Armando Esteban Quito

Las grandes petroleras se preparan para una prolongada turbulencia en los mercados energéticos, lo que debería frenar cualquier tentación de aumentar el gasto tras la guerra con Irán. El mayor temor ahora no es perderse el próximo repunte, sino estar en el lado equivocado del inevitable retroceso.

Boe Report

El conflicto en Oriente Medio y el cierre casi hermético del estrecho de Ormuz desde el 28 de febrero han provocado una crisis sin precedentes en el suministro de petróleo y gas, elevando los precios del crudo por encima de los 100 dólares el barril y desencadenando una búsqueda global de fuentes de suministro alternativas. Incluso si se alcanza pronto un acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán, el daño ya está hecho. La pérdida de más del 13% del suministro mundial de petróleo y aproximadamente una quinta parte de los flujos de GNL, sumada a los extensos daños a la infraestructura energética en el Golfo, probablemente tendrá consecuencias a largo plazo que limitarán los precios durante años. A primera vista, este debería ser el escenario ideal para que las grandes compañías energéticas como BP, Chevron , Exxon Mobil , Shell y TotalEnergies aumenten sus gastos, expandan la producción y ganen cuota de mercado. Las cinco superaron las expectativas de ganancias del primer trimestre. Sin embargo, la respuesta del sector ha sido sorprendentemente moderada hasta el momento. Ninguna de las grandes compañías ha aumentado sus planes de gasto para 2026 o años posteriores. «La disciplina en materia de capital y costes se mantendrá pase lo que pase», declaró Mike Wirth, CEO de Chevron, a los analistas el 1 de mayo. Esta cautela refleja un cambio estructural en las prioridades de los consejos de administración. Tras años de agresiva expansión desde principios de la década de 2000, que generaron deterioros por valor de unos 200.000 millones de dólares en la última década, el sector ha virado hacia la disciplina en materia de capital y la priorización de la rentabilidad para los accionistas. Los inversores, que antes premiaban el crecimiento, ahora exigen un alto flujo de caja.

Podría argumentarse que la moderación actual también pone de manifiesto el desajuste entre una crisis de suministro a corto plazo y los largos plazos de los proyectos de petróleo y gas a gran escala. Sin embargo, si las empresas quisieran responder con rapidez, llevando barriles al mercado con mayor celeridad y menor riesgo, tendrían opciones. Estas incluyen el aprovechamiento de los proyectos de esquisto en Estados Unidos, que operan con ciclos más cortos, o la conexión de yacimientos cercanos a la infraestructura marina existente. Aun así, la moderación prevalece. Chevron y Exxon se han resistido a la presión del gobierno del presidente estadounidense Donald Trump para aumentar la producción en respuesta a la crisis de Oriente Medio, lo que subraya la profunda arraigada disciplina financiera.

HACIA LO DESCONOCIDO

Detrás de esa cautela subyace una profunda incertidumbre sobre los precios futuros. El crudo Brent de referencia ha experimentado fuertes fluctuaciones desde el inicio de la guerra, disparándose más del 60% hasta alcanzar un máximo de 118 dólares por barril a finales de marzo, antes de retroceder hacia los 100 dólares. Se han registrado movimientos diarios del 5% o más, históricamente poco frecuentes, en 16 de los 50 días de negociación desde que comenzó el conflicto.

Sin embargo, más adelante en la curva, la señal es mucho más tranquila. El contrato Brent de enero de 2030 se cotiza en torno a los 73 dólares por barril, solo ligeramente por encima de los 67 dólares registrados el 27 de febrero. Si bien los contratos de futuros no deben confundirse con pronósticos, este moderado movimiento de precios a largo plazo envía una señal ambigua. Si las pérdidas de suministro son estructurales y el riesgo geopolítico ha aumentado de forma permanente, ¿por qué los precios a largo plazo apenas se mueven? Una explicación es que los inversores aún contemplan una normalización relativamente rápida. Pero esto parece cada vez más optimista. Ya se han perdido casi mil millones de barriles de suministro de Oriente Medio, las reservas mundiales se están agotando rápidamente e incluso una reapertura total del estrecho de Ormuz no restablecería la producción con rapidez. Reconstruir la infraestructura dañada y la capacidad de reserva probablemente será un proceso lento y desigual. Al mismo tiempo, la incertidumbre estructural está aumentando en ambos lados de la ecuación oferta/demanda. La demanda continúa creciendo a pesar de las expectativas de una meseta impulsada por la transición energética, mientras que la oferta se ha concentrado más, está más expuesta al riesgo geopolítico y menos amortiguada por la capacidad de reserva. El resultado es un mercado no solo ajustado, sino también frágil. En ese entorno, la volatilidad de los precios se convierte en el riesgo dominante. «Producimos una materia prima que, si observamos los últimos seis años, ha experimentado una volatilidad de precios bastante extrema. Por lo tanto, debemos asegurarnos de que las decisiones que tomamos sobre la cartera y el negocio nos permitan ser rentables a lo largo del ciclo», declaró la CEO de BP, Meg O’Neill, a los analistas el 28 de abril .https://boereport.com/29dk2902l.html

La industria lleva años preparándose para este tipo de escenario. Se han recortado drásticamente los costes, se han optimizado las carteras y se han reducido los puntos de equilibrio. Según RBC Capital Markets, las cinco principales petroleras occidentales pueden ahora mantener el pago de dividendos incluso con precios del petróleo inferiores a 60 dólares el barril.

