Armando Esteban Quito

La cadena perpetua más 30 años impuesta en Nueva York a Carlos Orense Azócar, operador estructural del Cartel de los Soles, se convierte en la sentencia más impresionante que le hayan dado a un narcotraficante venezolano en EE. UU., y un precedente que orientará los procesos que avanzan contra la cúpula del poder venezolano. El fallo, dictado por el juez Vernon S. Broderick en el Tribunal del Distrito Sur de Nueva York, fija una línea clara que el magistrado destacó «cuando los criminales hacen uso del Estado como herramienta del narcotráfico, la justicia estadounidense responde con el máximo rigor».

Por: Maibort Petit – The Epoch Times

El caso Orense sintetiza la tesis que los fiscales vienen construyendo desde hace años. No basta con perseguir cargamentos o intermediarios menores; el objetivo es desmontar estructuras criminales incrustadas en el aparato estatal. En ese marco, la condena de por vida a un facilitador logístico que operó con protección militar, acceso a recursos públicos y uso de armas de guerra se convierte en una referencia directa para los expedientes que involucran a los máximos responsables políticos. Carlos Orense Azócar emergió durante años como una figura discreta pero decisiva dentro del engranaje del Cartel de los Soles.

Nacido en Anaco, estado Anzoátegui, y con pasado como funcionario público vinculado a labores aduaneras y financieras, Orense utilizó su conocimiento del aparato estatal venezolano para convertirse en un facilitador clave del narcotráfico transnacional. Lejos de ser un simple transportista, su rol fue estructural: coordinó pistas clandestinas, garantizó seguridad armada, gestionó pagos multimillonarios, y aseguró combustible y protección institucional para el envío sostenido de cocaína desde Venezuela hacia el Caribe, México y Estados Unidos. Testimonios presentados en juicio lo describieron como un operador con acceso directo a mandos militares y políticos, capaz de movilizar recursos del Estado para blindar operaciones criminales de gran escala.

Su procesamiento en Estados Unidos siguió el patrón reservado para los casos más complejos de crimen organizado transnacional. Tras ser detenido en Italia en 2021 bajo una alerta roja de Interpol, Orense fue extraditado a Nueva York y llevado ante el estrado judicial, donde enfrentó cargos por conspiración para importar cocaína, violaciones a las leyes marítimas antidrogas y delitos relacionados con el uso de armas en actividades de narcotráfico. El juicio, celebrado a finales de 2023, se apoyó en una acumulación de pruebas documentales, decomisos y testimonios de cooperantes que acreditaron su papel central dentro de la estructura criminal.

Hasta el día de la condena dijo ser inocente, no pidió perdón por sus crímenes a los estadounidenses (únicamente a su familia) y además aseguró que apelará la decisión del Juez Broderick y que, además, quiso mantener el fallo sellado, haciendo un intento de sacar a la prensa de la sala en nombre de la seguridad y el peligro que corren sus allegados en Venezuela. Broderick remedió el pedido del convicto con una reunión de barra en su estrado.

La corte valoró esa arquitectura criminal, así como la magnitud del daño causado, y concluyó que la pena máxima era proporcional y necesaria. En su sentencia, el juez Broderick destacó que el acusado pagó sobornos a los militares de alto rango del Cártel de los Soles como Hugo Carvajal Barrios, alias El Pollo, Clíver Alcalá Cordones, Néstor Reverol, Luis Buitrago, al expoderoso vicepresidente del régimen y Ministro de Hidrocarburos, Tareck El Aissami, entre otros.

Esa lectura judicial es la que ahora proyecta sus efectos sobre los casos venideros. La sentencia establece que no es imprescindible ostentar un cargo formal de jefatura para enfrentar una condena extrema. Basta con demostrar conocimiento, aporte sustancial y aprovechamiento del poder estatal para quedar en el umbral de la cadena perpetua. También deja claro que la combinación de narcotráfico a gran escala con el uso de armas agrava de manera decisiva la responsabilidad penal.

Otro elemento central del precedente es el costo del silencio. Orense Azócar decidió ir a juicio, fue convicto por un jurado y rechazó cooperar con la justicia estadounidense, con lo que cerró cualquier vía de reducción de pena. El juez de Broderick envió un mensaje inequívoco a los narcos de los grandes casos de crimen organizado transnacional, la negativa a colaborar no es neutral, sino determinante. Esa lógica será aplicada, sin excepción, a quienes hoy enfrentan acusaciones más amplias y complejas.

En ese contexto judicial en la Corte del Distrito Sur de Nueva York, la proyección de la impactante sentencia hacia los procesos contra Nicolás Maduro y Cilia Flores resulta inevitable. Para la fiscalía estadounidense, el caso Orense refuerza la tesis de responsabilidad por liderazgo y de facilitación consciente desde la estructura y desde la cúspide del poder. La fiscal, Kaylan Lasky dijo que Orense era el responsable haber enviado cocaína a gran escala a EE. UU., líder de la logística de una organización criminal que fue capaz de pagar sobornos para facilitar el negocio, con lo cual se contribuyó a cooptar el aparato estatal, para ponerlo al servicio del narcotráfico. Quedó asentada una jurisprudencia que indica que las penas de por vida son posibles y previsibles.

El gobierno ha advertido que mismo destino de Orense puede aplicar para otros jerarcas civiles y militares señalados como parte del engranaje. La sentencia desmonta cualquier expectativa de inmunidad basada en jerarquía, investidura o discurso político. La justicia federal estadounidense ha dejado sentado que el poder no es un escudo cuando se transforma en instrumento del delito.

El impacto del fallo contra Orense Azócar es sistémico. El cártel de los Soles, tras la primera sentencia dictada contra uno de los militares involucrados, Clíver Alcalá Cordones —quien se declaró culpable, buscó un acuerdo con el Departamento de Justicia y fue condenado a 21 años y 8 meses de prisión—, había recibido una de las penas más altas hasta la fecha. Esa condena ha sido ahora superada con creces por la del operador, cuyo caso contribuye a que la estructura sea retratada judicialmente como una corporación criminal con anclaje estatal, y no como una suma de actores dispersos.

Esa caracterización es clave para los procesos que siguen, porque permite a los tribunales analizar las conductas en clave de empresa criminal y no como hechos aislados.

La condena de Orense marca el camino y abre la ruta jurisprudencial para juzgar a quienes utilizaron el Estado venezolano como plataforma del narcotráfico. El gobierno y la corte anticipan que vienen muchas cadenas de por vida para los capos venezolanos.

