Morfema Press

Es lo que es

Armando Esteban Quito

En la Venezuela actual, la de la narcotiranía entrópica y deshilachante, el poder ya no se expresa a través de instituciones visibles ni de cadenas de mando tradicionales. Se ha transformado en una estructura tentacular que recuerda a un gran pulpo rojo cuyo centro -encarnado en Nicolás Maduro- coordina, permite o simplemente tolera la expansión de múltiples brazos criminales. Estos tentáculos, alimentados por el narcotráfico, la corrupción policial, las bandas armadas y la violencia extrajudicial, sostienen un sistema que opera a través del miedo y la intimidación. Son extensiones de un Estado que ha delegado, de forma deliberada o conveniente, funciones de control social en actores criminales que actúan con una impunidad que sería imposible sin protección política.

Por: Luis Manuel Marcano – El Nacional

En el núcleo de esta maquinaria se encuentra una lógica de poder basada en la lealtad, no en la legalidad. Desde allí se articula una red en la que cada actor -funcionario corrupto, jefe de banda, líder de colectivo o comandante policial- cumple un rol específico. No hacen falta órdenes escritas ni instrucciones formales: basta con un clima de permisividad generalizado y la certeza de que quien coopera será protegido. El resultado es un ecosistema donde la frontera entre crimen organizado y estructura estatal se ha desdibujado hasta volverse irreconocible.

Uno de los tentáculos más evidentes es el de las bandas locales, que operan tanto en barriadas urbanas como en zonas rurales. En estos territorios, el Estado ha cedido espacio y, en algunos casos, autoridad. Estas organizaciones no actúan solo como grupos delictivos; también son operadores políticos informales. Controlan comunidades, vigilan movimientos de líderes opositores, y ejercen presión sobre cualquier foco de organización social independiente. A cambio reciben armas, protección judicial y libertad para manejar economías ilícitas. El régimen obtiene algo crucial: la capacidad de tercerizar la intimidación, sin asumir públicamente los costos de la represión directa.

Otro tentáculo, más expansivo y sofisticado, es el del Tren de Aragua. Este grupo criminal, originalmente surgido en cárceles venezolanas, se ha convertido en una franquicia del delito con presencia regional. Su crecimiento, imposible sin la tolerancia estatal, lo ha transformado en un operador útil para el régimen. Dentro de Venezuela controla extorsiones, secuestros, tráfico de migrantes y territorios enteros que funcionan como “pequeños Estados” paralelos. En momentos políticamente sensibles, el grupo puede actuar como fuerza de choque, imponer disciplina territorial o difundir miedo. Su expansión internacional, además, permite al poder venezolano proyectar influencia fuera de sus fronteras y, simultáneamente, alimentar narrativas negativas sobre la diáspora.

El narcotráfico constituye otro de los brazos fundamentales. No es un fenómeno aislado gestionado por actores externos, sino un sistema incrustado en estructuras militares y policiales. En varias regiones del país, estas economías ilícitas financian operaciones clandestinas, sostienen lealtades y sirven como fuente de información privilegiada sobre los movimientos de opositores. Los corredores fronterizos, los aeropuertos clandestinos y las rutas marítimas son espacios donde convergen intereses criminales y estatales. Allí se organiza desde la logística de envíos de droga hasta la vigilancia informal de líderes sociales, actuando como un órgano más del organismo central.

Las fuerzas de seguridad, lejos de constituir un contrapeso, actúan como otro tentáculo del sistema. Funcionales a la misma lógica de impunidad, operan con discrecionalidad absoluta. Allanamientos sin orden, detenciones arbitrarias, desapariciones breves y seguimientos sistemáticos se han normalizado. Estos cuerpos se activan especialmente cuando el régimen percibe amenazas políticas: protestas, articulación de movimientos opositores, denuncias públicas o procesos electorales. Su función no es garantizar seguridad ciudadana, sino preservar el control político mediante la intimidación y la violencia selectiva.

En las zonas fronterizas, la presencia de grupos armados irregulares completa la anatomía del pulpo. Guerrillas, colectivos y mafias locales actúan como aliados tácticos. Controlan minas, pasos ilegales y comunidades enteras. Su relación con el Estado venezolano no es formal, pero sí funcional. Suministran logística, vigilancia y capacidad de fuego que complementan la ausencia -o retirada deliberada- de la institucionalidad. En estos territorios, el Estado no gobierna: coexiste, negocia y se apoya en quienes imponen orden mediante la fuerza.

