Morfema Press

Es lo que es

Armando Esteban Quito

El Departamento de Estado de Estados Unidos anunció que designará al Cártel de los Soles como Organización Terrorista Extranjera (FTO de sus siglas en inglés)a partir del 24 de noviembre, en una medida adoptada “de conformidad con la sección 219 de la Ley de Inmigración y Nacionalidad”. La dependencia indicó que “las designaciones de Organizaciones Terroristas Extranjeras entran en vigor tras su publicación en el Registro Federal”.

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El anuncio de este domingo se suma a la decisión tomada meses antes por el Departamento del Tesoro, que en julio incorporó al grupo a la lista de Organizaciones Terroristas Globales Especialmente Designadas (SDGT de sus siglas en inglés). Esa primera medida se aplica bajo la Orden Ejecutiva 13224 y se orienta a congelar activos y prohibir transacciones con ciudadanos o instituciones estadounidenses. La inclusión en la lista SDGT no equivale a una designación FTO y se fundamenta en un marco legal distinto.

La nueva decisión del Departamento de Estado introduce al Cártel de los Soles en la categoría FTO, que utiliza un criterio jurídico diferente y activa consecuencias penales relacionadas con el concepto de apoyo material. La sección 219 de la Ley de Inmigración y Nacionalidad establece que resulta ilegal proporcionar recursos, equipamiento o asistencia a organizaciones registradas como FTO. La incorporación a esta lista no reemplaza ni modifica la categoría SDGT aplicada por el Tesoro, sino que opera en paralelo dentro de otra estructura legal.

El Departamento de Estado precisó que la designación FTO llega después de la acción financiera del Tesoro y que ambas medidas poseen objetivos distintos. Las dos vías pueden coexistir, pero no cumplen funciones equivalentes.

La nueva designación coincidió con la llegada del portaaviones USS Gerald R. Ford al mar Caribe, en el marco de la “Operación Southern Spear”.Según la Armada de Estados Unidos, el grupo de ataque del Ford atravesó el paso de Anegada el domingo por la mañana con escuadrones de aviones de combate y destructores con misiles guiados. El despliegue involucra cerca de 12.000 soldados y casi una docena de buques, lo que constituye la mayor concentración de poderío militar estadounidense en la región en generaciones.

Desde septiembre, Estados Unidos sostiene una campaña antidrogas intensificada que registra al menos 20 ataques contra embarcaciones sospechosas de transportar drogas en el Caribe y el océano Pacífico oriental, con un saldo de más de 80 muertes.

El domingo, fuerzas estadounidenses destruyeron otra embarcación en el Pacífico y mataron a tres personas calificadas por Washington como “narcoterroristas”. El contralmirante Paul Lanzilotta, comandante del grupo de ataque del Ford, afirmó que la misión busca “proteger la seguridad y la prosperidad de nuestra nación contra el narcoterrorismo en el hemisferio occidental”, según AP.

Trump también sugirió que la operación podría extenderse más allá de los ataques por mar, con el objetivo de “detener la entrada de drogas por tierra”.

Por su parte, el régimen venezolano rechazó la existencia del Cártel de los Soles. El ministro del Interior y Justicia, Diosdado Cabello, lo calificó como un “invento” estadounidense y afirmó que “en ese tiempo ha tenido como 300 jefes, cada vez que alguien les molesta ellos lo ponen como jefe del Cartel de los Soles”.

El dictador Nicolás Maduro, acusado de narcoterrorismo en Estados Unidos, señaló que Washington “fabrica” una guerra en su contra y anunció una movilización “masiva” de tropas y civiles ante posibles ataques, según AP.

Tal como lo preveían las encuestas -aunque con un margen mucho menos estrecho-, la candidata del oficialismo, Jeannette Jara, y el timonel del Partido Republicano, José Antonio Kast, se alzaron con los primeros lugares en los comicios presidenciales realizados esta jornada. La militante comunista obtuvo el 26,58% de los votos, mientras que el representante de la “nueva derecha” chilena marcó un 24,32%, por lo que ambos deberán dirimir quién será el próximo Presidente de Chile en el balotaje del próximo 14 de diciembre.

Por: Mauricio Palazzo – Infobae

La gran sorpresa la dio el líder del Partido de la Gente (PDG), Franco Parisi, quien mostró un sorprendente desempeño en regiones -sobre todo en el norte minero-, y se anotó un 18,84%. La gran interrogante ahora es a quién irán esos votos, puesto que el economista aseguró que aún no se casa con nadie.

“No firmo cheque en blanco a nadie, eso es una falta de respeto. Les tengo una mala noticia a los candidatos: gánense los votos (…) Necesito gestos de ellos. El PDG no necesita ningún favor”, dijo taxativo.

En cuarto lugar quedó el libertario Johannes Kaiser (13,92%), el que se afianza “a la derecha de la derecha” en el espectro político chileno y quien tras votar, había asegurado que respaldará a cualquier candidato en el balotaje, con excepción de Jeannette Jara.

“Reconocemos la victoria de José Antonio Kast que acaba de pasar a la siguiente ronda y vamos a respaldar su candidatura en segunda vuelta”, aseguró junto a sus seguidores desde su comando.

La gran perdedora fue sin duda la abanderada de Chile Vamos y representante de la “derecha tradicional”, Evelyn Matthei, quien llegó quinta con el 13,25% de los votos, a pesar de haber liderado por meses las encuestas.

Matthei fue la primera en salir a reconocer su derrota y tras agradecer a su equipo y los partidos que lo apoyaron, aseguró que se iba directo al comando de Kast para darle sus parabienes. “Son otros los elegidos a avanzar en la carrera presidencial, a ellos los felicito”, señaló hidalga.

Más abajo les siguieron el ex presidente del fútbol chileno, Harold Mayne-Nicholls (1,28%); el independiente Marco Enríquez-Ominami (1,16%) y el ultraizquierdista Eduardo Artés, con el 0,66% de los votos.

Matthei y su apoyo a Kast

Las cifras se dieron a conocer de manera preliminar pasadas las 20:00 hrs, con el 52% de las mesas escrutadas, y a pesar de que más de 14 millones de chilenos fueron a sufragar, el proceso eleccionario se desarrolló con relativa normalidad y solo en algunos centros de votación santiaguinos se reportaron largas filas y una que otra disputa entre los votantes y los vocales de mesa, muchos de los cuales realizaban dicha labor por vez primera.

Jara esperó el conteo de los votos al interior de un hotel capitalino, ultimando los detalle del discurso que dio en plena Alameda donde su equipo montó un gigantesco escenario.

