Armando Esteban Quito

Al menos 490 personas han muerto en Irán en el marco de las protestas contra la dictadura de los ayatolás iniciadas hace 15 días en las principales ciudades iraníes, según el último balance publicado este domingo por la ONG con sede en Estados Unidos HRANA.

La Gaceta de la Iberosfera

Además, 10.675 personas han sido detenidas, incluidas 169 menores de edad, según ha explicado la subdirectora de HRANA, Skylar Thompson, en declaraciones a la televisión estadounidense CNN.

La cifra no ha sido corroborada por las autoridades y otras organizaciones sitúan el número de fallecidos muy por debajo. Así, el Centro para los Derechos Humanos en Irán (IHRNGO), con sede en Noruega, informa de 192 fallecidos, aunque reconoce que «algunas fuentes hablan de más de 2.000 muertos». El grupo advierte de que al menos nueve de los fallecidos eran menores de edad.

Las ONG denuncian además que este domingo es el cuarto día sin acceso a internet en Irán, una medida impuesta por las autoridades para atajar las protestas.

La Fiscalía General de Irán ha anunciado por su parte que considera que todos los manifestantes son ‘mohareb’, enemigos de Alá, un delito tipificado que prevé la pena de muerte como castigo. Los medios públicos han confirmado arrestos en masa de «alborotadores».

«Las muertes de manifestantes en los últimos días, en particular desde el corte a nivel nacional de internet, podría ser incluso mayor de lo que nos imaginamos ahora mismo», ha denunciado el director de IHRNGOl, Mahmud Amiri-Moghaddam. «La República Islámica está cometiendo un crimen internacional contra el pueblo de Irán y la comunidad internacional está obligada según el derecho internacional a emplear todos los medios para detener este crimen», ha añadido.

Las protestas comenzaron el 27 de diciembre en el Gran Bazar de Teherán en relación con el desplome de la moneda nacional, el rial, pero han derivado en movilizaciones generalizadas contra la clase política en las principales ciudades del país.

El papa León XIV recibió este lunes a María Corina Machado en la Santa Sede, en El Vaticano. Durante la audiencia privada, la líder venezolana pidió al Pontífice interceder por la liberación de los más de mil presos políticos y por el avance sin demora de la transición a la democracia en Venezuela.

La Patilla

“Hoy tuve la bendición y el honor de poder compartir con su Santidad y expresarle nuestro agradecimiento por su seguimiento sobre lo que sucede en nuestro país. Le transmití también la fuerza del pueblo venezolano que se mantiene firme y en oración por la libertad de Venezuela, y le pedí interceder por todos los venezolanos que permanecen secuestrados y desaparecidos”, comentó Machado.

De igual forma, expresó al Papa la importancia de la gesta cívica que protagonizaron los venezolanos el 28 de julio de 2024 y que ratifica la legitimidad del presidente Edmundo González Urrutia.

María Corina destacó la lucha espiritual que durante años han enfrentado los venezolanos y aseguró que finalmente, con el acompañamiento de la Iglesia y la presión sin precedentes del Gobierno de los Estados Unidos, está más cerca la derrota del mal en el país.

Posterior a este encuentro, la líder también pudo conversar con Pietro Parolin, secretario de Estado de la Santa Sede y Nuncio en Venezuela (2009-2013).

Las citas tuvieron lugar pocas horas después de que cientos de venezolanos exigieran en misas, vigilias y protestas en todo el territorio nacional la liberación de los ciudadanos que permanecen secuestrados en distintos centros de tortura y reclusión. Hasta el momento, solo se ha confirmado la excarcelación de 17 personas, según cifras del Foro Penal, lo que no sobrepasa el 2% del total de prisioneros.

María Corina Machado junto al cardenal Pietro Parolin

Por momentos, la historia internacional no avanza por elecciones ni por consensos, sino por correlaciones de fuerza. En esos instantes, los Estados no actúan movidos por ideales abstractos, sino por la necesidad de orden. Venezuela ha entrado —quiera o no— en uno de esos momentos.

Las recientes declaraciones del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, no deben leerse como retórica coyuntural ni como simple política latinoamericana. Constituyen, más bien, la formulación explícita de una doctrina de transición forzada, diseñada para administrar el vacío dejado por la descomposición de un régimen que La casa Blanca ya no reconoce como gobierno, sino como estructura criminal transnacional.

