Armando Esteban Quito

El presidente de Colombia, Gustavo Petro, ha agitado a sus bases y ha llamado a los suyos a ocupar las calles frente a las amenazas de Estados Unidos. Al otro lado de la frontera, en Venezuela, el contraste resulta llamativo. Tras el bombardeo estadounidense y la captura de Nicolás Maduro, la reacción popular apenas asoma. Mucho menos la espontánea. Ni siquiera las movilizaciones organizadas por el oficialismo, sustentadas gracias a los más de dos millones de funcionarios públicos, logran despegar. Hay actos y concentraciones —cientos, algunos miles—, pero están muy lejos no solo de las mareas humanas que en su día acompañaban a Hugo Chávez, sino de las convocatorias más modestas que recientemente el propio Maduro logró reunir hace unas semanas para plantar cara a Donald Trump.

Por: María Martín y Florantonia Singer – El País

La movilización, durante dos décadas, el corazón del poder chavista, hoy apenas late. Hay llamamientos, pero no arrastran multitudes. La calle aparece vigilada, cansada, contenida. El aparato sigue funcionando, el músculo está ahí, disciplinado y disponible, pero la masa social que sostuvo al chavismo ya no responde. Ni siquiera ahora, cuando el conflicto toca el nervio fundacional de ese proyecto político: la confrontación con Estados Unidos. “En otras épocas, un episodio así habría activado de forma casi automática el sentimiento antiestadounidense que funcionó durante años como aglutinante”, señala Pedro Benítez, analista y columnista de ALnavío. “Lo que vemos hoy es el resultado de un vaciamiento paulatino de la calle que lleva ocurriendo en los últimos 25 años”, añade una investigadora universitaria que pide anonimato por temor a represalias.

Rafael Bravo, comunicador popular de 61 años y vecino de Caracas, es uno de los fieles del régimen. Bravo espera que Maduro y su esposa, Cilia Flores, regresen al país y cree que las acusaciones en su contra forman parte de la narrativa de Estados Unidos contra el chavismo. Pero reconoce que el pulso pierde fuerza pese a la maquinaria del Gobierno para movilizar militantes y consejos comunales. “Hay gente que rechaza esto y se queda en casa. Después de 26 años, la dinámica política ha perdido velocidad”, dice el activista, que se define de izquierda, crítico y a la vez partidario del Gobierno. “El Gobierno todavía tiene apoyo, pero el chavismo no es Maduro y Cilia. Hay un pueblo chavista y, aunque se lleven a cinco o a diez, siempre va a existir”.

En Catia, el barrio donde Bravo se mueve, el vecindario quedó en silencio las primeras horas tras el ataque en la madrugada del sábado, un silencio que solo había visto en otros momentos de crisis como el golpe de Estado de 2002 contra Hugo Chávez. “Esa noche, unas vecinas me dijeron que querían que se fuera Maduro, pero no así, y que no estaban de acuerdo con que un país interviniera Venezuela”, cuenta. El impacto del bombardeo también ha sembrado dudas. “Por la información que daba el propio Maduro, se suponía que estábamos preparados militarmente”, añade. El analista Pedro Benítez coincide en que aún hay demasiadas incógnitas sobre lo ocurrido el 3 de enero. “En otro contexto, esto habría generado respaldo masivo. Hoy ocurre lo contrario: el rechazo es amplio, sobre todo entre los sectores más pobres, que son los que más han sufrido”.

Durante años, el chavismo respondió a cada crisis llenando la calle. Tras la muerte de Chávez, en 2013, las concentraciones sirvieron para blindar la continuidad del proyecto. No perder la calle era una obsesión y la movilización permanente, una seña de identidad. Cuando todo empezaba a fallar, la calle sostenía. “Hoy, en la práctica, el chavismo cuenta casi exclusivamente con el sector público. Pero ni siquiera ahí hay lealtad”, explica la investigadora, que pide anonimato. “Si no hay presión, no hay movilización. Y aun con presión, ya no se alcanzan los niveles de antes. Para movilizar no basta con obligar: hace falta compromiso, y eso ya no está”.

Las últimas manifestaciones verdaderamente masivas se produjeron tras las elecciones de julio de 2024, cuando Maduro se proclamó vencedor, pese a que las actas mostraban una arrolladora mayoría de Edmundo González. Fueron reprimidas con dureza. “Fueron las mayores movilizaciones autoconvocadas desde 1989”, recuerda Benítez. “Y, a diferencia de otros ciclos, fueron protagonizadas por sectores populares, con jóvenes pobres a la cabeza”. Aquel episodio marcó, a su juicio, la ruptura definitiva entre el chavismo y el sentimiento popular. Desde entonces, las movilizaciones han cambiado de rostro: presencia masiva de funcionarios, civiles armados y militares. “El chavismo se convirtió en una maquinaria de control y represión que terminó actuando contra los mismos a los que prometió redimir”, resume Benítez. “Perdieron el pueblo”.

