Morfema Press

Es lo que es

Armando Esteban Quito

El presidente estadounidense Donald Trump afirmó en varias ocasiones durante su primer mandato (2017-2021) que todas las opciones estaban sobre la mesa en relación con Venezuela.

BBC

Hoy, todas esas opciones están cerca de la costa venezolana, según James Story, exembajador de la Unidad de Asuntos de Venezuela, adscrito a la Embajada de Estados Unidos en Bogotá desde 2020 hasta 2023.

Desde hace dos meses, EE.UU. acumula en el Caribe, cerca de la costa venezolana, una fuerza militar de buques de guerra, aviones de combate, bombarderos, marines, drones y aviones espía.

Según un estudio de expertos del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), el despliegue naval en el Caribe ya es el más grande de la historia del país norteamericano desde la primera Guerra del Golfo Pérsico (1990-1991).

Al menos 64 personas han muerto desde septiembre en una serie de ataques estadounidenses contra presuntos barcos de tráfico de drogas en el Caribe (la mayoría) y el Pacífico oriental.

Trump afirma que los ataques son necesarios para frenar el flujo de drogas hacia Estados Unidos, pero Maduro acusa a Washington de «fabricar una nueva guerra».

Nicolás Maduro acusó a EE.UU. de estar fabricando un caso en contra de su país y aseguró que está preparando brigadas para reaccionar a cualquier amenaza de Washington.

Y Tarek William Saab, fiscal general de Venezuela, dijo a la BBC que no hay duda de que Donald Trump intenta derrocar a su gobierno

El exembajador James Story sugiere que Trump podría ordenar ataques próximamente contra instalaciones de narcotraficantes dentro Venezuela o incluso podría darle luz verde a un ataque directo contra la cúpula del gobierno del país, a la que acusa de liderar el Cartel de los Soles.

Previamente, Story se había desempeñado como encargado de negocios en la Embajada de Estados Unidos en Caracas desde 2018 hasta la suspensión de operaciones y el retiro del personal diplomático estadounidense de Venezuela un año después, luego de que la Casa Blanca reconociera al líder opositor Juan Guaidó como presidente encargado de Venezuela.

Tras no participar en las elecciones presidenciales de 2018 por no considerarlas como justas, la oposición venezolana, junto a Estados Unidos y decenas de países en América Latina y Europa, rechazaron la legitimidad de la victoria de Maduro en dicha contienda.

En entrevista con BBC Mundo, más de cinco años después de su salida de Caracas y durante lo que es quizá uno de los momentos más tensos en la historia de la relación Estados Unidos y Venezuela, James Story habla de la gran fuerza militar que el presidente Trump ha puesto cerca de la costa venezolana y afirma que hará «algo», pero muy pocos saben con certeza de qué se trata.

¿Cómo define usted hoy la relación entre Washington y Caracas?

En este momento no existe ninguna relación entre Washington y Caracas.

Hay poca probabilidad de que exista un diálogo de cualquier forma o al menos de que exista un diálogo eficaz.

Nuestra política ha sido colocar en la región herramientas para hacer algo en Venezuela.

Ese algo aún está por definirse.

En su primer mandato, Trump apostó por la presión política y las sanciones contra el gobierno de Maduro. En este segundo mandato está mandando buques militares al Caribe y ha dicho que Maduro tiene sus días contados como presidente de Venezuela. ¿A qué se debe un cambio de estrategia tan radical?

Hay varias razones por la cual estamos viendo una presión máxima.

La primera es que el año pasado, en la elección, la gran mayoría de los venezolanos votaron por un cambio de gobierno. Votaron por Edmundo González y votaron por deshacerse de la pesadilla de Maduro.

Lo segundo es que la migración de casi 9 millones de personas ha sido bastante difícil para la región.

Si hablamos de Aruba, de 10 a 15% de la población son venezolanos. En Colombia son ya 3 millones de venezolanos.

Colombia es un país que está saliendo de una guerra civil y ahora tiene que lidiar con más de 3 millones de personas, a las que tiene que darles alimentación, casas, salud y educación. Es bien difícil.

También hay problemas con tanta inmigración desde América Central y México hasta Estados Unidos.

Entonces es una cuestión de democracia, inmigración, pero también de derechos humanos, lo que Maduro ha hecho en contra de los derechos humanos y la estabilidad regional.

El gobierno venezolano dice que EE.UU. prepara una invasión. ¿Cree que es una posibilidad? ¿Está Trump dispuesto a poner en riesgo la vida de soldados estadounidenses para impulsar un cambio de gobierno en Venezuela?

La fuerza que existe no es suficiente para una invasión.

En 1983, en (la invasión de) Granada hubo 7.000. En Panamá, en 1989, hubo 30.000 soldados. Esta vez hay entre 5.000 y 10.000 soldados en la región y eso no es suficiente para una invasión.

Pero el presidente tiene la capacidad con las herramientas que están en la zona de hacer muchas cosas.

El presidente Trump puede atacar a más narcotraficantes en la zona, dentro o fuera de Venezuela, o acabar con la cúpula del gobierno de Venezuela.

Son decisiones que no sé si se han tomado o no, pero la verdad es que tenemos una fuerza muy poderosa en la región.

El portaaviones USS Gerald R. Ford también está por llegar de Croacia y nos dará aún más potencia en la región.

Me imagino que el presidente va a utilizar esa fuerza para hacer algo. No sé qué es, pero algo va a hacer.

¿Tiene algunas ideas de lo que podría ser ese algo?

Puede atacar alguna pista clandestina al sur del lago de Maracaibo, de donde sale un 25% de los vuelos de la droga.

Por Venezuela sale de un 5% a 10% de la cocaína que va hacia el norte, pero de todos los vuelos que llevan drogas un 95% sale del sur del lago Maracaibo.

Puede ser algo así específico. También puede ser un blanco del Tren de Aragua o del Cartel de los Soles o puede ser más amplio.

¿Qué opinión tiene del uso de fuerza letal para atacar embarcaciones que supuestamente llevan drogas a Estados Unidos?

Es una cuestión que debería discutir el Congreso norteamericano.

Tenemos la Autorización para el uso de la fuerza militar (AUMF, por sus siglas en inglés) y creo que el Congreso está por discutir esas cuestiones: si estos grupos representan un riesgo directo para Estados Unidos y si podemos definir a los grupos terroristas y a los grupos narcotraficantes de la misma manera.

Ya hemos visto que varios senadores, como Rand Paul de Kentucky, no están de acuerdo con el uso de la fuerza de esta manera.

En este momento, el Congreso no está en sesión. Me imagino que una vez que regresen van a comenzar una discusión al respecto.

¿Cree usted que esta lucha es realmente contra los carteles o es contra Maduro?

La fuerza en el Caribe es demasiado grande y potente para ser sólo contra narcóticos.

Es una panga (barquito) contra un portaaviones.

Yo diría que es una señal. El presidente ha hablado de programas de la CIA, por ejemplo. Algo que suele ser muy reservado, él lo ha habló de una forma abierta.

