Morfema Press

Es lo que es

Armando Esteban Quito

Hemos cometido el error fundacional, el pecado filosófico de nuestro tiempo: convencernos de que la riqueza es una función del inventario y no un estado del ser. Hemos perdido la carrera por el tener, porque ignoramos la magnificencia del ser. La sociedad nos vendió un mito: que la afluencia material nos concedería un paso libre de la angustia existencial.

Es seductor, lo sé. El deseo de «llorar en un palacio» es la manifestación de una esperanza ingenua, la creencia de que el confort físico puede mitigar el dolor metafísico. Pero el sufrimiento, ese maestro inevitable, no conoce códigos postales. La desdicha existe con o sin mármol bajo los pies. La verdadera elección no está entre ser rico y desdichado o pobre y desdichado; el dilema radical es: ¿reemplazaremos nuestra desdicha por la gratitud?

La gratitud no es un simple sentimiento; es la comprensión más elevada de la riqueza, la única moneda que multiplica su valor al ser compartida.

He sido testigo de una paradoja social que desgarra: existen más pobres en los vastos corredores de ciertas mansiones que en el bullicio de nuestras casas más humildes. Hay casas gigantes donde los seres humanos comen solos, encarcelados por sus logros, y existen cuartos minúsculos donde la risa y el afecto se apilan tan densamente que el espacio físico se vuelve irrelevante. 

En el fondo, el dinero solo es un agente logístico. Hace la vida más eficiente, sí, pero su poder se desvanece frente a la tríada ineludible de la condición humana: el miedo a la enfermedad, la punzada de la soledad y el golpe final de la muerte. Cuando ese momento arriba, las cuentas bancarias son un mero adorno, una cifra abstracta que nada puede hacer por nosotros.

Detengámonos y miremos la abundancia que ya poseemos. En un planeta de desigualdad hiriente, tener un techo que nos cobije, el don de comer tres veces al día, o la dicha de celebrar un cumpleaños rodeado de almas que cantan nuestro nombre, es un acto de milagrosa opulencia.

¿Acaso cambiarías el recuerdo imborrable del rostro de quien más amas, la punzada de la risa incontrolable que te unió a tus amigos en una noche perfecta, o la simple capacidad de conmoverte ante un atardecer, por un saldo bancario astronómico? La memoria, el amor y la alegría no cotizan en bolsa, y sin embargo, son el único patrimonio que la muerte no puede embargar. Nos perdemos en esta transacción ilusoria, sacrificando la salud como una nefasta moneda de cambio, esperando que un futuro incierto nos devuelva lo que le robamos al presente.

La verdadera miseria, la pobreza más cruel que podemos experimentar, es la de creer que nada es suficiente. Nos convertimos en un pozo sin fondo de insatisfacción, y no importa qué tesoro se arroje en él, siempre estaremos vacíos. Es la eterna búsqueda del siguiente objeto, la próxima meta, que posterga indefinidamente la dicha del aquí y ahora.

Somos ricos, somos afortunados, no por derecho, sino porque Dios nos ha concedido el milagro de experimentar la vida con su ineludible tejido de alegrías y dolores. Hoy despertamos, y esa es la más grande de las fortunas, otra oportunidad para aprender a luchar por lo que realmente vale la pena.

El trabajo profundo, el camino hacia la grandeza individual y, por ende, nacional, es este: entender que la fortuna no está en la ilusión de tenerlo todo, sino en la sabiduría y la inmensa gratitud de saber mirar lo que ya tenemos como si fuese, efectivamente, todo.

En ese momento de comprensión, en ese despertar del alma venezolana a su propia abundancia intrínseca, es cuando realmente nos convertiremos en el faro de esperanza y el gran país que estamos destinados a ser. Es una revolución del espíritu, no de la economía.

Vamos por más…

@jgerbasi

El primer ministro qatarí, Mohammed bin Abdulrahman bin Jassim bin Jaber Al Thani, afirmó que actualmente no existen las condiciones para mediar entre Estados Unidos y Venezuela , dado que la administración Trump continúa aumentando la presión sobre el régimen de Maduro.

Latin Times

“Desafortunadamente, los acontecimientos actuales no ofrecen las condiciones adecuadas para la mediación. Pero creemos que algún día las condiciones nos permitirán sentar a Estados Unidos y Venezuela a la mesa de negociaciones y encontrar una solución”, dijo Al Thani en conversación con el periodista estadounidense Fareed Zakaria.

Estados Unidos ha intensificado la presión sobre el régimen, realizando maniobras de desembarco en Puerto Rico durante el fin de semana. En una publicación en redes sociales, el Comando Sur informó que los Marines llevaron a cabo «operaciones de entrenamiento en Puerto Rico» en apoyo a la misión, la cual se centra en las «prioridades del presidente Donald Trump para desarticular el narcotráfico».

Según un nuevo informe, también ha estado modernizando una base naval abandonada de la Guerra Fría en el territorio, que podría servir de apoyo a operaciones contra el régimen venezolano .

Citando imágenes satelitales y fotografías, Reuters señaló que las tropas están reconstruyendo la antigua base naval de Roosevelt Roads en Puerto Rico, limpiando y repavimentando las calles de rodaje que conducen a la pista de aterrizaje.

El medio señaló que la base es una de las más grandes del mundo y ofrece un amplio espacio para el almacenamiento de equipo. Estados Unidos también está construyendo instalaciones en aeropuertos civiles de Puerto Rico y St. Croix, en las Islas Vírgenes de los Estados Unidos.

Tres oficiales militares dijeron a Reuters que la construcción podría permitir a los militares realizar operaciones dentro de Venezuela.

Otro acontecimiento en la región implica que Estados Unidos emitió un Aviso a las Misiones Aéreas (NOTAM) que restringe el espacio aéreo frente a la costa de Ceiba, Puerto Rico , desde el 1 de noviembre hasta el 31 de marzo de 2026, citando «razones especiales de seguridad».

