El MV Ocean Trader, un buque de apoyo de las Fuerzas Especiales de Estados Unidos, a menudo descrito como un «buque fantasma», se encuentra actualmente desplegado en el Caribe.
Una fuente del Comando de Transporte Marítimo Militar de Estados Unidos confirmó al portal especializado en noticias militares Task & Purpose que el buque opera actualmente en el Caribe. Sin embargo, se negó a hacer comentarios sobre su misión.
El portal señaló que expertos navales han asegurado que Estados Unidos tiene un historial de uso de buques comerciales como el MV Ocean Trader en misiones de operaciones especiales.
¿Cuáles son las características del buque MV Ocean Trader?
El MV Ocean Trader navega frecuentemente sin informar su ubicación a los sistemas de rastreo civiles y está diseñado para camuflarse entre los buques mercantes comunes mientras apoya secretamente operaciones encubiertas.
“El barco está diseñado para mimetizarse con el tráfico mercante, mientras que, obviamente, un destructor o un [buque anfibio] podrían no atraer tanta atención”, dijo al portal Bradley Martin, capitán retirado de guerra de superficie con 30 años de experiencia y cuatro períodos de mando.
El MV Ocean Trader está construido para transportar hasta 159 fuerzas de operaciones especiales, además de su tripulación de 50 personas, hasta 45 días en el mar antes de tener que reabastecerse de combustible y suministros en el mar o regresar a puerto, dijo el capitán retirado de la Marina Brent Sadler, del grupo de expertos Heritage Foundation en Washington, DC.
Mide 193 metros de eslora, 26 metros de manga y 5,6 metros de calado, con un desplazamiento de 20.980 toneladas y una velocidad máxima de 20 nudo, y tiene incorporado un hangar para helicópteros y un amplio equipo de comunicaciones en su puente.
El MV Ocean Trader tiene incorporado un hangar para helicópteros y un amplio equipo de comunicaciones en su puente | Foto Melanie Clark “Si el barco se encuentra en el Caribe y alberga a fuerzas especiales, claramente apoya la operación para interceptar los barcos de los cárteles”, aseguró por su parte Sadler a Task & Purpose. “Sin embargo, la limitada autonomía del barco implicaría que probablemente haya otras embarcaciones rotando para reemplazarlo con el tiempo”.
Michael Fabey, analista naval de Janes, un proveedor de inteligencia de defensa de código abierto, dijo a Task & Purpose que la función principal del MV Ocean Trader es servir como cuartel y centro de comando para fuerzas de operaciones especiales.
Sin embargo, ninguna autoridad militar estadounidense ha revelado públicamente cuál es exactamente la misión actual del buque en el Caribe.
Los primeros comentarios sobre el MV Ocean Trader operando en el Caribe se dieron tras la publicación de imágenes satelitales de código abierto por MT Anderson el 20 de septiembre de 2025, que mostraban un buque con la misma superestructura distintiva de proa y popa que el Ocean Trader al suroeste de San Cristóbal, y otra fotografía tomada desde Santa Cruz, en las Islas Vírgenes Estadounidenses.
Estos avistamientos ocurrieron solo unos meses después de que el buque fuera visto por última vez en Oriente Medio por la Fuerza Aérea NSA de Bahréin en mayo de 2025.
En un continente con pocas guerras y un escaso militarismo en su historia reciente, la Fuerza Armada Nacional de Bolivariana de Venezuela (FANB) se las ha arreglado para mostrarse en las últimas dos décadas como una potencia militar regional que parece salirse del personaje regional.
Gran parte de esa imagen se ha forjado a través de la adquisición sostenida de equipamiento ruso a partir del Gobierno de Hugo Chávez, él mismo un militar, pero incluso antes, cuando el país aún compraba armas a EE.UU., Venezuela ya aparecía como un inversor fuerte en material bélico.
Sistemas de armas como los cazas Su-30, los tanques T-72, los misiles antiaéreos S-300, Pechora y Buk, y los portátiles Igla-S, e incluso los fusiles de la familia Kalashnikov, todos frabricados en Rusia y diseñados en tiempos soviéticos, le han conferido a la FANB un imagen distintiva —repetida en la cadena oficial VTV y en redes sociales— entre las Fuerzas Armadas de la región, en su mayoría equipadas con armamento estadounidense o europeo.
Ahora, el enorme despliegue aeronaval de Estados Unidos en el Caribe, que Washington alega es para combatir el narcotráfico centrado en Venezuela mientras Caracas sostiene que es una “guerra no declarada”, podría poner a prueba a la FANB y la imagen de poder que se ha esforzado en forjar en 25 años de chavismo.