“Un abrazo fraterno a todos os que votaron por mí, y también a los que no lo hicieron. La democracia hay que cuidarla. Quiero saludar a Evelyn Matthei que fue víctima de una campaña terrible, de desacreditarla, esos gestos en política no se pueden permitir”, manifestó, haciendo alusión a la “guerra sucia” digital que sufrió de parte de un grupo de “bots”.

Kast, por su parte, lo hizo junto a su familia en su casa y luego se trasladó a las oficinas de su comando en la comuna de Las Condes, desde donde habló a sus adherentes con Matthei a su lado.

“Creo que el llamado que ha hecho Evelyn a todos los chilenos a unirnos a una causa que es Chile es muy relevante. Yo me quedaría en ese punto, en pedir unidad, en ponernos a disposición de una causa, que no es una causa de un candidato, es una causa de Chile”, sostuvo.

En tanto, la ex alcaldesa de Providencia pidió que “apoyen en segunda vuelta al candidato Kast, básicamente porque es súper importante que no continúe este gobierno en el poder. Tenemos demasiados problemas, problemas en materia de seguridad, en economía, en falta de empleo, en un presupuesto que está totalmente desfinanciado, tenemos además una entrada absolutamente descontrolada de migrantes, y por lo tanto es muy importante dar un cambio de timón fuerte al gobierno”, manifestó.

El presidente Gabriel Boric también se dirigió al país y felicitó a “Jeannette Jara y José Antonio Kast por su paso a segunda vuelta. Confío en que el diálogo, respeto, cariño por Chile, van a primar ante cualquier diferencia”. De paso, llamó a los chilenos a votar en conciencia en la segunda vuelta, la que a la luz de los números, se prevé más que auspiciosa para José Antonio Kast.

La candidata presidencial del Partido Comunista, Jeannette Jara, aseguró que Cuba goza de un «sistema democrático», aunque diferente al que impera en Chile, mientras que la Venezuela de Nicolás Maduro sí puede calificarse como una dictadura.

Cooperativa

Entrevistada en CNN Chile, y consultada por este habitual motivo de crítica al PC y a la izquierda, la exministra del Trabajo contestó: «Me estoy presentando de (aspirante a) presidenta para Chile, pero no voy a eludir (la pregunta), porque sé que es muy importante, sobre todo por el impacto que ha generado el número alto de población venezolana en nuestro país, que seguramente no salió porque quería de Venezuela, sino por consideraciones económicas o de otros tipos que tienen que ver con afectaciones democráticas».

«Es importante reconocer que hay un régimen autoritario en Venezuela», dijo Jara, planteando, al mismo tiempo, que «cada país tiene que definir su destino» y ella espera que los venezolanos «encuentren su solución a sus propios procesos dentro del marco institucional y sin intervención extranjera».

Contrapreguntada respecto a si ella considera «dictadura» y «régimen autoritario» como sinónimos, contestó que los «indistintamente».

En cuanto a la situación de Cuba, dijo que el escenario «es bastante distinto» a lo que sucede en Venezuela.

«La principal dificultad de Cuba han sido las consecuencias graves del bloqueo norteamericano, que se ha extendido por décadas. (Como efecto de ellas) hoy día tiene realmente una situación humanitaria que no es posible desatenderse», argumentó.

En concreto, «creo que Cuba tiene un sistema democrático distinto del nuestro… Hay un partido único, (pero) no es el único sistema así, y cada pueblo tiene que definir su gobierno», insistió.

Estos dichos de Jeannette Jara motivaron una rápida respuesta en otros candidatos presidenciales del mundo del progresismo.

El abanderado del Frente Amplio, Gonzalo Winter, afirmó que, para él, Cuba no es una democracia, y en la misma línea respondió la carta del PPD, Carolina Tohá.

«Aquí claramente tenemos una diferencia: yo creo que el sistema cubano no cumple con ninguno de los requisitos de una democracia», señaló la exministra del Interior en una actividad en Tarapacá.

Más de 65 años después del triunfo de la revolución encabezada por Fidel Castro, en Cuba, «las personas no tienen distintas alternativas para elegir; hay un régimen en el que no hay alternancia en el poder desde ningún punto de vista hace muchísimo tiempo».

Además, «producto de todo esto, hay un país que está en una situación de pobreza a unos límites que son inconcebibles y muy dolorosos. Entonces, yo no comparto la opinión de Jeannette Jara en esta materia, y creo que esto demuestra que en procesos (electorales en curso) como éste vamos a ver diferencias», añadió la exjefa del gabinete ministerial.

También tomó distancia de la abanderada comunista la carta del Partido Liberal, Vlado Mirosevic: «Por supuesto que Venezuela y Cuba son dictaduras, no cabe ninguna duda de eso. Ese negacionismo es tan ridículo como el que de quienes en Chile defienden a Pinochet, diciendo que no fue dictador», acusó el diputado.

Dos reuniones esta pasada semana sirvieron para que la cúpula militar de EE.UU. informara a Donald Trump de las opciones que tiene ahora, en el momento decisivo, ante Venezuela.

Por: David Alandete – ABC

El presidente ha mantenido conversaciones en su mansión de Mar-a-Lago, en Florida, para tomar una decisión. La presión militar acumulada en el Caribe, el cerco diplomático a Nicolás Maduro y el despliegue militar sin precedentes han convergido en este punto. Es ahora cuando Trump debe decidir si convierte esa demostración de fuerza, toda la maquinaria movilizada –portaviones, cazas, agencias de inteligencia y aliados regionales– en una orden de actuar.

Capturar a Maduro

a opción más agresiva, según fuentes conocedoras de esas conversaciones, contempla una acción directa contra Maduro. En los documentos internos aparece descrita como la vía rápida, aunque nadie ignora sus riesgos. Incluye ataques selectivos en territorio venezolano, operaciones de captura conducidas por unidades de élite y la posibilidad de eliminar físicamente al líder chavista o a su círculo inmediato. Para ello, EE.UU. ha preparado un plan para el despliegue discreto de un destacamento de la Fuerza Delta, cuerpo muy reducido, secreto y especializado en misiones de rescate de rehenes, contraterrorismo, operaciones encubiertas y acciones de alta precisión en territorio hostil.

El argumento jurídico es conocido: Maduro está acusado de narcotráfico en tribunales federales y dirige, según Washington, un narcoestado que opera en alianza con cárteles mexicanos y colombianos. En esta hipótesis, EE.UU. actuaría en «autodefensa colectiva» en beneficio de Colombia y México, y usaría el dispositivo ya desplegado en el Caribe para ejecutar acciones de castigo. Es el escenario más drástico, y también el más incierto.

