideológica, si bien han desempeñado un papel importante en el sostenimiento del Sr. Maduro y de su mentor y predecesor, Hugo Chávez, durante períodos de crisis.

Decenas de miles de millones de dólares en préstamos chinos mantuvieron a flote los gobiernos del Sr. Chávez y, posteriormente, del Sr. Maduro, después de que los prestamistas occidentales dejaran de trabajar con Venezuela. Los comerciantes de petróleo rusos han desempeñado un papel vital para mantener el flujo de la principal exportación de Venezuela desde que el Sr. Trump impuso amplias sanciones económicas al país durante su primer mandato.

Ingenieros iraníes ayudaron a evitar el colapso total de la industria petrolera venezolana durante la prolongada crisis económica del país. Y decenas de miles de médicos y trabajadores cubanos prestaron servicios sociales durante los períodos de huelgas prolongadas y protestas masivas que caracterizaron los primeros años del gobierno del Sr. Chávez.

Pero el valor estratégico de Venezuela para sus aliados ha disminuido, junto con una fuerte caída de su producto interno bruto desde 2014. Las arcas vacías del Sr. Maduro lo han convertido en un prestatario de riesgo y en un mal comprador de bienes y servicios.

La reciente inestabilidad geopolítica ha ejercido una presión adicional sobre estos lazos.

Los regímenes de La Habana, Moscú y Teherán se han visto debilitados o distraídos por crisis económicas o guerras internas, lo que ha reducido los recursos que pueden destinar a la proyección de poder en el extranjero, según analistas.

Muchos de los aliados del Sr. Maduro están llevando a cabo su propia diplomacia de alto riesgo con el Sr. Trump y es poco probable que pongan en peligro sus objetivos internos para apoyar a un aliado que enfrenta grandes dificultades, señalaron los analistas.

Esto ha sido particularmente evidente en la relación del Sr. Maduro con el presidente ruso Vladimir V. Putin. El Kremlin respondió a la creciente presión sobre Venezuela ratificando un vago “tratado de asociación y cooperación estratégica” el mes pasado, pero se ha abstenido de comprometer públicamente nuevos recursos a su principal socio sudamericano.

Analistas rusos afirmaron que la decisión de Moscú de mantenerse prácticamente al margen mientras sus aliados en Irán y Siria eran atacados este año ponía de manifiesto los límites de su alcance geopolítico.

Un antiguo avión de carga ruso, con un historial de viajes a países con presencia militar rusa, hizo escala en Caracas el 30 de octubre, según datos de seguimiento de vuelos. Sin embargo, no está claro si transportaba equipo o personal militar adicional, si participó en trabajos de mantenimiento programados de armamento de fabricación rusa o si formó parte de una maniobra para aparentar apoyo con un coste mínimo.

Otro avión militar ruso realizó un viaje similar a Caracas en 2019, la última vez que Maduro se enfrentó a una amenaza inminente de perder el poder, lo que suscita interrogantes similares sobre su carga. El Kremlin no se ha pronunciado sobre ninguno de los dos viajes.

«Quizás puedan venir a reparar algo, traer repuestos», dijo Ruslan Pukhov, experto en el comercio de armas ruso con sede en Moscú, refiriéndose al apoyo actual de Rusia a Venezuela. «Pero creo que el mensaje principal es que Venezuela está sola».

Aun así, las alianzas del Sr. Maduro han reforzado su capacidad para mantenerse en el poder, dándole acceso a mercados extranjeros y a tecnología militar que podría infligir bajas, si no la derrota, a las tropas estadounidenses.

Si bien China se ha abstenido de otorgar nuevos préstamos a Venezuela, ha mantenido su mercado abierto al petróleo venezolano. Actualmente, China compra la mayor parte de ese petróleo, convirtiéndose así en el principal contribuyente a las arcas del Sr. Maduro.

Cuba, que atraviesa un colapso económico, sigue aportando la que posiblemente sea su experiencia más valiosa: el contraespionaje.

Desde el inicio del despliegue militar estadounidense en el Caribe, el Sr. Maduro ha aumentado el número de guardaespaldas cubanos en su equipo de seguridad y ha ampliado el trabajo de los oficiales de contraespionaje cubanos en las fuerzas armadas venezolanas para reducir el riesgo de un golpe de Estado, según una persona cercana a las fuerzas armadas venezolanas que solicitó el anonimato para hablar de temas delicados.

Esta persona afirmó que el Sr. Maduro y su círculo íntimo consideran a los agentes cubanos como experimentados e incorruptibles.