EE.UU. ha enviado casi una decena de buques de guerra, incluyendo un crucero, tres destructores, buques de asalto anfibio —con una unidad de infantería de Marina a bordo— y un submarino. Además, 10 cazas furtivos F-35 fueron desplegados en Puerto Rico. Una fuerza formidable que es apenas una fracción del poder militar estadounidense: en esta operación militar del Comando Sur, liderada por unidades de la Armada —pero sin portaaviones —, aún no han hecho presencia el Ejército ni la Fuerza Aérea.
Con qué se defiende Venezuela
En el papel, Venezuela posee una Fuerza Armada bien equipada. Pero el mantenimiento y estado del equipo y el entrenamiento del personal es una incógnita en un país que lleva ya más de una década de penurias económicas, entre la inflación, la caída de la actividad y la merma en la producción de petróleo, el principal producto venezolano, y en un Gobierno tiene 25 años en el poder bajo acusaciones de violación de Derechos Humanos y represión de la disidencia.
Caracas niega estas acusaciones, a las que califica como “injerencismo”.
De cualquier manera, como consecuencia de este colapso económico y de las siempre presentes tensiones políticas, unos 7,9 millones de venezolanos, muchos de ellos jóvenes en edad de prestar servicio militar, han abandonado el país, según datos de ACNUR.
Según el Balance Militar 2024 realizado por el International Institute for Strategic Studies (IISS), después de años de parate el Gobierno de Venezuela “reanudó recientemente modestos esfuerzos de mantenimiento y modernización”.
“La FANB tiene una operatividad y disponibilidad de medios bastante baja, en parte porque vienen de más de una década de crisis económica en el país”, dijo a CNN Andrei Serbin Pont, analista especializado en política externa, defensa y seguridad. “Los sistemas de armas que se incorporaron en el periodo entre el 2005 al 2015, también han tenido su uso y requieren modernización”.
La FANB de Venezuela ocupa el puesto 50 (de 145) en el ranking 2025 que elabora el sitio Global Fire Power en base a estadísticas oficiales y estimaciones. Estados Unidos ocupa el 1, y muchos de los vecinos de Venezuela, como Colombia (46) y Brasil (11), la superan
Actualmente, la FANB cuenta con cerca de 123.000 soldados activos, entre el Ejército (63.000), la Armada (25.500), la Aviación Militar (11.500) y la Guardia Nacional (23.000), de acuerdo con datos del IISS, suplementados por 8.000 reservistas.
El tamaño, y la capacidad, de las milicias, formadas en 2008 a través de la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, es una incógnita. IISS las cifra en 220.000 con datos previos a la crisis actual, pero el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, anunció en agosto que desplegaria 4,5 millones de milicianos a raíz del despliegue naval de Estados Unidos. Semanas después dijo que esperaban convocar en total a 8,2 millones.
En el centro, el Ejército Bolivariano
Con 63.000 miembros las fuerzas terrestres de Venezuela son las más numerosas dentro del personal activo, las de más larga historia y las más encolumnadas con el Gobierno de Venezuela: el fallecido Hugo Chávez; el ministro del Interior y segundo hombre fuerte del Gobierno, Diosdado Cabello, y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, son algunos de los hombres clave que pasaron por el ejército.
Hay, potencialmente, muchos más, si consideramos que la FANB tendría unos 2.000 generales y almirantes, según dijo en 2019 el entonces jefe del Comando Sur de EE.UU., almirante Craig Faller, ante el Congreso de ese país. “Más que en toda la OTAN”, señaló.
CNN ha contactado al Ministerio de Defensa de Venezuela para consultar por el número de generales y almirantes, que parece desproporcionado comparado a los cerca de 800 de EE.UU. para unas Fuerzas Armadas 10 veces más grandes, pero no ha tenido respuesta.
“Ecuador es un convento, Colombia es una universidad y Venezuela es un cuartel”, dice una popular frase atribuida a Simón Bolívar (en realidad pertenece al ensayista ecuatoriano Juan Montalvo) que resume la relación de los venezolanos con el ejército.
Por detrás del mando político de Maduro y Padrino López, y el operacional del general en jefe Domingo Antonio Hernández Lárez, el ejército es encabezado por el mayor general Johan Alexander Hernández Lárez.
Entre el armamento comprado a Rusia en los últimos años destacan los 92 tanques T-72B1, similares a los que combaten actualmente en Ucrania, y los 123 transportes blindados de tropas BMP-3, que equipan a las brigadas blindadas junto a 81 tanques AMX-30 adquiridos anteriormente a Francia.
También en la artillería destacan sistemas rusos como los cañones autopropulsados Msta-S y los lanzacohetes Smerch.
La Aviación Militar concentra la tecnología
Con 11.500 miembros, la Aviación Militar venezolana es la fuerza más pequeña pero también la mayor perfil en las últimas décadas debido a la adquisición de material ruso que la ha destacado entre las Fuerzas Aéreas de la región. Es liderada por el mayor general Lenín Lorenzo Ramírez Villasmil.