Golpes de precisión

Por debajo está la opción de los ataques limitados dentro de Venezuela. Serían golpes de precisión contra infraestructuras militares, depósitos de droga o instalaciones del Estado que Washington considera parte de la cadena del narcotráfico. Aquí no habría invasión terrestre ni presencia prolongada, sino incursiones acotadas, puntuales y diseñadas para aumentar aun más la presión interna sobre el régimen.

El objetivo sería erosionar la cohesión del círculo de Maduro, provocar deserciones y enviar un mensaje de vulnerabilidad sin cruzar la línea de una guerra abierta. En esta variante también entran operaciones encubiertas de la CIA y misiones de fuerzas especiales para actuaciones específicas, según unos planes que ha publicado recientemente el diario ‘The New York Times’.

Seguir con las lanchas

La tercera vía, según esas fuentes, es la de la presión extrema sin ataques en tierra. Es la que Trump ha utilizado en estos primeros meses: hundimiento de lanchas, patrullas visibles de bombarderos, maniobras con aliados regionales y multiplicación de recompensas judiciales. Es una opción diseñada para intimidar, provocar tensión dentro de la estructura interna del chavismo y mantener una sensación de asedio permanente.

La Casa Blanca confía en que un despliegue de esta magnitud –15.000 militares, un portaviones operativo, cazas F-35 en Puerto Rico– pueda desencadenar fracturas, negociaciones discretas o incluso una salida pactada sin necesidad de usar la fuerza en territorio venezolano.

Desde el 2 de septiembre, ha habido 21 ataques contra lanchas sospechosas de narcotráfico en el Caribe y el Pacífico oriental, con al menos 80 muertos. La frecuencia pasó de un ritmo semanal a una cadencia casi diaria a finales de octubre, en paralelo al despliegue naval estadounidense en la zona.

Negociar

La opción menos improbable es la salida negociada. Parte de una idea simple: facilitar el exilio de Maduro y su entorno a un país dispuesto a recibirlos –se llegó a barajar Turquía, Rusia, Azerbaiyán o Cuba– como vía para evitar un conflicto mayor.

Fuentes del Consejo de Seguridad Nacional confirmaron a ABC que intermediarios de la dictadura ofrecieron negociar sobre un posible cambio en la cúpula, además de concesiones que estarían dispuestos a hacer en el Ejército venezolano. De momento, tanto Trump como su jefe diplomático se han negado a barajar una sustitución por actuales jerarcas del régimen, como los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez.

Los demócratas sí han insistido en que prefieren la negociación, y lo han hecho intentando aprobar resoluciones para prohibirle a Trump el uso de la fuerza. Prefieren hablar de desmontar el sistema represivo, estabilizar la economía con ayuda del FMI y el Banco Mundial, reorganizar la industria petrolera y apoyar un gobierno de transición. Es el camino más largo y complejo, pero también el que reduciría el coste militar para EE.UU.

Sin incluir a demócratas

Pero Trump es consciente, como lo son sus asesores, de que la Casa Blanca de Joe Biden ya negoció con Maduro y le ofreció todo tipo de concesiones, como la liberación de su testaferro o la reanudación de las licencias petrolíferas, para al final ver como se perpetuaba en el poder con un fraude electoral, manteniendo la estructura de narcotráfico continental.

A diferencia de en su primer mandato, Trump ha unido a su gabinete en torno a esta campaña de presión, y ha decidido no contar con la oposición. De este modo, según una fuente conocedora de las deliberaciones, espera poder apuntarse él con los republicanos el tanto de haber acabado con la dictadura en Venezuela.

La ex primera ministra de BangladeshSheikh Hasina, fue condenada a pena de muerte el lunes por un tribunal especial de Dhaka tras ser hallada culpable de crímenes contra la humanidad relacionados con la represión a una revuelta estudiantil que puso fin a su mandato en agosto de 2024. El veredicto fue dictado por el juez Golam Mortuza Mozumder ante una sala repleta, mientras se transmitía en directo por la televisión nacional, y precede a las primeras elecciones previstas desde su destitución, programadas para febrero de 2026. Entre los elementos clave de la noticia figuran la gravedad de los cargos, el contexto político caótico actual y las repercusiones sociales inmediatas en el país surasiático de 170 millones de habitantes.

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Según palabras de Mozumder, recogidas durante la audiencia, “todos los elementos constitutivos de crímenes contra la humanidad han sido cumplidos”. El magistrado detalló que Hasina fue encontrada culpable de tres cargos principales: incitación, orden de asesinato y omisión para prevenir atrocidades, por lo que solo cabía dictar una sentencia: la de muerte, que en Bangladesh se ejecuta por ahorcamiento.

Junto a Hasina, el ex ministro del Interior Asaduzzaman Khan Kamal, quien también permanece prófugo, fue condenado a muerte hallado culpable de cuatro cargos dentro del mismo proceso. El ex jefe de la policíaChowdhury Abdullah Al-Mamun, que se encontraba presente y se declaró culpable, fue sentenciado a cinco años de prisión tras actuar como testigo estatal contra Hasina.

El proceso, seguido durante meses y con la principal acusada ausente —resguardada en India desde que huyó en helicóptero luego de que manifestantes asaltaran su residencia en agosto de 2024—, estuvo marcado por tensiones y críticas. Hasina, a través de un abogado designado por el Estado y en declaraciones divulgadas desde su escondite en territorio indio, catalogó el fallo como “parcial y motivado políticamente”, asegurando que “el veredicto de culpabilidad era una conclusión previsible”. En otro comunicado conocido el lunes, sostuvo que ella y Kamal “actuaron de buena fe, intentando minimizar la pérdida de vidas” y que perder el control no implicaba premeditación de crímenes contra la ciudadanía.

Según un informe emitido en febrero por Naciones Unidas, hasta 1.400 personas murieron durante la represión de julio y agosto de 2024, mientras el país permanecía en vilo ante la escalada de violencia que acompañó la caída del gobierno liderado por Hasina. El actual asesor de salud del gobierno provisional, bajo la dirección de Muhammad Yunus —Premio Nobel de la Paz que asumió como líder interino tras la destitución—, estimó la cifra de víctimas en más de 800, con alrededor de 14.000 heridos.

