El expresidente colombiano Álvaro Uribe Vélez lanzó un mensaje contundente desde Miami: la única manera de frenar al régimen de Nicolás Maduro y la expansión del narcoterrorismo en Iberoamérica es mediante el uso de la fuerza internacional. Sus declaraciones tuvieron lugar durante el X Diálogo Presidencial del Grupo IDEA, donde exmandatarios de la región alertaron sobre los riesgos de la inacción global frente a la dictadura venezolana.
«Naciones Unidas debería usar la fuerza para hacer cumplir la ley en Venezuela«, afirmó Uribe. Y advirtió que, si no actúa la comunidad internacional, «los gobiernos tendrán que llenar ese vacío«. Según el ex mandatario, la amenaza no sólo afecta a Venezuela: un conflicto desbordado podría incluso provocar que actores externos respondan militarmente sobre Colombia para proteger su seguridad.
Uribe insistió en que llegó el momento de elegir: «O estamos con la criminalidad, con el neocomunismo y el narcoterrorismo, o estamos con la democracia«.
El expresidente explicó que su postura no es ideológica, sino práctica: el «neocomunismo» —como define al eje Castro-Maduro-Petro— destruye instituciones, cobija terroristas y convierte a los Estados en plataformas para el crimen organizado. Aseguró que las fuerzas militares venezolanas están sobornadas o encarceladas, incapaces de defender al pueblo.
Uribe alertó de que Estados Unidos tiene la obligación de reaccionar cuando el narcotráfico afecta directamente a su juventud. «Prefiero la derrota del narcoterrorismo antes que su crecimiento«, añadió.
En las últimas semanas, el debate sobre Venezuela se ha intensificado, en gran medida debido a la presión militar ejercida por la Administración Trump sobre el régimen de Maduro. Esto ha llevado a diversas figuras políticas, periodistas y analistas a reexaminar la historia reciente de Venezuela y las causas que impulsaron al régimen de Maduro a provocar el peor colapso económico jamás registrado en Occidente: una contracción del PIB del 80 % en menos de una década. La crisis resulta aún más impactante si se considera que Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo.
Al igual que en el caso de Cuba , los defensores del régimen venezolano han atribuido el colapso económico del país a las sanciones estadounidenses —a las que erróneamente denominan “bloqueo”— en lugar de al modelo político, económico y social impuesto por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Dicho modelo trajo consigo controles estatales masivos, expropiaciones, corrupción , persecución de la oposición y la prensa, la destrucción del estado de derecho y la eliminación de las garantías judiciales para la inversión.
El gráfico muestra que, a partir del año 2000, la economía venezolana experimentó un auge, impulsada por un fuerte incremento en los precios del petróleo. Cuando Hugo Chávez y su movimiento socialista llegaron al poder, el petróleo se cotizaba en torno a los 18 dólares por barril, debido en gran medida a la crisis financiera asiática de finales de la década de 1990. Sin embargo, en 2003, tras la invasión estadounidense de Irak, la OPEP redujo la producción y diversos factores globales elevaron los precios por encima de los 100 dólares por barril, lo que otorgó al régimen venezolano una riqueza sin precedentes, que utilizó para consolidar el poder en el país y financiar la expansión de la revolución en América Latina.
Las cinco fases del socialismo
Durante años, he explicado las cinco etapas por las que pasan las economías socialistas una vez que toman el poder:
Euforia
Máxima prosperidad
Impacto de la realidad
Caer en la miseria
Estabilización de la pobreza y el totalitarismo
En el gráfico del PIB de Venezuela, podemos ver cómo se desarrolla cada fase con claridad.
Cuando Chávez llegó al poder, el régimen «redistribuyó» parte de la bonanza petrolera mediante misiones populistas que redujeron temporalmente la pobreza. Pero pronto llegaron las severas regulaciones económicas, el control de precios, las expropiaciones, la corrupción desenfrenada, la redistribución sin inversión y la impresión descontrolada de dinero. Con el tiempo, el país entró en la tercera fase —el «choque con la realidad»— cuando la naturaleza represiva del régimen se hizo evidente, la pobreza se agudizó y comenzó el proceso de estabilización de la miseria y consolidación del totalitarismo.