En el centro de estas compras están los Sukhoi Su-30MK2, cazas bimotores de alto desempeño que, a pesar de estar desarrollados en la década de 1980 por la Unión Soviética, no tienen comparación en América Latina.
A mediados de septiembre, en medio de las tensiones crecientes con EE.UU., la FANB compartió videos de dos de sus Su-30 armados con misiles antibuque Kh-31, también de fabricación rusa, en un alarde de lo que sigue siendo su sistema de armas más avanzado.
Aún así ha habido accidentes: cuatro de los 25 Su-30 que llegaron a Venezuela se estrellaron. De acuerdo con la ONG venezolana Control Ciudadano, los accidentes evidencian la “opacidad” del Gobierno en sus informes como los posibles “problemas de obsolescencia de sistemas y de mantenimiento y falta de repuestos”.
Los Su-30 conviven, además, con unos pocos y longevos cazas F-16 de origen estadounidense que Venezuela compró antes de la llegada de Chávez al gobierno, que significó un giro geopolítico hacia Rusia y luego China.
Más allá de los escuadrones aéreos, es en el área de defensa aérea donde Venezuela puso también el énfasis a la hora de comprar equipo militar ruso: operan 12 baterías de misiles S-300, de largo alcance; 9 sistemas Buk y 44 Pechora, de mediano alcance, y numerosos lanzadores portátiles Igla-S, según el IISS.
Serbin Pont destaca que Venezuela cuenta con un sistema de defensa antiaéreo avanzado, que en caso de conflicto posiblemente serían los primeros blancos a ser neutralizados.
La Armada, la más golpeada
De las tres principales fuerzas de la FANB, la Armada, cuya área de operaciones primordial es el Caribe, es la que más ha quedado rezagada en la compra de armamento de las últimas décadas y la que menores capacidades tiene.
El almirante Ashraf Suleimán Gutiérrez es el comandante general de los 25.500 miembros de la Armada Bolivariana, que solo opera al momento un fragata clase Mariscal Sucre (fabricada en Italia) y un submarino tipo-209 (faricado en Alemania) en su flota de Mar, según el IISS. Cuenta además con nueve buques de patrullaje océanico y costero, entre estos cuatro comprados a España.
“La Armada perdió muchos de sus medios que tenía previo al chavismo y estos no fueron reemplazados del todo. Las corbetas compradas en España nunca incorporaron armamento, hasta que hace unos años se le incorporaron misiles chilenos e iraníes antibuque, pero no tienen sistemas de defensa antiaéreo viables”, dijo Serbin Pont.
¿Y las milicias?
En medio de la escalada con Estados Unidos, Maduro ha puesto el foco de sus apariciones en público y sus discursos en un elemento que, a primera vista, no parece el más importante del sistema defensivo venezolano: las milicias.
“Voy a activar un plan especial para garantizar la cobertura con más de 4,5 millones de milicianos de todo el territorio nacional. Milicias preparadas, activadas y armadas”, dijo Maduro en agosto, días después conocerse el despliegue naval estadounidense.
Estas milicias “campesinas y obreras” provienen de “todas las fábricas y centros de trabajo del país”, explicó Maduro. “Misiles y fusiles para la clase obrera, para que defienda nuestra patria”, agregó.
Serbin Pont marca una diferencia entre las milicias tradicionales, compuestas por reservistas con experiencia militar que podrían tener un rol en un conflicto, y las milicias que son mostradas regularmente por el Gobierno de Venezuela en VTV y redes sociales, que tienen un rol “casi inexistente” en la defensa.
“Esa gente no tiene suficiente capacitación. No hay una estructura armada realmente para movilizar esos elementos, y esos elementos no serían efectivos en combate. Creo que tiene que ver mucho más con que esa milicia sí sirve como una red de inteligencia y de amenaza represiva contra la población civil porque justamente está basada en una red que penetra toda la sociedad”, explica.
Si Venezuela tiene medios militares para defenderse, difícilmente se trate de estas milicias. Pero años de crisis económica y política han puesto un manto de duda también sobre la capacidad de unas Fuerzas Armadas que siempre parecieron sólidas y que su vínculo con el chavismo es fuerte.
El Comando Sur de Estados Unidos ejecutó prácticas de fuego real en aguas del mar Caribe, donde barcos de guerra y efectivos del Cuerpo de Marines emplearon sistemas de artillería naval y defensa antiaérea.
En el video difundido por la cuenta oficial del Comando Sur en X, se observa el disparo coordinado de cañones navales, el lanzamiento de proyectiles desde cubiertas de embarcaciones, maniobras en formación y la detonación de municiones de alto calibre sobre el mar.
“No se equivoquen. Lo que están haciendo ahora no es un entrenamiento. Este es un ejercicio en condiciones reales”, se escucha en la secuencia.