Rubio habla de un proceso en tres etapas: estabilización, recuperación y transición política. El orden de los factores no es accidental. Revela una comprensión clásica del poder: sin orden no hay política, sin control de recursos no hay transición.

El problema fundamental: cuando el Estado se convierte en botín

Venezuela no enfrenta una crisis convencional de gobernabilidad. El liderazgo que emergió del chavismo tardío no opera como un gobierno que busca legitimidad, sino como una organización que maximiza rentas ilícitas. En tales circunstancias, las categorías tradicionales —soberanía, autodeterminación, diálogo— pierden contenido operativo.

Para Washington, el dilema no es moral sino estratégico: ¿cómo evitar que el colapso de un régimen criminal genere caos regional, flujos migratorios incontrolables, expansión de economías ilícitas y mayor penetración de potencias extrahemisféricas?

La respuesta estadounidense ha sido históricamente constante: primero estabilizar, luego reconstruir, finalmente legitimar. Así ocurrió en Europa tras 1945, en Corea del Sur tras la guerra, y en múltiples transiciones tuteladas del siglo XX. Venezuela no es la excepción; es el nuevo laboratorio.

La estabilización: coerción como sustituto del consenso

La primera fase descrita por Rubio —la estabilización— descansa en un instrumento que Washington evita nombrar como tal: coerción estructural. La llamada “cuarentena” naval, la incautación de buques y el control efectivo del flujo petrolero no son sanciones simbólicas. Son mecanismos para negar ingresos a una estructura criminal que depende casi exclusivamente de la renta energética.

Desde una perspectiva realista, esta fase cumple una función elemental: desarticular la capacidad de veto del actor derrotado. Un régimen sin ingresos no puede comprar lealtades, financiar represión ni sostener alianzas externas. El mensaje es inequívoco: el tiempo ya no juega a su favor.

Pero toda coerción genera una pregunta inevitable: ¿quién gobierna mientras tanto? La respuesta implícita es incómoda, pero clara: nadie gobierna plenamente; alguien administra.

La recuperación: economía antes que democracia

La segunda fase introduce un principio que suele incomodar a los idealistas: la reconstrucción económica precede a la legitimidad política. Rubio habla de acceso de empresas occidentales, de reconciliación nacional, de retorno de exiliados. Todo ello apunta a recomponer la clase productiva y administrativa del país antes de convocar a una competencia política plena.

Esta secuencia no es un error; es una elección deliberada. La historia enseña que elecciones sin economía producen radicalización, no estabilidad. Washington apuesta a crear primero intereses que teman el desorden, actores con algo que perder si la transición fracasa.

La amnistía selectiva, la liberación de presos políticos y el retorno del capital humano buscan precisamente eso: reconstituir la sociedad civil como contrapeso, no como detonante.

La transición: legitimidad diferida

Solo en la tercera fase aparece la palabra más sensible: transición política. No porque sea irrelevante, sino porque es consecuencia, no punto de partida. Para Estados Unidos, la legitimidad no se decreta; se consolida cuando el poder ya no es disputado por actores armados ni capturado por economías criminales.

Este enfoque tiene costos. Alimenta la percepción de tutela externa y deja a la oposición democrática en una posición ambigua: moralmente reivindicada, pero estratégicamente subordinada al calendario de Washington. Sin embargo, desde la lógica del poder, la alternativa —una apertura inmediata— sería una invitación al colapso.

El mensaje regional

Más allá de Venezuela, el mensaje es hemisférico. Estados Unidos está señalando que la criminalización del Estado no será tratada como un problema interno, sino como una amenaza regional. En ese marco, la soberanía deja de ser un escudo automático y se convierte en una responsabilidad condicional.

Para América Latina, esto inaugura una etapa incómoda: menos retórica, más consecuencias. Menos ambigüedad frente a regímenes híbridos, más presión sobre aquellos que confunden gobierno con empresa criminal.

Epílogo: el orden como condición de la libertad

Las transiciones no fracasan por falta de ideales, sino por exceso de ilusiones. La estrategia anunciada por Rubio no promete redención ni democracia instantánea. Promete algo más modesto y más difícil: orden suficiente para que la política vuelva a ser posible.