La oposición venezolana ha instado repetidamente a los oficiales venezolanos a abandonar al Sr. Maduro para garantizar su propia supervivencia. Algunos ex funcionarios estadounidenses han afirmado que el despliegue militar constituye una guerra psicológica destinada a crear divisiones dentro de las fuerzas de seguridad venezolanas.

Funcionarios venezolanos, tanto actuales como anteriores, consideran que la larga experiencia del Sr. Maduro reprimiendo la disidencia hace improbable tal división.

Una de las opciones militares que el gobierno de Trump baraja en Venezuela consiste en enviar fuerzas especiales para intentar capturar o matar al Sr. Maduro, según varios funcionarios estadounidenses. Otro plan, más ambicioso, contempla la captura de campos petroleros o infraestructura crítica venezolana, indicaron los funcionarios.

Analistas militares y ex funcionarios de seguridad venezolanos afirmaron que las armas rusas del Sr. Maduro aumentan la probabilidad de que dichas operaciones sufran bajas.

Según expertos militares, los grandes sistemas de armas rusos que forman parte de las fuerzas armadas venezolanas, como los sistemas de defensa aérea S-300 y los cazas Sukhoi, probablemente serían destruidos por ataques de precisión antes de cualquier ataque estadounidense.

Sin embargo, la potencia de fuego estadounidense podría tener dificultades para neutralizar los misiles tierra-aire portátiles Igla, considerados entre los más potentes de su clase.

El Sr. Maduro afirma que su régimen posee 5.000 misiles Igla y que estos han sido distribuidos a unidades militares y milicias aliadas en todo el país.

No obstante, debido a las condiciones de almacenamiento húmedas y al desgaste general, el número de misiles operativos podría ser de apenas unos cientos, según el Sr. Pukhov, experto militar ruso. Aun así, esta cantidad representa una amenaza significativa para cualquier aeronave o helicóptero que vuele a baja altura y que probablemente participe en una operación de fuerzas especiales.

“Será difícil para los estadounidenses simplemente irrumpir allí sin derramar sangre”, afirmó el Sr. Pukhov.

Stephen Miller, asesor de Seguridad de la Casa Blanca, emitió una fuerte declaración este miércoles 19 de noviembre, asegurando que el problema del narcotráfico en Colombia es de «extrema gravedad» y requiere de una atención urgente por parte de Estados Unidos.

La Patilla

Miller vinculó directamente el narcotráfico colombiano con el terrorismo, señalando que el narcoterrorismo es un asunto prioritario para Washington. El asesor también hizo una analogía con la lucha antiterrorista global para justificar una acción contundente.

«Del mismo modo que Estados Unidos usó fuerzas militares y recursos para ir contra Al Qaeda y contra el Estado Islámico, los cárteles en este hemisferio controlan territorio, disponen de sus propias fuerzas y moldean resultados políticos asesinando a dirigentes a voluntad para dominar gobiernos enteros», afirmó Miller.

El asesor de Seguridad amplió su preocupación a la situación en la frontera con México, indicando que «toda la franja física de nuestra frontera sur, en el lado mexicano, está bajo el control de estas organizaciones narcoterroristas. Lo que ocurre allí, lo deciden y lo controlan ellos».

Miller concluyó que la cuestión de seguridad nacional más esencial para Estados Unidos es el «desmantelamiento de estas organizaciones».

La pasarela preliminar de Miss Universo 2025 en Tailandia sumó este fin de semana uno de los momentos más comentados —y virales— del certamen.

Infobae

La aparición de Leonora Lysglimt-Rødland, representante de Noruega, causó sorpresa debido a que desfilo envuelta en un traje típico inspirado en el salmón, uno de los pilares culturales y económicos más importantes de su país.

La propuesta, que de inmediato dividió opiniones, se transformó en tendencia mundial en cuestión de minutos.

Durante el desfile, Miss Noruega avanzó con un atuendo en tonos naranja cobrizo, texturas escamadas y una estructura que reproducía la silueta de un salmón.

La pieza, de gran volumen, parecía envolverla por completo. Al abrirse la estructura principal, dejó al descubierto un enterizo transparente que contrastaba con el exterior escultórico.

La lámpara de Aladino

Por su parte, Miss Sri Lanka sorprendió con un particular traje de tetera durante el desfile de trajes típicos en la ceremonia en la que se seleccionará al Top 30 del Miss Universo 2025.

Lihasha Lindsay White fue la candidata que impresionó con su gigante traje representativo de su país.

Y es que como es típico en la zona, el té de Sri Lanka, conocido como té de Ceilán, es famoso mundialmente por su alta calidad y distintivo sabor.