Esa capacidad de resistencia elimina la urgencia de perseguir los repuntes de precios a corto plazo.

VOLATILIDAD EN EL FUTURO

Las decisiones de inversión de las grandes petroleras han servido durante mucho tiempo como indicador de la visión de futuro del sector. Hoy, esa señal es inequívoca. Si bien se prevé que el gasto aumente entre 2026 y 2030, esto ya ocurría antes de la guerra, impulsado por la preocupación de que el crecimiento de la oferta no pudiera seguir el ritmo de la demanda tras años de subinversión. Sin embargo, los acontecimientos recientes no han acelerado estos planes. De hecho, han reforzado una mentalidad más conservadora. En lugar de apostar por un auge prolongado de los precios, las empresas se están preparando para un mundo caracterizado por fluctuaciones más pronunciadas, interrupciones recurrentes e incertidumbre persistente. La moderación observada sugiere que la volatilidad, y no la escasez, definirá la próxima fase de los mercados energéticos.

La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, presentó ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) los argumentos fundamentales que sustentan los derechos históricos de la nación sobre la Guayana Esequiba, destacando que Venezuela es la única parte con titularidad legítima sobre este territorio.

EFE

En una extensa intervención, la mandataria resaltó que el proceso de negociación con el vecino país no fue abandonado por Venezuela.

«Guyana socavó la negociación… Ese cambio no fue inocente, coincide con hallazgo petrolero catalogado de fama mundial, Guyana dejó de actuar de buena fe».

Rodríguez insistió en que la única vía para resolver la controversia es a través del diálogo directo, por lo que abogó por retomar las conversaciones para honrar la historia de convivencia entra ambas naciones y así construir un «futuro compartido».

«Venezuela esta lista y preparada para alcanzar el noble y pacífico propósito del Acuerdo de Ginebra para  alcanzar por todos los medios una solución práctica, satisfactoria y mutuamente aceptable para las partes»

Señaló que “ninguna sentencia de esta Corte sobre la controversia territorial brindará una solución definitiva aceptable para ambas partes” y que solo conducirá a “preservar la diferencia y llevaría a las partes a atrincherarse en sus respectivas posiciones alejándolas del arreglo práctico”.

En su primer viaje fuera del Caribe como presidenta encargada de Venezuela, Rodríguez acudió a La Haya para representar la postura de Caracas en esta disputa territorial -algo que ya había hecho anteriormente como vicepresidenta- y mantuvo los mismos argumentos que el país sostuvo durante las audiencias celebradas en los últimos años ante la CIJ en este caso.

Instó a buscar fórmulas creativas mutuamente beneficiosas” que permitan “transformar una controversia heredada del colonialismo en una oportunidad de cooperación, el desarrollo conjunto y el bienestar” entre ambos pueblos.

La controversia gira en torno a la región del Esequibo, un territorio de unos 160.000 kilómetros cuadrados que representa cerca de dos tercios del actual territorio de Guyana.

Esta zona, rica en recursos naturales y bajo administración guyanesa desde hace más de un siglo, es reclamada por Caracas como parte de su territorio.

El litigio se remonta a marzo de 2018, cuando Guyana presentó una demanda ante la CIJ, máximo tribunal de Naciones Unidas, para que declare la “validez jurídica y el efecto vinculante” de ese laudo, así como el carácter definitivo de la delimitación fronteriza. Caracas declaró el laudo nulo en 1962 al considerar que estuvo rodeado de supuestas irregularidades.

Georgetown invocó el Acuerdo de Ginebra de 1966 suscrito entre Venezuela y Reino Unido como base de la competencia de la Corte y medio de solución de controversias entre Estados.

Venezuela comunicó en junio de 2018 que no reconocía la jurisdicción del tribunal y que no participaría en el procedimiento, lo que llevó a la CIJ a abordar primero la cuestión de su competencia sobre el caso.

En diciembre de 2020, la Corte concluyó que sí era competente para pronunciarse sobre la validez del laudo de 1899 y sobre la resolución definitiva del diferendo territorial. Después, en abril de 2023, rechazó una objeción preliminar presentada por Caracas y confirmó que podía examinar el fondo del caso.

El proceso se ha visto acompañado de tensiones recientes: en octubre de 2023, Guyana solicitó medidas cautelares ante la intención de Venezuela de celebrar un referéndum sobre la creación del denominado Estado de ‘Guayana Esequiba’, que abarcaría el territorio en disputa.