En última instancia, la pregunta no es si este proceso es justo, sino si es viable. Y en la historia de las naciones, la viabilidad suele preceder —y condicionar— a la virtud.

Venezuela había expresado el deseo del fin del régimen de Maduro el 28J, no pedía este tipo de transición, aunque quizás la necesite. Como tantas veces en el siglo pasado, el destino de un país vuelve a decidirse en el cruce incómodo entre poder, necesidad y tiempo.

Antonio de la Cruz

Director ejecutivo de Inter American Trends

El presidente estadounidense, Donald Trump, ha emplazado a las autoridades cubanas a «llegar a un acuerdo» tras destacar que después de la captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, el pasado fin de semana, «se han acabado» los envíos de petróleo y dinero desde Caracas.

La Gaceta de la Iberosfera

«Les invito vehementemente a llegar a un acuerdo antes de que sea demasiado tarde (…). No habrá más petróleo ni dinero para Cuba. ¡Cero!», ha destacado Trump en un mensaje publicado en su red social, Truth Social.

El inquilino de la Casa Blanca ha resaltado que durante «muchos años» Cuba recibía «enormes cantidades de petróleo y dinero de Venezuela». «A cambio, Cuba aportaba servicios de seguridad para los dos últimos dictadores venezolanos», ha afirmado en referencia a Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

«¡Ya no más! La mayoría de esos cubanos están muertos tras el ataque de Estados Unidos de la semana pasada y Venezuela ya no necesita protección de los matones y chantajistas que durante tantos años los han mantenido como rehenes», ha argumentado en referencia a la muerte de 32 cubanos miembros de la escolta personal de Maduro durante la incursión estadounidense en Caracas del 3 de enero.

En cambio «ahora Venezuela tiene para protegerlos a los Estados Unidos de América, con el Ejército más poderoso del mundo, de largo, y lo haremos», ha argüido.

En un mensaje anterior, Trump ha publicado un texto en el que un usuario de la red social X propone que el actual secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, de origen cubano, sea presidente de Cuba. «Marco Rubio será presidente de Cuba», plantea el usuario Cliff Smith, sin apenas actividad en su cuenta. «¡Me suena bien!», ha respondido Trump.

El Ministerio para el Servicio Penitenciario informó este lunes, a través de un comunicado oficial, la concesión de 116 nuevas excarcelaciones en las últimas horas. Estas medidas, según el despacho gubernamental, se suman a las 187 otorgadas durante el mes de diciembre de 2025.

El Nacional

Sin embargo, las cifras oficiales contrastan con el monitoreo de organizaciones de derechos humanos. La ONG Foro Penal confirmó que, durante la madrugada de este lunes, se materializaron 24 excarcelacionesCon estas nuevas salidas, la organización contabiliza un total de 41 personas excarceladas desde que el proceso inició el pasado 8 de enero, dado que hasta el domingo solo se habían verificado 17 casos.

Detalles de la jornada y el proceso político

El comunicado ministerial vincula a los beneficiarios con «hechos asociados a alterar el orden constitucional y atentar contra la estabilidad de la Nación». Esta revisión integral de causas, que el gobierno califica como una política de «justicia, diálogo y paz», continúa bajo la dirección de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, tras la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero.

  • Liberaciones confirmadas por Foro Penal: Esta madrugada salieron 9 mujeres de la cárcel La Crisálida y 15 hombres de Rodeo I.
  • Casos destacados: Entre los liberados se encuentran los ciudadanos italianos Alberto Trentini y Mario Burló, quienes ya se encuentran bajo protección de su embajada.
  • Brecha en las cifras: Mientras el Estado reporta más de un centenar de nuevas medidas, las ONG denuncian que el proceso avanza «a cuentagotas» y mantienen la vigilancia ante la notable diferencia estadística.

El Ministerio enfatizó que este procedimiento de revisión se mantendrá de manera permanente y continua. Por su parte, el Foro Penal recordó que, pese a estos avances, todavía permanecen encarcelados cientos de ciudadanos por motivos políticos en todo el país.

“Ojalá mejoren los sueldos. Ya no se puede con esta inflación”, dice la docente Marieta Ochoa de 47 años. Como muchos en Venezuela, confía en que los acuerdos con Estados Unidos “ayuden a mejorar la economía” y se traduzcan en mejores condiciones de vida.