La petrolera estatal venezolana ha comenzado a reabrir algunos de los pozos que ella y sus socios en empresas conjuntas habían cerrado debido al estricto embargo estadounidense, y las exportaciones de crudo se reanudaron con dos cargamentos que zarparon el lunes, según informaron tres fuentes cercanas a las operaciones.

Por: Marianna Parraga – Reuters

Las exportaciones de petróleo del país miembro de la OPEP se habían mantenido prácticamente paralizadas desde diciembre, con la excepción de la estadounidense Chevron (CVX.N), que exportaba crudo de sus empresas conjuntas bajo una autorización de Estados Unidos, lo que dejó millones de barriles almacenados en tanques terrestres y buques.

La producción total de crudo del país cayó a unos 880.000 barriles por día (bpd) la semana pasada, desde 1,16 millones de bpd a finales de noviembre. La principal región petrolera, la Faja del Orinoco, experimentó una drástica reducción a unos 410.000 bpd, en comparación con los 675.000 bpd de finales de noviembre, según cifras independientes consultadas por Reuters.

Sin embargo, a última hora del lunes, dos superpetroleros zarparon de aguas venezolanas transportando aproximadamente 1,8 millones de barriles de crudo cada uno, en lo que podrían ser los primeros cargamentos de un acuerdo de suministro de 50 millones de barriles entre Caracas y Washington, lo que permitió la reanudación de las exportaciones.

Según datos de seguimiento de buques de LSEG, los buques se dirigían el martes hacia el norte desde la costa venezolana, hacia el Caribe, donde muchas compañías petroleras, incluyendo comercializadores, productores y refinerías, alquilan tanques de almacenamiento.

Un metanálisis extenso sugiere que la suplementación con vitamina D puede aliviar los síntomas depresivos en adultos con depresión. Realizado por un equipo internacional de investigadores, el metanálisis incluye docenas de estudios de todo el mundo.

Por: Brighter Side News / Traducción libre del inglés de Morfema Press

Los síntomas depresivos causan una carga de enfermedad significativa en todo el mundo. La eficacia terapéutica de los antidepresivos actuales suele ser insuficiente, por lo que se han buscado otras formas de paliar los síntomas de la depresión, por ejemplo, a partir de la investigación nutricional.

Se cree que la vitamina D regula las funciones del sistema nervioso central, cuyas alteraciones se han asociado con la depresión. Además, estudios transversales han observado una asociación entre los síntomas depresivos y la deficiencia de vitamina D.

Sin embargo, los metanálisis anteriores sobre los efectos de la suplementación con vitamina D en la depresión no han sido concluyentes. En un metanálisis, los resultados de varios estudios diferentes se combinan y analizan estadísticamente.

El nuevo metanálisis sobre la asociación de la suplementación con vitamina D con la depresión es el más grande publicado hasta el momento e incluye los resultados de 41 estudios de todo el mundo. Estos estudios han investigado la eficacia de la vitamina D para aliviar los síntomas depresivos en adultos mediante ensayos aleatorios controlados con placebo en diferentes poblaciones.

Los estudios incluyeron los realizados en pacientes con depresión, en población general y en personas con diversas condiciones físicas. Los resultados del metanálisis muestran que la suplementación con vitamina D es más efectiva que un placebo para aliviar los síntomas depresivos en personas con depresión. Hubo diferencias importantes en las dosis de vitamina D utilizadas, pero normalmente el suplemento de vitamina D era de 50 a 100 microgramos por día.

«A pesar del amplio alcance de este metanálisis, la certeza de la evidencia sigue siendo baja debido a la heterogeneidad de las poblaciones estudiadas y al riesgo de sesgo asociado con una gran cantidad de estudios», dijo el investigador doctoral y autor principal Tuomas Mikola de dice el Instituto de Medicina Clínica de la Universidad del Este de Finlandia. El metanálisis es parte de la tesis doctoral de Mikola.

“Estos hallazgos alentarán nuevos ensayos clínicos de alto nivel en pacientes con depresión para arrojar más luz sobre el posible papel de la suplementación con vitamina D en el tratamiento de la depresión”, concluye Mikola.

El metanálisis se llevó a cabo en colaboración internacional entre investigadores finlandeses, australianos y estadounidenses.

Artículo de investigación: El efecto de la suplementación con vitamina D sobre los síntomas depresivos en adultos: una revisión sistemática y metanálisis de ensayos controlados aleatorios, Critical Reviews in Food Science and Nutrition .

La sustancia química activa de los hongos mágicos podría resultar ser un potente antidepresivo, según encontró una revisión reciente. La psilocibina superó a una variedad de tratamientos de “control” en el alivio de los síntomas de la depresión, reportaron los investigadores en la edición del 1 de mayo de la revista BMJ.

Por: HealthDay News

Esos grupos de control recibieron medicamentos placebo, el suplemento dietético niacina (vitamina B) o microdosis de psicodélicos.

“Los hallazgos de esta revisión sobre la eficacia de la psilocibina en la reducción de los síntomas de la depresión son alentadores para su uso en la práctica clínica como una intervención farmacológica para pacientes con depresión primaria o secundaria, particularmente cuando se combina con apoyo psicológico y se administra en un entorno clínico supervisado”, concluyó el equipo de investigación dirigido por Athina-Marina Metaxa, estudiante de maestría del Departamento de Medicina de la Universidad de Oxford en el Reino Unido.

La depresión afecta a unos 300 millones de personas en todo el mundo, un aumento de casi un 20 por ciento en la última década, señalaron los investigadores en las notas de respaldo.

La psilocibina se ha mostrado prometedora para reducir los síntomas de depresión después de una o dos dosis, con pocos efectos secundarios y sin riesgo aparente de adicción, dijeron los investigadores. Para proporcionar una visión general de la situación actual de la investigación, un equipo del Reino Unido examinó los datos de siete ensayos clínicos en los que participaron 436 personas con depresión.

La psilocibina proporcionó un cambio significativamente mayor en las puntuaciones de depresión que cualquiera de los tratamientos de control, según muestran los resultados.

Los efectos del tratamiento de la psilocibina fueron significativamente más potentes entre los pacientes que tenían depresión junto con otra enfermedad mental, y cuando los participantes habían usado psicodélicos anteriormente, encontraron los investigadores.

“Curiosamente, surgió un patrón claro para el uso de psicodélicos en el pasado: cuanto mayor era la proporción de participantes del estudio que habían usado psicodélicos en el pasado, mayor era el efecto observado después del tratamiento con psilocibina”, escribió el equipo.