Ahora, el chavismo intenta amplificar con propaganda la condena a los ataques y la captura de la pareja presidencial. Maduro y Cilia Flores empiezan a formar parte de un nuevo relato épico de resistencia. Circulan animaciones generadas con inteligencia artificial que reproducen la voz de Maduro declarándose “prisionero de guerra” ante un tribunal de Nueva York, y a Flores se la compara en marchas con heroínas históricas venezolanas.

Pero las movilizaciones siguen dependiendo del aparato del partido y de la administración de beneficios —comida subsidiada, gas doméstico, bonos— para garantizar asistencia. Este miércoles, las comunas llegaron por goteo al centro de Caracas y marcharon apenas unos metros alrededor del Palacio de Miraflores. “Así es como se demuestra quién tiene la calle en el país”, arengó Nahum Fernández, el jefe de movilización del oficialista PSUV durante la concentración. “Aquí no hay duda, aquí debe haber unidad revolucionaria y movilización”, siguió. Micrófono en mano, Fernández llegó a asegurar que en Estados Unidos están sorprendidos con la gran movilización de los venezolanos en las calles.

Durante un cuarto de siglo, la frase «rodilla en tierra» simbolizó para el chavismo la lealtad inquebrantable a la revolución y la resistencia ante el «imperialismo». Sin embargo, en las últimas 96 horas, el significado de esa consigna ha sufrido un giro histórico y dramático.

La Patilla

Tras la operación militar estadounidense del 3 de enero que extrajo a Nicolás Maduro del poder, la estructura restante del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) no ha tenido otra opción que someterse, literal y financieramente, a los designios de Donald Trump para asegurar su propia supervivencia política y física. Esta capitulación se ha gestado simultáneamente en los frentes militar, económico y político, desmontando en tiempo récord la narrativa de soberanía que sostuvo al régimen durante décadas.

La madrugada del 3 de enero destruyó el mito de la inexpugnabilidad de la alianza cívico-militar. El saldo de 77 fallecidos, entre los que se cuentan 32 oficiales cubanos de élite y miembros de la Guardia de Honor, demostró que la capacidad de respuesta ante el Departamento de Guerra de EEUU era prácticamente nula. Con Maduro recluido en una celda en Nueva York y el alto mando de inteligencia cubano neutralizado, la amenaza real de Washington surtió un efecto inmediato sobre los sobrevivientes.

La revelación de que Diosdado Cabello recibió un ultimátum directo para cooperar o convertirse en objetivo militar contrasta radicalmente con su retórica de diciembre. El hombre que controla el aparato represivo no activó la prometida «guerra popular prolongada»; por el contrario, optó por alinearse con la transición gestionada por Delcy Rodríguez bajo la presión de una fuerza superior.

Pero la rendición más evidente y profunda se ha materializado en el plano económico. Hace apenas unas semanas, la cúpula chavista juraba que «ni una gota de petróleo» iría a Estados Unidos en caso de agresión. Hoy, esa promesa ha quedado anulada por un acuerdo que funciona, en la práctica, como un tratado de rendición comercial.

Venezuela no solo ha accedido a entregar entre 30 y 50 millones de barriles de crudo de inmediato, sino que ha aceptado la pérdida total de su autonomía financiera, dado que los ingresos no entrarán a las arcas del Banco Central, sino a cuentas controladas discrecionalmente por Donald Trump. A esto se suma la dependencia técnica admitida al aceptar la importación de diluyentes estadounidenses, reconociendo la incapacidad de Pdvsa para operar por sí sola sin los insumos del norte.

El golpe final a la soberanía lo asestó el propio Trump este miércoles, al anunciar que los fondos liberados por el petróleo tendrán un uso restringido y exclusivo: la compra de productos «Made in USA». El chavismo, que durante años buscó la independencia tecnológica y comercial triangulando con China, Rusia e Irán, ha firmado un acuerdo que convierte a Venezuela en un mercado cautivo para la agricultura y la industria estadounidense.

Políticamente, el nuevo mandato interino de Delcy Rodríguez ha tenido que realizar complejos malabares discursivos para digerir esta nueva realidad. Mientras en los actos públicos con el Gran Polo Patriótico denuncian el «secuestro» de Maduro y Cilia Flores para mantener cohesionada a su base radical, en los despachos gubernamentales ejecutan las directrices de Marco Rubio. La «instrucción de desmantelarse a sí mismo», como describió María Corina Machado al proceso actual, se está cumpliendo rigurosamente. La dirigencia ha optado por sacrificar a su líder máximo y sus principios fundacionales a cambio de evitar ser barridos por una intervención total.

