Morfema Press

Es lo que es

Armando Esteban Quito

Nicolás Maduro anunció el jueves que efectivos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) se desplegarán el próximo sábado en comunidades del país para enseñar a la población sobre el manejo de armas, en medio de una escalada de tensión con Estados Unidos por la presencia de buques de guerra en el mar Caribe.

EFE

“El próximo sábado 20 de septiembre, los cuarteles, la Fuerza Armada Bolivariana, va al pueblo, va a las comunidades a emplazarlas, a revisar, a enseñar a todos los que se alistaron, vecinos y vecinas, en lo que es el manejo del sistema de armas”, dijo Maduro durante una jornada de las Brigadas Comunitarias Militares para la Educación y la Salud, transmitida por el canal estatal Venezolana de Televisión.

Va a ser la primera vez que los cuarteles con sus armas y soldados van al pueblo, al barrio, a la comunidad”, agregó.

Según explicó, se trata de un programa que busca preparar a los voluntarios inscritos en la Milicia Bolivariana, cuerpo conformado por civiles que apoyan a las fuerzas regulares.

Maduro reiteró que Estados Unidos impulsa un plan para derrocarlo. “Hay un plan imperial para un cambio de régimen en Venezuela, imponer un Gobierno títere de los Estados Unidos y venir a robarnos el petróleo, que es la mayor reserva internacional del mundo, y el gas, que es la cuarta reserva del mundo, y el oro”, afirmó el líder chavista.

El pasado domingo, el ministro de Defensa del régimen, Vladimir Padrino López, informó que se organizarán jornadas de entrenamiento “todos los sábados” en las que participarán milicianos y militares. Según el alto mando, estas actividades buscan preparar a la población ante lo que Caracas describe como intentos de Washington de forzar un cambio político en el país.

En paralelo, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana desarrolla desde el miércoles un ejercicio militar de tres días en la isla de La Orchila, ubicada a unos 65 kilómetros de la costa venezolana. El operativo incluye maniobras aéreas, marítimas y terrestres con la participación de más de 2.500 efectivos.

La tensión entre ambos países se intensificó en septiembre después de que Estados Unidos enviara ocho barcos militares equipados con misiles, un submarino de propulsión nuclear y diez aviones de combate F-35 a una base en Puerto Rico. Washington sostiene que el despliegue busca combatir el narcotráfico en la región.

El presidente estadounidense, Donald Trump, declaró este jueves que no discutió con su gabinete un plan para un “cambio de régimen” en Venezuela. No obstante, su administración acusa a Maduro de encabezar el denominado Cartel de los Soles, identificado por la justicia estadounidense como una organización narcocriminal.

Washington también eliminó tres embarcaciones que, según sus autoridades, transportaban drogas en el Caribe, con un saldo de 14 muertos en las últimas semanas. Además, el gobierno estadounidense mantiene una recompensa de 50 millones de dólares por la captura de Maduro.Donald Trump dijo que “tres narcoterroristas de Venezuela” murieron tras un ataque en el Caribe

Maduro insistió en que las acciones de defensa son preventivas. “Nosotros no nos metemos con nadie pero nos preparamos por si acasito se necesitara”, expresó.

Hay momentos en la política donde lo que más grita no son las arengas, sino los callares. Las cámaras, sin proponérselo, captura en los semblantes lo que la retórica no logra disimular. Y es allí, en gestos contenidos, miradas extraviadas, rostros que ya no saben de simulación, donde se revela la verdad más incómoda. El poder no se muestra fuerte, se sabe derrotado. Es la postrimería de una cúpula acorralada.

Hay escenas que parecen inofensivas, sin malicia, hasta que se observan con detenimiento y en detalle. Un encuadre, una afonía extensa, una voz ronca y quebrada, un semblante que intenta disimular lo inocultable, la derrota. Así se muestra la cáscara Bolivariana del Socialismo del Siglo XXI que se presentó como invencible. Sin convicción, sin entusiasmo, sin siquiera la cortesía de aparentar. Sus gestos son de incomodidad, de resignación, de un liderazgo que dejó de liderar y ahora solo aguarda instrucciones.

El miedo institucional se percibe sin necesidad de alocuciones. Está en las miradas vacías, labios apretados, ceño fruncido y tiesura de cuerpos petrificados por la congoja. Es el lenguaje corporal de quienes saben que algo se avecina y no tienen cómo impedirlo. Lo que transmiten no es poder, sino una actitud defensiva y muda, como los atrincherados conscientes de que la batalla está perdida antes de comenzar.