La culminación del período presidencial de Gustavo Petro deja a Colombia en medio de una de las coyunturas más delicadas y definitorias de su historia contemporánea. La administración de Petro, marcada por un discurso populista, una profunda polarización ideológica y una gestión que distó mucho de las expectativas creadas en amplios sectores de la sociedad, arriba a su término en medio de un balance controvertido. Así, pese a los escasos resultados en materia económica, de seguridad y de fortalecimiento institucional, el mandatario conserva niveles de favorabilidad superiores a los que objetivamente cabría esperar, producto de una astuta narrativa política y de una maquinaria de movilización ideológica que ha sabido capitalizar el descontento social y la fragmentación de sus adversarios.

En este contexto, el panorama electoral colombiano adquiere una importancia que trasciende las fronteras nacionales. Lo que está en juego no es únicamente la orientación futura de Colombia, sino también el equilibrio político de América Latina y, particularmente, las expectativas de transición democrática en Venezuela. Las encuestas más recientes colocan a Iván Cepeda como líder de la contienda y prácticamente seguro participante en una segunda vuelta presidencial.

Mientras tanto, los dos principales candidatos del espacio democrático y de centroderecha, Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella, avanzan divididos en una competencia que, lejos de fortalecer una alternativa al continuismo ideológico del petrismo, amenaza con fracturar definitivamente el voto opositor. Diversos sondeos muestran que ambos mantienen opciones reales de disputar la presidencia en segunda vuelta, e incluso podrían derrotar a Cepeda en determinados escenarios. Sin embargo, la persistencia de una confrontación áspera entre ambos sectores abre heridas políticas que podrían tornarse irreparables en el momento decisivo.

El riesgo de que no se produzca un respaldo mutuo entre las fuerzas democráticas en una eventual segunda vuelta equivaldría, en la práctica, a un suicidio político colectivo. Algunos pronunciamientos provenientes de dirigentes cercanos a ambos sectores, así como voces influyentes del espectro moderado colombiano, han insinuado reservas frente a un eventual apoyo recíproco. Tal escenario significaría entregar anticipadamente la presidencia a Iván Cepeda y consolidar la continuidad de un proyecto ideológico profundamente negativo para la transformación del Estado colombiano.

Pero, ¿quién es realmente Iván Cepeda? No se trata simplemente de un dirigente de izquierda convencional. Cepeda representa una corriente marxista disciplinada, doctrinaria y estructurada ideológicamente, con una visión estatista y profundamente revisionista de las instituciones colombianas. Hijo del histórico dirigente comunista Manuel Cepeda Vargas, asesinado en 1994, su trayectoria política ha estado marcada por la defensa de tesis afines a la izquierda radical latinoamericana, así como por una posición persistentemente complaciente frente a actores insurgentes y proyectos revolucionarios de la región. A diferencia de Petro, cuya personalidad política suele estar marcada por la improvisación, el personalismo y el desorden, Cepeda proyecta una imagen de mayor coherencia doctrinaria y disciplina ideológica, lo que paradójicamente podría convertirlo en un dirigente todavía más peligroso para el equilibrio institucional colombiano.

Tanto Paloma Valencia como Abelardo de la Espriella encarnan, con diferencias de estilo y matices programáticos, opciones vinculadas a la defensa de la economía de mercado, la institucionalidad republicana y la seguridad democrática. Su fortaleza reside precisamente en la posibilidad de construir una mayoría nacional frente al proyecto de izquierda radical. Pero esa posibilidad sólo será viable si logran comprender que el adversario principal no está en el espacio democrático, sino en el riesgo de consolidación de un modelo estatista y populista de largo plazo.

Para Venezuela, el eventual triunfo de Cepeda tendría implicaciones particularmente graves. La cercanía política e ideológica mantenida tanto por Petro como por Cepeda respecto al régimen venezolano resulta inocultable. La tolerancia frente a los grupos irregulares colombianos que operan en territorio venezolano, así como la actitud ambigua frente a la naturaleza autoritaria y usurpadora del régimen chavista, constituyen señales alarmantes para quienes aún aspiran a una transición democrática en Caracas. Un gobierno de Cepeda probablemente consolidaría una alianza política y estratégica con las corrientes autoritarias de la región, debilitando aún más las posibilidades de presión internacional efectiva sobre la dictadura venezolana.

El panorama tampoco sería alentador en materia de seguridad regional, lucha contra el narcotráfico y estabilidad institucional. Durante el gobierno de Petro se ha consolidado una política de tolerancia y coexistencia con estructuras irregulares armadas, bajo el discurso de la llamada “paz total”, cuyos resultados han sido profundamente cuestionados. El debilitamiento progresivo de las fuerzas militares, la pérdida de autoridad territorial del Estado y el crecimiento de organizaciones criminales en numerosas regiones del país configuran un escenario de enorme fragilidad institucional.
Particular preocupación despierta además la insistencia del petrismo y de los sectores encabezados por Cepeda en impulsar un proceso constituyente. La experiencia latinoamericana demuestra que los procesos constituyentes promovidos desde proyectos revolucionarios terminan frecuentemente convirtiéndose en instrumentos para la colonización institucional, la concentración del poder y la erosión de los contrapesos democráticos. Colombia corre el riesgo de seguir una senda similar a la transitada por Venezuela, Bolivia o Nicaragua, mediante una nueva Carta Magna orientada por principios socialistas, estatistas, centralizadores y autoritarios.