Sin embargo, se necesitan más evidencias para respaldar la psilocibina como antidepresivo, señalaron los investigadores. También se necesitan datos del “mundo real” para evaluar tanto la eficacia potencial como los costos potenciales, añadieron los investigadores.

Los pacientes del ensayo suelen recibir psilocibina en una sala de estar tranquila con música relajante, bajo la supervisión de un psicoterapeuta, una situación que es poco probable que ocurra en los entornos de atención médica típicos.

“La combinación de estos elementos hace que esta sea una intervención relativamente compleja y costosa, lo que podría dificultar la obtención de la aprobación de las agencias reguladoras y el reembolso de las compañías de seguros y otros”, escribieron los investigadores.

“El alto costo asociado con la intervención también aumenta el riesgo de que las clínicas no reguladas intenten reducir los costos al realizar modificaciones en el protocolo y el proceso terapéutico, lo que podría tener efectos perjudiciales para los pacientes”, añadieron.

José Luis Pirela, Diputado a la Asamblea Nacional (2015), miembro de la fracción parlamentaria 16 de julio y Director General Nacional de Venezuela Independiente, afirma que en Venezuela no hay estado de derecho y por lo tanto exige la incorporación de los magistrados que se encuentran en el exilio.

Nota de prensa

Es de hacer notar que la Asamblea Nacional, el 21 de julio de 2017, aprobó el informe enviado por el comité de postulaciones a los magistrados para las vacantes del Tribunal Supremo de Justica (TSJ), en cumplimiento de lo previsto en el artículo 263 y 264 de la Constitución de Venezuela.

Refiere Pirela, que el régimen de Maduro, en lugar de respetar el nombramiento de los magistrados, ordeno perseguirlos para apresarlos, lo que obligo a los mismos a abandonar el país y hoy día son parte de esa esa larga lista de exiliados políticos.

Estos honorables ciudadanos venezolanos, son profesionales del derecho, algunos profesores universitarios, escritores, intelectuales, con mas de 20 años de ejercicio exitoso, gente de buen vivir, asesores de empresas nacionales y extranjeras, pasan desde esa fecha por el infortunio del exilio, totalmente abandonados e ignorados hasta por los que representaron el gobierno interino de Guaidó, esto es una dantesca injusticia.

Ese poder judicial desde el año 2007-2008 lo regenta, dirige y controla Cilia Flores, haciendo uso de la Asamblea Nacional chavista, que ellos mismo adjudican en los supuestos procesos electorales imaginarios que anuncian, resalto Pirela.

En este momento que atraviesa Venezuela, es necesario brindar seguridad jurídica a los inversionistas y devolver a los ciudadanos credibilidad en la justicia, no seria posible con la cantidad de personas asignadas a esos cargos sin credenciales suficientes, experiencia y ejercicio de la profesión. Es vergonzoso ver como han utilizado durante años el sistema judicial para expropiar, realizar sentencias que violan la constitución y las leyes, perseguir ciudadanos, apresar y dictar sentencias según las instrucciones que se le dan vía telefónica a jueces que no tienen la edad para alcanzar esos cargos, no tienen la formación académica y menos aun el conocimiento de lo que deben hacer en el ejercicio de esos cargos y de la administración de justicia.

Está es la razón por lo que las cárceles venezolanas están repletas de mas de 1000 presos políticos, que no han cometido ningún delito tipificado y solo son víctimas de la utilización del sistema judicial y policial para la represión ordenada por un régimen que insiste en quedarse en el poder.

Si realmente queremos avanzar en el adecentamiento de la justicia, es hora de incorporar a todos los magistrados en sus cargos en el TSJ y desalojar a quienes usurpan sus cargos. Un país donde los representantes del máximo poder judicial son perseguidos es una selva, es un látigo que castiga y agravia a toda la nación.

El régimen de Maduro no solo se robo la renta petrolera millonaria, sino que asalto las instituciones judiciales, convirtiéndolas en un centro de trafico de la malechuría, donde no hay forma de defenderse legalmente, reina la impunidad y el partidismo rojo rojito, es gigante la lista de funcionarios y jueces corruptos que solo persiguen a los ciudadanos, con algunas excepciones.

Está transición debe abrir camino a la legalidad, son muchos años de indefensión, de falta de justicia en todo los ámbitos jurídicos, resulta apremiante devolver a los ciudadanos venezolanos la fe en la justicia, seria imposible lograrlo sino cortarles las raíces a la tiranía, esta verdad molesta a mucha gente de todas las posiciones políticas, pero la verdad nos hará libres. Llegó la hora, es la hora de hacer justicia.

Dios bendiga a la Venezuela decente que sufre y suena en grande.

El presidente de la ONG Foro Penal, Alfredo Romero, ratificó que la cifra de presos políticos excarcelados en Venezuela sigue en 56.

Infobae

“10:00am (Venezuela). Solo 56 presos políticos excarcelados verificados. El gobierno indica que son 116, pero no publica la lista de nombres. Los familiares y presos se mantienen en la incertidumbre y la dolorosa expectativa”, expresó en su cuenta en la red social X.

La cifra oficial de excarcelaciones en Venezuela ha generado controversias, tras el anuncio realizado por el gobierno sobre una supuesta liberación masiva de presos políticos. María Corina Machado y Edmundo González Urrutia afirmaron que la medida no se está cumpliendo según lo prometido y que las cifras difundidas no se corresponden con la realidad.

María Corina Machado y Edmundo González Urrutia señalaron al Gobierno interino de incumplir sus promesas. De acuerdo con sus registros, solo se han producido 56 excarcelaciones de las 800 esperadas

Hace casi una semana, Jorge Rodríguez aseguró que el régimen decidió la liberación de algunos de los cientos de presos políticos que se encuentran en cárceles del país.

En un discurso, Rodríguez anunció: “El gobierno bolivariano, junto a las instituciones del Estado, ha decidido la puesta en libertad de un número importante de personas venezolanas y extranjeras, y estos procesos de excarcelación están ocurriendo desde este mismo momento”.

Comunicado sobre presos políticos de la Oficina de la Vocería Oficial de María Corina Machado y Edmundo González Urrutia:

A cinco días de anunciarse oficialmente la liberación masiva de presos políticos, nada permite afirmar que dicha medida se esté llevando a cabo en los términos anunciados. La cifra de 116 excarcelados, difundida por el régimen el lunes 12 de enero, no se corresponde con la realidad.