La fractura interna es aún más elocuente. Cada quien mira a un lugar distinto, como si el simple hecho de cruzar las miradas pudiera comprometerlos. Están juntos, pero no unidos; próximos, pero aislados en sus propios cálculos de supervivencia. Lo que fue cohesión ahora es un archipiélago. Cada isla de poder flotando en un mar de incertidumbre.

Las recientes imágenes de tristeza, ya no exhiben firmeza ni narrativa clara, sino vacío. Acabose la ilusión del monolito. Queda un grupete atrapado, irrelevante, sin relato, sin respaldo emocional, sin apoyo popular, sin horizonte, bendecidos por indignos de sotana. En política, incluso la capacidad de fingir entusiasmo es un signo de fortaleza. Y cuando ni eso se sostiene, el poder empieza a mostrar su desnudez.

Donde la historia se escribe entre sol ardiente, palmeras exhaustas y montañas que lo han visto todo, se repite el mismo libreto. Tierra que se convirtió en un teatro burlesco, cuyos actores se desmoronan ante el pueblo. La escenografía sigue siendo majestuosa, pero los protagonistas, cansados y desencajados, ya no convencen. Sus gestos hablan de rendición.

Los poderosos de ayer, con su aire de eternidad, se delatan en cada movimiento. No proyectan autoridad, sino la certeza de que el fin se aproxima. El derrumbe no será estruendo épico, sino quebranto a paso de tortuga, un parsimonioso caimiento televisado en alta definición. La mueca tiesa de sus rostros será su verdadero epitafio. La capitulación anticipada de quienes juraron ser irreducibles.

La política tiene su propio instinto de justicia. Tarde o temprano desnuda a quienes abusaron de ella, violaron derechos humanos. Y cuando llega ese tiempo, no hay discursos que oculten la caída ni gestos que maquillen la entrega. Hoy las señales son claras, los aparentes invencibles han perdido la fe en sí mismos. El futuro no les pertenece. El verdadero poder ya cambió de manos, y lo que viene no es el eco de un final, sino el preludio de un comienzo inevitable.

Guillermo De La Vega

Enterrado durante siglos, un órgano medieval descubierto cerca de la basílica de la Natividad en Belén vuelve a resonar en Jerusalén, de la mano del musicólogo español David Catalunya.

DW

«Es una auténtica ventana al pasado, algo único en el mundo. Por primera vez en la historia moderna, tenemos la oportunidad de escuchar un sonido medieval», explica a la AFP este investigador que trabajó durante más de cinco años en este instrumento del siglo XI.

«No es una reconstrucción ni una hipótesis, sino el sonido original: la misma vibración que escuchaban antiguamente los cruzados en la iglesia de la Natividad», explica Catalunya durante un encuentro con la prensa internacional.

Actualmente está conservado en el convento de San Salvador, en la Ciudad Vieja de Jerusalén, pero más adelante será expuesto en un museo de la Custodia Franciscana de Tierra Santa.

Las notas son enigmáticas y su potencia -dado lo modesto que parece el instrumento- es improbable.

«Es como descubrir un dinosaurio vivo, porque es algo que sabemos que existió, pero que solo conocíamos a través de fósiles, es decir, con pruebas muy limitadas. Pero no se trata de un fósil… es el objeto real, con sonido real», comenta con entusiasmo Álvaro Torrente, otro musicólogo español -hijo, por cierto, del escritor Gonzalo Torrente Ballester- que participó en el proyecto de restauración.

Descubierto «casi por casualidad»

Este órgano fue descubierto «casi por casualidad» en 1906, según el hermano Eugenio Alliata, arqueólogo franciscano adscrito a esta misión religiosa encargada de varios lugares sagrados, entre ellos el Santo Sepulcro en Jerusalén y la Natividad en Belén, en Cisjordania ocupada.

Durante las obras de construcción de un albergue para peregrinos, se descubrieron 222 tubos de cobre y un carillón de campanas cerca del lugar considerado por los cristianos como el lugar de nacimiento de Cristo.

Enterrados con «sumo cuidado», estos elementos permitieron reconstruir un órgano fabricado en Francia en el siglo XI y transportado a Tierra Santa por los cruzados en el siglo XII, según Catalunya.

«Los cruzados que los enterraron esperaban que llegaría el momento en que volverían a resonar, y no fue en vano. Ha sido un gran honor ser testigo y participar en su resurrección», señala Koos van de Linde, uno de los especialistas mundiales en órganos.

Órgano «vanguardista»

Estos expertos destacan la complejidad técnica del objeto (18 tubos producen una nota) y su buen estado de conservación.