La reciente reunión promovida por Pedro Sánchez en Barcelona, con la presencia de Gustavo Petro y figuras vinculadas a la izquierda iberoamericana, junto al activismo permanente de José Luis Rodríguez Zapatero, y de políticos como el expresidente Ernesto Samper Pizano, confirman la articulación estratégica de un bloque político regional que reedita, bajo nuevas formas, los objetivos históricos del Foro de São Paulo y del Grupo de Puebla. La batalla electoral colombiana, por tanto, no debe interpretarse únicamente como un episodio doméstico, sino como una pieza clave en la disputa geopolítica e ideológica del continente.

En esta recta final hacia la primera vuelta presidencial del 31 de mayo, Colombia aún está a tiempo de reflexionar con serenidad y responsabilidad histórica. El país enfrenta una decisión que marcará su destino durante décadas. No se trata solamente de escoger entre candidatos, sino entre dos modelos profundamente distintos de sociedad, economía y democracia. De un lado, la defensa imperfecta pero indispensable de la institucionalidad republicana, la inversión y las libertades; del otro, la posibilidad de avanzar hacia un modelo de inspiración marxista, estatista y populista, cuyas consecuencias han resultado devastadoras allí donde se ha implantado.

Colombia posee todavía reservas morales, democráticas y sociales suficientes para evitar ese desenlace. Pero ello exige madurez política, desprendimiento personal y una comprensión clara de la magnitud del momento histórico. Los ciudadanos colombianos tienen en sus manos no sólo el futuro de su nación, sino una parte decisiva del futuro democrático de América Latina.

Pedro F. Carmona Estanga

Cada día, la falla de Cascadia acumula silenciosamente energía bajo la costa noroeste de Estados Unidos y Canadá. Los estudios más recientes confirman que esta zona de subducción, que se extiende desde California hasta Vancouver, representa una de las mayores amenazas de megaterremoto y tsunami para millones de personas.

Infobae

Según las probabilidades calculadas por científicos y organismos oficiales, en los próximos 50 años, el riesgo de un sismo de magnitud superior a 8 es considerable y la región no está completamente preparada para enfrentar el impacto.

La falla de Cascadia atraviesa la costa oeste de América del Norte, desde el cabo Mendocino en California hasta la isla de Vancouver en Canadá. Es una de las zonas de subducción más extensas y peligrosas del planeta.

Esta franja de más de 1.100 kilómetros es vigilada por científicos y autoridades, preocupados por la acumulación de energía entre la placa de Juan de Fuca y la placa Norteamericana.

El antecedente más grande data de 1700, cuando un terremoto de magnitud estimada entre 8,7 y 9,2 sacudió la región y provocó un tsunami que cruzó el Pacífico. Desde entonces, la tensión geológica no ha dejado de crecer.

La periodista Kathryn Schulz advirtió en The New Yorker que, en los próximos 50 años, existe una probabilidad de una entre tres de que ocurra un sismo de magnitud 8 a 8,6, y una entre diez de que alcance entre 8,7 y 9,2.

“La mayoría de la gente piensa que alguien se está encargando de esto y no es así. Nadie se está encargando de esto”, afirmó el sismólogo Chris Goldfinger en diálogo con Schulz.

Impacto humano y previsión oficial

La Agencia Federal de Gestión de Emergencias (FEMA) estimó los posibles efectos si el evento se produce sin una preparación adecuada: 13.000 muertes, 27.000 heridos, un millón de personas obligadas a buscar refugio y dos millones que requerirían asistencia alimentaria.

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Además, se esperan fallas masivas en redes eléctricas, roturas de diques y puentes, incendios y una ola que podría alcanzar entre 6 y 30 metros.

La vulnerabilidad de la región preocupa a especialistas y organismos. Aunque los avances científicos han permitido mapear la zona con mayor precisión, la infraestructura y los sistemas de alerta siguen presentando desafíos.

La Universidad de Washington identificó que el segmento frente a Washington y Oregón es el más sensible, y recomendó políticas públicas que refuercen la resiliencia de las comunidades costeras.

Descubrimientos recientes: complejidad y nuevas amenazas

En 2021, la geofísica Suzanne Carbotte lideró una expedición de 41 días que logró la imagen más nítida de la falla, publicada en Science Advances. Las investigaciones continuaron en 2025, cuando un estudio en Seismica descartó una falla secundaria gigante, aunque advirtió una “complejidad mucho mayor de la que se había inferido anteriormente”.

Ese mismo año, un equipo de la Universidad de Washington encabezado por el oceanógrafo Brendan Philip detectó una fuga de fluidos en el fondo marino, a 80 km de la costa de Oregón, en el Oasis de Pythia.

“Nunca había visto algo igual. Este fenómeno nos permite observar de manera directa cómo los fluidos subterráneos influyen en la estabilidad de las placas tectónicas”, explicó el geólogo Evan Solomon. El hallazgo plantea la posibilidad de un “lubricante natural” capaz de aumentar la fricción y el riesgo de ruptura.