La clave del sistema es que todos estos tentáculos funcionan sin necesidad de una jerarquía rígida. No dependen de instrucciones directas, sino de un ecosistema construido sobre la impunidad y la conveniencia mutua. La represión se ejecuta desde las sombras: amenazas, desapariciones breves, campañas de desprestigio, vigilancia digital y asesinatos selectivos. Los tentáculos del horror pueden operar de forma autónoma, pero siempre en sintonía con el objetivo general: sostener al poder central.

El resultado es un país donde la violencia se ha convertido en herramienta de gobierno. El miedo no es un efecto colateral, sino un instrumento político. Opositores secuestrados, activistas perseguidos, líderes comunitarios silenciados y ciudadanos sometidos a economías criminales forman parte de una misma ecuación. La delincuencia ya no es un fenómeno al margen del Estado: es su extensión más brutal.

El pulpo rojo no necesita moverse. Sus tentáculos lo hacen por él: unos intimidan, otros extorsionan, otros desaparecen, otros asesinan. Y todos, sin excepción, actúan a favor de un mismo centro político que ha encontrado en el crimen organizado no un enemigo, sino un aliado indispensable para mantenerse en el poder.

Chevron Corp., la única gran petrolera estadounidense que permanece en Venezuela, tiene planes de mantenerse en el país a largo plazo. La empresa considera que está llamada a desempeñar un papel clave en la reconstrucción de la economía venezolana cuando sea el momento oportuno.

El Nacional

Durante el Foro de Inversión de Estados Unidos, Arabia Saudita en Washington D.C., su director ejecutivo, Mike Wirth, indicó que la compañía evalúa la situación con una perspectiva amplia y de largo aliento, reseñó Bloomberg.

“Los vaivenes que se observan en lugares como Venezuela son desafiantes, pero nosotros jugamos a largo plazo”, afirmó Wirth ante los asistentes.

Mientras Chevron mantiene su posición, el ambiente geopolítico alrededor de Venezuela se ha tensado. El gobierno de Donald Trump ha reforzado su postura frente a Nicolás Maduro, desplegando barcos de guerra hacia el Caribe en una operación anunciada como parte de una campaña contra el narcotráfico.

Este despliegue ha reactivado especulaciones entre los tenedores de bonos, quienes imaginan un escenario futuro en el que un cambio político podría abrir el camino para nuevas inversiones y un mayor acceso a las vastas reservas de crudo venezolanas.

Wirth insistió en que, a pesar de la incertidumbre, el potencial del país sigue vigente. “Venezuela tiene una gran riqueza geológica y recursos abundantes”, señaló. “Estamos comprometidos con el pueblo del país y queremos ser parte de la reconstrucción de la economía venezolana cuando las circunstancias cambien”.

La escalada diplomática entre Estados Unidos y Colombia causada por la decisión de Donald Trump de enfrentar en aguas internacionales a los carteles de la droga que responden a Nicolás Maduro, tuvo hoy un nuevo round en el Consejo Permanente de la OEA que sesionó en su edificio histórico en DC.

Por: Román Lejtman – Infobae

El presidente de Colombia, Gustavo Petro, es aliado regional del dictador venezolano, que ha sido señalado por la Casa Blanca como el jefe del Cartel de los Soles, una organización criminal considerada narcoterrorista por la Secretaría del Tesoro de Estados Unidos.

En este contexto, esta semana Trump embistió contra Petro durante una conferencia de prensa en el Salón Oval.

“Sabemos exactamente cómo traen sus cosas aquí, cómo traen las drogas aquí. Fentanilo, cocaína. Colombia tiene fábricas de cocaína donde producen cocaína. ¿Destruiría esas fábricas? Me sentiría orgulloso de hacerlo, personalmente. No dije que lo voy a hacer, pero me sentiría orgulloso de hacerlo porque vamos a salvar millones de vidas al hacerlo”, dijo el presidente de los Estados Unidos.El presidente de Estados Unidos afirmó que eliminar las fábricas de cocaína en Colombia sería un acto de “salvar millones de vidas” – crédito redes sociales

A su turno, Petro contestó:

“Cómo me sentiré de orgulloso que en mi Gobierno se han destruido 10.366 laboratorios de producción de cocaína. Rubio no le ha contado a Trump, nadie le dice”, escribió el presidente colombiano en la red social X.

La situación institucional en Venezuela fracturó a América Latina: Brasil, Colombia y México se muestran condescendientes con Maduro y su aparato represivo que opera contra la oposición para preservar su poder y sus negocios ilegales.

En cambio, Estados Unidos, Argentina, Paraguay, Ecuador y El Salvador cuestionan a Maduro y exigen una inmediata transición democrática para permitir que Edmundo González Urrutia acceda al Palacio de Miraflores, tras su triunfo en las últimas elecciones presidenciales.

Esta fractura regional, que es indisimulable en la OEA, se exhibió hoy cuando se trató el crimen organizado trasnacional en la sesión del Consejo Permanente.