«Los cristianos de Europa llevaron a la basílica de Belén el instrumento musical más vanguardista utilizado en aquella época en la liturgia: el órgano, un instrumento destinado a convertirse en el emblema de la música sacra», señala Álvaro Torrente.

Espera que este «órgano de Belén», como lo denomina el equipo de investigación, despierte el interés del gran público, ya que, en su opinión, este hallazgo aún no ha revelado todos sus secretos.

¿Le ha pasado que su celular se queda sin batería justo cuando más lo necesita? Pues ahora, Apple creó una solución para este problema, pero hay una mala noticia: solo funciona en algunos modelos de iPhone, es como tener un asistente invisible que cuida la batería todo el día.

Semana

Esta nueva función es inteligente porque aprende cómo el usuario utiliza el celular y hace pequeños ajustes para que la batería dure más tiempo. Lo mejor de todo es que trabaja sola, sin que tenga que hacer algo.

¿Cómo funciona esta magia?

Con toda esa información, el celular se vuelve más listo y empieza a prepararse para los momentos cuando más batería va a necesitar.

Por ejemplo, si siempre usa mucho el celular en la tarde, el iPhone se da cuenta y durante la mañana baja un poco el brillo de la pantalla o cierra aplicaciones que no está usando, todo esto pasa sin que el usuario se entere, como si fuera magia.

Además, cuando la batería llega al 20%, automáticamente activa el modo de ahorro sin que tenga que acordarse.

Los celulares afortunados que tienen este superpoder

Aquí viene lo triste: no todos los iPhone tienen esta función. Solo los más nuevos pueden hacer este truco inteligente. Si tienes un iPhone 15 Pro o iPhone 15 Pro Max, está de suerte, pero también funciona en todos los iPhone 16 (el normal, el Plus, el Pro y el Pro Max) y el iPhone 16e. Además, debe tener actualizado el celular con iOS 26.

Pero los más afortunados son los que tienen los iPhone más vigentes: el iPhone 17, iPhone 17 Pro, iPhone 17 Pro Max y el iPhone Air. Estos ya vienen con la función activada desde que los sacas de la caja, es decir, desde el primer día su teléfono ya está cuidando la batería.

Si tiene uno de los iPhone compatibles, pero la función no está activada, es fácil prenderla:

Solo vaya a ‘Configuración’, busque ‘Batería’, luego ‘Modo de consumo’ y activa donde dice ‘Consumo adaptativo’. Si quiere, también puedes pedir que le avise cuando esté trabajando para cuidar la batería.

Con esta función, ya no tendrá que andar preocupado por cargar el teléfono cada rato.

Donald Trump anunció que planea designar al movimiento Antifa en Estados Unidos como una «organización terrorista».

BBC

El presidente estadounidense hizo el anuncio en su plataforma Truth Social el jueves describiendo a Antifa como un «DESASTRE ENFERMO Y PELIGROSO DE LA IZQUIERDA RADICAL».

También afirmó que «recomendará enfáticamente» que se investigue a quienes financian al movimiento.

Antifa, que es una abreviatura de «antifascistas», es un término general para grupos activistas de extrema izquierda y no constituye una entidad única. Generalmente se le identifica más como un movimiento poco definido, sin líderes, formado por manifestantes y activistas

El anuncio de Trump surge después del asesinato del activista conservador Charlie Kirk.

Y aunque no se ha presentado evidencia que vincule con algún grupo al sospechoso del asesinato, Tyler Robinson, tanto Trump como altos funcionarios de su gobierno han culpado repetidamente a grupos de izquierda de crear un clima de hostilidad hacia los conservadores antes del asesinato de Kirk.

Los críticos afirman que Trump está utilizando el asesinato de Kirk como pretexto para reprimir a sus opositores políticos.

Y algunos académicos y expertos argumentan que la medida anunciada por Trump de designar a un grupo o movimiento doméstico como organización terrorista carece de fundamento legal y violaría la Primera Enmieda de la Constitución que protege la libertad de expresión.

Pero ¿qué es Antifa y a quién representan?

¿A qué se oponen?

El objetivo de Antifa es impedir que grupos conservadores tengan una plataforma para promover sus ideas, argumentando que la manifestación pública de esas ideas conduce a ataques contra personas marginadas, incluyendo minorías raciales, mujeres y miembros de la comunidad LGBTQ+.

«El argumento es que el antifascismo militante es inherentemente autodefensa debido a la violencia históricamente documentada que ejercen los fascistas, especialmente contra las personas marginadas», dice Mark Bray, autor de «Antifa: El Manual Antifascista» y profesor de historia en la Universidad de Rutgers.