Para el mediodía del martes 13 de enero, las organizaciones de derechos humanos sólo han podido verificar la excarcelación de 56 personas. Esto representa menos del 5% del total de más de 1000 seres humanos que permanecen injustamente privados de libertad por razones políticas.

Los excarcelados siguen casi siempre sometidos a medidas cautelares abusivas.

No se han publicado listas de las personas que serán liberadas.

No se ha notificado a los familiares de los presos sobre el proceso de excarcelación. Cientos de ellos permanecen en vigilia, acampados frente a los centros de reclusión, esperando noticias al respecto, gastando el dinero que no tienen y poniendo su propia salud en riesgo.

No se atienden los llamados de las organizaciones venezolanas e internacionales que velan por el respeto a los derechos humanos de los presos políticos.

No se conoce ninguna mejoría en las condiciones de vida de los presos políticos que permanecen recluidos, ni siquiera de los que sufren dolencias graves. Por el contrario, uno de ellos, Edison José Torres Fernández (52 años) falleció en cautiverio como consecuencia de una subida de tensión que no fue debidamente atendida.

Edison Torres es el octavo preso político que muere bajo custodia del Estado desde las elecciones del 28 de julio de 2024. Antes de él fallecieron Edwin Santos, Jesús Martínez, Jesús Rafael Álvarez, Osgual González, Reinaldo Araujo, Lindomar Amaro y Alfredo Díaz.

Cada día de prisión cuenta. La vida y la salud de cientos de personas están en juego.

Por eso nuestro mensaje al régimen, Venezuela y el mundo es claro: no puede haber transición con presos políticos, ni puede haber libertad en Venezuela mientras haya un solo perseguido por
razones políticas.

Nuestra demanda sigue siendo la misma, única, clara y no negociable: la liberación inmediata, completa, incondicional y verificable de todos los presos políticos.

Vocería Oficial de Venezuela

Menos de 48 horas después de la inédita operación militar que terminó con su captura, Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueron llevados ante un tribunal de Nueva York para ser imputados por conspiración para el narcoterrorismo y por introducir cocaína en Estados Unidos, así como otros delitos relacionados con armas.

Transparencia Venezuela

Durante esas horas, el Departamento de Justicia publicó una ampliación de la imputación contra quien gobernó Venezuela durante 12 años, en la cual, para sorpresa de muchos, las referencias al Cartel de Los Soles no solo han casi desaparecido, sino que ya no se califica a este grupo como una “organización criminal conformada por altos funcionarios”, sino como un “sistema clientelar”.

Apenas en noviembre de 2025 el Departamento de Estado calificó al Cartel de Los Soles como una “organización terrorista extranjera” e insistió en su cabecilla era Nicolás Maduro.

No obstante, este giro no implica que los señalamientos contra el ahora detenido se hayan suavizado.

“El acusado participó, perpetuó y protegió una cultura de corrupción en la que las poderosas élites venezolanas se enriquecen mediante el narcotráfico y la protección de sus socios narcotraficantes”, se lee en el documento de 25 páginas de extensión que firmaron el fiscal Jay Clayton y un jurado, cuya identidad se reservó por razones de seguridad.

“Las ganancias de esta actividad ilegal fluyen hacia funcionarios civiles, militares y de inteligencia corruptos”, se remata en el escrito.

¿Por qué Estados Unidos hace semejantes acusaciones? ¿Qué motivos tiene? A continuación, se enumeran 6 razones:

 

1.Venta de pasaportes y traslado seguro de los pagos de la droga

Clayton acusa a Maduro de haber “manchado todos los cargos públicos que ha ocupado” para enviar las grandes cantidades de cocaína hacia Estados Unidos, para lo cual ha amparado y protegido a narcotraficantes.

“Como ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, Maduro Moros proporcionó pasaportes diplomáticos venezolanos a narcotraficantes y facilitó la cobertura diplomática de los planes utilizados por los lavadores de dinero para repatriar las ganancias del narcotráfico desde México a Venezuela”, se lee en el escrito, en el que se sostiene que estas acciones habrían ocurrido entre 2006 y 2008.

En 2017, la cadena estadounidense CNN publicó un reportaje en el que se denunciaba que pasaportes venezolanos eran vendidos en embajadas y consulados de Medio Oriente, y que algunos de sus compradores habrían sido miembros del grupo terrorista libanés Hezbolá.

«En Irak la gente pagaba mucho dinero por una visa o pasaporte, hasta 15.000 dólares», dijo un exfuncionario venezolano de esa legación a la cadena, quien fue forzado a renunciar luego de denunciar la situación ante su superior.

«No les importa si el que tiene los 15.000 dólares es un terrorista o una anciana que quiere asilo en Europa», agregó.

En su momento el Gobierno no solo negó las acusaciones, sino que optó por prohibir las transmisiones de CNN en Venezuela como represalia.

La Fiscalía estadounidense también acusa a Maduro de ordenar a los embajadores que ayudaran a los traficantes a realizar sus negocios.

“Cuando los narcotraficantes necesitaban trasladar el dinero de la droga de México a Venezuela Maduro Moros facilitaba el traslado de aviones privados bajo protección diplomática para garantizar que los vuelos no fueran objeto de escrutinio por parte de las fuerzas del orden ni del ejército. En estas ocasiones, Maduro Moros llamaba a la embajada de Venezuela en México para avisar que una misión diplomática llegaría en avión privado. Luego, mientras los narcotraficantes se reunían con el embajador de Venezuela en México bajo los auspicios de una misión diplomática de Maduro Moros, su avión cargaba el dinero de la droga. El avión regresaba a Venezuela bajo protección diplomática”, se lee en el escrito.

2. Haciendo caja para seguir en el poder

La Fiscalía estadounidense afirma que Maduro y su entorno no solamente habrían recurrido al narcotráfico para enriquecerse personalmente, sino también para otros fines.

“Estos políticos utilizaban los pagos de la cocaína para mantener y aumentar su poder político”, se lee en el escrito.

En la imputación se asegura que Maduro habría establecido nexos con las guerrillas colombianas (FARC y ELN) y también con carteles mexicanos como el de Sinaloa, dirigido por Joaquín “El Chapo” Guzmán y Los Zetas. Y, por último, con la megabanda criminal venezolana Tren de Aragua.

A todos estos grupos, los imputados y otros colaboradores “les proporcionaron cobertura policial y apoyo logístico para el transporte de cocaína a través de Venezuela, a sabiendas de que sus socios narcotraficantes la transportarían hacia el norte, a EE.UU.”, a cambio de grandes sumas de dinero.