La respuesta policial y militar al fallo fue inmediata. Las inmediaciones del tribunal fueron acordonadas por fuerzas de seguridad, incluidos vehículos blindados y miles de agentes desplegados por la capital. En el contexto de los días previos al veredicto, se registraron al menos 50 ataques incendiarios y varias explosiones de artefactos caseros, principalmente dirigidos contra vehículos, edificios relacionados con el gobierno interino y lugares cristianos. Dos personas fallecieron en estos incidentes, según medios locales.

Hasina no puede apelar la condena, salvo que se entregue o sea arrestada en los 30 días siguientes a la sentencia, una posibilidad considerada remota, ya que el gobierno de India no ha respondido a las solicitudes de extradición formuladas por Daca. El gobierno provisional ha prohibido también toda actividad del partido Awami League, al que pertenecía Hasina, profundizando la crisis política. La propia ex mandataria advirtió que el veto a su formación agudizaba la inestabilidad antes de los próximos comicios.

El clima social y político continúa deteriorándose tras la caída de Hasina, con brotes de violencia relacionados con las campañas previas a las elecciones. Muhammad Yunus, al frente del ejecutivo interino, prometió castigar a los responsables de los crímenes y aseguró que el partido de Hasina no podrá participar en la próxima cita electoral. Tanto familiares de las víctimas como simpatizantes del partido prohibido se reunieron en las inmediaciones del tribunal para escuchar el fallo, mientras los seguidores de Hasina convocaron a un paro nacional en rechazo a la sentencia.

A tres semanas de su inesperada partida, el eco de la voz serena y analítica de Julio César Moreno León sigue resonando en los pasillos de la política venezolana. Fallecido el 27 de octubre en una clínica de Isnotú, estado Trujillo, este líder de la democracia cristiana, exdiputado y embajador dejó un vacío que trasciende generaciones. En un país azotado por la corrupción y la polarización, Moreno representaba un faro de integridad y compromiso cívico, como lo recuerdan sus compañeros en tributos recientes que han inundado redes sociales y medios independientes.

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Nacido en las tierras andinas de Trujillo, Moreno encarnaba el espíritu de la «Generación del 58», esa cohorte de jóvenes que, tras la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, se forjó en las aulas liceístas y universitarias defendiendo el frágil ensayo democrático. Su ingreso al Partido Social Cristiano (COPEI) no fue casual: allí aprendió los pilares del humanismo cristiano –diálogo respetuoso, competencia pacífica y respeto al adversario–, valores que lo guiaron en medio de los embates de la extrema izquierda durante los gobiernos de Rómulo Betancourt y Rafael Caldera. «La lucha política no es una guerra de exterminio, sino una competencia donde se gana y se pierde», recordaba en sus reflexiones, enfrentando intentos de implantar un modelo cubano en Venezuela.

Su trayectoria es un catálogo de servicio público. En 1970, escaló como secretario general nacional de la Juventud Revolucionaria Copeyana (JRC), liderando a miles de jóvenes en una era de tensiones ideológicas. Para 1976, ya formaba parte del Comité Nacional del partido, y en 1979, bajo el mandato de Luis Herrera Campíns, asumió como viceministro de Juventud, impulsando políticas honestas y aspiracionales para la nueva generación. Su paso por el Congreso Nacional, como diputado por Trujillo entre 1984 y 1993, fue emblemático: presidió la Comisión de Medios de Comunicación Social, librando batallas por la libertad de prensa en tiempos de amenazas veladas.

En el segundo gobierno de Caldera (1994-1999), Moreno extendió su influencia diplomática como embajador en Chile y Guatemala, fortaleciendo lazos con la democracia cristiana internacional. «Desde tales posiciones, nos representó cabalmente», escribe Gehard Cartay Ramírez en un conmovedor in memoriam publicado en ResumenTe, donde lo describe como «un político de pensamiento y acción, pero sobre todo un buen amigo y compañero leal».

En sus años de retiro, se volcó a la academia y el periodismo: investigó la historia política venezolana, escribió ensayos incisivos y cofundó la revista digital Humanismo Integral junto a Macky Arenas y Marcos Villasmil, un espacio para debates filosóficos y políticos en tiempos de crisis.

La noticia de su deceso, a los 84 años, desató una ola de condolencias que trasciende fronteras partidarias. Primero Justicia, a través de un comunicado, lamentó la pérdida de «un exembajador y dirigente de vasta trayectoria», extendiendo solidaridad a su familia.

En X (antes Twitter), figuras como el periodista Alberto Ravell compartieron el tributo, mientras que el Colegio Nacional de Periodistas (CNP) Caracas lo despidió como «colega, exparlamentario, exembajador y convencido demócrata».

David Morán, un viejo amigo, tuiteó: «Mucha tristeza me ha causado la muerte de Julio César Moreno León. Un gran venezolano. A su esposa Maru, hijos, nietos, familiares, amigos… mis más sinceras condolencias».

Incluso la Asamblea Nacional expresó su pesar por el padre del diputado Julio César Moreno Rangel, deseando «mucha fuerza para ella y su familia en este duro momento».

En Chile, su legado diplomático conmovió a veteranos de la juventud demócrata-cristiana, como destaca un artículo en América Nuestra, donde se resalta cómo su fallecimiento «causó profunda tristeza entre dirigentes que aprendieron de él».

En el Instagram de la Biblioteca Rafael Caldera, un carrusel de fotos –retratos familiares, archivos políticos y paisajes andinos– acompaña un texto que captura el asombro colectivo: «Su muerte fue una pérdida repentina que nos privó del que alimentaba nuestras discusiones con su análisis agudo y su espíritu venezolano ferviente».

Cartay cierra su semblanza con un adiós definitivo: «Hasta siempre, querido amigo y compañero!», un eco que resuena en Encuentro Humanista, que lo califica como «un hermano demócrata cristiano».

Hoy, en una Venezuela «devorada por la corrupción y la ostentación de la riqueza mal habida» –como lo describe el tributo calderista–, el testimonio de Moreno León brilla como recordatorio: en la política caben hombres y mujeres cuyo único interés es «servir al país para el bien de todos los venezolanos». Su legado, fuente de orgullo para su esposa Maru, hijos y nietos, invita a la reflexión en esta sección de Morfema Press: ¿Cuántos Julio César quedan por redescubrir en nuestra historia fracturada?

Donde las declaraciones de Donald Trump sobre un posible diálogo con Nicolás Maduro han encendido alarmas y esperanzas por igual, el psicólogo Alberto Barradas, fundador de la plataforma Psicovivir Internacional, ofrece un análisis incisivo y sin filtros de los perfiles psicológicos que definen al régimen chavista.