AFP

La operación militar estadounidense que derrocó a Nicolás Maduro cambió radicalmente el escenario en el país y las expectativas para la economía.

Hasta el viernes 2 de enero, había una máxima confrontación entre ambos países: sanciones más severas sobre la industria petrolera, incautación de tanqueros y un fuerte efecto disuasorio sobre otros buques.

Venezuela vendía petróleo con descuento de hasta un 50%, con un bajo nivel de producción y exportación. Profundizó el uso de criptomonedas para aumentar el flujo de divisas ante la ausencia de inversiones extranjeras, mientras que la inflación se desborda y aniquila los salarios absurdamente bajos.

“El acercamiento entre Washington y Caracas podría traducirse en una flexibilización de las sanciones, la restauración de las exportaciones petroleras y los flujos de divisas”, afirmó Alejandro Grisanti, director de la consultora Ecoanalítica.

La estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) negocia con Washington la venta de volúmenes de crudo, mediante esquemas similares con multinacionales como Chevron. El presidente Donald Trump firmó una orden para blindar los ingresos petroleros y dijo que los administrará para proveer de bienes y reparar la infraestructura eléctrica venezolana.

“El año 2026 arrancó con un viraje sin precedentes en la política de Venezuela y traerá consecuencias en la dinámica económica”, acotó el economista Asdrúbal Oliveros.

“Nunca antes política y economía habían estado tan entrelazados como en estos momentos”, aseguró.

Flujo de caja “estable”

Analistas sostienen que si la presidenta encargada Delcy Rodríguez da señales de apertura y flexibilización, podría construir los consensos internos requeridos para atraer inversiones.

“El país requiere urgentemente de un flujo de caja creciente y estable, y es el petróleo quien lo puede proveer de forma inmediata”, sostuvo el economista Carlos Torrealba Rangel.

Las perspectivas de crecimiento son positivas dado que el sector petrolero provee el 87% de las divisas.

“Estimo una expansión de 30%, es decir, el doble de lo que fue en los últimos dos años”, apuntó Oliveros.

“Aumentará el ingreso petrolero por una mayor producción, bajarán de manera significativa los descuentos y redundará en un mayor flujo de ingresos, lo que ayudará al mercado cambiario que hoy está prácticamente seco de divisas”, agregó el economista.

La actividad económica marcha aún a media máquina tras los bombardeos estadounidenses del 3 de enero para capturar a Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores.

“Poco a poco se ha ido reactivando la economía. La gente ha ido comprando, se ha ido normalizando el pago del dólar, porque había muchas personas especulando el dólar más allá de la tasa. Se está dando prioridad a la venta de alimentos”, dijo Carmen álvarez, representante del comercio informal al oeste de Caracas.

La incertidumbre y la falta de confianza en la política cambiaria hizo que en la semana aumentara el precio de los bienes, tras un dólar en el mercado paralelo que se disparó más del 50% hasta llegar a unos 800 bolívares.

Oliveros explicó que el gobierno estuvo también corto de divisas, y que “no había ingresos prácticamente en dólares e incluso de los que venían en criptomonedas se habían paralizado”.

Ya para el fin de semana, el dólar no oficial comenzó a bajar hasta 530 bolívares quizás impulsado por las expectativas generadas por el acuerdo petrolero, señalan analistas.

“Transición”

Expertos advierten, no obstante, de la fragilidad de la economía venezolana.

«Venezuela está al borde de un proceso de hiperinflación. La única solución para conjurar este peligro es mediante una transición política constitucional y pacífica que permita reordenar la economía», afirmó el economista José Guerra.

Explicaron que el corto plazo estará signado justamente por la incertidumbre, por lo que toca monitorear variables económicas claves como tipo de cambio e inflación.

José Manuel Puente, profesor de la Universidad de Oxford, coincide en que una flexibilización mejorará las expectativas y atraerá inversiones norteamericanas y del resto del mundo.

Aunque afirma que no será fácil, ya que la industria petrolera requiere de 100.000 millones de dólares al año para reactivarse y que todo dependerá de cómo avancen las negociaciones.

“Al final estamos hablando que todo ello se hará en un escenario de un país tutelado por Estados Unidos”, afirmó.