Según la declaración oficial, “las fuerzas de la Marina y del Cuerpo de Marines de Estados Unidos realizaron entrenamientos, incluida una práctica de fuego real con sistemas de armas navales, en el mar Caribe».
“Las fuerzas militares estadounidenses están desplegadas en apoyo de la misión de Comando Sur, de operaciones dirigidas por el Departamento de Defensa y de prioridades establecidas por el presidente Donald Trump”, se lee en el mensaje publicado en X.
El texto subraya que el objetivo es demostrar “preparación y letalidad”.
La operación se enmarca dentro de una presencia militar reforzada por parte de Estados Unidos en el Caribe para mantener control sobre rutas empleadas en el tráfico de estupefacientes y responder a amenazas identificadas por el gobierno de Trump.
En una notificación enviada al Congreso, la administración del presidente republicana detalló que estos despliegues buscan combatir a los carteles de drogas, clasificados como “grupos armados no estatales” y “organizaciones terroristas”, y argumentó que las acciones de estas organizaciones “constituyen un ataque armado contra Estados Unidos”.
La carta al Congreso documentó al menos tres recientes operaciones militares con resultado de 14 fallecidos, todos identificados por fuerzas estadounidenses como presuntos miembros de redes de tráfico. Según la portavoz presidencial, Anna Kelly, “el presidente actuó en línea con el derecho de los conflictos armados para proteger el país de quienes intentan traer veneno mortal a nuestras costas”, y añadió: “él está cumpliendo su promesa de enfrentar a los carteles y eliminar estas amenazas de seguridad nacional”.
Los ejercicios incluyen la presencia de diez aviones F-35 en Puerto Rico, ocho buques de guerra y un submarino nuclear en la región, que representan la mayor movilización militar estadounidense en el Caribe en más de 30 años. Estas acciones fueron lanzadas mientras el propio Trump advertía que si aviones venezolanos volvían a acercarse a barcos de Estados Unidos, serían derribados. Las tensiones escalaron tras el sobrevuelo de dos aeronaves militares venezolanas cerca de una nave estadounidense.
Desde Caracas, el ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino, denunció la presencia de cinco aviones de combate estadounidenses a 75 kilómetros de la costa venezolana.
Padrino calificó el vuelo como “provocación” y “amenaza contra nuestra seguridad nacional”. El régimen venezolano presentó además una nota oficial contra las maniobras, señalando una “flagrante violación del derecho internacional” y alertando sobre riesgos para la aviación civil.
El dictador Nicolás Maduro acusó a Estados Unidos de buscar provocar un cambio político en Venezuela por vías indirectas y de utilizar las operaciones antidrogas como argumento para justificar el despliegue militar.
El Caribe se mantiene bajo un clima de alta vigilancia, con los ejercicios y maniobras navales multiplicándose y con intercambios constantes de acusaciones entre ambos gobiernos por la seguridad y la legalidad de las operaciones en la zona.
🇺🇸 EE.UU. REALIZA EJERCICIOS MILITARES EN EL CARIBE
El Comando Sur de EE.UU. (@Southcom) informó que fuerzas de la Marina y del Cuerpo de Marines realizaron entrenamientos, incluyendo ejercicios con fuego real, en el mar Caribe
María Corina Machado envió un mensaje al Foro América Libre, donde recordó que en Venezuela “son ochocientos veintitrés presos políticos, muchos de mis compañeros de vida. Todos son nuestros héroes. Esta lucha no será en vano”. Señaló que el país atraviesa un momento decisivo y aseguró: “Nunca como antes hemos estado tan cerca de conquistar la libertad.”
La líder opositora advirtió que la liberación de Venezuela tendrá repercusiones regionales. “La liberación de Venezuela va a abrir el sendero para que otros pueblos oprimidos, especialmente Cuba y Nicaragua, puedan también abrazar la democracia y la libertad.”
Machado subrayó la creciente soledad internacional del chavismo. “El régimen narcoterrorista de Maduro se ha quedado absolutamente solo. Finalmente, el mundo los trata como los criminales que son y ya no hay excusa para defenderlos o ignorarlos.” Acto seguido, marcó el rumbo de acción: “Vamos a avanzar urgentemente para desmantelar esta estructura criminal y así poder lograr una transición ordenada y pacífica.”
Finalmente, transmitió confianza en el futuro del país y en su papel regional. “Nosotros tenemos la fuerza para avanzar a una democracia justa y luminosa. Estamos listos para lograrlo… Quiero que reciban mi mensaje de confianza y que confíen en el pueblo de Venezuela, porque lo vamos a lograr. Finalmente, una América libre.”