En paralelo, los científicos captaron por primera vez el proceso de desgarro de la placa de Juan de Fuca bajo Cascadia. A diferencia de lo que se creía, la placa no se desplaza de forma uniforme, sino que muestra zonas donde comienza a fragmentarse. El comportamiento podría modificar la acumulación y liberación de energía en la corteza terrestre y explicar patrones sísmicos irregulares.

Cascadia y San Andrés: un efecto dominó posible

La preocupación no se limita a Cascadia. El riesgo de un gran terremoto en la región podría activar la falla de San Andrés, famosa por su potencial devastador en California.

“Los científicos temen que un terremoto fuerte en Cascadia active la falla de San Andrés. Sería como un efecto dominó que afectaría a todo el estado al mismo tiempo”, advierten los especialistas.

La zona de contacto entre las placas del Pacífico y América del Norte, conocida como la triple unión de Mendocino, suma complejidad al escenario. Investigadores de la Universidad de California Davis detectaron la existencia de al menos cinco piezas tectónicas en tensión, además de nuevos fragmentos y fallas no identificadas antes. El término “Big One” designa ese gran terremoto esperado desde hace décadas en California, y los nuevos datos refuerzan la necesidad de monitorear toda la región geológicamente activa.

El conocimiento científico acerca de la falla de Cascadia y su vínculo con la falla de San Andrés ha avanzado de manera significativa en los últimos años, aunque persisten incertidumbres sobre el momento en que se producirá un gran terremoto. No obstante, la advertencia de los expertos es clara: la región requiere mayor preparación y sistemas de alerta más eficaces para mitigar el impacto de un evento que, según los modelos actuales, podría afectar la vida de millones de personas en la costa oeste de Norteamérica.

The New York Times reveló cómo operaba la gigantesca red de corrupción que durante los 13 años del régimen de Nicolás Maduro destruyó la industria petrolera en Venezuela.

Millones de dólares de la estatal PDVSA fueron desviados a cuentas personales y convertidos en el botín de la familia del dictador. La petrolera se enfrenta ahora a un complejo proceso de auditoría y saneamiento bajo el ojo vigilante de Estados Unidos, que ha prometido iniciar una «nueva era» para la industria.

Pedro Mario Burelli, analista político, empresario venezolano y exintegrante de la junta directiva de PDVSA, empresa estatal de petróleo de Venezuela, se conectó en La Tarde de NTN24 para hablar de este desfalco y aseveró que esto sucedió “porque todo el régimen es corrupto”.

La muerte de Víctor Hugo Quero Navas ha conmovido a la nación. Y cuando digo nación, digo a la que aún respira dentro de este territorio sitiado y a la que habita por fuera, en esa geografía del exilio que todo lo ve con el espanto de quien ya no se asombra de nada. Hasta aquellos que, desde las vitrinas de una falsa oposición, aplauden con disimulo al régimen, se han visto obligados esta vez a soltar un lánguido mensaje en X, como quien vomita una condena a cuentagotas para lavar su propia complicidad.

Escuche lo que dijo su madre, Carmen Navas, de 82 años, cuando por fin le revelaron la verdad: “Me decían que estaba bien, que pronto volvería. Yo le planchaba la ropa esperándolo.” Esa voz es la que ningún poder puede comprar ni acallar.

¿Por qué? ¿Por qué este crimen, entre tantos, ha logrado ese milagro cínico de unir en el repudio a verdugos y cómplices?

Porque más allá de lo repudiable de todo crimen —y en este país ya deberíamos tener un diccionario aparte para clasificar tantos—, más allá de que esta muerte sea una más en una lista que las ONG Provea y Justicia, Encuentro y Perdón (JEP) documentan con nombres y fechas: 27 presos políticos fallecidos bajo custodia del Estado desde 2014; más allá de que el Foro Penal, por su parte, confirme al menos 17 muertes en el mismo periodo y su presidente, Alfredo Romero, haya denunciado que se trata de un “esquema sistemático” de violaciones; más allá de la ilegalidad de su detención, certificada por informes de la ONU; más allá de la condición humilde de Quero, buhonero del sector La Hoyada, en el mismo corazón de Caracas, donde sudaba su sustento diario y el de los suyos; más allá incluso de que, sabiéndolo muerto, un juez del horror le negara el beneficio de la Ley de Amnistía —esa que la señora interina Delcy Rodríguez ha decretado fenecida, mostrando su desprecio por el derecho, ella que es abogada, aunque el oficio le quepa como anillo al puño—, está la burla contra su madre.

Una anciana de 82 años. A ella le ocultaron primero la detención. Luego la muerte. Durante más de un año le mintieron con la saña de quienes ya no distinguen el crimen del trámite. Un procedimiento avieso y abominable donde se dan la mano el crimen directo del régimen de Maduro y la complicidad sepulcral del régimen interino de Delcy Rodríguez. Un pacto de silencio entre dos caras de la misma podredumbre.