En 2007, la entonces diputada Cilia Flores habría recibido “cientos de miles de dólares” a cambio de organizar una reunión entre un traficante y el entonces jefe de la Oficina Nacional Antidrogas, Néstor Reverol Torres.

“El narcotraficante posteriormente acordó pagar un soborno mensual a Reverol Torres, además de aproximadamente US$ 100.000 por cada vuelo que transportara cocaína para garantizar su seguridad, una parte de la cual se pagó posteriormente a Cilia Flores de Maduro. Alrededor de 2015, Reverol Torres fue acusado de delitos relacionados con narcóticos en el Distrito Este de Nueva York y se encuentra prófugo”, se lee en el escrito.

3. Un negocio familiar

A diferencia de la primera imputación contra Maduro presentada en 2020, en esta nueva no solo se señala al gobernante y a miembros o exmiembros de su gobierno, sino también a parte de su familia.

Así además de su esposa, Cilia Flores, también se acusa de estar implicado en actividades criminales a su hijo, el diputado Nicolás Maduro Guerra, a quien se presenta con los alias de “Nicolasito” y “El Príncipe”.

¿Por qué el hijo? La Fiscalía de Estados Unidos asegura que en 2020 el parlamentario oficialista “asistió a una reunión en Medellín, Colombia, con dos representantes de las FARC” y que durante el encuentro “discutió los acuerdos para transportar grandes cantidades de cocaína y armas a través de Colombia hacia Estados Unidos durante los próximos seis años, hasta aproximadamente 2026”.

4. Los colectivos como escoltas

Además de las fuerzas militares, la pareja Maduro-Flores habría empleado civiles armados para proteger los cargamentos de drogas, asegura la Fiscalía de Estados Unidos.

“Maduro Moros y Flores de Maduro mantuvieron sus propios grupos de pandillas estatales, conocidos como colectivos, para facilitar y proteger sus operaciones de narcotráfico”, se lee en la imputación.

“Maduro Moros y Flores de Maduro también ordenaron secuestros, golpizas y asesinatos contra quienes les debían dinero del narcotráfico o de alguna otra manera perjudicaban sus operaciones, incluyendo el asesinato de un jefe de la droga local en Caracas, Venezuela”, se remata.

5. Casos relacionados con aviones

El caso del vuelo 385 de Air France sería para la Fiscalía de Estados Unidos una prueba de la participación de Maduro y otras autoridades venezolanas en el tráfico de drogas.

El 11 de septiembre de 2013, dentro de un avión procedente del Aeropuerto Internacional de Maiquetía, el principal del país, la policía gala consiguió 30 maletas de cocaína, más de 1,3 toneladas.

“Tras la incautación, Maduro Moros logró una reunión con, entre otros, (Diosdado) Cabello Rondón y (Hugo) Carvajal Barrios. Durante la reunión, Maduro Moros les indicó a Cabello Rondón y Carvajal Barrios que no debían haber utilizado el Aeropuerto de Maiquetía para el narcotráfico tras la incautación de 2006 en México, y que, en su lugar, debían utilizar otras rutas y puntos de tráfico de drogas bien establecidos para el envío de cocaína”, se lee en la imputación.

Las autoridades consideran que las detenciones que se produjeron poco después en Venezuela fueron una cortina de humo para “desviar la atención” de los responsables de la operación.

A lo anterior hay que sumarle la sospecha de que aviones oficiales fueron empleados también para transportar drogas dentro del país.

“Entre 2014 y 2015, un capitán de la Guardia Nacional de Venezuela en la Isla de Margarita coordinó hoteles, transporte, mujeres y alimentación para las visitas de funcionarios venezolanos, entre ellos Nicolás Ernesto Maduro Guerra, alias ‘Nicolasito’, alias ‘El Príncipe’, el acusado, quien visitaba la Isla de Margarita aproximadamente dos veces al mes. Maduro Guerra llegaba en un avión Falcon 900 propiedad de la petrolera estatal venezolana, Petróleos de Venezuela, S.A. Antes de salir de la isla, el avión de Maduro Guerra era cargado, a veces con la ayuda de sargentos armados, con grandes paquetes envueltos en cinta adhesiva que, según el capitán, eran drogas”, se lee en el escrito.

6. El Tren de Aragua

Aunque las autoridades venezolanas consideran disuelta la megabanda del Tren de Aragua, desde Washington insisten en que el grupo no solo no está liquidado, sino que se ha expandido por América con el apoyo de Caracas.

En su imputación, el fiscal Clayton incluye al Tren de Aragua entre las organizaciones criminales con las que la pareja Maduro-Flores habría mantenido vínculos.

“Alrededor de 2019, el líder de Tren, Héctor Guerrero Flores (alias ‘El Niño Guerrero’), habló sobre narcotráfico con un individuo que, según él, colaboraba con el régimen venezolano. En múltiples llamadas, Guerrero Flores se ofreció a escoltar cargamentos de droga, explicando que Guerrero Flores y el Tren controlaban las costas del estado Aragua”, se asegura en el documento.

El próximo 17 de marzo está prevista la nueva comparecencia de Maduro y su esposa ante el juez Alvin Hellerstein.

Algunos edificios no son solo de hormigón. Algunas estructuras esperan, en silencio, a que la historia termine de escribirlas. El Helicoide es una de ellas, no porque quedara inconclusa, sino porque terminó revelando, con brutal claridad, el fracaso moral de una época.

Por: Israel Centeno

Concebido en la década de 1950 como un centro comercial futurista —un proyecto audaz que pretendía mostrar prosperidad y dinamismo económico—, El Helicoide nació como símbolo de modernidad bajo el régimen de Marcos Pérez Jiménez . No se trata de absolver ni condenar a individuos; se trata de interpretar el símbolo. La arquitectura fue diseñada para la circulación, el intercambio y la visibilidad, para un país que buscaba la modernidad.

Luego llegó la democracia. Imperfecta, sí, pero democracia al fin y al cabo. Y con ella, el abandono. El Helicoide quedó a medias: ni terminado ni reimaginado. Un desecho histórico. Un vacío urbano que ya funcionaba como metáfora: promesas que nadie supo, ni eligió, cumplir.

El giro decisivo llegó con el chavismo y su degradación final bajo Hugo Chávez y Nicolás Maduro . La ruina se convirtió en sistema. El edificio pasó de ser una promesa frustrada de modernidad económica a un centro de detención, tortura y aniquilación del alma humana. Allí, el Estado dejó de ser garante de derechos para convertirse en verdugo.