Al cierre de este 7 de enero, la «Revolución Bolivariana» como proyecto geopolítico antagónico a Washington ha dejado de existir en la práctica. Lo que queda en el Palacio de Miraflores es una administración «interina» que, bajo el eufemismo de unas «relaciones comerciales pragmáticas», ha puesto rodilla en tierra ante la Casa Blanca, aceptando condiciones de tutela que en cualquier otro momento de su historia habrían sido calificadas como alta traición.

En el verano de 2025, el ejército estadounidense realizó un ejercicio demostrativo en Fort Bragg, observado por Donald Trump, simulando una redada para capturar al presidente de Venezuela, Maduro.

Durante el ejercicio, dos helicópteros MH-47G, protegidos por helicópteros artillados AH-64 Apache, insertaron fuerzas especiales en una azotea defendida, mientras que un equipo de fuerzas especiales terrestres proporcionó apoyo utilizando vehículos GMV adaptados de HMMWV.

El paso de los días ha dejado más claro que Donald Trump apostó por usar la devastación institucional que el régimen chavista procuró en Venezuela a lo largo de 27 años para convertir a sus protagonistas en los ejecutantes de la traición al dictador Nicolás Maduro, la inmovilidad de la Fuerza Armada y el rol de nuevos tutelados del imperio, so pena de ejecutar nuevas acciones de fuerza. Aunque pague decenas de artículos a diario en prensa internacional tratando de lavar su imagen como falsa moderada, es un hecho que Delcy Rodríguez es ahora la cachorra del imperio, que no tiene capacidad para tomar mejores decisiones y por eso hasta ahora solo ha mantenido el aparato represivo y la censura contra los venezolanos mientras demanda más propaganda para fingirse fuerte, leal, indignada y ahora creyente, porque esta comunista invocó a Dios como el único que decide su destino. Pero sabe que es Trump.

El juicio

Nicolás Maduro y Cilia Flores fueron presentados el lunes en un tribunal de Nueva York. Mark Edward Donnelly, experto en delitos fiscales, representa a Cilia Flores, mientras que Barry J. Pollack, experto en litigios de asuntos financieros complejos, representa a Maduro. Ambos se declararon no culpables. Ja. El mundo libre sigue enfocado en cómo su captura constituye una violación grave al derecho internacional. Lo importante es que para la justicia norteamericana esa forma de captura no invalida el juicio. Así que todo sigue en marcha. La próxima audiencia será el 17 de marzo. Un dato clave: en la nueva acusación del Departamento de Justicia se eliminaron gran parte de las alusiones al Cártel de los Soles, que pasa a ser interpretado como un sistema clientelar que “participa, perpetúa y protege” una cultura de corrupción que se enriquece con el narcotráfico. Eso no significa que no exista el cártel, sino que la estrategia jurídica se limita a demostrar crímenes concretos para ser más eficientes.

¿Qué no ha hecho el chavismo 4 días después?

No ha explicado por qué:

  • La Fuerza Armada no respondió a la operación militar. El responsable del Ministerio de Defensa tendría que haber sido destituido, pero Delcy Eloína lo ratificó. Por lo tanto sus fallas de seguridad y defensa fueron una decisión.
  • No han condenado institucionalmente la acción militar ni han creado una comisión para investigarla. Tampoco han declarado a EE. UU. como un Estado enemigo. Por el contrario, dicen que van a cooperar.
  • No han publicado un parte de los daños materiales que dejó la operación ni de los fallecidos locales (las listas se han ido creando con declaraciones de diversas fuentes), pero sí rindieron honores a los cubanos, admitiendo así la injerencia extranjera y la violación a la soberanía que Cuba ha mantenido en Venezuela por décadas. También decretaron duelo nacional por los caídos, pero sin darles identidad.
  • Decretó el Estado de Conmoción Exterior, que no supone responder bélicamente a EE. UU. sino seguir violando los DDHH de los venezolanos, que siguen bajo un régimen de terror.

Entonces, ¿qué ha hecho el chavismo estos 4 días?

