Morfema Press

Es lo que es

Armando Esteban Quito

El diputado de la Asamblea Nacional, Reinaldo Sifuentes informó que aunque el Ejecutivo Nacional no ha emitido el decreto oficial el parlamentario asomó detalles de lo que podría ser el nuevo esquema de remuneración para los trabajadores.

2001

Según lo expuesto por Sifuentes, la meta es unificar el ingreso para que el trabajador perciba un total aproximado de, $230 mensuales, que combine el salario base y bonificaciones.

Yo entiendo aunque estos 230 dólares no serían suficientes, debemos ir paulatinamente, mientras vaya recuperándose la economía nacional, ir recuperando el salario de los trabajadores.. Seria bueno un salario de 500 dólares más o menos lo que puede estar la canasta básica, destacó.

«Debemos ser responsables; el aumento debe ser progresivo mientras la economía se recupera para evitar un impacto inflacionario que diluya el ingreso».

Este monto buscaría recuperar parte del poder adquisitivo perdido frente a la inflación y el alza del dólar oficial,

El salario mínimo estaría anclado al dólar, lo que significa que el monto en bolívares se ajustaría periódicamente según la tasa oficial del Banco Central de Venezuela (BCV).

Algunas viejas verdades sobre la guerra han estado golpeando la puerta del Despacho Oval en el mes desde que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, enviaron aviones de combate estadounidenses e israelíes a bombardear Irán.

Por: Jeremy Bowen – BBC

La incapacidad de aprender del pasado significa que Donald Trump se enfrenta ahora a una disyuntiva determinante. Si no logra alcanzar un acuerdo con Irán, puede intentar declarar una victoria que no engañará a nadie, o bien escalar la guerra.

La más antigua de esas viejas verdades proviene del estratega militar prusiano Helmuth von Moltke el Viejo: «Ningún plan sobrevive al primer contacto con el enemigo». Escribía esto en 1871, el año en que Alemania se unificó como imperio, un momento que fue tan decisivo para la seguridad de Europa como esta guerra podría serlo para la seguridad de Medio Oriente.

Quizás Trump prefiera la versión moderna del boxeador Mike Tyson: «Todo el mundo tiene un plan hasta que recibe un golpe».

Aún más relevantes para Trump resultan las palabras de uno de sus predecesores, Dwight Eisenhower, el general estadounidense que comandó los desembarcos del Día D en 1944 y que ejerció dos mandatos como presidente republicano de EE.UU. en la década de 1950.

La versión de Eisenhower decía: «Los planes no valen nada, pero la planificación lo es todo». Con ello quería decir que la disciplina y el proceso de elaborar planes para librar una guerra hacen posible cambiar el rumbo cuando ocurre lo inesperado.

Para Trump, ese factor inesperado ha sido la resiliencia del régimen de Irán. Al parecer, él esperaba que se repitiera la operación relámpago mediante la cual el ejército estadounidense secuestró en enero al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y a su esposa, Cilia Flores.

Ambos se encuentran ahora detenidos en Nueva York a la espera de juicio. La vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, lo ha sustituido en la presidencia y acata órdenes de Washington.

El aforismo de Eisenhower sobre la importancia de planificar con anticipación surgió en un discurso de 1957. Había sido el responsable de planificar y comandar la mayor operación militar anfibia de la historia, el desembarco de Normandía, así que sabía de lo que hablaba.

Explicó que, ante una emergencia inesperada, «lo primero que hay que hacer es desechar todos los planes y empezar de cero. Pero si no se ha planificado, no se puede empezar a trabajar, al menos no de forma inteligente».

«Por eso es tan importante planificar, para mantenerse al tanto de la naturaleza del problema que algún día se nos pueda pedir que resolvamos o que ayudemos a resolver».

Lejos de capitular o colapsar tras el asesinato del líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei, en el primer ataque aéreo de la guerra, a manos de Israel y Estados Unidos, el régimen de Teherán sigue funcionando y contraatacando. Está jugando bien sus cartas, a pesar de su debilidad.

Por el contrario, Trump ha dado la impresión de improvisar sobre la marcha. Se guía por su intuición, no por las páginas de inteligencia y asesoramiento estratégico que otros presidentes han estudiado a fondo.

Aliados de Estados Unidos en el golfo Pérsico, encabezados por Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, están instando al presidente Donald Trump a que continúe con la guerra contra Irán, alegando que Teherán no ha quedado lo suficientemente debilitado por la campaña de bombardeos encabezada por Washington durante el último mes, según funcionarios estadounidenses, israelíes y de países del golfo.

AP

Luego de quejarse en privado al empezar el conflicto de que no se les dio un aviso previo adecuado del ataque estadounidense-israelí, y tras reprochar que Estados Unidos había ignorado sus advertencias de que la guerra tendría consecuencias devastadoras para toda la región, algunos de los aliados regionales están planteando ahora a la Casa Blanca que el momento ofrece una oportunidad histórica para incapacitar de una vez por todas al gobierno clerical de Teherán.

En conversaciones privadas, funcionarios de Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Baréin han transmitido que no quieren que la operación militar termine hasta que haya cambios significativos en el liderazgo iraní o se produzca un giro drástico en el comportamiento de Irán, según los funcionarios, que no están autorizados a hacer comentarios públicos y hablaron a condición de guardar el anonimato.

Las naciones del Pérsico hicieron su petición mientras Trump vacila entre afirmar que el diezmado liderazgo de Irán está listo para que el conflicto llegue a su fin, y amenazar con intensificar aún más la guerra si no se alcanza pronto un acuerdo.

Mientras tanto, el mandatario estadounidense tiene dificultades para reunir apoyo público en su país a una guerra que ha dejado más de 3.000 muertos en todo Oriente Medio y está sacudiendo la economía global. Aun así, Trump se muestra cada vez más seguro de contar con el respaldo total de sus aliados más importantes en la región, incluidos algunos que se mostraban reticentes ante una nueva campaña militar en los prolegómenos de la guerra.

“Arabia Saudí está contraatacando duramente. Qatar está contraatacando. Los Emiratos Árabes Unidos están contraatacando. Kuwait está contraatacando. Baréin está contraatacando”, declaró Trump el domingo por la noche a bordo del Air Force One, mientras se dirigía a Washington desde su casa en Florida. “Todos están contraatacando”.

Los países del golfo Pérsico albergan fuerzas y bases de Estados Unidos, desde las cuales la Casa Blanca ha lanzado ataques contra Irán, pero no se han sumado a los ataques ofensivos.

Aunque los líderes regionales respaldan en términos generales los empeños de Estados Unidos, un diplomático del golfo Pérsico describió que hay cierta división, y que Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos encabezan las exhortaciones a incrementar la presión militar sobre Teherán.

Los EAU se han convertido quizá en el país más belicista del Pérsico, y están presionando con fuerza para que Trump ordene una invasión terrestre, señaló el diplomático. Kuwait y Baréin también favorecen esa opción. Los EAU, que han sufrido más de 2.300 ataques con misiles y drones por parte de Irán, se han irritado aún más a medida que la guerra se prolonga y las ofensivas que reciben amenazan con empañar su imagen de ser un centro seguro, impecable y adinerado del comercio y el turismo en Oriente Medio.

Omán y Qatar, que históricamente han desempeñado el papel de intermediarios entre el Irán aislado económicamente durante largo tiempo y Occidente, prefieren una solución diplomática.