En el caso de Venezuela, la tercera fase comenzó alrededor de 2011, la cuarta alrededor de 2013 y la quinta —la etapa totalitaria— surgió en 2014. Ese mismo año, la crisis migratoria masiva de Venezuela explotó, impulsada por la pobreza y la represión política.
En 2014, aún no se había impuesto ninguna sanción al régimen de Chávez. Aun así, Venezuela registró una contracción del PIB del 4,8 % y una inflación del 68,5 %. En 2015 , el presidente Barack Obama impuso las primeras sanciones individuales contra funcionarios del régimen —congelando activos y revocando visas—, pero Estados Unidos continuó comprando petróleo venezolano y el país siguió comerciando libremente con el resto del mundo. Esta situación se mantuvo hasta 2019, cuando el presidente Donald Trump finalmente sancionó a la petrolera estatal PDVSA , congelando sus activos en Estados Unidos y prohibiendo las transacciones con entidades estadounidenses.
Washington utiliza las sanciones económicas como herramienta coercitiva para castigar a regímenes antidemocráticos y adversarios estadounidenses, cortándoles el apoyo financiero para debilitarlos o desestabilizarlos. Sin embargo, en el caso de Venezuela, las sanciones tuvieron un efecto paradójico: provocaron una breve recuperación económica.
Cuando finalmente se aplicaron sanciones económicas más amplias, el régimen se vio obligado a levantar muchos de sus rígidos controles económicos para sobrevivir. Durante varios años, en Venezuela surgió de facto un “mercado anárquico”, hasta el punto de que medios como The New York Times y Bloomberg afirmaron erróneamente que Maduro estaba “girando hacia el capitalismo”.
En realidad, las élites chavistas, presionadas por las sanciones, tuvieron que retirar sus fortunas de Estados Unidos y Europa y reinvertirlas en Venezuela. Necesitaban repatriar capital, lavar dinero y, al mismo tiempo, paliar la grave escasez que azotaba al país.
Aunque técnicamente era ilegal comerciar con dólares estadounidenses o cualquier otra moneda que no fuera el bolívar, estas restricciones se abolieron de facto, junto con los controles a las importaciones y exportaciones. Los mercados se llenaron rápidamente de productos importados, los salarios del sector privado aumentaron, la producción local se recuperó levemente y, tras una caída del PIB del 80 % en una década, Venezuela empezó a mostrar pequeños indicios de recuperación económica.
En su lucha por la supervivencia, e impulsado por las sanciones, el régimen de Maduro desmanteló gran parte del aparato de control económico socialista, permitiendo involuntariamente que las fuerzas del mercado repararan parcialmente el daño causado por décadas de mala gestión socialista.
Así pues, si bien cabe debatir si las sanciones han sido eficaces para debilitar un régimen antidemocrático y criminal, lo que es indiscutible es que las sanciones provocaron el peor colapso económico jamás registrado en América. La responsabilidad recae plenamente sobre el socialismo mismo.
El gobierno de Estados Unidos anunció el establecimiento de marcos comerciales con Argentina, Ecuador, El Salvador y Guatemala, en un esfuerzo por fortalecer la capacidad de las empresas estadounidenses para exportar productos industriales y agrícolas a estos países, según la agencia AP.
Según un alto funcionario estadounidense, estos acuerdos aún están en proceso de finalización y se prevé su firma en aproximadamente dos semanas. Esta iniciativa forma parte de la estrategia del presidente Donald Trump para reformular las reglas del comercio global mediante el uso de aranceles más amplios.
El presidente argentino, Javier Milei, celebró este avance calificándolo como «una tremenda noticia» y subrayó el compromiso de Argentina para «hacer a la Argentina grande nuevamente». Los marcos comerciales buscan eliminar barreras no arancelarias, reducir aranceles al 0% en productos fabricados en Estados Unidos y evitar impuestos sobre servicios digitales para las empresas estadounidenses.
Por su parte, el presidente guatemalteco, Bernardo Arévalo, calificó el marco como «buenas noticias» para su país, destacando que el 70% de los productos exportados a Estados Unidos estarán exentos de aranceles bajo esta iniciativa.