Estados Unidos lanzó una guerra frontal contra las drogas desde aguas internacionales, y esa decisión geopolítica fue cuestionada sin mención directa a Trump por el embajador colombiano Luis Ernesto Vargas, que recibió una instrucción directa de Petro.

“Hoy Colombia expresa una vez más su rechazo y condena a este tipo de ataques unilaterales. La lucha contra el narcotráfico no autoriza a ningún estado a actuar al margen del derecho internacional. La delincuencia organizada transnacional es un asunto de aplicación de la ley, no un escenario de guerra”, sostuvo el embajador Vargas en obvia referencia a la flota de Estados Unidos movilizada al mar del Caribe.

Y completó: “Las embarcaciones sospechosas no son objetivos militares y la fuerza letal sólo es legítima como último recurso ante una amenaza inminente. Y no estamos en manera alguna diciendo que es que vayamos a dejar de combatir. Las cifras que he dado demuestran que ha sido el país que más ha combatido el tráfico de estupefacientes en la historia- Colombia sabe que no existen atajos. Las respuestas militarizadas, unilaterales y descoordinadas no reducen el poder del crimen organizado. Por el contrario, la fortalecen, aumentan la violencia, erosionan la cooperación y ponen en riesgo a la población civil».

La posición colombiana fue contestada por Kimberley Penland, subjefa de misión de los Estados Unidos. Penland fue simple y contundente para ratificar la posición de Trump ante las operaciones ilegales que ejecuta Maduro como jefe del Cartel de los Soles.

“Con respecto a los comentarios sobre las actividades de lucha contra el narcotráfico en aguas internacionales alrededor del Caribe y el Pacífico oriental, el secretario (Marco) Rubio ha sido claro. Estados Unidos está siendo atacado por narcoterroristas criminales organizados en nuestro hemisferio y el presidente de Estados Unidos está respondiendo en defensa de nuestro país», argumentó la diplomática estadounidense Penland.

Y concluyó: “Las organizaciones criminales transnacionales amenazan la seguridad, la estabilidad y la prosperidad de nuestro hemisferio. Por lo tanto, Estados Unidos está comprometido a trabajar con los Estados miembros de la OEA para desmantelar estas redes mediante la responsabilidad compartida y la cooperación regional».

Antes de las exposiciones de los representantes de Colombia y Estados Unidos, había fijado posición Carlos Cherniak, embajador argentino ante la OEA. Cherniak ratificó la posición geopolítica del gobierno argentino.

“El compromiso político de la Argentina es muy fuerte en todos los foros en lo relativo a la lucha contra los delitos transnacionales organizados, como decíamos, el narcotráfico, la trata de personas y el tráfico ilícito de migrantes”, sostuvo Cherniak.

Y remató: “Pero nos preocupa especialmente que algunos países se hayan convertido en plataformas donde dichas organizaciones se desarrollan con plena protección estatal, coparticipando de los beneficios económicos ilícitos y convirtiéndose en plataformas de exportación del delito transnacional. Es por ello que organizaciones como el Tren de Aragua y el Cartel de los Soles fueron consideradas organizaciones terroristas por parte de mi Gobierno».

Cuando tuvo su espacio en el debate diplomático, el embajador de Brasil en la OEA, Benoni Belli, presentó un discurso que reconoció las diferencias ideológicas que existen frente a Venezuela en América Latina, y rozó con sutileza al presidente Trump y su táctica militar para terminar con la dictadura de Maduro.

“Lamentamos no haber podido coordinar plenamente dos propuestas sobre un debate que debe unirnos y no incentivar divisiones basadas en un falso dilema entre seguridad y derechos humanos”, reconoció el embajador Belli.

Y cerró: “Pero el populismo no resuelve. No basta con endurecer el discurso o crear nuevas nomenclaturas que buscan relativizar las diferencias conceptuales entre crimen y terrorismo para justificar intervenciones ilegales o gestos de ocasión».

No, es Superbigote, el álter ego caricaturesco del líder venezolano Nicolás Maduro, que ha venido a salvar al país sudamericano del peligro. “Superbigote ”, que se emite en la televisión estatal venezolana desde 2021, es solo una parte de la campaña propagandística del país, mientras buques de guerra estadounidenses se concentran cerca de la costa venezolana y el presidente de EE.UU, Donald Trump, reflexiona sobre el envío de tropas para derrocar a Maduro.

CNN

En un episodio de septiembre de “Superbigote”, emitido poco después de que Trump iniciara su campaña de ataques aéreos contra supuestos barcos narcotraficantes frente a la costa venezolana, el superhéroe de dibujos animados se despojó de su traje habitual para ponerse un uniforme militar, blandiendo una espada enfundada y declarando que Venezuela no tiene una “cultura belicista”.