El diplomático indicó que Arabia Saudí ha sostenido ante Estados Unidos que poner fin a la guerra ahora no producirá un “buen acuerdo”, uno que garantice la seguridad de los vecinos árabes de Irán.

Los saudíes dicen que un eventual acuerdo para poner fin a la guerra debe neutralizar el programa nuclear de Irán, destruir sus capacidades de misiles balísticos, poner fin al apoyo de Teherán a grupos aliados y, además, garantizar que la República Islámica no pueda cerrar el estrecho de Ormuz en el futuro, como ha ocurrido durante el conflicto. Antes de la guerra, aproximadamente el 20% del petróleo mundial pasaba por esa vía marítima.

Lograr esos objetivos requeriría un giro drástico por parte de la teocracia que ha estado al mando del país desde la Revolución Islámica de 1979, o su salida del poder.

Por su parte, altos funcionarios emiratíes se han vuelto más directos en su retórica hacia Irán.

“Un régimen iraní que lanza misiles balísticos contra hogares, convierte el comercio global en un arma y apoya a grupos aliados ya no es una característica aceptable del panorama regional”, escribió Noura Al Kaabi, ministra de Estado del Ministerio de Relaciones Exteriores de los Emiratos Árabes Unidos, en una columna publicada el lunes por el periódico The National, el cual es redactado en inglés y vinculado al Estado. “Queremos una garantía de que esto no volverá a ocurrir jamás”.

La Casa Blanca declinó hacer comentarios para este despacho sobre las deliberaciones con los aliados del golfo Pérsico. Sin embargo, el secretario de Estado, Marco Rubio, subrayó el lunes que Estados Unidos y sus aliados árabes del Pérsico coinciden en su punto de vista con respecto a Irán.

“Son fanáticos religiosos a los que nunca se les debe permitir poseer un arma nuclear, porque tienen una visión apocalíptica del futuro”, declaró Rubio sobre el gobierno iraní en una presentación en el programa “Good Morning America”, de la cadena ABC. “Y, por cierto, todos sus vecinos saben eso, razón por la cual todos sus vecinos han respaldado los esfuerzos que estamos realizando”.

El príncipe heredero Mohamed bin Salman, líder de facto del reino, ha dicho a funcionarios de la Casa Blanca que debilitar aún más las capacidades militares de Irán y su liderazgo clerical sirve al interés de largo plazo de la región del golfo Pérsico y más allá, según una persona al tanto de las conversaciones.

Aun así, los saudíes son conscientes de que cuanto más se prolongue el conflicto, más oportunidades tendrá Irán de llevar a cabo ataques contra la infraestructura energética del reino, el corazón de su economía rica en petróleo.

Un funcionario del gobierno saudí recalcó que el reino, en última instancia, quiere ver una solución política a la crisis, pero que su prioridad inmediata sigue siendo proteger a su población y su infraestructura crucial.

En días recientes, Trump ha procurado destacar que la mayoría de los países del golfo Pérsico se han mantenido en perfecta sintonía con su gobierno mientras Estados Unidos lleva adelante la guerra, y ha puesto de relieve cómo se han unido en plena crisis, al tiempo que critica a los aliados de la OTAN por no sumarse a Washington en la lucha.

El viernes colmó de elogios a Baréin, Kuwait, Qatar, Arabia Saudí y los EAU por mostrar “valentía” a medida que se desarrollaba la guerra.

Durante un evento en Miami patrocinado por el fondo soberano saudí, el presidente se deshizo especialmente en elogios hacia el príncipe heredero saudí, al que calificó de “guerrero” y de “un hombre fantástico”.

Trump también aludió a que los países del Pérsico se mostraron reticentes ante su decisión y la del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu de iniciar la guerra, pero que desde entonces los han apoyado.

“No pensaban que esto iba a pasar; nadie lo pensaba”, expresó Trump, en referencia a que el gobierno iraní lanzó una amplia ofensiva de represalia a otros países del golfo. “Y se volvieron contra ellos y realmente se alinearon con mucha solidez. Y estaban con nosotros, pero no de forma indirecta. Estaban con nosotros”.

¿Se sumarán los aliados del golfo Pérsico a la lucha?

Trump aún no ha pedido a las naciones del golfo Pérsico que participen en operaciones ofensivas.

Un factor puede ser que el gobierno haya calculado que no valen la pena las complicaciones que conlleva saturar los cielos con fuerzas militares adicionales más allá de las de Israel.

Tres cazas estadounidenses fueron derribados por error por fuego amigo kuwaití en los primeros días del conflicto, en medio de un asalto aéreo iraní. Los seis tripulantes se eyectaron de los F-15E Strike Eagle y salvaron su vida.

Y seis militares estadounidenses murieron el 12 de marzo, cuando su avión cisterna KC-135 se estrelló en el oeste de Irak.

Otro factor es que sólo los EAU y Baréin están entre los Estados del Pérsico que tienen relaciones diplomáticas formales con Israel, lo que añade una capa de complejidad a sus cálculos, señala Yasmine Farouk, directora del proyecto sobre el golfo Pérsico y la península arábiga del International Crisis Group, un organismo sin fines de lucro que trabaja para prevenir y solucionar conflictos.

Pero Irán ha advertido que atacará infraestructura crucial de sus vecinos, incluidas plantas desalinizadoras utilizadas para proporcionar agua potable a la región, si Trump cumple su amenaza de atacar las centrales eléctricas iraníes en caso de que el país no abra el estrecho de Ormuz antes del 6 de abril.

“La ausencia de un objetivo claro, la ausencia de la confianza en que Estados Unidos realmente va a llegar hasta el final y terminar el trabajo… está haciendo que algunos de ellos se muestren reticentes”, expresó Farouk. “Pero si se produce un suceso grave o con muchas víctimas en uno de esos países, entonces estaría justificado que se vuelvan beligerantes”.

En un momento de profundos cambios políticos, tecnológicos y sociales en Estados Unidos, el venezolano-americano Héctor Mujica emerge como una de las candidaturas más llamativas en la carrera por el Senado por el estado de Florida. Su historia combina inmigración, sector privado, tecnología de punta y una visión clara sobre la necesidad urgente de renovar una institución dominada por generaciones anteriores.

La Patilla

Mujica no solo representa una nueva cara dentro del Partido Demócrata, sino también una nueva forma de entender el poder político en un país que enfrenta desafíos inéditos, especialmente en el ámbito tecnológico.

“Soy hijo de inmigrantes venezolanos que llegaron a este país buscando estabilidad y oportunidades”, explicó durante la entrevista . Su historia es similar a la de miles de familias venezolanas en el sur de la Florida: crecimiento en comunidades como Weston, educación pública y una formación profundamente influenciada por valores de comunidad y esfuerzo.

Graduado de Florida International University (FIU), Mujica construyó una carrera de casi dos décadas en el sector tecnológico, destacando su paso por Google, donde lideró iniciativas de impacto social y filantropía a nivel global. Allí, manejó inversiones por más de 100 millones de dólares enfocadas en generar oportunidades económicas y en la adopción de tecnologías avanzadas en sectores públicos y sociales.

Su experiencia en Google no fue solo técnica. Trabajó directamente en áreas como inteligencia artificial, respuesta a desastres naturales y desarrollo de soluciones tecnológicas para crisis, lo que le permitió entender de primera mano cómo la tecnología puede transformar —o agravar— la vida de millones de personas.