No hablamos de excesos aislados. Hablamos de patrones: celdas inhabitables, humillaciones planificadas, tormento físico y psicológico, deshumanización metódica. Personas reducidas a menos que cosas. Un infierno funcional y burocrático. El horror no como accidente, sino como método.

El siglo XX dio nombre a estos lugares: Gulags , campos de exterminio nazis, espacios donde el poder decidía que ciertos seres humanos eran descartables. El siglo XXI, tan orgulloso de su retórica de derechos humanos, tiene la suya. El Helicoide pertenece a esa tradición. Decir esto no es exageración; es honestidad histórica.

Aquí el símbolo se completa: lo que se construyó para exhibir prosperidad terminó siendo una fábrica de horror. Un gulag posmoderno, envuelto en un lenguaje emancipador, administrado por una ideología que prometía justicia y producía deshumanización.

Pero El Helicoide no solo critica al régimen que lo utilizó. Critica, sobre todo, el incumplimiento del Derecho Internacional. Y la pregunta es ineludible: ¿cómo es posible que ahora se invoque con tanta solemnidad el Derecho Internacional cuando, durante años, se supo que los derechos humanos del pueblo venezolano estaban siendo violados sistemáticamente?

No eran rumores ni denuncias marginales. Era algo conocido. Estaba documentado. Se informó. Y, sin embargo, los mecanismos internacionales no actuaron con la fuerza necesaria. No protegieron a las víctimas. No impusieron límites reales al poder. No lograron detener una caída que pasó de la represión al campo de concentración.

Que no haya confusión: no fue una sola administración extranjera, ni un solo líder, quien “destruyó” el Derecho Internacional. Ese derecho llevaba mucho tiempo deteriorándose. Cuando funciona, lo hace selectivamente, para una parte de la humanidad. Para aquellos considerados, según una narrativa ideológica, como “del lado correcto de la historia”, es decir, alineados con la izquierda del espectro político en ciertos foros internacionales.

En Venezuela, se cometieron abusos a una escala comparable a los de Argentina durante la dictadura. En Argentina, esos crímenes generaron conmoción mundial, memoria, procesos judiciales y condena moral. En Venezuela, no. ¿Por qué? Porque se asumió cínicamente que lo ocurrido allí no contaba de la misma manera: el régimen se definía como de izquierda. Y a la izquierda, como sabemos desde hace décadas, se le perdona lo imperdonable.

Esto no es nuevo. Se remonta a tiempos remotos. A la época de Jean-Paul Sartre , quien apartó la mirada de los gulags soviéticos y permaneció en silencio —si no cómplice— durante los primeros años del nazismo, siguiendo la línea política del momento. La ideología ante el hombre. La narrativa ante la víctima.

El resultado, entonces, no debería sorprender a nadie. Cuando el Derecho Internacional falla sistemáticamente, cuando se convierte en un catálogo de informes sin consecuencias, el punto final es la fuerza. El debate sobre una posible destitución de Maduro por tropas estadounidenses —en lugar de una resolución lograda mediante mecanismos legales internacionales— es la consecuencia directa de ese fracaso previo. No es la causa. Es el resultado.

Si los mecanismos internacionales hubieran funcionado cuando debían, no habríamos llegado hasta aquí. El horror no se habría normalizado. Un lugar como El Helicoide no habría funcionado durante años. La realidad no se habría visto empujada a un punto sin retorno.

No te quejes ahora.

No invoquemos con indignación un Derecho Internacional que se dejó morir por omisión, selectividad e hipocresía.

El Helicoide no es solo venezolano. Es universal. Es el espejo incómodo del mundo posmoderno cuando pierde el miedo a Dios y al hombre, cuando la ideología reemplaza a la conciencia moral, cuando la ley se separa de la justicia.

Nombrarlo es un acto de dignidad. Pensarlo detenidamente es una obligación moral. Silenciarlo es repetirlo.

La fuerza legitimadora de la paz perpetua. Una respuesta jurídica, política, filosófica y humana a la matriz de “invasión como acto de guerra”

ORLANDO VIERA-BLANCO
13/01/2026

En el debate internacional sobre la operación que llevó a la detención de Nicolás Maduro en EEUU se ha impuesto una narrativa simplista: una “invasión unilateral” que violaría la soberanía venezolana y el derecho internacional. Esta lectura, dominante en foros multilaterales, desconoce no sólo el arraigo constitucional y jurisprudencial del derecho de legítima defensa, sino también la evolución del derecho internacional penal en relación con actores estatales que cometen crímenes transnacionales de extrema gravedad.

Es cierto que la Carta de las NNUU consagra el principio general de no intervención y la prohibición del uso de la fuerza entre Estados (Art. 2.4) pilares de un orden mundial basado en la igualdad soberana de los Estados. Sin embargo, ese mismo orden reconoce excepciones que responden al despliegue de violencia sistemática y continuada contra la sociedad internacional.

La principal de ellas es el derecho inmanente de legítima defensa, consagrado en el Artículo 51 de la Carta de la ONU, que preserva el derecho individual o colectivo “si ocurre un ataque armado contra un Miembro de las Naciones Unidas”.

Es deber de los juristas, activistas y diplomáticos del mundo darle justa medida al concepto de agresión sistemática, proporcionalidad y legítima defensa. Cuando las sociedades inocentes mueren en manos del tirano al punto de no poder matarse más [Dixit Tolstoi, la Guerra y la Paz] la interpretación de la norma no puede ser exégeta, literal, ni rígida, sino espiritual, humanista, generosa e impostergablemente evolutiva.

El derecho de legítima defensa más allá del formalismo

El derecho de legítima defensa no nace con la Carta de las NNUU [1945]. La Carta reconoce y preserva un derecho ya existente en el derecho consuetudinario internacional.

La doctrina clásica y la práctica estatal han entendido que este derecho puede operar incluso cuando los actos criminales provienen de actores estatales o no, siempre que se configure una amenaza grave y sostenida contra la seguridad de un Estado y sus ciudadanos. La regla tradicional derivada del caso Caroline exige que la amenaza sea “instantánea, abrumadora y sin elección de medios ni tiempo para deliberación”, lo cual ha sido retomado por la práctica estatal moderna como estándar de respuesta legítima.

La sistemática implicación del Estado venezolano—o de estructuras paralelas a él—en actividades de narco-terrorismo que han generado muerte, desestabilización regional y sufrimiento humanitario puede ser interpretada como una forma de agresión prolongada que excede el simple delito internacional. Desde esta perspectiva, si un Estado constata que su seguridad y la de sus ciudadanos se ven permanentemente afectadas por acciones criminales coordinadas desde otro territorio, la respuesta defensiva puede adquirir un carácter legítimo dentro del marco del derecho internacional.