La medida se produjo minutos antes de que el presidente Donald Trump declarara a la prensa a bordo del Air Force One que no contempla ataques terrestres en Venezuela . Al preguntársele directamente si se estaba considerando tal acción militar, Trump respondió: «No», sin ofrecer más detalles. Sin embargo, sí afirmó durante el fin de semana que los días de Maduro están «contados».

El presidente de Colombia, Gustavo Petro, anunció que asistirá al Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Nueva York pese a que su visa fue revocada y su nombre incluido en la lista de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (Ofac), conocida como Lista Clinton.

NTN24

En medio de su gira por Oriente Medio, Petro aseguró que Colombia hará parte del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a partir del 1 de enero de 2026 pese a las recientes sanciones impuestas en su contra por el gobierno de Estados Unidos.

“Colombia va a ser, desde el primero de enero, miembro del Consejo de Seguridad. Yo tendré el placer de volver a Nueva York, aunque el gobierno federal no quiera recibirme allí”, dijo.

«Ofrecemos ese escaño de Colombia al pueblo palestino para que se exprese allí, en el Consejo de Seguridad, sabiendo que nos vetan», declaró.

El Gobierno de Estados Unidos revocó la visa del presidente de Colombia, Gustavo Petro, luego de que en un acto público en las calles de Nueva York instará a “los soldados estadounidenses a desobedecer las órdenes e incitar a la violencia”.

“Hoy temprano, el presidente colombiano se paró en una calle de Nueva York e instó a los soldados estadounidenses a desobedecer las órdenes e incitar a la violencia. Revocaremos la visa de Petro debido a sus acciones imprudentes e incendiarias”, dijo en su momento el Departamento de Estado en X.

Además, Estados Unidos anunció sanciones financieras contra el presidente colombiano, Gustavo Petro, por no combatir el narcotráfico.

El Departamento del Tesoro lo incluyó en la lista de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) y también a su esposa, a uno de sus hijos, y al ministro del Interior Armando Benedetti, su mano derecha.

Una vez se conoció la pronunciación del gobierno estadounidense, Petro reaccionó a través de su cuenta de X: “Efectivamente la amenaza de Bernie Moreno (congresista republicano de Estados Unidos) se cumplió, yo y mis hijos y mi esposa entramos a la lista OFAC”.

El presidente colombiano aseguró que su defensa en el caso, en Estados Unidos, será liderada por el abogado Dany Kovalik. “Luchar contra el narcotráfico durante décadas y con eficacia me trae está medida del gobierno de la sociedad que tanto ayudamos para detener sus consumos de cocaína”, sostuvo.

“Toda una paradoja, pero ni un paso atrás y jamás de rodillas”, finalizó el mandatario en el mensaje que publicó en su cuenta de X.

La premio Nobel de la Paz y líder de la oposición venezolana , María Corina Machado, afirmó que el colapso económico de Venezuela debería servir de advertencia a los votantes estadounidenses que estén considerando apoyar a Zohran Mamdani en las próximas elecciones a la alcaldía de Nueva York , y le dijo a la presentadora de Fox News, Lara Trump, que su país ofrece «un ejemplo vívido de la devastación que el socialismo y el crimen pueden causar en una sociedad».

Latin Times

Mamdani se identifica como socialista democrático y cuenta con el respaldo de la representante Alexandria Ocasio-Cortez. Ha abogado por un mayor gasto social y por limitar la actuación policial, y ha sido objeto de escrutinio por declaraciones pasadas en las que criticaba la política exterior estadounidense en América Latina y por apoyar la reducción de fondos para la policía, lo que llevó a Trump a tildarlo de comunista y a amenazar con retirar los fondos futuros de la ciudad.

Al ser preguntada sobre la posibilidad de una victoria de Mamdani, Machado señaló la historia de Venezuela para argumentar su postura en contra del candidato:

Venezuela es un claro ejemplo de la devastación que el socialismo y el crimen pueden causar en una sociedad. Hace menos de 20 años, Venezuela era el país más rico de Latinoamérica. Hoy, es uno de los más pobres. Y esto se debe a que el socialismo habla de igualdad para todos, pero en realidad todos son igualmente pobres. Nada es gratis. Cuando el Estado te da algo, te quita algo, y es tu capacidad de elegir. Y te hace dependiente del Estado. Por lo tanto, esto es muy peligroso.

En este contexto, Machado instó a la vigilancia. «Lo que hace grande a Estados Unidos es cómo ha defendido la libertad y creado instituciones sólidas con reglas claras», afirmó. Describió la antigua creencia de los venezolanos de que «no somos Cuba» como una advertencia: «Hay que defender la libertad todos los días de la vida y tomárselo en serio».

En otro fragmento de la entrevista, Machado también abordó la actual crisis política de Venezuela y el despliegue militar de la administración Trump en el Caribe:

Las tensiones están en contra de Nicolás Maduro. El pueblo venezolano apoya totalmente al presidente Trump y esta estrategia, porque llevamos 26 años luchando para liberar a nuestro país. Miles de personas han desaparecido, han sido torturadas e incluso asesinadas por votar y defender nuestro derecho al voto. Y ahora tenemos la posibilidad de detener esta guerra.

Machado, quien llevaba más de un año escondida, recibió el Premio Nobel de la Paz en octubre. Dedicó el premio a los venezolanos y al presidente Donald Trump, afirmando que el apoyo de su administración había sido fundamental para oponerse a Maduro. Defendió su decisión durante una entrevista con la periodista Bari Weiss, en la que declaró que Trump es «el principal aliado en esta lucha contra este cartel narcoterrorista».

La administración de Trump ha desarrollado una variedad de opciones para una acción militar en Venezuela, incluidas acciones directas contra unidades militares que protegen al presidente Nicolás Maduro y movimientos para tomar el control de los campos petroleros del país, según varios funcionarios estadounidenses.