“Cuando el sistema funciona bien, puede cambiar vidas. Pero cuando no, deja a mucha gente atrás”, afirmó.

Un Senado envejecido frente a un mundo tecnológico

Uno de los puntos centrales de su candidatura es el contraste generacional dentro del Senado estadounidense. Actualmente, la edad promedio de los senadores ronda los 70 años, una realidad que, según Mujica, representa un desfase crítico frente a los desafíos del siglo XXI.

“El Senado es un cuerpo antiguo. Estamos en un punto de inflexión global con tecnologías como la inteligencia artificial, y necesitamos líderes que entiendan estas herramientas”, explicó.

Para el candidato, el problema no es únicamente la edad, sino la desconexión con el mundo digital. Señala que muchos legisladores carecen de conocimientos básicos sobre tecnología, lo que genera riesgos significativos en la regulación de sectores clave.

“Son personas que a veces ni siquiera saben usar bien sus teléfonos o enviar correos electrónicos, pero están tomando decisiones sobre el futuro tecnológico del país”, advirtió .

En ese sentido, Mujica plantea que la inteligencia artificial, al igual que las redes sociales en su momento, puede generar enormes beneficios, pero también riesgos profundos si no se regula adecuadamente. La diferencia, advierte, es que el impacto de estas nuevas tecnologías será exponencialmente mayor.

Del sector privado a la política

A diferencia de la mayoría de los candidatos, Mujica no proviene de una carrera política tradicional. Aunque tuvo una breve experiencia inicial en el Congreso y en el Departamento de Estado, su trayectoria principal se desarrolló en el sector privado.

“Soy el único candidato que viene del sector privado, que entiende cómo funciona la tecnología y el capitalismo cuando se aplica de forma responsable”, aseguró .

Este enfoque, según explica, le da una ventaja diferencial frente a sus contrincantes, especialmente en un contexto donde la innovación y la economía digital son pilares fundamentales del crecimiento.

Su candidatura se centra en una agenda “pro-Florida”, más allá de las divisiones partidistas, con énfasis en temas como el costo de vida, acceso a vivienda, seguro médico y oportunidades económicas.

“El problema número uno hoy es el costo de la vida. La gente no está pensando en demócratas o republicanos, está pensando en cómo pagar la renta y el supermercado”, señaló .

Tecnología, regulación y confianza

Uno de los ejes más importantes de su propuesta es la regulación tecnológica. Mujica insiste en que la clave no es frenar la innovación, sino crear marcos que generen confianza en la sociedad.

“Si no hay confianza en estas tecnologías, la gente no las va a adoptar. Y sin adopción, no hay progreso”, explicó .

Para él, el caso de las redes sociales es un ejemplo claro de lo que ocurre cuando la innovación avanza más rápido que la regulación: polarización, problemas de salud mental y pérdida de confianza pública.

Su propuesta busca anticiparse a ese escenario en el caso de la inteligencia artificial, estableciendo límites y salvaguardas desde el inicio.

Una voz venezolana en Washington

Más allá de la política interna de Estados Unidos, la candidatura de Mujica tiene una dimensión internacional relevante. Sería el primer venezolano-americano en aspirar al Senado, lo que le otorga una perspectiva única en temas de política exterior.

“El Senado tiene un rol clave en los asuntos internacionales, y es importante tener voces que entiendan lo que está pasando en Latinoamérica”, afirmó .

Sobre Venezuela, su postura es clara: no basta con cambios superficiales en el liderazgo político. Es necesario transformar las estructuras de poder.

“Cambiar una figura no es suficiente si el sistema sigue igual”, advirtió.

Mujica considera que la presión internacional debe ir acompañada de un plan serio de reconstrucción institucional y económica para evitar repetir ciclos de crisis.

En el caso de Cuba, expresó preocupación por posibles cambios cosméticos que mantengan intacto el sistema político. “La gente merece una transición real hacia la libertad”, señaló .

Inmigración: firmeza con humanidad

Como hijo de inmigrantes, Mujica también tiene una posición definida sobre la política migratoria. Defiende la necesidad de fronteras seguras y cumplimiento de la ley, pero critica medidas que considera inhumanas.

“Este es un país construido por inmigrantes. Hay que hacer cumplir la ley, pero también tratar a la gente con dignidad”, afirmó .

Cuestiona políticas que implican separación de familias o detenciones indiscriminadas, señalando que esas acciones contradicen los valores fundamentales de Estados Unidos.

Una campaña impulsada por la base

En el ámbito electoral, Mujica compite en un entorno complejo. Florida es un estado dominado actualmente por republicanos, y el escaño en disputa pertenece a Ashley Moody, designada tras la salida de Marco Rubio al Departamento de Estado.

Dentro del Partido Demócrata, enfrenta una primaria competitiva, pero asegura estar bien posicionado tras haber liderado la recaudación de fondos y encuestas iniciales .

A diferencia de campañas tradicionales, afirma que busca financiamiento de base, evitando dependencia excesiva de grandes corporaciones.

“Quiero una campaña respaldada por gente que crea en esta visión”, explicó .

Una apuesta por el futuro

La candidatura de Héctor Mujica representa una convergencia poco común: inmigración, tecnología, sector privado y renovación generacional. En un Senado con una edad promedio cercana a los 70 años, su propuesta pone sobre la mesa una pregunta clave: ¿está Estados Unidos preparado para adaptar su liderazgo a los desafíos del siglo XXI?

En un mundo donde la inteligencia artificial, la geopolítica y la economía digital redefinen las reglas del juego, Mujica apuesta a que la respuesta debe ser sí.

“Estamos escribiendo el futuro en tiempo real. Y necesitamos líderes que lo entiendan”, concluyó.

La líder de Venezuela María Corina Machado se reunirá este martes en el Departamento de Estado de EE.UU. con el secretario de esta institución, Marco Rubio, a las 10.00 hora local (14.00 GMT), informó la portavocía oficial de la también nobel de la paz 2025.

EFE

A través de X, el equipo de Machado anunció la reunión, aunque no ofreció detalles sobre los temas a tratar ni información adicional al respecto.

El encuentro tiene lugar después de que Estados Unidos reanudara el lunes oficialmente las operaciones de su Embajada en Caracas, luego de que la Administración de Donald Trump y el régimen chavista liderado por Delcy Rodríguez, restablecieran las relaciones diplomáticas entre ambos países, rotas desde 2019.

Asimismo, se da en un contexto en el que Machado ha manifestado su voluntad de regresar a Venezuela, después de que saliera del país el pasado diciembre para recibir en Noruega el Premio Nobel de la Paz tras pasar un año en la clandestinidad para evitar ser arrestada por las autoridades venezolanas, que la han acusado de violenta y de pedir una invasión militar.

La opositora regresará a Venezuela «en los próximos días», reiteró el sábado su partido Vente Venezuela (VV), sin precisar una fecha de retorno de la dirigente.

La semana pasada, una delegación venezolana liderada por el encargado de negocios Félix Plasencia visitó Washington para reunirse con miembros del Gobierno de Trump y recibir el control de la Embajada venezolana en Estados Unidos, custodiada desde 2023 por el Departamento de Estado.

Desde la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el 3 de enero en Caracas, la Administración de Trump y el régimen chavista de Delcy Rodríguez han acercado posiciones y a principios de marzo restablecieron formalmente las relaciones diplomáticas entre ambos países.

Arturo Arenas, ingeniero electricista con más de 40 años de trayectoria, informó sobre el diagnóstico preliminar de multinacionales como Siemens Energy y General Electric en el país.