MFM

Lejos de diagnósticos clínicos formales, Barradas disecciona las personalidades de figuras clave como Maduro —descrito como un narcisista dependiente ávido de reafirmación—, Diosdado Cabello —el psicópata reactivo adicto al poder y la violencia—, Jorge Rodríguez —el titiritero maquiavélico e inteligente— y Vladimir Padrino López —el militar envilecido y obediente—, argumentando que la mención de Trump no es un gesto de conciliación, sino un «misil» estratégico para desatar el caos interno y forzar una transición.

Este perfilamiento revela no solo las debilidades del liderazgo venezolano, sino las dinámicas de traición y supervivencia que podrían redefinir el futuro de la nación.

El perfil de Maduro no es un perfil suicida. Maduro es un narcisista dependiente. Sus rasgos psicopáticos nacen de su estructura Narcisa, pero la compulsión dependiente, a una figura materna, lo hace profundamente acomplejado y necesitado de refuerzo. Un suicida pierde contacto con la nutrición maternal simbólica y por eso se mata. No es el caso de Maduro.

¿Qué nos dice eso? Que Maduro no es Allende. Maduro difícilmente se dejará matar. No es de los que se enfrenta a tiros y se sacrifica por la patria. No tiene esos valores. De hecho no sabe que es sacrifico y tampoco patria. Solo sabe de búsqueda incesante de reafirmación e identidad.

Diosdado es el psicópata clásico. Ese mata y no se entregará sin matar o morir. Su compulsión a la violencia, fijada en una etapa sádico anal, posiblemente regresiva en estos momentos de estrés, lo hace peligroso y criminal. Diosdado no siente culpa ni remordimiento. El goza con el producir dolor y es adicto al poder, no por riqueza sino por el miedo que genera. Diosdado si es suicida, pero no de tipo depresivo sino de tipo reactivo.

Jorge es narciso perverso, malo, inteligente, seductor, pervertido y mentiroso. Jorge tiene lo peor de todos los mundos. Sabe esperar (Diosdado no), es inteligente (Maduro no), es oportunista y es embaucador. Se sabe mimetizar y como no es dependiente, no necesita reafirmación ni identidad. El puede traicionar sin miramiento, y decirte que te ama mientras te apuñala. Jorge tampoco es suicida y a pesar de lo que pudieran pensar, no le gusta la violencia (ejercerla el mismo) y posiblemente tiene rechazo a la sangre (sublimado como médico) y al sudor (por ejemplo no tortura a nadie pero si le gusta crear métodos para eso). No es de los que va a la guerra, pero si es de los que manipula para que otros vayan a matar por él. Es el más inteligente del régimen y es el más peligroso. Jorge es el artífice de todo. Por eso jamás está de primero. Él es el titiritero. Un día lo verás gritando contra @MariaCorinaYA y otro día, sentado en una mesa viendo cómo queda el poder después del caos. Caos que el evitará para sí mismo, siempre.

Padrino, es psicópata simple. Un militar como cualquiera. Se topó con el poder y se envileció. Es un esclavo de los demás y no tiene voluntad propia. Es solo un animal del monte con poder y no tiene capacidad propia más allá de sus dotes militares. El necesita que le ordenen. Sin duda alguna puede ir a una guerra e inmolarse, pero no por convicción, sino por estructura de personalidad. Un hombre pequeño (de pequeñez personal), pero con poder real. Literalmente es un mono con escopeta. Manejable, descartable, pero bruto y peligroso.

Trump estoy más que seguro que sabe todo esto y más. Sus laboratorios de análisis psicológico y de perfilamiento son absolutamente grandiosos. Por eso declara ayer hablar con Maduro. El cual es el único con el que puede hablar. Sabe que Maduro no quiere morir ni ir preso. Sabe que Maduro va a buscar su salida y seguramente se la está dando. Pero también sabe que dentro de la psicopatía, la paranoia es reina.

En consecuencia diciendo que va a hablar con Maduro, activa todo el caos dentro del régimen. Todos sospechan de todos y todos se sabe en peligro. Trump sabe que Diosdado y Jorge pueden ir entre sí y ambos contra Maduro, y sabe que todos buscarán a Padrino para que los apoye ante una eventual traición de Maduro.

En consecuencia, Trump solo ha alborotado el avispero y sabe que no tienen salida. O Maduro negocia y hay transición en paz, sale vivo y quizás hasta libre, o se matan entre ellos, o todos colapsan.

Lo de Trump diciendo que dialoga con maduro cayó mal al venezolano por la experiencia pasada ligada a diálogos, pero en realidad fue el primer misil disparado.

Ayer empezó el desalojo. Esa es la realidad.

Ecuador le dio la espalda este domingo a las cuatro preguntas del referéndum y la consulta popular impulsadas por el presidente Daniel Noboa. Según los resultados del Consejo Nacional Electoral (CNE), el “No” se impuso en todos los casilleros: en la pregunta sobre bases militares extranjeras suma alrededor del 60% de los voto; en la eliminación del financiamiento público a los partidos, en tanto, alcanza el 57%; en la reducción del número de asambleístas se impone con un 53%; y en la convocatoria a una Asamblea Constituyente, la diferencia es aún más amplia, con cerca del 61% por el “No”. Los datos pueden variar a medida que avance el escrutinio, pero marcan una tendencia clara de rechazo a las reformas del Gobierno.

Por: Yalilé Loaiza – Infobae

Con la tenencia irreversible, el presidente Daniel Noboa reconoció los resultados: “Estos son los resultados. Consultamos a los ecuatorianos y ellos han hablado. Cumplimos con lo prometido: preguntarles directamente. Nosotros respetamos la voluntad del pueblo ecuatoriano”, escribió en X. Además señaló que su gobierno seguirá trabajando “por el país que ustedes merecen, con las herramientas que tenemos”.

Las cuatro preguntas apuntaban a modificar el andamiaje institucional construido desde la Constitución de Montecristi, vigente desde 2008. La primera buscaba eliminar la prohibición expresa de instalar bases militares extranjeras o ceder instalaciones ecuatorianas a fuerzas de otros países, sustituyendo el artículo 5 de la Carta Magna por una fórmula más corta que solo define a Ecuador como “territorio de paz”.

La segunda pretendía suprimir el financiamiento estatal permanente a partidos y movimientos, que desde hace años reciben recursos a través del Fondo Partidario Permanente y del Fondo de Promoción Electoral. La tercera buscaba reducir drásticamente la Asamblea Nacional: de los actuales 151 escaños a 73, con nuevos criterios de asignación por población. Y la cuarta planteaba consultar a la ciudadanía si quería convocar una Asamblea Constituyente de 80 miembros, con un estatuto específico para redactar una nueva Constitución que luego debía someterse a referéndum.