La cancillería de Ecuador enfatizó que este acuerdo reafirma el compromiso del país con el crecimiento económico, la generación de empleo y una inserción estratégica en la economía global, promoviendo el acceso a mercados, la protección ambiental y laboral, y fomentando el comercio digital y la inversión sostenible.
El secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, declaró que esta reducción de aranceles responde a la preocupación por la asequibilidad entre los votantes estadounidenses.
El anuncio de la operación Lanza del Sur por parte de Estados Unidos en el Caribe, bajo la dirección del Comando Sur, marca un punto de inflexión en la estrategia regional contra el narcotráfico y el terrorismo.
Según el análisis de Antonio De La Cruz, presidente de Inter American Trends, esta iniciativa no representa un simple operativo, sino una transformación doctrinaria que redefine el equilibrio de poder en el hemisferio.
De La Cruz afirmó que “Estados Unidos acaba de mover una pieza que cambiará el equilibrio del Caribe por años: Operation SOUTHERN SPEAR (Lanza del Sur). No es un operativo: es una doctrina”.
El especialista subrayó que la decisión provino directamente del presidente Donald Trump, con una respuesta inmediata del Departamento de Guerra y la ejecución a cargo del Comando Sur.
“Un triángulo de poder que anuncia lo esencial: la paciencia estratégica con el narcoterrorismo se acabó”, sostuvo De La Cruz.
Este cambio de enfoque implica que el enemigo ya no es percibido como un simple cartel, sino como una organización terrorista, lo que, en palabras del analista, significa que “cuando EE.UU. cambia el nombre de tu amenaza… cambia tu destino”.
La operación Lanza del Sur, según De La Cruz, se caracteriza por una “geometría de presión: flotas, radares, inteligencia, rutas selladas.
Un cerco avanzado que deja al Cartel de los Soles con solo tres opciones: huir, fracturarse o caer”.
Esta estrategia, lejos de limitarse a un despliegue táctico, busca asfixiar progresivamente a las organizaciones criminales mediante el corte de rutas, la exposición de operadores y la generación de traiciones internas, todo ello bajo una presión externa constante.
“Una operación diseñada para quebrar la estructura desde adentro”, explicó De La Cruz al medio.
El Caribe Sur, en este nuevo escenario, se transforma en un tablero estratégico con reglas claras: “Zona de exclusión para actores criminales. Línea roja para regímenes que los protegen. Patio estratégico donde EE.UU. vuelve a marcar territorio”, detalló De La Cruz.
La frase clave que resume la doctrina es “Defender nuestro Homeland” (Defender la Nación), lo que implica, según el analista, que “Estados Unidos actuará fuera de sus fronteras para eliminar la amenaza antes de que toque su territorio”.
De La Cruz enfatizó que esta no es una reedición de la guerra fría, sino una “guerra silenciosa del siglo XXI: sin misiles, sin anuncios, sin uniformes. Solo operaciones quirúrgicas, precisión jurídica y superioridad tecnológica”.
Para el régimen de Nicolás Maduro y su entorno, el mensaje es inequívoco: “Ya no se negocia estatus. No se discuten sanciones. Se discute supervivencia”, advirtió De La Cruz.
El analista concluyó que la campaña ya está en marcha y que el Caribe se está reordenando ante la mirada de todos.
“Maduro y el Cartel dormían creyendo que EE.UU. era predecible. Hoy descubren que se movió primero. Y cuando una potencia mueve primero… el adversario se queda sin tablero”, sentenció De La Cruz.
Durante años, el régimen de Nicolás Maduro ha cometido 18.000 asesinatos extrajudiciales, y la comunidad internacional no había hecho nada.
Dieciocho mil vidas destruidas ante un silencio cómplice de la comunidad internacional.
Pero ese silencio se acabó.
Ahora una coalición encabezada por Estados Unidos y su presidente Donald Trump ha dicho basta de impunidad.
En Washington, el secretario de Guerra Pete Hegseth, el jefe del Estado Mayor Dan Caine y altos funcionarios presentaron al presidente Trump opciones inmediatas para acabar con este genocidio.