Dejar que Donald Trump divulgue a cuentagotas los detalles del acuerdo que pactaron. Trump ya confirmó que no habrá elecciones en Venezuela en 30 días y que su Administración tutelará este país mientras “reconstruye el sector petrolero”, para lo que estima unos 18 meses. Aseguró que durante ese tiempo un grupo de sus asesores de Seguridad Nacional coordinarán la gestión venezolana. Además, le exigió a Delcy Eloína que termine las relaciones con China, Rusia, Irán y Cuba antes de extraer y comercializar nuestro petróleo, añadiendo que “Venezuela entregará hasta 50 millones de barriles de petróleo a EE. UU.” para administrarlo y venderlo a precio de mercado. También le advirtió a Diosdado Cabello que será capturado como Nicolás Maduro, si no facilita la gobernabilidad de su cachorra.

Lo que no va a pasar por ahora

EE. UU. optó por sacar de la ecuación nuestro mayor logro cívico reciente: que un perfecto desconocido ganara por 40 puntos de ventaja la elección presidencial de 2024, solo porque le impidieron a María Corina Machado participar. Nos toca admitir que es sumamente complejo lograr una transición de esta dictadura tan corrupta y agresiva a una democracia, que nos llevará más tiempo, pero con la certeza de que los incentivos que hoy mueven a Delcy y al chavismo restante son tan agresivos como ellos. La apuesta es que el andamiaje represivo que sostiene a esta manga de corruptos colapse a fuerza de sus propios miedos, ambiciones y necesidades de supervivencia. Sin la venta irregular de petróleo cuyos réditos jamás ingresaron al erario público y sin sus negocios ilícitos (narcotráfico, armas, identidad para grupos terroristas o paramilitares, etc.), hay menos flujo de caja para mantener cohesionado al andamiaje represivo y es probable que eso genere más fracturas. Para los venezolanos es imperativo que así ocurra.

No estábamos preparados para

Es incómodo el tratamiento que se le ha dado tanto a la líder como al presidente electo. Es un espanto procesar las declaraciones de Trump. Es un fastidio lidiar con los venezolanólogos, pero esta es una operación gradual, acumulativa y cundida de incomodidades para un pueblo al que le han arrebatado todo vestigio de dignidad. El chavismo no tiene escrúpulos, y aprendió a engrosar esa posibilidad cometiendo crímenes graves bajo el amparo de su propia impunidad. Cada vez que leas a alguien halagar sus habilidades políticas, envíale con cortesía (y con esto no ironizo), algún dato de los muchos informes sobre las violaciones a nuestros derechos humanos y los crímenes de lesa humanidad que han cometido: no son unos grandes políticos, son personas capaces de reacomodarse con tal de preservar su cuota de poder, pero esa cuota puede tener ahora una fecha de vencimiento.

Guardar silencio

En Venezuela estamos imposibilitados de expresar nuestra opinión, de mantenernos informados (esto solo ocurre por redes sociales y personales), de rechazar los roles que se repartió el chavismo restante, porque este es un régimen autoritario y violento. Amén del miedo estructural al aparato represivo, la prudencia a manifestarnos ante los cambios es de los aprendizajes sociales más rudos que hemos asimilado entre inocentes muertos, heridos, arrestados, desaparecidos y torturados. Por supuesto que esperamos ver cristalizados los cambios que necesitamos, pero toca lidiar con la propaganda que paga el chavismo, los lobbies petroleros y los normalizadores de la dictadura, ahora rendidos ante las supuestas bondades de la cachorra del imperio, y un escepticismo totalmente razonable, habida cuenta la cantidad de decepciones que hemos acumulado durante todos estos años.

Mantengámonos comunicados

El chavismo, ahora con Delcy al frente, no ha cesado su represión contra ciudadanos y periodistas. Está usando a delincuentes parapoliciales (llamados “colectivos”) para amedrentar a la población, revisar los teléfonos celulares para verificar si tienes algún mensaje contra el chavismo o favor de la operación de EE. UU., mientras ellos mantienen su acuerdo de gobernabilidad con Trump. Así de contradictorios son. A los ciudadanos nos toca insistir en la necesaria liberación de todos los presos políticos, el desmantelamiento del aparato represor del chavismo, el cierre de los centros de tortura (incluyendo los clandestinos), el fin de la censura a los medios y el retorno de los partidos democráticos a sus verdaderos operadores. Necesitamos, seguimos necesitando, un gobierno legítimo que nazca de la voluntad popular.