Dirán algunos, desde sus tribunas oficiales, que fue un hecho aislado, que hubo excesos de subalternos. Miente quien lo afirme. La cadena de mando que firmó su detención ilegal, que ordenó su traslado y que después instruyó el silencio es la misma que hoy finge investigarse desde el escritorio. No se salven los nombrados. En este suplicio tienen responsabilidad directa, para el momento de los hechos, el ministro de Interior y Justicia, el ministro de la Defensa, el Tribunal Supremo de Justicia, la Fiscalía General de la República y la Defensoría del Pueblo. Es decir: casi todo el estamento del poder político venezolano. Esa cadena de mandos que debió proteger a un ciudadano y que, en vez de ello, lo desapareció, lo mató y lo enterró en el sigilo de la burocracia del horror.

Hay un detalle pequeño, humano, imposible de inventar. Sus zapatos aún están en el cuarto de su madre, junto al puesto de buhonero que dejó armado la última noche, con la mercancía que nunca volvió a vender. Ese detalle es la pica en la carne de la impunidad.

Contra esa podredumbre los venezolanos —los de a pie, los que aún creen que es posible otra cosa— exigimos cuanto antes un cronograma electoral nacional, un CNE totalmente independiente y garantías para un proceso limpio. No por fe en los salvadores de turno, sino por puro y elemental instinto de supervivencia. Para que ningún otro buhonero, ningún otro hijo, ninguna otra madre anciana tenga que morir dos veces: primero en una celda, y luego en el silencio cómplice de quienes deberían dar la cara.

Y sí, exigimos investigación. No una simulación. Exigimos que la Fiscalía —independiente, no la que hoy obedece— publique en un plazo de 48 horas la hora exacta, la causa médica de la muerte y la lista de todos los custodios presentes durante su reclusión. Exigimos una investigación de verdad, de esas que duelen, de esas que desnudan a los poderosos y los sientan en el banquillo de los acusados. Porque mientras no haya un solo responsable tras las rejas —no un chivo expiatorio, no un subalterno al que se le quiebra la voz en una rueda de prensa—, la muerte de Víctor Hugo Quero Navas será apenas un número más en la estadística del horror. Un número que se suma a los 27 de Provea y JEP, o a los 17 de Foro Penal: cualquiera de las dos cifras es una condena.

Caiga con todo rigor el peso de la justicia. Pero, ¿de qué justicia hablamos en un país donde la ley se pliega como un junco al viento del régimen? Hablamos de esa justicia que aún no nace, la que tendrá que venir con un cambio político verdadero, con jueces que no juren lealtad al verdugo, con fiscales que no reciban órdenes por teléfono. Mientras tanto, los nombres de aquellos que estuvieron al frente del Ministerio de Interior y Justicia, de la Defensa, del Supremo, de la Fiscalía y de la Defensoría deben ser escritos en letras de hormigón. Para que la memoria, esa vieja tozuda, no los olvide.

Que sepa la madre de 82 años, esa a quien le robaron el derecho al duelo, que no estamos dispuestos a cerrar los ojos. Que sepa el buhonero de La Hoyada, el que cada mañana extiende su mercancía sobre una lona raída, que su vecino muerto no caerá en el vacío de la indiferencia. Porque si algo nos queda en esta Venezuela herida es la exigencia: la exigencia de investigación, de justicia, de cambio. Y, sobre todo, la exigencia de que ningún poder, ni el de palacio ni el de las sombras, pueda volver a enterrar la verdad bajo el escombro de su impunidad.

Convocamos a la comunidad internacional —a la ONU, a la CIDH, a los gobiernos que aún conservan un resto de decencia— a solicitar formalmente la lista de todos los funcionarios presentes en el lugar de reclusión de Víctor Hugo Quero Navas desde el día de su detención hasta la fecha confirmada de su muerte. Sin esa lista, toda condena es teatro.

Víctor Hugo Quero Navas no pidió gestas. Solo pedía vivir. Y el poder, ese monstruo de dos cabezas que se odian y se abrazan, decidió que eso era demasiado.

Esa muerte nos señala. Y no hay vuelta atrás.

José Luis Farías

Argentina encamina en 2025 y 2026 su primer ciclo de crecimiento económico sostenido en más de una década, en un contexto marcado por la recuperación de la inversión, la mejora del sector exterior y el impulso combinado de la energía, la minería y la agricultura.

La Gaceta de la Iberosfera

Según publica El Economista, las previsiones de organismos financieros internacionales y bancos de inversión apuntan a que el país podría consolidar dos ejercicios consecutivos de expansión del PIB, un escenario inédito desde 2011 y excepcional en una economía históricamente caracterizada por una elevada volatilidad.

La agencia de calificación Fitch elevó recientemente la nota soberana de Argentina desde “CCC+” hasta “B-”, manteniendo una perspectiva estable y destacando la mejora de los indicadores macroeconómicos y fiscales. Según sus estimaciones, la economía argentina crecerá un 4,4% en 2025 y un 3,2% en 2026, lo que supondría los primeros dos años consecutivos de expansión sostenida fuera de periodos de recuperación técnica tras crisis profundas.