De esa reunión surgió la Operación Lanza del Sur que marca un punto de quiebre para Maduro y su banda.
Se trata de un amplio operativo estadounidense contra las redes criminales asociadas al régimen de Nicolás Maduro, una acción coordinada que incluye inteligencia, acciones marítima y aéreas y permanencia militar en el Caribe frente a las costas venezolanas.
Washington ha dejado claro que no se trata de un ejercicio simbólico, sino de un golpe directo a las estructuras de narcotráfico, lavado de dinero y alianzas oscuras que sostienen a la dictadura.
Con Lanza del Sur en marcha, el cerco internacional contra Maduro se estrecha como nunca, enviando un mensaje inequívoco: la impunidad del narco-Estado ha llegado a su fin.
Y cuando el poder militar de EEUU se mueve, es porque la paciencia se agotó.
Mientras la Casa Blanca y el Pentágono guardan reserva sobre las acciones que tomarán, el Mar Caribe frente a las costas de Venezuela, habla duro y claro.
Lo mismo sucede en el interior de Venezuela, donde se ha organizado de manera subterránea, un verdadero ejercito para desalojar del poder que usurpan Maduro y sus cómplices
El portaaviones USS Gerald Ford ya opera bajo el Comando Sur, sumándose a destructores, aviones de guerra y fuerzas especiales.
El mensaje es brutal y definitivo:
Maduro perdió el tiempo, la posibilidad se respetar la voluntad del pueblo venezolano y la última oportunidad de realizar una transición ordenada y en paz.
Tras 18.000 asesinatos, la justicia dejó de ser un deseo.
Ahora es una operación en marcha.
Venezuela será libre muy pronto y como piezas de dominó puestas en fila también verán clarear la democracia en Cuba y Nicaragua.
Omar González Moreno
Los tiempos de cambios políticos se refieren a periodos de transformación en la estructura, funcionamiento y liderazgo de un gobierno, que pueden manifestarse como transiciones políticas de un sistema a otro o cambios de régimen reemplazo de un gobierno por otro. Estos cambios pueden ser graduales o repentinos, provocados por factores internos como revoluciones o crisis económicas o externos como guerras o la globalización. El contexto actual se caracteriza por ser volátil e incierto en muchas regiones, con una creciente complejidad en la gobernabilidad. Los cambios políticos son transformaciones en la estructura, el funcionamiento o la dirección de un sistema de gobierno o del poder dentro de una sociedad. Son un elemento intrínseco de la historia humana, impulsados por una compleja interacción de factores internos y externos. No hay sociedad estática; el cambio es la norma, y la política, como reflejo de la organización social, está en constante evolución.
Los tiempos de cambios políticos tienen causas y manifestaciones: Factores internos: Crisis económicas, descontento social, revoluciones, o la incapacidad del gobierno para adaptarse a las nuevas demandas sociales. Factores externos: Conquista por una potencia extranjera, intervenciones militares, o la influencia de la globalización y los cambios sociales asociados a ella. Manifestaciones: Pueden ser desde cambios graduales en las políticas o la estructura de gobierno hasta transformaciones más profundas y violentas. Por ejemplo, la caída del comunismo a finales del siglo XX representó un cambio político a gran escala. Impacto en la gobernabilidad: Los tiempos de cambios políticos a menudo se caracterizan por la incertidumbre, la volatilidad y la polarización política.
Los cambios políticos pueden variar drásticamente en su naturaleza y alcance: graduales vs. abruptos: Algunos cambios ocurren de forma lenta y progresiva, a través de reformas legislativas, ajustes institucionales o en la opinión pública. Otros son repentinos y drásticos, como en el caso de revoluciones, golpes de Estado o colapsos de regímenes. Pacíficos vs. Violentos: Si bien muchos cambios políticos se logran a través de procesos democráticos (elecciones, negociaciones, protestas pacíficas), otros implican el uso de la fuerza y la violencia. Superficiales vs. Fundamentales: Algunos cambios son meros ajustes dentro del mismo sistema político (por ejemplo, un cambio de partido en el gobierno). Otros son transformaciones profundas que alteran las bases del poder, la ideología dominante o la organización del Estado (por ejemplo, el paso de una monarquía a una república). Internos vs. Externos: Los cambios pueden ser impulsados por dinámicas internas (presión social, crisis económicas, movimientos ideológicos) o por influencias externas (guerras, intervenciones extranjeras, globalización, movimientos transnacionales).