El mensaje que sale de las urnas es complejo y tendrá lecturas distintas según cada actor, pero deja al menos tres señales políticas. La primera es que el electorado, mayoritariamente joven —el 26,7% de los votantes tiene entre 18 y 29 años, y casi la mitad del padrón tiene menos de 40—, no se alineó de forma automática con la agenda de reformas del Gobierno.

Noboa había presentado el paquete como una respuesta a la crisis de seguridad y como un intento de “modernizar” el sistema político, pero una parte significativa de los votantes optó por mantener las restricciones actuales: se preserva la prohibición a las bases militares extranjeras, se mantiene el financiamiento público a la estructura partidista, la Asamblea no se reducirá y la Constitución de 2008 no entrará en un proceso constituyente.

La segunda señal es que, pese a que la campaña fue corta y sin debates oficiales, las resistencias a las propuestas presidenciales lograron articularse. El propio CNE autorizó a 16 organizaciones políticas y sociales a hacer campaña por el Sí o por el No. Entre quienes promovieron el rechazo estuvieron la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), sectores sindicales y partidos de oposición que, aunque distantes entre sí, coincidieron en cuestionar la apertura a fuerzas militares extranjeras, la eliminación de fondos públicos a los partidos y el riesgo de concentrar poder en un eventual proceso constituyente.

Del lado oficialista, el Gobierno, el movimiento ADN y otros partidos como CREO defendieron las reformas como un instrumento para “garantizar seguridad, transparencia y eficiencia”, pero no les alcanzó para revertir la desconfianza de una sociedad acostumbrada a que los cambios constitucionales respondan tanto a intereses de gobierno como a disputas de élites.

El contexto en el que los ecuatorianos votaron ayuda a entender el resultado. El país llegó a este referéndum después de años de crisis política, con una sucesión de presidentes, la disolución anticipada del Congreso en 2023 y una escalada de violencia criminal que ha convertido a Ecuador en uno de los países más peligrosos de la región. En ese escenario, el Gobierno apostó por la vía plebiscitaria: apenas siete meses después del balotaje que llevó a Noboa al poder, los ciudadanos volvieron a las urnas para pronunciarse sobre reformas de alto impacto. Sin embargo, la campaña oficial fue, en palabras de analistas electorales locales, una de las más breves desde la transición democrática, y estuvo dominada por mensajes en redes sociales antes que por debates de fondo sobre cada propuesta.

El rechazo al paquete de reformas no significa necesariamente un respaldo a la oposición organizada, pero sí refleja la cautela de un electorado que ya ha visto cómo anteriores procesos constituyentes y reformas profundas no siempre se traducen en mejoras concretas. La experiencia de la Constitución de 2008, aprobada tras un amplio proceso constituyente impulsado por Rafael Correa, dejó luces y sombras: amplió derechos e instituciones de control, pero también fue percibida por parte de la sociedad como una herramienta para fortalecer el presidencialismo. La consulta de este domingo se leyó, en muchos sectores, como la antesala de un nuevo rediseño total del sistema, esta vez bajo el liderazgo de Noboa, y el No funciona como un freno a esa posibilidad.

Desde la perspectiva del Gobierno, el resultado supone un revés político. Noboa pierde la oportunidad de reconfigurar el escenario legislativo con una Asamblea reducida y, sobre todo, ve frustrado el intento de contar con mayor margen para acuerdos de seguridad con potencias extranjeras y para impulsar una nueva Constitución que redefina los equilibrios de poder. En la práctica, deberá seguir gobernando con las mismas reglas institucionales y con un Congreso fragmentado, en un contexto económico frágil y con las urgencias de seguridad aún sin resolver.

Para la oposición y los movimientos sociales que promovieron el No, el resultado es una victoria, pero no necesariamente un cheque en blanco. Han logrado detener las reformas, pero siguen enfrentando el reto de articular una propuesta alternativa frente a un Gobierno que, pese al revés, conserva la legitimidad de su mandato y la urgencia de mostrar resultados en seguridad y economía.

En un país donde los procesos plebiscitarios han sido usados para legitimar proyectos políticos muy distintos, los votantes parecen haber optado por la prudencia: no avanzar hacia una nueva Constitución, no reducir de golpe la representación legislativa, no modificar la matriz de financiamiento de los partidos y no abrir la puerta, al menos por ahora, a la presencia de bases militares extranjeras en su territorio.

A medida que aumenta el debate internacional sobre Venezuela, también crecen las dudas: ¿está la sociedad venezolana preparada para una transición? ¿Se desataría una guerra civil? ¿Podría el país volverse ingobernable por la presencia de grupos armados?

Por: Benigno Alarcón – El Nacional

Este artículo intenta responder, con evidencia y realismo, los temores más frecuentes expresados por algunos articulistas y entrevistados recientemente en medios internacionales, algunos de ellos muy prestigiosos.

1. ¿Quieren realmente los venezolanos un cambio político?

, sin lugar a dudas, y de manera abrumadora. Todas las encuestas independientes coinciden en que entre 70% y 80% de la población desea una transición democrática y rechaza al gobierno actual [1][2]. El chavismo duro representa menos del 20%, y aun dentro de ese segmento existe más añoranza por lo que Chávez representaba que afección por el actual gobierno.

Pero aparte de la elección del pasado 28 de julio de 2024 en la que la única evidencia existente muestra el triunfo de la oposición por una amplísima mayoría en la que obtiene casi 70% de la votación, existe un plebiscito silencioso: el éxodo. Al día de hoy van cerca de 8 millones de venezolanos que han abandonado el país en la última década. Y aunque su posición política no se puede cuantificar porque a la diáspora, salvo contadas excepciones, no se le permitió participar electoralmente, ninguna sociedad que migra en esa escala está satisfecha con el statu quo.

2. ¿Está la sociedad venezolana políticamente madura para enfrentar una transición sin expectativas irreales?

, y más que en cualquier otro momento de los últimos 25 años. La prolongada crisis ha producido un doble efecto:

  1. Realismo político: los venezolanos han aprendido, a través de una amarga experiencia de ensayo y error, que no hay soluciones mágicas ni transiciones instantáneas. Los estudios cualitativos y de campo muestran claramente que la población prioriza hoy estabilidad, servicios básicos, orden y seguridad, incluso por encima de sus aspiraciones legitimas a cambios en su nivel de vida, que han sido largamente postergados [3].
  2. Disposición a dar tiempo a un nuevo gobierno: en todos los sondeos recientes, amplias mayorías reconocen que una transición requerirá sacrificios y tiempo. La gente quiere resultados, pero entiende que los problemas estructurales —infraestructura colapsada, servicios destruidos, economía paralizada— no se resuelven en meses.