Sin embargo, a pesar del nuevo aspecto de Superbigote, el Gobierno venezolano ha enviado mensajes contradictorios desde que aumentaron las tensiones con Estados Unidos, instando simultáneamente a los ciudadanos a prepararse para la acción e insistiendo en que todo está bien.

La disonancia entre la gravedad de la crisis en el Caribe y el discurso del régimen es evidente en las calles de Caracas.

A diferencia de campañas nacionales anteriores, los equipos de CNN en Venezuela no han visto vallas publicitarias, pancartas, murales ni grafitis en la capital que pidan apoyo a la postura bélica del régimen, ni siquiera en barrios considerados bastiones gubernamentales.

Diferentes estrategias

Maduro, a quien antes de agosto se veía más comúnmente en espacios cerrados, ha estado dando discursos y haciendo apariciones públicas casi a diario desde que comenzaron a aumentar las tensiones con Estados Unidos.

A menudo se le ve rodeado de un importante dispositivo de seguridad, según el investigador y periodista venezolano Andrés Cañizález.

Maduro no ha asumido la tarea de proyectar el poderío militar de Venezuela frente a las amenazas de Trump.
En cambio, se ha presentado como un pacificador, incluso cantando la canción “Imagine” de John Lennon en un acto público, instando a Trump a sentarse a la mesa de negociaciones.

Mientras se abría paso entre la multitud en un mitin el 13 de noviembre, Maduro declaró a Stefano Pozzebon, de CNN, que Estados Unidos debería unirse a Venezuela por la paz en las Américas.

Cañizález cree que la estrategia de comunicación del Gobierno de Maduro ha pasado por diferentes etapas: inicialmente, se restaron importancia a las tensiones con Estados Unidos, pero a medida que aumentó la presencia militar estadounidense en el Caribe, el discurso viró “a un tono más amenazante y de represalia”.

El contrapunto de Maduro en la maquinaria propagandística de Venezuela es Diosdado Cabello, ministro del Interior y presentador de uno de los programas de entrevistas más populares del país en la televisión estatal: “Con el Mazo Dando”.

En un episodio típico de cuatro horas, Cabello divaga entre atacar a políticos de la oposición, contar chistes y promover la postura del Gobierno.

La principal de esas posturas es que las acciones de Estados Unidos en el Caribe no tienen nada que ver con las drogas, a pesar de lo que insiste la administración Trump.

“Aquí no hay tensiones entre Venezuela y Estados Unidos. Aquí hay una agresión de Estados Unidos contra Venezuela”, declaró Cabello en su programa la semana pasada. “Y la agresión no tiene nada que ver con drogas, ni terrorismo, ni bandas criminales. Tiene que ver con el control de los recursos naturales de Venezuela”.

En cada episodio, el ministro del interior lee críticas al gobierno de Maduro, generalmente de políticos republicanos de Estados Unidos, y luego responde con una grabación del fallecido presidente Hugo Chávez desafiando a Estados Unidos a intentar invadir Venezuela.

El politólogo Javier Corrales, quien escribe con frecuencia sobre la política venezolana, declaró a CNN que Cabello ha cultivado desde hace tiempo una reputación agresiva como parte de la vieja guardia del régimen.

“Es un matón”, dijo Corrales. “Hay un cierto aspecto de Cabello que reconocemos en otras autocracias: la necesidad de tener a alguien que no solo alabe al presidente, sino que también critique duramente a la oposición; y Cabello es asombroso”.

En las últimas semanas, el ejército venezolano también ha publicado numerosos videos en redes sociales que muestran a soldados preparándose para la guerra, generalmente con música dramática de fondo.

Las imágenes muestran tropas realizando ejercicios de tiro, fortificaciones antitanque en Caracas y miembros de milicias posando con armas.

Ser indulgentes con Trump

Sin embargo, en sus diferentes enfoques, Maduro y Cabello comparten una característica: la reticencia a criticar a Trump con demasiada dureza. Ambos tienen mucho que decir sobre el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio.

Según Cabello, Rubio, a quien el ministro del Interior suele llamar “el cubano loco”, está empeñado en llevar a un reacio Trump a declarar la guerra a Venezuela.

“Esta iniciativa para buscar un cambio de Gobierno en Venezuela ni siquiera responde a los intereses de… Trump o MAGA, sino más bien a los de Rubio y la mafia cubanoamericana”, anunció Cabello a su público en vivo durante el episodio de la semana pasada.

Corrales explicó que Rubio es el contrapunto perfecto para el régimen de Maduro, siendo quizás el crítico más destacado de la izquierda latinoamericana en el Gobierno estadounidense.