Aunque el grupo en ocasiones se cataloga como una organización de izquierda o de extrema izquierda, sus miembros se han focalizado en luchar contra la ideología de extrema derecha, más que en promover iniciativas que representen a un sector determinado del sistema político.

A diferencia de los movimientos o los partidos de izquierda convencionales, el grupo no busca conseguir cuotas de poder ganando elecciones o influyendo en la aprobación de leyes en el Congreso.

Con un fuerte discurso anticapitalista, sus tácticas han sido relacionadas con las de grupos anarquistas, más que con la izquierda tradicional.

¿Cómo se originaron?

Algunos grupos Antifa datan los orígenes de su movimiento en las luchas contra los fascistas europeos en las décadas de 1920 y 1930.

Mark Bray afirma que el Antifa estadounidense moderno comenzó en la década de 1980 con un grupo llamado Acción Antirracista. Sus miembros se enfrentaron a skinheads neonazis en conciertos punk en el Medio Oeste estadounidense y otros lugares.

Pero a principios de la década de 2000 el movimiento casi desapareció por completo en Estados Unidos. Sólo experimentó un auge de interés con el ascenso de Donald Trump y su primera elección en 2016.

Desde entonces, los activistas de Antifa se han enfrentado habitualmente con manifestantes de extrema derecha y la policía, tanto en acaloradas discusiones en línea como en violentas protestas por todo Estados Unidos, como el violento enfrentamiento con nacionalistas blancos en Charlottesville en 2017 y las protestas tras el asesinato de George Floyd a manos de la policía en Minneapolis en 2020.

Sus tácticas

Antifa no reniega sobre el uso de la violencia como un método válido para protestar en las calles, incluyendo la destrucción de propiedad privada y, en ocasiones, la violencia física contra sus opositores.

Como el movimiento busca interrumpir eventos de la extrema derecha y a sus oradores, emplean diversas tácticas, como gritar, corear y formar cadenas humanas para bloquear a los manifestantes de derecha.

En internet sus tácticas incluyen monitorear a la extrema derecha en redes sociales y también divulgar información personal sobre sus opositores.

Los grupos Antifa también utilizan formas más tradicionales de organización comunitaria, como manifestaciones y marchas de protesta. Las facciones más extremistas portan armas como gas pimienta, cuchillos, ladrillos y cadenas, y no descartan la violencia.

Los críticos del movimiento afirman que lo que distingue a Antifa de la izquierda convencional es la disposición de algunos activistas a usar la violencia para promover su causa.

Los simpatizantes de Antifa, a su vez, afirman que el uso de la fuerza es en defensa propia o para defender a sus comunidades.

Organización terrorista

No está claro cómo la administración etiquetaría como organización terrorista lo que, en efecto, es un movimiento descentralizado y sin una estructura de liderazgo o jerarquía clara, y la Casa Blanca no ha ofrecido más detalles.

Además, el movimiento es una entidad nacional y, como tal, no es candidata a ser incluida en la lista de organizaciones terroristas extranjeras del Departamento de Estado.

En esta lista están incluidas organizaciones extremistas como Estado Islámico y Al Qaeda y este año se incluyó también a varias bandas, pandillas y carteles de drogas latinoamericanos.

La designación de «organización terrorista» es importante porque, en parte, permite al Departamento de Justicia procesar a quienes brindan apoyo material a las entidades incluidas en ella, incluso si dicho apoyo no resulta en violencia.

Trump inicialmente planteó la idea de designar a Antifa organización terrorista en 2020, en medio de las violentas protestas a nivel nacional tras la muerte de George Floyd.

En aquel momento, expertos legales afirmaron que tal medida carecía de fundamento legal, sería difícil de implementar y planteaba inquietudes sobre la libertad de expresión (protegida en la Primera Enmienda de la Constitución), dado que adherirse a una ideología generalmente no se considera un delito.

«No existe ninguna autoridad legal para hacerlo, y si se aprobara (una ley de terrorismo doméstico), se enfrentaría a serias impugnaciones de la Primera Enmienda», le dijo al New York Times Mary B. McCord, exdirectora de la División de Seguridad Nacional del Departamento de Justicia.

«Pero, actualmente, la única autoridad antiterrorista (en EE.UU) es para las organizaciones terroristas extranjeras», agregó.

También en 2020 el entonces director del FBI durante la administración de Trump, Christopher Wray, dijo en su testimonio que Antifa era «una ideología o un movimiento, no una organización» y como tal carecía de la estructura jerárquica que normalmente le permitiría ser designada como grupo terrorista por el gobierno federal.