El riesgo no está en la acumulación de expectativas imposibles; está en no dar señales claras de que la transición es posible y será real. Cuando la población percibe ambigüedad, temor o indefinición, surge frustración y la desesperanza. Pero cuando ve dirección y posibilidad de éxito, resurgen las expectativas positivas, así como la disposición a participar y construir con disciplina y paciencia, como quedo demostrado en la Primaria de 2023 y la elección presidencial de 2024.

3. ¿Existe riesgo de una guerra civil o de violencia política generalizada?

No. No existen condiciones estructurales para una guerra civil en Venezuela.

Venezuela no tiene dos bandos armados comparables y dispuestos a confrontarse. Lo que sí tiene es:

  • Un aparato coercitivo centralizado;
  • Una sociedad desarmada y exhausta;
  • Y más de una década de crisis sin que haya habido insurgencia organizada.

Pero para quienes tratan de utilizar la historia reciente haciendo referencia a procesos como los de 2014, 2017, 2019 y 2023, es importante aclarar que lo que hubo en momentos como estos, e incluso antes (2000, 2002, 2007) fueron protestas masivas, represión estatal y paraestatal, colapso económico, censura y persecución política, pero nunca surgió un conflicto armado bilateral. Las pocas estructuras armadas no estatales —colectivos, grupos irregulares, pandillas— no representan un ejército alternativo, sino grupos paraestatales mantenidos por una lógica clientelar, más que ideológica, que pueden ser reincorporados a una sociedad con libertad política y Estado de derecho.

El riesgo real no es una guerra civil: es que la inacción mantenga un ecosistema fuera de las reglas mínimas de una sociedad con garantías legales, que tiende a fortalecerse con el tiempo y se convierte en una amenaza no solo para el país, sino para toda la región.

4. ¿Podría un nuevo gobierno perder el control del territorio debido a guerrilla, minería ilegal y economías ilícitas?

No, si se hacen las cosas bien. Este es un temor que se manifiesta frecuentemente, pero que la mayoría de las veces (y a veces maliciosamente) está mal planteado.

Las áreas bajo influencia del ELN, disidencias de las FARC o grupos mineros no existen porque el Estado se retiró, sino porque sectores del propio Estado venezolano las toleran por razones políticas, ideológicas y econńmicas, en incluso bajo lógicas clíentelares [4][5]. Son zonas en las que el mismo Estado ha tolerado un ecosistema con reglas distintas en el ejercicio del poder, no como ausencia de poder. En este sentido, el statu quo consolida estas dinamicas.

Una transición, por el contrario, abre por primera vez en años la posibilidad de:

  • Cooperación real con Colombia y Brasil en materia de seguridad fronteriza;
  • Presencia internacional de verificación;
  • Reformas profundas en el sector y las doctrinas de seguridad;
  • Sustitución progresiva de economías ilegales;
  • Aumento de la presencia del Estado y reducción del uso de Venezuela como santuario para grupos armados.

El temor de “ingobernabilidad” de estas zonas ignora que sólo un cambio político puede revertir la situación actual en estas zonas. El riesgo real está en continuidad de la situación actual.

5. ¿No es más responsable negociar con el régimen una transición parcial donde el gobierno conserve parte del poder?

No. Los estudios sobre transiciones de regímenes autoritarios a democracias muestran que los pactos donde las élites salientes mantienen control sobre instituciones o poder de veto sobre armas, justicia o seguridad terminan en el bloqueo de las reformas legales e institucionales necesarias para estabilizar y consolidar una transición política, la captura del nuevo gobierno; y, a mediano plazo, la reversión del proceso hacia una reautocratización mucho más dura.

Esto ocurrió en países como Nicaragua y Egipto, donde las viejas élites conservaron el control sobre el aparato institucional y coercitivo. Las “transiciones controladas” no estabilizan, sino que, por el contrario, garantizan la inestabilidad y el fracaso de los gobiernos de transición.

Garantías personales y salidas negociadas son siempre deseables y necesarias para reducir los costos de una transición; pero un co-gobierno o dejar al régimen anterior en control de instituciones clave solo acarrearán el fracaso. Es por ello que deberá priorizarse la celebración de comicios con integridad electoral que permitan la reinstitucionalización del Estado y la relegitimación de sus autoridades.

6. ¿Qué haría viable una transición en Venezuela?

Hay, al menos, cuatro factores que deben recibir especial atención en el corto plazo:

1. Reafirmación clara e inmediata de la subordinación de la institución militar al poder civil legítimamente constituido.

2. Reinstitucionalización rápida y focalizada de las principales instituciones del país, lo que incluye Tribunal Supremo de Justicia, Fiscalía, Consejo Nacional Electoral, Contraloría y cuerpos policiales. Sin estos cinco pilares, no hay transición sostenible en el corto plazo.

3. Estabilización económica inmediata: Un paquete internacional de apoyo —fiscal, energético y social— que reduzca presión en los primeros meses y evite estallidos sociales que socaven la legitimidad del nuevo gobierno.

4. Presencia y acompañamiento internacional, lo que incluye cooperación fronteriza; asistencia técnica en seguridad; monitoreo de derechos humanos; apoyo en zonas de minería ilegal y narcotráfico, entre otros.

7. ¿Los venezolanos aceptarían los sacrificios y tiempos de una transición ordenada?

. La evidencia cualitativa acumulada por universidades, ONG y estudios internacionales muestra que la mayoría de la población es consciente de que la recuperación será lenta; el venezolano prefiere hoy un proceso ordenado a cualquier aventura caótica; y está dispuesta a apoyar un gobierno democrático si muestra compromiso, dirección, coherencia y resultados iniciales que vayan en la dirección correcta.

El colapso y la crisis que se ha vivido durante años ha producido, como resultado positivo, una sociedad más pragmática, menos polarizada y más consciente de sus límites. La condición sine que non para la gente es una sola: que la transición sea real, no cosmética. El fenómeno político del que hemos sido testigos desde la Primaria de 2023 hasta hoy, pasando por la elección de julio de 2024, nos enseña que la madurez y legitimidad política no se fracturan por expectativas que alguien podría considerar desmesuradas, sino por falta de coherencia y promesas vacías.