Los efectos negativos que ha producido en Venezuela el nefasto ciclo del chavodamurismo tendrá que ser objeto de análisis en los centros de debates académicos del mundo para tener en cuenta lo que no se debe hacer, si los ciudadanos de cualquier otro país no desean llegar a padecer lo que tanto ha sufrido el pueblo venezolano.

Los venezolanos decidimos cívicamente salir de la dictadura madurista, y lo hicimos por la vía electoral, ruta muy arriesgada, tomando en cuenta el férreo control de las instituciones del Estado por parte de la dictadura. La ciudadanía respaldó masivamente la opción de Edmundo González Urrutia y de María Corina Machado, ese triunfo está avalado en las actas mostradas, cosa que no ha querido ni ha podido hacer Maduro. Ya han transcurrido más de 15 meses y ante las reiteradas exigencias para que «muestre las actas», la respuesta de Maduro es reticente. No hay dudas de que insiste en robar ese resultado electoral.

Por eso, cuando oímos al presidente de Colombia, Gustavo Petro, proponer como solución «convocar nuevas elecciones», la respuesta es relancina: ya se realizaron unas elecciones el pasado 28 de julio de 2024. Y cuando el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, rebusca argumentos para sugerir otro «diálogo», nos salta a la mente la política de seguridad implementada durante la Administración del expresidente Andrés Manuel López Obrador, conocida popularmente como «abrazos y no balazos». Una estrategia que buscaba abordar la violencia y la criminalidad en México a través de medios no confrontacionales y el fortalecimiento de programas sociales para atender las causas de la delincuencia.

Se promovió la idea de buscar la pacificación del país a través del diálogo y la reconciliación, aunque los detalles de cómo se implementaría esto con los grupos criminales nunca fueron completamente claros. La efectividad de la política de «abrazos y no balazos» ha sido un tema de intenso debate. Sus críticos, y los propios hechos, señalan que la violencia y la actividad del crimen organizado aumentaron, evidenciando que la falta de confrontación directa envalentonó a los grupos criminales. La verdad del día a día es que siguen matando alcaldes o a líderes políticos y el narcotráfico sigue «viento en popa». En Venezuela, después de múltiples diálogos, la dictadura sigue apresando a ciudadanos, que son torturados, desaparecidos o ejecutados extrajudicialmente.

La tragedia trasciende al campo de la seguridad. Veamos algunos ejemplos para formarnos una idea, con pruebas irrefutables, de hasta dónde se ha deteriorado Venezuela desde que Hugo Chávez y Nicolás Maduro se alzaron con los poderes públicos.

La República de Perú, después que Alberto Fujimori dejara el poder en noviembre del 2000, ha tenido diez presidentes. Ese país tiene en la actualidad reservas internacionales netas (RIN) de aproximadamente 85.148 millones de dólares (a septiembre de 2025). El control de la inflación y la devaluación del sol peruano, a pesar de la constante inestabilidad política, se debe principalmente a un marco macroeconómico sólido y a la fortaleza de sus instituciones económicas independientes.

Los factores clave incluyen la autonomía del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), una institución independiente y altamente respetada, con un mandato claro de controlar la inflación. Su credibilidad y manejo técnico han sido fundamentales para mantener la estabilidad de precios y la confianza en la moneda.

Pero más allá de Hispanoamérica hay otro escenario en Asia, donde existe un país llamado Singapur cuya diferencia de tamaño, en comparación con Venezuela, es abismal: Venezuela es aproximadamente 1.300 veces más grande que Singapur. Venezuela tiene una superficie terrestre de aproximadamente 916.445 kilómetros cuadrados (sin sumar los 159.542 km cuadrados de nuestro Esequibo en reclamación).

Singapur tiene una superficie total de alrededor de 736 kilómetros cuadrados(incluyendo las tierras ganadas al mar). Por otra parte, tenemos que las reservas oficiales de divisas de Singapur gestionadas por la Autoridad Monetaria (MAS) ascendieron este año 2025, en términos de dólares estadounidenses, a aproximadamente 363.3 mil millones de dólares.

La situación de Venezuela, con reservas internacionales mínimas, creciente inflación y una devaluación extrema, contrasta fuertemente con la de Perú y Singapur, y eso se debe a una combinación de mala gestión económica, políticas populistas, alta dependencia de la renta petrolera y falta de independencia del Banco Central. A diferencia del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), el Banco Central de Venezuela (BCV) está sujeto a presión política.