El papa León XIV recibió este lunes en el Vaticano a la líder opositora venezolana y nobel de la paz María Corina Machado, informó la oficina de prensa de la Santa Sede.

Prensa Vaticano

La reunión de la premio nobel de la paz y el papa fue anunciada en el boletín con la agenda del papa durante la mañana, pero como es habitual no se dieron más detalles.

El papa León XIV pidió este viernes durante su discurso al cuerpo diplomático que se respete la voluntad del pueblo venezolano y se busquen soluciones pacíficas alejadas de «intereses partidistas».

Las primeras imágenes difundidas tras semanas de bloqueo informativo han generado conmoción al mostrar los cuerpos de manifestantes iraníes en Teherán, víctimas de la represión durante dos semanas de protestas multitudinarias. El régimen intensificó las restricciones a la información y busca silenciar el impacto de su respuesta, mientras circulan fotos y vídeos desde el país persa.

Infobae

Fotografías verificadas por Reuters muestran a personas congregadas junto a cuerpos en bolsas mortuorias en el Centro Médico Forense Kahrizak, en la capital iraní. Estas imágenes, también compartidas por usuarios en redes sociales durante el fin de semana, coinciden con la difusión de secuencias que exhiben decenas de bolsas con cadáveres, lo que ratifica la masacre perpetrada por el régimen de los ayatolás.Así reprimen las fuerzas de seguridad de Irán durante las protestas

Según el grupo de derechos humanos HRANA, con sede en Estados Unidos, la brutal represión ha dejado -hasta el momento- más de 500 muertos y al menos 10.600 personas detenidas desde el 28 de diciembre. Entre los fallecidos figuran tanto manifestantes como miembros de las fuerzas de seguridad; la organización estima en 48 los agentes muertos. Las autoridades iraníes no han difundido cifras oficiales.

El acceso a datos desde Irán se ha visto obstaculizado por un apagón informativo instaurado desde el jueves, lo que bloqueó el internet y las comunicaciones telefónicas y de mensajería. Esta situación provoca que videos y testimonios publicados en redes sociales sean de verificación compleja.Las movilizaciones en todo el país llevan dos semanas

Las protestas surgieron inicialmente por el aumento del costo de vida, pero rápidamente evolucionaron hacia un rechazo al régimen teocrático islámico y al liderazgo del ayatolá Ali Khamenei. Manifestaciones de gran escala se registraron en ciudades como Teherán y Mashhad, de acuerdo con lo constatado por Reuters en videos verificados y redes sociales. Escenas de manifestantes enmascarados, incendios y explosiones en las calles muestran la creciente tensión, mientras las autoridades atribuyen los disturbios a la supuesta injerencia de potencias extranjeras.

La respuesta oficial incluyó represión y acusaciones directas contra Estados Unidos e Israel, señalados por el gobierno iraní como instigadores principales de las protestas. Mohammad Baqer Qalibaf, presidente del Parlamento de Irán, advirtió que “en caso de un ataque contra Irán, los territorios ocupados, así como todas las bases y barcos estadounidenses, serán nuestro objetivo legítimo”. Por su parte, la televisión estatal mantuvo que los muertos son víctimas de “terroristas armados”, negando responsabilidad estatal.

El clima internacional continúa tenso, con Israel en estado de máxima alerta y evaluando posibles escenarios ante una eventual intervención estadounidense. Un oficial militar israelí indicó que se trata de un asunto interno iraní, aunque las fuerzas de defensa están preparadas para actuar si fuera necesario. Los antecedentes de enfrentamientos directos entre Irán, Israel y Estados Unidos agravan la inquietud en la región.

En este contexto, Reza Pahlavi, hijo del último sah derrocado en 1979, reafirmó en entrevista con el canal Fox News su disposición a encabezar una transición hacia un gobierno democrático en Irán. Pahlavi subrayó su compromiso de liderar el cambio y promover que los ciudadanos puedan elegir libremente a sus autoridades.Un manifestante despliega la bandera de Irán en medio de las protestas

Figuras como la de Pahlavi han adquirido notoriedad entre sectores de la diáspora iraní y simpatizantes del retorno monárquico. El exiliado político ha dejado claro que su regreso dependerá de las condiciones en el país, pero su objetivo sigue siendo contribuir de forma directa a un futuro democrático en Irán.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sostuvo este domingo que el régimen iraní “está cruzando una línea” en medio de la brutal represión contra los manifestantes.