Hay frases que se hunden en el alma, y hay verdades que, aunque no las hayamos formulado, hemos sentido con cada fibra de nuestro ser. Una de esas verdades, tan antigua como la civilización, nos susurra que “solo una mente educada puede comprender un pensamiento diferente al suyo”. Y en esa sencilla afirmación, se esconde la esencia de la libertad que tanto anhelamos. No la libertad que se celebra en las calles, sino la que debe nacer primero en el sagrario de nuestro intelecto.
Hemos vivido el tiempo de las trincheras, donde las opiniones se convirtieron en armas y cada desacuerdo era un campo de batalla. En esa guerra de egos, nos definimos por lo que rechazábamos, no por lo que construíamos. Medimos la inteligencia por la capacidad de derrotar al otro, de aplastar su argumento, de dejarlo sin voz. Y en esa obsesión por la victoria, perdimos la brújula. Olvidamos que la verdadera sabiduría no reside en la concordancia, sino en la sublime capacidad de convivir con lo contradictorio.
Pero miren hacia adelante. ¿Se atreven a imaginar conmigo una Venezuela diferente? Una nación que se levantará no solo de las ruinas económicas, sino de la más profunda de las fracturas: la de su espíritu. Imaginemos un país donde el primer acto de valentía sea la escucha. Donde en nuestras escuelas no solo se enseñe a debatir, sino a dialogar, a buscar juntos la verdad como si fuera el tesoro más preciado.
La nueva educación que necesita Venezuela no es un plan de estudios; es un manifiesto de vida. Debería ser el faro que guíe a las nuevas generaciones a ser pensadores críticos y almas humildes. Es cultivar en los niños y jóvenes la fortaleza de decir: «Quizás estoy equivocado, enséñame». Porque la mente estrecha necesita ganar discusiones para sentirse segura, para confirmar su propia existencia. Pero la mente sabia, esa que ha visto de cerca la fragilidad de la vida y la vacuidad del conflicto, prefiere simplemente comprender el mundo. Y esa, amigos míos, es la mente que tiene el poder de sanar y reconstruir.
Cuando recuperemos nuestra libertad, no volveremos a ser los mismos. Nos convertiremos en una sociedad que no solo tolera el pensamiento ajeno, sino que lo celebra. Entenderemos que la diversidad de opiniones no es un obstáculo, sino la paleta de colores con la que pintaremos nuestro renacimiento. La diferencia, que una vez fue fuente de resentimiento, se convertirá en la oportunidad para aprender, para crecer, para enriquecer nuestras propias visiones del mundo. La grandeza de una nación no está en su uniformidad, sino en su capacidad de coexistir en la pluralidad, de encontrar unidad en la diversidad.
Este es el pilar de la nueva Venezuela. No se trata de olvidar el pasado, sino de trascenderlo. De tomar las cicatrices del conflicto y convertirlas en la base de un pacto sagrado: el de una nación que eligió la sabiduría por encima del ego. La Venezuela que viene no necesita un solo líder mesiánico, sino millones de mentes sabias, dispuestas a entender en lugar de derrotar. Es un camino que comienza en lo más íntimo de cada uno, con una simple elección: la de soltar el rencor para abrazar la comprensión. Y en esa simple elección, no hay ni una pizca de tristeza, sino la más profunda, poderosa y conmovedora de las esperanzas.
Al final del día, la pregunta no es si somos venezolanos, sino qué clase de venezolanos seremos. ¿Estamos dispuestos a ser esa mente que libera?
Vamos por más…
@jgerbasi
Imagine un centro de datos al borde de una meseta desértica. En su interior, filas y filas de servidores brillan y vibran, circulando aire a través de enormes torres de refrigeración y consumiendo más electricidad que las ciudades circundantes juntas. Esto no es ciencia ficción. Es la realidad de los enormes clústeres de computación de IA , a menudo descritos como » supercomputadoras de IA » por su enorme escala , que entrenan los modelos más avanzados de la actualidad.
En sentido estricto, no se trata de supercomputadoras en el sentido clásico. Las supercomputadoras tradicionales son máquinas altamente especializadas, diseñadas para simulaciones científicas como la modelización climática, la física nuclear o la astrofísica, optimizadas para código paralelizado en millones de núcleos. En cambio, lo que impulsa la IA son enormes clústeres de GPU o aceleradores personalizados (Nvidia H100, Google TPU, etc.) conectados mediante interconexiones de alto ancho de banda, optimizados para las multiplicaciones de matrices, la base del aprendizaje profundo. No resuelven ecuaciones para pronósticos meteorológicos: procesan billones de tokens para predecir la siguiente palabra.
Aun así, el apodo perdura, porque su rendimiento, demanda energética y costos son comparables, o incluso superiores, a los de las máquinas científicas más rápidas del mundo. Y las implicaciones son igual de profundas.
Un estudio reciente de 500 sistemas informáticos de IA en todo el mundo reveló que su rendimiento se duplica cada nueve meses, mientras que tanto el coste como los requisitos de energía se duplican cada año. A este ritmo, la frontera de la inteligencia artificial no se limita a mejores algoritmos o arquitecturas más inteligentes. Se trata de quién puede permitirse, alimentar y refrigerar estas gigantescas máquinas, y quién no.