Múltiples elementos pueden catalizar los cambios políticos: Crisis Económicas: Las dificultades económicas (hiperinflación, desempleo masivo, escasez) suelen generar descontento popular y pueden erosionar la legitimidad de un gobierno, abriendo la puerta a demandas de cambio. Desigualdad Social: La brecha creciente entre ricos y pobres, o la exclusión de ciertos grupos, puede llevar a tensiones y movilizaciones sociales que exigen nuevas políticas o un cambio en el poder. Tecnología y Comunicación: El acceso a la información y las redes sociales pueden empoderar a los ciudadanos, facilitar la organización de movimientos de protesta y exponer la corrupción o ineficiencias de los gobiernos, acelerando los procesos de cambio. Ideologías y Movimientos Sociales: El surgimiento de nuevas ideas políticas o el fortalecimiento de movimientos sociales (feministas, ambientalistas, derechos humanos) pueden desafiar el statu quo y propiciar reformas o revoluciones.
Factores Demográficos: Cambios en la composición de la población (envejecimiento, migración, crecimiento de la juventud) pueden alterar las demandas sociales y las prioridades políticas. Eventos Geopolíticos: Guerras, alianzas internacionales, o cambios en el equilibrio de poder global pueden tener un impacto directo en la política interna de los países. Liderazgos Carismáticos: La aparición de figuras con gran capacidad de movilización y visión puede galvanizar el descontento y articular las aspiraciones de cambio.
Consecuencias de los Cambios Políticos: Las consecuencias de los cambios políticos son variadas y a menudo impredecibles: Estabilidad o Inestabilidad: Un cambio político puede conducir a un período de mayor estabilidad y consenso, o por el contrario, a una prolongada inestabilidad y conflicto. Mejora o Deterioro Social: Los cambios pueden resultar en un progreso social (mayor igualdad, más derechos) o en un deterioro (represión, pérdida de libertades). Desarrollo o Retroceso Económico: Las nuevas políticas pueden impulsar el crecimiento económico o llevar a recesiones y crisis. Legitimidad o ilegitimidad: La forma en que se produce el cambio (por ejemplo, elecciones transparentes vs. un golpe de estado) impacta directamente en la legitimidad del nuevo orden político.
Venezuela como Ejemplo de Cambio Político, Venezuela, desde el inicio de la Revolución Bolivariana en 1999, es un claro ejemplo de cambios políticos profundos. El paso de un sistema bipartidista tradicional a un modelo con fuerte énfasis en el poder popular y la intervención estatal, y luego a una etapa de polarización extrema y crisis institucional, ilustra cómo los cambios pueden ser complejos, multifacéticos y con consecuencias de largo alcance. La actual situación de Venezuela es, en sí misma, el resultado de una serie de cambios políticos y económicos que han reconfigurado el país.
En el ocaso de la cuarta república y tiempos de la anti política, Hugo Chávez supo en un momento histórico apoyarse con discursos redentores como resultado ganó la presidencia en el año 1999, una victoria también llamada por sus seguidores victoria popular. Desde un primer momento el comandante conectaba con un pueblo que buscaba desesperadamente un líder para construir los cambios necesarios en lo político, económico y social, los estratos D y E creían que habían encontrado una esperanza, aliado, mesías, una luz en su invisible vida. Hoy en día en Venezuela se puede afirmar que los votantes experimentan una parálisis por el cambio de paradigma socio – político y una desmotivación en muchos votantes que desde su expresión se vienen negando a participar y otros a votar por los candidatos de Maduro. Sin embargo, la actual narrativa de Venezuela se desliza en alegorías de permanentes contradicciones. Los críticos a la gestión Maduro, quien es el sucesor del comandante, lo acusan directamente de muy mala praxis administrativa y de cometer excesos con significativos recursos estratégicos para el equilibrio y desarrollo de la economía nacional.