El despliegue naval de Estados Unidos en el Caribe produjo su primera acción militar. Una embarcación originada en Venezuela, presumiblemente transportando drogas a Estados Unidos, fue atacada en aguas internacionales. Ordenado por Trump, el ataque dejó once muertos. El pasado lunes un segundo barco fue hundido por el mismo motivo, dejando al menos tres muertos. Dicha operación se apartó del protocolo habitual de la Guardia Costera, consistente en vigilancia, interdicción e inutilización de una embarcación sospechosa, mas no el ataque y la eliminación de sus tripulantes. De ahí que voces críticas señalaran que el ataque había sido violatorio del Derecho Internacional, ya que el narcotráfico no es un acto de guerra sino un delito. Se trataría entonces de una ejecución sumaria. El Derecho Internacional estipula que el uso de la fuerza sólo es legal en defensa propia o con autorización explícita del Consejo de Seguridad de la ONU. Y en tal caso, rigen las Convenciones de Ginebra de 1949 que tipifican los crímenes de guerra, especialmente diseñados para proteger a civiles e infraestructura civil. Claro que dichas normas y convenciones son aplicables a las guerras convencionales; es decir, conflictos entre entidades jurídicas reconocidas, por lo general estados, dispuestas a encuadrar sus acciones dentro de parámetros legales. No es el caso de muchas de las guerras de hoy, frecuentemente llamadas ‘asimétricas’, un conflicto en el que los contendientes recurren a estrategias y tácticas no convencionales.

Por: Héctor Schamis – ABC

De hecho, el concepto de ‘guerra asimétrica’ denota una amplia variedad de confrontaciones no convencionales. La guerra de guerrillas, el terrorismo suicida, el secuestro y sabotaje, el ciberespionaje y el narcotráfico, entre otros, son ejemplos relevantes. La pregunta ineludible es acerca de la eficacia del derecho internacional y los métodos convencionales frente a estas amenazas. Ello le agrega un crítico componente ético y legal. El ataque en el Caribe ilustra el punto, pero no es el primero y no será el último.

En enero de 2020 Trump ordenó la ejecución de Qasem Soleimani, el comandante de la Fuerza Quds, cuerpo de elite de la Guardia Revolucionaria iraní, considerada como organización terrorista por EE.UU. y otros países. Obama, por su parte, ordenó la ejecución de Bin Laden en mayo de 2011, una operación de inteligencia llevada a cabo en Pakistán. Un verdadero halcón con el yihadismo radical, Obama también autorizó 500 ataques secretos con drones en Pakistán, Libia, Irak, Afganistán, Siria, Somalia y Yemen.

Lo anterior es relevante para el caso de Maduro, quien encarna una variedad de amenazas no convencionales. Su régimen atenta contra la paz y la seguridad regional al forzar el éxodo, una verdadera política de Estado. Inicialmente hacia el sur, los caminantes de los Andes, luego hacia el norte, a través del tapón del Darién, un cuarto de la población ha emigrado. Pues no hay empleo, no hay salud ni educación, no hay ley, no hay Estado, el crimen organizado manda en los territorios y, además, la dictadura tortura y asesina. Ello también representa una agresión para los países vecinos, que deben absorber los costos adicionales, tanto fiscales como en seguridad y salud. Maduro inició esa guerra hace tiempo.

A pesar de la distancia, Chile ha sufrido la violación de su soberanía y un acto de agresión injustificado y no provocado por parte de la dictadura venezolana. En febrero de 2024, el teniente Ronald Ojeda, oficial naval venezolano, ex preso político exiliado en Chile, fue secuestrado y asesinado. La Fiscalía chilena acusó al Gobierno de Venezuela de haber ordenado su asesinato, ejecutado por el Tren de Aragua.

No sorprende. El régimen chavista siempre se apoyó en organizaciones paralelas no estatales, bandas delictivas en las prisiones y el crimen organizado. Funciona en colusión con ellos y con diferentes grados de integración. Los vínculos entre sí no son accidentales, son orgánicos. Es la fusión de la violencia del Estado, el control territorial y los extraordinarios recursos que se originan en el tráfico de drogas y personas, la minería ilegal y el contrabando de gasolina.