Trump está dando la señal de que tiene todas las herramientas del Estado de Estados Unidos para utilizarlas contra Maduro, si fuera necesario.

Maduro es un dictador. Forma parte de un grupo criminal que parece un gobierno, pero que es un grupo criminal.

Es un hombre que tiene problemas con la justicia por narcotráfico en Estados Unidos y también sobre crímenes de lesa humanidad en la Corte Penal Internacional.

Es un hombre que ya está muy aislado. La líder de la oposición en Venezuela (María Corina Machado) ganó el Premio Nobel de la Paz. Nadie cree que él ganó las elecciones al año pasado. Además, está involucrado en cualquier tipo de crímenes.

Hay quienes piensan que si Maduro y su círculo son derrocados habrá caos y Venezuela se convertirá en Irak, ¿cuál es su visión?

No creo. Hay unos que dicen que se convertirá en Irak, otros dicen que, en Vietnam, Libia y Haití. Nada de eso es cierto.

Venezuela es un país de gente patriota. Tanto María Corina Machado como Maduro, los dos creen que el Esequibo, que está en Guayana, es parte de Venezuela.

Los venezolanos comparten valores, un gran orgullo de ser venezolanos y tienen grandes recursos naturales para reconstruir su país.

Realmente el problema es la criminalidad y la ilegalidad que existe en el país, sobre todo en la frontera con Colombia, con las FARC y el ELN, y otros grupos como el Tren de Aragua y otros que están en Petare, Catia, en Caracas.

Va a ser necesario reinstitucionalizar todo el país, desde la presidencia hasta el policía de la esquina.

Ese es realmente el reto que existe una vez que haya un cambio.

Venezuela no va a convertirse en otro Irak. No habrá una guerra civil. La gran mayoría de los venezolanos quieren una salida de la pesadilla de Maduro y votaron para salir de él.

Ahora hay que ayudarlos a que ellos puedan reinstitucionalizar el país.

EE.UU. defendió en su momento las sanciones como una herramienta de presión política, pero hoy hay un debate sobre su eficacia y sobre todo el impacto humanitario. ¿Hasta qué punto las sanciones cumplieron su objetivo?

Yo creo que las sanciones tienen un papel importante y pueden servir como una herramienta de negociación.

En el caso de Venezuela, después de vivir un tiempo bajo sanciones, todos han aprendido a cómo manejar asuntos fuera de las sanciones.

En Venezuela, comenzaron a vender su petróleo a China a través de buques de fantasma, como los llamamos nosotros, lavando el petróleo en Malasia.

Por eso, la eficacia de las sanciones es muy corta. El presidente (Joe) Biden tomó la decisión de utilizar la presión máxima del presidente Trump para entrar en negociaciones.

¿Cuál fue el resultado? Una (elección) primaria y luego una elección (presidencial) en la que Maduro tomó la mala decisión de (dejar) que las fuerzas democráticas participaran y ganaran de una forma muy obvia y grande.

Más del 70% de la población votó contra Maduro.

Ahora bien, en el segundo mandato de Trump se tomó la decisión de aumentar la presión aún más.

En su primer mandato, Trump dijo que todas las opciones estaban sobre la mesa. Ahora podemos ver que esas opciones están en la costa.

¿Piensa usted que fue una buena decisión levantar parcialmente las sanciones? Críticos dicen que esta decisión le ha dado un sustento al gobierno de Maduro.

Cuando la administración de Biden tomó la decisión de dejar a Chevron operar y comercializar petróleo (en Venezuela) el resultado fue muy interesante.

Tareck El Aissami, el jefe de PDVSA y el ministro de Petróleo, estuvo vendiendo petróleo en el mercado negro durante años.

Después, con la licencia de Chevron, vendía este petróleo hacia Estados Unidos de una forma muy transparente.

Luego Maduro se dio cuenta de que El Aissami estaba robando mucha plata del Estado y este hombre que era parte de un pequeño grupo del cartel de gobierno de Maduro desapareció.

La verdad es que el régimen siempre obtiene lo que quiere de cualquier forma. Puede ser por narcotráfico o por la venta de oro o de petróleo a terceros en el mercado negro.

No fue un levantamiento de sanciones, sino una licencia específica a Chevron y luego a Repsol y Eni para que pudieran pagar su deuda con Venezuela a través del petróleo.

En esta nueva administración de Trump, él también le otorgó una licencia a Chevron para que hiciera lo mismo.

Cuando usted estaba en Caracas, Estados Unidos fue el primer país en reconocer a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela. ¿Fue un acierto?

Yo creo que el reconocimiento de Juan Guaidó fue lo correcto en su momento. Según la Constitución venezolana, cuando no hay presidente, el presidente de la Asamblea Nacional ocupa el papel de presidente interino de la República.

En 2018 una elección robada por Maduro dejó vacía la presidencia en Miraflores (el palacio gubernamental de Venezuela) y Juan Guaidó ocupó el puesto de presidente interino.

Casi 60 países en el mundo también tomaron la decisión de reconocer a Juan Guaidó y no reconocer a Maduro.

Hasta hoy nosotros no reconocemos a Maduro como jefe de Estado.

¿Qué errores reconoce en la política estadounidense hacia Venezuela durante sus años en Caracas?

Yo quería quedarme en Venezuela sí o sí. Pienso que es importante mantener allí la bandera de Estados Unidos, una bandera gigante que se ve en lo alto de una colina del valle de Caracas. Es un símbolo de libertad que todos pueden ver.

Entonces salir de Venezuela fue un error porque nos afectó la capacidad de obtener más inteligencia, hablar con personas en el terreno y también apoyar a los norteamericanos presos en Venezuela.

Fue un error salir, pero fue entendible por qué lo hicimos.

¿Cree que en este momento el cambio político en Venezuela depende más de factores externos que internos?

Yo creo que de ambos. El cambio político de Venezuela depende de aquellos que saben que la vida sería mejor sin Maduro y de la presión que el mundo y la comunidad internacional pueden hacer.

Lo importante para los que van a actuar dentro de Venezuela es que sepan cómo sería su futuro si actúan en contra de Maduro.

OK, se fue, pero yo como general, ¿dónde me quedo?

Me quedo en mi trabajo, o tengo que irme o me van a meter preso. Esa es la pregunta que me imagino que mucha gente alrededor de Maduro tiene en su cabeza.

¿Ve posible el regreso de una embajada estadounidense en Caracas a corto o mediano plazo? ¿Qué tendría que pasar para eso?

Bueno, lo primero para reabrir una embajada en Venezuela sería contar con la seguridad necesaria para tenerla y una invitación del gobierno.

Con un cambio de régimen me imagino que podríamos reabrir la embajada.

Ya tenemos las instalaciones de la embajada ahí en Caracas.

Hay que hacer mucho trabajo para ponerla al día porque ya han pasado unos seis años sin estar allí y la seguridad para nuestra gente es sumamente importante.