Infobae

“Irán está empezando a cruzar (mi línea roja). Parece que hay personas que murieron y que no debían haber muerto. Nos estamos tomando esto muy, muy en serio, el ejército lo está examinando y estamos considerando algunas opciones muy contundentes”, expresó el mandatario a bordo del Air Force One.

Además, afirmó que los líderes del régimen iraní quieren “negociar”, luego de que el mandatario estadounidense advirtiera con acciones militares.

“Los líderes de Irán llamaron” ayer, dijo Trump a periodistas a bordo del Air Force One, y añadió que “se está organizando una reunión (…) Quieren negociar”. Sin embargo, el presidente advirtió que “podríamos tener que actuar antes de una reunión”, en referencia a una posible intervención militar.

Las declaraciones del mandatario estadounidense se produjeron en un contexto de protestas en contra de régimen de los ayatolás que comenzaron hace dos semanas. En un primer momento, las manifestaciones se desarrollaron en rechazo al aumento del costo de vida, pero con el paso de los días se transformaron en un movimiento contra el régimen teocrático que gobierna Irán desde la revolución de 1979.

Según la ONG Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos, con sede en Estados Unidos, al menos 500 personas murieron durante las protestas, consideradas las más multitudinarias en Irán desde hace tres años. Esta organización, que ha resultado fiable en episodios similares de los últimos años, obtiene información a través de simpatizantes en Irán que verifican los datos de manera cruzada. El informe detalla que entre los fallecidos hay 490 manifestantes y 48 miembros de las fuerzas de seguridad.

En ese marco, Trump sostuvo el domingo que su gobierno evalúa una posible acción militar contra Irán. “Estamos considerando opciones muy fuertes”, dijo el presidente estadounidense al referirse a los reportes sobre la represión de las protestas.

Cuenta la leyenda que cuando Alejandro Magno llegó a la ciudad de Gordio, los habitantes le mostraron, desafiantes, un carro atado con un nudo muy intrincado. Una antigua profecía sostenía que quien deshiciera el nudo gordiano se apoderaría de toda Asia. Como Alejandro estaba dispuesto a conquistar el mundo, fue seducido por el reto del nudo pero no se inclinó por desatarlo. En cambio, desenvainó su espada y cortó el nudo de un tajo. Desde entonces, la historia sirve como metáfora de la resolución de un asunto complejo mediante un atajo implementado por la fuerza o producto del pensamiento lateral o de una inteligencia que supera a la media. O todas estas cosas juntas.

Por: Karina Mariani – La Gaceta de la Iberosfera

Durante décadas, Occidente eligió esquivar los nudos gordianos relativos a la política internacional. Las razones podrían ser muchas, pereza, cobardía, complicidad o simplemente la mismísima imbecilidad que tan a menudo se manifiesta en ámbitos diplomáticos. Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, las naciones triunfantes establecieron instituciones destinadas a garantizar un futuro de paz, justicia y decencia que impidiera una nueva barbarie. Alrededor de esas instituciones se configuró «el orden internacional basado en reglas», sostenido en una serie de acuerdos entre las naciones que funcionó parcialmente, pero que a su vez, permitió el desarrollo de otra feroz guerra, la conocida como «fría» que fue una trampa al solitario que se hicieron las grandes potencias, fingiendo respetar el orden basado en reglas, mientras proseguían sangrientas disputas en sus patios traseros a la espera de ver cómo se desarrollaba la carrera nuclear que podría haber asegurado la destrucción mutua.

Fue gracias a esta segunda variable, la eventual destrucción mutua, que se mantuvo el statu quo, y no tanto por la convicción mundial del orden basado en reglas. Pero, gracias a ese statu quo, se produjo el ascenso del Eje antioccidental formado por China, Rusia e Irán y sus satélites. Durante los primeros años, las instituciones de la posguerra lograron resistir los embates totalitarios, pero en los últimos años este Eje las ha pervertido y la corrupción, la manipulación y la arbitrariedad manifiestas han generado un colapso económico, funcional y de credibilidad de las mismas.