El foso exponencial
Cuando el rendimiento se duplica cada nueve meses pero el costo se duplica cada 12, se crea un foso exponencial : cada salto hacia adelante empuja la siguiente frontera más allá del alcance de todos, salvo un puñado de jugadores.
Esta no es la típica historia de «modelos de código abierto vs. modelos de código cerrado»: es más fundamental. Si no se puede acceder al sustrato computacional (el hardware, la electricidad, la refrigeración y las fábricas necesarias para entrenar a la próxima generación), ni siquiera se está en la carrera. Las universidades no pueden seguir el ritmo. Las pequeñas startups no pueden seguir el ritmo. Incluso muchos gobiernos no pueden seguir el ritmo.
El estudio muestra una marcada concentración de capacidades: los clústeres de IA más potentes se concentran en unas pocas corporaciones, lo que privatiza el acceso a la inteligencia artificial de vanguardia. Una vez que la computación se convierte en el cuello de botella, la mano invisible del mercado no genera diversidad, sino monopolio.
Centralización vs. democratización
La retórica en torno a la IA suele enfatizar la democratización: herramientas disponibles para todos, pequeños actores empoderados, creatividad desatada. Pero en la práctica, el poder de moldear la trayectoria de la IA está recayendo en los propietarios de enormes granjas de computación. Ellos deciden qué modelos son viables, qué experimentos se ejecutan y qué enfoques reciben miles de millones de tokens de entrenamiento.
No se trata solo de dinero. Se trata de infraestructura como gobernanza. Cuando solo tres o cuatro empresas controlan los clústeres de IA más grandes, controlan eficazmente los límites de lo posible. Si tu idea requiere entrenar un modelo de un billón de parámetros desde cero, y no perteneces a una de esas empresas, tu idea sigue siendo solo eso: una idea.
Geopolítica de la computación
Los gobiernos están empezando a notarlo. En la Cumbre de Acción sobre IA de París de 2025 , las naciones prometieron miles de millones para modernizar su infraestructura nacional de IA. Francia, Alemania y el Reino Unido están avanzando para ampliar su capacidad de computación soberana. Estados Unidos ha lanzado iniciativas a gran escala para acelerar la producción nacional de chips, y China, como siempre, juega a su manera, invirtiendo recursos en la construcción masiva de parques eólicos y solares para garantizar no solo chips, sino también electricidad barata para alimentarlos .
Europa, como de costumbre, se encuentra en un punto intermedio. Puede que sus marcos regulatorios sean más avanzados, pero su capacidad para implementar la IA a gran escala depende de si puede asegurar la energía y la computación en condiciones competitivas. Sin eso, la «soberanía de la IA» es retórica, no realidad.
Y, sin embargo, hay una ironía aún más oscura aquí. Incluso mientras los gobiernos se apresuran a afirmar su soberanía, los verdaderos ganadores de la carrera armamentística de la IA podrían ser las corporaciones, no las naciones. El control de la computación se está concentrando tan rápidamente en el sector privado que nos acercamos a un escenario descrito desde hace tiempo en la ciencia ficción: las corporaciones ejercen más poder que los estados, no solo en los mercados, sino también en la configuración de la trayectoria misma del conocimiento humano. El equilibrio de autoridad entre gobiernos y empresas está cambiando, y esta vez, no es ficción.
Ajuste de cuentas ambiental
También existe un costo físico. El entrenamiento de un modelo de frontera puede requerir tanta electricidad como la que consume una ciudad pequeña en un año. Las torres de refrigeración demandan enormes volúmenes de agua, y si bien gran parte se devuelve al ciclo, la ubicación es importante: en regiones con escasez de agua, la presión puede ser significativa. La huella de carbono es igualmente desigual. Un modelo entrenado en redes eléctricas dominadas por carbón o gas produce órdenes de magnitud mayores de emisiones que uno entrenado en redes eléctricas alimentadas por energías renovables.
En este sentido, el debate sobre la sostenibilidad de la IA es en realidad un debate energético. Los modelos no son ecológicos ni contaminantes por sí mismos. Son tan ecológicos o contaminantes como los electrones que los alimentan.
Lo que la eficiencia no puede comprar
La eficiencia por sí sola no resolverá este problema. Cada generación de chips se vuelve más rápida, cada arquitectura más optimizada, pero la demanda agregada sigue creciendo más rápido que las ganancias. Cada vatio ahorrado a nivel micro se consume en la expansión macro de la ambición. En todo caso, la eficiencia empeora la carrera armamentística, ya que reduce el coste por experimento y fomenta aún más experimentos.
El resultado es una espiral descendente: más computación, más potencia, más costos, más centralización.