Con un cambio de régimen en Venezuela podríamos tener allí una presencia en muy poco tiempo.

Investigador especializado en América Latina, Noel Maurer, cuyo libro The Empire Trap (Princeton University Press, 2013) incluye un detallado análisis de la invasión de Panamá de 1989, afirmó en un artículo publicado en septiembre: “Si Donald Trump va a usar fuerza militar contra Venezuela desde el Caribe, sabremos de antemano (…) Lo primero que habrá que ver en la flota desplegada en el Caribe es un portaaviones.”

Por: Andy Robinson – La Vanguardia

Por tanto, la llegada al Mar Caribe hace unos días del USS Gerald Ford, el portaaviones más grande del mundo, tras cruzar el Mediterráneo y el Atlántico desde Croacia, es bastante significativa, sostiene Maurer en una entrevista mantenida esta semana. Este enorme buque de guerra está equipado con más de 75 aviones, incluyendo 24 Super Hornets, cazabombarderos con capacidad para atacar blancos terrestres. “Sin duda es una señal de que pueden estar más cerca de realizar ataques aéreos (…)”, dijo Maurer, exintegrante del ejército estadounidense que ejerce de profesor en la Universidad George Washington.

Pero el objetivo de cualquier golpe aéreo contra Venezuela sería más para el consumo interno en EE.UU. que para derrocar al gobierno de Nicolás Maduro, sostiene. 

Al igual que James Bosworth, el autor del Latin American Risk Report, Maurer descarta que Trump tenga un plan  de cambio de régimen en Venezuela, al menos por motivos ideológicos. A diferencia de su secretario de Estado, Marco Rubio, un ideólogo neoconservador curtido en la política anticomunista de Miami, Trump está mucho más centrado en la guerra contra la droga. Mejor dicho, en cómo rentabilizar ataques contra los narcotraficantes  para elevar su apoyo electoral dentro de Estados Unidos.

“La Administración Trump podría llevar a cabo algún tipo de bombardeo aéreo a pequeña escala. No sería para tomar el control del país o matar a Maduro. Ahora bien, no tengo ni la más remota idea de qué se pretendería conseguir con ello”, dice Maurer, autor de The Big Ditch, la historia de la política estadounidense en el Canal de Panamá

“Ya hemos visto con Panamá este año que a  Trump le gusta declarar la victoria y luego pasar página. Con Venezuela, un mini bombardeo podría servir como el pretexto para anunciar la victoria”.

Lo que parece imposible, con las fuerzas navales operativas  en el Caribe en estos momentos, es una invasión al estilo panameño de 1989. “Una invasión  requeriría una entrada inicial mínima de unas 15.000 soldados. La gente no se da cuenta de que antes de la invasión contra (Manuel) Noriega hubo una gran acumulación de tropas en las bases en Panamá”.

Maurer cree que la veintena de ataques realizados en el último mes y medio contra las supuestas narco-lanchas cumple con objetivos de política interna de Trump. “Es únicamente para consumo doméstico. Ellos creen, y yo creo que en parte tienen razón, que el gobierno venezolano está involucrado en el tráfico de drogas”, dice. “Causa buena impresión en EE.UU. volar por los aires a los buques camiones y causa buena impresión tener una flota en el Caribe.”

Tampoco ve una estrategia de Trump para derrocar a Maduro para abrir el sector petrolero a empresas estadounidenses. Chevron ya produce petróleo en Venezuela aprovechando excepciones en las sanciones estadounidenses. Los intereses petroleros en EE.UU. prefieren un pacto con Maduro. “Chevron no quiere el caos de un intento de cambio de régimen”, dice Maurer.

Curiosamente, más que a Maduro, el blanco de los ataques contra las rutas marítimas de los narcotraficantes puede ser la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum.

“Sheinbaum tiene que tomarse muy en serio lo que hace la administración Trump, ya que queda claro que no se considera cohibida por cuestiones tan insignificantes como la soberanía o el derecho internacional”, ironiza. El hecho de que los últimos golpes contra los presuntos traficantes de drogas por vía marítima se han producido en el Pacífico respalda esta tesis.

Esto no quiere decir que Trump no esté dispuesto a lanzar un ataque aéreo desde el USS Gerald Ford con el fin de reforzar su retórica contra el supuesto narco-terrorismo de Maduro. “Puede que, para el consumo doméstico también, hagan un ataque aéreo contra algún supuesto objetivo relacionado con el narcotráfico”, dice. 

La administración estadounidense acusa a Maduro de ser cabeza de un cartel misterioso llamado el Cartel de los Soles, pese a que, según muchos investigadores, esa organización no exista.

En todo caso, es imposible que un ataque aéreo sirva para derrocar a Maduro sin un rebelíon en las fuerzas armadas venezolanas. Esto fue el escollo para la llamada política de “presión máxima” adoptada en la primera administración Trump, cuando la cúpula militar se mantuvo firme en su apoyo a Maduro pese a repetidos intentos de incentivar una rebelión militar en apoyo a Juan Guaidó.

“Si Venezuela mantiene el control sobre su ejército, un ataque aéreo estadounidense difícilmente conseguiría nada”, dice Maurer. “Podrían cortar el suministro eléctrico a Caracas. Podrían destruir otras infraestructuras o, de alguna manera, limitar la capacidad de maduro para comandar y controlar su ejército, pero no provocaría el colapso del régimen.”

Portavoces de la oposición venezolana, organizados en torno al premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, se han empleado a fondo en los últimos días para divulgar la tesis de que Trump y el secretario de Estado Marco Rubio tienen un plan de cambio de régimen con el uso de fuerza militar. Paradójicamente, es una advertencia que repite el gobierno de Maduro, que es consciente de que el apoyo a su gobierno aumenta cuanto más se teme una intervención estadounidense.

Pero Maurer se muestra escéptico. “Yo no veo muchos motivos para pensar que las fuerzas armadas estén más dispuestas a rebelarse ahora que antes; Maduro ha sido muy astuto a la hora de comprar la lealtad de los militares”. Corina Machado y otros opositores como Vanessa Neumann han afirmado que Trump quiere usar “una superioridad militar aplastante” para forzar la salida de Maduro, o incluso asesinar al presidente venezolano.. Pero Maurer duda de que una muestra de fuerza sea útil para la meta de cambio de régimen. “Si quisieran asesinar a Maduro con un misil, probablemente podrían, pero esto no es nuevo”.

“Tal vez los marines estén allí por si acaso. Estoy especulando, pero si el gobierno venezolano cayera y hubiera un golpe militar y necesitaran apoyo o ayuda, se podrían utilizar esos 4 000 marines que hay en los barcos”.

Si esto fuera el caso no sería la primera vez. En 1964, la administración Truman elaboró la llamada operación Brother Sam para apoyar el golpe de Estado en Brasil. Se  desplegó en el Caribe el portaaviones USS Forrestal, parte de “una fuerza naval que, sin compromiso, irá a todo vapor hacia abajo”, según comunicó al Presidente Johnson el entonces secretario de Estado, George Ball. 