Naky Soto
@Naky
Zaperoqueando

Los análisis que puedan hacerse ahora mismo sobre Venezuela son muy arriesgados, no en vano se trata de una situación en proceso, con todas las incertidumbres desatadas. Quizás lo más incierto es justamente lo que debería ser más nítido: el plan estratégico que tiene la Casa Blanca para el post Maduro. ¿Será un plan en dos fases, primero con Delcy en el poder, para contener el caos, y después preparar un nuevo proceso electoral? ¿O se mantendrá el chavismo durante tiempo, pactando aspectos clave? Por ejemplo: en lo económico, la cuestión energética (que ya está en proceso acelerado); en lo social, el freno a la represión y la salida de prisioneros (Trump ya promete cerrar el Helicoide); en lo político, la apertura al poder de sectores de la oposición; en lo internacional, la ruptura de alianzas con Irán y el alejamiento de Rusia y China. ¿Tendrá un papel clave María Corina Machado, una vez superado el caos inicial, o Trump prefiere postergarla ile tempore? De hecho, todo es posible, incluso una combinación de esas opciones, además de considerar que cualquier sector de la línea dura -militar, político, criminal-, puede añadir el factor violento. Ciertamente, lo único seguro en este momento en Venezuela, es que nada puede darse por seguro.

Por: Pilar Rahola – Infobae

Mientras los acontecimientos van dando forma a la situación en Caracas, a once mil quilómetros de distancia se vislumbra en Teheran la esperanza de otro gran momentum de la historia del siglo XXI: el final del régimen de los ayatollahs, que desde 1979 gobierna Irán, y es el factor desestabilizador de todo Oriente Medio. Es cierto que los sensores nos avisan de seísmos sociales importantes, pero el realismo aplaca al optimismo precipitado: la posibilidad de un Big One que haga caer a Khamenei rápidamente es, de momento, una quimera. El suelo del régimen tiembla, pero aún está muy lejos de hundirse.

De momento, lo que se sabe, y lo que se intuye pero, por imprevisible, desbarata cualquier pronóstico. Se sabe que el 28 de diciembre, después del desplome del rial, que alcanzó los 1.470.000 millones por dólar, con una depreciación de 20,29% respecto a diciembre y un 81% en comparación a 2025. Esa cifra fue el detonante que motivó a los comerciantes del Gran Bazar del distrito de Felestin a bajar sus persianas. Castigados por una inflación que llega al 42.5%, con un pronóstico de reducción del 2,8% del PIB y con la eliminación de los subsidios de combustibles, solo faltaba el golpe de la caída del ríal para unos negocios que dependen de las importaciones y del tipo de cambio. Y ello en un país que sufre una grave escasez de agua y una seria crisis energética.

La protesta de los comerciantes derivó rápidamente en una concentración con consignas contra Khamenei y a favor de la restauración de los Pahlavi, y muy pronto se propagó a otros centros, como el mercado de Electrodomésticos de Amin Hozour. En los días siguientes, los centros comerciales de otras ciudades como Isfahan, Fasa o Yazd, replicaron la acción, y para entonces, las protestas de los comerciantes ya se habían convertido en un catalizador que unificaba a estudiantes, grupos civiles y trabajadores. En once días de disturbios, según el Institute for the Study of War (ISW) se han producido 400 protestas en la mayoría de las 31 provincias de Irán, convirtiéndose en las más grandes contra el régimen desde la muerte de Mahsa Amini en 2022. Con la orden de Khamenei lanzada desde X -“los alborotadores deben ser puestos en su lugar»-, el régimen desplegó rápidamente su fuerza paramilitar Bassij, formada por voluntarios que visten de paisano, no llevan placa, ni uniforme, e irrumpen en las manifestaciones en moto o a pie, armados con palos, porras, material antidisturbios e, incluso, armas de fuego real. Igual que en las protestas de 2022, han sido los verdugos de los manifestantes, y el balance de víctimas, a día de hoy, es de 36 muertos, entre ellos cuatro niños, y más de 1.200 detenidos, cuyo destino se desconoce. En la provincia rural de Ilam, hogar de los kurdos en la frontera con Iraq, llegaron a asaltar violentamente un hospital buscando manifestantes heridos.

Si esos son los datos al momento, lo que pueda pasar a partir de ahora es imprevisible, sobre todo por el factor Venezuela, que interactúa al otro lado del Atlántico. Cabe recordar que desde la reunión de la OPEP del año 2.000 en que Chávez y Ahmadinejad comenzaron a tejer su relación política, Venezuela se convirtió en el aliado más importante del hemisferio occidental. Ambos países contenían grandes reservas de petróleo y riqueza de minería, y ambos coincidían en su posición beligerante respecto a Estados Unidos. La complicidad política entre Caracas y Teherán se concretaría en decenas de acuerdos bilaterales, incluyendo acuerdos militares sensibles, y el establecimiento de un pacto para que Irán reparara las refinerías venezolanas durante décadas. Además, Irán entregó petroleros para ayudar a transportar petróleo venezolano, al tiempo que Venezuela abría la puerta de América del Sur, vía pasaportes, a la penetración de la guardia revolucionaria y las fuerzas Qud, que consolidaron las bases de Hezbollah en la triple frontera. Incluso había un plan iraní para construir una línea de tren para el metro de Caracas.