El Artículo 51 habla de un “derecho inmanente”, término deliberadamente escogido para subrayar que se trata de un derecho preexistente al tratado […] La tensión entre el Artículo 2(4) (prohibición del uso de la fuerza) y el Artículo 51 no es una contradicción, sino una arquitectura de equilibrio: la paz no se preserva protegiendo agresores, sino permitiendo la defensa frente a amenazas reales [ver infra, parágrafo in fine].

Lo que muchos analistas tradicionales olvidan es que la Carta no fue concebida para proteger a regímenes criminales bajo la bandera de la soberanía, sino para preservar la paz y la seguridad del sistema internacional. Excusar la aplicación de la legítima defensa en los requisitos de inmediatez o que la agresión sea un acto de guerra en los parámetros concebidos en la propia Carta, es un ejercicio de restricción peligrosa y anacrónica en un mundo global complejo, donde los estados no solo sufren agresiones por actos militares cuerpo a cuerpo, sino ataques del propio Estado cuando es cooptado por un régimen ocupacional y colaborador de alianzas totalitarias.

El abuso de la no intervención como blindaje impune para violaciones sistemáticas de derechos humanos y delitos internacionales, conduce a una paradoja inaceptable: proteger la soberanía del victimario a costa de la victimización de millones.

Genealogía histórica de la legítima defensa internacional y del derecho penal contra los crímenes de poder

La legítima defensa como principio pre-estatal del derecho de gentes es un asunto estudiado y aplicado desde los tiempos greco-romanos. La legítima defensa precede al Estado moderno. En el derecho natural clásico, ya en Cicerón (De Officiis), se afirmaba que “la defensa de la vida es un derecho que no nace de la ley escrita, sino de la naturaleza misma”. Esta noción fue retomada por Hugo Grocio-padre del derecho internacional moderno-quien en De Jure Belli ac Pacis sobre el derecho a la guerra y la paz sostuvo que los Estados, al igual que los individuos, conservan un derecho inherente a defenderse cuando su supervivencia o seguridad esencial se ve amenazada.

Grocio fue explícito al señalar que la guerra defensiva es justa no sólo frente a una agresión consumada, sino también frente a una amenaza cierta e inminente. Esta idea-controvertida en su tiempo—es el antecedente doctrinal directo de lo que hoy se conoce como legítima defensa anticipada o preventiva, base de debates contemporáneos sobre terrorismo y crimen transnacional.

La Revolución Francesa (1789) marca un quiebre decisivo. La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano afirmó que la soberanía reside en la Nación y no en el gobernante, y que existen derechos anteriores y superiores al Estado. Este principio introduce una idea revolucionaria: el poder político puede perder legitimidad jurídica cuando viola derechos fundamentales. Aquí nace la noción—todavía embrionaria—que ciertos crímenes no son “asuntos internos”, sino ofensas contra la humanidad misma.

El Tratado de Westfalia (1648) consagró el principio de soberanía estatal y la no injerencia en asuntos internos. Sin embargo, este principio nunca fue concebido como absoluto. Incluso en su formulación original la soberanía estaba condicionada a la capacidad del Estado de cumplir su función esencial: proteger a su población y mantener el orden (esencia del moderno postulado de la Responsabilidad de Proteger [R2P], lanzado por la diplomacia canadiense [2005] como base de tutela preventiva de protección de la humanidad, consagrado el capítulo VII y siguientes de la Carta de las NNUU. La soberanía ya no es control territorial del estado sino responsabilidad frente a la población.

Cuando un Estado se transforma en agente de violencia sistemática—o en plataforma de crímenes CONTRA LA HUMANIDAD más allá de sus fronteras—el fundamento moral y jurídico de su soberanía se erosiona. Esta tensión entre soberanía y justicia es el hilo conductor del derecho internacional moderno.

Napoleón y la exportación jurídica del orden

Napoleón Bonaparte-pese a su deriva imperial-dejó una herencia jurídica clave: el Código Napoleónico que consolidó la supremacía de la ley escrita, la responsabilidad penal individual y la igualdad formal ante la ley. Paradójicamente, mientras Napoleón usaba la fuerza para expandir su dominio, sentaba las bases del principio según el cual nadie—ni siquiera el soberano—está por encima de la ley. Este legado será crucial un siglo después, para juzgar a jefes de Estado por crímenes internacionales.

Y llegamos a los juicios de Nuremberg (1945-1946) que constituyen el punto de inflexión definitivo, precisamente para condenar a hombres de vocación napoleónica y absolutista, que atentan contra la especie humana bajo la bandera de la soberanía la raza, la ideología o la falsa revolución sanitaria e igualitaria.

Por primera vez, la soberanía y la obediencia debida fueron rechazadas como excusas para crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y conspiración criminal.

Núremberg legitima el principio según el cual el derecho penal internacional prevalece sobre la autoridad interna cuando esta se convierte en instrumento del crimen.

EEUU: Jurisdicción extraterritorial y orden judicial

En EEUU los tribunales han desarrollado bases jurídicas para el ejercicio de jurisdicción extraterritorial frente a delitos que afectan la seguridad nacional. La llamada “doctrina de protección” permite que un Estado ejerza jurisdicción penal sobre actos realizados fuera de su territorio que amenacen gravemente su seguridad, como conspiraciones de narcotráfico o terrorismo que lesionan a su población y sus instituciones. [Ver doctrina Ker-Frisbie y Caso EEUU vs. Alvarez Machain]. En estos casos los criminales fueron capturados fuera del territorio de EEUU y al ser llevados a los EEUU la corte determinó que no fue ilegal.

Así, cuando un juez federal emite una orden de arresto territorial para un jefe de Estado acusado de narco-terrorismo, lo que opera es una expresión del Estado de derecho frente a crímenes cuya violencia se proyecta más allá de fronteras. Negar esa posibilidad equivaldría a permitir que la inmunidad formal de un Gobierno se convierta en un amparo para la comisión impune de delitos que afectan a millones de inocentes. Sería un salto grave y peligroso a la impunidad. Los venezolanos lo hemos padecido crudamente.

El argumento de que la soberanía o la no intervención “patentan” derechos absolutos ignora la propia evolución del derecho internacional, especialmente desde la Declaración Universal de DDHH y posteriores instrumentos regionales. El derecho de los pueblos y de individuos a estar libres de violencia sistemática, genocidio, terrorismo y narcotráfico transnacional ha adquirido un peso propio dentro del derecho internacional consuetudinario y tratados posteriores.