Unión Radio

El estudio estima que la recuperación del sector eléctrico requiere una inversión de entre 15 mil y 40 mil millones de dólares. Este proceso de mejora integral para alcanzar un servicio confiable tomaría un periodo de entre 5 a 15 años.

El financiamiento de la CAF para estos proyectos avanza de forma lenta, pero el sector mantiene altas expectativas sobre la llegada de los recursos. Actualmente, el sistema presenta baja confiabilidad y racionamientos intensos debido al equinoccio de verano y al aumento de la demanda por el calor.

«Hay que recuperar plantas térmicas hidroeléctricas que están en un mal estado», afirmó el experto sobre las prioridades de generación en entrevista concedida a Román Lozinski para el Circuito Éxitos.

Arenas instó a la población a sumarse a iniciativas de eficiencia energética ante la crisis actual. La demanda eléctrica nacional subió a 14.800 MW, por lo que un ahorro ciudadano del 5% permitiría liberar 600 MW de carga. El Ministerio de Energía prevé una mejoría ligera para finales de abril, aunque la solución definitiva depende de la inversión en redes de transmisión, distribución y subestaciones.

Más tarde, el juicio de Slobodan Milošević ante un tribunal internacional mostró otra variante: la justicia como escenario global, donde el banquillo adquiere valor simbólico más allá de la condena

ORLANDO VIERA-BLANCO 31/03/2026

En el banquillo no se sienta únicamente un hombre, sino una época, una nueva era en el orden público internacional, de la justicia penal, de la historia de la humanidad.

El proceso contra Nicolás Maduro en Nueva York irrumpe en la escena internacional como una de esas raras coyunturas donde el derecho penal deja de ser técnica y se convierte en relato histórico, trepidante, desafiante. Como advirtió Hannah Arendt, “el poder y la violencia no son lo mismo, pero cuando el poder se erosiona, la violencia emerge” y podríamos añadir, cuando el poder se desploma, el derecho aparece como mecanismo de cierre, de transición o de disputa. Y cambia todo lo que lucía imbatible.

El paralelismo con Manuel Noriega es inevitable. Su captura tras la invasión de Panamá [1989] inauguró una lógica que hoy se consolida: la posibilidad que EEUU ejerza jurisdicción penal sobre figuras estatales extranjeras mediante una combinación de fuerza y legalidad. Y de ahí un salto a poder político concedido por la justicia, es un capitulo a entender y redimir.

Más tarde, el juicio de Slobodan Milošević ante un tribunal internacional mostró otra variante: la justicia como escenario global, donde el banquillo adquiere valor simbólico más allá de la condena. Y el caso de Alberto Fujimori que ofrece un tercer modelo: el juicio interno como mecanismo de reconstrucción institucional.

No incluimos el juicio a CAP porque ya la historia juzgó que no fue un juicio real, sino un linchamiento político.

El proceso de Maduro parece condensar estos tres arquetipos, pero con un matiz decisivo: la extraterritorialidad como herramienta central. No se trata de juzgar, sino de capturar, trasladar y procesar bajo un marco jurídico que—formalmente válido en el derecho estadounidense—tensiona principios clásicos del derecho internacional. Como señalaba Carl Schmitt, “soberano es quien decide sobre el estado de excepción”. En este caso, la excepción parece haberse normalizado en nombre de la lucha contra amenazas transnacionales, que ya lo alertaban los tratados TIAR [Tratado Internacional de Asistencia Reciproca]; PALERMO [Tratado contra en crimen organizado] o la propia Carta de las Naciones Unidas, y la supremacía de los DDHH sobre la soberanía. Excepción por cierto, enmarcada en la legitima defensa internacional, cuyo concepto no puede ser atrapado por condiciones regladas sujetas a vetos [Consejo de Seguridad] o restricciones a estados ‘de guerra’, cuando el crimen organizado o el terrorismo han sido tanto o más erosivos que una confrontación armada.

El uso del tipo penal de narcoterrorismo refuerza esta ambición

No se juzga únicamente una conducta delictiva, sino una supuesta fusión entre crimen organizado y estrategia estatal. Una construcción jurídica que exige probar intencionalidad política, coordinación con actores armados y un propósito que trascienda el lucro. En términos probatorios es un edificio complejo, sostenido en gran medida por testigos cooperantes, figuras que—como ha advertido la criminología contemporánea—operan entre la verdad y la negociación. Y ahí está el peso testimonial de El pollo et al.

Pero más allá del resultado judicial, el verdadero impacto del caso se despliega en la esfera de la diplomacia internacional. La captura y procesamiento de un ex jefe de Estado redefine los límites de la soberanía. Como sugiere Anne-Marie Slaughter: “el mundo contemporáneo no se organiza sólo en Estados, sino en redes de autoridad donde tribunales, agencias y actores transnacionales ejercen poder más allá de fronteras formales”.

El caso Maduro encarna esa transición: el paso de un orden westfaliano de soberanías inquebrantables, a uno global donde la jurisdicción se proyecta como instrumento de poder no estrictamente territorial.

El precedente no es menor. Para los llamados “Estados paria” o sistemas híbridos donde el poder político se entrelaza con economías ilícitas—capitales sucios [Tainted Capitals/No clean assets]—el mensaje es doble. Por un lado, existe la posibilidad real de rendición de cuentas más allá de las fronteras nacionales, considerando que la actividad ilícita afecta la seguridad de otros estados. Por otro, esa rendición de cuentas puede tener un carácter geopolítico. Como advertía Michel Foucault “el poder no se posee, se ejerce”; y el derecho penal global se ha convertido en una de sus formas más sofisticadas de ejercicio.

Estamos cabalgando por un proceso profundo de revisión histórica del concepto de soberanía. La justicia no debe percibirse como instrumento político pero la impunidad no otorga legitimidad al modelo totalitario. Aquí emerge la relevancia de un juicio justo que reivindique la historia…

La eficacia frente a la legitimidad

Es aquí donde el análisis subraya una tensión central. La extraterritorialidad permite actuar donde los sistemas internos fallan, pero al hacerlo erosiona principios que sostienen el orden internacional. Y esa erosión no es neutra. Puede abrir la puerta a un nuevo paradigma de justicia global, pero también a un uso selectivo del derecho como factor de poder [Foucault]. Lo bueno o malo de esa percepcion será la correcta aplicacion de la justicia y del debido proceso.

En términos de Ciencia Política, el caso habilita un mecanismo de transición indirecta. Al desplazar a Maduro al ámbito judicial externo se reconfigura el campo político interno venezolano. Se despersonaliza el conflicto, se facilita la recomposición de élites y se abre un espacio para negociaciones que de otro modo eran inviables. Como observó Guillermo O’Donnell en sus estudios sobre transiciones, los procesos de salida de regímenes autoritarios rara vez siguen un guion lineal; suelen combinar elementos de ruptura, negociación y, en ocasiones, justicia diferida.

Sin embargo, el desenlace sigue abierto. Y con él, la pregunta fundamental: ¿Estamos ante una evolución del Derecho Penal global o ante una sofisticación de la política por otros medios?¿Una inevitable combinación de política y justicia?. A fin de cuentas en ese banquillo no sólo se juzga a un hombre, sino se ensaya un modelo de orden internacional, en el que el derecho alcanza al poder en un espacio donde el dictador se creía intocable. Entonces el poder se redefine por los límites del derecho cuando la soberanía [a lo interno] aun solicitado, no lo permitía.