Por ello Venezuela está en guerra, las múltiples guerras por el recurso. Las varias disidencias FARC, el ELN, el clan del Golfo y el cartel de Sinaloa, entre otros, gozan de la protección de la dictadura para sus operaciones. Son sus socios en la extracción de rentas de las economías criminales: en el Catatumbo (Colombia) y en Apure (Venezuela) con el cultivo y tráfico de cocaína, en la Guajira con el tráfico de personas, en el Orinoco con los recursos mineros. El señor de la guerra (‘warlord’) principal opera desde el palacio presidencial de Miraflores.

Maduro ya declaró la guerra a los países cuyos ciudadanos retiene como rehenes. Según organizaciones de derechos humanos, hay 89 personas de diversas nacionalidades extranjeras entre los presos políticos. La detención arbitraria de extranjeros hace las veces de política exterior, pues es moneda de cambio para canjearlos por beneficios económicos y políticos; y luego encarcelar a otros, la ‘puerta giratoria’. Dicha ‘diplomacia de rehenes’ se ha intensificado desde la elección de julio de 2024.

Maduro también declaró la guerra a los venezolanos. Por ello está investigado en la Corte Penal Internacional con cargos de ejecuciones extrajudiciales, tormentos, violaciones y torturas de carácter sexual, encarcelamientos por razones políticas y el uso de la desaparición forzada como táctica represiva. Son crímenes que Maduro hasta confesó haber perpetrado. Vaticinó un «baño de sangre y una guerra civil» si la oposición triunfaba en la elección del 28 de julio de 2024. Una vez que dicha victoria ocurrió, y en una verdadera confesión de parte, aseguró tener «más de 1.200 capturados y estamos buscando a mil más. Los vamos a agarrar, los vamos a agarrar a toditos, y no va a haber perdón esta vez».

Con Maduro no habrá paz en Venezuela ni seguridad en las Américas, sus guerras ameritan la intervención. Los instrumentos del Derecho Internacional para tal efecto están allí; activarlos es cuestión de voluntad. La Convención de Palermo fue adoptada por la ONU en 2000 para combatir la delincuencia organizada transnacional mediante la cooperación y la armonización de las leyes nacionales. Palermo es consistente con la ley Magnitsky de 2012 y 2016 en EE.UU. Ambas versiones imponen sanciones a personas y entidades extranjeras involucradas en corrupción o violaciones graves de derechos humanos. Autoriza al presidente a imponer prohibiciones de visado y congelar activos de los responsables en cualquier lugar del mundo.

El Estatuto de Roma de 1998 tipifica los crímenes de lesa humanidad, estableciendo que los mismos son imprescriptibles, de responsabilidad individual y de jurisdicción universal. A su vez, la Doctrina de la Responsabilidad de Proteger de 2005 postula que la soberanía conlleva la responsabilidad de los estados de proteger a la población de crímenes atroces y violaciones graves de derechos humanos, y que en caso de incumplimiento dicha responsabilidad recae en la comunidad internacional. Así, contempla la posibilidad de usar la fuerza bajo la autoridad del Consejo de Seguridad. En Venezuela, el Estado está en manos de una organización criminal. Insistir en usar categorías de análisis político, o en darle estatus político –así sea el estatus de un brutal régimen autoritario– tiene por efecto normalizar, rehabilitar y legitimar a esa organización.

Buques de asalto, destructores, un crucero lanzamisiles, aviones de reconocimiento, un submarino de ataque y 10 cazas F-35, además de unos 9.000 soldados, ha desplegado hasta ahora Estados Unidos en el mar Caribe y Puerto Rico para su declarada lucha contra el narcoterrorismo, cuyo objetivo central parecen ser grupos de crimen organizado que operan desde Venezuela.

Por: Diego Zúñiga – DW

Es una cantidad no despreciable de personal militar y maquinaria bélica que hasta ahora ha dejado 14 muertos en ataques contra lanchas supuestamente cargadas con drogas.

«Si usted está solo preocupado por el narcotráfico, no tira una flota de ocho o nueve buques con misiles y toda esa parafernalia militar frente a un tema que tiene más que ver con la cooperación policial», dice a DW, en tono incrédulo, Daniel Pontón, decano de la Escuela de Seguridad y Defensa del Instituto de Altos Estudios Nacionales (IAEN) de Ecuador.

«Para hundir una lancha usted necesita un dron, no un buque. Es como usar un cañón para matar mosquitos», sostiene. Para él, el objetivo estadounidense va más allá.

«Es parte de una jugada geopolítica más amplia. Lo que está haciendo Donald Trump es una agenda de presión más», dice el especialista.