8. Entonces, ¿cuál es el verdadero riesgo?

El verdadero riesgo no está en la transición. Está en el statu quo.

El statu quo implica la continuación de la crisis venezolana; la expansión de los problemas de seguridad e ingobernabilidad; la consolidación y fortalecimiento de los enclaves armados; la influencia creciente de actores extrahemisféricos como Rusia, China e Irán; el deterioro ambiental acelerado, principalmente en la Amazonia venezolana; la aceleración de una nueva ola migratoria cuyas proporciones superan el éxodo de países en guerra como Siria y Ucrania.

Una transición democrática, bien diseñada y apoyada por la comunidad internacional, no garantiza milagros. Pero es la única vía para contener el deterioro, estabilizar el territorio, apuntalar la seguridad hemisférica y la democracia en la región, e iniciar un proceso de reconstrucción y reinstitucionalización que permitiría el regreso de millones de venezolanos que han visto obligados a salir del país por razones de supervivencia política, social y económica.

Conclusión

El debate sobre Venezuela suele centrarse en lo que podría salir mal si se intenta una transición. La pregunta correcta es lo contrario: ¿qué ocurriría si no hubiese una transición democrática en Venezuela?

Toda la evidencia apunta en una dirección inequívoca: los venezolanos quieren el cambio; después de 25 años hay madurez política para sostenerlo; es absolutamente falso de que la alternativa al statu quo es el caos o una guerra civil; la ingobernabilidad territorial es producto del sistema actual, no la consecuencia probable de una transición; y los pactos para preservar el poder total o parcialmente en manos de quienes sostienen al autoritarismo no estabilizan, sino que condenan al país a nuevos retrocesos y ciclos de colapso.

Venezuela no necesita un salto al vacío. Necesita —y puede tener— una transición democrática real, con respaldo internacional, instituciones con legitimidad y un plan serio para recuperar el Estado. Lo verdaderamente irresponsable sería permitir que el país siga deslizándose por el abismo actual.

Los complementos alimenticios están ganando popularidad y, en momentos concretos del año, pueden aportar ese impulso adicional que muchas personas necesitan.

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Y no hace falta que sean un superalimento como la moringa o la espirulina: basta con que ofrezcan los nutrientes esenciales para el día a día. Es el caso del citrato de magnesio, un producto que se ha convertido en el favorito de aquellos que buscan sentirse mejor y, de paso, cumplir con sus objetivos.

¿Qué es el citrato de magnesio?

El citrato de magnesio es un compuesto químico formado por magnesio y ácido cítrico. Además, es una de las formas de magnesio mejor absorbidas por el organismo.

¿Para qué sirve el citrato de magnesio?

El citrato de magnesio sirve, principalmente, como suplemento para incrementar los niveles de magnesio en el cuerpo cuando existe una deficiencia, ya que este es esencial para funciones tan importantes como las siguientes:

  • Apoyar la función muscular y nerviosa.
  • Contribuir a reducir calambres musculares, especialmente en las piernas.
  • Mejorar el sueño y disminuir los síntomas de ansiedad leve.
  • Participar en la producción de energía y el metabolismo.

Además, en dosis más altas (indicadas por un profesional) puede actuar como laxante osmótico, ya que atrae agua hacia los intestinos y facilita el movimiento intestinal. Así, alivia el estreñimiento ocasional. También puede ayudar a prevenir cálculos renales de oxalato cálcico en algunos casos y contribuir a la salud ósea combinado con el calcio y la vitamina D.

20 beneficios del citrato de magnesio

Aunque los efectos pueden variar según la persona que lo tome, los 20 beneficios comúnmente asociados al citrato de magnesio son:

  1. Mejora la digestión al aumentar el movimiento intestinal.
  2. Ayuda a aliviar el estreñimiento ocasional, ya que actúa como laxante osmótico suave.
  3. Contribuye al funcionamiento normal de los músculos, evitando calambres y tensión muscular.
  4. Apoya el funcionamiento del sistema nervioso, ayudando a regular señales nerviosas.
  5. Favorece la relajación y puede disminuir la sensación de estrés.
  6. Mejora la calidad del sueño, especialmente en personas con déficit de magnesio.
  7. Participa en la producción de energía, ya que interviene en reacciones metabólicas claves.
  8. Contribuye a la salud ósea, facilitando la absorción y el uso del calcio.
  9. Apoya la función cardiovascular, ayudando a regular la contracción del corazón.
  10. Puede ayudar a reducir la tensión muscular después del ejercicio.
  11. Contribuye al equilibrio electrolítico, importante para la hidratación.
  12. Participa en la síntesis de proteínas, esenciales para el mantenimiento de los tejidos.
  13. Ayuda a regular los niveles de azúcar en sangre, facilitando el uso de glucosa.
  14. Apoya la función cognitiva, como la concentración y la memoria.
  15. Puede reducir dolores de cabeza asociados a déficit de magnesio.
  16. Favorece un estado de ánimo estable, al intervenir en neurotransmisores como la serotonina.
  17. Ayuda a prevenir deficiencias de magnesio, comunes en algunas dietas.
  18. Es suave para el estómago comparado con otras formas de magnesio.
  19. Tiene buena absorción, lo que lo hace eficaz en procesos de suplementación.
  20. Contribuye al bienestar general, dado su papel en más de 300 reacciones bioquímicas del cuerpo.

¿Qué horario es mejor para tomar citrato de magnesio?

No existe un horario “mejor” para todo el mundo, pero sí existen una serie de recomendaciones a tener en cuenta a la hora de tomar citrato de magnesio y dependerán del uso que cada uno le dé. Por ejemplo, para mejorar el sueño o relajarte lo más aconsejable es que lo tomes una o dos horas antes de dormir. Si, en cambio, lo necesitas para aliviar el estreñimiento, lo mejor será tomarlo por la noche y con abundante agua, ya que como laxante suele hacer efecto a las 6-12 horas.

Si tu objetivo es evitar molestias digestivas, tómalo con la comida, ya sea por la mañana o por la tarde; para suplementación deportiva tómalo por la mañana o por la tarde, dependiendo de cómo te encuentres, ya que a algunas personas les provoca una ligera relajación mientras que a otras les resulta energizante.

¿Cuál es el mejor citrato de magnesio?

Para elegir el mejor citrato de magnesio debes fijarte, sobre todo, en dos aspectos: su contenido de magnesio elemental y su grado de pureza y cantidad de aditivos. Por supuesto, también es importante la marca. A continuación, te dejamos algunos de los complementos de citrato de magnesio más populares en Amazon.

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