Por: David E. Sanger – The New York Times

El presidente Trump aún no ha tomado una decisión sobre cómo proceder, o incluso si proceder. Los funcionarios señalaron que Trump se mostraba reacio a aprobar operaciones que pudieran poner en riesgo a tropas estadounidenses o que pudieran convertirse en un fracaso embarazoso. Sin embargo, muchos de sus asesores principales presionan por una de las opciones más agresivas: sacar a Maduro del poder.

Los asesores de Trump han solicitado al Departamento de Justicia orientación adicional que pueda proporcionar una base legal para cualquier acción militar más allá de la campaña actual de ataques a embarcaciones que, según la administración, trafican narcóticos, sin aportar pruebas. Dicha orientación podría incluir una justificación legal para atacar a Maduro sin que sea necesario obtener autorización congresional para el uso de la fuerza militar, y mucho menos una declaración de guerra.

Aunque la orientación aún está siendo redactada, algunos funcionarios del gobierno esperan que sostenga que Maduro y sus principales responsables de seguridad son figuras centrales en el Cartel de los Soles, al que la administración ha designado como grupo narcoterrorista. Se espera que el Departamento de Justicia argumente que esa designación convierte a Maduro en un objetivo legítimo a pesar de las antiguas prohibiciones legales estadounidenses contra el asesinato de líderes nacionales.

El Departamento de Justicia declinó hacer comentarios. Pero el esfuerzo para justificar el ataque contra el señor Maduro constituiría otro intento de la administración por ampliar sus facultades legales. Ya ha llevado a cabo asesinatos selectivos de presuntos traficantes de drogas que, hasta septiembre, eran perseguidos y detenidos en el mar en lugar de ser ejecutados mediante ataques con drones. Cualquier intento de derrocar al señor Maduro colocaría a la administración bajo un mayor escrutinio respecto de la justificación legal que presente, dado el confuso conjunto de argumentos que ha esgrimido hasta ahora para enfrentarlo. Entre ellos figuran el narcotráfico, la necesidad de garantizar el acceso estadounidense al petróleo y las afirmaciones del señor Trump de que el gobierno venezolano liberó presos hacia Estados Unidos.

El señor Trump ha emitido una serie de mensajes públicos contradictorios acerca de sus intenciones, así como sobre los objetivos y las justificaciones de cualquier posible acción militar. En las últimas semanas ha señalado que los ataques contra lanchas rápidas en el mar Caribe y el Pacífico oriental —que han dejado al menos 65 muertos— se expandirían hacia ataques terrestres. Sin embargo, eso aún no ha ocurrido.

Cuando se le preguntó en CBS News si Estados Unidos se dirigía hacia una guerra con Venezuela, el señor Trump respondió el domingo: “Lo dudo. No lo creo, pero nos han tratado muy mal, no solo en lo relacionado con las drogas”. Repitió su acusación sin fundamento de que el señor Maduro abrió sus prisiones e instituciones mentales y envió a miembros de la banda Tren de Aragua a Estados Unidos, un señalamiento que Trump ha hecho desde su campaña presidencial del año pasado.

Al ser consultado sobre si los días de Maduro como presidente de Venezuela estaban contados, añadió: “Creo que sí, sí.”

El apoyo a las opciones más agresivas proviene del secretario de Estado, Marco Rubio, quien también funge como asesor de Seguridad Nacional interino, y de Stephen Miller, vicejefe de gabinete de Trump y asesor en materia de seguridad interior. Según varios funcionarios estadounidenses, ambos han dicho en privado que creen que Maduro debería ser obligado a dejar el poder.

Sin embargo, asesores señalan que Trump ha expresado repetidamente reservas, en parte por el temor de que la operación pueda fracasar. Trump no tiene prisa por tomar una decisión y ha preguntado en varias ocasiones qué podría obtener Estados Unidos a cambio, con un enfoque específico en cómo extraer parte del valor del petróleo venezolano para beneficio estadounidense.

“El presidente Trump ha sido claro en su mensaje a Maduro: deje de enviar drogas y criminales a nuestro país”, afirmó en un comunicado la portavoz de la Casa Blanca, Anna Kelly. “El presidente ha dejado claro que continuará atacando a los narcoterroristas que trafican narcóticos ilícitos —cualquier otra cosa es especulación y debe tratarse como tal”.

Lo más probable es que Trump no se vea obligado a decidir al menos hasta que el Gerald R. Ford, el portaaviones más grande y moderno de Estados Unidos, llegue al Caribe a mediados de este mes. El Ford transporta alrededor de 5.000 marineros y cuenta con más de 75 aeronaves de ataque, vigilancia y apoyo, incluidos cazas F/A-18.

Ha habido un incremento constante de tropas estadounidenses en la región desde finales de agosto. Incluso antes de la llegada del portaaviones, ya se encuentran desplegados alrededor de 10.000 efectivos militares estadounidenses en el Caribe, aproximadamente la mitad a bordo de buques de guerra y la otra mitad en bases en Puerto Rico.

El Pentágono también ha enviado en las últimas semanas bombarderos B-52 y B-1 desde bases en Luisiana y Texas para realizar vuelos cerca de la costa venezolana, en lo que funcionarios militares describen como una demostración de fuerza. Los B-52 pueden transportar decenas de bombas guiadas de precisión, mientras que los B-1 pueden cargar hasta 75.000 libras de municiones guiadas y no guiadas, la mayor carga convencional de cualquier aeronave en el arsenal de la Fuerza Aérea.

Además, el Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales 160 del Ejército —una unidad de élite que llevó a cabo extensas operaciones con helicópteros contra el terrorismo en Afganistán, Irak y Siria— realizó recientemente ejercicios que el Pentágono calificó como maniobras de entrenamiento frente a la costa venezolana.

El despliegue militar ha sido tan rápido y tan público que parece formar parte de una campaña de presión psicológica contra Maduro. De hecho, Trump ha hablado abiertamente de su decisión de emitir una “autorización presidencial” que permite a la CIA llevar a cabo operaciones encubiertas dentro de Venezuela —el tipo de operación sobre la que los presidentes casi nunca hablan por adelantado.