Ya no hay eventos y decisiones articuladas a las temáticas económicas y políticas que no sorprenden a la mayoría de los venezolanos y más si viene del gobierno Maduro. En la lucha diaria, emerge nuevos y viejos actores, realidad que conecta al análisis en la dinámica socio histórico de Venezuela. Si enfocamos la aguda crisis que transita el país, observamos y percibimos que nuevamente se está fraguando una reconfigurada sociedad civil asociada a la crisis de credibilidad de las instituciones públicas por sus diversos nudos críticos, y al crecimiento de una reflexión moviéndose en el complejo existencialismo humano, derivándose una clara interpelación hacia la actual clase política en general, espacio terreno fértil para la anti política.
En resumen, los tiempos de cambios políticos son períodos dinámicos y a menudo volátiles en la historia de una nación, caracterizados por transformaciones significativas en la estructura, el liderazgo y la dirección ideológica del Estado. Estos períodos no solo implican la sustitución de un gobierno por otro, sino que representan una renegociación profunda del contrato social y de las reglas fundamentales que rigen la vida en democracia.
En pleno Caribe, donde el USS Gerald R. Ford, el portaaviones más avanzado de la Marina de EE.UU., ha irrumpido esta semana junto a la Quinta Flota, avivando tensiones con Venezuela y operaciones antinarcóticos, surge una pregunta inevitable: ¿Quién fue Gerald Ford, el hombre que bautiza esta mole de acero?
Nacido el 14 de julio de 1913 en Omaha, Nebraska, como Leslie Lynch King Jr., Ford —hijo de un padre ausente y de una madre valiente— creció en Grand Rapids, Michigan.
Apellido adoptado de su padrastro, un pintor de brocha gorda. Joven estrella del fútbol americano en la Universidad de Michigan, donde jugó como centro, Ford soñaba con la NFL, pero Yale lo tentó con una maestría en Derecho. Terminó como abogado y entrenador de boxeo en la Ivy League.
La Segunda Guerra Mundial lo catapultó: se alistó en la Marina, sirvió en el portaaviones USS Monterey y sobrevivió a un tifón en el Pacífico. Condecorado con una Estrella de Bronce, volvió como héroe.
En 1948, irrumpió en la política como congresista republicano por Michigan. Leal, moderado y trabajador, acumuló 25 años en la Cámara Baja, llegando a líder de la minoría. «El tipo más honesto de Washington», decían.
El Watergate lo elevó al olimpo: en 1973, tras la renuncia de Spiro Agnew por corrupción, Nixon lo nombró vicepresidente. Un año después, con Nixon hundido en escándalos, Ford juró como presidente el 9 de agosto de 1974. Único en la historia: ni elegido presidente ni vicepresidente.
Su mandato (1974-1977) fue un vendaval. Perdonó a Nixon un mes después, un acto de «misericordia nacional» que le ganó enemigos y le costó la reelección en 1976 ante Jimmy Carter. Enfrentó inflación galopante, el fin de Vietnam y la crisis energética. Corto de estatura (1.83 m, pero torpe en las escaleras), se volvió meme por caídas públicas, aunque era un atleta consumado.
Derrotado, se retiró a Rancho Mirage, California, con Betty, su esposa de toda la vida. Escribió memorias, jugó golf y vivió hasta los 93 años, muriendo en 2006.
Hoy, mientras su homónimo surca el Caribe —entra en la zona el 11 de noviembre para misiones de disuasión—, Ford nos recuerda: el poder no siempre brilla, pero la integridad navega contra tormentas. ¿Su legado? Un recordatorio de que hasta los presidentes tropiezan, pero el mar perdona.
El Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inameh) informó que Venezuela presenta condiciones atmosféricas variadas y y oleaje significativo en el mar territorial este 14 de noviembre.
Según el reporte, se espera estabilidad atmosférica y ausencia de precipitaciones en gran parte del territorio nacional en horas de la mañana. Sin embargo, no se descartan cielos con nubosidad fragmentada y áreas nubladas con lluvias variables en zonas de Amazonas, Bolívar, este de Miranda, Piedemonte Andino y el Lago de Maracaibo.