Jorge Mantilla, politólogo colombiano y experto en conflictos, comparte esta mirada. «Lo que estamos presenciando es un reposicionamiento en el marco de la nueva aproximación de Estados Unidos hacia el hemisferio occidental, donde parece estar decidido a recuperar un liderazgo regional», apunta, y donde no solo está en juego la situación venezolana, sino también «la presencia rusa, china e iraní en América Latina».

Uso directo de la fuerza

Mantilla estima que la situación entre Estados Unidos y Venezuela «es susceptible de escalar, eso ya está sucediendo con el cerco marítimo, y es probable que veamos un escenario de uso directo de la fuerza contra a Venezuela en los próximos meses».

Para ello, hay dos posibilidades, agrega: «Una es el uso de la fuerza a distancia, que se asemejaría mucho a lo que hizo Estados Unidos en Yemen o en Irán, con golpes a escenarios puntuales como bases, centrales energéticas o activos militares venezolanos».

Una segunda opción es una invasión terrestre, algo que no parece factible, estima el analista, «por lo costoso que sería políticamente para Estados Unidos y también por el costo humanitario que tendría no solo para Venezuela, sino también para los países vecinos, como por ejemplo Colombia».

«Un ataque es un escenario posible, con Trump no podemos descartarlo, es un tipo impredecible», advierte, por su parte, Daniel Pontón. Sin embargo, agrega, el presidente de Estados Unidos es también un tipo pragmático, y una invasión alteraría el escenario geopolítico de la región e implicaría muertos.

«Además, tienen 9.000 soldados para un país de 30 millones de habitantes y un millón de kilómetros cuadrados de extensión. Para invadir necesitas un despliegue más amplio. Bombardeos a zonas estratégicas para el narcotráfico sí puede ser», estima.

Respuestas puntuales, pero poco más

El Gobierno de Nicolás Maduro ha movilizado a millones de milicianos y puesto en alerta a sus fuerzas armadas. La posibilidad de un ataque externo es, ante todo, una oportunidad para unificar el frente interno. Pero eso podría no bastar ante una agresión de la principal potencia del planeta.

«La capacidad militar venezolana ha diezmado mucho en la última década, sobre todo por la crisis de abastecimiento de combustible y de mantenimiento técnico de los equipamientos», dice Mantilla.

«Venezuela podría responder de forma puntual sobre algunos de los activos militares que están desplegados en el Caribe, pero considero que una eventual reacción se dará más a nivel de capturar ciudadanos estadounidenses en Venezuela, o intentar atrapar a María Corina Machado», prevé.

«Y, a partir de ahí, establecer negociaciones con Washington», añade el politólogo, para quien la estrategia militar es solo un componente más de un plan más amplio. «Me parece que Trump siente mayor predilección por sanciones financieras, como los aranceles», sostiene.

De cualquier modo, observa Mantilla, «el régimen venezolano se prepara para una intervención en tierra porque es el escenario militar que más les convendría, y también tiene que ver con dar sustento y legitimidad a la idea de la invasión gringa que genera tanto combustible para la narrativa de izquierda latinoamericana».

«Todo el mundo menosprecia a las fuerzas venezolanas, pero tienen a la inteligencia cubana al lado, que sobrevivió a la Guerra Fría. Ellos algo han de saber sobre protección», complementa Pontón.

«El chavismo lleva 25 años en el poder y han aprendido de agenda geopolítica. Si bien militarmente no tienen ninguna opción, el tiempo juega a favor de Maduro, porque cuando hay una amenaza latente durante tanto tiempo, esa amenaza empieza a disiparse. Maduro lo sabe».

Sin embargo, añade el analista ecuatoriano, a Trump no le gusta perder y no puede descartarse que haga algo para declararse satisfecho y luego se olvide del asunto. Pontón pone el ejemplo del bombardeo a Irán: «Atacó, dejó que le bombardearan de vuelta una base en Qatar y todos felices».

La Guardia Costera de Estados Unidos anunció el jueves que ha incautado más de 75.000 libras de cocaína en el Océano Pacífico Oriental desde que lanzó la Operación Víbora del Pacífico a principios de agosto, con un promedio de más de 1.800 libras interceptadas diariamente.

Por: Guardia Costera de EEUU

Estas incautaciones de drogas y la aprehensión de 59 personas sospechosas de narcotráfico fueron el resultado de más de 20 interdicciones desde el 8 de agosto.