En esa tensión—irreductible, persistente—se juega algo más que un caso: se juega el sentido, alcance y prelación de la justicia sobre el poder en la era global.

En definitiva el proceso contra Nicolás Maduro en un tribunal federal de Nueva York no puede leerse como un expediente penal más. Es una escena donde confluyen—y colisionan—derecho, geopolítica, legitimidad y transición. En estos momentos excepcionales, el derecho deja de ser una gramática técnica para convertirse en un lenguaje político [sic] donde—decíamos—el poder se descompone y lo que emerge es un ajuste, una redefinición del orden público internacional donde los conceptos y reconocimientos de la soberanía y no intervención quedan subordinados a la seguridad de los estados en un mundo global, los DDHH y la supremacía de la justicia sobre el poder político ilegítimo.

Extraterritorialidad: soberanía, intencionalidad e inmunidad

Desde la perspectiva del derecho estadounidense, la captura extraterritorial es una práctica de base consolidada. La doctrina deriva de casos como Noriega o el de Humberto Álvarez-Machain que establecen que la jurisdicción no se ve afectada por la ilegalidad de la captura. El principio es pragmático: una vez que el acusado está ante el tribunal, el proceso puede seguir su curso.

El tipo penal de narcoterrorismo como construcción estratégica, es un precedente que refuerza la aplicabilidad de normas penales supranacionales. El corazón jurídico del caso reside en la imputación de narcoterrorismo. Esta figura no sólo criminaliza el tráfico de drogas, sino que lo vincula a una estrategia política orientada a afectar la seguridad nacional de EEUU […] Se trata de una construcción ambiciosa que eleva el caso desde el ámbito del crimen organizado al de la seguridad internacional.

En términos probatorios, esto implica demostrar: i.-Coordinación con actores armados (como las FARC); ii.-Conocimiento y control de las operaciones y una finalidad política específica de daño.

La inmunidad es otro alegato en disputa. Históricamente, la inmunidad soberana ha protegido a los jefes de Estado frente a jurisdicciones extranjeras. Sin embargo, este principio ha sido progresivamente revisado y ajustado[…]El caso de Augusto Pinochet en Londres marcó un punto de inflexión. Aunque finalmente no fue juzgado en el Reino Unido, su detención estableció que ciertos crímenes no pueden quedar amparados por la inmunidad.

En el caso de Maduro la situación es aún más compleja: EEUU no lo reconoce como jefe de Estado legítimo, ha sido desplazado de facto del poder y los cargos se refieren a conductas criminales, no a actos oficiales. Esto debilita significativamente cualquier alegato de inmunidad. Más aún, refuerza una tendencia global: la progresiva subordinación de la inmunidad a la gravedad de los delitos.

Diplomacia judicial y efectos sistémicos

Más allá del plano jurídico, hemos comentado que el caso tiene implicaciones profundas para la diplomacia internacional. La captura y procesamiento de un ex jefe de estado extranjero redefine las reglas del juego. Como ha señalado Robert Keohane, “las instituciones internacionales no sólo regulan conductas, sino que moldean expectativas”. El caso Maduro puede establecer un precedente que altere el cálculo de otros líderes en contextos similares. Un Estado que no cumple con las expectativas institucionales y que queda atrapado por una proceso sistemático de reformas criminales y el desahucio de la ley, no conserva un estatus jurídico de soberanía, integridad territorial, ciudadania y legitimidad.

Es la implementación de un orden supranacional coercitivo que redime y rescata a un estado ausente e indefenso.

Para los llamados “Estados paria”, el mensaje es claro e inexpugnable. Si la justicia se aplica de manera desigual [Estado cooptado por autoritarismo], el poder legítimo se erosiona. Sin Ley no hay justicia, sin justicia no hay paz y sin paz no hay libertad. Esta ecuación rompe la fundamentación de la soberanía que reside en el pueblo Si el pueblo no ejerce su ciudadania de manera libre, justa y en sana paz entonces la soberanía no existe. Como advertía Max Weber, la autoridad depende en última instancia de la creencia en su legitimidad. Sin esa creencia, incluso la coerción más efectiva pierde estabilidad. Por el contrario, si la defensa es legítima-por la prevalencia del derecho contra un Estado ausente y cooptado por la violencia y el autoritarismo-la justicia internacional se convierte en una herramienta válida y necesaria de poder. Es la diplomacia judicial.

El juicio como herramienta de transición

El proceso contra Maduro no ocurre en el vacío. Coincide con un momento de reconfiguración política en Venezuela. En este caso, el juicio podría facilitar acuerdos entre facciones internas y legitimar cambios ante la comunidad internacional. El juicio—aun no siendo su misión-es una herramienta de balance entre poder, libertad, justicia y rendicion de cuentas.

Sin embargo es sano advertir que el uso instrumental del derecho plantea riesgos. Como advierte Jürgen Habermas, la legitimidad democrática depende de la percepción de justicia procedimental. En el campo estricto de la justicia norteamericana la defensa ha apelado al argumento del derecho a la defensa […] En este plano es preciso no confundir el Derecho a la Defensa [que supone una defensa efectiva, adecuada y oportuna] con “el derecho” a tener una defensa pagada u onerosa. El valor protegido o tutelado por la ley, es el derecho al debido proceso [due process of law, 5ta. Enmienda de la Constitución Norteamericana]. Por su parte, la Sexta Enmienda [ejusdem] garantiza el Derecho a un juicio rápido y público; el derecho a un jurado imparcial; derecho a conocer los cargos; derecho a confrontar testigos; derecho a obtener testigos a favor y el Derecho a la asistencia efectiva de un abogado.

Con relación al punto crítico: “assistance of counsel” la Corte Suprema de EEUU ha interpretado esto como que no basta tener un abogado. En casos complejos criminales (p. ej., Strickland v. Washingtondisen) la jurisprudencia establece que la defensa debe ser competente, adecuadamente preparada y con recursos razonables para enfrentar a la fiscalía debe ser una defensa real, efectiva y adecuada. Ello no desdice de una defensoria pública con auxiliares y expertos. De dónde provienen esos recursos? Un punto igualmente crítico son “los recursos de Maduro” vs. los recursos del Estado Venezolano. Maduro ha sido sancionado por la OFAC y tiene elevadas cantidades de dinero y patrimonios congelados por ser capitales de procedencia ilegal. En otro sentido no es reconocido cómo Jefe de Estado por lo cual no goza ni de inmunidad [ver up supra] ni el Estado Venezolano obligación de pagar sus defensa.

Conclusión: Un juicio dentro del juicio

Maduro está en el banquillo, pero no está solo. A su lado se sientan conceptos, doctrinas y tensiones que definirán no sólo su futuro sino también del derecho internacional, la extraterritorialidad, la revisión del concepto de inmunidad, soberanía, no-intervención, la autodeterminación frente a Estados parias o gobiernos que penetran la majestad del Estado-Nación; y en fin, la relación entre justicia y poder, esto es, el papel del Derecho Internacional en las transiciones políticas globales por inherencia legitima de la justicia internacional penal.

El tribunal decidirá sobre hechos y normas. Pero la historia evaluará algo más profundo: si este proceso fortaleció la idea de justicia global, enalteció el ideal real de los DDHH sobre las pretendidas soberanías territoriales, privilegió el derecho internacional a la defensa no condicionada de los DDHH, de la seguridad de los estados, del orden contra las mafias internacionales y el terrorismo.