¿Quién puede negar que en Venezuela no ocurrió un holocausto civil, social, político, económico, cultural y humanitario en los últimos 27 años?

Miles de muertos y asesinados por violencia de estado; miles de perseguidos, encarcelados, desaparecidos, ajusticiados, torturados, depauperados y millones de desplazados. No lo dice quién ahora escribe. Esta documentado en regios y fundamentados informes de Comisiones de Determinación de Hechos de las NNUU; en miles de incidencias y denuncias ante la Corte Penal Internacional y reportes del Alto Comisionado de los DDHH y la Oficina de Refugiados de la ONU.

Todos estos expedientes no pueden seguir siendo letra muerta sobre muertos y víctimas, por apelar a una interpretación limitada y restrictiva de la legítima defensa.

Más allá de la “invasión”: la protección de los pueblos

La evolución del derecho internacional penal—desde las experiencias de Núremberg hasta el Estatuto de Roma (1998)— ha consolidado que la responsabilidad penal internacional recae sobre los individuos-incluidos los jefes de Estado-cuando cometen crímenes que lesionan gravemente a la comunidad internacional.

La Corte Penal Internacional (CPI) fue diseñada con dos pilares fundamentales: i.-Responsabilidad penal individual: nadie está por encima de la ley; ii.-Complementariedad: la acción internacional es procedente cuando el Estado no actúa o es ineficaz. Aún esperamos #QueHayaJusticiaEnLaHaya.

En la práctica académica, juristas como Antonio Cassese han sostenido que el derecho penal internacional no sólo castiga crímenes tradicionales (genocidio, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad) sino que la estructura jurídica contemporánea reconoce la necesidad de acciones efectivas contra conductas que generan daños sistemáticos a poblaciones enteras. La responsabilidad ante atrocidades de Estado y crímenes transnacionales no es solo un argumento jurídico, sino también filosófico.

Hannah Arendt, en su obra sobre la banalidad del mal, demuestra que la obediencia acrítica a la autoridad puede convertir instituciones estatales en mecanismos de violencia sistemática. Para Arendt la responsabilidad moral del actor no se disuelve porque actúe en nombre de la soberanía estatal […] Immanuel Kant, en La Paz Perpetua, argumenta que un orden internacional legítimo requiere que los Estados se sujeten a principios de derecho que trascienden el mero interés soberano, incluyendo la protección de la libertad humana universal (derechos individuales que no pueden ser sacrificados en nombre de la soberanía).

Jürgen Habermas ha defendido la idea de que el derecho internacional debe evolucionar hacia una forma de constitucionalización supranacional, donde los DDHH y la protección de individuos frente a su propio Estado se sitúen en el centro del orden jurídico global […] Hans Kelsen planteó que la soberanía tradicional no puede ser un absoluto; el derecho internacional, al instituir normas superiores a los Estados, pone límites al ejercicio de la fuerza unilateral. Kelsen argumentaba que “la primacía del derecho internacional excluye la soberanía estatal absoluta”, situando al derecho por encima de las reivindicaciones arbitrarias de soberanía.

Los Venezolanos lo hicimos todo. Y lograremos la paz perpetua

En los ideales de vida, libertad y paz legítima, reposa el deber moral, académico, humano y profesional de promover ideas pro vida, libertad, paz y dignidad, que permitan comprender y aplicar la normativa internacional cuando el totalitarismo y la tiranía no ofrecen otra salida.

Los venezolanos los hemos hecho todo para defendernos de agresiones incluso más graves que un conflicto armado, simuladas de orden revolucionario. Hemos marchado, negociado, votado, resistido y muerto a quema ropa, impunemente. Frente a esta realidad hablar de “no intervención, actos ilegítimos de guerra o invasión, es jurídica y humanitariamente incorrecto. Es inhumano. Personalizar el debate sobre ser pro o contra Trump, imperialista o no imperialista, la guerra y la paz o la igualdad soberana de las naciones, es reducir la realidad de una población sensiblemente indefensa, reprimida y desplazada donde el denominado orden público internacional, no le dio respuesta.

El concepto tradicional de agresión—una guerra convencional entre Estados—no refleja las amenazas actuales: terrorismo transnacional, narcotráfico institucionalizado y redes criminales estatales desafían la definición clásica.

El derecho internacional, a través de prácticas y jurisprudencia, está reconociendo formas ampliadas de “agresión estructural”.

Tradicionalmente, la agresión se definía como invasión militar clásica. Hoy esa definición resulta insuficiente. El uso sistemático del narcotráfico, del terror y de la migración forzada como instrumentos de poder constituye una forma moderna de agresión que afecta la paz y seguridad internacionales. En este contexto, la legítima defensa debe ser entendida no sólo como respuesta a tanques y misiles, sino como respuesta proporcional a amenazas criminales estructurales, especialmente cuando estas emanan o son toleradas por el aparato estatal.

En definitiva, la narrativa de “invasión” simplifica una realidad compleja. La Guerra y la paz no glorifica la violencia, pero explica «como los hombres [Tolstoi] los estados y la historia terminan aceptando la muerte y la guerra como instrumentos para alcanzar un orden que llaman paz”. Así cuando la razón calla, lamentablemente quien habla es la fuerza.

La gloria no es obediencia ciega [Dixit Hannah Arendt]. La obediencia a la violencia desmedida, al tiempo que genera miedo, costumbre y habituación a la sumisión, también trae consciencia a perder o dar la vida, por volver a vivir y ser libres. Y así comienza la paz verdadera: cuando nadie más puede aceptar la muerte, al punto de no importarle morir por soñar vivir en paz. Es importante subrayar que mal puede existir un ataque contra un Estado Soberano, cuando no existe Estado ni existe soberanía por ilegítima.

Lo que ocurrió fue un acto de enforcement contra un reo de la justicia penal de un estado soberano, agredido por comportamientos narco-terroristas.

Ya lo decía Baruch Spinoza:“La Paz no es ausencia de guerra, sino una virtud que nace de la fortaleza del alma”. Venezuela demostró ante el mundo de que fibra está hecha, huella perenne de historia y pasión libertaria: Un alma llanera cuya fortaleza no cede al miedo, y prefirió jugarse la vida, que aceptar vivir así. Es la fortaleza del alma llanera, fuerza legitimadora de la paz perpetua.

Liberen a todos los presos políticos…Paz es libertad.

@ovierablanco vierablanco@gmail.com

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