La herencia cubana del secretario y sus orígenes floridanos también le dan argumentos a Cabello, quien a menudo afirma que Rubio busca complacer a un electorado de exiliados cubanos anticomunistas en Miami.

Cañizález declaró a CNN que, si bien Trump puede ser objeto de críticas, Rubio es un “enemigo externo” útil para los partidarios más leales del régimen.

“A Rubio se le presenta como el enemigo directo de la revolución”, dijo Cañizález. “Esta táctica busca sembrar divisiones en la política interna de Estados Unidos y reforzar la idea de un enemigo externo personalizado, útil para unir a la base chavista”.

Incluso después de que Trump ordenara ataques contra supuestos barcos narcotraficantes frente a la costa venezolana en septiembre, Cabello afirmó en su programa del 3 de septiembre que Rubio está “llevando a Trump a la matanza, porque Rubio está tratando de fracturar la base MAGA de Trump y… venderse como un nuevo halcón dentro del Partido Republicano”.

CNN se ha puesto en contacto con el Departamento de Estado de EE.UU. en relación con las afirmaciones de Cabello.

Aunque Cabello suele hablar de prepararse para todos los escenarios, incluido un posible conflicto militar, en ocasiones resta importancia a las acciones anunciadas por Trump contra Venezuela.

Poco después de que Trump autorizara públicamente a la CIA a realizar operaciones encubiertas en el país, Cabello ridiculizó la idea de que la CIA alguna vez hubiera estado inactiva en Venezuela.

“Sí, (la CIA) ha sido formalmente autorizada a actuar” dijo Cabello con sarcasmo. “Nunca antes había actuado aquí”.

Aquí radica el dilema para el liderazgo venezolano: movilizar el apoyo contra enemigos externos sin que cunda el pánico en un país asediado. Si la situación se complica, ¿Desenfundará el presidente venezolano su espada?

El Manifiesto de Libertad publicado por María Corina Machado no es solo un documento político, es una directriz que redefine el rumbo de Venezuela.

En pocas líneas, esta proclama —nacida del dolor acumulado y de la dignidad jamás extinguida— devuelve a los venezolanos una certeza esencial, que la libertad es un derecho, no una concesión.

María Corina Machado, líder de las fuerzas democráticas y voz indiscutible de un pueblo en resistencia, describe en este manifiesto cómo será la nueva Venezuela después de la salida del régimen de Maduro y sus secuaces.

Una Venezuela donde el ciudadano vuelva a ser soberano, donde la ley proteja y no persiga, donde la dignidad —esa que el régimen de Chávez y Maduro quisieron aplastar— se convierta en motor de un país que vuelve a ponerse de pie.

“Ninguna fuerza tiránica puede dictar lo que es nuestro por derecho”, afirma.

Y esa frase resonó como un latigazo que rompió décadas de silencio impuesto.

El texto ampliamente difundido proclama que no hay espacio para el miedo, porque la soberanía popular es inalienable y porque un pueblo que se reconoce libre deja de ser víctima y se convierte en protagonista.

Es una promesa y a la vez una advertencia: Venezuela no regresará jamás a las tinieblas.

El Manifiesto de Libertad sintetiza lo que millones sienten hoy, que la transición no es una teoría, sino un destino inevitable.

Que la reconstrucción moral, institucional y humana ya empezó. Y que la nueva Venezuela -democrática, plural y profundamente libre- no es un sueño, es la misión inquebrantable de un pueblo que despertó.

Omar González

Cuando una potencia redefine el mapa moral de un conflicto, no describe el mundo: lo reorganiza. El 17 de noviembre, Estados Unidos no habló sobre Venezuela; la reubicó en el tablero donde se decide el orden o el caos del hemisferio.

En política exterior, los discursos presidenciales suelen analizarse como piezas informativas. Pero hay momentos —pocos— en los que un presidente no solo comunica decisiones, sino que reordena el mundo simbólico en el que esas decisiones son posibles. La rueda de prensa de Trump, presidente 47 de Estados Unidos, el pasado 17 de noviembre hizo precisamente eso: delineó un mapa moral en el que Venezuela dejó de ser un país y pasó a ser un signo, un indicador del desorden que Washington afirma estar dispuesto a corregir.

Un mundo dividido en dos bloques

El mensaje estableció una separación nítida: Estados Unidos encarna la estabilidad; Venezuela, exportadora de delincuencia y migración caótica, representa la dislocación.

No es improvisación retórica. Es arquitectura narrativa.

Para habilitar acciones contundentes, el discurso necesitó levantar una oposición absoluta:

Estabilidad: frontera firme, Estado protector, control institucional.