El gran debate es: qué sucede cuando un interés político extranjero se alinea con la defensa de un estado cooptado por la criminalidad? La respuesta luce innegable.

Como escribió Raymond Aron, “la historia es trágica porque los hombres hacen lo que pueden y no lo que quieren”. En este caso, el derecho limita, alcanza y contiene al poder allí donde este se creía intocable

Desde un punto de vista evolutivo, pagar el costo de la duda, es bueno. Porque duda, es pasión…pasión que es búsqueda de la verdad, vardad que es justicia, y justicia que es paz, que es misión.

Así cuando el poder cae por fuerza de la justicia, el banquillo no es sólo un lugar físico. Es un símbolo. Un símbolo de rendición de cuentas, que es la reivindicación de la ley, que es justicia, que es liberación, que es paz. Ese es el verdadero alcance y trascendencia del concepto de soberanía: paz ciudadana, democratización y orden público [interno y externo] conceptos que junto a Maduro, también están sentados en el banquillo de la historia.

[*] @ovierablanco
vierablanco@gmail.com
Abogado. Exembajador de Venezuela en Canadá

Elliott Abrams, el responsable de la política hacia Venezuela e Irán en el primer mandato de Trump, cree que Caracas intenta ganar tiempo hasta debilitar políticamente a la Casa Blanca

Por: David Alandete – ABC

Elliott Abrams (Nueva York, 1948) ha ocupado cargos de gran peso en la política exterior de Estados Unidos durante décadas. Fue una de las voces más influyentes en América Latina y Oriente Próximo bajo presidentes republicanos y, durante el primer mandato de Donald Trump, ejerció como enviado especial para Venezuela y también para Irán. Conoce de primera mano cómo se comenzó a fraguar la campaña de máxima presión contra Nicolás Maduro y observa ahora, desde Washington, un giro que considera evidente. La prioridad ya no parece ser la democratización de Venezuela, sino una combinación imprecisa de interés energético, cálculo geopolítico y presión personal de Trump. En conversación con ABC, Abrams sostiene que el régimen chavista quiere alargar la situación todo lo posible, duda de la solidez de los argumentos que hoy se dan en Washington para justificar la nueva política y propone como solución una negociación real entre el chavismo y la oposición que desemboque en elecciones.

—¿Cómo ve la situación actual de la Administración Trump con Venezuela y este acercamiento con Delcy Rodríguez? ¿Cuánto tiempo puede durar?

—Creo que puede durar mucho tiempo. Mi impresión es que el régimen quiere que esto se alargue, primero hasta noviembre, porque piensa que entonces Trump puede perder la Cámara de Representantes y quizá también el Senado, y por tanto quedar más debilitado. Y creo que, en el fondo, lo que querrían es estirarlo durante tres años, hasta el final del mandato. Quieren arrastrarlo todo, demorarlo todo, posponerlo todo. Ahora bien, no sé si van a poder hacerlo, porque no estoy seguro de que esa sea la visión de Marco Rubio [el secretario de Estado]. A mí me parece que Rubio sí cree que debe haber elecciones, quizá no este año, pero desde luego el año próximo, y que tiene que haber avances reales hacia la democracia. El problema es que hay muchas cosas que podrían haberse hecho ya y no se ha hecho ninguna. Ni siquiera han liberado a todos los presos políticos: han soltado a aproximadamente la mitad, nada más. Así que creo que el régimen va a intentar aferrarse al poder y hacer el menor número posible de reformas y concesiones.

—¿Ve una diferencia de estrategia entre lo que pretendía la primera Administración Trump, cuando usted estaba en el Departamento de Estado, y lo que se busca ahora? ¿Ha cambiado el objetivo final?

—Sí, en un sentido sí. En el primer mandato estaba muy claro para todos nosotros que queríamos deshacernos del régimen y sustituirlo por una democracia. Ese era el objetivo. No había demasiada ambigüedad sobre eso. En este segundo mandato, en cambio, Trump parece personalmente mucho más interesado en el petróleo que en el cambio político. Esa es la diferencia principal que yo veo. Antes el fin era político y estructural: queríamos una transición democrática. Ahora no tengo tan claro que ese siga siendo el fin.

—En aquel primer mandato usted me explicó que, en la práctica, la Administración republicana había aplicado algo muy parecido a un embargo total sobre el petróleo venezolano. ¿Qué ha cambiado? ¿Ha cambiado Trump?

—La verdad es que no sé responder directamente a esa pregunta. Pero quizá hay que plantearla de otra forma: ¿por qué hizo Trump esto? ¿Por qué capturó a Maduro y lo metió en prisión? ¿Cuál era el objetivo? Hay gente que diría que la respuesta es drogas, migración y petróleo. A mí me parecen respuestas muy extrañas. Trump habla mucho del fentanilo, pero el fentanilo no viene de Venezuela. Habla de la migración, pero ya no hay migración desde Venezuela hacia Estados Unidos. La frontera sur está cerrada. Ese era un problema de Biden, no de ahora. Y luego está el petróleo. Primero, cuando se hizo esto en enero, todavía no existía la guerra con Irán. Así que la pregunta es: ¿quién necesitaba entonces el petróleo venezolano? ¿Y por qué cree Trump que hay tanto petróleo disponible allí? Eso también me sorprende.
«Trump ha cambiado: antes quería democracia, ahora mira al petróleo»

—¿No es tan rica Venezuela en petróleo como se dice?

—Venezuela había caído a unos 900.000 barriles diarios, quizá un poco menos o un poco más, pero por ahí. Y les llevaría dos años, es decir, hasta 2028, aumentar esa producción un 50% como mucho. La compañía en mejor posición para aumentar producción es Chevron. Chevron produce unos 250.000 barriles diarios y dice que en dos años podría incrementarlos un 50%. Eso significa pasar de 250.000 a 375.000. Francamente, eso no es nada en el mercado mundial del petróleo. Incluso si en dos años Venezuela pasara de un millón de barriles diarios a un millón y medio, ¿y qué? Sería bueno tener ese volumen ahora, en medio de la guerra con Irán, pero no lo tenemos y no lo vamos a tener. Así que esas tres explicaciones —migración, drogas, petróleo— me parecen muy débiles.

—Entonces, ¿Cuál cree que es la verdadera explicación?

—Quizá la explicación está en la estrategia de seguridad nacional y en la estrategia de defensa. Tal vez la idea de Trump sea: este es nuestro continente, pertenece a Estados Unidos, y no se van a tolerar gobiernos hostiles. Eso podría ser una explicación. Lo curioso es que, en el primer mandato, esa lógica llevaba a intentar acabar con el régimen. En el segundo parece llevar a otra cosa: quitar a Maduro y poner a alguien más amistoso, alguien que haga lo que Trump le diga. Yo no creo que eso pueda funcionar realmente, porque hay demasiada gente que quiere un cambio más profundo. Una de esas personas es Rubio, creo yo, pero más importante aún son los propios venezolanos.

—Los venezolano-estadounidenses también cuentan mucho políticamente y son muchos. Si dentro de esta Administración hay personas que sí quieren un cambio democrático, ¿cuál sería para usted una hoja de ruta razonable desde ahora hasta unas elecciones?