“Podría ser algo por el estilo de Brother Sam”, dijo Maurer. Pero la diferencia es que no vemos indicios de un golpe militar dentro de Venezuela.” Todo lo contrario: en caso de que Maduro optara por alejarse de la presidencia, el principal candidato para sustituirlo es el militar chavista Vladimir Padrino López.

Aunque EE. UU. intentase asesinar  a Maduro y otros líderes del régimen con ataques directos al estilo israelí, el resultado probable sería un vacío de poder. “Tal vez el plan sea un ataque aéreo, crear una situación caótica y luego mandar a  los marines  a restaurar el orden, pero lo dudo; yo me  lo pensaría mucho antes de enviar marines a un país en caos.”

El empresario hispano-venezolano Juan Carlos Escotet, presidente y principal accionista de Abanca, se posicionó como poseedor de la quinta mayor fortuna de España, de acuerdo con la más reciente edición de la lista Forbes, que sitúa su patrimonio en 6.200 millones de euros.

El Nacional

La cifra supone un incremento de 2.200 millones en solo un año, equivalente a un aumento del 55% respecto a 2024, según los datos de la publicación.

Juan Carlos Escotet supera a grandes empresarios españoles

Escotet, con 86% del capital de la entidad resultante de las antiguas cajas gallegas, supera a figuras históricas del sector bancario y empresarial español. También es el principal accionista del Real Club Deportivo de La Coruña, reforzando su influencia económica y social en la región de Galicia.

Según Forbes, el patrimonio conjunto de las 100 mayores fortunas españolas alcanzó los 258.870 millones de euros, lo que representa un aumento de 7% en comparación con el año anterior.

Por encima de Escotet se ubican Rafael del Pino, presidente de Ferrovial (8.000 millones), y Juan Roig, dueño de Mercadona (7.900 millones). La esposa de Roig, Hortensia Herrero, ocupa el séptimo lugar con 4.400 millones, mientras que Sandra Ortega, hija de Amancio Ortega, es la mujer más rica de España con 10.000 millones.

El fundador de Inditex, con 109.900 millones de euros, se mantiene como el hombre más rico del país, pese a haber perdido más de 10.000 millones por la desaceleración de las ventas y el menor consumo en el primer semestre. Aun así, concentra 42,5% del total de la riqueza de las 100 mayores fortunas.

Nuevos nombres y ascensos destacados

Entre Juan Carlos Escotet y Herrero se ubica el empresario murciano Tomás Olivo, propietario de General de Galerías Comerciales, quien aumentó su patrimonio en 1.900 millones y ascendió del puesto 12 al 6.

También figuran en el top 10 María del Pino Calvo-Sotelo (4.200 millones), Miguel Fluxá de Iberostar (3.200 millones) y Florentino Pérez, presidente de ACS y del Real Madrid, con 3.100 millones.

El sector bancario continúa representado por la familia March Delgado, con patrimonios que oscilan entre los 500 y 2.000 millones de euros, mientras que en el ámbito cultural y artístico destacan Carmen Thyssen, con 1.300 millones, y Julio Iglesias, que cae al puesto 81 con 630 millones.

Entre las mayores subidas figura la del empresario catalán Jordi Rubiralta, propietario de Werfen, multinacional de instrumentos médicos, cuyo patrimonio pasó de 410 a 1.200 millones, escalando del puesto 89 al 43. Sus hermanos José Luis, Marc y Xavier Rubiralta también ingresaron al ranking, con 1.100 millones cada uno.

Un joven marroquí de 29 años con multitud de antecedentes ha sido detenido por la Policía Nacional en su vivienda de Leganés (Madrid) acusado de la violación con sumisión química de una joven venezolana de 23 años el pasado sábado. La víctima fue hallada en la calle, deambulando desorientada y desnuda, ella misma refirió a los agentes lo ocurrido y les dio la dirección del presunto violador.

Ok Diario

El suceso tuvo lugar durante la tarde del sábado alrededor de las 17:30 horas. En ese momento, la Policía Nacional recibió el aviso de que una joven deambulaba desnuda y desorientada por las calles del municipio madrileño.

La joven, venezolana de 23 años, relató a los policía que la habían drogado y violado en una vivienda cercana.

El detenido, con numerosos antecedentes

Los policías se dirigieron a toda velocidad al domicilio del presunto violador situado en la calle San Andrés de Leganés. Una vez en la vivienda, los agentes encontraron las sustancias estupefacientes que podrían haber servido para drogar a la víctima con la intención de violarla.

Los policías también encontraron en la casa de Leganés donde sucedió la violación, la ropa y los efectos personales de la joven.

Venta de droga y puñaladas

La víctima fue trasladada de inmediato al Hospital Severo Ochoa para ser reconocida, mientras el presunto autor de esta violación en Leganés fue detenido y puesto a disposición judicial.

Al detenido le constan numerosos antecedentes policiales y penales. De hecho, la vivienda en la que supuestamente se produjo la violación era conocida por funcionar como un punto de ventas de drogas. La Policía ya tuvo que intervenir en ese mismo lugar hace dos meses cuando el ahora detenido por la violación de Leganés resultó apuñalado en una reyerta de las habituales en la zona.

En un reciente artículo me referí a la racha interminable de fracasos de Nicolás Maduro al frente del Estado venezolano. Dejé sin respuesta la pregunta obligada: ¿cómo se mantiene todavía en el poder? Y es que su interminable gestión ha resultado en la devastación extendida de los medios de sustento de la población y en la destrucción del Estado, es decir, de PdVSA, la FAN, los servicios públicos y la propia administración de gobierno. Ello ha provocado su repudio masivo por la población, como quedó claramente recogido en su contundente derrota electoral, propinada el 28 de julio de 2024.

En un país normal, una ilegitimidad tan crasa como la de Maduro hubiera llevado a su reemplazo hace años, a como diera lugar. No ha ocurrido aún –se me dirá– porque preside una alianza de mafias atrincheradas en el Estado para expoliar al país, que están interesadas en que permanezca al mando. Entre éstas sobresalen las constituidas por quienes controlan los medios de violencia: el comando de la FAN y las bandas cómplices paramilitares. Aun así, queda insatisfecha la pregunta, pues incluso a las mafias les conviene tener al frente una persona más competente, capaz de ofrecerles seguridad para la prosecución de sus actividades ilícitas. A continuación, algunas explicaciones posibles.

Es menester empezar indagando por qué lo que aún queda del chavismo ha sostenido a tan mal gobernante durante tanto tiempo. Nos lleva a concluir que no les importa el deterioro del bienestar de los venezolanos a manos de Maduro. Les rueda y no es su problema. Empero, los ha conducido a una situación de vulnerabilidad extrema, poniendo en peligro la continuidad de sus “negocios”. La torpeza, incompetencia y tozudez de Maduro al robarse las elecciones los ha dejado desprovistos de toda posibilidad de juego político. Les queda solo la guerra, es decir, la represión desnuda.