Actualmente, en los organismos internacionales que regentean el «derecho internacional» los líderes elegidos democráticamente están igualados jurídicamente y en desventaja numérica frente a dictadores, muchos de los cuales manejan diestramente tribunales internacionales, las instancias de investigación, la redacción de informes y otros resortes de la burocracia que debía custodiar el «orden basado en reglas» y el «derecho internacional». Así, frente a Estados fallidos ocupados por el terrorismo islamita (como Somalia que en estos momentos preside el Consejo de Seguridad de ONU), frente a países con elecciones fraudulentas, frente a dictaduras que masacran a sus pueblos, etc, estas instituciones resultaron totalmente impotentes.

Su arquitectura legal está rota y obsoleta. Mientras China reescribe los derechos humanos desde dentro del propio Consejo de la ONU y bloquea a las ONG críticas, el purismo jurídico occidental llega al absurdo de calificar como «ilegal» una operación quirúrgica contra terroristas de Hezbolá (el caso de los beepers), pero es incapaz de frenar a gobiernos que financian el terror, lapidan mujeres o avalan el matrimonio infantil. Hoy, el derecho internacional no es un faro civilizatorio, sino el aparato burocrático y legal del Eje antioccidental.

Al igual que los habitantes de Gordio hicieron con Alejandro, a Donald Trump la diplomacia nacional e internacional le planteó el sinnúmero de impedimentos para actuar frente a lo que su Administración considera malo o contrario a sus intereses. Dado que las consecuencias de cualquier acción eran todas malas, mejor no hacer nada…y disimular poniendo algunas sanciones. Así actuó el conglomerado de mandatarios occidentales durante mucho tiempo, hecho que anabolizó al Eje antioccidental que creció exponencialmente en todos los continentes y en el interior de todas las sociedades.

Entonces Trump optó por otro camino. Desoyendo a los predicadores del inmovilismo, el aislacionismo y el alarmismo, atacó letalmente al programa nuclear de Irán sin bajas propias, rápidamente y sin meterse en una guerra. Luego realizó la extracción quirúrgica de Nicolás Maduro en minutos, también sin bajas y sin guerra. En ambos casos cortó el nudo gordiano y salió ganando.

Con estas dos acciones cambió en instantes la realidad del planeta y ridiculizó los «prudentes» cuyas advertencias ya son papel mojado, porque describen un mundo que no existe más, afortunadamente. Tras la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro, el mundo debe afrontar la verdad sobre una dictadura que por duración y crueldad representa uno de los mayores escándalos de depravación de la historia. Ya nadie puede negar que existían los presos políticos torturados, la absoluta infiltración de la dictadura cubana, el robo descomunal del patrimonio de los venezolanos depositado en multimillonarias cuentas en Suiza. Gracias a Trump, quienes miraban las atrocidades del régimen chavista y se encogían de hombros se transformaron en auténticos enemigos de una sociedad justa y están reaccionando como fieras enjauladas, defendiendo lo indefendible.

A pesar de que los supuestos «imparciales» sostienen que los cargos contra el tirano Maduro son pocos y livianos, las denuncias son abrumadoras. Según las confesiones del exjefe de inteligencia del régimen “El Pollo” Carvajal y a diversas demandas presentadas en EEUU y en el mundo, la dictadura venezolana era una corporación criminal transnacional dedicada al narcotráfico global y al espionaje contra Occidente, en alianza con Rusia, China y Cuba. A este entramado se incluiría la denunciada de manipulación electoral global mediante la empresa Smartmatic y la infiltración de agentes en suelo norteamericano. Pero pronto se hablará de la acusación más atroz: la ejecución de crímenes de lesa humanidad centrados en la detención, tortura sistemática y abuso sexual de niños y adolescentes tras el fraude de 2024. Quienes sostienen que no hay denuncias por cargos de lesa humanidad, simplemente mienten.

Los «iluminados» nos alertan acerca de que la política de Trump hacia Venezuela tiene poco que ver con las drogas o los DDHH y más con intereses petroleros y de influencia regional. Una combinación de todas estas cosas no quita ni un ápice de beneficios a la extracción de Maduro. Los venezolanos no son ingenuos: saben que no hay rescates gratuitos, pero eso no les impide festejar la caída del tirano y esperanzarse con el fin del chavismo. Todas las tiranías al desmoronarse producen caos e incertidumbre, pero siempre es preferible a las 3 décadas de opresión criminal; minimizar esto es de un paternalismo repugnante. Lo que esconden quienes están resentidos con las “formas” que llevaron a la detención de Maduro es que el sistema internacional que defendían fue incapaz de conseguir resultados y que no tienen ni idea de como solucionarlo ni pueden brindar alternativas.