Qué exigir
Si queremos evitar un futuro en el que el destino de la IA lo definan las juntas directivas de tres empresas y los ministerios de dos superpotencias, debemos tratar la informática como un asunto público. Esto implica exigir:
Transparencia sobre quién posee y opera los clústeres más grandes.
Auditabilidad de uso: qué modelos se están entrenando y para qué fines.
Infraestructura compartida , financiada públicamente o a través de consorcios, para que los investigadores y las empresas más pequeñas puedan experimentar sin pedir permiso a corporaciones de billones de dólares.
Responsabilidad energética , que exige a los operadores revelar no sólo el consumo agregado sino también las fuentes, las emisiones y la huella hídrica en tiempo real.
El debate no debería limitarse a «qué modelo es más seguro» o «qué conjunto de datos es justo». Debería extenderse a quién controla las máquinas que hacen posibles los modelos en primer lugar.
Las máquinas detrás de las máquinas
El siguiente punto de control en la IA no es el software, sino el hardware. Los enormes clústeres de cómputo que entrenan los modelos son ahora los verdaderos árbitros del progreso. Deciden qué es posible, qué es práctico y quién participa.
Si la historia nos enseña algo, es que cuando el poder se centraliza a esta escala, rara vez se rinde cuentas. Sin intervenciones deliberadas, corremos el riesgo de un ecosistema de IA donde la innovación se ve obstaculizada, la supervisión es opcional y los costos, desde financieros o ambientales hasta humanos, quedan ocultos hasta que es demasiado tarde.
La carrera armamentística de las «supercomputadoras» de IA ya está en marcha. La única pregunta es si la sociedad elige observar pasivamente cómo se privatiza el futuro de la inteligencia artificial, o si reconocemos que las máquinas detrás de las máquinas merecen el mismo escrutinio que los algoritmos que habilitan.
El mayor despliegue militar de Estados Unidos en el Caribe en décadas está golpeando en el corazón del Cartel de los Soles de Venezuela, una red criminal incrustada dentro del régimen de Nicolás Maduro y acusada de mover enormes cantidades de cocaína al extranjero, según fuentes con conocimiento de la situación.
De acuerdo con tres personas con conocimiento directo de las operaciones del cartel, la llamada “Ruta del Caribe” —durante mucho tiempo uno de los corredores más activos para lanchas rápidas que transportaban cocaína con rumbo a Europa y Estados Unidos— ha sido efectivamente cerrada por misiones de interdicción estadounidenses.
Lanzada el mes pasado, la operación está guiada por una estrategia de tres fases: “Degradar, desmantelar y destruir”. Evaluaciones de inteligencia estimaron que para finales de 2024, entre 350 y 500 toneladas de cocaína salían de Venezuela cada año, dijeron las fuentes.
“La operación está teniendo un impacto real”, dijo una fuente al Miami Herald bajo condición de anonimato. “El Caribe está totalmente controlado; no sale un solo bote. El flujo de efectivo del narcotráfico está bajo amenaza directa, y eso pone en riesgo la cohesión de la élite militar. En tres meses no tendrán fondos para pagar a los generales”.
La fase inicial del despliegue incluye una fuerza de tarea aeroterrestre de Infantería de Marina a bordo del buque de asalto anfibio USS Iwo Jima y dos transportes clase San Antonio, con más de 2,000 marines preparados para misiones de respuesta rápida.
En total, más de 4,500 efectivos estadounidenses —marines y marinos— operan en la región, apoyados por un crucero, destructores y un submarino de ataque clase Los Ángeles armado con misiles guiados de precisión. Diez cazas furtivos F-35 también están estacionados en Puerto Rico, capaces de superar a la envejecida flota venezolana de Sukhoi-30 y F-16.
La Plataforma Unitaria Democrática (PUD) rechazó con firmeza la decisión del régimen de Nicolás Maduro de lanzar fuegos artificiales desde la sede de El Helicoide, en Caracas, para “dar inicio a la Navidad” este miércoles 1 de octubre.
En un mensaje difundido este jueves 2 de octubre a través de su cuenta en X, la coalición opositora calificó como un “acto perverso e inhumano” utilizar ese espacio para una celebración, recordando que el Helicoide no es un símbolo de fiesta, sino el principal centro de detenciones ilegales y torturas en Venezuela.
“Con indignación rechazamos categóricamente el acto perverso e inhumano de lanzar fuegos artificiales desde El Helicoide para ‘celebrar la Navidad’. Ese lugar no es un símbolo de fiesta: es el centro de tortura y detenciones ilegales de Venezuela, donde cientos de presos políticos son víctimas de tratos crueles y de la violación sistemática de los Derechos Humanos”, señaló la PUD.