Claramente, han podido haber colocado a alguien más calificado para no entregar la arena política. Jorge Rodríguez, por ejemplo, ha mostrado habilidad para desenvolverse en esos espacios, razón por la cual siempre es nombrado negociador. Tarek El Aissami, también más capaz, creyó llegar su oportunidad y tiró la parada para pertrecharse de los recursos con los que habría de afianzarse, una vez sacara a Maduro. En contraste, el taimado Diosdado, quien también tiene con qué, no se asoma. Porque está muy consciente de algo que Tarek pasó por alto: que Maduro es, en esencia, un agente cubano. Se formó políticamente en la escuela de cuadros, “Ñico López”, en La Habana. Tiene, detrás de sí, el respaldo de los mecanismos terroristas de Estado que le montó el régimen castrista con base en las experiencias legadas de la KGB y de la STASI, heredera de la Gestapo. El enamoramiento de Chávez con Fidel Castro lo llevó, moribundo, a nombrar como su sucesor, tristemente, a Maduro. Alguien que tuviese criterio y ambiciones propias, no les hubiese servido de operador a los cubanos.

Ello añade un segundo elemento para entender por qué sigue Maduro visiblemente como jefe de Estado. Es, precisamente, por su disminuida imagen de jefe capacitado y por carecer de un proyecto propio que representase un peligro para los intereses de los demás. Al mantener sus ambiciones en un bajo perfil y depender de los cubanos, los suyos lo perciben como neutro ante los conflictos que se asoman entre ellos, la oligarquía militar-civil dominante, que se disputan los expolios de la nación. Es, por tanto, un factor que ha facilitado el mantenimiento de las alianzas sobre las que descansa el régimen. Pero, ahora, la acumulación de errores lo ha convertido, más bien, en un gran problema.

Una última razón de porque a Maduro no lo han removido todavía sus propios cómplices, está en que, hasta hace poco, fungía como una especie de pararrayos que atrapaba buena parte de los reproches a la dictadura, dejando que sus socios pudiesen seguir operando a la calladita, sin atraer la atención. El problema ahora es que los fracasos y yerros reiterados de Maduro han hecho de él, actualmente, un imán para atraer condenas y críticas. Lejos de ser un escudo protector, se ha transformado en una inmensa carga. La viabilidad de su arreglo es visiblemente precaria. Ha colocado sus desmanes bajo la lupa de organismos internacionales defensores de derechos humanos y de muchos gobiernos democráticos, cerrando las posibilidades de conseguir apoyo internacional. Y, en las condiciones a que ha condenado a la economía, esta falta de apoyo augura la proximidad del colapso definitivo.

De manera que las razones que explican la monstruosa sinrazón de tener en el poder a quien ha mostrado, tozudamente, que sólo puede significar mayores fracasos, se esfumaron. La permanencia de Maduro no tiene sentido, incluso para sus cómplices, pues el buque “revolucionario” hace aguas.

Pero he aquí que la incompetencia más bien se refuerza. Ante la creciente amenaza que representa frente a Venezuela la flota naval, cada vez más pertrechada, de EE.UU., Maduro, en vez de recurrir a acciones que la aplaque –liberación de presos políticos, compromiso de cooperar con la DEA en la lucha contra el narcotráfico, restablecimiento de libertades, disposición a conversar con María Corina Machado y Edmundo González Urrutia–, ¡se atrinchera para la guerra! Responde aumentando el número de presos políticos al detener a más inocentes, atropella a la iglesia y a la feligresía que celebra la santificación de José Gregorio Hernández y de Carmen Rendiles, impidiendo el viaje a Isnotú de Monseñor Baltazar Porras, y arenga a una deslucida movilización de tropas y milicias, como si realmente estuviese en capacidad de afrontar un eventual conflicto con la armada gringa. No podía ser de otra forma, pues, sistemáticamente, él ha ensalzado y promovido a cargos de gobierno a los peores, a esbirros, corruptos y traficantes encausados por la justicia internacional. Pero claro, al auto amputarse las posibilidades de maniobrar en el terreno político con su grosero y torpe fraude electoral, cometido a la luz del día, y reprimir, luego, a quienes protestaban ese robo, ¿qué opción le queda?  Como si fuera poco, ante la descomunal subida del dólar, la consiguiente inflación y los estragos que causa en negocios y en los bolsillos de los venezolanos, ¡tiene el tupé de anunciar que la economía creció en un 6%! No hay atisbo alguno de cambio. Es que el fascismo no admite la disputa pacífica –en democracia– por el poder. Sus reflejos condicionados inhiben toda capacidad de reflexión honesta, porque lo de ellos es la conflagración final: ¡guerra a los venezolanos! Ni de vainas a los gringos.

Y es que la “estrategia” del núcleo fascista es la del avestruz. Aguantar hasta que se vaya, por su cuenta, la flota gringa. Pero, en términos racionales, luce poco probable. Difícil que Trump haya movido tan tremendo arsenal, con los costos que ello implica y desatendiendo a otras áreas del globo, sin lograr alguna “conquista” que mostrar ante su fanaticada. Las elecciones mid-term están a la vuelta de la esquina. Difícil que Marco Rubio se conforme con otra cosa que no sea la salida de Maduro y lo que ello conlleva para la longeva gerontocracia cubana y el gánster Daniel Ortega. Apocada la función contralora de la oposición demócrata en EE.UU. y achicopados los países amigos, la ocasión la pintan calva. ¿Por qué pelar ese boche? –piensa–, imaginándose las glorias por aparecer como redentor de tantos que han sido víctimas de estas crueles dictaduras. ¿Con cuál “premio” se aplacará Trump? La intervención militar será siempre la peor opción, la última, pero todo indica que no hay que descartarla.

En esta locura de la sinrazón, los grandes traidores de la patria, Maduro, Cabello y sus allegados, amenazan con quitarle la nacionalidad a quienes profesan estar de acuerdo con una intervención externa que los expulse del poder. Pero es obvio que es su traición –la de Maduro y cía– la que coloca a la patria en peligro. Quienes aún sirven de sustento a la camarilla criminal que ha destruido a la República, que tengan consciencia de la imperiosidad de abrirles las puertas a la democracia, liberando los presos políticos y entablando negociaciones para la investidura del presidente legítimo, Edmundo González Urrutia, para evitar consecuencias que nadie quiere.

Trump afirmó que Maduro tenía los días contados. ¿Habremos de creerle? ¿No será mejor cobrar los $50 millones por entregarlo a la justicia del norte?

Humberto García Larralde, economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela, humgarl@gmail.com

Los estudiantes Noel Cisneros, Katiuska Castillo, Ingrid Briceño y Marcela Hernández fueron liberados este lunes tras permanecer detenidos de forma «arbitraria» desde el viernes, tiempo durante el cual se desconoció su paradero, dijo a EFE el coordinador general de la ONG Provea, Óscar Murillo, quien advirtió que este caso «sienta un grave precedente» en el país.