Si Trump finalmente ordena la intervención dentro de Venezuela, supondría un riesgo militar, legal y político considerable. A diferencia de los ataques estadounidenses contra tres instalaciones nucleares en Irán en junio, esta operación implicaría un esfuerzo directo para derrocar o reemplazar al gobierno venezolano.

Si Trump opta por ese camino, no hay garantía de que tenga éxito ni de que pueda asegurar que surja un nuevo gobierno más favorable a los Estados Unidos. Sus asesores señalan que se ha dedicado mucho más tiempo a planificar cómo golpear al gobierno de Maduro que a definir lo que sería necesario para gobernar Venezuela en caso de que la operación prospere.

Y algunos de los aliados políticos más leales de Trump han estado advirtiendo en contra de atacar a Maduro, recordándole al presidente que fue elegido para poner fin a las “guerras eternas”, no para desencadenar otras nuevas.

Un plan militar en tres partes

La autorización de Trump para que la CIA opere dentro de las fronteras de Venezuela podría permitir a la agencia llevar a cabo una variedad de actividades, desde operaciones informativas para construir oposición contra Maduro hasta el saboteo activo de su gobierno —e incluso la captura del propio líder. Pero los responsables de seguridad nacional sostienen que, si tales operaciones realmente pudieran apartar a Maduro del poder, él ya habría desaparecido hace años. Por eso la Casa Blanca está considerando una acción militar, y las propuestas sobre la mesa se agrupan en tres grandes categorías.

La primera opción implicaría ataques aéreos contra instalaciones militares, algunas de las cuales podrían estar involucradas en el facilitamiento del narcotráfico, con el objetivo de colapsar el apoyo militar venezolano a Maduro. Si éste llegara a creer que ya no está protegido, podría intentar huir —o, al moverse por el país, volverse más vulnerable a ser capturado, según dicen los funcionarios. Los críticos de este enfoque advierten que podría tener el efecto contrario, reforzando en cambio el apoyo en torno al líder acorralado.

Un segundo enfoque contempla el envío de fuerzas de Operaciones Especiales de Estados Unidos, como la Delta Force del Ejército o el SEAL Team 6 de la Marina, para intentar capturar o matar a Maduro. Bajo esta opción, la administración Trump intentaría sortear las prohibiciones contra el asesinato de líderes extranjeros alegando que Maduro es, ante todo, el jefe de una banda narcoterrorista, una extensión de los argumentos usados para justificar los ataques aéreos contra embarcaciones que, según la administración, trafican drogas.

El Departamento de Estado ofrece una recompensa de 50 millones de dólares por el arresto o la condena de Maduro —el doble de los 25 millones ofrecidos en los últimos días de la administración Biden. La administración Trump también podría argumentar que, dado que Maduro reprimió a la oposición y trabajó para amañar elecciones, no es el líder legítimo del país. La administración Biden se negó a reconocerlo como presidente de Venezuela tras su declaración de victoria el año pasado.

Una tercera opción implica un plan mucho más complejo para enviar fuerzas antiterroristas estadounidenses a tomar el control de pistas aéreas y al menos algunos de los yacimientos e infraestructuras petroleras de Venezuela.

Estas dos últimas opciones conllevan riesgos mucho mayores para los comandos estadounidenses en tierra —sin mencionar a los civiles—, especialmente si tuvieran como objetivo a Maduro en un entorno urbano como Caracas, la capital del país.

Trump se ha mostrado renuente a considerar ataques que puedan poner en riesgo a tropas estadounidenses. Como resultado, muchos de los planes en desarrollo emplean drones navales y armas de largo alcance, opciones que podrían resultar más viables una vez que el Gerald R. Ford y otros buques estén en posición.

Para Trump, un dilema petrolero

Trump está profundamente concentrado en las enormes reservas de petróleo de Venezuela, las mayores del mundo. Pero cómo gestionarlas —si cortar las exportaciones a Estados Unidos o mantenerlas con la esperanza de conservar una posición en caso de que Maduro sea derrocado— es un problema que ha desconcertado a los funcionarios de la administración durante los últimos diez meses.

Incluso cuando Trump duplicó la recompensa por Maduro y lo calificó de narcoterrorista, canceló y luego renovó una licencia para que Chevron, una empresa petrolera estadounidense que es un pilar de la economía venezolana, continuara operando allí.

La licencia existente de Chevron fue anulada en marzo bajo presión de Rubio, y durante el verano las exportaciones venezolanas a Estados Unidos se desplomaron. Pero una nueva licencia —cuyos detalles se han mantenido confidenciales— aparentemente impide que la empresa envíe divisas al sistema bancario venezolano. Aun así, las exportaciones de petróleo de Chevron están proporcionando un apoyo real a la economía de Maduro.

Chevron es una rara sobreviviente; la mayoría de las compañías petroleras estadounidenses que operaban en el país vieron sus activos confiscados o transferidos a empresas estatales hace años. La compañía es una de las pocas que han logrado saber cómo tratar tanto con Trump como con Maduro, quien declaró: “Quiero a Chevron aquí por otros 100 años”. Ha contratado como su lobista en Washington a un importante recaudador de fondos de Trump.

«El despliegue por parte del gobierno de Estados Unidos de activos militares en la región del Caribe para destruir a los carteles terroristas de la droga cuenta con el apoyo total del gobierno de Trinidad y Tobago».

BBC

«Las únicas personas que deberían preocuparse por la actividad militar de EE.UU. son aquellas que participan en o facilitan actividades delictivas. Los ciudadanos respetuosos de la ley no tienen nada que temer».

Con esa palabras, divulgadas en un comunicado el 23 de agosto, la primera ministra de Trinidad y Tobago (TT), Kamla Persad-Bissessar, dejó clara la total alineación de su gobierno con el masivo despliegue de fuerzas militares ordenado por el mandatario estadounidense, Donald Trump, en aguas del Caribe como parte de una supuesta operación contra el narcotráfico.