La noche del miércoles, vecinos de Caracas captaron en fotografías y videos cómo el imponente edificio era iluminado por fuegos artificiales, mientras en su interior permanecen encarcelados decenas de presos políticos y ciudadanos sometidos a condiciones de reclusión que organismos internacionales han denunciado como violatorias de los derechos humanos.
La medida se enmarca en la orden de Maduro de decretar el inicio anticipado de la temporada navideña en Venezuela a partir del 1 de octubre, una decisión que ha generado rechazo tanto dentro como fuera del país.
Los dos senadores estadounidenses por Florida presentaron la ‘Stop Maduro Act’ (la ley para detener a Nicolás Maduro) para duplicar a cien millones de dólares la recompensa, además de la ‘BOLIVAR Act’, que prohibiría negocios con empresas vinculadas «al régimen».
La primera iniciativa doblaría la oferta de la Administración del presidente estadounidense, Donald Trump, que en agosto ya duplicó a 50 millones de dólares la recompensa por el arresto de Maduro, lo que supera el dinero ofrecido por el fallecido líder de Al-Qaeda, Osama bin Laden.
La propuesta de los senadores floridanos Rick Scott y Ashley Moody indica que el Departamento de Estado «podría pagar dicha recompensa a uno o más individuos que provean información que directamente conduzca al arresto de Maduro y a cualquier sentencia en cualquier país por crímenes específicos relacionados con narcóticos».
La iniciativa también requeriría que cualquier pago provenga de la liquidación de bienes que Washington haya decomisado de Maduro, de su «régimen» y cómplices, pues el Departamento de Justicia ha confiscado más de 700 millones de dólares en activos vinculados al mandatario venezolano, dos aviones privados y nueve vehículos.
La senadora Moody, quien presentó la iniciativa en un evento en Doral, ciudad del sur de Florida con la mayor concentración de venezolanos en Estados Unidos, enmarcó la propuesta dentro de la lucha contra el «narcoterrismo» del Gobierno, que acusa a Maduro de liderar el Cartel de los Soles.
«El narcoterrorismo es una guerra contra nuestro país, nuestros niños, y la ley y el orden. Estos terroristas contrabandean cantidades abrumadoras de drogas legales a nuestro país y venden este veneno que desestabiliza a nuestras comunidades», argumentó en un evento con líderes de la ciudad.
Por otro lado, Moody resaltó que la ‘BOLIVAR Act’, cuyo acrónimo en español significa «prohibir las operaciones y contratos con el ilegítimo régimen autoritario venezolano» vetaría contratos de agencias del Gobierno estadounidense con empresas que «hagan negocios con el régimen de Maduro».
Las iniciativas las copatrocinan también el senador Ted Cruz, de Texas, y la senadora Marsha Blackburn, de Tennessee, todos del Partido Republicano.
Estas propuestas ocurren mientras se intensifica el despliegue militar de Estados Unidos en el Caribe, donde las autoridades estadounidenses han hundido cuatro embarcaciones adjudicadas al narcotráfico cerca de las costas venezolanas, lo que ha dejado al menos 17 muertos.
El fiscal Héctor Barros, de la Fiscalía Metropolitana Sur, reiteró que el secuestro y asesinato en Chile del exteniente venezolano Ronald Ojeda «fue encargado y pagado concretamente» por Diosdado Cabello, ministro de Relaciones Interiores de Venezuela y denominado ‘número 2’ del regimen de Nicolás Maduro, por quien incluso no descartó una posible solicitud de extradición.
Según dijo el persecutor en entrevista con el Canal 24 Horas, «en este caso en particular han surgido antecedentes de la propia investigación que van dando cuenta de que esto habría sido un encargo político del gobierno (de Venezuela). Particularmente, quien habría pagado y encargado este delito concretamente al Tren de Aragua apuntan a Diosdado Cabello».
Respecto al rol de Cabello, el persecutor incluso no descartó una posible solicitud de extradición pese a que «debemos tener claro que, de acuerdo a la constitución venezolana, la extradición no existe en su país».
«También se podría pedir (extradición) respecto de él (Diosdado Cabello), en la medida en que nosotros sigamos avanzando en la investigación, o sea, que los antecedentes que ya tenemos puedan robustecerse un poco más para efecto de llegar a esa situación. Nosotros perseguiremos a quien corresponda y en el país en que esté», afirmó.
«En este caso, en particular, existen antecedentes claros que apuntan hacia Diosdado Cabello. Lo que pasa es que lo que requerimos es un estándar superior para efecto de poder formalizar. Si tengo dudas si es un crimen político o no, jamás», expresó.
El representante del Ministerio Público subrayó que el vínculo de Diosdado Cabello con el asesinato «lo hemos sostenido desde el primer momento. Hicimos un análisis con todos los antecedentes y todos los casos anteriores y posteriores, pero este, claramente, tiene un perfil político».
Vea la entrevista siguiendo este enlace a La Patilla