El Nacional

Según varias organizaciones y familiares, el grupo fue detenido por agentes del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) el pasado viernes a las 15:45 hora local (19:45 GMT) cerca de la cárcel de Tocorón, en el estado Aragua.

Murillo señaló que «realizaban grabaciones con fines académicos frente al centro penitenciario».

El activista dijo a EFE que «esto sienta un grave precedente para todos aquellos estudiantes y productores audiovisuales que trabajan, además, con mucha necesidad para contar historias, relatos y el país».

«La detención de este grupo configura un patrón que, desde el Estado, se busca silenciar las voces críticas, las voces académicas, el arte, y todo esto termina restringiendo el libre pensamiento y el flujo de las ideas. Por eso nos parece que este caso es grave», expresó.

Además, Murillo destacó que Marcela Hernández «es representante de una organización civil que promueve la producción audiovisual de mujeres».

En la red social X, el abogado Marino Alvarado, coordinador de Exigibilidad Legal de Provea, destacó «el valor de la denuncia, de no callar ante la arbitrariedad», y el Comité por la Libertad de los Luchadores Sociales dijo que «la presión nacional e internacional logró que Noel, Ingrid, Katiuska y Marcela estén con sus familiares y amigos».

Tras la detención, cientos de personalidades, entre ellas artistas y académicos, así como organizaciones no gubernamentales y de teatro, se pronunciaron en contra de este hecho y exigieron a las autoridades «información clara y precisa» sobre la situación y paradero de los cuatro.

Por su parte, la Organización Mundial Contra la Tortura (OMCT) condenó «enérgicamente la detención arbitraria» de los cineastas y exigió «una investigación independiente, exhaustiva e imparcial sobre los hechos denunciados, con el fin de identificar a los responsables materiales e intelectuales».

Este lunes, la ONG Justicia, Encuentro y Perdón (JEP) advirtió del aumento de las detenciones en Venezuela «sin información pública suficiente» de los casos, lo que consideró como un «escenario de inseguridad jurídica y angustia prolongada» debido a esta «opacidad» y también por la «negación del acceso a asistencia legal».

El gobierno de China aseguró este martes que su cooperación con Venezuela no va dirigida contra ningún tercer país, después de que The Washington Post asegurase que Nicolás Maduro habría pedido ayuda a Rusia, China e Irán para defender el país ante las presiones de Estados Unidos.

El Nacional

“La cooperación normal de China con Venezuela constituye una cooperación entre Estados soberanos no dirigida contra ningún tercero«, expresó la portavoz de la Cancillería china, Mao Ning, en una rueda de prensa. 

Mao agregó que China apoya “el fortalecimiento» de la cooperación internacional para combatir la delincuencia transnacional y se opone al uso o la amenaza de dicha fuerza “en las relaciones internacionales».

Añadió además que su país “se opone a cualquier intento de socavar la paz y la estabilidad en América Latina y el Caribe, así como a las acciones coercitivas unilaterales contra buques de otros países que excedan los límites razonables y necesarios”.

Ante ello, expresó que el gobierno de China espera que Estados Unidos lleve a cabo “la cooperación judicial y policial habitual a través de los marcos jurídicos bilaterales y multilaterales”.

Durante las últimas semanas, Estados Unidos ha destruido una decena de lanchas y embarcaciones semisumergibles en el Caribe y en el Pacífico, cerca de las costas de Venezuela y Colombia, causando la muerte de varias personas.

Estas acciones han incrementado la tensión con ambos países y han suscitado denuncias de que Washington está realizando ejecuciones extrajudiciales.

Varias informaciones publicadas recientemente apuntan además de que Washington planea ya ataques contra objetivos en Venezuela, por lo que crece el temor a una ofensiva contra el gobierno de Maduro pese a que el propio presidente estadounidense, Donald Trump, negara este lunes esa posibilidad.

La organización Transparencia Venezuela, denunció este lunes que las criptomonedas se han convertido en el principal canal de corrupción financiera y evasión de sanciones internacionales por parte del régimen de Nicolás Maduro, involucrando a altos funcionarios, empresas privadas y bancos que operan bajo protección del chavismo.

Infobae

El informe revela que el sistema criptográfico nacional, presentado por la dictadura de Caracas como símbolo de “soberanía digital”, ha sido manipulado para desviar miles de millones de dólares en fondos públicos y blanquear activos a través de operaciones opacas y sin control.

Entre los hallazgos más destacados se señala que, entre 2017 y 2025, la dictadura chavista utilizó el criptoactivo Petro como fachada para desviar recursos y realizar ventas ilegales de petróleo con el fin de sortear las restricciones y sanciones económicas internacionales.

La llamada “trama PDVSA–Cripto”, dirigida por el ex vicepresidente y ex ministro de Petróleo Tareck El Aissami —actualmente detenido— y el ex superintendente de criptoactivos Joselit Ramírez, habría facilitado el desfalco de al menos 16.950 millones de dólares.

Este esquema se apoyó en estructuras institucionales creadas específicamente para blindar y manipular las operaciones, como la Sunacrip, la Tesorería de Criptoactivos y plataformas centralizadas de registro y minería controladas directamente por el chavismo.

El informe destaca que el Petro nunca funcionó como una criptomoneda convencional y descentralizada. Por el contrario, fue utilizado como un instrumento de control político, permitiendo a los operadores gestionar transacciones petroleras y cambiarias fuera del radar fiscal y judicial, tanto nacional como internacional.

La falta de auditoría real y la discrecionalidad en la administración del sistema facilitaron los movimientos de capital y ocultaron la procedencia y destino final de enormes sumas de dinero.

Tras el fracaso y colapso del Petro en 2024, el régimen lanzó una nueva fase basada en el uso de stablecoins como USDC y USDT, aprovechando la participación de empresas privadas con licencias estatales, como Kontigo y Crixto Pay.

Estas firmas gestionan millones de dólares en transacciones, en muchos casos sin controles efectivos de origen o verificación de identidades. La compra de stablecoins a tasa oficial y su reventa a precios de mercado paralelo ha generado un circuito de arbitraje, ganancia inmediata y capacidad de convertir activos ilícitos en divisas “legítimas”, producto de operaciones digitales con respaldo institucional.

A este sistema se suman bancos privados claves —Bancamiga, Banco Plaza, Banco Activo— que, según Transparencia Venezuela, facilitaron recargas mensuales de hasta 100.000 USDC en efectivo, sin verificación ni trazabilidad sobre los participantes en la triangulación.

El modus operandi recuerda el viejo esquema del dólar preferencial, aunque ahora repotenciado mediante tecnología blockchain y con aún menores controles regulatorios. El informe advierte que esta triangulación mantiene la lógica de opacidad: recursos estatales son canalizados a tenedores privados y se reconvierten a través de plataformas cripto que luego permiten transferencias internacionales sin supervisión.