En aquel momento, las fuerzas estadounidenses estaban parcialmente movilizadas y no se conocía con claridad ni la manera cómo se ejecutaría la operación ni la magnitud del despliegue militar.

La primera incógnita se despejaría el 2 de septiembre, cuando Trump anunció que EE.UU. había atacado una embarcación que supuestamente pertenecía a la banda criminal Tren de Aragua y que aparentemente había salido de Venezuela transportando drogas con dirección a Estados Unidos.

En ese ataque, según el gobierno estadounidense, murieron «11 terroristas». Desde entonces, se han producido un total de 15 ataques, incluyendo cuatro en el océano Pacífico, en los que han muerto más de 64 personas. Según la cadena estadounidense CBS, socia en EE.UU. de la BBC, la policía de Trinidad investiga si dos de sus ciudadanos murieron en esas acciones.

La segunda incógnita está cada vez más clara: este es el mayor despliegue de fuerzas estadounidenses en el Caribe desde la invasión de Panamá en 1989 para derrocar al mandatario Manuel Antonio Noriega, a quien Washington acusaba -por cierto- de narcotráfico.

La misión cuenta con una decena de barcos militares estadounidenses, incluyendo destructores lanzamisiles, buques de asalto anfibio, un submarino, aviones espías, cazabombarderos F35 de última generación, bombarderos B52, helicópteros usados para el transporte de fuerzas especiales y, próximamente, el portaaviones USS Gerald R Ford, el buque de guerra más grande del mundo, con capacidad para transportar 90 aviones.

La selección venezolana masculina de fútbol derrotó este martes a Inglaterra por 3-0 en su estreno en el Mundial sub-17 de Catar, en un partido marcado por la efectividad ofensiva y la resistencia de su guardameta, Alan Vázquez, que fue clave con intervenciones de mucho mérito.

EFE

Inglaterra puso la directa desde el comienzo del choque y buscó incesante un gol para tener más tranquilidad en el juego. Sin embargo, Vázquez desbarató todas las ocasiones de peligro británicas, la mayoría en las botas del delantero inglés Alejandro Gomes.

Cuando parecía que el gol de Inglaterra estaba al caer, el defensa venezolano Román Davis sorprendió con un centro-chut que se coló por el primer palo de la portería del meta Jack Porter para poner el 1-0 (min.40).

Los británicos se lanzaron al ataque y comenzaron a dejar huecos atrás. La Vinotinto amenazó a la contra y se encontró con el 2-0 gracias a un disparo por la escuadra desde fuera del área de Dioner Fuentes (min.45).

Con una considerable ventaja al descanso, Venezuela trató de defender su portería y seguir confiando en Vázquez para abortar cualquier amago de remontada. Los ingleses, por su parte, se desesperaban cada vez más y dejaban la puerta abierta a que el equipo sudamericano pudiese contragolpear.

Ya en el tiempo añadido, la Vinotinto puso el broche de oro a su debut en el torneo con el 3-0 final, obra de Eider Barrios, que aprovechó un mal despeje de Porter, para sumar su primera victoria ante el rival más fuerte del grupo E.

Este resultado es, indudablemente, una de las principales sorpresas del Mundial Sub-17, que desde ya cataloga a los sudamericanos como uno de los principales candidatos a ir en busca del título.

El próximo partido de Venezuela en el Mundial Sub-17 será el viernes 7 de noviembre, a las 830 a.m. (hora colombiana), frente a Egipto.

Defendemos que la reparación no es individual sino colectiva. La equidad supone comprensión grupal, identitaria, cultural, comunitaria, donde lo moral es la base de la institucionalidad del estado-nación, no es personal, ni reservada, ni divina

ORLANDO VIERA-BLANCO
04/11/2025

La transición venezolana sí ha de ser verdadera y duradera, no puede reducirse a un cambio de gobierno, a la restauración formal del Estado de Derecho o a la aplicación selectiva-represiva de la justicia. Debe ser una empresa moral y espiritual, una redención política y social que permita a una nación fracturada, reencontrarse consigo misma. Como lo anticipó Nelson Mandela: “no hay futuro sin perdón”.

Ha surgido una suerte de división o mejor dicho, una [innecesaria e inconveniente] polémica desde las filas de la oposición, donde algunos-con una suerte de ascendencia moralizadora-tildan a otros de normalizadores por hacer un llamado a la redención política. Un señalamiento que nos invita a reflexionar sobre lo peligroso que significa-a estas alturas del partido-no saber distinguir entre causas y consecuencias [Dixit Hannah Arendt]. Las terribles causas de lo sufrido [indiferencia, galbana, populismo] no nos pueden conducir a una reedición de consecuencias irresolutas e irreconciliables [odio, división, desculturización].

Sólo una profunda concientización sobre la paz y el perdón nos puede llevar a un justo medio del concepto de justicia. Y quiénes hagan este legítimo ejercicio redentor, no merecen ser encasillados como revisionistas o normalizadores. El presente ensayo quizás induzca al mismo señalamiento. Pero lo hago libre de prejuicios y de reproches por lo que lo hago libre de temores. La lección aprendida después de décadas de violencia, es evitar lo que nos condujo a esta era de oscuridad. Y la luz no es otra cosa que el amor por encima del odio [Martin Luther King].

Revisemos los conceptos de transición sostenible de regímenes autoritarios a democracias de cara a nuestra realidad sociopolítica, histórica y cultural. La transición no es un fin en sí mismo si no es sustentable. La venezolana será muy demandante. Lo que en definitiva podría generar un cambio sostenible en Venezuela, es un reencuentro basado en la empatía no en la inquina y la impenitente acusación.

La Transición Venezolana: Redención, empatía y reencuentro como puente humanitario

Durante más de 25 años Venezuela ha vivido bajo un régimen que erosionó las instituciones, sembró el miedo y degradó los vínculos ciudadanos, la economía y la democracia. La reconstrucción del tejido de confianza que sostiene la convivencia, es el gran desafío.