Desorden: bandas homicidas, presos liberados que cruzan la frontera, un régimen que no controla su propio territorio.

Desde ese contraste, Trump aparece no como gestor, sino como restaurador, el líder que está corrigiendo una desviación producida por administraciones anteriores.

Cuando un mandatario consigue instalar ese marco, la opinión pública entiende que las medidas duras no son excesos, sino ajustes.

Los actores del relato: héroe, villano y público atrapado

Todo liderazgo efectivo asigna papeles.

En las declaraciones del 17 de noviembre, esta asignación quedó nítida:

Héroe: el propio presidente y su equipo de control fronterizo.

Villano: el régimen de Nicolás Maduro y las organizaciones criminales asociadas.

Víctima: la sociedad estadounidense, penetrada por individuos descritos como los más violentos del hemisferio.

Inocente separado del culpable: el pueblo venezolano, explícitamente reivindicado.

Esta distinción entre ciudadanía y liderazgo no es sentimental; es funcional. Permite presionar sin alienar a quienes podrían ser aliados futuros en una transición democrática. Es un viejo patrón de la política exterior estadounidense: condenar a la cúpula, rescatar al país.

La violencia como punto de anclaje

Las palabras usadas para describir a las bandas criminales fueron tan gráficas como estratégicas:

“Killers”

“Massacre people”

“Cut them into pieces”

Este vocabulario no solo denuncia una amenaza; la exagera para fijarla. Construye un universo en el que el adversario deja de ser político y pasa a ser destructor por naturaleza.

En ese escenario conceptual, medidas defensivas o diplomáticas parecen insuficientes.

Una respuesta tajante, en cambio, se vuelve lógica.

La aparente contradicción: hablar con quien se demoniza

Pese a la dureza del diagnóstico, Trump lanzó un gesto inesperado: “Probablemente hablaría con Maduro. Yo hablo con todo el mundo.”

¿Contradicción? No tanto.

Dentro del esquema de fuerzas del discurso, la posibilidad de diálogo no suaviza la confrontación: la administra.

Un mensaje subliminal aparece: “Puedes ser castigado o puedes negociar. Washington controla ambos caminos.”

La negociación no aparece como terreno común, sino como extensión del poder.

Hablar con el adversario no lo eleva; lo reduce a variable de una opción predefinida por Estados Unidos.

El conflicto como relato estructurado

Los marcos discursivos no reemplazan la política exterior, pero moldean la percepción que la sociedad tiene del conflicto.

En 2025, ese marco tiene forma de cuadrante moral, en el que:

Estabilidad y protección se adjudican a Estados Unidos.

Caos y amenaza se proyectan sobre el régimen venezolano y sus redes criminales.

Este diseño no solo legitima sanciones más duras o acciones interdictivas ampliadas; también prepara a la audiencia para un estadio superior de coerción en el Caribe.

Lo que revela este discurso es sencillo: Estados Unidos se presenta como guardián del equilibrio. Venezuela como falla sistémica que debe ser contenida o reconfigurada.

Conclusión: la lucha por el equilibrio ya está en marcha

La política global, vista en perspectiva, rara vez depende de emociones.

Depende de cómo los líderes organizan la realidad en categorías comprensibles, y de los relatos que construyen para justificar el uso del poder.

En este caso, el mensaje del 17 de noviembre estableció lo siguiente:

El régimen de Maduro es la fuente principal del desorden regional.

Estados Unidos actúa como arquitecto del retorno a la estabilidad.

La fuerza y el diálogo no se contraponen: forman parte de la misma caja de herramientas.

La frontera es más que una línea geográfica: es una frontera moral entre civilización y barbarie.

Con esta narrativa, Washington no solo habla a su público interno; prepara el terreno para los próximos movimientos.

En este nuevo tablero, el orden —o su definición— será obra de Estados Unidos, y Venezuela, una vez más, es uno de los puntos donde ese orden se pondrá a prueba.

Antonio de la Cruz 

Director ejecutivo de Inter American Trends

Marggie Orozco, de 65 años, fue condenada a 30 años de prisión (la pena máxima en Venezuela) tras ser acusada de «traición a la patria, incitación al odio y conspiración», luego de enviar un audio por WhatsApp en el que criticaba al régimen de Nicolás Maduro.

El Tiempo

La mujer, quien se desempeñaba como médica en el país vecino, fue detenida el 5 de agosto de 2024 en San Juan de Colón, en el fronterizo estado de Táchira, en medio de la crisis postelectoral tras la cuestionada reelección de Maduro.