Transparencia Venezuela afirma que, lejos de consolidar un proyecto de modernización financiera o inclusión digital, el experimento del criptoactivo ha sido un mecanismo para sostener la corrupción sistémica, esquivar sanciones y asegurar el reparto discrecional de rentas petroleras en la cúpula del régimen. A pesar de las nuevas tecnologías y la apariencia de modernidad, la estructura sigue dependiendo del control absoluto de actores próximos a Nicolás Maduro y perpetúa la impunidad de esquemas de desfalco.

El informe de la ONG concluye que la “reinvención” del sistema financiero venezolano bajo el chavismo es, en realidad, una profundización de los viejos mecanismos de saqueo, ahora camuflados detrás de plataformas digitales y criptoempresas protegidas oficialmente.

La organización exhortó a la comunidad internacional a extremar los controles y a exigir transparencia real sobre las operaciones venezolanas para evitar que las criptomonedas sigan utilizando como herramientas para proteger a las redes de corrupción y lavado de dinero en Venezuela.

La selección nacional de robótica, integrada por jóvenes del estado Zulia, se alzó una vez más con el título de Campeones Mundiales en el FIRST Global Challenge 2025, celebrado en Panamá.

El Universal

El robot DELTA: símbolo del ingenio venezolano

El protagonista de esta gesta fue DELTA, el robot diseñado y construido por los estudiantes zulianos, que se impuso con brillantez en las exigentes pruebas de ingeniería, precisión y trabajo en equipo del certamen.

Más que un conjunto de metal y circuitos, DELTA representa la creatividad, la pasión y el espíritu colaborativo de la juventud.

Su ingenio, dedicación y espíritu de colaboración han hecho historia. ¡Estamos inmensamente orgullosos de ustedes!», expresaron los voceros del equipo a través de sus redes sociales tras conocerse la victoria.

El triunfo en Panamá marca un histórico bicampeonato para Venezuela, luego de haber obtenido el título mundial en Singapur 2023 con su anterior robot, SIKI.

Habrán transcurrido 30 años hasta 2029, apenas faltará un lustro y todavía resta sin una respuesta seria, objetiva, serena, desprejuiciada, ajena a la generosidad de los odios de trincheras que ardieran al término de la república civil de partidos, que explique de manera satisfactoria cómo una de las más afirmadas democracias del hemisferio –la venezolana– pudo derivar no en una dictadura o dictablanda sino en la destrucción cabal de la república y la pulverización de su nación en cierne.

Dos volúmenes en edición, Memorias de Venezuela (I-II), reunirán algunos pocos de los centenares de ensayos y artículos escritos a partir de 1999 por Allan R. Brewer Carías y quien suscribe, buena parte vertidos en distintos libros nuestros, para ofrecer unos primeros elementos del análisis reposado sobre esta cuestión vertebral. 

A la historia no le servirá lo panfletario, pues sólo satisface animosidades de coyuntura, sobre todo la de quienes habiendo elegido democráticamente el camino del desierto transitado por todos y en espera de una tierra prometida que aún no llega –sosteniendo, sí, la fe y la voluntad para ello– cedemos a la fácil tentación de buscar culpables, los de ayer y los de hoy, tras cada pérdida de rumbo. Es eso, justamente, lo que retarda nuestra madurez como nación en permanente elaboración de su ser siempre inacabado, al punto que, habiendo alcanzado el bien de la modernidad material y educativa durante la segunda mitad de nuestro siglo XX, pudo cautivarla otro hombre a caballo. La regresaron, él y sus causahabientes, a los momentos más aciagos del siglo XIX. 

Lo decía Jorge Olavarría, quien después de acompañar en sus primeros días a Hugo Chávez Frías, corajudo y ante la naciente Asamblea Nacional de una república mutada en bolivariana, creada por éste –léase, acendradamente presidencialista, vitalicia, militarista, protectora de un pueblo impreparado para la libertad según lo predicaba el Libertador– denunció en su presencia la desviación del camino que nos merecíamos los venezolanos ya en las puertas del siglo XXI.

Las simplificaciones, reitero, son inútiles. Ni siquiera sirven para el frívolo  o malévolo desahogo de las sordas tertulias de redes; como aquella que le endilgaban los partidos al presidente Carlos Andrés Pérez una vez como se casa, sin miramientos, con el Consenso de Washington, a fin de provocar un parto económico y social mediante un “fórceps”; o la que fuese su revelación  auténtica, constante sus “memorias proscritas”: “Cuando se iniciaron las investigaciones sobre los implicados en el golpe [del 4 de febrero de 1992], cada uno de los jefes de las distintas fuerzas tenía un criterio distinto sobre las sanciones”, afirma. Muestra el rompecabezas de una institución que se creyó la dueña de la república tras la guerra de Independencia y superada la Guerra Federal hasta 1959, y que no logra ensamblarlo. 

Al efecto, según CAP y dado ello, “en lugar de abrirles juicio a los oficiales implicados en la intentona golpista [frisaban 650 entre oficiales y suboficiales], optamos por cernir, depurar, ir a los verdaderos responsables, que no significaba dejar sin aclarar las cosas”. No abrir los juicios –hoy lo revelo, tal como me lo confesara personalmente el presidente Pérez– no abriría luz sobre las causas profundas; si bien no contuvo, como afectado directo, su indignación: ¡A Uslar Pietri me provoca llevarlo a juicio militar!  Y no lo hizo, más allá de sus expresiones coloquiales posteriores para hacer arder el debate político, pues como hombre de Estado ello no le daba una respuesta a lo esencial. La pregunta que hemos de respondernos los venezolanos, de conjunto: ¿Cómo y porqué una nación y una república tan pretenciosamente moderna y democrática puede desaparecer? Es como si nos la hubiésemos bebido en un instante de delirio, como quien se engulle una botella de licor que no se puede reponer. 

Aclara lo circunstancial histórico, lo manifestado por el presidente Rafael Caldera en su primer mensaje al Congreso de 1995, en línea con la política de perdones decidida por CAP y acompañada por todo el país político, partidos y candidatos presidenciales, que se ha olvidado de mala fe: “Con pleno respaldo del Alto Mando que designé, me propuse remediar los traumas causados por los intentos de sublevación del 4 de febrero y del 27 de noviembre de 1992”, asevera. Luego discierne sobre el trato diferenciado que aplicó y le servía para contener y evaluar una crisis agonal o terminal en el seno de la república, evitando otro golpe posible, como lo previene Ramón J. Velásquez: “Muchos se reincorporaron a la actividad [militar] mediante una etapa de transición, indispensable para restablecer los vínculos de compañerismo que se habían quebrantado a causa de lo ocurrido”. A los otros, a los jefes, “no se consideró conveniente que lo hicieran –se les dio de baja– por haber tomado una declarada actividad política, incompatible con el apartidismo de las Fuerzas Armadas”, agrega el gobernante.