—Creo que lo primero es que la Administración debería estar exigiendo ya una serie de cosas. La primera, la liberación de todos los presos políticos. Me parece increíble que Trump no haya insistido en eso. Han pasado tres meses. La segunda, que Estados Unidos intente propiciar una negociación entre el régimen y la oposición democrática. Evidentemente, del lado del régimen sería Jorge Rodríguez. Del lado de la oposición, no sé exactamente quién, pero tendría que ser alguien con capacidad y legitimidad. Y tendrían que empezar a negociar cuestiones concretas: el Consejo Nacional Electoral, la justicia transicional, la devolución de los partidos políticos a sus verdaderas direcciones, la fecha de unas elecciones. No digo que las elecciones tengan que celebrarse necesariamente este año, pero la fecha sí debería fijarse este año en esa negociación. Si uno piensa en Brasil, Argentina, Uruguay, Chile o Perú, había situaciones distintas, porque muchas veces se trataba de dictaduras militares, pero siempre hubo negociaciones sobre este tipo de asuntos. Siempre hubo una conversación política seria sobre cómo se transitaba. Y eso es exactamente lo que, en mi opinión, debería estar organizando la Administración Trump.

—La oposición venezolana aquí en Washington, y también María Corina Machado, a quien muchos consideran la verdadera ganadora moral y política del último proceso electoral, está pasando por un momento difícil. ¿Qué consejo les daría?

—Creo que deben seguir hablando con la Administración. María Corina habla con el presidente y con Rubio, y otras personas hablan en otros niveles de la Administración. Eso hay que mantenerlo. Pero también creo que tienen una situación difícil, porque no quieren enfrentarse a la Administración. Y, sin embargo, necesitan aclarar cuál es la situación. Yo diría que deberían ser un poco más públicos en ciertos asuntos, por ejemplo el de los presos políticos, porque es el más sencillo de explicar y defender. Y también deberían explicar a la Administración todas las complicaciones que se derivan del pleno reconocimiento del régimen. No me refiero sólo a problemas para la oposición, sino a cuestiones legales y prácticas relacionadas con Citgo, PDVSA o la ley de hidrocarburos.

—¿No hay confianza en el sector petrolero?

—Es que ninguna gran petrolera va a invertir miles de millones de dólares basándose en una ley de hidrocarburos ilegítima, aprobada por este régimen y que puede ser modificada en cuanto vuelva la democracia. Lo que sería realmente útil, si de verdad se quiere reactivar la economía, es que el régimen hablara con la oposición y todos pudieran acordar una ley de hidrocarburos. Así habría seguridad de que esa ley es estable y no cambiará con un futuro gobierno democrático. Lo mismo ocurre con la llamada ley de amnistía, que en realidad es una amnistía para el régimen. Necesitan una ley real, que siga vigente después del cambio.

—Mi última pregunta. Delcy Rodríguez intenta lograr reconocimiento internacional invitando a José Luis Rodríguez Zapatero, y él está reivindicando públicamente que gracias a su intervención han salido muchos presos. ¿Cuál es su lectura? ¿Qué está haciendo allí y por qué dice eso?

—Zapatero es, en este caso, una persona sin sentido moral. Fue un defensor de Maduro. Fue un defensor de las peores cosas que hizo el régimen. No representa la democracia ni la libertad. Nada de lo que está haciendo supone una contribución positiva. Debería mantenerse al margen. Si España, o cualquiera en España, quiere ayudar de verdad a la democratización de Venezuela, tendrá que hacerlo a través de verdaderos demócratas, no de personas comprometidas por su implicación con el régimen.

El régimen iraní no enfrenta una crisis puntual, sino una acumulación de tensiones estructurales que afectan simultáneamente su proyección externa, su estabilidad interna y su viabilidad económica. Su modelo de poder —construido sobre la expansión indirecta y la confrontación permanente— empieza a mostrar signos claros de agotamiento.

Por: Gabriel Ben Tasgal – Infobae

Durante décadas, Irán desarrolló una estrategia conocida como “defensa adelantada”: trasladar el conflicto fuera de sus fronteras mediante una red de proxies en Líbano, Siria, Irak y Yemen. Esta arquitectura le permitió evitar enfrentamientos directos con potencias superiores, compensando su debilidad militar convencional mediante guerra asimétrica. Hezbollah, Hamás y las milicias chiitas funcionaron como extensiones operativas de Teherán, otorgándole capacidad de presión regional sin asumir costos directos.

Sin embargo, ese esquema tenía una condición: estabilidad del sistema. Y hoy esa condición ya no existe.

La guerra regional iniciada tras el 7 de octubre de 2023 alteró ese equilibrio. Hezbollah, que llegó a acumular más de 150.000 cohetes, sufrió una degradación significativa de su capacidad operativa. La caída del régimen sirio en 2024 quebró el corredor terrestre que conectaba Irán con el Mediterráneo, debilitando su profundidad estratégica. Los hutíes, aunque activos, no logran compensar la pérdida de ese eje central. El resultado es una red más fragmentada, más costosa y menos eficaz.

A esto se suma un cambio cualitativo: Irán fue forzado a abandonar parcialmente su lógica de guerra indirecta. En abril de 2024 lanzó más de 300 drones y misiles desde su propio territorio, y posteriormente 181 misiles balísticos en respuesta a ataques israelíes. Este tipo de acciones, lejos de consolidar su poder, expuso sus limitaciones. La mayoría de esos proyectiles fueron interceptados, evidenciando que su capacidad ofensiva no resulta decisiva frente a sistemas defensivos avanzados.

En paralelo, el frente interno muestra signos aún más críticos. La represión de protestas en enero de 2026 dejó entre 30.000 y 50.000 muertos, un indicador extremo del nivel de conflictividad social. A esto se suma una inflación cercana al 48,6%, una moneda fuertemente devaluada y una economía afectada por sanciones, corrupción y mala gestión. Las pérdidas económicas derivadas del conflicto se estiman entre 130.000 y 250.000 millones de dólares, afectando infraestructura, producción energética y capacidad fiscal.

Además, el régimen enfrenta problemas estructurales de largo plazo: aumento del consumo de drogas, caída de la natalidad y tensiones étnicas en un país que dista de ser homogéneo. Persas, kurdos, baluches, árabes y azeríes conviven bajo un sistema que depende de la coerción para sostener su unidad.

El elemento central es la convergencia de estas crisis. Irán necesita proyectar poder para sostener su modelo, pero esa proyección hoy acelera su desgaste. Depende de sus proxies, pero estos se debilitan. Requiere estabilidad interna, pero recurre cada vez más a la represión. Necesita recursos, pero su economía se contrae.

No se trata de un colapso inmediato, sino de un proceso. El régimen puede resistir en el corto plazo, pero no puede resolver simultáneamente estas tensiones.

Y en geopolítica, cuando un sistema ya no puede corregir sus propias contradicciones, el problema deja de ser cuánto puede durar.

Pasa a ser si tiene alguna posibilidad real de sostenerse en el tiempo.

El presidente Trump dijo a sus asesores que está dispuesto a poner fin a la campaña militar estadounidense contra Irán incluso si el estrecho de Ormuz permanece en gran parte cerrado, según informaron funcionarios del gobierno, lo que probablemente extenderá el firme control de Teherán sobre la vía marítima y dejará para una fecha posterior una operación compleja para reabrirla.