Una transición que se limite al castigo o a la imposición del orden, corre el riesgo de perpetuar el ciclo de venganza y resentimiento. Lo que se necesita es reencuentro, compasión y amor político—un concepto que, lejos de la ingenuidad y la impunidad, representa la madurez de una sociedad que decide no repetir su tragedia.

La categorización de ‘normalizadores’ a quienes genuinamente abogan por un proceso transicional plausible y sanador [vocación de permanencia y gobernanza] bajo un clima de reintegración, paz y entendimiento ciudadano, comporta un señalamiento desenfadado e inoportuno. Sin duda existen grupos de ‘coexistencia perversa’ que merecen desdén. Pero el reto es distinguir entre lo bueno y lo malo, sabiendo reivindicar las virtudes sobre nuestras carencias y comprender los orígenes de la fractura social. Que triunfara el discurso de lucha de clases no fue por casualidad. Si fueron capaces de agitar tempestades y odios, ahora el antídoto, es la razón como instrumento [inteligente] para disipar distancias.

He leído algunas opiniones que tratan de definir a ‘los normalizadores’; ergo: “…grupo de personas que todos los días salen a los medios que el Estado controla y a las redes sociales a repetir una idea discutible. […] El chavismo no es derrotable por lo que tenemos que resignarnos, amoldarnos a él y fingir que podemos lograr cambios insustanciales” . Me pregunto, quién defiende la paz y la regeneración a fondo del tejido social, acaso finge?

Y agregan: “Lo hacen [los normalizadores] bajo la convicción de ser moralmente superiores, porque mencionan las palabras diálogo, negociación y paz a una población que vive con una inflación bestial, sin estado de derecho y sin servicios. Lo hacen además tratando de desplazar a la oposición política que sí se opone”. Veamos. No defiendo la negociación cuando ha sido profanada. Pero la salida de lo sufrido no es de raíz, o en un solo evento. Superar las distancias no impide apelar a un proceso de diálogo irreductible, cuando quién aspira tomar el poder siendo demócrata, debe enaltecer el ejemplo, con una narrativa donde lo ofrecido, sea palabra cierta. El factor fuerza como herramienta de doblegue, no es sostenible.

Salta a la vista un afán de estigmatización falaz según el cual quién acuñe la palabra paz y perdón, son automáticamente promotores de “la resignación y la incapacidad de lograr cambios sustanciales”. Habría que responder que ‘un cambio sustancial’ es precisamente asumir positivamente las capacidades de un grupo de poder de persuadir y congeniar con el otro, sin que ello signifique reconocer, que existen minorías irreconciliables. Pero aun así, ello no supone liquidar al contrario, o señalar a los promotores de un diálogo honesto, como de una pretendida superioridad moral. La moral como la honestidad no son ‘superiores o inferiores’. Se poseen o se carecen de esas virtudes, siendo la razón, nutrida de tolerancia, pluralidad y entendimiento de la condición humana.

Desde Platón hasta la escuela del estructuralismo alemana, de los racionalistas a los existencialistas y positivistas, ha prevalecido un reconocimiento sostenido de la ética como actitud noble de los hombres de estado. Platón habla de la virtud del individuo que no se enaltece a sí mismo, mientras que Webber o Foucault, apelan al lenguaje y a la cultura, “más allá del individuo aislado”. El culto a la personalidad es un flagelo que nos ha confinado a largas y crueles calamidades. Quiénes tratan de concentrar en una persona nuestra salvación, están anticipando lo que termina pasando: el sacrificio del mesías redentor. Y eso le sucede a tiranos y a demócratas, a buenos y a malos.

El castigo como lógica de poder y la represión que domina el inconsciente [Freud] no es un acto real de liberación, siendo la redención un consenso inevitable que sobrepone la emancipación real al dominio instrumental.

No hablo de redimir a criminales de lesa humanidad. No hablo de perdonar a cabecillas de atrocidades. Hablo de un grueso de la población y de un liderazgo que incluso siendo chavista/madurista, creyó en un proyecto, pero que de forma inapropiada, fue llevado a la violencia, la dominación y la dependencia. En este sentido ‘la revolución bolivariana’ ha sido más consumista, maniquea, capitalista y populista que lo que [ellos] denuncian. Y la respuesta liberadora/emancipadora no es la lógica del desquite ni la elevación individualista. La liberación debe ser fundamentalmente colectiva y autogestionaria.

La redención como principio político. El punto de encuentro

El filósofo Paul Ricoeur hablaba del “perdón difícil”: “aquel que no borra el crimen ni exime la culpa, pero permite al ofendido liberarse del odio”.

Esa lógica inspiró procesos de reconciliación como el sudafricano donde la Comisión de la Verdad y Reconciliación—liderada por Desmond Tutu—buscó, más que castigos ejemplarizantes, una catarsis colectiva. Mandela entendió que la liberación de los oprimidos debía incluir también la liberación de los opresores, para que ambos pudieran ser parte de una nueva nación.

En Chile, tras la dictadura de Pinochet, el presidente Patricio Aylwin impulsó una transición basada en el principio de “verdad y reparación”, pero también en la necesidad de evitar la revancha. España, luego del franquismo, abrazó un “pacto del olvido”—criticable en algunos aspectos, pero eficaz para reconstruir un proyecto común […] En Ruanda-tras el genocidio-la justicia comunitaria gacaca permitió que miles de víctimas y victimarios compartieran un mismo espacio para narrar, perdonar y reconstruir.

En todos estos casos, la paz política surgió del reconocimiento del dolor del otro, de la comprensión que la justicia sin empatía puede volverse otra forma de violencia, a la tentación del rigor absoluto.