Que hubiese desunión y luego unión militar durante tal elipse importará analizarlo, pero tampoco ofrece la respuesta que importa y habrá de ser de fondo, pues será la prueba de fuego de nuestra madurez como nación. La saña cainita que absuelve o condena a Pérez o que condena, sin más, a Caldera, es sólo saña, alimentada, sí, por quienes le dieron soporte mediático y financiero al candidato Chávez, en 1998, acompañados por la embajada norteamericana. 

Distinta fue la circunstancia de José María Vargas, preocupado por la cuestión de la impunidad en una república por hacerse y sin nación, mientras que el general José Antonio Páez, que le salva tras la Revolución de las Reformas que lo tumba y le repone en el ejercicio del poder, optó por perdonar a los alzados. Se hacían llamar a sí bolivarianos y eran partes del Ejército Libertador. Quedaron fuera de la organización de la Primera República de Venezuela. Fue el primer tramo de nuestro recorrido republicano que se sostuvo, mediante equilibrios críticos forjados por el propio Páez, pero que al final decantan en la Guerra Federal. Muere allí el 30% de nuestra población.

No hay república ni democracia sin nación

Lo de destacar, aquí sí, es que el Estado venezolano emerge primero, en 1830, sin precederle la nación como su contenido. Simón Bolívar la denuesta y desconoce desde Cartagena en 1812. Mas en sus guerras por la independencia –que no por la libertad– otro 30% de la población desaparece. El anhelo o la apuesta de tal Estado y nuestros gobiernos sucesivos para subsistir fue la inmigración, en sus inicios la canaria. Y el dato relevante es que, dominando al ser del venezolano un no-ser todavía o cultor del presente, como nación logra Venezuela amalgamarse paulatinamente – en un esfuerzo de sincretismo con los migrantes europeos durante la primera mitad del siglo XX. Pero existe, sí, originariamente, sólo a partir de los cuarteles. Y es lo que nos ha dejado una huella controversial, a la hora de resolver sobre las cuestiones de la paz y la estabilidad de la república hasta la actualidad.

Durante la segunda mitad de dicho siglo adquiere texturas la nación, sin ser acabada, evolucionando hacia su modernización plena, pero tamizada ahora por el odre de los partidos de la llamada república civil que concluye en 1998. Daba muestras de agotamiento, insisto y he aquí el primer elemento de juicio que será indispensable tener a mano, a partir de 1989, casualmente en coincidencia con el final del comunismo y el declive de Occidente. Los sistemas de partido desaparecen y declinan, se hacen líquidos en muchos países, no sólo en Venezuela. Chávez no es el autor.

No podemos obviar lo propio, pues, incluso manteniendo la simbiosis con ese ecosistema global emergente tras el final de la guerra fría. Me refiero, como primer hito, al voto mayoritario depositado por los venezolanos en 1998, sin reparar efectivamente en la naturaleza militar del escogido. Entonces, incluso modernizados, seguimos ocupando las butacas del teatro de la república y de la democracia. Esperábamos, como en el siglo XIX, que se subiesen a la escena actores que siempre aciertan o yerran y ante quien nos limitamos sea tirándoles tomates, o aplaudiéndoles sin discernimiento. Juan Vicente Gómez, así, escogió por nosotros al actor del momento, a Eleazar López Contreras, bajo su dictadura. Y en democracia, seguimos creyendo que el caudillo es el culpable de haber mal escogido al nuevo actor de reparto o haberlo puesto bajo nuestra mirada.

¿Es esa la nación que aún no somos y a la que aspiramos, pues no-ser nos resulta más cómodo? ¿Puede sobrevivir de tal modo la democracia como experiencia de vida o estado del espíritu en cada ciudadano que sólo sabe medrar, pendiente del padre bueno y fuerte, del traficante de ilusiones, del hombre a caballo que estimule nuestros sentidos, enajene nuestra razón, y nos alimente de mitos?  

La república era un rompecabezas desde 1989, la civil y democrática, y después de 1999, tras el pecado original de la Constitución dictada por el propio Chávez, concluyó su camino hacia el cementerio. Y quienes ahora, en el presente, hacen de oficiantes de las franquicias de esa república, no pasan de ser fantasmas atrapados por el pasado y malos remedos del narcisismo.

¿Y qué de la nación?, hemos de repreguntárnoslo. Enhorabuena parece haber despertado tras las elecciones primarias de 2023 y las presidenciales de 2024. Parece haber entendido lo que no entienden los sobrevivientes de la república virtual que es Venezuela. La democracia no podrá ser más una ingeniería de poder y para su conquista, sino la voluntad activa de la gente decidiendo por vez primera sobre su porvenir y asumiendo la directa responsabilidad por acción u omisión; dejándose acompañar por quienes entiendan cabalmente ese mandato, como María Corina Machado y Edmundo González Urrutia. No son éstos la encarnación de la nación, sino sus intérpretes legítimos, nuestros abogados. Y son los que hemos seleccionado, bajo nuestra responsabilidad.   

La diáspora, que otra vez le arranca su costado a la nación en la hora nona de su presumida madurez – cuando deja las casas y se va a la calle – frisando otro 30% de pérdida en su difuminación hacia el planeta, está haciendo sentir su excelencia donde la reciben y es sensible al familiar o compatriota que resta como igual víctima dentro de la Casa Común. Será nuestra próxima inmigración.

Que haya aparecido una mácula, deriva o excrecencia, es lo que hemos de analizar, justamente, sin simplificaciones. Y sobre las razones que nos den razón de ese por qué, de esa fractura ocurrida, no dejamos de reparar –es nuestra perspectiva– en que si bien la generación democrática (1958-1998) conoció el don de la libertad y la modernización, culturalmente –como en la persecución de las sombras, diría nuestro más emblemático ilustrado José Rodríguez Iturbe– hemos quedado como presas, los venezolanos, de nuestras taras históricas y sin solución de continuidad: el mito de el Dorado, la constante evocación y en cada crisis del padre bueno y fuerte de estirpe bolivariana, el césar o gendarme necesario, y el complejo adánico o el mito de Sísifo: como vaya viniendo, iremos viendo. Gozamos de la democracia, ciertamente, pero, vuelvo a macharlo, nos la bebimos.

Importará, aquí sí, recrear el tiempo inaugural de la llamada revolución bolivariana –ante la cual muy pocos permanecieron alertas, pues incluso desde el extranjero se tachaba de alarmista al que no le diese el beneficio de la duda– sobre todo para orientar, a quienes tengan la grave responsabilidad de reunir a la nación reconciliándola y de incidir sobre las políticas públicas pertinentes al desafío. Leer esa génesis, entenderla más allá de las trincheras y los reduccionismos, puede servirnos para conjurar o reducir los equívocos inevitables en toda empresa humana, y para reparar los daños –memoria, verdad y justicia– y asimismo para que seamos útiles, tras nuestra reconstrucción, a otras naciones que se vean amenazadas por el cáncer político del siglo XXI que hemos padecido. Los venezolanos, en efecto, venimos del futuro.

Asdrúbal Aguiar

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