Son esas dos décadas de relación estrechas entre el régimen bolivariano y el de los ayatollahs, las que ahora permiten imaginar que la caída de Maduro puede acelerar la caída de Khamenei. De hecho, el Timespublicó hace poco que Khamenei podría tener un plan de escape hacia Moscú, emulando la huída de Assad, si el ejército mostrara indicios de flaqueza. Se sabe que controla los activos del Setad, una organización que, según Reuters, sumaba en 2013 unos activos de 95.000 millones de dólares. Además, las amenazas de Trump son explícitas: “Si comienzan a matar gente como lo han hecho en el pasado, creo que los Estados Unidos los van a golpear muy duramente”, dijo el lunes a bordo del Air Force One. Lo cual, en el idioma de Washington, significa que se preparan las bases políticas para una eventual acción militar, en elocuente reververación de lo que ha pasado en Venezuela. Además, Trump ha rechazado la propuesta de reanudar el dialogo presentada por Steve Witkoff y avalada por Arabia Saudita y Omán, y ha sido la posición más dura de Marco Rubio la que se ha impuesto. Con todo, es prematuro considerar que el régimen esté a las puertas de una Venezuela bis, porque tanto su poderío militar, como su posición estratégica convierten Irán en un campo minado para cualquier operación invasiva.

En todo caso, es evidente que el régimen de Irán está en su momento más crítico, porque a la crisis económica y a la revuelta de la calle, se suma el dominio militar de Israel en la región -confirmado después de los ataques a las nucleares- y la explícita amenaza americana, en una presión interior que se agudiza con la presión exterior. Los ayatollahs nunca estuvieron tan débiles, aunque en la debilidad pueden ser especialmente crueles. Pero prever la posibilidad de que caiga el régimen que instauró Jomenei en 1979 está dentro de los márgenes realistas, aunque los tiempos son imprevisibles. Los ayatollahs y los bolivarianos, dos regímenes corruptos, represivos y criminales que han perpetrado sus tropelías al unísono, y pueden caer al mismo tiempo. El destino siempre tiende a la ironía.

El presidente Gustavo Petro, desde la plaza de Bolívar de Bogotá, se refirió a la conversación que tuvo con el jefe de Estado de Estados Unidos, Donald Trump, en medio de tensiones que parecieron desescalarse gracias a la llamada telefónica que sostuvieron. Indicó que dialogaron sobre la situación de Venezuela y el narcotráfico, además de la necesidad de restablecer comunicaciones.

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Durante su declaración ante la ciudadanía, leyó una publicación que hizo el mandatario norteamericano en la que se refirió a la llamada que tuvieron. En su mensaje, aseguró que fue un honor hablar con su homólogo y que tienen planeado encontrarse para ahondar en los temas que deben ponerse sobre la mesa.

“Fue un gran honor hablar con el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien me llamó para explicar la situación de las drogas y otros desacuerdos que hemos tenido. Agradecí su llamada y su tono, y espero reunirme con él próximamente. El secretario de Estado, Marco Rubio, y el ministro de Relaciones Exteriores de Colombia están realizando los arreglos necesarios. La reunión tendrá lugar en la Casa Blanca, en Washington, D. C.”, indicó Trump.

Mientras leía este mensaje ante la población, el presidente Petro se dirigió directamente a la canciller Rosa Villavicencio, solicitando que gestione lo que se requiera para efectuar el encuentro con el mandatario. “Canciller, me toca ir a Estados Unidos, me lleva un buen traductor”, dijo.

Aunado a ello, expuso las “lecciones” que tiene en mente, en caso de que la reunión sí se lleve a cabo como planea. Entre ellas está el diálogo directo, que aseguró que es fundamental, indicando que esta premisa aplica para grupos armados, con los que ha buscado establecer la paz. “Hablar es una cosa, ser socios es otra”, indicó.

De igual manera, informó que conversó con la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, que asumió el cargo luego de que el dictador Nicolás Maduro fuera capturado. “No podemos bajar la guardia, todavía toca hablar en la Casa Blanca. Hablé también hace dos días con la presidenta actual de Venezuela, Delcy Rodríguez, y la invité a Colombia. Queremos establecer un diálogo tripartito y ojalá mundial para establecer el orden en Venezuela”, indicó.

Aunado a ello, informó que se abstuvo de invitar a Trump a Colombia, e hizo un chiste al respecto: “Le dije que en una isla cheverísima, pero solo los dos y las escoltas, de él de seguridad y mías. Habrá una fragata gringa y una nuestra, cuidando de misiles”.