Foto: Inameh 14nov
Por la tarde – noche se anticipa un ligero aumento de la nubosidad, lo que podría generar precipitaciones de intensidad variable en Bolívar, Amazonas, Apure, oeste de Barinas, Los Andes y Zulia.
Con respecto al oleaje, Inameh señaló que en el Golfo de Venezuela se prevé la llega de olas de hasta dos metros de altura.
La expresidente Jeanine Áñez ha instado a los bolivianos a «no descansar» hasta restituir por completo las libertades y la democracia en el país andino, luego de que la comunidad internacional haya mirado con entusiasmo el fin de casi 20 años de gobiernos ininterrumpidos del izquierdista Movimiento al Socialista (MAS), que fue derrotado en las últimas elecciones por Rodrigo Paz Pereira.
«Todavía tenemos presos políticos, exiliados políticos y la lucha tiene que continuar por el bien de todos los bolivianos, por el bien de la democracia», dijo Áñez, recordando los efectos causados por las políticas del MAS durante años.
La exmandataria, liberada hace apenas una semana tras pasar casi cinco años encarcelada, fue una de las invitadas de honor a la toma de posesión de Paz Pereira como nuevo presidente de Bolivia, efectuada el pasado fin de semana.
«El miedo nunca irá por encima de nuestra dignidad, nunca debe superar a la injusticia. Nosotros tenemos la solvencia, la moral de ver a todos los bolivianos y decirles que cumplimos con nuestra patria y lo vamos a seguir haciendo desde el lugar que nos corresponde», indicó además durante un acto en el que el Comité Cívico pro Santa Cruz le rindió homenaje.
Los obispos católicos estadounidenses votaron el miércoles a favor de oficializar la prohibición de la atención médica de afirmación de género para pacientes transgénero en hospitales católicos, un paso que convierte en norma lo que durante años venía aplicándose de forma desigual en la red sanitaria vinculada a la Iglesia en Estados Unidos.
El anuncio llega en un contexto de profunda división interna. Algunas comunidades católicas han intentado integrar pastoralmente a fieles trans, mientras que otras mantienen posiciones muy restrictivas. Incluso dentro de esa diversidad, la jerarquía episcopal ha optado por un cierre doctrinal: las nuevas directrices asumen el contenido de documentos publicados por el Vaticano en 2024 y por los propios obispos en 2023, donde ya se establecía que los servicios sanitarios católicos no debían realizar intervenciones hormonales o quirúrgicas destinadas a modificar las características sexuales.
La votación tuvo lugar en Baltimore, en el salón de un hotel donde la Conferencia Episcopal celebraba su asamblea anual. Allí, los prelados respaldaron casi por unanimidad la actualización de las «Directrices Éticas y Religiosas» que rigen a miles de hospitales, clínicas y proveedores católicos. En manos de cada obispo quedará ahora convertir esas indicaciones en ley particular para sus diócesis.
La medida entra en colisión directa con la postura mayoritaria del mundo médico. Numerosas asociaciones sanitarias consideran que la atención afirmativa de género —que incluye acompañamiento psicológico, terapias hormonales y, en algunos casos, cirugía— es un componente esencial para el bienestar de las personas trans. De hecho, la Asociación Católica de Salud recordó que más de un séptimo de los pacientes del país acude diariamente a centros católicos, que en muchas zonas rurales son la única opción disponible.
Pese a su adhesión a la doctrina oficial, la Asociación agradeció que parte de sus recomendaciones se incorporaran al texto final. Subrayó que los hospitales católicos seguirán recibiendo a personas trans y que el trato será respetuoso, conforme a la ética social de la Iglesia, aunque sin ofrecer intervenciones que contradigan los principios morales establecidos.
En la asamblea, uno de los apoyos más explícitos provino del obispo Robert Barron, de la diócesis de Winona-Rochester, quien insistió en la necesidad de una declaración «clara y firme» frente a la llamada ideología de género. Su intervención reforzó la idea de que el episcopado quiere fijar una línea común después de años de ambigüedad.
En suma, las directrices aprobadas formalizan una prohibición que impactará a millones de pacientes y que coloca al sistema sanitario católico en una posición doctrinal dentro del debate nacional sobre los derechos de las personas trans en Estados Unidos.