Las palabras que llevaron a que Orozco fuera denunciada por integrantes de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) ante las autoridades fueron las siguientes:

«No sé hasta cuándo vamos a tener que seguir soportando esta dictadura de Maduro que nos está matando de hambre a todos los venezolanos. ¡Dios mío! Ya no hay comida, no hay medicinas, cada día es más difícil y uno siente que nadie escucha; por favor, que alguien haga algo».

En el mensaje, que circula en redes sociales, se puede escuchar a la mujer hablando con angustia y la voz entrecortada, muestra de la preocupación que sentían los galenos ante la situación que estaban viviendo en ese momento.

Tras conocerse el audio, la mujer fue detenida y posteriormente trasladada el 6 de diciembre de 2024 al anexo femenino del Centro Penitenciario de Occidente, en Santa Ana del Táchira, donde deberá cumplir su condena, según la decisión judicial emitida por la jueza Luz Dary Moreno.

Una fuerte explosión se registró en horas de la tarde de este miércoles 19 de noviembre en la planta de destilación Petrocedeño, ubicada en el Criogénico José Antonio Anzoátegui, en el estado Anzoátegui.

La Patilla

El personal del complejo fue desalojado mientras las autoridades combaten el incendio e inician las investigaciones para determinar las causas del hecho.

Hasta el momento no se han reportado heridos.

Colombia anunció su apoyo a un plan para que Nicolás Maduro entregue el poder a un gobierno de transición encargado de organizar nuevas elecciones.

Bloomberg

Maduro podría aceptar la propuesta si se le garantiza la seguridad frente a la persecución, declaró la ministra de Relaciones Exteriores de Colombia, Rosa Villavicencio.

“Maduro estaría dispuesto a aceptarlo”, afirmó Villavicencio el miércoles en una entrevista en Madrid. “Podría dejar el poder sin necesariamente ir a prisión, otra persona podría asumir el liderazgo de la transición y permitir la celebración de elecciones legítimas”.

El Ministerio de Información de Venezuela no respondió de inmediato a la solicitud de comentarios.

El presidente colombiano, Gustavo Petro, y el brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, han exigido nuevas elecciones en Venezuela después de que los comicios de 2024 fueran ampliamente condenados por fraude. Un plan de salida segura para Maduro podría ser ahora “la opción más saludable”, pero requeriría el respaldo de la oposición venezolana, señaló Villavicencio.

A principios de esta semana, el presidente estadounidense Donald Trump amenazó con atacar objetivos de presuntos cárteles de la droga en Venezuela, Colombia y México. Desde septiembre, las fuerzas estadounidenses han estado hundiendo embarcaciones de narcotraficantes en el Caribe y el Pacífico, causando la muerte de más de 80 personas.

Colombia advirtió que un ataque estadounidense contra Venezuela podría desencadenar otro éxodo migratorio. Alrededor de 8 millones de venezolanos han huido de su país en la última década, y casi tres millones de ellos viven en Colombia, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

“Una intervención podría desencadenar una crisis humanitaria muy difícil de manejar”, ??declaró Villavicencio.

Desde agosto, Estados Unidos ha desplegado buques de guerra y aeronaves en el sur del Caribe, lo que ha avivado el temor a un ataque en territorio venezolano.

Puedes leer la nota completa en Bloomberg

Venezuela se encuentra en el umbral de la libertad tras 26 años de devastación. Este momento pertenece a una sociedad que se negó a ser doblegada, que defendió su voluntad democrática frente a un régimen despiadado que capturó las instituciones, criminalizó al Estado y instrumentalizó la pobreza. Hoy, Venezuela está más cerca de una transición política que nunca en los últimos veinticinco años, y esa transición puede ser, y será, pacífica.

Por: María Corina Machado – The Economist

Durante años, el régimen de Hugo Chávez y su sucesor, Nicolás Maduro, se mantuvo a flote insistiendo en que el país estaba irremediablemente dividido. Su supervivencia dependía de esa ficción. Con billones de dólares a su disposición, el régimen intentó fracturar la sociedad venezolana: por clase, por raza, por región, por lealtad. Pero he recorrido cada rincón de mi país y conozco la verdad: los venezolanos no están fracturados. Lo que el régimen intentó imponer nunca arraigó.

Mientras tanto, el propio Estado estaba siendo infiltrado y adaptado para servir a intereses ilícitos. Una red criminal se infiltró profundamente en las fuerzas armadas, los organismos de seguridad, el poder judicial y el sector petrolero. El Cártel de los Soles opera desde dentro de la jerarquía militar, está dirigido por Maduro y, según mi equipo, genera actualmente más ingresos que la mermada industria petrolera venezolana. Los corredores de cocaína, la minería ilegal de oro, los intercambios de petróleo autorizados, las rutas de lavado de dinero y las alianzas con servicios de inteligencia extranjeros se convirtieron en el sustento del régimen.