A manera de conclusión sobre la conversación que tuvo con el mandatario de Estados Unidos, aseguró que se puede percibir un desescalamiento de las tensiones que hay entre las administraciones. Eso, según indicó, lo evidenció en la publicación de Trump en redes, en la que notificó sobre el diálogo que mantuvieron. Pues, se refirió a él con respeto, sin utilizar calificativos que anteriormente ha usado para caracterizarlo.

“Si es a hablar, yo voy donde sea (…). Tenemos entonces un diálogo construyéndose. El restablecimiento de la comunicación permite bajar los tonos. La última vez me dijo de una manera, ahora tengo el honor de hablar”, dijo Petro.

En declaraciones públicas que ha hecho el presidente de Estados Unidos sobre Colombia y su mandatario, ha tildado a Gustavo Petro de ser un “matón”, un “mal tipo”, un “narcotraficante” –aunque no ha proporcionado pruebas que lo demuestren– y, en su última intervención ante los medios en el Air Force One, lo llamó “enfermo”.

“Venezuela está enferma, Colombia también está muy enferma. Gobernada por un hombre enfermo al que le gusta producir cocaína y venderla a los Estados Unidos, y no va a estar haciéndolo por mucho tiempo, déjame decirte”, aseveró.

Ante los rumores que circulan sobre liberaciones o traslados de personas detenidas por motivos políticos, la ONG Justicia, Encuentro y Perdón llamó a “mantener la calma y evitar difundir información no confirmada”.

Infobae

“A las instituciones carcelarias les hacemos un llamado a que cualquier decisión relacionada con estas personas se adopte de manera transparente y con información veraz y oportuna, cumpliendo con el deber de informar a sus familiares y evitando generar angustia, incertidumbre y sufrimiento innecesario”, señala el comunicado emitido vía X.

Además, remarcaron que aún “sigue siendo alarmante el número de personas detenidas por razones políticas en Venezuela”.

“Insistimos en que estamos frente a la posibilidad de avanzar hacia procesos de transición que conduzcan a una verdadera redemocratización en Venezuela.

Hacemos un llamado a quienes detentan el poder para que asuman con responsabilidad esa función, colocando en el centro de sus actuaciones institucionales la protección de la dignidad humana, el respeto a los derechos fundamentales y la consideración del impacto humano de cada decisión adoptada, especialmente en momentos de tensión e incertidumbre”, concluye el texto.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha señalado que su Administración mantendrá el control sobre Venezuela durante un periodo «largo» de tiempo, probablemente mayor a un año, hasta que se avance en una transición democrática, apuntando que las autoridades interinas lideradas por Delcy Rodríguez están dando «todo» lo que Washington «considera necesario».

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«Solo el tiempo dirá. Vamos a usar el petróleo y vamos a tomarlo. Estamos bajando los precios del petróleo y vamos a dar dinero a Venezuela, que lo necesita desesperadamente», ha asegurado el presidente norteamericano en una extensa entrevista con el diario estadounidense ‘The New York Times’ sobre la intervención militar que desalojo del poder el pasado 3 de enero al presidente venezolano Nicolás Maduro.

Sobre los siguientes pasos en la transición democrática en Venezuela y los plazos que maneja Washington para unas elecciones en el país, Trump ha evitado fijar un calendario, limitándose a apuntar que «será mucho más largo» que seis meses o un año.

El presidente estadounidense ha centrado sus mensajes en la necesidad de «reconstruir» Venezuela de una forma que sea «muy rentable» para Washington, después de que la Casa Blanca se haya puesto como objetivo prioritario controlar el petróleo venezolano y asegurarse de que estos recursos naturales no van a parar a manos de China o Rusia, aliados estrechos de Caracas hasta ahora.

Washington ha confirmado su intención de tomar el control sobre las exportaciones de crudo venezolano durante un periodo indefinido como parte de un plan para la reconstrucción de la economía del país. En este contexto, Trump apuntó a un plan para hacerse con «entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo sancionado», en medio de su iniciativa para cambiar las alianzas en el sector energético mundial.

En todo caso, el propio Trump reconoce en el marco de la entrevista que recomponer la industria petrolera venezolana «llevará tiempo», toda vez Estados Unidos tendrá que realizar inversiones en repuestos, equipos y servicios para lograr su objetivo de estabilizar e impulsar la producción de crudo de Venezuela.

A este respecto, ha señalado que las autoridades interinas, con Delcy Rodríguez, hasta ahora número ‘dos’ de Maduro y figura clave del chavismo, a la cabeza, están resultando instrumentales para este efecto. «Nos está dando todo lo que consideramos necesario», ha indicado, apuntando a la buena cooperación con los nuevos dirigentes en Caracas tras la caída de Maduro.