The Wall Street Journal

En los últimos días, Trump y sus asesores evaluaron que una misión para abrir el estrecho prolongaría el conflicto más allá de su plazo previsto de cuatro a seis semanas. Decidió que Estados Unidos debía alcanzar sus objetivos principales: debilitar la armada iraní y sus arsenales de misiles, así como reducir las hostilidades actuales, al tiempo que presionaba diplomáticamente a Teherán para que reanudara el libre flujo comercial. Si esto fracasaba, Washington presionaría a sus aliados en Europa y el Golfo para que lideraran la reapertura del estrecho, según informaron los funcionarios.

También existen opciones militares que el presidente podría considerar, pero no son su prioridad inmediata, dijeron.

Durante el último mes, Trump ha expresado públicamente diversas opiniones sobre cómo abordar la situación del estrecho, lo que forma parte de un patrón más amplio de presentar objetivos contradictorios en el marco de la guerra. En ocasiones, ha amenazado con bombardear la infraestructura energética civil si el estrecho no se reabre antes de una fecha determinada. En otras, ha restado importancia al estrecho para Estados Unidos y ha afirmado que su cierre es un problema que deben resolver otras naciones.

Cuanto más tiempo permanezca cerrado el estrecho, mayor será la conmoción en la economía mundial y el aumento de los precios del gas. Numerosos países, incluidos aliados de Estados Unidos, están sufriendo las consecuencias de la disminución del suministro energético que antes fluía libremente por este punto estratégico. Las industrias que dependen de productos como fertilizantes para cultivar alimentos o helio para fabricar chips informáticos están padeciendo escasez.

Según los analistas, si no se restablecen rápidamente los pasos seguros, Teherán seguirá amenazando el comercio mundial hasta que Estados Unidos y sus socios negocien un acuerdo o pongan fin a la crisis por la fuerza.

Suzanne Maloney , experta en Irán y vicepresidenta de la Brookings Institution en Washington, calificó de «increíblemente irresponsable» el hecho de poner fin a las operaciones militares antes de que se abra el estrecho.

Estados Unidos e Israel iniciaron la guerra juntos y no pueden eludir sus consecuencias, afirmó Maloney. “Los mercados energéticos son inherentemente globales, y no hay posibilidad de proteger a Estados Unidos del daño económico que ya se está produciendo y que empeorará exponencialmente si continúa el cierre del estrecho”.

El deseo de Trump de poner fin a la guerra rápidamente contrasta con otras medidas que planea tomar. Este fin de semana, el USS Tripoli y la 31.ª Unidad Expedicionaria de Marines entraron en la región. Trump también ordenó el despliegue de elementos de la 82.ª División Aerotransportada y está considerando enviar otros 10.000 soldados de infantería a Oriente Medio, según informó The Wall Street Journal. Mientras tanto, se ha referido a la guerra como «una excursión» y «una estancia agradable», pero también está sopesando una misión compleja y arriesgada para apoderarse del uranio del régimen , informó el Journal.

El lunes, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, declaró a los periodistas que Estados Unidos estaba «trabajando para» normalizar las operaciones en el estrecho, pero no lo incluyó entre los principales objetivos militares de atacar la armada, los misiles, la industria de defensa y la capacidad de fabricar armas nucleares de Irán.

El secretario de Estado , Marco Rubio , declaró el lunes a Al Jazeera que la actual campaña para completar los objetivos militares estadounidenses finalizará en cuestión de semanas.

“Entonces nos enfrentaremos al problema del estrecho de Ormuz, y le corresponderá a Irán decidir”, dijo Rubio, quien también es asesor de seguridad nacional de Trump, “o una coalición de naciones de todo el mundo y de la región, con la participación de Estados Unidos, nos aseguraremos de que esté abierto, de una forma u otra”.

La administración Trump había previsto la posibilidad de que Irán cerrara el estrecho tras el lanzamiento de las primeras bombas. Pero una vez que Irán colocó minas en el agua y amenazó con atacar a los petroleros, el tráfico marítimo se redujo drásticamente.

Altos funcionarios restaron importancia al problema en repetidas ocasiones, mientras aumentaba la presión sobre Washington para que abordara la situación. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, declaró a la prensa el 13 de marzo que las acciones de Irán eran una señal de «pura desesperación» y que era «algo con lo que estamos lidiando, lo hemos estado lidiando y no tenemos por qué preocuparnos».

Para sortear el problema, Trump instó cada vez más a las navieras a correr el riesgo de navegar por la vía marítima. Cuando esto no funcionó, pasó a lanzar amenazas directas a Teherán. La semana pasada, Trump interpretó la decisión del gobierno iraní de permitir el paso de algunos barcos como una concesión, dando inicio a la última ronda de diplomacia con la que espera poner fin a la guerra.

Pero después de afirmar el lunes en las redes sociales que Irán ahora está dirigido por un régimen «más razonable», amenazó con atacar las centrales eléctricas y los yacimientos petrolíferos del país, incluida la isla de Kharg, centro de exportación de petróleo , «si el estrecho de Ormuz no se abre inmediatamente a los negocios».

“El presidente Trump seguirá adelante sin detenerse y espera que el régimen iraní llegue a un acuerdo con la administración”, dijo Leavitt a los periodistas.

Funcionarios actuales y anteriores afirman creer que la capacidad de Irán para controlar el paso se verá mermada a medida que disminuyan sus recursos militares.

«Una vez alcanzados esos objetivos estratégicos, todo se deduce naturalmente», afirmó Rich Goldberg, exfuncionario del Consejo de Seguridad Nacional de Trump y actualmente miembro de la Fundación para la Defensa de las Democracias, un centro de estudios con sede en Washington. «Es entonces cuando uno se centraría en el Estrecho de Ormuz, porque habría infligido un daño considerable a su amenaza externa y habría reasignado sus recursos militares a esa misión».

A pesar de sus amenazas de reabrir el estrecho, Trump y su equipo afirman que este importa mucho más a los países de Europa, Oriente Medio y Asia que a Estados Unidos, insistiendo en que no es vital para las necesidades energéticas estadounidenses. Sus principales asesores en Washington han pasado semanas pidiendo a aliados y socios que planifiquen negociaciones u operaciones para garantizar que una quinta parte del petróleo y el gas del mundo pueda transitar por el estrecho.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, sugirió el lunes en una entrevista con Fox News que Estados Unidos o un grupo multinacional podrían escoltar a los petroleros. Sus comentarios no indicaron ninguna urgencia por reabrir el estrecho de inmediato.

«El mercado está bien abastecido y cada día vemos más barcos transitando por el estrecho, a medida que algunos países llegan a acuerdos con el régimen iraní por el momento», declaró Bessent. «Pero con el tiempo, Estados Unidos retomará el control del estrecho y habrá libertad de navegación, ya sea mediante escoltas estadounidenses o multinacionales».

Este mes, casi 40 países, entre ellos el Reino Unido, Francia y Canadá, se comprometieron a «contribuir a los esfuerzos necesarios para garantizar el paso seguro por el estrecho».

Alrededor del 20% del suministro mundial de petróleo se transporta a través del estrecho, y en 2024, el 84% del petróleo crudo y el 83% del gas natural licuado transportados a través del estrecho tenían como destino los mercados asiáticos, según la Administración de Información Energética de Estados Unidos.

El control que ejerce Irán sobre el estrecho provocó que el precio de referencia del petróleo estadounidense cerrara el lunes por encima de los 100 dólares por barril por primera vez desde 2022, y algunos analistas financieros prevén que podría dispararse hasta los 200 dólares por barril si la guerra provoca una interrupción sostenida de la vía marítima.

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