Quienes se oponen al perdón republicano invocan principios sólidos. Afirman, siguiendo a Immanuel Kant, que la justicia es un imperativo categórico y que “una injusticia cometida contra uno solo es una amenaza contra todos” […] De allí que sostengan que el crimen de Estado, la tortura o la corrupción sistémica no pueden quedar sin sanción. Tienen razón: el olvido jurídico es peligroso. La experiencia de dictaduras latinoamericanas muestra que la amnistía total—sin verdad, sin reparación—alimenta la impunidad y reabre las heridas. Argentina lo vivió con las leyes de Punto Final y Obediencia Debida (1986-87), derogadas posteriormente. Por ello lo imperativo, es poder categorizar entre aquellos que irremisiblemente deben enfrentar la justicia y los que pueden ser redimidos. Es la búsqueda impertérrita de la verdad, del justo medio.

El jurista español Gregorio Peces-Barba lo expresó con lucidez: “El perdón político sólo es legítimo cuando es consciente, voluntario y precedido por la verdad.” Sin verdad ni responsabilidad, el perdón es cinismo. Pero también hay una trampa en el extremo opuesto: la del punitivismo moral que convierte la justicia en revancha y al Estado en verdugo. Como escribió Nietzsche, “quien combate monstruos debe cuidar de no convertirse en uno de ellos”. Entonces apelar a la justicia restaurativa, no convierte a su promotor en normalizador. Es un punto de encuentro que merece una seria y moderada valoración.

John Rawls [Teoría de la Justicia] reconocía que en situaciones excepcionales—como las transiciones políticas—la equidad exige “principios de reparación” que restablezcan la cooperación entre ciudadanos antes que la retribución. En palabras de Rawls, la justicia es “una virtud de las instituciones”, pero su fin último es la estabilidad de la comunidad moral. Aquí reposa l’état de la question”: cooperación ciudadana antes que retribución.

Defendemos que la reparación no es individual sino colectiva. La equidad supone comprensión grupal, identitaria, cultural, comunitaria, donde lo moral es la base de la institucionalidad del estado-nación, no es personal, ni reservada, ni divina.

Esa idea se complementa con Jürgen Habermas, quién en facticidad y validez propone que el sentido de la justicia democrática reside en el consenso moral alcanzado mediante el diálogo racional. De allí que la justicia transicional, cuando incorpora mecanismos de perdón, no renuncia a la ley, sino que la humaniza. Una cosa es un diálogo aparente, ausente, insincero. Pero otro tema es implementarlo, verdaderamente. El perdón como racionalidad política, no es debilidad. Es racionalidad estratégica y moral.

Mandela lo entendió cuando, tras 27 años de prisión, invitó a sus carceleros al banquete de su investidura. No lo hizo por ingenuidad ni por pregonero, sino por sabiduría política: sabía que sin redención no habría paz civil. Ese era su miedo más profundo: retroceder a la oscuridad de una fractura social. También es cierto que no los invitó a todos. Porque ni la condena ni el perdón, son de una rigurosidad absoluta.

El politólogo Juan Linz, al analizar las transiciones a la democracia en el sur de Europa [Portugal, España] y América Latina [Brasil, Uruguay, Perú, Chile] observó que “la estabilidad democrática se construye sobre compromisos inclusivos, no sobre purgas”. En ese sentido, el perdón no sustituye la justicia, sino que la hace viable dentro de un marco de convivencia sostenible.

En Venezuela, donde el conflicto ha penetrado familias, iglesias y barrios, la justicia debe tener un rostro humano. No puede ser tribunal de venganza, sino espacio de reconciliación. Porque si cada agravio se devuelve con otro agravio, la nación seguirá girando en la rueda del odio.

Venezuela: del odio a la comunión. El desafío de volver a ser nación

Toda transición política auténtica es, ante todo, un acto moral. Restaurar instituciones, además de restablecer la ley es recomponer el alma colectiva. Venezuela-desgarrada por décadas de polarización, persecución y exilio-enfrenta el desafío más complejo de su historia contemporánea: pasar del resentimiento a la reconciliación, de la rabia a la esperanza, del odio a la comunión.

La política venezolana, atrapada entre la sed de justicia y el deseo de venganza, corre el riesgo de reeditar sus viejos demonios si no comprende que no hay futuro sin redención, que es comprensión sustancial e histórica del otro y de nuestras cicatrices. Sigo con Nelson Mandela. “Cuando salí [de prisión] por la puerta hacia mi libertad, supe que si no dejaba atrás mi amargura y mi odio, seguiría siendo prisionero”.

La transición que Venezuela necesita no será sólo jurídica, sino espiritual. No bastará la aplicación de la ley ni el restablecimiento del orden; será necesaria una revolución ética, fundada en la aceptación del otro en términos de libertad negativa. Hay espacios colectivos e intangibles que no pueden ser ocupados ni manipulados ni siquiera por la ley: nuestra cultura. Convertir la cultura de la guerra en la cultura de la paz es rescatar lo que llamamos, nuestra alma colectiva. El desafío es volver a ser nación, que es recuperar nuestro sentido de pertenencia, reconstruir nuestra identidad como pueblo y sanar heridas como acto noble y grupal.

Estamos en presencia de una posible transición inédita considerando los elementos [igualmente irredentos] de nuestra fractura social. No han sido el autoritarismo de sable, la manipulación étnica o religiosa. No. Ha sido una injusta confrontación de clases minada de distorsiones históricas asidas de propaganda.

Nuestro enorme retroceso histórico ha sido provocado por el relanzamiento del hombre a caballo, del urogallo y la ruralización de una nación otrora moderna y pujante. Recoger esas brechas supone asumir responsabilidades originarias, revisar la carga de provocaciones grupales y la reinstalación de actitudes generosas. La guerra es simple, la paz es más compleja. La violencia es la solución menos elaborada. La paz demanda una profunda revisión espiritual y ética, que insisto, no es individual, es nacional.

Si desean achacarme el mote de ‘normalizador’ no puedo evitarlo. Están en su derecho. Pero aquellos que así lo piensen, tengan en cuenta que lo que queremos evitar es precisamente la normalización de la violencia, el caos y la ruptura irreparable del tejido social, como factor irreductible y de quiebre de una transición posible.