El gobierno de Estados Unidos anunció el inicio de un retiro parcial y selectivo de las sanciones económicas que durante años limitaron la exportación de petróleo venezolano, con el objetivo de permitir la venta y el transporte de crudo y derivados a los mercados internacionales.

Europa Press

La medida, comunicada tras la reciente operación estadounidense que derivó en la captura del dictador Nicolás Maduro, redefine el manejo de uno de los mayores reservorios de petróleo del mundo.

La flexibilización de sanciones está centrada exclusivamente en el sector energético y apunta a reactivar la comercialización de petróleo venezolano bajo estrictos mecanismos de control financiero.

Según informó el Departamento de Energía de Estados Unidos, las operaciones comenzaron de manera inmediata con una primera fase que contempla la venta de entre 30 y 50 millones de barriles de crudo.

Estas transacciones, de acuerdo con el comunicado oficial, “continuarán de manera indefinida”, siempre que se realicen por canales autorizados y compatibles con la legislación estadounidense y los criterios de seguridad nacional.

Uno de los elementos centrales del nuevo esquema es el manejo de los ingresos. Washington precisó que todos los fondos obtenidos por la venta de petróleo y productos derivados serán depositados inicialmente en cuentas controladas por Estados Unidos en bancos internacionales de primera línea.

El objetivo, según el gobierno estadounidense, es garantizar la trazabilidad, legitimidad e integridad de los recursos, en contraste con los mecanismos opacos que caracterizaron la gestión petrolera venezolana durante la última década.

Todos los ingresos se liquidarán primero en cuentas controladas por Estados Unidos”, indicó el Departamento de Energía.

El presidente Donald Trump indicó que la medida permitirá reorganizar el flujo de crudo venezolano hacia mercados formales. En declaraciones previas, el mandatario republicano había anticipado que el petróleo venezolano volvería a circular bajo supervisión directa de Washington, luego de años en los que gran parte de las exportaciones se realizaron mediante intermediarios y destinos alternativos para evadir sanciones.

El retiro parcial de sanciones también contempla medidas técnicas destinadas a recuperar la capacidad productiva del sector petrolero venezolano, severamente deteriorado tras años de desinversión, mala gestión y pérdida de personal especializado.

Estados Unidos autorizó la importación de equipos, repuestos y servicios para campos petroleros, con el fin de compensar el prolongado declive de la producción y generar un aumento de corto plazo. Estas autorizaciones permitirán la participación de empresas energéticas estadounidenses y de otros países en tareas de modernización y mantenimiento.

Otro componente clave es el suministro de diluyentes. Washington confirmó que el crudo liviano estadounidense será enviado a Venezuela para mezclar y mejorar la calidad del petróleo pesado y extrapesado, que representa la mayor parte de las reservas del país sudamericano.

Además del sector petrolero, el acuerdo incluye compromisos vinculados a la infraestructura eléctrica venezolana, un factor crítico para la producción energética.

El Departamento de Energía señaló que la red eléctrica del país se encuentra en condiciones precarias y que la generación nacional cayó más de un 30% en los últimos años. Funcionarios estadounidenses indicaron que trabajarán en la mejora del sistema eléctrico, al considerarlo indispensable para sostener cualquier recuperación económica y energética.

El proceso de implementación de esta política será objeto de evaluación continua y podrá ajustarse según los avances en la situación política y económica de Venezuela.

Bajo el nuevo esquema, solo las operaciones autorizadas por Estados Unidos serán consideradas legales, mientras que cualquier intento de evadir este control será objeto de sanciones adicionales.

Estados Unidos busca no solo reactivar el comercio energético regional, sino también impulsar la recuperación de una infraestructura clave para la economía venezolana y sentar las bases para un crecimiento sostenido en el sector.

El presidente Donald Trump informó este miércoles que Venezuela utilizará los fondos obtenidos por el nuevo acuerdo petrolero para la compra de productos fabricados en Estados Unidos.

Infobae

Según detalló en su cuenta de Truth Social, las adquisiciones incluirán productos agrícolas, medicamentos, dispositivos médicos y equipos destinados a mejorar la red eléctrica y las instalaciones energéticas del país sudamericano.

Trump subrayó que Venezuela se compromete a hacer negocios únicamente con Estados Unidos como su principal socio comercial.

“Venezuela se compromete a comprar solo productos hechos en Estados Unidos con el dinero que reciba de nuestro nuevo acuerdo petrolero”, señaló el mandatario.

Además, calificó esta decisión como positiva para ambas naciones.

“Es una elección inteligente y una muy buena noticia para el pueblo de Venezuela y para Estados Unidos”, dijo.

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