A través de la Operación Víbora del Pacífico, la Guardia Costera está intensificando las operaciones antidrogas en el Océano Pacífico Oriental, donde continúa un importante transporte de narcóticos ilícitos desde Sudamérica. En coordinación con socios internacionales e interinstitucionales, la Guardia Costera está aumentando sus recursos —buques, aeronaves y equipos tácticos— para interceptar, incautar e interrumpir el transbordo de cocaína y otras drogas ilícitas a granel. La Operación Víbora del Pacífico continúa los esfuerzos de la Guardia Costera para proteger el territorio nacional, combatir el narcotráfico y desmantelar las Organizaciones Terroristas Extranjeras, las Organizaciones Criminales Transnacionales y los cárteles que buscan producir y traficar drogas ilícitas a Estados Unidos.

“La fuerza de combate marítimo de la Guardia Costera es incansable en nuestras operaciones continuas para combatir el narcotráfico”, declaró el Contralmirante Jeffrey Novak, subcomandante del Área del Pacífico. “Nuestro último hito en la Operación Víbora del Pacífico —más de 34.900 kilos de cocaína incautados— subraya nuestro compromiso con el desmantelamiento de Organizaciones Terroristas Extranjeras y Organizaciones Criminales Transnacionales dedicadas al narcotráfico. La Guardia Costera está desplegando toda la autoridad y capacidad a nuestra disposición para desmantelar cárteles y organizaciones criminales, detener el flujo de drogas letales hacia Estados Unidos y asegurar las fronteras y los accesos marítimos estadounidenses. Mientras continuamos nuestra labor crucial para defender a Estados Unidos, estoy sumamente orgulloso de los hombres y mujeres de la Guardia Costera que celebran este hito”.

Detectar e interceptar el narcotráfico en alta mar requiere una importante coordinación interinstitucional e internacional. La Fuerza de Tarea Conjunta Interinstitucional Sur del Comando Sur de los Estados Unidos, con sede en Cayo Hueso, Florida, detecta y monitorea el tránsito aéreo y marítimo de drogas ilegales. Una vez que la interceptación es inminente, comienza la fase policial de la operación, y el control de la misma recae en la Guardia Costera de los Estados Unidos durante todo el proceso de interceptación y aprehensión. Las interceptaciones en el Océano Pacífico Oriental son realizadas por miembros de la Guardia Costera de los Estados Unidos bajo la autoridad y el control del Distrito Suroeste de la Guardia Costera, con sede en Alameda, California.

La Guardia Costera es la principal agencia federal de Estados Unidos para la interdicción marítima de drogas. Formamos parte del equipo del Departamento de Seguridad Nacional que protege a nuestra nación y somos en todo momento un servicio militar y parte de la fuerza conjunta que la defiende.

La congresista estadounidense María Elvira Salazar anunció que su propuesta de enmienda a la Ley de la Pana fue aprobada de forma unánime por el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes.

La Patilla

La iniciativa busca convertir «dinero robado en una herramienta para la libertad de Venezuela», permitiendo que los casi 4.000 millones de dólares incautados a narcotraficantes y criminales vinculados a los regímenes de Hugo Chávez y Nicolás Maduro sean invertidos en la reconstrucción de un «Venezuela democrática».

«Así es como podemos empezar a reconstruir Venezuela después de décadas de devastación», afirmó la congresista Salazar en su publicación.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, negó este jueves haber mantenido conversaciones con miembros de su Gobierno para planear un «cambio de régimen» en Venezuela.

EFE

El republicano lo dijo a la prensa a bordo del avión presidencial Air Force One, durante su regreso a Washington tras la visita de Estado al Reino Unido.

Una periodista le preguntó si ha mantenido conversaciones con el secretario de Estado, Marco Rubio, o con líderes militares sobre un posible cambio de régimen en Venezuela, a lo que Trump respondió con un escueto: «No, no lo he hecho».

La tensión entre Estados Unidos y Venezuela se ha elevado en las últimas semanas por el despliegue militar estadounidense en el mar Caribe con el argumento de combatir, según Washington, el narcotráfico proveniente del país suramericano.

Según Trump, las fuerzas estadounidenses han hundido en aguas internacionales hasta ahora al menos tres embarcaciones que presuntamente transportaban drogas, matando a las personas que iban a bordo, pero Venezuela niega que fueran traficantes y califica los ataques de «ilegales».

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, ha advertido que su país está en una fase de «lucha no armada», pero, subraya, que si «fuera agredida por el imperio estadounidense» pasaría «inmediatamente» a la «lucha armada» para enfrentar «al grupo yanqui (estadounidense) invasor».

La Administración de Trump ofrece una recompensa de hasta 50 millones de dólares por información que conduzca a la captura de Maduro, a quien acusa de liderar el Cártel de los Soles, algo que el Gobierno venezolano niega rotundamente.

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