La evolución del PIB argentino ha estado marcada durante las últimas dos décadas por fuertes oscilaciones, con caídas abruptas seguidas de recuperaciones igualmente intensas. Tras la contracción cercana al 10% registrada durante la pandemia, la actividad repuntó por efecto rebote, aunque posteriormente volvió a mostrar signos de fragilidad estructural. En este contexto, los analistas consideran que la actual fase expansiva podría representar el inicio de una mayor estabilidad macroeconómica.

Entre los factores señalados por los mercados figuran las reformas económicas impulsadas por el Gobierno de Javier Milei, especialmente aquellas orientadas a la liberalización económica, la reducción de restricciones regulatorias y la creación de incentivos a la inversión internacional.

La expansión del sector energético aparece como uno de los principales motores de crecimiento. Fitch subraya que Argentina ha pasado a convertirse en exportador neto de energía, favorecida por el desarrollo de yacimientos como Vaca Muerta y por el aumento de los precios internacionales del petróleo y el gas. El superávit comercial del primer trimestre de 2026 alcanzó los 5.500 millones de dólares, frente a los 1.100 millones registrados un año antes.

Zohran Mamdani, el alcalde socialista de Nueva York, ha provocado un terremoto político y económico tras su último choque con uno de los empresarios más poderosos de Estados Unidos. El CEO del fondo de inversión Citadel, Ken Griffin, ha decidido congelar un macroproyecto inmobiliario y empresarial valorado en más de 6.000 millones de dólares después de que el dirigente difundiera un vídeo señalándole públicamente como objetivo de futuras subidas fiscales.

La Gaceta de la Iberosfera

El origen de la polémica, según publica el portal Libremercado, se remonta al pasado «Día de los Impuestos», cuando Zohran Mamdani grabó un vídeo frente al ático de lujo de Griffin en Manhattan. En la grabación, el político celebraba que personas como el multimillonario serían quienes pagarían más impuestos para financiar el programa de gasto público prometido durante su campaña electoral.

El gesto fue recibido por amplios sectores empresariales como un ataque directo a la inversión privada y a las grandes fortunas de la ciudad. Griffin, lejos de quedarse en la crítica simbólica, ha respondido con una contundente decisión económica: trasladar parte de sus inversiones y expansión corporativa a Miami.

Según publicó la cadena CNBCGriffin confirmó que Citadel ya ha solicitado nuevas licencias urbanísticas en Florida y ampliará allí su presencia empresarial. «En respuesta a lo ocurrido en Nueva York, hemos solicitado una licencia al Ayuntamiento de Miami», declaró el empresario. «Crearemos muchos más puestos de trabajo en Miami durante la próxima década como consecuencia inmediata y directa de la mala decisión del alcalde», añadió en referencia al polémico vídeo de Mamdani.

El proyecto de Citadel en la ciudad contemplaba inversiones superiores a los 6.000 millones de dólares y la creación de más de 15.000 puestos de trabajo.

Delcy Rodríguez da inicio este lunes a su participación en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) con sede en La Haya, Países Bajos, por la disputa sobre la región petrolera de Esequibo, mientras se denuncia un nuevo fallecimiento de un preso político del régimen de Venezuela.

NTN24

La encargada de la dictadura desde la captura de Nicolás Maduro pronuncia este lunes un discurso en las audiencias públicas de la CIJ sobre el fondo del caso relativo al Laudo Arbitral del 3 de octubre de 1899 (Guyana c. Venezuela).

Rodríguez encabeza la delegación del régimen que hace parte de la audiencia ante el principal órgano judicial de las Naciones Unidas por la disputa en una zona potencialmente rica en petróleo.

«El único que tiene titularidad sobre el territorio en esta controversia territorial es Venezuela», dijo Rodríguez al llegar a Países Bajos en una transmisión de la televisión del régimen.

Se trata del primer viaje a Europa de Rodríguez desde que asumió el poder después del operativo de las fuerzas de Estados Unidos en Caracas en el que además de Maduro, fue extraída Cilia Flores y llevados hasta Nueva York.

Rodríguez, cabe resaltar, está sancionada por la Unión Europea, lo cual le prohíbe viajar a la región desde 2018, aunque en 2024 acudió a La Haya para entregar documentos con los argumentos que señalaban que el territorio es de Venezuela.

El objeto de la controversia es un territorio fronterizo de 160.000 km² alrededor del río Esequibo, compuesto en su mayor parte por selva y una zona marítima en la que se han realizado importantes descubrimientos de petróleo y gas.

Guyana solicitó el lunes a los jueces de la CIJ que dictaminen que Venezuela no tiene un derecho legítimo sobre la región del río Esequibo.

El canciller del régimen, Yván Gil, dijo que el reclamo de Venezuela sobre el territorio es indiscutible. Reiteró que el país no reconoce la jurisdicción de la CIJ sobre la disputa y que la solución deberá alcanzarse mediante negociaciones.