Y aun así, los venezolanos resistieron. Aprendieron a apoyarse mutuamente frente a la represión. Los maestros mantuvieron las escuelas funcionando con salarios ínfimos. Periodistas y defensores de derechos humanos construyeron algunas de las redes de documentación más rigurosas del hemisferio. Líderes locales organizaron el flujo de información para sortear el control social y la vigilancia. Familias y barrios sostuvieron a los presos políticos con alimentos, medicinas, ropa y los gestos básicos de cuidado que el Estado les negaba. Esto no fue resistencia improvisada; fue la infraestructura operativa de una sociedad que se preparaba para un ajuste de cuentas democrático.

Esa preparación se gestó en las primarias de octubre de 2023, el momento de la reunificación de Venezuela. Los venezolanos en el extranjero —incluidos muchos de los más de 8 millones que se vieron obligados a huir— votaron junto a quienes se encontraban dentro del país. Voluntarios supervisaron cada paso. Este esfuerzo colectivo generó un liderazgo legítimo cuando las instituciones controladas por el régimen fueron incapaces de lograrlo. Y con más del 93% de los votos, recibí un mandato nacional que ninguna prohibición autoritaria pudo revocar.

Cuando el régimen me impidió presentarme a las elecciones, los venezolanos no se rindieron. Nos reorganizamos y votamos masivamente. El 28 de julio de 2024, el veredicto fue contundente: Edmundo González, el candidato de la oposición, ganó la presidencia con el 67% de los votos. A pesar de la intimidación, la ciudadanía aseguró y resguardó más del 85% de las actas oficiales de escrutinio en 24 horas, un logro extraordinario en un país con una censura mediática extrema, escasez de recursos y ausencia de garantías institucionales.

El régimen respondió como siempre: con violencia. Se negó a reconocer los resultados y desató la ola de represión más severa en años. Las desapariciones forzadas, la tortura, los abusos sexuales y los castigos colectivos se convirtieron en herramientas para suprimir una verdad electoral que ya era irreversible.

Pero ahora, por fin, la comunidad internacional ha reconocido la naturaleza criminal de este régimen y actúa en consecuencia: trata a Venezuela no como un Estado fallido, sino como una nación secuestrada por una estructura narcoterrorista. Durante años instamos a la comunidad internacional a confrontar las redes criminales que mantenían a Maduro en el poder. Hoy, bajo una coalición liderada por Estados Unidos —que ha desplegado buques de guerra y aviones en la región— y con el apoyo de varios aliados latinoamericanos y caribeños, las interdicciones marítimas, la aplicación de sanciones y las medidas policiales están finalmente limitando las finanzas del régimen. Y por primera vez, esta presión está resquebrajando el sistema desde dentro: sus operadores ya no confían entre sí; las facciones se culpan mutuamente por las pérdidas; y el miedo dentro del régimen es palpable. La amenaza que antes proyectaban hacia el exterior ahora los consume.

Los mercados lo han notado. Los bonos venezolanos, antes considerados sin valor, se han revalorizado. Inversores y gobiernos reconocen ahora lo que los venezolanos han demostrado: que el país se está preparando para una transición pacífica y una reconstrucción histórica. Con las mayores reservas de petróleo del mundo, vastos yacimientos de gas, minerales esenciales, un enorme potencial agrícola y una diáspora global dispuesta a regresar, Venezuela ofrece una de las oportunidades de recuperación más importantes de este siglo. Nuestro equipo estima que una transición democrática podría generar una oportunidad de negocio de 1,7 billones de dólares en 15 años.

La transición a la democracia no es hipotética; ya ha comenzado. Y avanza porque las condiciones son propicias. La oposición tiene mandato para liderar. La mayoría de las fuerzas armadas cree en la constitución. La presión internacional aumenta. Y los pilares financieros y coercitivos del régimen se debilitan.

Ante todo, la transición avanza porque los venezolanos la han hecho imparable. Los mismos ciudadanos que enfrentaron a un Estado narcoterrorista con listas de conteo en lugar de armas; que convirtieron a las comunidades en plataformas de coordinación ciudadana; que impulsaron la mayor movilización democrática de nuestra historia moderna. Su valentía, disciplina y unidad son testimonio de su determinación.

Venezuela no solo se acerca a una transición política; se acerca a un renacimiento nacional. Con reglas claras, una aplicación creíble de la ley y un compromiso internacional sostenido, nuestro país se convertirá en el milagro latinoamericano del siglo XXI: una nación que sufrió uno de los colapsos más profundos del hemisferio y forjó una de sus recuperaciones más extraordinarias.

María Corina Machado es la líder de la oposición venezolana y ganadora del premio Nobel de la Paz 2025.

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