El régimen venezolano ha utilizado la impresión de dinero (expansión monetaria incontrolada) para financiar un gasto público excesivo y su déficit fiscal. Este aumento masivo de dinero en circulación, sin un respaldo en la producción de bienes y servicios, es la causa principal de la inflación. La economía venezolana depende casi exclusivamente del petróleo, que representa cerca del 95 % de sus exportaciones.

Otro ejemplo. En Chile, los salarios de los educadores son sustancialmente más altos y varían según la experiencia, la ubicación y el tipo de institución. El sueldo promedio general de un profesor en Chile está alrededor de 2.000 dólares, utilizando un tipo de cambio de referencia en 2024.

En Venezuela, los educadores (maestros, profesores, catedráticos) enfrentan una crisis salarial severa, con ingresos que no cubren las necesidades básicas debido a la alta inflación y la devaluación de la moneda. Los salarios de los docentes y profesores universitarios son extremadamente bajos, a menudo reportados entre dos y 30 dólares mensuales, dependiendo del rango y si es universidad pública o privada. Un profesor titular a dedicación exclusiva en la Universidad Central de Venezuela (UCV), podría ganar alrededor de cuatro dólares al mes en 2025.

El pasado domingo 9 de noviembre circuló por las redes sociales un dramático mensaje del presidente de la Asociación de Profesores de la Universidad del Zulia, Roberto López Sánchez, denunciando «la precaria situación salarial, indicando que un profesor titular, a dedicación exclusiva, el más alto escalafón de esa institución, recibe un salario mensual equivalente a dos dólares». ¡Sin comentarios!

Metámonos en otra área, la petrolera. Veremos que la principal diferencia en el manejo de la industria petrolera entre Noruega y Venezuela radica en la disciplina fiscal e institucionalidad de Noruega frente al populismo y la falta de planificación a largo plazo de Venezuela. En Noruega la línea estratégica apunta al ahorro, la estabilidad y una visión a largo plazo. El modelo noruego se basa en la gestión prudente de los recursos para garantizar el bienestar de las generaciones futuras, evitando la «maldición de los recursos». Los noruegos crearon el Fondo Soberano de Riqueza hacia dónde se dirige la mayoría de sus ingresos (Government Pensión Fund Global), uno de los fondos de inversión más grandes del mundo. Este fondo invierte en el extranjero para diversificar riesgos y generar retornos a largo plazo.

En Venezuela, para nuestra desgracia, lo que prepondera es el populismo, el despilfarro y un colapso. El modelo venezolano, especialmente bajo el chavismo, se ha caracterizado por el uso de la renta petrolera para gasto público inmediato, control político y corrupción, lo que ha llevado al colapso de la industria y a una crisis económica. En resumen, mientras Noruega ahorró y planificó para el futuro, utilizando sus ingresos petroleros como una herramienta de estabilidad, Venezuela despilfarró su riqueza en políticas populistas que, a largo plazo, resultaron en el desplome de la industria y descalabro de la economía.

Miremos un escenario iberoamericano, Brasil y su empresa Petrobras, aunque es una empresa estatal, ha operado generalmente con una estructura de gobernanza corporativa más sólida, enfocándose en la eficiencia operativa, la exploración y la rentabilidad. A pesar de haber enfrentado escándalos de corrupción significativos (como la Operación Lava Jato), su modelo de gestión se ha mantenido más cercano a los estándares empresariales internacionales, permitiendo el desarrollo de capacidades técnicas avanzadas (como la explotación en aguas profundas o pre-salt) y manteniendo su estatus como un actor importante en el mercado energético global.

La principal diferencia entre la gestión de la industria petrolera venezolana bajo Chávez y Maduro, en comparación con Petrobras en Brasil, radica en el contraste entre una administración politizada y arbitraria frente a una gerencia más técnica y orientada al mercado. En Venezuela, la gestión de la empresa petrolera (PDVSA) se caracteriza por la intervención política directa, el uso de los ingresos petroleros para financiar el poder político (populismo), y la designación de personal sin cualificación técnica, lo que condujo a una falta de inversión crítica, corrupción generalizada y un colapso dramático de la producción de 3,4 millones de barriles diarios en 1998 a menos de 800.000 barriles en la actualidad.

Afortunadamente, el futuro inmediato de Venezuela tiene una apuesta optimista en el Gobierno de transición que, con una agenda marcada por el Plan Tierra de Gracia, lideran Edmundo González Urrutia y María Corina Machado. Confiamos en las capacidades de quienes integrarán los equipos de trabajo y en la determinación de nuestros líderes legítimos para pasar esas oscuras páginas de nuestra historia y comenzar a transitar la senda del progreso.

Antonio Ledezma (@AlcaldeLedezma)

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