En 2018, Guyana llevó el caso ante la CIJ, que se ocupa de las disputas entre Estados, y le pidió que confirmara la frontera establecida en un arbitraje de 1899 entre las partes.

La sentencia definitiva del caso se dictará dentro de unos meses. Las resoluciones de la CIJ son vinculantes e inapelables, pero el tribunal no tiene medios para hacerlas cumplir por sí mismo, por lo que depende del Consejo de Seguridad de la ONU.

La represión en Venezuela no cesa

El domingo fue hallado en los calabozos de la Policía Municipal de Anaco el cuerpo sin vida del preso político José Manuel García Sabino, exconcejal por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), quien había denunciado corrupción en la Alcaldía y el Concejo Municipal, según denunció la ONG Foro Penal, citada por la prensa internacional.

Cuatro días antes, el régimen de Venezuela reconoció la muerte del también detenido por motivos políticos Víctor Hugo Quero Navas, nueve meses después su fallecimiento y tras más de un año de desaparición forzada denunciada por su familia.

La lección que el mundo se niega a aprender sobre Venezuela y por qué sin María Corina Machado no hay cambio real posible.

Por: Elizabeth Sánchez Vegas

EE.UU. tiene armas. Qatar tiene dinero. El régimen tiene petróleo. Machado tiene algo que ninguno de ellos puede comprar ni reemplazar: el único mandato legítimo sobre Venezuela.

Eso lo cambia todo. O debería.

Machado es incómoda. No para el régimen, eso ya lo sabíamos. Sino para cualquier poder que quiera una Venezuela «estable» sin tener que responder ante los venezolanos.

Ella exige elecciones reales. Exige rendición de cuentas. Exige que el petróleo beneficie al pueblo y no a acuerdos secretos entre cancillerías. No es manejable. No se sienta a negociar la continuidad disfrazada de cambio.

Por eso no estaba en la mesa de Doha. No porque le falte respaldo, tiene más que nadie. Sino porque su presencia habría obligado a que esa mesa fuera honesta. Y nadie en esa habitación quería honestidad. Querían una transacción.

𝑳𝒂 𝒆𝒙𝒄𝒍𝒖𝒚𝒆𝒓𝒐𝒏 𝒏𝒐 𝒑𝒐𝒓 𝒅é𝒃𝒊𝒍. 𝑳𝒂 𝒆𝒙𝒄𝒍𝒖𝒚𝒆𝒓𝒐𝒏 𝒑𝒐𝒓𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒔 𝒍𝒂 ú𝒏𝒊𝒄𝒂 𝒒𝒖𝒆 𝒏𝒐 𝒔𝒆 𝒗𝒆𝒏𝒅𝒆.

Delcy Rodríguez gobierna. El limbo político continúa. La diáspora no regresa. La economía no se recupera. La desconfianza es total.

¿Sorprende? No debería. Las transiciones construidas sobre acuerdos petroleros y cuentas bancarias en Qatar no producen democracias. Producen más de lo mismo con diferente etiqueta. Venezuela lo está viviendo en tiempo real.

Lo que falta no es otro negociador. No es otro acuerdo entre élites. Lo que falta es lo que siempre faltó en ese cuarto de Doha: la legitimidad que solo viene del pueblo venezolano.

Las transiciones construidas sobre acuerdos de conveniencia no duran. La historia de América Latina está plagada de ejemplos: pactos que prometían estabilidad y entregaron más de lo mismo con diferente etiqueta. Se firmaron. Se celebraron. Y se cayeron, porque sin el pueblo adentro, ninguna arquitectura política aguanta.

Lo que viene para Venezuela, si el país quiere un cambio real y no otro ciclo de ilusiones, requiere lo que siempre ha requerido: que el pueblo decida y que quienes lo representan genuinamente estén en la sala donde se toman las decisiones.

𝑬𝒔𝒂 𝒔𝒂𝒍𝒂 𝒕𝒐𝒅𝒂𝒗í𝒂 𝒍𝒆 𝒅𝒆𝒃𝒆 𝒖𝒏𝒂 𝒔𝒊𝒍𝒍𝒂 𝒂 𝑴𝒂𝒓í𝒂 𝑪𝒐𝒓𝒊𝒏𝒂 𝑴𝒂𝒄𝒉𝒂𝒅𝒐. 𝒀 𝒎𝒊𝒆𝒏𝒕𝒓𝒂𝒔 𝒆𝒔𝒂 𝒅𝒆𝒖𝒅𝒂 𝒆𝒔𝒕é 𝒑𝒆𝒏𝒅𝒊𝒆𝒏𝒕𝒆, 𝒆𝒍 𝒄𝒂𝒎𝒃𝒊𝒐 𝒗𝒆𝒓𝒅𝒂𝒅𝒆𝒓𝒐 𝒆𝒏 𝑽𝒆𝒏𝒆𝒛𝒖𝒆𝒍𝒂 𝒕𝒂𝒎𝒃𝒊é𝒏 𝒍𝒐 𝒆𝒔𝒕𝒂𝒓á.

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