En nuestra próxima entrega sobre redención como política de estado, hablaremos de los tres caminos paralelos, a una transición plausible: i.-La verdad sin manipulación; ii.-La justicia restaurativa; y iii.-los componentes de la redención colectiva e inclusiva.

@ovierablanco

Tras los reportes que apuntan a que el presidente venezolano solicitó asistencia militar a Irán contra las amenazas estadounidenses, un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní declaró el lunes que Venezuela, “como país independiente, con un pueblo decidido, es sin duda capaz de defenderse”.

Agencia AJN

Ismail Baghay añadió en conferencia de prensa este lunes 3 de noviembre que Teherán continuará su cooperación con Caracas “en el marco de sus compromisos” con Venezuela.

Este comentario se da luego de que el presidente venezolano, Nicolás Maduro, enviara cartas urgentes a Moscú, Pekín y Teherán solicitando su ayuda para fortalecer las capacidades militares y de defensa de su país.

La solicitud ya había sido informara por The Washington Post y CNN, citando documentos del gobierno estadounidense.

Maduro, buscado en Estados Unidos por cargos relacionados con narcotráfico, acusa a Washington de “intentar derrocar al gobierno venezolano” bajo el pretexto de luchar contra el narcotráfico, con el objetivo de obtener acceso a los recursos petroleros de su país.

El Washington Post, en un informe publicado el viernes 29 de octubre, afirmó que documentos filtrados del gobierno estadounidense indican que Maduro considera esencial la ayuda de Rusia, China e Irán para hacer frente a lo que el mandatario caribeño denominó una “inminente invasión estadounidense”.

Según estos informes, los pedidos de Caracas a sus aliados incluyen radares defensivos, piezas militares y mejoras para aviones de combate, drones de largo alcance, inhibidores de GPS y posiblemente incluso misiles.

El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso respondió a los informes afirmando que apoya la defensa de la soberanía nacional de Venezuela y que está dispuesto a ayudar a su socio frente a las amenazas externas.

No obstante, expertos consultados por CNN señalaron que la capacidad y la voluntad de Rusia para brindar una amplia asistencia a Maduro se vieron mermadas por la guerra en Ucrania.

Todavía no se publicó ninguna noticia sobre la respuesta de China a la solicitud de Venezuela.

Bolivia está en vísperas de un nuevo ciclo político. A solo cinco días del cambio de mando presidencial, las autoridades salientes y una comisión designada por el presidente electo Rodrigo Paz, trabajan en el proceso de transición mientras crece la expectativa frente al rumbo que tomará la nueva gestión.

Infobae

La entrega de credenciales a los próximos gobernantes se realizará en la ciudad de Sucre el miércoles y el acto de posesión será el sábado en La Paz, evento para el que han anunciado la presencia los presidentes de Argentina y Chile, y el subsecretario de Estado de Estados Unidos, además de 42 delegaciones internacionales.

En la semana previa, Paz dio señalas del tono geopolítico que tendrá su gobierno: tuvo cruces con Nicolás Maduro en X, y viajó a Estados Unidos para reunirse con organismos financieros y representantes del Gobierno de Donald Trump, en busca de apoyo para resolver la crisis financiera que enfrenta el país.

Tras su encuentro con el secretario del Departamento de Estado de EEUU, Marco Rubio, en Washington, la oficina del presidente electo emitió un comunicado en el que señala que el encuentro “marca el inicio de una nueva etapa en las relaciones bilaterales entre ambos países, orientada a fortalecer el diálogo, la cooperación y el entendimiento mutuo, en beneficio de los pueblos de Bolivia y de los Estados Unidos”.

Ambos países no tienen relaciones diplomáticas desde 2008 cuando el ex presidente Evo Morales expulsó al embajador norteamericano bajo acusaciones de atentar contra su gobierno.

En su viaje a Washington, Paz sostuvo reuniones con organismos internacionales con el objetivo de sumar respaldo para ejecutar su plan económico y asegurar la dotación de combustible, uno de los síntomas más urgentes de la crisis financiera que atraviesa Bolivia.

En un video publicado en sus redes sociales, el presidente electo informó que tuvo reuniones con el Banco Interamericano de Desarrollo, la Corporación Andina de Fomento, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. “Gasolina, diésel, ya hay. Estamos resolviendo el tema logístico para que el producto llegue a Bolivia. También hemos tratado con el gobierno americano, que tiene relación con los organismos multilaterales, para que haya dólares en Bolivia”, sostuvo, flanqueado por sus asesores económicos.

Estos encuentros contrastan con la postura que tuvo Paz durante la campaña electoral en la que afirmó que no acudiría a organismos internacionales hasta no “ordenar la casa” e intentar resolver la crisis mediante ajustes en la administración fiscal.

En este viraje, Paz no descarta solicitar ayuda a otras instancias. “Si el día de mañana tenemos que ir a otras capitales para que tengamos hidrocarburos, dolarcitos, lo haremos”, afirmó en el video.

Estas declaraciones evidencian el cambio de rumbo que tomará el país en sus relaciones internacionales y en la política económica. El próximo Gobierno asumirá funciones en medio de la mayor crisis económica de las últimas décadas, con el desafío de salir de la recesión -que los organismos internacionales calculan que se prolongará al menos hasta 2027, contener la inflación que borda el 20% en lo que va del año y garantizar el abastecimiento de combustibles para que el país siga en marcha.

El cambio en el poder legislativo también está en curso. Las credenciales a los diputados y senadores electos en la primera vuelta del 17 de agosto fueron entregadas en el miércoles y las bancadas políticas empezaron a organizarse con la elección de sus directivas. Para el exdiputado y analista político Daniel Valverde, la próximo Asamblea Legislativa “tendrá un rol protagónico para restablecer la estabilidad económica y gobernabilidad política del país”.

Al no haber una mayoría absoluta, las negociaciones entre partidos serán clave para generar gobernabilidad y encarar las reformas necesarias para sacar a la país de la crisis económica. Con el cambio en puerta, las expectativas crecen y el tiempo apremia.

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