Luego la, mil veces repetida, narrativa de que el combate a una cruenta dictadura no justifica que se viole el derecho internacional porque esto habilita al imperialismo y la ley del más fuerte, desconoce que esa habilitación estaba de facto, y la ley del más fuerte es justamente lo que describe a una dictadura. Hacerse el distraído con este principio no es ingenuo, es vil.

Con la fetichización del Derecho Internacional pasa algo similar que con el Estado de Bienestar, se presenta como una entidad animada abstracta cuya sola existencia garantiza el triunfo del bien y la bondad, independientemente de quién sea el administrador del mismo y de sus intereses. La remanida invocación de la ONU como si fuera un árbitro justo, cuando está conformada por una nutrida cantidad de países regidos por la ley del más fuerte es también absurda. Al trastocar los cimientos éticos de nuestra civilización, el progresismo ha erigido el derecho internacional como un nuevo dogma: un instrumento de poder absoluto legitimado para evadir la oposición.

La condena a la captura de Maduro bajo el pretexto de defender el “orden global basado en normas” es una falacia cínica. La impunidad de Putin, Xi Jinping, Kim Jong-un o Jamenei demuestra que el derecho internacional ha dejado de ser un dique contra la barbarie para convertirse en el escudo de su perpetuación. Lejos de contener a los tiranos, el sistema actual garantiza su supervivencia: una ONU secuestrada donde Rusia y China paralizan el Consejo de Seguridad y donde una Asamblea dominada por Estados fallidos ignoró en 2025 las masacres de la insurrección iraní y los crímenes en Cuba o Venezuela.

El ataque relámpago que terminó con Maduro preso ha tenido otro efecto, ha generado inquietud en Moscú y Pekín, valedores del tirano sudamericano. Después de todo, a ningún dictador le gusta ver a un socio capturado, para colmo con tanta facilidad. Si Trump busca reafirmar su versión de la Doctrina Monroe, la bautizada “Doctrina Donroe”, la advertencia a las otras potencias para que se mantengan fuera de sus áreas de interés ha sido contundente.

Luego, grandes sectores de la política y de la intelectualidad internacional denuncian cualquier acción tendiente a un “cambio de régimen” como si la implementación de regímenes autoritarios no fueran un cambio de régimen en sí. El cambio de régimen es un objetivo tabú desde experiencias como Irak y Afganistán y del sórdido recuerdo de Vietnam. Pero denunciar la intervención como la antesala del peligro imperial es ocultar que el Eje antioccidental ya viene funcionando así y, si bien es cierto que no es bueno comerse al caníbal, peor es servir a los propios de cena para que el caníbal no se ofenda.

Poner ejemplos traumáticos cuidadosamente seleccionados es una vieja táctica de la izquierda: mezclar peras con merluzas citando fracasos pasados mientras se ignoran los aciertos históricos. Por eso invocan selectivamente los citados fantasmas mientras ocultan deliberadamente los éxitos de reconstrucción como Alemania o Japón, utilizando el miedo al futuro como la coartada perfecta para tolerar la barbarie presente.

Ocurre que Trump ha enfurecido a sus críticos al llevar a cabo una demostración de fuerza que sólo pueden permitirse las grandes potencias, con la que ha mejorado al mundo. Ha burlado al nudo, demostrando que el orden basado en normas era una ilusión y recordándoles que han vivido equivocados, ya que para lo único que había servido en estos años fue para limitar la capacidad de las víctimas de defenderse o de ser defendidas.

Si la liberación de los presos políticos venezolanos es producto de una previa “violación del derecho internacional”, flaco favor le hacen al concepto mismo del “derecho internacional”, demostrando la nefasta herramienta en que se ha convertido. Culpar a Trump de esta degradación es miopía pura. Esa falsa equivalencia moral entre Washington y Caracas, sumada al miedo a la acción decisiva, es lo que convierte a estos defensores del status quo en los mejores aliados de la tiranía. La supuesta defensa de la legalidad internacional no puede servir de guardia pretoriana de los dictadores.

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